La Inquisición, una institución de la Iglesia Católica, se dedicó a suprimir la herejía desde la Edad Media, aplicando penas severas que incluían la pena de muerte a quienes desafiaban la doctrina oficial. La Inquisición Española, establecida en 1478, y la Inquisición Romana, creada en 1542, fueron ejemplos clave de estos esfuerzos por mantener la ortodoxia católica, incluyendo la persecución de brujas y corrientes de pensamiento que amenazaban la integridad de la fe. A lo largo de los siglos, se utilizaron métodos brutales, como la tortura y la quema en la hoguera, para castigar a los herejes.