La oración es abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo. Debemos orar en todo momento, agradeciendo a Dios que conoce nuestras necesidades incluso antes de pedirle. La oración no es para obligar a Dios sino para alinearnos con su voluntad. Se recomienda orar en privado y públicamente con entendimiento, dirigiéndonos a Dios en nombre de Jesús y reconociendo nuestra dependencia de Él.