La maestra Gabriela Mistral le pide a Dios que la ayude a ser una mejor maestra, dándole amor por sus estudiantes, fortaleza para enfrentar la incomprensión y el olvido, y la capacidad de transmitir profundamente sus enseñanzas aun cuando se quede sola. Le pide sencillez, profundidad y que pueda enseñar el evangelio en su época de manera que no renuncie a la lucha diaria por la verdad.