El documento describe la Piscina de Siloé, un estanque situado en Jerusalén que fue construido por el rey Ezequías en el siglo VIII a.C. para abastecer de agua a la ciudad durante los asedios. Ezequías ordenó excavar un túnel que desviaba el manantial de Guijón hacia la piscina dentro de las murallas. La piscina se usó para rituales religiosos hasta la destrucción del templo judío en el año 70 d.C.