La doctrina de la Trinidad enseña que Dios es uno pero existe en tres personas - el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento apoyan esta doctrina, mostrando que aunque hay un solo Dios, las Escrituras también reconocen a las tres personas de la Divinidad. Aunque paradójica, la doctrina de la Trinidad es consistente con la experiencia humana innata de Dios como la fuente de todo, la necesidad de ver a Dios revelado, y la capacidad de experimentar su presencia.