El documento aborda la visión de los adventistas del séptimo día sobre la Trinidad, defendiendo su creencia en la deidad del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo basada en la Biblia, y refiriéndose a declaraciones de Elena G. de White que destacan su individualidad y unidad. A través de versículos bíblicos, el texto establece que cada persona de la Trinidad es divina y distinta, y concluye que la creencia en la Trinidad es fundamental en la fe adventista. Se critica la idea de que la Iglesia Adventista no cree en la Trinidad o que Elena G. de White desestima esta doctrina.