LEYENDO UNA HISTORIA
       HINDÚ
• Mucho más grave
  que ese hurto de
  dinero a los doce
  años, fue el robo
  del que me hice
  culpable algún
  tiempo después.
• Mi hermano solía
  llevar como
  pulsera un
  brazalete de oro
  macizo; fue un
  juego para mí
  sacarle un
  pequeño trozo.
• Pero ese acto no
  tardó en
  causarme un
  atroz pesar. Tome
  la firme
  resolución de no
  robar nunca más.
• Decidí confesarle
  todo a mi padre. No
  me atrevía a hacerlo
  a viva voz. Me
  retenía el temor al
  castigo, pues no
  recuerdo que mi
  padre nos haya
  golpeado jamás,
• Pero temía la gran
  pena que le iba a
  ocasionar. Sentía que
  de todos modos
  debía correr el riesgo
  y que solo una
  confesión completa
  podría lavar mi culpa
• Pero por fin resolví
  escribir mi confesión
  para entregársela a
  mi padre y pedirle
  perdón.
• La escribí en un
  pedazo de papel y se
  la entregue yo
  mismo.
• No me limitaba a
  confesarle mi falta, pues
  también pedía un
  castigo apropiado y
  terminaba suplicándole
  que no se castigara a sí
  mismo para expiar mi
  pecado.
• También puse por
  escrito el
  juramento de
  nunca más robar.
  Yo temblaba
  cuando le tendí a
  mi padre el papel
  de mi confesión.
• El sufría de una
  enfermedad y estaba en
  cama. Le tendí el papel
  y me senté a sus pies. Él
  lo leyó sin perder una
  sola línea y unas
  lagrimas brotaron de
  sus ojos, resbalando por
  sus mejillas y mojando
  el papel.
• Por un instante
  cerro los ojos
  para reflexionar;
  luego desgarró
  el papel. Se
  había sentado
  para leer, se
  tendió de nuevo.
• Yo también
  lloraba, podía ver
  que mi padre estaba
  sufriendo
  atrozmente. Si yo
  fuera pintor, aun hoy
  sería fácil fijar esa
  escena en un lienzo.
• Tan hondamente se
  grabó en mi espíritu.
  Esas perlas de dolor y
  amor purificaron mi
  corazón, lavándolo de
  su pecado. Hay que
  haber experimentado
  un amor semejante
  para conocer todo su
  valor.
• En aquel momento sólo
  percibí el amor de un
  padre; pero hoy se que
  era el mismo amor de
  Dios y que su poder no
  tiene límites. Esa suerte
  de amor sublime no era
  natural en mi padre.
• La confesión sincera y la
  promesa de no volver a
  cometer el pecado
  nunca más , cuando se
  hacen a quien tiene
  derecho de
  recibirlas, son la forma
  más pura de
  arrepentimiento.

Lectura s.p

  • 1.
  • 2.
    • Mucho másgrave que ese hurto de dinero a los doce años, fue el robo del que me hice culpable algún tiempo después.
  • 3.
    • Mi hermanosolía llevar como pulsera un brazalete de oro macizo; fue un juego para mí sacarle un pequeño trozo.
  • 4.
    • Pero eseacto no tardó en causarme un atroz pesar. Tome la firme resolución de no robar nunca más.
  • 5.
    • Decidí confesarle todo a mi padre. No me atrevía a hacerlo a viva voz. Me retenía el temor al castigo, pues no recuerdo que mi padre nos haya golpeado jamás,
  • 6.
    • Pero temíala gran pena que le iba a ocasionar. Sentía que de todos modos debía correr el riesgo y que solo una confesión completa podría lavar mi culpa
  • 7.
    • Pero porfin resolví escribir mi confesión para entregársela a mi padre y pedirle perdón. • La escribí en un pedazo de papel y se la entregue yo mismo.
  • 8.
    • No melimitaba a confesarle mi falta, pues también pedía un castigo apropiado y terminaba suplicándole que no se castigara a sí mismo para expiar mi pecado.
  • 9.
    • También pusepor escrito el juramento de nunca más robar. Yo temblaba cuando le tendí a mi padre el papel de mi confesión.
  • 10.
    • El sufríade una enfermedad y estaba en cama. Le tendí el papel y me senté a sus pies. Él lo leyó sin perder una sola línea y unas lagrimas brotaron de sus ojos, resbalando por sus mejillas y mojando el papel.
  • 11.
    • Por uninstante cerro los ojos para reflexionar; luego desgarró el papel. Se había sentado para leer, se tendió de nuevo.
  • 12.
    • Yo también lloraba, podía ver que mi padre estaba sufriendo atrozmente. Si yo fuera pintor, aun hoy sería fácil fijar esa escena en un lienzo.
  • 13.
    • Tan hondamentese grabó en mi espíritu. Esas perlas de dolor y amor purificaron mi corazón, lavándolo de su pecado. Hay que haber experimentado un amor semejante para conocer todo su valor.
  • 14.
    • En aquelmomento sólo percibí el amor de un padre; pero hoy se que era el mismo amor de Dios y que su poder no tiene límites. Esa suerte de amor sublime no era natural en mi padre.
  • 15.
    • La confesiónsincera y la promesa de no volver a cometer el pecado nunca más , cuando se hacen a quien tiene derecho de recibirlas, son la forma más pura de arrepentimiento.