Joaquina Aizpuri y Sierra vivió a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX en Quito. Tuvo una hija llamada Manuela fruto de una relación con un hombre casado. Luchó por criar a su hija a pesar de las habladurías de la sociedad y enfrentó a la familia de su pareja. Más tarde se hizo cercana a las ideas independentistas, pero luego de las represalias españolas tras las revueltas de 1810, cayó en una profunda depresión al perder a sus amigos cercan