La ausencia del padre en la crianza tiene un impacto significativo en el desarrollo psicológico y social de los niños, afectando su capacidad para regular impulsos, establecer relaciones sanas y su bienestar emocional. Estudios muestran una correlación entre la falta de paternidad y tasas elevadas de delincuencia, problemas mentales, y dificultades en el desempeño académico. La paternidad activa se asocia con una construcción positiva de la identidad y habilidades sociales, destacando la necesidad de reconocer el papel crucial de los padres en la salud pública y bienestar infantil.