Cuando un cerdito toca por equivocación la puerta de un hambriento zorro, este no puede creer su suerte al tener la comida servida. Sin embargo, el astuto cerdito convence al zorro de bañarlo, alimentarlo y darle un masaje antes de cocinarlo para que su carne sea más tierna. Agotado por el trabajo, el zorro se duerme y el cerdito escapa sano y salvo a su casa, celebrando que este haya sido su día de suerte.