La energía hidráulica se utiliza principalmente para generar electricidad en centrales hidroeléctricas, donde el agua en un embalse hace girar una turbina conectada a un generador. Aunque presenta ventajas como la producción constante de electricidad y la no emisión de CO2, la construcción de grandes infraestructuras puede generar impactos ambientales y humanos, lo que la hace no estrictamente renovable. Existen clasificaciones según la potencia, destacando las centrales mini-hidráulicas que son menores de 10 MW y aprovechan recursos hídricos de manera más modesta.