La autora expresa su arrepentimiento por haber adoptado el rol de "mujer moderna" al que las obligaron las feministas, prefiriendo en cambio la vida tradicional de sus abuelas dedicadas al hogar. Describe con nostalgia cómo eran tratadas y valoradas en el pasado frente a la rutina agotadora del trabajo y deberes actuales. Finalmente hace un llamado a otras mujeres para que también abandonen el estilo de vida impuesto y vuelvan a los roles de género tradicionales.