Los músculos permiten el movimiento del esqueleto y mantienen su estabilidad. Se dividen en voluntarios e involuntarios. Los voluntarios son los músculos del esqueleto y se contraen de forma consciente, mientras que los involuntarios regulan funciones internas como la digestión y la circulación. Dentro de los voluntarios existen diferentes clasificaciones según su forma, número de cabezas, situación y función.