El poema de Nadia Anjuman expresa la lucha interna de una mujer afgana atrapada entre el silencio y el deseo de cantar, reflejando su soledad y dolor ante la opresión. A través de su voz, demanda libertad y la posibilidad de compartir emociones, simbolizando la fortaleza del lenguaje como un regalo divino. Isabel Anaya complementa el mensaje instando a las mujeres musulmanas a liberarse de la opresión y a reclamar su identidad y voz.