Una empresa estaba pasando por dificultades financieras y los empleados estaban desanimados. Para motivarlos, el gerente puso un cartel anunciando el fallecimiento de la persona que impedía el crecimiento de la empresa e invitó a los empleados a un velorio. Al mirar dentro del ataúd, los empleados se encontraron con su propio reflejo en un espejo, dándose cuenta de que el único responsable de los problemas era cada uno mismo.