La nueva selectividad, que comenzó a aplicarse en 2009, evalúa la madurez académica de los estudiantes y comprende dos fases: una general obligatoria y una específica voluntaria. La fase general incluye exámenes de lengua, historia y un idioma extranjero, mientras que la fase específica permite a los alumnos examinarse de otras materias para mejorar su nota. La calificación se basa en un sistema de puntajes y se pueden hacer reclamaciones en caso de desacuerdo con las notas.