La moneda tuvo su origen en Lidia (actual Turquía) a mediados del siglo VII a.C., siendo las primeras acuñadas con metales preciosos como el oro y la plata. Surge para cumplir tres funciones: como medida de valor, medio de pago y acumulación de riqueza. Los griegos extendieron su uso por el Mediterráneo y llegó a Roma a finales del siglo IV a.C., donde adquirió el nombre de "moneda".