La mayoría de los nombres de los municipios mexicanos están compuestos por dos términos, uno en español y otro en lengua indígena. El término en español se refiere generalmente a un santo cristiano, mientras que el término en lengua indígena destaca una característica física del lugar como cerros, cuevas o vegetación, sirviendo como señalamiento de la localidad asociada con el santo o virgen tutelar de la comunidad.