Las ideas se agolpaban una tras otra como si de
repente en mi vida se hubiera abierto una puerta, antes
cerrada, hacia nuevos horizontes. Por primera vez sentí
melancolía y soledad. Hasta entonces no había
experimentado deseos de amar y ser amado. Parecía
muy extraño, pero todo era producto de haber
El ruido de la aspiradora me permitió reconocer a la sirvienta en pleno inicio de jornada y la
música clásica a mi madre haciendo su gimnasia matutina. Excelente: era demasiado tarde para
ir a la escuela. Me levanté a recoger los papeles que había estado leyendo hasta avanzadas
horas y que dejé caer al quedarme dormido. Los acomodé cuidadosamente. Al hacerlo, aprecié
detalles que en la víspera me pasaron desapercibidos:
En el portafolios había tres carpetas distintas, una azul y dos verdes. La primera contenía
manuscritos personales ordenados por fechas: cartas a su esposa, cartas a sus hijos y simples
relatos íntimos como los que detalla un adolescente en su diario. La carpeta verde contenía
escritos a máquina: resúmenes expositivos, apuntes y conclusiones de temas pedagógicos, algo
así como las notas en las que un profesor se apoya para impartir su cátedra. Y la tercera carpeta
contenía aquellos documentos extraños e ininteligibles con sus incipientes borradores de
traducción.
También hallé algunas plumas y lápices, una calculadora, un bello diccionario español-latín/latín-
español y nada más.
Presentación1

Presentación1

  • 1.
    Las ideas seagolpaban una tras otra como si de repente en mi vida se hubiera abierto una puerta, antes cerrada, hacia nuevos horizontes. Por primera vez sentí melancolía y soledad. Hasta entonces no había experimentado deseos de amar y ser amado. Parecía muy extraño, pero todo era producto de haber
  • 2.
    El ruido dela aspiradora me permitió reconocer a la sirvienta en pleno inicio de jornada y la música clásica a mi madre haciendo su gimnasia matutina. Excelente: era demasiado tarde para ir a la escuela. Me levanté a recoger los papeles que había estado leyendo hasta avanzadas horas y que dejé caer al quedarme dormido. Los acomodé cuidadosamente. Al hacerlo, aprecié detalles que en la víspera me pasaron desapercibidos: En el portafolios había tres carpetas distintas, una azul y dos verdes. La primera contenía manuscritos personales ordenados por fechas: cartas a su esposa, cartas a sus hijos y simples relatos íntimos como los que detalla un adolescente en su diario. La carpeta verde contenía escritos a máquina: resúmenes expositivos, apuntes y conclusiones de temas pedagógicos, algo así como las notas en las que un profesor se apoya para impartir su cátedra. Y la tercera carpeta contenía aquellos documentos extraños e ininteligibles con sus incipientes borradores de traducción. También hallé algunas plumas y lápices, una calculadora, un bello diccionario español-latín/latín- español y nada más.