Con la imposición de las cenizas, se
inicia una estación espiritual
particularmente relevante para todo
cristiano que quiera prepararse
dignamente para la vivir el Misterio
Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y
Resurrección del Señor Jesús.
Este tiempo vigoroso del Año Litúrgico
se caracteriza por el mensaje bíblico
que puede ser resumido en una sola
palabra: "metanoeiete", es decir
"Convertíos". Este imperativo es
propuesto a la mente de los fieles
mediante el rito austero de la
imposición de ceniza, el cual, con las
palabras "Convertíos y creed en el
Evangelio" y con la expresión
"Acuérdate que eres polvo y al polvo
volverás", invita a todos a reflexionar
acerca del deber de la conversión,
recordando la inexorable caducidad y
efímera fragilidad de la vida humana,
sujeta a la muerte.
La sugestiva ceremonia de la ceniza
eleva nuestras mentes a la realidad
eterna que no pasa jamás, a Dios;
principio y fin, alfa y omega de nuestra
existencia. La conversión no es, en
efecto, sino un volver a Dios, valorando
las realidades terrenales bajo la luz
indefectible de su verdad. Una
valoración que implica una conciencia
cada vez más diáfana del hecho de que
estamos de paso en este fatigoso
itinerario sobre la tierra, y que nos
impulsa y estimula a trabajar hasta el
final, a fin de que el Reino de Dios se
instaure dentro de nosotros y triunfe su
justicia.
Sinónimo de "conversión" es así mismo
la palabra "penitencia"... Penitencia
como cambio de mentalidad.
Penitencia como expresión de libre y
positivo esfuerzo en el seguimiento de
Cristo.
Miércoles de Ceniza
La Cuaresma es un tiempo de renovación
para la Iglesia, para las comunidades y para
cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo
de gracia» (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada
que no nos haya dado antes: «Nosotros
amemos a Dios porque él nos amó primero»
(1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros.
Está interesado en cada uno de nosotros, nos
conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos
busca cuando lo dejamos.
Cada uno de nosotros le interesa; su amor le
impide ser indiferente a lo que nos sucede.
Pero ocurre que cuando estamos bien y nos
sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás
(algo que Dios Padre no hace jamás), no nos
interesan sus problemas, ni sus sufrimientos,
ni las injusticias que padecen… Entonces
nuestro corazón cae en la indiferencia: yo
estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido
de quienes no están bien. Esta actitud
egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy
una dimensión mundial, hasta tal punto que
podemos hablar de una globalización de la
indiferencia. Se trata de un malestar que
tenemos que afrontar como cristianos.
Cuando el pueblo de Dios se convierte a su
amor, encuentra las respuestas a las
preguntas que la historia le plantea
continuamente. Uno de los desafíos más
urgentes sobre los que quiero detenerme en
este Mensaje es el de la globalización de la
indiferencia.
La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es
una tentación real también para los cristianos.
Por eso, necesitamos oír en cada Cuaresma
el grito de los profetas que levantan su voz y
nos despiertan.
Y la Iglesia es como la mano que tiene abierta
esta puerta mediante la proclamación de la
Palabra, la celebración de los sacramentos, el
testimonio de la fe que actúa por la caridad (cf.
Ga 5,6). Sin embargo, el mundo tiende a
cerrarse en sí mismo y a cerrar la puerta a
través de la cual Dios entra en el mundo y el
mundo en Él. Así, la mano, que es la Iglesia,
nunca debe sorprenderse si es rechazada,
aplastada o herida.
Mensaje del Papa Francisco
para la Cuaresma
El tiempo de la Cuaresma rememora los
cuarenta años que el pueblo de Israel pasó en
el desierto mientras se encaminaba hacia la
tierra prometida, con todo lo que implicó de
fatiga, lucha, hambre, sed y cansancio...pero
al fin el pueblo elegido gozó de esa tierra
maravillosa, que destilaba miel y frutos
suculentos (Éxodo 16 y siguientes).
También para nosotros, como fue para los
israelitas aquella travesía por el desierto, la
Cuaresma es el tiempo fuerte del año que nos
prepara para la Pascua o Domingo de
Resurrección del Señor, cima del año
litúrgico, donde celebramos la victoria de
Cristo sobre el pecado, la muerte y el mal, y
por lo mismo, la Pascua es la fiesta de alegría
porque Dios nos hizo pasar de las tinieblas a
la luz, del ayuno a la comida, de la tristeza al
gozo profundo, de la muerte a la vida.
La Cuaresma ha sido, es y será un tiempo
favorable para convertirnos y volver a Dios
Padre lleno de misericordia, si es que nos
hubiéramos alejado de Él, como aquel hijo
pródigo (Lucas 15, 11-32) que se fue de la
casa del padre y le ofendió con una vida
indigna y desenfrenada. Esta conversión se
logra mediante una buena confesión de
nuestros pecados. Dios siempre tiene las
puertas de casa abiertas de par en par, y su
corazón se le rompe en pedazos mientras no
comparta con nosotros su amor hecho perdón
generoso. ¡Ojalá fueran muchos los
pecadores que valientemente volvieran a
Dios en esta Cuaresma para que una vez más
experimentaran el calor y el cariño de su
Padre Dios!
Si tenemos la gracia de seguir felices en la
casa paterna como hijos y amigos de Dios, la
Cuaresma será entonces un tiempo
apropiado para purificarnos de nuestras faltas
y pecados pasados y presentes que han
herido el amor de ese Dios Padre; esta
purificación la lograremos mediante unas
prácticas recomendadas por nuestra madre
Iglesia; así llegaremos preparados y limpios
interiormente para vivir espiritualmente la
Semana Santa, con todo la profundidad,
veneración y respeto que merece. Estas
prácticas son el ayuno, la oración y la limosna.
¿Que es la Cuaresma?
1.- Cristiano; no hay cuaresma que se sostenga
en sí misma. Es el día a día el que, de verdad, te
va hacer sentir si Dios es importante para ti. En tu
camino, con tu esfuerzo y de la mano de Dios,
comprobarás si ese camino es cierto o, tan sólo,
un engaño. Si en ese camino va Dios contigo o,
por el contrario, sólo quieres ir tú contigo mismo.
¿Hay camino para Dios?
La cuaresma, en sí misma, no es esencial. Es
importante en cuanto que nos lleva a la Pascua.
¿Y qué nos aguarda en la Pascua? Ni más ni
menos que, como en Belén, primero un Señor
humillado pero, más tarde, un Señor glorificado.
El cristiano, en la cuaresma, se pone en camino.
Y con los pasos de la oración, la conversión, la
penitencia, la caridad o la eucaristía aprende a no
dejar de lado a Cristo. ¿Seremos capaces de
caminar con Cristo o, tal vez, preferimos otros
corredores con más colores pero sin
trascendencia alguna?
2.- Cristiano; la cuaresma será lo que tú quieras y
lo que Dios esté dispuesto a regalarte. Ni el
esfuerzo te va a garantizar tu encuentro con
Jesús ni, tu tibieza o frialdad, te van hacer
cambiar un ápice de aquello en lo que estás
instalado: yo soy así. La cuaresma, en ese
sentido, nos ofrece un abanico de posibilidades
para llegar hasta la Pascua más llenos y, sobre
todo, más conscientes de lo que se celebra. No
hay peor cosa que, llegar al calvario, con el
hombro débil y sin estar preparado para el peso
de la cruz. Asomarnos al sepulcro y no ver nada
porque, nuestros ojos, están llenos de telarañas
superfluas.
La cuaresma, precisamente por eso y por mucho
más, es como un “balneario” donde salen del
cuerpo de nuestras almas (y también del
corporal) aquello que estorba a la Gracia, aquello
que nos impide reconocer lo mucho que Dios ha
hecho por nosotros.
El Adviento nos llevó a la Navidad y, tal vez, no
vimos ni el pesebre ni lo que habitaba dentro de
él. La cuaresma nos empuja a Jerusalén. Malo
será que, al llegar, nos quedemos en el bosque y
no veamos la cruz. Nos subamos al monte y no
bajemos al sepulcro vacío.
Que el Señor, de la mano de Teresa de Jesús en
este V Centenario y de San Juan Bosco en su
Bicentenario, nos ayuden a crear ambiente
alrededor de la periferia de nuestras almas.
Padre Javier Leoz
Homilía
"Se dejaba tentar por Satanás, y los ángeles le
servían”
En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al
desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días,
dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas,
y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan,
Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio
de Dios. Decía: "Se ha cumplido el plazo, está cerca
el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.”
Palabra del Señor
Evangelio
Marcos 1,12-15
Una virgen es en la Santa Biblia una mujer
que no ha cometido impurezas. En el mundo
hay muchas mujeres vírgenes, pero una es
más pura y más santa que las demás y la
llamamos "Santísima Virgen". Es la madre de
Jesús.
Comprometida en matrimonio (Desposada):
Unos meses antes de casarse, los novios
firmaban un compromiso de matrimonio, para
que el esposo pudiera dedicarse
tranquilamente a preparar todo lo necesario
para su próximo hogar, sin peligro de que
después la prometida ya no se casara con él.
En Israel era muy estimado el nombre de
María. Así se llamaba la hermana de Moisés,
y en tiempos de Jesús este nombre era tan
popular, que las tres mujeres que estuvieron
presentes en el Calvario, todas tenían el
nombre de María. Las tres Marías.
María es un nombre que significaba "Señora"
o "Princesa", pero varios autores dicen que en
Egipto el nombre de María proviene de dos
palabras: "Mar": la hija preferida, e "ia":
abreviatura de IAVEH: Dios. Por lo cual el
nombre de María significa: La hija preferida de
Dios. Y en verdad que sí corresponde muy
bien este significado a lo que en realidad ha
llegado a ser la Madre de Jesús: la hija que
más quiere Dios.
Salve: En hebreo, Shalon Jalai, o sea: ¡Yo te
saludo. Te felicito. Alégrate! Cada vez que
rezamos el Avemaría saludamos a la Virgen
con el mismo saludo con el que la saludó el
ángel en el día más feliz de su vida, en el día
de la Anunciación, cuando ella empezó a ser
Madre de Dios. Podremos decir que no
hemos saludado al Presidente o al Papa, pero
sí hemos saludado muchas veces a la Virgen
Santa con el saludo que a Ella más le agrada,
el que le compuso el mismo Dios en persona.
Llena de gracia: La mujer que más gracias o
favores ha recibido de Dios. Llena de gracia
quiere decir: la muy simpática para Dios. Si
Ella hubiera tenido algún pecado, ya no
habría sido totalmente simpática para
Nuestro Señor. Pero Ella no tuvo ni la más
mínima mancha de pecado.
Anunciación del Señor
25 de Febrero

Primera Semana de Cuaresma

  • 3.
    Con la imposiciónde las cenizas, se inicia una estación espiritual particularmente relevante para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para la vivir el Misterio Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús. Este tiempo vigoroso del Año Litúrgico se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: "metanoeiete", es decir "Convertíos". Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito austero de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras "Convertíos y creed en el Evangelio" y con la expresión "Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás", invita a todos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordando la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte. La sugestiva ceremonia de la ceniza eleva nuestras mentes a la realidad eterna que no pasa jamás, a Dios; principio y fin, alfa y omega de nuestra existencia. La conversión no es, en efecto, sino un volver a Dios, valorando las realidades terrenales bajo la luz indefectible de su verdad. Una valoración que implica una conciencia cada vez más diáfana del hecho de que estamos de paso en este fatigoso itinerario sobre la tierra, y que nos impulsa y estimula a trabajar hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia. Sinónimo de "conversión" es así mismo la palabra "penitencia"... Penitencia como cambio de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo. Miércoles de Ceniza
  • 4.
    La Cuaresma esun tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: «Nosotros amemos a Dios porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos. Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen… Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos. Cuando el pueblo de Dios se convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la historia le plantea continuamente. Uno de los desafíos más urgentes sobre los que quiero detenerme en este Mensaje es el de la globalización de la indiferencia. La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos. Por eso, necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan. Y la Iglesia es como la mano que tiene abierta esta puerta mediante la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, el testimonio de la fe que actúa por la caridad (cf. Ga 5,6). Sin embargo, el mundo tiende a cerrarse en sí mismo y a cerrar la puerta a través de la cual Dios entra en el mundo y el mundo en Él. Así, la mano, que es la Iglesia, nunca debe sorprenderse si es rechazada, aplastada o herida. Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma
  • 5.
    El tiempo dela Cuaresma rememora los cuarenta años que el pueblo de Israel pasó en el desierto mientras se encaminaba hacia la tierra prometida, con todo lo que implicó de fatiga, lucha, hambre, sed y cansancio...pero al fin el pueblo elegido gozó de esa tierra maravillosa, que destilaba miel y frutos suculentos (Éxodo 16 y siguientes). También para nosotros, como fue para los israelitas aquella travesía por el desierto, la Cuaresma es el tiempo fuerte del año que nos prepara para la Pascua o Domingo de Resurrección del Señor, cima del año litúrgico, donde celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado, la muerte y el mal, y por lo mismo, la Pascua es la fiesta de alegría porque Dios nos hizo pasar de las tinieblas a la luz, del ayuno a la comida, de la tristeza al gozo profundo, de la muerte a la vida. La Cuaresma ha sido, es y será un tiempo favorable para convertirnos y volver a Dios Padre lleno de misericordia, si es que nos hubiéramos alejado de Él, como aquel hijo pródigo (Lucas 15, 11-32) que se fue de la casa del padre y le ofendió con una vida indigna y desenfrenada. Esta conversión se logra mediante una buena confesión de nuestros pecados. Dios siempre tiene las puertas de casa abiertas de par en par, y su corazón se le rompe en pedazos mientras no comparta con nosotros su amor hecho perdón generoso. ¡Ojalá fueran muchos los pecadores que valientemente volvieran a Dios en esta Cuaresma para que una vez más experimentaran el calor y el cariño de su Padre Dios! Si tenemos la gracia de seguir felices en la casa paterna como hijos y amigos de Dios, la Cuaresma será entonces un tiempo apropiado para purificarnos de nuestras faltas y pecados pasados y presentes que han herido el amor de ese Dios Padre; esta purificación la lograremos mediante unas prácticas recomendadas por nuestra madre Iglesia; así llegaremos preparados y limpios interiormente para vivir espiritualmente la Semana Santa, con todo la profundidad, veneración y respeto que merece. Estas prácticas son el ayuno, la oración y la limosna. ¿Que es la Cuaresma?
  • 6.
    1.- Cristiano; nohay cuaresma que se sostenga en sí misma. Es el día a día el que, de verdad, te va hacer sentir si Dios es importante para ti. En tu camino, con tu esfuerzo y de la mano de Dios, comprobarás si ese camino es cierto o, tan sólo, un engaño. Si en ese camino va Dios contigo o, por el contrario, sólo quieres ir tú contigo mismo. ¿Hay camino para Dios? La cuaresma, en sí misma, no es esencial. Es importante en cuanto que nos lleva a la Pascua. ¿Y qué nos aguarda en la Pascua? Ni más ni menos que, como en Belén, primero un Señor humillado pero, más tarde, un Señor glorificado. El cristiano, en la cuaresma, se pone en camino. Y con los pasos de la oración, la conversión, la penitencia, la caridad o la eucaristía aprende a no dejar de lado a Cristo. ¿Seremos capaces de caminar con Cristo o, tal vez, preferimos otros corredores con más colores pero sin trascendencia alguna? 2.- Cristiano; la cuaresma será lo que tú quieras y lo que Dios esté dispuesto a regalarte. Ni el esfuerzo te va a garantizar tu encuentro con Jesús ni, tu tibieza o frialdad, te van hacer cambiar un ápice de aquello en lo que estás instalado: yo soy así. La cuaresma, en ese sentido, nos ofrece un abanico de posibilidades para llegar hasta la Pascua más llenos y, sobre todo, más conscientes de lo que se celebra. No hay peor cosa que, llegar al calvario, con el hombro débil y sin estar preparado para el peso de la cruz. Asomarnos al sepulcro y no ver nada porque, nuestros ojos, están llenos de telarañas superfluas. La cuaresma, precisamente por eso y por mucho más, es como un “balneario” donde salen del cuerpo de nuestras almas (y también del corporal) aquello que estorba a la Gracia, aquello que nos impide reconocer lo mucho que Dios ha hecho por nosotros. El Adviento nos llevó a la Navidad y, tal vez, no vimos ni el pesebre ni lo que habitaba dentro de él. La cuaresma nos empuja a Jerusalén. Malo será que, al llegar, nos quedemos en el bosque y no veamos la cruz. Nos subamos al monte y no bajemos al sepulcro vacío. Que el Señor, de la mano de Teresa de Jesús en este V Centenario y de San Juan Bosco en su Bicentenario, nos ayuden a crear ambiente alrededor de la periferia de nuestras almas. Padre Javier Leoz Homilía
  • 7.
    "Se dejaba tentarpor Satanás, y los ángeles le servían” En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: "Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.” Palabra del Señor Evangelio Marcos 1,12-15
  • 8.
    Una virgen esen la Santa Biblia una mujer que no ha cometido impurezas. En el mundo hay muchas mujeres vírgenes, pero una es más pura y más santa que las demás y la llamamos "Santísima Virgen". Es la madre de Jesús. Comprometida en matrimonio (Desposada): Unos meses antes de casarse, los novios firmaban un compromiso de matrimonio, para que el esposo pudiera dedicarse tranquilamente a preparar todo lo necesario para su próximo hogar, sin peligro de que después la prometida ya no se casara con él. En Israel era muy estimado el nombre de María. Así se llamaba la hermana de Moisés, y en tiempos de Jesús este nombre era tan popular, que las tres mujeres que estuvieron presentes en el Calvario, todas tenían el nombre de María. Las tres Marías. María es un nombre que significaba "Señora" o "Princesa", pero varios autores dicen que en Egipto el nombre de María proviene de dos palabras: "Mar": la hija preferida, e "ia": abreviatura de IAVEH: Dios. Por lo cual el nombre de María significa: La hija preferida de Dios. Y en verdad que sí corresponde muy bien este significado a lo que en realidad ha llegado a ser la Madre de Jesús: la hija que más quiere Dios. Salve: En hebreo, Shalon Jalai, o sea: ¡Yo te saludo. Te felicito. Alégrate! Cada vez que rezamos el Avemaría saludamos a la Virgen con el mismo saludo con el que la saludó el ángel en el día más feliz de su vida, en el día de la Anunciación, cuando ella empezó a ser Madre de Dios. Podremos decir que no hemos saludado al Presidente o al Papa, pero sí hemos saludado muchas veces a la Virgen Santa con el saludo que a Ella más le agrada, el que le compuso el mismo Dios en persona. Llena de gracia: La mujer que más gracias o favores ha recibido de Dios. Llena de gracia quiere decir: la muy simpática para Dios. Si Ella hubiera tenido algún pecado, ya no habría sido totalmente simpática para Nuestro Señor. Pero Ella no tuvo ni la más mínima mancha de pecado. Anunciación del Señor 25 de Febrero