2-10-2013
La Aricmética y sus principios | Alejandro Abonjo Bouzas 3º A
RAMON VEREA
Indice
Indice ........................................................................................................................................................2
Introducción.........................................................................................................................................3
Origenes....................................................................................................................................................4
Historia ..................................................................................................................................................5
Biografía................................................................................................................................................8
Infancia...............................................................................................................................................8
Emigración..........................................................................................................................................8
Ultimos Años........................................................................................................................................9
Bibliografía............................................................................................................................................10
Introducción
Hay aún varios testigos vivos de los primeros años de Ramón
Silvestre Verea García en Curantes, la aldea de A Estrada
(Pontevedra) donde nació en 1833. Pero aunque su talle diga
cosas, los carvallos no hablan. Así que nada ni nadie puede evocar
al niño aquel que zangolotearía entre olores inconfundibles a
musgo, bosta e incienso. En general las aldeas gallegas olían al
paraíso o el infierno, según momentos y tramos. Lo que
singularizó la infancia de Verea respecto a otros niños fue que se
crio al amparo de una sacristía. El clérigo Francisco de Porto le
educó como un padre aunque en la historia figure como tío. Tal
vez, ya saben… Su biógrafo, Olimpio Arca, no aventura maldades
y constata la verdad documental: Ramón nació el 11 de diciembre
de 1833 como hijo legítimo de Florentina García y Juan Verea.
Indice
Origenes
El origen explicará algunos
aspectos del subyugante Verea
adulto, un tipo tan luminoso que
lo mismo patenta una
calculadora que escribe novelas
o que monta un periódico que
sale adelante sin publicidad y
con independencia. El Progreso,
la revista quincenal que dirigió
casi una década en Estados
Unidos, se presentaba así: “Único
periódico en castellano que ha
subsistido en Nueva York sin
anuncios, sin subvención y sin
degradantes adulaciones a los
gobernantes y poderosos.
Independiente en política,
librepensador en todo”.
Entre Curantes y Nueva York discurrieron
un sinfín de escalas, peripecias y
ocupaciones. A pesar de nacer en una
pequeña comunidad rural, Verea tuvo
acceso al conocimiento, un lujo vedado a la
mayoría de los niños de entonces de
Galicia, donde, según el investigador Antón
Costa, imperaba uno de los sistemas
educativos más retrasados de Europa. Le
salvó la tutela del tío religioso, que le abrió
un singular pórtico de la gloria: una
biblioteca a su disposición. “Debía de ser el
único sitio de la aldea donde había libros”,
subraya Olimpio Arca, que en su libro
Ramón Verea. Inventor, xornalista,
estradense presume que asistiría también a
la escuela de primeras letras de Curantes.
Historia
A los 13 años, Ramón se fue a
estudiar a Santiago, eslabón
ineludible hacia el destino
delineado por su familia: el
sacerdocio. Permaneció en el
seminario seis años hasta que,
pese a su brillante expediente,
perdió la beca. Con el tiempo
vería el hecho como “una
liberación” y afianzaría su
anticlericalismo. En 1855,
recuerda su biógrafo, embarcó
hacia Cuba, la primera escala
de una vida de movimiento
perpetuo, que le llevará
también a Nueva York,
Guatemala y Buenos Aires,
donde falleció sin descendencia
y tan pobre que su cadáver fue
recogido por la asistencia
pública en 1899.
A los 13 años, Ramón se fue a
estudiar a Santiago, eslabón
ineludible hacia el destino
delineado por su familia: el
sacerdocio. Permaneció en el
seminario seis años hasta que,
pese a su brillante expediente,
perdió la beca. Con el tiempo
vería el hecho como “una
liberación” y afianzaría su
anticlericalismo. En 1855,
recuerda su biógrafo, embarcó
hacia Cuba, la primera escala de
una vida de movimiento
perpetuo, que le llevará también
a Nueva York, Guatemala y
Buenos Aires, donde falleció sin
descendencia y tan pobre que su
cadáver fue recogido por la
asistencia pública en 1899.
Cuba, la primera escala de una vida de movimiento perpetuo,
que le llevará también a Nueva York, Guatemala y Buenos Aires,
donde falleció sin descendencia y tan pobre que su cadáver fue
recogido por la asistencia pública en 1899.
En Cuba trabajó de maestro, estudió inglés, escribió sus
primeras novelas, descubrió el periodismo e inventó una máquina
para doblar periódicos. Su talento bicéfalo explotará a partir de 1875
en Nueva York, donde funda la imprenta El Polígloto, crea una
“agencia industrial para la compra de maquinaria y efectos de
moderna invención”, patenta su calculadora y dirige El Cronista y El
Progreso, que se difundirá en una veintena de países.
Y todo aquello, alineado, demuestra que aquel superdotado para
la tecnología capaz de sacarse artilugios inexistentes de la manga se
movía por principios, acaso por fanfarronería en alguna ocasión, y
jamás por ambiciones materiales. El propio inventor enumeraba en
un artículo en 1881 sus móviles: “1) un poco de amor propio; 2)
mucho de amor nacional, el deseo de probar que en genio inventivo
un español puede dejar atrás a las eminencias de las naciones más
cultas; 3) el afán innato de contribuir con algo al adelanto de la
ciencia; y 4) y último, un entretenimiento conforme a mis gustos e
inclinaciones”.
Su calculadora de hierro y acero y color amarillo de 26 kilos fue
la primera en realizar las cuatro operaciones aritméticas (dividía y
multiplicaba números de hasta nueve dígitos). Después de inventarla y
patentarla en 1878, se desentendió del asunto. No le interesaba el
dinero, solo quería demostrar en Nueva York, el corazón de aquella
gran nación que estaban construyendo emigrantes de todas partes,
que su capacidad de innovación estaba a la altura de la
estadounidense. Verea, uno más de los emigrantes gallegos que
salieron a buscar vidas nuevas en el XIX, logró perfeccionar las
máquinas con las que habían pugnado Schickard, Pascal o Leibnitz
varios siglos atrás. Su prototipo, la VereaDirectMultiplier, se conserva
actualmente en la sede central de IBM, en Estados Unidos. “Cuando
creó su máquina, Nueva York estaba en el auge de las grandes
transacciones. La patente podría haberle dado mucho dinero, pero no
quiso”, señala Olimpio Arca. Poco sabíamos de Verea pese a todo lo
que deberíamos saber de él. Al margen de la biografía de Arca, han
rastreado su trayectoria Ana María Varela-Lago en su tesis para la
Universidad de California Conquerors, immigrants, exiles:
TheSpanishdiaspora in theUnitedStates, y mucho antes José Pérez
Morris escribió en Cuba la primera biografía del personaje. Ni
siquiera en su aldea se conservaba rastro de su memoria hasta la
publicación de la investigación de Olimpio Arca y la colocación de un
busto, junto a la iglesia, que recuerda a aquel librepensador,
comprometido, aventurero y singular renacentista del siglo XIX.
“El hombre hace unas leyes para sí y otras para la mujer”, denunció en un
artículo de 1884
Una mira a Ramón Verea y parece un Bécquer sin melancolía.
Una le lee y parece Mary Wollstonecraft, que reivindicó para las
mujeres excentricidades como la educación. He aquí lo que voceaba
Verea desde su tribuna en 1884: “El hombre hace unas leyes para sí y
otras para la mujer. Se queja del despotismo de los gobernantes y él
es un tirano para su compañera. Quiere que el mundo progrese y no
da a sus hijas, que mañana serán madres, más que una educación
superficial... Mientras el hombre se considere el amo de la mujer,
mientras le niegue la igualdad civil, mientras no la mida con la
misma vara que a sí mismo, no podrá decir con verdad que ha dado
un paso en la senda del verdadero progreso”.
Creyó Verea en valores que hoy resultan universales y que en su
época se consideraban utopías. La igualdad entre hombres y mujeres,
la abolición de la esclavitud o la libertad de expresión. En marzo de
1888 se defendía así de una campaña contra él y su publicación:
“Aquí no se trata solo de difamar a la humilde personalidad del que
suscribe, el objeto principal es matar El Progreso, porque estorba,
porque dice las verdades, porque descubre los agios y porque no se
vende ni respeta ladrones, cualquiera que sea el grado que ocupen en
la escala social”. En ese mismo artículo confesaba sus “delitos”: “El de
defender la razón contra el fanatismo; el de defender a los chinos, los
negros, los indios y todos los oprimidos que nada podían darme,
contra los opresores que son fuertes y poderosos y de los que puede
obtenerse oro y favor”.
Indice
Biografía
Ramón Silvestre Verea García (La Estrada, Pontevedra, 11 de
diciembre de 1833 - Buenos Aires, 6 de febrero de 1899). Inventor
español.
Infancia
Hijo legítimo de los modestos labradores Florentina García y
Juan Verea, se benefició de estudiar con un cura sacerdote tío suyo,
Francisco de Porto, en su aldea y luego, a los trece años, marchó al
seminario diocesano de Santiago de Compostela , donde permaneció
seis años hasta que, pese a su brillante expediente, perdió la beca, lo
que supuso para él "una liberación" y afianzó su anticlericamismo.
Emigración
Emigró en 1855 a Cuba dónde trabajó como maestro y
escribió dos novelas, La cruz de Cobblestone y Una mujer con dos
maridos; aprendió además inglés y descubrió el periodismo. También,
cuando estaba en la ciudad cubana de Colón, inventó una máquina
para plegar periódicos cuya patente vendería más tarde en Nueva
York.
Tras una breve estancia en Puerto Rico, en 1865 se traslada
a Nueva York y trabaja como traductor; allí, en 1875, funda la
imprenta El Polígloto y crea una "Agencia industrial para la compra
de maquinaria y efectos de moderna invención", e ingenia su máquina
de calcular, la VereaDirectMultiplier, primera que realizaba
multiplicaciones de forma directa en vez emplear múltiples vueltas de
manivela. La oficina de patentes estadounidense le concedió el 10 de
septiembre de 1878 la número 207.918, el mismo año en el que ganó
una medalla de la Exposición Mundial de Inventos de Cuba.
Su calculadora era una máquina de unos 26 kilos de peso, 14
pulgadas de largo, 12 de ancho y 8 de alto, capaz de sumar, restar,
multiplicar y dividir números de nueve cifras, admitiendo hasta seis
números en el multiplicador y quince en el producto. La multiplicación
la resolvía mediante un método directo basado en un mecanismo
patentado por Edmund D. Barbour en 1872, que empleaba un
sistema que obtenía valores de una tabla de multiplicar codificada
de manera similar al sistema Braille. El aparato podía resolver
698.543.721 x 807.689 en veinte segundos, siendo la más veloz y
precisa de la época. No obstante, Verea no perseguía más que
demostrar que los españoles podían inventar igual que los
estadounidenses, por lo que su invento sólo dejó huella en la historia
de la computación como base para futuras máquinas, como la
de Otto Steiger. Su máquina se conserva en los depósitos de la sede
central de IBM, en White Plains (Nueva York) formando parte de la
colección iniciada en 1930 por el fundador de IBM.
En Nueva York, además, funda y dirige El Cronista y desde
1884 la revista quincenal (luego mensual) El Progreso, que se sostenía
sin publicidad para salvaguardar su independencia y se difundía en
español en una veintena de países. Librepensador, defendía la
igualdad entre razas y
entre hombres y mujeres,
la abolición de la
esclavitud y la libertad de
expresión, valores que hoy
se consideran universales,
y criticaba el colonialismo
estadounidense. Tradujo
los escritos de
los iusnaturalistas Thomas Paine, Robert Ingersoll y H. W.
Beecher y recomendó a sus lectores suscribirse a publicaciones
librepensadoras como Las Dominicales del Libre Pensamiento de
Madrid, El Pensamiento de México o La Razón de Cuba. También se
proclama antimonárquico, denuncia la dejadez de la embajada
española en Estados Unidos y se ensañó particularmente contra el
embajador Juan Valera, el famoso escritor, capaz de reunir
cuantiosos fondos para homenajes espectaculares y olvidarse de
hacerlo para auxiliar a las víctimas del cólera morbo en España.2
Ultimos Años
En 1895 se traslada a Guatemala, exiliado por su fuerte
oposición a la política colonianista estadounidense, donde publica una
serie de cartas contra la leyenda negra, y después, en 1897, se
traslada a Buenos Aires. En esa ciudad volvió a publicar en 1898 la
revista El Progreso y siguió ejerciendo de periodista hasta su muerte.
Falleció solo y pobre en la capital argentina y fue enterrado de
caridad en un panteón anónimo del Cementerio del Oeste.3
Bibliografía
http://www.redliberal.com/foros/archive/index.php/t-2031.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Ram%C3%B3n_Verea
http://cultura.elpais.com/cultura/2013/08/02/actualidad/1375456045_862841.html
https://www.google.es/imghp?hl=es&tab=wi
https://iesn1.edmodo.com/home
http://www.youtube.com/
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Ramon verea alejandro abonjo

  • 1.
    2-10-2013 La Aricmética ysus principios | Alejandro Abonjo Bouzas 3º A RAMON VEREA
  • 2.
    Indice Indice ........................................................................................................................................................2 Introducción.........................................................................................................................................3 Origenes....................................................................................................................................................4 Historia ..................................................................................................................................................5 Biografía................................................................................................................................................8 Infancia...............................................................................................................................................8 Emigración..........................................................................................................................................8 UltimosAños........................................................................................................................................9 Bibliografía............................................................................................................................................10
  • 3.
    Introducción Hay aún variostestigos vivos de los primeros años de Ramón Silvestre Verea García en Curantes, la aldea de A Estrada (Pontevedra) donde nació en 1833. Pero aunque su talle diga cosas, los carvallos no hablan. Así que nada ni nadie puede evocar al niño aquel que zangolotearía entre olores inconfundibles a musgo, bosta e incienso. En general las aldeas gallegas olían al paraíso o el infierno, según momentos y tramos. Lo que singularizó la infancia de Verea respecto a otros niños fue que se crio al amparo de una sacristía. El clérigo Francisco de Porto le educó como un padre aunque en la historia figure como tío. Tal vez, ya saben… Su biógrafo, Olimpio Arca, no aventura maldades y constata la verdad documental: Ramón nació el 11 de diciembre de 1833 como hijo legítimo de Florentina García y Juan Verea. Indice
  • 4.
    Origenes El origen explicaráalgunos aspectos del subyugante Verea adulto, un tipo tan luminoso que lo mismo patenta una calculadora que escribe novelas o que monta un periódico que sale adelante sin publicidad y con independencia. El Progreso, la revista quincenal que dirigió casi una década en Estados Unidos, se presentaba así: “Único periódico en castellano que ha subsistido en Nueva York sin anuncios, sin subvención y sin degradantes adulaciones a los gobernantes y poderosos. Independiente en política, librepensador en todo”. Entre Curantes y Nueva York discurrieron un sinfín de escalas, peripecias y ocupaciones. A pesar de nacer en una pequeña comunidad rural, Verea tuvo acceso al conocimiento, un lujo vedado a la mayoría de los niños de entonces de Galicia, donde, según el investigador Antón Costa, imperaba uno de los sistemas educativos más retrasados de Europa. Le salvó la tutela del tío religioso, que le abrió un singular pórtico de la gloria: una biblioteca a su disposición. “Debía de ser el único sitio de la aldea donde había libros”, subraya Olimpio Arca, que en su libro Ramón Verea. Inventor, xornalista, estradense presume que asistiría también a la escuela de primeras letras de Curantes.
  • 5.
    Historia A los 13años, Ramón se fue a estudiar a Santiago, eslabón ineludible hacia el destino delineado por su familia: el sacerdocio. Permaneció en el seminario seis años hasta que, pese a su brillante expediente, perdió la beca. Con el tiempo vería el hecho como “una liberación” y afianzaría su anticlericalismo. En 1855, recuerda su biógrafo, embarcó hacia Cuba, la primera escala de una vida de movimiento perpetuo, que le llevará también a Nueva York, Guatemala y Buenos Aires, donde falleció sin descendencia y tan pobre que su cadáver fue recogido por la asistencia pública en 1899. A los 13 años, Ramón se fue a estudiar a Santiago, eslabón ineludible hacia el destino delineado por su familia: el sacerdocio. Permaneció en el seminario seis años hasta que, pese a su brillante expediente, perdió la beca. Con el tiempo vería el hecho como “una liberación” y afianzaría su anticlericalismo. En 1855, recuerda su biógrafo, embarcó hacia Cuba, la primera escala de una vida de movimiento perpetuo, que le llevará también a Nueva York, Guatemala y Buenos Aires, donde falleció sin descendencia y tan pobre que su cadáver fue recogido por la asistencia pública en 1899.
  • 6.
    Cuba, la primeraescala de una vida de movimiento perpetuo, que le llevará también a Nueva York, Guatemala y Buenos Aires, donde falleció sin descendencia y tan pobre que su cadáver fue recogido por la asistencia pública en 1899. En Cuba trabajó de maestro, estudió inglés, escribió sus primeras novelas, descubrió el periodismo e inventó una máquina para doblar periódicos. Su talento bicéfalo explotará a partir de 1875 en Nueva York, donde funda la imprenta El Polígloto, crea una “agencia industrial para la compra de maquinaria y efectos de moderna invención”, patenta su calculadora y dirige El Cronista y El Progreso, que se difundirá en una veintena de países. Y todo aquello, alineado, demuestra que aquel superdotado para la tecnología capaz de sacarse artilugios inexistentes de la manga se movía por principios, acaso por fanfarronería en alguna ocasión, y jamás por ambiciones materiales. El propio inventor enumeraba en un artículo en 1881 sus móviles: “1) un poco de amor propio; 2) mucho de amor nacional, el deseo de probar que en genio inventivo un español puede dejar atrás a las eminencias de las naciones más cultas; 3) el afán innato de contribuir con algo al adelanto de la ciencia; y 4) y último, un entretenimiento conforme a mis gustos e inclinaciones”. Su calculadora de hierro y acero y color amarillo de 26 kilos fue la primera en realizar las cuatro operaciones aritméticas (dividía y multiplicaba números de hasta nueve dígitos). Después de inventarla y patentarla en 1878, se desentendió del asunto. No le interesaba el dinero, solo quería demostrar en Nueva York, el corazón de aquella gran nación que estaban construyendo emigrantes de todas partes, que su capacidad de innovación estaba a la altura de la estadounidense. Verea, uno más de los emigrantes gallegos que salieron a buscar vidas nuevas en el XIX, logró perfeccionar las máquinas con las que habían pugnado Schickard, Pascal o Leibnitz varios siglos atrás. Su prototipo, la VereaDirectMultiplier, se conserva actualmente en la sede central de IBM, en Estados Unidos. “Cuando creó su máquina, Nueva York estaba en el auge de las grandes transacciones. La patente podría haberle dado mucho dinero, pero no quiso”, señala Olimpio Arca. Poco sabíamos de Verea pese a todo lo que deberíamos saber de él. Al margen de la biografía de Arca, han rastreado su trayectoria Ana María Varela-Lago en su tesis para la Universidad de California Conquerors, immigrants, exiles: TheSpanishdiaspora in theUnitedStates, y mucho antes José Pérez Morris escribió en Cuba la primera biografía del personaje. Ni siquiera en su aldea se conservaba rastro de su memoria hasta la publicación de la investigación de Olimpio Arca y la colocación de un
  • 7.
    busto, junto ala iglesia, que recuerda a aquel librepensador, comprometido, aventurero y singular renacentista del siglo XIX. “El hombre hace unas leyes para sí y otras para la mujer”, denunció en un artículo de 1884 Una mira a Ramón Verea y parece un Bécquer sin melancolía. Una le lee y parece Mary Wollstonecraft, que reivindicó para las mujeres excentricidades como la educación. He aquí lo que voceaba Verea desde su tribuna en 1884: “El hombre hace unas leyes para sí y otras para la mujer. Se queja del despotismo de los gobernantes y él es un tirano para su compañera. Quiere que el mundo progrese y no da a sus hijas, que mañana serán madres, más que una educación superficial... Mientras el hombre se considere el amo de la mujer, mientras le niegue la igualdad civil, mientras no la mida con la misma vara que a sí mismo, no podrá decir con verdad que ha dado un paso en la senda del verdadero progreso”. Creyó Verea en valores que hoy resultan universales y que en su época se consideraban utopías. La igualdad entre hombres y mujeres, la abolición de la esclavitud o la libertad de expresión. En marzo de 1888 se defendía así de una campaña contra él y su publicación: “Aquí no se trata solo de difamar a la humilde personalidad del que suscribe, el objeto principal es matar El Progreso, porque estorba, porque dice las verdades, porque descubre los agios y porque no se vende ni respeta ladrones, cualquiera que sea el grado que ocupen en la escala social”. En ese mismo artículo confesaba sus “delitos”: “El de defender la razón contra el fanatismo; el de defender a los chinos, los negros, los indios y todos los oprimidos que nada podían darme, contra los opresores que son fuertes y poderosos y de los que puede obtenerse oro y favor”. Indice
  • 8.
    Biografía Ramón Silvestre VereaGarcía (La Estrada, Pontevedra, 11 de diciembre de 1833 - Buenos Aires, 6 de febrero de 1899). Inventor español. Infancia Hijo legítimo de los modestos labradores Florentina García y Juan Verea, se benefició de estudiar con un cura sacerdote tío suyo, Francisco de Porto, en su aldea y luego, a los trece años, marchó al seminario diocesano de Santiago de Compostela , donde permaneció seis años hasta que, pese a su brillante expediente, perdió la beca, lo que supuso para él "una liberación" y afianzó su anticlericamismo. Emigración Emigró en 1855 a Cuba dónde trabajó como maestro y escribió dos novelas, La cruz de Cobblestone y Una mujer con dos maridos; aprendió además inglés y descubrió el periodismo. También, cuando estaba en la ciudad cubana de Colón, inventó una máquina para plegar periódicos cuya patente vendería más tarde en Nueva York. Tras una breve estancia en Puerto Rico, en 1865 se traslada a Nueva York y trabaja como traductor; allí, en 1875, funda la imprenta El Polígloto y crea una "Agencia industrial para la compra de maquinaria y efectos de moderna invención", e ingenia su máquina de calcular, la VereaDirectMultiplier, primera que realizaba multiplicaciones de forma directa en vez emplear múltiples vueltas de manivela. La oficina de patentes estadounidense le concedió el 10 de septiembre de 1878 la número 207.918, el mismo año en el que ganó una medalla de la Exposición Mundial de Inventos de Cuba. Su calculadora era una máquina de unos 26 kilos de peso, 14 pulgadas de largo, 12 de ancho y 8 de alto, capaz de sumar, restar, multiplicar y dividir números de nueve cifras, admitiendo hasta seis números en el multiplicador y quince en el producto. La multiplicación la resolvía mediante un método directo basado en un mecanismo patentado por Edmund D. Barbour en 1872, que empleaba un sistema que obtenía valores de una tabla de multiplicar codificada de manera similar al sistema Braille. El aparato podía resolver 698.543.721 x 807.689 en veinte segundos, siendo la más veloz y precisa de la época. No obstante, Verea no perseguía más que demostrar que los españoles podían inventar igual que los
  • 9.
    estadounidenses, por loque su invento sólo dejó huella en la historia de la computación como base para futuras máquinas, como la de Otto Steiger. Su máquina se conserva en los depósitos de la sede central de IBM, en White Plains (Nueva York) formando parte de la colección iniciada en 1930 por el fundador de IBM. En Nueva York, además, funda y dirige El Cronista y desde 1884 la revista quincenal (luego mensual) El Progreso, que se sostenía sin publicidad para salvaguardar su independencia y se difundía en español en una veintena de países. Librepensador, defendía la igualdad entre razas y entre hombres y mujeres, la abolición de la esclavitud y la libertad de expresión, valores que hoy se consideran universales, y criticaba el colonialismo estadounidense. Tradujo los escritos de los iusnaturalistas Thomas Paine, Robert Ingersoll y H. W. Beecher y recomendó a sus lectores suscribirse a publicaciones librepensadoras como Las Dominicales del Libre Pensamiento de Madrid, El Pensamiento de México o La Razón de Cuba. También se proclama antimonárquico, denuncia la dejadez de la embajada española en Estados Unidos y se ensañó particularmente contra el embajador Juan Valera, el famoso escritor, capaz de reunir cuantiosos fondos para homenajes espectaculares y olvidarse de hacerlo para auxiliar a las víctimas del cólera morbo en España.2 Ultimos Años En 1895 se traslada a Guatemala, exiliado por su fuerte oposición a la política colonianista estadounidense, donde publica una serie de cartas contra la leyenda negra, y después, en 1897, se traslada a Buenos Aires. En esa ciudad volvió a publicar en 1898 la revista El Progreso y siguió ejerciendo de periodista hasta su muerte. Falleció solo y pobre en la capital argentina y fue enterrado de caridad en un panteón anónimo del Cementerio del Oeste.3
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