En medio del puerto,
con velas y flores,
navega un velero
de muchos colores.
Diviso a una niña
sentada en la popa:
su cara es de lino,
de fresa, su boca.
Por más que la miro,
y sigo mirando,
no sé si sus ojos
son verdes o pardos.
En medio del puerto,
con velas y flores,
se aleja un velero
de muchos colores.
Antonio García Teijeiro
Irene
El lagarto está llorando.
La lagarta está llorando.
El lagarto y la lagarta
con delantalitos blancos.
Han perdido sin querer
su anillo de desposados.
¡Ay, su anillito de plomo,
ay, su anillito plomado!
Un cielo grande y sin gente
monta en su globo a los pájaros.
El sol, capitán redondo,
lleva un chaleco de raso.
¡Miradlos qué viejos son!
¡Qué viejos son los lagartos!
¡Ay cómo lloran y lloran,
¡ay!, ¡ ay!, cómo están llorando!.
Federico García Lorca
Nayara
CARICIA
Madre, madre, tú me besas
pero yo te beso más
y el enjambre de mis besos
no te deja ni mirar...
Si la abeja se entra al lirio,
no se siente su aletear.
Cuando escondes a tu hijito
ni se le oye respirar...
Yo te miro, yo te miro
sin cansarme de mirar,
y qué lindo niño veo
a tus ojos asomar...
El estanque copia todo
lo que tú mirando estás;
pero tú en las niñas tienes
a tu hijo y nada más.
Los ojitos que me diste
me los tengo de gastar
en seguirte por los valles,
por el cielo y por el mar…
Gabriela Mistral
Marina
Mariposa del aire,
qué hermosa eres,
mariposa del aire
dorada y verde.
Luz del candil,
mariposa del aire,
¡quédate ahí, ahí, ahí!...
No te quieres parar,
pararte no quieres.
Mariposa del aire
dorada y verde.
Luz del candil,
mariposa del aire,
¡quédate ahí, ahí, ahí!...
¡Quédate ahí!
Mariposa, ¿estás ahí?
Federico García Lorca
Valery
Corderito mío,
suavidad callada:
mi pecho es tu gruta
de musgo afelpada.
Carnecita blanca,
tajada de luna:
lo he olvidado todo
por hacerme cuna.
Me olvidé del mundo
y de mí no siento
más que el pecho vivo
con que te sustento.
Y sé de mí sólo
que en mí te recuestas.
Tu fiesta, hijo mío,
apagó las fiestas.
Gabriela Mistral
Sergio
Hay una cometa
que flota en el cielo,
muy lejos del suelo
ligera y coqueta.
Hay una cometa
que imita a una nube:
ya baja, ya sube,
jamás se está quieta.
Hay una cometa
de vivos reflejos:
parecen espejos
buscando una meta.
Hay una cometa,
serpiente de espuma,
que deja a la bruma
de sueños repleta.
Antonio García Teijeiro
Iván R.
Yo quiero reír.
No quiero llorar.
Yo quiero sentir
el verde del mar.
El verde del mar
y el azul del cielo.
Yo quiero, yo quiero
tal vez navegar.
Sí, sí, navegar
arriba, en el cielo.
Tratar de volar
de espaldas al suelo.
Un pájaro, un pez,
yo quisiera ser
y poder cruzar
las nubes y el mar.
Antonio García Teijeira
Pablo
El elefante lloraba
Porque no quería dormir…
-¡Duerme, elefantito mío,
Que la luna te va a oír…
Papá elefante está cerca,
Se oye en el manglar mugir;
Duerme, elefantito mío,
Que la luna te va a oír…
El elefante lloraba
(¡con un aire de infeliz!)
Y alzaba su trompa al viento…
Parecía que en la luna
Se limpiaba la nariz.
Adriano del Valle
Sheila
Me duelen los ojos,
me duele el cabello,
me duele la punta
tonta de los dedos.
Y aquí en la garganta
una hormiga corre
con cien patas largas.
Ay, mi resfriado,
chaquetas, bufandas,
leche calentita
y doce pañuelos
y catorce mantas
y estarse muy quieto
junto a la ventana.
Me duelen los ojos,
me duele la espalda,
me duele el cabello,
me duele la tonta
punta de los dedos.
Celia Viñas
César
Érase una vez
un lobito bueno
al que maltrataban
todos los corderos.
Y había también
un príncipe malo,
una bruja hermosa
y un pirata honrado.
Todas estas cosas
había una vez.
Cuando yo soñaba
un mundo al revés.
José Agustín Goytisolo
Carla M.
En un trozo de papel
con un simple lapicero
yo tracé una escalerita,
tachonada de luceros.
Hermosas estrellas de oro.
De plata no había ninguna.
Yo quería una escalera
para subir a la Luna.
Par a subir a la Luna
y secarle sus ojitos,
no me valen los luceros,
como humildes peldañitos.
¿Será porque son dorados
en un cielo azul añil?
Sólo sé que no me sirven
para llegar hasta allí.
Estrellitas y luceros,
pintados con mucho amor,
¡quiero subir a la Luna
y llenarla de color!.
Antonio García Teijeiro
Iván B.
Vosotras, las familiares,
inevitables golosas,
vosotras, moscas vulgares,
me evocáis todas las cosas.
¡Oh viejas moscas voraces
como abejas en abril,
viejas moscas pertinaces
sobre mi calva infantil!
¡Moscas del primer hastío
en el salón familiar,
las claras tardes de estío
en que yo empecé a soñar!
Y en la aborrecida escuela,
raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela.
-que todo es volar-, sonoras,
rebotando en los cristales
en los días otoñales.......
Moscas de todas las horas,
de siempre... Moscas vulgares,
de mi juventud dorada;
de esta segunda inocencia,
que da en no creer en nada,
de siempre... Moscas vulgares,
que de puro familiares
no tendréis digno cantor:
yo sé que os habéis posado
sobre el juguete encantado,
sobre el librote cerrado,
sobre la carta de amor,
sobre los párpados yertos
de los muertos.
Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas,
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,
me evocáis todas las cosas.
Antonio Machado
Valentina
Esta fabulilla,
salga bien o mal,
me ha ocurrido ahora
por casualidad.
Cerca de unos prados
que hay en mi lugar,
pasaba un borrico
por casualidad.
Una flauta en ellos
halló, que un zagal
se dejó olvidada
por casualidad.
Acercóse a olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad.
En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.
"iOh!", dijo el borrico,
"¡qué bien sé tocar!
¡y dirán que es mala
la música asnal!"
Sin regla del arte,
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad.
Tomás de Iriarte
Marcos
Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.
Era un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.
érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto;
Las doce tribus de narices era.
Érase un narcicísimo infinito,
Muchísimo nariz, nariz tan fiera,
Que en la cara de Anás fuera delito.
Francisco de Quevedo
Leo
La luna pesca en el charco
con sus anzuelos de plata.
El sapo canta en la yerba,
la rana sueña en el agua.
Y el cuco afila la voz
y el pico contra las ramas.
Con su gesto de esmeralda,
la rana, soltera y sola,
desnuda al borde del agua.
La luna, quieta y redonda.
-Cuco ,cuclillo,
rabiquín de escoba,
¿cuántos años faltan
para la mi boda?
Habló el cuco desde el árbol:
- Rana pelona,
chata y fondona,
si quisieres maridar,
rana pelona,
fofa y buchona,
habrás de saber cantar...
Cantar y bailar,
y llevar la luna
del agua en tu ajuar.
Alejandro Casona
Manuel
Estaba la rana
con la boca abierta;
le cayó la luna
como una moneda.
Chapuzón, y al charco...
¡ Hoy cantó la rana
un cantar tan blanco !
Dijo la rana: -¡Qué linda canción!
Dijo el sapo: -De luna y amor.
Dijo la rana: -De amor sin marido...
Dijo el sapo: -Yo duermo contigo.
Dijo la rana: -Preñada me quedo.
Dijo el sapo:- De un gran caballero.
La rana parió un lucero...
¡ mi Dios, cómo lo besaba !
Todas las mañanas viene
a verlo la luz del alba.
- ¿ Cuánto me das, lucerito,
por que te saque del agua ?
- Yo no quiero que me saques
ni ser estrella de plata,
que yo tengo sangre verde
de yerbas y de espadañas.
Ay, mi casita de juncos,
ay, mi casita del agua,
ay, con macetas de luna,
ay, con barandales de algas...
La rana tiende pañales,
y el sapo toca la flauta.
Alejandro Casona
Alejandra
Juntáronse los ratones
para librarse del gato;
y después de largo rato
de disputas y opiniones,
dijeron que acertarían
en ponerle un cascabel,
que andando el gato con él,
librarse mejor podrían.
Salió un ratón barbicano,
colilargo, hociquirromo
y encrespando el grueso lomo,
dijo al senado romano,
después de hablar culto un rato:
– ¿Quién de todos ha de ser
el que se atreva a poner
ese cascabel al gato?
Lope de Vega
Guillermo
Es mediodía. Un parque.
Invierno. Blancas sendas;
simétricos montículos
y ramas esqueléticas.
Bajo el invernadero,
naranjos en maceta,
y en su tonel, pintado
de verde, la palmera.
Un viejecillo dice
para su capa vieja:
"¡El sol, esta hermosura
de sol...!" Los niños juegan.
El agua de la fuente
resbala, corre y sueña
lamiendo, casi muda,
la verdinosa piedra.
Antonio Machado
Hugo
Cuando se abre en la mañana
roja como sangre está;
el rocío no la toca
porque se teme quemar.
Abierta en el mediodía
es dura como el coral,
el sol se asoma a los vidrios
para verla relumbrar.
Cuando en las ramas empiezan
los pájaros a cantar
y se desmaya la tarde
en las violetas del mar,
se pone blanca, con blanco
de una mejilla de sal;
y cuando toca la noche
blanco cuerno de metal
y las estrellas avanzan
mientras los aires se van,
en la raya de lo oscuro
se comienza a deshojar.
Federico García Lorca
Carla A.
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.
Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
"mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón".
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.
Antonio Machado
Raúl
El hada más hermosa ha sonreído
al ver la lumbre de una estrella pálida,
que en hilo suave, blanco y silencioso
se enrosca al huso de su rubia hermana.
Y vuelve a sonreír porque en su rueca
el hilo de los campos se enmaraña.
Tras la tenue cortina de la alcoba
está el jardín envuelto en luz dorada.
La cuna, casi en sombra. El niño duerme.
Dos hadas laboriosas lo acompañan,
hilando de los sueños los sutiles
copos en ruecas de marfil y plata.
Antonio Machado
Laura
Llueve sobre el campo verde...
¡Qué paz! El agua se abre
y la hierba de noviembre
es de pálidos diamantes.
Se apaga el sol; de la choza
de la huerta se ve el valle
más verde, más oloroso,
más idílico que antes.
Llueve; los álamos blancos
se ennegrecen; los pinares
se alejan; todo está gris
melancólico y fragante.
Y en el ocaso doliente
surgen vagas claridades
malvas, rosas, amarillas,
de sedas y de cristales...
¡Oh la lluvia sobre el campo
verde! ¡Qué paz! En el aire
vienen aromas mojados
de violetas otoñales.
Juan Ramón Jiménez
Rubén
La familia polillal
La polilla come lana
de la noche a la mañana.
Muerde, come, come, muerde
lana roja, lana verde.
Sentadita en el ropero
con su plato y su babero,
come lana de color
con cuchillo y tenedor.
Sus hijitos comilones
tienen cuna de botones.
Su marido don Polillo
balconea en un bolsillo.
De repente se avecina
la señora Naftalina.
Muy oronda la verán,
toda envuelta en celofán.
La familia polillal
la espía por un ojal,
y le apunta con la aguja
a la Naftalina bruja.
Pero don Polillo ordena:
—No la maten, me da pena;
vámonos a otros roperos
a llenarlos de agujeros.
Y se van todos de viaje
con muchísimo equipaje:
las hilachas de una blusa
y un paquete de pelusa.
Maria Elena Walsh
Neizan
La Tarara, sí;
la Tarara, no;
la Tarara, niña,
que la he visto yo.
Lleva la Tarara
un vestido verde
lleno de volantes
y de cascabeles.
La Tarara, sí;
la tarara, no;
la Tarara, niña,
que la he visto yo.
Luce mi Tarara
su cola de seda
sobre las retamas
y la hierbabuena.
Ay, Tarara loca.
Mueve la cintura
para los muchachos
de las aceitunas.
Autor: Federico García Lorca
Carla G.
Agua, ¿dónde vas?
Riendo voy por el río
a las orillas del mar.
Mar, ¿adónde vas?
Río arriba voy buscando
fuente donde descansar.
Chopo, y tú ¿qué harás?
No quiero decirte nada.
Yo..., ¡temblar!
¿Qué deseo, qué no deseo,
por el río y por la mar?
Cuatro pájaros sin rumbo
en el alto chopo están.
Autor: Federico García Lorca
Junto al río arrodillarse,
hundir la mano en su agua;
ver resbalar el paisaje
en el Rió, mientras canta.
Corre o va despacio el río,
empujan su caminata...
qué hermosura la de ir,
la de dirigirse hasta
su rumbo final. El agua
no es muda, dice palabras.
Van sobre su cuerpo, leves:
las nubes las soliviantan.
Qué dulce es arrodillarse,
quieto el ademán, extática
de la mano en inmersión
la cadencia de las aguas.
Acaricia el hondo son
de voz que se eleva, canta
y entrega con su canción
un relieve de manzana.
Véngannos días de amor,
véngannos que el río se escapa
si no lo detengo yo
desde la orilla del alba.
Carmen Conde
Nayra
Recital poesia 3º

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  • 2.
    En medio delpuerto, con velas y flores, navega un velero de muchos colores. Diviso a una niña sentada en la popa: su cara es de lino, de fresa, su boca. Por más que la miro, y sigo mirando, no sé si sus ojos son verdes o pardos. En medio del puerto, con velas y flores, se aleja un velero de muchos colores. Antonio García Teijeiro
  • 3.
  • 4.
    El lagarto estállorando. La lagarta está llorando. El lagarto y la lagarta con delantalitos blancos. Han perdido sin querer su anillo de desposados. ¡Ay, su anillito de plomo, ay, su anillito plomado! Un cielo grande y sin gente monta en su globo a los pájaros. El sol, capitán redondo, lleva un chaleco de raso. ¡Miradlos qué viejos son! ¡Qué viejos son los lagartos! ¡Ay cómo lloran y lloran, ¡ay!, ¡ ay!, cómo están llorando!. Federico García Lorca
  • 5.
  • 6.
    CARICIA Madre, madre, túme besas pero yo te beso más y el enjambre de mis besos no te deja ni mirar... Si la abeja se entra al lirio, no se siente su aletear. Cuando escondes a tu hijito ni se le oye respirar... Yo te miro, yo te miro sin cansarme de mirar, y qué lindo niño veo a tus ojos asomar... El estanque copia todo lo que tú mirando estás; pero tú en las niñas tienes a tu hijo y nada más. Los ojitos que me diste me los tengo de gastar en seguirte por los valles, por el cielo y por el mar… Gabriela Mistral
  • 7.
  • 8.
    Mariposa del aire, quéhermosa eres, mariposa del aire dorada y verde. Luz del candil, mariposa del aire, ¡quédate ahí, ahí, ahí!... No te quieres parar, pararte no quieres. Mariposa del aire dorada y verde. Luz del candil, mariposa del aire, ¡quédate ahí, ahí, ahí!... ¡Quédate ahí! Mariposa, ¿estás ahí? Federico García Lorca
  • 9.
  • 10.
    Corderito mío, suavidad callada: mipecho es tu gruta de musgo afelpada. Carnecita blanca, tajada de luna: lo he olvidado todo por hacerme cuna. Me olvidé del mundo y de mí no siento más que el pecho vivo con que te sustento. Y sé de mí sólo que en mí te recuestas. Tu fiesta, hijo mío, apagó las fiestas. Gabriela Mistral
  • 11.
  • 12.
    Hay una cometa queflota en el cielo, muy lejos del suelo ligera y coqueta. Hay una cometa que imita a una nube: ya baja, ya sube, jamás se está quieta. Hay una cometa de vivos reflejos: parecen espejos buscando una meta. Hay una cometa, serpiente de espuma, que deja a la bruma de sueños repleta. Antonio García Teijeiro
  • 13.
  • 14.
    Yo quiero reír. Noquiero llorar. Yo quiero sentir el verde del mar. El verde del mar y el azul del cielo. Yo quiero, yo quiero tal vez navegar. Sí, sí, navegar arriba, en el cielo. Tratar de volar de espaldas al suelo. Un pájaro, un pez, yo quisiera ser y poder cruzar las nubes y el mar. Antonio García Teijeira
  • 15.
  • 16.
    El elefante lloraba Porqueno quería dormir… -¡Duerme, elefantito mío, Que la luna te va a oír… Papá elefante está cerca, Se oye en el manglar mugir; Duerme, elefantito mío, Que la luna te va a oír… El elefante lloraba (¡con un aire de infeliz!) Y alzaba su trompa al viento… Parecía que en la luna Se limpiaba la nariz. Adriano del Valle
  • 17.
  • 18.
    Me duelen losojos, me duele el cabello, me duele la punta tonta de los dedos. Y aquí en la garganta una hormiga corre con cien patas largas. Ay, mi resfriado, chaquetas, bufandas, leche calentita y doce pañuelos y catorce mantas y estarse muy quieto junto a la ventana. Me duelen los ojos, me duele la espalda, me duele el cabello, me duele la tonta punta de los dedos. Celia Viñas
  • 19.
  • 20.
    Érase una vez unlobito bueno al que maltrataban todos los corderos. Y había también un príncipe malo, una bruja hermosa y un pirata honrado. Todas estas cosas había una vez. Cuando yo soñaba un mundo al revés. José Agustín Goytisolo
  • 21.
  • 22.
    En un trozode papel con un simple lapicero yo tracé una escalerita, tachonada de luceros. Hermosas estrellas de oro. De plata no había ninguna. Yo quería una escalera para subir a la Luna. Par a subir a la Luna y secarle sus ojitos, no me valen los luceros, como humildes peldañitos. ¿Será porque son dorados en un cielo azul añil? Sólo sé que no me sirven para llegar hasta allí. Estrellitas y luceros, pintados con mucho amor, ¡quiero subir a la Luna y llenarla de color!. Antonio García Teijeiro
  • 23.
  • 24.
    Vosotras, las familiares, inevitablesgolosas, vosotras, moscas vulgares, me evocáis todas las cosas. ¡Oh viejas moscas voraces como abejas en abril, viejas moscas pertinaces sobre mi calva infantil! ¡Moscas del primer hastío en el salón familiar, las claras tardes de estío en que yo empecé a soñar! Y en la aborrecida escuela, raudas moscas divertidas, perseguidas por amor de lo que vuela. -que todo es volar-, sonoras, rebotando en los cristales en los días otoñales....... Moscas de todas las horas, de siempre... Moscas vulgares, de mi juventud dorada; de esta segunda inocencia, que da en no creer en nada, de siempre... Moscas vulgares, que de puro familiares no tendréis digno cantor: yo sé que os habéis posado sobre el juguete encantado, sobre el librote cerrado, sobre la carta de amor, sobre los párpados yertos de los muertos. Inevitables golosas, que ni labráis como abejas, ni brilláis cual mariposas; pequeñitas, revoltosas, vosotras, amigas viejas, me evocáis todas las cosas. Antonio Machado
  • 25.
  • 26.
    Esta fabulilla, salga bieno mal, me ha ocurrido ahora por casualidad. Cerca de unos prados que hay en mi lugar, pasaba un borrico por casualidad. Una flauta en ellos halló, que un zagal se dejó olvidada por casualidad. Acercóse a olerla el dicho animal, y dio un resoplido por casualidad. En la flauta el aire se hubo de colar, y sonó la flauta por casualidad. "iOh!", dijo el borrico, "¡qué bien sé tocar! ¡y dirán que es mala la música asnal!" Sin regla del arte, borriquitos hay que una vez aciertan por casualidad. Tomás de Iriarte
  • 27.
  • 28.
    Érase un hombrea una nariz pegado, érase una nariz superlativa, érase una nariz sayón y escriba, érase un peje espada muy barbado. Era un reloj de sol mal encarado, érase una alquitara pensativa, érase un elefante boca arriba, era Ovidio Nasón más narizado. érase un espolón de una galera, érase una pirámide de Egipto; Las doce tribus de narices era. Érase un narcicísimo infinito, Muchísimo nariz, nariz tan fiera, Que en la cara de Anás fuera delito. Francisco de Quevedo
  • 29.
  • 30.
    La luna pescaen el charco con sus anzuelos de plata. El sapo canta en la yerba, la rana sueña en el agua. Y el cuco afila la voz y el pico contra las ramas. Con su gesto de esmeralda, la rana, soltera y sola, desnuda al borde del agua. La luna, quieta y redonda. -Cuco ,cuclillo, rabiquín de escoba, ¿cuántos años faltan para la mi boda? Habló el cuco desde el árbol: - Rana pelona, chata y fondona, si quisieres maridar, rana pelona, fofa y buchona, habrás de saber cantar... Cantar y bailar, y llevar la luna del agua en tu ajuar. Alejandro Casona
  • 31.
  • 32.
    Estaba la rana conla boca abierta; le cayó la luna como una moneda. Chapuzón, y al charco... ¡ Hoy cantó la rana un cantar tan blanco ! Dijo la rana: -¡Qué linda canción! Dijo el sapo: -De luna y amor. Dijo la rana: -De amor sin marido... Dijo el sapo: -Yo duermo contigo. Dijo la rana: -Preñada me quedo. Dijo el sapo:- De un gran caballero. La rana parió un lucero... ¡ mi Dios, cómo lo besaba ! Todas las mañanas viene a verlo la luz del alba. - ¿ Cuánto me das, lucerito, por que te saque del agua ? - Yo no quiero que me saques ni ser estrella de plata, que yo tengo sangre verde de yerbas y de espadañas. Ay, mi casita de juncos, ay, mi casita del agua, ay, con macetas de luna, ay, con barandales de algas... La rana tiende pañales, y el sapo toca la flauta. Alejandro Casona
  • 33.
  • 34.
    Juntáronse los ratones paralibrarse del gato; y después de largo rato de disputas y opiniones, dijeron que acertarían en ponerle un cascabel, que andando el gato con él, librarse mejor podrían. Salió un ratón barbicano, colilargo, hociquirromo y encrespando el grueso lomo, dijo al senado romano, después de hablar culto un rato: – ¿Quién de todos ha de ser el que se atreva a poner ese cascabel al gato? Lope de Vega
  • 35.
  • 36.
    Es mediodía. Unparque. Invierno. Blancas sendas; simétricos montículos y ramas esqueléticas. Bajo el invernadero, naranjos en maceta, y en su tonel, pintado de verde, la palmera. Un viejecillo dice para su capa vieja: "¡El sol, esta hermosura de sol...!" Los niños juegan. El agua de la fuente resbala, corre y sueña lamiendo, casi muda, la verdinosa piedra. Antonio Machado
  • 37.
  • 38.
    Cuando se abreen la mañana roja como sangre está; el rocío no la toca porque se teme quemar. Abierta en el mediodía es dura como el coral, el sol se asoma a los vidrios para verla relumbrar. Cuando en las ramas empiezan los pájaros a cantar y se desmaya la tarde en las violetas del mar, se pone blanca, con blanco de una mejilla de sal; y cuando toca la noche blanco cuerno de metal y las estrellas avanzan mientras los aires se van, en la raya de lo oscuro se comienza a deshojar. Federico García Lorca
  • 39.
  • 40.
    Una tarde parday fría de invierno. Los colegiales estudian. Monotonía de lluvia tras los cristales. Es la clase. En un cartel se representa a Caín fugitivo, y muerto Abel, junto a una mancha carmín. Con timbre sonoro y hueco truena el maestro, un anciano mal vestido, enjuto y seco, que lleva un libro en la mano. Y todo un coro infantil va cantando la lección: "mil veces ciento, cien mil; mil veces mil, un millón". Una tarde parda y fría de invierno. Los colegiales estudian. Monotonía de la lluvia en los cristales. Antonio Machado
  • 41.
  • 42.
    El hada máshermosa ha sonreído al ver la lumbre de una estrella pálida, que en hilo suave, blanco y silencioso se enrosca al huso de su rubia hermana. Y vuelve a sonreír porque en su rueca el hilo de los campos se enmaraña. Tras la tenue cortina de la alcoba está el jardín envuelto en luz dorada. La cuna, casi en sombra. El niño duerme. Dos hadas laboriosas lo acompañan, hilando de los sueños los sutiles copos en ruecas de marfil y plata. Antonio Machado
  • 43.
  • 44.
    Llueve sobre elcampo verde... ¡Qué paz! El agua se abre y la hierba de noviembre es de pálidos diamantes. Se apaga el sol; de la choza de la huerta se ve el valle más verde, más oloroso, más idílico que antes. Llueve; los álamos blancos se ennegrecen; los pinares se alejan; todo está gris melancólico y fragante. Y en el ocaso doliente surgen vagas claridades malvas, rosas, amarillas, de sedas y de cristales... ¡Oh la lluvia sobre el campo verde! ¡Qué paz! En el aire vienen aromas mojados de violetas otoñales. Juan Ramón Jiménez
  • 45.
  • 46.
    La familia polillal Lapolilla come lana de la noche a la mañana. Muerde, come, come, muerde lana roja, lana verde. Sentadita en el ropero con su plato y su babero, come lana de color con cuchillo y tenedor. Sus hijitos comilones tienen cuna de botones. Su marido don Polillo balconea en un bolsillo. De repente se avecina la señora Naftalina. Muy oronda la verán, toda envuelta en celofán. La familia polillal la espía por un ojal, y le apunta con la aguja a la Naftalina bruja. Pero don Polillo ordena: —No la maten, me da pena; vámonos a otros roperos a llenarlos de agujeros. Y se van todos de viaje con muchísimo equipaje: las hilachas de una blusa y un paquete de pelusa. Maria Elena Walsh
  • 47.
  • 48.
    La Tarara, sí; laTarara, no; la Tarara, niña, que la he visto yo. Lleva la Tarara un vestido verde lleno de volantes y de cascabeles. La Tarara, sí; la tarara, no; la Tarara, niña, que la he visto yo. Luce mi Tarara su cola de seda sobre las retamas y la hierbabuena. Ay, Tarara loca. Mueve la cintura para los muchachos de las aceitunas. Autor: Federico García Lorca
  • 49.
  • 50.
    Agua, ¿dónde vas? Riendovoy por el río a las orillas del mar. Mar, ¿adónde vas? Río arriba voy buscando fuente donde descansar. Chopo, y tú ¿qué harás? No quiero decirte nada. Yo..., ¡temblar! ¿Qué deseo, qué no deseo, por el río y por la mar? Cuatro pájaros sin rumbo en el alto chopo están. Autor: Federico García Lorca
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    Junto al ríoarrodillarse, hundir la mano en su agua; ver resbalar el paisaje en el Rió, mientras canta. Corre o va despacio el río, empujan su caminata... qué hermosura la de ir, la de dirigirse hasta su rumbo final. El agua no es muda, dice palabras. Van sobre su cuerpo, leves: las nubes las soliviantan. Qué dulce es arrodillarse, quieto el ademán, extática de la mano en inmersión la cadencia de las aguas. Acaricia el hondo son de voz que se eleva, canta y entrega con su canción un relieve de manzana. Véngannos días de amor, véngannos que el río se escapa si no lo detengo yo desde la orilla del alba. Carmen Conde
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