Pierre-Auguste Renoir sufrió de una dolorosa artritis reumatoide en sus últimos 25 años de vida que le deformó las manos y lo dejó inválido. A pesar de su enfermedad, continuó pintando hasta el final de su vida usando ingeniosos métodos como caballetes con poleas y pinceles atados a sus manos. Renoir creía que pasar tiempo al aire libre en balnearios y su casa en el sur de Francia le ayudaban, y nunca dejó de pintar aunque su salud se deterioró mucho con el tiempo.