La confesión es un sacramento mediante el cual los pecados son perdonados y la persona se reconcilia con Dios. Jesús estableció la confesión el día de su resurrección cuando le dio a los apóstoles el poder de perdonar pecados en su nombre. Para confesarse correctamente, una persona debe examinar su conciencia, arrepentirse sinceramente de sus pecados, proponer enmendar su vida, confesar sus pecados al sacerdote y hacer penitencia.