El impuesto a la salida de divisas grava todas las transferencias monetarias y operaciones que se realicen al exterior, con o sin intervención del sistema financiero. El hecho generador es cualquier transferencia de divisas fuera del país, incluidos pagos de importaciones desde el exterior. Las transferencias menores a USD 1,000 dentro de periodos quincenales están exentas. La tasa pasó del 2% al 5% desde 2011.