San Braulio vivió en el siglo VI y fue obispo de Zaragoza durante 20 años. Provenía de una familia muy religiosa y le gustaba leer, escribir y editar libros. Fue un gran amigo de San Isidoro de Sevilla y asistió a varios concilios para evitar ideas falsas sobre la religión. A lo largo de su vida dio buenos consejos y se dedicó a rezar cuando quedó ciego al final de sus días.