Humberto el sapo estaba triste porque las mariposas lo llamaban feo. Para parecerse a las mariposas, pintó su cuerpo con colores brillantes que tomó prestados. Las mariposas se burlaron más de su apariencia pintada. Avergonzado, Humberto se sumergió en el charco para quitarse la pintura. Una calandria dijo que a Humberto le quedaba bien su color verde natural, haciendo que las mariposas se sintieran avergonzadas.