Las dos mujeres vivían juntas y dieron a luz casi al mismo tiempo. Una de ellas robó el hijo de la otra y lo cambió por el suyo, que había muerto. Cuando la madre verdadera se dio cuenta, acudió ante el rey Salomón para recuperar a su hijo. Salomón propuso partir al niño en dos para dar la mitad a cada mujer, revelando así que la verdadera madre era la que se negó a perder al niño aunque fuera de esa manera.