la cena
del señor

Pasaje clave: Lucas 22.14–20

El significado de la
Cena del Señor (2)
Jesús entró en el mundo como un ser humano,
haciéndose carne y sangre y condujo un ministerio
personal que duraría tres años y medio. Él sufrió,
murió mediante crucifixión, fue sepultado y resucitó corporalmente al tercer día. Luego, ascendió
a los cielos, donde ahora reina sobre el cielo y la
tierra (Mateo 28.18; Efesios 1.20–23; 1ª Pedro 3.22).
El próximo gran evento será Su segunda venida al
final de los tiempos (Juan 14.3; 1ª Corintios 15.22–27).
Por medio de la Cena del Señor, los cristianos recuerdan estos grandes hechos sobre Jesús y declaran
Su muerte hasta que Él venga otra vez.
El significado de la Cena del Señor para los
cristianos incluye los siguientes pensamientos
claves:
•	 Recordar a Jesús y Su muerte.
•	 Meditar en el significado que Jesús tiene
para nosotros.
•	 Tener comunión espiritual con Él.
•	 Dar gracias a Dios por Él.
•	 Honrarle como Hijo de Dios, el Mesías.
•	 Mostrarle respeto como Señor y Cristo.
•	 Motivarnos a tener mayor devoción.
•	 Tener comunión con los cristianos como
cuerpo unificado que son.
•	 Participar espiritualmente en Su cuerpo y
sangre.
•	 Declarar haber aceptado y reconocido el
nuevo pacto.
•	 Comprometernos una vez más a vivir de
acuerdo a Su Palabra.
•	 Proclamar Su vida, muerte y resurrección
hasta que Él vuelva.
•	 Recibir fortaleza y revitalización espiritual.
Hoy día, los seguidores de Jesús, reconociendo
Su presencia espiritual, pueden tener comunión

con Él por medio de la Cena del Señor hasta que
Él vuelva (1ª Corintios 11.26). El comer el elemento
físico nos recuerda que una vez estuvo presente
físicamente. Si bien no podemos verle, los símbolos son una conmemoración material de que Él
está con nosotros y de que podemos disfrutar de
Su presencia espiritual. «Porque donde están dos
o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en
medio de ellos» (Mateo 18.20). Él ha prometido
estar con Sus seguidores hasta el fin del mundo
(Mateo 28.20).
Teniendo en cuenta las anteriores verdades, la
palabra «memoria» podría suponer más que el uso
habitual que le damos a la palabra.
ENCONTRAMOS COMUNION CON CRISTO
En la Cena, tenemos comunión con Jesús
(1ª Corintios 10.16). Jesús no está solo en el sentido
de necesitar de nuestra comunión; sino que debido
a Su amor, desea comunión con los que Él ha
creado. Lo vemos cuando Dios toma a Enoc, quien
caminó con Él (Génesis 5.24; Hebreos 11.5) y al fiel
profeta Elías (2º Reyes 2.11), para que estuviera
con Él. Santiago escribió: «El Espíritu que él ha
hecho morar en nosotros nos anhela celosamente»
(Santiago 4.5). Jesús desea nuestra comunión (Apocalipsis 3.20), sin embargo, nosotros somos los que
necesitan de la comunión con Él. La Cena del Señor
es uno de los medios que Él ha provisto para que
tal relación sea posible.
Antes de morir, mi abuelo me dio una navaja
que llevó con él por muchos años. Cada vez que
tomo la navaja, pienso en mi abuelo. En mi mente,
comparto una vez más los momentos que pasamos
juntos, aunque haya muerto años atrás. De la misma
manera, el pan y la copa nos ayudan a recordar
instantes de Jesús según se revelan en la Palabra y
a reconocer que vino físicamente a la tierra a morir
por nuestros pecados, por el amor que nos tiene.
1
La Cena es un símbolo físico de cuán real es la
presencia espiritual de Jesús, símbolo que debería
ayudarnos a tener comunión con Él (Juan 20.29).
Esto es parte de nuestro andar en la luz, una forma
de vida mediante la cual tenemos comunión con el
Padre, el Hijo y con nuestros hermanos y hermanas
en Cristo (1ª Corintios 1.9; 1ª Juan 1.6, 7).
Todas las grandes cualidades de Jesús se ponen
de manifiesto cuando ofrendó Su cuerpo y sangre
por nosotros. La Cena del Señor debería ayudarnos
a meditar en Su amor, compasión, cuidado y actitud
de servicio. «Nadie tiene mayor amor que este, que
uno ponga su vida por sus amigos» (Juan 15.13).
Los primeros escritores reconocieron el pan
y el fruto de la vid como recordatorios de la vida
terrenal de Jesús. Los símbolos les ayudaron a
reflexionar sobre la historicidad de Su presencia
terrenal, Su sacrificio y Su sufrimiento. Vieron los
símbolos como una representación, no en el sentido
de una transformación literal en el cuerpo físico y
sangre de Jesús.
experimentamos la comunión
CRISTIANA
Cuando recuerdan a Jesús en la Cena del Señor,
los cristianos comparten momentos con Él en un
sentido espiritual. Mientras tenemos comunión con
Jesús, también tenemos comunión con Su cuerpo,
la iglesia.
Por lo tanto, la primitiva Cena del Señor gira en
torno a estos dos polos: la presencia [espiritual]
de Cristo y la comunión de los que experimentan
esa presencia […]
[…] el gozo manifestado por los primeros cristianos durante el «partimiento del pan» tiene su
origen, no en el hecho de que los discípulos que
se reunían comían la carne y bebían la sangre
de su Maestro crucificado, sino en el hecho de
que estaban concientes de comer con el Cristo
Resucitado, que estaba realmente presente en
medio de ellos…1

Participar de la Cena del Señor con los demás
cristianos implica recibirnos unos a otros mediante
una comunión conjunta con Jesús. Este desea que
Su pueblo le adore teniendo comunión con Él y
compartiendo con Sus seguidores lo que está sobre
Su mesa.
La descripción que presenta a Jesús llamando a
1 
Oscar Cullmann, «The Breaking of Bread and the Resurrection Appearances» (El partimiento del pan y las apariciones del Resucitado), en Oscar Cullmann y F. J. Leenhardt,
Essays on the Lord’s Supper (Ensayos sobre la Cena del Señor),
trad. y ed. J. G. Davies (Cambridge: Lutterworth Press, 1958;
reimp., Atlanta, Ga.: John Knox Press, 1975), 16.

2

la puerta de la congregación de Laodicea, muestra
Su deseo de tener comunión con ellos comiendo
con ellos. Tristemente, lo habían dejado por fuera
(Apocalipsis 3.14–20). Si comemos y bebemos en Su
mesa sin recordarle, también estamos dejándole por
fuera. Él desea tener comunión con nosotros.
proclamamos que Jesús, el Verbo,
se hizo carne
El uso de elementos físicos en la Cena del Señor proclama la encarnación de Jesús, es decir, ser
Dios en la carne (Mateo 1.23). No fue un espíritu
fantasmal con una apariencia humana. Por el contrario, siendo nacido de María, habitó un cuerpo
literalmente físico, como el cuerpo de todo humano
(Hebreos 2.14).
Jesús se hizo carne para así comprender la experiencia humana (Hebreos 4.15). Comió, durmió,
caminó, montó sobre un animal y fue clavado en una
cruz. Su cuerpo fue lavado, ungido con perfume y
envuelto en preparación para Su sepultura. Incluso
después de Su resurrección, se le pudo tocar.
El Nuevo Testamento enseña claramente que
Jesús tenía un cuerpo físico mientras estuvo en la
tierra.
•	 Jesús, el Verbo, se hizo carne (Juan 1.14).
•	 Nació de una mujer (Mateo 1.18, 25).
•	 Nació de la simiente de David según la carne
(Romanos 1.3).
•	 Fue físicamente igual a la humanidad en todo
sentido (Filipenses 2.7, 8; Hebreos 2.17).
•	 Debido a que participó de la misma carne y
sangre común a toda la humanidad, pudo
morir por los pecados del mundo (Hebreos
2.14).
•	 Tenía carne y huesos después de Su resurrección (Lucas 24.39, 40).
•	 Como ser físico que fue, se le pudo tocar
con manos humanas (Mateo 28.9; Lucas
24.39; Juan 20.17; 1ª Juan 1.1) que pudieron
examinar Sus manos marcadas por los
clavos y el costado traspasado por la lanza
(Juan 20.27).
Jesús vino del cielo a la tierra y habitó en carne
humana (Juan 1.14). Los que niegan este hecho son
anticristos (2ª Juan 7), es decir, se oponen a Él. El
pan y la copa de la comunión son símbolos de la
realidad carnal de Su cuerpo y sangre.
Al decir: «… esto es mi cuerpo» (Mateo 26.26),
Jesús incluyó todo Su cuerpo y todo Su ser en Su
sacrificio por la humanidad. «Quiso decir su persona en su totalidad siendo sacrificada, no sólo la
sustancia de su carne».2
Reconocemos que estamos
BAJO el nuevo pacto
Un pacto es un acuerdo. El nuevo pacto es
mejor que el primero (Hebreos 8.6) y proveyó lo
que el primero no podía proveer (Romanos 8.3,
4; Hebreos 10.1–4). El nuevo pacto hizo posible el
perdón mediante la sangre de Jesús (Hebreos 9.22)
y la esperanza de vida eterna en el cielo (1ª Pedro
1.3, 4).
El primer pacto fue establecido con sangre de
animales, la cual prefiguraba la sangre de Jesús
(Éxodo 24.5–8; Hebreos 9.18–20) con la que fue
establecido el nuevo pacto (Mateo 26.28; Marcos
14.24; Lucas 22.20; 1ª Corintios 11.25). Mediante el
sacrificio único y completo de Jesús, los pecados son
perdonados y nunca más son recordados (Hebreos
10.12, 14, 17).
Dios hizo el primer pacto, que incluye los Diez
Mandamientos, con los hijos de Israel después de
que salieron de Egipto (Éxodo 34.27, 28; 1º Reyes
8.9, 21). «Y él os anunció [a Israel; Deuteronomio
4.1] su pacto, el cual os mandó poner por obra; los
diez mandamientos, y los escribió en dos tablas de
piedra» (Deuteronomio 4.13). El nuevo pacto ha
sustituido al primero, el antiguo pacto (Hebreos
8.6–13; 10.9).
Los cristianos están bajo el segundo y nuevo
pacto, no bajo el primero y antiguo pacto. El primero
fue quitado para que el segundo fuera establecido.
Cuando comemos la Cena del Señor, reconocemos
el hecho de que estamos bajo el nuevo pacto que
ha sido establecido con la sangre de Jesús (Mateo
26.28).
ENCONTRAMOS Fortaleza
ESPIRITUAL
Algunos cristianos de Corinto estaban espiritualmente débiles y tenían una visión equivocada de
la Cena del Señor, no eran capaces de «discernir el
cuerpo del Señor» (1ª Corintios 11.29, 30). La Cena
bendice solamente a los que entienden las implicaciones asociadas con el pan y el fruto de la vid.
La nutrición física que resulta de ingerir pan
2 
Scott McCormick, hijo, The Lord’s Supper: A Biblical
Interpretation (La Cena del Señor: Una interpretación bíblica)
(Filadelfia: Westminster Press, 1966), 16.

se puede comparar con la fortaleza espiritual que
resulta de participar del pan de la Cena. Del modo
que la fortaleza y la salud física provienen de los
alimentos, la fortaleza espiritual puede también
obtenerse cuando meditamos en Jesús.
Como representación de la sangre de Jesús, el
fruto de la vid puede proveer una vida espiritual
renovada. Recibimos bendiciones espirituales al
asociarnos con Su sangre.
Jesús no estaba hablando acerca de la Cena del
Señor en Juan 6.55 cuando dijo: «Porque mi carne es
verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida».
No obstante, las implicaciones de Sus declaraciones
se aplican a la Cena porque recibimos fortaleza y
vida espirituales al participar de los símbolos de Su
cuerpo y sangre. El pan y la bebida ya no cumplen
su objetivo normal de satisfacer nuestros apetitos
físicos. En su lugar, proporcionan un alimento espiritual y sirven como una conmemoración visual
del significado del cuerpo y sangre de Jesús.
RESUMEN
La Cena del Señor plasma el tema central del
Nuevo Testamento. Coloca a Jesús a la vanguardia y
ofrece una oportunidad para que nos concentremos
en Él como nuestro Señor y Salvador que murió
por nosotros y que, después de Su resurrección,
ascendió a Su trono celestial. Por medio de la Cena
del Señor, tenemos vida espiritual, comunión con
Él y la esperanza de vida eterna con Él en el cielo,
gracias a las promesas del nuevo pacto (vea Hebreos
8.6; 1ª Pedro 1.3, 4).

Conmemoración, proclamación
y anticipación

Además de los aspectos de la conmemoración,
está la proclamación, a saber: «la muerte del Señor
anunciáis…» (1ª Corintios 11.26). Al observar correctamente la Cena del Señor, los cristianos anuncian
a los demás el acto que la misma conmemora, y esta
proclamación ha de hacerse «… hasta que él venga».
La Cena del Señor debe ser celebrada en Su reino
hasta la segunda venida de Cristo. Hay, entonces,
un elemento de anticipación en su celebración.
Adaptación hecha de First Corinthians
(Primera de Corintios)
Raymond C. Kelcy

3
El lenguaje de la Cena del Señor

El Nuevo Testamento usa varios términos para
referirse a la Cena del Señor. Cuando los miramos
obtenemos una visión general de la importancia
de este evento llevado a cabo el primer día de cada
semana.
«El pan que partimos» (1ª Corintios 10.16). El
verbo kla/ w (klao, «partir») o el sustantivo kla¿ s iß
(klasis, «partimiento») se refiere a la Cena del Señor
en algunos casos (Hechos 2.42; 20.7; 1ª Corintios
10.16). Esta forma de «partimiento» se utiliza en
cuanto a partir literalmente el pan1 y en cuanto
a una comida ordinaria (Hechos 2.46). La frase
«partimiento del pan» fue utilizada en la literatura
de la iglesia primitiva para referirse a la comida del
Señor, es decir, la Cena del Señor.
«La comunión». La palabra koinwni÷ a (koinonia;
1ª Corintios 10.16) quiere decir un «compartir»
(NASB) o una «participación» (NIV). Describe la
participación espiritual del cuerpo y la sangre de
Jesús.
«La mesa del Señor» (1ª Corintios 10.21). La
frase «del Señor» (kuri÷ o u , kuriou) es un sustantivo
posesivo, que modifica la «mesa» que pertenece al
Señor. Esto implica que la adoración asociada con
los emblemas2 sobre la mesa son de acuerdo a Su
diseño.
«La cena del Señor» (1ª Corintios 11.20). Esta
1 
Vea Mateo 14.19; 15.36; 26.26; Marcos 8.6,19; 14.22;
Lucas 22.19; 24.30; Hechos 20.11; 27.35; 1ª Corintios 10.16;
11.24.
2 
El pan y el fruto de la vid son «emblemas», en el
sentido de ser símbolos o representaciones del cuerpo y
sangre de Cristo.

expresión no quiere decir una cena que pertenece
al Señor. La palabra «Señor» kuriako n (kuriakon),
no es un sustantivo posesivo, sino un adjetivo que
modifica la Cena. La Cena es en honor al Señor, así
como «el día del Señor» (Apocalipsis 1.10) es un día
en honor al Señor.
Algunas personas erróneamente le llaman a la
Cena del Señor un «sacramento», queriendo decir
un ritual que trae una gracia santificadora o una
bendición mediante el símbolo mismo. El bautismo
es considerado también por algunos como un sacramento que bendice mediante el agua misma. Por el
contrario, la limpieza es posible gracias a la sangre
de Jesús (Apocalipsis 1.5) y se lleva a cabo mediante
la participación espiritual dentro del corazón del
que la recibe durante el acto del bautismo (Romanos
6.4–8, 17, 18). La Cena del Señor no debe ser vista
como un ritual que trae gracia especial a quienes
participan de ella, sin una obediencia concienzuda
a Cristo.
La palabra «eucaristía», transliteración de una
palabra griega que quiere decir «gracias», comenzó
a ser incorrectamente utilizada en referencia a la
Cena del Señor debido al agradecimiento expresado
por el pan y el fruto de la vid. Un comentarista dijo:
«Lo primero a tener en cuenta es eucaristic [eucharistic], transferida de su sentido bíblico de acción
de gracias a un nombre expreso, y podríamos decir
título principal, de la Cena del Señor».3
3 
Charles Hebert, The Lord’s Supper: Uninspired Teaching
(La Cena del Señor: Una enseñanza no inspirada), vol. 1 (Londres: Seeley, Jackson y Halliday, 1879), 28.

Conmemoramos a nuestro S alvador
En Mateo 26.26–28, Jesús les dio a Sus apóstoles una fundamental prueba de conmemoración. Los
maestros contemporáneos también les dan a sus estudiantes pruebas de conmemoración, evaluaciones por
escrito y de desempeño, diseñadas para mostrar el dominio del conocimiento y su aplicación. Los maestros
sufren cuando sus alumnos no cumplen su promesa al no esforzarse, o cuando desaprovechan su promesa
en actos de dualidad, dando un mal desempeño en estas pruebas seculares de conmemoración […] Más
allá del acto conmemorativo de celebrar la comunión, como cristianos también debemos demostrar nuestra conmemoración del sacrificio de Jesús […] aprendiendo acerca de Cristo, amando a aquellos dentro
del círculo de nuestra influencia, sirviendo a aquellos cuyo bienestar y promesa nos han sido confiados, y
poniendo nuestros talentos al servicio de un propósito noble […] Las pruebas de conmemoración cristiana
van más allá del simple hecho de participar del pan y de la copa para pasar a las pruebas del amor puesto
en práctica.
Adaptación realizada de Feasting on Assurance
(El gozo de la certeza)
Grady Bogue
4

Autor: Owen D. Olbricht
©Copyright 2012, por LA VERDAD PARA HOY
Todos los derechos reservados

El significado de la Cena del Señor, 2 - Lucas 22.14-20

  • 1.
    la cena del señor Pasajeclave: Lucas 22.14–20 El significado de la Cena del Señor (2) Jesús entró en el mundo como un ser humano, haciéndose carne y sangre y condujo un ministerio personal que duraría tres años y medio. Él sufrió, murió mediante crucifixión, fue sepultado y resucitó corporalmente al tercer día. Luego, ascendió a los cielos, donde ahora reina sobre el cielo y la tierra (Mateo 28.18; Efesios 1.20–23; 1ª Pedro 3.22). El próximo gran evento será Su segunda venida al final de los tiempos (Juan 14.3; 1ª Corintios 15.22–27). Por medio de la Cena del Señor, los cristianos recuerdan estos grandes hechos sobre Jesús y declaran Su muerte hasta que Él venga otra vez. El significado de la Cena del Señor para los cristianos incluye los siguientes pensamientos claves: • Recordar a Jesús y Su muerte. • Meditar en el significado que Jesús tiene para nosotros. • Tener comunión espiritual con Él. • Dar gracias a Dios por Él. • Honrarle como Hijo de Dios, el Mesías. • Mostrarle respeto como Señor y Cristo. • Motivarnos a tener mayor devoción. • Tener comunión con los cristianos como cuerpo unificado que son. • Participar espiritualmente en Su cuerpo y sangre. • Declarar haber aceptado y reconocido el nuevo pacto. • Comprometernos una vez más a vivir de acuerdo a Su Palabra. • Proclamar Su vida, muerte y resurrección hasta que Él vuelva. • Recibir fortaleza y revitalización espiritual. Hoy día, los seguidores de Jesús, reconociendo Su presencia espiritual, pueden tener comunión con Él por medio de la Cena del Señor hasta que Él vuelva (1ª Corintios 11.26). El comer el elemento físico nos recuerda que una vez estuvo presente físicamente. Si bien no podemos verle, los símbolos son una conmemoración material de que Él está con nosotros y de que podemos disfrutar de Su presencia espiritual. «Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mateo 18.20). Él ha prometido estar con Sus seguidores hasta el fin del mundo (Mateo 28.20). Teniendo en cuenta las anteriores verdades, la palabra «memoria» podría suponer más que el uso habitual que le damos a la palabra. ENCONTRAMOS COMUNION CON CRISTO En la Cena, tenemos comunión con Jesús (1ª Corintios 10.16). Jesús no está solo en el sentido de necesitar de nuestra comunión; sino que debido a Su amor, desea comunión con los que Él ha creado. Lo vemos cuando Dios toma a Enoc, quien caminó con Él (Génesis 5.24; Hebreos 11.5) y al fiel profeta Elías (2º Reyes 2.11), para que estuviera con Él. Santiago escribió: «El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente» (Santiago 4.5). Jesús desea nuestra comunión (Apocalipsis 3.20), sin embargo, nosotros somos los que necesitan de la comunión con Él. La Cena del Señor es uno de los medios que Él ha provisto para que tal relación sea posible. Antes de morir, mi abuelo me dio una navaja que llevó con él por muchos años. Cada vez que tomo la navaja, pienso en mi abuelo. En mi mente, comparto una vez más los momentos que pasamos juntos, aunque haya muerto años atrás. De la misma manera, el pan y la copa nos ayudan a recordar instantes de Jesús según se revelan en la Palabra y a reconocer que vino físicamente a la tierra a morir por nuestros pecados, por el amor que nos tiene. 1
  • 2.
    La Cena esun símbolo físico de cuán real es la presencia espiritual de Jesús, símbolo que debería ayudarnos a tener comunión con Él (Juan 20.29). Esto es parte de nuestro andar en la luz, una forma de vida mediante la cual tenemos comunión con el Padre, el Hijo y con nuestros hermanos y hermanas en Cristo (1ª Corintios 1.9; 1ª Juan 1.6, 7). Todas las grandes cualidades de Jesús se ponen de manifiesto cuando ofrendó Su cuerpo y sangre por nosotros. La Cena del Señor debería ayudarnos a meditar en Su amor, compasión, cuidado y actitud de servicio. «Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos» (Juan 15.13). Los primeros escritores reconocieron el pan y el fruto de la vid como recordatorios de la vida terrenal de Jesús. Los símbolos les ayudaron a reflexionar sobre la historicidad de Su presencia terrenal, Su sacrificio y Su sufrimiento. Vieron los símbolos como una representación, no en el sentido de una transformación literal en el cuerpo físico y sangre de Jesús. experimentamos la comunión CRISTIANA Cuando recuerdan a Jesús en la Cena del Señor, los cristianos comparten momentos con Él en un sentido espiritual. Mientras tenemos comunión con Jesús, también tenemos comunión con Su cuerpo, la iglesia. Por lo tanto, la primitiva Cena del Señor gira en torno a estos dos polos: la presencia [espiritual] de Cristo y la comunión de los que experimentan esa presencia […] […] el gozo manifestado por los primeros cristianos durante el «partimiento del pan» tiene su origen, no en el hecho de que los discípulos que se reunían comían la carne y bebían la sangre de su Maestro crucificado, sino en el hecho de que estaban concientes de comer con el Cristo Resucitado, que estaba realmente presente en medio de ellos…1 Participar de la Cena del Señor con los demás cristianos implica recibirnos unos a otros mediante una comunión conjunta con Jesús. Este desea que Su pueblo le adore teniendo comunión con Él y compartiendo con Sus seguidores lo que está sobre Su mesa. La descripción que presenta a Jesús llamando a 1  Oscar Cullmann, «The Breaking of Bread and the Resurrection Appearances» (El partimiento del pan y las apariciones del Resucitado), en Oscar Cullmann y F. J. Leenhardt, Essays on the Lord’s Supper (Ensayos sobre la Cena del Señor), trad. y ed. J. G. Davies (Cambridge: Lutterworth Press, 1958; reimp., Atlanta, Ga.: John Knox Press, 1975), 16. 2 la puerta de la congregación de Laodicea, muestra Su deseo de tener comunión con ellos comiendo con ellos. Tristemente, lo habían dejado por fuera (Apocalipsis 3.14–20). Si comemos y bebemos en Su mesa sin recordarle, también estamos dejándole por fuera. Él desea tener comunión con nosotros. proclamamos que Jesús, el Verbo, se hizo carne El uso de elementos físicos en la Cena del Señor proclama la encarnación de Jesús, es decir, ser Dios en la carne (Mateo 1.23). No fue un espíritu fantasmal con una apariencia humana. Por el contrario, siendo nacido de María, habitó un cuerpo literalmente físico, como el cuerpo de todo humano (Hebreos 2.14). Jesús se hizo carne para así comprender la experiencia humana (Hebreos 4.15). Comió, durmió, caminó, montó sobre un animal y fue clavado en una cruz. Su cuerpo fue lavado, ungido con perfume y envuelto en preparación para Su sepultura. Incluso después de Su resurrección, se le pudo tocar. El Nuevo Testamento enseña claramente que Jesús tenía un cuerpo físico mientras estuvo en la tierra. • Jesús, el Verbo, se hizo carne (Juan 1.14). • Nació de una mujer (Mateo 1.18, 25). • Nació de la simiente de David según la carne (Romanos 1.3). • Fue físicamente igual a la humanidad en todo sentido (Filipenses 2.7, 8; Hebreos 2.17). • Debido a que participó de la misma carne y sangre común a toda la humanidad, pudo morir por los pecados del mundo (Hebreos 2.14). • Tenía carne y huesos después de Su resurrección (Lucas 24.39, 40). • Como ser físico que fue, se le pudo tocar con manos humanas (Mateo 28.9; Lucas 24.39; Juan 20.17; 1ª Juan 1.1) que pudieron examinar Sus manos marcadas por los clavos y el costado traspasado por la lanza (Juan 20.27). Jesús vino del cielo a la tierra y habitó en carne humana (Juan 1.14). Los que niegan este hecho son anticristos (2ª Juan 7), es decir, se oponen a Él. El pan y la copa de la comunión son símbolos de la realidad carnal de Su cuerpo y sangre. Al decir: «… esto es mi cuerpo» (Mateo 26.26), Jesús incluyó todo Su cuerpo y todo Su ser en Su sacrificio por la humanidad. «Quiso decir su persona en su totalidad siendo sacrificada, no sólo la
  • 3.
    sustancia de sucarne».2 Reconocemos que estamos BAJO el nuevo pacto Un pacto es un acuerdo. El nuevo pacto es mejor que el primero (Hebreos 8.6) y proveyó lo que el primero no podía proveer (Romanos 8.3, 4; Hebreos 10.1–4). El nuevo pacto hizo posible el perdón mediante la sangre de Jesús (Hebreos 9.22) y la esperanza de vida eterna en el cielo (1ª Pedro 1.3, 4). El primer pacto fue establecido con sangre de animales, la cual prefiguraba la sangre de Jesús (Éxodo 24.5–8; Hebreos 9.18–20) con la que fue establecido el nuevo pacto (Mateo 26.28; Marcos 14.24; Lucas 22.20; 1ª Corintios 11.25). Mediante el sacrificio único y completo de Jesús, los pecados son perdonados y nunca más son recordados (Hebreos 10.12, 14, 17). Dios hizo el primer pacto, que incluye los Diez Mandamientos, con los hijos de Israel después de que salieron de Egipto (Éxodo 34.27, 28; 1º Reyes 8.9, 21). «Y él os anunció [a Israel; Deuteronomio 4.1] su pacto, el cual os mandó poner por obra; los diez mandamientos, y los escribió en dos tablas de piedra» (Deuteronomio 4.13). El nuevo pacto ha sustituido al primero, el antiguo pacto (Hebreos 8.6–13; 10.9). Los cristianos están bajo el segundo y nuevo pacto, no bajo el primero y antiguo pacto. El primero fue quitado para que el segundo fuera establecido. Cuando comemos la Cena del Señor, reconocemos el hecho de que estamos bajo el nuevo pacto que ha sido establecido con la sangre de Jesús (Mateo 26.28). ENCONTRAMOS Fortaleza ESPIRITUAL Algunos cristianos de Corinto estaban espiritualmente débiles y tenían una visión equivocada de la Cena del Señor, no eran capaces de «discernir el cuerpo del Señor» (1ª Corintios 11.29, 30). La Cena bendice solamente a los que entienden las implicaciones asociadas con el pan y el fruto de la vid. La nutrición física que resulta de ingerir pan 2  Scott McCormick, hijo, The Lord’s Supper: A Biblical Interpretation (La Cena del Señor: Una interpretación bíblica) (Filadelfia: Westminster Press, 1966), 16. se puede comparar con la fortaleza espiritual que resulta de participar del pan de la Cena. Del modo que la fortaleza y la salud física provienen de los alimentos, la fortaleza espiritual puede también obtenerse cuando meditamos en Jesús. Como representación de la sangre de Jesús, el fruto de la vid puede proveer una vida espiritual renovada. Recibimos bendiciones espirituales al asociarnos con Su sangre. Jesús no estaba hablando acerca de la Cena del Señor en Juan 6.55 cuando dijo: «Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida». No obstante, las implicaciones de Sus declaraciones se aplican a la Cena porque recibimos fortaleza y vida espirituales al participar de los símbolos de Su cuerpo y sangre. El pan y la bebida ya no cumplen su objetivo normal de satisfacer nuestros apetitos físicos. En su lugar, proporcionan un alimento espiritual y sirven como una conmemoración visual del significado del cuerpo y sangre de Jesús. RESUMEN La Cena del Señor plasma el tema central del Nuevo Testamento. Coloca a Jesús a la vanguardia y ofrece una oportunidad para que nos concentremos en Él como nuestro Señor y Salvador que murió por nosotros y que, después de Su resurrección, ascendió a Su trono celestial. Por medio de la Cena del Señor, tenemos vida espiritual, comunión con Él y la esperanza de vida eterna con Él en el cielo, gracias a las promesas del nuevo pacto (vea Hebreos 8.6; 1ª Pedro 1.3, 4). Conmemoración, proclamación y anticipación Además de los aspectos de la conmemoración, está la proclamación, a saber: «la muerte del Señor anunciáis…» (1ª Corintios 11.26). Al observar correctamente la Cena del Señor, los cristianos anuncian a los demás el acto que la misma conmemora, y esta proclamación ha de hacerse «… hasta que él venga». La Cena del Señor debe ser celebrada en Su reino hasta la segunda venida de Cristo. Hay, entonces, un elemento de anticipación en su celebración. Adaptación hecha de First Corinthians (Primera de Corintios) Raymond C. Kelcy 3
  • 4.
    El lenguaje dela Cena del Señor El Nuevo Testamento usa varios términos para referirse a la Cena del Señor. Cuando los miramos obtenemos una visión general de la importancia de este evento llevado a cabo el primer día de cada semana. «El pan que partimos» (1ª Corintios 10.16). El verbo kla/ w (klao, «partir») o el sustantivo kla¿ s iß (klasis, «partimiento») se refiere a la Cena del Señor en algunos casos (Hechos 2.42; 20.7; 1ª Corintios 10.16). Esta forma de «partimiento» se utiliza en cuanto a partir literalmente el pan1 y en cuanto a una comida ordinaria (Hechos 2.46). La frase «partimiento del pan» fue utilizada en la literatura de la iglesia primitiva para referirse a la comida del Señor, es decir, la Cena del Señor. «La comunión». La palabra koinwni÷ a (koinonia; 1ª Corintios 10.16) quiere decir un «compartir» (NASB) o una «participación» (NIV). Describe la participación espiritual del cuerpo y la sangre de Jesús. «La mesa del Señor» (1ª Corintios 10.21). La frase «del Señor» (kuri÷ o u , kuriou) es un sustantivo posesivo, que modifica la «mesa» que pertenece al Señor. Esto implica que la adoración asociada con los emblemas2 sobre la mesa son de acuerdo a Su diseño. «La cena del Señor» (1ª Corintios 11.20). Esta 1  Vea Mateo 14.19; 15.36; 26.26; Marcos 8.6,19; 14.22; Lucas 22.19; 24.30; Hechos 20.11; 27.35; 1ª Corintios 10.16; 11.24. 2  El pan y el fruto de la vid son «emblemas», en el sentido de ser símbolos o representaciones del cuerpo y sangre de Cristo. expresión no quiere decir una cena que pertenece al Señor. La palabra «Señor» kuriako n (kuriakon), no es un sustantivo posesivo, sino un adjetivo que modifica la Cena. La Cena es en honor al Señor, así como «el día del Señor» (Apocalipsis 1.10) es un día en honor al Señor. Algunas personas erróneamente le llaman a la Cena del Señor un «sacramento», queriendo decir un ritual que trae una gracia santificadora o una bendición mediante el símbolo mismo. El bautismo es considerado también por algunos como un sacramento que bendice mediante el agua misma. Por el contrario, la limpieza es posible gracias a la sangre de Jesús (Apocalipsis 1.5) y se lleva a cabo mediante la participación espiritual dentro del corazón del que la recibe durante el acto del bautismo (Romanos 6.4–8, 17, 18). La Cena del Señor no debe ser vista como un ritual que trae gracia especial a quienes participan de ella, sin una obediencia concienzuda a Cristo. La palabra «eucaristía», transliteración de una palabra griega que quiere decir «gracias», comenzó a ser incorrectamente utilizada en referencia a la Cena del Señor debido al agradecimiento expresado por el pan y el fruto de la vid. Un comentarista dijo: «Lo primero a tener en cuenta es eucaristic [eucharistic], transferida de su sentido bíblico de acción de gracias a un nombre expreso, y podríamos decir título principal, de la Cena del Señor».3 3  Charles Hebert, The Lord’s Supper: Uninspired Teaching (La Cena del Señor: Una enseñanza no inspirada), vol. 1 (Londres: Seeley, Jackson y Halliday, 1879), 28. Conmemoramos a nuestro S alvador En Mateo 26.26–28, Jesús les dio a Sus apóstoles una fundamental prueba de conmemoración. Los maestros contemporáneos también les dan a sus estudiantes pruebas de conmemoración, evaluaciones por escrito y de desempeño, diseñadas para mostrar el dominio del conocimiento y su aplicación. Los maestros sufren cuando sus alumnos no cumplen su promesa al no esforzarse, o cuando desaprovechan su promesa en actos de dualidad, dando un mal desempeño en estas pruebas seculares de conmemoración […] Más allá del acto conmemorativo de celebrar la comunión, como cristianos también debemos demostrar nuestra conmemoración del sacrificio de Jesús […] aprendiendo acerca de Cristo, amando a aquellos dentro del círculo de nuestra influencia, sirviendo a aquellos cuyo bienestar y promesa nos han sido confiados, y poniendo nuestros talentos al servicio de un propósito noble […] Las pruebas de conmemoración cristiana van más allá del simple hecho de participar del pan y de la copa para pasar a las pruebas del amor puesto en práctica. Adaptación realizada de Feasting on Assurance (El gozo de la certeza) Grady Bogue 4 Autor: Owen D. Olbricht ©Copyright 2012, por LA VERDAD PARA HOY Todos los derechos reservados