El tabernáculo contenía objetos que apuntaban a Cristo y su obra redentora. Había un altar de bronce para sacrificios, una fuente de bronce para limpieza, y un lugar santo con candelabros, mesa de panes y altar de incienso. Lo más sagrado era el lugar muy santo con el arca del pacto cubierta por querubines, que albergaba la presencia de Dios. Todo esto enseñaba que, a través de la muerte de Cristo, ahora podemos acercarnos a Dios con confianza.