El documento aborda la relación entre el pueblo y la monarquía, argumentando que los reyes son instituidos por el pueblo y que su autoridad proviene de la aprobación popular. Enfatiza que, aunque la realeza pueda parecer hereditaria, su legitimidad radica en la elección y consagración por parte del pueblo. Así, se establece que la soberanía reside en el pueblo, que elige y autoriza a sus gobernantes.