Este documento argumenta que la educación debe abordar al cuerpo como un todo integral unido a la mente, en lugar de dividirlos. Propone que el juego y la expresión artística pueden usarse para crear "terceras zonas" que fomenten la creatividad y la experiencia cultural a través de la conexión entre el mundo interior y exterior del individuo. También sugiere que la educación actual se centra demasiado en la transmisión intelectual sin considerar la experiencia corporal y las emociones.