NO HABÍA CONTROL EN ESE MOMENTO

Ella al principio se sonrojó, luego le recorrieron escalofríos. Estaba
aterrorizada pero anhelante. Estaba sudando calor líquido y
mirándolo completamente alerta. La contradicción la llenaba desde
adentro y se sentía salvaje, deliciosamente en total falta de control.

El guerrero sintió el corazón de la hembra latiendo locamente bajo
él. Ella estaba sonrojada. Él sintió los escalofríos que la recorrieron y
fue presa de la urgencia de frotarse contra su suculento cuerpo. No
le importaba estar débil y herido. Estaba ciego a todo excepto a las
sensaciones y los deseos de sus pensamientos instintivos.

Elijah no era un extraño para las mujeres —De hecho, las disfrutaba
inmensamente, — pero esto era algo muy notable. Nunca había
reaccionado tan fuertemente, tan rápido hacia una hembra antes.
Excepto, tal vez, una vez anterior. Pero había rehusado a darle
importancia por lo que era, excusando que era parte del calor de la
batalla. La sola idea de eso era totalmente arrolladora por que la
mujer en cuestión había sido...

En ese momento finalmente la reconoció.

Los ojos de Elijah palidecieron, al igual que el resto de él, mientras
finalmente se percataba exactamente a quien sostenía bajo su
cuerpo. Por quien era que sentía esta extraña necesidad. Y quien
estaba respondiendo con inconcebible reciprocidad de calor e
interés.

—Siena —susurró, su mano finalmente abandonando su cuello para
revelar el dorado y negro collar que usaba.
PRÓLOGO



    —Quien fuera que deseara conocer el destino de la raza Demon debe
consultar estas profecías...


     ... al igual que la magia, una vez más amenace el tiempo, al igual que
la paz de los Demons se dirigirá a la locura...


     ... vendrán en esta gran época las cosas que regresarán a enfocarse en
la pureza que la raza Demon siempre ha anhelado. Llegará el significado y
el propósito de nuestras leyes estrictas, que ningún humano no-corrupto
deberá ser dañado, que la pacífica coexistencia entre razas deberá volverse
primordial...


    —Extractos de la Profecía del Demon Perdido.


     ... queda prohibido para cualquiera de la raza Demon emparejarse con
criaturas quienes no son sus iguales, no de su naturaleza, no de su fuerza y
poder. Esas criaturas inferiores son nuestras para proteger las de nosotros,
no para ser violadas en abominación sexual impura. Esta es la ley y la
voluntad de la naturaleza. El perro no se involucra con el gato, el gato no lo
hace con el ratón. Quien fuera que rompiera la sagrada verdad deberá sufrir
bajo la mano de la ley...


        —Extracto del Pergamino Original de Destrucción.
Elijah cayó sobre sus rodillas, agarrando su pecho mientras la
sangre se derramaba entre sus dedos, manchándolos y a su camisa
blanca con un brillante carmesí. Miró hacia abajo al floreciente
cuadro de su esencia vital derramándose sobre la tela, casi con
fascinación que da al extenderse, los artísticos círculos de una
camisa teñida.


    El guerrero Demon estaba sorprendido.


     Había sido herido repetidamente en su centenaria vida.
Ciertamente esto no era extraño para él. Todo, desde la mística
electricidad de malvadas espadas hechas del brutal, ardiente hierro,
que era tan tóxico para su raza, lo habían cortado de una forma u
otra en el tiempo. Algunas heridas habían sido lo suficientemente
serias para dejar cicatrices a pesar de sus notables e innatos poderes
de sanación, algunas no lo habían hecho. Pero nunca había sido
herido en una forma que podría considerar mortal. Mortal para
otros no era mortal para él. Mortal para el Demon promedio
tampoco era mortal para él, si, sólo por su terco rechazo a sucumbir
a algo tan patético como la muerte.


     Sin embargo, en este caso, no era simplemente porque un hueco
lo recorriera a través de su pecho, muy cercano a las funciones
vitales de su corazón, por lo que su vida estaba en peligro, si no
porque estaba en la mitad de la nada, demasiado débil para llamar
por ayuda y rodeado adelante y atrás por enemigos. Incluso, si
pudiera de alguna manera encontrar la resistencia para sobrevivir
esta penetrante intrusión a su cuerpo, estos enemigos no le
permitirían vivir más de lo que quisieran hacerlo.


     Elijah estuvo de súbito furioso consigo mismo por terminar en
este predicamento. Él era el Capitán de los guerreros Demon, el
ejército de élite, a la orden y llamada del gran Rey Demon. Él era el
luchador más hábil de la raza Demon, un Nightwalker conocido por
sus increíbles habilidades en batalla. Él había vivido todos los siglos
de su vida honrando sus habilidades, aprendiendo todo lo que había
que saber acerca de la batalla, guerra, armas y estrategias requeridas
para triunfar en esas situaciones. Jacob, el Demon Ejecutor y su gran
caballero, Noah, el Rey Demon, eran los únicos que había
considerado como sus iguales en batalla. Él no se supondría tan
estúpido para caer incluso, en la mejor trampa tendida, incapaz de
ser superado una vez cautivo en dicha trampa.


     Incluso, sin entrenamiento, todos los Demon de Tierra eran
esencialmente bestias listas para la batalla. Creía en eso –era su
filosofía personal– y fuertemente sentía que no importaba qué tan
fuerte fuera la capa de civilización dentro de su raza, o dentro de los
individuos, había instintos que no podían ser negados. Seguro, los
Demon parecían humanos, sin embargo, más altos y bronceados que
el promedio, pero eran considerados extraordinariamente atractivos
cuando estaban en círculos humanos. Elijah sabía esto porque la
genética elemental animal dentro de ellos les permitían liberar
feromonas que llamaban al sexo opuesto, un sentido predador de
conciencia que exudaba peligro y unos ojos extraordinarios detrás
de los cuales se adivinaban la astucia e inteligencia. Todas las
cualidades de los cazadores naturales, siempre colocados bajo la
superficie, esperando por alguien para hacerse presas a sí mismos.
Los Demon eran capaces de comportamientos tan agrestes como los
elementos de los cuales tomaban sus grandes poderes,
comportamientos que habían tomado e integrado en cada habilidad
que cultivaban en sus largas vidas, haciéndolos formidables
oponentes para aquellos que lograban ponerse en los sitios
malignos.


     Sin embargo, incluso el más joven de los novatos pudiera haber
evitado su predicamento actual, el pensamiento del guerrero lo
atravesó. Entonces estar cautivo como esto, como un débil ratón en
una trampa era vergonzoso y lo hacía rabiar. ¿Cómo había el acto de
cumplir su deber, de repente, volverse contra él? Él era el Capitán
Guerrero, el guía de todos los Nightwalkers con un precio sobre su
cabeza, para aquellos que no eran de la raza Demon, quienes habían
cometido actos egregios1 y pecados contra la gente Demon, un
desafío directo e insulto hacia el Rey Demon. Él era el especialista en
todas esas especies, un estratega antropólogo. Si alguien deseaba
conocer las verdaderas maneras de cómo destruir Vampiros,
Licántropos y la mayoría de otras especies de Nightwalker, Elijah
sería la mejor fuente de información. La guerra y la paz eran,
desafortunadamente, cosas transitorias, y era su deber estar
preparado para todas las posibilidades, en caso de que amigos se
convirtieran en enemigos o enemigos amenazaran a amigos.


     Elijah luchó para despojarse de la capa de disminución de la
conciencia y los giros de su alrededor inmediato. Era él solo quien
pertenecía a la cabeza de los ejércitos de su monarca cuando era
necesario y quien debería entrenar a los espías y asesinos quienes se
debieran deslizar entre las ocultas sombras en el frente de
amenazante intriga. Sin embargo, sabía todo lo que alguien pudiera
descubrir actualmente sobre los humanos, quienes habían caído en
las perversas artes de la magia negra. Del mismo tipo que ahora
estaban a su alrededor, circulándolo como volutas, esperando el
aliento de muerte final de la víctima.


     El uso de estos corruptos poderes, había convertido a estos
tontos humanos, hombres y mujeres, en nigromantes, manchando
su alma con la entintada semilla del mal y llenando con una fetidez
tan adentro de su piel, que ningún Nightwalker con el alma limpia
podía soportar respirar su olor. Eran poderosos, capaces de crecer,
incluso, más, mientras más y más, estudiaban y practicaban sus viles
artes, pero no eran lo suficientemente poderosos para capturarlo, ni
pensar matarlo. No, solamente su estupidez podría haberles dado
esa oportunidad a ellos.


    Debería lucir como un pavo de día festivo, irrumpiendo a través
de la línea de árboles y cayendo en su trampa, los nigromantes lo
rodearon, al igual que los cazadores humanos, quienes pasaron el
tiempo cazando mitos para poder torturarlos y matarlos. Mortales

1   Ilustres o insignes. (N.T.)
quienes se llevaron a sí mismos, no sólo a descubrir la existencia y
localización de las ocultas razas de Nightwalkers, sino que hicieron
su búsqueda personal para erradicarlos del planeta armados con
algo más que mitos, leyendas e ignorancia.


    Los Demons eran una de las razas menos expuestas de
Nightwalkers en la mitología humana, pero especies como los
Vampiros y los Licántropos no tenían tanta suerte. Historias de ellos
abundaban, ya fueran exactas o no, alimentando al ávido cazador a
empalarlos, buscando por una prueba y vindicación personal,
ocasionalmente teniendo suerte en sus búsquedas sedientos de
sangre. Para el cazador, era una victoria, un trofeo mental.
Solamente mental. El cuerpo de un Nightwalker muerto debería a
menudo lucir un poco diferente a aquel de un humano asesinado,
entonces no era exactamente uno de esos tesoros que un cazador
pudiera montar en su pared y contar historias sobre eso. Por lo
menos, no a nadie fuera de su propia sociedad secreta de llamados
héroes.


     Se estaba volviendo demasiado común últimamente encontrar
las cenizas de Vampiros dejados al sol, Licántropos que fueron
disparados y empalados con armas de plata que los envenenaba e
incluso Demons heridos por armas hechas de abrasador,
desfigurante hierro. Eso era, por supuesto, cuando los Demons no
eran convocados dentro de la mutilante destrucción de las trampas
de pentagramas puestas por los nigromantes. Asesinato tras
asesinato insensato y entre estos dos grupos de humanos la lista de
víctimas debería seguir.


     Era una dolorosa traición. Los Demons siempre habían tenido a
los humanos mortales en gran estima, muy parecida a la forma en la
que un padre protege a su pequeño hijo en desarrollo. Ellos y los
otros Nightwalker civilizados, protegían ferozmente a esos
humanos, tal vez instintivamente, sabiendo a pesar de que no tenían
poderes por sí mismos, al dejarlos crecer y desarrollarse, ellos algún
día lo harían. Sería una hermosa evolución para ver en los próximos
siglos. A pesar de que la raza Demon sabía que había unos pocos
mortales quienes pensaban dañarlos, todavía dolía amargamente. Y
ahora con cazadores y nigromantes uniendo fuerzas, el peligro se
había duplicado para todos.


    Triplicado, pensó el guerrero secamente.


     Elijah sabía que estaba cercano a la muerte en ese momento, con
ese pensamiento. El guerrero dentro de él nunca se permitiría la
reflexión durante una batalla que requiriera toda su atención. Pero
esta batalla estaba de todo menos terminada, entonces le dejaba a él
unos pocos preciosos segundos para reconciliar los pensamientos en
su cabeza. Parecía irónico que estos mal informados humanos
fueran quienes verían la destrucción de sus poderosas razas que
tanto habían temido, no se deberían sentir amenazados por la magia
negra con la que ahora comulgaban. ¿Cuál, se preguntaba Elijah, en
sus mentes, sería la distinción? ¿Qué hacía a un Demon, nacido y
bendecido de los limpios y hermosos elementos de la Tierra, tan
reprensibles para esos humanos? ¿Y aún así, la envolvente magia
negra que corría en los nigromantes estaba de repente siendo
laureada y aceptada en los mismos grupos?


     ¿Era tan simple como el hecho de que el mortal humano
promedio era demasiado propenso a multiplicarse por mezcla de
razas, en su evolutivo sexto sentido, particularmente para sentir u
oler la maldad innata? ¿Estaban al igual que una raza de niños que
no tenían el instinto de determinar lo bueno de lo malo, lo correcto
de lo incorrecto en un puro nivel intuitivo? Ciertamente, en el
momento que entró en el lugar no había sabido de su error mientras
ellos dominaban e invadían, pero, ¿ no había anticipación del todo
en ellos?


    Elijah no tenía estas respuestas y parecía, que no las encontraría
en lo que le quedaba de vida. Después de cinco siglos, cientos de
batallas y miles de victorias parecía que la tan nombrada
inmortalidad de Elijah estaba a punto de llegar a un desenlace
definitivo. Finalmente había tomado el tigre equivocado por la cola.


    ¿O debería decir tigresa?


    Elijah levantó sus oscuros verdes ojos, llenos de malicia y
contención hacia sus atacantes, quienes estaban orgullosamente
paradas en su derrota. Los cazadores y nigromantes que lo rodeaban
eran todas mujeres, parte de una secta de mujeres de la cual los
Demons se habían percatado recientemente. Lo que quemó sus
emociones con la intensidad de un fuego salvaje, sin embargo era la
presencia de las dos mujeres Demon que se elevaban al frente de
esas asesinas fuerzas femeninas.


    Traidoras.


     La Demon a la derecha, quien era conocida para él como Ruth,
era una Demon Mental muy poderosa. De hecho, ella había sido la
primera mujer nacida de ese elemento tan joven, que había existido
en la cultura Demon por sólo apenas unos quinientos años. Ella era
un Anciano, antiguamente un miembro del Gran Consejo, quien
había ayudado desde las raíces de la sociedad Demon y la ley en
muchos, muchos años. La magnitud de su traición era
inmensurable. Elijah apenas podía lograr envolver el concepto en su
mente.


    A pesar de que ella era la mayor de las dos, su juvenil
apariencia era comparable a la de su hija, la llamada Mary, quien
permanecía cercana a ella. Debido a que los Demons no envejecían
visualmente después de un cierto punto, el dueto lucía más como
hermanas. Sin embargo, Ruth sostenía un brazo alrededor de la
cintura y estaba tocando el cabello de la joven mujer con un cariño
maternal que se apoyaba en el hecho de que Mary estaba cerca de
un siglo de edad a su vez. Era casi innatural y debería, incluso para
esos humanos a su alrededor, sentir más que un pequeño
estremecimiento. Tal vez lo debería, si esos ojos no estuvieran
cegados por odio y miedo.


     Era inconcebible la idea de que ambas mujeres fueran de la
misma raza de Elijah, las túnicas claramente se unían con estas
malévolas usuarias de magia y los así llamados cazadores humanos,
que lo quemaban con una rabia maligna. Por supuesto, con inclusive
más ironía, Elijah entendía que ninguna de las mortales se percataba
que esas dos mujeres eran miembros de la misma raza con la que
ahora se declaraban en guerra con su ataque contra él. Ninguna de
ellas sabía que la motivación de Ruth estaba dada por una necesidad
personal de herir y una venganza mal dirigida y que ellas solamente
eran herramientas, un arma que podía sostener contra su antigua
gente.


    Para los mortales, ella no era más que una hermosa, sabia mujer
humana. Una hechicera dotada, tal vez, si les había mostrado su
maestra habilidad de comandar ciertos aspectos de los elementos de
la Mente. Era esta Demon traidora y su hija quienes dirigían a los
humanos contra víctimas que los mortales nunca deberían encontrar
con tan pavorosa facilidad y tan poco esfuerzo. Cada día Ruth se
colocaba en el opuesto de esa línea dibujada en la arena por esta
gente paranoica y mal dirigida, ella revelaría más y más a ellos
acerca de la raza Demon. No tardaría antes de que cuidadosamente
les diera las formas de destruir a aquellos que una vez llamó
amigos. Aparte de ese detalle, ninguna otra raza de Nightwalkers,
inocentes o no, debería estar amenazada por los siglos de
conocimiento de Ruth.


     Todo lo que le importaba a los humanos era su miedo a lo
desconocido, terror hacia las criaturas cuyo poder sobrepasaba
incluso su imaginación más salvaje, haciéndolos quebrarse con la
convicción de que era sólo cuestión de tiempo antes de que estas
razas vivientes de la noche, cayeran sobre los humanos como los
mitos y leyendas habían predicho una y otra vez. No importaba que,
si ellos lo hubieran querido, cualquier raza Nightwalker lo pudieron
haber hecho miles de veces en el último milenio solamente.


    Amargamente Elijah sintió que incluso si alguien les diera la
verdad, ellos continuarían sólo esperando lo peor de los
Nightwalkers, porque ellos estaban bajo la guía de la terquedad, el
prejuicio y el miedo. El único pensamiento que confortaba a Elijah
en ese momento era que su muerte levantaría las represalias de los
más viejos y poderosos de su raza y esto señalaría el fin de esta
maligna insurrección.


    —Engendro del demonio— Ruth gruñó el epíteto con loco
contento, alimentando la sed de sangre de las mujeres a su
alrededor.
    —¡Demonio disfrazado de humano! —ella sonrió y dijo
suavemente —Elijah, el poderoso Capitán Guerrero—Ruth rió, el
sonido perceptiblemente hermoso mientras se inclinaba para
mirarlo, su voz baja para que las otras no pudieran escuchar la
familiaridad con la que se dirigía a él. —El pequeño pitbull de Noah,
caído por simples mujeres. Conozco tus pensamientos, Demon de
Viento. No habrá venganza en tu nombre. Ellos nunca encontrarán
nada de ti en el tiempo que estamos pasando.


     Ruth se enderezó, retirando un mechón de lujurioso cabello
rubio, sonriendo serenamente. Ella besó la mejilla de su preciosa
niña, si alguien pudiera llamar a un Demon novato de casi noventa
años una niña, haciendo sonreír a Mary con arrebolado afecto que
revolvió el estómago de Elijah. Pero como una niña que era,
comparada con los adultos y Ancianos de su raza e incluso,
comparada con otros novatos de su edad. A pesar de que tenía la
belleza y el cuerpo de una mujer crecida, ella era una pequeña niña
en el corazón y en su mente, completamente bajo la influencia de su
sobreprotectora, complaciente madre.


    ¿Por qué ninguno de ellos se había percatado del desapego de
Ruth de sus sentidos? Como una Demon Mental, Ruth sin duda
había bloqueando la conciencia de los otros hábiles Demon
Mentales. ¿Por qué nadie había insistido en separar a la niña del
insano y dominante comportamiento de la madre? Porque no era su
manera de garantizar el derecho de un padre de criar a su hija
mientras la veía crecer. Ahora su sociedad entera deberá vivir con
ese error y sus consecuencias, al igual que Elijah, morirían por su
causa.


    Un poco, demasiado tarde, pensó con genuina tristeza por el
camino que las mujeres Demon habían elegido. Ambas estaban
ahora malcriadas, corruptas bajo la apariencia de su belleza externa
sobrecogedora. Él no necesitaba un superior sentido del olfato para
captar el vil olor de corrupción emanado de su bronceada piel.


    Elijah cayó hacia el frente, poniendo una mano para tratar de
protegerse a sí mismo y mantener su rostro fuera de la tierra.
Situación sin esperanza o no, él no sería recordado por ser tan fácil
de matar. Su orgullo no le permitiría hacer de eso un final. Había
bastantes oponentes diseminados en tierra bajo el círculo,
considerablemente diseminados, que fueron atacados con su
ferocidad mientras trataba de salvar su propia vida. Mujeres o no,
cualquiera que buscara asesinarlo, merecía lo que obtenía.


     Él estaba consciente de las otras acercándose a su alrededor. Las
ramas de magia negra que se aferraban a las hechiceras humanas
eran sobrecogedoras e insoportables. La energía crujía a su
alrededor mientras ellas jugaban con sus poderes. Arcos azules de
electricidad centelleaban entre ellas, casi como un juego macabro del
mono en el medio. La boca de Elijah se presionó en una apretada
línea mientras entendía lo que significaba ser el mono en este caso
particular.


    El primer rayo que se disparó del anillo de la mujer lo golpeó en
su espina, haciéndolo que se contorsionara en un arco hacia atrás,
sus brazos contracturados a su costado, contrayendo los músculos
de su ancho pecho y forzando a la sangre a manar de su herida. El
fluido salió tan pesado, tan rápido que sintió el efusivo calor de ello
drenándolo justo hacia abajo del frente de su ropa, la mezclilla de su
pantalón saturándose completamente en un instante.


     Se sintió con la cabeza ligera, mareado y extrañamente distante
mientras el siguiente rayo lo forzaba a contorsionarse en otra
dirección. Él podía oler lo quemado de su propia carne, sorprendido
por el poder de las usuarias de magia. Él trató de cambiar, para
encontrar solaz en la forma de viento que era tan parte de él. Si tan
sólo tuviera la fuerza de metamorfosearse en la más ligera de las
brisas, ellas no podrían lastimarlo. Pero el tiempo ya había pasado
para eso. Él había juzgado mal su situación y ahora estaba
demasiado herido y demasiado débil para concentrarse incluso en la
más simple de las transformaciones.


     Se maldijo a sí mismo por ser tan tonto, por caminar en esa
trampa femenina. Había sido él quien había advertido a los otros
que nadie estaba a salvo mientras las traidoras, Ruth y Mary,
estuvieran lejos y en alerta con los humanos. ¿No les había dicho a
ellos desde el pasado medio año, cuando se percataron por primera
vez de la traición, que cualquiera podría ser una víctima del íntimo
conocimiento de los Demons del dúo, de su importancia individual,
de su poder? Ruth, su demencia disfrazada de amor maternal por
una hija herida, sabía demasiados nombres, demasiados hechos.
Incluso ella podría guiarlas a todos y cada uno de los miembros del
Gran Consejo.


    Él sólo sería el primero, se percató Elijah, una rabia frustrada le
quemaba en el segundo hueco de su pecho. Después seguirían los
ejecutores, Gideon el médico Anciano, o tal vez Noah, el rey Demon
por sí mismo. Y él no estaría ahí para cumplir su deber y
protegerlos. Elijah pensó en Jacob e Isabella, los Ejecutores, quienes
eran nuevos padres de una hermosa niña que tenía el sedoso pelo
negro de la madre y los serios ojos oscuros del padre.
El capitán Guerrero había sido elegido para ser uno de los dos
quienes, además de sus padres, estuvieran en su ceremonia de
nombramiento. Para ser uno de los únicos dos Demons en todo este
mundo que había sido dado el honor de pararse como el Siddah del
angelical bebé. Había sido la más preciada distinción que un amigo
le podía dar a otro. Cercano a su cumpleaños dieciséis, él debería
empezar el Fostering de la niña, llevarla hacia su hogar como si
fuere suya. Él debería enseñarle las formas y la moral de su gente,
guiándola mientras aprendía cómo usar y controlar cualquier gran
poder del que fuese dotada. Esta responsabilidad debería ser
compartida con sólo otra persona, la Siddah femenina. En este caso
Magdelegna, la propia hermana del rey.


    Pensar en Legna le causó incluso un dolor más profundo, ella
tendría un niño por su parte, estaba cercana a los cinco meses para
terminar y a salvo bajo los vigilantes ojos de su pareja, Gideon.
¿Pero cuál futuro habría para esos inocentes? ¿Ser cazados?
¿Destruidos? ¿Tratados como nada más insignificante que la mosca
ruidosa que necesita una buena y dura paliza? Elijah sufrió por los
bebés, culpándose a sí mismo por no hacer un mejor trabajo en
mantenerse a sí mismo a salvo y fuerte para ser su protector.


     El guerrero sintió la negrura deslizándose a través de él, pero
era mucho más por entender que había fallado a su gente y a su
monarca al igual que era por la mortal pérdida de sangre. Escuchó
risas femeninas, crispadas en una fea alegría por matar, un sonido
que ninguna mujer debería hacer en su estado natural, ya fuera
Nightwalker o humana.


     Elijah finalmente colapsó, rodando sobre su espalda en el pasto
hasta que estuvo tratando de enfocar las estrellas sobre él. Estaba
distantemente consciente de las retorcidas mujeres jugando con él,
mandando sádicos rayos de poder a través de él. El negro cielo se
difuminó en líneas de luz y oscuridad. La humedad de su sangre
diseminada en las secas hojas y pastos bajo él. Había llamado el
clima hacia él desde que había tenido apenas trece años. Lo que no
daría en ese momento por la simplicidad de una ducha de lluvia.
Como un final acto de defensa se hundió en la tierra para que
ninguna electricidad mandada hacia él se regresara hacia sus
asesinos.


     Pero no podía realizar ese último acto de retribución. Había
conocido infantes más fuertes de lo que él era en este momento.
Todo lo que tenía eran sus pensamientos. No le importaba si Ruth
podía leer sus emociones, incluso probablemente sus pensamientos
a su avanzada edad, cosa que era un talento usualmente sólo
encontrado en los machos de su tipo. Ella estaba corrupta por su
mente fracturada y todo el veneno mágico con quienes había
decidido asociarse. Usualmente, poderes inesperados llegaban con
tales asociaciones malignas.


    No. Todo lo que le importaba a Elijah era la naturaleza del
mundo el cual dejaba detrás. Nunca volvería a soplar sobre miles y
miles de montañas intactas y playas vírgenes como el viento. Nunca
volvería a lavarse a sí mismo y renovar el mundo como lluvia.
Nunca volvería a dirigirse lentamente del cielo hacia la tierra con las
cambiantes formas de los copos de nieve. Ser privado por siempre
de la alegría de esos momentos hizo a su corazón rebelarse con
desesperación y coraje. Abrió su boca para rugir con la rabia que lo
golpeaba, pero estaba lejos de crear cualquier sonido. Se forzó a sí
mismo a quedar satisfecho con el grito de su alma.


    Para su maravilla, Elijah escuchó el eco del grito en la distancia.


    Era una cosa salvaje. Increíblemente hermosa, que hizo que lo
recorrieran escalofríos mientras vibraba recorriendo sus nervios.
Estaba sucumbiendo a su propia noche interna, pero el grito fue
repetido y se encontró a sí mismo luchando por escucharlo, para
entender lo que significaba. El frío de su cuerpo fue reemplazado
con una inexplicable subida de calor y sintió a sus sentidos tratando
de regresar a él, trabajar para él, tratando con cada célula disponible
aferrarse a ese sonido primario y abrasador.


     Pero estaba demasiado cercano a la muerte. Con la frustración
aferrada a él. Finalmente sucumbió.
CAPÍTULO 1


    La gata montés gritó a través de la extensa pradera del bosque,
haciendo que el círculo de mujeres olvidara a su agonizante presa
cuando un inexplicable temor las recorrió. Los humanos habían
nacido con instintos como ninguna otra especie, y sabían, como
seguramente sabían sus nombres, que no era prudente quedarse en
el camino de la bestia que había hecho ese sonido. No importaba
que ellas fueran una potencia en sí mismas. Nada podía eludir el
innato terror de una presa temiendo al depredador.
     Las nigromantes retrocedieron, con los ojos muy abiertos y la
magia floreciendo sucesivamente, a medida que empezaban a
levitar del suelo, con la esperanza de que la altura diera algún
sentido de seguridad que simplemente no sentían con los pies en la
tierra. Pero esto no era suficiente, sólo podrían aliviar el pánico de
sus corazones con una completa retirada, volando por encima de los
árboles, escapando hacia su casa o a cualquier lugar que se asociara
como uno de completa seguridad.
     Algunas de las cazadoras fueron lo suficientemente afortunadas
para ser avisadas por el vuelo de los nigromantes y levitaron en
retirada con ellos. Aquellas que no tuvieron tanta suerte se retiraron
corriendo y desordenadamente hacia la línea de árboles, les llevó
sólo un minuto antes de que fueran nada más que un cómico y
distante sonido del choque contra arbustos.
    Las mujeres Demon no fueron tan fácilmente afectadas. La más
joven era una Demon de Tierra. Las criaturas de la naturaleza eran
suyas para empatizar y controlar. Aunque era solamente una
novata, débil en comparación con los grandes Ancianos de su clase,
encantar a los animales era una habilidad rudimentaria. Ella se
extendió con su mente, tratando de tocar los pensamientos del
depredador que se aproximaba. Sin embargo, su pálida frente se
arrugó por la confusión, cuando el puma se mostró inusualmente
bloqueado a sus persuasivos pensamientos. La gran gata dorada se
abrió camino por la línea de árboles, acechando a través de los
profundos pastos en un círculo de caza, la rotación de sus
omóplatos mientras caminaba hipnotizaba y atemorizaba a la vez,
sus dorados ojos fijos en las dos mujeres que aún permanecían en el
claro.
     La gata podía olfatear las grandes cantidades de sangre
derramada en la tierra. El olor llamaba profundamente a los
instintos básicos del animal. Esto atrajo a la gata montés con un
atractivo casi singular. Por lo general ella habría evitado el acercarse
a otros depredadores, pero ese aroma de sangre era demasiado
poderoso para resistir. Acechó cerca y más cerca, haciendo que la
joven rubia Demon rompiera en sudor mientras trataba de tocar la
mente del animal tan ensimismado en las delicias del aroma de la
sangre.
    —Mamá, no puedo llegar a ella. No me está escuchando.
    —No importa. Ya hemos terminado aquí.
    Ruth afirmó el agarre en su hija, y con un chasquido de aire
desplazado, las dos mujeres Demon se teletransportaron con
seguridad.
     La gran gata dorada levantó la cabeza, deteniéndose a medio
camino, probando el aire mientras el hedor de las mujeres invasoras
se desvanecía. El sangriento cuerpo yaciendo en el centro del claro
era el único olor remanente de fuerza alguna, la gata empezó a
avanzar hacia la infortunada víctima.
    Estaba tan cerca de la inconsciente criatura, que podía tocarlo
con el hocico. Y lo hizo, probando su aroma. Bajo la sangre había un
inconfundible almizcle de macho. Era algo rico y embriagador que
sacó un especulativo ronroneo de la hermosa gata. Bajó la cabeza
hasta la más grande de las heridas, con la lengua lamió
superficialmente el dulce sabor de su sangre. Su ronroneo se
profundizó, y la leona abrió sus poderosas mandíbulas, cerrándolas
sobre la garganta del macho. Todo lo que tomaría era un simple
chasquido y ella terminaría con él.
     De repente la gata se retiró, sacudiendo la dorada cabeza como
si estuviera saliendo de un hechizo. Se sacudió de nuevo, como un
perro tratando de quitarse el agua. Mientras temblaba, la piel
comenzó a pelarse, despellejándose en largas tiras, hasta que, con un
estremecimiento final, la bestia se convirtió en una mujer, vestida
sólo con un collar de oro y piedra lunar, y centímetros y centímetros
de largo cabello dorado.
     Siena, marcada con el opulento collar que la proclamaba como
la Reina de los Licántropos, tomó una profunda y calmante
respiración, tratando de sosegar la urgente ansia que saborear la
sangre del macho había inspirado en ella. Conocía a este Demon,
sabía su nombre y su importancia para el Rey Demon. Pero también
sabía que no había nada en el mundo como la sangre Demon. Era
rica y llena del poder que ellos poseían. Sin embargo, aunque a
veces era más bestia que mujer, no necesitaba la sangre para
sobrevivir como los Vampiros. Era la más poderosa de todo su
pueblo, y éste era un deseo al que debía sobreponerse.
    Si sólo no hubiera tanto de ello invadiendo sus sentidos.
    Pero necesitaba pensar más claramente, necesitaba actuar.
Mientras se arrodillaba en la espesa hierba tratando de dominar su
despreciable naturaleza, el Demon, conocido por ella como Elijah,
yacía moribundo, casi muerto, de hecho. Era una visión alarmante.
Había luchado junto al guerrero hacía apenas seis meses. Conocía su
destreza, poder e innegable fuerza. ¿Cómo había llegado a esto?
     Siena extendió tentativamente una mano, sus dedos se
deslizaron a lo largo de los rubios rizos no demasiados diferentes a
los suyos, aunque los de él eran de un rubio platino y no del
coloreado plata y oro de ella y a hasta los hombros, mientras que los
de ella cubrían todo su torso. Fue su propio cabello lo siguiente que
ella alcanzó, introduciendo un mechón largo entre los dientes, los
caninos desgarraron una gruesa tira de seda dorada. El rizo se
enroscó alrededor de su muñeca y antebrazo, como si no estuviera
dispuesto a dejar el cuerpo donde estaba adherido. Ella tiró la
cabeza hacia atrás, ignorando las gotitas de sangre que cayeron de
las puntas de los hilos rasgados que aún permanecían unidos al
cuero cabelludo. Se inclinó sobre el Demon, abriendo lo que una vez
fue una fina camisa de seda, lamiendo sus labios llenos mientras
tomaba la tira de dorados cabellos y los dejaba rizarse como una
alfombra trenzada, en todo el contorno, hasta que la herida estuvo
cubierta en su totalidad.
    La sangre fue inmediatamente absorbida por los filamentos
dorados, mezclándose con las gotitas que aún pendían de los
extremos cortados. La herida instantáneamente comenzó a
coagularse, el cabello se convirtió en un vendaje rojo y dorado que
no se movió del profundo agujero, tapándolo con bastante eficacia.
    Ella no podía hacer nada con la pérdida de sangre por el
momento y no podía dejarlo donde estaba, para evitar que sus
atacantes decidieran regresar y terminar con él. Su respiración era
mínima, tan débil, que si no hubiera sido por su agudo oído, no
hubiera sido capaz de escucharla. Afortunadamente, conocía bien
esos bosques y podría encontrar algún excelente refugio. Luego
vería que podría hacer para auxiliarlo.
     Lo que el Demon estuviera haciendo en territorio Licántropo
sería algo para descubrir más adelante. Ahora mismo, tenía que
llevarlo lejos del próximo amanecer. Aunque la luz del sol no
quemaba a ninguna de sus especies con el agonizante dolor y
promesa de muerte como lo hacía con los Vampiros, no era tampoco
ningún amigo de la raza de los Nigthwalkers.
     Para los Demon, el efecto era como para el gato nocturno,
haciéndolos sentir pesados, perezosos y letárgicos. Muchos Demon,
en realidad, amaban la invasora calidez del sol, encontrando en la
luz del día el mejor momento para sucumbir a la comodidad y
dormir. Desafortunadamente, este efecto era a menudo involuntario,
haciéndolos desear más que nada, el sueño, hasta el punto de una
distintiva vulnerabilidad. En este caso, cualquier otra debilidad
causada por la luz podría reducir completamente el sistema
autonómico del guerrero, terminando la tarea que sus agresores
habían comenzado.
     Para el Licántropo, era un poco más dañino. Un cambiante se
ponía enfermo con la brillante luz del día, una versión literal de
envenenamiento por el sol. Dado que eran una especie
intrínsecamente guiada por las fases de la luna, parecía tener sentido
que el sol se sintiera antinatural para ellos. Siendo parte gata en sí
misma, Siena estaba doblemente inclinada a permanecer activa en la
oscuridad de la noche cuando era más poderosa, y encontrar
descanso y refugio fuera del alcance de la luz del día cuando era
susceptible a sus efectos. Realmente disfrutaba de una resistencia
más alta de lo habitual si se mantenía a la sombra, pero esto no era
algo que disfrutara haciendo.
Siena necesitaba decidir la mejor y más corta ruta para llegar
hasta donde fuera capaz de cuidar de él, y la mejor manera de
llevarlos a ambos a ese lugar escondido. Su pueblo estaba
demasiado lejos para viajar, y no percibía a nadie, además de ella, en
el área. Sería una buena opción encontrar ayuda, un lugar donde
hallar un poco de asistencia para cuidarlo, pero no era una opción
lógica dada la urgencia de la situación. La alternativa ideal de
llevarlo con su propia gente, bueno, esa era incluso una posibilidad
más descabellada, teniendo en cuenta que ellos estaban aún más
lejos de lo que su pueblo estaba. Además, el más renombrado
curandero Demon de todo el mundo se encontraba en su corte en
ese momento.
    El guerrero no era un hombre delgado. Estaba bien constituido
en cada detalle en la que un guerrero necesitaba estar formado para
mantener su fuerza y destreza. El Capitán de tales guerreros…
bueno, él tenía una más que impresionante estatura, por decir lo
menos. Aunque Siena era alta y fuerte, sus bíceps podrían ser más
grandes que uno de sus musculosos muslos.
    La distancia la preocupaba mayormente porque el guerrero
necesitaba asistencia médica y dudaba de ser capaz de darle los
cuidados necesarios. Él era una especie enteramente diferente y
probablemente no tan receptivo a las maneras de curación de los
Licántropos. Podría ser el equivalente de dar a un humano la
atención de un veterinario. Éste estaría a la altura de su experiencia,
pero incluso su mejor atención podría hacer más daño que bien.
     Su pueblo había estado en guerra con la raza del guerrero por
mucho más tiempo de lo que habían estado en paz. Su conocimiento
de la anatomía Demon era bastante limitada, e incluso tal
información se restringía a cuál órgano vital causaría una muerte
más rápida. Con una paz de sólo catorce años entre las razas, ¿quién
habría pensado en intercambiar conocimiento médico? Así como
era, recientemente sólo habían intercambiado embajadores.
     La Reina se enderezó, su figura se alargaba con orgullo y
estatura de Amazona. Desnuda, como en ese momento, o
completamente vestida, no había duda en cuanto a su sexo. Era de
piel dorada y figura exuberantemente curvada a pesar del corte de
su muscular y atlético cuerpo. Era una cazadora y guerrera por
derecho propio, una orgullosa y pura Diana, y lo irradiaba por cada
centímetro de ella. Sin embargo, la contradicción era una cabeza
llena de espesos y dorados rizos que caían hasta la mitad de sus
muslos y las audaces curvas de su sexo, y que la hacían aparecer no
menos femenina que Afrodita. Su enigmática forma de sonreír y el
coqueteo natural de su paso sólo se añadían a la imagen.
     La diosa Licántropo parecía tomar una decisiva elección sobre el
siguiente curso de acción, mientras su aguda mirada de oro recorrió
todos los lugares por última vez. Poco después, sacudió la cabeza
otra vez, provocando que las largas hebras de su cabello volvieran a
la vida. Empezaron a deslizarse sedosamente sobre su piel,
envolviéndola casi amorosamente en su suave longitud. El disperso
abrigo de su cabello se convirtió en piel de nuevo, sólo que esta vez
su forma era mitad felina, mitad humana.
     Esta era la forma de la Mujer Gato2, la tercera y última forma de
Siena. Alta y bellamente constituida como la mujer que era, pero con
la piel y las garras, las orejas y cara, los bigotes y la cola de un gato
montés. Mitad mujer, mitad gata, con lo mejor de ambos mundos a
su disposición. Y eso incluía la fuerza que se requería para levantar
al guerrero en sus brazos.
     El guerrero, notó para sí misma mientras empezaba a cargar su
peso muerto, era fuerte y musculoso, con un peso significativo para
el más de metro ochenta de altura que tenía, aún si él no hubiera
estado completamente inconsciente. Tenía unos hombros
notablemente amplios, casi demasiado anchos para que ella pudiera
abarcarlo en sus brazos. No había una onza de grasa que desfigurara
su moldeada cintura y muslos. Todo era un pesado grosor de un
físico finamente perfilado, músculo de la cabeza a los pies, ninguna
parte echada a perder, nada de su estructura se asemejaba a la
suavidad.
     A pesar de su impresionante masa, lo levantó en sus brazos casi
con facilidad, acercándolo a ella mientras avanzaba a grandes pasos
a través del campo. Su visión estaba hecha para la oscuridad,
____________________
2 Werecat, en el original. (N.deT.)
todo alumbrado en afilado contraste de sombras en blanco y negro.
Era brillante como el día para ella mientras llevaba su carga hacia
los árboles.
     Ellos podrían haber presentado una visión bastante clara para
que los vieran, pero un olfateo rápido del aire le aseguró a la Reina
que todos los enemigos se habían retirado a sitios desconocidos y
todas las demás criaturas vivientes habían seguido su ejemplo. Ellas
ni siquiera sabrían que el grito de la leona de la montaña salió con
una compulsión de temor tan enérgica, que forzaría a cualquiera
dentro de su perímetro a correr con terror, incluso a alguno de los
más poderosos Nightwalkers.
     Mientras la Mujer Gato se movía a través del bosque,
escogiendo el camino de la dirección tomada y dejando el menor
rastro posible, recordó que hubo más que humanos en la partida
que emboscó al guerrero. Ella estaba al tanto de las renegadas
mujeres Demon, madre e hija, que habían optado por aliarse con los
enemigos de su raza en un desproporcionado sentido de venganza,
todo por un trágico error que nadie pudo haber prevenido, ni
siquiera los poderosos Demons.
    Había ocurrido hacía cerca de medio año, la víspera del último
Beltane, que las usualmente animadas festividades de los Demon se
vieron ensombrecidas por las secuelas de la guerra que estas
mujeres traidoras habían empezado. Siena había sido parte de las
fuerza Demon, el día que habían sido forzados a una masiva batalla
para proteger a los suyos de una masacre dirigida por la deformada
voluntad de aquellas mujeres. Esa fue la batalla donde había
observado las capacidades del Capitán Guerrero. Él la había
impresionado. Tanto así, que encontrarlo en esta situación era, de
alguna manera, desconcertante.
    Además de su destreza en la lucha, había notado que el Demon
había estado particularmente afectado por el hecho de que la mujer
Druida, quien había sido el objetivo, había estado embarazada en
ese momento. El niño que ella llevaba era un foco de venganza,
tanto como ella y su compañero Demon, y el guerrero se había
encolerizado a un nivel muy personal, a pesar que el niño no era
suyo o que el tuviera uno propio.
Los machos Licántropos no sentían usualmente esa clase de
empatía con los niños, no hasta que eran padres, e incluso entonces
no era común en los machos dedicarse a eso, dejando la crianza de
los niños a las hembras. Un instinto que era a menudo determinado
por los comportamientos naturales del animal en el que el macho se
transformaba. En cualquier caso, los cambiantes eran una sociedad
dominantemente femenina. La hembras superaban en número a los
machos en casi ocho a uno. Ellas siempre habían sido el sexo
poblacional dominante, y la guerra había propiciado este hecho. La
ambición machista por la batalla había mermado su número todavía
más.
     Había una moral poderosamente matriarcal en una sociedad de
tales proporciones, y estaban bastante orgullosos de ello. En
conjunto, rara vez tenían otra motivación de ir a batalla que no fuera
por la alimentación o la defensa propia. Pero aún en la insensatez de
la guerra, la idea de lastimar a un inocente e indefenso niño era
abominable para su gente. El comportamiento vengativo de las
mujeres renegadas de la raza del guerrero Demon, era una
pervertida actuación de una madre resentida cuando su progenie
fue amenazada.
    Siena se detuvo abruptamente, sus orejas se retorcieron
mientras olisqueaba, percibiendo la esencia de peligro. Sintió a los
animales arrastrándose por debajo de los restos de vegetación en el
suelo del bosque, pero a parte de eso, no había nada fuera de lo
común. El silencio era comprensible, teniendo en cuenta que estaba
cruzando el territorio en esa forma, pero el salvaje rastro de sangre
que el Demon estaba dejando atrás podría atraer a otro depredador.
     Estaban a poco más de un kilómetro y medio del lugar donde
había tenido la batalla y cerca había una corriente. Tendría tiempo
de lavar y envolver el resto de las heridas y así cubrir el rastro más
eficazmente, como su instinto le decía, a fin de evitar ser rastreados.
Pero el sol ya se abría camino a través de los árboles, y una vez que
los rayos la tocaran, se pondría muy enferma y demasiado débil
para encontrarles un refugio. Aunque un día yaciendo bajo el
bosque sombreado no la mataría, le tomaría tiempo recuperarse de
la enfermedad resultante. Eso, sin duda, significaría la muerte del
hombre que necesitaba que ella estuviera en buena forma con el fin
de salvar su vida.
Siena decidió correr el riesgo de ser rastreados. Habría agua allí
donde se dirigían y se estaba quedando sin tiempo. Moviéndose con
notable rapidez para alguien con tanta carga, continuó pensando en
las mujeres Demon que habían perpetrado el crimen contra su
antiguo camarada. Ella sabía sobre Ruth y su malsana relación con
su hija. Siena había formado parte de aquellos que inicialmente
habían descubierto la traición.
     No había animal en la tierra que estancara el crecimiento de su
hijo negándole la libertad de dejar la madriguera o el nido para que
aprendiera a valerse por sí mismo. En algún lugar de la evolución,
se había producido una mutación en la sociedad de los humanoides
bípedos, que habían permitido que esto fuera posible e incluso, una
norma. Aunque la evolución era un proceso natural, Siena siempre
lo había considerado una mutación antinatural. Pero, ¿quién podría
estar completamente seguro? Los humanoides eran capaces de gran
cantidad de aberrantes comportamientos que entraban en conflicto
con el orden natural de vivir en armonía con el propio entorno.
       Para ser honesta, eso incluía a su propia especie también.
     Aunque los Licántropos eran a menudo considerados por ellos
mismos y por otros más animales que humanos, ellos se ceñían a
una sociedad con fallas, leyes y libre voluntad. Estos elementos, al
mismo tiempo audaces y productivos de muchas maneras, podían
ser, así mismo, una volátil combinación.
    Por ejemplo, la guerra racial entre los cambiantes de ella y los
elementales3 de él. Esto había ocurrido hacía veinte años, y la idea
de ayudar a un Demon, y en particular a este Demon, no sólo habría
sido inconcebible sino traicionero. A decir verdad, había algunos
que aún se sentían así, a pesar de que su Reina claramente no lo
hacía.
La guerra previa entre los Demon y la raza cambiante había sido un
acto de su padre. Una agresiva demostración de masculinidad que
había empezado como un pequeño asunto de
_____________________
3 Se refiere a que el pueblo de Elijah clasifica a su gente según los elementos: Fuego, Aire, Tierra, agregando a estos
Mente y Cuerpo. (N. d T.)
principios y rápidamente escaló de allí a un casi odio genocida hacia
los Demon.
     Un sentimiento que, a lo largo de décadas, los Demon
empezaron a corresponder plenamente. Desafortunadamente, los
Licántropos habían vivido tanto como los Demon, por lo que la
guerra de su padre había asolado a su pueblo durante siglos, dando
nacimiento a generaciones que no entendían que en realidad hubo
un tiempo en que los cambiantes no habían despreciado a los
Demon.
    Esto comenzó a cambiar en el momento en que ella ascendió al
trono.
    Siena rescindió públicamente la declaración de guerra contra los
Demon en el instante en que el collar de su oficio había sido
colocado alrededor de su cuello. Esto no había sido una decisión
popular al principio, viejos y hostiles sentimientos fueron sostenidos
de corazón por tanto tiempo que suponía una difícil barrera de
superar. Muy bien podría haber causado una rebelión masiva.
     Quizá aquí era donde ser la líder femenina de una sociedad
matriarcal tenía sus ventajas. Su voz tenía el poder de apelar a un
gran número de hembras que ciertamente nunca quisieron ser parte
de vivir y morir en batallas sin sentido. Su Reina sólo había tenido
que recordarles esto lentamente, sin duda, día a día. Y mientras el
tiempo de paz llegaba, el pueblo de Siena empezó a recordar lo que
era vivir la vida para algo más que prepararse para la siguiente
batalla.
     Siena no podía, en conciencia, haber hecho nada menos. Incluso,
a pesar que ella misma había criado una desconfianza hacia los
Demons, aleccionada por los prejuicios de su padre y tutores que él
había escogido para ella, enseñándola a odiarlos por lo “perversas
criaturas y fuera de la ley” que eran, el destino había intervenido
para enseñarle una lección que dramáticamente había cambiado su
perspectiva de los Demon. Su moral y femenino sentido de lo bueno
y lo malo no permitieron nada menos que un armisticio completo
una vez que había tenido el poder de demandarlo.
No podía culpar verdaderamente a la masculinidad de su padre
por todos sus problemas y pobre comportamiento como especie,
pero su agresiva naturaleza no les había hecho justicia y ahora le
tocaba a ella manejar los resultados. Catorce años de tregua era una
miseria comparado con casi trescientos años de altercados.
     La paz era una ardua tarea que sólo podía realizarse en
sistemáticos y cortos pasos. Cualquier acción hecha sin la apropiada
sabiduría de la contemplación podría conducir a trastornar la frágil
armonía que recién empezaba a brotar entre ellos. Y francamente,
con todas las razas Nightwalker constantemente sitiadas por esos
imprudentes y obstinados mortales que buscaban su extinción, no
podían permitirse el lujo de agotar sus recursos luchando entre sí.
    Salvar al Capitán de las fuerzas guerreras de los Demon no era
exactamente un delicado paso a tomar. Pero ella no podía permitir
que pequeñas políticas dictaran si este campeón vivía o moría. Siena
no esperaba ningún beneficio y confiaba que no hubiera
repercusiones. Todo lo que quería era un lugar fresco y oscuro para
atender sus heridas.
     Encontró la caverna que estaba buscando aproximadamente
una hora después. Su velocidad enormemente reducida para
entonces no sólo por su carga, si no por el sol de la mañana que
corría a través de las desnudas ramas de los árboles.
     Casi inmediatamente después de la entrada, la cueva se
inclinaba dramáticamente hacia abajo, la roca era lisa, fría y húmeda
bajo sus pies desnudos. Le tomó mucho equilibrio, fuerza e incluso
sus garras para evitar deslizarse por la resbaladiza superficie y
aterrizar en el helado lago subterráneo de agua mineral que nacía al
fondo. Rápidamente recorrió la delgada cornisa que limitaba el
agua. En el minuto en que dejó una húmeda huella en una superficie
seca, se alivió de su carga posándola con cuidado en la piedra
limpia.
     Se sentó junto a él, más que un poco sin aliento, recogiendo sus
rodillas para poder descansar sus brazos en ellas. Necesitaba
ayudarlo, la urgencia de esto la sacudía, pero también necesitaba
darse un minuto para sacudirse el cegador dolor de cabeza que la
luz del sol le había provocado. Tenía náuseas por ello, sus ojos y su
piel picaban por la fotosensibilidad solar. Era afortunada. Ella podía
soportarlo mejor que la mayoría porque su fuerza y poder no tenían
precedentes entre su pueblo. Por donde se viera, ella debería haber
caído violentamente enferma en ese punto. Ahora, si se aventurara
fuera demasiado pronto después de esto, sería aún más susceptible.
     La Mujer Gato recorrió en sus cuatro patas el contorno del lago,
olisqueando cautelosamente buscando formas de vida antes de usar
sus palmas y dedos acolchados para salpicar agua sobre su piel.
Felina o no, a Siena le encantaba estar limpia y perfectamente
cepillada, y eso quería decir agua y en mucha cantidad. Concedió
mucho tiempo a lamer una mancha de sangre Demon de su piel,
pero dejó el resto de su acicalamiento para más tarde. Se puso de
pie, en toda su estatura, saltando sobre el Demon y dirigiéndose a
las profundidades de la caverna.
    El suave click de sus garras sobre la piedra anunció su regreso.
Arrojó un saco en el suelo y a continuación llenó una botella con
agua del lago antes de girar y arrodillarse a su lado y atenderlo.
     Rasgó su camisa, lo que quedaba de ella, incluso se vio forzada
a sacar pequeños retazos de su piel quemada. La herida más grave,
una sobre su corazón, fue atendida y sanada. Agentes coagulantes y
cicatrizantes se encontraban de manera natural en el pelo de los
Licántropos. La sangre filtrada de los extremos cortados de las tibias
y vivientes mechas había actuado como un desinfectante y bálsamo
sanador. Sin embargo, no podía usar su pelo para todas las heridas.
Sería demasiado daño para ella. Siena se fijó en la cicatriz en carne
viva que tenía en su cuero cabelludo como resultado del uso que
había hecho.
     En vez de eso, estuvo satisfecha con limpiar los cortes y
quemaduras con agua y cubrir las heridas con vendajes de un
botiquín que extrajo del saco. Los Demons sanaban muy rápido y la
mayor parte de sus heridas estarían sanadas antes de la tarde. Pero
la herida del pecho tomaría más tiempo, así como otras que
perforaban su hombro, cadera y el muslo, en su lado derecho.
     Él había sido atravesado con lanzas de hierro en esas tres
heridas, no cabía duda eran misiles de ballestas o alguna otra arma
de tipo propulsor. Una había atravesado claramente el músculo de
su muslo, pero había barras metálicas sobresaliendo de las otras dos
heridas. El hierro quemaba a los Demons solamente con su toque, a
menudo haciendo cicatrices y desfigurándolos con rapidez. Estas
armas invasoras debían ser insoportables para él, aunque
inconsciente y conmocionado como estaba, era de esperar que no
sintiera dolor.
     Siena tomó un trozo pequeño de lo que quedaba de la camisa
del guerrero y la usó para tener un mejor agarre sobre el extremo
del dardo que sobresalía de su hombro. Lo extrajo fuerte y rápido,
sintiendo la rasgadura de la carne cuando la punta causó más
destrucción en su salida. La herida estaba asombrosamente negra, la
quemadura del hierro la había cauterizado lo suficiente, pero había
comenzado un nuevo sangrado con la extracción y ahora presionaba
pedazos de la camisa hecho una bola en ella, atándola fuertemente
alrededor para ejercer una mejor presión.
     Baño su torso por entero, inspeccionando cada herida y
tratándolas con hierbas y vendas que traía en el saco. Estaba
impresionada con su condición física. Esto era una verdad natural
para muchas de las razas Nightwalker. Nacidos con un alto
metabolismo y el sentido innato de regular la ingesta de calorías con
la actividad, era muy poco frecuente que los integrantes de sus
varias especies tuvieran sobrepeso.
     Pero éste, pensaba para sí misma mientras recorría una garra
dorada sobre el corte definido de su pectoral derecho, éste era el
cuerpo de un ser que entrenaba y se había perfeccionado como un
arma manual. Él era musculoso, sí, pero había tenido la sabiduría
suficiente para no sobrecargar su estructura de una forma que
podría disminuir su flexibilidad y eficientes movimientos
corporales. Ella había visto a este macho moverse en batalla, tan
rápido y tan letal, y recordaba haberse quedado igualmente sin
aliento por la fascinación.
    Siena se dio cuenta de lo que estaba pensando e
inmediatamente desechó el improductivo toque y las sensaciones
que lo acompañaban. Volvió su atención a su urgente necesidad de
curación. Con delicadeza revisó la lanza que traspasaba su cadera y
encontró difícil de establecer su colocación por la tela de dril que
vestía. Extrañamente, el dril la divirtió.
    Este guerrero era uno peculiar. La mayoría de su gente llevaba
ropas que reflejaban las eras por las que habían pasado en vez de la
era en la que estaban. Era raro ver una moda tan moderna
agraciando uno de sus cuerpos. Por otra parte, el dril llevaba
rondando ya cerca de un siglo, por lo que si la etiqueta de diseñador
había sido eliminada, podría haber sido fácilmente excusado por ser
como mucho un anacronismo de cualquier otro ropaje Demon.
     Siena se acercó para desabotonar el frente de los pantalones,
tirando un poco del aflojado dril en un intento de inspeccionar de
mejor manera el daño. Por último, simplemente cedió ante lo
inevitable y rasgó a través de la tela con sus afiladas garras,
desnudándolo completamente. Libre para trabajar ahora, extrajo el
otro misil y lavó todas las lesiones en sus densamente musculosas
piernas. Lavó la sangre de los vellos que se rizaban sobre ellas como
un ligero polvo dorado, usando medicamentos sobre la carne
profundamente quemada de su cadera debido al hierro venenoso.
     Estas eran las heridas que no sanarían rápidamente. Ella
sospechaba que la herida de su corazón también había sido con un
arma de hierro. Alguna especie de arcaica maza o estrella de la
mañana4, quizá. Lo que sea que hubiese sido, había aplastado y
desgarrado el área, dejando quemaduras reveladoras, pero nada lo
suficientemente negro para indicar un misil que estuviera aún
incrustado y ardiendo ahora que la herida estaba cerrada.
Una vez que lo hubo lavado completamente con el calmante agua
mineral, ungió y envolvió cada herida que pudo encontrar y lo
evaluó por aquellas que no podía ver, se tomó el tiempo para lavar
la sangre de sus propios cabellos. Se sintió más relajada cuando lo
hizo. El aroma que había sido tan obnubilantemente atractivo, fue
afortunadamente lavado dentro del lago mientras el agua rodaba
por la piedra y regresaba por donde había venido. Podría ser una
bestia, pero ella era una que luchaba por su civilización con una
singular conciencia. Si no hubiera ganado esa distinción, este
debilitado y herido miembro de otra manada habría recibido otra
cosa diferente a su ayuda.
________________________
4 Lucero del alba, que es la traducción directa de Morningstar (Inglés) y de Morgenstern (Alemán) es una maza de
armas cuya característica principal es que su cabeza armada se compone de una esfera ferrada o plomada de donde
parten “clavos o púas”. Por ello su similitud con el símbolo de un lucero. (N. de T.)
Cuando su cabello estuvo limpio, delineado con un centenar de
distintos tonos de oro, blanco y bronce, ahora que estaba mojado,
rápidamente cepilló y lamió su propia piel. Una vez que terminó sus
abluciones, lo levantó de nuevo en sus cansados brazos y lo cargó
dentro de la estructura de la cueva.


     Podría haber sorprendido al Demon, el haber encontrado
muebles en ese lugar, pero la Reina Licántropo lo esperaba de lleno.
Esta caverna era una versión Licántropo de una cabaña de verano.
En realidad, un retiro de invierno sería el término correcto. Los
Licántropos no estaban por encima de la hibernación, por lo que
esas cuevas distantes en lo profundo de las montañas y la tierra eran
a menudo suministradas para tales cosas. Los muebles eran un
enigma, quizá, pero uno de los efectos de la civilización era la
imperturbable conciencia de vivir con mucha comodidad. Incluso si
esa significativa comodidad se encontraba asentada
incongruentemente en una cueva.
    Esta caverna pertenecía a una de las Consejeras de la Reina, una
mujer de impecables gustos y los medios para satisfacerlos. Siena se
había sentido decepcionada al entrar en el salón y darse cuenta que
Jinaeri no había empezado a prepararse para el próximo invierno, y
no había indicios de que hubiese estado o fuese a estar con el fin de
hacerlo. Cuando la Reina mantuvo la última reunión en la corte,
Jinaeri había estado presente y había mencionado que pronto
empezaría esos preparativos. Siena había tenido la esperanza de
dejar al guerrero a su cuidado mientras ella iba por ayuda.
    Ahora tendría que quedarse y atenderlo lo mejor que pudiera.
Simplemente no podía abandonar a un Demon en un alojamiento
Licántropo sin ninguna protección ni ayuda. No tenía idea de
cuánto tomaría a las heridas causadas por el hierro sanar en un
Demon. También sabía que por la gran pérdida de sangre la
curación se vería obstaculizada, incluso si él llegaba a sobrevivir.
Apenas estaba fuera de peligro y eso porque había cubierto sus
heridas.
Una serie de escalones tallados dentro de la caverna conducían
hacia abajo, mucho más seguro que la cuesta original a la entrada de
la misma cueva. Además, a ese nivel todo estaba más seco y fresco.
Ella se detuvo en el salón, una sala con suaves sillones y estantes de
libros. Había una chimenea, la cual, probablemente, salía por la
ladera de la montaña a bastante distancia de ellos. Siena pasó las
estanterías de libros cubiertos con tela para protegerlos, y se dirigió
a una segunda sala. Esta era el dormitorio. Sobre la lejana pared
había una oscura y naturalmente formada alcoba con un enorme
juego de cama hecho a mano en su interior.
     Siena se trasladó hacia allá y depositó con mucha suavidad su
carga sobre el colchón, que parecía hecho a mano también, y muy
probablemente, del más suave relleno que la dueña pudo encontrar.
El gigantesco macho se hundió profundamente en la suave
comodidad y ella de inmediato lo cubrió con un edredón de la cama
para evitar el constante frío de estas cavernas subterráneas mientras
él se curaba. La chimenea de la sala era una continuación de la que
había en el salón, de tal manera que se podría ver el cuarto de al
lado, si no fuera cegado por el resplandor.
     Ella consideró encender una para calentar el lugar, pero con
enemigos que eran perfectamente capaces de funcionar bajo la luz
del sol y con ganas de matar a este Demon, un rastro de humo no
valdría el riesgo. Mientras el estuviera enfermo, ella estaría sola.
Poderoso o no, todo lo que Siena tuvo que hacer fue mirar al
guerrero caído para saber que ella no tendría mejores posibilidades
que él antes esas diabólicas mujeres.
    Exhausta, Siena se trasladó de nuevo al salón donde
inmediatamente se enroscó en los cojines afelpados del sofá. Ni
siquiera se molestó en sus usuales rituales, que a menudo incluían
amasar el lecho para añadirle más suavidad y moverse un poco
hasta encontrar el punto exacto. Simplemente se desplomó, se
enroscó en una cómoda pelota y cayó dormida sin demora.
     Mientras entraba en un profundo sueño, la dorada piel de su
cuerpo se despellejó, colgando al descuido sobre sus brazos, caderas
y los cojines del sofá, dejando al descubierto una suave y humana
piel. Las garras se convirtieron en pequeñas y cuidadas uñas, los
bigotes desaparecieron. Las almohadillas de sus manos y pies se
volvieron nada más gruesas que los callos habituales, y sus orejas
eran sólo un poco más pequeñas después de cambiar a la forma y
posición normal de la orejas de cualquier mujer.
CAPÍTULO 2



Siena despertó algunas horas más tarde sintiéndose mucho mejor.
Por un lado, podía percibir el ionizado olor de la lluvia. Estaba
lloviendo de manera considerable al otro lado de la entrada de la
cueva. La presión era inconfundible, aún cuando no pudiera
escucharla con su agudo oído. Este baño de la Tierra podría ocultar
lo que quedaba de su rastro hacia la cueva. Sospechaba que en su
habitual arrogancia exagerada, los humanos usuarios de magia
probablemente no creían que habían fallado en matar al Demon, y
como resultado, no necesitaban hacer una doble comprobación. Sin
embargo, con las mujeres Demon a su alrededor, en esta situación
no podía dar por seguros esos típicos comportamientos.

Siena se sentó en el sofá, estirando una larga extremidad, después la
otra, suaves y satisfechas vocalizaciones acompañaron el
movimiento. Jinaeri ciertamente sabía una o dos cosas sobre el
confort, pensó, mientras se ponía de pie sacudiendo hacia atrás su
cabello que de inmediato se acomodó en su lugar. La Reina se
dirigió hasta un antiguo baúl puesto contra la pared y lo abrió.
Dentro descubrió vestidos y camisetas pulcramente doblados.

La brevedad de las prendas de vestir, en su mayoría cortas y
ajustadas, eran comunes entre las mujeres de su cultura. Aquellas
que disfrutaban de la habilidad de transformarse en un animal
también las usaban, ya que esas prendas se caerían fácilmente a un
lado del camino y no impedirían los movimientos en el instante del
cambio.

La Reina extrajo un suave y suelto mini vestido del baúl, y se lo
puso con una rápida caída de la tela sobre su cabeza. La pequeña
prenda se deslizó instantáneamente en su lugar, sosteniéndose en
ella por unas delgadas tiras en los hombros y por el hecho de que
tenía bastante más busto que Jinaeri. Observó incluso cómo el bajo
escote dejaba mucho que ver. El dobladillo de la vaporosa falda
revoloteó sobre sus muslos, un suave susurro de sensaciones hizo
que frotara con placer los dedos sobre el montón de tela. Siena echó
un vistazo al espejo cerca del baúl y sonrió mientras admiraba el
terciopelo azul y la forma en que brillaba cuando flotaba a la deriva
con un dejo de emoción. Tal vez debería ejecutar los privilegios de la
realeza y pedir prestada permanentemente la deliciosa creación.

Luego, Siena alineó la fría piedra de la chimenea, donde arregló la
madera y encendió un confortable fuego, sin preocuparse de que el
humo fuera rastreado en la lluvia o la oscuridad. La tarde,
definitivamente, ya estaba sobre ellos. Siena sintió culpa por no
haberse acordado de comprobar el estado del paciente en todo ese
tiempo, pero no tenía sentido reprenderse. No había mucho que
hacer por él, en cualquier caso.

Verificó su estado inmediatamente después que el fuego tomó
cuerpo, cruzando hacia la otra habitación y dejando que sólo la luz
del fuego iluminara su camino. Descansó cautelosamente una
rodilla en el colchón, sentándose sobre ese talón, mitad dentro mitad
fuera de la cama. Despacio, empezó a revisar las heridas. Como
suponía, la mayoría estaban sanando bien, algunas mostraban ya un
punto rosa de nueva piel. Retiró los vendajes de esos lugares.
Las heridas del hierro no lo estaban haciendo tan bien, como ya
esperaba. La peor parte acerca del hierro, a diferencia de la plata
usada contra su gente, era que tendía a oxidarse y dejar escamas con
facilidad. Estas escamas de metal podían continuar el insidioso
envenenamiento que la herida trataba de curar. La única manera de
curarla completamente sería con un médico Demon de grandes
habilidades que utilizara sus poderes sobre el cuerpo para hacerlo.

Conocía a la persona que necesitaba.

De hecho, su esposa era la embajadora que el Rey Demon había
designado para su corte, la hermana del propio Rey, Magdelegna.
Legna era una brillante y hermosa mujer, una Demon Mental de
substancial poder, cuya valentía Siena admiraba mucho. Le tomaba
a la mujer mucho coraje mantener la diplomacia en lo que a menudo
era una hostil corte de antiguos enemigos, así como exponerse a sí
misma a tal situación mientras esperaba a su primer hijo.
Sin embargo, el esposo de Legna, el gran Demon Corpóreo y médico
llamado Gideon, era el más Antiguo de todos los Demon, así como
el más poderoso. Era el único que podía atender estas malévolas
heridas, extrayendo el hierro con mágica facilidad.

Aunque sus habilidades médicas estaban desperdiciadas en la corte
Licántropo, pues los cambiantes se habían mostrado mayormente
inafectados por los poderes de los Demon Mental y Corpóreo,
Gideon había sido una buena adición a ella.

Había sido el primer Demon que conoció, un prisionero que su
padre conservó para el entretenimiento del Rey y fanfarronear de
ello muchos, muchos años antes. Sin embargo, esto estalló en el
monarca, porque fueron las enseñanzas de Gideon las que habían
iluminado a la joven princesa acerca de la naturaleza y bondades de
los Demon.

Ahora estaba de vuelta en la corte y asistía calladamente a su
compañera a hacer la misma cosa, pero en gran escala. También
servía como protector de su esposa en la algunas veces hostil tarea
de persuadir a un pueblo prejuicioso. Ninguna criatura con cierto
grado de sentido se atrevería a lastimar a la compañera de un ser tan
poderoso como Gideon, pero en cada raza siempre hay alguien con
falta de sentido común. Las heridas del guerrero testificaban eso
claramente.

Era inútil pensar en el médico. Estaba demasiado lejos y Siena no
dejaría al guerrero vulnerable y solo. Tendría que esperar hasta que
se pusiera más fuerte. Ella, sin embargo, tendría que cazar para
comer si no hubiera nada de eso en la cueva. Y no parecía probable.
Siendo una que tomaba la forma de un lémur, Jinaeri era
vegetariana.
Siena era sobre todo, carnívora y prefería siempre la presa más
fresca que pudiera encontrar. No era probable que encontrara tal
cosa en la casa de un herbívoro, no importaba que aún no se hubiera
abastecido para el invierno. La nutrición de la carne era algo que
sólo se podía obtener fresco. No tenía sentido dejar algo de la
estación anterior que pudiera atraer a animales o decadencia.
Siena, gentilmente, volvió a lavar las heridas del guerrero y las
cubrió con vendajes limpios. La única que no tocó era la del vendaje
de su cabello. Esa se curaría sola y era mejor dejarla tranquila. Puso
los cobertores sobre la fría piel del Demon. Esto era un buen signo.
Los Demon soportaban temperaturas más bajas de lo que los
Licántropos o los humanos hacían. Si se pusiera caliente, significaría
que estaría luchando contra la fiebre y eso, ahora, era la última cosa
que el guerrero necesitaba. Aún estaba terriblemente pálido, tal vez,
incluso, muy frío al toque, pero parecía que respiraba con más
soltura. Podía oír el estable latido del corazón, más fuerte de lo que
había estado.

La Reina se acercó y apartó los ahora secos rizos de su cabello,
sorprendiéndose de la suavidad con la que resbalaban por sus
dedos. Lo llevaba largo, algo común para los Nightwalkers. Lo que
sea que utilizara para mantenerlo fuera de su cara ya no estaba, y
pensó que tendría que buscarle un reemplazo una vez que regresara
con comida para ellos. Su cabello era bastante espeso, más denso
que el de un Licántropo, esa era la característica de un Demon. Pero
los Licántropos no poseían un monopolio en lo que a cabello sano y
espeso se refería. Aún así, era una sensación agradable al tacto.

Siena encontró que su mano vagaba por su frente, las yemas de sus
dedos tocando cada gruesa y dorada ceja, marcando el curioso trazo
de sus arcos. Incluso las pestañas eran doradas, como las suyas.
Éstas eran de un rico y oscuro color dorado, compensando los tonos
más claros de su cabello, tal y como sucedía con ella.
Tenía un bonito rostro, se maravilló mientras trazaba con el pulgar
sobre los bien definidos pómulos, una nariz fuertemente masculina
y una firme barbilla con la débil huella de una hendidura en el
centro. Era tan rudo, y aún así, de alguna manera, aniñadamente
hermoso. Quizás, reflexionó, fuera la plenitud de su boca, casi
femenina en su forma, lo que frustraba todo el intento de parecer
duro.

Siena se rió de sí misma cuando se percató de lo que hacía. Se puso
de pie, sacudiéndose las manos, como si intentara castigarlas para
que se comportaran la próxima vez. Suprimió una sonrisa ante su
tonto comportamiento y se dirigió hacia el frente de la cueva. Se
detuvo en la entrada durante un largo instante, escuchando la lluvia
y oliendo al bosque dormido lo mejor que podía. La lluvia
enmascaraba incluso sus formidables habilidades de percibir a la
presa o al depredador.
Entonces, saliendo del vestido con un simple movimiento de los
hombros, se envolvió en la piel de la forma de la Mujer gato y corrió
hacia el frío y húmedo otoño del bosque.




Elijah no se había movido más de una pulgada en la hora que había
estado fuera. Verificó que no tuviera fiebre, tratando de no gotearle
encima. Estaba empapada de la cabeza a los pies, su cabello goteaba
mientras se alineaba cerca del fuego. Se sentó en una pequeña y
cómoda silla cerca de la seca calidez de las llamas, usando una tela y
el calor para tratar de secar el cabello.

Debería haber permanecido en su forma de Mujer Gato, la piel era
más fácil y rápida de secar, pero consideró que sería imprudente
quedarse así. Elijah había dejado bastante claro que durante sus
breves encuentros que no confiaría en ella o en ninguno de su clase
más allá de lo que pudiera escupir. No sería juicioso tener la forma
de Licántropo cuando despertara. Podría no tomarse el tiempo para
notar el collar ornamental de su rango que nunca se quitaba. Un
Demon, aún en estado debilitado, no era uno que se pudiera
engañar. Si su pueblo había aprendido algo a través de los siglos,
era que no se debía subestimar los poderes de un Demon que se
sintiera amenazado. Tregua o no, Elijah se sentiría obligado a
percibir el peligro de extinción con su sola presencia, no importaba
el hecho que ya estuviera herido.
La Reina giró más cerca del fuego, su espalda hacia el durmiente
Demon mientras seguía alborotando su cabello. Tenía uno de los
conejos de los que había capturado más temprano girando en una
estaca sobre el fuego, el asador era operado por motor de baterías de
potencia. Esto sonaba y chillaba, no apreciando la cercanía de un
elemento masculino cuya química corporal hacía que funcionara a
menos de un pico. A diferencia de los Demon, los Licántropos no
eran adversos al uso de las máquinas y la tecnología, por lo que esas
cosas no reaccionaban negativamente ante ellos. Dado que era una
simple locación de hibernación, no estaba equipado con electricidad
o alguna superflua necesidad que se volvería inútil mientras el
ocupante durmiera más de lo que ella permanecía despierta, y Siena
suponía que eso era una cuestión muy afortunada. Había una fuente
natural de agua, abundancia de madera para el fuego y un bosque
lleno de alimento más allá de la entrada. En verdad, no había
necesidad de más.

Cuando su cabello estuvo en casi seco, enroscado una vez más en un
gracioso rollo tubular, se levantó para vestirse y se dedicó a
preparar una cacerola de guisado y una sopa con lo que había
quedado de los conejos y del pavo salvaje que había capturado.
Conservó las plumas del ave, como pago a Jinaeri por el uso de su
casa. Deshizo hierbas y raíces en ambos potes y dejó que se
cocinaran lentamente en el fuego, suspendidos en unas calderas que
colgaban sobre las llamas.

Era cierto que su dieta consistía mayormente en alimentos que
estaban más vivos que muertos, pero era humanoide también y
apreciaba la amplia variedad de sabores culinarios. Una de sus cosas
favoritas era una ensalada salvaje, todos los brotes verdes del
bosque, o en otoño, nueces, raíces de tubérculo y bayas, siempre que
no fueran venenosas. Todos los carnívoros, eran en realidad
omnívoros. Lo que muchos no entendían era que los carnívoros
cazaban a los herbívoros, no sólo porque no supieran defenderse si
no porque las entrañas de estos animales usualmente desbordaban
de las vitaminas y cualidades benéficas de la vegetación. Por eso, el
vientre era a menudo la primera cosa a por la que iba el león
después de atacar una gacela o ciervo.

Sin embargo, las entrañas eran algo que dejaba para la gata montés,
y en ocasiones para la Mujer Gato. En su forma humana, prefería
ensaladas y carnes, tanto crudas como cocinadas. Esta comida no era
tanto para ella, en cualquier caso. Estaba hecha para su paciente. Las
hierbas usadas para condimentar los platos no eran simplemente
deliciosas, sino también medicinales. Todo lo que fue al guisado y a
la sopa serviría para el propósito de ayudarlo a sanar y recuperar
sus fuerzas.
Mientras cocinaba, Siena ocupó su tiempo limpiando y estirando las
pieles de los conejos en los marcos que estaban colgados cerca de la
chimenea. Nada que se cazaba era un desperdicio. Si un compañero
animal entregaba su vida para su sustento, ella velaría que cada
parte se pusiera a buen uso. Y de nuevo, sería un buen pago para
Jinaeri, quien ni tenía idea que estaba jugando a la anfitriona para su
Reina y el Capitán guerrero.

Pasada una hora, la Reina sirvió la sopa caliente en unos cuencos de
madera, le metió una cuchara y se dirigió al lado de su paciente.
Una vez más, se arrodilló sobre la cama, asentándose sobre un talón
mientras sostenía el cuenco con una mano y la otra la frotaba sobre
su brazo. No era que esperara que se despertara de inmediato, pero
al menos lo intentaría cada quince minutos hasta que lo hiciera y
pudiera conseguir que se nutriera.
Cuando el guerrero, de repente, irrumpió a la vida, Siena fue cogida
completamente con la guardia baja. Explotó en movimientos,
agarrándola por ambos brazos y arrastrándola violentamente sobre
su cuerpo. Su espalda se estrelló contra el colchón, su respiración
cortándose de imprevisto. La fijó debajo de su cuerpo con mucho
dolor, su masiva fuerza era formidable aún en su débil estado, su
peso era una fuerza aplastante. Siena no hizo ningún sonido, ni
siquiera cuando la sopa hirviendo cayó sobre sus piernas. No hizo
ruido alguno o movimiento que pudiera confundirse con
provocación. La única cosa que hizo fue ceñir la gruesa muñeca de
la mano que apretaba su garganta con firmeza, manteniendo los
dedos de ambas manos. No lo provocaría, pero tampoco dejaría que
la estrangulara hasta morir.

Los ojos verdes del guerrero se veían salvajes por la confusión y el
dolor, sus movimientos perjudicaron altamente las heridas
cuidadosamente vendadas. Siena fue inmediatamente consciente del
aroma de la sangre fresca y sus ojos volaron a la herida del pecho.
Vio un fresco flujo de sangre resbalando por su piel, goteando de su
abdomen al vestido. Su inmenso cuerpo aplastaba el suyo, sus
piernas y caderas clavándola en el suave colchón mientras reforzaba
la mitad del peso de su torso en una mano y apoyaba el resto en la
mano que intentaba cortar su suministro de aire.

Elijah parpadeó, tratando de asimilar todo lo que estaba viendo a
través de un turbio muro de dolor. Era consciente que tenía
atrapada a una de las mujeres, que podría quebrarle el cuello en un
respiro si quería, pero había algo que no encajaba correctamente con
lo que estaba viendo y sintiendo y necesitó un precioso momento
para entenderlo. Bajó la mirada a unos salvajes y dorados ojos,
percibiendo una inquietante familiaridad. Había algo también sobre
ese pedazo de joyería bajo su mano. Éste evitaba que tuviera un
perfecto dominio sobre su cuello esbelto, pero de algún modo sabía
que no era lo más importante al respecto.

La siguiente cosa de la que fue consciente, era que estaba
completamente desnudo y que ella no estaba mucho mejor en una
corta y húmeda falda que estaba recogida alrededor de sus
desnudas caderas. Esto la hizo decidir que la falta de temor de su
parte lo impresionaría. No era que tomara ventaja de tal situación,
aún si ella hubiera sido su peor enemigo, pero ¿cómo podía saber
que no le haría ningún daño? Considerando el hecho de que estaba
en una agresiva y dominante posición, el valor que demostraba se
vería o muy impresionante o muy tonto.

Miró más allá de ella, sus ojos escurriéndose alrededor de la
habitación, más piezas de un rompecabezas que parecía tener
demasiados huecos. Pudo oler la comida, se daba cuenta de su
hambre e inusual debilidad. Notó que estaba vendado y sanando, y
no tirado y muerto en el suelo del bosque. Parecía un pensamiento
ridículo, pero era un ingrediente importante en su habilidad de
entender qué es lo que sucedía.

Su mano se fue aflojando mientras observaba a la mujer debajo de
él. Había cabello por todas partes, de ella, enredado entre los dos.
Tenía un cuerpo intrigante, bastante fuerte para una mujer e
impresionantemente en forma. Era también llena de suaves y
abundantes curvas justo donde un macho las apreciaría más. Podía
sentirlo, más que verlo, así como sentía su atrayente calidez, la
satinada suavidad de la piel que se frotaba contra sus muslos y
pantorrillas y el rápido ascenso y caída de sus senos aplastados bajo
su peso cuando luchaba por respirar.

Tuvo consciencia de su aroma, este aspecto también de alguna
manera familiar, aún cuando estaba capas debajo del olor de la
comida. Era lo suficientemente atractivo como para distraerlo de su
dolor, la reacción de pelea-o-vuela que él había despertado con
torcida e estimulante facilidad dentro de la poderosa excitación de
masculino interés. Impulsado por la adrenalina, fue mucho más
profundo en las reacciones de sus instintos que en la civilización de
su inteligencia.

Los Demons eran tan herederos de sus lados animales como los
Licántropos lo eran, aunque nunca manifestaran en las formas ese
lado de su naturaleza. Era este lado instintivo, que abrazaban en
unión de su lado moral, lo que los hacía los impresionantes
cazadores y guerreros que eran.

Cuando el guerrero hizo una larga inspiración a través de la nariz,
Siena fue consciente que estaba respirando su aroma. No se
preocupó al principio, porque esa hubiera sido su reacción si
hubiera despertado en un lugar extraño. Pero algo había cambiado
el color verde de sus ojos de un agitado jade a una muy vívida
esmeralda, y se encontró fascinada por la transformación. Una
poderosa clase de especulación onduló a través de ellos justo antes
de que él bajara la cabeza hasta su oreja e hiciera otra lenta
respiración. Sus labios le rozaron ligeramente la mandíbula, su
suave cabello cayendo contra su frente.

Fue entonces cuando se dio cuenta del cambio en su olor, un fuerte
repunte del rico almizcle que estaba siempre presente en él. Sintió su
estómago tensarse con instintiva anticipación, a pesar de que su
mente se rebelaba contra el sentimiento, entendiendo que estaba en
un alto grado de peligro y que todo ese comportamiento era
primitivo e injustificable. Para ella. Para él, despertarse en un
mundo de confusión, no lo era. Ella la que estaba con sus sentidos
sobre sí, sermoneándose severamente, enterrando sus uñas en la
muñeca que mantenía su cabeza fija sobre la almohada.

El guerrero le tocó la nariz con su sien e inhaló profundamente una
vez más. Sus labios la tocaron; ella los sintió separarse lo suficiente
para dejar una ínfima huella de humedad, como el más desnudo de
los besos, contra su mejilla. Siena sintió una marea de escalofríos
fluyendo por el frente de su cuerpo en una inexplicable y salvaje
respuesta. Sus senos se pusieron tensos debajo de la pesada tela de
terciopelo de su vestido, los picos de sus pezones frotaban su pecho
en una respuesta inadvertido.
Elijah hizo un bajo y apreciativo sonido en su garganta antes de
separar la cabeza de la de ella, sus ojos enjoyados, brillantes pero
ardiendo navegaron hacia los senos. La vocalización sacudió a
Siena, enviando una rápida avalancha de calor e inconsciencia
quemando a través de la piel. Sintió su mente girar fuera de la lógica
y la razón mientras la primitiva respuesta a ese llamamiento
burbujeó en su propia garganta.

Su canción de respuesta tenía un efecto dinámico en él, y podía
sentir la prueba de esto solidificándose entre los cuerpos. Sus ojos
dorados se abrieron ampliamente cuando sintió el peso masculino y
el endurecido calor contra su muslo interno. Al igual que una
metamorfosis instantánea, y por alguna razón, comprendiendo que
ella era la responsable de esta fundición de su cuerpo de adentro
hacia afuera. Ella hizo una inhalación rápida y llena de emoción. De
repente se sintió abrumada por la sensación, una avalancha de
respuesta sexual, de la que siempre había tratado de decirse que no
tenía curiosidad. Y así había sido… hasta ese mismo momento.
Esto era crudo y básico, como el hambre que seguía a una larga
hibernación. Sentía las emociones revoloteando a su alrededor,
ardientes y estimulantes, gritando una llamada que no tenía
esperanzas de entender. Estaba mal preparada y lo percibía
agudamente. Siena era una criatura de instintos, pero también una
de completo control corporal. Hasta ese momento, habría jurado que
no había parte de su ser que le fuera totalmente extraña. Esa era la
única manera en que podría ser para cualquier ser que alterara su
forma y naturaleza de lo que era con la simple voluntad de su
mente. Aún así, no había ningún control en este momento, y su ser
entero era ahora un gran desconocido. Primero se enrojeció y
después se enfrió. Estaba aterrada pero ansiosa. Rezumaba un
líquido calor y se bloqueó en un sólido estado de inconsciencia. Las
contradicciones batallaron de dentro hacia fuera y se sintió salvaje,
deliciosamente fuera de todo control.

El guerrero sintió el corazón de la hembra palpitando como un loco
bajo él, la sensación causó que curvara un lado de sus labios
mientras descendía la mirada hacia a ella. Estaba excitada, podía
olerlo, sentirlo y oírlo. Era consciente de cómo reaccionaba a esta
delicadeza entrelazada con su cuerpo. Estaba totalmente excitado
contra ella; su piel caliente, tan suave y lisa como un espeso satín, lo
acunaba. Sintió un temblor reverberar a través de ella y fue
presionado con el impulso de frotarse encima contra su cuerpo
flexible. No le causó la impresión de que estaba todavía débil y
herido. Su mente era poco más que un furor de endorfinas,
incitando en ese momento. Estaba ciego a todo excepto a las
sensaciones y los deseos de sus pensamientos instintivos.

Elijah no era extraño a las mujeres, de hecho las disfrutaba
inmensamente, pero esto era algo bastante notable. Nunca había
reaccionado con tanta fuerza, tan rápidamente, a una mujer antes.
Excepto, quizás, en otro tiempo. Pero se había negado a reconocerlo
entonces por lo que era, excusándolo como parte del calor de la
batalla. Había sido la atracción de las criaturas que, a pesar de que
eran especies completamente diferentes, se unieron por el hilo
común de un guerrero apreciando las dinámicas habilidades y
fluidez de batalla, una sobre otra. Aparte de eso, la idea misma
había sido completamente horrorosa, porque la mujer en cuestión
había sido…
Fue entonces cuando el reconocimiento finalmente se fijó.

Los ojos de Elijah se pusieron pálidos, tal como el resto de él lo hizo,
mientras finalmente comprendía exactamente a quien era que
mantenía sujeta bajo su cuerpo. Por quién estaba sintiendo este
deseo atroz. Y quién era la que le estaba respondiendo con una
reciprocidad inconcebible de calor e interés.

—Siena —siseó, su mano finalmente dejando la garganta para
revelar el collar de oro y piedra lunar que usaba.

Elijah rodó lejos y fuera de la cama con un rápido movimiento que
terminó haciéndolo tambalearse mientras se ponía de pie. Al tiempo
que se movía, tiró una sábana de la cama para envolverla alrededor
de su cuerpo. No lo hacía por timidez, pero estaría maldito si
estuviera desnudo, excitado y vulnerable frente a cualquier mujer
Licántropo.

Especialmente la Reina.

El guerrero corrió una mano violenta a través de su pelo mientas
todo se colocaba por fin en el lugar adecuado en su conciencia. Miró
cautelosamente como la Reina se deslizaba hacia una posición
sentada, alisando su corta falda hasta una posición un tanto más
correcta. Entonces, muy casualmente, lo miró con esos ojos de oro
misterioso que siempre lo hacían sentir como si lo diseccionaran. Sin
duda porque su gente había hecho una abundante disección de
Demon durante los siglos mientras despiadadamente forzaban una
guerra genocida sobre su sociedad.

—¿Qué demonios está pasando aquí? —Demandó, incapaz de
ayudarse mientras que extendía el brazo para estabilizarse contra el
poste de la cama.

No respondió inmediatamente, prefirió colocarse de pie en un
movimiento flexible mientras los ojos de él la seguían. Se movió con
cuidado mientras llegaba a tomar las sábanas frescas de una pila
asentada en un cofre cercano. Sorprendentemente, se volvió de
espaldas a él y, de todas las cosas, comenzó a hacer la cama. Era una
inofensiva, cosa doméstica, y, por decir menos, era un acto
incongruente para una mujer que no sólo era realeza, sino uno de
los más despiadados combatientes que Elijah había tenido nunca el
placer de ver en el campo de batalla.

Ella finalmente terminó de arreglar la cama, sacudiendo las sábanas
que habían sido cubiertas con restos extraños, incluyendo, lo que
asumió era su propia sangre, en una esquina. Fue después de eso
cuando se giró para encararlo. Dobló sus brazos bajo sus pechos,
como si fuera un padre severo a punto de darle un decisivo sermón
sobre modales y comportamiento.

—Te lo explicaré una vez que regreses a la cama —le ofreció
generosamente.

— ¡No haré esa maldita cosa! —ladró Elijah, sus ojos destellando con
un fuego verde botella bastante indicativo de su cólera—.
Contéstame, mujer. Reina o no, no estoy por encima…

Elijah se cortó cuando fue golpeado por una ola de náuseas
terriblemente resistente a sus esfuerzos ante la represión mental y
física. Ella llegó a su lado antes de que supiera que se había movido,
insertándose bajo su brazo para darle apoyo.
—Te juro, guerrero, que si me haces cargarte una pulgada más
estaré bastante molesta —le advirtió, usando la considerable fuerza
de su pierna para propulsarlo hacia la cama.

Elijah no tuvo más remedio que seguir su liderazgo. Lo dirigió hacia
abajo con una suavidad sorprendente y una impresionante
demostración de fuerza física. Era bastante consciente que no era
ningún peso ligero, y, a pesar del hecho de que ella era unos buenos
doce centímetros más baja, se las arregló bien. Lo dejó yaciendo en
la cama, cubierto y acomodado en un santiamén. Inmediatamente
comenzó a sentirse mejor. Lo suficientemente bien como para
enrojecerse ante la comprensión de haber demostrado su debilidad
con ella.

—No te preocupes —le dijo con una sonrisa satisfecha de la que
podía haber prescindido—, no lo contaré.

Esto, por supuesto, lo trastornó incluso más. Maldita sea, lo cebaba a
propósito. Le respondió con áspero enojo en vez de la gratitud que
le habría dado a alguien más que le hubiera asistido de tal manera.
—Solamente contesta mi pregunta —soltó.

—Bien, para que lo sepas, estoy en el proceso de salvar tu vida —lo
dijo tranquilamente mientras se doblaba para recuperar un tazón
del piso.
Desapareció en la habitación de al lado antes que pudiera responder
a esa idea particularmente inconcebible, pero regresó momentos
después con un cuenco limpio. Llegó hasta el fuego y el olor de la
comida se espesó en el aire. Se incorporó, no estando dispuesto a
yacer ahí como alguna especie de inválido, usando una almohada
detrás de su hombro para ayudarlo a apoyarse ablandando la
prensa de su hombro herido contra la pared de piedra en su
espalda.

—No sería la primera vez —señaló secamente cuando le lanzó una
mirada mordaz.

El comentario reunió una serie de pistas deshilvanadas que flotaban
alrededor de su cabeza con un chasquido. Rápidamente comprendió
que se había escaldado la piel sobre uno de sus brazos, exactamente
la clase de quemadura que sería resultado de sopa caliente siendo
derramada encima. Lo que fue aún más preocupante es que
finalmente entendió que ella había sostenido exactamente ese tazón
cuando de repente la había agarrado.

Inmediatamente la escaneó por las quemaduras, y por primera vez
notó que ambos muslos estaban escaldados en un brillante rojo.
Esto, comprendió, explicaba por qué su vestido estaba húmedo.
Había hecho que lo quemara no sólo a él, sino a ella misma. Una
respuesta, estaba comprendiendo, inmerecida de alguien quien se
daba cuenta estaba intentando cuidarlo.

Elijah tomó el tazón y lo dejó de lado. Sujetó su brazo antes de que
pudiera alejarlo, sosteniéndola fuerte cuando se habría retirado. Su
mano libre retiró un par de pulgadas el material de su vestido,
exponiendo las ampollas que rápidamente se formaban. Ella intentó
apartar su mano, retirarse, pero no la dejaría. Era consciente que la
sostenía con su brazo herido y podría escaparse limpiamente si sólo
aplicara un poco de fuerza, pero estaba claramente indispuesta a
hacer más daño del que ya se había hecho pocos minutos atrás.

De repente, Elijah se sintió como un enorme idiota. Nada era tan
vergonzoso como la claridad de un momento así, y se reflejaba en
sus ojos con toda claridad.

—No importa —insistió, tratando de empujar su mano lejos una vez
más.

—Siena...

—No —le mandó bruscamente—. No te sientas del todo culpable,
guerrero. Soy consciente de que no era tu intención. Necesitas
alimento. Si deseas hacerme sentir mejor resistirás mis habilidades
culinarias y tomarás algo de sopa. Tengo que enfriar las
quemaduras y bañarme. La piscina mineral en la habitación de al
lado las ayudará a sanar más rápidamente. Ambos sanamos
rápidamente, como sabes, por lo que esto es una pérdida de tu
energía.
—Es una forma terrible de agradecerte que salvaras mi vida. Ahora
recuerdo lo que estaba sucediendo. Ese grito... eras tú.
—Pensé que sería contraproducente para mi duro trabajo de ofrecer
acercamientos pacíficos a tu Rey si de repente fueras encontrado
muerto en uno de mis territorios. Créeme, mis motivaciones fueron
muy egoístas. Como probablemente esperabas.

Ella finalmente se había liberado, alejándose de él y saliendo de la
habitación rápidamente. La vio caminar pasando la chimenea en el
otro lado un par de veces antes de que se retirara a un lugar a cierta
distancia.

Sintiéndose como un completo bárbaro, calmó su mente a la
consecución de lo que había solicitado de él. Terminó todo el tazón
de sopa en el momento en que escuchó su regreso a la sala justo las
afueras de la puerta. El único sonido que realmente hizo era el
repiqueteo de plantas desnudas sobre la piedra. Aun así, caminaba
muy ligeramente para una mujer que podría ser considerada de
proporciones Amazonas. Pasó poco tiempo antes de que entrara en
la habitación para recuperar el cuenco y tomar una escoba de sauce
para los desechos remanentes de la comida derramada que estaban
en el suelo. Permaneció muy bien fuera de su alcance esta vez,
excepcionalmente silenciosa mientras trabajaba.

Mientras la miraba en silencio similar, Elijah se vio obligado a
recordar la primera vez que la había visto. Había sido en la casa de
Kane inmediatamente después de que la compañera de Kane,
Corrine, hubiera sido abducida. Había sido allí donde habían
llegado a entender por primera vez que Ruth podía ser una
potencial traidora a la raza Demon.

Habían sido las fuentes de Siena las que los habían dirigido a la
verdad de ese asunto en particular. Pero como parecía ser su
repentino hábito alrededor de ella, había sido hostil en vez de ser
agradecido. Una vez más, había sido una desgracia de orgullo lo que
había instigado su comportamiento. Había estado muy irritado
porque ella fuera capaz de desenterrar la traición donde no la había.
Irritado y avergonzado. No importaba que estuviera mejor equipada
para obtener esa información desde el inicio, sólo importaba que
había sido la que le dijo a su Rey lo mal había hecho su trabajo,
independientemente de lo inintencionado que pudiera haber sido.

Encima de eso, no había sido capaz de quitar sus ojos de ella. Era
una criatura impresionante, una belleza que uno no podía menos
que admitir siendo imparcial, incluso si era una Licántropo. Eso
decía mucho, en la mente de Elijah. Sabía muy bien lo que tres siglos
de guerra habían hecho a su perspectiva acerca de su especie. Estaba
predispuesto, enojado, e implacablemente imperdonable. Por lo
tanto, para él, mostrar cualquier apreciación a cualquiera de ellos
por cualquier razón no era nada excepto un milagro. Un milagro, y
una verdad total. Las mujeres Demon eran criaturas muy hermosas,
dentro y fuera, y había algunas que eran cegadoramente atractivas,
pero ninguna que hubiera visto podía eclipsar a la Reina Licántropo.
Era dorada, luminiscente, y se mantenía con todo el orgullo y la
dignidad obstinada de su raza. No tenía absolutamente ningún
derecho de ser atraído a ella a cualquier nivel, no importa la
ferocidad con lo había experimentado. Había girado aquellos
enormes ojos sobre él, encontrando sus apreciaciones con un aire
indiferente, y Elijah había sentido como si le hubieran robado el
aliento mismo de su cuerpo con solamente una simple y resuelta
mirada.

Esto había empeorado el día que había unido sus fuerzas en la
batalla contra el ataque de asesinos humanos en la Batalla de
Beltane. Había visto Licántropos en la batalla incontables veces, pero
ninguna vez había visto nada como ella. Era una cazadora pura
sangre, una guerrera de velocidad notable y belleza mortal. Era tan
despiadada como él lo era, eficiente una vez que su mente estaba fija
a su objetivo. No vaciló o huyó de la matanza. De hecho, se deleitó
con ello. Y sí que lo hizo. Los nigromantes habían merecido su
destino. Habían dañado y habían destruido inocentes, algunos de
ellos de su propia gente, y la venganza era el único castigo
aceptable.

Elijah recordó oler la esencia de la caza en ella, la sangre de su presa,
y la adrenalina de su victoria. Recordó el momento vívidamente
porque nunca había conocido una reacción de excitación tan rápida
y dura como la que tenía en aquel singular instante, increíble. Su
sangre había estado intensa y caliente, la lujuria y el placer de la
justicia lo montaban como una perversa amante, y luego aquellos
ojos dorados de una mujer guerrera frescos de las gargantas de sus
víctimas habían pasado rozando por su cuerpo como el toque de
una sirena. Era como si sus manos hubieran recorrido su carne
desnuda, determinadas, expertas y tan valientes como cuando
cazaba algo más.

Entonces le había hablado, completamente inconsciente de cómo lo
había afectado, y hecho una declaración que lo había atormentado
casi día y noche durante los meses desde que lo había pronunciado.

Había hablado brevemente de su desconfianza de ella, una reacción
de reflejo rotular a la confusión que palpitaba por su mente, y había
respondido.

-Yo pensaría que eres un completo idiota si no dudaras de mí, guerrero. En
cambio, estoy obligada a respetar tu inteligencia poco común. Ahora, ¿qué
supones que debería hacer?

Con aquellas palabras había probado ser la mejor persona. Mientras
él agarraba sus prejuicios y hostilidades dentro del corazón, ella una
vez más había dejado sus ideas de paz y un deseo de respetarlo
exactamente por lo que era. Lo había humillado humillándose, y no
podía olvidarlo.

Lo había avergonzado, enfadado, excitado, y confundido, un diluvio
de emociones tan poderosas que no las reconoció como propias al
principio. Esto había sido exactamente lo mismo hace menos de una
hora. Se lo había hecho una vez más, pero esta vez había estado en
desventaja. En su confusión y debilidad en ese momento cuando
había estado bajo él, oh, tan hermosa y tan increíblemente
exuberante, Elijah le había permitido ver lo que había pasado estos
tantos meses escondiendo de todos, incluyéndose.

Siena era una criatura audaz, segura de sí misma a un fallo y casi
arrogante en su actitud hacia las cosas que habrían dado a alguien
más una dosis sana de miedo. Nunca tuvo que cuestionarse a
posteriori, y seguramente no lo mostraría si lo hiciera. Así que su
silencio después de su tratamiento cruel lo inquietaba a niveles muy
profundos. No se la imaginaba enfurruñándose de alguna manera
coqueta, de modo femenino, los modos que le habían hecho fácil
desechar algunos de sus pasados conocidos femeninos.

No.

Esto era el silencio de un depredador femenino que nutría un
orgullo propio, tratando por todo lo que valía el recordarse el gran
propósito al que servía así que no cedería ante un impulso de
romper su tonto cuello. Fue forzado a recordar el autocontrol que
había usado mientras él había tenido su mano envuelta alrededor de
su suave, garganta vulnerable. Incluso no había hecho un sonido
cuando sin querer la había quemado.

Elijah sabía que era famoso en su pueblo como el legendario asesino
de hombres, mujeres y niños. Por supuesto, la peor de las historias
era bastante exagerada, como ocurría en el caso de las diferentes
perspectivas de una guerra. Pero para ella estar tan quieta, tan
tranquila, cuando tenía la mano ganadora. Resistiéndose a cada
instinto se dio cuenta debía haber estado gritándole, tratando de
obligarla a protegerse a sí misma, golpear de vuelta, tuvo que haber
sido un acto de notable fuerza interior. Y uno de total devoción a la
causa de paz a la que parecía servir tan firmemente.

Elijah se frotó el dolor en su pecho en curación, mientras
reflexionaba esa pieza de información. No era indiferente a mujeres
poderosas, pero esta era una excepción. Desconcertante también.
Supuestamente no pensaba de esta manera sobre ella. Para
respetarla de cualquier otra manera que como un digno oponente
era un pasatiempo peligroso. Ella podría ser su enemiga mañana.
Los Licántropos elegían a sus amigos y enemigos así de rápido, y al
azar. Un día de guerra, el próximo la paz, entonces vacilación de
vuelta a la guerra brutal.

El guerrero sintió los bordes de la gruesa venda que sellaba la
herida en su pecho y miró hacia abajo. Inmediatamente sus latidos
se aceleraron cuando vio el indicador del bucle de pelo que le estaba
ayudando a sanar. Cuando disparó su mirada de nuevo a ella, lo
estaba buscando con una resignada expectación.
—¿Qué has hecho? —Preguntó roncamente, su cuerpo temblando
con la indignación creciente a través de él tan violentamente, tan de
repente.

—No tenía elección, guerrero. Lo siento, pero no me arrepiento por
salvarte la vida. Al menos, no todavía —le dedicó otra de esas
picantes sonrisas, sus ojos dorados parpadeando con desafiante
diversión.

—No encuentro gracia alguna en todo esto —dijo oscuramente—.
¡Me has manchado con tú sangre!

—Te he curado con eso —respondió afiladamente, sus manos
enroscándose en ofendidos puños—. ¡Tú y tus estrechas ideas!
¡Agradece a la Diosa que Noah tuvo el sentido de enviar a Gideon a
enseñarme tus costumbres, guerrero, porque si te hubiera enviado te
habría ejecutado la segunda mañana! Mi sangre no está más o
menos contaminada de lo que está la tuya, Demon. Aunque estoy
segura de que puedo mostrar, al igual que muchos cabezotas, gente
prejuiciosa de mi propia especie que dirían que la tuya está
totalmente enferma. Había esperado que fueras ligeramente más
inteligente que esos supersticiosos simplones —parecía estar
riéndose de él incluso en resignación sobre su carácter—. ¿Estás
envenenado? ¿Podrido al menos? ¿Hay partes de ti que no eran
peludas antes de que se convirtieran de repente? —Una vez más, esa
torsión de sus labios, recordándole que había tomado una cuenta
bastante detallada de todo su cuerpo durante su estado
inconsciente—. Confía en mí, Demon, no eres más o menos animal
de lo que eras cuando esto se inició.

Con aquel insulto velado, se marchó del cuarto con su escoba. La
oyó jurar suavemente en un dialecto ruso mientras se iba, siendo
dudosamente educada se aseguró de que agregaba unos en su
propia lengua antigua así entonces estaría completamente seguro de
entender su significado.

Esto hizo que sus oídos ardieran con la vergüenza renovada. ¿No
acababa de decirse que dejaría de ser un asno ingrato? Sin embargo,
de alguna manera había logrado hacer la misma cosa exacta una vez
más. Y esta vez ella no lo había dejado pasar, su cuidadosa paciencia
de pronto encontró un final.

¿Y por qué demonios esto lo molestaba tanto?
CAPÍTULO 3



    De nuevo la noche se convirtió en día, y la gruñona enfermera
de Elijah desapareció, sin duda para dormir algo. Mientras tanto, él
no había hecho mucho más que dormir. Ahora, situado lejos de,
incluso, el más pequeño toque de luz de sol, se encontró a sí mismo
totalmente despierto. Se estaba sintiendo más fuerte con cada hora
que pasaba, y con cada tazón aromático de sopa que le daba. Incluso
había empezado a alimentarle con guisado espeso de conejo.
    Le sorprendió el percatarse de que la Reina no era inexperta
ante el fuego. Uno pensaría que esas habilidades estaban por debajo
de la realeza, pero aparentemente no. Le recordó a Noah. El Rey se
presentaba con poca ceremonia y estaba más que dispuesto a servir
a sus invitados él mismo.
     Elijah apartó persistentemente a un lado la comparación. No
quería encontrar más similitudes entre ella, y cualquier persona que
él respetara. Ya estaba teniendo suficientes problemas, como para
ponerse a reflexionar sobre cualquier otro.
    Había sido mucho más fácil sólo odiarla ciegamente, y destruir
a todos los de esa raza.
     Aún así, al regresar a llenar su tazón vacío, Elijah había
alcanzado a sostenerle el brazo. Ella le lanzó una oscura mirada,
levantando una afilada ceja en señal de curiosidad. Sin palabras,
había alcanzado el dobladillo del minivestido negro de seda que
llevaba ahora, deslizando la tela suelta hacia arriba un poco para
examinar las piernas dañadas, mientras ella le aseguraba que había
sanado igual de rápido que él. La piel se había puesto de un suave
color rosado, el color de una renovada piel sana.
     Satisfecho, la soltó. Cuando la miró de nuevo, parecía perpleja,
el sardónico levantamiento de ceja había desaparecido. Pero no dijo
una palabra mientras se giraba para entrar en la otra habitación.
Más tarde, Elijah estaba harto de estar acostado en cama tantas
horas. No tenía compañía porque ella se mantenía a distancia y
estaba profundamente aburrido. Haciendo la cuenta, debería estar
durmiendo ruidosamente durante las horas de luz, pero en este
momento ya había dormido lo suficiente. El guerrero encontró una
toalla bajo el montón de sábanas cercano y la envolvió alrededor de
las caderas, ya que fue incapaz de encontrar su ropa. Caminó fuera
de la habitación descalzo, por costumbre haciendo tan poco ruido
como hacía ella.
     Se encontró en el centro de un salón espartano pero de buen
gusto. Tenía todo lo que era necesario, nada más y nada menos, y
todo estaba bien colocado dentro del ambiente. Se fijó en el
confortable sillón cercano con una marca peculiar. Sin duda, ahí era
donde ella había estado durmiendo, pero no se encontraba ahí en el
momento. Siempre había pensado que los Licántropos estaban tan
intensamente afectados por las horas diurnas como cualquier otro
Nightwalker, así que le sorprendió que no estuviera mortalmente
dormida. Una vez más, tampoco estaba actuando exactamente igual
a la maldición de su especie.
     Un viento gentil sopló en la habitación y levantó la cabeza
instantáneamente para poder tomar una profunda inspiración.
     Todos los Demons tenían una conexión innata con el elemento
base de donde provenían sus habilidades. Él era del Viento y todas
sus propiedades, las temperaturas y formulas volátiles estaban a su
servicio y diversión. El viento le llenaba hasta la última célula de su
ser. Llamándole con una necesidad que casi no tenía igual. Y con la
fresca y limpia esencia de ese susurro soplando a su alrededor,
Elijah se percató que había estado encerrado por mucho tiempo.
     Con el pensamiento, Elijah siguió la brisa hacia su fuente. Se
deslizó en los recovecos de la caverna, entonces subió la pendiente
del suelo con mayor expectación. Estaba tan concentrado en la meta
que le llevó un minuto entero percatarse de que se estaba
aproximando a un lago de agua dentro de la cueva, y que de pie en
el centro del mismo, cubierta hasta las caderas con el líquido, estaba
su caprichosa enfermera Licántropo.
    Elijah se detuvo bruscamente en su carrera, todo el cuerpo
tensándose desde la cabeza hasta los pies, con una mezcla de
sorpresa y brutal consciencia sexual que le inspiraba fuertemente
dentro de él. La Reina le daba la espalda, la larga y hermosa línea de
la columna expuesta grácilmente, mientras se inclinaba hacia
delante para deslizar el cabello a través del agua que estaba usando
para lavarlo. El agua se deslizó fluctuante desde la cola de caballo,
fijando su atención inmediata en la atractiva curva femenina de la
cadera uniéndose en el voluptuoso trasero. La piel brillante con
agua, ambas, la real y la reflejada, cientos de gotas líquidas
deslizándose hacia abajo, uniéndose a la superficie del lago. Con el
cabello hacia delante para lavarlo, la larga y arqueada columna
estaba expuesta, una paleta de perfecta piel dorada. Estaba formada
como una escultura representando el epítome de la femineidad;
fuerte, curvada y espléndida, con la impresión de fertilidad.
     Elijah olvidó completamente hacia dónde se dirigía, los dedos
curvados en puños en reflejo del inexplicable deseo que
instantáneamente se remolineó en su cuerpo. Debería apartar la
mirada, girarse, correr. Debería haber hecho miles de cosas, salvo
permanecer ahí, quedándose embobado como un adolescente que
nunca antes había visto una mujer desnuda. A pesar de la brisa
inicial que había seguido al levantarse, se sentía como si no hubiera
una onza de oxígeno en la habitación. No podía explicar, o
controlar, el efecto que ella tenía en él. Todo lo que podía hacer era
luchar para respirar y continuar viendo cada increíble movimiento
de la sirena en el agua mientras ese cuerpo perfecto cantaba su
atractiva y seductora canción.
      Un segundo después, se percató de que incluso el viento le
había traicionado. Pasó apenas rozando el húmedo cuerpo, lleno del
frío de Octubre y observó como recorría la delicada piel creando
olas que la erizaban. Bajó por los hombros, a lo largo de la femenina
curva de la espalda, hasta que se extendió sobre el trasero y alcanzó
la línea de agua.
     Siena se volvió ligeramente, volviendo el pesado cabello,
formando un arco de brillante agua hacia arriba en el aire, donde
casi tocó las estalactitas que descendían del techo de la caverna
sobre ella. Después se giró un poco, la mano recorriendo un camino
juguetón sobre la superficie del agua, los pechos meciéndose
gentilmente con el movimiento del brazo que estaba en contacto. El
último vestigio de oxígeno escapó del cuerpo de Elijah, mientras se
le oscurecían los ojos al ver ese cuerpo desnudo. La condición
muscular de Siena debería haber hecho que algunas hembras
parecieran masculinas, pero la suavidad de la curva entre las
caderas y cintura; y de la cintura hasta la caja torácica, subiendo
para terminar en unos perfectos y exuberantes senos, hablaban de
una criatura que estaba hecha para ser la más prístina y atrayente,
para cualquier macho con un par de ojos en la cabeza.
     La mirada de Elijah fue atraída por la oscura definición de los
pezones, un suave rosa y bronce acentuado por el color dorado de la
piel. Estaban fruncidos en un atractivo pico por la temperatura fría
del agua y del aire, el arremolinante efecto en la piel erizada que
subía sobre ambos pechos. En la parte externa de esos hermosos
picos, la piel estaba inmaculada y mostrando cada centímetro de
suave satén, suave como él sabía que era. Era increíblemente
perfecta, tan bien formada y tan hermosa que tenía el poder de parar
literalmente su corazón. Le dolía el pecho con la sensación, pero no
tanto como lo hacía la repentina y cegadora urgencia de unirse a
ella. Podía olerla, sentirla, mientras cada vello del cuerpo se ponía
erecto, haciéndolo sentir como si su propia piel estuviera
alcanzándola. Cada sentido y herramienta natural para sentir
demandaban más contacto.


     En el agua, la Reina Licántropo se quedó quieta de repente. La
cabeza llena de un sentido de conciencia, la nariz moviéndose
mientras olisqueaba el aire para identificar qué era exactamente lo
que había empezado a intuir, que no coincidiría en otros niveles.
Siena apenas había identificado el familiar aroma de almizcle
masculino, cuando escuchó el abrupto sonido del agua salpicando
tras ella.
    Se volvió justo a tiempo para girar dentro de los brazos del
guerrero.
     Siena jadeó mientras Elijah la arrastraba contra su cuerpo con
un poderoso brazo, tomándola del cabello con la mano opuesta. Esa
boca estuvo contra la suya inmediatamente, sin darle tiempo de
anticiparse o reaccionar. Habiendo tenido una vida de protección
privilegiada, y marcada reserva cuando se trataba de cualquier tipo
de contacto físico, Siena nunca había sido tomada de tal manera.
Nadie con una onza de sentido común se habría atrevido a hacer tal
cosa. Su reacción inicial debió haber sido algo parecido a lo que
definidamente sería una violenta bofetada.
     En lugar de eso, fue la gran sorpresa la que causó que
inadvertidamente aceptara ese beso. El guerrero era demandante,
sólo un poco menos que brutal, y mostrando cada sentimiento que
le había inundado, durante los momentos en que la había
observado. Siena volvió a la vida un instante después, tratando
finalmente de empujarle, las manos se dirigieron hacia la enorme
pared de ese pecho. Pero sintió el bulto del vendaje que todavía
permanecía sobre la más severa de las heridas e, instintivamente,
resistió hacer cualquier presión que podría potencialmente reabrir la
carne en curación. Incluso para salvarse a sí misma, por alguna
razón, Siena no podía soportar el pensamiento de hacerle daño. En
general no era una criatura noble y, ciertamente, no lo era cuando se
sentía amenazada. Por tanto, el impulso de protegerle la dejó
desconcertada y desorientada.
    Al tiempo que había terminado de frenar el impulso de escapar
y pelear con esos sentimientos confusos, fue inundada por miles de
otras sensaciones y emociones.
    Todas ellas estaban centradas alrededor del calor.
    Tan impresionante y delicioso calor. Calor de ese cuerpo
quemando la fuerza y formándose dentro de ella, como si fuera una
suave masilla pensada para grabar la marca de esa figura en la
memoria de su propia forma. Eran como un rompecabezas. Dos
piezas cortadas aparte, pero hechas siempre para ser perfectamente
reunidas en un futuro. Permanecían juntos como un flujo de la
naturaleza, muslo con muslo, vientre con vientre, pecho con pecho.
Incluso el agua corriendo bajo la suave piel no podía entrar en ese
perfecto sello. Había calor de ese cuerpo quemando dentro del suyo,
quemando en lugares donde nunca antes lo había sentido tan
intenso. La sensación era tan desconcertante mientras le recorría el
cuerpo entero, incluso en las partes más extrañas como la espalda,
bajo los brazos y la planta de los pies, que la hizo estremecerse con
cosquillas.
    Sin embargo, no podía reír por eso. Estaba demasiado
encadenada por ese beso para incluso considerarlo. Su boca era
como un demandante incendio húmedo, la aterciopelada lengua
atravesando los dientes, exigiendo reciprocidad, dejando más llamas
deslizándose debido al movimiento. ¿Había pensado alguna vez que
los labios de Elijah eran casi femeninos? Él no era sino masculino, la
forma de esos labios habilidosos y agresivos y muy, muy
masculinos en sabor y fuerza. Él estaba bebiendo de su boca en
largos y satisfactorios peregrinajes, hasta que Siena apenas podía
tomar aliento. Sentía que su cuerpo se doblaba hacia atrás. Estaba
siendo sostenida tan estrechamente, que su cuerpo se forzaba a
encajar en la agresiva unión de ese abrazo. El cabello atravesando el
agua, las puntas retrocediendo por el contraste entre el frío agua y
todo ese calor. El mismo frío que había estado disfrutando hacía
algunos segundos.
     Elijah no sabía qué era lo que le impulsaba a hacer lo que estaba
haciendo, y por ese momento de gozo no le importaba. Esa dulce
boca, el femenino cuerpo, el calor incrementándose; todo los
completaba con inexplicable precisión. Ella al principio estuvo
pasiva por la sorpresa, pero eso se desvaneció rápidamente mientras
los sentidos y sensualidad se despertaban en atención embelesada
por sus acciones. Era sólo cuestión de un minuto antes de que los
largos y delgados dedos estuvieran serpenteando profundamente en
su cabello, creándole escalofríos de reconocimiento erótico por la
columna mientras ella se sostenía a él por la boca y comenzaba su
propia agresiva búsqueda.
     La lengua de Siena se deslizó sobre la suya, lamiéndole las
papilas gustativas y dentro de la boca con una femenina demanda
abrasiva. Sólo era tan curiosa y dominante en su naturaleza, como
él. El guerrero gruñó mientras el dulce y erótico sabor llenaba sus
sentidos, la atrevida, serpenteante lengua tensando cada nervio de
su cuerpo, hacia una forzada claridad de sensación. Sabía a canela y
miel, especiada y dulce. Era una golosina de sabor y sensación que
no podía recordar haberla conocido antes o, siquiera, imaginarse
volver a sentirla. Ella hizo un pequeño sonido, después otro
agresivo que sonaba como un gruñido y se extendía sobre sus
labios. Lo que ese simple sonido hizo en su cuerpo fue puramente
indescriptible. Como hierro derretido quemó a través de él,
abrasándole, una agonía, un calor de dolor y placer que endureció
cada músculo, cada plano de su cuerpo.
Súbitamente las manos de Elijah estuvieron rodeando su rostro,
tomándolo entre las palmas mientras la apartaba de la boca. Le llevó
un minuto entero percatarse de la separación, la delicia de esa boca
imposible de apartar, parecía, como si fuera parte de sí mismo. Las
bocas brillaban por el apasionado intercambio de sabores, cada uno
ahora residiendo en el sentido del gusto del otro, por lo que
pareciera una eternidad. Cuando finalmente pudo mirarla a la cara,
el sonido de la rápida respiración y observar la sonrojada piel era
increíble. Pero no eran nada comparado con el dorado deseo líquido
en los ojos dilatados. Nunca le había mirado de la manera en la que
lo estaba haciendo en ese momento, podría haberse convencido de
que estaba preparado para separarse de ella. Fue una autodecepción
sin importar cómo se viera, sin embargo, su cuerpo estaba
totalmente rígido por los deseos opuestos, y ninguno de ellos
intentaba ir en cualquier dirección que no fuera hacia ella.
     Permanecieron separados del todo durante unos cuantos latidos
de corazón, después la arrastró de nuevo contra su boca y dentro de
los dominantes planos del duro cuerpo, igual a lo que hizo ella
mientras le acercaba más para atraparle con sus propias
necesidades. Lanzó uno de aquellos sonidos primitivos que hicieron
que su sangre hirviera en las venas, amasando con las manos su
flexible trasero para sellarla a él tan fuerte como la lamida de una
lengua sella un sobre.
     Elijah la sintió en tantos niveles. Su cuerpo, tan lozano y
despierto, apretado fuerte contra él hasta que pudo sentir cada
curva, cada latido de corazón y cada suspiro del pecho mientras se
esforzaba por respirar. Sus ojos estaban totalmente abiertos,
descarados y valientes e hipnotizantes cuando se enfocaron sobre él.
Nunca había comprendido lo excitante y cautivador que podría ser
algo tan simple. Ella era la forma de arte más pura de coraje,
claramente cubierta por el temor y el placer, mientras absorbía su
gusto, olor, y la presión del cuerpo urgente, endurecido. Las yemas
de los dedos se deslizaban sedosamente con elegancia sobre la
longitud de la espalda, alrededor de los hombros, hasta el borde de
la toalla colgada alrededor de las caderas. El viaje de vuelta por
encima de la espalda le saturó de sensaciones, y un eje de calor le
sobrecogió brutalmente bajo el vientre, hacia la ingle.
    Elijah apartó la boca, jadeando con tanta fuerza como ella,
rompiendo aquel momento, pero entonces fue arrastrada contra su
cuerpo por sus manos, su rodilla, enganchándose sobre su cadera en
agresión sensual, su magullada y hermosa boca ya abierta para él,
entendiendo que ella no estaba de ánimo para tolerar sus duda, si él
en realidad, tuviera alguna más.
    Iba más allá del hecho que ella sabía tan bien, tan dulce. Era
como si con audacia acariciara y jugara con él. Era la manera en que
su esencia parecía marcarse sobre él. También entendió claramente
que era exactamente igual para ella. De algún modo, él era tan
perfecto para Siena, como ella era perfecta para él. De todas aquellas
maneras, y en muchas, muchas más.
     Elijah devastó esa boca llena, como un hombre sediento de
aliento después de casi ahogarse. Tomó todo su beso
profundamente dentro de él, sintiéndolo quemarse a través de su
cuerpo, como un reguero de pólvora.
    Era completamente una locura.
     Siena debería haber sido la última mujer sobre la tierra que
debería tocar. Debería haber sacudido el infierno sangriento en él,
como sabía que podría. En cambio, había penetrado en el fuego
dispuesta, su ardor lamiendo sobre y a través de él, hasta que pensó
que se convertiría en cenizas en sus manos. Cenizas que ella podría
soplar con el más dulce aliento de canela. Elijah aprendió a sentir un
completamente nuevo nivel de excitación. Estaba duro y pesado con
ello, la sensación, una demanda furiosa que no soportaría ninguna
negación, ningún rechazo. Sintió el mensaje urgentemente. Había
sólo una manera de ser satisfecho, sólo una mujer que podría
lograrlo, un sólo refugio que sería su hogar en la atribulada hambre
que le desgarraba. Elijah sabía que ella estaba consciente del estado
de su apetito. Se movía como líquida necesidad de sí misma,
frotando el cuerpo contra su erguida sugerencia. Le recordó su
desnudez, la caliente cercanía, qué fácil sería hacer que ninguna
barrera entre ellos le impidiera encontrar su cielo profundo, oh, tan
profundo dentro de ella.
    Elijah podía sentir el cabello rizándose contra la muñeca y
antebrazo, las eróticas y vivas hebras acariciándole como miles de
pequeñas manos. Sus manos estaban deslizándose sobre la
superficie del pecho, los hombros... bajo la espalda y sobre los
músculos del trasero. La caricia le hizo estremecerse contra ella, y
sintió los sonidos de satisfacción vibrando en la boca. Ella deslizó
esos dedos curiosos bajo las piernas, luego regresó sobre el trasero,
esta vez bajo la pesada carga de la húmeda toalla colgada tan
descuidadamente alrededor de las caderas.
     Esta vez sólo se escuchó un gruñido primario, acompañado de
un brusco movimiento. El guerrero rompió el beso y la levantó del
agua con un brazo alrededor de la cintura. Escuchó la pequeña y
delicada risa, una invitación puramente sexual. Ella envolvió sus
manos alrededor de la parte posterior de la cabeza, mientras que al
levantarla, acercaba el pecho a la altura de su boca.
    —Sí —dijo, la palabra en un siseo lleno de demanda y urgencia.
     Él sonrió débilmente con su propia satisfacción dominante,
antes de tocar con la lengua un rígido pezón. Ella echó la cabeza
hacia atrás, gritando con más fuerza, casi rogándole con los sonidos
necesitados y sus estremecimientos. Al final, Elijah dibujó el
encrespado pico del pezón con la calidez de la boca. El fuego
quemaba sobre la lengua, contra la piel, parpadeando entre ambos
cuerpos con una ráfaga exigente. Siena se arqueó salvajemente en
respuesta, mientras la lavaba y succionaba, los gemidos haciendo
eco en la caverna en una manera que satisfacía fieramente al animal
dentro de él. Era un Demon. Era elemental en la tierra en la que
ahora se refugiaba. Era el puro aliento de vida, cada jadeo de pasión,
cada gruñido de placer. Viento. Aliento. Tempestad. Todos ellos. Y
la hacía sentirle, sus pensamientos introduciéndose en un intento
casi violento, como la furia de una tormenta de la naturaleza.
     Los dedos se clavaban compulsivamente en su cabello,
apretando de una forma que podría haber sido dolorosa en otras
circunstancias, pero que sólo servía para profundizar la pasión
necesitada que flotaba tan violentamente entre ellos. Él la probó y la
acarició sin piedad o moderación, sosteniéndola contra sí mismo con
un solo brazo, para poder sentir el pecho opuesto moldeándose
contra su palma. El viento entró en la caverna, como si tratara de
apagar el fuego que había sido encendido dentro del lago. El cabello
de Siena se arremolinaba contra ambos, combinándose con el de él
mientras las largas y sueltas ondas flotaban hacia la exigente brisa.
    Siena estaba cegada por el placer de sus caricias y esa lengua
enviaba estremecimientos a través de su cerebro. La caverna se
sentía como si estuviera girando entera locamente a su alrededor.
¿Podría un toque verdaderamente provocar esta sensación? ¿Cómo
podría alguien aguantar tanto de ello, sin volverse completamente
loca? Si no lo estuviera experimentando de primera mano, no lo
podría haber creído. Incluso, se preguntaba si no había perdido la
cabeza por completo, si esto no era cierto, tal vez era solo una
hermosa y fantástica alucinación.
    Se sentía a sí misma deslizándose sobre su piel, la transpiración
que los unía los convertía en una sucia, mojada parte de carne y
humedad. De alguna manera, él se las arregló para sostenerla contra
sí mismo con la facilidad de su impresionante fuerza y, aún así,
hacerla sentir como si estuviera inundada de caricias, las hábiles
manos y su busca determinada la rodeaba tanto que, cada momento,
era una nueva experiencia de loco arrebatamiento, e irreprimibles
sonidos de placer.
     Las piernas de Siena se habían unido alrededor de su cintura y
Elijah podía sentir la humedad y el calor urgente del cuerpo
presionado debajo del ombligo. Captó la embriagadora y preciosa
esencia de ella, mientras la levantaba más, la boca en un desfile de
besos y lametones bajando por su esternón, hasta el estómago plano.
Estaba sobrecogido por su enorme deseo. La cabeza llena de las
necesidades de ambos. Lo que podía escuchar era casi como un
pensamiento, rogando por un certero toque de él, más presión de
esa succionante boca, la urgencia de sentirle íntimamente entre las
anhelantes piernas.
     Era demasiado para soportar y Elijah estaba urgentemente
necesitado de responder a eso. La giró completamente, levantándola
del agua para colocarla sobre su trasero en la orilla de la piscina. Ella
exhaló por la frialdad de la piedra, luego fuego, el toque de sus
manos mientras las conducía por la parte interna de las piernas,
sobre las caderas, cintura y senos para después revertir el patrón.
    Siena sintió como le sujetó la cadera, deslizándola hacia él sobre
el suelo resbaladizo. Los latidos de su corazón, una violenta
combinación de deseo y miedo natural. No había conocido la
intimidad como la que estaba experimentando en este momento. De
hecho, había pasado su vida evitando todo lo que pudiera incluso
remotamente llevar sus pensamientos a ese punto, nunca importaba
el cuerpo. No esperaba descubrir esto. Nunca había sospechado que
pudiera ser de esta manera. Su toque era enloquecedor, lleno de
intención, atacando el plano estómago, las caderas, a través de los
suaves rizos dorados que nunca, nunca habían conocido el toque de
un hombre.
     Él se dobló sobre ella, la mano presionada sobre la piedra para
soportar su peso suavemente, mientras su divina boca se deslizaba
sobre el ombligo, lamiendo, un suave rastro que hizo eco en la parte
donde había dejado la mano. Siena sintió la sedosa invasión de su
hábil dedo, acariciando, abriendo la carne femenina que apenas
podía entender porqué rogaba tanto por un toque. Lo escuchó
suspirar discordantemente contra su piel mientras buscaba
gentilmente… qué, no podía adivinarlo en ese glorioso momento.
Extrañamente, se imaginó que conocía sus pensamientos en ese
instante. Él estaba aturdido por su calor. Salvaje por saber cuan fácil
deslizó su caricia sobre la flexible y expectante carne. Siena soltó un
sollozo cuando su contacto evocó otra sensación no parecida a nada
que hubiera conocido antes. Era extraña y fuerte, profunda y ligera,
todas esas sensaciones a la vez. Pero sobre todo, era puro placer.
     Por ese único y atronador momento de nada sino sobrecogedora
conciencia, Siena entendió que deseaba a este poderoso hombre con
cada fibra de su ser. Deseaba sentir la presión de roca de su
musculoso cuerpo sobre el suyo, deseaba esculpir con las manos los
férreos tendones que había formado en siglos de batallas. Cada
instinto en ella gritaba que agarrara sus caderas, que le guiara hacia
arriba, hasta donde se quemaba tan perversamente por él. Las
piernas le dolían por acunarle; su vacío cuerpo sufría por él incluso
más. A pesar de que su cuerpo estaba mucho más adelantado, su
mente por fin comprendía lo que estaba pasando. Estaba a unos
momentos de distancia de un apareamiento que prometía ser mucho
más que nada de lo que hubiera imaginado, y sabía que nunca había
deseado nada más en toda su vida.
     Esa fue la misma conciencia que un momento después, la hizo
gritar con un sonido de puro e inalterado miedo. De repente el
pánico la sobrecogió, rompiendo a través de la neblina en la que se
había estancado desde que Elijah la tocó por primera vez. El terror
era virginal y primario, disparando cada instinto defensivo dentro
de ella. Antes de que Siena pudiera comprenderlo del todo, estaba
cambiando súbitamente a gata montés. Gritó con su miseria y dolor,
pareciendo el sonido de una mujer angustiada, terminando con el
gruñido de un jaguar atormentado.
     El guerrero Demon de repente se encontró a sí mismo tocando
suave piel y descansando en el centro de agudas y retráctiles garras.
Elijah dio un paso atrás con el repentino sentimiento de los tendones
felinos, su sorpresa explotando en una señal vocalizada tan alta
como el de ella, mientras se percataba de lo que había pasado. Cayó
hacia atrás en el agua fría mientras perdía el equilibrio, pero
resurgió rápidamente sacudiéndose el agua del pelo con un sólo y
agudo movimiento de manos y cabeza.
     La gata dorada se giró para ponerse de pie, las garras sonando
perturbadamente contra la suave superficie de piedra, mientras se
dirigía a una oscura esquina de la caverna, dejando marcas blancas
de arañazos en su huída. Elijah podía verla escondiéndose,
encorvada sobre sí misma, claramente aterrorizada en todos los
sentidos. La magnífica criatura temblaba de miedo con tal violencia
que no podía siquiera distinguir el movimiento de los bigotes.
     Colocó las manos en el suelo de piedra, sacudiendo la cabeza
mientras respiraba profundamente tratando de liberarse del subidón
sexual en el que había estado tan ciego, subidón que incluso su rudo
chapuzón en agua fría no le había aplacado. Estaba tratando de
forzarse a sí mismo, para razonar con ella y consigo mismo. Después
de un doloroso momento en agua fría, se enderezó para salir de la
poco profunda alberca, situándose sobre sus pies lentamente,
mientras mantenía la mirada en el fabuloso felino cuya piel estaba
erizada en todas direcciones, desde la nuca hasta la punta de la cola.
Ahora podía ver que sus bigotes estaban totalmente hacia atrás, las
orejas colocadas hacia atrás tan planas como era posible, los
enormes ojos abiertos y alerta, las pupilas ovales dilatadas en la
oscuridad de la esquina.
    Elijah deslizó una pensativa mano sobre el pelo húmedo de la
nuca, recordando todo lo que conocía sobre ella y su raza, al igual
que lo que pensaba que la había asustado. No estaba del todo seguro
acerca de lo último, sólo adivinando lo que había hecho que volviera
a sus cabales cuando él no lo había hecho. Pero su manera le dijo
que en este momento estaba más cerca de su instinto animal, que del
de mujer y, había sido la mejor elección del curso de la acción, o le
habría supuesto un brutal infierno pagar por eso.
     No había nada más mortal que un gato acorralado y él sería el
primero en admitir que no habría sobrevivido a un ataque en su
presente condición. Si la bestia incluso le atacaba en un ataque de
ira, iría justo sobre la reciente herida en el pecho, finalizando el
trabajo de desgarrar su corazón.
    Elijah cayó lentamente sobre una rodilla, todo olvidado excepto
el deseo de rectificar la situación del momento. Empezó a mirar
hacia abajo, a las patas, y no directamente a sus grandes ojos.
Agacharse le brindaba una invitación abierta para atacarle, pero
esperaba que su siguiente acción pudiera retrasar ese recurso.
     El guerrero parpadeó muy lentamente y bajó la cabeza en un
movimiento de sumisión. Se percató en ese doloroso instante que su
orgullo significaba muy poco a la vista de una criatura tan fiera
salida súbitamente de su coraje, su gracia y su hermoso espíritu. No
la había visto en todas las victorias del mundo y se sentía
desgraciado. Era una empatía de la que no se había dado cuenta se
sentía capaz, hasta ese mismo momento.
     Elijah no la estaba mirando directamente, así que tenía que
utilizar los otros sentidos para entender sus reacciones. Podía oler el
alto nivel de miedo, sentir en la piel la cautela, la picazón de
adrenalina. Podía escuchar su movimiento, incluso el más pequeño,
y hacía que el corazón le diera un vuelco de anticipación. Sus garras
arañaban la piedra mientras se colocaba sobre el vientre, el primer
movimiento de la danza que seguiría.
     La gata montés pasó un minuto en esa posición, simulando
estar relajada cuando en lugar de eso estaba bastante alerta. El
siguiente paso en el ritual sería cuando se pusiera a cuatro patas y
caminara lejos lentamente. Lo máximo que pretendía no era
importante, mientras más atrevida se volviera. Era una danza
peligrosa, por todas las posturas envueltas; el momento más mortal
seria cuando se colocara a distancia. Ella podría tomar la decisión de
cortar la cabeza de sus hombros con el filo de una poderosa garra, o
escoger una forma diferente de agresión para colocarle en su lugar.
Para cuando llegó tan cerca de él, Elijah estaba cubierto de sudor y
luchando contra la seria fatiga. El ritual había tomado mucho de un
hombre aún convaleciente. Pero aún así no se rindió, deseando con
cada fibra de su ser reparar cualquier cosa que hubiera sido causada
por su comportamiento irreflexivo.
     La leona de montaña estaba ahora tan cerca, que podía sentir la
calidez de su aliento y ver el brillo del collar por la esquina de un
ojo. Ella extendió una pata en un tentativo acercamiento. Las garras
estaban retraídas, lo que significaba un calmante indicio. Aún así, él
no podía moverse. No había terminado de juzgarle.
     Ella saltó tan repentinamente que Elijah se tensó
involuntariamente. Le tomó cada onza de control que poseía no
protegerse a sí mismo, en su lugar, se enzarzó con ella mientras las
poderosas mandíbulas se clavaban en su cuello. El pecho pesado
con su aliento entrecortado, pero le dejó continuar. Todo lo que
necesitaba era apretar su agarre unos milímetros, y pincharía la
arteria carótida o le rompería el cuello.
     Pero el agarre era sólo para mandar un mensaje. Este era su
territorio y ella estaba a cargo. No debería asustarla de nuevo, el
agarre le comunicaba que si no lo hacía, el mordisco que tenía en el
cuello no sería tan inocente la próxima vez.
     Siena lo soltó después de un largo minuto, sentándose sobre las
patas posteriores, mientras las pupilas se redondeaban de nuevo. El
gran gato asintió y empezó a cambiar hacia mujer una vez más.
Elijah se sentó lentamente, una vez que cambió completamente.
Siena continuó sentada con las piernas cruzadas ante él, quien
estaba en sus cuatro, mirándole cautelosamente. El cabello estaba a
su alrededor protectoramente, rodeando el cuerpo desnudo en un
gesto defensivo. Eso le molestó porque sabía que los Licántropos
eran rara vez tímidos, al estar a su alrededor desnudos. La idea que
la había aterrorizado, tanto al grado de pensarse dos veces su
costumbre, no le sentó bien al estómago. No la culpaba a ella, sin
embargo.
     Siena miró al Demon con los ojos muy abiertos y cautelosos,
tratando de que todo lo que estaba sintiendo tuviera sentido. Él
finalmente encontró su mirada, pero permaneció tan silencioso
como una tumba. Los ojos eran una combinación de varios tonos de
verde, el caos de color que reflejaba lo que estaba sintiendo.
    ¿Cómo había permitido que pasara esto? ¿Por qué sucedió? Los
Demons y los Licántropos eran tan diferentes como los perros y los
gatos. Por lo menos, eso era la visión común en ambas sociedades. Si
eso fuera cierto, entonces ¿Cómo había sucedido esto? Ellos no
deberían ser químicamente compatibles, sin importar que
mentalmente fueran de alguna forma más que compatibles,
químicamente era otra cosa. Su cuerpo todavía, después de todo este
tiempo, quemaba con el recuerdo de su toque y la profundidad de
su pasión. Aún más, ardía en reciprocidad a eso, del claro mensaje
perturbado por los anhelos insatisfechos de él. Se sentía vacía y sin
llenar, se sentía como si hubiera vaciado su alma cuando la había
forzado a salir en su defensa.
     La Reina se puso de pie, dándole la espalda y dirigiéndose
rápidamente a la siguiente habitación. Se sentiría mejor una vez que
se colocara uno de esos vestidos baby-doll sobre la cabeza, éste era
uno tan verde como sus ojos cuando la había besado. Frotó la parte
de atrás de los dedos sobre su boca, sintiendo los moretones y los
provocativos dolores de los labios. Percibió que se aproximaba, los
pensamientos girando con una confusión de lo que ella sentía y lo
que imaginaba que él estaba sintiendo. Se sintió agradecida cuando
no se detuvo a hablar con ella, en cambio se retiró a su habitación.
Cuando se fue, se hundió en el asiento más cercano y exhaló en
silencio.
    Siena no podía creer lo que casi había hecho. Si las cosas
hubieran ido mucho más lejos, su vida entera habría cambiado
dramáticamente, viéndolo en perspectiva, después de tal error de
incomprensibles proporciones. Ella era sola la regente de su pueblo,
sin pareja, sin niños y nunca había deseado ninguno. La clase
regente de su raza tenía un trato distintivo y por ello, cuando se
emparejaba, debía ser de por vida. Había muchas especies que
tenían esta costumbre, como lobos y cisnes, al igual que había
animales polígamos, como caballos y venados quienes cambiaban
de pareja no solo de año en año, sino que en ocasiones, de momento
a momento.
     Pero no importaba la forma que tomara el monarca reinante, él
o ella eran aconsejados a emparejarse una vez y para siempre. Una
pareja para toda la vida. Históricamente se creía que era para
asegurar la fidelidad y pureza de la línea real. La pareja real también
sucumbiría a esta fidelidad monogámica. Cómo sucedía, nadie lo
sabía con certeza. Sospechaban que era un virus genético, de algún
tipo como el que causaba que un Demon provocara el nacimiento de
poder en un Druida específico. Tal vez algún día ellos lo sabrían con
seguridad.
    Esta era la razón por la que Siena había elegido permanecer
absolutamente célibe, sin permitir que ningún macho estuviera cerca
de ella, de una manera que la tentara. No deseaba una pareja, y se
rehusaba absolutamente a compartir su reino con un hombre que se
convertiría su igual en la monarquía, sólo porque le había llevado a
su cama. De hecho, desechaba vehementemente la noción de
emparejarse con un macho que, a la hora de su muerte, pudiera
potencialmente ganar su trono.
     Si Elijah hubiera tomado su cuerpo en ese momento salvaje,
podría haber escrito su sentencia de muerte. Catorce años de paz no
eran suficiente base para convertir a un Demon en rey Licántropo.
Tan adorada y apreciada como era, las posibilidades de rebelión y
tirar por la borda su reino debería ser un riesgo insalvable e
inexcusable.
     Su siguiente prioridad debería ser la idea de estar forzada a
pasar el resto de su vida como parte de una pareja. Parte de una
pareja que incluía a un macho que no confiaba en ella. Ya era
suficientemente malo ser forzada a soportar una vida entera con
cualquier hombre, pero ¿éste guerrero Demon? Había llevado a la
muerte a mucha de su gente durante la guerra de su padre, e
incluso, cuando había aprendido a ser más astuta que sus familiares
varones, las familias de esos guerreros masacrados la marcarían
como traidora a su raza, buscando si en su bagaje había alguna
marca de la provincia Rusa original que habían eliminado por
atreverse a tal abominación.
    ¿Cómo había terminado en sus brazos? ¿Por qué la había
seguido? En verdad, nunca se habían enfrentado personalmente,
pero eran los más fuertes representantes de su gente, lo habían sido
por siglos. ¿La idea de besarle, de desear a un hombre de cualquier
manera?
    ¿Qué en los nueve infiernos había entrado en ella? ¿En él?
    Y ¿por qué no podía borrar el sentimiento de él, no sólo del
frente de su mente, sino de su cuerpo completo, por dentro y por
fuera? Su piel estaba anhelante incluso ahora. También, podía sentir
algo más profundamente en su cuerpo y en sus pensamientos, que
no había sabido que existía. Ahora podía nombrar este vacío, la
sensación que atravesaba el deseo existente. ¿Qué no había estado
poniendo atención a sus propios pensamientos? ¡Era una completa
locura seguir sintiendo eso por un segundo más! Debería estar
avergonzada de que le hubiera permitido tales intimidades con su
cuerpo, no continuar deseándolas.
    La Reina se puso en pie, incapaz de continuar quieta.
Ausentemente frotó la palma sobre el plano estómago, mientras
empezaba a pasear a través de la habitación. Se sentía como si de
alguna manera, hubiera forzado su presencia en ella, marcándola
permanentemente. No estaban vinculados, entonces, ¿por qué sentía
como si su esencia estuviera nadando dentro de su matriz? Estaba
confundida, sobrepasada por la esencia en su cuerpo, luchando con
los recuerdos humanos y felinos, de los días pasados en su
presencia.
     A pesar de sí misma, estaba impresionada por la forma en la
que había manejado a la gata asustada. Estaba consciente de ello
ahora, ahora que había cambiado, pero en esos momentos no había
sido más que el puma, más tentada a partirle el cuello en dos, que en
otra cosa. A todas luces, debería haber estado tan amenazada por él
como para destriparle al momento. Pero en su lugar, el gato había
corrido. Escondido. Al igual que los leones en libertad habrían
hecho cuando se sienten amenazados por algo más poderoso que
ellos.
    ¿Pero entonces acercarse a él una vez más, y usar el modo de
agresión baja de castigo por asustarla y obligarla a cambiar?
     Siena levantó la mirada hacia las escaleras mientras las
emociones amenazaban con sobrecogerla, huyendo tan lejos de él
como pudiera sin salir de la caverna. Sin embargo, no era mejor en
ese lugar tan cercano a la piscina. La habitación estaba llena de
feromonas y esencia de excitación sexual. La propia y la de él.
Parecía que no importaba donde estuviera, no podía escapar de él. Y
la luz exterior del sol brillando a través de los árboles la prevenía de
refugiarse en el confort del bosque.
La Reina contuvo un sollozo, retorciendo las manos juntas
violentamente y mordiendo con fuerza el labio inferior. No hacía
estas cosas débiles y femenina llamadas lágrimas. Nunca había
llorado en toda su vida, y se condenaría antes de hacerlo por un
macho Demon. Aún así, no podía escapar del sentimiento de
encierro que se elevaba sobre ella, la emoción candente, la confusión
de pensamientos que parecían permanentemente grabados con su
marca.
     Siena de repente, cegada, caminó hacia la entrada de la caverna.
A menos de dos metros del sol, el brazo de Elijah se enganchó
alrededor de la cintura y la empujó contra su rígido cuerpo. Ella
gritó pateando y luchando contra su agarre. Podría haber hecho
imposible que él la retuviera, de no ser por el rápido efecto del sol
en su fisiología.
    La luz entró en ella con impresionante velocidad. En ese
momento era susceptible a ella en una manera que nunca había
experimentado antes. ¿Qué había cambiado en ella? Se preguntaba
con desesperación mientras la tomaba en brazos y la devolvía al
refugio. En el momento que estuvo a salvo en la caverna, ya sentía
náuseas por su exposición. La llevó directamente a la habitación y la
colocó sobre la cama, presionando una mano fría contra el rostro
ardiente.
    —¿Estas loca? —Preguntó suavemente, la frase sin el reproche
que debió haber mantenido. Era la apremiante preocupación en la
pregunta y su toque lo que finalmente la rompió.
     Sollozó una vez, duramente, después irrumpió en llanto.
Avergonzada, trató de girar la cabeza, pero él mantuvo la mejilla en
su palma y la impidió hacerlo. Elijah, el indómito guerrero Demon,
procedió a coger todas y cada una de las lágrimas con los dedos
callosos, calmándola suavemente con su aliento, tratando de
sostener su mano en la suya.
    —Siena por favor —suplicó suavemente, los dedos moviéndose
rápidamente de una mejilla a otra para tomar la pena salada—. Lo
siento tanto. Mucho más de lo que imaginarías. No quise lastimarte
de esta forma. Por favor, gatita, me estás matando. Por favor,
detente.
Pero cuanto más gentil era él, más parecía dolerle a ella. Y no
tenía idea de por qué. Después de un momento, se rindió de
contener las lágrimas fuera del cabello y con un fuerte tirón de su
mano cautiva, la envolvió en un cómodo abrazo. Presionó la mano
en su nuca, sosteniéndole el rostro en la curva del cuello, la mejilla
acunada en el ancho hombro. Ella sintió como la mano se movía
hacia su espalda, frotando gentilmente, acariciando, en una
dirección solamente.
     ¿Cómo supo cuál era la manera más gentil de tocarla? Como un
gato quien sólo podía soportar que su piel fuera acariciada en una
sola dirección, la inundó una poderosa sensación de comodidad y
relajamiento. Sintió el cambio a su alrededor, como si la llenara
perfectamente.
     —Siena, escúchame —dijo suavemente—. Has terminado aquí.
Tu deber a mi ]Rey ha sido satisfecho. Regresa a la oscuridad, dejaré
este lugar y regresaré a casa. No me verás de nuevo. Lo juro...
     —No. Todavía no estás bien del todo —protestó, alejándose
para mirarle directamente a los ojos—. Me encomendé a mí misma a
tu cuidado y lo haré hasta el final. Yo... Yo sólo estoy...—Siena agitó
la cabeza, incapaz de encontrar palabras mientras alejaba los últimos
vestigios de sus lágrimas de debilidad.
     —Tienes que darte cuenta de lo que hay detrás de todo esto —la
urgió suavemente, acariciando con los dedos desde la barbilla hasta
los ojos—. Samhain está a una semana de distancia. Tu especie se ve
afectada por eso, al igual que la mía. Los Demons están malditos por
la luna de este mes para no desear nada más que emparejarse, tan
mal imaginado como pudiera ser, con cualquier hermoso
humanoide que vean.
    Elijah tomó un profundo aliento, alejando la mirada de esos ojos
dorados, y la líquida lujuria contenida en ellos que todavía le
tentaba. Por más que se forzara a sí mismo a creer su propia
explicación, no podía escapar del cazador sentimiento en el centro
de su ser que susurraba con siniestro encanto que era mucho más
que eso.
      —Sí —concordó Siena, tomando la explicación con gratitud—.
Sí, tienes razón. Había olvidado cómo afecta a tu especie. El efecto
no es el mismo en mi gente. No exactamente. Pero nuestros lados
animales se vuelven dominantes durante este tiempo. Instintos
como el apareamiento son tan sobrecogedores que... rompen el buen
juicio normal.
    —¿Entonces entiendes que si no me voy, esto probablemente
pasaría de nuevo? —Preguntó.
     —Tal vez. Tal vez no ahora que somos conscientes de eso. A
parte de este… este problema, no te puedes ir. Conozco suficiente a
los Demons para saber que no puedes cambiar de forma, mientras
estés tan mal herido sin arriesgar la vida. No dejaré que arruines
todos mis esfuerzos para curarte.
    Sintiéndose aliviada y exhausta al mismo tiempo, Siena se
recostó en las almohadas de la cama, ignorando la urgencia de frotar
la mejilla sobre la almohada que tenía tan pesada esencia de él.
     Elijah podía ver que estaba enferma, a pesar del hecho de que
estaba tratando de actuar como su enfermera. Su carrera en el
brillante sol de otoño, a pesar de estar bloqueado por las ramas de
los árboles, había causado bastante daño. Los Licántropos lo
llamaban envenenamiento por el sol. Habiéndolo visto antes de
cerca, los efectos eran a prueba de errores. Estaba pálida, la piel
pálida sin el brillo dorado usual, y su cabello usualmente revuelto,
colgaba lacio a su alrededor.
     —Estás sangrando de nuevo —murmuró, levantando la mano
para tocar el vendaje sobre el pecho herido—. El agua estropeó los
sellos del vendaje.
   —Se secará, no te preocupes —Elijah se extendió y cogió su
mano, incapaz de liberarla una vez que la tuvo en su palma de
nuevo.
    Se forzó a sí mismo a dejarla ir, levantándose y caminando fuera
de la habitación. Regresó rápidamente con un vaso de agua, pero
había caído dormida durante el tiempo que tardó. Se sentó en el
lado opuesto del colchón, exhalando larga y lentamente. Giraba el
vaso alrededor de las manos tratando de mantenerse ocupado
mientras trataba de aclarar los pensamientos.
    Siena tal vez no lo sabía, pero Elijah había roto muchas leyes en
el momento que puso las manos sobre ella. Las leyes de los Demon
eran muy específicas sobre ciertas cosas. Francamente, estaba
maravillado de que el Ejecutor no estuviera descendiendo sobre él
en ese momento, determinado a verle castigado como debería. Sólo
había sido suerte que la única vez que necesitara esa intervención,
Jacob estuviera ocupado con su esposa y su recién nacido.
     Todo el cuerpo de Elijah dolía. Y, se percató, no era del todo por
el dolor de sus heridas sanando. De alguna manera ella había
entrado bajo su piel, esa atormentadora criatura hermosa. Estaría
mintiéndose a sí mismo si trataba de convencerse de que todo era
físico. Había algo en su espíritu, en sus maneras, que calaba en él. Lo
había estado haciendo desde el día que se conocieron, hacía seis
meses.
     Nunca había confiado en el plan de Gideon de apresarse a sí
mismo en la corte de Licántropos, que se volvería en algo más que
intercambio médico. Pero los resultados le habían sorprendido,
incluso mientras continuaba sin confiar en él. Incluso después de
que la Reina hubiera declarado el final de la guerra, había estado
merodeando con otros pretextos. El pretexto que le mandaría de
nuevo a la guerra, justo cuando se empezaban a relajar. Sin
embargo, desde que la había conocido, sabía que era diferente a
cualquier cambiante que se hubiera encontrado antes. Incluso había
empezado a sentirse más confiado en esta paz que ella había
negociado tan hábilmente con su agresiva gente.
      Exhausto, Elijah colocó el vaso a un lado y se dejó caer en la
almohada junto a la otra en la que descansaba la reina. Giró la
cabeza para mirarla. Todo lo que vio fueron delicados troncos de
pestañas doradas contra las pálidas mejillas. Por alguna razón, se
fijó en ese elegante detalle, encontrándose curioso sobre lo frágil que
parecía. Como si se pudiera quebrar bajo el más ligero toque. Nunca
había pensado en ella como algo delicado o frágil. Era una mujer de
formidable fuerza y, sería un tonto si pensara de cualquier otra
manera. Pero todavía tenía una inocencia escondida.
    No tenía nada que ver con el hecho de que era consciente de
que ella no había tomado un amante. Sabía la condición que venía
con eso, y sabía que era por lo que había estado tan aterrorizada de
lo que casi pasó entre ellos. Pero era algo más profundo que sólo el
estado virginal de su cuerpo.
Tal vez por una parte, entendería lo que había pensado y
sentido, pero era algo que nunca pasaría. Una vez que se fueran de
ese lugar, el único tiempo juntos en el que se verían sería durante las
audiciones en la corte de Noah que la incluyeran. Si él tenía algo que
decir sobre eso, no se verían ni en ese momento. Estaba decidido a
mantener la distancia a partir de ese momento. Era un guerrero,
entrenado en las formas más extremas de disciplina y podría
fácilmente hacer eso.
    Los ojos de Elijah se cerraban, haciéndole más consciente del
aroma de su esencia. Lo que le atraía más, pensó mientras se
deslizaba al sueño, era lo bien que se mezclaba con la suya propia.
CAPÍTULO 4



    Noah    empujó uno de los polvorientos tomos de la gran
biblioteca Demon, un archivo de su vasta historia y profecías que se
encontraba en las mazmorras de su castillo natal. Había tres
enormes libros esperando su atención, pero los ignoró y empezó a
pasear por el Gran Salón, signo de la agitación que sentía y se venía
repitiendo con demasiada frecuencia los dos últimos días.
     Decir que estaba preocupado habría sido quedarse corto. A
pesar del hecho de que el Capitán de sus ejércitos estaba
desaparecido y sin haberle dicho una palabra a nadie de dónde
estaba, algo nada usual en él, tendría que saber después de todos los
años que conocía a Elijah, que era bastante capaz de cuidar de sí
mismo. Pero eran tiempos imprevisibles. Enemigos y profecías, los
Druidas habían sido redescubiertos y habían nacido niños híbridos
con potenciales habilidades nuevas y poderosas. Hombre y mujeres
de repente se vinculaban con una frecuencia que su raza no había
disfrutado desde hacía mil años, si es que alguna vez lo habían
hecho.
    Por eso, estaba buscando volúmenes de conocimiento, historia y
profecía que tenían encima el polvo de épocas. Algunos no se
habían abierto en milenios, escondiendo secretos y pensamientos
que ni siquiera Gideon, con sus mil años, conocía. Esperaba
encontrar en ellos la claridad en todo este caos. En cualquier caso, la
naturaleza arcaica de la antigua lengua Demon hacía que la tarea
fuera lenta y difícil.
     La mejor erudita para esta tarea sería Isabella, la mujer
Ejecutora. Sin embargo, a pesar de que los poderes Druídicos le
permitían traducir fácilmente la lengua Demon en todas sus formas
desde épocas antiguas, simplemente no era posible para una madre
reciente dedicarse a un estudio tan intensivo habiendo dado a luz
hacía tan poco tiempo.
Los eruditos como el Rey, estaban buscando respuestas a los
problemas del presente en los trabajos y profecías del pasado. El
Destino era un asunto importante para los Demons, tanto como
individuos como sociedad. Era muy parecido a una experiencia
religiosa seguir el más puro de los caminos hacia su destino,
procurando que las profecías se cumplieran en el presente,
transformándose en una historia maravillosa.
    Había sido esto lo que había hecho que la traición de Ruth y
Mary a su gente fuera tan dura. Prácticamente era algo desconocido.
Se dio cuenta, sin embargo, que las traidoras mujeres habían
causado dolor y confusión, aunque, en su distorsionada percepción,
sus caminos estaban tan predestinados como los de los demás. Y
Noah suponía que era cierto. No todos los caminos estaban
destinados a ser correctamente morales y claros. Si ese fuera el caso,
no habría guerras ni violencia.
    En la mente de los traidores, estos actos de venganza contra sus
propios hermanos estaban justificados, incluso eran justos. El sitio
del pasado Mayo, justo antes de Beltane, había sido al principio un
brutal acto de castigo contra Jacob el Ejecutor, pero después se había
extendido como un veneno tóxico que incluyó a toda la raza Demon.
Desde entonces, los Demons habían sufrido repetidamente a manos
de esos renegados, víctimas de dañinas tácticas de guerrillas sin
ninguna razón aparente. Si los últimos seis meses les habían
enseñado algo era que los enemigos estaban por todas partes,
algunos más cerca de lo que esperaban.
     Todo esto le hacía preocuparse al perder camaradas por los que
el rey normalmente nunca se hubiera inquietado.
     Sonó un llanto cerca de la chimenea al otro lado del Gran Salón
e inmediatamente olvidó sus volátiles pensamientos y se acercó con
premura a la delicada cuna desde donde había venido el llanto. De
adentro de la cuna sacó un bebé diminuto en sus grandes manos y
se tomó un momento para colocar a la niña en el hueco del brazo
con una manta rodeándola cálidamente.
    —Bueno, cariño —dijo con familiaridad—. ¿Tienes algo que
decir?
La niña, de poco más de dos semanas y que ni siquiera podía
mantener la cabeza erguida mucho tiempo, frunció el ceño más de lo
normal, haciendo que el Rey Demon riera.
    —Creo que vas a ser como tus padres. ¿Serás mi Ejecutora
algún día, cariño? ¿Cazarás Demons caprichosos y los traerás ante
mí para que reciban el castigo que merezcan?
     Noah movió el cuerpo para dejarse caer en su sillón favorito
ante el fuego. Levantó la mano y de forma juguetona empezó a
encender los dedos, haciendo saltar la llama de un dedo a otro con
tal velocidad que la niña abrió los ojos como platos. Agitó los brazos
y las piernas con excitación, alargando las manitas hacia él pero se
aseguró que las luces juguetonas estuvieran fuera de su alcance.
Chilló con frustración infantil.
    —Shhh —susurró—. Si tu madre lo supiera me arrancaría la
cabeza.
     Sonrió y extinguió las llamas con la misma facilidad con la que
las había encendido. El Demon de Fuego acercó entonces los cálidos
dedos a la sedosa masa de rizos negros de la cabecita.
     —Estoy bastante molesto de que tus padres hayan elegido a
Elijah para ser tu Siddah antes que a mí. Aunque entiendo que han
previsto que serías demasiado para un hombre ocupado en
gobernar toda una raza. Y no —continuó estirando las largas piernas
y cruzándolas en los tobillos—, ciertamente no aprecio el gesto de tu
madre al pensar que para entonces, tenga mi propia familia. Parece
que se deleita considerablemente viendo como un macho Demon
tras otro caen bajo el astuto hechizo de vosotras, las hembras.
    La niña lo miró parpadeando con los ojos azules de recién
nacida, después agarró uno de los gruesos dedos con asombrosa
fuerza y se lo metió en la boca.
    —Me alegro de que lo veas del mismo modo que yo —rió—.
Estoy empezando a arrepentirme de haber empujado a tu padre a
los brazos de tu madre. No es que hubiera podido evitarlo. Pero
desde que esa mujer entró en el castillo, las cosas no han sido lo
mismo. Si esto sigue así, Elijah va a entrar por esa puerta rebosando
sonetos de amor y con sus propios niños. Ya es bastante malo que
mi hermana…
Perdió el hilo y el buen humor se desvaneció al acordarse del
guerrero desaparecido. Francamente, le habría venido muy bien que
apareciera por la puerta, sin importar en qué circunstancias. No era
propio de él desaparecer y no decirle a nadie dónde podrían
encontrarlo. Especialmente con el peligro cerniéndose sobre ellos.
     Elijah se había estado comportando como un loco los últimos
meses, trabajando sin descanso, intentando encontrar todo lo que
podía sobre el culto de mujeres humanas que conspiraban contra los
Demons y otras razas Nightwalker. Llegaba literalmente al
agotamiento cazando a los Demons traidores aunque se metiera en
la jurisdicción de Jacob. No sabía que Noah estaba al tanto del hecho
de que había solicitado muchas veces los servicios curativos de los
Demons Corpóreos para sus soldados. Varios de estos soldados se
habían dirigido de mala gana al Rey, llenos de lealtad hacia Elijah y
sin querer saltarse la línea de mando pero temerosos de que el
Capitán estuviera exponiéndose a un serio daño. Cada uno de ellos
había intentado minimizar la seriedad de la situación, pero los ojos
le habían dicho lo que no querían desvelar. Por eso, había
convocado la entrevista de ayer.
    Elijah nunca habría dejado de acudir a tal cita. Era correcto
hasta la saciedad cuando se trataba de los protocolos de Noah y
nunca ignoraba las convocatorias aunque estuviera al borde de la
muerte y tuviera que arrastrarse fuera de la cama. A pesar de los
modales informales, era fieramente leal y se notaba.
    Suspiró intentando calmar los pensamientos y volvió la
atención al bebé en sus brazos.
    —Parece que tienes hambre, corazón. Tu mamá debería venir a
alimentarte antes de que me muerdas los dedos.
    La niña le ignoró y continuó mordisqueando.
    —No creo que un bebé sin dientes pueda morderte mucho.
     Levantó los ojos, sorprendido al darse cuenta de que había
estado tan distraído en sus pensamientos que no se había dado
cuenta de la llegada del Ejecutor. Los ojos se fueron de inmediato al
serio semblante de Jacob mientras Isabella se inclinaba a recoger de
sus brazos a su hija. Supo en el instante en que miró los oscuros ojos,
que las noticias del Ejecutor no iban a ser buenas.
—¿Nada? —Preguntó, y las turbulentas            emociones    se
traslucieron claramente en la interrogación.
     En cuanto Bella tuvo en los brazos a la niña y se apartó
arrullándola, Noah se levantó de la silla y se acercó a Jacob que le
daba la espalda a su familia. Los Ejecutores habían estado buscando
alguna señal de Elijah. Clara señal de que Jacob estaba tan
preocupado como el mismo Noah, era que Bella había dejado a su
hija recién nacida para ir con Jacob y él lo había permitido sin
protestar. Por supuesto, podría decirse que si había protestado no le
importaba un bledo a la Druida con la que estaba casado. Bella era
una mujer bastante independiente y moderna con una actitud
atrevida y voluntad propia y, se podía decir, que disfrutaba
poniendo a su marido contra las cuerdas tanto como él disfrutaba
que lo hiciera.
     Volvió al escritorio que había dejado minutos antes con su
Ejecutor siguiéndolo de cerca con los brazos cruzados sobre el
atlético pecho y la cabeza oscura tan baja como la voz.
    —No lo entiendo, Noah. Debería haber sido capaz de rastrearlo
en cualquier sitio. Es lo que he hecho toda la vida. Especialmente
durante Samhain. Sabes que mis poderes están al máximo en esta
época. Pero lo seguí hasta Washington y después lo perdí
completamente.
    —Allí llueve mucho, Jacob y te llevaba todo un día de ventaja
cuando empezaste. Es comprensible.
    Hizo un sonido que le transmitió al Rey que no se perdonaba
tan fácilmente el fallo como el monarca. Pero así era Jacob. Era y
siempre sería, extremadamente duro consigo mismo con respecto a
los fallos. No importaba que cometiera pocos y muy de vez en
cuando. Lo único que importaba para la alta moralidad del Demon
de Tierra era que un fallo implicaba demasiados fallos.
    —Isabella no puede quitarse de encima la sensación de que está
en peligro —dijo Jacob tenso, pasándose la mano por el pelo largo y
oscuro—. Estuvo teniendo tantas premoniciones una detrás de otra
desde que perdimos el rastro que creí que se iba a desmayar por la
sobrecarga.
Esto hizo que Noah levantara la mirada hacia la Ejecutora con
rapidez y se dio cuenta por primera vez del aspecto demacrado y la
forma en que acunaba a su hija como si estuviera desesperada por la
calidez y el afecto. Había sido una desgarradora tarea y los
ambiguos resultados habían pasado factura a los amigos de Elijah.
    —¿Qué clase de premoniciones? —Se obligó a preguntar el Rey.
     —Batalla. Dolor. Seguía diciendo que estaba cegada por la
sangre. Incluso sin esa información no tenía que decirme que estaba
segura de que algo malo iba a pasar o ya había pasado. Lo podía
sentir yo mismo. Lo único bueno es que ni ella ni yo podíamos estar
seguros de si estaba vivo o muerto. No estaba convencida de que
hubiera sido Convocado. Noah, ¿sabe Ruth el nombre de poder de
Elijah? ¿Puede habérselo facilitado a algún Nigromante que lo haya
Convocado y aprisionado? —La mano se cerró en un puño—. Te
juro por el alma de mi hija, Noah… que si esa perra me fuerza a
tener que matar a Elijah no descansaré hasta que tenga su negra
alma en la palma de la mano.
     Noah entendía la rabia y el miedo del Ejecutor. Si Elijah había
sido Convocado, la peor de las suertes conocidas en la raza Demon,
probablemente ya se habría corrompido transformándose en un
oscuro monstruo sin alma que sería un peligro con gran poder para
cualquier criatura a su alcance. Los usuarios de magia utilizaban
pentagramas dibujados y embebidos de poder por su vil magia para
aprisionar al Demon cuyo nombre de poder habían obtenido. Una
vez que el Demon caía en la trampa, era casi imposible salvarlos. Era
el doloroso deber de Jacob y Bella destruir a esos monstruos. Pero si
Elijah se había convertido en tal criatura, el dolor que los Ejecutores
sufrirían al ser forzados a matar al Demon que habían elegido para
criar a su hija durante el Fostering sería inimaginable.
    Elijah significaba tanto para ellos como para el Rey y
muchísimos otros. La moral de todas las fuerzas armadas de Noah,
tan fuertes, tan dirigidas y enardecidas por la poderosa presencia
iba a pasar malos tiempos recuperándose de una tragedia de tal
magnitud. La pérdida de un Demon tan poderoso y brillante
devastaría a la raza entera, sin mencionar la herida abierta que
quedaría en docenas de corazones, incluido el del Rey.
Le dolía la cabeza y se frotó las sienes pulsantes. La tensión se
había concentrado en ambos puntos desde que se dio cuenta por
primera vez de que algo pasaba. Y ahí estaban, dos de los seres más
poderosos de su raza ¿Y estaban perdidos? ¡Qué triste comentario
para el futuro de su gente! Pensó en un excepcional y amargo
momento de fatalismo.
     Apartó los sentimientos y el dolor de cabeza sintiendo
aproximarse la energía de Isabella. Estaba agotada y lo
suficientemente preocupada sin tener que verlo a él y a Jacob
totalmente derrotados. Por supuesto, había leído la mente y los
sentimientos de su marido tan fácilmente como podía leer los
propios pero Noah era harina de otro costal. Se suponía que era la
fuerza de su gente.
    Se volvió para mirarla a ella y a su hija con una sonrisa.
    —Eh, ¿cómo está la más reciente de mis súbditos? —Preguntó.
    —Hambrienta, como has notado —dijo riéndose—. Tengo que
alimentarla. Quiero que vosotros dos os relajéis, toméis una copa y
esperéis a que vuelva antes de que metáis la pata. También soy tu
Ejecutor, y no voy a dejar que me mimes como a un frágil pajarillo.
¿Está claro?
    Les lanzó una mirada sensata que les hizo afirmar con la cabeza
obedientes.
    —Vale. Si vais a encontrar a Elijah, me parece que vais a
necesitarme para…
     Se paró de golpe y todo el cuerpo se volvió de un gris aterrador
mientras los ojos se le ponían vidriosos. Jacob reaccionó un instante
antes que Noah, cogiendo el cuerpo desmadejado con el brazo
mientras intentaba coger a la niña con el otro. Se las apañó bastante
bien haciendo que las manos de Noah parecieran innecesarias
cuando se acercó para ayudarlo. Tan pronto como la tuvo en una
silla, Jacob le entregó su hija a Noah y se inclinó sobre su esposa
para comprobar el pulso y la piel húmeda.
   —Esto es demasiado. Hace poco que ha tenido a la niña para
que le siga pasando esto —soltó mientras miraba a su amada
compañera sucumbir a otra desgarradora visión muy
probablemente sobre Elijah y el destino que afrontaba—. Creo que
debemos llamar a Gideon. El embarazo ya fue lo bastante malo con
el ataque de Ruth y todo lo demás. De verdad no me gusta el color
que tiene y el corazón le late a un ritmo loco.
    —Legna ya no está aquí —le recordó Noah—. La única forma
en la que puedo llamar su atención sería incendiar algo que
estuviera cerca de él y no es algo que me guste hacer ni siquiera con
mis habilidades.
     —Bueno, tampoco puedo hacer que crezca un árbol bajo sus
pies —gruñó Jacob sin darse cuenta de su tono con la
preocupación—. Y estoy demasiado agotado para arrastrarlo hasta
este lugar en forma de polvo, incluso aunque no estuviera a miles de
kilómetros. Pon a la niña en la cuna y ve a buscar a un Demon
Mental que pueda contactar con Legna para que pueda
teletransportarlos a ambos o que pueda teletransportarlos él mismo.
    Ambos miraron a Isabella cuando soltó una frase ronca e
incomprensible. Aunque había una estructura que Noah pareció
reconocer. Bella tenía una facilidad para las lenguas que le llegó con
sus poderes Druidas así que no le sorprendió que una lengua
extranjera formara parte de sus visiones.
     Puesto que ninguno de los dos la reconoció al momento, no
significaba nada hasta que ella volviera del trance y pudiera
explicárselo. En el supuesto de que pudiera hacerlo. La visión de
Bella a menudo era más que críptica.
     —Se vuelven más y más fuertes y ella más débil. ¿De qué sirve
este poder infernal? —Preguntó amargamente su miedoso marido—
. Algunas veces —dijo roncamente— desearía no haberla tocado
nunca. No estaría sufriendo así si…
    —Jacob, déjalo —dijo Noah con dureza—. No lo sientes y lo
sabes. Estarías perdido sin ella y no tendrías a esta niña tan
hermosa. Te juro que voy a declarar fuera de la ley esa culpabilidad
con la que te castigas constantemente. E Isabella estará encantada de
hacértela cumplir.
    Noah cruzó la habitación para dejar a la niña en la cuna. Se
volvió una columna de humo un momento después dejando a los
Ejecutores atrás mientras salía por la ventana en busca de ayuda.
Magdelegna se sentó de golpe saliendo del sueño con un grito
alto y aterrado. Instintivamente, se llevó las manos al vientre
ligeramente abultado como protegiendo al bebé que llevaba dentro
de lo que fuera que la había perturbado. Era consciente de que
Gideon se había despertado sentándose y volviéndose protector
hacia ella. Su marido la apretó contra sí al instante, confortándola
con la piel desnuda y el cuerpo masculino y musculoso al rodearla
con los brazos.
     —¿Qué pasa Neliss? —Preguntó dulcemente presionando los
labios suaves contra la curva del cuello.
    —Un sueño… creo —dijo.
    Gideon la soltó y entrelazó la mirada plateada con la de ella,
con las cejas igualmente plateadas fruncidas con concentración.
     —Sigues teniendo esas pesadillas. Estoy empezando a
preguntarme si esto no es una forma de premonición como las de
Bella. Hemos estado esperando que cambien algunas de tus
habilidades y quizás han estado ahí todo el tiempo —Gideon alargó
la mano para pasar los dedos lentamente por el pelo color café de
Legna—. Dime qué soñabas, Nelissuna.
     —Era sobre Elijah. Algo va muy mal. No recuerdo los detalles.
Dulce Destino, cómo odio esto —dijo cansada, apretándose las
sienes—. Si esto es lo que sospechas, ahora comprendo por qué a
Bella le disgusta tanto esta habilidad en particular.
     Gideon pasó los dedos suavemente por la frente de Legna, cerró
los ojos un momento enviándole una sensación de calma y energía
curativa. Alivió la tensión al instante y ella sonrió con una sonrisa
suave y tácita.
    Duró un segundo, después jadeó brutalmente casi dándole a su
marido en la cabeza con la suya al sentarse otra vez con los ojos muy
abiertos y la mano en la frente aporreándose con dolorosos gritos de
angustia.
    —¡Noah!
—Vale. No es un sueño —dijo Gideon sombrío, saltando sobre
ella para salir de la cama y ponerla de pie—. ¿Qué está pasando?
    —No lo sé. Tenemos que irnos. Ya.
     —Está bien. Aunque te recomendaría que te vistieras antes de
teletransportarnos.
     El gesto era lo que necesitaba y la hizo reír suavemente
aliviando la tensión. Se vistieron rápidamente y, unos minutos
después, Legna los teletransportaba por la larga distancia hasta la
casa de su hermano.


    Elijah fue el primero en despertar después que hubiera caído la
noche.
    Abrió los ojos y se dio cuenta enseguida de lo que lo rodeaba.
     Lo primero que notó fue que estaba atrapado bajo el peso de
una hembra Licántropo dormida, bastante pesada. Le dolía el pecho
y la herida recién curada le tiraba por cómo estaba ella
desparramada encima, pero casi ni no lo notó. En vez de eso, estaba
fascinado por cómo se arrastraban los mechones suaves del pelo por
la piel.
     Estaba completamente enredado entre su pelo y sus miembros,
pero era el toque de esos dedos vivos de pelo lo que lo mantenían
quieto. Los mechones estaban trenzados en torzales satinados
serpenteándole por el pecho, alrededor de los bíceps, sobre las
caderas y los muslos con una sensualidad inconsciente que quitaba
el aliento. Conocía los desafíos del pelo viviente, único en sus
especies, desde hacía siglos, pero sólo con el propósito de
derrotarlos. Si el pelo estaba atado, el Licántropo no podía cambiar
de forma. Literalmente les volvería locos si les dejaban así durante
una semana. También sabía que si se lo cortaban podía ocasionar
una severa pérdida de sangre que incluso podía matarlos
inmediatamente. Cortarlo sería letal para ellos, lo mismo que las
quemaduras de tercer grado sobre un gran porcentaje del cuerpo
serían para un humano.
     Nunca lo había pensado. Sin embargo, esta sedosa caricia podía
excitar a un hombre de los pies a la cabeza con el sensual toque. Era
muy consciente de la agonizante respuesta de su cuerpo y de que
parecía provenir del toque coqueto de los mechones rizados. Gruñó
suave mientras la caricia fantasmal rozaba eróticamente el
endurecido acero de su excitado cuerpo. Sintió el latido doloroso de
su propio pulso bajo aquella caricia traviesa y envolvente. No podía
ni pensar, no tenía esperanza de encontrar una manera de parar esta
tortura devastadoramente perfecta.
     Siena ronroneó literalmente en sueños. Una resonante vibración
irradiaba de todo su torso, pulsando como un masaje suave por todo
el costado del cuerpo contra el que se acurrucaba. La pierna se
deslizaba incansable por la de él, la pantorrilla se deslizaba hacia el
muslo llevando la rodilla entre sus piernas. Elijah cerró los ojos con
fuerza, como preparándose para un impacto peligroso pero no tenía
miedo de que le hiciera daño físico. Alargó la mano para detener la
rodilla que se deslizaba. Ya era bastante malo que el pelo lo
estuviera poniendo a cien, no necesitaba sentir la piel contra la suya.
    No importaba cuánto lo deseaba.
     Intentó tomar aliento para tranquilizarse pero lo que consiguió
fue llenarse los pulmones con el olor dulce y tentador. A causa de su
especie, tenía la temperatura unos grados más alta que él, pero
parecían muchísimos más, mientras, en el sueño, la frente húmeda
se restregaba incansable contra él. Olía a los aromas combinados, lo
mismo que él y no pudo dejar de notar cuán erótica y sensual era la
fragancia. Su cuerpo latía profundamente con oleadas de necesidad,
con una inexplicable urgencia de darle la vuelta y ponerla bajo su
cuerpo. Fantasías gráficas se desplegaron a partir de ese punto,
incluyendo el sabor, el toque y cuán caliente la sentía. Fue
agonizantemente fácil comprender cómo sentiría ese calor cuando
estuviera dentro de ella.
    El corazón empezó a latirle a doble velocidad al darse cuenta de
que debía alejarse tanto como pudiera antes de que su cuerpo
desprevenido sufriera otro ataque inducido por Samhain. Pronto
observó que desenredarse del pelo no iba a ser posible sin su
cooperación. No, a menos que cambiara de forma y, como había
señalado antes, eso no era lo más juicioso que podía hacer. Las
heridas se reabrirían y empeorarían si no se curaban adecuadamente
antes de intentar tal cambio. Todas las heridas estaban curadas salvo
las causadas por el hierro y esas cuatro sufrirían bastante daño. La
de su pecho ya estaba totalmente restablecida.
    La única opción era despertarla.
    Por supuesto, iba a ser increíblemente embarazoso para ella. Si
algo podía decir que sabía, definitivamente era eso.
    Tuvo una idea repentina.
     Cerró los ojos y se concentró cuidadosamente en el aire de la
habitación. Tenía que tener mucho cuidado. Lentamente hizo
descender el nivel de oxígeno. Al disminuir el aire respirable, el
cuerpo de Siena reaccionó con el reflejo natural de la tos. Jadeó
ligeramente, redireccionando inconscientemente lo que fuera que
guiaba el serpenteante pelo hacia un instinto de autoconservación.
    Había apostado por esos instintos y ganó.
    Se alejó y el pelo lo liberó enrollándose a su alrededor en
espirales protectoras. Tosió en serio pero, sorprendentemente, no se
despertó. Ahora que estaba libre, con el orgullo de ambos intacto,
consciente o inconsciente de ello, Elijah lanzó una brisa fresca en la
habitación trayéndola de la parte delantera de la cueva.
Inmediatamente, Siena respiró hondo varias veces y el sudor de su
frente se evaporó en un minuto.
     Se lanzó fuera de la cama en el momento en que fue capaz y se
alejó como si fuera una especie de amenaza biológica. Aunque, de
alguna forma, lo era. El guerrero encontró una toalla limpia para
secarse, tomando nota mentalmente de conseguir algo que
parecieran ropas verdaderas tan pronto como fuera posible. Pasó a
la otra habitación rápidamente pasándose las manos por el pelo
enredado. Los movimientos hicieron que se diera cuenta del hecho
de que llevaba su fragancia por todo el cuerpo. Maldijo solemne
mientras se dirigía hacía el mordiente frío de la piscina de aguas
minerales. Eso le pondría a tono inmediatamente. Dejando la “ropa”
saltó a la piscina y se sumergió totalmente al frío extraordinario.
Siendo un ente del aire, era un experto en manipular la necesidad de
oxígeno. Permaneció sumergido varios minutos sacudiéndose el
hecho de que tenía un rastro de agua y sangre deslizándose por el
vientre. Valía la pena para quitarse de encima la embrujadora
fragancia de Siena que lo perseguía donde iba.
Tenía que marcharse de allí tan rápido como pudiera.
    Se iba a poner peor a medida que se aproximaran a Samhain
estando juntos bajo la influencia de la luna llena. Ciertamente,
cuando despertara, Siena coincidiría en salir de este desolado lugar
y tomar distintos caminos.
    Eso si se encontraba mejor.
    Pero si le preguntaban,          juraría   que   parecía   estar
condenadamente sana.



    Legna se sentó en el regazo de su marido con un suspiro, apoyó
la cabeza sobre el hombro, buscando consuelo. La mano de Gideon
se posó en la espalda y la acarició con suavidad.
    —Está tan pálida —murmuró.
     Gideon volvió los ojos hacia la mujer que dormía de forma
irregular en la cama cercana. Legna estaba en lo cierto. Isabella
estaba más que pálida. De hecho, estaba anémica. Era una dolencia
corriente en las mujeres humanas después de dar a luz. Y se había
agravado por los esfuerzos que había realizado desde entonces. Era
algo que no podía curar. La anemia en los humanos, incluso en los
híbridos de humano y Druida, venía producida por la falta de hierro
en el torrente sanguíneo. El hierro era la única cosa que no podía
tocar. No sin ponerse realmente muy enfermo. No podía permitirse
enfermar cuando su esposa estaba embarazada y el día a día en la
corte de los Licántropos era potencialmente peligroso todavía.
     Podría haber llevado a cabo una transfusión con su hermana
Corrine en circunstancias normales. Pero por el momento no podían
encontrar a Corrine y a Kane, su marido. Jacob había intentado
contactar con su hermano a través del vínculo telepático personal,
pero el joven Demon Mental no había respondido. Para empezar, el
vínculo no era muy fuerte, siendo soportado por las habilidades
telepáticas de Kane y aparentemente, estaba demasiado lejos o
demasiado ocupado para notar la pequeña súplica que pedía
atención en el fondo de su cabeza. Si lo hubiera notado, se habría
teletransportado inmediatamente a casa de Noah. Aunque era de
esperar este tipo de cosas en un novato. Kane estaba cerca de la
madurez, alrededor de su centésimo cumpleaños, pero a pesar de la
fortaleza tenía también muchas debilidades que superar.
    —Jacob está trayendo comida con mucho hierro y proteínas.
Ayudará mucho. —le aseguró a su esposa, sabiendo que sentía
profundamente la enfermedad de su amiga.
    Las habilidades empáticas de Legna se habían intensificado
dramáticamente desde su unión, resultado de cómo la Vinculación
de dos Demons unía profundamente los poderes del macho y la
hembra tanto como los corazones y las almas. Siendo un Anciano, la
supremacía de la energía de Gideon era fenomenal y nada que
Legna hubiera esperado. Todavía se estaba ajustando a la
sobrecogedora fuente seis meses después.
    Como resultado, a menudo se veía asaltada por los sentimientos
magnificados de aquellos a los que amaba. Estaba aprendiendo a
controlar la intensidad de este creciente potencial pero no había
hecho los progresos suficientes para mantenerse a salvo de ser
sobrepasada por la pena o el regocijo de otros.
    —Me siento como una completa novata —se quejó, leyendo los
pensamientos directamente de la mente. Aunque no era telépata por
la naturaleza de su sexo, compartían un vínculo especial que los
mantenía constantemente dentro de los pensamientos del otro. Era
lo mismo que les pasaba a Jacob y Bella y a todas las demás parejas
vinculadas.
    —Eres muy dura contigo misma, Neliss —la calmó posando un
beso en la frente—. Te acercas peligrosamente a hablar como Jacob
—bromeó sabiendo que las constantes autocríticas de Jacob tenían la
manía de metérsele bajo la piel.
    —Por favor, no hagas que vomite las galletas —dijo con ironía.
    —¿Vomitar las galletas? —Se rió de la frase.
    —Lo sé, lo sé, hablo como Bella —Legna rió tontamente a pesar
de sí misma—. No puedo evitarlo. Utilizó esa expresión durante
todo el embarazo. Se pegó.
    —Ya veo —murmuró cubriendo el vientre con la amplia mano.
Los dedos parecían elegantes, de esa manera tan suya, curvándose
sobre el bebé escondido con ternura y afecto.
En ese momento Noah entró en la habitación.
    Gideon se alegró de que su esposa no se moviera o reaccionara
de ninguna manera. Tenía la terrible costumbre de saltar alejándose
en el momento en que su hermano aparecía. Pero como Noah seguía
aceptando la unión, parecía más relajada.
    —Simplemente estoy demasiado cansada para moverme —le
susurró desafiante.
    —Entonces, por una vez, me alegro de tu estado de extenuación
—le susurró.
    —Hola —saludó quedamente acercándose a su hermana y su
cuñado para no molestar a la paciente—. ¿Cómo está?
    —Débil —dijo Gideon—. Y empeorando. La he puesto en un
sueño profundo pero parece que todavía tiene visiones.
     Noah se volvió a mirar a Bella y parecía preocupado cuando la
vio retorcerse sin parar.
    —¿Ha dicho algo que pueda sernos útil? ¿Sabéis por qué su
propio poder la está golpeando a muerte? Nunca he visto que las
facultades de alguien le causen tanto daño.
    —Creo que tendré que llamar a un Demon Mental como último
recurso. La empatía de Legna no es suficiente para calmarla. Quizás
un telépata completo sea capaz de apartarla de esas visiones.
    —Eso va a poner a Jacob contra la pared. Un Demon Mental
macho seguramente deberá usar técnicas que incluyan ponerle las
manos encima y ya sabes cómo reacciona cuando otros hombres
tocan a Bella.
    —Creo que ha mejorado en estos meses —dijo Legna—. La
verdad es que ha llegado a un punto en que no se preocupa tanto
cuando Gideon viene para hacerle los chequeos.
    —Eso es porque sabe que un Demon Vinculado no supone una
amenaza —dijo Gideon secamente—. Soy completa, total y
absolutamente tuyo, cariño y no podría mirar a otra aunque lo
intentara.
—Es verdad —Legna lanzó una risita cerrando los ojos y
acurrucándose aún más contra su compañero.
     Noah vio la ternura entre ellos con una mezcla de alegría y
dolor. Estaba feliz de ver a su hermana pequeña tan contenta y tan
cuidada. No había nadie tan poderoso como el antiguo Demon
Corpóreo que la sostenía tan cerca y la protegería hasta el último
aliento si se daba el caso. Esto alegraba profundamente al Rey. No se
habría separado de Magdalegna tan repentinamente sin haberse
asegurado de que estaba a salvo.
    Se había sobrepuesto bastante a la ausencia. Había vivido con él
casi trescientos años. La había criado desde que era una niña
pequeña después de la muerte de sus padres así que la echaba de
menos terriblemente cuando lo dejó. Pero se estaba adaptando
mejor de lo que había esperado.
    Entonces, ¿por qué se sentía tan vacío cuando veía a Legna y a
Gideon juntos?
    Al principio no le había gustado la elección de compañero que
el Destino había decido para su hermana por muchas razones, pero
ahora no hubiera querido a ningún otro para ella, después de ver
cuánto la amaba Gideon. Así que no podía culpar al médico de los
vacíos de su corazón.
    Se sacudió los sombríos sentimientos del alma antes de que su
hermana los notara y la inquietaran. Ya tenía bastantes
preocupaciones sin añadirle las suyas. Se excusó y volvió al salón
donde podría rumiar en los libros en los que probablemente no
encontraría ninguna sinceridad mientras esperaba que Jacob
volviera.


    —Anya, te preocupas demasiado. Siena siempre hace lo mismo.
Especialmente en otoño.
    Anya se volvió hacia su compañera con un parpadeo de sus ojos
tan oscuros, que casi se podría decir que eran negros. Syreena no se
inmutó en lo más mínimo por la mirada, y cruzó las delgadas
piernas con despreocupación para enfatizar las maneras.
Anya era una mestiza Licántropo, resultado de lo que sucedía
cuando un humano y un Licántropo tenían hijos. Al contrario que
en la sociedad Demon, emparejarse con humanos no estaba
prohibido y no se castigaba cuando sucedía. Pero normalmente no
era muy bien visto porque se necesitaba una persona muy especial
que fuera capaz de integrase en las costumbres y deberían
comprometerse totalmente o no hacerlo en absoluto, porque el
riesgo de verse expuestos era muy grande. Ya era suficientemente
malo con los cazadores y los usuarios de magia persiguiendo su
existencia. Era horrible pensar lo que podría suceder si la raza
humana, en su totalidad, comprendiera que los mitos y leyendas a
menudo eran más verdad que mentira.
    Un mestizo Licántropo no podía cambiar de forma sino que
mantenía la forma humana con todos los rasgos invisibles del
animal en que hubiera podido cambiar si hubiera sido del todo
Licántropo. En el caso de Anya, era en parte zorro. Tenía en los
rasgos la elegancia y la gracia de una zorra, una delicadeza hermosa
que la hacía parecer engañosamente frágil. Era pelirroja aunque el
color del pelo cambiaba en cada estación, del cobrizo brillante al rojo
amarronado y otros tonos. En ese momento era de una miríada de
marrones y rojos que venían con el otoño.
     Era delgada, menuda y una de las fieles compañeras de Siena.
Era para la Reina lo que Elijah era para Noah. La cabeza de sus
ejércitos, su asesina en jefe, una infiltrada y la persona que la sacaba
de quicio y podía hacerla reír al mismo tiempo. Era una distinción
de rango que ningún otro mestizo había tenido nunca en la corte
Licántropo ni en la familia real.
    La segunda hembra era Syreena, la hermana menor de Siena y
la heredera al trono en el caso de que Siena no tuviera hijos. La
habían llamado a casa y la habían elevado a la posición de consejera
cuando su hermana ascendió al trono por razones obvias. Primero,
porque era una consejera sabia, abogada de los deseos de su
hermana que no le tenía miedo a nada y la única que podía
contradecir a la Reina sin preocuparse de que la desterraran de la
corte. Pero lo que la hacía verdaderamente única, una de los más
únicos Licántropos vivos, era el hecho de que era la única
Licántropo viva que podía transformarse en cinco formas distintas.
Cada Licántropo tenía tres formas. La humana, la Licántropo y
la del animal siendo criaturas Were, medio humanas medio
animales, como Siena era Mujer Gata.
    Syreena tenía dos formas were más.
     Era creencia generalizada que esta anormalidad había sido
causada por una enfermedad casi mortal que había sufrido durante
la adolescencia. Esta misteriosa enfermedad casi la había matado,
pero al sobrevivir, había mutado de alguna manera. Una vez que
fue capaz de cambiar de forma se dio cuenta de que tenía acceso a
dos géneros más. Jocosamente se referían a ello como la forma
Licántropo de doble personalidad. Esta descripción no estaba muy
lejos de la realidad en muchos niveles.
    Para empezar, las dos formas animales no podían ser más
opuestas entre sí. La primera era un halcón peregrino, un cazador
de aguda mirada cuando volaba. La segunda era un delfín de morro
de botella, una criatura acuática juguetona y con una inteligencia
inconcebible. Las características de ambas criaturas eran visibles en
su forma humana, un juicio agudo y su naturaleza predadora sin
miedo a nada, era la peculiar naturaleza de tener dos formas tan
opuestas de formas Were lo que la hacía de alguna forma
impredecible.
     Como humana, Syreena era delgada y liviana, se parecía mucho
a un pájaro delicado pero se movía con la gracia elegante y la
velocidad de su mitad delfín. Llevaba el pelo divido en dos partes,
una mitad marrón hermoso y suave como las plumas y la otra de un
elegante gris acero. Tenía los ojos también de dos colores pero, como
el arlequín, el ojo gris estaba en el lado del pelo marrón y el ojo
marrón en la posición contraria. Aunque pareciera extremo, de
alguna forma la hacía parecer aún más exótica y única en apariencia.
La impresión general era un hermoso reflejo de la naturaleza.
    Syreena no era normal, pero era preciosa. Los que la
consideraban perfecta, acudían constantemente a ella. Tener una
forma tan elegante y maravillosa era suficiente para que su código
genético fuera deseable, pero ¿poseer dos? El poder que la estirpe
podría ostentar era algo muy codiciado siempre que los hijos
pudieran heredar la mutación. Aunque era una posibilidad que
muchos estaban deseosos de tomar.
Aunque la misma Syreena se sentía arengada por las codiciosas
atenciones que recibía y como consecuencia se había sumergido
completamente en el trabajo como consejera de su hermana. Se
había convertido en alguien tan irreprochable como la misma Siena
aunque por razones diferentes. Syreena realmente anhelaba un
compañero y una familia, pero no se fiaba de los motivos o las
intenciones de los Licántropos. No podía estar segura de que a la
gente famosa y acomodada no les guiaran otros motivos para
hacerse sus amigos.
     —Siena no desaparecería sin dejar rastro —continuó Anya
dirigiéndose a la consejera—. Si hubiera querido pasar algún tiempo
a solas, me lo habría dicho. Sólo estás empezando a conocer de
nuevo a tu hermana. Yo conozco a la Reina de toda la vida y no
suele hacer esto.
    —Llevo en la corte desde que terminó la guerra —dijo Syreena
y el tono reflejaba que no apreciaba que la mestiza pudiera
considerarse más hermana de lo que era la Princesa y heredera—.
Creo que puede decirse que en los últimos catorce años conozco a
mi hermana lo suficiente.
    —No pretendía insultarte —se disculpó con solemnidad—.
Perdóname. Es que estoy preocupada.
    —Si te preocupa tanto, ¿por qué no mandas a alguien de la Élite
a buscarla?
    —Debería hacerlo —dudó Anya—. Pero si lo que busca es
soledad y la interrumpo, se pondrá lívida y me encontraré
encadenada al trono.
    Eso hizo que Syreena riera. La Princesa apartó el pelo bicolor y
sonrió a Anya.
    —Vaya par que estamos hechas. No reconoceríamos unas
vacaciones si nos mordieran el culo. Lo que deberíamos estar
haciendo es preparar el festival de Samhain.
    —¿Qué vas a hacer en el festival? ¿Cruzarte de brazos y ser una
espectadora? — la incordió Anya.
    El festival de Samhain siempre terminaba con cientos de
cuerpos entrelazados repartidos tras los árboles y arbustos del
bosque tras el castillo y el pueblo. Syreena no tenía compañero y
debido a las mismas restricciones que sufría Siena, sólo podía tener
un amante para toda la vida.
     —¿Sabes? Eres afortunada de que nuestra Reina te adore —la
amenazó Syreena con ojos chispeantes—. Si no te encadenaría al
trono yo misma —la Princesa se puso seria con rapidez.  —Ahora
me has preocupado. Creo que deberíamos echarle un vistazo al
territorio.
     Syreena se levantó y se colocó el pelo de manera que la parte
gris estaba enterrada bajo la parte marrón. El pelo marrón empezó a
deslizarse por su cuerpo inmediatamente. Plumas y alas
reemplazaron a las formas humanas y en un destello de velocidad
que quitaba el aliento, Anya no pudo menos que admirarla, Syreena
voló a través de los techos abovedados de la habitación.
    Planeó hasta salir del castillo subterráneo, dejando a Anya sola
con sus preocupaciones. En ese momento, todo lo que podía hacer
era maravillarse de las habilidades de la Princesa. No había
Licántropo vivo que pudiera cambiar tan deprisa. Quizás Siena,
pero tendría que trabajar extremadamente o se sobresaltaría en
medio del cambio.
    Envidiaba y no envidiaba a aquellos niños pura sangre. Por una
parte, la mayoría podía cambiar de forma a voluntad. Era una
destreza muy útil para el General de los Ejércitos de la Reina de los
Licántropos. Y además parecía mucho más divertido ser capaz de
experimentar el mundo como un animal.
    En la lista de cosas en contra estaba la tendencia de los
Licántropos hacia los comportamientos animales menos
controlables. Aunque aquellos que, como Siena y Syreena, podía
controlar la mayoría de esos impulsos, la mayor parte de la
población tendía a ser menos firmes sobre las más bajas naturalezas.
Disfrutaba de los instintos con los que había nacido. La hacían ser
una luchadora determinada y una excelente estratega. Pero odiaría
estar bajo el impulso de los instintos. El control lo era todo para ella.
    En ese momento, control significaba tomar la iniciativa. Syreena
le había dado una idea. Podía mandar a aquellos de la Élite que
pudieran volar. En forma de pájaro podrían sobrevolar rápidamente
las tierras e informar inmediatamente. Siena podría sentirlos pasar,
pero mientras siguieran su camino no la molestarían si era soledad
lo que había apartado.
    Si era otra cosa, Anya no sería capaz de perdonarse por no
haber actuado. Siena era realmente su hermana y también una
amiga. Sería negligente si no pensara en la protección de la Reina en
todo momento. Y sobre todo en estos tiempos.
     Era una líder excepcional con una destreza sin igual. Aunque
Syreena podría ocupar el lugar en caso de necesidad, la Princesa no
tenía la misma afinidad con la gente que tenía Siena. Syreena había
vivido gran parte de su vida en el recinto monacal de The Pride.
Como todos esos grandes y sabios maestros, sabía más de estudios
que de relacionarse con la gente. Esto se notaba durante las
reuniones y hacía que los demás se sintieran tan incómodos como
ella. Siena era el líder que los Licántropos necesitaban en esta época.
No podía haber sustituto, no especialmente la antisocial Princesa.
Quizás llegara su momento algún día, ojalá dentro de mucho
tiempo, mucho después de que la influencia de paz y sabiduría de
Siena hubiera borrado el legado de sed de sangre que su padre
había dejado.
     El comentario de prepararse para Samhain había sido una
broma. A Syreena no la encontraría nunca cerca de las festividades y
el masivo gentío de la celebración. Siena había intentado atraerla
este año tanto como pudo y por eso la ausencia le sentaba tan mal a
Anya. No había sido capaz de convencer a su hermana de unirse a la
fiesta si ella no estaba allí y era prácticamente de lo único que
hablaba desde hacía semanas.
    No.
    Algo iba mal.
    Anya salió de la sala del trono a buscar a su Élite y ver si podía
hacer que esa sensación mala se volviese una buena.
CAPÍTULO 5


    Elijah   salió de la habitación trasera vestido más
apropiadamente con un par de pantalones de correr que eran algo
pequeños para él, pero mucho mejor que andar rondando por ahí
envuelto en una escueta toalla. Eran lo suficientemente holgados
para ser cómodos y servían a su propósito.
    —Bastante cerca —remarcó Siena mientras le observaba que
detenidamente—. Nunca me fijé que Jinaeri tuviera ropas de
hombre aquí, algo me dice me ha estado ocultando algunos secretos.
    —¿Y tú ordenas que tus súbditos te cuenten sus asuntos?
     Elijah sabía que estaba bromeando con ella, pero ella sonrió y
fue a sentarse en el sofá con los pies enroscados debajo de ella. Sin
embargo se veía un poco mejor, quizá algo cansada por los nervios.
Elijah se le unió sentándose en el sofá frente a ella, cruzando un
tobillo sobre la rodilla de manera casual.
    —No, pero sí requiero que las damas solteras lo hagan, Jinaeri
es una de mis ayudantes más cercanas, cerca de mí sólo conservo
ayudantes sin ataduras.
    —¿Por qué?
    —Porque mis sentidos son muy poderosos y es demasiado fácil
para mí detectar el olor de un compañero en ellas.
    —Y, ¿por qué eso sería tan malo? —la presionó Elijah.
Sospechaba la respuesta, pero quería escuchárselo decir.
     —Es una… distracción, y me mantengo alejada de esas
distracciones. No las castigaría o condenaría por ello, simplemente
las reemplazaría y les daría otra posición.
    —Te refieres a un aislamiento. Con razón está indispuesta en
decírtelo.
    —No es un aislamiento.
—Pasar de ser una ayuda invaluable para la Reina a… ¿Lo que
sea? ¿No consideras eso un aislamiento? —Elijah se rió en corto,
resoplando con incredulidad—. Te apuesto lo que quieras a que
Jinaeri lo cree.
    —Tal vez —concedió Siena.
    —¿Y por qué? ¿Por tener un amante? Eso suena algo
discriminatorio, Su Majestad, ¿Todo porque no quieres sentirte
incómoda con pensamientos sobre un compañero o sobre sexo?
    —No espero que lo comprendas —espetó ella de repente, con el
cuerpo poniéndose rígido por la irritación—. Es bien sabido que
vosotros, Demons, canalizarán lo que sea que se les ajuste por el
tiempo suficiente.
    —¿Ah, de verdad? ¿Es un hecho tan bien conocido como el del
asunto de “la sangre Licántropo está dañada”?
    Él tenía un punto, estaba claro. Lo podía decir por el color que
enrojecía sus mejillas, pero para su sorpresa, una vez más ella lo
reconoció.
    —Tal vez estás en lo cierto, me temo que algunos de mis
prejuicios se notan de tanto en tanto, a pesar de mis esfuerzos. Me
disculpo por la crítica.
     —No me preocuparía por eso —dijo Elijah tranquilamente,
sintiéndose un poco mal por bromear con ella—. Últimamente te he
dicho suficientes cosas groseras para compensar.
    —Eso también es verdad —señaló ella, elevando una ceja
divertidamente mientras le brillaban los ojos.
    —Sabes —Elijah levantó una mano y sacudió un dedo frente a
ella—. Tienes un problema de actitud.
    —Ciertamente, tu actitud es un problema para mí.
     —Oh, muy graciosa —contestó, el sarcasmo rebosando sus
labios.
    Pero a pesar de sí mismo, estaba disfrutando el inofensivo
enfrentamiento, era rápida, lista y astuta. Esto no le sorprendía, ya
había visto algunas evidencias de ello. Aún así, era un atributo
agradable. Había estado rodeado de fuertes y brillantes mujeres
toda su vida, y esta era la razón por la que le resultaba atractiva.
     —¿Tienes hambre? Necesito cazar para dos si vamos a comer —
dijo ella.
    —No parece que estuvieras lista para cazar aún —advirtió él.
     —Y nunca lo estaré si empezamos a morir de hambre. No te
preocupes, guerrero, aún no ha habido un conejo que me quite el
aliento.
     Se puso de pie, la falda de uno de esos pequeños vestidos cayó
en su lugar sólo para darle un vistazo al guerrero del tentador
trasero con curvas. Adelantándose hacia la entrada de la cueva,
Siena era ajena a su reacción. Cuando la siguió algunos minutos
después, encontró el vestido tirado en el suelo cerca de la abertura.
Incapaz de contenerse, recogió la prenda y poniéndola bajo la nariz,
aspiró profundamente su esencia.
    Se estaba haciendo más y más difícil resistir esta atracción que
ella tan inocentemente dejaba; ya sea que fuera la luna, o
simplemente hormonas pasadas de moda altamente activas, tenía
que salir de allí. Dejó caer el vestido al suelo y giró abruptamente de
regreso al pequeño salón.
    Aún estaba caminando en frente de la chimenea cuando
apareció de súbito al inicio de las cortas escaleras, Elijah la miró y se
quedó inmóvil al instante, estaba sonrojada, sin aliento y hermosa.
Fresca por la caza y, podría jurar por la vida de Noah, que olía cien
veces más provocativa que cuando se había ido.
     Elijah se quedó quieto mientras ella bajaba lentamente hacia el
cuarto, pasando frente a él para dejar algunos conejos recién
muertos. Regresó hacia donde él estaba, para ir a la piscina, a
intentar lavarse la sangre que le manchaba las manos. Siena no
estaba ciega a la absorta atención del guerrero, y lo que no podía ver
directamente, ciertamente lo sentía. Tenía una afinidad con todos los
animales, una telepatía que le decía qué acciones, deseos y
sensaciones experimentaba una criatura. Funcionaba con
humanoides también, cuando las emociones y sensaciones venían de
su lado más salvaje.
Y la lujuria era ciertamente un aspecto salvaje.
     Se lavó las manos lentamente, demorándose a propósito porque
no quería regresar a esa parte de la caverna y sentir el peso de esos
vívidos ojos verdes y el claro deseo que quemaba por igual detrás de
ellos. No era inmune a su propia conciencia de él y las cosas sobre él
que la atraían en sus agudos sentidos.
      Fuera Demon o de otra especie, era un hombre notable, física y
químicamente. Siena abandonó esos angostos pensamientos, no
podía permitirse admitir que pudiera haber algo más personalmente
atractivo que sólo lo físico. No quería sentir esas cosas, pero eran
incesantes. No importaba cuan fuerte lo intentara, no podía apartar
esos pensamientos que sólo servirían para atraerle hacia ella,
esperaba que al menos aceptando este aspecto de su atracción hacia
él, eliminaría la intocable tentación que representaba.
    Siena salpicó agua sobre la cara y cuello, esperando que el
vigoroso frío refrescara los especulativos pensamientos, se puso de
pie y regresó lentamente a la habitación próxima. Para su alivio, él
se había ido de vuelta al dormitorio, no era mucha distancia, pero
ayudaba. De inmediato se ocupó de la preparación de otra cacerola
de guisado, usando lo que quedaba del suministro de hierbas,
limpiándose el fuerte olor de ella en sus manos frotándolas sobre la
falda del vestido. Sus pensamientos se dirigieron al dormitorio,
preguntándose qué estaría haciendo. Alcanzó a sentir sus
movimientos de cualquier manera posible.
    Fue un error.
    Le sentía demasiado bien. Podía verle vívidamente en su mente,
sentado en la cama, las manos enlazadas sin cuidado entre las
rodillas y la cabeza inclinada, como si estuviera luchando consigo
mismo. Sintió, en ese cercano momento, todo lo que él sentía. Él
también esperaba que poniendo un cuarto de distancia entre ellos,
disminuiría el afilado dolor de esta inexplicable atracción que sentía
hacia ella, estaba zumbando con los nervios tensos y el audible
deseo de arrojarse al próximo viento fuerte. Tenía que escapar, tenía
que volar, pero no podía hacerlo y esperar sobrevivir; no sólo por
las heridas, sentía admitirlo, sino porque cuando pensaba en que
nunca volvería a verla, poniendo una gran distancia entre ellos, se
empezaba a sofocar.
Siena apretó ambas manos sobre la encimera, la cabeza
inclinada mientras trataba de respirar, mientras trataba de
recordarse que era él quien estaba luchando en el límite de la
claustrofobia, no ella. Trató también de convencerse de que sus
apasionados sentimientos no eran la razón por la que su corazón
empezó a palpitar. Que la chispeante sensación que apretaba su
pecho, no tenía nada que ver con lo que significaba ser querida
finalmente por ella misma. No por ser de la realeza, o heredera, o
hermana, sino por la mujer como un todo.
     Querida como todas esas cosas, así como también por ser la
cazadora, la justiciera, la Reina y la sierva de las necesidades de su
anhelante cuerpo. Para el guerrero en la habitación de al lado, ella
era dorada y suave, de formas perfectas para sus manos y su cuerpo,
exudando el perfecto aroma que le atraía a ella; tenía sangre
caliente, nobles pensamientos, y una astucia como una caja de
tesoros que cuando la abría no podía evitar sentir la riqueza y
bienestar de su presencia.
     Aún cuando él pensaba todo esto, era consciente del peso de la
excitación en su aroma que crecía con cada pensamiento que le
dirigía. Sintió el palpitar de su corazón directamente a través de las
sienes, y soltó una suave y atontada risa cuando sintió el asombrado
calor que pulsaba fuerte y bajo en un cuerpo que parecía estar
permanentemente endurecido de necesidad por ella. Siena se tragó
un profundo respiro, tratando de cortar su conexión con él, pero
estaba de lejos, demasiado fascinada por la pureza de ello para
realmente dejarlo ir. Nunca había congeniado con un ser tan
perfectamente, nunca había sentido dentro de su propio cuerpo lo
que otro ser sentía. Se agitó, incontrolablemente, mientras deslizaba
una mano a través del vientre, como si de repente encontrara su
sexo cambiado, permitiéndose tocar el masculino embate de
incómodo y tenso calor bajo la V de sus caderas. Las lágrimas
aparecieron en sus ojos, el dolor y la lucha tan insoportable como la
de él.
     Oh, pero sí pudo sentir el honor, la determinación de nunca
rendirse a sus impulsos, no importaba cuánto le mortificara. Esto
fue lo que se le clavó a través y en medio de ella. Darse cuenta que, a
pesar de que era una notable tentación, aunque estaba prohibida
para él por las leyes naturales y las escritas por su pueblo, aunque él
podría condenarse a castigos que iban más allá de su comprensión,
no era ninguna de estas razones las que le frenaba.
    Había una sola cosa que lo anclaría en su honor, y era el
entendimiento que nunca podría lastimarla, que prefería verse
muerto que verla alguna vez llorar, o temerle, o alguna otra cosa
igual de negativa como el dolor.
    En toda su vida adulta como realeza, había sido valientemente
protegida de un sinfín de cosas, pero nunca había sido ansiada de
tal manera. ¿Cómo podía ser que tan reacio enemigo pudiera
demostrar tal sentido del honor a alguien que representaba todo lo
que había despreciado durante tres siglos?
    La Reina distraídamente colocó la cacerola del guisado en el
gancho de la chimenea, colgándola sobre las llamas. Apenas vaciló
antes de entrar al dormitorio, escuchó la rápida y pesada caída de su
propia respiración, observó con los puños apretados cómo se movía
dentro y fuera de su pecho, mientras se decía a sí misma que girara
y tomara la otra dirección.
    Distancia, necesitaba poner distancia entre ellos.
     Pero en vez de eso, siguió el camino, no entendía que la
impulsaba hacia el cuarto, pero siguió bajo este poder hasta que
finalmente fue capaz de detenerse, justo cuando él la miró. Le
observó con una fascinación que no podía comprender, mientras las
relajadas manos de él se convertían en puños tensos. La respiración
se aceleró aún más, cuando se dio cuenta lo que significaba que su
control estuviera puesto a prueba sólo con su presencia en la
habitación, ¿Por qué esto le emocionaba tanto? El aumento del calor
y la excitación la hicieron temblar con anticipación. Había un poder
aquí, se dijo, uno con el que había jugado toda su vida, una vez que
había descubierto el coqueteo de su cuerpo mientras se convertía en
mujer. Había aprendido a utilizarlo para calmar y tranquilizar, para
encantar y ganar, para convocar y negar. Era siempre algo vivaz,
pero aquí yacía un camino tan peligroso que su vida entera podría
explotar por ello. Pero moverse directamente a lo largo de este
camino podía establecer ciertos desastres, cierto placer, cierta
debilidad de poder sobre el hombre más poderoso que hubiera
conocido. Se aproximó y él se levantó y la enfrentó, su cara, una
tormenta de emociones a la luz de las llamas que parpadeaban entre
ellos.
    —Siena —advirtió él, su nombre quebrándose en sus cuerdas
vocales.
    —Elijah.
     Fue la primera vez que ella dijo su nombre, y fue un asombroso
impacto en ambos lados. Para ella, la hizo reír con inesperada
delicia, no tenía sentido, lógicamente, pero allí daba igual. Para
Elijah, la simple palabra golpeó cada defensa que había tratado de
erigir para protegerse de su atracción. Su nombre en esos labios,
pasando a través del rico tono de la seductora voz, se clavó en su
libido como un cuchillo caliente en mantequilla. Apartó la cabeza,
maldiciendo por lo bajo mientras se forzaba a quedarse quieto y no
acercársele.
     Siena hizo un esfuerzo inútil, con una especulativa mirada en
los ojos dorados, comenzó a caminar hacia él, la cabeza se echó hacia
atrás, los fieros ojos recorriendo completamente su cuerpo, desde el
momento en que ella dio su primer paso. Podía escuchar el roce de
sus pies desnudos mientras se movía, revolviendo la arena y el
polvo contra la piedra pulida, el arco de los pies y las piernas
flexionadas tan tensamente, que los talones nunca tocaban el suelo.
Las manos estaban enlazadas por detrás, permitiendo que la
coqueta falda de su vestido se estirara y balanceara con el natural
contoneo de su cuerpo.
    Elijah se forzó a recordar cómo ese perfecto y sensual cuerpo se
sentía contra el suyo. Cada plano de terciopelo, cada exaltada
cercanía, cada onda de dulce y ardiente almizcle que se elevaba de
su piel. Se vio obligado a recordar aún más vívidamente a medida
que se acercaba a él y podía sentir su calor corporal.
    —Siena —dijo con voz ronca—. No, no me toques, o juro que…
no puedo… tendré que...
     Ella alzó la mirada a sus ojos, luciendo tan tentadora mientras
hacía lo que imaginó que podía leer en sus atrevidos pensamientos
sexuales. Las palabras le abandonaron cuando bajó la mirada a esos
elocuentes ojos dorados; aunque no dijo nada por un largo minuto,
expresó calientes pensamientos con esos ojos hambrientos. Observó
el batir de las delicadas pestañas, mientras obviamente le evaluaba,
haciéndolo tan claramente como una mujer interesada en evaluar a
un hombre. Pero, como le pidió, no le tocó. Las manos se mantenían
enlazadas a la espalda y se detuvo justo lo necesario para no hacer
contacto con su piel.
    —¿Contestarías una pregunta? —suavemente le preguntó, los
ojos iban a la deriva por su cara, su pecho, bajando por su
musculoso abdomen.
    —Siena.
     —Sí o no —interrumpió con firmeza. Cuando se resistió a
contestar, alzó una mano posándola sobre su músculo pectoral
derecho. La amenaza fue terrible y clara. —¿Sí o no?
    —Sí —cedió rápidamente, quebrándose de repente ante una
amenazante tortura que nunca había anticipado en su carrera como
guerrero.
    Ella volvió con su mano hacia el costado y sonrió. Elijah se dio
cuenta de que disfrutaba cada batalla que ganaba, no importaba
cuánto habría de costarle en el proceso. Ella era, en esencia,
exactamente como él.
    —Dime lo que se siente al tener sexo.
    Elijah retrocedió por el impacto de la pregunta, pero ella
continuó despiadadamente, hasta que la ancha espalda estuvo
tocando la inamovible piedra, lo que no le daría ni un centímetro
para escapar.
    —¿Por qué me lo preguntas? —demandó, tratando por todo lo
que valía la pena no ceder ante los miles de impulsos que le
recorrían como pinchazos.
    —Porque tú sabes —contestó simplemente.
    —Siena, tienes que irte. No quieres saber esto y no quieres estar
cerca de mí, lo sabes.
    —Tal vez, pero se me ocurrió que ya que no somos de la misma
especie, ciertas reglas no se aplican.
    —Un riesgo que no puedo creer que quieras tomar, Siena, esta
no eres tú…
—¿Y cómo es que presumes de conocer quién soy? —Respondió
de golpe—. Nadie me conoce, ¡Nadie conoce esta parte de mí, ni
nunca lo hará! ¿Tienes idea de cuánto me enfurece eso? Soy mitad
gato, guerrero, y cada instinto natural en mí que pertenece al gato es
uno de sensual facilidad y de amarga y aguda necesidad. ¡Algunas
veces quiero gritar con la intensidad del dolor de negarme lo que
tales placeres me causan! —Siena tragó un profundo respiro, su voz
y ojos rugieron con la pasión de las emociones—. Es como un
animal en celo encerrado en una jaula, no hay libertad ni hay escape,
nada lo facilita. Así que te lo pregunto con la esperanza que, de
alguna manera, tu respuesta con ayuda me brinde sosiego, ¿Me
odias tanto que me negarás esto? ¿Aún cuando te salvé la vida?
    —¡No te odio, Siena! ¡De toda tu gente, eres la que menos
razones me ha dado para odiar, no importa cuánto he tratado de
hacerlo! Estoy tratando de protegerte…
     —¡No necesito tu protección! Necesito tu respuesta —se inclinó
aún más cerca de él, el rostro a un aliento del suyo, mientras su
mirada se engarzaba con la de él, su aliento de dulce canela le caía a
torrentes, apasionado y entrecortadamente. Ella se estremecía e
irradiaba necesidad, profundo en sus ojos, vio el dolor, vio ciento
cincuenta años de negación y sacrificio.
     —¿Por qué no tomas un compañero, Siena? —preguntó, el tono
suave e innegablemente tierno. Entonces, en vez del resurgir
irracional de celos que la sugerencia provocaba con una dolorosa
marca, cada célula de su cuerpo gritaba en posesividad y
depredadora protesta—. Nada te obliga a ser lastimada así —dijo
roncamente, apenas capaz de hablar debido a sus emociones.
     —¡Porque la última vez que una hembra se emparejó, fue con
un bastardo sangriento que casi destruye a su pueblo después de
que ella muriera y le dejara al mando de todo! —la mano de Siena se
convirtió en un puño mientras la rabia contra su padre ardía—.
Trescientos años desperdiciados en guerra y todo lo que conlleva.
Miles de ambos pueblos masacrados, ¿Y por qué? ¿Para qué? ¿Una
insignificante ilusión? ¿Un ego masculino ligeramente herido? No,
preferiría morir antes que someter a mi gente a tal tormento otra
vez.
    —Siena, no todo hombre es así—argumentó Elijah.
Siena rió ante tal concepto, se acercó y le tocó de repente, ambas
manos deslizándose por las costillas superiores, haciéndole
encogerse con un agudo resoplido.
     —Ciertamente no hablas por ti mismo, eres el más
experimentado guerrero de tu raza, estos músculos se definieron en
el campo de batalla.
     —Porque es como tenía que ser, no porque disfrute con ello —
dijo firmemente, reprimiendo el gemido que se formaba bajo su
curioso toque.
    —¿Y no obtuviste placer asesinando a mi padre? —preguntó, la
acusación susurrada acaloradamente.
    —Tuve tanto placer haciéndolo, como tú presenciándolo.
    —Oh sí —musitó distraídamente, las manos recorriendo sus
costados lentamente—. Fue como un favor para mí lo que hiciste,
¿no es cierto? Me liberaste para liberar a mi pueblo.
    —Hice lo que tenía que hacer para detener la matanza.
    —Tan noble —indicó, sus manos se levantaron un poco,
mientras las yemas de los dedos examinaban la piel, trazando
graciosamente, perfilando la definición de su pecho, los definidos
pectorales, costillas y los puntos sobresalientes del abdomen.
    —Siena, detente —ordenó, agarrándole las manos con las suyas,
forzándolas a quedarse quietas, así no le desestabilizarían con la
tentación de su toque—. Si quieres odiarme, entonces hazlo por
como son las cosas. No establezcas más razones para despreciarme,
tenemos suficiente odio entre nuestra gente.
     —Pero tampoco te odio, Elijah —insistió, golpeándole de nuevo
con el sonido de su propio nombre. No podía comprender por qué
le afectaba del modo en que lo hacía.
   Por supuesto, su proximidad y magnetismo no ayudaban
mucho.
    —Entonces, ¿por qué estás actuando así?
Ella se detuvo mientras parecía pensar en ello, la lengua
apareció para lamerse lentamente los labios, esa erótica suposición
brillando en sus ojos otra vez.
     —Porque nunca en mi vida sentí esto… este deseo que siento en
este momento, quiero entender qué es, Elijah.
    Elijah no esperaba que se inclinara tan de repente, la nariz
recorriendo su piel mientras tomaba un profundo respiro.
    —¿Por qué tu aroma me atrae como ningún otro?
     Elijah no pudo responder, la bestia de su necesidad por ella
estaba resurgiendo violentamente a través de él, emocionándose por
encima de la manera en que ella rozaba su cuerpo mientras aspiraba
su olor. Antes que pudiera controlar el impulso, inclinó la cabeza
hacia la garganta, donde se curvaba en el hombro, y repitió la acción
sin vacilación. Su aroma era divino, ambrosía, estaba fuertemente
excitada, reflejado por la pesada dosis de almizcle femenino que le
recorría como un veneno erótico. Iba quemando a través de cada
vena, cada nervio, liberando endorfinas y sangre a lo largo de su
cuerpo, por lo que ambos esperaban con anticipación su próximo
movimiento.
     No se resistió cuando ella soltó las manos de su agarre, el
movimiento envió a las inertes manos a deslizarse por sus
antebrazos mientras se acercaba a él. Al principio, todo lo que hizo
fue delinear inquietantes caricias por el nacimiento del cabello,
frente, nariz, mejillas y barbilla. Sin tocarle verdaderamente, acunó
la cabeza entre sus manos, las yemas de los dedos flotando como
alas de mariposa cerca de las orejas, al tiempo que sus manos
temblaban con violencia por las necesidades contenidas. Se acercó
con la boca, sus labios y aliento le rozaron con sensaciones vivas e
inexistentes al mismo tiempo. Elijah hizo un anticipado sonido de
agonía, grave en su pecho, un conflicto doloroso explotando a través
de las pupilas cuando le miró con aguda claridad en su propósito, él
lo temía, lo ansiaba, ambos con cada fibra de su alma.
    —Siena, por favor —suplicó, una inútil última vez.
    Entonces su boca estuvo contra la suya y toda protesta se
desvaneció en la nada. Ella era perfecta, completamente perfecta.
Ninguna mujer podía ser tan insoportablemente perfecta…
     Elijah pensó esto con fiereza y aún cuando se convencía de lo
contrario, sólo se inclinaba a satisfacer la exuberante caricia de esa
boca. Se retiró con fuerza para tomar un respiro que llevara un poco
de oxígeno, y así lo hizo con el respaldo de su aroma y el sabor
elaborado de canela. Sus labios eran ardientes contra los de él y
flexibles más allá de la razón. Elijah rodeó su cabeza con las manos,
acercándola y apretándolos más en el beso que ella apenas había
empezado, mostrándole exactamente con lo que estaba jugando.
   Parte de él esperaba que la intensidad de esto no la asustara
como había pasado el día anterior.
    Y otra parte de él no.
     Su boca encendió en fuego la de ella, las poderosas manos
presionaban las yemas de los dedos en su cuero cabelludo mientras
la agarraba con fuerza, sus manos temblaban con ímpetu igual que
las de ella, y pudo sentir la vibración de la cabeza a los pies. La trató
con violencia, trató de atemorizarla con la ruda y lacerante
intensidad de su beso, aplastándola bajo su boca, incluso yendo más
lejos al liberar un depredador gruñido de advertencia y peligro. La
hirió y magulló, un poco de ambos, como si amenazara con
devorarla como una presa, desgarrando la suave y vulnerable piel
con hambre e intensidad.
     Siena le negó cualquier posibilidad de salvación, cerrando de
golpe las manos contra su pecho, embistiéndole con su peso,
presionándole agresivamente contra la pared de piedra detrás de él,
liberando su boca lo suficiente para inclinar la cabeza en la dirección
contraria y capturarle una vez más. Alcanzó con audacia la caricia
de su lengua, precipitándose dentro de su boca con urgente
necesidad, de una manera que hizo que cada nervio de su cuerpo
cantara de placer. No era ninguna señorita virginal que aceptaba
pacientemente lo que él orquestaba, manejaría tanto como él lo
hacía, y la idea de ello le suavizó. Con ese cambio de agresión, y con
la honestidad de la reacción que se fraguó en él, ella soltó un sonido
de deleite y estímulo.
    El desaliento quedó apartado mientras él se quemaba con la
presión de su cuerpo y el apetito de esa boca, ella meneó su cuerpo
contra el suyo, las suaves curvas extendidas en las duras planicies
de los músculos. Encajaba a la perfección, tan alta y elegantemente
formada, no la abarcaba, y él encontró eso atrayente más allá de la
razón. Sus manos fueron a la deriva por el cuello y garganta,
resbalando por debajo del pesado cabello para encontrar su calor,
incluso el collar que llevaba se había calentado con el ardor de su
cuerpo. Antes que se diera cuenta lo que intentaba hacer, ya había
desatado el intrincado collar, haciéndolo resbalar por el frente de su
cuerpo.
     Siena se echó para atrás de repente conmocionada cuando sintió
el collar abandonar su cuerpo para ser reemplazado por esas manos,
agarró el collar antes que se deslizara por el cuello y luego le miró a
él y al collar con completa incredulidad.
    —Esto no es posible —susurró, estremeciéndose mientras él se
acercaba para rozar el cuello desnudo con la boca, las calmantes
manos la sostenían, aunque estaba tratando de conservar un
equilibrio básico de su cuerpo, gimiendo ante la asombrosa
sensibilidad del área. Durante toda su vida, ésta no había sido
expuesta a toque alguno, salvo el del oro y piedra de luna.
    —Déjalo a un lado —la urgió él, la lengua trazando su arteria
carótida a lo largo del cuello de una forma que convirtió sus piernas
en gelatina. Ella jadeó con placer, los ojos cerrados, mientras él
repetía el circuito en la dirección opuesta, añadiendo un estimulante
raspado con los dientes hasta que la tuvo temblando con escalofríos.
Siena sintió como si su cuerpo entero estuviera fuera de control,
como si su mundo careciera de un eje.
    —Elijah, el collar… —trató de explicarle, las palabras meros
jadeos suaves.
    —Déjalo a un lado —le ordenó de nuevo, articulando cada
palabra con firmeza.
     Al instante, Siena dejó que cayera de repente de los nerviosos
dedos y enderezó la cabeza con lo que él aumentó el acceso al cuello
y garganta. Hizo un sonido de masculina aprobación, que cantó a
través de ella con eficaz deleite, un momento después la apretó con
las bandas de acero de sus brazos y la levantó sobre la punta de los
pies, encerró su boca y la besó hasta un estado de total falta de
aliento y entumecimiento de pensamiento. Se sintió ligera y
profundamente femenina; podía hacerla olvidar su fuerza tan
fácilmente con sus grandes manos y su demandante cuerpo
masculino.
     Elijah la levantó del suelo y la balanceó alrededor con facilidad
hasta que los pies tocaron la cama, ella rió cuando se encontró de pie
sobre ella, mirando abajo hacia sus ojos, la risa se desvaneció
cuando se dio cuenta el acceso que su nueva posición le permitía
hacia sus senos, los labios se torcieron en una diabólica sonrisa
mientras elevaba los nudillos y rozaba un pezón y luego el otro,
jugando con ellos hasta que no pudo soportar la sensación. Estaba
fascinada con la inmediata respuesta de su cuerpo, el empuje reflejo
exhibiéndose erótico, incluso para ella, mientras le observaba
divertirla con su toque.
     Apenas pudo tomar un respiro, mientras se inclinaba hacia ella
y hociqueaba la tela del vestido, el sedoso material parecía nada
cuando atrajo uno de los puntos dentro de su boca, chupando hasta
que pensó que iba a colapsar del intenso placer. Levantó la cabeza lo
suficiente para atrapar la tira del vestido con el meñique, deslizando
hacia abajo la seda humedecida hasta que no fue más una barrera
para su boca.
     Gritó emocionadamente cuando, tan llena de fuego líquido, la
rodeó una vez más, atrayéndola profundamente a la boca y luego
liberándola a través de los dientes estimulantemente. Esta vez sus
rodillas cedieron, pero la sostuvo como si no pesara más que su
vestido.
     Elijah se deleitó con el sabor de ella, la plenitud femenina de los
senos, la sensibilidad del punto de oro y rosa del pezón mientras
frotaba la lengua sobre él, hasta que soltó otro de esos sexys
pequeños gemidos de inconfundible placer. Él la aspiró
profundamente en la boca mientras lo emitía, y ella se echó
pesadamente contra su cuerpo, él sintió las manos agarrando su
cabeza y hombros, el alocado abrazo de una mujer perdida en su
placer, embistiendo a través de él en ondas de tensa necesidad.
    Mientras la atormentaba con su sensación, ella se deslizó contra
su cuerpo, sintiendo cada contorno de los músculos tejidos como
haces de cuerdas de acero sobre su figura, los pies se asentaron con
firmeza, la planta entera dura como una roca y rígidamente fijada
como una gran estatua de piedra. Cuando ella agarró los brazos con
firmes dedos, apenas dejó una impresión en su piel. Destilaba
pasión, al igual que poder, injustificadamente y dominantemente,
este no era un hombre al que le gustaran segundos pensamientos,
prefería entrenarse con habilidad y conocimiento, así, cuando el
momento llegara, podría reaccionar con instantánea resolución. Eso
era lo que había hecho en la piscina mineral, había observado,
esperado y actuado. En ese entonces se había forzado a meditar lo
que había llegado tan naturalmente a él en esa sucesión de minutos.
     Así que ahora estaba de vuelta en su elemento, en un cien por
cien, empujándose de lleno en lo que desde el principio había
sentido correcto. La devoró con una boca voraz y apasionada, y al
mismo tiempo, tocaba su largo cuerpo con briosas e indagadoras
caricias de las manos. Estaba descendiendo por la pendiente de la
espalda hacia abajo un minuto y al otro sepultándose bajo el
dobladillo del vestido para extender sus inquisidores dedos en la
parte trasera del muslo. Acarició hacia arriba en su piel satinada, el
trasero desnudo como siempre bajo el vestido, la piel encajando en
la palma mientras la movía sobre el arco de la espalda baja,
alrededor del vientre y a lo largo del esternón.
    Había tanta sensación inundándola en tantos sitios a la vez que
de inmediato se aturdió en el placer y excitación. Exploraba su
cuerpo con las manos, los mechones del cabello se unieron con
impaciencia a la exploración, rodeando sus sentidos con la sensación
de él, enterrando el rostro en los rizos rubios; los músculos se
ondulaban bajos las manos, temblando mientras ella se deslizaba
sobre ellos con sensual y curioso toque.
     La abrasadora boca regresó a la suya mientras las estimulantes
caricias elevaban la temperatura corporal hasta el cielo. La fue
soltando poco a poco, así se iba deslizando por su cuerpo hasta la
cama, la siguió cada centímetro del camino, la boca adherida a la
suya mientras bebía profundamente ese ardiente sabor de canela tan
único. Las manos reforzaron el peso encima de ella cuando se movió
sobre su cuerpo. Cuando le sintió colocarse contra ella, ronroneó con
deleite y provocación, el sonido le golpeó exactamente como antes,
sólo que esta vez iba a actuar libremente sobre estas sensaciones.
Elijah, al instante, metió las manos bajo su vestido,
despojándola de él con un solo movimiento incluyendo el
descuidado lanzamiento más allá en la habitación, la tórrida
velocidad de la exposición hizo que Siena se arqueara contra su
cuerpo, con lo que la ardiente piel entró en contacto con la de él con
increíble sensualidad.
      Oh, cómo recordaba la sensación fogosa de esa piel, cómo había
ansiado una repetición de lo que originalmente había ocurrido,
incluso entonces, ella había estado helada por el agua del lago, tan
pálida en comparación a como estaba ahora. Era una hoja de
seductor satén debajo de él, envolviéndole en una rara pureza de
flexibilidad y riqueza que sólo podía provenir de una fuente tan
perfecta. Las piernas se deslizaron desde abajo de él hasta que los
muslos enmarcaron las caderas lascivamente, afianzándolo más
profundamente en su ser, encajándolos juntos como la cerradura y
la llave.
    Elijah se agarró de las mantas cuando se sintió acomodarse en la
cuna de sus caderas, sólo su ropa era un obstáculo entre ellos, un
obstáculo que se sentía como nada, como mucho viento; los dedos se
agarraron con tal placentera agonía que se clavaron en el grosor del
colchón, aún sin el reflexivo crecimiento de afiladas garras. Estos se
demoraron un segundo, cuando ella recorrió con manos ansiosas la
pendiente de la espina dorsal y sobre los duros músculos de la
espalda, aferrándole a ella, para poder mover las caderas y frotar su
calor contra la rígida extensión de su sexo.
    —¡Siena!
    Su nombre fue un gruñido en la garganta, pero sintió la
sacudida de su cuerpo mientras buscaba moderación y control,
mientras enfrentaba su vulnerabilidad a esos métodos de estimular
su excitación.
      A cambio, ella movió la boca hasta la oreja, los labios frotándose
alentadoramente hasta que él se estremeció, entonces lentamente,
suavemente, pronunció su nombre, un jadeo gutural se enganchó en
la sencilla palabra, mientras le sentía moverse con intimidad contra
ella.
—Gatita —gruñó desde el fondo de su alma atormentada—.
Dulce Destino, gatita, te sientes como el paraíso. Mi paraíso.
    Siena respondió con una sonrisa contra su cuello, al tiempo que
comenzó a explorarle con impecable intimidad, frotó los fuertes y
elegantes dedos en los hombros en una caricia sellada tensamente
sobre la húmeda piel. Se movió alrededor del pecho, por los
costados una vez más, donde hizo una pausa para beber el sentir de
su rápida respiración, los dedos se deslizaron hacia abajo por los
flancos, y luego por debajo de la pretina de los pantalones, sintió los
definidos músculos del trasero tensarse bajo el toque seductor, pero
no estaba satisfecha con sólo esa reacción. Abrió las piernas un poco
más, permitiendo a las manos la libertad de resbalar por las caderas
y dentro del calor y la dureza que descansaba tan cerca de ella.
     Elijah había estado frotando la lengua contra el vital palpitar del
pulso en su cuello, cuando las puntas de los dedos rozaron esa parte
sensitiva de su cuerpo. Dejó de degustar su sabor, la espalda
arqueándose reflexivamente, mientras juraba vehemente por lo bajo.
Siena no se molestó de ninguna manera por eso, nunca había tocado
a un hombre de este modo antes, y no estaba dispuesta a renunciar a
la experiencia demasiado pronto. Envolvió los dedos de seda
alrededor de él, sintiendo con fascinación cómo palpitaba contra su
palma, él se estremeció de la cabeza a los pies, mientras ella le
acariciaba en toda su longitud lentamente, aprendiendo la forma,
peso, y especialmente, la sensibilidad. Nunca habría creído que la
carne podía ponerse tan dura, había un ardor tan intenso que casi
quemaba las yemas de los deslizantes dedos y lo más importante,
cada toque, ligero o firme, le tenía prácticamente retorciéndose de
placer, pareciendo bordear muy de cerca el dolor. Una vez más,
llegó a comprender una simple verdad, poder, el poder de volverle
loco solamente con las habilidades e intenciones de sus manos.
    La carrera de excitación que siguió a esa comprensión fue suya,
no de él. Siena jadeó con fuerza cuando la inundó con oro fundido,
un líquido precioso que quemaba a través de ella y luego se
derramó eficientemente al mismo centro de su cuerpo. Entendió, de
repente, que había un solo camino a su propio placer, y ese era
zambullirse en él. Era una de esas revelaciones que podrían
cambiarlo todo, aún cuando parecía un pequeño detalle, lo sabía, lo
sabía desde el fondo de su alma. Cuando las yemas de los dedos
fueron a la deriva sobre la húmeda punta de su excitación, uno
detrás de otro, delineando sedosamente a través de la humedad y la
piel altamente sensible, aprendió una completa y nueva descripción
de estimulación.
     Elijah exhaló un bajo y rudo sonido de éxtasis, la mandíbula se
apretó cuando ciegamente embistió las caderas contra esas
malvadas manos pequeñas, ella recibió el mensaje, la reacción la
incitó a repetir la caricia, sólo que esta vez más lentamente. Elijah no
pudo pensar coherentemente desde ese momento, no era que antes
se hubiera dedicado mucho a pensar en algo que no se centrara
sobre la deliciosa sensación de ese cuerpo y esa piel contra la suya.
Siena fue implacable en su curiosidad sobre su cuerpo, y él estaba
profundamente atontado bajo sus cada vez más audaces caricias,
antes de darse cuenta, estaba sobre la espalda y ella lo estaba
desnudando rápidamente.
    Entonces ella se deslizó encima de su cuerpo y le buscó la boca,
le besó, le acarició, tratando de superarse primero en una cosa y
luego en la otra. Se deleitó en el abandono de sus reacciones, de los
sonidos que se le escapaban, podía hacer que cada rígido músculo se
retorciera y flexionara, usando el ardiente terciopelo de los labios y
lengua para hacerlo. Las manos de él se enterraron
desesperadamente en su cabello, aplastando los sensibles mechones
bajo los dedos.
     Siena nunca habría pensado que ese agarre de tal fuerza
pudiera sentirse tan bien, era una parte del cuerpo tan sensible como
cualquier otra y, su toque fue tan salvajemente mágico cuando la
agarró con tanta pasión, que fue una instantánea zona erógena, y le
sintió comprenderlo cuando empezó a arrastrar los dedos a través
de las largas tiras.
     —¡Ah! —gritó ella pesadamente, el cuerpo levantándose sobre
el suyo y arqueándose como una sedosa pitón, se sentó a horcajadas
sobre el estómago, las manos apoyadas sobre el pecho, la cabeza
echada hacia atrás mientras los fuertes dedos fluían por el denso y
resbaladizo cabello.
    Elijah se liberó de la hiedra de oro que se rizaba alrededor de su
cuerpo, una sonrisa levantó una de las esquinas de los labios, la
posición sobre su cuerpo la dejaba vulnerable a un totalmente
diferente asalto de sensaciones, las manos arrastraron rudos toques
hacia el centro del torso, sobre los senos y costillas, vientre y
caderas. Luego fue buscando el calor y la humedad que lo había
llamado sin tregua, los dedos resbalaron por un enredo de rizos de
oro y tocaron la carne más allá, ella estaba suave y enardecida por la
estimulación que las manipulaciones de su placer habían causado a
su propio cuerpo. Siena chilló cuando mil impulsos, pensamientos y
sensaciones se apiñaron para expresarse y Elijah enterró una mano
libre en su cabello y la arrastró hacia su beso. Ella jadeó dentro de la
boca cuando la invasión del toque se registró en las terminaciones
nerviosas con violento erotismo, él encontró el sensitivo nudo que
respondería elocuentemente a la caricia de sus dedos y lo atrapó con
un coqueto y experto roce.
    Nunca hubiera sospechado cuán sin aliento podía dejarla una
aparentemente simple caricia. Él la estaba tocando en serio ahora,
forzándola a sentirse débil y salvaje con la extraña y creciente
sensación que fluía hacia el exterior desde ese pequeño punto, no
pudo concentrarse más en lo que estaba haciendo, así que sus manos
resbalaron flojas por el cuerpo.
     Elijah la giró sobre su espalda, tomando de nuevo el control,
mientras ella gemía con increíble intensidad dentro de su boca. Fue
una factoría de llamativos sonidos de placer desde ese momento en
adelante, el estímulo auditivo envió una urgente necesidad que se
engarzó en el alma de Elijah. Dejó su boca rápidamente, lo que
produjo desatados gritos dentro de la habitación, pero se entretuvo
degustando la garganta, clavícula, y senos una vez más, la sintió
estremecerse, acercándose a la liberación que quería, que necesitaba
tan desesperadamente. Los dedos se quedaron quietos sobre ella,
haciéndola sollozar con un sonido de protesta.
   —Elijah, por favor —gritó, la cabeza giraba de lado a lado
mientras la mente y el cuerpo buscaban lo que faltaba.
     Él no cedió ante sus súplicas inmediatamente, tenía planeado
algo mejor, su exótico aroma lo había burlado largo tiempo. Ese fue
el único pensamiento cuando se acercó para reemplazar el toque de
los dedos con las caricias de la boca.
     Siena elevó las caderas y gritó tan fuerte que el sonido hizo eco
en la caverna. Elijah capturó las desafiantes caderas entre las manos
impacientes y la sostuvo contra su saboreadora lengua. Ella era puro
afrodisíaco, sabor y esencia combinados juntos con la perfección de
las fresas y crema. Se estremecía con tal fuerza en su agarre,
mientras su placer se enrollaba más y más apretado en su interior,
que podía predecir el poder de su liberación sólo por eso.
    Siena, súbitamente, fue surgiendo de un estupor más allá de la
mera dicha, su cuerpo se bloqueó incluso mientras se corría, se
escuchó gritando salvajemente, pero difícilmente se reconoció en el
desenfrenado sonido; pulsaciones de un placer culminante la
montaron como olas de choque, y su lengua aún seguía
acariciándola, empujándola más y más allá del extraordinario
abismo del alivio y deleite.
     Apenas se había recostado en el colchón antes que se deslizara
sobre su cuerpo y compartiera la golosina de su dulzura con ella en
la forma de un beso que le quemó el alma. Él estaba tan duro y
pesado por la necesidad de ella, que se puso un poco loco. Su
orgasmo le había empujado fuera de sus límites, y necesitaba estar
dentro de ella con una desesperación de la que nunca se había
creído capaz, los muslos se abrieron para él con facilidad mientras
se asentaba entre ellos y descansaba contra la carne henchida con un
caliente e intrigante movimiento.
    Sus ojos se abrieron de repente conmocionados ante cuán
sorprendentemente estimulante era la sensación. Él bajó la mirada
hacia aquellos fondos dorados, mirando profundamente dentro de
su alma, pasando la bruma de deseo y la necesidad sin fin, para ser
quien era ella en ese momento.
    —Dime qué eliges —dijo con vehemencia contra los labios
hinchados—. Tengo que oírte…
    Se quebró cuando ella levantó las caderas, atrayéndole
directamente hacia el umbral que tan desesperadamente necesitaba
cruzar, ella tragó un gemido golosamente, haciendo estragos en su
boca con una intensidad sin precedentes.
    Elijah llegó hasta la garganta, rodeándola para impedirle seguir
cuando se separó del beso, a ella le costaba respirar, los ojos abiertos
pidiendo que la dejara ir, de ella, de sus dudas, de todo.
—Siena —jadeó, cuando ella se deslizó contra su cuerpo una
vez más—. Necesito escucharlo.
    —Por supuesto —le susurró seductoramente, capturándole otra
vez en ese perfectamente preparado punto, donde con un simple
embate él se enterraría en ella. —Elijah, quiero esto —le suspiró.
    —¿Tú me aceptas? —Le preguntó Elijah, agarrándola tan fuerte
que fue un milagro que no se quebrara—. ¿Me eliges a mí?
   —Sí —jadeó, su cuerpo gimiendo por la cercanía que él
mantenía con ella—. Te acepto, te deseo, a ti, Elijah…
    Él soltó su control con un salvaje grito, se levantó hacia delante,
empujando dentro de su cuerpo con una simple y desgarradora
embestida, Siena gritó, pero no por cualquier tipo de dolor, pudo
sentirlo con cada fibra de su ser. Su virginidad cedió con facilidad,
dejándole enterrarse en un ardiente y acogedor cielo.
     Calor, estrechez, resbaladiza miel rodeándole, era una vaina
ardiente de inconmensurable dicha y, al fin, estaba profundamente
rodeado por ella, en esto era más allá que perfecta, se ajustaba a él
como si hubiera sido creada a su medida. Elijah estaba ciego con la
belleza y la maravilla de ello, era tan apretada a su alrededor, que
sentía como si fuera imposible moverse, así que por un largo minuto
no lo hizo. Siena se aferró a él, las manos en los hombros,
pareciendo como si su cuerpo estuviera permanentemente arqueado
hacia el suyo. Ella jadeó y jadeó, los ojos muy abiertos cuando alzó
la mirada con conmoción y asombro, mientras se mantenía
embebido en ella; estaba guardando profundamente el recuerdo de
ese momento en su cerebro. Nunca olvidaría esto y se aseguraría
que ella tampoco lo olvidara, pero era sedosa, resbaladiza e
increíblemente tentadora, así que sólo podría soportarlo por unos
cuantos segundos más, necesitaba más de ella, necesitaba entregarse
a ella, empezó a retirarse y ella enterró las uñas en sus hombros.
    —Elijah —jadeó desvalidamente, los ojos dorados salvajes con
la confusión de saber algo instintivamente, aún sin entender
completamente el método de su aparente locura.
    —Ah —bromeó con suavidad—. No voy a ninguna parte.
La acarició por dentro profundamente, haciéndola gemir hasta
que el lozano sonido resonó alrededor de ellos, amó el sonido, amó
la cruda pasión. La emoción de ello recorrió a través de él,
endureciéndole aún más hasta que se sintió increíblemente grueso
dentro del cuerpo estremecido, supo que ella sintió una nueva
oleada de calor, porque ronroneó con una potente y retumbante
vibración, el sonido le animó, aún cuando no necesitaba ningún
estímulo, le tomó sólo un momento encontrar el ritmo perfecto para
ambos. Ella encontró sus pujantes caderas con una facilidad natural
después de un incómodo segundo, la guió con una mano en la
esbelta cadera y la otra atrapada en los mechones enmarañados del
cabello, sintió las uñas clavarse en su espalda y se elevó hacia
adelante con el contragolpe del placer resultante.
    —Siena —gruñó—. Gatita, te sientes condenadamente perfecta.
    —Elijah…
     Eso fue todo lo que dijo, su nombre, una y otra vez, con
urgencia creciente, hasta que lo estuvo sollozando como un cántico.
Elijah no pudo sino enterrar la cara en la curva del cuello y enviarlos
a ambos en una espiral hacia una escandalosa liberación; esto iba a
ser tórrido y rápido, violento y extático, y simplemente se entregó a
ello. Su nombre estallando desde la garganta era la cosa más erótica
que hubiera experimentado en su larga vida. Se conectó dentro de la
sedosa dulzura de su cuerpo una y otra vez, hasta que sintió que se
quebraría del placer. Siena sintió que el mundo se encendía en calor
y llamas, el cuerpo quemándose y quemándose por la necesidad de
explotar. Ya estaba gritando su liberación cuando él finalmente
rompió en la suya propia, añadiendo combustible al ya
incontrolable fuego, la aplastó en su abrazo mientras se impulsaba
dentro de ella con oleadas violentas de un clímax implacable.
    Es todo lo que pudo manejar, tratar de no aplastarla con el débil
colapso de su agotado cuerpo, la acurrucó contra el pecho y luego
rodó con ella hasta que la tuvo tendida sobre su cuerpo, sintió la
separación de los cuerpos y esto le dejó una sensación de privación,
la sostuvo junto a él con uno de sus grandes brazos, los dedos
envueltos posesivamente alrededor de los hombros.
    —Gracias —murmuró ella, unos minutos después de que sus
respiraciones se hubieran normalizado.
—¿Por qué? —rió, inclinando la barbilla hasta el pecho para así
poder ver su cara, mientras apartaba la media tonelada de cabello
que la ocultaba.
    —Por contestar mí pregunta.
    Él recordó la pregunta y volvió la mirada hacia arriba, a las
formaciones del techo.
    —Espero que fuera una buena respuesta —dijo suavemente, no
queriendo sentir la agitación que trataba de arrastrarse sobre él.
    —Muy adecuada —contestó.
    —¿Adecuada? —El término pellizcando su ego, alejando de
inmediato cualquier amenaza de preocupación—. ¿Te importaría
matizar eso?
    —¿Debo? —preguntó ella girando el rostro hacia él mientras
elevaba la cabeza.
    Elijah vio la diversión brillar en esos traviesos ojos y
pensamientos, le dirigió una venenosa mirada y ella empezó a reír.
Siena no tenía mucho de risas tontas, observó con satisfacción, tenía
una astuta y sexy risa que se atrevía a contradecir su humor. Ésta
tenía la habilidad de exponer su libido con absoluta facilidad.
     El guerrero la hizo rodar fuera de su cuerpo tan abruptamente
que rió aún más fuerte. Cuando la atrapó sobre su vientre, debajo de
él, se puso casi histérica.
    —¿Te he llegado a mencionar lo mucho que esa sexy risa tuya
tiende a afectarme? —preguntó sedosamente, mostrándole
exactamente lo que quería decir elevando las caderas.
     Siena paró de reír, levantando la cabeza para mirar sobre el
hombro, dándose cuenta que era un esfuerzo inútil, apoyó la mejilla
en la sábana y sonrió.
    —En realidad, no has mencionado nada de ese tipo —le
informó.
    —Entonces, permíteme explicarme —murmuró.
Elijah le hizo el amor a Siena despiadadamente. Cuando ella se
quejaba del abuso de sus lesiones, él la sermoneaba sobre las
cualidades curativas de su deleitable cuerpo, el sermón era largo y
minucioso, hablándole a través de la piel y dirigiéndose dentro de
su cuerpo.
    Después de eso, no se volvió a quejar otra vez.
    Al menos no sobre eso, descubrió que le gustaban los sermones,
y descubrió otros temas que podían discutir profundamente. Siena
nunca había estado cerca de sospechar qué clase de intimidad la
haría sentir, había expresado una y otra vez que no quería ser parte
de ello y que no le extrañaría en absoluto, había mantenido que no
había camino alguno de enriquecimiento en tales cosas, había
pensado que su vida no podía ser mejor de lo que había sido antes
de entrar en esa caverna.
     Cuán tonta y equivocada había estado ¡La arrogancia de la
ignorancia! Era la Reina de su especie, pero verdaderamente no
había conocido el mundo hasta que ascendió, su protegida y
limitada vida la había privado de mucha información práctica. Lo
que había elegido permitir al guerrero Demon, podría cambiar eso
para siempre.
    Cambiarla para siempre.
     Además de ese pensamiento, apartó todas las realidades entre
ellos a un lado, lo que fuera que el mañana trajera, quería seguir lo
más lejos que se pudiera. No era sólo la complementación física lo
que la atraía hacia este sentimiento, se admitía a sí misma. Elijah
tenía un ingenio natural, haciéndola reír sin preocupaciones de una
manera que raramente había conocido, mientras crecía como
descendiente de un jefe militar real.
    Había algo en él, sobre su confianza y sorprendente inteligencia
detrás de todos esos músculos y dureza de batalla, nunca le habría
sospechado de esta manera, como un ser multidimensional, esto la
había sorprendido, cuando se conocieron la primera vez, su lealtad
y evidente sensibilidad en lo que respectaba a las necesidades de las
personas que amaba.
    En el hogar de su niñez, los guerreros no amaban, los afectos
eran debilidades. ¿Cómo podría un hombre como Elijah, haber
soportado cara a cara al jefe militar que había reinado antes que ella
y salir vencedor, cuando era tan susceptible a todas esas cosas que
su padre había aclamado como inconvenientes para un guerrero?
     Siena ya sabía la respuesta a eso, lo había descubierto por sí
misma al hacerse mayor y más sabia. Irónicamente, la frialdad y
falta de atención de su padre la habían impulsado a convertirse en lo
contrario de lo que él era, la única razón por la que era una poderosa
luchadora por derecho propio, era porque fue la única habilidad que
él había ordenado y supervisado por sí mismo, ella se había atrevido
a no fallar para impresionarle, y si le hubiera satisfecho, la hubiera
dejado cómodamente reinar en su lugar mientras él combatía.
     Así que sabía lo que era combinar esas aparentemente
incongruentes partes de uno mismo. Él estaba tan cómodo consigo
mismo como lo estaba ella, tan arrogantes, tan sabios, cuando se
trataba de lo que dejaban o no ver a los demás, pero ambos habían
bajado sus formidables defensas con el fin de permitir esta unión del
momento, era tan fuera de carácter, tan escandalosamente peligrosa,
y al mismo tiempo incomprensible en origen.
    Era tan magnífico y tan revelador.
    Siena nunca había dudado de su femineidad o del hecho de ser
mujer, siempre un claro producto de su confianza, pero su
sexualidad había sido un poco más que una herramienta de intriga y
manipulación, de otra manera, debía ser negada. Aquí, apartada del
mundo, centrándose en el cuerpo de él y en sus manos, entendió
mucho más lo que siempre había sospechado.
    Ahora entendía para lo que estaba hecho aquel alargamiento de
su espalda, lo que el batir de unas pestañas sobre ojos misteriosos
podía verdaderamente hacer y el poder que residía en el más
pequeño y suave sonido que salía de su garganta. Empezó a
realmente comprender lo que, con cada encogimiento de hombros,
cada movimiento, cada suave y curvado deslizamiento podía ganar.
     Bajando la mirada hacia Elijah, le observó entre las pestañas, los
ojos de ámbar ardiendo con todo el reflejo de su necesidad, todo lo
que había deseado y determinada a obtenerlo de él en ese momento.
Estaba sentada a horcajadas sobre sus caderas, sabiendo que para él,
lucía audaz y hermosa mientras le tenía atrapado dentro de su
cuerpo. Él, en realidad, tenía los brazos doblados bajo la cabeza,
como si estuvieran discutiendo sobre el tiempo, pretendiendo que la
forma en que ella se movía sobre su cuerpo rígido tenía poco efecto,
en un intento de mofarse de ella.
     Siena no se dejó engañar, sentía esos ardientes ojos de
esmeralda sobre el balanceo de sus senos mientras se movía, sentía
el pulso y el grosor del duro eje dentro de su cuerpo cada vez que
cerraba los músculos alrededor de él como una tuerca, sabía que la
mandíbula estaba estrujada porque los dientes estaban apretados
por el placer que le hacía sentir. Ella tenía piernas poderosas, con
flexibilidad sin par, y era tan obstinada como el infierno; él perdería
esta lucha de voluntades, aunque al final fueran los dos ganadores.
     Apoyó las manos en la cama a ambos lados de los hombros,
inclinándose sobre él de tal manera que los pezones rozaran el
pecho con cada muestra de habilidad ondulante de su columna
vertebral. Se zambulló hacia su cuerpo, frotando los senos contra los
labios y nariz, consintiendo la tentación del sabor y el aroma
almizclado que revestían su piel. Sabía lo loco que se volvía por lo
dulce y sexy que olía su piel, aún más loco por su sabor. Poco
después, las distantes manos estaban sobre su cuerpo, moldeando y
acunando la carne llena de los senos, atrayéndola hacia la boca hasta
que se sintió torturada, al igual que lo estaba él por su libido
seductor. Él gemía bajo la implacable ondulación de las caderas,
pero aún así incapaz de ahogar los sexys gruñidos y jadeos que ella
hacía mientras se complacía con su cuerpo, no tocó o dirigió el
trabajo de su pelvis, ella había demostrado aprender rápido, y sin
inhibición. No tenía reparos en recorrer su camino sobre él, también
demostró poca piedad cuando estuvo lista para arrastrarle dentro de
su mundo de clímax, le habló bajo, suave, sexy, contemplando
verbalmente cómo podría hacerle perder el control. Elijah podía
haberle dicho que dicho control había salido por la ventana hacía
mucho tiempo, pero hubiera arruinado las malévolas
maquinaciones y él sería el último en hacer llover sobre su propio
tejado.
     Sin embargo, le estaba llevando cerca de la locura, estaba tan
caliente, y estaba aprendiendo cómo quemarle sin demora. Los
dedos estaban siempre explorando su cuerpo, buscando aquellos
lugares que eran eróticamente sensibles a su toque. Cuando esto no
funcionaba, o no funcionaba lo suficientemente rápido para su
gusto, usaba la lengua ardiente, dibujó húmedos mapas sobre el
pecho, trazando camino sobre los pezones para evitar el vendaje del
cabello viajando hacia el cuello y garganta, se deslizó a lo largo de la
mandíbula hasta que llegó a devorar la boca, caderas, manos y
labios combinados en una dichosa barrera de sensaciones, sintió su
creciente tormento y cómo hizo eco en ella. Aún así, jadeó ardientes
susurros de necesidad y sentimiento en su boca. La explícita
sensación de cómo se sentía mientras le montaba tan
despiadadamente, la cegó con su propio placer. Siena gritó dentro
de su boca, elevándose un segundo después y arqueándose,
echando su cabello hacia atrás, haciendo que cayera pesadamente
sobre los muslos. Fue ahora él quien agarró los muslos,
sosteniéndola al ritmo, mientras convulsionaba a su alrededor.
Empujó y empujó hasta que ella estuvo gritando y él mismo estuvo
demolido por la ardiente conjunción de esos sedosos músculos, se le
unió en la liberación con un rugido de agonizante satisfacción.
     Cuando finalmente cayó sobre su pecho tratando
desesperadamente de tomar un respiro, y relajarse en el resplandor
crepuscular de su increíble nivel de placer, Elijah fue consciente del
hecho de que estaba en un gran problema, sabía que ella tenía la
intención de separar sus caminos una vez que dejaran ese lugar,
tenía planeado confrontar esta condición de su corona que
consideraba una maldición, esta condición declaraba que tomaría un
solo compañero en su vida, quien reinaría como su igual en un trono
por el que había sufrido y luchado por mantener. Estaba dando todo
lo que tenía al momento, porque no pensaba dedicar nada al futuro;
pero a pesar que él mismo estaba repetidamente quebrantando un
millar de leyes naturales, Elijah sintió una desesperada sensación en
el vientre que le advertía que no sería tan fácil desenredarse de su
abrazo de oro, se sentía vinculado con ella en un camino que era
más intrincado que los rizos enmarañados de su indómito cabello.
También sabía que si hacía el mínimo comentario sobre eso, ella se
cerraría y todo se vendría a estrellar en un final.
    Hizo retroceder esa nube negra que venía con sus pensamientos
sólo por un rato más, con un simple movimiento, los levantó fuera
de la cama, ella se quejó y rió al mismo tiempo, pero
obedientemente abrazó el cuello con los brazos y las caderas con las
piernas, él caminó hasta la piscina mineral y trató de persuadirla y
luego zafarse de ella.
    —No, está fría —comentó.
    Elijah sonrió ampliamente y lanzó su peso de lado a lado del
borde. Siena estaba gritando cuando golpearon el agua fría, se
apartó de él, saltando con el choque del agua, cuando él apareció
riendo, le dio un fuertísimo empujón que le envió de vuelta al
fondo.
     —¡Maldita sea! —siseó, apresurándose a salir de la profunda
piscina tan rápido como podía para llegar a un lado, pero por
supuesto, él la agarró con un brazo y la arrastró de espaldas hacia su
cuerpo antes que pudiera salirse.
    —¿Cuál es el problema, gatita? ¿No te gusta el agua?
    —Eso es bajo, incluso para ti, guerrero —contestó bruscamente.
    Sus dagas verbales cayeron en oídos sordos, él estaba
mordisqueando un lado de su cuello de una manera que sabía la
derretía por completo, antes de que se diera cuenta, sus manos
estaban enterradas en el cabello y sus bocas profundamente
enlazadas.
    Les tomó casi un minuto entero escuchar el distintivo sonido de
una garganta aclarándose, Siena volteó repentinamente, casi
golpeando a Elijah en el camino, para su consternación y completa
desesperación. Su hermana estaba de pie en la entrada de la cueva,
apoyando la espalda casualmente contra ella y enarcando una muy
curiosa ceja ante la pareja de la piscina.
    Sintió el impulso de Elijah de posar las manos en la comodidad
de su cintura y le dejó estabilizarse, mientras su mundo empezaba a
girar.
    —Sus Altezas —les saludó Syreena educadamente.
CAPÍTULO 6


    —Hola, pequeña flor. Te ves mejor —Jacob saludó a su esposa
mientras descendía por la central escalera de caracol, su camisón de
noche se arrastraba perezosamente tras de sí.
   Ella le sonrió, en el momento en que sus pies tocaron el suelo
donde él se encontraba, fue a sus brazos.
     Legna y un Demon Mental adulto llamado Amos, iban detrás.
Amos había sido el estabilizador necesario que Isabella necesitaba
para recuperar la respiración y sanar. Pero estaba claro, que la
experiencia había cobrado su precio en el Demon. Se veía exhausto y
se disculpó rápidamente después de entregar el cuidado de Isabella
a su esposo y sus amigos. Legna continuaría monitoreando a Bella y
notificaría si fuera necesario traer más ayuda, pero de momento, la
pequeña compañera de Jacob se veía rozagante y saludable. Más de
lo que había estado en meses.
    —¿Te encuentras bien? —Preguntó Jacob enmarcando su rostro
con las manos, inspeccionándola por milésima vez desde que había
recuperado la consciencia y lucidez desde hacía un día.
    —Lo estoy ahora —insistió ella, acercándose para su beso y
hacerle sentir lo mucho que había extrañado estar cerca de él.
    Ella siempre lo sacudía tan fácilmente. Besos y contacto
corporal, estas cosas distraerían su atención a tantos niveles. Sin
embargo, todo lo que tenía que hacer era mirarlo con esos ojos
violeta maravillosamente alegres e instantáneamente estaba bajo su
embrujo. Por supuesto, la respuesta a la sensación de su toque
elegante y la intensidad de sus emociones por ella, la dejaba
igualmente con las rodillas debilitadas.
     No habían intimado durante mucho tiempo a causa de su
embarazo y enfermedad. La tensión de la creciente luna de Samhain
se empezaba a notar en cuán profundamente presionó los dedos en
su tierna carne y en la fuerza con que enredó ella los dedos en su
cabello.
Todo esto era parte de la Vinculación entre ambos. Sus almas
estaban enlazadas profundamente para siempre. Y por esto, todo
entre ellos sucedía con gran intensidad. Nunca cambiaría, y a pesar
de los momentos en que se arrepentía de haber abierto el peligro y
la intriga en su vida, Jacob se sentía agradecido por el precioso
regalo que era ella, cada día, desde el primer instante en que la tocó.
Aliviaba su corazón. Era la única que podía aligerar el peso que a
menudo cargaba en su alma.
    Por ejemplo, no hacía mucho, justo después de la muerte
accidental del compañero de la hija de Ruth, Mary. Jacob realmente
no culpaba a nadie por no haber entendido la naturaleza de ésta
hasta que fue muy tarde. Pero era hombre de una consciencia
particular. Tomando tal alegría de su compañera, la primera Druida
en hacerse conocida para cualquiera de ellos, sintió el potencial
perdido y fanático de Mary.
    Sin embargo, nunca podría ser capaz de convertir ese incidente
en una razón para los brutales actos de decepción y violencia que
ambas mujeres perpetraron en contra de su propia gente.
Especialmente no después que Isabella se hubiera convertido en el
blanco de uno de sus ataques, casi perdiendo su vida y así como la
vida de su hija.
    Había sido el amor de su esposa y sus suaves palabras lo que lo
había ayudado a hacer frente a su conciencia en este asunto. Ella
siempre estuvo ahí para detenerlo cuando trataba de revertir esos
sentimientos de responsabilidad y culpa. Jacob no podía recordar
cómo había sido su vida sin su apoyo y el modo en lo hacía sentir
cuando ella buscaba su apoyo a cambio.
     De todos modos, temía los riesgos de la seguridad de su familia
que venían con ser un Ejecutor. Tendía a olvidar que su compañera
estada dotada de un notable poder, habilidades de lucha y una
singular astucia que venía de su humanidad y de la vida que había
dejando antes de convertirse a su forma Druida. Jacob sabía que su
desproporcionada percepción de las habilidades de Bella se debía a
la debilidad y el daño a las que había sido sometida en el término de
su embarazo. Había sido un largo y angustioso tiempo de
preocupación y había olvidado cómo de fuerte podía ser.
Pero el rubor de su tez, la calidez de su cuerpo y la robusta
energía de su abrazo lo aliviaban haciéndole entender su rápida
recuperación. Ella pronto sería capaz de ocuparse de las necesidades
de su familia y las demandas de sus tareas, justo como sabía que
quería, con un entusiasmo cantante a través de los pensamientos de
una manera que lo hacía reír en voz alta.
     Bella se zafó de su abrazo, sus pensamientos girando alrededor
de su infante hija. Se dirigió hasta la cuna que se asentaba bajo la
mano de Noah y descendió la mirada hacia su hija, que finalmente
dormía después de que la hubiera amamantado con satisfacción,
algo que había añorado. Bella le sonrió al Rey, inclinándose para
darle un beso en la mejilla, ignorando la tensa mano de su esposo en
la cintura.
    —Ella te adora, Noah —le dijo suavemente, mirando como la
enorme mano del Rey cubría la espalda del bebé con seguridad.
    —El sentimiento es más que mutuo, te lo aseguro —dijo—. Le
encanta estar cerca del fuego. Una chica que va tras mi corazón.
    —Ya lo veo, Noah. Tengo noticias para ti.
    —Sí —suspiró el Rey—. Jacob dijo que las tendrías. Supongo
que son concernientes a Elijah, ¿no?
     —Sí —Bella se movió para sentarse en la silla más cercana al
monarca—. Creo que fue gravemente herido en batalla. Una trampa
que no esperaba. Pero antes de ir más allá, quiero decir que empiezo
a entender porqué algunas visiones me afectan tan intensamente y
otras no —levantó la vista hasta su esposo y los otros se juntaron a
su alrededor. Legna llegó a colocarse al lado de Gideon que se
mantuvo de pie con su habitual eficacia cerca de la chimenea. Sin
embargo, el médico se relajó cuando su esposa lo abrazó—. En
realidad, Amos me ayudó a comprenderlo. Creo que depende de
cuán cercana he sido a la persona que es sujeto de esa visión.
    —¿Cómo cercana? ¿En emociones o proximidad?
    —No puedo estar cien por ciento segura, por supuesto, pero
creo que es la proximidad. Una clase de proximidad muy específica.
Mi poder para amortiguar y luego absorber los poderes de otros
Nightwalkers, para ser exactos. Absorbí los poderes de Elijah
repetidamente durante el año pasado, en cierto modo, porque me
siento conectada con él. Casi como si una parte suya permaneciera
viviendo dentro de mí. Lo mismo es cierto en el caso de Legna, y
Jacob, y también tú, Noah. Antes de aprender a controlar esta
habilidad como lo hago ahora, accidentalmente tomé esa parte de ti
dentro de mí misma. Creo que la razón por la que las visiones me
abrumaron mientras estaba buscando a Elijah era porque estaba
igualmente abrumado por las lesiones y el dolor.
   —Es una forma de empatía —remarcó Legna, su propia
empatía la hacía una experta.
     —Sí, así es. Y aunque Amos fue de gran ayuda estabilizándome
de la dura realidad de las exhaustivas visiones, a medida que el
tiempo ha ido avanzando, esto se ha hecho menos necesario. Creo,
con todo mi ser, que Elijah ha sido llevado a un lugar seguro y está
siendo sanado todo este tiempo, permitiéndome estar más tranquila
y relajada a medida que la urgencia va pasando. También siento que
retornará a nosotros pronto.
    —Gracias, Destino —exhaló Noah súbitamente, un peso de
proporciones apremiantes que finalmente se descargaba de sus
hombros—. Bella, estoy tan contento de escuchar eso.
     —Pienso que en el futuro —habló Gideon— y hasta que estés
más fuerte y experimentada, necesitas limitar los casos de absorber
los poderes de otros. No podemos cambiar lo que ha ocurrido, pero
hay mucho que no sabemos sobre los humanos/Druidas híbridos,
Isabella. No eres como ninguno de los Druidas que conocí hace
milenios. Tú hermana lo mismo. Los poderes de Corrine…
    —¿Qué pasa con ellos?
    Los reunidos ante la chimenea levantaron la mirada para ver
exactamente a la pelirroja en cuestión de pie en el centro del pasillo,
las manos en las caderas, su esposo Kane detrás de ella. Fue
aproximadamente en el mismo momento en que el familiar olor del
sulfuro y el humo, residuo usual que un joven Demon Mental
dejaba atrás cuando se teletransportaba de un lugar a otro, llegó
hasta el grupo. Bella se acercó a abanicar para alejar el olor del bebé
dormido, deseando que Elijah ya estuviera ahí para que
desvaneciera los vapores con una brisa.
—Que no son como lo que debieran ser —terminó Gideon. Kane
se estaba volviendo mejor en lo de la teletransportación, reflexionó.
    Era raro que siendo tan joven pudiera escabullirse en un grupo
de adultos Demon altamente experimentados.
    —Vaya, vaya, miren lo que arrastró el humo —los saludó con
ironía Noah—. ¿Dónde estábais vosotros dos?
    De inmediato Corrine se puso de un rojo brillante, pasando la
reacción a su compañero, que también se sonrojó bajo su bronceado
natural.
    —Llámalo una atrasada luna de miel —explicó avergonzado
Kane—. Ha habido tanto desde la boda, con la búsqueda de Ruth y
Mary y luchando en los esporádicos ataques contra nosotros, que le
pedí a Elijah que nos diera unos días libres. Dijo que podíamos.
    —Eso explica porqué os preocupásteis tanto en escuchar mi
convocatoria —se burló Jacob, sintiéndose afable sobre eso ahora
que Bella estaba a salvo y saludable de nuevo.
     —Así que, ¿para qué nos necesitan? ¿Y por qué estamos
hablando de mis facultades? —Preguntó Corrine, dirigiéndose hacia
ellos, su esposo siguiéndola. Lo condujo hasta una silla donde se
sentó obedientemente y encontró asiento en su regazo.
    —Es una larga historia. Basta con decir —dijo Gideon— que
hay algunos inconvenientes en las facultades Druidas que se salen
de mi experiencia.
   —Ah, grandioso —dijo Corrine secamente—. ¿Finalmente
empiezo a hacerme con las mías, y ahora me dices que va a haber
ramificaciones?
     —En primer lugar, Corrine, no creo que hayamos visto todas
tus habilidades todavía. No creo que la habilidad de buscar
compañeros Druidas sea todo lo que hay en ti —Gideon tomó
asiento y cruzó las piernas casualmente—. Y los dos Druidas que
recientemente encontraron son un buen ejemplo de la diversidad de
híbridos que parecen haber sido dotados con ello. Uno puede
volverse invisible, caminando a través de las paredes y de todo
objeto sólido. El otro no sólo tiene el don del vuelo, sino la extraña
habilidad de detectar la presencia de otros Nightwalkers.
—Pienso que sería sabio para todos los Druidas ser cuidadosos
en cómo usan sus habilidades. Si Bella tiene una desventaja,
podemos apostar que el resto de ustedes la tendrá —Noah levantó
la mano del bebé de Bella al fin, frotando ambas distraídamente—.
La verdad, tiene sentido. La naturaleza siempre provee una medida
de equilibrio. Os ha dotado con la inmortalidad y una rápida
curación, así como una variedad de poderes. Es su manera de
equilibrar esto, compensándolo con una debilidad.
     —Así como nuestros poderes e inmortalidad son vulnerables a
la presencia del hierro —añadió Jacob.
   —Quieres decir que cada héroe y heroína tienen su kriptonita
—dijo Bella.
    —Exactamente —concordó Legna—. Los Licántropos tienen la
plata. Los Dwellers tienen la luz. Para los Mistrals es la agorafobia.
    —Los Vampiros tienen el sol —añadió Kane.
     —Sí. Pero todos lo entienden y son consecuentes con esas
debilidades, y aprenden a adaptarse para evitarlas y el peligro que
representan. Hasta que lo sepamos específicamente, cada Druidas
debe ser cauteloso, estáis en un peligro razonable —Gideon se
aseguró de mantener nivelada la mirada en las dos Druidas
presentes—. Quedaos cerca de vuestros compañeros, señoras. Serán
los que potencialmente estarán más cerca de protegeros.
    —Esperad un minuto —se quejó Corrine—. Creía que nuestra
kriptonita era el hecho que necesitamos mantenernos expuestas a la
energía de nuestros compañeros regularmente. Es por lo que yo casi
muero, ¿no? Es por lo que el compañero de Mary murió. Porque no
nos dimos cuenta que ya se había expuesto, al igual que yo había
estado expuesta a Kane. Es por lo que empecé a morir de inanición.
A causa de la carencia de esa energía necesaria. Ustedes apenas me
encontraron a tiempo y me ha tomado todo este tiempo recuperar lo
que perdí. Según tú, aún me sigo recuperando.
    —Tiene razón —señaló Kane.
     —Sí. Pero deberías recordar que los Vampiros también pueden
ser envenenados con la sangre de los usuarios de magia. Y que los
Licántropos no pueden soportar que les agarren del pelo —Legna se
inclinó hacia delante mientras explicaba—. No hay absolutos,
Corrine. Si actuáramos como si los hubiera, nos lastimaremos a la
larga.
    —Sí. Por supuesto —Corrine se ruborizó hasta que casi
emparejó el color de su enrollado cabello largo. Agitó una mano—.
No me hagáis caso. Sólo he estado en el planeta treinta años, ¿qué sé
yo sobre esto?
    —Era un buen punto, querida —le aseguró Kane—. Sólo
aprendes haciendo preguntas.
     —No lo puedo creer —habló Jacob de repente, riéndose con
sorpresa—. Mi hermanito no acaba de repetir algo que he pasado un
siglo tratando de meterle en el cerebro, ¿no?
     —Creo que sí lo hizo —especuló Noah con un zumbido de
interés.
    —Creo que debería irse de “luna de miel” más a menudo —les
tomó el pelo Bella, carcajeándose cuando el par se sonrojo
intensamente una vez más.



    Instintivamente, Siena se llevó las manos a la garganta al sentir
de repente la falta del distintivo de su cargo. Aquella pieza de
joyería significaba mucho más que su reino.
    —Elijah —dijo suavemente sin apartar los ojos de la expresión
de sorna difícilmente reprimida de su hermana.
     Ni siquiera tenía que decir su nombre. El guerrero ya sabía lo
que quería. Dudó durante un segundo, asaltado por la renuencia a
dejarla ir que no podía comprender. Lentamente, soltó las manos de
alrededor de su cintura, se apartó y, con un solo movimiento ágil, se
colocó en el borde de la piscina. Inmediatamente abandonó el área
de la piscina y avanzó con fueres zancadas hacia las habitaciones
traseras de la cueva. Syreena le miró marchar con las cejas
levantadas tanto de curiosidad como de agradecimiento mientras
examinaba a conciencia el cuerpo desnudo.
    Después enfocó sus fruncidas cejas hacia su hermana.
Siena ya había salido también del agua y el líquido hacía que su
cuerpo desprendiera vapor al aproximarse a su hermana con hostil
rapidez.
   —Siena —advirtió Syreena levantando instintivamente una
mano para protegerse.
     Siena se acercó tanto que estaban casi nariz contra nariz y tenía
las manos apretadas en puños.
    —Préstame cuidadosa atención, Consejera —susurró en una
intensa advertencia con los ojos dorados llameando con humor
como lava fundida—. No le des mi título a nadie hasta que no te de
permiso para hacerlo. No voy a tolerar esa insolencia, ni siquiera a
mi hermana.
    —Si no querías compartir el título, Siena, entonces no deberías
haber dormido con él.
    —Lo que ha pasado aquí es asunto mío y sólo mío. Yo
estableceré las ramificaciones de mis acciones, Syreena. Ni tú ni
nadie va a imponerme sus opiniones.
    —Desde luego que no, Vuestra Alteza —Syreena inclinó la
cabeza    en    una    reverencia    completamente      formal   de
reconocimiento—. Vuestra autoridad está, por supuesto, por encima
de cualquier otra. Nada más lejos de mi intención que contradeciros.
    —Siempre me contradices —dijo Siena, suspirando
pesadamente mientras se pasaba la mano por el pelo empapado—.
Ven. Jinaeri me ha dejado ropa en la habitación de atrás. Hace
demasiado frío como para quedarme aquí discutiendo desnuda.
     Syreena asintió y siguió a su hermana hacia el fondo de la
cueva. No se veía al Demon por ninguna parte pero Syreena podía
sentirle en la habitación justo detrás de la chimenea. Siena estaba
inusitadamente nerviosa mientras le tendía uno de los vestidos de
Jinaeri a su hermana y se ponía otro. Syreena se sentó en un extremo
del sofá intentando ser lo menos entrometida posible.
    Para su sorpresa, el guerrero no siguió escondido en la
habitación trasera. Hizo una limpia aparición, vestido un poco más
apropiadamente con unos pantalones.
Elijah miró a Siena y después a la otra hembra con ojos
perspicaces. Nunca había visto a una Licántropo como la mujer que
había irrumpido en su intimidad. El pelo bicolor era suficiente como
para inspirar curiosidad. Lo tenía tan largo como Siena pero más
espeso y liso cayendo por su cuerpo. Habiendo aprendido un poco
más sobre la importancia del pelo de los Licántropos, Elijah supo
que esta intrusa era algo extraordinario.
    Volvió su atención a Siena. La falda del vestido que acababa de
ponerse hacía frufrú al acercarse al fuego y a la encimera. Sintió
profundamente su angustia y la lucha interna para serenarse. Estaba
preparando la cena como si fueran a tener una fiesta informal en vez
de… en vez de lo que quiera que estuviera pasando.
    Un momento para hacer un cálculo a ojo.
    En el momento en que cometió el error de pasar cerca suyo, la
agarró por el brazo y la arrimó a él.
    —¿Tendrías un momento? —Le preguntó, con la mirada
desafiándola a discutir. Asintió y le dejó que la llevara a la
habitación de atrás.
    En el momento en que estuvieron fuera de la vista de su
inesperada visitante, la puso de espaldas contra la pared y la atrapó
con una mano a cada lado de los hombros.
    —Sé lo que estás pensando, gatita —dijo suavemente, con los
ojos color de jade metiéndose profundamente en su alma—. Estás
pensando que vamos a hacer como si esto no hubiera pasado. Que
vas a escaparte con tu pequeña confidente de vuelta a tu mundo y
yo no seré más que un recuerdo fascinante.
    —¿Cómo puedes presumir que sabes lo que estoy pensando? —
Preguntó con la respiración aguda y rápida. Aunque el rubor de su
piel la delataba con bastante efectividad—. ¿Y qué alternativa
propones? ¿Qué me enamore de ti y me hagas tu novia? —Se rió
suavemente, sin aliento y el sonido era desdeñoso y crudo—. No
tengo la más mínima intención de llevarlo más allá de esta cueva y
sé que lo entenderás.
    —Sí que lo entiendo —reconoció—. Pero no recuerdo haber
accedido. Te pregunté qué era lo que querías, Siena y me lo pusiste
completamente claro. Y hasta que dejes de desearme, esto no se
terminará.
    —Créeme, guerrero, mi deseo por ti terminará en el momento
en que cruce el umbral de esta cueva.
     Elijah no discutió con ella. Sólo le acarició la mejilla. Ella apartó
la cabeza pero había pánico en sus ojos. La siguió con facilidad y
posó los dedos sobre la mejilla arrebolada. Con intención resuelta,
las yemas de los dedos se deslizaron bajo su oreja y después
iniciaron un recorrido por el cuello que tan fácilmente la excitaba.
Sintió como se ruborizaba y se henchía a un nivel puramente
espiritual. Cuando la caricia volvió a su cara se volvió contra su
palma y sus labios hociquearon las callosidades mientras cerraba los
ojos.
     —Elijah —susurró y su aliento se condensaba en la palma que la
acariciaba—. Mis sentimientos, mis deseos —se corrigió—, son
irrelevantes —le miró a los ojos con el peso de sus responsabilidades
brillando en las pupilas doradas—. Tú eres un Demon. Yo soy la
Reina de una raza que todavía siente la mordedura de tu espada.
Pronto encontrarás a otra con la que estar que sea más apropiada.
Esto… —Siena se apartó de repente, intentando ignorar los
sentimientos de pérdida consiguientes—. Esto se acaba aquí.
    Se escabulló de su abrazo, pero era tan rápido como ella y la
volvió a tener contra sí en lo que tarda un latido. La sujetó por el
pelo para mantenerle la cabeza quieta mientras la besaba y la otra
mano encerraba su antebrazo contra el pecho.
    Siena sintió un pánico intenso deslizarse por el centro de su ser
cuando abrió la boca cediendo a su demanda, a la marca decidida de
él que quemaba profundamente su alma. El mensaje era
violentamente claro. Lo que había entre ellos no se había terminado
y se lo iba a demostrar de cualquier forma que fuera necesaria. No
importaba que coste supusiera para ambos.
    La dejó ir despacio, primero las manos, luego los labios. Tenía
los ojos oscuros y serios cuando se apartó, levantó los brazos y se
convirtió en una brisa otoñal fresca y fría con un simple
pensamiento. Pasó sobre ella, a través de ella, haciéndola inhalar con
súbita sorpresa cuando su aroma se deslizó sobre el pelo y la piel.
Lo único que quedaba de él eran los pantalones prestados y el anillo
de pelo que había sellado la herida de su pecho todo este tiempo.




    Elijah vivía en los Estados Unidos, así que forzosamente, tenía
que terminar el viaje en una localización cercana al bosque ruso que
acaba de dejar. La casa de Noah en Inglaterra era el sitio más
cercano en que podía pensar así que se dirigió a uno de los
dormitorios de arriba, donde se solidificó tomando su forma
biológica, derrumbándose y cayendo de rodillas, apretando la
herida sangrante de su pecho.
     Casi no notó la mordedura del suelo de piedra en las rodillas.
Noah sentiría su energía en cualquier momento y le encontraría.
Antes de que eso pasara, necesitaba agua y jabón para deshacerse
del aroma de la Reina de los Licántropos.
    Odiaba tener que hacerlo. Aunque se puso de pie y se dirigió al
cuarto de baño cercano, podía sentir el llanto persistente de aquella
parte profundamente en su interior a la que Siena se las había
ingeniado para llegar. El lugar que necesitaba su aroma colgado de
él hasta que pudiera encontrar una forma de convencerla de que
volviera a sus brazos.
    Llevaba bajo la ducha menos de cinco minutos cuando oyó
abrirse la puerta de la habitación. Para entonces, estaba tan débil por
la pérdida de sangre que tuvo que sentarse en un rincón de la
ducha. Con el agua deslizándose por el pelo, intentó enfocar en la
puerta que se abría.
    Para su sorpresa, no había sido Noah quien sintió su presencia y
había subido a buscarle.
    Era Isabella.
    Jadeó con asombro cuando le vio y vio toda la sangre corriendo
por las losetas de la ducha. Se apresuró a acercarse pero de repente
se paró con una sacudida, con la mano sobre la frente, como si
estuviera sufriendo un asalto mental.
— ¡Bueno entonces, sube aquí! —gruñó con ferocidad al
interlocutor invisible—. Y tráete a Gideon.
    Sin demora, ignoró lo que, claramente, había sido una queja
voluble de su marido notoriamente posesivo y se acercó a Elijah.
Cerró los grifos y, sin preocuparse por la suerte de su hermoso
vestido blanco, se arrodilló a su lado en el charco de agua y sangre
que todavía quedaba en el suelo de la ducha.
   —Eh —la saludó con una lánguida sonrisa—, Jacob te va a
matar.
     —Sí, bueno, tendrá que subir para hacerlo y es lo único que me
importa en este momento —cogió una toalla de al lado de la ducha y
la apretó contra la herida, presionando con todo su peso. Era una
cosita tan pequeña de pies a cabeza que Elijah apenas la sentía—.
Hemos estado tan preocupados por ti —susurró, inclinándose para
besarle en la frente mientras le quitaba de los ojos el pelo empapado.
    —¿Es que un hombre no puede cogerse unas pequeñas
vacaciones? —Bromeó, encogiéndose de dolor cuando la puerta del
baño se abrió bruscamente, rebotó hacia atrás y casi se estrelló
contra la cabeza de Jacob.
    —¡Joder, Bella!
    —Por favor, ¿podrías dejarlo estar, Jacob? —le respondió—.
¿Cuándo se te va a meter en esa cabeza tan dura tuya que estoy tan
Vinculada en este matrimonio como tú? Estoy empezando a
cansarme.
     Jacob nunca había sido el receptor del temperamento de su
esposa en todo el año que había pasado desde que se habían
conocido. Le dejó consternado que Gideon tuviera que apartarle
físicamente para poder acercarse a su paciente.
   Bella se apartó para que el médico pudiera pasar sobre ella y
ponerse en cuclillas al lado de Elijah.
    —Bueno, parece como si la gata te hubiera arrastrado —dijo,
poniendo una mano sobre la frente del guerrero y cerrando los ojos
para identificar los daños causados al cuerpo maltratado del
luchador.
Gideon no comprendía por qué Elijah encontraba su comentario
tan terriblemente divertido pero el guerrero se reía tan fuerte que
Bella le pellizcó en el brazo para que parara.
     —No puedo mantener la presión en la herida si tu pecho sigue
subiendo y bajando. Además, Gideon nunca ha sido tan gracioso—
dijo ella, lanzándole una burlesca mirada.
     -¿Qué te llevó a tomar una ducha, Elijah? Eso podría haber
esperado-. Gideon movió la cabeza perplejo, apartando a Bella para
poder inspeccionar la peor herida. –Jugando con hierro otra vez, por
lo que veo.
    —Bueno, sí, los otros niños no jugaban limpio —murmuró el
guerrero.
     Gideon miró a Jacob, que estaba de pie torpemente en medio de
la habitación.
    —Bueno, ¿vas a retarle a duelo o te importa si donas un poco de
sangre? —Preguntó Gideon.
     Bella se levantó quitándose de en medio del camino de su
marido, echándole una mirada que podría haberle hecho pedacitos.
Jacob se acercó a sus amigos y se dejó caer sobre la rodilla. Extendió
la muñeca hacia el médico que la sujetó con una mano y con la otra
sujetó la de Elijah.
    —Lo siento —murmuró Jacob al Capitán. Y estaba claro que lo
decía sinceramente.
    —Ahórratelo para tu esposa, amigo. Está más preocupada que
yo. Has sido un imbécil cabezota durante toda mi vida. Estoy
acostumbrado. Ella no.
     El color volvió a la piel de Elijah mientas que la de su donante
palidecía. Pese a su resentimiento, allí estaba Bella para ayudar a
sentarse en la cama a su débil compañero. Una vez que su paciente
estuvo fuera de peligro de muerte inminente por desangramiento,
Gideon empezó a sanar la herida. Tenía las manos apretadas contra
la carne desgarrada y estaba completamente absorto en su trabajo.
Elijah sentía el estiramiento peculiar que conllevaba la cicatrización
de los tejidos profundamente en el interior de su pecho.
—Vas a tener que decirme exactamente cómo has conseguido
sobrevivir tanto tiempo con esta clase de herida. Está medio curada.
Uno pensaría que tendrías el sentido común de quedarte quieto
hasta…
     Gideon se detuvo de golpe, frunciendo las cejas plateadas hasta
que se convirtieron en una línea mientras inclinaba la cabeza e
intentaba analizar lo que estaba experimentando. Cuando aquello
ojos agudos del color del mercurio se hundieron en los de Elijah, el
guerrero supo sin ninguna duda que el Antiguo, de alguna manera,
tenía una idea de los que había pasado los últimos días. Pero, para
su alivio, el médico se limitó a subir una ceja con curiosidad.
    Eso fue todo.
    Gideon volvió a su trabajo sin decir ni una palabra más.
CAPÍTULO 7


    Siena caminaba a lo largo de la sala del trono con los brazos
cruzados sobre el pecho, mordisqueándose el labio inferior mientras
le daba vueltas a todo lo que le había pasado últimamente.
Cualquier esperanza que hubiera tenido de mantener un aire de
normalidad se había ido por la ventana en el momento en que
comenzó a acercarse a la sala de recepciones anexa al salón del
trono que estaba atestada de gente. Sabía que no podría sobrevivir a
semejante escrutinio, que se volvería loca intentando mantener este
repentino secreto, si se veía forzada a enfrentar el tumulto de sus
súbditos. Así pues tenía que hacer uso de una ruta hacia su
habitación menos conocida y bastantes menos transitada. Puesto
que su vuelta no había sido anunciada como siempre lo era, nadie la
esperaba. Le era posible vestirse discretamente y tomar otras
disposiciones enfocadas a la discreción.
     El salón del trono y las salas de recibo adjuntas habían sido
desalojadas siguiendo sus órdenes, las mismas que se vieron
reforzadas por un gruñido bajo de enfado cuando le preguntaron
por lo inusual de esto. Siena también sabía que la indumentaria que
llevaba, un caftán color aguamarina de seda, era observada con ojos
inquisitorios. La brillante indumentaria era en cierta manera
conservadora para ella, llevaba capucha y le llegaba a los tobillos.
     Pero era la Reina y estaba muy claro que no toleraba preguntas
ni dudas ante sus órdenes. Había despedido a todas sus damas y
compañeras, a todos los pajes y consejeros, dejando que
permanecieran en su esfera sólo las dos hembras que permanecían
en las oscuras sombras observando sus movimientos. Era altamente
consciente de su curiosidad y podía sentir sus miradas sobre ella.
Siena permitía amplias licencias en su corte y su puesto. No era
propio de ella pedir soledad tan absoluta. Incluso su guardia
personal permanecía fuera.
    Syreena la miraba pasear de un lado a otro con los rasgos
bicolor atormentados por la misma expresión confusa y aturdida
que la había acosado desde el momento en que había sorprendido a
la Reina en el más comprometedor abrazo con, de todos los seres
del mundo, el mismísimo Carnicero Demon. El hombre que había
matado a su padre. Syreena podía ciertamente apreciar que el
guerrero le había hecho un favor al igual que su hermana y otros
tantos habían hecho, pero un buen trabajo en una muerte no
equilibraba la balanza con los miles de otras muertes a lo largo de
los siglos. No había ni una especie entre ellos que no hubiera
perdido a alguien cercano bajo la espada del Carnicero Demon.
Siena debía haber perdido completamente la cabeza para elegir un
hombre como ese por compañero.
     Sólo el hecho de que hubiera decido emparejarse ya era de por
sí asombroso. Aunque había muchas cosas que Syreena no sabía de
su hermana después de haber vivido durante ciento treinta años en
el Monasterio de “The Pride”, sabía que Siena era una mujer que se
enorgullecía no sólo de su férreo control sobre todas las cosas, sino
principalmente de su control sobre la monarquía. Había oído a
Siena predicar contra las maldades y los horrores de los machos
hostiles y agresivos y su odio hacia su propia madre por escoger a
un hombre de esas características y permitirle arrastrarles a la
guerra durante tres oscuros siglos. Había jurado que antes
permanecería virgen y dejaría su trono a una heredera que
emparejarse con un macho quien codiciosamente agarraría la mitad
de su monarquía.
    De cualquier modo, Syrenna no tenía dudas de que Siena había
roto todas sus promesas y lo había hecho con un deje de gloriosa
ironía. Syrenna los había visto desnudos uno en brazos del otro, la
Reina tozuda y fría y el guerrero inmisericorde y destructor,
besándose con remarcable fervor y ambos marcados clara y
mutuamente con los signos de lo que, sin duda, había sido un
apasionado encuentro amoroso. Syrenna aún no podía reconciliar la
imagen con lo que sabía que era su hermana, con todo lo que su
hermana había despotricado durante esos catorce años referente a
mezclar la monarquía y ciertas maldades masculinas.
    Quizás Anya pudiera discernir mejor todo este asunto, pero
Syrenna había jurado no revelar nada de todo esto, ni siquiera a la
mestiza que conocía hasta el rincón más secreto de la mente y el
corazón de la Reina. Así pues, la Princesa se veía relegada al inútil
balbuceo de sus pensamientos, intentando reconciliar tantas cosas
que habían pasado en tan poco tiempo. Por supuesto que Syrenna
siempre había hecho caso omiso de los prejuicios de su hermana
contra los hombres y era la hermana que de verdad anhelaba un
marido, un hogar y unos hijos. Sabía de dónde venía esa ira y sabía
que Siena se vería forzada a reevaluar sus opiniones cuando fuera
más sabia… o estuviera más sola, pero la Princesa nunca hubiera
sospechado que una situación tan explosiva fuera la que hiciera la
luz en Siena y mandara al diablo todas sus teorías. La piedad se
mezclaba con la diversión y se retiró más hacia las sombras para
que su hermana no pudiera sentir ni sus pensamientos ni sus
sentimientos y se encolerizara con ella.
     Anya escuchó a Syrenna moviéndose pero mantuvo los ojos
fijos en la imagen de la hembra real que paseaba lentamente por el
salón abrazándose con los brazos, como si necesitara consuelo. El
silencio inusual la preocupaba y la hacía estar inquieta y alerta.
    —Esto no es propio de ella… —Anya intentó poner en palabras
sus pensamientos y miró a Syrenna en busca de ayuda.
    —Retírate —suplicó Syrenna—. Suele venir a nosotras
directamente cuando algo la confunde o la molesta.
    —¿Qué crees que ha pasado? —Susurró Anya.
     —No puedo ni imaginármelo —mintió Syrenna con facilidad—
. Está pálida. Si no me equivoco, le ha dado enfermedad del sol.
    —¿A Siena? —Anya soltó un resoplido de incredulidad—. A
Siena no le afecta el sol como al resto de nosotros.
    —Ni a mí. Pero eso no nos hace inmunes. Incluso los que
tardamos más en enfermar por el sol, tenemos síntomas sin nos
exponemos demasiado tiempo—dijo la Princesa quedamente.
    Syrenna cruzó los brazos sobre el pecho y miró el suelo de
piedra bajo sus pies como si estuviera estudiando el diseño grabado
a mano.
     —Es muy raro que se haya pasado tanto tiempo sola para
volver tan inquieta —dijo Anya—. Algo le ha pasado para ponerla
así.
—Yo no empezaría a especular. Creo que nos lo contará a su
tiempo.
     Anya miró a la otra mujer estrechando los ojos intensos como
los de un zorro.
    —¿No viste nada cuando la encontraste?
    Syrenna se volvió hacia la mestiza sus ojos de dos colores.
    —¿Cómo qué?
    —No sé. —murmuró la medio bruja. —Es que tengo la
sensación de que se me escapa algo. Siena no… huele bien.
     —Si dices algo así en alto, al final te encontrarás atada al final
de una correa —susurró la Princesa haciendo que la otra mujer se
riera—. Sólo podemos esperar que en su momento venga a nosotras
para discutir lo que sea que le pase —añadió Syrenna—. Por el
momento, no pienso tomar parte en los cotilleos que tanto te
agradan.
    —Mis cotilleos han sido muy útiles a la corte en muchas
ocasiones —replicó Anya. Después se rió bajito—. Pero te voy a
decir esto, en lo que respecta a la búsqueda de confianza de la
Reina, me alegro de no ser consejera de la corte ni Consejera Real. A
juzgar por la forma en que ha despedido a la corte, lo que quiera
que la inquieta a de ser una cuestión de política y la tiene bastante
molesta. Los agravios políticos entran en tu ámbito, siendo
consejera. El mío se limita a lo personal y a sus habilidades en la
lucha. Y por una vez, estoy agradecida de que no tenga otra vida
personal fuera de hacerte la vida imposible.
    —Lo tendré en cuenta —dijo Syrenna con sequedad.
    Siena era consciente de que sus dos más allegadas delegadas
estaban cuchicheando con las cabezas juntas, sin duda estaban
cavilando sobre su comportamiento. Sabía que Syrenna no
rompería el voto de silencio que la había obligado a jurar, así que
por ese lado no estaba preocupada. Todavía no estaba preparada
para discutir sobre el asunto con nadie. Apenas estaba preparada
para enfrentarse con sus propios pensamientos.
La Reina continuó paseando arriba y abajo del salón enorme,
restregándose las manos de cuando en cuando, en un intento de
calentar la sensación de frío que le llegaba al alma.
    Estaba metida en un lío. Lo tenía muy claro.
    Para empezar, el tema del collar perdido.
     El collar era un trabajo de magia y leyenda. Material de las
historias con las que se había criado la totalidad de la sociedad
Licántropo desde la infancia. Todos los miembros de la familia real
poseían collares místicos, cada uno de diferente forma y estilo en
virtud del rango y la importancia del propietario, desde el
nacimiento hasta la muerte. Estas intrincadas piezas de joyería, eran
unas complejas series de acertijos, diseñadas de determinada forma
por razones específicas. Crecían y menguaban de tamaño cuando el
portador cambiaba de forma y nunca se salían del cuello, siempre
transmitían el status de su dueño.
     Los misterios legendarios iban aún más allá. En primer lugar,
sólo los miembros de The Pride podían llevar un collar. Sólo los
miembros de The Pride conocían los secretos que permitían unir los
complejos eslabones. Se debía a que de ésta forma, las insignias
reales no se podían duplicar ni forjar ni ser usadas más que por los
legítimos herederos al trono. Aunque eran de oro, estaban
encantados, lo que los hacía indestructibles y por tanto no podían
ser arrebatados por enemigos, ladrones o los mismos monarcas por
la razón que fuere. Y para más seguridad, los collares no los podía
quitar ningún miembro de The Pride, los acertijos nunca
funcionaban en sentido contrario y era imposible revelar sus
secretos.
    Siena había escuchado toda su vida que su collar sólo se podía
quitar de dos formas.
    O el portador era decapitado…
    …o por el destinado toque del verdadero compañero del
portador.
    Los místicos aseguraban que sólo el tacto del compañero
perfecto de un alma de la realeza podía liberar el collar. El macho o
la hembra que lo consiguiera estaba destinado a casarse con el
propietario, no había vuelta de hoja. ¿Qué otro podría desvelar el
imposible acertijo con que los sabios llevaban lidiando sin éxito
desde hacía cuatrocientos años? Sólo uno. El único perfecto. Un
alma tan real y complementaria como la del propietario del collar.
     La idea hizo que el estómago de Siena se retorciera de náuseas y
de un miedo que nunca antes había conocido. Ahora que le habían
quitado el collar, sólo podría volver al cuello de la reina de las
manos de un miembro de The Pride o, si las leyendas eran verdad,
por la mano del amante que lo había quitado. El acertijo estaba fuera
del conocimiento de Siena y era así a propósito para impedir que el
gobernante que lo llevaba hiciera exactamente lo que Siena
intentaba hacer… ocultar el hecho de que había tomado compañero.
    Su verdadero compañero, si las leyendas tenían razón.
    —Esto es de locos —siseó Sienta por lo bajo girándose para
volver a caminar arriba y abajo del salón.
     ¿Un Demon el compañero predestinado de una Licántropo?
¿Qué importaba que fueran tan… compatibles? Dejando de lado la
química y la sexualidad, se necesitaba mucho más que la habilidad
de tener buen sexo para regir a miles de personas. Metió la mano en
el bolsillo de su caftán, cerrándola con fuerza sobre los eslabones del
collar. Subió los escalones hasta el trono y se sentó lanzando una
dura mirada durante un largo minuto a las mujeres que
cuchicheaban ante ella.
     Syrenna sabría como devolver el collar a su legítimo lugar.
Había vivido entre The Pride más de un siglo. Quizás hubiera
aprendido el secreto durante su estancia. Pero Siena sabía que no
podía pedirle a Syrenna que traicionara a sus mentores. Hacerlo
sería como si alguien le pidiera a ella que reiniciara la guerra. Y
ahora más que nunca, tenía una razón para despreciar tan
abominable idea.
     ¡No!, gritó en su mente. ¡No hay más razones ahora de las que había
antes! Eso significaría que albergo ciertos sentimientos por… y no es así.
     La Reina se puso de pie y después del tiempo que dura un
latido, volvió a pasearse.
Necesitaba una solución a este interrogante y la necesitaba ya.
De ninguna manera iba a presentar en su corte al macho Demon de
infame renombre, nombrarle rey y sentarlo a su lado. A tal guerrero.
La idea iba en contra de cada buena intención que albergaba para
que su gente tuviera un futuro más brillante y pacífico. Había tenido
la intención de regir en soledad hasta el día de su muerte y, de
alguna manera, iba a encontrar la forma de llevar a cabo su plan.
Antes se ahorcaría que tomar parte en semejante abominación que
iba en contra de todo aquello en lo que creía. Y maldita fuera si
volvía a llevarse a la cama a ese hombre.
     Siena se detuvo en sus paseos cuando una aguda agonía la
recorrió ante la mera idea. Casi no podía respirar por el dolor y
apretó los puños sobre su útero, donde dolía con más intensidad. Se
sentía tan vacía, tan privada de vida y cordura cuando pensaba en
abandonar a Elijah para siempre. Le había prometido que no sería el
fin y, que la Diosa la ayudara, cada molécula de su cuerpo aullaba
para que él cumpliera su promesa.
    Siena se dejó caer al suelo con un sollozo, doblándose por el
dolor y la náusea de la traición a sí misma. Sabía que le deseaba,
sabía que sus células gritaban por el alimento que suponía su cuerpo
duro y agresivo a su alrededor y en su interior. La había llevado a
cotas increíbles, a placeres inimaginables y, como si fuera una
drogadicta, la idea de no volver a tenerlo le era casi insoportable.
     Pero tenía que encontrar la manera de soportarlo. Tenía que
romper el hechizo, desafiar la magia de la leyenda que proclamaba
que era perfecto para ella. Tenía mucho más que considerar que su
propio cuerpo. Había miles de personas que contaban con que
hiciera las elecciones más sabias y consideradas que pudiera para
asegurar su bienestar.
     Eso era algo que no había hecho cuando cayó en brazos de
Elijah. Desafortunadamente, hacía unos días había elegido salvar la
vida de un hombre y, al parecer, desde ese momento no había hecho
nada bien.
    Siena estaba decidida a cambiar eso.
    Habían pasado casi dos días desde que se habían separado.
Pero todavía sentía su presencia pegada a ella. Sabía que Anya
sospechaba algo, incluso sin que hubiera dejado que su General
mestiza se acercara lo suficiente como para olerla. Aunque era
mucho más que eso. Era como si el guerrero Demon la siguiera a
todas partes. A veces imaginaba que podía sentirle tocándola. En su
mente. En su cuerpo. La obsesionaba en una mezcla de recuerdos y
fantasías que siempre dejaban ríos de calor corriendo por su
sistema. Si esta obsesión era la naturaleza del emparejamiento no
quería formar parte de ella. Ahora menos que nunca. Pensarlo la
volvía loca, tanto en mente como en temperamento.
    Tan pronto como se curara de la enfermedad del sol iría a la
corte Demon y exigiría a Noah que resolviera el problema haciendo
que su Capitán se mantuviera apartado de ella.
     Desechó la idea en cuanto lo pensó. Lo último que necesitaba
era estar en cualquier sitio donde Elijah pudiera encontrarse.
Quedaban pocos días para Samhain y, gracias a Gideon, conocía lo
suficiente de los Demons para saber que si estaba en su territorio
durante ese breve espacio de tiempo sería como soltar al gato en la
perrera. Sólo le faltaba tener que luchar contra el poder de la pasión
y la seducción irresistible del guerrero Demon magnificada por la
Luna Sagrada hasta una intensidad más allá de lo que había
experimentado hasta ahora.
   No confiaba en tener fuerzas para resistirse llegados a ese
punto.
     Siena se puso de pie nuevamente, deslizando las manos por el
estómago mientras paseaba, frotándolo delante y atrás en un gesto
calmante que era habitual en ella cuando estaba tensa. Pero algo
había cambiado en la sensación que le producía, haciéndola más
sensual que reconfortante como siempre había sido. De repente, se
dio cuenta que podía sentir su toque en el torso tan claramente
como si fuera él quien estuviera tocándola. Los pechos, el vientre y
las caderas parecían arder con la huella de sus manos hasta el punto
de preguntarse si no estaría resplandeciendo brillantemente con las
malditas huellas de sus manos mostrándose para que todos las
vieran. Podía oler el almizcle masculino de su aroma en la piel y se
preguntaba si los demás también podían. ¿O era sólo la locura de
esta insostenible situación que la hacía creer en una ilusión? Se había
bañado más de una vez desde que se habían separado pero su olor
no se iba de sus sentidos.
Seguro, se estaba volviendo loca.
    Siena cruzó el salón hacia el trono, otra vez. Pero no se sentó.
Era el símbolo de tantas cosas que estaban en juego. De ninguna
manera podía quedarse quieta, allí sentada. La Reina de los
Licántropos retomó sus paseos bajo la atenta mirada de sus
compañeras.



    Isabella se inclinó sobre Elijah apartándole el pelo de la frente y
se mordió el labio preocupada. El guerrero había estado saliendo y
entrando del sueño intermitentemente hasta que al final había caído
en un sueño agitado. Algo totalmente inusitado en alguien bajo los
poderosos influjos del sueño de Gideon. Normalmente el sueño
reparador era suave, tranquilo y calmado y permitía que la curación
se llevase a cabo en menos tiempo.
     El guerrero no había contestado ninguna pregunta de aquellos
que estaban perplejos por sus heridas y por las pistas que los
trances visionarios de Bella le habían dado de sus actividades
durante su desaparición. La curación de las heridas de Elijah había
sido muy sencilla para el anciano médico. Gideon había sido muy
meticuloso al extraer el hierro, las bacterias y gran cantidad de otros
residuos perjudiciales para el proceso de curación del cuerpo del
guerrero. Aún así, había tenido la lengua quieta cuando los demás le
preguntaron sobre la naturaleza de las heridas del guerrero y sobre
cualquier sospecha que tuviera sobre dónde había estado el Demon
todo ese tiempo. Todo lo que contestó fue que tendrían que
preguntar a Elijah ellos mismos. Esto era lo suficientemente críptico
para que el resto de los hombres estuvieran dando vueltas por los
suelos de mármol del Gran Salón.
     Isabella no debería estar allí, no después de lo reciente que
estaba la bronca que le había echado a Jacob. Quizás estaba
acabándosele la paciencia pasando tanto tiempo junto al lecho del
guerrero. No había tenido intención de perder los estribos, pero al
final estaba contenta de haberlo hecho. Jacob era un hombre
brillante, sofisticado y sabio con casi seiscientos años de experiencia
a sus espaldas. Uno podría pensar que un hombre así estaría por
encima de algo tan mezquino como los celos.
Había intentado comprender que Jacob, no habiendo conocido
nunca antes el amor, tampoco conocería los celos. No tenía
experiencia con eso y necesitaba aprender como cualquier otra
persona. Pero con su posesividad, avivada por una naturaleza
imbuida con el temperamento y las habilidades de todos los
animales de la tierra, necesitaría probablemente bastante más
tiempo antes de poder dar rienda suelta a sus volátiles emociones.
Mientras tanto, le estaba tocando las puñeteras narices a base de
bien.
    Puesto que había pasado un milenio desde que el último Druida
había vivido entre Demons, no había nadie salvo el longevo Gideon
que supiera algo sobre los Druidas. Incluso Gideon era un niño por
aquel tiempo, un jovencito con el conocimiento mínimo sobre los
Druidas que su pueblo había intentado destruir en la guerra de
aquellos tiempos. Se había reescrito gran cantidad de la historia
desde entonces. La verdad estaba enterrada en la biblioteca de los
Demons y no habían empezado a desentrañar la historia de los
Druidas que allí se escondía.
    Junto con la erradicación de los Druidas había llegado la
reducción de peticiones de Vinculación. La Vinculación de dos
Demons, como la que Legna y Gideon acababan de hacer, ocurría
una vez en un millón. Ahora se creía que desde el primer momento,
el Destino había querido que los Demons encontraran sus parejas
más perfectas entre los Druidas, las mismas criaturas que habían
destruido sistemáticamente hacía un milenio. Fue escrito en una
profecía que había estado perdida durante mil años.
    Sin Druidas no había Vinculación.
     Así que no había manuales en esta generación de Demons para
el comportamiento y las emociones con las que un Demon debía
lidiar durante la Vinculación. Y esto, desafortunadamente,
significaba que andaban a ciegas, encontrando las respuestas según
venían. Bella intentaba comprenderlo con todas sus fuerzas. Jacob
era fuerte y ponía toda su sensibilidad en lo concerniente a su
bienestar. Aprendería a lidiar con ello como ella había aprendido.
No tenía duda de que aceptaría su ayuda y lo superaría. No debería
haber perdido la paciencia tan fácilmente.
Isabella oyó abrirse la puerta a su espalda y miró por encima
del hombro, viendo una cabeza pelirroja atisbando la habitación.
Bella se puso un dedo en los labios y le hizo señales al visitante para
que entrara.
    Corrine, la hermana de Bella y también, de forma bastante
divertida, su cuñada, entró y arrimó una silla a su lado sin hacer
ruido. Se inclinó hacia delante de manera que sus frentes casi se
tocaban, como hacían durante toda su infancia cuando compartían
secretos.
    —Sabía que estarías aquí —dijo Corr, cogiendo un rizo de su
largo pelo rojo para mordisquearlo, un viejo vicio cuando estaba
nerviosa—. Jacob te va a estrangular.
     —Preocúpate de tu marido que yo me preocuparé del mío —
contestó Bella con voz muy baja pero claramente divertida. Los ojos
violetas bailan de irreverencia—. Además, el día no está completo
sin el sermón diario de Jacob. Sinceramente, espero que su hermano
sea más tolerante.
    —Bueno, Kane nació unos quinientos años después que Jacob y
no lo criaron en la Edad de Piedra —se rió Corrine suavemente—.
Mi marido tiende a ser un poquito más moderno de pensamiento
que su hermano.
    Isabella sonrió y cogió la mano de su hermana impulsivamente,
dándole un cálido apretón. Siempre habían estado muy unidas pero,
después de haber estado a punto de perder a Corrine hacía un año,
había forjado un vínculo aún más fuerte con su hermana.
    Como se mencionó antes a su llegada al Castillo, Corrine se
había transformado de un ser humano normal a un híbrido de
Druida y humano como su hermana, después de un breve encuentro
con su compañero Demon destinado, Kane. El contacto con un
Demon genéticamente apropiado era el disparador del nacimiento
del poder de un Druida. Incluso de híbrido de Druida.
    Aunque nadie sabía que existían los híbridos hasta que Isabella
empezó el lento proceso después de haber estado expuesta a Jacob.
Pero los Druidas necesitan constante exposición al disparador
Demon desde el primer momento o sino se ponían enfermos y se
“morían” de hambre.
Corrine había empezado así hasta que se dieron cuenta de lo
que pasaba. Le llevó meses de exposición a Kane para recuperarse.
De la misma forma que la víctima de un accidente grave tiene que
pasar por un largo período de terapia, Corrine se había visto forzada
a hacerlo bastante más lento de lo normal y había recuperado su
poder lentamente durante el año pasado.
     Este roce con la muerte había sido el cemento que había forjado
de nuevo la ya de por sí fuerte unión con su hermana. Además, con
frecuencia recurrían la una a la otra mientras ambas se adaptaban al
estilo de vida de una raza Nightwalker de cultura tan compleja
como los Demon. Se habían ayudado la una a la otra a descubrir
formas nuevas de controlar y utilizar sus habilidades en ciernes.
    —¿Sabe Kane que estás aquí?
    —No —Corrine le hizo un guiño conspirador—. Parece que
nuestros hombres grandes y fuertes están durmiendo. Una de las
bendiciones de ser medio humanas es que no nos vemos compelidas
a dormir durante el día de forma tan fuerte como ellos. Qué extraño
debe ser sentirse tan aletargado que no tienes más remedio que
dormir, quieras o no.
    —Lo mismo les pasa a los humanos. Sólo que no nos limita a las
horas diurnas y a veces podemos dilatar lo inevitable. Creo que
Gideon ha llegado al punto en que puede permanecer despierto
durante el día sin siquiera bostezar.
    —Es extremadamente fuerte —asintió Corr con el asombro
patente en su voz—. ¿Intentas conseguir una premonición o sólo
estas jugando a las enfermeras?
     —Un poco de las dos cosas —Bella volvió la cabeza ceñuda ante
la forma durmiente de Elijah—. Nunca le había visto tan débil. No
conseguimos que nos diga nada. Gideon le dijo a Jacob que las
heridas no son recientes, que la herida del pecho había sido curada
un par de días antes de que se volviera a abrir. Parecía como si la
hubieran vendado y que cuando Elijah se transformó, perdió el
vendaje sin darse cuenta y eso hizo que la herida volviera a abrirse.
    —Tiene suerte de haber llegado aquí vivo. Pero es un error que
no esperarías que cometiera un Anciano —dijo Corrine.
—Yo estaba pensando lo mismo —dijo Bella uniendo de nuevo
la cabeza con la de Corrine—. Algo le ha pasado.
    —Sí, es obvio. No necesito una premonición para saber que
alguien le ha dado una buena paliza.
    —No — la contradijo Bella con suavidad—. Es algo más. Algo
que ha hecho que actúe... con imprudencia. Que cometa errores. Y
no tengo ni idea de qué es. Sigo viendo estas imágenes de ojos de
gato. Es lo único que me llega cuando le enfoco.
    —Me gustaría poder ayudarte, pero mis poderes se limitan a
buscar Demons. Quizás pueda localizar a su compañera, pero poco
más —su hermana se rió entre dientes.
    —¡Por Dios, no lo digas tan alto o de verdad que se quedará en
coma! Elijah se ha estado escondiendo de ti desde que supo cuales
eran tus poderes.
    —Y Noah también —añadió Corrine haciendo que Bella lanzara
una risilla tonta—. Te lo juro, he oído sobre hombres sumamente
tímidos, pero estos dos se llevan la palma. Pero bueno, puesto que
he encontrado a la Druida Miranda para el Consejero Simon y a Yuri
para la médico Yoshabel, sólo dos Demon me han pedido una
búsqueda. Dos de miles que conocen mis habilidades.
     —Algunos recuerdan muy bien las lecciones de historia sobre la
guerra con los Druidas. Llevará tiempo, pero se convencerán —Bella
se restregó las manos como si las tuviera frías—. Me gustaría poder
controlar cuando me llegan las premoniciones. Ahora es como jugar
a la ruleta rusa con un arma a medio cargar. Llevo media hora
disparando sobre vacío.
    —Cuando las necesitas no las encuentras de ninguna manera. Y
cuando no las necesitamos, están por todas partes. Me recuerda a
cuando querías quedar con alguien —las ocurrencias de Corrine las
hizo reír.
    —Bueno, mas vale que pase algo pronto. Jacob se despertará
pronto y si me encuentra aquí se va a armar una buena.
    —¿Bell?
Bella y Corrine lanzaron un gritito suave y se volvieron para
mirar al hombre que yacía en la cama. Ambas se sonrojaron al darse
cuenta de que casi habían olvidado que estaba allí.
   Pero Bella se rehizo inmediatamente y se sentó en el borde de la
cama de Elijah cogiéndole de la mano mientras se inclinaba sobre él.
   —¡Eh, tú! ¿Qué demonios has estado haciendo que nos has
dado un susto de muerte a todos? —le preguntó.
    —Yo también me alegro de verte —dijo Elijah con tono seco
levantando la vista y viendo a su segunda visitante—. ¡Wow, dos
hermosas mujeres! Ya he tenido esta fantasía en otras ocasiones.
    —¡Ja! Y seguramente no sólo en tu imaginación, que te conozco
—Bella le tomó el pelo haciendo que el guerrero riera con esa
sonrisa suya pícara y chula que tranquilizó los corazones
preocupados de las mujeres. Bella alargó la mano para colocarle un
mechón rubio y notó que aún estaba pálido a pesar de la segunda
transfusión de sangre que le habían puesto—. ¿Cómo te encuentras?
    —Depende. ¿Has parado el avión a reacción que me atropelló o
sigue corriendo?
    —¿Me tomas el pelo? ¿Quién querría preocupar a trescientos
hombres de negocios mal pagados y nada valorados de camino a
una conferencia larga y aburrida?
    Elijah se rió cogiéndole la mano que tenía en su pelo. Le besó
brevemente los dedos, reflejados en sus ojos esmeralda su cariño y
su gratitud.
      —Por cierto, gracias.
     —Bah. Es sólo que estaba preocupada por si mi hija se quedaba
sin un Siddah perfecto si no salvaba tu miserable culo.
      —¿Entonces no habéis celebrado la ceremonia del nombre sin
mí?
    —Elijah —le regañó Bella—. ¡Ya te vale! ¿Por quién me has
tomado? Nunca te haría una cosa así. No mientras estabas
desaparecido —le volvió a colocar el pelo con la mano libre, pero él
también se la cogió.
—Deja de tocarme —dijo—. Lo único que me falta es que tu
locamente celoso marido me de una paliza de las que hacen época.
    Elijah le puso las manos en el regazo.
    Bella apretó los puños y se los puso en las caderas en un
familiar gesto de exasperación.
     —Sabes que suelo ser una persona que cultiva sus amistades y
afectuosa. Mi irrazonable y dominante marido tiene que aprender a
controlarse, Elijah. ¿Cuán van a enterarse de que hago lo que quiero,
cuando quiero y que les den a todos ustedes si no les gusta?
     —Creo que darnos tampoco sería una buena idea considerando
el comportamiento irrazonable, dominante y celoso de tu marido.
    —¡Oops! —susurró Corrine desde detrás de su hermana al
volverse los tres para mirar al marido en cuestión.
     Jacob estaba inclinado sobre el marco de la puerta, con los
brazos cruzados sobre el pecho y los ojos oscuros y serios se
iluminaban lo bastante divertidos para que Bella suspirara con
alivio.
    —Vaya, ¿desde cuándo me vigilas de esa forma? —le preguntó
levantándose y lanzándose hacia él para poder colgarse de su
abrazo.
    Gracias por no ser una bestia, murmuró dentro de su mente.
    Gracias por perdonarme que sea un idiota redomado, le contestó
suavemente.
    Jacob abrazó a su menuda esposa, levantándola para enterrar la
cara en el sedoso cabello y se rió. Los oscuros ojos miraron a Elijah
por encima del hombro de su esposa, mostrando sobradamente
cuán aliviado se sentía de ver despierto a su viejo amigo.
     Jacob soltó a su esposa y se acercó a la cama de Elijah acercando
la silla que ella había abandonado para sentarse. Cruzó el tobillo
sobre la rodilla contraria. Bella se quedó de pie detrás con los brazos
apoyados en sus hombros.
     —Hola, viejo amigo —le saludó—. Es estupendo verte despierto
y alerta.
—No te haces una idea —suspiró Elijah sentándose. Se puso
una mano en el pecho notando la nueva piel rosada que había
reemplazado a la herida.
    —¿Puedes decirnos qué te pasó? —Preguntó Jacob.
    Elijah asintió y ninguno de los tres se dio cuenta de su breve
vacilación.
    —Ruth, Mary y unos treinta nigromantes y cazadores me
tendieron una emboscada. Hablando de que la furia del infierno no
es nada —bromas aparte, los ojos de Elijah eran demasiado serios
para su naturaleza —Casi me matan.
    —Jacob, señoras…
    Todos volvieron su atención hacia la puerta para ver a Gideon
traspasando el umbral.
    —No creo haber autorizado las visitas —les hizo notar.
     Si algo sabía todo el mundo era no que no había que contradecir
a Gideon con el bienestar de sus pacientes. Todos se levantaron y
salieron de la habitación de Elijah con rapidez. Jacob estrechó
brevemente las manos de su amigo y ambas mujeres se inclinaron
para besarle y decirle lo felices que estaban de que hubiera
despertado. Se apresuraron fuera del cuarto, pasando por delante de
Gideon y Jacob cerró la puerta tras él.
    Gideon se quedó apoyado en la pared frente a la cama de Elijah
con la cabeza plateada ligeramente inclinada mientras miraba como
el guerrero se sentaba. Elijah no era idiota. Sabía que el Antiguo
Demon tramaba algo. Pero de ninguna manera iba a echarle una
mano con ello. Dejaría que Gideon enseñara primero sus cartas.
    Y si algo era Gideon, era directo.
    —Estarás un poco dolorido por lo menos dos días más —dijo
Gideon—. ¿Por qué iniciaste la metamorfosis, arriesgando tu vida
para llegar aquí? Deberías haberte quedado donde estabas hasta
estar más fuerte.
    —No podía —Elijah desvió la mirada del médico lo suficiente
para captar su atención. Le ayudó a confirmar algo que ya había
empezado a sospechar.
Elijah curvó la mano en un puño al sentir la mirada del Antiguo
resbalando sobre él con calmada paciencia. Habiendo despertado de
un sueño tan largo, Elijah podía no ser consciente de muchos
detalles de los días pasados, pero vaya si podía recordar el
encuentro con Siena. Y se dio cuenta que llevaba la evidencia encima
a pesar de todos sus esfuerzos por esconderlo.
    —Ya sé que no es asunto mío, pero soy consciente del cambio
de tu olor y no pretendas ocultarlo —dijo Gideon quedamente—.
También estoy familiarizado con ese olor. Tanto como estoy
familiarizado con el coctel de sangre Licántropo cuando la veo en un
cuerpo al que no pertenece.
    —¿Alguien ha…?
    —Si se han dado cuenta, no lo han mencionado. Es posible que
hayan hecho la vista gorda, pero no apostaría por ello —Gideon
hizo una larga pausa para sacudirse pensativo mota de polvo
invisible de la pernera del pantalón—. El olor de la hembra es el de
Siena, ¿verdad?
    —No juegues conmigo, médico —dijo Elijah con amargura—.
Sabes perfectamente quién es y no necesito que me hagas preguntas
inútiles.
    —Lo sé —admitió Gideon—. Por improbable que parezca.
    —Créeme, estoy tan conmocionado como tú —admitió Elijah
con un suspiro—. Y esto empeora, Gideon —Elijah se rió sin
alegría—. La hermosa Reina de los Licántropos no quiere nada
conmigo. Así que si estás pensando en mandarme a los Ejecutores
por haber incumplido la ley o vas a soltarme un sermón sobre la
pureza, yo tendría en consideración este hecho, si fuera tú.
     La plateada cabeza del Antiguo no respondió enseguida. En vez
de eso, estudiaba la expresión del guerrero notando el esfuerzo de
sus intentos por minimizar lo mucho que le afectaba la situación en
que se encontraba.
    —Puede que Siena no tenga mucha elección en el tema, Elijah
—le dijo con suavidad.
—¿Perdona? —Elijah no estaba seguro de haber oído
correctamente. Se sentó un poco más hacia delante buscando la
mirada firme del médico—. Explícame eso.
    —Hay muchas reglas distintas que gobiernan el destino de
Siena.
     —Sí, ya lo sé. Un solo compañero. Una regla que ella piensa que
no se aplica a un deleznable macho Demon como yo —el sarcasmo
en la voz de Elijah era agudo pero no se dirigía más que a su propio
ego maltratado.
    —No creo que sea la que deba decidir. El Destino…
    La risa cortante del Elijah hizo que el Antiguo se callara.
     El guerrero salió de la cama apartando las sábanas y se dirigió
al armario por los pantalones y la camisa. Por lo menos le estarían
bien, puesto que eran suyos. Los había dejado en las habitaciones de
Noah debido a la frecuencia con que le invitaban a quedarse en la
casa y en este cuarto. Se volvió hacia Gideon mientras se ponía una
camisa blanca de moaré satinado.
    —No me hables del Destino, Gideon. Si me lo preguntas, en este
momento me parece una puñetera mierda —Elijah se metió los
faldones de la camisa por dentro de los pantalones.
    —¿De verdad no sabes lo que ha pasado? —preguntó Gideon
mirándole asombrado.
    El comentario le dio un respiro a Elijah. Se detuvo a medio
abotonarse los puños de la camisa para mirar al otro hombre.
     —¿Podrías hacerme el favor de mantener al mínimo los
comentarios crípticos? —pidió Elijah ignorando el repentino y
anticipatorio golpeteo del corazón.
    —Elijah, debes ser el primer macho Demon que conozco que no
reconocer los efectos de la Vinculación por lo que son.
   Ahora sí que había conseguido captar la atención del Capitán
Guerrero.
—¿Vinculación? ¿Se te ha ido esa cabeza plateada que tienes? —
De nuevo se rió con esa risa amarga—. ¿Entre un Demon y una
Licántropo?
    —Es tan improbable como hace unos años nos parecía la
Vinculación entre Demons y Druidas —cavilaba Gideon—. Y sin
embargo, aquí estamos.
    Elijah se forzó a reprimir la oleada de excitación y esperanza
que inexplicablemente, le recorrió.
    —Explícame por qué crees que... Explícamelo —le pidió.
    —¿Quieres decir a parte de decirte que lo veo tan claro como la
luz en la química de tu cuerpo? ¿Qué si Jacob se hubiera quedado
un poco más habría notado que llevas el olor de una mujer por todo
tu cuerpo a pesar de los esfuerzos que has hecho para quitártelo? ¿O
quizás debería mencionar el hecho de que el pelo te ha cambiado de
color?
   Los ojos de Elijah se abrieron como platos. Se volvió hacia el
armario para mirarse en el espejo que colgaba de la puerta.
    Desde luego que el pelo se le había vuelto completamente
dorado, de color idéntico al de la mujer Licántropo a la que había
hecho el amor hacía poco. Le conmocionó que nadie lo hubiera
notado salvo Gideon. Le conmocionó y punto.
     —Tenías el pelo mojado al principio. Y, la verdad, es que
estaban más preocupados por tu salud que por el color de tu pelo —
le dijo Gideon.
    —Maldición —susurró Elijah pasándose los dedos por las ondas
doradas de su pelo. Bella incluso le había apartado el pelo y no lo
había notado—. Yo pensaba que la Vinculación cambiaba los ojos
de la mujer. Los ojos de Siena son tan dorados como siempre, te lo
aseguro.
     —La Vinculación se compone de tres características distintas,
Elijah. La primera es un deseo incontrolable entre el hombre y la
mujer. Un deseo que no puede resistirse durante mucho tiempo y es
absolutamente imposible de resistir durante la Luna Sagrada en
Beltane y Samhain, a veces incluso en los Solsticios —el Demon
arqueó una ceja plateada—. Creo que puedo asegurar que tú y Siena
habéis sentido esta característica.
    —Sí —admitió Elijah quedamente.
    —En cuanto a tu segundo signo, aunque es cierto que la hembra
vinculada con frecuencia toma el color de los ojos del macho que
pretende, algunas veces es el color del pelo o incluso los poderes del
compañero. Y el cambio lo puede sufrir el macho o la hembra. Que
es exactamente tu caso, te lo aseguro —dijo, señalando el pelo del
guerrero—. En mi caso, los ojos de Legna se volvieron de mi color.
Para los Ejecutores y para Kane y Corrine, en sus casos, lo que
desencadena la Vinculación de un Demon y una Druida es el
despertar de los poderes del Druida.
    —Y la tercera es la telepatía entre la pareja —terminó Elijah—.
La habilidad de poder estar en constante contacto mental con la otra
persona —Elijah soltó un sonido de frustración, apretándose la
palma de la mano contra la frente—. Ahora comprendo porque me
parece que todavía puedo oír su voz. Por que siempre parece que
podemos pensar o sentir lo que el otro sin decir nada. No sé por qué
no me he dado cuenta por mí mismo.
   —Lleva su tiempo hasta que se hace fuerte entre Druidas y
Demos. Tal vez sea igual para las Vinculaciones entre especies.
     Elijah se rió ante ello, pero el sonido era terriblemente doloroso
y Gideon sintió la repuesta reflexiva de su esposa en su mente.
Aunque lo había intentado denodadamente, no podía separarse
totalmente de él y sentía que quería darles privacidad. Era una de
sus debilidades, esa noción de la privacidad, que no iba a entender a
corto plazo. La privacidad no era un concepto Demon. Era humano.
Dónde lo había adquirido le sobrepasaba.
    No te preocupes, cariño, le aseguró con suavidad. Se recuperará del
shock igual que tú te recuperaste cuando descubriste que yo era tu
compañero.
     ¿Quién dice que me he recuperado? Le tomó el pelo. Pero sintió la
tristeza tras del buen humor. Va a ser muy duro para ellos, por muchas
razones.
    Siempre lo es, asintió tiernamente.
Gideon devolvió toda su atención al guerrero. Se había colocado
junto a la ventana y estaba mirando los terrenos bien cuidados del
interior.
     —Corrígeme si me equivoco, ¿pero todo esto no va contra la
ley? —Preguntó con una sonrisilla irónica elevándole la comisura de
la boca.
    —Eso no te frenó a la hora de llevártela a la cama —contestó
Gideon.
     Elijah maldijo en voz baja, apuntando el áspero término a la fría
actitud de Gideon
     —¿Es que no hay nada para lo que no tengas respuesta? —Le
soltó.
    —Elijah, estoy siendo directo por una buena razón —dijo
Gideon—. La Luna Sagrada de Samhain está a cinco días. No serás
capaz de alejarte de ella esa noche. Lo entiendes, ¿verdad?
    La respuesta de Elijah fue otro colorido rosario de epítetos. Se
dejó llevar por el temperamento y cogió el objeto que tenía más
cerca y lo arrojó a través de la habitación estrellándolo contra la
pared de piedra.
    —¡Maldición! ¡Maldita sea!—Elijah se volvió para enfrentar al
médico con los puños apretados tan fuerte que se le habían puesto
blancos—. Va a odiarme. ¿Lo entiendes? La conoces mejor que
cualquiera de nosotros y sabes que va a odiarme por esto.
    —Sólo al principio —le aseguró Gideon con sorprendente
gentileza—. Y será resistencia y temor, no odio. Confía en mí.
    Elijah comprendía lo que el Antiguo le estaba diciendo. Él
también había pasado por la misma situación. Había tenido que
conquistar a su compañera venciendo a muchos niveles.
    Ella. Sus amigos. Su familia.
     Pero la diferencia era que todos los amigos de Legna y su
familia sabían que la Vinculación era permanente y que era inútil
resistirse. Siena puede que supiera algo al respecto por lo que había
visto y oído de Gideon y Legna cuando vivieron en su corte, pero
experimentarlo en primera persona iba a ser muy difícil y
explicárselo a una sociedad que no creía en semejantes cosas iba a
ser casi imposible.
    —Haré todo lo que pueda para ayudarte, Elijah —le ofreció
magnánimamente Gideon. Era el que conocía a Siena desde hacía
más tiempo, un hecho por el que Elijah intentaba no sentirse
desairado. Pero si alguien podía hacerla ver la luz, ese era Gideon.
     —Te lo agradezco de verdad. Y, Gideon, hazlo pronto. Necesito
verla, hablar con ella. Antes de que irrumpa en su habitación con
nada más que lujuria animal en la cabeza. Tiene que entenderlo. Si
no... —Elijah volvió a la ventana y suspiró apoyando la frente en el
cristal—. Si no lo entiende, a su modo de ver estaré tomándola
contra su voluntad.
     Gideon lo comprendía mejor de lo que Elijah pensaba. Siena era
material de orgullo y tozudez. Cuanto más se resistiera a lo
inevitable, cualquier movimiento que hiciera Elijah hacia ella sería
visto como un acto hostil. Y cuantas más veces pasara, más difícil
sería recuperar el terreno perdido y conectarlos. El peor resultado
inicial de la Vinculación era que normalmente ocurría en las
proximidades de los días sagrados. Era como si la naturaleza les
diera unos días para prepararse pero al final sería lo que la
naturaleza dictaba. Y ese final podría llegar muy rápido.
     —Me encontró en el bosque, ocultándome de mis atacantes
antes de que pudieran rematarme. Me dio refugio, curó mis heridas,
me alimentó y me cuidó... —Elijah hizo una pausa para fijar su
mirada esmeralda en el médico—. Y entonces puso patas arriba toda
mi existencia. Vaya forma de mierda de agradecerle su
hospitalidad—volvió a detenerse, restregando el dedo por una
mancha de la ventana—. ¿Y qué pasa con Jacob? ¿Con Noah? ¿Con
la ley? ¿Recuerdas? “El perro no yace con el gato. El gato no yace con el
ratón”. Y ésta es sólo una de una docena de las leyes de la pureza
contra las que va todo esto.
     —La Vinculación no es algo que pueda resistirse o evitarse, así
que si es lo que te ha pasado, nadie puede culparte —señaló
Gideon—. Si te acuerdas, hay un gran número de leyes que
necesitamos revisar después del año pasado. Si algo hemos
aprendido durante este annum, es que nuestros ancestros tendían a
interpretar las profecías de la forma que querían interpretarlas.
Quizás no seamos los perros para sus gatos, Elijah. Ella es una
poderosa hembra Nightwalker. Es inteligente y justa, propensa a
sucumbir a sus instintos animales como nosotros. Puede que resulte
que ya no somos tan diferentes unos de otros como nosotros mismos
nos permitamos ser.
    —Pero Jacob...
    —Si mal no recuerdo, una noche hace cerca de un año,
impediste que Jacob cometiera por ley lo que era una enorme
equivocación. Esa ley ha sido cambiada. Elijah, nuestro mundo tal
como lo conocemos, está en proceso de cambio. Ninguno de los que
nos llamamos tus amigos te criticaremos. Este es un tiempo de
naturaleza y cambio. Un tiempo de destinos especiales. Harías bien
en recordarlo.
    Gideon inclinó la cabeza y la comisura de la boca se elevó con
una sonrisa cuando la bendición de su esposa por su tolerancia poco
común le llegó a la mente.
    —De todas formas, lo primero que haría sería hablar con Noah
lo antes posible —añadió—. Sería mejor que lo supiera por ti tan
pronto como puedas... antes de que alguien lo averigüe.
    Elijah se volvió a mirar al Antiguo. Después de un momento,
simplemente asintió.
CAPÍTULO 8


    Gideon se acercó a las puertas cerradas del santuario interior
de la Reina, lanzándoles a los guardias una sonrisa que les retaba a
negarle la entrada. Los Minotauros habían peleado antes con
Gideon, pero no con todas sus fuerzas aunque sí lo bastante para
que entendieran que no sólo no debían meterse con el Demon sino
que tenía privilegios con la Reina que nadie más se hubiera atrevido
a asumir. Y aún más, el médico podía proyectarse astralmente en la
cámara si así lo quería. Sería como intentar capturar a un fantasma.
    Gideon golpeó la puerta con los nudillos y esperó respuesta.
Ignoró la voz de su esposa en la cabeza arrullándole mientras le
contaba lo complacida que estaba viendo que, al menos, había
aprendido el concepto de llamar antes de entrar.
    Uno no puede hacer otra cosa cuando la realeza está involucrada,
añadió con sequedad.
    Ah, ¿y sólo la realeza merece esa cortesía? , contestó ella.
    Realeza extranjera, añadió Gideon.
   Ah, ya. El sentido de la privacidad no es una costumbre Demon, se
mofó de él con una de sus risas hermosas y ligeras.
    —Adelante —se oyó la resignada llamada desde el interior. Los
cerrojos cayeron al abrirlos alguien dentro.
   Gideon hizo a un lado el juego argumental en la mente con su
compañera y se centró en la tarea que tenía entre manos.
     Siena estaba sentada ante el telar. Las hábiles manos movían la
lanzadera adelante y atrás con la rapidez y precisión que sólo
alguien con reflejos sobrenaturales podría hacer. No le miró y
Gideon sospechó que sabía porqué. Había dos damas de compañía
en la habitación aunque se veía claramente que les habían ordenado
mantenerse a distancia de la deprimida Reina y que estaban más
que felices de obedecer.
     —Dejadnos —dijo la Reina sin mirar. Los sirvientes salieron
corriendo hacia el vestíbulo cuando Gideon cerró la puerta—. ¿Te
parece prudente entrar en la cámara de la Reina a la vista de todos
sus súbditos, médico?
    —Es mejor hacerlo abiertamente que en forma astral. Seguro
que las malas lenguas empezarían a murmurar y no estoy muy
seguro de que mi esposa hiciera gala de su significativa paciencia
durante mucho tiempo si le llegaran tales cotilleos. Embajador o no,
un insulto de esta clase hacia ti también sería un insulto hacia mí y
seguramente no lo aguantaría.
     —Sí —Siena asintió—. He llegado a conocer muy bien a Legna.
No es de las que soportan en silencio una injusticia. Sería una buena
embajadora de tu gente y su paciencia la haría buena para la mía. Tú
y ella habéis hecho cambiar de parecer a muchas mentes tozudas en
estos meses de residencia entre nosotros —la lanzadera de la Reina
seguía volando entre los hilos—. Pero me imagino que no has
venido a discutir los cotilleos de moda de tu esposa o de la corte.
    —No. No he venido a eso.
    —Entonces habla, médico.
    —Antes me gustaría preguntar en qué punto he pasado de
“Gideon” a “médico” —preguntó Gideon socarrón.
   La lanzadera se detuvo en la mano de la Reina durante un
momento largo y pensativo.
    —Acepta mis disculpas —dijo con suavidad, apartando el telar
y volviéndose a mirarle.
    Al acercarse, sin embargo, bajó la mirada al suelo a su derecha y
su mano amontonó la tela del cuello de su vestido en la garganta.
     —Siena mis poderes tienen muy poco efecto en ti pero tengo
ojos en la cara y un sentido del olfato tan bueno como el de tu raza.
Conozco el olor del hombre que llevas tan bien como conozco el mío
y cuando estuve curándole hace tres días, reconocí tu marca sobre
él. No hace falta ser un genio para darse cuenta de cómo te escondes
bajo todas esas ropas, rodeándote de doncellas Licántropos mestizas
cuyos sentidos no incluyen el del olfato muy agudizado.
     —Eres demasiado perspicaz, med... Gideon —dijo con la voz
claramente ronca—. Espero que lo bastante astuto para decirme
cómo salir de este aprieto.
    Siena le miró, soltando el agarre de su ropa y Gideon soltó
despacio el aliento consternado. No había esperado ver al
descubierto la garganta de Siena. Nunca la había visto sin el collar
de su cargo y había vivido en la corte lo suficiente cómo para
conocer el significado de la leyenda y el misticismo que
acompañaban a la pesada pieza de joyería.
     Tenía razón desde el momento en que había abrigado la idea de
esta Vinculación poco corriente pero una cosa era sospecharlo y otra
ver la evidencia creciendo a grandes pasos delante de sus propios
ojos. ¿Un Demon vinculado con una Licántropo? Debería ser
imposible pero ahí estaba, claro como la luz, parpadeando con
emoción entre las doradas pestañas de la Reina.
     Gideon avanzó hacia ella, buscando con sus poderes lo mejor
que podía, revisando su extraña psicología. No podía influir sobre
ella excepto en lo que concernía a su habilidad de sanar. Pero había
vivido en la corte de los Licántropos durante cinco años y en todo
ese tiempo había aprendido a observar lo suficiente como para
distinguir lo normal de lo anómalo.
     La impronta de Elijah estaba en ella. Estar separados durante
esos tres días se había cobrado su precio en la hermosa Reina, al
igual que en el guerrero que había vuelto a casa. Estaba más pálida
de lo normal, claramente desanimada y, aunque luchaba contra ello,
anhelaba claramente su inconcebible pretensión.
    —Gideon, si me debes algo por el trato amable que te dispensé
cuando mi padre te tuvo prisionero todos aquellos años, puedes
pagarme deteniendo esto.
    La petición era tan desesperada como incontrolable era el tono
de su voz.
   —Soy poderoso, Siena —dijo suavemente—, pero nadie es tan
poderoso como para derrotar al Destino. Por lo que he visto de
Elijah y ahora de ti, la elección está hecha y sencillamente tenemos
que aceptarla.
    —¿Sencillamente? —La Reina se puso de pie y empezó a pasear
de un lado a otro haciendo que la seda del largo vestido ondulara
alrededor de las pantorrillas y los pies descalzos—. Nada hay
sencillo en todo esto y lo sabes tan bien como yo. Un embajador
Demon es una cosa y eso ha sido bastante difícil de aceptar para mi
gente. ¿Pero un Rey Demon en el trono de los Licántropos? Nos
matarán a Elijah y a mí en el momento que osemos forzarles a una
unión entre razas tan abominable. Eso sin mencionar el hecho de
que sé que también violaría al menos media docena de las leyes de
tu gente. Y ni siquiera puedo empezar a expresar mi propia
indignación sobre todo este caos o me caeré muerta de un ataque.
    —Lo que no llegas a entender, Siena, es que toda regla tiene su
excepción. Para mi gente, la Vinculación reemplaza todo lo demás
porque es un mandato de la naturaleza en su forma más pura, no
abierta a interpretaciones.
     —¿Vinculación? —La Reina se paró soltando una risa
entumecida al llevarse la mano al cuello desnudo—. ¿Una
Licántropo? La Vinculación es un estado de los Demon. Un infierno
Demon, si quieres saber mi opinión. No te ofendas, Gideon pero
antes pasaría el resto de mi vida como una seta que ser parte de otro
ser de forma tan completa.
     —Lo que te niegas a comprender, Siena, es que no tienes
elección en la materia.
    —Ya, mientras tenga aliento en el cuerpo, tengo elección —soltó
la Reina cargando sobre Gideon con fuego en los ojos brillantes—.
Puede que para vosotros los Demon sea irresistible, pero yo soy una
Licántropo de increíbles poderes y usaré todos los poderes de que
dispongo para luchar contra esta cosa. ¿Vinculación? ¡Ja! Di mejor
encarcelación. Os he visto a ti y a tu compañera, Gideon. ¿Cómo
puedes soportar esa necesidad constante que tenéis de estar en
presencia uno del otro?
     Siena se detuvo con las mejillas flameantes mientras se frotaba
el estómago con la mano de manera inconscientemente. La tela azul
del traje se le enredaba en las piernas al volver a pasearse saliendo
de su confinamiento.
    —He estado sola desde el día en que nací —dijo, ya sin dirigir
sus comentarios a Gideon. Miraba al techo y parecía como si
estuviera gritando a su Diosa con rabia.
     —Mi padre no quería tener nada que ver con críos. La guerra
era su legado. De pequeña, mi hermana estaba enferma tan a
menudo que no me permitían estar con ella. Después de que el virus
genético la alterara, la enviaron a The Pride para que la entrenaran.
Mi vida fue esta corte. Después de morir mi madre, me dejaron para
que atendiera la corte mientras Padre se pateaba el mundo cazando
a tu gente y peleando con ellos. Nunca supe por qué. Sólo odio y
prejuicio. Así que mi vida ha sido un constante ir y venir de miles de
personas, pero nadie cercano a mí. Cada minuto de cada día desde
que era niña ha sido así. Esta corte y cada alma que ha pasado por
ella. Ya era la Reina incluso cuando sólo era Princesa. Así pues, en
cierto sentido, he regido a mi gente yo sola durante ciento cincuenta
años. Nunca tomaré compañero, no importa lo que tú y tu
Vinculación penséis forzarme a hacer. Nunca forzaré a mi pueblo a
aceptar un insulto tan blasfemo hacia nuestro trono. Incluso ¿si
pudieran aceptar a un Demon por Rey, crees que aceptaría al
hombre al que llaman el Carnicero Demon? La paz por la que hemos
trabajado tan duramente se destruiría en un instante. Francamente,
a mi pueblo no le gustaría, hipotéticamente hablando, que su Reina
se fuera a la cama con un Demon. Y ciertamente no lo aceptarían,
literalmente.
     —¿Estás absolutamente segura? ¿Tienes la certeza de que lo que
te asusta es la reacción de tu pueblo?
     —¿Lo que me asusta? —Siena se detuvo, se volvió y le echó una
furiosa mirada— Vienes a mi casa, a mis habitaciones ¿y ahora me
insultas?
     —Si quieres verlo así... De cualquier forma, tus esfuerzos para
alejarme son innecesarios. Sólo tienes que pedírmelo y me retiraré.
    Gideon miró a la furiosa Reina más de cerca, consciente en su
mente de que la atención de Legna estaba preparada. Los dedos de
Siena se curvaban formando puños y temblaba literalmente con las
emociones. Legna, capaz de verlo y oírlo todo a través de los ojos de
su compañero, era consciente de cuan volátil era la situación.
     —Tu condescendencia no tiene otro propósito que irritarme,
médico. ¿Quieres retirarte? Considéralo hecho. Tú y tu entrometida
compañera podéis consideraros desterrados de esta corte hasta que
diga lo contrario.
    —Siena —la advirtió Gideon con suavidad—. Dentro de unos
días te sentirás como una tonta por esto.
    —¡Fuera! —El salvaje grito de Siena hizo que los guardias
irrumpieran por la puerta.
    —¡Lárgate! No voy a tolerar todo esto.
     Los guardias, viendo a su Reina tan alterada y fuera de sí, no se
preocuparon de que Gideon fuera un luchador asombrosamente
hábil que los hubiera vencido en alguna ocasión. Defenderían el
honor y los deseos de su Reina hasta el último aliento. Lo decía
claramente su postura mientras el pelaje se erizaba y las ventanas
dilatadas de sus narices se encendían.
     Gideon escuchó la suave voz femenina en su cabeza, la destreza
de su diplomacia era única y efectiva. Sus modales directos a
menudo alteraban a la gente y quizás se había equivocado al no
utilizar el toque más suave de Legna. Pero nunca había visto a la
Reina actuar irracionalmente, así que no se le había ocurrido que
pudiera necesitarlo. Hizo caso de las súplicas de Legna y le dedicó a
la Reina una reverencia lenta y respetuosa.
    —Como desees —dijo con suavidad un momento antes de su
esposa lo sacara de la habitación con el sonido del teletransporte,
antes de que pudiera hacer algo con lo que le quedaba de
temperamento de lo que se arrepintiera después.
    Siena se volvió hacia los guardias.
     —Dentro de una hora llevad un contingente a sus habitaciones
y aseguraos de que se han marchado. Si no es así, os apresuraréis a
llevarlos fuera de aquí pero no debéis hacerles daño. No les tocaréis
ni un pelo, ¿me habéis entendido? Esto no debe ser considerado
como una separación hostil, sino como un mero distanciamiento
temporal hasta que consiga concentrarme en los asuntos de estado
sin que la presencia de los Demons interfiera.
    —Majestad —asintieron los guardias inclinándose antes de salir
y volver a su puesto al otro lado de las puertas.
    Acababan de cerrarlas cuando las abrió tan de golpe que
rebotaron y se cerraron en cuanto pasó por ellas.
    —¡Syreena! ¡Anya! ¡Compareced al instante! —El grito de la
Reina hizo eco en corredor haciendo que los sirvientes se
sobresaltaran.
     La Princesa y la Comandante de Élite, se presentaron
perspicazmente de inmediato apareciendo tras Siena y se dirigieron
a la sala interior del trono, más tranquila y fresca, que Siena seguía
manteniendo vacía. En cuanto las puertas se cerraron se volvió hacia
ellas. Su única familia. Por primera vez en varios días, les miró a los
curiosos ojos haciendo que ambas reaccionaran con la sorpresa que
esperaba.
    —Sin comentarios —dijo Siena con rudeza.
     Quitándose la sobrevesta, soltó un suspiro de alivio y se sacudió
el pelo, ajustándose el sencillo vestido que llevaba debajo.
    Syreena estaba esperando sus confidencias pero al ver la
garganta de Siena desnuda, los ojos de Anya se abrieron como
platos. Parecía que estaba intentando que no se le cayera la
mandíbula y, en su defensa, hay que decir que resistió el impulso.
     Siena les puso al día de lo que había ocurrido con rapidez. Las
tres paseaban por la habitación con la energía agudizada del que
esta ansioso por pelear. Por supuesto, todo era en beneficio de Anya.
Syreena mantenía una contención neutral, incluso cuando los ojos
negros de la mestiza se estrecharon sospechando.
    —He decidido luchar con esta, llamémosle, inevitabilidad.
Syreena, reúnete con The Pride. Seguramente, todos esos grandes
estudiosos podrán encontrar la forma de revertir los efectos.
Dejando a un lado las Leyendas y la Vinculación, todo esto no
puede caer en manos de los narradores de historias ni de ese
Destino del que tan orgullosos están los Demons. Diles que tienen
sólo cuatro días. Déjales claro que preferiría una cura a estas alturas
de los acontecimientos. Imagino que estarán más que dispuestos a
aceptar cuando se den cuenta de quien será su Rey exactamente si
fallan. No vuelvas hasta que no hayas exprimido sus cerebros.
    —Anya, tu cometido es encontrar a la hembra Mistral llamada
Windsong y traérmela. Vive en un suburbio de París que se llama
Brise Lumineuse. La podrás encontrar allí. Es un poquito xenófoba y
no querrá salir de su tierra, pero debes rogarle en mi nombre que
venga. Vendrá por mí.
     La Reina dudó lo suficiente como para restregarse las sienes.
Estaba claro que la confusión en la que se debatía le causaba gran
cantidad de estrés, un estado con el que, claramente, no estaba
acostumbrada a lidiar. Siena siempre había dirigido su reino con la
facilidad que da la seguridad confiada y la claridad instintiva. El
estrés y la duda nunca habían formado parte de sus decisiones.
    Hasta ahora.
    —No lo entiendo —dijo Anya. La confusión se grababa en sus
rasgos—. ¿Para qué necesitas a una extranjera? ¿Qué puede hacer
con todo esto una Mistral?
    Siena volvió los ojos dorados y fríos hacia su General de Élite.
    —No tienes que preguntar por qué, Élite. Sólo tienes que
obedecerme sin preguntar. Vete, vete ya o elegiré a otro más capaz
para ejecutar mis órdenes.
    Anya nunca había escuchado un tono tan duro de la Reina, en
toda su vida. Si no hubiera estado entrenada en obedecer órdenes
automáticamente, podría haber dudado y haber perjudicado su
carrera. Pero salió inmediatamente para cumplir las órdenes de la
Reina sin ninguna otra pregunta en la cabeza. Dejaba para Syreena
el manejar a Siena. Era la única que no podía ser desterrada de la
corte por un capricho temperamental.
   Syreena se volvió hacia su hermana en cuanto la otra mujer
hubo salido.
    —Siena, no necesito acudir a The Pride y lo sabes tan bien como
yo. Cualesquiera que sean las circunstancias, no quebrarán la
confianza de miles de años en lo que guardan.
—Puede ser, pero irás y lo intentarás.
    —Y cuando lo haga, sabrán lo que has hecho. Después de que se
nieguen, exigirán que eleves al trono a tu compañero sin importarles
quien sea. Te estás quedando sin tiempo.
    —Si no resuelvo esto antes de Samhain, me quedaré sin tiempo
de todas formas.
    De repente, Siena pareció desinflarse; se cubrió la cara con las
manos e intentó quitarse el aguijonazo de emoción de los ojos
parpadeando. Intentó tomar aliento profundamente, con
respiraciones firmes. Fue rápidamente hacia el trono y se sentó
porque no podía soportarlo ni un minuto más.
    —Dulce Diosa, ¿qué he hecho? —Dijo ronca poniendo ambas
manos entre las rodillas—. Syreena, no puedo hacerlo. No puedo
dejarme dominar por un hombre. ¡Y qué hombre! ¡Es un guerrero
hasta la médula! Todo su mundo es sólo la batalla y la intriga.
    —Como con Anya —señaló Syreena—. Y aún así tiene un lugar
especial en tu vida, tu confianza y tu corazón.
     Siena se rió sin humor, cabeceando su aprobación mientras una
lágrima solitaria se deslizaba por su cara.
     —¿Y piensas por un segundo que podré encontrar tales cosas en
los brazos de un Demon? Ha sido mi trato para con Anya lo que
ayudado a eliminar el estigma que arrastraban los mestizos. ¿Sería
lo mismo si meto al guerrero a mi cama y posiblemente en mi
corazón? ¿Tomará esto —dijo sacando el collar del bolsillo—, por mí
la decisión de a quién debo amar? ¿Serán el oro y las piedras de luna
y las maldiciones mágicas los que decidan quién ha de regir esta
tierra si yo muero? Habría querido que fueras tú, Syreena. Una
mujer. El corazón de una mujer debe conducir a esta sociedad hacia
el futuro. Siempre ha debido ser así. Es por eso que el trono pasa a la
hija mayor, no al hijo mayor.
    —Ninguna mujer puede saber todo lo que necesita para regir
un país si no sabe lo que es amar. Cuidar a un niño. Honrar a un
compañero como a su igual.
    —Lo he hecho bien hasta ahora —saltó Siena.
—¿Tú crees? Tienes un algo especial cuando tratas de leyes y a
la corte. Maldices a Padre por su intolerancia, condenas a nuestra
gente por el mismo comportamiento, ¿pero no ves que tú haces lo
mismo?
    Syreena se acercó para sentarse a los pies de su hermana,
cogiendo de entre sus rodillas las frías manos sujetándolas entre las
suyas más cálidas.
    —He visto tu parcialidad en los tribunales, cuando te inclinas
más por el argumento de una mujer que por el de un hombre.
Cuando hay dos hombres involucrados, no eres tan paciente y no
estás tan atenta. Lo intentas. Sé que lo intentas —la calmó cuando
Siena apartó los ojos, incapaz de soportar la verdad en los ojos de su
hermana—. Tu necesidad de justicia es tan poderosa. Pero eres el
producto de tu vida, como lo somos el resto de nosotros. Eres, a falta
de un término mejor, sólo humana.
    De alguna forma, eso hizo reír a Siena.
     —A veces me gustaría que eso fuera cierto. Sabes, Syreena, que
a veces envidio a Anya. Ella es el verdadero significado de la
mezcla entre el animal y la mujer. No lucha contra sus dos mitades...
tres mitades... —se rió otra vez cuando su hermana lo hizo.
    —¿Cinco mitades? —Dijo Syreena.
    —Sí —asintió Siena inclinándose hacia su hermana y atrayendo
sus manos unidas hacia los labios—. Sí, es verdad. Me quejo mucho
en este momento, pero es verdad el dicho de que siempre es un
problema peor que el tuyo el que aflige a los demás. Lo has
soportado toda tu vida, dividida entre los lados multifacéticos de ti
misma.
    —Lo he soportado en una casa de cristal, Siena. El monasterio
no es el mundo. Tú vivías en el mundo, esquivando a nuestro padre
y todas las cosas que aborrecías de él, incluido el intento de
asesinarte cuando supo de tus sentimientos hacia los Demons y
cuánto diferían de los suyos. No puedo decir cuál de las dos ha
tenido una vida más dura. Es como comparar manzanas y naranjas.
    —O perros y gatos —dijo Siena.
—Demons y Licántropos —apretó Syreena—. Aunque sospecho
por lo que he oído de tus propios labios que no somos tan diferentes
como esperábamos ser. Y si hay una persona que puede cerrar ese
abismo, esa eres tú. Te adoran, hermana mía. Recuérdalo. Nunca has
guardado en secreto tu amplitud de miras ni tu actitud hacia la
gente del guerrero. A lo mejor tu gente te sorprende con el nivel de
aceptación de lo que están dispuestos a aceptar en lo que a ti
concierne.
    —Es posible. Si fuera capaz de aceptarme a mí misma… Si es
tan difícil para mí….
   —Para ti es más que la raza de tu potencial compañero, Siena.
Mucho más.
    Siena asintió, demasiado honesta como para mentir a alguien
que no fuera ella misma.
    —Tienes razón, por supuesto. ¿Me harías un favor, Syreena?
    —¿Qué busque a Anya y le haga partícipe de tus más efusivas
disculpas?
    Siena se rió, asintiendo.
    —¿Y el embajador Demon?
    —Oh, mierda…
    —No temas, mi Reina. Me ocuparé de eso también. Y los
guardias no cotillearán. No son de esa clase.
    —Han seguido mis órdenes, ¿no crees?
    —No me sorprendería que se hayan tomado su tiempo
esperando a que su soberana inusitadamente temperamental
volviera a ser la de siempre. Aunque será lo primero que
compruebe. Creo que Anya se está tomando su tiempo en hacer el
equipaje a la espera de los acontecimientos.
    Syreena se levantó y se inclinó para besar a su hermana,
considerablemente más tranquila, en la mejilla antes de soltarle las
manos.
—Encontraremos una solución para todo esto, Siena. —
prometió —Nosotras tres juntas. Igual que la trinidad de la Diosa.
Sabiduría, Fuerza y Naturaleza juntas en armonía.
    La Princesa se volvió dirigiéndose a sus obligaciones y dejó a
Siena en la soledad de la sala del trono para que intentara
reconciliarse con todo lo que había creído correcto hasta el
momento.



     —Muy bien, Elijah, si esto es una de tus bromas será mejor que
lo digas aquí inmediatamente.
    Elijah levantó los ojos oscuros, inocentes y verdes hacia su Rey
haciendo saber a Noah que no era ninguna broma con una simple
mirada.
    —Me temía que no ibas a decirme que lo era —Noah suspiró
sentándose y restregándose la sienes, que volvían a palpitarle—.
Siena. De todas las mujeres en el ancho mundo, tenía que ser Siena.
    —Qué gracia, es lo mismo que pienso yo —señaló el guerrero
dejando la copa de exótica leche de tigre sobre la mesa.
    Se volvió a mirar el fuego como había visto hacer a Noah
durante horas cuando buscaba aclararse.
    —Si haces esto quebrantarás una media docena de leyes.
    —¿Estás pensando en azuzarme a Jacob?
    —No. Pero tendré que decírselo —contestó el Rey—. Y tendré
que decírselo al Concilio.
    —Ya sabía yo que ibas a decir eso —dijo Elijah con un suspiro—
. Me encanta la idea de que mi vida personal sea un asunto de
discusión del Concilio.
    —Da gracias a que tienes muchos amigos en el Consejo. Y con
Jacob, Gideon y yo en tu bando, las cosas no se desmadrarán.
Entiende que si hiciera la elección yo solo, podría considerarse
favoritismo y así no tendré más Consejeros agobiándome sobre el
tema de los que tendrás tú mismo —Noah le lanzó al guerrero una
media sonrisa—. Y si algo sé de Siena en el poco tiempo que la
conozco, es que es bastante obstinada en los grandes empeños. Tú,
amigo mío, tienes una batalla imponente entre manos.
    —Entonces, supongo que es bueno que sea un guerrero muy
capacitado, ¿no? —Elijah se volvió con una sonrisa lobuna en la
boca.
    —¿Sabes? Tengo el presentimiento de que vas a disfrutar con
todo esto —dijo Noah sospechando.
    —¿Sabes? Creo que tienes razón —contestó Elijah—. Y en más
sentidos de los que nunca sabrás, Noah.
    —Vale, no me cabe la más mínima duda. Ella es… una hembra
extraordinaria.
    Noah no dijo nada más. Si lo hubiera hecho, habría arriesgado
su cabeza potencialmente por hacer una suposición demasiado
atrevida sobre la compañera de otro hombre. Si algo había
aprendido en el pasado año, era la poderosamente posesiva
naturaleza que a veces iba unida a la Vinculación. Y fuera o no su
amigo, Elijah era un hombre cuyo lado malo no quería ver ni en
pintura.
      —Bueno —añadió con rapidez—. Discutamos el tema de esas
pícaras mujeres y qué es exactamente lo que pretendes hacer sobre
ello.
    —¿Yo? Es Jacob el que nos vigila. Jacob y Bella.
    Noah no se dejó engañar por la forma despreocupada en que
evadió la pregunta.
    —Y supongo que no se te ha ocurrido la idea de devolverles el
favor por lo que te hicieron, ¿verdad? —preguntó el Rey.
    —Bueno, ahora que lo dices…
CAPÍTULO 9


    Siena   paseaba despacio por los salones de su castillo. Los
muros de piedra y los techos subterráneos grabados con filigranas a
su alrededor llevaban siglos allí. Cada nuevo monarca elegía un ala
nueva y la inmortalizaba con el trabajo de los artistas que los
representaban a ellos y a su reinado. Completar todo el proceso les
llevaba una vida, pero era fascinante ver como avanzaba el grabado
con el paso de los años.

     Era una costumbre gratificante. Significaba no tener que dormir
en las mismas habitaciones que habían visto la muerte de su madre
y los sueños retorcidos de su padre. Tampoco es que él hubiera
pasado mucho tiempo en las habitaciones.

    Ahora era ella la que intentaba escapar de sus sueños.

   Sueños del guerrero rubio que de alguna manera, habían
marcado su cuerpo, su mente y su alma con su toque.

     Hacía dos días que había estallado ante sus amigos, su familia y
sus confidentes de forma poco usual. Todavía tenía que pasar por
las dependencias de Gideon y Legna para disculparse por su
comportamiento. Ni siquiera podía concentrarse en el minuto que le
llevaría formular una disculpa adecuada.

    No. Eso la ponía enferma.

    Enferma era la única palabra que la satisfacía para describir la
forma en que se sentía. Se estaba viniendo abajo, estaba aletargada.
Tenía sensaciones tan extrañas que la hacían sentirse mareada. Y
esos eran los síntomas que quería reconocer.
Lo que se negaba a reconocer era el ardor bajo la piel, las
esporádicas subidas de adrenalina que la asaltaban y a las que
seguían unos locos impulsos de correr. Correr y correr hasta que se
encontrara envuelta en brazos de acero, mecida por manos callosas.
Y cada minuto se volvía peor. Syreena le había dicho que era porque
no podía estar separada de su compañero durante mucho tiempo,
pero Siena se negaba a creerse capaz de tales necesitados
comportamientos.

    Y, de alguna forma, sentía como si él estuviera murmurando
constantemente en su cabeza.

    Recordaba que Gideon y Magdelegna compartían un vínculo
mental y que Gideon le había dicho que esa intimidad era habitual
en las parejas vinculadas. Pero la idea de que alguien tuviera
conocimiento de todos sus pensamientos le resultaba atroz.

    Atroz e irritante.

    Se había encontrado a sí misma avisándole enfadada en su
cabeza, por si estuviera allí. Y algunas veces pensaba que podía oír
la maldita cadencia masculina segura de sí misma de su risa
contestándola en su mente.

    Quedaban dos noches para Samhain.

    Y le sentía deslizarse hasta la última molécula de su cuerpo.

    Se tocó la garganta. El consuelo del collar que volvía a estar
donde debía, era lo único que calmaba su alma. Por supuesto que le
había costado el sacrificio de hacer frente a The Pride y airear sus
trapos sucios sexuales. Habían accedido a volver a unir los
eslabones de acertijos de su collar y también habían accedido a
tomarse su tiempo para considerar las ramificaciones de lo que
estaba ocurriendo antes de ponerlo a debate ante el público.

    Aunque Siena ya sabía lo que opinarían del asunto.
El collar les había probado que, tan extraño como parecía, el
guerrero Demon era en verdad el verdadero compañero de Siena.
De otro modo, no se habría sentido sexualmente atraída por él. No
le habría entregado su virginidad. Y, ciertamente, él no habría
podido romper los encantamientos del collar si no fuera el
compañero para el que había sido destinada.

     Siena apoyó su peso en una de las “ventanas” subterráneas
excavadas en la sala por la que paseaba. Se decía que el castillo se
extendía durante kilómetros a lo ancho y tenía más habitaciones,
cubos y pasadizos de los que se pudieran recorrer en una vida. Era
mucho decir considerando cuán longeva solía ser su especie. No
podía contar las veces que se había perdido por los salones cuando
era niña.

     Esas ventanas sin cristales, más bien arcos grabados que otra
cosa, miraban las historias que se desarrollaban en las casas
extramuros del castillo. Esas casas también estaban cubiertas por el
cavernoso techo cuyos ecos llegaban a los habitantes de la parte
inferior. Había sido la única manera de pedirles ayuda. Pero una vez
que aprendió a cambiar y a usar su sentido del olfato para seguir su
propio rastro, nunca volvió a perderse.

    Bueno, no literalmente. Figurativamente hablando, no podía
estar más perdida.

     La recorrió una brisa subterránea, helándole la piel. Se
estremeció y se frotó las manos por los brazos, empezando a pasear
de nuevo para entrar en calor.

    Se había alejado mucho por los salones y llevaba horas sin ver a
nadie. Había despedido a su guardia y a sus siempre vigilantes
compañeras que habían permanecido disponibles para ella a
cualquier hora que pudiera necesitarlas para confiarles sus
sentimientos. Anya y Syreena eran verdaderamente criaturas
excepcionales y serían recompensadas tan pronto como arreglara el
aprieto en que estaba metida.
La verdad es que estaba sola y sorprendentemente, la consolaba
saberlo.

    El frío de la brisa la recorrió de nuevo desde atrás, moviendo la
falda corta de su vestido y sacudiéndole el pelo. La rodeó
sumergiéndola y forzándola a detenerse cuando unos brazos
musculosos rodearon su cintura.

    Siena contuvo el aliento sorprendida mientras el frío se
desvanecía reemplazado por la calidez y el calor de un conocido
cuerpo masculino. La sostuvo contra su pecho con las manos
extendidas sobre el plano vientre, apoyándola más profundamente
contra los duros planos de su cuerpo.

     —Elijah. —Susurró con los ojos cerrados mientras una
sensación de increíble alivio se derramaba por todo su cuerpo. Cada
nervio y cada hormona volvieron a la vida por el simple hecho de
ser abrazada. Se le iba la cabeza con el poder que sentía.

     Él le puso las manos en las caderas y le dio totalmente la vuelta
hasta que estuvieron cara a cara. El guerrero la apretó contra su
cuerpo tomando su boca con hambre salvaje al mismo tiempo que
ella buscaba su beso. No podía evitarlo. No podía después de todos
esos días que había pasado hambrienta. Aunque esta debilidad
todavía le resultaba muy dolorosa y le dejaba lágrimas de
frustración en los ojos.

    Todo era como lo recordaba. Los recuerdos de sus caricias y sus
besos eran tan vívidos como los de ahora. Todo era calor y almizcle,
el delicioso sabor de su boca atrevida y exigente. Las manos en su
espalda la apretaban contra su cuerpo en un movimiento que solo
podía calificar como desesperación.

    Elijah no querría haberla atacado de esa manera pero en el
momento que la sintió cerca y olió el perfume de su piel y su pelo,
no pudo hacer otra cosa. Devoraba sin descanso el sabor a canela de
su boca, gruñendo de alivio y de placer cuando sus manos se
curvaron sobre el tejido de su camisa y su increíble cuerpo encajó a
la perfección con el suyo. Apretó las caderas contra las suyas
dejándole claro cuán fuerte y rápido era el efecto que tenía sobre él.
La sintió ondular con la avalancha de su cuerpo apretándola, sus
besos inflexibles.

   Todo era perfecto. De principio a fin y llevaba tanto tiempo
hambriento sin ella. Y sabía que ella había estado igual sin él.

    Fue la primera que se separó un poco, apartándose de su boca y
dejando colgar la cabeza hacia atrás para tomar aliento con fuerza,
rápidamente.

    —Ay, no —gruñó roncamente sacudiendo la cabeza y haciendo
que el pelo acariciara los brazos que le rodeaban la cintura.

    Incluso los mechones la traicionaban, deslizándose
ansiosamente para enroscarse en las muñecas y los antebrazos de él,
atándolo a ella de manera segura en caso de que escandalosamente
quisiera apartarse. Levantó la cabeza y abrió los ojos con las
profundidades doradas llenas de deseo y de angustia.

    —No quiero esto —le susurró dejando caer la frente sobre su
pecho cuando el calor de sus ojos se volvió demasiado intenso para
soportarlo. —¿Por qué no me dejas?

   —Porque no puedo —dijo soltando una mano de su pelo para
poder cogerle la barbilla y forzarla a mirarle. —No más de lo que
puedes tú.

    —Odio todo esto —dijo dolorida, parpadeando rápidamente
para eliminar las lágrimas de frustración que le escocían en los ojos.
—Odio no tener control sobre mi cuerpo. Sobre mi voluntad. Si esto
es lo que significa estar Vinculado, si es esta debilidad voy a
aborrecerlo hasta mi último aliento.

     Y entonces se apartó, desafiando a cada nervio de su cuerpo que
le gritaba que volviera a su abrazo. Sin embargo, sólo pudo
retroceder un par de pasos porque tenía el pelo enredado en sus
muñecas acercándole a ella. Como si no la hubiera seguido de todas
formas.

    Cuando quiso darse cuenta de que tenía la espalda contra la
ventana, sintió pánico por un momento. Aunque sabía que no
podían verlos, estaban a tres pisos sobre las casas y las gentes de
abajo.

      —Lo llamas debilidad y aunque estoy tan afectado como tú, yo
lo llamo fuerza.

     La rica voz de barítono resonaba a su alrededor haciendo que se
le parara el corazón alarmado. Le agarró la muñeca y le atrajo hacia
el salón donde las sombras los rodearon reduciendo el eco de sus
voces.

    —¿Por qué has venido? Y no le eches la culpa al día sagrado, no
es hasta dentro de dos días.

    —No pretendo “echarle” la culpa a nada. No creo necesitar
ninguna excusa para verte, Siena. —extendió la mano para tocarle la
cara pero ella se echó hacia atrás y le evitó—. Es por el día sagrado
de dentro de dos días por lo que estoy aquí. Necesitamos un poquito
de compromiso entre nosotros antes de que llegue esa noche, Siena.

    —No necesito compromisos. Si tú los necesitas, tendrás que
apañártelas solo.

    Se dio la vuelta para alejarse de él olvidándose de que era tan
rápido como ella. Nadie puede adelantar al viento. Su mano se cerró
sobre su antebrazo atrayéndola hacia él... y quebró el temperamento
y el dolor que había estado manteniendo bajo un tenue control
durante días.

    Dejó escapar el grito de un animal herido y voló hacia él. Él vio
un destello de garras y sintió un agudo escozor cuando le
alcanzaron la cara. Durante un segundo se quedó conmocionado
por el ataque pero reaccionó por instinto. La agarró del pelo en lo
que dura un latido, enredándolo en el puño con un solo movimiento
y la volvió de espaldas con las garras apuntando en una dirección
más segura. Ella gruñía con suavidad y después gritó de frustración
cuando se encontró de cara contra el muro grabado.

    Su enorme cuerpo se alineó de inmediato con su espalda,
asegurándola contra la pared inmisericorde mientras le cogía una
mano y la apretaba también contra el muro.

    —¡Suéltame! —Se retorció en vano, incapaz de moverse ni un
milímetro en cualquier dirección—. Tendrás las manos llenas de
arañazos de puma rabioso si no me sueltas en este mismo instante.

     —Permíteme que lo dude —ronroneó en su oído. Su boca le
acariciaba el lóbulo de la oreja de una forma que hacía que se
estremeciera involuntariamente—. Tengo tu pelo enroscado en la
muñeca y, si no me equivoco, eso es más que suficiente para que no
puedas transformarte en otra cosa. Lo que creo, no es más peligroso
que una niña malcriada. — Su respuesta fue llamarlo algo con lo que
no estaba familiarizado pero se dio una buena idea de lo que
significaba—. Pues deja el berrinche porque no puedes salirte con la
tuya, gatita. —Le dijo tranquilamente mientras su boca se deslizaba
lentamente por un lado del cuello—. He venido antes de Samhain
porque no quiero hacerte daño, Siena. Si no te reconcilias con lo
inevitable antes de que llegue el día, acabaré haciéndotelo. Y,
aunque no te lo creas, es lo último que querría hacer.

    Siena cerró los ojos intentando no escuchar sus palabras ni el
tono paciente y sosegado con los que las decía. Apretó los dientes
contra los ríos de fuego que corrían por sus venas con la caricia de
su astuta boca. No quería que la dominara tan fácilmente. Podía
llamarlo berrinche o lo que quisiera pero era su independencia lo
que estaba en juego. Y no iba a rendirse sin luchar.

    —No estoy aquí para robarte tu independencia, gatita. —Dijo
suavemente haciéndola suspirar de frustración por lo fácilmente que
estaba empezando a leer sus pensamientos—. De hecho, tu
independencia, tu lucha y todos esos instintos que guardas tan cerca
del corazón son los que te hacen perfecta a mis ojos. Y a mí me
hacen perfecto para ti.

    —¿Cómo que te hacen perfecto para mí? —Preguntó cortante—
¿Es por qué puedes hacer que mi cuerpo te responda? ¿Esa es tu
idea de perfección?

    —Es un comienzo. —Se mofó, riendo entre dientes contra su
pulso—. Pero hay mucho más y no creo que necesites que te lo diga.
—Se acercó a su oreja otra vez, susurrando las siguientes palabras
con el más suave de los alientos— ¿Qué mejor compañero para una
cazadora que un guerrero que lleva el aroma de su presa en la brisa?
¿Quién mejor para ser el compañero de una gata sensual que el
macho que nunca tendrá bastante de su olor, sus movimientos, su
sabor y su tacto? ¿Y a quién preferirías por encima del único que
puede inclinar la cabeza ante el poder de tu agarre sobre su
garganta? ¿Has olvidado todo eso, gatita? ¿Has borrado el recuerdo
de cuán fácilmente acepté tus afirmaciones en aquel momento y de
todos los momentos que compartimos en la cama?

    —Me sorprende que tu ego sobreviviera a tales heridas. —Dijo
con pesada y amarga tristeza intentando ignorar las verdades que
no quería oír.

     —Mi ego está satisfecho con abrazarte. Con sentir tu cuerpo
contra el mío sabiendo que estará así siempre. Estaría satisfecho tan
sólo con verte cazar, atender las audiencias en la corte, dormir... —
Elijah puso la boca en su sien—. Y me gustaría que miraras en mi
interior y supieras lo que significa decir tales cosas para un hombre
como yo.

    Elijah le soltó el pelo retrocediendo.

    Ella se tomó un momento antes de apartarse de la pared y
volverse a mirarle. Le llevó un momento levantar los dorados ojos
hacia él.
—¿Por qué dejarías que alguien hiciera algo así? ¿Invadir tus
pensamientos? —se estremeció de tal forma que él lo sintió en todos
los vellos del cuerpo.

     —Porque crecí en una sociedad donde esas cosas son corrientes.
Estamos muy adelantados en pensamientos y sentimientos. Los
compartimos entre nosotros con facilidad. Es algo que te parecerá
liberador algún día.

    —Ya me lo parece. Hablo con libertad con Syreena y Anya. Mis
pensamientos están tan abiertos para ellas como lo estarían para las
sondas de tus Demons Mentales. La diferencia es que yo elijo
hacerlo. La elección no se me arrebata sin permiso.

    Elijah apoyó la espalda en la pared frente a ella y cruzó los
brazos sobre el amplio pecho. El movimiento hizo que tomara
conciencia de que esta era la primera vez que le veía en perfecto
estado de salud desde el último Beltane. Emanaba salud. Era una
marea de poder, una corriente de fuerza letal y una sensualidad
elemental que hacían que temblara bajo la piel. ¿Cómo sería hacer el
amor con él ahora que estaba completo de nuevo?

     Él sonrió. Una sonrisa socarrona y divertida que le hizo
recordar que estaba conectado con lo que ella pensaba. Hizo un
sonido de salvaje frustración y le miró resuelta a los ojos negándose
a actuar como una niña.

     —Mi gente cree que en el momento en que una hembra acepta
la Vinculación —dijo el guerrero con engañosa neutralidad—, tiene
permitido ser parte de todo lo que eso significa. La telepatía está
incluida.

    —¡Yo no he dado mi permiso para todo esto! ¡Y tú lo sabes!

     —No es cierto. El permiso se dio en el momento en que
estuviste en mis brazos por propia voluntad. El momento en que me
dijiste que me deseabas y me aceptaste.
—Desearía no haber dicho esas malditas palabras —soltó
vehemente—. Me las has estado echando en cara desde entonces,
hasta el punto de que me gustaría que se te atragantaran.

     Siena se dio cuenta de que había ido demasiado lejos un
segundo antes de que hubiera terminado de soltar las duras
palabras. Los ojos de Elijah llamearon de fuego verde haciendo que
el aliento se le congelara en los pulmones cuando se separó de la
pared y la cogió por los brazos con increíble fuerza. No había
sentido nunca nada como el poder de las manos que la agarraban.
De repente se dio cuenta exactamente de lo mucho que había estado
reteniéndose con ella. Sintiendo su poder ahora entendía la
enormidad de su gentileza.

      Estaba tan cerca de él que podía ver las estrías que habían
dejado las garras en sus mejillas. Sólo había sido un golpe de
refilón, las marcas sólo habían ocasionado gotitas de sangre que
parecían como si alguien hubiera pegado un código Morse sobre su
piel.

    —No puedes deshacer lo que ha sido hecho por tus propias
acciones, no importa cuánto lo desees. —Dijo rechinando los
dientes. La sacudió con fuerza una sola vez—. No digas algo de lo
que puedas arrepentirte después, gatita. Podemos hacerlo fácil o
podemos hacerlo difícil. La elección es tuya y tienes dos días para
tomarla.

    —¡Primero tendrás que encontrarme! —siseó sin pensar.

     —Muy bien —dijo con frialdad, soltándola tan de repente que
se tambaleó hacia atrás—. Si así lo quieres sólo podrás culparte a ti
misma.

   Elijah levantó los brazos y con un parpadeo se retorció en la
nada del viento.
Y otra vez se abalanzó sobre ella, azotando su vestido y su pelo
violentamente sofocándola con sus emociones de una docena de
maneras a la vez.

    Cuando estuvo segura de que estaba sola, Siena sintió que las
rodillas le cedían.

     Lentamente se dejó caer al suelo deslizando la espalda por los
intrincados relieves de un par de cisnes con los cuello entrelazados
de tal manera que era imposible decir qué cabeza pertenecía a qué
pájaro.



    Isabella levantó la cabeza de la cuna de la niña al oír al viento
sacudiendo las cubiertas. No había viento, así que sospechó que no
se trataba de un fenómeno natural. Se besó los dedos rápidamente y
los puso sobre la cabeza de la niña dormida antes de cerrar la puerta
de la guardería y bajar deprisa la escalera.

     Se paró a mitad de camino al salón al ver a Elijah paseando de
arriba abajo pasándose las manos por el pelo una y otra vez. Ahora
que lo sabía, Isabella notó el cambio de color que anteriormente se le
había escapado y puso los ojos en blanco.

    Valiente Ejecutora estás hecha, se recriminó mentalmente.

    Elijah levantó los ojos en ese momento y pareció aliviado al
verla. Corrió hacia ella subiendo los escalones de dos en dos,
arrastrándola prácticamente hacia el cuarto de estar. Le dio un
empujoncito que la mandó rebotando a sentarse en el sofá.

    —Necesito hablar contigo. —Le dijo inquieto, retomando sus
paseos agitados sobre la alfombra.

    —Ya me imagino —respondió secamente.

   —No sé qué hacer con esta hembra loca y cabezota. —Dijo
“hembra” como si dijera “arma nuclear”—. Está decidida a sacar las
uñas, a dar patadas y a arañar cada centímetro del camino. Me
obligará a hacer algo precipitado y doloroso y la sola idea me quema
en el centro del pecho —dijo casi sin pararse a respirar—. Las armas
de hierro no son nada comparadas con esto, te lo juro, Bella. Por esto
es precisamente por lo que nunca he buscado compañera, lo sabes,
¿no? Sabía que sólo iba a darme problemas.

    —Sí, sabía que te ibas a sentir así.

    El sarcasmo le pasó completamente desapercibido.

    —Todo lo que tenía que hacer era ver cómo Jacob se volvía
majareta por ti y supe que eso no era para mí —se paró y la miró
con una especie de vergüenza repentina—. Por supuesto, no digo
que fuera culpa tuya.

    —Por supuesto —respondió irónica.

     —Mira la forma en que tuviste que decirle que se apartara
cuando intentabas ayudarme. No es sano, no hay razón para pensar
y comportarse así. Creo que empiezo a comprender por qué Siena
está tan asustada. Me está pareciendo que es como... como...

    —¿Como una enfermedad? —preguntó Isabella.

    —¡Exactamente! Es como una enfermedad y ella es la única
cura. ¡Ella! La mayor terca, obstinada, irracional, terca...

    —Eso ya lo has dicho.

     —....mujer del mundo —terminó acentuando cada palabra con
un duro gesto de la mano—¿Tengo tiempo para esto? De verdad,
¿tengo tiempo? Hay dos mujeres Demon psicóticas sueltas por ahí y
necesito cada gramo de mi atención concentrado en eso si voy a ser
de ayuda para Noah y Jacob. Cualquiera de nosotros podría caer en
otra de las trampas de Ruth en cualquier momento. O ser
Convocado porque conoce muchos nombres de poder. Me enferma
pensar que está suelta por ahí con tales conocimientos. Su próxima
víctima puede que no tenga tanta suerte como yo.
—Sí. Después de todo no hay una Reina de los Licántropos en
cada bosque —añadió Bella.

     —¡Exactamente! —Elijah pareció aliviado al ver que parecía que
le entendía. Ignoraba totalmente la risita que escondió rápidamente
tras los dedos—. Y por otro lado, está tu hija, la pobrecita, sin sus
nombres por todo lo que ha pasado. A estas alturas acabarás
llamándola “Eh, tú” el resto de su vida.

    Isabella se mordió el labio inferior, aguantando la urgencia de
caer en la tentación que yacía bajo el astuto comentario.

    —Y no hablemos de nigromantes y cazadores.

    —Ni se me ocurriría —le aseguró.

     —¿Lo ves? ¿Ves lo duro que resulta? Lo entiendes, ¿verdad?
Utilizas una lógica sencilla. Uno y uno, dos. No hay otra respuesta,
no varía no importa cuanto lo intentes. Así que la única opción es
aceptar lo inevitable y seguir adelante. Pese a todos los problemas
que me está ocasionando, estoy dispuesto a hacerlo —trazó un
camino invisible frente a él—. Lo acepto como es y miro al futuro.
Pero ella se niega a hacerlo.

     Al final Elijah se quedó sin aliento. Se dejó caer en el sofá al lado
de Isabella tan fuerte que ella rebotó. Él suspiró derrotado y
frustrado cerrando los ojos y dejando caer hacia atrás la cabeza.

    —Me duele la cabeza —se quejó— ¿Qué clase de Demon tiene
dolor de cabeza?

    —¿Uno muy tenso? —contestó Isabella.

     —¡Exactamente! —Suspiró de nuevo—. Estoy tan contento de
que podamos hablar de esto. No hay mucha gente en la que confíe
pero confío en ti, Bella. Significas más para mí que los demás. Tu
actitud, tu sentido del humor… la total falta de respeto que tienes
por toda esta porquería que nosotros nos tomamos tan en serio.
Elijah se puso de nuevo en pie, inclinándose para darle un breve
beso en la mejilla.

    —Me pasaré por aquí más tarde. Voy a ver si cazo algún
nigromante y suelto un poco de vapor.

    En un instante no quedaba más que una brisa soplando por la
ventana abierta por la que había entrado no hacía ni cinco minutos.

    ¿De qué diablos iba todo eso? Preguntó el exasperado marido de
Isabella en su mente.

    Bueno, yo diría que problemas de faldas.

    Bueno, pequeña flor, diría que sé exactamente cómo se siente…

    Excepto que a ti te matarán cuando vuelvas a casa.

    Exactamente.
CAPÍTULO 10


    Jacob   flotó suavemente bajando del cielo, manipulando la
gravedad con una perfección de las habilidades de Demon de Tierra
sin precedente entre los de su tipo. De hecho, extensamente se creía
que Jacob sería el primero de su elemento en más de mil años en
alcanzar el nivel de Antiguo.
     No era reconfortante, sin embargo, cuando uno entendía que
era porque el resto de ellos simplemente no habían vivido el tiempo
suficiente hasta llegar a la edad de 700 años, el momento en que esa
distinción tenía lugar.
    Los pies de Jacob descansaron ligeramente en una gruesa rama
del árbol y descendió hasta acuclillarse, de manera que sus manos
también tocaran la corteza del viejo roble.
     El Ejecutor podría muy bien ser considerado la cosa más
cercana a un Licántropo que su pueblo tenía. Podía cazar, oler,
camuflarse y actuar de la misma forma que se comportaban todas
las bestias de la Tierra. No mucha de su gente conocía esto, pero él
no sólo podía encantar a los animales, sino también imitarlos
tomando su forma.
     Pero esto no era como los Licántropos, sin embargo. Era más
bien como una fotocopia de la constitución física y sus habilidades.
Los Cambiantes eran tanto personas como animales en sí. Jacob
necesitaría varios siglos más con su relativamente nueva habilidad
antes de que pudiera disfrutar de una perfección de su emulación, la
cual podría ser considerada a la par con la metamorfosis natural de
los Licántropos.
     En este momento estaba en su forma normal y buscando a
través de la noche y los árboles con su misteriosamente aguda
visión. Había estado rastreando al Demon durante algún tiempo,
encontrando fácil enmascararse de su blanco, a pesar de la habilidad
del otro. Esto sólo probaba lo muy distraído y resuelto estaba el
Demon en su curso de acción.
El viento sopló severamente a través de las crujientes ramas de
los árboles del bosque, arrastrando en espiral las últimas hojas
muertas que se unirían a las otras en reposo en el suelo del bosque.
Jacob echó un vistazo hacia arriba, a la cercana luna llena y
volviendo a examinar su posición vio cómo un torbellino de hojas
estallaban apartándose para unirse en la forma natural de Elijah.
     El Demon del Viento se agachó en el suelo del bosque, imitando
la misma posición en la que Jacob estaba, mientras dejaba que su
mano flotara a través de las ensangrentadas hojas y pequeños
matorrales del bosque. Se acercó entonces a los cuerpos de sus
víctimas de ese día no tan distante y tocó cada uno brevemente,
esparciendo los restos al viento con poco más que un pensamiento.
     Sabiendo cuán brutalmente distractor podía ser el tiempo de la
Vinculación, Jacob estaba más que un poco impresionado de que
Elijah hubiera recordado venir y hacer esta clase de limpieza. Era,
claro, importante quitar toda la evidencia de tales batallas y de los
seres que se supone no existían. Claramente, los nigromantes y
cazadores que habían perdido a sus compatriotas en la batalla no
sentían la misma necesidad de cubrir sus huellas.
     Pero el secreto era una necesidad incluso para los mortales que
pensaban vivir como Nightwalkers. La sociedad humana era
demasiado escéptica acerca de la magia y, de lejos, demasiado
afianzada en los prejuicios religiosos para que los usuarios mágicos
se arriesgaran exponiéndose. Y tan volubles como los cazadores
podrían querer ser, incluso ellos tenían que ocultarse por el miedo
de etiquetarse como insanos… o incluso homicidas. Era bastante
gracioso, su propia clase - los mortales- podían ser más peligrosos
para estos desencaminados humanos de lo que los Nightwalkers en
realidad eran.
     Jacob había decidido seguir a Elijah porque el carácter del
guerrero estaba claramente fuera de su línea y, después de su
comentario de despedida a Bella, el Ejecutor se preocupó de que el
otro Demon no estuviera lo suficientemente bien como para
enfrentar el tipo de problema que estaba buscando. No había sido lo
suficientemente fuerte para enfrentarlo solo la primera vez. Lo que
hacía a Elijah pensar que tendría mejor suerte esta vez estaba
completamente más allá de la comprensión del Demon de Tierra.
Elijah se enderezó después de disponer de los restos de los
mortales y separó sus pies con firmeza, equilibrando su considerable
peso entre ellos, un viejo hábito que era reconocible como el
distintivo del guerrero.
     Ambos Demons volvieron sus cabezas de repente cuando
oyeron algo que sus instintos les dijeron que estaba fuera de lo
normal en el bosque. Se le ocurrió a Jacob que nunca había
averiguado lo que había atraído Elijah a este territorio en particular,
el territorio de los Licántropos, en busca de problemas en primer
lugar.
    Jacob estalló en polvo, montando las corrientes del viento
natural hasta que, un segundo después, estaba uniéndose al lado del
guerrero. El Capitán no parecía sorprendido al verlo.
    —Supuse que Bella iba a enviarte detrás de mí —susurró él
saludando al Demon de Tierra.
     Juntos volvieron a su posición cerca de la tierra. Jacob cerró sus
ojos, extendiendo una capa de camuflaje sobre ambos.
    Jacob no afirmó ni negó la especulación de su amigo. Estaba
concentrándose en los movimientos del bosque que eran naturales y
antinaturales.
     —Se me ocurrió que quizás no fui emboscado después de todo.
Que tal vez me encaminé hacía algo que ni siquiera sabía, y eso es
difícil de admitir.
    —Estoy de acuerdo —confirmó Jacob—. Encuentro extraño que
hayas sido atraído al territorio de los Licántropos a propósito.
Demasiadas variables.
    —Así que la pregunta es, ¿por qué estas mujeres están
escondiéndose en el territorio de los Licántropos?
     —Y mi respuesta sería que los Demons no son los únicos en su
lista negra. Ya lo sabíamos.
     —Sí, pero ¿por qué Ruth y Mary unirían fuerzas de esta
manera? Francamente, es a ti, a Bella y al resto de nosotros a quienes
ellas guardan rencor.
—Quizás —estuvo de acuerdo Jacob quietamente—. Pero ya
que los Vampiros y los Licántropos nos ayudaron a derrotar a sus
tropas durante la Batalla de Beltane, ellas pueden haberlos hecho
parte de esa venganza.
    Elijah estuvo callado por un momento y entonces recordó algo
que Siena le había dicho cuando recuperó la conciencia la primera
vez que estuvo a su cuidado.
    —Espera un minuto. Ella dijo… ¡ni siquiera lo relacioné!
    —¿Qué?
    —Siena. Siena me dijo, comportándose como una sabihonda en
ese momento, que tenía que salvar mi cuello porque no estaba
dispuesta a estropear años de relaciones pacíficas permitiendo que
nuestro pueblo me encontrara muerto en territorio de Licántropos.
    Los ojos de Jacob se ensancharon ligeramente en comprensión.
    —Ya veo. ¡Qué mejor manera de disolver cualquier relación útil
entre los Licántropos y los Demons que poner la sospecha en su
puerta por la muerte de un Demon! Y no de cualquier Demon…
    —¿Yo? Entonces eso significa que fui emboscado.
    —Pudo ser así. —Los ojos de Jacob se estrecharon cuando miró
detenidamente los árboles—. Es tu trabajo rastrearlas y Ruth lo
sabe. Así que dejaron un sendero obvio. Y cuando lo perdiste…
     —Se quedaron esperando a que vinieras a investigar. Tú y
Bella… e incluso Noah. Ellas todavía están aquí.
     Elijah hizo una pausa para escuchar al viento un momento,
marcando donde soplaba alrededor de un objetivo u otro, y
diferenciando cuáles de esos eran de sangre caliente.
    —Siena las ahuyentó por lo que no se dieron cuenta que fuiste
rescatado. Tienen guardias situados, esperando informar de
cualquiera que entrara en el bosque buscando tu cuerpo.
    —Lo que significa que estamos en problemas.
    —Diría que sí —concordó Jacob, sintiendo la súbita vida que
pululaba hacia ellos a través de los árboles—. ¡Maldita sea! ¿Cómo
enmascaró a tantos de ellos?
—Me llevan los demonios. Mejor salgamos de aquí.
    Jacob asintió y se movió para cambiar su forma a polvo, en la
que no podía ser lastimado, así como tampoco en la forma de viento
de Elijah. Pero éste de repente se tensó y agarró el brazo del
Ejecutor. Jacob se quedó quieto y dirigió su atención a donde la
mirada del guerrero estaba enfocada.
    El destello de oro a la luz de la luna guiñó en la línea de los
árboles frente a ellos. Un halcón apareció entre los árboles y giró en
un círculo perezoso encima del claro, desprevenido de los Demons
camuflados que estaban sentados en la maleza debajo de él.
    La mirada del guerrero estaba clavada en la línea de los árboles,
sabiendo exactamente lo que iba a ver incluso antes de que la gata
dorada saltara dentro del claro. No era una coincidencia que Siena
estuviera allí, se dio cuenta Elijah de repente. Ella no hizo sino
esconder sus intenciones para investigar la escena de su cercana
muerte por si misma.
    Él la había llevado ahí.
    Jacob sintió el cuerpo de Elijah que se tensaba a su lado y
alcanzó a sujetar al guerrero.
    —No te muevas —le siseó.
    —¿Por qué ella no puede olerlos? —demandó Elijah en voz baja.
    —Yo tampoco puedo olerlos —informó Jacob—.               Es    un
encanto poderoso.
       Elijah miró con desesperación como el halcón osciló encima de
la tierra y se metamorfoseó en el aire a fin de que el Licántropo con
el pelo bicolor, que se había encontrado en la caverna, se desplazara
en carrera ligera. Ella se detuvo y se volvió, buscando a su
hermana.
    Su hermana.
    Syreena.
   Elijah supo de repente quién era ella exactamente y cuan
importante era para Siena. Cuando Siena cambió de forma, medio
prado lejos de la otra mujer, Elijah cerró sus ojos e intentó ejercer su
conexión con ella con más fuerza de la nunca hubiese intentado.
     Jacob vio a      la   Reina    quedarse    quieta,   agachándose
instintivamente.
     Siena trató de quitarse de encima el extraño estremecimiento
que recorría su cuero cabelludo. Sintió una inexplicable sensación de
pánico y advertencia, pero no eran sus propios instintos los que ella
estaba sintiendo. Frunció el entrecejo y empujó la intrusión,
asumiendo que era el entrometido guerrero en su mente que
protestaba por sus acciones. Bien, que se condenara si le permitía
decirle lo que podía y no podía hacer. Investigar el incidente que los
había reunido era su responsabilidad y debía hacerse para proteger
la seguridad de aquéllos que vagaban por esta parte de su territorio.
Era su deber proteger a su pueblo y él no iba a ordenarle nada.
     Elijah se sacudió a Jacob y se puso de pie. Con una sola zancada
salió corriendo de la influencia del camuflaje de Jacob y corrió hacia
la terca Reina. Ella lo olfateó antes de que lo viera y se puso de pie
de un salto cuando él apareció de ninguna parte y corrió hacia ella.
Fue tan rápido, que lo sintió impactar contra ella entre una
respiración y la siguiente. Al siguiente segundo sintió las moléculas
de su cuerpo desintegrarse literalmente en las de él.
    De pronto supo lo que se sentía ser como el viento. Por un
momento, sintió como si no pudiera respirar, aunque todo era aire.
Pero su presencia la rodeó cuando volaron juntos en la noche, al
pasar rozando las ramas de los árboles desnudos, las agujas del
pino y los palos.
     La Tierra pasó tan rápidamente bajo ellos que a Siena le dio
vueltas la cabeza y quedó un poco mareada. No tenía voz para
reclamarle por su tratamiento arbitrario, por lo que no tuvo
ninguna elección sino simplemente aferrarse a la esencia del aire
que era él.
    Fue apenas un minuto después, que la Tierra se abalanzara
hacia ellos.
     Era de nuevo tan sólida de repente que, si él no la hubiera
tenido sostenida tan herméticamente, se habría caído de cara en la
tierra. Después de un momento de confusión, se dio cuenta que
reconocía donde estaban. De pie en la entrada de la cueva de Jinaeri,
dónde todo esto había empezado.
    Siena se empujó lejos de él en el minuto en que ajustó su
equilibrio, enfrentándole con ultraje y fuego.
    —¿Qué es lo que crees que estás haciendo? —demandó ella.
    —Salvando tu mimada espalda —le devolvió en el acto.
     Fue entonces cuando se dio cuenta de que él estaba enfadado.
No sólo un poco molesto, sino positivamente furioso. Había llamas
en sus ojos, lo verde de ellos estaba tan oscuro que parecían casi
negros. De repente se sintió vulnerable y en desventaja.
Instintivamente, su pelo se ciñó herméticamente alrededor de su
cuerpo desnudo.
     Varios segundos después, otras dos personas se unieron a ellos
desde una ducha de polvo en las formas del Demon Ejecutor y su
hermana Syreena. Syreena estaba acostumbrada a volar, por lo que
ella no estaba tan desorientada como Siena. Sin duda, ser de pronto
desmolecuralizado era perturbador para cualquiera que no tuviera
experiencia en el hecho, así que aún estaba un poco más que pálida
por el incidente.
    —¡Era una trampa! —replicó Elijah a Siena, atrayendo su
sobresaltada atención hacia él—. ¡Había cerca de cien nigromantes y
cazadores rodeándonos!
     —¡Imposible! —Le respondió ella en el acto, sus delgadas
manos cerrándolas en puños—. Los habría olido. Sabes como yo
que los usuarios de magia son las criaturas aromáticas más viles en
el planeta para nosotros, Nightwalkers. No hay manera…
     —Al parecer la hay —la interrumpió Elijah, agachándose tan
estrechamente sobre ella que tuvo que retroceder instintivamente—.
No sólo estás tratando con humanos desalineados, Siena. Hay
Demons allí que tienen el poder para engañarte de maneras que ni
siquiera podrías concebir. Hay una razón por la que tu padre nunca
ganó una batalla contra nosotros, no importa cuan duro lo intentó.
¡Y créeme cuando te digo que, aún cuado todo tu pueblo me
considera un carnicero, podría hacerles mucho más daño de lo que
cualquiera de ellos imaginaría!
—Una Demon Mental del calibre de Ruth puede hacerte ver,
oler y oír cualquier cosa que ella quiera. No sólo puede hacérnoslo a
nosotros, su propia gente, que somos conscientes de ello, sino que
ciertamente te lo puede hacer a ti. La única manera que Jacob y yo
pudimos ver a través del encanto fue porque pudimos usar
habilidades alternadas para sentir el calor de su cuerpo.
    —Está diciendo la verdad, Siena —dijo Jacob más suavemente,
sabiendo que Elijah no estaba siendo muy diplomático en este
momento. Jacob sabía lo que el terror de mirar a tu compañera
estando cerca del peligro y la muerte haría a tu personalidad y a tu
corazón.
     —Ambas habrían sido masacradas en cuestión de minutos si
Elijah no las hubiera visto. Te aseguro que en todo este tiempo ellas
se prepararon para la posibilidad de un Licántropo. Soy sensible a
todos los metales de la Tierra, y te juro que ellas tenían la suficiente
plata para matar a mucho más que dos cambiantes desprevenidas.
    —No vi nada —dijo Syreena                   escépticamente—.
Deliberadamente rodeé el bosque y el claro varias veces antes de
que señalara a Siena que todo estaba despejado.
    Pero estaba claro que la mujer con el pelo bicolor no estaba
discutiendo el punto que Jacob y Elijah habían intentado hacer. Ella
estaba más que conmocionada.
    —Si necesitas pruebas, estaría feliz de regresar y tirarte
dentro de ese claro para que te pateen el trasero —amenazó Elijah.
    —¡Cómo te atreves a hablarme de esa forma!
     Jacob se agitó cuando la segunda mujer se volvió y puso sus
ojos en blanco hacia él. Fue entonces cuando también notó que esta
mujer llevaba delicados eslabones de oro y piedras de luna
alrededor de su cuello. Esta joya era sólo poco menos de un
centímetro y medio de espesor, a diferencia de los más de cinco
centímetros del collar de la Reina. Jacob sospechó que esta otra
mujer también era un miembro de la casa real, aunque nunca había
oído hablar de una segunda Princesa en la corte en los informes de
Gideon durante su tiempo allí.
Los collares eran notables, reflexionó Jacob. Debía haber algún
tipo de encantamiento sobre ellos que les permitían ampliarse y
contraerse cuando su usuario cambiara de forma. Ir del halcón al
humanoide constituía una diferencia significativa en redondo, aún
cuando la Princesa fuera pequeña, con los huesos finos. No podría
tener más de un metro y medio. Como su hermana, su presencia era
bastante impresionante para hacerla parecer un poco más grande
que su estatura. Y el pelo de arlequín y sus ojos eran hermosos, pero
también intimidantes.
    Jacob, con cuidado, tomó el brazo de la Princesa y la llevó
varios pasos lejos del par en disputa.
    —Soy Jacob, el Ejecutor del Rey Demon. Me disculpo por
agarrarte sin advertencia, pero ambas estaban en peligro.
    —Te creo —le aseguró ella, acercándose para tomar su mano
extendida—. Soy Syreena, Consejera de la Reina y su hermana.
    Jacob observó que ella miraba hacia atrás para vigilar a su
hermana.
     —Es idea mía o ¿somos tan inútiles como agujeros en un
paraguas en este momento? —preguntó ella, levantando
ligeramente la ceja gris sobre la marrón.
    —¿Estás sugiriendo que abandonemos a tu Reina y a mi
Capitán a sus destinos? —sonrió Jacob vagamente—. Eso sería
increíblemente grosero.
     —Lo sé —rió ella—, pero no has tenido que vivir en la corte con
ella en estos últimos días.
    —Créeme, él no ha estado mucho mejor.
    Intercambiaron una última mirada antes de cambiar a polvo y
halcón, ambos volando sin que sus acompañantes lo advirtieran.




   —Aquí no soy la testaruda —insistió Siena, la irritación
rompiéndose en sus ojos dorados—. ¡Si te hubieras apartado de mí,
nada de esto habría pasado!
—Me gustaría realmente saber cómo lo calculas —Elijah exigió.
    —Si no hubieras estado intimidándome antes…
     —¿Intimidándote? —la interrumpió—. Yo no he hecho nada
más que tratar de convencerte de cuán estúpido es torturarte por
resistirte a lo inevitable. Estoy tratando de protegerte de...
   —¡Nunca pedí tu protección, y juro por la Diosa en este mismo
minuto que nunca lo haré!
     —¡Demasiado tarde! —le recordó él con una cruel mirada de
satisfacción—. Mejor sé cuidadosa con lo que juras o pagarás el
precio a tu cuenta.
    —¿Y qué, irme al infierno, donde todos los Demons viven? Creo
que ya estoy allí, muchas gracias por su preocupación.
     Se volvió para alejarse de él, no queriendo nada más que entrar
corriendo en el bosque e irse tan lejos de él todo lo que pudiera. Esta
vez ella anticipó su agarre por su pelo y lo esquivó suavemente, un
grito de triunfo en sus labios mientras saltaba atrás y se reía de él. Se
cambió tan rápido de humano a Mujer Gato que Elijah apenas tuvo
tiempo de parpadear.
     Esto era otra cosa completamente diferente, comprendió Elijah,
tomando un prudente paso atrás. Cuando miró fijamente las ovales
pupilas, descubrió las garras y una cola que se retorcía con desafío.
Ella acababa de hacerse tres veces más fuerte de lo era, mejorando
cada instinto felino que ya tenía.
    Esta no era una forma con la que él quería pelear.
     Él no quería luchar con cualquiera de sus formas. Estaba
cansado de luchar contra ella, de intentar hacerla entender lo que
ella se negaba a ver. Así que ignoró su desafío y, con un suspiro
resignado, le dio la espalda y se alejó varios pasos. Cambió de forma
aproximadamente a cinco metros de ella, desapareciendo en la
proximidad de la madrugada.
    Siena estaba sorprendida por su retirada, volviendo
automáticamente a su forma humana por su confusión. Dio una
mirada a su alrededor, sintiendo el aligeramiento del bosque
agudamente. Se disuadió de tratar de entender lo que el Demon
quería esta vez, transformándose en puma y comenzó a viajar
rápidamente hacia su hogar.
    A su máxima velocidad, ella volvería a su castillo sólo una hora
después del amanecer.
    Ni siquiera notó la cubierta de nubes que parecían seguirla
todo su camino.




    —Sin duda ellos ahora saben que no estás muerto, extendido
sobre el suelo del bosque —señaló Noah—. Y que su trampa se ha
descubierto.
     Noah esperó una respuesta, pero cuando esta no vino alzó la
vista del pergamino que trataba meticulosamente de descifrar. Elijah
se apoyaba contra su escritorio con su espalda en él, los brazos
cruzados fuertemente sobre su pecho, piernas cruzadas en los
tobillos. Sin embargo, a pesar de la relajada posición del cuerpo del
guerrero, era evidente que estaba fuertemente envuelto en tensos
pensamientos y emociones.
    —¿Elijah?
    El Capitán miró hacia el Rey con una ceja levantada por la
sorpresa.
    —Lo siento, ¿dijiste algo?
    —Dije que hay sólo un noche más hasta Samhain. ¿Has tenido
algún progreso con Siena?
    —No. Ella está tan obstinada como siempre—. Elijah le dio una
sombría sonrisa de sarcasmo—. Sin embargo, ella ha aprendido un
único uso para el desarrollo de nuestra telepatía. ¿Sabes cuántos
nombres despectivos hay en el idioma Licántropo?
    —No, pero tengo el presentimiento de que tu sí.
    —Oh, sí —Elijah forzó una sonrisa y una actitud de sarcástico
placer—, y los golpes apenas siguen viniendo.
—Mira el lado bueno. Sabrás su idioma antes de tiempo a este
ritmo.
    —Sí, pero no creo que vaya a ser un vocabulario que me
encariñará con su prejuiciosa población más de lo que ya soy.
    —Buen punto —dijo Noah en acuerdo—. ¿Por qué no le pides a
Gideon que hable con ella?
    —¿Después de lo que sucedió la última vez? ¿No crees que el
desarrollo de la guerra con los ilegales mortales sea suficiente?
    —Elijah, me parece difícil de creer que Siena sea tan irracional.
Ella siempre ha demostrado ser una mujer de rara sabiduría y
notable claridad de propósito.
    —Y lo es —concordó el guerrero—. Y su sabiduría y la claridad
de los objetivos son dirigidas plenamente contra mí. Como ella se
deleita en decirme —se tocó su frente en indicación— hay una gran
variedad de animales de granja a los que preferiría hacer su Rey.
     Noah se estremeció, haciendo retroceder con cuidado el humor
de ese comentario para no machacar al guerrero más de lo que ya
estaba. Siena era de verdad lista. Ella perseguía el punto más
vulnerable de Elijah, su ego. Pero había una falta decidida de
sabiduría en su abuso. Sólo haría las cosas más difícil para ella la
próxima noche. Así como iba, Noah podía ver la tensión bajo la que
estaba Elijah con ese tiempo tan cercano a él. Siena no tenía ninguna
idea de la moderación a la que se estaba forzando. No tenía ninguna
pista sobre cuan duramente él estaba intentando protegerla de sí
mismo, no importaba cuan irritante era su conducta.
     Mañana todo eso sería un punto discutible. Si sólo usara su
conexión para buscar las intenciones verdaderas de Elijah hacia ella,
quizás lo vería un poco más amablemente. Para el Rey que había
conocido al guerrero toda su vida, Elijah estaba en camino de estar
completamente enamorado de la Reina cascarrabias. De hecho, el
carácter que tanto lo fastidiaba era, sin duda, una gran parte de su
atracción por ella. Elijah era guerrero hasta la medula y nada le
satisfacía más que un desafío. Una batalla para ser ganada. Una
victoria difícil de conquistar.
Sin embargo, Elijah podría considerar los obligados
acontecimientos a suceder durante el Samhain brutalmente rudos y
por debajo de su sentido del honor.
    Siena no tenía ninguna idea lo que eso le haría.
    —Pensé que estarías instruyendo a los guerreros esta noche.
    —En eso estoy —dijo Elijah, apartándose del escritorio—. Quise
contarte rápidamente lo que sucedió anoche. Estabas durmiendo
cuando yo regresé.
    —Bien, mantén a todos listos y en movimiento. Asegúrate de
que todos tus guerreros entienden la importancia de no aventurarse
afuera por su cuenta—. Noah hizo una pausa un momento, girando
para examinar el fuego a través del pasillo—. E infórmame de más
desapariciones lo más pronto posible.
    Elijah asintió, entendiendo bastante bien lo que quiso decir. El
conocimiento de Ruth de los nombres de poder de los Demon estaba
pasando factura. Uno por uno, ellos estaban siendo Convocados en
el pentagrama de magia negra. Ruth era una Anciana que había
adoptado a muchos Demons a lo largo de los siglos. Ella había sido
una opción popular para Siddah. Ahora cada padre que había
confiado en ella con el nombre de poder de su niño estaba de luto y
sentía la agonía del terror por las vidas de sus niños. Ruth
suministraba sus nombres a los viles nigromantes y ellos estaban
siendo Convocados uno por uno para hacer su puja. No había
manera de detenerlo. Ninguna protección para ellos.
     El único Demon que había podido evitar el destino del
pentagrama había sido Legna, y eso había sido de pura suerte.
Todos los otros ya serían los insanos monstruos que, en el futuro,
Bella y Jacob tendrían que encontrar y destruir antes de que
pudieran causar daño. Durante los meses pasados Jacob había
estado haciendo poco más que la tentativa de detectar a las
lamentables criaturas y sus captores. Ahora que Isabella estaba casi
completamente bien, ella finalmente sería capaz de ayudarle a llevar
aquella carga. Era su Destino hacerlo.
    —El emparejamiento también aligerará las responsabilidades
habituales del Samhain de Jacob —dijo Elijah—. Habrá menos
posibilidades de tentativas de los pícaros de seducir a seres
humanos y a otros si los supervisamos entre sí.
    Noah diría que Elijah sólo deseaba que algo tan fácil le ayudara
a resistir el instinto de apareamiento que lo agobiaría en Samhain.
Los Demons que dirigen erradamente sus instintos de unión con los
humanos en Samhain eran una cosa y el deber de Jacob era
contenerlos porque esto debía detenerse. Elijah estaba Vinculado y
nada podría detenerlo. Nada excepto la muerte.
    El guerrero se disolvió en el aire unos momentos más tarde y
Noah vio el remolino de la brisa en la que se había convertido
cuando se dirigió por delante de la chimenea hacia el exterior por
una ventana abierta.
    Un momento después, la forma astral de Gideon se solidificó
frente a Noah.
    —¿Hay algo que puedas hacer por él? —preguntó el Rey.
    —No. Elijah no es un ser irrazonable. La culpa es de Siena.
    —Lo sé. Pero tampoco puedo culparla. Ella no entiende
nuestras costumbres, con excepción de lo que aprendió de ti. Esto es
muy diferente que crecer sabiendo lo que se espera en una situación
como esta.
     —Pero ella se opone aún a las tradiciones con las que ella creció
—le informó Gideon seriamente—. La tradición del collar que ella
lleva es muy clara. En el minuto en que Elijah se lo quitó, ella se
volvió suya. Creo que Elijah ni siquiera sabe esto. No se lo he dicho
yo mismo porque no veo ninguna necesidad de causarle aún más
dolor. Saber que ella preferiría desafiar sus propias tradiciones a
tomarlo como compañero sería tremendamente doloroso.
    —Tiene que haber algo que podamos hacer.
    —Lo hay. Podemos permitir que la luna Sagrada de Samhain
venga y dejar que la naturaleza siga su curso con los dos. La
naturaleza no hace que estas compulsiones vengan a nosotros sin
ninguna razón. Es un truco muy inteligente, si lo piensas.
    —¿Para forzar una violación? Es así como Siena lo percibirá. Si
no hubieras ganado a Legna a tiempo, ¿no sería lo mismo?
—Quizás sí. Quizás no. Legna habría entendido que no habría
tenido ninguna opción. Ella habría sido por lo tanto compelida... No
creo que sea diferente para Siena. No es diferente para Bella o
Corrine o cualquiera de los otros Druidas. Si se cruza esas especies,
la compulsión con mucha probabilidad cruzaría también a esta. He
visto a Siena últimamente. Está pálida y claramente anhelando lo
que está intentando resistir.
     —No estoy seguro de entenderla, Gideon. Si hubiera alguien
que aceptara un Demon en su sociedad con los brazos abiertos,
sería ella. Tal como ella les dio la bienvenida a ti y a Legna.
    —No somos una amenaza para su reinado y su sentido de
independencia.
     —Elijah no podría preocuparse menos por compartir su trono.
Todo lo que él quiere es a ella. Y de forma voluntaria. Él quiere que
ella venga de buena gana. Su independencia es vital para que eso
suceda.
    Una de las cejas plateadas de Gideon se alzó en súbita
contemplación.
    —Quizás éste es un punto importante—, respondió al Rey
especulando—. Siena valora su trono tan altamente… Noah, pienso
que puedo ser capaz de ayudar a nuestro Capitán después de todo.
    Gideon desapareció con un pestañeo de luz plateada, dejando al
Rey sin explicación.




    Dame   un momento a solas antes de que te nos unas.

    ¿Estás seguro? Sólo le tomó un momento a ella perder su
temperamento la ultima vez.
    Tú sabrás cuándo venir. Confío en ti, dulce.
    Legna acogió ese comentario con placer. Flotó ligeramente en
los pensamientos de su esposo cuando él se acercó al cuarto del
trono.
Siena había dado la bienvenida con satisfacción a su corte de
vuelta en los cuartos del trono internos y externos poco a poco, por
lo que había bastantes personas allí y los guardias le permitieron
pasar fácilmente. Ellos no fueron testigos de la explosión de Siena
hacía pocos días, por lo que no tenían ninguna razón para dudar en
hacerlo. Legna estaba en la misma habitación, en un rincón lejano y
fuera de la vista de la Reina, hablando con un grupo de caballeros
Licántropos que encontraban hermosa a la mujer Demon, una
delicia para los ojos y su intelecto.
     A diferencia de Jacob, Gideon no se perturbó en lo más mínimo
por esto. Su sonrisa y su risa eran abundantes y hermosas de ver y
oír. Esto le daba una notable sensación de orgullo, verla envolver a
los miembros anteriormente obstinados de esta especie alrededor de
sus bonitos dedos. Su estado de embarazo sólo ampliaba su
impaciencia para satisfacer cualquier deseo que ella pudiera
expresar. Pero él sabía que al final de la noche, cuando el amanecer
llegara, ella buscaría su cama y a nadie más por el resto de la
eternidad.
    Podía sentir sus ojos en él cuando algunas de las mujeres de la
corte se le acercaron con igual simpatía a saludarlo. Él no era tan
social y diplomático como su esposa, pero de algún modo esto
contribuyó a hacerlo más codiciado después.
     Había estado perplejo por esta indeseada atención durante
meses antes de que su esposa se hubiera dignado explicárselo. Al
parecer, ellos lo consideraron "misterioso." Y esto, por alguna razón,
les era atractivo.
    Gideon estaba con su usual tranquilidad y directa forma de ser
cuando se movió a través de sus admiradores. Sintió la atención de
la Reina en el minuto en que ella lo notó. La compañía se apartó
cuando ella se levantó de su trono dónde había estado en una
discusión con sus ayudantes, Anya y Syreena.
    Parecía terriblemente pálida y estaba claro que no estaba
durmiendo apropiadamente. De hecho, en absoluto, pensó él
cuando midió su fisiología con sus agudos sentidos. Ella descendió
los pasos a la plataforma del trono y continuó de la plataforma al
suelo principal. Estaba vestida en un traje ceremonial de tela de oro.
La chaqueta era de estilo bolero, intricadamente bordada, que
dejaba su estómago, costados y espalda completamente desnudos.
La larga y ligera falda que hacía juego estaba asentada muy baja en
sus caderas y estaba compuesta por una media docena de tablones
de tela que se agitaban detrás de ella mientras se movía hacia él.
     Se acercó con ambas manos extendidas, las cintas de oro y de
diamante alrededor de su brazo superior izquierdo brillando en las
lámparas del techo. Él tomó las ofrecidas manos en las suyas e
inclinó su cabeza en una elegante reverencia. Ella alcanzó a poner
un beso raro de público afecto en su mejilla y le susurró cuando la
muchedumbre alrededor de ellos murmuró con especulación y
sorpresa.
    —¿Alguna vez podrás perdonarme? Me comporté como una
niña —dijo ella.
       —Seguro. Estabas disgustada y soy capaz de comprender por
qué.
     Su beso era un honor distintivo en esta corte. Confiriéndoselo a
él, ella había cambiado su posición y, por asociación, la posición de
su esposa en la corte. Ya no eran más que solo una fascinación, una
curiosidad y embajadores extranjeros. Ellos eran, desde ese
momento en adelante, unos de los más íntimos amigos personales
de Su Majestad.
    —Deseas influir en la demanda de tu Capitán Guerrero,
supongo-, ella dijo astutamente, después de tomar un momento
para medirlo.
    —Creo que podrías estar interesada en lo que he venido a decir.
Te recomiendo que escuches todo lo que tengo que comentar.
    —Al parecer mis consejeras están de acuerdo —señaló ella,
alzando una mano para indicar a Syreena y Anya que tenían sus
cabezas cercanas y juntas en discusión mientras los miraban.
   Siena enlazó su brazo con el de Gideon y caminó con el
mientras su gente se apartaba para permitirles pasar.
    —¿Has visto a Myriad cuándo estabas visitando a tu Rey? —
preguntó ella interactivamente, haciendo una pequeña charla
mientras podían ser oídos por otros.
—Tu embajadora viene a menudo al castillo. Yo creo que ella y
Noah han formado una relación antagónica encima del tablero de
ajedrez.
    Siena se rió, el sonido pareció iluminar su apariencia.
    —Myriad es una terca criatura. Ella no se rendirá hasta que lo
derrote —informó ella.
    —Te ruego me perdones —Gideon dijo fácilmente—, pero creo
que es Noah quien está intentando golpear a tu pequeña mestiza.
     —¿De verdad? —Siena se rió de nuevo, sus ojos dorados
brillando con entretenimiento—. Cosa inteligente. Sabía que ella era
la opción apropiada para enviar a tu corte. Yo sólo puedo rezar para
que ella no consiga ofender a Noah tanto que él declare la guerra de
nuevo.
    Gideon sonrió cuando ella lo sacó de las áreas pobladas del
cuarto del trono y sus vestíbulos y se paseó con él en los alrededores
más lejanos de la interminable estructura. Ella fue la primera en
romper el afable silencio que habían formado.
     —Si estás aquí para recordarme cuan fútil es mi resistencia a
esta Vinculación, puedo asegurarte que ya estoy entendiendo la
situación. No soy yo misma, y sé que se nota—. Ella hizo una pausa
y Gideon le dio su tiempo para decidir lo que ella deseaba compartir
con él—. No entiendo cómo tú y tu compañera disfrutan tanto esta
cosa. Siempre que la veo, ella está brillando, bonita y sonriente. Tu
inteligencia es la primera cosa de la que he podido disfrutar desde
que regresé a la corte.
    —Cuando Legna y yo nos Vinculamos por primera vez el uno al
otro —empezó el médico— no éramos lo que uno podría considerar
los mejores amigos. En realidad, nosotros habíamos sido hostiles el
uno hacia el otro durante casi una década debido a un incidente que
había herido su orgullo. Uno en el que yo infringí completamente
las reglas debido a mi tergiversado sentido de lo correcto e
incorrecto. El momento en que nosotros nos Vinculamos, sin
embargo, siempre entendimos que era inevitable que nos
volviéramos amantes. Que estaríamos emparejados por el resto de
nuestras vidas. Entendimos esto porque como Demons es parte de
nuestra historia y fisiología, aunque hasta hace muy poco era una
situación muy rara. Afortunadamente, lo que pudimos controlar fue
el tiempo que tomamos para resolver los problemas entre nosotros,
para conseguir saber uno del otro antes de que Beltane nos obligara
a nosotros. Esa preparación fue vital y preciosa, Siena. Sin ella, estoy
seguro que habría tomado más tiempo para nosotros encontrar el
corazón del otro.
     —Samhain te forzará a ti y a Elijah entre sí. Te lo garantizo. Yo
veo la compulsión que se construye dentro tuyo mientras el tiempo
se acerca. También se refleja en Elijah. Las ramificaciones están en
los dos lados de nuestras sociedades, te aseguro que a pesar de tus
forcejeos, te encontrarás despertándote al lado de él la mañana
después de Samhain.
    —Me dices que aparte a mi sociedad cuando ésa es la única cosa
que no puedo hacer. Lo que me afecta a mi, afecta a mi pueblo—.
Siena mordió sus labios suavemente—. No soy una mujer Demon.
Tú nunca has visto este particular cruce en las especies antes. Dices
que no puedo luchar, pero yo no soy ningún ser ordinario.
    —Ni yo —le recordó el Antiguo Demon con un frío y leve tono
cuando su mirada de tonalidades plateadas cayó en la dorada de
ella—. Siena, has aprendido después de un arduo y largo
conocimiento a confiar en la verdad de mis palabras. Conociéndome
estos veinticinco años, ¿escoges dudar de mí ahora? Después de que
pusiste el destino de tu trono y todo tu pueblo en mi palabra y mis
enseñanzas acerca de lo que tus llamados bárbaros enemigos tenían
razón?
     La miró mientras ella presionaba una palma sobre su frente, su
paso al lado de él nunca cambió. Él sentía su dolor, podía ver la
tensión del dolor golpeando en su cabeza. Le perturbaba no saber
aún cómo manipular la fisiología del Licántropo lo bastante bien
para serle de utilidad a ella... Él había pasado esos cinco años de
cautiverio     aprendiendo y la mitad de este año pasado
reenseñándose los elementos esenciales sobre su fisiología. Pero
tardaría otros pocos años de estudio antes que él empezara a hacer
progresos sanando a esta compleja especie. Los humanos y los
Demons eran una cosa, pero las complejidades de la química de los
cambiantes, el ADN y la alterabilidad de sus cuerpos enteros, hacía
el arte de sanarlos el desafío más difícil que el muy experimentado
médico había encontrado en todos su vida larga.
La única cosa que él podría ofrecerle eran palabras.
Esperanzadamente las correctas que la ayudarían a entender que
estaba enfermándose sobre algo que simplemente no podía
cambiar, incluso con todo el poder en el mundo. Éste era un acto de
supremacía más allá y superior a cualquiera de ellos, no importa
cuan poderosos se volvieran.
    Mi amor…
   ¿Si, dulce? Preguntó a la suave y luminosa presencia en su
mente.
    Debes decirle algo que ella quiera escuchar, dijo Legna
prudentemente No es lo tuyo ser indirecto. Ella no responde a las
órdenes. Sólo responderá a las posibles soluciones. Siena no puede separar a
la mujer de la Reina. Ella ha reprimido su feminidad salvajemente y, aparte
del miedo de obligarse a compartir su trono, está el miedo de perder el
control de su entorno. Esto es por lo que ella esta tan aterrada ahora...
    Gideon sabía que Legna entendía el asunto mejor que cualquier
otro. Como Demon Mental, Legna tenía un asombroso conocimiento
de psicología que había crecido exponencialmente desde que ellos se
habían emparejado, compartiendo su poder entre sí.
    —Dile a tu compañera que se ocupe de sus propios asuntos —
comentó la Reina secamente—. Siento su presencia zumbando
alrededor tuyo, Gideon.
     Siena tenía telepatía con otros animales, incluso Licántropos en
sus formas de animales, pero no estaba leyendo la mente de Gideon.
Ella, sin embargo, sentía la presencia de Legna en su mente y tenía
algo de un sexto sentido que le permitía tener una vaga idea de
hacia donde sus pensamientos y discusiones estaban tendiendo. Era
más bien como la habilidad de un predador de intuir el siguiente
movimiento que haría una presa.
     —Ella me dijo que te informe que tu bienestar es mucho su
trabajo —Gideon retransmitió—. Y te recuerda que nosotros somos
tus amigos, no tus enemigos.
    —Todos son mis enemigos —dijo la Reina amargamente, su
ritmo finalmente retardado cuando el peso de sus tristes emociones
la inquietaron—. O ellos pronto lo serán. Ahora, ¿qué le sucederá a
nuestra paz, viejo amigo?
     Siena sintió el revelador estallido en el aire que anunciaba la
teletransportación de Legna. Ella la había esperado, así como esperó
las confortables manos que la compañera de Gideon puso en sus
hombros. Siena finalmente paró de moverse, volviéndose a buscar
en los luminosos ojos plateados de Legna, absolutamente idénticos a
los de su marido.
    —No debes molestarte con Gideon. Sabes que él es de lejos
demasiado directo para su bien—, Legna dijo tiernamente, echando
un pestañeo a su compañero fuera de la vista de Siena.
     Gideon sentía un aumento de orgullo en su pecho cuando miró
a su encantadora compañera obrando su propio estilo de magia.
Debería haber sabido que debía traerla con él desde el principio. El
Antiguo todavía estaba aprendiendo a ser parte de un dúo y a veces
tenía estos errores, pero era de esperarse después de vivir una
existencia principalmente solitaria durante unos mil años. Algunos
hábitos tardarían mucho más que seis meses para romperse.
     —Entiendo tus sentimientos en este momento, Siena —dijo
Legna seriamente—. ¿Puedo ayudarte a imaginar cómo me sentí
cuándo me di cuenta que iba a estar endilgada con este viejo por el
resto de mi vida?
    Siena no pudo evitar sonreír cuando              ella   examinó
cuidadosamente al guapo “viejo” de Legna.
     —A pesar de lo que él dice, yo no estaba tan ansiosa de aceptar
como a él le gustaría pensar, y también puedo asegurarte que
realmente me perturbé con la perspectiva de decírselo a Noah. Pero
nosotros creemos en el Destino y en el porvenir, como sabes, y está
claro que era inevitable. Y debe serlo incluso para ti.
    —Eso no lo hace más fácil —argumentó Siena.
    —No. Yo sé eso. Pero escucha todo lo que tiene que decir
Gideon. Él puede ser capaz de ayudarte.
    —Ya he oído todos sus argumentos.
—Yo no ofrezco un argumento, sino una solución—. Gideon
tomó una mano de cada mujer y los llevó a un banco en un hueco
dónde ellas dos se sentaron obedientemente. Legna recogió la mano
de la Reina al instante, apretándola entre las suyas en silencioso
apoyo.
    —Sabes que debes darte a ti y a tu pueblo tiempo para ajustarse
a esto. Me has dicho que ellos no aceptarán un Demon como su
Rey, ¿correcto?
    —Sí. Estoy segura de ello.
    —Entonces no le hagas Rey, Siena.
    —Pero tú dices que no puedo resistirme a esta Vinculación…
    —Yo dije que no le hagas Rey. No tienes más opción sino
tomarlo como compañero y tú sabes eso en tu corazón y tu alma,
quieres y necesitas a Elijah cerca de ti.
    Gideon se agachó, descansando una mano en la rodilla de la
Reina cuando él miraba sus ojos perplejos.
    —¿Recuerdas el día que te pedí que me contaras la historia de
tu monarquía? ¿Las tradiciones y cómo ellos han crecido y han
cambiado durante los siglos?
    —Sí —sonrió ella—. Tú me mantuviste ocupada con la
discusión durante veinte horas. Yo nunca he disfrutado más de un
discurso.
    —Entonces piensa, por un momento, sobre esas tradiciones.
¿No me dijiste que, antes de que tú permitieras que los varones
fueran iguales en tu sociedad, no había tal cosa como un Rey? Que
había cambiado como ejemplo hace aproximadamente novecientos
años cuando…
    —…cuando la Reina Colein elevó a su Consorte para igualarla
en nivel —ella proporcionó cuando él buscó los nombres de las
personas involucradas.
    —Sí. Alexzander. El primer Rey en tu historia.
    —No entiendo tu punto.
—Siena —habló Legna, su voz suave y urgente—. Elijah no
quiere ser tu igual en tu monarquía, sólo en tu corazón, alma y
cuerpo. Él está satisfecho con su vida y sus deberes con Noah. ¿Tú
no entiendes esto?
    —Tú lo ves como una amenaza a tu trono. Así que yo ofrezco la
solución de quitar la amenaza hasta el momento en que tú decidas
que sea de otra forma —insistió Gideon—. Hazle tu Consorte, Siena,
no tu Rey. Si un día escoges elevarlo como tu igual político, entonces
será tu elección hacer eso y de nadie más. No hay ninguna ley de
Licántropos que te exija hacerle tu igual en el trono, sólo que le
hagas tu compañero. Invoca una tradición vieja, guarda tu poder
encima de tu pueblo y deja de castigar a Elijah y a ti misma con tus
propios miedos.
     —¿Sabes lo que estás pidiendo? —Preguntó Siena con voz
ronca, su cabeza dándole vueltas cuando la esperanza y el alivio
trataron de      agobiarla—. Estás pidiéndome que lo trate
públicamente de una forma… de una manera que ningún hombre
de su ego podría tolerar.
    —Estamos pidiéndote que hagas lo que siempre has hecho.
Hacer lo mejor para tu pueblo. Eso es tan natural para ti como
respirar, Siena.
     —No conoces tan bien a Elijah como piensas —agregó Legna—.
Por ti, yo creo que él haría cualquier sacrificio. Él no necesita
impresionar a tu corte. Sólo a ti. Su posición con Noah es más que
suficiente para él. Y te diré esto, aún cuando magullara su ego,
Elijah todavía te llevaría en su corazón bajo cualquier condición.
    —Pero…
    —Siena —dijo Gideon con un suspiro— nada se gana sin
adentrarse en el riesgo.
CAPÍTULO 11



    Elijah se despertó la noche siguiente con un sobresalto.
     Se sentó en la cama de repente haciendo que su cuerpo
protestara por el movimiento brusco. Tomó aliento llevando hacia
atrás la mano para masajear los músculos doloridos de los hombros.
Se había forzado a sí mismo y a sus tropas hasta más allá del límite
la noche anterior, esperando que, en algún momento, la extenuación
total les hiciera algún bien considerando la proximidad de Samhain.
     Elijah no sabía exactamente qué es lo que esperaba pero de
momento se sentía bastante normal. Vale, tan normal como llevaba
sintiéndose los últimos días.
     Lo que básicamente significaba que andaba arrastrando los
pies, se sentía inmensamente triste y, total y completamente
cabreado con cierta hembra Licántropo.
     Había dormido en casa de Noah con la esperanza de que
permanecer cerca del Rey, de algún modo, le serviría de
parachoques contra el primitivo impulso de atacar a Siena, el cual se
suponía tenía que estar sintiendo. Y ahora, al despertarse sin sentir
otra cosa que no fueran sus pensamientos y deseos habituales, se
sentía ridículamente aliviado.
     Echó hacia abajo las sábanas y se dirigió al armario. Puso toda
su intención en elegir el par de vaqueros usados más cómodos y una
camisa blanca lisa con botones de lo más normal. Era lo que
consideraba ropa de trabajo. Nada especial, ni siquiera seda, un
recordatorio de su pasado elevado cuando tenía predilección por los
tejidos de las camisas. No iba a hacer nada que pudiera
malinterpretarse de ninguna forma como si se estuviera preparando
para ver o seducir a una mujer.
    Se dobló los puños a mitad de los antebrazos y sonrió de
verdad ante el informal reflejo del espejo. El guerrero se tomó un
momento para pasarse las manos por el pelo, todavía le parecía
extraño el cambio de color. Había sido rubio platino la mayor parte
de su vida. Todavía le resultaba raro ver los mechones dorados en
lugar de plateados.
    Se preguntaba si era un recordatorio hecho a propósito para
que no olvidase con quién se suponía que tenía que emparejarse.
Cada vez que lo miraba, pensaba dónde se había originado el color.
Seguro que para Legna fue igual cuando vio en el espejo que le
había cambiado el color de los ojos, el plata distintivo de Gideon.
     Elijah salió de la habitación y se dirigió al Gran Salón. Dudó a
mitad de camino en la escalera central cuando vio a Noah sentado
junto a la chimenea, casi en la misma posición en la que Elijah le
había visto cuando se fue a la cama. Miró hacia el escritorio de Noah
de pasada, viendo que el montón de notas y traducciones había
crecido durante el día.
    —¿Has dormido hoy? —le preguntó al Rey directamente.
     —Pues claro —mintió el Rey sin separar los ojos de las llamas a
la que, últimamente, parecía mirar mucho.
    —¿Va todo bien, Noah? —insistió Elijah.
    Noah finalmente le miró, tranquilizándole con una media
sonrisa.
    —¿No sería yo el que tiene que preguntártelo a ti?
    —Estoy bien. De hecho, mejor que bien. Estoy empezando a
preguntarme si Gideon tiene claro todo lo que esto conlleva.
    —No te confíes, amigo mío —le advirtió Noah con suavidad—.
Gideon rara vez se equivoca.
     —Gracias por el voto de confianza —dijo Elijah—. Noah,
perdona que te lo diga, pero ¿en qué planeta estás últimamente? No
eres el de siempre.
     —¿Sabes? Me he dado cuenta de que la gente a menudo piensa
así cuando intenta evitar hablar de sí mismos. Preocúpate de ti
mismo, guerrero. Estoy como siempre.
   Elijah no quiso insistir. Noah no conservaba a sus consejeros
mucho tiempo. Hablaría cuando quisiera, ni un minuto antes. Por el
momento, el Rey estaba en lo cierto. Tenía sus propios problemas de
los qué preocuparse esta noche.
    —Creo que voy a ir a echarle una mano a Jacob —dijo
volviéndose—. Estando Bella todavía...
    Elijah se frenó al sentir la mano de Noah rodeándole el brazo.
Se dio la vuelta y vio al Rey de pie, detrás de él, con una ceja
levantada.
    —No te lo recomiendo. Jacob se las apaña solo.
    —Pero...
    —Elijah, ¿te lo tengo que deletrear? Jacob y Bella están
Vinculados y estamos en Samhain. Te aseguro que si te dejas caer
por allí sin anunciarte, no serás bienvenido.
   Elijah levantó las cejas al comprender el significado de lo que
Noah le decía.
     Macho idiota.
    Elijah estaba casi acostumbrado al nombrecito que le vino a la
cabeza, pero era la primera vez que lo oía en respuesta a algo que
pasaba en su propia vida. Estaba tan distraído escuchando la voz
cantarina y la risa que la seguía que se olvidó de Noah y se
transformó en un viento rápido que se disparó hacia la ventana más
próxima.
     Noah se quedó agarrando... la nada con una expresión perpleja
en la cara.



    La primera parada de Elijah fue el campo de entrenamiento.
     Se paró en el centro del campo oyendo sólo el crujido de los
maniquíes de madera y los blancos. Era realmente raro cuán
abandonado estaba. Normalmente bullía de actividad de sol a sol.
Pero era un día sagrado y no se le pedía a nadie que estuviera allí.
Sin embargo, en el pasado siempre había habido alguien trabajando,
intentando reenfocar las energías que podrían ser peligrosas si se
dirigían mal. Parecía que Elijah les había hecho trabajar un poquito
demasiado duro mientras intentaba agotarse y nadie estaba de
humor para acercarse al Capitán o al campo de entrenamiento.
    Así que iban dos golpes. Caminó lentamente por el campo
pensando en qué otra cosa podía hacer para pasar el tiempo.
     Quizás deberías hacerle un sacrificio a la Diosa.
    Elijah se quedó parado.
    Después de todo, es un día sagrado —continuó la voz.
   —¿Sabes? Has elegido un día perfecto para ponerte habladora
—soltó con la voz resonando a través del campo vacío.
    Elijah respiró hondo y alejó sus pensamientos de la forma en
que esa voz suya, sensual incluso en la mente, parecía recorrer su
espina dorsal poniendo de punta cada nervio de su cuerpo.
Maldiciendo en voz baja se transformó en un viento diabólico que
levantó el polvo del campo de prácticas al marcharse.
   Una hora después Elijah se materializó en su propia casa a
medio mundo de distancia de los territorios rusos.
     Por fin contento, empezó a encender faroles y le quitó el polvo a
su sillón favorito antes de hundirse en él con un suspiro. Inclinó la
cabeza hacia atrás y cerró los ojos intentando liberarse en la quietud
de la noche. Su casa en realidad era una cabaña moderna. Aunque
tenía todos los servicios incorporados en una casa moderna, no les
daba uso. La electricidad y todo eso no funcionaba para él ni para
ninguno de los de su especie. Su hermandad con las fuerzas de la
naturaleza hacía que la tecnología y la mayoría de los aparatos
eléctricos reaccionaran de forma adversa con su bioquímica Demon.
     Lo sé. Tuve que utilizar como último recurso el alumbrado a gas en el
castillo desde que Legna y Gideon llegaron a la corte.
    Elijah se sentó tieso de golpe.
    ¿Por qué sonaba como si estuviera más cerca que antes?
    Maldita sea, había escogido un momento asqueroso para
burlarse de él. Era como si le estuviera haciendo perder la cabeza
completamente y obligándole a ir a buscarla. Y si juzgaba
correctamente la tensión que surgía en él y las ansias que la
siguieron, lo iba a conseguir muy deprisa si seguía con esto.
    No te tengo miedo, susurró.
    Pues deberías, le advirtió iniciando la conexión él mismo por
primera vez.
    Primero tendrás que encontrarme.
    Su amenaza inicial. Se estaba burlando, sin duda porque creía
que podría esconderse de él. Se creía que poseía habilidades
superiores y por ello no tenía nada que temer.
    Era un desafío tonto e Elijah le había creído más lista que todo
eso. Se quedó frustrado y preocupado mientras se levantaba y
empezaba a pasear de un lado a otro.
    Siena, estás jugando con fuego. No quieres hacer esto.
    ¿No debería ser yo quien lo juzgara?
    ¡Maldita fuera!
     Elijah intentó sacarla de su mente corriendo hacia la oscuridad
en busca de algo, lo que fuera, que ocupara sus pensamientos. Para
evitar que pensara en ella y los recuerdos de ella. Cuanto más le
hablaba con ese susurro suave y sensual, más recordaba ese mismo
murmullo en su oído ronroneando y urgiéndole a meterse más
hondo en su dulce cuerpo. Recordaba perfectamente el tacto de sus
dedos en el pelo y sus uñas arañándole la espalda.
     Elijah entró en la biblioteca y, con rapidez, prendió una cerilla y
encendió dos faroles sobre la mesa. En este siglo no estaba muy por
la lectura, tendía a concentrarse en sus habilidades para la lucha y la
estrategia. En el siglo pasado había estado perfeccionando sus
habilidades como artesano de armas. Cuando la biblioteca se
iluminó, la prueba de esto relució en cada pared. Había cerca de
veinte espadas de distintas variedades y cada una de ellas había
sido hecha por sus manos, desde la empuñadura a la vaina. Incluso
las monturas donde se mostraban habían sido trabajadas
dolorosamente por sus manos.
No sólo eran piezas de exhibición. Había practicado con ellas y
había usado más de la mitad en batallas reales. Las examinó
lentamente, esperando a ver cuál de ellas le hablaba más alto.
    La katana le llamó la atención.
     La hoja estaba metida prietamente en una vaina de plata pura y
la luz del farol parpadeaba contra ella de manera que parecía que
los grabados estaban vivos. Tendió la mano hacia ella, dudó y bajó
la mano. Intentó no recordar la última vez que la había utilizado,
sabiendo que Siena estaba en su mente.
    La hoja que mató a mi padre.
    Elijah se estremeció sin darse cuenta de que el tono era
especulativo, no acusador.
    Lo siento, Siena.
     No lo sientas, Guerrero. Cambiaste nuestros dos mundos para mejor
con el golpe de esa hoja.
      Elijah se alejó de la hoja abrumado y se dejó caer con torpeza en
la silla más próxima.
    —¿Qué quieres de mí, Siena? —preguntó en voz alta con la voz
ronca mientras intentaba filtrar sus emociones.
    Quiero saber qué quieres de mí.
    —Nada —susurró—. No quiero nada de ti—. Hizo una pausa
que duró dos fuertes latidos de corazón. —Excepto a ti —dijo al fin.
    Se puso de pie y se acercó a las puertas de cristal que llevaban a
la balconada que rodeaba la mitad de la casa. Salió y aspiró
hondamente el aire nocturno inclinándose sobre la barandilla de
madera.
     Tu tacto, tu risa, tus hermosos ojos, Siena. Tu temperamento, el brillo
de tu piel y tu mente. Quiero despertarme por la mañana envuelto en tu
pelo y mirando tus ojos. Quiero aprender lo que realmente significa
conocerte.
     Elijah cerró los ojos sintiendo un dolor físico corriendo por cada
fibra de su cuerpo.
No soy tan misteriosa, Elijah. Sólo soy la mujer que no quiere más que
conducir a su pueblo a una era de paz y tranquilidad.
     ¿Nada más, Siena? Elijah levantó la mano hasta la frente y se
restregó las arrugas de reproche.
    Hay otra cosa que quiero.
    ¿Y eso es…?
    Quiero que me veas, Elijah.
     Elijah se enderezó apartándose de la barandilla cuando ella dijo
eso. El corazón le saltaba erráticamente con una súbita oleada de
esperanza. Entrecerró los ojos y escudriñó la oscuridad. La brisa
nocturna soplaba sobre él y las nubes se movían por la cara de la
luna creciente.
    Le llegó un olor débil y familiar y sintió que cada célula de su
cuerpo corría a distintas partes dejándole un poco mareado por las
secuelas.
    Y entonces vio el rayo de luna dorado.
    Agarrándose a la barandilla, Elijah saltó sobre ella cayendo al
suelo dos pisos más abajo. Echó a correr pero se paró cuando el
débil olor desapareció. Miró a su alrededor buscando la fuente del
rayo dorado y de repente vio algo colgando de las ramas de un
árbol. Alargó la mano, lo soltó y le dio la vuelta en la palma de la
mano. Era un brazalete hecho de oro y piedras de luna con un
diseño tan intrincado como el collar de Siena.
    Dime qué significa esto, Siena, le pidió.
    Es el brazalete del Consorte de la Reina, Elijah.
    No dijo nada más, no hubo más explicación. Sabía que no era
necesario. Elijah era un hombre familiarizado con los detalles de la
monarquía. Sabía más que de sobra lo que significaba ser el
Consorte Real.
    El corazón de Elijah latía tan fuerte que casi no podía oírla. En
ese momento, todo pareció cambiar. Los sentimientos abrumadores
eran irresistibles, anhelantes, ansiosos y quizás un poco
exasperantes.
—Dime dónde estás, Siena. Dímelo ya.
    Estoy en casa, Elijah. Y estoy esperando tu decisión.




    Siena se arrodilló ante el hermoso altar y encendió el incienso
natural hecho en casa que Anya le había regalado en el último
Beltane. Se sentó sobre los talones, cerró los ojos e intentó
concentrarse en sus plegarias. Pero era difícil porque le sentía
llegando con más que el corazón, el alma y definitivamente con el
cuerpo. Qué era exactamente no podía descifrarlo en ese momento.
No obstante, era tan imposible de ignorar como de explicarlo.
     Estaba todavía a un océano de distancia pero ya tenía la piel de
gallina en los brazos, los hombros, le subía por el cuello y la
sensación se extendía por el cuero cabelludo haciendo que se le
pusieran los pelos de punta.
    La habitación estaba llena del aroma del incienso. Había estado
ardiendo todo el día, de acuerdo a la tradición, preparando la noche
que se avecinaba. También acorde a la tradición, Siena había pasado
todo el día sin hacer otra cosa que dormir, bañarse, perfumándose,
lavándose el pelo y dándose toda clase de aceites y lociones para
hacer que la piel estuviera total y perfectamente suave.
    Había sido Princesa antes que Reina, toda su vida había
transcurrido en la corte. Todo el alboroto, el acicalamiento y la
atención de la que era objeto, era exactamente a lo que estaba
acostumbrada. Y precisamente lo que disfrutaba. De hecho,
solamente la familiaridad de todo ello la ayudaba a permanecer
tranquila, relajada y concentrada a casi todos los niveles. Como
resultado, no había un solo punto de su cuerpo que no fuera suave y
no estuviera delicadamente perfumado y todavía podía mantener
una imagen de dignidad y calma mientras esperaba.
    Así mismo, Siena había tenido suerte.
    Elijah había estado durmiendo hasta tarde la noche antes, hasta
hacía casi una hora. Si se hubiera despertado antes no habría podido
camuflar sus actividades o su excitación mientras se preparaba para
una noche de la que él no tenía ni idea. Aunque siempre se
controlaba, esta conexión que se hacía más fuerte entre ellos tenía el
potencial para que se traicionara. Podía esconder mucho a los demás
pero Elijah estaba incrustado en su espíritu y muy pronto, por fin lo
había comprendido, no habría nada que pudiera ocultarle. Y
mientras él venía a ella podía sentir el corazón, la sangre, la
adrenalina y todo el resto de endorfinas de la bioquímica de él
fluyendo en su sistema. Era como una droga asombrosamente
potente que hacía que le diera vueltas la cabeza como si estuviera
nadando en estimulantes.
    Técnicamente, debería esperar a que él le diera la respuesta
apropiada a ser su Consorte. Pero la había sentido en el corazón en
el mismo minuto en que el guerrero había comprendido el
significado del brazalete y cada paso que daba hacia ella era una
aceptación.
     Siena apoyó las palmas en la piedra que estaba fría contra la
calidez de sus manos y se levantó. Sus habitaciones estaban llenas
de mujeres, ayudantes, guardias y damas de compañía. Y, por
supuesto, Anya y Syreena estaban a su lado.
     Le flanqueaban cada una vestida con un traje ceremonial
específico. Los trajes eran sueltos con mangas anchas como alas de
ángeles. El de Anya era de un fino material verde, muy liviano, de
seda fina que solo los artesanos más ancianos y diestros podían
fabricar. Tejido en la misma seda, de manera que no se distinguía al
tacto del material, llevaba la imagen de una zorra cuya cola se
enredaba en la cadera de Anya y bajaba por el muslo.
    El traje de Syreena estaba hecho de la misma tenue seda, pero
de color azul cera. Retorciéndose a su alrededor había un delfín a un
lado y al otro, un halcón peregrino. Destellos de diamantes se
esparcían para crear las olas del océano y las estrellas del cielo
nocturno.
     Siena extendió los brazos con las palmas hacia arriba y cada una
de las ayudantes cogió cada lado de la bata de satén y encaje que
llevaba sobre el traje. Despacio, los dedos alcanzaron las cintas del
delantero de su vestido y empezaron a entrelazarlos de forma
complicada, como si estuvieran atando los cordones de los zapatos,
salvo que cada una de ellas usaba una sola mano como si fueran una
sola persona. Se requería concentración, coordinación y cooperación
para lograrlo y las mejores amigas de Siena, sus hermanas del alma,
si no ambas de sangre, lo llevaron a cabo impecablemente.
    Cuando hubieron terminado, Siena tomó las manos de Anya
entre las suyas y las apretó con afecto.
    —Has sido mi más querida compañera casi toda mi vida y me
honra tenerte a mi lado en este… este evento del que ninguna de
nosotras hubiera pensado tomar parte—. Siena se acercó las manos
de Anya hasta que las palmas se apoyaron contra su corazón—.
Pero, por tradición, no puedo elegirte como portadora de la daga
matrimonial. Ese honor pertenece a mi hermana, Syreena, a pesar de
sus protestas—. La mirada dorada de Siena llameó para acallar las
protestas en los labios de Syreena. Syreena pensaba que Anya
merecía ese derecho sin importar qué sangre fuera la suya—. Es su
derecho —continuó Siena con los ojos cálidos y suaves mirando de
una a la otra—. He deseado honrarla de la manera en que una
hermana honra a su hermana. Porque, aunque casi no me conocía
cuando comenzamos este viaje de realeza, se ha ganado cada
recompensa por su incuestionable lealtad.
     —Lo sé, mi Reina —dijo suavemente Anya con expresión
ligeramente divertida, pues ambas sabían que no era ella la que
necesitaba la tranquilidad de tal gesto. A pesar del rostro constante
de independencia y confianza, el corazón de Syreena era muy social
y necesitaba aceptación y amor.
     Anya se soltó de sus manos y se volvió a mirar a Syreena. Los
ojos de la Princesa estaban cerrados y la mestiza le dio un momento.
Cuando los ojos de dos colores se abrieron, la humedad de las
pestañas brilló como los diamantes de su vestido.
     Entonces la Princesa extendió las manos con las palmas hacia
arriba mientras Anya sacaba la daga ceremonial de la vaina, el
afilado metal cantó hasta los altos techos del dormitorio. El sonido
tuvo su eco en la patada en el suelo de la guardia al ponerse firmes.
Todas las guardias desnudaron sus espadas con el sonido de hojas
bien afiladas, las dejaron caer con fuerza con la punta hacia abajo en
el suelo de piedra. Saltaron chispas cuando la piedra se astilló y el
metal se dobló.
Según la tradición, todas las guardias excepto dos, pasarían la
noche reparando las hojas. Supuestamente, el calor de la forja era
una bendición para el lecho matrimonial e igualmente para poder
moldear la futura protección del trono. Pero el simbolismo iba más
lejos. Las guardias forjarían nuevas hojas para servir al nuevo
régimen. El Consorte carecía de poder político y legal pero se le
otorgaban todos los respetos y cortesías de un Rey.
    Un igual en todo… excepto en soberanía.
    Anya colocó la daga en los dedos de Syreena. Syreena se inclinó
con gentil respeto.
     En ese momento, una ráfaga fría llenó la habitación. Las
cortinas de la cama y los tapices que colgaban por toda la habitación
golpearon contra las paredes al hacerse la brisa subterránea más y
más fuerte. Incapaz de contenerse, Siena empezó a respirar más
deprisa. Sus mejillas se colorearon contrastando agudamente con su
semblante inusualmente pálido. Pero sólo sirvió para realzar su
belleza y como contraste al vestido blanco que llevaba.
    Un ruido extraordinario, como el sonido de trueno, reverberó a
su alrededor. Todas las mujeres de la habitación lanzaron gritos
sofocados. No había nada como el mal tiempo en un castillo
subterráneo. Pareció enaltecer la excitación por la cercana llegada de
su huésped. La mitad de ellos no sabían si sentirse asustados,
preocupados o simplemente curiosos.
     Lo que sí sabían seguro, en cualquier caso, es que la vida en la
corte y la vida en general nunca volverían a ser la misma. Lo que
significaba que nadie lo sabía, ni siquiera la Reina misma. Pero el
destino había hablado y la Reina y también The Pride habían
ordenado que acataran la orden. Debían dar la bienvenida a otro
Demon a la corte.
    ¿Pero tal Demon? ¿El mismísimo Carnicero?
     Los más cercanos a la Reina, por supuesto, aceptarían cualquier
cosa que les pidiera, pero temían por su vida y su seguridad. Las
historias sobre la infamia de Elijah habían hecho daño. Además,
para cualquier Licántropo, un Demon era tan extraño. Tan diferente.
Las mujeres que veían a la Reina prepararse para tan poco ortodoxa
boda estaban llenas de preguntas que incluso ahora circulaba por la
corte.
     ¿La asesinaría durante el sueño? La Reina era una completa
cazadora y el guerrero Demon no encontraría en ella una presa fácil
pero la Reina estaba verdaderamente excitada con lo que se
avecinaba y eso era lo más confuso de todo. Verdad era que el
macho Demon de la corte, el llamado Gideon, era una criatura
increíblemente guapa y de mente fascinante, pero era un hombre
educado y de poca común inteligencia y aptitudes.
     Apenas podía esperarse lo mismo de un bárbaro que blandía
una espada y mataba enemigos para ganarse la vida. ¿Era lo
suficientemente atractivo para mantener el interés de una
compañera que se transformaba en una vigorosa gata? ¿Se vería
afectado, en realidad, por el compromiso de la vinculación y se
forzaría a permanecer sólo en la cama de la Reina o experimentarían
en algún momento el primer escándalo real en la historia de su raza?
    ¿Sería su química lo suficientemente compatible para proveer
de herederos al trono? Esta era la pregunta más importante. Incluso
aunque la existencia de mestizos entre especies aparentemente era
posible, no había criaturas vivas en su cultura que hubieran sido
elaboradas en un cóctel de ADN tan volátil como el de Demon y
Licántropo. ¿Qué produciría una mezcla de animales y elementos, si
podían producir algo?
     Esta era la pregunta más fascinante de todas. Los Licántropos
encontraban la mutación interesante y excitante. Cuanto más
poderosa, mejor. Por eso Syreena era tan codiciosa. Este podía ser el
único aspecto de la boda que les ganaría a los miembros más
distantes de su sociedad, los cuales podrían ser más difíciles de
complacer o más reacios a obedecer.
     La Reina había sido rotunda cuando anunció sus intenciones de
tomar como compañero a este hombre. Era un deber, sí, pero no
había llorado ni sollozado. Se había asegurado de que todos
supieran que era un compromiso al que daba profundamente la
bienvenida. Había confesado las dudas que habían estado dándole
vueltas los últimos días. Y entonces les había ofrecido la solución.
Sería solamente su Consorte no su Rey, ciertamente no el Rey y no
sería nada si no aceptaba la condición.
Muchos pensaban que no aceptaría y con ese razonamiento
pensaban que estaban a salvo de terminar con un Demon cerca del
trono. El ego de los Demon, pensaban, y especialmente el ego tal
hombre, no sería capaz de soportar una posición de poder tan baja.
Siena les había recordado a aquellos que expresaron posteriores
protestas, las tradiciones y viejas costumbres que incluían
matrimonios reales para terminar guerras y asegurar fronteras. Y
aunque ya no estaban en guerra con los Demon, la Diosa en su
sabiduría, había elegido esta forma de asegurar la paz para siempre.
Y a aquellos que insistían obstinadamente en protestar con prejuicio,
Siena les recordó que habían sido en primer lugar los actos
terroristas de su padre los que habían forzado a los Demon a recoger
el guante y defenderse. Era un hecho de la historia muy conveniente
que se había reescrito en muchas mentes a lo largo del tiempo.
    Sólo había habido silencio después del este último brote.
    Así que la boda se iba a celebrar.
    Los guardias abrieron rápidamente las puertas de sus
habitaciones en bienvenida y ella se volvió a mirarles con sus
ayudantes a cada lado. Las damas de compañía estaban alineadas al
lado de la cama. Siena cerró los ojos y deslizó las manos
nerviosamente por el estómago conteniendo el aliento y sintiendo
que el viento a su alrededor seguía creciendo.
    ¡Era tan poderoso!
     Sabía que todavía estaba a alguna distancia pero proyectaba
gran cantidad de poder y energía antes de llegar, quizás incluso sin
darse cuenta. La carrera hacia ella estaba elevando el nivel de
urgencia frenética que sentía. Podía notarlo en su mente, en la de
ella. La electricidad estaba por todo su alrededor, dentro de ella,
lanzando chispas por su pelo con las cargas de estáticas que
enviaban escalofríos por su espina dorsal.
     Todos los guardias salvo dos, salieron de la habitación y se
dirigieron al salón para su noche en la forja. Los dos guardias que
quedaban se colocaron a cada lado de la puerta en el vestíbulo. Lo
único que tenían que proteger, sin embargo, era la privacidad de la
Reina en su noche de bodas. Decir que estaban perfectamente
calmados era tergiversar los hechos. La entrada de Elijah estaba
poniéndoles crecientemente inquietantes.
    Sin embargo, Siena había sido muy cuidadosa. Se había
asegurado que los dos guardias que quedaban nunca hubieran
entrado en batalla contra Elijah. No había posibilidad de que
actuaran por impulsos que pudieran llegar a ser hostiles o fríos.
Siena no quería que nada estropeara su noche.
    Ya habían pasado muchas cosas entre ellos.
     Nunca habría pensado que estaría tan excitada como estaba,
pero se dio cuenta de que no podía evitarlo. Tanto como había
temido tomar compañero, encontraba que los beneficios y la
anticipación que sentía con este en particular sobrepasaban las
dudas, los miedos y los temores. Al menos ahora que Gideon la
había provisto con la solución que, aunque no era perfecta, había
permitido llegar hasta por lo menos la mitad del camino.
    Todo lo que tenía que hacer Elijah era hacer el resto del camino.
Las palabras de antes, tan poderosas y sinceras, la hicieron sentir
que estaba viendo su alma. Pero no podía tener la certeza y no la
tendría hasta que estuviera ante ella y le dijera con su propia boca,
sus propios ojos y todo él que este compromiso era lo que quería y
aceptaba.
    El viento que era su compañero azotaba a su alrededor
haciendo que los finos vestidos de las tres mujeres chasquearan a
sus espaldas, ondearan y se pegaran a cada curva de sus cuerpos.
Las damas de compañía, nerviosas por la exhibición de poder, se
agarraban de las manos. Iban acortando la distancia entre sus
cuerpos para protegerse y casi estaban tan pegadas como un
acordeón.
    Esto hizo que Siena sonriera.
    Un poco después supo la razón.
    Elijah se fusionó en su imponente forma con un giro
impresionante, de pie tan cerca de ella que casi estaban nariz con
nariz cuando se hizo sólido. Era tan alto y tan extraordinario que
todas las damas de la habitación, incluso las que estaban junto al
Demon, soltaron involuntarios murmullos de sorpresa. Los
murmullos fueron seguidos de suaves susurros especulativos que
no tenían cabida en el ritual. De todas formas, Siena estaba
demasiado ocupada mirando esos hermosos y asombrosos ojos
verdes. Ojos tan llenos de emoción, cuya inmensidad nunca sería
capaz de tocar en el lapso de tan solo ese segundo. Se sorprendió a sí
misma tragando con fuerza aunque toda su boca y garganta estaban
completamente secas.
     Lentamente dejó que sus ojos recorrieran toda la longitud de su
cuerpo. La incursión se desvió rápidamente cuando advirtió un
brillo de oro y piedras de luna rodeando un bíceps flexionado y
macizo.
    —¿Cómo…?
     Siena se detuvo antes de hacer la pregunta. El brazalete estaba
cerrado. Podía haberse deslizado de su brazo cuando se transformó
en aire. Sería interesante ver si esta elección tan poco convencional
de compañero sería capaz de soltar la encantada insignia de su
cargo tan fácilmente como se la había puesto. Pero Siena ya no le
envidiaba esa libertad. El toque de sus dedos y la inteligente o
inadvertida manipulación que podría liberar el collar de su garganta
podía pasar en cualquier momento.
     Siena miró en aquellos ojos otra vez, tan vívidos, tan verdes, tan
claramente hambrientos de ella.
   Elijah flexionó el músculo bajo el brazalete mientras movía el
hombro ligeramente hacia ella. Levantó una ceja dorada.
     —¿Es esta la respuesta que buscabas? —preguntó con voz baja,
tan dura que el calor cantó por cada célula de su sangre.
    —Sólo si verdaderamente comprendes y aceptas lo que
representa.
    —No me es desconocido lo que representa ser un Consorte
Real, Siena. Dime sólo que significa que seremos iguales en todo
excepto en el mando y mi respuesta es sí—. Elijah alargó la mano
para tocar la curva de su mejilla con los dedos, incapaz de
contenerse a pesar de todos los ojos que los observaban. —Nunca he
querido tu reino, gatita. Sólo a ti. Sólo tú.
Su convicción era resonante, inequívoca. El corazón de Siena
latía tan fuerte que ni siquiera podía oírse respirar.
     —Me gustaría que hubieras dicho eso la primera vez —susurró,
y el borde de su boca se elevó igualando la luz de sus ojos dorados.
     —Discúlpame —susurró él inclinándose tanto que sus frentes
casi se tocaban. —No me di cuenta de que había más de una opción.
    —Para ser honesta, a mí también se me escapó.
    Syreena carraspeó suavemente atrayendo la atención de la
Reina.
    Siena comprendió de repente la toma de química que
conllevaba esta clase de emparejamiento. Su gente se referían a ello
como “emparejamiento de por vida”, la de él la llamaban
Vinculación. Pero “la rosa no deja de ser rosa con otro nombre…”
estaba claro que eran más parecidos de lo que creían después de
todo. En todo momento, cada parte de ella que yacía bajo su piel le
anhelaba. Ella era el imán y él el norte magnético.
    Siena dio un doloroso paso hacia atrás permitiendo que Syreena
tuviera el espacio que necesitaba para acercarse a él y ofrecerle la
daga con la punta de los dedos. Tenía las manos firmes, el equilibrio
impecable. Lo cual era notable considerando lo pesada que era el
arma y cuánto tiempo llevaba sujetándola.
    —Mi Señor Elijah, Capitán Guerrero del gran Rey de los
Demon, querido y respetado por el gran señor que es nuestro aliado,
¿aceptas a nuestra Reina como tu eterna compañera, elevándola
sobre todas las demás y bajo nadie por el resto de tu vida?
    Elijah se quedó callado un momento largo y Siena pudo sentir
el breve revoloteo de duda que marcaba su corazón. No le
preocupó. Su honestidad siempre la había impresionado.
     —A cambio —dijo en voz alta con tono fuerte y sincero—. Juro
que no te pondré nunca en una posición que esté en conflicto con tu
lealtad hacia Noah. No habrá guerra entre nuestra gente mientras yo
viva y reine.
    —Él es mi Rey, Siena, pero tú eres mi compañera, mi esposa y
soy incapaz de hacer nada que dañe tu corazón o tu alma. Tanto
como esté a tu lado, puesto que soy un guerrero nacido y criado
para el conflicto, no habrá necesidad de considerar la guerra entre
nuestras gentes otra vez. Y me esforzaré el resto de mi vida para
ayudar a las generaciones venideras para que comprendan lo mejor
de nuestros dos mundos.
    Elijah se detuvo sólo lo suficiente para deslizar dos fuertes
dedos bajo la hoja de la daga, justo bajo la empuñadura,
levantándola en perfecto equilibrio de las manos de Syreena. Hubo
un reflejo de luz reflejado en el metal y movió la hoja con destreza
por sus dedos ganando la velocidad que volvería la empuñadura
directamente a la palma de su mano. La destreza del movimiento, la
confianza del mismo, era cautivadora.
    Syreena casi no tuvo tiempo de apartarse cuando se acercó de
nuevo a su compañera. Siena levantó la barbilla al inclinar él la
suya. Su boca se acercó a la de ella y su mano libre se cerró sobre su
delgada garganta.
     —Desde este momento, gatita, soy tuyo. Una vez que complete
la última misión de Noah, renunciaré a mi puesto. Si éste va a ser mi
hogar, la tierra donde moran mi corazón y mi alma, mi cuerpo y mi
destreza deben permanecer aquí también. Pero debes entender que
no tendré paz en la conciencia si dejo mis deberes sin terminar.
    —No esperaba menos de ti —respondió con tono firme y
convencido.
    La promesa era más de lo que había deseado pero, tan pronto
como la hizo, se dio cuenta de que la sabiduría de su gesto no era
más que otro paso para tranquilizar los cautelosos corazones de su
gente. La magnitud de su sacrificio no fue vana para la Reina.
    Siena alcanzó la hoja con la palma de la mano curvándose
firmemente sobre los afilados bordes. Cuando volvió la mano, había
dos líneas ensangrentadas por la hoja de doble filo. Con un aviso
mental de su novia, Elijah hizo lo mismo. Después, palma contra
palma, entrelazaron los dedos.
    Anya levantó las manos al cielo y lanzó un grito de celebración
que inmediatamente fue coreado por todas las mujeres de la
habitación. Terminó casi tan pronto como había empezado.
—¡Contemplad a la Reina y su Consorte! ¡Hemos sido
bendecidas al estar aquí en este extraordinario día! ¡Nadie puede
decir que ha visto su fin! —declaró Syreena.
    —¡Y ahora la ceremonia de la noche de bodas! —añadió Anya
con risa atrevida y traviesa. Todas las mujeres gritaron de nuevo, el
miedo y la duda barridos por el entusiasmo de las ayudantes. La
alegría femenina era de ánimo.
    Elijah levantó una ceja en lo que podría describirse como una
mezcla entre diversión y lujuria. Siena no era una mujer tímida pero
no podía evitar el arrebato que teñía sus mejillas. Corrían por ella
demasiada excitación y anticipación.
    —Mi Señor —susurró suavemente Anya—. Debes cortar los
cordones con la daga.
    —¿Qué? —de nuevo esa sonrisa y la ceja levantada—. Me
gustan como están —reflexionó forzando a su Reina a sofocar la risa
apretando fuerte los labios.
     Elijah inspeccionó los cordones entretejidos de arriba abajo en el
delantero del vestido que podrían muy bien no estar ahí. Eso y el
traje de debajo, eran tan tenues que podía ver cada curva de su
cuerpo desde los rizos dorados a los oscuros pezones.
    Elijah subió los atrevidos ojos esmeralda hacia su mirada y la
expresión bajo sus pestañas la intrigó. En un cuarto de latido de
corazón, la luz de la hoja que sujetaba brilló como una supernova.
     Fue la única señal de movimiento que ninguna de ellas vio,
pero los cordones de la bata se abrieron perfectamente. Todas las
damas jadearon y esta vez Anya y Syreena estaban tan sorprendidas
que se unieron al sorprendido murmullo. Siena, sin embargo, no le
iba a la zaga sonriendo cuando su compañero sonrió de oreja a oreja
de esa manera tan chula suya.
    La Reina se apartó y se acercó a la cama. Las damas recordaron
de repente su deber y se apresuraron a quitarle la bata de los
hombros. Le quitaron la segunda camisola de seda y encaje. Todas
eran conscientes de los ojos codiciosos del Demon. Las damas
estaban orgullosas de la perfección de su Reina y les complació
enormemente desnudarla lentamente.
La sonrisa de Elijah se desvaneció rápidamente mientras
miraba. No sabía que el sonido de la seda y el encaje pudiera ser tan
nítido. Pero lo era. El delgado material se detuvo colgando de sus
turgentes pezones. Al fin, ella se separó del traje, echándose
lentamente el pelo sobre el hombro, ofreciéndole una perfecta visión
de su espléndida, pálida y dorada figura.
    Y en ese momento comprendió finalmente lo que significaba ser
un macho vinculado en Samhain.
CAPÍTULO 12


    La atención de Elijah cambió cuando las mujeres alrededor de
la Reina la ayudaron en la cama. Siena fue colocada suavemente en
el centro de la enorme extensión de las mullidas almohadas y
aterciopelada ropa de la cama blanca y dorada. Sonrió cuando él se
puso cada vez más tenso. Ella estaba ahora más cerca de su mente,
así que sabía bastante bien lo que él estaba pensando y sintiendo en
ese momento. Y todo era bastante primitivo. Más aún, se dio cuenta,
cuando las damas de compañía rociaron su cuerpo con los pétalos
de los girasoles de la tardía temporada.

     Syreena y Anya sentían la tensión en la habitación y, tan pronto
como dejaron lista a la Reina, guiaron a las mujeres jóvenes que se
reían tontamente fuera del cuarto. Elijah ignoró completamente su
curiosidad y especulación. Obviamente, no se daban cuenta de que
los rápidos susurros que emitían eran fácilmente audibles para él y
seguiría siendo así, a menos que esperaran hasta estar mucho más
lejos. También notó que alguien, la hermana Syreena, con pelo y ojos
extraños, había tomado la daga de matrimonio de su mano.

    Y ese momento fue todo el tiempo que pasó pensando en ello.

    Al momento siguiente, el chasquido de las puertas al cerrarse lo
motivaron a entrar en acción.

     Siena observaba con la respiración acelerada y anticipación
mientras él se movía al pie de la cama. Él extendió la mano
rápidamente, agarrándola por ambos tobillos y deslizándola
completamente fuera del colchón con un firme tirón. Se rió cuando
la atrajo contra su cuerpo, con un brazo rodeando su cintura,
aplastando los pétalos color azafrán entre ellos.

    —Eres mía —dijo él suavemente entre los apretados dientes.
Se inclinó con un agresivo sonido masculino que retumbó de su
garganta. Siena cerró sus ojos cuando buscó su esencia en la curva
de su cuello, aspirándolo profundamente en sus pulmones hasta
suspirar de satisfacción.

     —He estado apartado de ti demasiado tiempo —anunció él,
apartándola lo justo de modo que pudiera devorar su cuerpo con los
ojos mientras su audaz mano se deslizaba sobre su vientre y costillas
y acunara su seno con firme intensidad—. Estoy medio loco de
deseo por ti, gatita, y temo que no seré muy suave.

      Ella no habló en voz alta, pero en cambio hundió los dedos
profundamente en su pelo y atrajo su cabeza y su boca, más cerca de
ella. Sus labios se separaron, rozándolo de forma suave y cálida,
acariciándole con su sabor.

    —Eres mío—dijo ella, sintiendo el escalofrío de estimulación
que su voz y palabras enviaron precipitándose por sobre su piel—, y
nunca —se lamió los labios burlonamente, haciéndole gemir —ni
una sola vez, —su cuerpo se contorsionó eróticamente hacia él, hasta
que cada caricia de su piel lo alcanzó profundamente— te pediré ser
suave —terminó ella por fin.

    Elijah capturó aquella embrujada y burlona boca con un fervor
que magulló sus hambrientos labios. Ella se había engañado a sí
misma haciéndose creer que todo esto había ocurrido por sus
opciones y maquinaciones, un producto de su recia voluntad, pero
en aquel segundo entendió que jamás hubo opción. Siempre le había
querido con esta intensidad, aún cuando él ya se había enterrado
profundamente en su cuerpo. Su carne enrojeció con la primera
verdadera vida que había sentido desde la última vez que se habían
separado, e incluso aquel encuentro en las inmediaciones del castillo
había sido demasiado breve, demasiado agridulce.

     Sus manos en su piel eran un bálsamo para su pálida alma.
Eran enormes y callosas, la brusquedad de ellas la satisfacían con
sus arrolladoras caricias. Sus dedos apretaron su suave carne y ella
le dio la bienvenida a la idea de que dejara su marca tras ellas en ese
momento.
Siena sintió la repentina liberación de su collar, el enjoyado
peso cayéndose descuidadamente al suelo, cuando él se arrancó de
sus labios a fin de devorar la dulce y pulsante piel de su expuesto
cuello. Se sintió tan blanda de repente que acabó sostenida
únicamente por sus potentes manos y su equilibrado cuerpo que
acunaba su peso con descuidada facilidad. Era una mujer de notable
estatura, y aún así la hacía sentirse como un hada, una
insignificancia, delicadamente femenina que no había pensado que
podría nacer en el corazón de una cazadora amazona tal como ella
misma. Pero parecía adecuado que le tomara a un fuerte guerrero
como Elijah conseguirlo.

     —Elijah…—Susurró ella en su oído, necesitando decir su
nombre, necesitando sentir las emociones que venían con el
conocimiento de que se estaba permitiendo hacerlo sin
remordimiento, sin culpa. Su viaje había llegado demasiado lejos, y
estaba lejos de ser fácil, pero había hecho su elección y lo aceptaría
tanto como si quizás se arrepintiera de ello. Se estaba permitiendo
ser ese alguien que nunca se había permitido, acceder a si misma,
ese alguien que había vislumbrado aquellas otras veces en sus
brazos.

     La boca de Elijah era mágica, depositando hechizos donde
quiera que fuese, su hambre por su sabor estaba patente tanto en sus
acciones como en sus pensamientos. Estar en la mente de este
hombre, en este momento, era incomprensiblemente placentero. Su
necesidad de ella era sobrecogedora, tan consistente como voraz.
Sintió la manera en que bebía de su calor a través de sus dedos y
apasionada boca, igual que por una pajita, esa sed por ella no era
como nada que hubiera en el mundo.

     Entonces el guerrero empezó a desvanecerse tras sus codiciosas
manos, el viento que era su poder animándola cuando la acarició
pasando a través de ella, materializándose a su espalda, una mano
alrededor de su cintura, la otra sobre su garganta y barbilla,
inclinándole la cabeza hacia atrás sobre su hombro.

     Siena rió, un cruce entre disfrute y aliviado sollozo. El calor de
su repentina piel desnuda era igual que el mismo cielo, y se dio
cuenta que sus finos dedos estaban todavía enredados a la camiseta
que él había abandonado con su maniobra. Dejó que ésta cayera al
suelo sobre el montón de otras descartadas prendas y se estiró
pasando sus caderas, tras sí misma, hasta que sus poderosos muslos
se tocaron abrazándolos.

     Elijah la arropó en el abrazo de sus hambrientas manos, su
suave piel sedosa, era perfecta al tacto para él. Nunca tendría
suficiente con acariciarla. Fue desde las caderas a los pechos una y
otra vez hasta que ella estuvo haciendo esos sonidos de perdido
ingenio que lo cautivaban.

     Como prometió, no fue suave. No quería marcarla pero no
parecía poder evitarlo. Y tal como aseguró, ella sólo parecía
responder más a todo esto. Se encontró a sí mismo resistiéndose a
hundir los dientes sobre ella, marcándola para sí. Esa era la parte
animal del ritual de apareamiento y lo que la noche le animaba.
Entonces recordó que ella misma era incluso más animal y
finalmente liberó sus restricciones, su boca se cerró posesivamente
sobre la curva de su cuello. Siena se curvó sensualmente en sus
manos, dejando escapar un profundo y vibrante ronroneo, hasta que
estuvo completamente inundado con la sensación de su excitación.

     Él se inclinó ligeramente hacia delante en su entusiasmo, y los
pies de Siena finalmente tocaron el suelo. Ella reaccionó
instantáneamente, usando la oportunidad para mover su altura de
nuevo contra él. Cogido con la guardia baja, se vio obligado a dar un
paso atrás para recobrarse. Ella utilizó la oportunidad para
envolverse a su alrededor, saltando hacia atrás dentro de su abrazo
de una manera que lo impulsó de regreso unos pasos más.

     Sin embargo, se recuperó rápidamente, a pesar de que su
continuo ataque sobre su boca lo había hecho ya perder el equilibrio.
Todavía, un único brazo rodeaba su salvaje cuerpo, el otro se
estiraba a ciegas para apoyarse. Tocó la suavidad de la fría piedra y
se inclinó a hacia atrás mientras se estiraba para salir al encuentro de
su violento ataque.

      Siena esquivó su boca, buscando la fuerte columna de su
garganta con furiosos labios y lengua, haciendo lo que él le hacía a
ella fácilmente. Se retorció de modo que pudiera deslizar su húmedo
cuerpo con el suyo propio, su boca siguiendo su ejemplo. Su
aterciopelada lengua le lamió la clavícula, sus dedos jugaron sobre
sus costillas y vientre, precursor para su exploración oral mientras
se deslizaba bajando por su longitud. Elijah jadeó en busca de aire,
su cabeza cayó contra la piedra mientras cerraba los ojos. Le había
despojado de todo pensamiento que no fuera la sensación de su
boca viajando y sus manos anclándose profundamente en su pelo.

     Su aplicada lengua se deslizó sobre un oscuro pezón, sus labios
acariciándolo a través de los finos cabellos de oro mientras buscaba
la forma para darle la misma atención al otro. Entonces su voraz
boca bajó lamiendo los costados de su abdomen. Su manos rodearon
sus caderas, sus fuertes manos masajeando los músculos de la
espalda y caderas mientras continuaba torturándole, su progreso
empezó a volverse lento y más lento hasta que estuvo apretando los
dientes con la suave agonía de la anticipación.

     Primero le tocó, la tan ligera caricia de sus dedos, curiosamente
experimentaban el duro calor de su sonrojado cuerpo. Deslizó esos
suaves e investigadores dedos sobre su longitud, experimentando la
táctil sensación de la lisa y cálida piel y su brillante destello. Pero fue
cuando sintió la caricia de sus cálidos labios y respiración que
agarró su pelo con renovada intensidad y juró con vehemencia,
ambas maldiciendo y rogando por fuerza, control o incluso el más
pequeño flash de civilización.

     Entonces el calor húmedo de sus labios lo rodeó
diligentemente, lo rápido de su lengua tan segura, tan caliente, y
demasiado impaciente para su cordura. Trató de empujar,
apartarla… antes de que perdiera completamente el juicio. Era
demasiado audaz, demasiado curiosa e iba a destruir el poco control
que podría haber tenido para entonces. Sus impulsos y emociones
eran demasiado primitivos cuando era… la noche, la privación, y
aproximación de la luna llena.

    Pero no le daría cuartel. Le había saboreado como él la había
saboreado a ella, y era tal la medicina para sus sentidos como ella lo
había sido para los suyos. Lo sabía, lo sentía, y lo oyó en el
impaciente remolino de sus pensamientos. Se burló de él con el
ataque de su boca, disfrutando con el gemido que arrancaba el
movimiento, sintiendo el agarre y el temblor de los músculos con
aquella satisfacción felina que siempre se precipitaba sobre ella
cuando experimentaba una sensacional victoria.

    —Siena.

     Le pidió con voz ronca, tratando de advertirla con sus
pensamientos, pero ella cortó sus volátiles reacciones con el cielo de
su acalorada exploración. Esto le dejó como una víctima, indefenso,
y perdido en el puro éxtasis de ello.

     Finalmente, le liberó de su talentosa trampa, volviendo sobre
sus pasos por su cuerpo. Pero apenas había comenzado su viaje
cuando las manos de él la sujetaron alrededor de los hombros y la
atrajeron de golpe hacia él. Se liberó de la pared mientras devastaba
aquellos labios pecadores con brutal pasión. Tan pronto como la
parte de atrás de sus piernas tocaron el colchón, la hizo volver una
vez más a su pecho y la empujó en la cama. Ella se echó a reír
cuando rebotó con fuerza sobre su cara, conociendo cada
pensamiento en su mente con deliciosa claridad, oyendo cada
maldición que le lanzaba por su disoluta indiferencia acerca de su
cordura.

     Apenas tenía las palmas bajo ella antes de que él encerrara sus
caderas en las manos y tirara de su espalda hacia él, alzándola sobre
sus rodillas mientras colocaba su trasero en la cuna de su pelvis.
Una mano subió para sujetarle la parte de atrás del cuello cuando
embistió en su interior sin absolutamente ninguna advertencia, ni
siquiera un pensamiento de anticipación que la preparara para la
divina invasión. Siena jadeó en su risa, abrumada por la manera en
que parecía llenarla más allá de su capacidad. Se estremeció desde la
cabeza a los pies, apretando involuntariamente alrededor de él, de
modo que estuvieron coreando sonidos de perdida felicidad un
instante después.

    —Siena —gimió él.

    Se movió hacia delante y sobre ella, sus manos estirándose para
cubrir las suyas, sus dedos enlazados fuertemente en los suyos
cuando su frente tocó brevemente su columna entre los omóplatos.
La besó suavemente en aquel punto, con una ternura fuera de lugar
en la ferocidad de sus pasiones. Tanto que ella lo sentía incluso más
por el gesto de ternura que era.

     Ahí fue cuando se ella dio cuenta de sus verdaderos
sentimientos. Él los escondía bajo la pasión animal y el apenas
desatado salvajismo de un macho dominante, pero se veía en lo
profundo de su corazón al igual que veía en lo más profundo de su
mente.

    Siena cerró los ojos cuando su cuerpo aceptó su urgente
invasión, sintiéndose intensamente viva y consciente, incluso
cuando sintió el entumecimiento que estaba empezando a entender.

    Elijah de repente desocupó su cuerpo, haciéndola jadear de
sorpresa al privarla de él en ese momento y en el momento en que
sus manos tiraron de ella como si fuese tan ligera como el aire.

    —Tengo que verte —gruñó en voz alta—, quiero tus ojos sobre
mí mientras estás perdida en tus pensamientos, gatita.

     Siena sintió que su pecho se hinchaba con indescriptible
emoción, más un poco de miedo, cuando la cubrió con su cálida
fuerza y se perdió en su mirada con la impecable vista que
chamuscaba en su alma. Se sumergió en ella más despacio esta vez,
decidido. Observando el placer que cubría toda su expresión cuando
lo aceptaba tan fácilmente con su cuerpo, y tan de mala gana con su
peligroso corazón.

     —Lo sabes. Lo veo, —dijo él pesadamente, susurrando contra
sus labios—. Lo siento, Siena.

    Siena sacudió enmudecida la cabeza, cerrando los ojos de modo
que pudiera esconderse de él. Pero no había donde ocultarse de
alguien que estaba tan relacionado con ella. Físicamente,
mentalmente, y todo lo que espiritualmente les había impedido
dejarles permanecer separados.

    —Elijah, sólo… sólo… quédate conmigo —le rogó ella—. Sólo
por ahora.
Y a causa del día, debido a cuán desesperadamente la
necesitaba, él no tenía otra opción excepto obedecer. Esto una vez le
permitiera retirarse tras los últimos muros que ella usaba para
separarlos.

     Él sabía que ella había leído su alma hace un momento, que
ahora entendía que estaba enamorado de ella y aquello era más de
lo que ella podía afrontar. El dolor de Elijah profundizó en él en
aquel momento de entendimiento, pero lo apartó con severidad. La
esperaría. Aún si le tomara cada momento de cada día durante el
resto de su existencia, esperaría su corazón. Y eso fue lo único que le
impidió romperse emocionalmente delante de ella.

     Hizo a un lado los sentimientos que lo privaban de aliento y
voz, y se enfocó de nuevo en su dulce cuerpo. Si esta era la única
manera en que se permitiría aceptarle, entonces que así sea. Iba a
sacar ventaja de la intimidad. Por otra parte, no es que tuviera
elección.

     El guerrero se permitió a sí mismo perderse en la sensación
física de su rítmico abrazo y rodearlos uno al otro. Cambió sus
pensamientos a una pura necesidad sexual, eliminando el acceso a
su anhelante corazón, permitiéndole enterrar la cabeza bajo la arena
sólo un poco más.

     Su molesto miedo se evaporó rápidamente cuando él manipuló
su cuerpo tan hábilmente como manipulaba sus ocultos
pensamientos. Pronto estuvo perdido en la escarpada sensación de
ella cuando le abrazaba con más y más fuerza, la tensión de su
creciente necesidad estrangulándole felizmente. La culminación que
vino fue agridulce. Ella se encendió con un sonido de completa
satisfacción, su prieto cuerpo convulsionándose y arrastrándole bajo
su embrujado hechizo momentos más tarde.



    Los ojos de Elijah vagaron sobre la tallada piedra en el techo
encima de él, el patrón se perdía a través de ramificaciones de
escarpada seda blanca en una perdida X formándose a través del
dosel.

     A su lado, atrapando su brazo bajo el peso de su cuerpo, Siena
permanecía profunda y pacíficamente dormida. La había usado al
máximo, exorcizando sus emociones con una pasión física que la
había agotado. Pero no estaba hasta cerca de tan relajante reposo.
Mientras ella estaba en el único estado donde sus pensamientos
estarían resguardados, los sacó para examinarlos.

     Se liberó de ella fácilmente, al menos en el sentido físico, y se
sentó en el borde de la cama, dejando al frío del suelo filtrarse en sus
pies desnudos cuando se pasó los dedos por el despeinado pelo y el
áspero crecimiento de su barba de siete horas.

    Siete horas. Y en aquel tiempo todo su mundo se había
derrumbado sobre sí mismo.

     Elijah se levantó cuidadosamente, moviéndose despacio para
que el retiro de su peso no captara su inconsciente atención. Recogió
la ropa rápidamente y se vistió. No debería abandonarla. No debería
permitir que se despertara sin él a su lado. Pero necesitaba este
momento para sí mismo. Posiblemente volviese a su lado antes de
que lo notase, pero no podía quedarse allí ni un solo momento más,
observando su mirada tan malditamente hermosa y contenta
cuando él estaba en tal confusión.

     Necesitaba un oído sabio porque sabía que no tenía la sabiduría
para desmenuzar todo aquello solo. Estaba demasiado involucrado,
demasiado cerca. Y estaba demasiado dolido para ver con
objetividad.

     Y por una vez, se dio cuenta de que era un dolor al que no sería
tan fácil de sobrevivir como lo sería al de una herida física.

    No.

    Morir era mucho menos doloroso que un corazón herido.
CAPÍTULO 13



    Gideon     abrió los ojos apenas veinte minutos después de
haberse dormido. Los vidrios teñidos de las ventanas de la
habitación bloqueaban una gran parte de la luz del amanecer,
haciendo ver una lluvia de cálidos colores, preferibles a la molesta
luz blanca, y se ajustó a ella en segundos.
     Legna y él habían decidido pasar el día en la antigua residencia.
A diferencia de la vivienda en la corte de Siena, donde la gente iba y
venía constantemente durante las vacaciones, allí estaba asegurada
una absoluta y continua privacidad durante la noche de Samhaim.
No se habían quedado mucho en las acostumbradas festividades del
castillo con Noah y otros amigos, la urgencia de la noche
atrayéndolos rápidamente a la cama, como lo había hecho con Jacob,
Bella y otros que estaban Vinculados y los que no.
    Gideon había planeado dormir seguida y profundamente,
habiendo hecho el amor a su esposa, quien yacía en un profundo
sueño. Legna estaba extendida sobre él, exactamente como siempre
estaba, justamente de forma que hacía latir al corazón con
emociones profundamente arraigadas por ella.
     Pero algo lo había despertado, y mientras distraídamente
acariciaba el suave cabello, buscó algo de claridad acerca de lo que
lo había perturbado.
     En el momento en que se dio cuenta de quién se aproximaba a
la casa, Gideon apartó a Legna rápida y bruscamente de su cuerpo.
Ignoró la protesta adormilada, sacudiendo el cubrecama sobre ella
mientras tomaba la bata.
    El antiguo médico se detuvo en un momento característico de
poca indecisión. Luego alcanzó a Legna y cerró la mano sobre la
frente. Se sumergió en el cuerpo mentalmente, gastando energía
rápidamente en ella, mientras la manipulaba en una forma en la que
ningún otro podía hacerlo. Una vez que estuvo completamente
sumergida fuera del mundo el espíritu de ella, los pensamientos y
señales biológicas reprimidas, fueron casi inexistentes, la tomó en
los brazos y la arrastró a un estante oscilante para libros que
ocultaba el cuarto que había servido como habitación de meditación
durante siglos. Colocándola gentilmente en el suelo, dentro de la
habitación secreta, ni siquiera dedicó tiempo en besarla antes de
apartarse de ella, aunque era lo que más quería en ese momento,
más que cualquier cosa.
    Salió del cuarto y se apresuró al dormitorio. Tomó el
pasamanos, saltó sobre él y se dejó caer tres pisos al centro de la
escalera espiral.
     Aterrizó sobre los pies, permaneciendo en cuclillas, inclinando
la cabeza y alterando los sentidos hasta que fueron más agudos. No
tenía tiempo y no había tenido la posibilidad de proyectarse
astralmente a Noah y decirle dónde estaba Legna en caso...
    ... sólo en caso.
    —Te siento esperándome, médico.
    La voz estaba artificialmente aumentada en los pensamientos,
causándole un dolor notable. Se dio cuenta, entonces, exactamente
cuán poderoso se había vuelto el enemigo. Un Demon nunca antes
se había interesado por las artes oscuras aparte de un pentagrama.
Gideon nunca había esperado que tuviera ese efecto, ese realce
extraordinario de poder. Pero estaba corrompido al mismo tiempo,
podía sentirlo, olerlo, la oscura mancha se extendía profundamente
sobre el alma de Ruth mientras parpadeaba a la existencia con un
destello de una extraña luz oscura.
    Gideon se elevó en toda su altura, con los ojos entrecerrados
sobre la audaz perra que se había atrevido a amenazar su hogar y su
familia. Pero conservó la calma, como siempre. No había vivido más
de un milenio sin aprender que perder la cabeza con tus emociones
cuando se afrontaba una batalla, era una manera segura de firmar tu
propio certificado de defunción.
     —Ruth —saludó fríamente—. Ni siquiera tú puedes ser así de
loca.
Ruth no parecía estarle prestando atención. Estaba inclinando la
cabeza, alzando la vista al techo con curiosidad.
    —¿Durmiendo sin tu esposa en Samhaim? —Hizo un sonido de
tos—. ¿Se supone que debo creer que no está aquí? Tienes razón no
estoy tan loca.
    Los serenos ojos amarillos vagaron pensativamente sobre el
antiguo, la mirada claramente codiciosa. El exuberante cuerpo se
curvó, invitándolo en una forma que había sido alguna vez bastante
seductora, y todavía podía serlo si no hubiese escogido el camino al
que, en ese momento, se aferraba tan ávidamente. Pero era tan
ondulante como un reptil venenoso, y claramente tan mortal como
hermosa.
    —Alguna vez tuve el más terrible enamoramiento por ti —
confesó, con semblante divertido—. Eras tan poderoso. Y apuesto.
Bastante apuesto. —Deslizó una mano sobre una de las suaves
caderas, los movimientos obvios y practicados—. ¿Sabe tu
escondida esposa que estuvimos juntos una vez en Beltane?
    —Eso fue hace trescientos años —dijo Gideon, en tono neutral
como siempre—. Y si recuerdo, las mujeres eran algo escasas en
nuestra población entonces.
    Ruth se veía como si hubiese sido abofeteada, y en efecto lo
había sido. Pero un segundo después la cara llameó de indignación.
    —¡Cómo te atreves! —siseó—. ¡Lo disfrutaste bastante en aquel
tiempo! ¡Ni siquiera tú puedes negarlo!
     Gideon le dejó satisfacerse en la rabia. Intentaba mantenerse
enfocado en el poder que estaba fuera de las paredes de la casa,
reuniéndose demasiado rápido, incluso para su comodidad y
habilidades. Había estado en lo cierto en esconder a Legna de ellos.
Ruth nunca sería capaz de darse cuenta de qué había hecho con su
esposa, no era tan poderosa. Pero su compañera estaba vulnerable,
dejada arriba en un estado que simulaba la muerte a fin de
enmascarar su presencia. Si la condición no era revertida en una
hora, ella y el bebé estarían en un terrible peligro. Pero para
revivirla del trance, tenía que permanecer vivo y protegerla, salir
victorioso de ese encuentro.
Las probabilidades disminuían con cada nueva presencia que
sentía. Gideon era fuerte, pero no en contra de las posibilidades que
se hacían más pequeñas con cada minuto que pasaba. Debería
haberlo sabido mejor. Nunca debió haber llevado a Legna a un
territorio que Ruth podía descubrir con un poco de creatividad. Pero
había tiempo para las recriminaciones después.
    —Ruth ¿hay algún propósito, detrás de las visitas, además de
un paseo por la vereda de la memoria acerca de un rápido revolcón
tras algún arbusto al azar hace mucho tiempo? —Estrechó los
glaciales ojos plateados sobre ella—. Debe haberla, porque no
podrías ser tan estúpida como para tratar de atacarme.
     —Eso es exactamente lo que pretendo hacer. Soy más poderosa
de lo que podrías imaginar Gideon. Y no estoy sola.
    —Perdóname por decirlo pero no es como si no pudiera oler tu
peste desde un kilómetro. Estás corrupta, Ruth. Debes ser consciente
de que la fetidez de los demás ya no te afecta debido a eso.
     Gideon estaba alcanzando mentalmente el cuerpo de la Demon,
la fisiología, preparándose para manipularla hacia la muerte en
cuánto pudiera. Pero la química era problemática, confusa. Se estaba
transformando a niveles en los cuales ni siquiera era consciente. La
hacía ilegible, un rompecabezas que tomaría mucho tiempo para
descifrar.
    Ruth le dispensó aquella débil sonrisa otra vez, la que alcanzaba
demasiado la locura en sus ojos. Era una poderosa Demon Mental y
no había duda que estaba al tanto de sus intentos y de que estaba
atascado.
    —Sabes Gideon —dijo suavemente, acercándose tanto que tuvo
que luchar con la urgencia de alejarse del corrupto olor—. Pude ser
un rápido encuentro para ti, pero sé que ella no lo es. Tu bebé no
nato y ella. Y la encontraré, incluso si tengo que quemar la casa
desde la base para hacerlo.
    —Tendrás que pasar por encima de mi primero, traidora.
    —Ese es exactamente mi plan —reflexionó.
    —Entonces mejor llama a tus esbirros.
Gideon se movió tan rápidamente que tuvo la mano alrededor
de su garganta antes de que incluso pudiera anticipar los
movimientos. La estrelló en la pared más cercana un segundo
después, Gideon usó el dolor y la sorpresa para impedirle
concentrarse en las habilidades. Pero era una Anciano* y era
demasiado poderosa para ser mantenida a raya con trucos de
obstrucción por mucho tiempo. Así que el médico no perdió tiempo,
inmediatamente le cortó la entrada de aire y sangre al cerebro. Tuvo
arcadas, los ojos se ampliaron mientras examinaba la amenaza
mortal en los de él.
    —El problema —le murmuró, casi con voz de amante— es que
pierdes tiempo jactándote y vanagloriándote con charlas vacías.
Deberías haber atacado cuando pudiste.
    Mientras estrangulaba a la desertora Demon, se había extendido
por el perímetro de la casa, atrapando a los confiados nigromantes,
uno por uno, con la pura fuerza del poder y la voluntad, deteniendo
los negros corazones muertos en los pechos. Con todo el poder
mágico, los nigromantes aún eran frágiles como cualquier humano,
haciendo una tarea ridículamente fácil en muchos aspectos.
     Los otros, viendo a los camaradas caer inexplicablemente,
comenzaron a entrar en pánico y se apresuraron hacia la casa para
encontrar la fuente del daño a las filas antes de que pudiera
causarles más perjudicial. Estaban claramente impactados por la
facilidad con la que había realizado ese ataque. Una vez más, Ruth
no los había preparado para lo que les esperaba. Esta sería, quizás,
la única ventaja verdadera.
     Ruth se reagrupaba incluso mientras estrangulaba la conciencia
fuera de ella. Los ojos rodaron atrás mientras accedía al poder, y él
sintió el empuje dentro de la mente, la fuerza era impresionante e
imponente. Gideon estaba ciego por el dolor, la mano libre iba
reflexivamente a la cabeza mientras ella buscaba convertir el cerebro
en una pasta con el poder telequinético. Nunca había conocido a una
mujer telequinética antes, pero los Demon Mentales eran
relativamente nuevos para la especie y, envenenada como estaba,
podía ser una mutación poco natural. Le tomó toda la fortaleza
mental pelear contra ella, incluso así, sentía sangre goteando de la
nariz cuando ésta llenaba los presionados senos.
Cuando se vio forzado a apartar la atención de los otros,
invadieron la casa en minutos. La malvada multitud de mujeres se
cernía como arpías sin alas sobre el suelo, diciendo las palabras
corrompidas que traían delante los relámpagos eléctricos de poder
que usaban durante el ataque.
     Gideon dividió la atención. Golpeó a Ruth en la cara,
aturdiéndola con el empuje agudo de la palma a la delicada nariz.
Podía haberla matado con el golpe si hubiera estado más enfocado,
pero también estaba alcanzando a los usuarios mágicos, silenciando
a varios de ellos en un barrido de pensamiento, quitándoles los
medios verbales necesarios para acceder al poder, enviándolos a
estrellarse en el suelo.
    En otros infundió el pánico con la ceguera, otros con la sordera.
    Esto sólo le compró tiempo.
     Gideon sintió que algo lo golpeó, el pinchazo inequívoco de
dientes hundiéndose en la pantorrilla. Fue en ese momento cuando
dejó caer a una apenas consciente Ruth al suelo y giró para enfrentar
a la hija. La autómata estropeada que era la descendiente de Ruth,
Mary también era más poderosa. Gideon lo sintió. Lo aspiró cuando
el malvado olor se arremolinó hacia él. Arrojaba enjambres de
perros salvajes, lobos, y hasta serpientes venenosas en cada ventana
rota y entrada que podía, hasta serpientes enrolladas caían por la
chimenea y en las cenizas frías.
     Los animales no eran responsables de la imposición bajo la cual
los tenía Mary, así que Gideon se sintió dolido cuando tuvo que
alcanzar para romper el cuello del lobo que había enterrado los
dientes profundamente en la carne. Para el momento en el que se
giró, había docenas de ellos sobre él.
    Dientes como navajas de afeitar cortaban la carne desde todas
direcciones. Todo lo que pudo hacer fue cortar el dolor y la sangre,
mientras trataban de arrastrarlo hacia abajo, buscando acceso a la
garganta.
     Gideon consideró que tal vez había cometido un error al no
despertar a Legna permitiéndole la libertad a través de un escape.
Pero de nuevo, conocía demasiado a su amada esposa. Habría
insistido en estar a su espalda, luchando donde había nacido para
pelear. Y era exactamente por eso que había hecho lo que había
hecho. Prefería morir que verla herida o peor.
    Pero dejándola indefensa, podía ser eso a lo que la había
condenado.
    Gideon sólo podía hacer una cosa para salvarla.
    Aunque tomaría un médico muy talentoso para revertir el
trance en el que la había puesto, y aunque quizás no lo lograra debía
intentarlo.
    Gideon dejó de pelear y se proyectó astralmente al alba,
buscando a Noah mientras que las fuerzas que lo atacaban
comenzaban a arrastrarlo abajo.
    No fue siquiera consciente del repentino, violento, viento que
hizo a la casa estremecerse desde los cimientos a las vigas.



    Siena se despertó, el corazón le latía velozmente mientras la
cabeza sonaba con alarmas y se llenaba con rabia sangrienta.
    Se volteó rápidamente, buscando a Elijah con pánico y sintiendo
una horrible sensación de temor y desesperanza mientras la mano
subía por sabanas y mantas vacías.
     La había dejado, y tan seguramente como sabía eso, sabía que
estaba en problemas. Oh, estaba tratando de alejarla de forma
automática, a un nivel protector, pero no podía esconder la rabia y
el horror que lo inundaba por lo que fuera que veía.
    Cerró los ojos tratando de concentrarse, deseando de pronto
nunca haberlo dejado ir de su lado en primer lugar. Por lo que
Gideon le había dicho, si habían pasado juntos lo días desde la
caverna de Jinaeri, tenían un fuerte lazo mental, al punto en el que
vería a través de los ojos de él perfectamente.
     En el momento en el que pensó en Gideon, su imagen apareció
en la mente, pero estaba lavada por plateado y rojo.
    Sangre roja.
    Siena voló de la cama, transformándose en una Mujer Gato en
la marcha mientras volaba fuera de las habitaciones. Los guardias
estaban asustados de verla salir en una forma tan salvaje y en la
forma animal para comenzar.
     —¡Quiero a Anya en este momento! ¡Díganle que me encuentre
en la casa del embajador Demon con tropas inmediatamente!
    —Pero majestad...
    —¡No me cuestionen! ¡Háganlo inmediatamente!
     —Majestad es de día —respondió el guardia, aunque
claramente reacio a contradecirla otra vez.
    No lo culpaba. No había parecido haber dado un movimiento o
decisión muy racional en casi una semana. Pero eso... eso era algo
que ni siquiera podía pelear.
    Tuvo una súbita oleada de terror, lágrimas de frustración
quemaban detrás de los ojos. La mano fue al corazón como si
amenazara con salírsele del pecho. Elijah la necesitaba. También
Gideon necesitaba ayuda. Estaba segura de ello. Ambos estaban más
cerca del corazón de lo que estaba dispuesta a admitir y, ahora
cuando la necesitaban, estaba completamente indefensa para
ayudarles.
    El sol.
    Una estrella, tres veces maldita, cientos de kilómetros lejos, y
aún eso le impedía ir al lado de Elijah.
    —Su Majestad recuerda que es Samhaim —le interrumpió
gentilmente—. El embajador y su compañera asistirán a las
funciones de su propia corte para las vacaciones y dijeron que no
volverían hasta esta noche.
    ¡Aún peor! Eso quería decir que estaban en Inglaterra. Miles de
kilómetros lejos de la provincia Rusa en la que moraban los
Licántropos. Tan rápida como era, nunca podría ser así de veloz.
Estaría forzada a usar las comodidades humanas modernas que
tardarían horas a pesar de la gran velocidad.
     Siena de pronto deseó que la corte estuviese llena de Demons.
Alguno de ellos, especialmente los de la Mente, quienes podían
teletransportarse, podrían llevarla a donde lo necesitara en un
segundo.
     Por primera vez en la vida, Siena sintió verdaderamente las
limitaciones de la especie y las habilidades personales. Oh, se había
sentido algo indefensa durante el régimen de su padre, pero al
menos entonces, se las había arreglado para mantener un reinado
justo mientras trataba de conquistar enemigos invencibles. Eso era
algo totalmente diferente.
    Pero Siena rehusó rendirse.
    —Encuentra un corredor mestizo y envíalo a Anya. Dile que
reúna sólo tropas mestizas. Al menos no se ven afectados por la luz
del sol. Y por una vez daría todas las formas por poder decir lo
mismo. El tiempo es esencial, ¡así que irás inmediatamente!
¡Muévete!
     Esa vez no hubo disputa. La mujer Minotauro corrió, dejando
atrás a su perpleja contraparte masculina. Trataba de echar un
vistazo en el dormitorio tras él tan discretamente como podía.
    —¿Qué es lo que está mal mi señora?
     —Mi compañero está en peligro. Un peligro terrible —explicó,
las manos se deslizaban ansiosamente por el peludo estómago,
claramente sin importarle lo que el guardia pensara acerca del hecho
de que el compañero debería haber estado en cama con ella durante
el día de su boda—. Y está tan lejos. Necesito ayudarlo, Synnoro.
¡No puedo perderlo así! ¡No porque no pueda alcanzarlo por el
maldito sol! —La reina dio un par de cortos pasos—. Diosa por
favor —rezó suavemente, cerrando los ojos mientras trataba de
pensar—, ¡por favor ayúdame!
    —Mi señora ¿qué hay de Myriad?
    Siena se detuvo de pronto, los ojos ensanchándose.
     Myriad. La mestiza de la corte de Noah, quién actuaba el rol de
embajadora para el Rey Demon. No había tecnologías en la casa de
un Demon, pero, no estando dispuesta a dejar tales lujos humanos
porque la química de los demonios los hicieran funcionar mal,
algunas veces peligrosamente, Myriad había escogido vivir en una
villa un par de kilómetros lejos del castillo de Noah y de las
influencias dañinas de los Demons que constantemente iban y
venían allí.
     —Tiene un teléfono —murmuró Siena, la esperanza
repentinamente llameaba en el pecho—. ¡Synnoro! ¡Tiene un
teléfono!
     Siena olvidó la etiqueta y los rangos y saltó lanzando las armas
del peludo guardia alrededor, dándole un ruidoso beso en la mejilla
antes de golpear el suelo a la carrera. El castillo había sido
despojado de la tecnología cuando Gideon y Legna habían llegado,
todo desde iluminación hasta comunicaciones habían sido
restaurados en el castillo al estado original durante los cinco años de
cautiverio de Gideon entre ellos. Pero Anya tenía un teléfono en la
residencia, Siena nunca pensó que estaría tan agradecida por una
simple comodidad.
    Todo lo que necesitaba era alcanzarlo lo más rápido posible.



    Noah se despertó desorientado con una sacudida, la repentina
ráfaga de energía cercana y extraña se filtró en los sentidos. Abrió
los ojos para ver a la Licántropo mestiza parada cerca de él,
alcanzándolo como si fuera a tocarlo. Instintivamente, la mano se
extendió y agarró la muñeca más cercana, halando a la mujer de
pelaje negro de rodillas al lado de la cama.
    —Mejor que tengas una buena explicación para estar en mi
habitación sin haber sido invitada, embajador —la amenazó,
sentándose mientras doblaba la mano cautiva adelante.
     La habitación estaba atenuada por sombras dibujadas y
cortinas, y los ojos eran amarillos en lo oscuro, más claro que en el
gas o en una luz de antorcha. Era misteriosa la vista de ella
contemplándolo sin pestañear. Le había dicho que, de haber sido
pura, habría sido alguna clase de perro salvaje o lobo. Lo mostraba
claramente los ojos en ese momento.
    —Su Capitán Guerrero y su doctor están en problemas. Mi reina
pensó que quizás querría saberlo.
   Noah estuvo sobre los pies en un instante, liberando a Myriad
mientras alcanzaba la ropa.
—¡Explícate! —demandó, sin molestarse en perder tiempo con
disculpas.
   —Dice que Elijah está en donde quiera que esté Gideon, y que
ambos están en un terrible peligro.
    —Pensé que Elijah estaba con Siena anoche, Gideon dijo...
    —Aparentemente dejó la cama mientras estaba durmiendo. No
pienso que sea sabio cuestionar ese hecho a mi Reina.
     Noah miró a la enigmática morena, levantando una esquina de
la boca mientras metía la camisa en los vaqueros.
    —Una sabia decisión.
     —Sin duda —estuvo de acuerdo con el fácil humor que la había
ayudado a ganarse a muchos Demons cabezas duras, esos meses
pasados. Siena había probado ser mucho más que sabia enviando a
esa robusta mujer mestiza a él de su parte. Tenía el temperamento
perfecto para hacer amigos y, claramente, nunca mantenía rencor
más allá de un momento.
    —¿Puedes acompañarme?
    —El sol no me afecta. Estoy a su servicio.
    —Bien. Tenemos que hallar a alguien que pueda avisar a Jacob
y a los otros. Tengo un terrible presentimiento de que vamos a
necesitar ayuda.
     —Y Siena. Pedirá nuestras cabezas si no la llevamos también —
insistió Myriad.
    —¡De acuerdo!
CAPÍTULO 14


    Si había una naturaleza de las cosas que Noah conocía con
perfecta claridad e instinto, era el humo y el fuego.
     Mientras se acercaban al hogar de la familia, podía oler y sentir
los dos.
     El terror inundó a Noah mientras subía la cumbre de la
montaña, arrastrándose a sí mismo y al híbrido fuera del humo y
tomando forma sólida. Lo único que podía ver de la casa era el
humo y las llamas que salían a montones, rugiendo por los huecos
de los cristales rotos. Todo lo que no estaba hecho de piedra ardía
fácil y salvajemente a causa de su edad y la riqueza del combustible.
    —¡Legna!
    Noah liberó el poder y se hizo con las llamas que quemaban la
estructura. El contragolpe caliente que le siguió, mientras
succionaba violentamente la energía del fuego en sí mismo, hizo
volar literalmente a Myriad. Aterrizó a unos diez pies en el césped
carbonizado, sacudiendo la cabeza mientras trataba de restablecer
su vapuleado cerebro. Otra vez, lo tomó con entereza, sin molestarse
en quitarse el polvo mientras trepaba detrás del Rey Demon.
    Mientras corrían, los Demons empezaron a aparecer alrededor
de ellos. Por muchas veces que lo viera, Myriad juró que nunca se
acostumbraría a la brusquedad de la teletrasportación de los
Demons. Claramente los Demons Mentales con los que Noah había
contactado trabajaban horas extras para traerles refuerzos. A ellos.
Los Ejecutores brillaban tomando forma, guerreros variados que
despertaban rápidamente.
    Noah tuvo que chocar contra la carbonizada puerta principal,
patinando por el suelo apenas equilibrado, cuando la atravesó
disparado. Cayó en un momento raro de dificultad, el hollín y los
escombros fundidos se deslizaban bajo los pies. La caída le llevó
cara a cara con un cuerpo y de repente se encontró mirando a los
plateados ojos abiertos y vacíos del cuñado.
—Gideon...
     La sorpresa estaba escrita por todas partes, en la voz y en la
cara. Se puso de rodillas y se inclinó sobre el marido de la hermana,
sintiendo el pulso. Noah nunca había conocido tal temor como en
ese horrible momento. Ni siquiera cuando había visto el cuerpo
violado de su madre muerta se permitió sentir tal debilidad, tal
emoción paralizadora, debilitadora. Se había forzado a ser fuerte
entonces, en consideración a Legna, porque ella había sido un bebé
cuando vio a su madre en ese estado. Pero eso lo sentía y lo sentía
profundamente. Justo como Legna lo haría…
    —¡Legna!
    La cabeza de Noah se movió violentamente alrededor mientras
se extendía, gritando mentalmente por ella, pidiéndole que
respondiera y buscando con todo el poder la firma de energía.
    —¡Legna!
    Jacob e Isabella entraron corriendo en la casa semidestruida.
Isabella gritó de desesperación cuando vio la forma sin vida de
Gideon. Pero fue apartada rudamente cuando Siena entró en la casa
y se movió para ver lo que había horrorizado tanto a todos como
para pararse inmóviles.
    —¡Gideon! —jadeó la Reina, dejándose caer rápidamente al lado
de su viejo amigo.
   No podía estar muerto. ¡Era demasiado viejo, demasiado
poderoso! Si estaba muerto, eso significaba que Elijah...
    Siena apartó el pensamiento violentamente, estirándose hacia la
garganta de Gideon mientras Noah se ponía de pie y subía la
escalera corriendo tres a cuatro escalones a la vez.
    —¿Está…? —Se atrevió Bella a empezar a preguntar.
    —¡Necesitamos a un médico aquí dentro! —chilló Siena, la voz
resonó en la casa desolada—. ¿Dónde está Elijah?
    —¿Elijah? —demandó Jacob—. ¿Elijah está aquí?
    —Sí, está aquí en algún lugar. Lo sentí cuando desperté antes.
Es lo que nos dirigió aquí. Sé que está aquí. ¿Dónde está? —
preguntó Siena urgentemente, poniéndose de pie y mirando por
todas partes en busca de signos de su nuevo marido. Respiraba con
bastante dificultad para hiperventilarse, tosiendo entre el humo
residual que se filtraba por el cuarto. Buscó en los pensamientos y
en el alma por cualquier signo de Elijah, la poderosa presencia de
repente vacía en la conciencia, nublada por el pánico.
    Jacob e Isabella tomaron la posición que ella abandonó sobre
Gideon e Isabella jadeó cuando se dio cuenta que se acababa de
arrodillar en una piscina de Antigua sangre. Más cerca ahora, bajo la
ropa y el hollín carbonizados del humo, vio que estaba herido
severamente, quemado y también mordido, la carne rasgada como
si hubiera sido atacado brutalmente por una manada de animales
salvajes.
    —Fueron animales. Perros, lobos, y serpientes. ¡Serpientes
venenosas! —siseó Jacob.
    Jacob, el rastreador final, se giró sobre la mano débil de Gideon,
sacando varios mechones rubios de pelo largo de entre los dedos.
    Un Anciano Demon Corpóreo, médico en el cuerpo de
guerreros, se apresuró a la casa, seguido de cerca por una media
docena de guerreros, que empezaron a buscar por la casa. El médico
se unió a Bella y Jacob, posando las manos en el Antiguo Demon.
    —Está muerto —murmuró—. Pero sólo hace muy poco.
Retroceded.
    Los Ejecutores obedecieron, dejando al médico hacer lo que
pudiera en paz, el sentido del deber disparándose por las mentes
unidas.
    —Ruth —dijo Jacob innecesariamente, frotando los finos
cabellos rubios entre los dedos apretados.
    El nombre atrajo la plena atención de Siena.
    —¿Ruth? —No había nada excepto rabia y dolor en los ojos de
la Reina mientras repetía el maldito nombre—. ¿Esa puta hizo esto?
    Furiosa, la Reina de los Licántropos hizo un sonido bajo y
peligroso. Todo lo que podía recordar era como de repente había
encontrado primero a Elijah, sangrando, en agonía, y cerca del fin de
la mortalidad a causa del último encuentro con la hembra Demon
que había traicionado a los de su clase. Conducida a una cercana
locura emocional, apenas reconoció el rastro débil de olor que iba a
la deriva hasta los sentidos.
    Entonces de repente levantó la cabeza, las orejas y los pelos del
bigote se le retorcieron. Estaba bastante a la vista, pocos de los
Demons presentes habían visto antes la forma Were, encontrando la
forma de gata con la lustrosa piel tan poderosa e intimidante como
sinceramente era, el temor salvaje y los signos biológicos de la raza
aparentes, incluso a aquellos que no sentían naturalmente tales
cosas. Jacob sabía, como lo sabía con cualquier criatura salvaje de la
naturaleza, que había captado el olor de lo que había estado
buscando.
    —Elijah —susurró Jacob.
    Siena gruñó medio grito de puma que hizo retroceder a los
guerreros. Los Licántropos eran una casta dura con la que no se
debía interferir, ni siquiera en tiempos de paz, y sabían darle mucho
espacio. Pero los Ejecutores la siguieron cuando salió corriendo por
la puerta con notable velocidad.
    —Va a matarse        —ladró     Jacob,   apresurándose   tras   la
inconsciente mujer.
    —¿Cómo…?
    —El sol —explicó Jacob a su compañera menos
experimentada—. Hace que su clase enferme. Los envenena. Es
fuerte, pero no tan fuerte. No hay ni una nube en el cielo o un árbol
para darle sombra.
    Pero Bella sabía lo que propulsaba a la Reina. Se había
arrodillado una vez en la sangre de Jacob, como lo había hecho en la
de Gideon hacía un momento, aterrorizada que estuviera a punto de
morir. En ese momento, nada la podía haber detenido a hacer todo
lo que hubiese podido pensar para desafiar al destino y salvarle la
vida. Había sido Gideon quien le había salvado entonces, pero en
ese momento era Gideon quien necesitaba ser salvado por las
milagrosas habilidades de Jacob. Pero ¿quién podía trabajar ese
milagro? Sólo había visto a Gideon realizar tales proezas.
El médico, en ese caso, no podía curarse a sí mismo.
    Jacob y Bella corrieron tras la Reina, pero estaba poseída por la
velocidad del gato que era. Sólo Jacob podía emparejarla, pero se
negaba a dejar Bella atrás, en esa situación peligrosa.
    Siena rompió sobre el césped a la carrera, pero esa velocidad
dejó atrás visiblemente a los perseguidores cuando comenzó el
galope. Se dirigía a una lejana línea de árboles cuando los andares se
acortaron, comenzaron a ser difíciles, a arrastrarse como si corriera
por un mar de agua en vez de aire.
    —Tengo que alcanzarla. Nunca lo logrará a la luz del sol —gritó
Jacob a su esposa.
    —¡Atrápala! Estoy bien —insistió, empujándolo por el hombro
para instarlo a la velocidad que era capaz.
     Siena estaba cegada por las lágrimas, inconsciente a las náuseas
y a la debilidad que se arrastraban por el cuerpo que luchaba como
si miles de garras la rompieran en pedazos, haciéndola lenta y
congelándola en una posición tan cerca del objetivo que necesitaba
alcanzar tan desesperadamente. La Reina cayó sobre sus propios
pies, chocando torpemente contra el suelo con una sacudida
dolorosa. El golpe contra el suelo parecía hacerla arder, los
frenéticos sollozos, atrapados en el interior hasta el frustrante
momento del impacto, cegándola mientras intentaba ponerse de pie
tambaleándose.
    Un grito ultrajado de terror salvaje resonó en el aire de la
mañana mientras luchaba por ponerse de pie, forzándose con manos
y pies y con cualquier otra parte de ella misma que la ayudara a
propulsarla hacia el objetivo.
     Siena alcanzó la línea de árboles apenas, mientras la forma de
Elijah se solidificaba de repente ante ella, tratando de detener el
frenético choque de su cuerpo propulsado. Estaba sobrepasado por
las emociones de su compañera que lo habían atraído allí, los
sentimientos de pena lo habían atraído como la guía de una baliza.
Estaba tan histérica por el pánico paralizante que no había oído ni
una sola cosa, ni sentido una sola emoción que había tratado de
comunicarle para calmarla.
Chocaron el uno con el otro cuando finalmente lo alcanzó, abrió
los brazos, la levantó sosteniéndola mientras ella se tiraba con
torpeza contra su cuerpo. Se apretó contra él una y otra vez,
forzándolo a sostenerla fuertemente para evitar dañarlos a ambos en
la desesperación. Estaba tan fuera de sí mientras se agarraba a su
cuerpo que los pies se levantaron del suelo, sus brazos casi lo
estrangularon. Lo sostuvo como si el mundo terminara y necesitara
encontrar el día del juicio final con él, dentro de su cuerpo, o dentro
de su alma, lo que fuera que pudiera alcanzar con todo su esfuerzo.
     Sus garras se retractaron por seguridad cuando se estiró hacia
su cara, acunándola con desesperación mientras las lágrimas caían
por su cara cubierta de pelo y goteaban sobre él, los labios suaves
temblaban con sollozos mientras le besaba. Ni siquiera podía
respirar de tan trastornada que estaba, las yemas de sus dedos
inspeccionaban frenéticamente el cuerpo quemado y herido. Eran
marcas de batalla solamente, no mortales, dado que esa vez la
sorpresa al correr hacia la manada de usuarios de magia en Gideon
había sido aumentada por el hecho de que el área abierta le había
dado aviso visual. De hecho, había sido el único en sorprenderlos.
Había luchado contra ellos, persiguiéndolos en los bosques,
cogiéndolos de uno en uno con granizo, relámpagos y con vientos
huracanados que soplaron más allá de cualquier defensa que
trataron de tirarle.
    Sólo terminó cuando sintió la llegada de Siena y sumamente
asustada y apenada. No se había dado cuenta que había despertado
hasta que se acercó. Había pensado erróneamente que entre los
esfuerzos y el estado durmiente, se quedaría felizmente ignorante
del peligro que estaba enfrentando.
    —Consigue a un médico —sollozó ella, jadeando las palabras
mientras el terror y dolor continuaban abrumándola en cuerpo y
alma—. Consigue un médico. Por favor. ¡Diosa, por favor! ¡No te
quedes aquí! —chilló a Jacob que por fin les había alcanzado
jadeantemente a ella y a Elijah—. ¡Consíguele un médico!
     Siena cayó, sin ver que Bella también les había alcanzado,
doblándose duramente con una punzada en el costado. La Reina
estaba perdida en las emociones que la golpeaban, el cuerpo volvió
a la forma humana mientras perdía toda fuerza y enterraba la cara y
los dedos en la camisa achicharrada de Elijah y en su quemado
pecho.
    —¡Siena! —Elijah asió los brazos y la sacudió—. Cálmate, gatita.
¡No estoy herido!
     Pero cuando intentó que recuperara los sentidos, sintió que el
cuerpo se tambaleaba sin fuerzas en el agarre. La cabeza cayó
débilmente mientras la fuerza parecía abandonarla con la
brusquedad de una herida mortal. Oyó el jadeo de Bella y con el
rabillo del ojo, fue consciente que se cubría, con la mano, la boca
abierta con horror. La Ejecutora estaba cerca de las lágrimas
mientras, ella como la Reina, se desplomaba tan rápida y
duramente. Elijah tuvo que moverse con los reflejos del viento,
cambiando el agarre para sostenerla, evitando que cayera como una
piedra. Las manos que trataban de asir la camisa de Elijah estaban
flojas, los ojos dorados cerrados a medias mientras retrocedían en la
cabeza.
     —¡Siena! —Elijah se inclinó para levantarla en los brazos, pero
era como un lastre ahora, el cuerpo de repente rígido por un ataque
que hacía imposible hacer algo excepto seguirla hacia abajo, al suelo.
     La peor parte de aquello fue cuando la mente se quedó
completamente en blanco de su presencia. Elijah nunca había
conocido tal temor como el que sintió cuando pareció desocupar su
alma tan repentinamente. Ni siquiera cuando había encarado su
propia muerte, hacía una semana, había conocido esa clase de terror.
El silencio repentino después que tanto dolor y pánico le rasgaron,
dejándole con heridas abiertas en el espíritu, sobrepasó el dolor de
esas en el cuerpo en proporciones masivas.
    Entonces se forzó a mirar el cuerpo rígido de Siena y a liberar
onda tras onda de contorsiones musculares rígidas, la piel se
desteñía del oro al gris con manchas rojas, los dientes apretados
rasgaron la lengua así que la boca se llenó de sangre que se esparció
sobre la cara y en el pelo flojo.
    —¡No! ¡Siena, no hagas esto! —gritó Elijah mientras se agachaba
sobre ella, sosteniéndole la cabeza que se convulsionaba entre las
manos en un esfuerzo por evitar que se hiriera a sí misma con las
rocas y restos del bosque dispersos debajo de ella.
—Tenemos que sacarla del sol, Elijah. Se está matando —ordenó
Jacob, posó una fuerte mano en el hombro del guerrero para
intentarlo y atraer la atención.
    —Espera —dijo Bella, instando suavemente a su marido a un
lado mientras se acercaba a Siena—. Puedo absorber el poder. Si
funciona como lo hizo en Legna cuando fue Convocada, la debilidad
del sol desaparecerá como lo hizo la vulnerabilidad de Legna al
pentagrama. La podría mantener tan a salvo como estuvo Legna. Te
dará el tiempo que necesitas para llevarla a la seguridad sin permitir
que el envenenamiento avance más por la exposición continuada.
     —¡Bella, no! —advirtió Jacob, tratando de asirla para pararla.
Pero su compañera le apartó la mano, girando los deslumbrantes
ojos violetas hacia él—. ¡Maldita sea, Bella, no tienes ni idea de lo le
harás o ti misma si haces eso! ¡Deja de luchar contra mí cada vez que
intento protegerte!
     —¿Preferirías que la dejara morir? —preguntó—. ¿Debo
permitir que alguien a quien quiero como un hermano, quién me ha
tratado como familia desde el día en que llegué entre vosotros, a
pesar de las condenas de los otros, sea privado de su alma gemela?
¿Debo protegerme y permitir que toda la gente sea privada de la
Reina?
     —¡No al coste de mi alma gemela, Bella! —Respiraba con
dificultad, bordeando hacia una volátil alarma, una condición a la
que no era propenso a menos que la seguridad de ella estuviera en
juego—. No sabes lo que ocurrirá si hace eso. Podrías acabar de
matarla —discutió Jacob, las manos apretadas a los costados
mientras se forzaba a no estirarse a por ella otra vez—, o a ti.
     —La posibilidad de la muerte es un riesgo que todos nosotros
tomamos en el minuto en que despertamos por la tarde. Mi
seguridad está en riesgo cada vez que te acompaño para destruir al
Transformado o a rastrear a los que necesitan ejecución. No dijiste
nada entonces, así que no lo hagas ahora. —Bella concentró la
atención en la hembra Licántropo, sintiendo la mirada frenética de
Elijah en ella—. Retroceded. No sé como estrechar mis capacidades
todavía. No necesito atraeros a esto.
—Toda razón de más por la que no deberías hacer esto —dijo
bruscamente Jacob, perdiendo toda conciencia de nada excepto de la
seguridad que se clavaba en él sin descanso.
     —Bien, entonces permanece donde estas. Voy a hacer esto con o
sin tu cooperación, Jacob —dijo valientemente, con determinación
en la voz y en el conjunto de la terca mandíbula, acabando con la
discusión—. Sin esto sólo es más largo.
     Elijah decidió de repente por todos. Se puso de pie y alcanzó
físicamente a Jacob para echarlo hacia atrás, lejos de ambas mujeres.
El Ejecutor apartó la mano del guerrero, los ojos oscuros llameaban
con indignación porque el Capitán intentaría la mano dura para
proteger a su compañera.
     —Muévete atrás o te moveré, Jacob —siseó el guerrero,
comprendiendo que la sugerencia de Bella era la más rápida, la
acción más plausible para parar la agonía de Siena. Si hubiera
intentado llevarla al refugio, probablemente habría muerto por la
exposición continua a la luz del sol antes de alcanzar el objetivo. Ya
estaba sintiendo el obstáculo del letargo que afectaba a los de su
clase al sol, a pesar de la propia fuerza para resistir esas condiciones.
     Jacob podía haber sostenido la posición, pero había sido una
invitación clara a un altercado. Ganado por votación, se retiró y dio
a Bella el espacio que había solicitado. La única otra solución habría
sido para cada hombre afirmar la necesidad de proteger a su
compañera por encima de la violencia del otro. A pesar de las
emociones volátiles implicadas, no merecía la pena el precio que
pagarían por eso.
     Sintiendo a su marido mirándola mentalmente así como con
visible ansiedad, la Druida respiró hondo y cerró los ojos. Se estiró
hacia la piel desnuda de Siena con dedos tentativos, más para
enfocarse que por cualquier otra razón, y buscó dentro de ella para
liberar el poder que había yacido aprisionado profundamente en su
cuerpo durante tanto tiempo. Bella no había soltado ese poder del
control represivo desde que había sido atacada hacía seis meses por
Ruth y su hermandad.
    Así que cuando estalló a la vida, lo hizo con un remolino visible
que empujó todo como un viento artificial, haciendo que los árboles
se doblaran con fuertes crujidos de ramas, las hojas y las hierbas
soplaban y se dispersaban en una marea circular a partir de la
Druida. Jacob sentía que el corazón le saltaba por la garganta.
Nunca la había visto emanar así antes. Generalmente la de Bella era
una capacidad invisible e imperceptible que desangraba
insidiosamente a los Nightwalkers de los dones innatos. Lo
aterrorizaba ver volar todo alrededor de ella con violencia
repentina.
     Un minuto más tarde, la ola golpeó a ambos hombres, aún en la
distancia de varias yardas. Los propulsó en el aire, golpeándolos
contra el suelo de repente, al mismo tiempo que toda la capacidad
de los cuerpos elementales era succionada fuera de ellos en un latido
del corazón.
    Al mismo tiempo, Bella robó a Siena toda la naturaleza innata
desde la de cambiante a la de la sensibilidad al sol que traía consigo.
Desafortunadamente, Jacob también recordó poco después que Bella
no sólo apagaba las capacidades innatas de los Nightwalkers, sino
que tomaba todas las características.
     Bella cayó sobre el trasero cuando todo el poder que acababa de
invitar en ella misma la golpeó duramente. De repente el viento se
levantó y comenzó a azotarlos a todos. Entonces el césped comenzó
a crecer de forma frenética, llegando a ser, en un latido del corazón,
una masa enredada de hojas. Demasiado, las excesivas,
considerablemente poderosas capacidades que había robado de
ellos, también estaban fuera de control. Y cuando Siena, cayó por
último en una pérdida relajada del conocimiento, el pelo de Bella
comenzó a esparcirse, formando una piel negra y sedosa por todas
partes del cuerpo.
     —¡Maldita sea! —ladró Jacob, tambaleándose bajo la presión de
una notable debilidad, el poder del cual nunca sintió antes. Dio
bandazos sobre la mujer justo cuando la forma comenzaba a mutar
dolorosamente, el cuerpo medio—humano nunca pensó en alterarse
de tales maneras. Un minuto lo miraba con ojos abiertos de sorpresa,
al siguiente era un jaguar de ojos violetas, luchando por contonearse
fuera de los límites de los vaqueros, camiseta y ropa interior.
   —¡Bella! ¡Cálmate! —dijo Jacob mientras se estiraba hacia la
mente al nivel de una compañera vinculada y una criatura de la
Tierra que podía encantar a cualquier animal en el que pusiera la
mente. Trabajó para liberar rápidamente al gato inmenso de la ropa
en la que estaba atrapado, mirando con verdadero sobrecogimiento
como esos ojos tan sorprendentemente familiares para él de repente
no parecían conocerlo.
     Sabía que podía absorber y utilizar los poderes Demon, pero
nunca pensó que lo mismo se aplicaría a los poderes de Licántropo.
Pensaba, hasta hacía un momento, que la capacidad de cambiar de
forma había sido tan natural como un latido del corazón para Siena,
algo que Bella no podía pedir prestado ni podía robar ni podía
utilizar para ella misma de ninguna manera.
    Pero estaba claramente equivocado. E incluso, aunque esa era el
área experta de Gideon, incluso el médico nunca había visto nada
como las capacidades de Bella antes que llegara hacía un año. Eso
era nuevo para todos y ninguno debería subestimar esos poderes
híbridos. Así que tuvo cuidado mientras intentaba calmarla. Pero se
dio cuenta rápidamente que el poder de encantar había sido robado
junto con todo lo demás y que todo lo que tenía era la conexión de
alma gemela con su alma gemela.
    Elijah movió al ahora totalmente cuerpo flojo de Siena,
levantándola apresuradamente del suelo y fuera del alcance del
imprevisible peligro de la situación. Bella había logrado el objetivo
sin embargo, y Elijah lo sabía en algún nivel interior del espíritu.
Siena estaba horriblemente enferma, pero el pequeño acto valiente
de la Druida había parado efectivamente la vulnerabilidad a más
daño.
     El Capitán Guerrero encontró los ojos de Jacob brevemente,
lleno de disculpas, y entonces se giró y volvió rápidamente hacia el
hogar de Gideon con la débil carga, dejando a Jacob para que
manejara a la alterada compañera. Sin los poderes, no había nada
que Elijah pudiera hacer en todo caso. Era mejor dejarlos solos.
Poderes o no, Jacob sabía más acerca de tratar con animales que
ninguno entre ellos.



    Noah era quizás el único que podía haber encontrado a Legna
en el presente estado, y la única razón que lo hiciera era a causa del
calor residual del cuerpo. Pero ya estaba casi fría al toque cuando la
levantó del suelo. Supo inmediatamente que eso era acción de
Gideon. Podía presentir los vestigios de la energía residual del
Antiguo en ella. Y también comprendió que lo había hecho para
protegerla, para evitar que arriesgara el cuello en una situación que
había sido claramente desesperada y peligrosa hasta el grado que el
resultado había sido que casi habían matado a un Antiguo.
    Noah también sabía que su hermana se moría. Sentía que lo que
quedaba de la fuerza de vida se desvanecía mientras se apresuraba
fuera de la sala y hacia abajo por la escalera para encontrar a los
médicos. Desafortunadamente, había sólo uno presente y tenía las
manos llenas con Gideon.
     Noah ordenó a un Demon Mental que trajera más ayuda, luego
colocó a la hermana en el suelo, fuera de la casa carbonizada. Trató
de concentrarse, apartando el temor que le arañaba el alma. Le
cubrió el corazón y el plexo solar con las manos, buscando la
desvanecida fuente de vida y energía. Comenzó a alimentar el
suministro agotado, lentamente, cuidadoso con la chispa de vida
que también se desvanecía del hijo. Quizás era porque era de su
propia sangre, o solamente por la fuerza de la testarudez, pero
comenzó a calentarse, a ruborizarse con energía, con signos
verdaderos de vida. El alivio momentáneo fue profundo. Por lo
menos podía mantener el estado. Aunque no podía invertir el efecto,
fue suficiente hasta que pudiera encontrar a otros lo suficientemente
hábiles para hacerlo.
    Elijah gritó por ayuda, atrayendo la atención de varios
guerreros que se apresuraron a su lado, ansiosos por ser de
cualquier ayuda.
    —¡Necesito un médico!



    Elijah se empujó a la casa y por primera vez vio la destrucción
que había sido infligida sobre ella y sobre los habitantes. Había
perseguido a los agresores que habían huido de la escena, sin tener
en cuenta que Gideon no podía manejar el resto por sí mismo. Ver a
un médico inclinado sobre el Antiguo dejó sin respiración al
Capitán.
El médico más joven alzó la mirada al superior, entonces se
levantó y se frotó las manos nerviosamente mientras se acercaba al
Demon de Viento.
    —Señor, no hay nada que podamos hacer por ella —informó
cuidadosamente—. Ni Gideon sabe cómo curar a un Licántropo.
   —No me digas eso —ordenó, colocando suavemente a la
compañera en un rincón oscuro antes girar para confrontar al otro
hombre duramente—. Tienes las habilidades básicas, algo que
puede cruzar especies, y harás lo que puedas.
    —Elijah…
    El nombre, dicho en voz ronca con un sonido áspero y un
barboteo, le hizo darse la vuelta rápidamente. Se dejó caer sobre las
rodillas, agarrándole la mano automáticamente mientras intentaba
que la garganta funcionara para ayudarla a hablar.
    —¿Qué puedo hacer, Siena? —preguntó, las doradas cejas se
curvaban con preocupación y pena.
    —No me dejes morir.
    —No. No lo harás. Te ayudaremos. —El tono era enojado y
frenético, ultrajado ante la sugerencia de la idea.
    —No…
    —Shh… —tranquilizó Elijah.
   —… dejes que muera… hasta que haya matado a esa puta
Demon.
    —Tú y yo —prometió con fiereza mientras Siena perdía el
conocimiento una vez más—. Tú y yo, querida gatita.



    Una vez que Elijah y Siena dejaron el área inmediata, Bella fue
privada de la fuente continua de poder, la capacidad de absorberlos
sin duda había sido abandonada mientras era gobernada por poco
más que instintos animales. Le permitían apagar la práctica y la
concentración, y como gata salvaje, no era probable que tuviera esa
concentración.
Así que pasaron varios minutos más hasta que su marido sintió
que los sentidos volvían a ella, y varios más antes de que el cuerpo
empezara a volver a la forma natural. El sedoso pelo negro cayó de
la piel mientras el poder que había absorbido de Siena se
derramaba. El acto le había costado, Jacob podía sentir cómo volvía
a la forma natural y se dejaba caer en un grueso cojín de crecido
césped, jadeando. Pero había conseguido a Elijah el tiempo
necesario para sacar a Siena del sol y Jacob sabía que eso era todo lo
que le importaría inmediatamente a Bella.
    Así que cuando abrió los ojos y lo vio inclinándose sobre ella
con clara preocupación e ira apenas reprimida, supo que había
tenido éxito, a pesar de no recordarlo.
    —Funcionó —suspiró ella.
     —Sí, podrías decir eso, si realmente lo estiras —dijo Jacob, el
tono era cortante porque había sido incapaz de ayudarle. El corazón
todavía latía violentamente por el susto de verla tan brutalmente
alterada y afectada.
    Jacob se estiró para acercarle la ropa, levantándola a una
posición sentada para poder deslizarle la camiseta sobre el cuerpo.
La cabeza descansó en el hombro mientras lo hacía.
     —Tienes una hija, Bella —dijo, la voz ronca con emoción
reprimida—. No puedes hacer estas cosas descuidadas,
arriesgándote así sin tomarla en consideración. Te necesita, incluso
más que yo, y sabes cuánto es eso. —Exhaló, estremeciéndose
mientras lo hacía, los oscuros ojos cerrándose con el tenso dolor—.
Debería retorcerte el cuello.
    —¿Y habrías querido que Siena hiciera menos si pudiera salvar
mi vida?
     La pregunta picó, calmando la ira con la verdad brutal. Los
movimientos frenéticos para vestirla se detuvieron y el ardor tras los
ojos, giró la cara hacia la seda negra del grueso cabello, inhalando el
perfume profundamente, con gratitud, mientras le cubría la nuca
con una tibia y posesiva mano.
No contestó verbalmente, pero el idioma de los gestos y
pensamientos era toda la respuesta que necesitó. Envolvió los
brazos alrededor de la cintura y lo abrazó apretadamente.
     —Ahora —susurró—, tenemos algunos rastreos que hacer,
cariño. No podemos permitir que esas personas continúen
hiriéndonos.
     —Lo haremos. Pronto. En este momento, necesitamos volver a
la casa para poder ayudar a Noah y Elijah, así tú podrás recuperar
alguna fuerza.
    No discutió. Sabía que podían recoger el rastro más tarde, y
también sabía que tenía razón acerca de cuan cansada estaba. La
desventaja de tal ráfaga de poder era el bajón que seguía
inmediatamente después.
    Pero como había notado hacía pocos días, sentía como si una
parte de la Reina Licántropo estuviera ahora sellada en la mente.
Apartó la comprensión, sin embargo, no deseaba trastornar a Jacob
más de lo que ella ya estaba.



    Arriba, en el castillo que el Rey Demon llamaba casa, Noah se
inclinaba contra el marco de la ventana del dormitorio de Legna, el
que había ocupado durante los trescientos años desde la niñez hasta
el día en se casó con Gideon hacía seis meses. El Rey miraba
fijamente sin ver a los jardines que se alargaban justo bajo él, los
recuerdos de esos años, de la influencia elegante, le atravesaban
como una resaca, arrastrando el corazón con la dolorosa repetición.
    Su hermana estaba rodeada de médicos, pero podía decir, por
las voces susurrantes, que todavía estaban tan confusos sobre la
condición, como lo habían estado hacía una hora. Si no fuera por la
habilidad para mantenerla en éxtasis, Legna hubiese estado muerta.
¿Qué infiernos había poseído a Gideon para escoger tal método
peligroso de enmascararla? ¡Había seguramente otras maneras,
maneras que no la habrían dejado en tal peligro!
    Noah cerró los ojos y exhaló.
Sabía que era injusto. En el momento en que Gideon quedara
inconsciente o muriera, cualquier otro hechizo de enmascaramiento
hubiera muerto con él y la habría dejado igualmente vulnerable. De
hecho, habría estado directamente muerta si no fuera por el hecho
de que había forzado a los enemigos a recurrir a la aleatoriedad de
un fuego, esperando que finalmente llegara a dondequiera que
estuviera escondida tan efectivamente.
    Noah se apartó de la ventana y apartó a uno de los médicos con
un casi áspero empujón de una mano sobre el hombro del hombre.
Miró brevemente a la comadrona enfrente de él que vigilaba al bebé
de Legna de cerca, y ella se retiró instantáneamente. Todo en lo que
posara la alarmantemente mirada autoritaria de un Rey,
generalmente tranquilo, los hacía responder rápidamente. Todos
sabían que no había nada más precioso para Noah que su hermana
más joven.
    Noah se inclinó sobre Legna, envolviendo una mano elegante
alrededor del cuello sin pulso mientras presionaba los labios en la
frente y comenzaba a cuchichearle.
     —Te perdoné por dejarme hace seis meses —murmuró,
alcanzándola con la mente y el corazón, utilizando toda la
concentración y fuerza de la vida larga y la familiaridad mental con
ella que había logrado bajo la tutela paciente durante siglos—. No te
permitiré hacerlo otra vez. No de esta manera. Vamos, hermanita,
despiértate para mí. Tienes el poder dentro de ti. Tienes a un niño
dentro de ti. No puedo creer que eso no signifique nada para tu
seguridad.
    Los ojos de Noah se cerraron mientras bajaba la frente para
descansar al lado de la cabeza en la almohada, hablándole
suavemente en la oreja.
    —Cuando Mamá murió, juré que vivirías para ser una Antigua,
niña, y no toleraré romper esa promesa. Regresa a mí. Yo…
     Tuvo que parar cuando la emoción le abrumó la voz. Intentó
respirar, pero no importaba cuan profundamente inhalara, no era
suficiente. Se moría de hambre por oxígeno en ese momento, y como
cualquier llama, se sentía extinguir.
—Te necesito —dijo por fin, la voz ronca y rasgada—. Si Gideon
sobrevive, te necesitará. El bebé… todos nosotros. Ahora eres el
Demon Mental femenino mayor de entre nosotros. ¿Quién sino tú
enseñará a los jóvenes? —Intentó otra vez inhalar un aliento
profundo y doloroso—. ¿Quién más —dijo, más suave que nunca—,
continuará enseñándome lo que me pierdo por no conocer el amor
que compartes con Gideon? El día que viva sin ti para enseñarme
como siempre lo haces, será el día en que olvidaré vivir.
     No nos dejes, rogó con todos los recursos de la mente, vertiendo
la emoción en ella. Gideon morirá sin ti. Nunca podrá soportarlo
sabiendo que al tratar de salvarte fue el instrumento de tu muerte. No lo
dejes con ese legado.
    Noah no tenía hechos en los que basar las tentativas para
alcanzarla, como no tenía pruebas de que tenían éxito en ayudar a
Legna de alguna manera. Pero continuó, incansablemente,
alimentándola con energía, emoción y cada razón convincente que
podía pensar para atraerla.



    Syreena y Anya estaban firmes a ambos lados de la puerta del
cuarto donde Siena estaba tendida. Elijah retrocedió lejos de la
cama, oculto en las oscuras sombras de las cortinas que evitaban que
entrara el sol. Los agregados femeninos miraban rápidamente con
inquietantes ojos de la Reina al Consorte y a los dos miembros de
The Pride, la mayoría sanadores consumados, tratando de tratar a la
Reina por el envenenamiento del sol.
    —Empieza a cubrirse de ampollas —les informó uno
suavemente.
     No era buena señal. Quería decir que había recibido el
equivalente de una dosis mortal de radiación. Los Monjes de The
Pride estaban en apuros para ayudarla a recuperarse del daño sin
efectos a largo plazo.
   —Lo harás lo mejor que puedas —les recordó Syreena, la voz de
monarca por primera vez en la vida.
    La orden fue quitada de la boca de Elijah, así que estrechó
especulativamente los pálidos ojos en la hermana de Siena. Su voz
habría tenido, sin duda, poca influencia en ese cuarto. No había
ganado ninguna autoridad ni lealtad de ellos todavía. Ni siquiera
había tenido la oportunidad. Le hizo relajarse un poco ver a Syreena
abogar tan poderosamente donde él no podía. Ahí fue cuando
comprendió que esas mujeres amaban a Siena tan profundamente
como él amaba a Noah, y por todas las mismas razones.
    —Qué pérdida… por un Demon.
    Anya se quedó inmóvil, ensanchó los ojos cuando las palabras
pasaron los labios del segundo Monje. Notablemente, no fue Elijah
quien reaccionó contra la observación ofensiva. En vez de eso, fue
en ese momento que Anya aprendió sinceramente cuán rápida era la
Princesa.
    Y cuán volátil podía ser.
     Antes de que cualquiera pudiese retorcerse, Syreena había
saltado sobre el Monje, agarrando todo el peso y cuerpo y sacándolo
de la cama con una sola mano alrededor de la garganta. Él graznó
por la sorpresa mientras lo golpeaba brutalmente contra la pared
más cercana. El resonar de la cabeza hizo respingar a Anya y jadear
por la sorpresa.
    Los ojos rojos de Syreena aguantaron los del hombre aturdido,
que una vez había sido uno de sus mentores.
    —Habla así otra vez en tu vida y te encontrarás tomando un
voto involuntario de silencio para el resto de tu existencia. —Apretó
el puño en la garganta para cerciorarse de que tenía la firme
atención—. Lo juro, Monje. Tendré tu lengua si lo haces otra vez.
Siena ha sacrificado todo por la paz, y nunca toleraré que nadie
menosprecie los esfuerzos de una manera tan irrespetuosa. ¿Me
hecho entender?
    —Niña, soltarás a tu hermano —le ordenó el segundo Monje,
empujando ese tono de autoridad que los padres utilizaban con los
jóvenes desobedientes.
   Todo lo que Anya pudo hacer fue mirar con extraña fascinación.
Nunca en la vida había considerado poner las manos en un
miembro de The Pride. De hecho, por ley, era un delito capital. No
había creído a Syreena capaz de tal cosa hasta que lo había visto
suceder ante los ojos.
     The Pride era tan antiguo y tan poderoso, que eran
considerados, aún por otras razas, como los últimos eruditos y los
combatientes más doctos. Sabían técnicas para luchar antiguas y
mortales, transmitidas entre ellos al igual que secretos bien
protegidos de generación en generación. Desafiar a uno era parecido
al suicidio, o así se lo habían dicho siempre antes.
     Y aparentemente Syreena había puesto mucha atención a las
lecciones en las categorías más mortales.
     Hasta entonces, Anya había marcado a la Princesa como
pacifista, más interesada en los estudios, las meditaciones y en la
posición como Consejera que en luchar o en unirse al programa de
entrenamiento que la Élite practicaba de una manera rigurosa,
diariamente. Ahora estaba bastante claro que era porque no
necesitaba practicar. Y más claro todavía, por la mirada en los ojos
del Monje atrapado bajo el agarre, era el hecho que incluso ese
docto, hombre de The Pride, no estaba dispuesto a luchar contra
ella, ni siquiera para protegerse.
    Eso le provocó un escalofrío por la espina dorsal.
   Todos temían el león, pero ¿qué se sentía hacia algo que daba
miedo, incluso al poderoso gato en lo alto de la cadena alimenticia?
     La mirada de Anya se movió rápidamente una vez más a la luz
trémula de los ojos verdes claros que miraban las acciones de la
Princesa con una calma notable y desapasionada. El respeto de
Anya por el guerrero subió unos pocos puntos mientras permitió
que Syreena lo tratara a su modo sin intervenir. Había asumido que
sería más insistente, más volátil y suplicado por las oportunidades
de altercado. Era alarmantemente ilustrativo darse cuenta que
estaba en un cuarto con dos criaturas de poder de las que sabía
demasiado poco.
    —Él no es más mi hermano de lo que tú eres, Konini.
    Syreena giró para mirar al otro Monje con ojos muy fríos, y
Anya fue sacudida una vez más por lo que vio en la expresión de la
Princesa. Era el genio inconfundible por el que la familia real había
sido trágicamente famosa durante todas esas generaciones. Siena
controlaba el suyo notablemente bien. Aparentemente Syreena lo
hacía también.
    Hasta ahora, por lo menos.
    —Cúrala, o responderás ante mí —siseó la Princesa.
     —No trabajo con amenazas —dijo serenamente el Monje,
claramente no comprendió que las maneras piadosas sólo lo metían
más profundamente en problemas—. Cesarás de esta violencia
insensata, hermana.
     Antes de que Anya pudiera parpadear, un Monje era liberado
para arrugarse en el suelo y el otro estaba entre los dedos de
Syreena en un peculiar agarre que la General de la Elite que nunca
había visto utilizarlo antes. Syreena utilizó el apalancamiento del
agarre para acercar la cara de Konini al semblante lleno de ampollas
de la paciente.
     —Lo que ves ante ti, Monje, es una verdadera hermana. Mi
única hermana. Mi único hermano. En el corazón, mi madre. Mejor la
salvas, porque si llego a ser Reina, conocerás no sólo mi ira, sino que
sospecho la ira de la gente de su esposo también. —Syreena echó un
vistazo como hizo el Monje con ojos abiertos por el miedo mientras
miraba el único rasgo del inmóvil Demon hombre que podía ver.
    Esos pálidos ojos resplandecían en la oscuridad.
    —Recuerda, Monje, que incluso sin la furia hay maneras en que
puedo destruir el precioso Pride. —Se inclinó más cerca para
susurrarle más ásperamente—. Te ruego que recuerdes cuán buena
y completa estudiante fui realmente, Konini. Y sé que sabes lo que
quiero decir, hermano.
    Lo soltó después de esa observación enigmática, y cayó en la
cama con torpeza, jadeando por respirar hasta que la cara púrpura
comenzó a volver a la normalidad. Para asombro adicional de Anya,
no discutió más, no amenazó castigo. Konini arrastró al compatriota
curador y lo puso de pie, apartando las manos cuando tocaron el
corte que la pared había dejado tras la cabeza. Miró
preocupadamente de los ojos rojos a los de jade con clara inquietud
y desasosiego.
Anya miró a Syreena marchar de vuelta a la posición de
protección con dos pasos y un giro que habría avergonzado a la
mayor parte del cuerpo de guerreros del General.
     —Advertí que dejaste el cuarto durante unos pocos minutos en
hace un momento, mestiza — observó con serenidad, ni mirando a
la otra mujer.
    —Yo… —Anya se aclaró la garganta—. Tenía sed —concordó,
sabiendo bastante bien que se deshidrataría antes que dejar a la
Reina desprotegida. Así como lo sabía Syreena—. Ha pasado… algo
inusual mientras estaba… um...
    —¿Fuera de la habitación? —incitó Syreena—. Ni una cosa.
    —Bien —Anya sonrió, una sonrisa divertida—. Bien.
    En la oscuridad, Anya podía jurar que oyó al guerrero estoico al
que la gente había temido durante siglos reírse entre dientes.



    Los médicos dejaron el cuarto de Gideon, permitiendo que la
naturaleza hiciera lo mejor posible. Habían hecho todo lo podían, y
estaba en la propia resistencia del Antiguo y en el Destino.
     Devolverle los signos vitales había sido bastante fácil. Por
mucho que fuera bastante pronto, un Anciano Demon Corpóreo
podía programar los propios signos vitales para hacerse con los de
la víctima, parecido al mecanismo bypass de persona a persona. El
Anciano tomaba los sistemas autonómicos dañados, trayendo a la
víctima instantáneamente de vuelta a la vida. Sin embargo, curar el
cuerpo lo bastante rápido y lo bastante para asumir por sí mismo
había sido el truco. Gideon había sufrido enormes daños en órganos
esenciales y una pérdida de sangre de la que pocos se podían
recuperar.
    Los médicos creyeron que era sólo la edad de Gideon lo que le
había salvado. Todo lo demás aparte, el sistema inmunológico
curativo era el más rápido del mundo. Lo único que no era capaz de
hacer era abastecer lo bastante rápidamente de nuevo el propio
suministro de sangre. Ni Gideon era capaz de hacer esas curaciones
profundas y complejas, mientras que, al alcance de algunos de los
Ancianos, faltaba la delicadeza artística por la perfección. Había sido
difícil resolver lo del veneno y la rabia, las bacterias y la médula
ósea, los coágulos y las cicatrices residuales que habían
contaminado los sistemas.
    Debía haber muerto. Quizás todavía muriera. Era sólo la
curación natural lo que podía salvarle de lo que sea que no habían
percibido o lo que habían creído era de la gama de habilidad.
    Las horas pasaban y la oscuridad barrió sobre el castillo, que se
duplicó como un hospital. Había guardias fuera de todas las
puertas, una mezcla de guerreros Demon y la Élite de los
Licántropos, era sorprendentemente inaudito. Más que eso, los
Licántropos no toleraban ningún argumento en las demandas de
proteger la puerta del Capitán de los Guerreros y su esposa ellos
mismos.
    Desconcertados por la orden de Noah de obedecer, los
guerreros lo hacían a pesar de la lealtad que los tentaba a
desobedecer la orden del Rey. El castillo estaba lleno de otras
fuerzas, la mayor parte al aire libre, protegiendo el perímetro. Noah
había dejado a su hermana para hablar con Corrine, que había sido
puesta al cuidado del bebé de su hermana. Sentándose junto al
consuelo del fuego, sosteniendo el bulto acogedor sobre el corazón,
Noah pudo permitirse soltar el dolor. No era un hombre
emocionalmente demostrativo en público, pero en la soledad del
momento, con sólo la niña sin nombre para presenciarlo, se permitió
estar en silencio total.
    El peso del pequeño bebé era lo único que evitaba que su
corazón se partiera.
CAPÍTULO 15


    En   la oscuridad de la recientemente caída noche, una figura
sigilosa se acercó con una velocidad imperceptible al perímetro
protegido de la casa del Rey Demon. Podría pasar a los guardias
completamente sin ser detectado, hasta ahora sus habilidades
estaban más allá de lo que podrían percibir, iba a ser capaz de
hacerlo con una facilidad casi irrisoria.
     Podía percibir a los ocupantes que había alrededor y dentro de
la fortaleza con sólo una mirada. El calor del cuerpo que
desprendían, aparecía como una luz de infrarrojo en su notable
vista. Conocía el enfriador, las gotas de calor más rosadas señalaban
a los Demons cuyas temperaturas corporales estaban unos grados
más frías que el resto. Había una humana en un cuarto alejado y, a
continuación, alrededor de una docena de seres que soportaban el
calor de color rojo brillante de los Licántropos. Era el que determinó
estaba en posición horizontal, el que atrajo su atención. Caminó más
allá del perímetro de guardias con una velocidad silenciosa,
saltando sigilosamente y con gran facilidad del suelo al balcón del
segundo piso que daba al cuarto.
    El Príncipe Vampiro dudó antes de abrir la puerta, dándose
cuenta de que alguien estaba en el cuarto, además de la Reina de los
Licántropos. Quienquiera que fuese, y él podía darse cuenta de que
de hecho era una hembra, estaba alerta a su deber. A juzgar por su
corazón, había notado la intrusión. El corazón latía tan ferozmente y
veloz, que la sangre circulaba casi demasiado rápido como para que
oxigenara las células.
    —Entre.
    Era un cuchicheo dicho con una respiración tan suave y
femenina, que al principio Damien pensó que había confundido el
desafío. Intrigado, el Príncipe realmente sonrió con anticipación,
mientras flotaba a través de la puerta de vidrio corrediza ya abierta,
cerniéndose un momento antes de descansar suavemente sobre el
suelo.
La vista del Vampiro era excelente en la oscuridad, incluso sin
usar las capacidades infrarrojas. Distinguió la silueta de una figura
claramente femenina. Estaba de pie, en una situación perfecta cerca
de una ventana, sin duda intencionadamente, permitiendo que la
luz de la luna la difuminara de tal forma que incluso con su
penetrante visión, vería sólo sombras.
    Pero no era sólo la curva lisa de la cadera y la frescura firme de
unas piernas femeninas bien torneadas, en relieve contra la luz
entrante. Un brazo colgaba recto a través de la longitud del cuerpo,
escondido tras la curva de la cadera, la pistola en su mano
parpadeaba con un destello niquelado, como si en cambio sostuviera
una estrella.
     —¿Balas? —Preguntó, la voz profunda y rica, forzándola contra
el evidente humor—. Una rareza en una casa de Demons.
   —No soy una Demon. —Señaló, su tono aún suave, todavía
demasiado misteriosamente sofocado.
    —Cierto. Pero si me disparas, sólo estarás gastando balas.
Seguramente lo comprendes, ¿Verdad?
    —Lo sé. —Aseguró.
    En ese momento, la otra mano apareció de la sombra de su
cuerpo, rápida, con un objeto de madera que giraba como una hélice
ágilmente entre las yemas de los dedos, durante un segundo
impresionante.
    Damián se rió, al notar que el objeto había sido una vez la
cuarta pata de un silla ahora tres-patas que estaba detrás de la figura
oscura.
     —Sabes que eso es un mito, ¿no? —Preguntó, mientras cruzaba
los brazos por encima del pecho.
     —Claro —afirmó de nuevo—. Sin embargo, una estaca a través
del corazón provoca un sangrando traumático que te debilitará de
manera rápida y considerable —Damián vio sus dientes destellar al
sonreír—. Quizá mejor me dices por qué estás aquí, Vampiro.
    —Tu Reina requiere una curación o morirá.
    —No necesito que me digas eso, Bebedor de Sangre.
Se acercó un paso, entrando finalmente en la luz.
     Damián nunca había visto nada como ella en toda su larga vida.
Era una Licántropo, sin ninguna duda, pero su color y su figura
frágil escondían las sorpresas y misterios que él no podría empezar
ni siquiera a suponer claramente.
    Entonces comprendió quién era la que se enfrentaba a él.
     Primero había oído las historias sobre ella hacía poco más de un
siglo, y luego nada, hasta los recientes informes de breves
vislumbres de una hembra de Licántropo insólita que habían
entregado sus embajadores, al hacer una visita excepcional a la corte
de Siena durante esta última década.
    —¿Preferirías que muriera, Princesa, y así ser Reina en su
lugar?
     Damien oyó como su respiración se paraba y vio el rubor
infrarrojo de calor cuando el enfado explotó a través de su
metabolismo.
    —Cómo te atreves a pensar semejante cosa —siseó.
    —Me atrevo —la interrumpió rápidamente—, porque no sé
nada de ti, salvo que eres la hija de un dotado, aunque demente,
señor de la guerra que logró zambullir a estas personas que ahora
protegéis tú y tu Reina, en trescientos años de guerra.
    —¿La mismo hipocresía del Príncipe Vampiro en guerra contra
los Demons, durante un siglo histórico de su reinado? —Replicó
agudamente.
    —Touché —asintió—. Pero como tú, entonces era joven y tonto.
Estuvo bien hace medio milenio, aunque no los últimos catorce
años.
     —No soy joven ni tonta, excepto quizá en tu apreciación. ¿Qué
te importa si la Reina de los Licántropos vive o muere?
     —Eso no puedo decírtelo. Basta decir que servirá a todos
nuestros intereses si ella vive. Incluyendo el tuyo, si tu preocupación
es auténtica.
    —¿Y supongo que vas a ofrecer esta curación mágica, Vampiro?
¿Tomando su sangre, sin duda, y permitiendo que las consecuencias
mágicas de tu mordedura la curen? Creo que preferiría morir antes
de permitirle a cualquiera, amigo o enemigo, semejante libertad.
    —No. Ésa no es mi intención, Princesa. Me sorprende que no
sepas que a mi clase le está prohibido intentar alimentar a otros
Nightwalkers. Una categoría a la que, desgraciadamente, su especie
pertenece, si no, de hecho ofrecería esos servicios. Cuando oí lo que
había ocurrido…
     —Me gustaría saber cómo oíste ese rápido cotilleo —
interrumpió Syreena fríamente.
     —El mundo Nightwalker no es tan reducido en Europa como lo
es en el resto. Como un pueblo pequeño, noticias de esa clase viajan
rápidamente.
    —Qué extraordinario —dijo con suavidad, claramente no
impresionada.
     Damien sonrió a pesar de sí mismo, los dientes uniformes
brillaban a la luz de la luna, sin enseñar ningún atisbo de colmillos
retractados en el gesto encantador.
    —¿Puedo continuar?
     Le lanzó su propia sonrisa oscura, un parpadeo de ojos de
arlequín misteriosos a la luz de la luna.
     —Iba a sugerir otro alternativa que probablemente no conozcas
—Damien se volvió levemente para mirar a la Reina en la oscuridad.
Con su visión, el calor de su ampollaba piel brillaba con un violento
rojo. Retrocedió hasta Syreena—. No hay ninguna cura para este
grado de enfermedad solar. Se morirá a menos que te desvíes de los
métodos convencionales de sanar —Aseguró.
    —No morirá.
    La rudeza de la voz baja hizo que tanto el Vampiro, como la
Licántropo, se volvieran bruscamente. Los ojos de Elijah brillaron en
verde pálido, en el rayo solitario de luna que le golpeó la cara
cuando volvió a su forma sólida. Syreena se irguió de repente,
acercándose hacia el Príncipe, de hecho, directamente a su lado, así
no bloquearía su línea de visión.
El guerrero aún estaba tan fresco como siempre, taladrando con
su atenta mirada a la pareja frente a él, evaluándoles sutilmente. El
círculo de oro y labradorita5 alrededor del brazo brillaban
contundentemente a la luz de la luna, dándole a Damien una pizca
de información que sus fuentes chismorreando no hubieran sabido.
Al parecer Elijah se había dado cuenta de la tensión entre él y la
Princesa y había venido a proteger… proteger a su novia, algo
totalmente inesperado.
    —Mi… —Syreena se aclaró la garganta— Mi señor, Anya y yo
guardaremos a la Reina con nuestras vidas, se lo aseguro.
    Se detuvo cuando de repente Elijah avanzó, el fuego de sus ojos
chasqueaban sobre el Príncipe Vampiro.
   —Damien, doy la bienvenida a tu preocupación —dijo—, pero
como Syreena, no veo cómo puedes ayudarnos.
     —Elijah, tu desconfianza está mal dirigida. Hemos luchado
juntos en la Batalla de Beltane, y no hay ningún motivo salvo mi
deseo de ayudar a vuestra gente. Lo prometo, ayuda es también
todo lo que quiero dar esta noche —Tomó un respiró, aunque
respirar era innecesario para él—. No me apartes hasta que me
hayas escuchado hasta el final, guerrero, o entregarás a tu
compañera a la muerte. Una muerte terrible. Podría tomar semanas
de increíble dolor antes de que termine.
     —¡Ella no morirá! —Gritó Elijah— ¡Maldita sea! —Su tono se
convirtió en puro veneno—. ¡Estaría mejor muerto que ver a Siena
pasar por esto, porque se espantase debido a mi seguridad! ¡No te
necesito aquí de pie, abofeteándome por la desgracia de cómo va a
sufrir por ello!
    Súbitamente la puerta del cuarto se abrió, al paso de Anya, que
había oído los gritos de Elijah. Inspeccionó el cuarto con los ojos
desorbitados por un momento, agitó la cabeza roja desvalidamente,
y después, se retiró detrás de la puerta cerrada murmurando
suavemente bajo el aliento.
        —Y ahora Vampiros…
__________________
 5 Piedra de feldespato laminar de color gris, traslúcido e iridiscente. En su brillo presenta un amplio rango de colores.
Desde el azul al violeta, verde, amarillo o naranja, según la variedad. Es la llamada Piedra de Luna (N.deT.)
Syreena alzó la cabeza de repente, su ojo gris brillaba en la
penumbra cuando estrechó la mirada fija sobre el Vampiro,
intentando conectar los pensamientos desplegados, al igual que los
dos hombres que se giraron enfrentándose.
    —No puedo sanarla, pero están aquéllos que pueden —dijo
suavemente Damien a Elijah.
    —Los extranjeros.
    Ambos hombres miraron a la Princesa, uno con sorpresa, el otro
con desconcierto.
    —Sí —Damien la apoyó pensativamente—, estaba a punto de
sugerir…
     —Diosa, ¿Cuál es su nombre? —Syreena murmuró,
interrumpiendo al Vampiro mientras se mordía el labio y buscaba
en su memoria—. Una Mistral —les aclaró, aunque Elijah parecía ser
el único que no la seguía—. Siena conoce una Mistral. Hace unos
días mencionó uno, que pensó que podría ayudarla de alguna
manera en otro asunto.
     Syreena se saltó los detalles, no queriendo revelar a Elijah cuán
desesperadamente Siena había intentado librarse de su influencia,
antes de que finalmente hubiera hecho las paces con su destino. No
tenía sentido abrir viejas heridas, o exponer los secretos de Siena
para discutirlos con el Consorte Demon.
     Damien alzó una ceja negra, claramente impresionado con el
razonamiento de Syreena, y también curioso sobre cómo la misma
casta de Nightwalkers que había estado a punto de sugerir, habían
aparecido de repente en la boca de la Princesa.
    —Al contrario que la mayoría de las especies de sanadores
Nightwalker, los Mistrales puede sanar universalmente —comentó
Damien pensativamente, los ojos firmes, oscuros puestos en la
pequeña hembra ante él, con evidente interés.
    Ella no se ruborizó o apartó la mirada bajo su intenso
escrutinio, impresionándolo más aún al mantenerse firme y
fulminarle con la mirada exactamente igual que él.
    —Pero a un precio —Elijah dijo a sabiendas, las habilidades en
interespecies eran su área de especialización. De hecho, su deber—.
La Sirena Mistral canta para sanar, aliviar, y para facilitar los
estados meditativos. El precio es la vulnerabilidad total. Si la Sirena
desea acercarse al sujeto y apuñalarle a través del corazón en el
medio de un canto, puede hacerlo, y su víctima no podría alzar ni
un dedo para defenderse. Incluso, desde cualquier distancia será
introducido en la canción, no es como si se pueda mantener la
guardia. Siena nunca soportaría eso. Yo tampoco.
     —Quizás no de un extraño, pero creo que conoce muy bien a
esta Mistral en particular —explicó Syreena.
    —Me extraña de ella —dijo Elijah, volviéndose para mirar hacia
abajo a la cara ampollada de su novia, arrugando la frente en dolor
empático por ver su bonita piel estropeada tan agónicamente.
     —Era una Mistral específica. Preguntó por ella por el nombre.
Si sólo pudiera recordar su nombre…
    —Windsong —Damien dijo de repente, los ojos oscuros
iluminándose con entendimiento—. ¿Su nombre era Windsong?
    —¡Sí! —Syreena exclamó— De un pueblo en Francia llamado…
    —Brise Lumineuse —terminó Damien.
    —¿Cómo sabes eso? —Exigió Syreena, mostrando claramente
su conclusión de que el Vampiro había conseguido la información
de su mente embotada.
     —¿Cómo piensas que sobreviviste a la enfermedad que te hizo
lo que eres, Syreena?
      Syreena abrió la boca cuando la voz ronca de Siena rompió
bruscamente de su dañada garganta. Distraída de los hombres que
la miraban, levantó el envés de su mano a la boca y corrió para
arrodillarse al lado de la cama de su hermana. Al final, dejó caer el
arma, para alcanzar y tomar la mano de la Reina. Entonces pareció
pensárselo mejor cuando miró la piel dañada de los deformados
dedos. En cambio, fueron sus aliviadas lágrimas las que tocaron la
piel.
     —Siena —susurró—, no hables. Debes conservar tu fuerza —
dijo suavemente.
Siena hizo una inclinación breve y entonces se volvió para mirar
a su marido. Simplemente la visión de su cara la trastornaba como
nada más podía. Sentía alivio, alegría, y una docena de otras
emociones aplastantes que aporreaban los pensamientos de Elijah
con la claridad del cristal del corazón. Él la alcanzó, metiendo los
dedos en su pelo crespo, los zarcillos embotados envolviendo
inmediatamente su muñeca, agarrándole débilmente de la única
manera que ella podría sostenerlo.
          —Lo siento mucho. —Dijo en voz alta y más áspera aún.
    —Shh —la alivió, alcanzando para frotar el pelo descolorido
contra sus labios—. No te fatigues. Escucha a Syreena, gatita.
          Agitó la cabeza.
          —Elijah…
     Su voz era débil, pero al igual que ella, se filtró suavemente por
los pensamientos de Elijah, fortaleciéndose.
          —Relájate, gatita. Haz lo que tu hermana dice.
     —No. Dile que consiga a Windsong. Luego sácales a ambos. Necesito
hablar contigo.
    —Dice si puedes conseguir a Windsong para ella. Syreena,
¿Puedes hacerlo?
    —Sí. Francia está a tan sólo unos termales6 de distancia, amor
—Syreena dijo ansiosamente a su hermana—. El resto y yo
volveremos lo más pronto posible.
    Todos los ojos se volvieron para seguir a la Licántropo que saltó
con peligroso abandono por la ventana, transformándose a medio
camino de humano a halcón sobre el alféizar.
     —Asombroso —Damien se maravilló, volviéndose para mirar a
la Reina—. Entonces las historias son ciertas. Fue Windsong quien
salvó la vida de su hermana. Siempre había pensado que era un
mito, hasta que empecé a oír los informes de que recientemente
dirigía a una hembra insólita de Licántropo como su hermana.
_______________
6
    Burbujas térmicas
Ahora que la he visto… —Damien agitó la cabeza, mirando a
través de la ventana con desconcierto— Es magnífica.
    —Damien, Noah está en el Gran Vestíbulo. Desearía verte.
     —Había pensado verle, después de hacerte mis sugerencias —
El Vampiro miraba de uno al otro con una aguda y oscura mirada,
los rasgos aristocráticos en una expresión de perplejidad durante un
momento—. Nunca había pensado ver semejante Vinculación. Ésta
es de hecho una nueva era. Puede veniros bien a ambos. Que os
vaya bien, a los dos.
     Entonces el Vampiro utilizó la costumbre convencional de la
puerta, y dejó a la pareja a solas. Elijah volvió inmediatamente hacia
su esposa. Viendo y sintiendo su dolor, el corazón empezó a dolerle
literalmente, y no tenía nada que ver con sus heridas.
    Debes dejarme decirte lo mucho que lo siento, resolló rápidamente
dentro de su mente.
    Habrá tiempo para eso. Después , insistió.
    Ya he perdido demasiado tiempo, Elijah.
     Se estiró hacia él, estremeciéndose cuando la piel herida se
tensó, rajándose por los lugares sensibles que habían perdido la
elasticidad al extenderse las hirvientes aguas venenosas. Elijah logró
detenerla, la palma de la mano contra las suyas. El contacto se sentía
tan real, tan precioso y bueno, que no podría obligarse a alejarse de
nuevo. Claramente ella sentía lo mismo, los dedos entrelazados con
los suyos, olvidando cuánto le había dolido.
     Te he hecho daño tan egoístamente, sollozó, las lágrimas caían de
los ojos, así como su emoción se triplicaba a través de él.
     No, insistió, su voz mental igualmente ahogada por la
preocupación de verla herida en cualquier manera. No te preocupes
por mí, gatita. No me has hecho daño.
    No mientas a quien conoce tu corazón.
     Sin embargo ella se había negado tercamente a reconocerlo. Se
esforzó por respirar, y él se inclinó aún más cerca, apoyándose sobre
ella hasta que estuvieron mirándose profundamente en los ojos
húmedos del otro.
—No hagas esto —rogó bruscamente—. No me digas esto,
porque piensas que vas a morir. No te dejaré abandonarme. Has
intentado por todas las vías evitarme y, no te permitiré ir ahora que
finalmente has consentido .
    Lanzó una respiración insegura, tratando de reafirmar la voz
desgarradora. Acercó la mano enredada en el cabello a su cara,
acunándola, mientras cepillaba con el dedo pulgar los labios secos.
    — Sobrevivirás a este día y cazarás al responsable de esto
conmigo, a mi lado, dónde perteneces, ahora y en cada momento del
futuro. Sobrevivirás a esta herida y estarás una vez más en mis
brazos, sintiendo mi toque y mi beso en tu preciosa piel, la suavidad
que nunca dejará de volverme loco.
    Las lágrimas de Siena cayeron por su pelo, mientras Elijah
tocaba los labios resecos.
     —Sobrevivirás a esto para decirme que me amas de la misma
forma en que yo he llegado a amarte. Con voz fuerte, con la luz que
brilla en tus hermosos ojos, y tu cuerpo arropado alrededor mío, al
igual que tu alma está envuelta alrededor de mi corazón.
    Incapaz de hacer nada más, Siena simplemente asintió. De
nuevo alcanzó a coger sus lágrimas con las yemas de los apacibles
dedos.
    —No llores, gatita. Sabes que me mata cuando lo haces.
      Entonces deja de hacerme llorar esas lágrimas, Elijah. Nunca he hecho
tal cosa, hasta que te vinculaste a mí.
    —Entonces ciertamente soy culpable, amor. Así como tú eres
culpable de las mías —sonrió contra sus dedos cuando los besó
suavemente en la unión con los suyos—. Me has reducido a una
mujer emocional. —Suspiró.
    Siena se rió, tosiendo gravemente un instante después,
desapareciendo el humor en sus ojos.
    —Shh —la calmó incansable.
     Ella cabeceó, examinando su cara durante un largo minuto,
como si la memorizara. Extendió los dedos, acariciando su boca
tiernamente. Los ojos, emociones y pensamientos estaban llenos y
rebosantes de sentimientos hacia él, e hizo que su corazón latiera al
sentirlo. Pero como prometió, no dijo nada, y no diría nada, hasta el
momento en que pudiera comprender su razón. Por el momento,
exhaló, cerrado los ojos, y flotó en el sueño, los últimos
pensamientos rezaban urgentemente a la Diosa por el retorno veloz
de su hermana.
    Cuanto más pronto pudiera sostenerlo de nuevo, mejor.



    Gideon   subió aproximadamente veinte minutos después de
que Damien hubiera dejado a Noah, que había vuelto al lado de la
cama de su hermana para controlar su estado. El médico aún estaba
apenas bien para caminar, pero como Elijah, no podía ser atendido
por el compañero que lo necesitaba lo más pronto posible.
    Noah se sobresaltó por la sorpresa al entrar Gideon en el cuarto.
El médico era poderoso, pero Noah nunca hubiera sospechado que
podría volver del borde la muerte tan rápidamente.
    —No es ningún milagro —dijo Gideon bruscamente, cuando se
tambaleó al lado de su esposa, sentándose junto al cuerpo inmóvil
en el colchón. Tomó rápidamente su cara entre las manos, tratando
de analizar su fisiología—. Simplemente mi usual habilidad de
sanar.
    Gideon levantó la mano para acallar las extensas preguntas o
comentarios del Rey, cerrando los ojos al intentar concentrarse en
deshacer su propio difícil trabajo. Noah observó cuidadosamente
como Gideon empezó a sudar, sintiendo la energía del Anciano que
se desvanecía rápidamente, mientras Legna permanecía tan inmóvil
como nunca.
     Tan discretamente como pudo, Noah alcanzó mentalmente a su
cuñado, drenando despacio su energía en él. El flujo se amplió
exponencialmente durante los pocos minutos siguientes, hasta que
el tono grisáceo desapareció completamente de la tez de Gideon.
Enseguida recuperó su tono normal de piel morena, energía
chispeando en abundancia a través de él.
    Noah dejó de empujar la energía hacia el Anciano cuando
consiguió recuperar la conexión que había creado entre ellos. Exhaló
cuando se apartó, inclinando la cabeza para estirar los músculos que
se habían agarrotado en la parte de atrás del cuello. Miró con
asombro como las heridas de Gideon de las manos, pecho, y cara
empezaron a sanar a una velocidad impresionante. Legna mostró la
primera respiración en horas.
     Noah hizo un sonido bajo de alivio cuando la vio sonrosarse.
Ella se movió, bostezó ampliamente, como si todo lo que hubiera
estado haciendo fuera dormir. Los ojos plateados se abrieron,
buscando el reflejo en su compañero. Le sonrió y buscó su boca con
la suya. Le besó con ternura y afecto, igual que hacía todas las
mañanas cuando despertaba. No fue hasta que él rompió el beso y la
arrastró casi desesperadamente a sus brazos, que comprendió que
algo estaba mal. Estaba aterrado, o simplemente liberándose del
terror, los pensamientos y el corazón se agolpaban en un tumulto de
miedo y alivio.
    Despacio comprendió que estaba en la habitación de su infancia
y que su hermano estaba igual, con respiraciones ásperas de alivio,
apartándose de la silla y caminando para mirar por la ventana, en
un esfuerzo por esconder la emoción que le arrasaba. Pero no podría
esconderlo de su empatía perspicaz, sin importar dónde, o lo lejos
que se distanciara de ella.
    Entre los dos, Legna se agobió.
     —¿Que pasó? —Preguntó, la garganta apretada por los
sentimientos no derramados.
    —Todo está bien, Nelissuna —Gideon la acalló suavemente,
enterrando la cara en su pelo de seda—. Tú estás bien, el bebé está
bien, y nosotros ahora estamos a salvo.
    Noah claramente no podía aguantar escuchar un momento más.
Sin una palabra, se giró y dejó el cuarto. Magdalena sentía cómo su
dolor se retorcía en el pecho como un cuchillo, y al sentirlo ella,
Gideon lo sintió.
     Se apartó para inspeccionar a su marido más cuidadosamente,
eliminando momentáneamente la preocupación por su hermano,
viendo el patrón de las marcas en la piel recientemente sanada de la
cara, brazos y pecho de Gideon.
—¡Gideon! ¡Qué pasó! —exigió con una boqueada, los ojos
finalmente se humedecieron cuando todo lo que sentía apareció en
su cabeza— ¿Por qué se asustó Noah? ¿Por qué estas herido?
    Gideon exhaló una respiración larga, y entonces empezó a
contarle.
CAPÍTULO 16


    El halcón peregrino    revoloteó dentro de la sala, aterrizó en el
respaldo de una silla y, sacudió las alas y plumas. Poco después, le
siguió una solitaria paloma oscura, con una hermosa combinación
de plumas tostadas y gris claro. La paloma se posó en el asiento de
la silla sin miedo, como si el halcón sobre ella no fuera un
depredador natural suyo e, imitó el murmullo de plumas que hizo el
halcón.
     Momentos más tarde, Syreena estaba de pie detrás de la silla y
la paloma se había convertido en una frágil joven de cabello suave
marrón, veteado en gris, y grandes ojos azules que parecían tan
inocentes y amplios como los de un niño. Llevaba un vestido de
suave algodón blanco; a diferencia de la Princesa que tuvo que
recuperar el vestido de donde había caído, al cambiar antes sobre el
alféizar.
     Siena estaba rodeada de personas en este momento,
bendiciendo la oscuridad que les había protegido por largo rato
para entonces y, que con ella, trajo nueva fuerza a los Demons y
Licántropos. Syreena no había perdido tiempo en guiar al Mistral de
vuelta, sabiendo que si no se apresuraba, podrían haber sido
obligados a retrasar el viaje para evitar la luz del día. La hembra
Mistral tenía sus propias reacciones adversas al hostil sol
Nightwalker. Afortunadamente, la paloma oscura podía casi igualar
al implacable vuelo veloz del halcón, ralentizando apenas el viaje de
vuelta en unas pocas millas por hora, o menos.
     La Sirena Mistral se irguió en sus pies descalzos, la suave
elegancia de los movimientos quedó patente para todos los que la
vieron. La hechicera belleza y fragilidad eran bastante
extraordinarias, tanto para hombres como para mujeres, los
movimientos y la perfecta ondulación del cuerpo, una elegante
sinfonía de delicadeza. Se decía que el Mistral podía lanzar hechizos
con su belleza, así como con su canción, y viendo a esta frágil
criatura, el resto de Nightwalkers lo creyeron.
Siena era, al parecer, la que más se había expuesto a esta aislada
raza, todo el mundo miró con interés y fascinación como la mujer se
acercó a ellos, el suave cabello flotando en una nube alrededor de
los hombros mientras se movía.
     —Windsong —saludó Siena con un chirrido. Sólo estaba viendo
ligeramente mejor, aliviada por la oscuridad.
    Elijah todavía estaba sentado a su lado, los dedos permanecían
enlazados en los suyos. Sólo ahora, se había curado casi a la
perfección. Las heridas de batalla habían sido ignoradas todo este
tiempo de curación, ya que Gideon le había visitado directamente
después de haber ofrecido curación y su versión de los hechos a su
compañera.
     La Sirena se detuvo un momento para tomar nota de todas las
personas alrededor del lecho de enferma de la reina. Parpadeó
haciendo retroceder el miedo hacia los extraños, sorprendiendo a la
delicada atención de Legna. Sintió la gran ansiedad, pero por
encima de eso, sintió la deuda de gratitud y sincera emoción que
sentía Windsong hacia Siena. La Mistral sintió el dolor claro y casi
debilitante, al ver por primera vez el estado de salud de la Reina.
Para los sentidos experimentados de Legna, era como si la criatura
fuera empática, pero física más que mental. Parecía estar sintiendo
profundamente las lesiones, en la manera en que Legna sentía
tristeza o la alegría de otro ser.
     Windsong se acercó al grupo, colocando un dedo para silenciar
sus labios mientras observaba expresivamente las heridas de la
Reina. Miró de Siena a Syreena y, a continuación, giró con una
silenciosa ceja levantada.
    Elijah se sentó suavemente.
   —Ella dice, Sí, es la Princesa que salvaste cien años atrás —
comentó por su compañera, ya que hablaba en su mente.
    La expresión de la Mistral se volvió sorpresa y especulación
cuando miró al Demon guerrero y a la Reina. Su boca
completamente sorprendida, pasó a una serena sonrisa.
—Sí —dijo Elijah de nuevo, convirtiéndose en la única voz de
Siena—, estamos emparejados —Luego, claramente habló por sí
mismo—. ¿Puede ayudarla? Tiene un tremendo dolor.
    Una vez más, en absoluto silencio, la Sirena miró a Gideon,
Legna, Syreena, y Anya. Los enormes ojos de porcelana azul
volvieron luego de vuelta a Siena.
    —Quiere que todos salgan, salvo ... salvo el "niño-estrella" —
explicó Elijah, sonando desconcertado cuando todo el mundo le
miró tan pronto como lo dijo—. ¿Quién es el niño-estrella?
    La Sirena sonrió nuevamente, el rostro angelical se iluminó
cuando miró a Legna y le tocó suavemente la cara con sus elegantes
dedos. Luego descendió hasta tocar delicadamente el vientre de
Legna.
    —Habla del bebé —murmuró Gideon cuidadosamente—.
¿Hijo-estrella?
    —Siena tampoco lo entiende bien —dijo Elijah con un
encogimiento de hombros.
    —¿Cómo se comunica Siena con ella? —preguntó Anya, tan
estupefacta por el intercambio como el resto.
     —Telepatía transmitida entre ellos debido a... —Elijah frunció
ligeramente la frente— El canto Espiritual. ¿Qué es un canto
Espiritual?
     La Sirena se movió más cerca de Siena, cabeceando como si
pidiera permiso, cuando se sentó suavemente en la cama. Elijah ni
siquiera sintió el peso en el colchón, no cambió lo más mínimo
cuando lo hizo. Se concentró en los pensamientos de Siena,
llenándole la mente con explicaciones.
     —El canto Espiritual es un intercambio entre un Mistral y
otro... donde una parte del espíritu del uno, es tomado en préstamo
para ayudar a sanar a otro. En este caso, Syreena fue el destinatario
de ese espíritu compartido, cuando Windsong tomó prestado de
Siena el espíritu para curar la enfermedad de su infancia hace
décadas. Dejó a Windsong y Siena con una conexión telepática que
aparece cada vez que sus espíritus se acercan.
—¿Cómo es que nunca he oído hablar de ello? —preguntó
Syreena asombrada, mirando de su hermana a la enigmática Sirena.
     —Al ser un intercambio íntimo y secreto, a Siena no se le
permitió contarlo hasta que se le dio permiso —entonces Elijah miró
a la Mistral, preguntando—. Dice que necesito quedarme. Lo
entiendo, pero ¿Por qué Legna?
     Hubo silencio entre los enlaces del trío telepático y, después,
Elijah miró a Legna.
    —Dice que me necesita para el canto Espiritual, para pedir
prestado de mi espíritu y sanar a Siena. Como su compañero, soy el
mejor candidato.
    —Pero —Syreena comenzó.
     —Dice que sois demasiado complicados para ser parte de esto,
que vuestra doble exposición a los espíritus, la tuya y la de Siena,
fue responsable de la alteración en su código genético. Nunca antes
había entonado el canto Espiritual para Licántropos y, fue un efecto
secundario inesperado. Soy... —buscó las palabras— en este
momento estoy compartiendo mi espíritu con el de Siena, al igual
que ella comparte el mío, por lo que habrá menos posibilidades de
efectos negativos.
      —Así que no es un método infalible. ¿Puede ser dañino? —
Preguntó Gideon—. Eso hace preguntarme si la presencia de Legna
lo será aún más.
     —El peligro es sólo para mí y Siena —continuó Elijah—. Dice
que el hijo-estrella protegerá a Legna y que ... —Elijah parpadeó y
miró a Siena por un confuso momento, dejando claro que no podía
entender lo que estaba tratando de decirle en ese instante. Cuando
habló, aún sonaba confuso— Dice que ha dado permiso a vuestro
hijo para escuchar el canto.
    Elijah se rió con incredulidad. Es decir, hasta que vio la
expresión de Gideon. Legna se giró hacia atrás para tomar la mano
de su marido, los ojos cada vez más amplios, percibiendo los
asustados pensamientos.
    —Sabe que es un niño —dijo en voz alta. De repente, el médico
se dio cuenta de que había más poder y capacidad en esta
enigmática especie, de la que había llegado a conocer incluso
durante su larga vida—. No podía menos que averiguarlo tocando a
mi esposa, una vez comprendí que estaba embarazada, y, por
supuesto, tan pronto como lo supe, lo supo Legna. Decidimos que
no se lo diríamos a nadie para daros una sorpresa. Pero supongo
que ya no es un problema. —Gideon miró a la Sirena entrecerrando
los perplejos ojos de mercurio— ¿Cómo puede hablar con un niño
no nacido? Puede que no sepa mucho sobre vuestra especie, pero el
feto es de apenas seis meses.
    —No hablé al bebé. El bebé me habló.
    Fue la primera vez que utilizó su voz y, al instante, todo el
mundo entendió la razón. Era dulce y musical, lleno de cada alegría
y cada tristeza que había conocido en su vida. Se trataba de
seducción y bienestar. Era fascinante, de todas las maneras en que
una criatura de pura belleza podría ser. Todo el mundo estaba
cautivado con ella, el hechizo se extendió, capturándolos en silencio
durante un largo minuto. Gideon fue el primero en normalizar la
respiración.
    —¿Mi hijo te habló? —Preguntó más o menos, su mano
buscando cubrir el vientre de Legna. No hubo explicación para la
sensación de asombro y júbilo que recorrió a la pareja.
    —Dice... —Elijah se detuvo para aclararse la garganta— Dice
que tu hijo es un ser poderoso y que pronto será capaz de hablar
contigo, incluso desde el vientre materno. Dice ... —Elijah se
encontró sonriendo, a pesar de sí mismo— dice que tiene el poder
de su padre y el temperamento de su madre.
    Legna rió, incapaz de detenerse cuando el placer la recorrió. Se
volvió a Gideon y le besó, la emoción y el entusiasmo
desbordándola.
    —Quiero quedarme —declaró.



    Una vez que la habitación se despejó, excepto la paciente, su
compañero, y la fascinada madre del llamado niño-estrella,
Windsong tocó suavemente el cabello de Siena, chasqueando con la
lengua por el debilitamiento y fragilidad de los habitualmente
brillantes rizos.
     Sonrió, tocando a la pareja que mantenía aún las manos juntas,
asintiendo una vez. Era evidente que quería que permanecieran
unidos de esa manera, y era algo bueno, porque Elijah no tenía
intención de soltarla.
     Su corazón corría a la par del de Siena, a pesar de los intentos
de tranquilizarlo. No le gustaba la idea de estar desprotegido; según
informara, se haría. Pero se preocupaba más por el bienestar de
Siena que por el suyo, llegados a ese punto. La ansiedad era sólo
natural.
    El primer sonido que brotó de la Mistral fue un zumbido, una
inquietante vibración de su propia invención. Sólo un minuto
después Siena, Elijah, y Legna cayeron en la profunda curación del
sueño.
    Ninguno de ellos recordaría nunca lo que pasó después.
    Ninguno salvo el niño no nacido, quién de todas formas, no
podía obsequiar con ningún secreto.



    Legna abrió los ojos lentamente y, tomando un respiro, supo al
instante que nunca se había sentido tan descansada, tan en calma,
como estaba en ese momento. Todo ello a pesar de los años de
practicar meditación, con lo que conseguía un estado similar.
Observó el pálido y bello rostro sonriente inclinado sobre ella.
Windsong tocó el vientre de Legna y sin hablar, envió emociones de
calidez, gratitud y alegría absoluta a la empática mujer Demon.
    Legna entendió, aunque atontada. La Sirena le estaba
agradecida por el privilegio anterior de poder cantar a su bebé.
    —No hay de qué —dijo Legna suavemente— .¿Están bien? —
Preguntó, echando un vistazo a la pareja que ahora dormía en la
cama, tiernamente curvada uno sobre otro.
    La gran forma de Elijah bloqueaba a Legna la vista de Siena.
    La mujer Mistral asintió y sonrió más ampliamente.
Luego inclinó la cabeza, la nube de liviano pelo se movió con
un remolino.
    —He predicho el futuro de tu hijo —dijo suavemente—, y
porque es tuyo, te permitiré conocer y recordar cuando estés de
nuevo consciente —tomó la cara delgada y aturdida de Legna entre
las manos frías, a sabiendas de que la empática flotaba ya en el
mundo del subconsciente al que su voz le había enviado—. Tu bebé
va a conducir a tu pueblo a una nueva era, al igual que la que llegó
antes que él. Juntos van a cambiar el mundo que conoces.
Conducirán a los demás niños que vienen en este momento de
cambio, a un milenio de notable destino y felicidad. En esto yace mi
futuro también, y te estoy agradecida por crear al que lo logrará.
Recuerda mi profecía cuando pasen los siglos —encargó
suavemente—. Puede darte la felicidad que me ha dado.
Luego, sin esperar a que la madre Demon se recobrase, la Mistral se
transformó en la paloma oscura y voló por la ventana,
balanceándose lejos en el viento, como si la pura alegría de sus alas
levantase los cielos.
    Legna sonrió cuando volvió a la consciencia. Olvidando todo lo
demás, saltó de su silla tirándola descuidadamente, al correr para
encontrar a su marido y decirle todo lo que podía recordar.



    Elijah  despertó con la radiante sensación suave de una
exuberante boca rozando la suya.
    Abrió los ojos y, a continuación, los abrió un poco más al ver la
mirada familiar dorada de su resplandeciente compañera
chisporroteante de vida, y la travesura en su cara sonrojándola en
oro y rosa.
    Una cara curada de toda ampolla, sólo piel nueva que pronto
volvió a la normalidad, preciosa, belleza dorada, una vez más, en lo
que prometía ser apenas un segundo.
    —Te ves como el infierno —comentó Siena quedamente sobre
su boca, pero en el habitual tono rico, sin defectos ni lesiones.
     Él se sintió glorioso.
Elijah agarró las mantas y las quitó, apartándolas mientras se
sentaba encima e inspeccionaba de la cabeza a los pies, moviendo
las manos sobre lo que iba viendo, confirmando su estado de
curación con el tacto, así como con la vista, probando.
    —¿Estás tratando de encenderme? —Preguntó frunciendo la
bronceada frente brillante, en humor claramente sensual.
     Lo último que tocó fue el tenue brillo, elástico, y oh, tan
estimulante cabello rizado entrelazado a través de los dedos,
mientras una enorme sonrisa se extendió por su rostro.
     Siena se sentó, frotando la nariz contra la suya.
    —¿Es un sí? —Preguntó, bizqueando mientras trataba de
enfocarle.
    —Estás increíble... —inhaló, las manos enmarcando el rostro
con avidez, el áspero calor de la palma de esa mano tan familiar ya,
tan maravillosamente necesaria para su felicidad, que sonrió más
ampliamente.
     —Creo que parezco un leopardo —señaló, echándose hacia
atrás para inspeccionar los brazos y piernas desnudos. Luego con
una maliciosa sonrisa que brotó magnífica en los labios—. ¿Quieres
jugar a unir los puntos?
     Elijah echó hacia atrás la cabeza leonina y rió profundamente
desde el vientre, apretando el abrazo tan estrechamente que la dejó
sin aliento, riéndose incluso cuando la cubrió la boca con un beso,
tatuando el alma que la hacía sentirse aturdida y alegre.
     El sonido al abrirse la puerta les hizo saltar, apartándose. Elijah
instintivamente tiró hacia atrás las mantas sobre el cuerpo de su
esposa desnuda, mientras ella limpiaba culpable la boca húmeda. Él
sujetó las mantas para pellizcarla por eso, haciendo que el "Hola" a
su hermana y a su General, saliera medio chillón.
     —¡Siena! ¡Estás muy bien! —Syreena saltó felizmente,
corriendo a abrazar a su hermana por un lateral, mientras Anya se
apresuraba por el otro. Elijah tuvo que apartarse para evitar ser
aplastado por la maraña de mujeres.
    —¡Hey! ¡Has tenido esta fantasía antes!
Elijah se rió y       buscó a Bella, abriendo los brazos
inmediatamente y haciendo señas hacia ellos. Ella saltó a su abrazo
encantada, estrechándole tan fuerte como él la abrazó.
     —Gracias —murmuró suavemente en su oído—. Gracias por lo
que hiciste. Sin embargo, como tu maestro, debo decirte que no
vuelvas a hacerlo —dijo regañándola ferozmente.
     —Trato hecho —dijo con vehemencia, mientras prácticamente
le estrangulaba con la demostración de su cariño.
    —Y yo que pensé que te volverías aburrido una vez que te
casaras —señaló Jacob secamente a Gideon y Legna, quien llenaba la
puerta con su presencia.
     —Absolutamente no —dijo Gideon inesperadamente, cerrando
los brazos alrededor de su esposa, al entrar en la habitación con
intenciones de unirse a los cariñosos festejos.
     —Esa, creo, es mi línea —contestó Jacob con una risa ahogada,
mientras se acercaba para recuperar a Bella, antes de que su abrazo a
Elijah le privara de oxígeno por más tiempo.
    Caían a la cama mujeres por todos lados, todo el mundo
parloteaba intercambiando la misma historia a la vez.
    Hasta que Noah carraspeó con la garganta en la puerta, e hizo
una declaración suave:
    —Señoras, señores, creo que tenemos una caza esperándonos.
CAPÍTULO 17



     —¿Aquí es dónde los rastreaste? —preguntó Siena
suavemente, bizqueando los ojos de modo que su visión penetrante
se concentrara en el bosque debajo de su atalaya en la ladera de la
montaña—. No hay siquiera ciento sesenta kilómetros desde mi
castillo.
    —Y apenas treinta y dos de donde fui atacado —añadió Elijah.
     —No sé vosotros chicos, pero esto me parece tierra cultivada —
comentó Isabella, sosteniendo otra vez los binoculares—. Jacob,
retrocede, estás haciendo esa cosa borrosa.
     Ella se estiró hacia atrás para apartarle, y el Ejecutor, que no
necesitaba tales dispositivos para ver en la distancia, se apartó como
le pidió. Continuó leyendo detenidamente la misma área que ella
desde una distancia añadida.
    —Ah, mejor —dijo Isabella, claramente contenta de ser capaz
de usar la invención humana.
    —Creo que Bella tiene razón. ¿Los usuarios de la magia tan
cerca del trono de poder de Siena? ¿Arriesgándose a estar tan
profundamente en territorio Licántropo? —Elijah sacudió la
cabeza— ¿Quién podría ser?
    —Una partida de búsqueda.
    Ese comentario hizo que todos se volvieran a mirar a Gideon,
que se inclinaba hacia atrás despreocupadamente contra la cara de
roca, sus pies casualmente cruzados en los tobillos.
     —Volved a mirar hacia atrás, más allá del campamento —
instruyó él—, ¿veis la tierra? Ha sido trabajada como el campo de un
agricultor, incluso más profundamente en algunos sitios. Ya sabes
que una vez me pasé más de un siglo de mi vida persiguiendo las
historias antiguas y culturas de la medicina. No afirmo ser un
experto sobre excavación, pero aquellos surcos en el campo se
parecen mucho a los que cavaría un arqueólogo. Me parece que
están buscando algo y lo han estado haciendo con mucho cuidado.
     —¿Buscando qué? —inquirió Siena—. Diosa, sólo mira el
tamaño de ese hoyo. Es enorme. Llevaría años cavar
apropiadamente algo de ese tamaño —se volvió a mirar a Gideon—.
¿Por qué están en territorio Ruso, en invierno nada menos, cavando
en la tierra congelada?
     —Sí. En invierno. Cuando el tráfico habitual en este territorio es
casi nulo porque los únicos seres que podrían presentar cualquier
posible peligro para ellos se acomodan todos para una agradable y
larga siesta —especuló Elijah.
     —¡Sí, por supuesto! Un tercio de los nuestros ya está en
hibernación. ¡Más de la mitad de la población restante
probablemente se fue a las cuevas justo después de los banquetes de
Samhain! —susurró Syreena—. Dejadme sobrevolar y echar un
vistazo.
    —¡No!
    El coro de voces y manos que evitaron que se elevase la hicieron
echarse atrás inmediatamente.
    —Hay divisiones por todas partes. No puedes verlas, pero yo sí
—le dijo Jacob—. Hacen corrientes poco naturales en fauna y
vegetación.
     —Y antes de que lo digas, también están en el aire —añadió
Elijah antes de que ella pudiera indicar que había tenido la intención
de volar, no andar.
     —Ah. —Syreena se sintió más que un poco tonta por su
irreflexiva prisa, y su piel se sonrojó—. ¿Cómo puedes verlo,
mientras que nosotros que somos del bosque, que vivimos
constantemente aquí, no podemos?
     —No te vendas tan pronto —dijo Gideon calladamente—.
Nosotros tampoco lo vemos tan fácilmente. Tienes que buscarlos, y
los signos son casi imposibles de descifrar sin siglos de experiencia.
Incluso así, Elijah sin duda tropezó con algunas de aquellas
salvaguardas el día del ataque original. Eso es, después de todo, lo
que captó su atención para que se acercara. También es bastante
probable que fuera el motivo detrás de su intento de asesinato.
    —No me lo recuerdes —dijo Elijah irónicamente—. Algo de
guerrero soy. Caminé directamente a ellos sobre este suelo.
     —No podías esperar verlos. Los ritmos de la fauna y el bosque
no son el área que dominas —respondió Noah, rechazando las auto
recriminaciones del guerrero—. Al contrario, creo que lo has hecho
incluso demasiado bien en tu trabajo. No creo que pensaran en
atraerte. Como tampoco creo que intentaran atraparte a ti
específicamente, Elijah. Sólo que alguien se acercó demasiado a
destapar sus medidas clandestinas.
    —La trampa vino más tarde —reflexionó Siena en voz alta—,
probablemente pusieron las salvaguardas alrededor del área de
batalla poco después, tendiendo la trampa para alguien que vino
buscando el cuerpo de Elijah. Sólo que no se dieron cuenta de que
había sido rescatado antes de que hubiesen dejado de huir del
rugido del puma.
     —Tan cerca —dijo Anya suavemente, el borde amargo en su
voz atrajo su atención mejor de lo que lo haría un grito—. Éstos son
mis bosques —explicó ella, sus ojos lisos brillando de cólera—. Mi
territorio. Mi responsabilidad es guardarlos y protegerlos
exactamente igual que guardo y protejo a la Reina que los gobierna.
Debería haber puesto al menos un perímetro territorial de guardias
después de la Batalla de Beltane. Esto es un falta imperdonable en la
seguridad.
     —Y yo nunca debería haber llevado a Legna a un territorio
conocido la pasada noche cuando Ruth era consciente de que
nuestra Vinculación nos dejaría… digamos… suficientemente
distraídos para preocuparnos por la seguridad. —Gideon miró a la
mestiza tranquilamente—. Creo que podemos llegar al consenso de
que todos hemos cometido algunos errores este último año. Es de
esperar cuando hay mucho más que nosotros en lo que pensar. Esas
mujeres, esas manchadas criaturas, sólo se concentran en una cosa.
Erradicarnos. A todos nosotros. Eso les da el lujo de un foco poco
común.
    —Para ellos, es una guerra santa —añadió Noah—. Tienen la
ventaja que les da el fanatismo. No luchan con sus conciencias como
lo hacemos nosotros. Para ellos, es blanco o negro. Somos malos y
debemos ser destruidos.
    —Esta búsqueda, te lo garantizo, es probablemente un medio
para ese mismo fin —especuló Gideon enigmáticamente—. Cada
Cruzada era tanto sobre la reunión de reliquias valiosas, religiosas o
por cualquier otra cosa, como lo era el mantener el reclamo de los
principios religiosos o las tierras.
     —Ah, los viejos y buenos tiempos —bromeó Isabella con una
coja sonrisa mientras le hacía un guiño a Magdelegna—. ¿Recuerdos
de una juventud imprudente, Gideon?
     Gideon le dedicó a la pequeña Druida una ácida mirada que
sólo logró hacer que se riera tontamente.
     —Tanto como me encantaría oír acerca de Gideon y Ricardo
Corazón de León rondando los bares del Imperio Bizantino —dijo
Siena seriamente, aunque hubiera humor reprimido en sus ojos de
oro—, quiero echar a esos particulares cruzados fuera de mi
territorio.
     —Bien, Siena —reflexionó Noah—, ya que tengo el pequeño
presentimiento de que no te tomarías demasiado bien, para
acelerarlo, un drástico incendio forestal, ¿qué sugieres que
hagamos?
    Siena se mordió el labio pensando durante un momento,
rascándose distraídamente un parche de piel recién curada bajo su
oído hasta que oyó una inesperada risita en su cabeza.
    ¿Qué?
    Tenías razón. Realmente pareces un leopardo.
     Muy gracioso, guerrero. ¿Crees que podríamos prestar atención al
problema?
     Elijah se volvió para mirar sobre su hombro a la congregación
de expectantes rostros. Un extraño sentido de la distancia cayó sobre
él cuando lo hizo. Oh, siempre había estado tan cerca de esa gente;
nunca iba a haber cualquier duda en la profundidad de su afecto
por ellos. Estaba el año en que había conocido a Bella, o los cientos
que había conocido a Noah, nada podía realmente separarlos de
esos sentimientos que había formado por sus camaradas.
     Pero en ese momento, se daba cuenta que estaba a punto de
dejar dramáticamente un importante período de su vida detrás de
él. Daba vuelta claramente hacia el nuevo que incorporaba a Siena.
Esto significaba que aquellos bosques eran suyos ahora, porque eran
de ella. Le requirió estar consciente del hecho de que sus intereses y
preocupaciones se convirtieron en suyos, implicaran o no a la raza
Demon. La comodidad que vendría a partir de ésta era de cambio,
en la cual se habían estado rompiendo torpemente al darse cuenta
que la raza de los Demon y Licántropos estarían mezcladas la una
con la otra mientras ellos vivieran. El Destino lo había proclamado
en el momento en que Ella la había vinculado a Elijah, y a Siena a él.
     Francamente, era una solución impresionante. El vinculamiento
de enemigos. Forzar una integración de especies y hacerlos
entenderse el uno al otro más claramente. El destino les había
aclarado la mente a todos. Ya no se volvería a las viejas riñas sin
arriesgar la separación de la pareja vinculada, quienes, bajo la
compulsión de la Vinculación, preferirían morir a ser separados.
    Siena se estiró hasta frotar su mano sobre la Elijah donde esta se
curvó alrededor de su cuello desnudo. Era otro recordatorio, una
coacción inteligente, muda, para hacerle concentrarse en los
problemas del momento en vez de calentarse la cabeza con cosas
que le llevaría mucho más tiempo que un instante en resolver.
    Volvió la atención a la mestiza, Anya, que se había levantado y
empezaba a pasearse. Él conocía esa expresión y los pensamientos
que venían tras ella igual de bien que se conocía a si mismo.
    —El problema es la manera en que están atrincherados —
comentó Anya, arrodillándose más cerca del borde del acantilado—.
De acuerdo, esta tierra está en lo alto, pero esas salvaguardas son
tan buenas como los sólidos muros de la fortaleza de un castillo.
Quiero apostar a que no todos son simplemente parte de una red de
sensores. Apostaría a que muchos son activas defensas. La mitad de
nosotros se freirá si cruzamos esas barreras. Por no mencionar el
hecho de que son humanos, a pesar de todo, y eso les da acceso a
municiones.
—Dudo que tengamos que preocuparnos de eso, Anya —
respondió Elijah pensativamente—. En primer lugar, Ruth muy
probablemente estará en aquel campo. Entraba bastante rápido en la
lucha cuando tenía a todos sus pequeños seguidores sobre mí, lo
cual me dice que estaba muy cerca. Lo que significa que tendría que
haber salido con excusas para mantener el área libre de cosas
mecánicas o tecnológicas en la naturaleza, incluso aunque ella es
una Demon. Esa es la ventaja de hacer de esto un yacimiento
arqueológico. Se espera que se haga a mano, más que con
maquinaria.
     —Ruth también sabe que en combate cuerpo a cuerpo, nuestra
química causaría desperfectos en el funcionamiento de los
complejos equipos. Esos desperfectos tendrían mayor probabilidad
de hacer que le saliera el tiro por la culata a sus luchadores que el de
hacernos daño a nosotros —añadió Jacob—. Su armamento ha sido
de lo más efectivo para dañar a los Demons. Bolas de hierro en
ballestas, láminas de hierro, magia.
    —Sí, pero están en el territorio Licántropo —reflexionó Siena—.
Los cazadores de aquí serán incapaces de resistir su naturaleza de
armarse ante la verdadera posibilidad de encontrarse con uno de mi
especie.
    —Lo que significa plata —añadió Anya—. Balas de plata, para
ser exactos. –La mestiza hizo rodar sus ojos—. Tan teatral como
pueda ser, es bastante eficaz.
    —Vale,     esperad     un    segundo   —interrumpió     Bella,
mordisqueándose el labio inferior mientras consideraba sus
pensamientos—. Están preparados para los Demons. Están
preparados para los Licántropos. Vamos a dar eso por supuesto.
Pero considerando su historia de guerra juntos, apuesto a que hay
una cosa para la que no están preparados.
    —¡Ambos! —dijo Anya inmediatamente.
    —Justo como en la Batalla de Beltane —añadió Siena—.
Todavía me pregunto si alguna vez se dio cuenta de que había más
que Demons ese día.
    —No subestiméis a Ruth —advirtió Elijah—. Fue guerrera antes
de ser Consejera. Es una experta en tácticas y nunca he sabido que
cometiera el mismo error dos veces.
    —Chicos —dijo Bella de repente, su cabeza inclinándose
cuando volvió su atención a algo que sentía—, lamento decir esto,
pero tengo esa graciosa sensación en el vientre de cuando hay un
Demon transformado cerca. Creo que están siendo ocultados por
mucho más que salvaguardas mágicas. —Ella suspiró en voz alta, la
respiración atrajo la atención inmediata de Jacob que se acercó
automáticamente. Deslizó su mano bajo su pelo y le rozó
suavemente el cuello—. Sabéis —continuó la pequeña bruja—, por
una vez desearía que hubiese algo parecido a una hechicera buena.
Una que estuviera de nuestro lado. Alguien que pudiera
desenmarañar las salvaguardas y devolver a los Demons
transformados de nuevo a ellos mismos otra vez.
     —Imposible —dijo Noah silenciosamente, sofocando al instante
el deseo ingenuo en la cara de la híbrida—. Para convertirse en una
bruja o un brujo, tienes que recopilar libros de magia y hechizos que
son, dentro y fuera de ellos mismos, innatamente poco natural y
malvados.
     —Pensé que los que utilizan la magia habían nacido de magos.
Al igual que los Demons nacen con sus habilidades.
     —Descubrirás que eso es verdad en los brujos más poderosos
—concordó Noah—, pero la mayoría se hacen a sí mismos por
intelecto, recursos, y únicamente por el estudio. Podrías coger un
libro de hechizos, Bella, al igual que lo ha hecho Ruth, y aprender
magia tan fácilmente como cualquiera de ellos. Pero en el momento
en que empieces a usar los hechizos pútridos de los corrompidos
libros, te corromperás a ti misma. Lamentablemente, el acceso fácil a
aquellos poderes es por lo qué hay tantos de ellos, tan de repente. Se
extiende como un culto.
    —¿Un culto liderado por los magos más poderosos que sólo…
nacieron de esa manera?
    —Eso me temo.
     —¿Me estás diciendo que nacer con potencial natural para la
magia te hace de manera innata malo? —El lenguaje corporal de
Bella era una protesta que hacía juego con sus palabras cuando se
puso más tensa—. ¡Eso sólo significa que nunca tuvieron opción! De
la misma manera que tú nunca tendrías opción sobre el elemento
que ibas a dominar, o Siena de la forma en la que iría a mutar.
    —Tienen una opción. Pueden decidir no utilizar la magia negra
—replicó Jacob—. No te molestes y los defiendas, Bella. Sería un
error sentir compasión por ellos.
    —Entonces, ¿me estás diciendo que es una elección entre seguir
su poder innato o no? Jacob, eso no es justo. Se parecería a cuando
tú y yo nos encontramos por primera vez, cuando intentaste
rechazar lo que instintivamente sentías por mí. No importaba cuan
mal te sintieras en tu corazón, no podías resistirte. ¿Cuántos de
nosotros que hemos estado allí, ahora nos damos cuenta de lo
imposible que es?
    —Bien —cortó Elijah repentinamente—, forzado a elegir o no,
eso no cambia lo que son. No cambia el hecho de que nos cazan y
nos destruyen impunemente, salvando lo que nosotros mismos
traemos a su puerta en respuesta.
    —Ya veo. ¿Y si un animal salvaje te atacara porque esta en su
naturaleza hacerlo, te sentirías justificado para matarlo? —habló
Syreena de repente, su ceja gris alzándose hacia su frente.
    —Un animal tiene motivo e instintos. Mata para alimentarse o
protegerse, o en la locura de la enfermedad, como la rabia. El
alimento y la defensa propia son el derecho de cada criatura viva y
no condeno a nadie por tener esas necesidades. No me importa lo
ordinarios o sofisticados que sean, está en los métodos que utilizan
para saciar esas necesidades.
     —Pero te aseguro —siguió él, su voz profundo hielo e
impenetrable acero—, destruiría a un animal rabioso en un latido de
corazón. Un animal enfurecido por esto infectará a aquello en el que
hunda sus dientes si no tomo medidas para pararlo. Destruiré a esas
mujeres con la misma facilidad —aseguró Elijah con frialdad a su
cuñada—. Estas mujeres están rabiosas. Extienden su enfermedad y
sacrifican a cientos de inocentes en el proceso. Aquellos a los que
atraen para afiliarse a su tarea, aquellos que nos roban, y aquellos de
nosotros que hemos sido tratados brutalmente durante sus intentos
por someternos.
    —Syreena, tú eres un Monje de The Pride. Mitad guerrera,
mitad pacifista —dijo Gideon, su tono mucho más diplomático que
el de Elijah—. Entendemos tu tendencia a ver todos los lados de una
cuestión. Ten fe cuando te digo que son preguntas que nos hemos
estado haciendo hasta dónde puedo recordar. No sacamos
conclusiones precipitadas cuando aparecieron estas preguntas.
     —No olvides, Isabella —añadió Noah—, que vuestra integridad
humana, aunque noble, no siempre satisface a criaturas de nuestra
clase de poder. Es un estándar diferente con elevadas consecuencias
si no se manejan con un nivel más estricto de jurisprudencia. Creo
que lo sabes.
    —¿Asesinar o morir? —dijo Bella amargamente—. Desprecio la
idea de mi hija criada en tales tiempos.
    Un momento después, suspiró suavemente, levantándose para
volverse hacia su marido.
     —No te disgustes, Jacob —dijo ella suavemente—. Sentiría lo
mismo si fuera una guerra humana. Tú sabes, que, en mi corazón,
prefiero que ella sea parte de una especie donde el afecto, el amor, y
la moralidad sean los estándares que abunden. Mi enfado está con
nuestros enemigos, no con nuestra sociedad.
     —Perdonadme si parezco estar continuamente ignorante —dijo
Syreena    silenciosamente—,     pero,    como    Bella     preguntó
originalmente, ¿No hay nada parecido a una hechicera buena? —
Syreena miró a su hermana intencionadamente—. En mis lecciones,
me enseñaron que estas bandas que nosotros tres llevamos —indicó
el escaso hilo alrededor de su garganta—, están encantadas. Este
collar está hecho con productos naturales, pero imbuido de
capacidades y propiedades que no podéis encontrar en la
naturaleza. Es lo que yo llamaría magia —dijo ella—. ¿Sigue siendo
entonces el que, ya que son mágicas, son malvadas? No sé de
ningún Nightwalker que pueda hacer algo como esto. Si no hemos
sido nosotros, ¿entonces quién los creó? ¿Los que utilizan la magia?
¿Esas criaturas del mal? —extendió la mano hacia el distante
bosque—. Me niego a creer que algo tan intrínsecamente malo
formara parte de las tradiciones de los Licántropos y nuestro modo
de encontrar a nuestros compañeros espirituales perfectos.
    —No es el momento ideal para discusiones filosóficas —dijo
Gideon repentinamente, sus ojos de plata serios brillando a la luz de
la luna cuando miró a Syreena e Isabella intencionadamente—.
Tampoco es el momento prudente para investigar las historias de
nuestras razas. Si hay tal cosa como la magia “buena” o no, mal
innato o no, estamos seguros en nuestro entendimiento de estos
enemigos en particular.
     —Aquí y ahora —siguió él—, estas mujeres son una amenaza
para todos nosotros. Aquí y ahora, aquellas mujeres se ponen más
fuertes y mortales con cada momento que continúan sumergiéndose
a si mismas en sus artes. Y si no tomamos medidas contra ellas aquí
y ahora, Ruth, Mary y hasta la última mujer en aquel campamento
se presentará otra vez a nosotros y puede no ser una reunión a la
que algunos o todos nosotros tengamos la suerte de sobrevivir.
    —Punto para él —afirmó Anya—. El médico tiene razón. Nos
estamos arriesgando “que sí” y “pudiera ser”, perdiendo el tiempo
en vez de encontrar una solución realista a nuestro inmediato
problema.
     —Estoy de acuerdo—asintió Elijah bruscamente. A los dos no
se les podría confundir nunca por no ser otra cosa que los
luchadores que eran. De su postura al enfocarse en la batalla que
estaba por venir, ambos eran guerreros al final. El grupo, guiado por
su ejemplo, volvió a enfocarse en el asunto que tenían entre manos.
    —Creo … —Siena se giró para inspeccionar poner de la tierra
otra vez—. Sí. Creo que conozco una manera en la que podemos
pasar aquellas salvaguardas. —Se volvió a Jacob, echándole una
ojeada y sonriendo—. Sí, creo que lo tengo.



    Mary    entró en la tienda de campaña de su madre en el
campamento para encontrarla tendida en el relativamente lujoso
alojamiento que le habían dado debido a su posición de mando. Al
igual que la sociedad Demon, el rango en esta agrupación de
mujeres era según el poder, y ninguna de ellas podría exceder a su
madre. Eso era porque había más que las capacidades de una mera
“bruja” en Ruth. Pero, por supuesto, los simplones que usaban la
magia que las rodeaban no lo sabían. Había libros viejos, mohosos,
apilados alrededor del pequeño escritorio en el cual el Demon
Mental femenino había estado estudiando sin cesar, ya que habían
acampado allí hacía poco menos de un mes. Pero estaba claro que su
perturbación le impedía seguir con sus estudios.
    Ruth era una mujer brillante, pero no era una erudita por
naturaleza. Sus habilidades siempre habían estado enfocadas en la
batalla.
     Había sido una guerrera antes de haberse hecho miembro del
Gran Consejo. No fue sólo la suerte y poder lo que le dio la
habilidad de deshacerse de Demons tan expertos en caza y batalla
como lo eran Elijah y Jacob. Ruth había pasado siglos como su
aliada, y como tal conocía todo sobre la manera en que actuaban,
reaccionaban y lo fuertes que realmente eran.
    —Madre, ¿qué te preocupa? —le preguntó su hija, viéndose tan
aburrida como lo estaba ella. El aburrimiento la sobrecogía a
menudo cuando Mary no tenía ataques o incursiones con los que
divertirse. Había desarrollado un significativo gusto por aquellas
cosas—. Hemos matado a Gideon. Deberías alegrarte.
     —No —dijo bruscamente Ruth—. Esta celebración es una
pérdida de tiempo y energía. Deberíamos volver al sitio para
excavar en busca de nuestro tesoro. Sobre todo ahora. Noah estará
lívido cuándo descubra que su familia está muerta y deberíamos
estar preparadas.
    —¿Noah? —Mary bufó con una despectiva risa—. ¿El gran Rey
pacifista de los Demons? Ni siquiera se inmutará.
     —¡No seas estúpida! —Ruth se volvió a su hija—. ¿Qué sabes
tú? ¡No sabes nada de esto! Desde que alcanzó la adultez, he sabido
que Noah ha perdido su temperamento sólo tres veces. —Ruth las
enfatizó con los dedos— Cuando su madre fue asesinada, cuando
murió su padre, y la noche en que su preciosa hermana pequeña fue
convocada.
     —Cuando su familia es amenazada o dañada, la rabia de Noah
tiene la fuerza de una furia nuclear. No es nada que quieras ver
alguna vez, muchacha. Créeme cuando te lo digo. Esta noche
matamos al compañero vinculado de su hermana y muy
probablemente a la misma Legna. Y si Legna está muerta, la sobrina
o sobrino aún no nacido de Noah murió con ella. Si alguna vez nos
alcanza, nuestras muertes vendrán en una conflagración que
eclipsará la idea que tienen los humanos del infierno.
    —Pero nadie sabe donde estamos. ¿Quién nos buscaría aquí?
     —¡Elijah lo sabe! —gruñó Ruth a su hija—. Sólo tuvimos suerte
de que no llegara unos minutos antes. Juntos, Gideon y Elijah nos
habrían destruido fácilmente. —Ruth tomó una bocanada de aire
cuando se detuvo de repente para cerrar de un golpe el montón de
libros—. Y ahora que se confirma que Elijah está vivo, él le dirá lo
que le ha pasado a Noah. Ahora, a pesar de todo mi trabajo por
engañar a los Ejecutores que lo rastrearon, probablemente pronto
sabrán exactamente donde estamos.
    —Pero seguramente no vendrán aquí tan pronto…
    —Mary, ¿quién crees que atravesó las salvaguardas el otro día,
casualmente donde se suponía que estaba el cadáver de Elijah? Tuvo
que ser Jacob, o hasta el mismo Capitán Guerrero volviendo sobre
sus propios pasos.
    —Eso esta como a treinta kilómetros de aquí —indicó Mary.
    —¿Y no crees que Noah tiene la sabiduría de ampliar una
búsqueda de nosotras desde allí? ¡Deja de ser tan ignorante,
muchacha! —Ruth giró sus llameantes ojos azules sobre su
descendiente—. Por todo lo que sabemos ya podrían estar de
camino.
    —Entonces deberíamos         irnos   —dijo    Mary,    pareciendo
repentinamente asustada.
    —Sí. Deberíamos. Pero no me marcharé sin pasar cada segundo
posible buscando, eso por lo que vinimos. Puedo teletransportaros a
todos a la seguridad en un latido de corazón. Podemos dejar que
estos bobos distraigan a las fuerzas de Noah mientras escapamos. —
Ruth se paseó un poco más, frotando los delgados dedos sobre su
tensa frente—. Legna es la única que podría ser lo bastante fuerte
para interferir en uno de mis teletransportes. Incluso si ella no murió
en el fuego, era el poder de Gideon el que le daba la fuerza para
competir. Sin él, sin duda volverá a su común estado de adulto una
vez más.
    —Haré que los otros vuelvan al sitio de la excavación —dijo
Mary, su aburrimiento se había ido y empezaba a ser consciente del
peligro que los acechaba.
      —Encárgate de ello. Necesitamos ese libro de hechizos si
debemos destruir a Noah y a todos aquellos idiotas santurrones que
él llama Consejo.
     —Lo haré, Madre. Creo que estamos muy cerca. Aquel libro de
hechizos menor que encontramos puede que quiera decir que el otro
está cerca.
     —Yo no contaría con ello si fuera tú. Me uniré a ti en breve.
Tenemos que permanecer una cerca de la otra en caso de ataque. Si
nos marchamos antes de encontrar el Tomo Oscuro, sabrán lo que
estamos buscando algo y no dudo que continuaran la búsqueda
ellos mismos hasta imaginarse lo que estábamos buscando.
Habremos conducido a Noah directo a él. Si encuentra el Tomo y es
la mitad de erudito de lo que ya es, entenderá lo que somos poco
después.
     —Madre, tú misma dijiste que nadie más sabía sobre el Tomo
Oscuro. Dijiste que nadie sabía siquiera del rollo que encontraste
que nos dirigió a este lugar. Si nos encuentran, no sabrán para que
es. Dijiste que sólo los que usan la magia pueden leerlo.
     —Confían en mí, hija. El Capitán Guerrero no tendrá ningún
problema coaccionando a un preso que usa la magia para que
descifre el libro para el Rey una vez que Noah entienda lo que esto
requiere. En ese caso, nuestra única esperanza será que nos lleve
menos tiempo considerar las alternativas de lo que a ellos les lleve
entender las cosas. Ahora ve. Estamos perdiendo el tiempo. Puedo
sentirlo presionándome.
    —Incluso si vienen, las salvaguardas y los Transformados los
mantendrán ocupados —trató de tranquilizarle Mary—. Todavía
tenemos algo de tiempo.
    —Esperemos que así sea.
CAPÍTULO 18


     —Bien, este lugar parece familiar —murmuró Elijah contra la
oreja de Siena haciéndola reírse entre dientes mientras le daba un
gentil codazo en las costillas.
     —Estas cavernas tienen kilómetros y docenas de salidas como
ésta —explicó Siena, la rica voz hacía eco cuando entraron a los
despoblados túneles fuera de la cueva que Jinaeri había hecho su
casa invernal—. Muchos de ellos están en hábitat de hibernación,
pero no todos los Licántropos. Si cruzamos el camino con la fauna
salvaje, dejarnos manejar el asunto a nosotras tres —se señaló, luego
lo hizo con Anya y Syreena.
    —Dirás nosotros cuatro —dijo Jacob, recordándole que sus
habilidades estaban en igualdad hasta donde a los animales
encantados les concernía.
     —Conserva tu energía, Ejecutor —le recordó Siena —. No hay
salida alguna de estas cavernas que desemboque en el campamento.
Simplemente usamos estos pasajes para pasar inadvertidos para los
guardias. Contamos contigo para llevarnos a la superficie.
    —No me preocuparía por mi reserva de energía —le aseguró.
     —No     entiendo    por   qué  no   puedo   simplemente
teletransportarnos dentro del campamento —se quejó Legna por
tercera vez.
    —Ruth nos sentiría llegar —reiteró su marido con sorprendente
paciencia. Desgraciadamente, es una oponente formidable para tu
fuerza. Hablando tácticamente, no sería prudente permitir que nos
rodearan de esa forma.
    —Gideon, podría sacarnos rápidamente.
    —Lo dudo —dijo Noah, el tono dejaba entrever que deseaba
acabar con la discusión—. Traernos a todos dentro, sería de por sí
imposible, incluso para tu formidable poder, Legna. ¿Sacarnos
después? Nunca podría suceder. Simplemente no eres tan fuerte.
Francamente, en mi opinión, no deberías estar incluso con nosotros.
     —No pienses siquiera darme algún remilgado sermón sobre las
delicadas necesidades de las mujeres embarazadas. —Le advirtió a
su hermano agudamente —. O juro que te teletransportaré al Polo
Norte dónde no hay nada combustible en cientos de kilómetros a la
redonda.
    —Sabes, solía pensar que en mi pueblo eran demasiado
confiados —comentó Siena—, pero ahora veo por qué mi padre tuvo
tantos problemas para ganar contra tu nación. Eres muy terca.
    —No tienes ni idea —dijeron Gideon y Noah a coro.
     Elijah rió entre dientes mientras brincaba de una cornisa al
suelo aproximadamente metro y medio debajo. Se acercó, sin
pensarlo, a ayudar a Siena con las manos sobre su cintura. No se dio
cuenta hasta que ella dudó, de que pudo interpretar el gesto como
algo humillante a su capacidad indudablemente excelente de cuidar
de sí misma. Pero se apoyó en sus hombros un momento después,
deslizando las manos cuando la bajó fácilmente al suelo.
     —No te preocupes —le aseguró suavemente cuando entrelazó
los dedos con los suyos y apretó su mano—. A veces me olvido que
naciste cuando los hombres eran caballeros. Sin embargo, pienso
que podría acostumbrarme.
    —Me alegro de escucharlo —dijo con una mueca—. Sin
embargo, estoy sinceramente deseoso de abandonar los modales
caballerosos y permitir a la puerta golpearte el trasero a tu
inmediata petición.
    —Eres tan amable —rió.
     El grupo continuó desplazándose a través de los túneles,
siguiendo la segura guía de Siena. El suelo de la caverna era, a
menudo, resbaladizo, la caliza estaba repleta de agua que goteaba
de las estalactitas y la neblina subterránea que descendía de las
calientes primaveras.
    —Ahora no está lejos —dijo Siena cuando subieron
trabajosamente una cuesta—. Desearía que tuviéramos una manera
de sentir a los guardias desde aquí.
—Tenemos a Bella. Es mejor que cualquier sensor.
    —¿Cómo? —La Reina se volvió y miró curiosamente a Elijah.
    —Bella puede reducir el poder.
    —Elijah, queremos evitar eso si es posible —le recordó Jacob—.
Los efectos colaterales están demostrando ser perjudiciales.
     —Pero imagina cuánto más simple sería si sólo atravesáramos
esos pabellones una vez que yo reduzca el poder. No tendríamos
que pasar por todo esto. —Arrancó de golpe la mano que tocó una
particularmente fangosa pared—. Puaj — dijo haciendo una mueca
mientras se limpiaba la mano en los vaqueros—. Y sobre todo, Ruth
y Mary pueden escapar en un rayo de teletransportación si no les
lanzara una maldición. No veo cómo podemos evadirlo.
    —No debes tener contacto con Ruth no importa qué suceda —
advirtió Jacob sin tolerar ninguna de sus tercas negativas—. Está
corrupta, de maneras que nadie ha visto antes, no podemos adivinar
siquiera que podría causarnos a cualquiera de nosotros. Ruth no
hubiera podido tocar a Gideon hace seis meses. Ni Ruth, Mary ni
una docena de nigromantes podrían haber hecho eso.
    —Es muy poderosa. —Gideon estaba severamente de
acuerdo—. Debemos recordar no tratar esto como cualquier batalla
ordinaria. Hay un gran riesgo involucrado aquí.
    La conversación se detuvo cuando Siena vaciló en sus pasos. La
vieron levantar la cabeza, e inmediatamente nueve cabezas se
volvieron en unísono para escuchar.
    —Nunca he estado aquí antes —murmuró Siena—. Hay algo
peculiar sobre este lugar. No puedo poner mi dedo en él. ¿Puede
alguno de vosotros?
     Fue Noah quién levantó las cejas sorprendido.
    —Moho. Huelo moho y… —Investigó, agitando la oscura
cabeza.
    —¡Libros! —Exclamó Bella de repente—. Huelo libros. He
pasado demasiados años en una biblioteca para no conocer ese olor.
    —Pero nadie ha estado en estos pasajes en años —meditó
Siena—. El crecimiento de la piedra, el flujo de agua y pasajes son
totalmente nuevos. Además, está demasiado húmedo para que
tenga sentido guardar libros aquí. Se estropearían fácilmente. Jinaeri
tiene que guardar los suyos cubiertos aunque ella está en un área
seca.
    —Estoy diciéndote, que son libros —insistió Bella.
    —Creo que tiene razón —estuvo de acuerdo Noah.
     —Mirar, aquí. —Jacob saltó hacia un alféizar natural,
agachándose para inspeccionar la pared cercana—. Esto puede ser
nuevo ahora, pero alguien definitivamente ha alterado esta cara de
la piedra en un momento dado. ¿Veis estas ranuras? Son artificiales,
intentando mantener una apariencia de suceso natural sin embargo.
¿Veis? El agua no fluye encima de esta sección aquí, entonces ¿por
qué esto está tan desgastado en una ranura tan profunda? —se
estiró para tocar la primera medida de la hendidura.
    —¡Jacob, no lo hagas! —clamó Bella de repente, haciéndolo
congelarse inmediatamente.
    Se apresuró hacia él, agarrando su brazo e intentando
arrastrarlo a su lado.
    —Algo no está bien. Puedo sentirlo. Por favor sal.
    —Bella, retrocede. Prometo que tendré cuidado. —Extrajo la
mano del agarre de muerte en que lo tenía y sacudió los dedos
cuando intentó mantener el apretón.
     Siena miró con ojos atentos como el Ejecutor rozó
inquisitivamente los dedos sobre y alrededor de aquellos surcos
leves, intentando investigar su memoria por algo, aunque ella no
tenía ninguna pista de lo que era.
    —¡Jacob detente!
    El coro brotó simultáneamente de Elijah y Siena. Al unísono
habían experimentado un momento de lucidez, Siena recordando el
fragmento de una historia que había escuchado durante su niñez
unos cien años atrás, y la proximidad de Elijah al súbito temor que
brotó en su mente lo incitaban a hacer eco de la advertencia.
    Jacob se apartó esta vez, todavía escuchando otra advertencia
de una fuente que no podía desdeñar por sobreprotectora... Se bajó
deprisa de la cornisa mientras Siena se acercaba a ella. Saltó
fácilmente, sintiendo la mano de Elijah guiándola.
     Esto la hizo sonreír al mismo tiempo, se limpió las manos por la
falda del vestido que Legna le había prestado. Magdelegna tenía un
estilo más conservador, por lo que la falda era más larga y
voluminosa de lo que a la Reina le habría gustado, pero lo arrancó
simplemente de su camino cuando se arrodilló para inspeccionar las
sospechosas ranuras.
    —Hay una leyenda en mi pueblo acerca de los tiempos antes de
que nos atreviéramos a salir de las cuevas y aventurarnos al mundo.
Así como mi castillo, ciudades completas se construyeron bajo tierra
supuestamente. En ese tiempo, decían que nosotros nunca
entraríamos a la luz del día. —Se acercó más a la pared—. Hemos
encontrado sólo pequeñas moradas que indicaron esto como cierto.
Por otra parte, nuestra única prueba eran las historias que nos
pasamos verbalmente y los viejos fragmentos de tradiciones
populares.
    —¿Así que, qué es esto?
     —La leyenda dice que todas las entradas a esta ciudad fueron
encubiertas y entrampadas para prevenir accidentes, así como a
decididos intrusos. Si una persona curiosa no supiera cómo desviar
la trampa inofensivamente, tropezaría y sería asesinado.
    —Tú no crees que ésta sea una ciudad —dijo Bella con claro
escepticismo.
    —No, no lo hago —estuvo de acuerdo Siena—. Pero creo que
podría ser una entrada formada con esas mismas trampas.
    —Dime que sabes desarmarla —la animó Jacob.
    No sabía. Tocó ambas ranuras simultáneamente, un clic fuerte
hizo eco sobre ellos, haciéndolos asustarse ante el sonido. Después
de un breve lapso, estudiando la trampa, puso ambas manos en la
pared y cambió el peso y la presión de su toque ligeramente al
correcto. La pared se deslizó tan de repente que sobresaltó a la
Reina, quién retrocedió hacia la protección de Elijah, al momento
que él saltaba hacia la cornisa en un segundo para impedirle que
resbalara.
    —Buenos reflejos —murmuró ella a su marido.
    —Gracias —se rió entre dientes, acercándose a su espalda
cuando miró en el interior del oscuro lugar de la entrada—. ¿Noah?
     —Considéralo hecho —respondió el Rey. Extendiendo la mano
con sus refinados sentidos, sintió la presencia de antorchas de
alquitrán y las encendió en una brillante oleada de luz. Todos
hicieron un gesto de dolor cuando las filas de antorchas los
deslumbraron momentáneamente.
     —Pienso que ya sé lo que Ruth está buscando —dijo Bella con
ávido temor, habiéndose recuperado antes que los otros porque sus
ojos no eran tan sensibles a la oscuridad y a la luz.
    Los ojos se aclararon y un grito sofocado salió del grupo cuando
se apresuraron y se apiñaron alrededor de la entrada del cuarto
oculto.
    —Les dije que eran libros —murmuró Bella.
     Eso era una subestimación. Realmente era una biblioteca
subterránea. Estaba maltratada por la falta de uso y debido a los
años que había sido ignorada, el daño del agua que había cambiado
el curso durante los años de corrosión corría bajo paredes que
habían sido destinadas a estar secas, pero esto, había sido
definitivamente una biblioteca bien diseñada alguna vez. Tenía
corredores rojos entre cada juego de estantes, el bordado de
terciopelo rubí, claramente una vez muy rico y fino. Las antorchas
iluminaban las mesas del estudio, así como los podios que sostenían
separados tomos de enorme tamaño.
    Y claro, a lo largo de ambos lados del corredor, estantes,
estantes y estantes de libros que llegaban más allá de lo que incluso
su perspicaz visión podría ver.
    —Wow —dijo Legna, no pudiendo tener otra reacción.
    —De acuerdo, ¿Cómo podría Ruth, de todas las personas, saber
que esto estaba aquí?
     —Claramente no sabe que está aquí. Piensa que está arriba —
dijo Siena, apuntado sobre sí misma a la piedra que bloquearía el
progreso de Ruth aunque sospechara que hubiera algo bajo él.
     —Cierto. Mary no tiene el poder para excavar a través de la
tierra y piedra. Ése es un rasgo de los hombres Demon de Tierra —
dijo Jacob, los ojos tan abiertos como los de los demás cuando
examinó la biblioteca suavemente—. ¿Piensas que es seguro entrar
ahí?
   —Creo que sí —murmuró Siena— pero no apostaría que fuera
completamente inofensivo, así que manteneos alerta.
    La batalla que habían encabezado fue totalmente desechada,
todos entendían que esta era una tarea más crítica. Se movieron
hacia la aislada caverna, los hombres uniendo las manos con las
mujeres, todos alertas mientras se preparaban a tomar cualquier
forma que necesitaran para escapar del daño y llevarlas con ellos
hacia la seguridad.
     Siena les precedió a todos, amplios ojos dorados examinando
superficialmente sobre los títulos de los volúmenes más cercanos.
Elijah estaba cerca, detrás de ella, tan cerca que cuando se detuvo,
tropezó con su espalda y permaneció allí hasta que continuó.
     —Siena, ésta es la Atesorada Lengua —susurró Syreena, su
sentido de reverencia atravesó el ruidoso claro cuando alcanzó a
tomar un libro en las manos, sosteniéndolo como si fuera una gema
preciosa. —El idioma histórico que sólo los miembros de The Pride
saben ahora. También se perdería para ellos si no fuera por el hecho
que se pasan tanto tiempo manteniendo su conocimiento sobre él.
    —¿Eso significa que esto es una biblioteca de Licántropos? —
preguntó Elijah.
    —No.
    Todos se volvieron para ver a Bella bajar otro libro.
    —Jacob, esto es el idioma antiguo de la raza Demon.
    Las cabezas se volvieron de una mujer a la otra. Se cruzaron
para encontrarse unos a otros e inspeccionar los libros.
    —Estos no son los mismos —les informó Bella—. Veamos si hay
otros.
Había libros en los idiomas conocidos y desconocidos a
aquéllos en el cuarto.
    —El idioma de los Vampiros —dijo Gideon agitando la
cabeza—. Esto se parece a las marcas de los Shadowdweller. Éstos
son esos caracteres intrépidos, pintorescos que utilizan.
    —Es una biblioteca Nightwalker —dijo Siena, la voz susurrante
resonó en los techos altos.
    —Muchos de ellos están arruinados —comentó Elijah, dejando
caer un libro saturado hacia una mesa dónde se desintegró
inmediatamente.
    —Noah, ¿Has oído hablar alguna vez de algo así en tu historia?
—le preguntó Siena al Rey.
    —Nada. Esto…Esto está más allá que cualquier cosa que
nosotros algunas vez supiéramos.
    —Yo nunca oí hablar de esto a The Pride, y ellos tienen un truco
por decir algunos cuentos bastante primordiales —dijo Syreena,
mientras continuaba inspeccionando los estantes con ligeros
dedos—. ¿Es posible que esto preceda incluso a nuestros
antepasados?
     —¿Y ninguno de ellos pensó en decir a cualquiera de nuestros
historiadores sobre él? Encuentro eso difícil de creer. Seguramente
algún tipo de historia o leyenda sobre esto ha sobrevivido…
Alguien tendría una prueba escrita o mención en alguna parte —
insistió Noah.
     —Oh sí —dijo Bella, con los ojos rodando y tono seco— Así
como tú eras consciente de esa pequeña feliz profecía que encontré
acerca de que todos estábamos a punto de ser colocados dentro de
una secadora y agitados para ser literalmente escupidos, sólo para
ver lo que sale del lavado.
    —Buen punto —rió Elijah entre dientes.
    —Jacob, mira esto. —Noah llamó al Ejecutor. Jacob se acercó a
mirar detenidamente el libro sobre el hombro del Rey.
    —¿Es lo que pienso que es?
—¿Qué? —preguntaron los demás.
    —Hechizos —contestó Noah, los ojos oscuros, serios y cargados
de preocupación—. Hechizos de usuarios de Magia.
     —¿En una biblioteca Nightwalker? —Empujó Isabella a través
de ellos, inspeccionando el volumen grande con los ojos afilados— .
Latín. … Italiano… Ni siquiera sé lo que es esto —dijo moviendo la
cabeza—. Pero hay incluso jeroglíficos egipcios aquí. ¡Esto es,
como… el compendio completo de hechizos del mundo entero! Esto
es lo que Ruth y Mary están buscando. Apostaría mi escondite de
barras de chocolate en ello.
     —Pienso que tiene razón —estaba de acuerdo Noah, hojeando
las páginas cautelosamente, pero encontrándolas todas demasiado
rígidas—. Tenemos que destruir esto.
        —¡Absolutamente no!
        —Bella —advirtió Noah.
     —Ni siquiera lo pienses Noah, hay una razón para que esto esté
en una biblioteca Nightwalker, y quizá deberías entender quieras o
no, qué razón es esa antes de que andes jugando a Fahrenheit 4517.
    —¿Bella, sabes cuán peligroso sería este libro en las manos
equivocadas? —argumentó Noah.
        —Pero no está en las manos equivocadas. Está en las tuyas.
     —Noah, pienso que puede estar en lo cierto —habló Gideon, los
ojos plateados de repente miraron al Rey, entonces el monarca
entendió cuan seria era su opinión—. Hemos estado buscando
maneras de bloquear la Convocatoria y Transformaciones por
centurias, milenios incluso. Quizás este libro o estos otros contienen
esas respuestas.
        Noah pareció considerarlo inmediatamente.
—Hay una cosa en la que todos podemos estar de acuerdo. —Habló
Siena de repente, con voz profunda que penetraba con seria
gravedad—. Debemos mantener a Ruth y Mary tan lejos de aquí
__________________________
7 Fahrenheit 457 es el título de una novela de Ray Bradbury publicada en 1953. Este título hace referencia a la
temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde. (N.deT.)
como sea posible. Ese volumen es probablemente sólo un arañazo en
la superficie de lo que guarda este lugar. El poder al que tendrían
acceso si descubrieran esta biblioteca es inmensurable. Y no sé sobre
el resto de vosotros, pero pienso que han tenido ventajas más que
suficientes desde que ellos desertaron.
     —De acuerdo —dijo brevemente Jacob—. Noah, Bella… sé que
la tentación de todo este conocimiento está agobiándoos, pero
teníamos un trato mejor con nuestros traidores y sus compatriotas
antes de que nos permitamos distraernos por algo más.
      —De acuerdo también —dijo Noah con una inclinación
afilada—. Pero no me siento cómodo saliendo y dejando todo esto
así, abierto.
    —Esto ha permanecido imperturbable por incalculables siglos,
Noah —le recordó Siena suavemente—. Restauraré el sello y cerraré
como estaba cuando llegamos. Una vez que tratemos con Ruth,
podremos preocuparnos por guardar este lugar lejos.
    Tomó un largo momento, pero eventualmente Noah asintió su
consentimiento. El poderoso grupo inmediatamente retrocedió fuera
de la biblioteca, brincando abajo de la entrada para que la Reina
Licántropo pudiera resellar la trucada puerta. Tomó algún esfuerzo
y un poco de ayuda de contrapeso de su poderoso compañero sellar
nuevamente el antiguo mecanismo, pero eventualmente también
pudieron brincar fuera de la cornisa y volver al grupo.
     —Vamos, pateémosle el culo —ofreció Bella con irreverente
entusiasmo, agarrando la mano de su marido y apresurándolo en
los más profundos huecos de las cavernas.



    Mary estaba caminando inquieta, al lado del sitio de la zona de
excavación, con los brazos doblados alrededor de la cintura,
mordiéndose el labio inferior cuando la energía se emitió fuera de
ella en olas. Su madre no se le había unido todavía, haciéndola
interesarse un poco más por su seguridad si algo de repente salía
mal. Sin embargo, tenía un notable poder, y eso incluía la facilidad y
velocidad de sus habilidades de teletransportación.
    Su madre la había asustado lo suficiente, mencionando a los
hombres poderosos y sus compañeras que estaban potencialmente
fuera por su sangre. Había sido criada en perpetuo temor de esos
nombres, incluso a pesar de la burla constante de su madre.
    Noah. Elijah. Jacob el Ejecutor.
     Especialmente Elijah. Había seguido a su madre una vez al
terreno de entrenamiento cuando todavía había sido una guerrera
bajo la orden del feroz Capitán, y había visto por sí misma cuán
brutalmente frío y calculador podría ser ese poderoso Demon,
incluso cuando sólo estaban practicando. Cuando ella y su madre
habían estado vigilando al guerrero, no hacía demasiado tiempo en
el bosque ruso, mirándolo morir con una aparentemente
incomprensible simplicidad, Mary todavía había sido intimidada y
asustada, a pesar de su evidente debilidad y su clara victoria. Vio
casi sin sorpresa que el guerrero había de algún modo conseguido
evitar una clara e inminente muerte. Siempre lo había creído
infalible, y eso estaba ahora más reforzado que nunca.
     Su nerviosa mirada se movió bruscamente sobre las filas de
mujeres que trabajaban pacientemente en la dura y fría tierra que
supuestamente ocultaba el Tomo Negro que su madre estaba
buscando tan desesperadamente. De acuerdo al pergamino se
suponía que era el centro de mesa de una biblioteca antigua que
había existido hace mucho tiempo, aún antes del tiempo de Gideon.
Era un concepto difícil para que una Demon tan joven como ella lo
asimilara. Que tal cosa sobreviviera todo ese tiempo parecía incluso
imposible, pero su madre ya había descubierto el compañero del
libro, por lo que todavía debía ser posible para el Tomo Negro
haber sobrevivido a todas estas épocas.
    Según su madre, ese libro tendría el poder para destruir incluso
al más poderoso enemigo. Incluso Noah, el extremadamente
poderoso Demon de Fuego quien podría destruir la Tierra entera
probablemente si se lo proponía.
    Pero no pensó que ellos lo necesitaran. Sólo habían destruido a
Gideon, el más Antiguo de su tipo. Si ellas pudieron hacer eso,
podrían hacer cualquier cosa.
    —Yo no descansaría tan cómodamente en esa suposición si
fuera tú.
Mary escapó de sus privados pensamientos con un jadeo,
girando para enfrentar al bajo y frío origen de la declaración. Se
encontró mirando fija y temerosamente los fríos ojos plateados, la
boca bajo ellos se torció en una sardónica sonrisa de cruel confianza
que nunca hubiera esperado saber el significado.
     —Uh, uh, uh —murmuró una suave y exhortante voz detrás,
haciéndola girar con velocidad y terror para enfrentarse cara a cara a
otro juego de ojos plateados—. Sé lo que estás pensando —advirtió
Magdelegna con su propia sonrisa cruel—. Tu mamá no puede
ayudarte ahora.
    El corazón de Mary golpeó con violenta velocidad cuando
comprendió que estaba diciendo la verdad absoluta. La joven
Demon estaba rodeada por todos esos Demons cuyos nombres y
leyendas había temido toda la vida.
     —Jacob, Bella, concentraos en mantener a esta pequeña mocosa
en secreto. Ruth pronto vendrá por ella.
     La orden fue dada por el Rey Demon, cuando él y los otros se
volvieron a los repentinos gritos de advertencia viniendo del campo,
llenos de agitación de usuarios de magia y cazadores.
    —Como una Druida que conozco dijo una vez, ¡Pateémosle el
culo!
     Después de esa declaración alegre, la próxima palabra que salió
de la boca de la Reina de los Licántropos fue el escalofriante rugido
del puma.



    Ruth fue sacudida fuera del estudio del libro abierto ante ella
por el fuerte sonido de urgentes voces fuera de la tienda. Se puso de
pie tan rápido que golpeó la silla de atrás y, agarrando
protectoramente el pesado y viejo volumen contra ella, se extendió
con sus poderosos sentidos mentales.
    Comprendió abruptamente que estaba bajo una enorme
amenaza. Peor aún, su hija estaba siendo amenazada.
Frenéticamente, la traidora rechazó la reacción automática de furia y
cegó el impulso para reaccionar que los instintos maternales
exigieron. Por suerte para ella, los siglos de entrenamiento como
guerrera le recordaron que luchar bajo coacción de emoción era la
manera más segura de perder una batalla. Era en retrospectiva,
exactamente cómo Gideon había buscado obtener la ventaja tan
inesperada en su ataque. Un error por el que ella iba, al parecer
todavía pagar el precio, cuando se dio cuenta de la cercana
presencia del Antiguo. Los dedos crispados se envolvieron
alrededor de su delgada garganta, agarrando a cardenales que no
estaban más allí, excepto en su memoria, de cómo Gideon los había
hecho y casi la había matado en el proceso.
     ¡Ahora ellos buscaban capturar y dañar a su única niña viva,
incluso después de que habían hecho en su arrogancia causarle
sufrimiento a Mary en primer lugar! Si no fuera por sus santurronas
leyes, Mary se hubiera emparejado a un Druida varón que la habría
amado con incomprensible poder, duplicando el potencial de la
muchacha, o quizás más. Pero no. No habían visto conveniente
salvar a ese pobre hombre Druida de una terrible muerte por
inanición. Sólo habían cambiado las leyes para satisfacerse cuando
uno de su selecta pandilla había estado en la necesidad de ello. El
Ejecutor y su esposa.
     Y ahora ambos se atrevían a mantener cautiva a su hija, la
santurronería emanaba de ellos como una apestosa plaga. Sabía que
estaban usando a Mary para cebarla, pero no sería tan engañada
fácilmente, ni sus propósitos tan sencillamente burlados.



    Isabella se paró, pie contra pie con la joven Demon de Tierra,
los ojos violetas llenos de ira apenas reprimida hacia ella. Mary y su
madre la habían emboscado cuando estuvo embarazada, pegándole
bajo, en un específico intento por acabar con la vida de su niño, así
como con su propia vida. La Ejecutora no olvidaría o perdonaría
pronto ese atrevimiento. Ni lo haría su compañero, quien, en la
actualidad, estaba expulsando una red sensorial queriendo
impedirle a Ruth acercarse sigilosamente a ellos, de la manera que
ellos se habían arrastrado en su campamento y sobre su indefensa
descendencia. En el campo, los nigromantes y cazadores estaban
siendo involucrados y fácilmente derrotados. Los cazadores no
tenían ningún otro armamento fuera de las viejas herramientas de
excavación, y los nigromantes eran muy dependientes en su
concentración y necesitaban gran preparación antes de ser eficaces
en batalla. Sólo aquéllos a quienes el poder se les presentaba más
naturalmente presentarían un verdadero desafío. Eso y el hecho que
los infiltrados realmente estaban excedidos en número.
     Isabella, sin embargo, estaba indiferente. La redención era un
poderoso motivador. No había un Demon o Licántropo en el campo
que no tuviera una buena causa para encontrar la redención en este
particular grupo.
     De repente, Isabella sintió un remolino de aire desplazándose,
golpeándola fuertemente en la espalda, haciéndola tropezar hacia
adelante. Jacob giró para enfrentar a su esposa, cuando sus alarmas
sensoriales sonaron en forma ruidosa y extensa. Elijah también
sintió el remolino, aún a la distancia en el campo, estaba distraído de
su actual adversario lo suficiente para mirar en dirección al Ejecutor.
    El guerrero conocía la sensación de desplazamiento de aire de
una teletransportación y ahora lo sentía. Así como los Ejecutores. El
problema era, que no había nada ni nadie en el centro del
desplazamiento.
     —¿Dónde      está?   —preguntó      Isabella  frenéticamente,
retrocediendo instintivamente más cerca de su compañero.
     Elijah vio su confusión, una enferma y fría inquietud se
extendió por la espina cuando los vio revolcarse por un objetivo. La
sensación obtuvo la atención de su esposa, y la vio girar para
observar a los ejecutores, para no perderlos completamente de vista.
Los ojos dorados se desplazaron casi cerrados y la peluda nariz se
alzó dentro del rastro. Inmediatamente, el pelo de la nuca se erizó y
elevó su atención. La gata cambió a Mujer Gato con vertiginosa
velocidad. Elijah supo sus pensamientos al instante. Ruth estaba allí.
A pesar de lo que los ojos estaban diciéndoles, los sentidos del gato
no podían ser engañados fácilmente.
     Jacob acogió la metamorfosis de Siena y la claridad de su
motivación demasiado tarde. Isabella de repente fue arrojada y
enviada volando en su dirección. No pudo evitar atrapar a su
esposa, incluso si no lo hubiera querido, aún con su pequeña
estatura, la velocidad del impacto contra el pecho lo envió
tambaleándose hacia atrás.
    Elijah reaccionó al instante, enfocándose en la Demon traidora
más joven y haciéndola desmolecularizar en nada más que un soplo
de aire. Su esposa estaba cubriendo terreno en imponentes,
poderosos saltos, literalmente siguiendo su olfato para encontrar a
la otra, quién de algún modo había enmascarado su presencia
visual.
     Ruth se materializó con un grito de frustración justo cuando
Siena no estaba a más de dos saltos de abalanzarla sobre la tierra. La
Anciana traidora extendió violentamente una mano hacia la mujer
Licántropo. Siena golpeó una pared, medio saltó, y retrocedió con
una tos atemorizada. Ruth había teletransportado una sólida piedra
en su camino a una distancia demasiado corta para que pudiera
cambiar la dirección. Aturdida, Siena tocó la almohadilla de la pata
palpando el desgarro de piel que cruzaba por su frente, surgiendo
con la piel ensangrentada por el esfuerzo.
     Ruth entonces se teletransportó lejos. Elijah se preparó,
sintiéndose bastante seguro que ella seguiría el rastro a cualquier
costo. Forzó a Mary dentro de un estado no corpóreo y le tomó un
gran esfuerzo, de todas formas, estaba luchándolo con uñas y
dientes, Elijah azotó la espalda en su forma natural, antes de que
perdiera la oportunidad de hacer eso también. En cuanto hizo esto
sintió que Ruth aparecía violentamente atrás suyo.
     Ruth siempre había sido una experta atacando por la espalda.
Literalmente. Esta era una de sus estrategias de ataque favoritas...
Elijah le había enseñado cómo, por lo que estaba preparado para la
hoja que vino, cortando hacia su costado expuesto. No gastó energía
cambiando de forma, pero en cambio se agachó y rodó con notable
agilidad y velocidad. Aún así, la hoja pasó más allá de su oreja,
rasguñando el lóbulo.
     El guerrero no tuvo tiempo para notar la lesión. Ruth se
teletransportó de nuevo y una vez más a su espalda.
Instintivamente, Elijah bloqueó el golpe con el brazo, enviando
chispas que volaron cuando el metal de la cuchilla conectó con los
eslabones de su brazalete dorado. Sin la preocupación por la
perversamente afilada hoja, Elijah envolvió el brazo desnudo
alrededor y tiró hacia abajo, desarmando pulcramente a Ruth,
aunque a expensas de una buena mordida en la carne de sus bíceps
y antebrazo. De nuevo el brazalete le había salvado de lo peor.
     Ruth se volvió para mirar a su niña, claramente intentando
centrarse en ella para teletransportarlas a ambas lejos. Pero cada vez
que había intentado hacerlo hasta el momento, algo estaba
impidiéndole llevar a su hija con ella. Frustrada y enfurecida, se
teletransportó lejos, sola, antes de que el Demon guerrero alcanzara
sus pies y pudiera reagruparse para atacar.
     Elijah se levantó, pero tenía un blanco diferente en la mente.
Agarró a la desorientada Mary por la garganta, usando el asimiento
para tirar de la espalda contra su pecho. Mary jadeó, entonces gorjeó
un restringido sonido de pánico cuando la enorme mano
interrumpió su suministro aéreo. Era demasiado joven e inexperta
para usar cualquiera de sus habilidades innatas después de ser
empujada hacia el captor como había sucedido. Todo lo que podía
hacer era sacudirse y agarrar la mano cerrada tan firmemente
alrededor de su cuello.
     —¡Ruth! ¡Arrancaré su cabeza aquí y ahora, lo juro! —Ladró
Elijah malamente al aire nocturno—. ¡Termina esto! ¡Encuentra tu
destino como la guerrera que una vez fuiste!
     Ruth se materializó una vez más, esta vez con tal violencia que
algunos de sus compatriotas fueron lanzados hacia atrás. Elijah
estuvo al instante con los nervios de punta cuando se dio cuenta que
la traidora había aparecido justo detrás de Siena. No necesitaba
preocuparse. Siena se había preparado al parecer para tal táctica. Era
un borrón de piel dorada cuando giró alrededor con sorprendente
velocidad. Ruth reaccionó, estirando los brazos cuando ella intentó
brincar hacia atrás. Pero Siena era más rápida, sus afilados reflejos
tan reales como su habilidad en dar en el blanco. Las garras de la
Mujer Gato rasgaron a través del frente del vestido de Ruth,
cortando a través de la gasa y carne.
     La Anciana Demon Mental gritó de dolor, tambaleándose hacia
atrás, los ojos muy abiertos con repentino temor cuando la Mujer
Gato gruñó y se agachó, negras y doradas pupilas se estrecharon
sobre ella como si fuera la próxima comida del gato. Sus sentidos
notaron la cercanía de los Ejecutores, también que las líneas de su
campamento estaban reduciéndose a nada, y que si se quedaba y
luchaba por su hija un momento más, era muy probable que
también fuera capturada. La última cosa en el mundo que quería era
caer bajo el castigo de los Ejecutores y el Rey. Si era capturada,
moriría indudablemente por sus crímenes.
     En un último y desesperado intento para salvar a su niña,
intentó pensar en una manera de ayudar a Mary a escapar de un
destino similar. Tenía sólo un segundo para llegar a una solución
antes de que se encontrara bajo el salto del gato y sus dolorosas
garras. Con desesperación, Ruth robó una pala de excavar, con una
aguda punta de metal que un cazador estaba usando a cierta
distancia utilizándola como proyectil contra Gideon. Reapareció a
medio vuelo, dirigiéndose directamente hacia Elijah, su hija protegía
su pecho. Mary era demasiado pequeña contra el gigante, por lo que
sus hombros se encontraban apenas debajo del palmo de costillas
que cubrían el corazón del Capitán Guerrero.
     El proyectil era demasiado inesperado y se movió demasiado
rápido, incluso para la reacción de Elijah. Pero Siena ya había
empezado a lanzarse contra esta Demon perra que le había causado
tanto dolor. Sin comprender Ruth había lanzado un último ataque
letal a su compañero, ella había saltado hacia la Demon con un
escalofriante y dramático grito. Ruth retrocedió con temor, toda su
atención enfocada en escuchar atentamente ese horrible y anormal
grito de guerra. Fueron sólo los siglos de entrenamiento reflexivo
como guerrera que la hicieron correr en la dirección correcta para
evitar las garras que apuntaban para destriparla de un solo golpe.
     Demasiado tarde, Ruth comprendió que había perdido control
de la lanza que había apuntado al corazón de Elijah. Corriendo para
evitar de nuevo el mortal alcance de Siena, giró para verificar si
había salvado a su hija de la asfixia del gigante.
    Durante un momento, un deleite poderoso la recorrió cuando
vio el guerrero arrodillado, encorvado sobre el largo césped. Sin
embargo, segundos después se volvió enfrentándola, susto y dolor
surcaron por su rostro. Los ojos de Ruth descendieron, y su mundo
entero explotó en rabia y agonía. Acunada en los brazos del gigante
rubio estaba su hija, su corazón estaba atravesado con el arpón que
había elegido como arma para el Capitán Guerrero.
    La visión de Ruth se volvió negra y luego roja, el cuadro
inconcebible y el entendimiento del mismo haciendo eco a través de
su mente desequilibrada con enloquecedora persistencia. Con esto
vino la calma y claridad que sólo la locura podría proporcionar en
tal momento. Volvió los ojos enrojecidos de odio hacia la Mujer Gato
delante suyo y gruñó bajo.
    —Esto aún no ha terminado —le siseó a Siena—. Pagarán por
mi niña con los suyos. ¡Tienen mi maldición en eso! ¡Todos vosotros!
     Entonces se teletransportó lejos, en una última y violenta
retirada, dejándolos para siempre ahora que ya no había nada para
mantenerla allí. Con las frías palabras de la traidora Demon todavía
resonado en sus oídos, Siena se volvió para mirar a Elijah. Sólo
entonces comprendió cuán seria era la amenaza que Ruth había
hecho.
    Mary estaba muerta.
    Y Ruth había prometido ver que ellos pagaran con la sangre de
sus propios niños.
CAPÍTULO 19



    Cerca    del amanecer, el viento que se arremolinaba en el
exterior de la apartada cabaña de troncos, en el balcón de la
biblioteca, se solidificó en las formas de la Reina y el guerrero. Se
abrazaban estrechamente, como apoyándose entre sí. Ambos
estaban agotados física y mentalmente, por lo que probablemente
estuvieran haciendo precisamente eso. Elijah se movió primero,
acariciando con los cálidos y firmes labios el reciente tejido del corte
que surcaba la dorada frente.
     —Espero con ansia el día en que Gideon pueda realmente
ayudar a tu gente a sanar —dijo suavemente contra la piel, su
corazón deseándolo. Odiaba verla incluso con el más leve daño. Le
llevaría mucho tiempo olvidar la visión de ella, ampollada y
descompuesta en su lecho de enferma.
     —Shh… —Siena le calmó con un suave aliento, la boca vagando
por la garganta—. Estoy en tu mente, guerrero —Era tanto
reproche, como recordatorio. No estaba acostumbrada a
preocuparse sobre algo más de lo que él era—. Gideon es muy
brillante. No tengo ninguna duda de que encontrará la forma dentro
de nuestra química. Mientras tanto, esto se curará solo bastante
rápido.
    Levantó la cabeza de la suya y miró despacio alrededor,
abarcando la oscuridad despejada que los rodeaba. La noche entera
se había ido, aunque sólo habían pasado unas pocas horas desde
que se habían levantado para la batalla. Elijah los había arrastrado a
través de numerosas zonas horarias, siguiendo la sombra de la
oscuridad hasta que habían llegado allí, donde estaba amaneciendo.
      —Este no es territorio Licántropo —comentó, mirando a la
extensa pradera sin árboles y a la fosa de largas hierbas moviéndose
con la brisa natural. El otoño comenzaba en este lugar. Las primeras
nevadas estaban previstas en cualquier momento en su propio
territorio.
—Exacto —Murmuró Elijah, besándola cariñosamente el pelo
al estrecharla— Sin castillo. Sin guardias. Sin embajadores,
consejeros, o generales…
    —Sin noche —indicó secamente.
    —Sin problema —contestó con una sonrisa. —Confía en mí. Mi
idea es que no haya ni enemigos, ni amenazas, y sobre todo,
ninguna preocupación inmediata que no pueda esperar unas pocas
horas.
     —Eso es imposible de lograr con esa loca criatura vagando por
el planeta —respondió con un triste suspiro.
     —Hasta que sepamos con exactitud dónde se ha escapado, está
momentáneamente fuera de nuestras manos. Sólo Jacob e Isabella
tienen la esperanza de averiguar dónde ha ido. Ha conseguido
encubrir muy bien sus huellas para escaparse de las habilidades de
un guerrero, sin importar mi poder. El Ejecutor nació con la
capacidad innata de rastrear por sí mismo. La encontrará. Está
maldita, deshonrada, transformada y corrupta, pero aún es un
Demon —Elijah suspiró, cerrando los ojos a medida que la brisa del
amanecer traía el perfume de la tierra y la hierba de los
alrededores—. Se esconderá y será condenadamente difícil
acercársele, pero tengo una fe ciega en Jacob. Mientras tanto, gatita,
no podemos vivir nuestras vidas sólo para luchar y cazarla. Le daría
una victoria de tal alcance, que ni siquiera podría imaginar.
    Siena se estremeció suavemente, extendiendo las esbeltas
manos para envolverlas alrededor de los fuertes y musculosos
bíceps, el pulgar acariciando el vendaje que le ajustó.
    —Cuando me acuerdo de lo cerca que estuviste de ser
asesinado….
     —Nunca. Soy más rápido y fuerte que sus trucos, gatita.
Cuando Mary me golpeó, no era nada más que aire. Sólo desearía
que también hubiera tenido el tiempo y la fuerza de protegerla, pero
con la herida en el brazo… —Suspiró suavemente cuando esos
tiernos dedos delinearon la puñalada curada bajo su mano—. Hay
una parte de mí que perdonaría a Mary por lo que hizo, debido al
amor por sus padres.
—Yo nunca—Insistió Siena con vehemencia, parpadeando para
quitarse el escozor de los ojos, apoyando la mejilla sobre su
corazón—. Desafiar a tu padre por aquello en lo que crees tener
razón es una difícil elección, pero una elección que debes de hacer si
lo afrontas. No era mucho más mayor que Mary cuando hice esa
elección. Incluso acepté el hecho de que un día mi padre tendría que
morir; que tuviera que morir, si lo que alguna vez pensó llegara a
realizarse —Alzó la vista cuando él se tensó bajo su toque—. Es el
ciclo de vida sobre esta tierra, que los jóvenes heredarán su lugar
sobre ella tras la muerte de sus padres. Cada ser vivo, animal o
humano, cumple este destino constantemente. Lo sabes —insistió
efusivamente, bajando la voz en un ronco susurro.
     —Lo sé —Convino en voz baja—. Pero para las especies
inteligentes, ser una parte de este ciclo no es una manera tan fácil de
existir.
    —No debería serlo. Espero que nunca nos pase a nosotros.
    Siena levantó la cabeza, aspirando profundamente en el viento,
tomando todos los olores ajenos de esta parte de Norteamérica en la
que nunca había estado.
    —He viajado tan poco en mi vida —Apuntó, tomando otra
profunda respiración, oliendo todo la flora y fauna—. Siempre me
sorprende cómo el aire puede oler de forma distinta, simplemente
cambiando de lugar.
    —Sí. Es un fenómeno extraordinario. Algo parecido a ti y a mí,
y a este vínculo que compartimos. Único, y aún así simple a su
manera.
    —Mmm... —Coincidió. Entonces se alejó de él con una
sonrisa—. El sol se está moviendo sobre nosotros. ¿No crees que es
el momento de mostrarme tu casa?
     —El tour —contestó con una grave y pícara sonrisa,
llevándosela en brazos mientras abría de una patada las puertas de
la biblioteca y cruzaba con ella la entrada—, puede esperar hasta
más tarde. Tengo otros planes que necesitan que te familiarices con
una única habitación de esta casa.
    —¿El dormitorio?
—El dormitorio —concordó, haciéndola reír con esa dura y sexy
sonrisa que tanto adoraba. Al instante sintió el fuego de la necesidad
por ella quemando a través de su piel, provocada por aquella
decadente risa gutural.
    —¿Nunca se te ocurrió, que después de la derrota a un
archienemigo y enviarlo fuera de un bosque lleno de nigromantes,
podría estar demasiado cansada para la clase de planes que tienes?
    —Debería —dijo con una ridícula sonrisa cuando el descansillo
de arriba a grandes zancadas, y entró en la suite principal—, pero
eres igual que yo, Siena. Después del calor de la batalla, el calor de
la pasión es la primera cosa que ansías. Además, hice una promesa
sobre un juego de unir puntos, y tengo la intención de reunirlos.
   —No sería una verdadera Reina si empezara a faltar a mis
promesas —reflexionó suavemente.
    —No es propio de ti retractarte de tu palabra, gatita —contestó
con una sonrisa cuando la dejó caer, deslizando muy despacio las
piernas por su amplio cuerpo, permitiéndose el lujo bien merecido
de su tacto.
    Siena respondió al instante a la sensación de los músculos
como rocas contra su propia flexibilidad, al conectarse por completo
sus ágiles cuerpos. Suspirando profundamente, lo demostró con un
lento ronroneo de placer cuando se abrazó sexy contra él. Acurrucó
una mejilla sobre su hombro, absorbiendo con cada molécula que
poseía, la conciencia de esas manos frotando su espalda.
   —Así que, esto es lo que se siente estar verdaderamente solo —
murmuró con satisfacción.
    —No estás sola —le recordó suavemente.
    —No, pero lo estamos.
    —Estuvimos solos donde Jinaeri.
    —Tiempo que malgastamos —replicó, levantando la cabeza
para indagar en sus ojos.
    —Negro —soltó.
    —¿Qué? —Preguntó.
—Se supone que contestas “Blanco" —le dijo en un susurro de
complicidad—. Podría jurar que vives por la emoción de llevarme
la contraria.
     Siena rió, gustándole tanto la ocurrencia, que envolvió fuerte los
brazos alrededor del cuello y encontró su boca con labios firmes e
insistentes. Le atrajo con hábiles besos sedosos. El lametón firme de
su lengua, provocándole en un juego que le cautivó por completo.
Cuando al final le liberó, estaba caliente y sin aliento bajo ella,
buscando la punta de los dedos. La Reina extendió las ansiosas
palmas sobre la extensión del ancho pecho que subía y bajaba muy
deprisa.
    —Adoro sentir tu respiración —Suspiró cerrando los ojos,
permitiendo reflejar en su cara el sincero placer de la sensación y el
sonido de la sangre de él moviéndose por todo su cuerpo. Esa
pasión por algo tan simple, le estimuló aún más profundo.
     —Siena —exhaló, cerrando los ojos cuando las manos audaces
se extendieron despacio sobre él.
    —Al volver al hogar del Antiguo, cuando vi a Gideon y creí que
estaba muerto, todo lo que podía pensar era que si algo podía matar
a tan extraordinario ser… ¿Qué posibilidad tendrías contra eso?
Estaba segura que nunca podría sentirte respirar otra vez. —
Comentó, con el recuerdo del miedo raspando en su dulce voz,
apretando las manos en un tenso toque sobre el claro movimiento
del pecho, lo único que mantenía esa emoción en el pasado, donde
pertenecía.
    —Siena … —La silenció dulcemente, acunándole la espalda
desde la cabeza con ambas manos, entrelazando los dedos a través
del pelo mientras examinaba los ojos dorados.
   —Me lo prometiste, Elijah. Cuando estuviera bien y nuestros
enemigos derrotados, podría hablarte de lo que siento en voz alta.
     La vio pestañear deprisa, tratando de deshacerse de la
humedad en los ojos. Alargó la mano para tocar con los pulgares las
suaves puntas de las doradas pestañas, dispuesto a atrapar
cualquier lágrima que se atreviera a escapar de su escrutinio. El
corazón apretado con la emoción, desbordada a través de él,
irradiando como la luz del sol o la luna.
—Siena, antes de decir nada, necesito preguntarte algo.
     —Sí. Lo sé. Has estado pensando mucho sobre algo que te
preocupa que me moleste. Lo he sentido todo el tiempo, mientras
viajábamos hasta aquí.
    —Tengo que    acostumbrarme a tu percepción de mis
pensamientos —dijo con pesar—. Perdóname, no trataba de
engañarte.
    —Lo sé —insistió—. Has hecho lo que cualquier persona haría.
Estabas analizando tus pensamientos antes de expresarlos. Aunque
deba decirte que cualquiera lo haría, no creo que justifique más tú
preocupación. No soy tan irrazonable como piensas que soy.
    —¿Prometes escucharme hasta el final?
    —Siempre —le aseguró.
     —Muy bien —empezó a hablar, la cadencia rápida y
entrecortada; la eficiencia de una tarea desagradable, pero que uno
debe de terminar—. A la luz de los acontecimientos de hoy y todos
los peligros que creo vamos a enfrentar, debo pedirte que me liberes
temporalmente de mi promesa a renunciar de mi puesto con Noah.
Esta situación va a ponerse mucho más imprevisible antes de
resolverse. En este momento, no hay nadie en quien confíe para
sustituirme, que reúna el respeto y el poder que tengo en la fuerza
de Noah. Noah es un gran líder, pero más que erudito, es un
guerrero. Tan temible como es en la lucha, no es ahí donde sus
talentos y energías son mejor empleadas. Depende demasiado de mí
para dirigir los temas de seguridad y defensa, y creo que si me
marcho, resultará ser una ventaja para el renegado que buscamos.
Antes dormiría en un ataúd de hierro, que dar tal poder a Ruth.
    —Elijah —susurró Siena suavemente, acercándose para
enmarcarle la cara con las cálidas manos de largos dedos—. Si sirves
a Noah, todavía me sirves. Si recuerdas, nunca te pedí que
renunciaras a tu cargo. Hiciste la propuesta como un gesto, y fui
honrada por ello. Precisamente, sé que habrías hecho tal asombroso
compromiso por aquellos que no te conocen o aceptan aún. Estoy
bastante impresionada por la sinceridad en la necesidad que tienes
por ser una parte de mi vida y las vidas de mi pueblo. Ese
sentimiento no cambiará. Además, tienes la intención de ser quién
eres, en la posición en la que estás, igual que yo. No querría que
dimitieras, igual que no desearía que me pidieses que renunciara a
ser Reina. Nos las arreglaremos —le aseguró—. Nos las
arreglaremos con paciencia, y tanto rechazo a la tendencia de ruines
comportamientos como nos sea posible. Y tienes razón, no es
momento de extravagantes cambios. Habrá bastantes cambios como
estos. Vive conmigo, ama conmigo. Todo lo demás, hazlo como
estimes más necesario. Además —sonrío—, siento que pasaré
grandes cantidades de tiempo entre los tribunales, tal como pienso
que Noah se sentirá obligado a hacer. Como jefes, debemos dar
ejemplo a los demás que nos observarán para orientarse sobre cómo
olvidar las viejas cicatrices y prejuicios del pasado.
     —Observar enemigos de toda la vida unirse en un esfuerzo
conjunto tendrá un impacto interesante. Creo que tu próxima
propuesta podría ser un mejor servicio, coincidiendo con Damien.
Normalmente ha sido apartado de otros Nightwalkers por tanto
tiempo, como he oído decir de él, pero últimamente ha estado entre
nosotros por propia voluntad. Mostró una extraña preocupación por
tu vida por la que, personalmente, siempre estaré agradecido.
    —Elijah, no deseo hablar de asuntos de Estado todo el día. ¿Por
qué tengo la sensación de que estás evitando que quiera hablar
contigo?
     El guerrero liberó su rostro, distanciándose con una torpeza
evidente. Se dio la vuelta y estudió las vidrieras de colores de
formas artísticas, tan populares entre su gente, que rodeaban el
dormitorio entero con sus muchas ventanas. Bajo la suave luz
coloreada era un gran placer dormir, permitiendo precisamente el
letargo que volvía a los Demons soñolientos, relajados y
desahogados, arrastrándolos a un estado que les imposibilitaba
protegerse, en caso de ataque o emergencia.
     Sin embargo, se dio cuenta mientras observaba a Siena por
encima del hombro, que incluso esa delicada luz sería dañina para
ella. Y si lo estaba usando para seguir evitando por el momento sus
emociones, entonces que así fuera. Siena era consciente de sus
pensamientos, pero también era consciente de que estaba usando su
preocupación por la luz del sol como un escudo, evitando así que
ambos descubrieran qué había perturbado su paz mental. Le
observó con tenaces e imparciales pensamientos, mientras él cerraba
los ojos y deslizaba oscuras nubes. Sonrió mientras la oscuridad caía
sobre la casa.
    —¿Vas a mantenernos cubiertos de nubes todo el día?
     —No —sonrió ligeramente—. No soy capaz de seguir centrando
mi poder mientras duermo. Creo que tal vez Gideon y Noah sean
los únicos que no me sorprenderían si pudieran hacerlo.
    Estaba a punto de preguntarle que pensaba hacer, cuando la
cubierta de nubes se dividió abruptamente, derramando una
repentina e impresionante lluvia. Se giró ligeramente hacia ella y
sonrió, dándole un presumido y sarcástico guiño.
    —Una vez le hice esto a Jacob. Le dije que podía mover la Tierra
igual que él, y me retó a probarlo.
    —Cómo sabías que él haría.
    —Sip —Elías sonrío—. Así que hice caer una lluvia infernal,
provocando que un barrizal cayera directamente sobre él.
     En ese instante, el barro comenzó a caer contra las ventanas,
oscureciendo la habitación primero de un lado, luego del otro. La
lluvia se detuvo para no lavar el lodo. La tierra húmeda había sido
arrastrada desde el fangoso terreno para convertirse en un pequeño
torbellino de polvo que arrojaba barro contra la casa como un perro
mojado. Cuando éste se secara, formaría una perfecta máscara a
prueba de luz.
     —Muy ingenioso —le felicitó con una media sonrisa, cruzando
los brazos debajo de sus pechos, y golpeando con los dedos el
antebrazo, mientras evidentemente esperaba a que se girara hacia
ella y enfrentara sus pensamientos.
    —Sí, sí —Suspiró, finalmente enfrentándola al mismo tiempo
que su curiosidad penetraba su mente.
   —No es propio de ti evitar compartir conmigo los pensamientos
—Le reprochó.
    —En realidad, mis pensamientos no son un misterio. Has
estado teniendo pensamientos muy similares —Elijah se movió para
sentarse en la cama, estirándose para agarrarle la mano y acercarla
hasta situarla entre sus rodillas y rodearle la cintura con los
brazos—. Estamos casados, gatita, y sólo sabemos lo básico uno del
otro. ¿Cómo podemos esperar asumir el reto de sentar pacíficamente
en la misma mesa a los Montague y a los Capuletos?
    Ella asintió brevemente, las manos acariciando suavemente los
hombros. ¿A cuál de ellos estaba tratando de calmar?, No lo sabía
con certeza.
    —Y ni siquiera hemos pensado en niños —añadió.
    —Ninguna de nuestras especies toma a la ligera los niños, pero
no estoy de acuerdo en traer un niño a una unión en la cual los
padres siguen siendo en muchos aspectos extraños el uno al otro.
   —En el supuesto de que seamos biológicamente compatibles,
como para hablar de niños —recalcó ella.
    —Otro asunto —acordó seriamente—. La sucesión de tu trono...
     —... Está seguro en manos de Syreena, sin importar lo que pase
—le interrumpió suavemente—. Tenemos tiempo de sobra para
solucionar estas cosas. No puedes sentarte aquí, y tratar de resolver
la lista de tareas que tenemos de una sola vez. Perdóname, pero
estás pensando como un humano. Los humanos son diferentes,
Elijah, porque no tienen innegables condiciones como la
Vinculación. Esta condición nos ha impulsado a estar juntos, aunque
somos poco más que extraños, pero no por ello es una desventaja.
Quiero aliviar tu mente y decirte que estoy mucho más interesada
en llegar a conocer más el uno del otro, que desesperada por
cumplir con mi deber de obtener herederos.
    —Siento lo mismo —contestó serenamente.
    Cuando apartó de nuevo la mirada de ella, Siena suspiro
exasperadamente y se puso de rodillas entre sus piernas, las manos
cayeron sobre los muslos, apretándolos intentando conseguir su
atención.
   —Elijah, ¿Podemos llegar justo a la parte que sigues evitando?
—Le preguntó seriamente.
    —Maldición —Murmuró, dándole una media sonrisa irónica.
    —Sí, lo sé. Apesta tener una mujer en tu mente.
—Esa podría ser la desconsideración del siglo —Elijah se estiró
hasta acariciar con las yemas de los dedos su barbilla—. Necesito
saber si estas dispuesta a mantener un hogar que este unido en
corazón y espíritu, pero dividido por tradiciones —Concluyó
finalmente.
     —Para empezar —le respondió suavemente—, nuestra casa ya
esta unida en corazón y espíritu. No me dejarías decirlo, pero te lo
diré ahora. Te amo, Elijah —Su voz se quebró, pero debido a la
plenitud de la emoción, no por ningún tipo de incertidumbre—. No
me importa si nos toma diez años o diez siglos conocer todos esos
pequeños detalles que tanto te preocupan. He visto tu espíritu. Lo
he sentido unirse al mío. Ahora sé que somos dos mitades de un
solo ser. Un honorable guerrero, un feroz aliado, un poderoso líder
y un cariñoso amante. Todo lo demás se convierte en pequeños
detalles minúsculos, porque esto es todo lo que necesito saber de ti.
Es tu esencia. Esto esculpe lo que eres y lo que haces, al igual que lo
hacen conmigo —agarró una de sus grandes manos, la atrajo hasta
su rostro y beso la palma, los ojos dorados parpadeaban con
dolorosa intensidad—. Y te ruego que me perdones por ser tan
cobarde y no habértelo dicho en nuestra noche de bodas, cuando
necesitabas tanto intercambiar las palabras y los sentimientos
conmigo —la rica voz inundada de ronca agonía—. Cuando pienso
que podría haberte perdido sin que lo supieras, me avergüenzo de
mí misma y dudo que aún merezca este precioso sentimiento.
     —Siena —repitió su nombre en un suspiro mientras la sostenía
fuertemente contra sí. Elijah nunca había sentido tanta euforia como
la que lo llenó al escuchar esas palabras de amor. Todo lo demás, las
recriminaciones y la pena, no podían penetrar ese sentimiento. Casi
la dejó sin aliento al tratar de acercarla completamente a su
cuerpo—. Creo que te das cuenta de que soy demasiado terco y
egoísta como para morir sin la satisfacción de escucharte decir lo
mismo.
    Él la hizo reír, persuadiéndola a deslizar las manos alrededor de
su cintura, acercándose aún más al pecho, exactamente lo que
necesitaba y quería que hiciera.
    —Estaba tratando de tener un serio y cariñoso momento, pero
realmente no creo que seas capaz . —Declaró con exasperación.
—Estaba siendo completamente serio —le dijo, asegurándose de
parecerlo.
    Siena sólo se rió de nuevo.
     —Pero debo decirte que... —Hizo una pausa, la voz llena de
infinita dulzura y ternura—. Eres tan valiosa para mí —susurró
contra su cuello—. Eres el corazón que late en mi pecho, mi alma
mientras se mueve por mi mente. El aliento en mi cuerpo que tanto
te fascina, es tu esencia que entra y sale de mí en una ola que me
ahoga una y otra vez, hasta que no puedo respirar de lo mucho que
te deseo. Que te necesito.
    Siena trató de respirar, pero su corazón estaba obstinadamente
trabado en la garganta. Se lo estaba haciendo otra vez, haciendo que
todo su ser se hinchara con emociones que iban más allá de su
capacidad, los ojos quemando por las lágrimas.
     —Elijah —Le susurró contra el dorado cabello, las lágrimas que
caían por sus mejillas se deslizaban por las delicadas mechas,
mientras enterraba el rostro en su cuello—. Te amo. Voy a compartir
tus tradiciones, al igual que comparto tu corazón. La Diosa te trajo a
mí, tus tradiciones te ataron a mí de la misma forma en que las mías
me ataron a ti. Si no fuera porque nuestras creencias se unieron
como lo hicieron, quizás nunca hubiéramos conocido estos
sentimientos. Nunca hubiéramos compartido este amor. Por
supuesto que voy a respetar tus creencias y tradiciones. Están
demostrando no ser tan diferentes de las nuestras.
    —Mmm —acordó, sonriendo contra su cabello mientras
acariciaba suavemente los mechones—. Soy tan afortunado de tener
una esposa tan sabia —le declaró—. Aunque confieso que estaba
pensando en una tradición específica.
    —Cuéntame —le alentó.
     —Estaba pensando en la ceremonia de Siddah y mis
responsabilidades en esa función cuando la bebé de Bella llegue a la
edad adecuada —se apartó para ver su expresión—. Va a significar
acoger a un niño. Un niño muy poderoso con capacidades muy
singulares, si nuestra profecía es cierta. Veo una gran oportunidad
de conocimiento, si compartiese nuestras vidas en una corte con
diferente cultura. Pero renunciaría al rol de Siddah si esto te
preocupa demasiado. Entiendo que es una responsabilidad muy
difícil. Aunque, confieso que me dolería mucho decepcionar a Bella
y a Jacob de esa forma.
     —Nunca te pediría que hicieras tal cosa —le regaño Siena—. La
crianza de los hijos es una responsabilidad que ambas especies
toman muy en serio. Ella tendría mucha suerte de tenerte como
mentor. Y aún más de tenerme a mí.
     Sonrió cuando se acercó para pellizcarla por impertinente. Siena
le respondió deslizando las ardientes y audaces manos a lo largo de
la espalda. Le sintió suspirar pesadamente, y supo que era porque
su toque le relajaba tanto como sus generosas respuestas lo hacían.
No tenía que preocuparse de tantas cosas a la vez. El tiempo
pondría a cada cosa en su lugar. Él estaba cansado y debilitado por
una batalla que hacia del futuro algo frágil, por lo que entendía su
inquietud.
    También tenía una cura para ello.
      Mientras su cabeza se llenaba de pensamientos y preguntas, ella
empezó a susurrar en su mente una suave letanía en su idioma
nativo. Era suave, imperceptible en el clamor de esos pensamientos,
y ni siquiera sabía con seguridad si conocía el idioma. Sin embargo,
si él quería compartir tradiciones, este era una de las que estaba feliz
de ofrecer. Normalmente, estas palabras se decían en voz alta a tu
compañero. Siena tenía la ventaja de la telepatía para ayudarla, lo
cual dejaba a su boca disponible para otras cosas.
     Comenzó a frotar la delicada boca contra su cuello, encontrando
el ritmo de su pulso, sintiéndolo por un momento, ya que
representaba el ritmo de la vida que corría a través de él. Luego
abrió los labios y deslizó la lengua sobre esa constante vibración. Al
instante, la atención de Elijah se concentró en un único punto de
interés, desechando todo, excepto el aterciopelado deslizamiento de
calor y humedad que lamía lentamente el trayecto de su carótida. El
calor explotó como fuego en su mente, deslizándose sobre cada
pulgada de piel, y finalmente, asentándose intima y ardientemente
en su cuerpo. Ella se arrodilló entre los muslos, los increíbles senos
presionados contra el pecho, y las manos resbalando por encima de
los muslos.
Elijah sintió la instantánea reacción que despertaba tan
fácilmente en él. Soltó un agonizante gemido, mientras los dientes
empezaban a juguetear en su cuello. Ella lo mordisqueó y sintió el
rayo de erótico placer que llegó hasta el centro de su ser. Fue
entonces cuando empezó a escuchar las palabras penetrando en su
cabeza, en su lengua nativa, un idioma que había aprendido hacía
mucho tiempo, como cualquier guerrero inteligente habría hecho.
Tenía la suave cadencia del ruso, pero era mucho más antiguo que
este, mucho más elegante, profundamente reflexivo, con las sexys y
guturales consonantes de los Licántropos, y el movimiento de las
lenguas que le daban a las palabras un sonido aterciopelado, casi
como suaves gruñidos.
    Eres para mí. Soy para ti. Mi cuerpo es tuyo. Tu cuerpo es mío.
Tócame. Saboréame...
    Elijah gruñó desde las profundidades de su alma, las palabras
por sí solas eran una deliciosa tortura, pero las manos de Siena se
deslizaban hacia el centro de sus piernas, acariciándolo en su
doloroso confinamiento. Primero presionó los dedos a lo largo del
duro calor que se encontraba debajo de la bragueta, luego la palma.
Mordisqueó su cuello nuevamente. Se movió de manera que el
sensual peso de sus senos se frotara contra su pecho, los pezones
tentadoramente duros y excitantes se perfilaban bajo el vestido.
     Entonces, un latido después, estaba agarrando el borde de la
camisa, sacándola de la cintura de los pantalones, mientras se
levantaba para encontrar su boca. Elijah se inclinó hacia ella,
atrapándole la boca en un salvaje y desenfrenado beso. Le volvía
loco sus inclinaciones agresivas, era como una fantasía sexual hecha
realidad. La sintió deslizándose delicadamente por sus
pensamientos, descubriendo qué le gustaría, qué le haría perder el
control. Sacó la camisa de sus brazos e inmediatamente rompió el
beso para deslizar los labios por su garganta, la clavícula y a lo largo
del vientre, hasta que se puso nuevamente de rodillas y él se había
convertido en un ser lleno de ardiente excitación y necesidad.
    Las manos de Elijah acariciaron el cabello, las yemas de los
dedos masajeando el cuero cabelludo con frenéticos movimientos.
La sintió sonreír sobre su vientre, sabiendo que había sido
arrastrado tan sutilmente en su trampa sorpresa, que difícilmente
podía pensar. Le empujó sobre la cama, su cuerpo y boca siguiendo
el movimiento. Las manos se deslizaron sobre su cuerpo, mientras
se inclinaba hacia adelante para lamer la tensa piel de los
abdominales. Su cuerpo entero temblaba de necesidad, explotando
por el inmenso calor. La piel se tensó duramente al sentir el raspar
de los dientes, mientras sus labios empezaban a recorrer la dorada
sombra de vello que desaparecía en la cintura de los pantalones.
     Sus dedos cayeron hábilmente sobre los botones de la bragueta,
y finalmente fue liberado del tortuoso tejido apretado, para caer en
las ansiosas manos. Siena escuchó el salvaje gemido, mientras le
envolvía en sus dedos. Estaba duro y grueso por la necesidad.
Necesidad de ella. Y no había forma en el mundo de describir lo
emocionante que era. Cuán poderoso. Pero existían miles de formas
de alimentar ese poder, de hacerlo crecer. Le acarició suavemente al
principio, sólo con las yemas de los dedos, delineando los contornos
de la aterciopelada piel sobre hierro. Le sostuvo, envolviendo ambas
manos alrededor de él y deslizándolas por la longitud. La
exclamación de Elijah de doloroso placer hizo eco por encima de
ellos. Pero antes de que pudiera terminar ese gemido, deslizó la
lengua sobre la delicada cresta y luego lo llevó hacia la caliente
seducción de su boca.
     El guerrero se sintió como si hubiera sido golpeado por un
coche. Estaba indefenso por las chocantes sensaciones; el abdomen y
pulmones, una conflagración de tórrida necesidad. La boca era
malvadamente caliente, húmeda, un hábil refugio que se apretaba
fuertemente en torno a él. Sintió la sinuosa lengua, probándole con
hambre, utilizando su sabor para excitarse a sí misma, hasta que su
respiración se entrecortaba contra él. Elijah sabía que iba a matarlo.
Su corazón estaba latiendo tan fuerte, que no le sorprendería si se
saliera del pecho en cualquier segundo. Ella era implacable,
demasiado ansiosa y llena de una impía curiosidad que era
simplemente increíble. No podía soportarlo ni un segundo más.
    Siena sintió el apretón de unas manos en el cabello,
deslizándola sobre su cuerpo, alejándola de la placentera
exploración corporal. La acercó a su boca, y la atacó con un beso
salvaje que la dejó magullada y sin aliento. Luego se desvaneció
entre sus manos, y se sintió a sí misma desvanecerse segundos
después. Un momento estaba allí y al segundo, era aire. Cuando
pasó de nuevo a estado sólido, todas las ropas habían desaparecido
y Elijah la tenia capturada debajo de su pesado y potente cuerpo.
Ella se rió al ver el salvaje deseo ardiendo como fuego en los ojos
esmeralda.
    —¿Te gusta tentarme?
     Era una amenaza, alta, clara y mantenida con un masculino
gruñido lleno de intenciones. Devoró su boca en una interminable
cadena de besos, aún cuando las manos recorrían indómitamente
todo su lujurioso cuerpo. Llenó las manos con sus pechos, jugando
con los sensitivos pezones, hasta que ella gritó en su boca,
arqueando el cuerpo duramente contra él. Lo saboreó como un
potente narcótico, sintiendo la quemazón de su dorada piel, oliendo
la liquida excitación entre sus piernas. La sujetó ambas manos y las
alejo de su cuerpo, capturándolas cruelmente y presionándolas con
fuerza contra la cama. Dejando a su boca como único elemento de
tortura, justo lo que deseaba.
     Abandonó esos besos adictivos y deslizo un húmedo camino
por la garganta y esternón. En un segundo, capturó el pezón
izquierdo con los dientes, labios y lengua, chupándolo dura y
salvajemente hasta que la tuvo haciendo esos femeninos ronroneos
de placer que tanto amaba. Instintivamente intentó liberar las
manos, pero él se negó. Cambió a su otro seno y ella gritó. Elijah
lamió el delicado punto rosa y dorado, lavándolo húmedamente, y
Siena sintió un impulso casi malicioso de reírse en su mente. De
repente una brisa soplo en la habitación. No cualquier brisa, sino
una muy fría. Una ráfaga de aire casi congelado se deslizo sobre el
humedecido y expuesto cuerpo de Siena y gimió ante la erótica
sensación de frío y calor. Todo su cuerpo se estremeció y tembló
mientras la brisa se alejaba. El cuerpo entero temblaba con una
delicada vibración, y Elijah disfrutó de ello, mientras sustituía el frío
con fuego, quemando un sendero hasta el ombligo y, luego, aún más
abajo. Sus labios se deslizaron a través de los delicados rizos y,
después, extendió la lengua para saborearla.
     Siena gritó salvajemente, las caderas impulsándose hacia arriba,
tratando de alcanzar la aterciopelada sensación de esa lengua, aún
mientras él seguía. Fuego. Un infierno explotó en su cuerpo,
comenzando en ese punto central donde él hacia magia contra ella.
No la liberó las manos, pero si cambió su agarre de manera que los
dedos se entrelazaron. Ella estaba derramando calor y miel, y Elijah
adoraba su cuerpo aún cuando la dirigía al adormecido mundo de la
prometida liberación. El cuerpo entero estaba bloqueado con la
inminente liberación, incluso la pierna que había deslizado
ciegamente sobre sus hombros para arrastrarlo más cerca, al no
liberarle las manos. La tentaba implacablemente, amando los rudos
y primarios sonidos de femenina necesidad que salían de ella.
    —¡Elijah¡ ¡Por favor! —Gritó, rogándole piedad.
    Él soltó las manos repentinamente, agarrando las caderas, y
manteniéndola exactamente en la posición que quería tenerla. Sólo
necesitaba deslizar su hermosa boca tres veces más antes que
explotara. Ella emitió un lujurioso e interminable grito,
sosteniéndolo incluso cuando la llevó más allá del placer. Fue
implacable, no tenía elección. Las fuertes convulsiones de ese
cuerpo, los gritos y, el sabor picante y caliente de placer que se
deslizaba por su paladar era muy adictivo.
    El guerrero se quebró bajo la presión del placer de ella y la
necesidad que sentía. Nunca antes había sido tan fuerte y violenta.
Bramaba como una bestia en su interior, demandado satisfacción.
     Elijah agarró con ruda necesidad a su compañera que yacía
débil de placer, sacándola de la cama y sosteniéndola con su duro
cuerpo y rápidas embestidas que apenas le permitían mantenerse de
pie. Sólo se detuvo cuando escuchó las manos golpear la pared, las
mejillas apoyándose contra la lisa superficie, mientras sus caderas
eran empujadas hacia él, el impulso levantándole los pies del suelo.
Su aroma, duro y masculino, la cubría mientras la presionaba contra
la sólida pared. Le sintió, duro titanio contra su trasero, mientras él
se inclinaba para rozar los labios contra el cuello expuesto.
    —He deseado esto desde la primera vez que te vi —le confesó
apasionadamente, el aliento un ardiente baño sobre su oreja y
hombro—. Tan orgullosa y tan malditamente confiada.
     Inclinó las caderas con las callosas manos y se resbaló contra los
húmedos pliegues de carne femenina. Estaba lo suficientemente
caliente como para quemarla, y Siena lanzó un grito.
    —En ese momento supe que eras la mujer más sexy y caliente
que he conocido. Me pusiste duro, me quemaste con esos altivos y
dorados ojos, y todo lo que quería hacer era agarrarte, tirarte contra
una pared, y...
     La penetró en un violento golpe, enterrándose completamente
en el centro de un feroz, caliente, inimaginablemente apretado,
dulce y pegajoso cielo. Siena, estaba sumergida en tanto placer que,
sentirlo la llevó a un orgasmo instantáneo, soltando un gemido
largo y fuerte mientras la ferocidad de su necesidad la sobrecogía.
Elijah la sintió convulsionar alrededor suyo, sus músculos ondeando
violentamente, debilitando su control. Su placer le obligaba a
liberarse, pero no renunciaría a su fantasía tan pronto. Ella había
provocado esto, y ella lo aceptaría. No había otra solución.
     Gruñó hacia dentro como una tempestad, un huracán salvaje
que quería arrasar con todo lo que caía en sus manos. Y sus manos
estaban sobre ella. El pecho presionado contra su espalda, la boca
descendiendo abierta contra su hombro, las manos sosteniendo sus
caderas para que pudiera retirarse y regresar con una salvaje fuerza
de creciente necesidad y deseo profundo. Siena lo sintió, la
necesidad, el impulso y el movimiento del cuerpo en su interior.
Cada movimiento, cada pensamiento era erótico para él, porque era
ella, y le sorprendía su propia necesidad.
     —La primera vez que te vi —le susurro, mientras él comenzaba
a buscar el ritmo—, no podía evitar preguntarme. Tu tamaño y
estatura, tus manos eran tan grandes y tan callosas, que quería saber
cómo se sentiría el ser sostenida por ellas, contra tu cuerpo, conocer
la sensación de tus poderosas piernas…!
     Siena soltó un estrangulado grito cuando Elijah encontró ese
dulce lugar, el entendimiento inmediatamente inundando sus
pensamientos, y al instante incorporado al profundo ritmo de los
empujes. Ya no podía hablar, o pensar. Ni siquiera podía sostenerse.
Elijah controlaba cada uno de sus movimientos y lo hacia
magistralmente.
    Eres tan apretada, gatita.
    Aparentemente, él tampoco podía hablar, e incluso sus
pensamientos eran un largo gruñido de placer. Siena se introdujo en
su mente, en la salvaje neblina de necesidad animal y de casi cruel
dominación. Eso lo entendía. Oh, lo entendía muy bien. Posesiva
territorialidad. Ella era suya, y él se iba a encargar de que ella y todo
el maldito mundo lo supiera.
    En ese momento unos dientes perforaron su hombro. En parte
era para mantenerla en su lugar y, en parte, una marca distintiva.
No pudo evitarlo. No pudo retener la brutalidad de su cuerpo
mientras embestía fuerte y duramente contra el de ella. Sus
movimientos se volvieron más rápidos, ella daba gritos de éxtasis, y
él pudo sentir esa cegadora fuerza en su mente y cuerpo, incluso
antes de que la sintiera agarrarse contra él, implacable y firme, todo
su ser temblando alrededor. La mantuvo allí, sosteniendo la cabeza
contra su hombro, mientras le ensordecía con sus increíbles gritos,
hasta que no pudo soportarlo un segundo más. Llego a la cima,
explotando dentro de ella como una violenta bomba, empujando
profundamente y gritando al cielo, que le contestó con un furioso
trueno.
    Ambos cayeron al suelo, en una maraña de extremidades,
sudor, y falta de voluntad para moverse, aunque fuera un
milímetro. Luchaban por respirar, incluso Elijah era incapaz de
regular sus necesidades de oxígeno en ese momento. Una mano
descansaba floja contra su pecho, la levantó para besarle la palma.
Al instante vio la enorme forma de un moretón con ampollas. Se
sentó súbitamente, buscando la otra mano. También estaba herida.
Como saliendo de una violenta y confusa tormenta, miró a su
compañera.
    —¡Siena! —La agarró, acercándola. ¿En qué había estado
pensando? Acababa de salir de la cama en la que estuvo confinada
por su enfermedad, agotada por la batalla. Y ahora yacía maltratada,
magullada y con ampollas.
     Y mordida. No te olvides de mordida si vas a usar todos los adjetivos
posibles.
    El sarcástico pensamiento instantáneamente alivió su
apremiante culpabilidad. Conocía ese tono lo suficientemente bien,
como para saber que estaba en perfectas condiciones. Estaba
considerando seriamente apartarla de su regazo para que cayese
sobre su trasero.
    Siena abrió los ojos ampliamente
—¡No te atreverías!
    —¡No me retes! —Replicó— ¡Maldita sea, mujer, destruyes mi
cordura!
     —Bueno, necesitas aprender a no preocuparte tanto. Unas
cuantas marcas de amor y magulladuras forman parte del juego
para los Nightwalkers —Se acercó para calmarle con un cálido y
ardoroso beso—. No es nada comparado a la forma en que me haces
sentir cuando me haces el amor de esa manera —murmuró con los
ojos dorados brillantes de placer.
    Elijah se sentía más tranquilo. Se levantó y la ayudó a levantarse
con un movimiento parejo. Agarrándola contra él tan fuertemente
que ambos cayeron a la cama. El Capitán Guerrero puso a su esposa
debajo de él, presionándola contra el colchón con su peso. Se inclinó
para la capturar los labios, y la besó hasta que sus hermosas mejillas
estaban coloreadas de un intenso rosa.
    —Antes que salga el sol, estoy decidido a volver a esa parte
sobre mis poderosas piernas —dijo sedosamente contra los
húmedos y sonrientes labios.
CAPÍTULO 20


    —Niña de la noche, que caminas en la noche, bien amada de la
noche… Nosotros te damos nombre.
    Elijah avanzó mientras alargaba una mano hacia Isabella,
dejando que su hija le agarrara con fuerza de uno de sus dedos.
Legna se adelantó e hizo lo mismo.
     —Te llamamos Jacina —dijo Isabella con firmeza—. Este es tu
nombre de poder, conocido sólo por cuatro de nosotros. Este será
usado para cuidarte, disciplinarte y formarte en un orgulloso reflejo
de la más nueva generación de nuestra gente.
     —Te llamo Leah —dijo Jacob, tocando a su bebé suavemente en
la frente oscura—. Este es tu nombre de llamada, hija mía, el cual
muchos usarán para hacerse tus amigos, tus profesores y, un día,
inscribir tu vida en la historia donde te distinguirás con grandeza.
    —Nosotros somos Siddah —entonaron Legna y Elijah al
unísono—. Te acogeremos, Jacina. Te atemperaremos con amor y te
formaremos con respeto y orientación acorde a las tradiciones de
nuestra gente. Siempre te amaremos como nuestra, Leah.
     —Bendito sea el Destino —dijo Elijah, sonriendo de repente de
oreja a oreja.
     —Ella es la primera niña de una nueva era para tantos de
nosotros —suspiró Legna con satisfacción, estirándose para abrazar
a los orgullosos padres afectuosamente.
     —Y en modo alguno el último —concordó Isabella, tocando el
vientre de Legna con una sonrisa.
     —Venga. Mi desposada ha dispuesto un banquete según
nuestra tradición —dijo Elijah reuniendo al grupo mientras los
alejaba del altar en lo profundo de los bosques rusos. Había nevado
antes y hacía demasiado frío como para que para el bebé
permaneciera fuera durante mucho tiempo, aún cuando estuviera
arropada cálidamente contra el pecho de su madre.
—Un Licántropo dando un banquete Demon —se rió entre
dientes Jacob—. Jamás pensé que vería este día.
    —Tú nunca pensaste que Elijah se casaría —bromeó Isabella,
dando un codazo al guerrero.
    —Pásame a mi hija adoptiva antes de que tú, remolona, la dejes
congelarse hasta morir.
    Elijah arrebató a Leah de su madre y desapareció dentro de
enérgicos remolinos.
        —¡Elijah! —gritó Bella tras él—. ¡Te voy a dar una patada en el
culo!
        —La va a echar a perder de mala manera —predijo Legna.
        —Y me lo dices ahora —ironizó Bella.
    Elijah se materializó delante de su esposa con la bebé acunada
en el pliegue de su brazo. Siena estaba vestida con la indumentaria
protocolaria, resplandeciendo literalmente de oro en el vestido de
seda corto que llevaba puesto, sus ojos encendidos y su piel
luminiscente.
     —Nuestra hija adoptiva, supongo —fue su bienvenida
afectuosa alzándose de su trono. Su collar centelleaba con la
lámpara de gas cuando ella se movió para tocar a la niña que su
marido sostenía. Elevando su boca hacia la de él, le dejó besarla con
la delicadeza que sabía que nunca dejaba de asombrar a la corte que
todavía estaba acostumbrándose a la visión de su antiguo enemigo
al lado de su Reina.
    —Mi Señora Reina, ¿puedo            presentar a Leah, hija de los
Ejecutores?
     —Hola, Leah —dijo ella suavemente, sus ojos centellaban con
súbita picardía cuando alzó la vista hacia Elijah—. Pareces
alarmantemente natural sosteniendo un niño, esposo mío.
        —Ni se te ocurra, gatita —le advirtió con una sonrisita.
     —No. No lo haré —aseguró. Entonces pasó sus suaves y
delicados dedos sobre el cuero cabelludo ligeramente peludo del
bebé—. Al menos… no durante unos meses todavía.
    El aliento de Elijah se congeló en su pecho y ella sintió el
escalofrío de conmoción que se precipitó a través de él. Echando la
cabeza hacia atrás, ella se rió con tanta fuerza que todos en la
estancia se dieron la vuelta para mirarla.
—¿Dije meses? Quería decir años —corrigió ella, riéndose tan
intensamente que se le llenaron los ojos de lágrimas.
     —Eso no tuvo gracia —le gruñó él.
     Ella le ignoró, pasando por delante suyo para saludar a sus
invitados Demon que acababan de llegar, con una combinación de
abrazos y unos cuantos besos formales en las mejillas.
    —Venid y sed bienvenidos. Mi gente y yo os saludamos a todos
—anunció ella en voz alta, abriendo sus brazos efusivamente hacia
el descomunal banquete festivo—. Permitidnos celebrar el bautizo
de esta hermosa niña. Y dejadnos brindar por nuestro futuro, ya que
tan seguro como que el nombre de esta niña nunca cambiará,
nuestro futuro nunca será otra vez el mismo.
     Mientras Elijah miraba como ella avanzaba, regia anfitriona de
la cabeza a los pies, él cerró los ojos y se deslizó cariñosamente en su
mente, asegurándose de que supiera sin ninguna duda que su amor
por ella crecería incluso más de lo que ya lo hacía en aquel
momento.
     Siena se giró para mirarlo mientras sus ojos verdes pálido se
abrían en un parpadeo. Estiró la mano para tocarse el cuello
distraídamente, sonriéndole mientras lo hacía.
    Yo también te amo, guerrero, le susurró en sus pensamientos.
Quizás más de lo que cualquiera de nosotros sabrá jamás.
     Yo lo sabré, le corrigió él. Siempre lo sabré.
DAMIEN: THE NIGHTWALKERS.

     —¡Arriesgaste tu vida por la mía como si no tuvieras ninguna
responsabilidad para con una raza entera! ¡Eso fue estúpido y
ridículo!
    —Eso habría sido un error mío —respondió Damián
bruscamente—. No estoy acostumbrado a que la gente critique mis
acciones, Syreena.
    —¡Bien, quizás deberían hacerlo! ¡Nunca hubiese permitido que
Siena hiciera una cosa tan tonta!
    —¿Oh, de verdad? ¿Justo como impediste que ella casi muriera
por su marido?
    Fue como si retorciera un cuchillo en un punto muy sensible
para ella, y él lo supo al instante por la expresión en sus ojos.
Entonces comprendió que ella realmente se culpaba por el
encuentro cercano que su hermana había tenido con la muerte el
pasado octubre.
    —¿Se supone que debería dejarte morir desangrada, Syreena?
—preguntó sosegadamente, tratando de enmendar con el bálsamo
de sus palabras el dolor que la había causado—. ¿Por qué estas tan
deseosa de valorar mi vida por encima de la tuya?
    —¡No soy tan especial como para que un pueblo entero deba ser
privado de su monarca por mí!
    —Afortunadamente para ti, discrepo de esa afirmación.
     Damián entendió, sin embargo, que había algo más allá en sus
palabras además de su inmediato desacuerdo. De todos modos, no
lo entendía. Nunca la había considerado como alguien que se
desvalorizara a sí misma.
     Ella le miró durante un largo momento como si se hubiese
vuelto completamente loco, sus ojos confusos buscaban en él una
respuesta y una lógica que simplemente no estaba dentro de su
comprensión. Entonces, sin saber por qué, se inclinó hacia delante y
lo besó.
Damien se quedó pasmado durante un momento ante el
atrevido e ilógico acto, sus manos de manera refleja la rodearon los
brazos mientras la boca caliente de ella presionaba suavemente la
suya. La mano no vendada subió para posarse contra la mejilla de él
mientras los tercos ojos de ella se deslizaban cerrándose por un
momento largo y doloroso.
    Él sintió, y luego saboreó, la sal de sus lágrimas.
   Ella se apartó, sólo un par de centímetros, con el cuerpo
tembloroso bajo sus manos mientras él observaba sus ojos llenos de
emociones y sensaciones confusas y conflictivas.
    —¿Por qué lo hiciste?
    —Porque… —se interrumpió cuando un sollozo se agarró a sus
palabras—. Porque esto es un cuento de hadas, Damien. Y en un
cuento de hadas, la Princesa siempre besa al Príncipe que la rescata.
     Era una cosa encantadora e ingenua viniendo de ella. Era una
mujer de gran sabiduría, fuerza asombrosa y un sentido de la lógica
que negaba cualquier espejismo de candidez, sin embargo, quiso
mostrarse como una esperanzada idealista a fin de expresar su
gratitud. Él se dio cuenta de que esto era una grieta
meticulosamente protegida en su modo de ser, al cual muy pocas
personas tenían permitido el acceso. Esto significaba más para
Damien que las más profusas y elocuentes palabras de cualquier
idioma.
    —Syreena… —hizo una pausa para aclararse la aspereza en la
garganta—. No soy ningún héroe —la dijo con ruda tranquilidad—.
No deberías convertirme en uno.
    Ella desafió la declaración silenciosamente con un beso.
     Esta vez Damien lo vio venir, pero esto no hizo que estuviera
mejor preparado. Esta vez no era una expresión rápida y simple de
gratitud impulsiva que ella quisiera dar. Él sabía que esto era un
poco diferente, y a un nivel instintivo.
     A pesar de la voz de la razón que sonó estridentemente en su
cabeza, Damien se permitió el lujo de disfrutar con la sensación de
sus labios. Con la guardia baja y con tan poco tiempo para pensar en
ello, devolvió la intimidad con igual calor y medida. De un latido
del corazón al siguiente, sus manos encontraron el camino dentro de
su pelo hasta la parte posterior de la cabeza de ella, las yemas de los
dedos se deslizaron lánguidamente sintiendo el calor de su cuero
cabelludo, consciente de todo lo que ella había pasado y sufrido y no
queriendo de ninguna manera causarla un momento de dolor
adicional.
    También Syreena deslizó los dedos hasta una posición en que le
sostenía la cabeza, por si acaso él pensara discutir con ella sobre sus
deseos en esta cuestión. Los oscurecidos ojos de él miraban
directamente los suyos, buscando cosas más allá de la compresión
de ambos. Ella encontró su fija mirada con ojos llenos de seguridad
y fuerza. Sabía lo que quería, sorprendentemente, sin una sola duda
o segundo pensamiento. Este momento, aquellos fascinantes ojos le
enviaron un mensaje a él, debía ser precioso para ambos. El
siguiente momento vendría demasiado pronto. Pero este
momento…
    Este momento era para dar las gracias, para la gentileza, y sobre
todo, para sentir algo que no contenía ningún dolor, lucha, o
ramificaciones inmediatas.
    Simplemente sería lo que era.
The Nightwalkers 03   Elijah

The Nightwalkers 03 Elijah

  • 2.
    NO HABÍA CONTROLEN ESE MOMENTO Ella al principio se sonrojó, luego le recorrieron escalofríos. Estaba aterrorizada pero anhelante. Estaba sudando calor líquido y mirándolo completamente alerta. La contradicción la llenaba desde adentro y se sentía salvaje, deliciosamente en total falta de control. El guerrero sintió el corazón de la hembra latiendo locamente bajo él. Ella estaba sonrojada. Él sintió los escalofríos que la recorrieron y fue presa de la urgencia de frotarse contra su suculento cuerpo. No le importaba estar débil y herido. Estaba ciego a todo excepto a las sensaciones y los deseos de sus pensamientos instintivos. Elijah no era un extraño para las mujeres —De hecho, las disfrutaba inmensamente, — pero esto era algo muy notable. Nunca había reaccionado tan fuertemente, tan rápido hacia una hembra antes. Excepto, tal vez, una vez anterior. Pero había rehusado a darle importancia por lo que era, excusando que era parte del calor de la batalla. La sola idea de eso era totalmente arrolladora por que la mujer en cuestión había sido... En ese momento finalmente la reconoció. Los ojos de Elijah palidecieron, al igual que el resto de él, mientras finalmente se percataba exactamente a quien sostenía bajo su cuerpo. Por quien era que sentía esta extraña necesidad. Y quien estaba respondiendo con inconcebible reciprocidad de calor e interés. —Siena —susurró, su mano finalmente abandonando su cuello para revelar el dorado y negro collar que usaba.
  • 3.
    PRÓLOGO —Quien fuera que deseara conocer el destino de la raza Demon debe consultar estas profecías... ... al igual que la magia, una vez más amenace el tiempo, al igual que la paz de los Demons se dirigirá a la locura... ... vendrán en esta gran época las cosas que regresarán a enfocarse en la pureza que la raza Demon siempre ha anhelado. Llegará el significado y el propósito de nuestras leyes estrictas, que ningún humano no-corrupto deberá ser dañado, que la pacífica coexistencia entre razas deberá volverse primordial... —Extractos de la Profecía del Demon Perdido. ... queda prohibido para cualquiera de la raza Demon emparejarse con criaturas quienes no son sus iguales, no de su naturaleza, no de su fuerza y poder. Esas criaturas inferiores son nuestras para proteger las de nosotros, no para ser violadas en abominación sexual impura. Esta es la ley y la voluntad de la naturaleza. El perro no se involucra con el gato, el gato no lo hace con el ratón. Quien fuera que rompiera la sagrada verdad deberá sufrir bajo la mano de la ley... —Extracto del Pergamino Original de Destrucción.
  • 4.
    Elijah cayó sobresus rodillas, agarrando su pecho mientras la sangre se derramaba entre sus dedos, manchándolos y a su camisa blanca con un brillante carmesí. Miró hacia abajo al floreciente cuadro de su esencia vital derramándose sobre la tela, casi con fascinación que da al extenderse, los artísticos círculos de una camisa teñida. El guerrero Demon estaba sorprendido. Había sido herido repetidamente en su centenaria vida. Ciertamente esto no era extraño para él. Todo, desde la mística electricidad de malvadas espadas hechas del brutal, ardiente hierro, que era tan tóxico para su raza, lo habían cortado de una forma u otra en el tiempo. Algunas heridas habían sido lo suficientemente serias para dejar cicatrices a pesar de sus notables e innatos poderes de sanación, algunas no lo habían hecho. Pero nunca había sido herido en una forma que podría considerar mortal. Mortal para otros no era mortal para él. Mortal para el Demon promedio tampoco era mortal para él, si, sólo por su terco rechazo a sucumbir a algo tan patético como la muerte. Sin embargo, en este caso, no era simplemente porque un hueco lo recorriera a través de su pecho, muy cercano a las funciones vitales de su corazón, por lo que su vida estaba en peligro, si no porque estaba en la mitad de la nada, demasiado débil para llamar por ayuda y rodeado adelante y atrás por enemigos. Incluso, si pudiera de alguna manera encontrar la resistencia para sobrevivir esta penetrante intrusión a su cuerpo, estos enemigos no le permitirían vivir más de lo que quisieran hacerlo. Elijah estuvo de súbito furioso consigo mismo por terminar en este predicamento. Él era el Capitán de los guerreros Demon, el ejército de élite, a la orden y llamada del gran Rey Demon. Él era el luchador más hábil de la raza Demon, un Nightwalker conocido por
  • 5.
    sus increíbles habilidadesen batalla. Él había vivido todos los siglos de su vida honrando sus habilidades, aprendiendo todo lo que había que saber acerca de la batalla, guerra, armas y estrategias requeridas para triunfar en esas situaciones. Jacob, el Demon Ejecutor y su gran caballero, Noah, el Rey Demon, eran los únicos que había considerado como sus iguales en batalla. Él no se supondría tan estúpido para caer incluso, en la mejor trampa tendida, incapaz de ser superado una vez cautivo en dicha trampa. Incluso, sin entrenamiento, todos los Demon de Tierra eran esencialmente bestias listas para la batalla. Creía en eso –era su filosofía personal– y fuertemente sentía que no importaba qué tan fuerte fuera la capa de civilización dentro de su raza, o dentro de los individuos, había instintos que no podían ser negados. Seguro, los Demon parecían humanos, sin embargo, más altos y bronceados que el promedio, pero eran considerados extraordinariamente atractivos cuando estaban en círculos humanos. Elijah sabía esto porque la genética elemental animal dentro de ellos les permitían liberar feromonas que llamaban al sexo opuesto, un sentido predador de conciencia que exudaba peligro y unos ojos extraordinarios detrás de los cuales se adivinaban la astucia e inteligencia. Todas las cualidades de los cazadores naturales, siempre colocados bajo la superficie, esperando por alguien para hacerse presas a sí mismos. Los Demon eran capaces de comportamientos tan agrestes como los elementos de los cuales tomaban sus grandes poderes, comportamientos que habían tomado e integrado en cada habilidad que cultivaban en sus largas vidas, haciéndolos formidables oponentes para aquellos que lograban ponerse en los sitios malignos. Sin embargo, incluso el más joven de los novatos pudiera haber evitado su predicamento actual, el pensamiento del guerrero lo atravesó. Entonces estar cautivo como esto, como un débil ratón en una trampa era vergonzoso y lo hacía rabiar. ¿Cómo había el acto de cumplir su deber, de repente, volverse contra él? Él era el Capitán Guerrero, el guía de todos los Nightwalkers con un precio sobre su cabeza, para aquellos que no eran de la raza Demon, quienes habían
  • 6.
    cometido actos egregios1y pecados contra la gente Demon, un desafío directo e insulto hacia el Rey Demon. Él era el especialista en todas esas especies, un estratega antropólogo. Si alguien deseaba conocer las verdaderas maneras de cómo destruir Vampiros, Licántropos y la mayoría de otras especies de Nightwalker, Elijah sería la mejor fuente de información. La guerra y la paz eran, desafortunadamente, cosas transitorias, y era su deber estar preparado para todas las posibilidades, en caso de que amigos se convirtieran en enemigos o enemigos amenazaran a amigos. Elijah luchó para despojarse de la capa de disminución de la conciencia y los giros de su alrededor inmediato. Era él solo quien pertenecía a la cabeza de los ejércitos de su monarca cuando era necesario y quien debería entrenar a los espías y asesinos quienes se debieran deslizar entre las ocultas sombras en el frente de amenazante intriga. Sin embargo, sabía todo lo que alguien pudiera descubrir actualmente sobre los humanos, quienes habían caído en las perversas artes de la magia negra. Del mismo tipo que ahora estaban a su alrededor, circulándolo como volutas, esperando el aliento de muerte final de la víctima. El uso de estos corruptos poderes, había convertido a estos tontos humanos, hombres y mujeres, en nigromantes, manchando su alma con la entintada semilla del mal y llenando con una fetidez tan adentro de su piel, que ningún Nightwalker con el alma limpia podía soportar respirar su olor. Eran poderosos, capaces de crecer, incluso, más, mientras más y más, estudiaban y practicaban sus viles artes, pero no eran lo suficientemente poderosos para capturarlo, ni pensar matarlo. No, solamente su estupidez podría haberles dado esa oportunidad a ellos. Debería lucir como un pavo de día festivo, irrumpiendo a través de la línea de árboles y cayendo en su trampa, los nigromantes lo rodearon, al igual que los cazadores humanos, quienes pasaron el tiempo cazando mitos para poder torturarlos y matarlos. Mortales 1 Ilustres o insignes. (N.T.)
  • 7.
    quienes se llevarona sí mismos, no sólo a descubrir la existencia y localización de las ocultas razas de Nightwalkers, sino que hicieron su búsqueda personal para erradicarlos del planeta armados con algo más que mitos, leyendas e ignorancia. Los Demons eran una de las razas menos expuestas de Nightwalkers en la mitología humana, pero especies como los Vampiros y los Licántropos no tenían tanta suerte. Historias de ellos abundaban, ya fueran exactas o no, alimentando al ávido cazador a empalarlos, buscando por una prueba y vindicación personal, ocasionalmente teniendo suerte en sus búsquedas sedientos de sangre. Para el cazador, era una victoria, un trofeo mental. Solamente mental. El cuerpo de un Nightwalker muerto debería a menudo lucir un poco diferente a aquel de un humano asesinado, entonces no era exactamente uno de esos tesoros que un cazador pudiera montar en su pared y contar historias sobre eso. Por lo menos, no a nadie fuera de su propia sociedad secreta de llamados héroes. Se estaba volviendo demasiado común últimamente encontrar las cenizas de Vampiros dejados al sol, Licántropos que fueron disparados y empalados con armas de plata que los envenenaba e incluso Demons heridos por armas hechas de abrasador, desfigurante hierro. Eso era, por supuesto, cuando los Demons no eran convocados dentro de la mutilante destrucción de las trampas de pentagramas puestas por los nigromantes. Asesinato tras asesinato insensato y entre estos dos grupos de humanos la lista de víctimas debería seguir. Era una dolorosa traición. Los Demons siempre habían tenido a los humanos mortales en gran estima, muy parecida a la forma en la que un padre protege a su pequeño hijo en desarrollo. Ellos y los otros Nightwalker civilizados, protegían ferozmente a esos humanos, tal vez instintivamente, sabiendo a pesar de que no tenían poderes por sí mismos, al dejarlos crecer y desarrollarse, ellos algún día lo harían. Sería una hermosa evolución para ver en los próximos
  • 8.
    siglos. A pesarde que la raza Demon sabía que había unos pocos mortales quienes pensaban dañarlos, todavía dolía amargamente. Y ahora con cazadores y nigromantes uniendo fuerzas, el peligro se había duplicado para todos. Triplicado, pensó el guerrero secamente. Elijah sabía que estaba cercano a la muerte en ese momento, con ese pensamiento. El guerrero dentro de él nunca se permitiría la reflexión durante una batalla que requiriera toda su atención. Pero esta batalla estaba de todo menos terminada, entonces le dejaba a él unos pocos preciosos segundos para reconciliar los pensamientos en su cabeza. Parecía irónico que estos mal informados humanos fueran quienes verían la destrucción de sus poderosas razas que tanto habían temido, no se deberían sentir amenazados por la magia negra con la que ahora comulgaban. ¿Cuál, se preguntaba Elijah, en sus mentes, sería la distinción? ¿Qué hacía a un Demon, nacido y bendecido de los limpios y hermosos elementos de la Tierra, tan reprensibles para esos humanos? ¿Y aún así, la envolvente magia negra que corría en los nigromantes estaba de repente siendo laureada y aceptada en los mismos grupos? ¿Era tan simple como el hecho de que el mortal humano promedio era demasiado propenso a multiplicarse por mezcla de razas, en su evolutivo sexto sentido, particularmente para sentir u oler la maldad innata? ¿Estaban al igual que una raza de niños que no tenían el instinto de determinar lo bueno de lo malo, lo correcto de lo incorrecto en un puro nivel intuitivo? Ciertamente, en el momento que entró en el lugar no había sabido de su error mientras ellos dominaban e invadían, pero, ¿ no había anticipación del todo en ellos? Elijah no tenía estas respuestas y parecía, que no las encontraría en lo que le quedaba de vida. Después de cinco siglos, cientos de batallas y miles de victorias parecía que la tan nombrada
  • 9.
    inmortalidad de Elijahestaba a punto de llegar a un desenlace definitivo. Finalmente había tomado el tigre equivocado por la cola. ¿O debería decir tigresa? Elijah levantó sus oscuros verdes ojos, llenos de malicia y contención hacia sus atacantes, quienes estaban orgullosamente paradas en su derrota. Los cazadores y nigromantes que lo rodeaban eran todas mujeres, parte de una secta de mujeres de la cual los Demons se habían percatado recientemente. Lo que quemó sus emociones con la intensidad de un fuego salvaje, sin embargo era la presencia de las dos mujeres Demon que se elevaban al frente de esas asesinas fuerzas femeninas. Traidoras. La Demon a la derecha, quien era conocida para él como Ruth, era una Demon Mental muy poderosa. De hecho, ella había sido la primera mujer nacida de ese elemento tan joven, que había existido en la cultura Demon por sólo apenas unos quinientos años. Ella era un Anciano, antiguamente un miembro del Gran Consejo, quien había ayudado desde las raíces de la sociedad Demon y la ley en muchos, muchos años. La magnitud de su traición era inmensurable. Elijah apenas podía lograr envolver el concepto en su mente. A pesar de que ella era la mayor de las dos, su juvenil apariencia era comparable a la de su hija, la llamada Mary, quien permanecía cercana a ella. Debido a que los Demons no envejecían visualmente después de un cierto punto, el dueto lucía más como hermanas. Sin embargo, Ruth sostenía un brazo alrededor de la cintura y estaba tocando el cabello de la joven mujer con un cariño maternal que se apoyaba en el hecho de que Mary estaba cerca de un siglo de edad a su vez. Era casi innatural y debería, incluso para
  • 10.
    esos humanos asu alrededor, sentir más que un pequeño estremecimiento. Tal vez lo debería, si esos ojos no estuvieran cegados por odio y miedo. Era inconcebible la idea de que ambas mujeres fueran de la misma raza de Elijah, las túnicas claramente se unían con estas malévolas usuarias de magia y los así llamados cazadores humanos, que lo quemaban con una rabia maligna. Por supuesto, con inclusive más ironía, Elijah entendía que ninguna de las mortales se percataba que esas dos mujeres eran miembros de la misma raza con la que ahora se declaraban en guerra con su ataque contra él. Ninguna de ellas sabía que la motivación de Ruth estaba dada por una necesidad personal de herir y una venganza mal dirigida y que ellas solamente eran herramientas, un arma que podía sostener contra su antigua gente. Para los mortales, ella no era más que una hermosa, sabia mujer humana. Una hechicera dotada, tal vez, si les había mostrado su maestra habilidad de comandar ciertos aspectos de los elementos de la Mente. Era esta Demon traidora y su hija quienes dirigían a los humanos contra víctimas que los mortales nunca deberían encontrar con tan pavorosa facilidad y tan poco esfuerzo. Cada día Ruth se colocaba en el opuesto de esa línea dibujada en la arena por esta gente paranoica y mal dirigida, ella revelaría más y más a ellos acerca de la raza Demon. No tardaría antes de que cuidadosamente les diera las formas de destruir a aquellos que una vez llamó amigos. Aparte de ese detalle, ninguna otra raza de Nightwalkers, inocentes o no, debería estar amenazada por los siglos de conocimiento de Ruth. Todo lo que le importaba a los humanos era su miedo a lo desconocido, terror hacia las criaturas cuyo poder sobrepasaba incluso su imaginación más salvaje, haciéndolos quebrarse con la convicción de que era sólo cuestión de tiempo antes de que estas razas vivientes de la noche, cayeran sobre los humanos como los mitos y leyendas habían predicho una y otra vez. No importaba que,
  • 11.
    si ellos lohubieran querido, cualquier raza Nightwalker lo pudieron haber hecho miles de veces en el último milenio solamente. Amargamente Elijah sintió que incluso si alguien les diera la verdad, ellos continuarían sólo esperando lo peor de los Nightwalkers, porque ellos estaban bajo la guía de la terquedad, el prejuicio y el miedo. El único pensamiento que confortaba a Elijah en ese momento era que su muerte levantaría las represalias de los más viejos y poderosos de su raza y esto señalaría el fin de esta maligna insurrección. —Engendro del demonio— Ruth gruñó el epíteto con loco contento, alimentando la sed de sangre de las mujeres a su alrededor. —¡Demonio disfrazado de humano! —ella sonrió y dijo suavemente —Elijah, el poderoso Capitán Guerrero—Ruth rió, el sonido perceptiblemente hermoso mientras se inclinaba para mirarlo, su voz baja para que las otras no pudieran escuchar la familiaridad con la que se dirigía a él. —El pequeño pitbull de Noah, caído por simples mujeres. Conozco tus pensamientos, Demon de Viento. No habrá venganza en tu nombre. Ellos nunca encontrarán nada de ti en el tiempo que estamos pasando. Ruth se enderezó, retirando un mechón de lujurioso cabello rubio, sonriendo serenamente. Ella besó la mejilla de su preciosa niña, si alguien pudiera llamar a un Demon novato de casi noventa años una niña, haciendo sonreír a Mary con arrebolado afecto que revolvió el estómago de Elijah. Pero como una niña que era, comparada con los adultos y Ancianos de su raza e incluso, comparada con otros novatos de su edad. A pesar de que tenía la belleza y el cuerpo de una mujer crecida, ella era una pequeña niña en el corazón y en su mente, completamente bajo la influencia de su sobreprotectora, complaciente madre. ¿Por qué ninguno de ellos se había percatado del desapego de
  • 12.
    Ruth de sussentidos? Como una Demon Mental, Ruth sin duda había bloqueando la conciencia de los otros hábiles Demon Mentales. ¿Por qué nadie había insistido en separar a la niña del insano y dominante comportamiento de la madre? Porque no era su manera de garantizar el derecho de un padre de criar a su hija mientras la veía crecer. Ahora su sociedad entera deberá vivir con ese error y sus consecuencias, al igual que Elijah, morirían por su causa. Un poco, demasiado tarde, pensó con genuina tristeza por el camino que las mujeres Demon habían elegido. Ambas estaban ahora malcriadas, corruptas bajo la apariencia de su belleza externa sobrecogedora. Él no necesitaba un superior sentido del olfato para captar el vil olor de corrupción emanado de su bronceada piel. Elijah cayó hacia el frente, poniendo una mano para tratar de protegerse a sí mismo y mantener su rostro fuera de la tierra. Situación sin esperanza o no, él no sería recordado por ser tan fácil de matar. Su orgullo no le permitiría hacer de eso un final. Había bastantes oponentes diseminados en tierra bajo el círculo, considerablemente diseminados, que fueron atacados con su ferocidad mientras trataba de salvar su propia vida. Mujeres o no, cualquiera que buscara asesinarlo, merecía lo que obtenía. Él estaba consciente de las otras acercándose a su alrededor. Las ramas de magia negra que se aferraban a las hechiceras humanas eran sobrecogedoras e insoportables. La energía crujía a su alrededor mientras ellas jugaban con sus poderes. Arcos azules de electricidad centelleaban entre ellas, casi como un juego macabro del mono en el medio. La boca de Elijah se presionó en una apretada línea mientras entendía lo que significaba ser el mono en este caso particular. El primer rayo que se disparó del anillo de la mujer lo golpeó en su espina, haciéndolo que se contorsionara en un arco hacia atrás,
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    sus brazos contracturadosa su costado, contrayendo los músculos de su ancho pecho y forzando a la sangre a manar de su herida. El fluido salió tan pesado, tan rápido que sintió el efusivo calor de ello drenándolo justo hacia abajo del frente de su ropa, la mezclilla de su pantalón saturándose completamente en un instante. Se sintió con la cabeza ligera, mareado y extrañamente distante mientras el siguiente rayo lo forzaba a contorsionarse en otra dirección. Él podía oler lo quemado de su propia carne, sorprendido por el poder de las usuarias de magia. Él trató de cambiar, para encontrar solaz en la forma de viento que era tan parte de él. Si tan sólo tuviera la fuerza de metamorfosearse en la más ligera de las brisas, ellas no podrían lastimarlo. Pero el tiempo ya había pasado para eso. Él había juzgado mal su situación y ahora estaba demasiado herido y demasiado débil para concentrarse incluso en la más simple de las transformaciones. Se maldijo a sí mismo por ser tan tonto, por caminar en esa trampa femenina. Había sido él quien había advertido a los otros que nadie estaba a salvo mientras las traidoras, Ruth y Mary, estuvieran lejos y en alerta con los humanos. ¿No les había dicho a ellos desde el pasado medio año, cuando se percataron por primera vez de la traición, que cualquiera podría ser una víctima del íntimo conocimiento de los Demons del dúo, de su importancia individual, de su poder? Ruth, su demencia disfrazada de amor maternal por una hija herida, sabía demasiados nombres, demasiados hechos. Incluso ella podría guiarlas a todos y cada uno de los miembros del Gran Consejo. Él sólo sería el primero, se percató Elijah, una rabia frustrada le quemaba en el segundo hueco de su pecho. Después seguirían los ejecutores, Gideon el médico Anciano, o tal vez Noah, el rey Demon por sí mismo. Y él no estaría ahí para cumplir su deber y protegerlos. Elijah pensó en Jacob e Isabella, los Ejecutores, quienes eran nuevos padres de una hermosa niña que tenía el sedoso pelo negro de la madre y los serios ojos oscuros del padre.
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    El capitán Guerrerohabía sido elegido para ser uno de los dos quienes, además de sus padres, estuvieran en su ceremonia de nombramiento. Para ser uno de los únicos dos Demons en todo este mundo que había sido dado el honor de pararse como el Siddah del angelical bebé. Había sido la más preciada distinción que un amigo le podía dar a otro. Cercano a su cumpleaños dieciséis, él debería empezar el Fostering de la niña, llevarla hacia su hogar como si fuere suya. Él debería enseñarle las formas y la moral de su gente, guiándola mientras aprendía cómo usar y controlar cualquier gran poder del que fuese dotada. Esta responsabilidad debería ser compartida con sólo otra persona, la Siddah femenina. En este caso Magdelegna, la propia hermana del rey. Pensar en Legna le causó incluso un dolor más profundo, ella tendría un niño por su parte, estaba cercana a los cinco meses para terminar y a salvo bajo los vigilantes ojos de su pareja, Gideon. ¿Pero cuál futuro habría para esos inocentes? ¿Ser cazados? ¿Destruidos? ¿Tratados como nada más insignificante que la mosca ruidosa que necesita una buena y dura paliza? Elijah sufrió por los bebés, culpándose a sí mismo por no hacer un mejor trabajo en mantenerse a sí mismo a salvo y fuerte para ser su protector. El guerrero sintió la negrura deslizándose a través de él, pero era mucho más por entender que había fallado a su gente y a su monarca al igual que era por la mortal pérdida de sangre. Escuchó risas femeninas, crispadas en una fea alegría por matar, un sonido que ninguna mujer debería hacer en su estado natural, ya fuera Nightwalker o humana. Elijah finalmente colapsó, rodando sobre su espalda en el pasto hasta que estuvo tratando de enfocar las estrellas sobre él. Estaba distantemente consciente de las retorcidas mujeres jugando con él, mandando sádicos rayos de poder a través de él. El negro cielo se difuminó en líneas de luz y oscuridad. La humedad de su sangre diseminada en las secas hojas y pastos bajo él. Había llamado el
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    clima hacia éldesde que había tenido apenas trece años. Lo que no daría en ese momento por la simplicidad de una ducha de lluvia. Como un final acto de defensa se hundió en la tierra para que ninguna electricidad mandada hacia él se regresara hacia sus asesinos. Pero no podía realizar ese último acto de retribución. Había conocido infantes más fuertes de lo que él era en este momento. Todo lo que tenía eran sus pensamientos. No le importaba si Ruth podía leer sus emociones, incluso probablemente sus pensamientos a su avanzada edad, cosa que era un talento usualmente sólo encontrado en los machos de su tipo. Ella estaba corrupta por su mente fracturada y todo el veneno mágico con quienes había decidido asociarse. Usualmente, poderes inesperados llegaban con tales asociaciones malignas. No. Todo lo que le importaba a Elijah era la naturaleza del mundo el cual dejaba detrás. Nunca volvería a soplar sobre miles y miles de montañas intactas y playas vírgenes como el viento. Nunca volvería a lavarse a sí mismo y renovar el mundo como lluvia. Nunca volvería a dirigirse lentamente del cielo hacia la tierra con las cambiantes formas de los copos de nieve. Ser privado por siempre de la alegría de esos momentos hizo a su corazón rebelarse con desesperación y coraje. Abrió su boca para rugir con la rabia que lo golpeaba, pero estaba lejos de crear cualquier sonido. Se forzó a sí mismo a quedar satisfecho con el grito de su alma. Para su maravilla, Elijah escuchó el eco del grito en la distancia. Era una cosa salvaje. Increíblemente hermosa, que hizo que lo recorrieran escalofríos mientras vibraba recorriendo sus nervios. Estaba sucumbiendo a su propia noche interna, pero el grito fue repetido y se encontró a sí mismo luchando por escucharlo, para entender lo que significaba. El frío de su cuerpo fue reemplazado con una inexplicable subida de calor y sintió a sus sentidos tratando
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    de regresar aél, trabajar para él, tratando con cada célula disponible aferrarse a ese sonido primario y abrasador. Pero estaba demasiado cercano a la muerte. Con la frustración aferrada a él. Finalmente sucumbió.
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    CAPÍTULO 1 La gata montés gritó a través de la extensa pradera del bosque, haciendo que el círculo de mujeres olvidara a su agonizante presa cuando un inexplicable temor las recorrió. Los humanos habían nacido con instintos como ninguna otra especie, y sabían, como seguramente sabían sus nombres, que no era prudente quedarse en el camino de la bestia que había hecho ese sonido. No importaba que ellas fueran una potencia en sí mismas. Nada podía eludir el innato terror de una presa temiendo al depredador. Las nigromantes retrocedieron, con los ojos muy abiertos y la magia floreciendo sucesivamente, a medida que empezaban a levitar del suelo, con la esperanza de que la altura diera algún sentido de seguridad que simplemente no sentían con los pies en la tierra. Pero esto no era suficiente, sólo podrían aliviar el pánico de sus corazones con una completa retirada, volando por encima de los árboles, escapando hacia su casa o a cualquier lugar que se asociara como uno de completa seguridad. Algunas de las cazadoras fueron lo suficientemente afortunadas para ser avisadas por el vuelo de los nigromantes y levitaron en retirada con ellos. Aquellas que no tuvieron tanta suerte se retiraron corriendo y desordenadamente hacia la línea de árboles, les llevó sólo un minuto antes de que fueran nada más que un cómico y distante sonido del choque contra arbustos. Las mujeres Demon no fueron tan fácilmente afectadas. La más joven era una Demon de Tierra. Las criaturas de la naturaleza eran suyas para empatizar y controlar. Aunque era solamente una novata, débil en comparación con los grandes Ancianos de su clase, encantar a los animales era una habilidad rudimentaria. Ella se extendió con su mente, tratando de tocar los pensamientos del depredador que se aproximaba. Sin embargo, su pálida frente se arrugó por la confusión, cuando el puma se mostró inusualmente bloqueado a sus persuasivos pensamientos. La gran gata dorada se abrió camino por la línea de árboles, acechando a través de los profundos pastos en un círculo de caza, la rotación de sus
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    omóplatos mientras caminabahipnotizaba y atemorizaba a la vez, sus dorados ojos fijos en las dos mujeres que aún permanecían en el claro. La gata podía olfatear las grandes cantidades de sangre derramada en la tierra. El olor llamaba profundamente a los instintos básicos del animal. Esto atrajo a la gata montés con un atractivo casi singular. Por lo general ella habría evitado el acercarse a otros depredadores, pero ese aroma de sangre era demasiado poderoso para resistir. Acechó cerca y más cerca, haciendo que la joven rubia Demon rompiera en sudor mientras trataba de tocar la mente del animal tan ensimismado en las delicias del aroma de la sangre. —Mamá, no puedo llegar a ella. No me está escuchando. —No importa. Ya hemos terminado aquí. Ruth afirmó el agarre en su hija, y con un chasquido de aire desplazado, las dos mujeres Demon se teletransportaron con seguridad. La gran gata dorada levantó la cabeza, deteniéndose a medio camino, probando el aire mientras el hedor de las mujeres invasoras se desvanecía. El sangriento cuerpo yaciendo en el centro del claro era el único olor remanente de fuerza alguna, la gata empezó a avanzar hacia la infortunada víctima. Estaba tan cerca de la inconsciente criatura, que podía tocarlo con el hocico. Y lo hizo, probando su aroma. Bajo la sangre había un inconfundible almizcle de macho. Era algo rico y embriagador que sacó un especulativo ronroneo de la hermosa gata. Bajó la cabeza hasta la más grande de las heridas, con la lengua lamió superficialmente el dulce sabor de su sangre. Su ronroneo se profundizó, y la leona abrió sus poderosas mandíbulas, cerrándolas sobre la garganta del macho. Todo lo que tomaría era un simple chasquido y ella terminaría con él. De repente la gata se retiró, sacudiendo la dorada cabeza como si estuviera saliendo de un hechizo. Se sacudió de nuevo, como un perro tratando de quitarse el agua. Mientras temblaba, la piel comenzó a pelarse, despellejándose en largas tiras, hasta que, con un estremecimiento final, la bestia se convirtió en una mujer, vestida
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    sólo con uncollar de oro y piedra lunar, y centímetros y centímetros de largo cabello dorado. Siena, marcada con el opulento collar que la proclamaba como la Reina de los Licántropos, tomó una profunda y calmante respiración, tratando de sosegar la urgente ansia que saborear la sangre del macho había inspirado en ella. Conocía a este Demon, sabía su nombre y su importancia para el Rey Demon. Pero también sabía que no había nada en el mundo como la sangre Demon. Era rica y llena del poder que ellos poseían. Sin embargo, aunque a veces era más bestia que mujer, no necesitaba la sangre para sobrevivir como los Vampiros. Era la más poderosa de todo su pueblo, y éste era un deseo al que debía sobreponerse. Si sólo no hubiera tanto de ello invadiendo sus sentidos. Pero necesitaba pensar más claramente, necesitaba actuar. Mientras se arrodillaba en la espesa hierba tratando de dominar su despreciable naturaleza, el Demon, conocido por ella como Elijah, yacía moribundo, casi muerto, de hecho. Era una visión alarmante. Había luchado junto al guerrero hacía apenas seis meses. Conocía su destreza, poder e innegable fuerza. ¿Cómo había llegado a esto? Siena extendió tentativamente una mano, sus dedos se deslizaron a lo largo de los rubios rizos no demasiados diferentes a los suyos, aunque los de él eran de un rubio platino y no del coloreado plata y oro de ella y a hasta los hombros, mientras que los de ella cubrían todo su torso. Fue su propio cabello lo siguiente que ella alcanzó, introduciendo un mechón largo entre los dientes, los caninos desgarraron una gruesa tira de seda dorada. El rizo se enroscó alrededor de su muñeca y antebrazo, como si no estuviera dispuesto a dejar el cuerpo donde estaba adherido. Ella tiró la cabeza hacia atrás, ignorando las gotitas de sangre que cayeron de las puntas de los hilos rasgados que aún permanecían unidos al cuero cabelludo. Se inclinó sobre el Demon, abriendo lo que una vez fue una fina camisa de seda, lamiendo sus labios llenos mientras tomaba la tira de dorados cabellos y los dejaba rizarse como una alfombra trenzada, en todo el contorno, hasta que la herida estuvo cubierta en su totalidad. La sangre fue inmediatamente absorbida por los filamentos dorados, mezclándose con las gotitas que aún pendían de los
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    extremos cortados. Laherida instantáneamente comenzó a coagularse, el cabello se convirtió en un vendaje rojo y dorado que no se movió del profundo agujero, tapándolo con bastante eficacia. Ella no podía hacer nada con la pérdida de sangre por el momento y no podía dejarlo donde estaba, para evitar que sus atacantes decidieran regresar y terminar con él. Su respiración era mínima, tan débil, que si no hubiera sido por su agudo oído, no hubiera sido capaz de escucharla. Afortunadamente, conocía bien esos bosques y podría encontrar algún excelente refugio. Luego vería que podría hacer para auxiliarlo. Lo que el Demon estuviera haciendo en territorio Licántropo sería algo para descubrir más adelante. Ahora mismo, tenía que llevarlo lejos del próximo amanecer. Aunque la luz del sol no quemaba a ninguna de sus especies con el agonizante dolor y promesa de muerte como lo hacía con los Vampiros, no era tampoco ningún amigo de la raza de los Nigthwalkers. Para los Demon, el efecto era como para el gato nocturno, haciéndolos sentir pesados, perezosos y letárgicos. Muchos Demon, en realidad, amaban la invasora calidez del sol, encontrando en la luz del día el mejor momento para sucumbir a la comodidad y dormir. Desafortunadamente, este efecto era a menudo involuntario, haciéndolos desear más que nada, el sueño, hasta el punto de una distintiva vulnerabilidad. En este caso, cualquier otra debilidad causada por la luz podría reducir completamente el sistema autonómico del guerrero, terminando la tarea que sus agresores habían comenzado. Para el Licántropo, era un poco más dañino. Un cambiante se ponía enfermo con la brillante luz del día, una versión literal de envenenamiento por el sol. Dado que eran una especie intrínsecamente guiada por las fases de la luna, parecía tener sentido que el sol se sintiera antinatural para ellos. Siendo parte gata en sí misma, Siena estaba doblemente inclinada a permanecer activa en la oscuridad de la noche cuando era más poderosa, y encontrar descanso y refugio fuera del alcance de la luz del día cuando era susceptible a sus efectos. Realmente disfrutaba de una resistencia más alta de lo habitual si se mantenía a la sombra, pero esto no era algo que disfrutara haciendo.
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    Siena necesitaba decidirla mejor y más corta ruta para llegar hasta donde fuera capaz de cuidar de él, y la mejor manera de llevarlos a ambos a ese lugar escondido. Su pueblo estaba demasiado lejos para viajar, y no percibía a nadie, además de ella, en el área. Sería una buena opción encontrar ayuda, un lugar donde hallar un poco de asistencia para cuidarlo, pero no era una opción lógica dada la urgencia de la situación. La alternativa ideal de llevarlo con su propia gente, bueno, esa era incluso una posibilidad más descabellada, teniendo en cuenta que ellos estaban aún más lejos de lo que su pueblo estaba. Además, el más renombrado curandero Demon de todo el mundo se encontraba en su corte en ese momento. El guerrero no era un hombre delgado. Estaba bien constituido en cada detalle en la que un guerrero necesitaba estar formado para mantener su fuerza y destreza. El Capitán de tales guerreros… bueno, él tenía una más que impresionante estatura, por decir lo menos. Aunque Siena era alta y fuerte, sus bíceps podrían ser más grandes que uno de sus musculosos muslos. La distancia la preocupaba mayormente porque el guerrero necesitaba asistencia médica y dudaba de ser capaz de darle los cuidados necesarios. Él era una especie enteramente diferente y probablemente no tan receptivo a las maneras de curación de los Licántropos. Podría ser el equivalente de dar a un humano la atención de un veterinario. Éste estaría a la altura de su experiencia, pero incluso su mejor atención podría hacer más daño que bien. Su pueblo había estado en guerra con la raza del guerrero por mucho más tiempo de lo que habían estado en paz. Su conocimiento de la anatomía Demon era bastante limitada, e incluso tal información se restringía a cuál órgano vital causaría una muerte más rápida. Con una paz de sólo catorce años entre las razas, ¿quién habría pensado en intercambiar conocimiento médico? Así como era, recientemente sólo habían intercambiado embajadores. La Reina se enderezó, su figura se alargaba con orgullo y estatura de Amazona. Desnuda, como en ese momento, o completamente vestida, no había duda en cuanto a su sexo. Era de piel dorada y figura exuberantemente curvada a pesar del corte de su muscular y atlético cuerpo. Era una cazadora y guerrera por derecho propio, una orgullosa y pura Diana, y lo irradiaba por cada
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    centímetro de ella.Sin embargo, la contradicción era una cabeza llena de espesos y dorados rizos que caían hasta la mitad de sus muslos y las audaces curvas de su sexo, y que la hacían aparecer no menos femenina que Afrodita. Su enigmática forma de sonreír y el coqueteo natural de su paso sólo se añadían a la imagen. La diosa Licántropo parecía tomar una decisiva elección sobre el siguiente curso de acción, mientras su aguda mirada de oro recorrió todos los lugares por última vez. Poco después, sacudió la cabeza otra vez, provocando que las largas hebras de su cabello volvieran a la vida. Empezaron a deslizarse sedosamente sobre su piel, envolviéndola casi amorosamente en su suave longitud. El disperso abrigo de su cabello se convirtió en piel de nuevo, sólo que esta vez su forma era mitad felina, mitad humana. Esta era la forma de la Mujer Gato2, la tercera y última forma de Siena. Alta y bellamente constituida como la mujer que era, pero con la piel y las garras, las orejas y cara, los bigotes y la cola de un gato montés. Mitad mujer, mitad gata, con lo mejor de ambos mundos a su disposición. Y eso incluía la fuerza que se requería para levantar al guerrero en sus brazos. El guerrero, notó para sí misma mientras empezaba a cargar su peso muerto, era fuerte y musculoso, con un peso significativo para el más de metro ochenta de altura que tenía, aún si él no hubiera estado completamente inconsciente. Tenía unos hombros notablemente amplios, casi demasiado anchos para que ella pudiera abarcarlo en sus brazos. No había una onza de grasa que desfigurara su moldeada cintura y muslos. Todo era un pesado grosor de un físico finamente perfilado, músculo de la cabeza a los pies, ninguna parte echada a perder, nada de su estructura se asemejaba a la suavidad. A pesar de su impresionante masa, lo levantó en sus brazos casi con facilidad, acercándolo a ella mientras avanzaba a grandes pasos a través del campo. Su visión estaba hecha para la oscuridad, ____________________ 2 Werecat, en el original. (N.deT.)
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    todo alumbrado enafilado contraste de sombras en blanco y negro. Era brillante como el día para ella mientras llevaba su carga hacia los árboles. Ellos podrían haber presentado una visión bastante clara para que los vieran, pero un olfateo rápido del aire le aseguró a la Reina que todos los enemigos se habían retirado a sitios desconocidos y todas las demás criaturas vivientes habían seguido su ejemplo. Ellas ni siquiera sabrían que el grito de la leona de la montaña salió con una compulsión de temor tan enérgica, que forzaría a cualquiera dentro de su perímetro a correr con terror, incluso a alguno de los más poderosos Nightwalkers. Mientras la Mujer Gato se movía a través del bosque, escogiendo el camino de la dirección tomada y dejando el menor rastro posible, recordó que hubo más que humanos en la partida que emboscó al guerrero. Ella estaba al tanto de las renegadas mujeres Demon, madre e hija, que habían optado por aliarse con los enemigos de su raza en un desproporcionado sentido de venganza, todo por un trágico error que nadie pudo haber prevenido, ni siquiera los poderosos Demons. Había ocurrido hacía cerca de medio año, la víspera del último Beltane, que las usualmente animadas festividades de los Demon se vieron ensombrecidas por las secuelas de la guerra que estas mujeres traidoras habían empezado. Siena había sido parte de las fuerza Demon, el día que habían sido forzados a una masiva batalla para proteger a los suyos de una masacre dirigida por la deformada voluntad de aquellas mujeres. Esa fue la batalla donde había observado las capacidades del Capitán Guerrero. Él la había impresionado. Tanto así, que encontrarlo en esta situación era, de alguna manera, desconcertante. Además de su destreza en la lucha, había notado que el Demon había estado particularmente afectado por el hecho de que la mujer Druida, quien había sido el objetivo, había estado embarazada en ese momento. El niño que ella llevaba era un foco de venganza, tanto como ella y su compañero Demon, y el guerrero se había encolerizado a un nivel muy personal, a pesar que el niño no era suyo o que el tuviera uno propio.
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    Los machos Licántroposno sentían usualmente esa clase de empatía con los niños, no hasta que eran padres, e incluso entonces no era común en los machos dedicarse a eso, dejando la crianza de los niños a las hembras. Un instinto que era a menudo determinado por los comportamientos naturales del animal en el que el macho se transformaba. En cualquier caso, los cambiantes eran una sociedad dominantemente femenina. La hembras superaban en número a los machos en casi ocho a uno. Ellas siempre habían sido el sexo poblacional dominante, y la guerra había propiciado este hecho. La ambición machista por la batalla había mermado su número todavía más. Había una moral poderosamente matriarcal en una sociedad de tales proporciones, y estaban bastante orgullosos de ello. En conjunto, rara vez tenían otra motivación de ir a batalla que no fuera por la alimentación o la defensa propia. Pero aún en la insensatez de la guerra, la idea de lastimar a un inocente e indefenso niño era abominable para su gente. El comportamiento vengativo de las mujeres renegadas de la raza del guerrero Demon, era una pervertida actuación de una madre resentida cuando su progenie fue amenazada. Siena se detuvo abruptamente, sus orejas se retorcieron mientras olisqueaba, percibiendo la esencia de peligro. Sintió a los animales arrastrándose por debajo de los restos de vegetación en el suelo del bosque, pero a parte de eso, no había nada fuera de lo común. El silencio era comprensible, teniendo en cuenta que estaba cruzando el territorio en esa forma, pero el salvaje rastro de sangre que el Demon estaba dejando atrás podría atraer a otro depredador. Estaban a poco más de un kilómetro y medio del lugar donde había tenido la batalla y cerca había una corriente. Tendría tiempo de lavar y envolver el resto de las heridas y así cubrir el rastro más eficazmente, como su instinto le decía, a fin de evitar ser rastreados. Pero el sol ya se abría camino a través de los árboles, y una vez que los rayos la tocaran, se pondría muy enferma y demasiado débil para encontrarles un refugio. Aunque un día yaciendo bajo el bosque sombreado no la mataría, le tomaría tiempo recuperarse de la enfermedad resultante. Eso, sin duda, significaría la muerte del hombre que necesitaba que ella estuviera en buena forma con el fin de salvar su vida.
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    Siena decidió correrel riesgo de ser rastreados. Habría agua allí donde se dirigían y se estaba quedando sin tiempo. Moviéndose con notable rapidez para alguien con tanta carga, continuó pensando en las mujeres Demon que habían perpetrado el crimen contra su antiguo camarada. Ella sabía sobre Ruth y su malsana relación con su hija. Siena había formado parte de aquellos que inicialmente habían descubierto la traición. No había animal en la tierra que estancara el crecimiento de su hijo negándole la libertad de dejar la madriguera o el nido para que aprendiera a valerse por sí mismo. En algún lugar de la evolución, se había producido una mutación en la sociedad de los humanoides bípedos, que habían permitido que esto fuera posible e incluso, una norma. Aunque la evolución era un proceso natural, Siena siempre lo había considerado una mutación antinatural. Pero, ¿quién podría estar completamente seguro? Los humanoides eran capaces de gran cantidad de aberrantes comportamientos que entraban en conflicto con el orden natural de vivir en armonía con el propio entorno. Para ser honesta, eso incluía a su propia especie también. Aunque los Licántropos eran a menudo considerados por ellos mismos y por otros más animales que humanos, ellos se ceñían a una sociedad con fallas, leyes y libre voluntad. Estos elementos, al mismo tiempo audaces y productivos de muchas maneras, podían ser, así mismo, una volátil combinación. Por ejemplo, la guerra racial entre los cambiantes de ella y los elementales3 de él. Esto había ocurrido hacía veinte años, y la idea de ayudar a un Demon, y en particular a este Demon, no sólo habría sido inconcebible sino traicionero. A decir verdad, había algunos que aún se sentían así, a pesar de que su Reina claramente no lo hacía. La guerra previa entre los Demon y la raza cambiante había sido un acto de su padre. Una agresiva demostración de masculinidad que había empezado como un pequeño asunto de _____________________ 3 Se refiere a que el pueblo de Elijah clasifica a su gente según los elementos: Fuego, Aire, Tierra, agregando a estos Mente y Cuerpo. (N. d T.)
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    principios y rápidamenteescaló de allí a un casi odio genocida hacia los Demon. Un sentimiento que, a lo largo de décadas, los Demon empezaron a corresponder plenamente. Desafortunadamente, los Licántropos habían vivido tanto como los Demon, por lo que la guerra de su padre había asolado a su pueblo durante siglos, dando nacimiento a generaciones que no entendían que en realidad hubo un tiempo en que los cambiantes no habían despreciado a los Demon. Esto comenzó a cambiar en el momento en que ella ascendió al trono. Siena rescindió públicamente la declaración de guerra contra los Demon en el instante en que el collar de su oficio había sido colocado alrededor de su cuello. Esto no había sido una decisión popular al principio, viejos y hostiles sentimientos fueron sostenidos de corazón por tanto tiempo que suponía una difícil barrera de superar. Muy bien podría haber causado una rebelión masiva. Quizá aquí era donde ser la líder femenina de una sociedad matriarcal tenía sus ventajas. Su voz tenía el poder de apelar a un gran número de hembras que ciertamente nunca quisieron ser parte de vivir y morir en batallas sin sentido. Su Reina sólo había tenido que recordarles esto lentamente, sin duda, día a día. Y mientras el tiempo de paz llegaba, el pueblo de Siena empezó a recordar lo que era vivir la vida para algo más que prepararse para la siguiente batalla. Siena no podía, en conciencia, haber hecho nada menos. Incluso, a pesar que ella misma había criado una desconfianza hacia los Demons, aleccionada por los prejuicios de su padre y tutores que él había escogido para ella, enseñándola a odiarlos por lo “perversas criaturas y fuera de la ley” que eran, el destino había intervenido para enseñarle una lección que dramáticamente había cambiado su perspectiva de los Demon. Su moral y femenino sentido de lo bueno y lo malo no permitieron nada menos que un armisticio completo una vez que había tenido el poder de demandarlo.
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    No podía culparverdaderamente a la masculinidad de su padre por todos sus problemas y pobre comportamiento como especie, pero su agresiva naturaleza no les había hecho justicia y ahora le tocaba a ella manejar los resultados. Catorce años de tregua era una miseria comparado con casi trescientos años de altercados. La paz era una ardua tarea que sólo podía realizarse en sistemáticos y cortos pasos. Cualquier acción hecha sin la apropiada sabiduría de la contemplación podría conducir a trastornar la frágil armonía que recién empezaba a brotar entre ellos. Y francamente, con todas las razas Nightwalker constantemente sitiadas por esos imprudentes y obstinados mortales que buscaban su extinción, no podían permitirse el lujo de agotar sus recursos luchando entre sí. Salvar al Capitán de las fuerzas guerreras de los Demon no era exactamente un delicado paso a tomar. Pero ella no podía permitir que pequeñas políticas dictaran si este campeón vivía o moría. Siena no esperaba ningún beneficio y confiaba que no hubiera repercusiones. Todo lo que quería era un lugar fresco y oscuro para atender sus heridas. Encontró la caverna que estaba buscando aproximadamente una hora después. Su velocidad enormemente reducida para entonces no sólo por su carga, si no por el sol de la mañana que corría a través de las desnudas ramas de los árboles. Casi inmediatamente después de la entrada, la cueva se inclinaba dramáticamente hacia abajo, la roca era lisa, fría y húmeda bajo sus pies desnudos. Le tomó mucho equilibrio, fuerza e incluso sus garras para evitar deslizarse por la resbaladiza superficie y aterrizar en el helado lago subterráneo de agua mineral que nacía al fondo. Rápidamente recorrió la delgada cornisa que limitaba el agua. En el minuto en que dejó una húmeda huella en una superficie seca, se alivió de su carga posándola con cuidado en la piedra limpia. Se sentó junto a él, más que un poco sin aliento, recogiendo sus rodillas para poder descansar sus brazos en ellas. Necesitaba ayudarlo, la urgencia de esto la sacudía, pero también necesitaba darse un minuto para sacudirse el cegador dolor de cabeza que la luz del sol le había provocado. Tenía náuseas por ello, sus ojos y su piel picaban por la fotosensibilidad solar. Era afortunada. Ella podía
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    soportarlo mejor quela mayoría porque su fuerza y poder no tenían precedentes entre su pueblo. Por donde se viera, ella debería haber caído violentamente enferma en ese punto. Ahora, si se aventurara fuera demasiado pronto después de esto, sería aún más susceptible. La Mujer Gato recorrió en sus cuatro patas el contorno del lago, olisqueando cautelosamente buscando formas de vida antes de usar sus palmas y dedos acolchados para salpicar agua sobre su piel. Felina o no, a Siena le encantaba estar limpia y perfectamente cepillada, y eso quería decir agua y en mucha cantidad. Concedió mucho tiempo a lamer una mancha de sangre Demon de su piel, pero dejó el resto de su acicalamiento para más tarde. Se puso de pie, en toda su estatura, saltando sobre el Demon y dirigiéndose a las profundidades de la caverna. El suave click de sus garras sobre la piedra anunció su regreso. Arrojó un saco en el suelo y a continuación llenó una botella con agua del lago antes de girar y arrodillarse a su lado y atenderlo. Rasgó su camisa, lo que quedaba de ella, incluso se vio forzada a sacar pequeños retazos de su piel quemada. La herida más grave, una sobre su corazón, fue atendida y sanada. Agentes coagulantes y cicatrizantes se encontraban de manera natural en el pelo de los Licántropos. La sangre filtrada de los extremos cortados de las tibias y vivientes mechas había actuado como un desinfectante y bálsamo sanador. Sin embargo, no podía usar su pelo para todas las heridas. Sería demasiado daño para ella. Siena se fijó en la cicatriz en carne viva que tenía en su cuero cabelludo como resultado del uso que había hecho. En vez de eso, estuvo satisfecha con limpiar los cortes y quemaduras con agua y cubrir las heridas con vendajes de un botiquín que extrajo del saco. Los Demons sanaban muy rápido y la mayor parte de sus heridas estarían sanadas antes de la tarde. Pero la herida del pecho tomaría más tiempo, así como otras que perforaban su hombro, cadera y el muslo, en su lado derecho. Él había sido atravesado con lanzas de hierro en esas tres heridas, no cabía duda eran misiles de ballestas o alguna otra arma de tipo propulsor. Una había atravesado claramente el músculo de su muslo, pero había barras metálicas sobresaliendo de las otras dos heridas. El hierro quemaba a los Demons solamente con su toque, a
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    menudo haciendo cicatricesy desfigurándolos con rapidez. Estas armas invasoras debían ser insoportables para él, aunque inconsciente y conmocionado como estaba, era de esperar que no sintiera dolor. Siena tomó un trozo pequeño de lo que quedaba de la camisa del guerrero y la usó para tener un mejor agarre sobre el extremo del dardo que sobresalía de su hombro. Lo extrajo fuerte y rápido, sintiendo la rasgadura de la carne cuando la punta causó más destrucción en su salida. La herida estaba asombrosamente negra, la quemadura del hierro la había cauterizado lo suficiente, pero había comenzado un nuevo sangrado con la extracción y ahora presionaba pedazos de la camisa hecho una bola en ella, atándola fuertemente alrededor para ejercer una mejor presión. Baño su torso por entero, inspeccionando cada herida y tratándolas con hierbas y vendas que traía en el saco. Estaba impresionada con su condición física. Esto era una verdad natural para muchas de las razas Nightwalker. Nacidos con un alto metabolismo y el sentido innato de regular la ingesta de calorías con la actividad, era muy poco frecuente que los integrantes de sus varias especies tuvieran sobrepeso. Pero éste, pensaba para sí misma mientras recorría una garra dorada sobre el corte definido de su pectoral derecho, éste era el cuerpo de un ser que entrenaba y se había perfeccionado como un arma manual. Él era musculoso, sí, pero había tenido la sabiduría suficiente para no sobrecargar su estructura de una forma que podría disminuir su flexibilidad y eficientes movimientos corporales. Ella había visto a este macho moverse en batalla, tan rápido y tan letal, y recordaba haberse quedado igualmente sin aliento por la fascinación. Siena se dio cuenta de lo que estaba pensando e inmediatamente desechó el improductivo toque y las sensaciones que lo acompañaban. Volvió su atención a su urgente necesidad de curación. Con delicadeza revisó la lanza que traspasaba su cadera y encontró difícil de establecer su colocación por la tela de dril que vestía. Extrañamente, el dril la divirtió. Este guerrero era uno peculiar. La mayoría de su gente llevaba ropas que reflejaban las eras por las que habían pasado en vez de la
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    era en laque estaban. Era raro ver una moda tan moderna agraciando uno de sus cuerpos. Por otra parte, el dril llevaba rondando ya cerca de un siglo, por lo que si la etiqueta de diseñador había sido eliminada, podría haber sido fácilmente excusado por ser como mucho un anacronismo de cualquier otro ropaje Demon. Siena se acercó para desabotonar el frente de los pantalones, tirando un poco del aflojado dril en un intento de inspeccionar de mejor manera el daño. Por último, simplemente cedió ante lo inevitable y rasgó a través de la tela con sus afiladas garras, desnudándolo completamente. Libre para trabajar ahora, extrajo el otro misil y lavó todas las lesiones en sus densamente musculosas piernas. Lavó la sangre de los vellos que se rizaban sobre ellas como un ligero polvo dorado, usando medicamentos sobre la carne profundamente quemada de su cadera debido al hierro venenoso. Estas eran las heridas que no sanarían rápidamente. Ella sospechaba que la herida de su corazón también había sido con un arma de hierro. Alguna especie de arcaica maza o estrella de la mañana4, quizá. Lo que sea que hubiese sido, había aplastado y desgarrado el área, dejando quemaduras reveladoras, pero nada lo suficientemente negro para indicar un misil que estuviera aún incrustado y ardiendo ahora que la herida estaba cerrada. Una vez que lo hubo lavado completamente con el calmante agua mineral, ungió y envolvió cada herida que pudo encontrar y lo evaluó por aquellas que no podía ver, se tomó el tiempo para lavar la sangre de sus propios cabellos. Se sintió más relajada cuando lo hizo. El aroma que había sido tan obnubilantemente atractivo, fue afortunadamente lavado dentro del lago mientras el agua rodaba por la piedra y regresaba por donde había venido. Podría ser una bestia, pero ella era una que luchaba por su civilización con una singular conciencia. Si no hubiera ganado esa distinción, este debilitado y herido miembro de otra manada habría recibido otra cosa diferente a su ayuda. ________________________ 4 Lucero del alba, que es la traducción directa de Morningstar (Inglés) y de Morgenstern (Alemán) es una maza de armas cuya característica principal es que su cabeza armada se compone de una esfera ferrada o plomada de donde parten “clavos o púas”. Por ello su similitud con el símbolo de un lucero. (N. de T.)
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    Cuando su cabelloestuvo limpio, delineado con un centenar de distintos tonos de oro, blanco y bronce, ahora que estaba mojado, rápidamente cepilló y lamió su propia piel. Una vez que terminó sus abluciones, lo levantó de nuevo en sus cansados brazos y lo cargó dentro de la estructura de la cueva. Podría haber sorprendido al Demon, el haber encontrado muebles en ese lugar, pero la Reina Licántropo lo esperaba de lleno. Esta caverna era una versión Licántropo de una cabaña de verano. En realidad, un retiro de invierno sería el término correcto. Los Licántropos no estaban por encima de la hibernación, por lo que esas cuevas distantes en lo profundo de las montañas y la tierra eran a menudo suministradas para tales cosas. Los muebles eran un enigma, quizá, pero uno de los efectos de la civilización era la imperturbable conciencia de vivir con mucha comodidad. Incluso si esa significativa comodidad se encontraba asentada incongruentemente en una cueva. Esta caverna pertenecía a una de las Consejeras de la Reina, una mujer de impecables gustos y los medios para satisfacerlos. Siena se había sentido decepcionada al entrar en el salón y darse cuenta que Jinaeri no había empezado a prepararse para el próximo invierno, y no había indicios de que hubiese estado o fuese a estar con el fin de hacerlo. Cuando la Reina mantuvo la última reunión en la corte, Jinaeri había estado presente y había mencionado que pronto empezaría esos preparativos. Siena había tenido la esperanza de dejar al guerrero a su cuidado mientras ella iba por ayuda. Ahora tendría que quedarse y atenderlo lo mejor que pudiera. Simplemente no podía abandonar a un Demon en un alojamiento Licántropo sin ninguna protección ni ayuda. No tenía idea de cuánto tomaría a las heridas causadas por el hierro sanar en un Demon. También sabía que por la gran pérdida de sangre la curación se vería obstaculizada, incluso si él llegaba a sobrevivir. Apenas estaba fuera de peligro y eso porque había cubierto sus heridas.
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    Una serie deescalones tallados dentro de la caverna conducían hacia abajo, mucho más seguro que la cuesta original a la entrada de la misma cueva. Además, a ese nivel todo estaba más seco y fresco. Ella se detuvo en el salón, una sala con suaves sillones y estantes de libros. Había una chimenea, la cual, probablemente, salía por la ladera de la montaña a bastante distancia de ellos. Siena pasó las estanterías de libros cubiertos con tela para protegerlos, y se dirigió a una segunda sala. Esta era el dormitorio. Sobre la lejana pared había una oscura y naturalmente formada alcoba con un enorme juego de cama hecho a mano en su interior. Siena se trasladó hacia allá y depositó con mucha suavidad su carga sobre el colchón, que parecía hecho a mano también, y muy probablemente, del más suave relleno que la dueña pudo encontrar. El gigantesco macho se hundió profundamente en la suave comodidad y ella de inmediato lo cubrió con un edredón de la cama para evitar el constante frío de estas cavernas subterráneas mientras él se curaba. La chimenea de la sala era una continuación de la que había en el salón, de tal manera que se podría ver el cuarto de al lado, si no fuera cegado por el resplandor. Ella consideró encender una para calentar el lugar, pero con enemigos que eran perfectamente capaces de funcionar bajo la luz del sol y con ganas de matar a este Demon, un rastro de humo no valdría el riesgo. Mientras el estuviera enfermo, ella estaría sola. Poderoso o no, todo lo que Siena tuvo que hacer fue mirar al guerrero caído para saber que ella no tendría mejores posibilidades que él antes esas diabólicas mujeres. Exhausta, Siena se trasladó de nuevo al salón donde inmediatamente se enroscó en los cojines afelpados del sofá. Ni siquiera se molestó en sus usuales rituales, que a menudo incluían amasar el lecho para añadirle más suavidad y moverse un poco hasta encontrar el punto exacto. Simplemente se desplomó, se enroscó en una cómoda pelota y cayó dormida sin demora. Mientras entraba en un profundo sueño, la dorada piel de su cuerpo se despellejó, colgando al descuido sobre sus brazos, caderas y los cojines del sofá, dejando al descubierto una suave y humana piel. Las garras se convirtieron en pequeñas y cuidadas uñas, los bigotes desaparecieron. Las almohadillas de sus manos y pies se volvieron nada más gruesas que los callos habituales, y sus orejas
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    eran sólo unpoco más pequeñas después de cambiar a la forma y posición normal de la orejas de cualquier mujer.
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    CAPÍTULO 2 Siena despertóalgunas horas más tarde sintiéndose mucho mejor. Por un lado, podía percibir el ionizado olor de la lluvia. Estaba lloviendo de manera considerable al otro lado de la entrada de la cueva. La presión era inconfundible, aún cuando no pudiera escucharla con su agudo oído. Este baño de la Tierra podría ocultar lo que quedaba de su rastro hacia la cueva. Sospechaba que en su habitual arrogancia exagerada, los humanos usuarios de magia probablemente no creían que habían fallado en matar al Demon, y como resultado, no necesitaban hacer una doble comprobación. Sin embargo, con las mujeres Demon a su alrededor, en esta situación no podía dar por seguros esos típicos comportamientos. Siena se sentó en el sofá, estirando una larga extremidad, después la otra, suaves y satisfechas vocalizaciones acompañaron el movimiento. Jinaeri ciertamente sabía una o dos cosas sobre el confort, pensó, mientras se ponía de pie sacudiendo hacia atrás su cabello que de inmediato se acomodó en su lugar. La Reina se dirigió hasta un antiguo baúl puesto contra la pared y lo abrió. Dentro descubrió vestidos y camisetas pulcramente doblados. La brevedad de las prendas de vestir, en su mayoría cortas y ajustadas, eran comunes entre las mujeres de su cultura. Aquellas que disfrutaban de la habilidad de transformarse en un animal también las usaban, ya que esas prendas se caerían fácilmente a un lado del camino y no impedirían los movimientos en el instante del cambio. La Reina extrajo un suave y suelto mini vestido del baúl, y se lo puso con una rápida caída de la tela sobre su cabeza. La pequeña prenda se deslizó instantáneamente en su lugar, sosteniéndose en ella por unas delgadas tiras en los hombros y por el hecho de que tenía bastante más busto que Jinaeri. Observó incluso cómo el bajo escote dejaba mucho que ver. El dobladillo de la vaporosa falda
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    revoloteó sobre susmuslos, un suave susurro de sensaciones hizo que frotara con placer los dedos sobre el montón de tela. Siena echó un vistazo al espejo cerca del baúl y sonrió mientras admiraba el terciopelo azul y la forma en que brillaba cuando flotaba a la deriva con un dejo de emoción. Tal vez debería ejecutar los privilegios de la realeza y pedir prestada permanentemente la deliciosa creación. Luego, Siena alineó la fría piedra de la chimenea, donde arregló la madera y encendió un confortable fuego, sin preocuparse de que el humo fuera rastreado en la lluvia o la oscuridad. La tarde, definitivamente, ya estaba sobre ellos. Siena sintió culpa por no haberse acordado de comprobar el estado del paciente en todo ese tiempo, pero no tenía sentido reprenderse. No había mucho que hacer por él, en cualquier caso. Verificó su estado inmediatamente después que el fuego tomó cuerpo, cruzando hacia la otra habitación y dejando que sólo la luz del fuego iluminara su camino. Descansó cautelosamente una rodilla en el colchón, sentándose sobre ese talón, mitad dentro mitad fuera de la cama. Despacio, empezó a revisar las heridas. Como suponía, la mayoría estaban sanando bien, algunas mostraban ya un punto rosa de nueva piel. Retiró los vendajes de esos lugares. Las heridas del hierro no lo estaban haciendo tan bien, como ya esperaba. La peor parte acerca del hierro, a diferencia de la plata usada contra su gente, era que tendía a oxidarse y dejar escamas con facilidad. Estas escamas de metal podían continuar el insidioso envenenamiento que la herida trataba de curar. La única manera de curarla completamente sería con un médico Demon de grandes habilidades que utilizara sus poderes sobre el cuerpo para hacerlo. Conocía a la persona que necesitaba. De hecho, su esposa era la embajadora que el Rey Demon había designado para su corte, la hermana del propio Rey, Magdelegna. Legna era una brillante y hermosa mujer, una Demon Mental de substancial poder, cuya valentía Siena admiraba mucho. Le tomaba a la mujer mucho coraje mantener la diplomacia en lo que a menudo era una hostil corte de antiguos enemigos, así como exponerse a sí misma a tal situación mientras esperaba a su primer hijo.
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    Sin embargo, elesposo de Legna, el gran Demon Corpóreo y médico llamado Gideon, era el más Antiguo de todos los Demon, así como el más poderoso. Era el único que podía atender estas malévolas heridas, extrayendo el hierro con mágica facilidad. Aunque sus habilidades médicas estaban desperdiciadas en la corte Licántropo, pues los cambiantes se habían mostrado mayormente inafectados por los poderes de los Demon Mental y Corpóreo, Gideon había sido una buena adición a ella. Había sido el primer Demon que conoció, un prisionero que su padre conservó para el entretenimiento del Rey y fanfarronear de ello muchos, muchos años antes. Sin embargo, esto estalló en el monarca, porque fueron las enseñanzas de Gideon las que habían iluminado a la joven princesa acerca de la naturaleza y bondades de los Demon. Ahora estaba de vuelta en la corte y asistía calladamente a su compañera a hacer la misma cosa, pero en gran escala. También servía como protector de su esposa en la algunas veces hostil tarea de persuadir a un pueblo prejuicioso. Ninguna criatura con cierto grado de sentido se atrevería a lastimar a la compañera de un ser tan poderoso como Gideon, pero en cada raza siempre hay alguien con falta de sentido común. Las heridas del guerrero testificaban eso claramente. Era inútil pensar en el médico. Estaba demasiado lejos y Siena no dejaría al guerrero vulnerable y solo. Tendría que esperar hasta que se pusiera más fuerte. Ella, sin embargo, tendría que cazar para comer si no hubiera nada de eso en la cueva. Y no parecía probable. Siendo una que tomaba la forma de un lémur, Jinaeri era vegetariana. Siena era sobre todo, carnívora y prefería siempre la presa más fresca que pudiera encontrar. No era probable que encontrara tal cosa en la casa de un herbívoro, no importaba que aún no se hubiera abastecido para el invierno. La nutrición de la carne era algo que sólo se podía obtener fresco. No tenía sentido dejar algo de la estación anterior que pudiera atraer a animales o decadencia.
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    Siena, gentilmente, volvióa lavar las heridas del guerrero y las cubrió con vendajes limpios. La única que no tocó era la del vendaje de su cabello. Esa se curaría sola y era mejor dejarla tranquila. Puso los cobertores sobre la fría piel del Demon. Esto era un buen signo. Los Demon soportaban temperaturas más bajas de lo que los Licántropos o los humanos hacían. Si se pusiera caliente, significaría que estaría luchando contra la fiebre y eso, ahora, era la última cosa que el guerrero necesitaba. Aún estaba terriblemente pálido, tal vez, incluso, muy frío al toque, pero parecía que respiraba con más soltura. Podía oír el estable latido del corazón, más fuerte de lo que había estado. La Reina se acercó y apartó los ahora secos rizos de su cabello, sorprendiéndose de la suavidad con la que resbalaban por sus dedos. Lo llevaba largo, algo común para los Nightwalkers. Lo que sea que utilizara para mantenerlo fuera de su cara ya no estaba, y pensó que tendría que buscarle un reemplazo una vez que regresara con comida para ellos. Su cabello era bastante espeso, más denso que el de un Licántropo, esa era la característica de un Demon. Pero los Licántropos no poseían un monopolio en lo que a cabello sano y espeso se refería. Aún así, era una sensación agradable al tacto. Siena encontró que su mano vagaba por su frente, las yemas de sus dedos tocando cada gruesa y dorada ceja, marcando el curioso trazo de sus arcos. Incluso las pestañas eran doradas, como las suyas. Éstas eran de un rico y oscuro color dorado, compensando los tonos más claros de su cabello, tal y como sucedía con ella. Tenía un bonito rostro, se maravilló mientras trazaba con el pulgar sobre los bien definidos pómulos, una nariz fuertemente masculina y una firme barbilla con la débil huella de una hendidura en el centro. Era tan rudo, y aún así, de alguna manera, aniñadamente hermoso. Quizás, reflexionó, fuera la plenitud de su boca, casi femenina en su forma, lo que frustraba todo el intento de parecer duro. Siena se rió de sí misma cuando se percató de lo que hacía. Se puso de pie, sacudiéndose las manos, como si intentara castigarlas para que se comportaran la próxima vez. Suprimió una sonrisa ante su tonto comportamiento y se dirigió hacia el frente de la cueva. Se detuvo en la entrada durante un largo instante, escuchando la lluvia
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    y oliendo albosque dormido lo mejor que podía. La lluvia enmascaraba incluso sus formidables habilidades de percibir a la presa o al depredador. Entonces, saliendo del vestido con un simple movimiento de los hombros, se envolvió en la piel de la forma de la Mujer gato y corrió hacia el frío y húmedo otoño del bosque. Elijah no se había movido más de una pulgada en la hora que había estado fuera. Verificó que no tuviera fiebre, tratando de no gotearle encima. Estaba empapada de la cabeza a los pies, su cabello goteaba mientras se alineaba cerca del fuego. Se sentó en una pequeña y cómoda silla cerca de la seca calidez de las llamas, usando una tela y el calor para tratar de secar el cabello. Debería haber permanecido en su forma de Mujer Gato, la piel era más fácil y rápida de secar, pero consideró que sería imprudente quedarse así. Elijah había dejado bastante claro que durante sus breves encuentros que no confiaría en ella o en ninguno de su clase más allá de lo que pudiera escupir. No sería juicioso tener la forma de Licántropo cuando despertara. Podría no tomarse el tiempo para notar el collar ornamental de su rango que nunca se quitaba. Un Demon, aún en estado debilitado, no era uno que se pudiera engañar. Si su pueblo había aprendido algo a través de los siglos, era que no se debía subestimar los poderes de un Demon que se sintiera amenazado. Tregua o no, Elijah se sentiría obligado a percibir el peligro de extinción con su sola presencia, no importaba el hecho que ya estuviera herido. La Reina giró más cerca del fuego, su espalda hacia el durmiente Demon mientras seguía alborotando su cabello. Tenía uno de los conejos de los que había capturado más temprano girando en una estaca sobre el fuego, el asador era operado por motor de baterías de potencia. Esto sonaba y chillaba, no apreciando la cercanía de un elemento masculino cuya química corporal hacía que funcionara a menos de un pico. A diferencia de los Demon, los Licántropos no eran adversos al uso de las máquinas y la tecnología, por lo que esas cosas no reaccionaban negativamente ante ellos. Dado que era una simple locación de hibernación, no estaba equipado con electricidad
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    o alguna superfluanecesidad que se volvería inútil mientras el ocupante durmiera más de lo que ella permanecía despierta, y Siena suponía que eso era una cuestión muy afortunada. Había una fuente natural de agua, abundancia de madera para el fuego y un bosque lleno de alimento más allá de la entrada. En verdad, no había necesidad de más. Cuando su cabello estuvo en casi seco, enroscado una vez más en un gracioso rollo tubular, se levantó para vestirse y se dedicó a preparar una cacerola de guisado y una sopa con lo que había quedado de los conejos y del pavo salvaje que había capturado. Conservó las plumas del ave, como pago a Jinaeri por el uso de su casa. Deshizo hierbas y raíces en ambos potes y dejó que se cocinaran lentamente en el fuego, suspendidos en unas calderas que colgaban sobre las llamas. Era cierto que su dieta consistía mayormente en alimentos que estaban más vivos que muertos, pero era humanoide también y apreciaba la amplia variedad de sabores culinarios. Una de sus cosas favoritas era una ensalada salvaje, todos los brotes verdes del bosque, o en otoño, nueces, raíces de tubérculo y bayas, siempre que no fueran venenosas. Todos los carnívoros, eran en realidad omnívoros. Lo que muchos no entendían era que los carnívoros cazaban a los herbívoros, no sólo porque no supieran defenderse si no porque las entrañas de estos animales usualmente desbordaban de las vitaminas y cualidades benéficas de la vegetación. Por eso, el vientre era a menudo la primera cosa a por la que iba el león después de atacar una gacela o ciervo. Sin embargo, las entrañas eran algo que dejaba para la gata montés, y en ocasiones para la Mujer Gato. En su forma humana, prefería ensaladas y carnes, tanto crudas como cocinadas. Esta comida no era tanto para ella, en cualquier caso. Estaba hecha para su paciente. Las hierbas usadas para condimentar los platos no eran simplemente deliciosas, sino también medicinales. Todo lo que fue al guisado y a la sopa serviría para el propósito de ayudarlo a sanar y recuperar sus fuerzas. Mientras cocinaba, Siena ocupó su tiempo limpiando y estirando las pieles de los conejos en los marcos que estaban colgados cerca de la chimenea. Nada que se cazaba era un desperdicio. Si un compañero
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    animal entregaba suvida para su sustento, ella velaría que cada parte se pusiera a buen uso. Y de nuevo, sería un buen pago para Jinaeri, quien ni tenía idea que estaba jugando a la anfitriona para su Reina y el Capitán guerrero. Pasada una hora, la Reina sirvió la sopa caliente en unos cuencos de madera, le metió una cuchara y se dirigió al lado de su paciente. Una vez más, se arrodilló sobre la cama, asentándose sobre un talón mientras sostenía el cuenco con una mano y la otra la frotaba sobre su brazo. No era que esperara que se despertara de inmediato, pero al menos lo intentaría cada quince minutos hasta que lo hiciera y pudiera conseguir que se nutriera. Cuando el guerrero, de repente, irrumpió a la vida, Siena fue cogida completamente con la guardia baja. Explotó en movimientos, agarrándola por ambos brazos y arrastrándola violentamente sobre su cuerpo. Su espalda se estrelló contra el colchón, su respiración cortándose de imprevisto. La fijó debajo de su cuerpo con mucho dolor, su masiva fuerza era formidable aún en su débil estado, su peso era una fuerza aplastante. Siena no hizo ningún sonido, ni siquiera cuando la sopa hirviendo cayó sobre sus piernas. No hizo ruido alguno o movimiento que pudiera confundirse con provocación. La única cosa que hizo fue ceñir la gruesa muñeca de la mano que apretaba su garganta con firmeza, manteniendo los dedos de ambas manos. No lo provocaría, pero tampoco dejaría que la estrangulara hasta morir. Los ojos verdes del guerrero se veían salvajes por la confusión y el dolor, sus movimientos perjudicaron altamente las heridas cuidadosamente vendadas. Siena fue inmediatamente consciente del aroma de la sangre fresca y sus ojos volaron a la herida del pecho. Vio un fresco flujo de sangre resbalando por su piel, goteando de su abdomen al vestido. Su inmenso cuerpo aplastaba el suyo, sus piernas y caderas clavándola en el suave colchón mientras reforzaba la mitad del peso de su torso en una mano y apoyaba el resto en la mano que intentaba cortar su suministro de aire. Elijah parpadeó, tratando de asimilar todo lo que estaba viendo a través de un turbio muro de dolor. Era consciente que tenía atrapada a una de las mujeres, que podría quebrarle el cuello en un respiro si quería, pero había algo que no encajaba correctamente con
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    lo que estabaviendo y sintiendo y necesitó un precioso momento para entenderlo. Bajó la mirada a unos salvajes y dorados ojos, percibiendo una inquietante familiaridad. Había algo también sobre ese pedazo de joyería bajo su mano. Éste evitaba que tuviera un perfecto dominio sobre su cuello esbelto, pero de algún modo sabía que no era lo más importante al respecto. La siguiente cosa de la que fue consciente, era que estaba completamente desnudo y que ella no estaba mucho mejor en una corta y húmeda falda que estaba recogida alrededor de sus desnudas caderas. Esto la hizo decidir que la falta de temor de su parte lo impresionaría. No era que tomara ventaja de tal situación, aún si ella hubiera sido su peor enemigo, pero ¿cómo podía saber que no le haría ningún daño? Considerando el hecho de que estaba en una agresiva y dominante posición, el valor que demostraba se vería o muy impresionante o muy tonto. Miró más allá de ella, sus ojos escurriéndose alrededor de la habitación, más piezas de un rompecabezas que parecía tener demasiados huecos. Pudo oler la comida, se daba cuenta de su hambre e inusual debilidad. Notó que estaba vendado y sanando, y no tirado y muerto en el suelo del bosque. Parecía un pensamiento ridículo, pero era un ingrediente importante en su habilidad de entender qué es lo que sucedía. Su mano se fue aflojando mientras observaba a la mujer debajo de él. Había cabello por todas partes, de ella, enredado entre los dos. Tenía un cuerpo intrigante, bastante fuerte para una mujer e impresionantemente en forma. Era también llena de suaves y abundantes curvas justo donde un macho las apreciaría más. Podía sentirlo, más que verlo, así como sentía su atrayente calidez, la satinada suavidad de la piel que se frotaba contra sus muslos y pantorrillas y el rápido ascenso y caída de sus senos aplastados bajo su peso cuando luchaba por respirar. Tuvo consciencia de su aroma, este aspecto también de alguna manera familiar, aún cuando estaba capas debajo del olor de la comida. Era lo suficientemente atractivo como para distraerlo de su dolor, la reacción de pelea-o-vuela que él había despertado con torcida e estimulante facilidad dentro de la poderosa excitación de
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    masculino interés. Impulsadopor la adrenalina, fue mucho más profundo en las reacciones de sus instintos que en la civilización de su inteligencia. Los Demons eran tan herederos de sus lados animales como los Licántropos lo eran, aunque nunca manifestaran en las formas ese lado de su naturaleza. Era este lado instintivo, que abrazaban en unión de su lado moral, lo que los hacía los impresionantes cazadores y guerreros que eran. Cuando el guerrero hizo una larga inspiración a través de la nariz, Siena fue consciente que estaba respirando su aroma. No se preocupó al principio, porque esa hubiera sido su reacción si hubiera despertado en un lugar extraño. Pero algo había cambiado el color verde de sus ojos de un agitado jade a una muy vívida esmeralda, y se encontró fascinada por la transformación. Una poderosa clase de especulación onduló a través de ellos justo antes de que él bajara la cabeza hasta su oreja e hiciera otra lenta respiración. Sus labios le rozaron ligeramente la mandíbula, su suave cabello cayendo contra su frente. Fue entonces cuando se dio cuenta del cambio en su olor, un fuerte repunte del rico almizcle que estaba siempre presente en él. Sintió su estómago tensarse con instintiva anticipación, a pesar de que su mente se rebelaba contra el sentimiento, entendiendo que estaba en un alto grado de peligro y que todo ese comportamiento era primitivo e injustificable. Para ella. Para él, despertarse en un mundo de confusión, no lo era. Ella la que estaba con sus sentidos sobre sí, sermoneándose severamente, enterrando sus uñas en la muñeca que mantenía su cabeza fija sobre la almohada. El guerrero le tocó la nariz con su sien e inhaló profundamente una vez más. Sus labios la tocaron; ella los sintió separarse lo suficiente para dejar una ínfima huella de humedad, como el más desnudo de los besos, contra su mejilla. Siena sintió una marea de escalofríos fluyendo por el frente de su cuerpo en una inexplicable y salvaje respuesta. Sus senos se pusieron tensos debajo de la pesada tela de terciopelo de su vestido, los picos de sus pezones frotaban su pecho en una respuesta inadvertido.
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    Elijah hizo unbajo y apreciativo sonido en su garganta antes de separar la cabeza de la de ella, sus ojos enjoyados, brillantes pero ardiendo navegaron hacia los senos. La vocalización sacudió a Siena, enviando una rápida avalancha de calor e inconsciencia quemando a través de la piel. Sintió su mente girar fuera de la lógica y la razón mientras la primitiva respuesta a ese llamamiento burbujeó en su propia garganta. Su canción de respuesta tenía un efecto dinámico en él, y podía sentir la prueba de esto solidificándose entre los cuerpos. Sus ojos dorados se abrieron ampliamente cuando sintió el peso masculino y el endurecido calor contra su muslo interno. Al igual que una metamorfosis instantánea, y por alguna razón, comprendiendo que ella era la responsable de esta fundición de su cuerpo de adentro hacia afuera. Ella hizo una inhalación rápida y llena de emoción. De repente se sintió abrumada por la sensación, una avalancha de respuesta sexual, de la que siempre había tratado de decirse que no tenía curiosidad. Y así había sido… hasta ese mismo momento. Esto era crudo y básico, como el hambre que seguía a una larga hibernación. Sentía las emociones revoloteando a su alrededor, ardientes y estimulantes, gritando una llamada que no tenía esperanzas de entender. Estaba mal preparada y lo percibía agudamente. Siena era una criatura de instintos, pero también una de completo control corporal. Hasta ese momento, habría jurado que no había parte de su ser que le fuera totalmente extraña. Esa era la única manera en que podría ser para cualquier ser que alterara su forma y naturaleza de lo que era con la simple voluntad de su mente. Aún así, no había ningún control en este momento, y su ser entero era ahora un gran desconocido. Primero se enrojeció y después se enfrió. Estaba aterrada pero ansiosa. Rezumaba un líquido calor y se bloqueó en un sólido estado de inconsciencia. Las contradicciones batallaron de dentro hacia fuera y se sintió salvaje, deliciosamente fuera de todo control. El guerrero sintió el corazón de la hembra palpitando como un loco bajo él, la sensación causó que curvara un lado de sus labios mientras descendía la mirada hacia a ella. Estaba excitada, podía olerlo, sentirlo y oírlo. Era consciente de cómo reaccionaba a esta delicadeza entrelazada con su cuerpo. Estaba totalmente excitado contra ella; su piel caliente, tan suave y lisa como un espeso satín, lo
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    acunaba. Sintió untemblor reverberar a través de ella y fue presionado con el impulso de frotarse encima contra su cuerpo flexible. No le causó la impresión de que estaba todavía débil y herido. Su mente era poco más que un furor de endorfinas, incitando en ese momento. Estaba ciego a todo excepto a las sensaciones y los deseos de sus pensamientos instintivos. Elijah no era extraño a las mujeres, de hecho las disfrutaba inmensamente, pero esto era algo bastante notable. Nunca había reaccionado con tanta fuerza, tan rápidamente, a una mujer antes. Excepto, quizás, en otro tiempo. Pero se había negado a reconocerlo entonces por lo que era, excusándolo como parte del calor de la batalla. Había sido la atracción de las criaturas que, a pesar de que eran especies completamente diferentes, se unieron por el hilo común de un guerrero apreciando las dinámicas habilidades y fluidez de batalla, una sobre otra. Aparte de eso, la idea misma había sido completamente horrorosa, porque la mujer en cuestión había sido… Fue entonces cuando el reconocimiento finalmente se fijó. Los ojos de Elijah se pusieron pálidos, tal como el resto de él lo hizo, mientras finalmente comprendía exactamente a quien era que mantenía sujeta bajo su cuerpo. Por quién estaba sintiendo este deseo atroz. Y quién era la que le estaba respondiendo con una reciprocidad inconcebible de calor e interés. —Siena —siseó, su mano finalmente dejando la garganta para revelar el collar de oro y piedra lunar que usaba. Elijah rodó lejos y fuera de la cama con un rápido movimiento que terminó haciéndolo tambalearse mientras se ponía de pie. Al tiempo que se movía, tiró una sábana de la cama para envolverla alrededor de su cuerpo. No lo hacía por timidez, pero estaría maldito si estuviera desnudo, excitado y vulnerable frente a cualquier mujer Licántropo. Especialmente la Reina. El guerrero corrió una mano violenta a través de su pelo mientas todo se colocaba por fin en el lugar adecuado en su conciencia. Miró
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    cautelosamente como laReina se deslizaba hacia una posición sentada, alisando su corta falda hasta una posición un tanto más correcta. Entonces, muy casualmente, lo miró con esos ojos de oro misterioso que siempre lo hacían sentir como si lo diseccionaran. Sin duda porque su gente había hecho una abundante disección de Demon durante los siglos mientras despiadadamente forzaban una guerra genocida sobre su sociedad. —¿Qué demonios está pasando aquí? —Demandó, incapaz de ayudarse mientras que extendía el brazo para estabilizarse contra el poste de la cama. No respondió inmediatamente, prefirió colocarse de pie en un movimiento flexible mientras los ojos de él la seguían. Se movió con cuidado mientras llegaba a tomar las sábanas frescas de una pila asentada en un cofre cercano. Sorprendentemente, se volvió de espaldas a él y, de todas las cosas, comenzó a hacer la cama. Era una inofensiva, cosa doméstica, y, por decir menos, era un acto incongruente para una mujer que no sólo era realeza, sino uno de los más despiadados combatientes que Elijah había tenido nunca el placer de ver en el campo de batalla. Ella finalmente terminó de arreglar la cama, sacudiendo las sábanas que habían sido cubiertas con restos extraños, incluyendo, lo que asumió era su propia sangre, en una esquina. Fue después de eso cuando se giró para encararlo. Dobló sus brazos bajo sus pechos, como si fuera un padre severo a punto de darle un decisivo sermón sobre modales y comportamiento. —Te lo explicaré una vez que regreses a la cama —le ofreció generosamente. — ¡No haré esa maldita cosa! —ladró Elijah, sus ojos destellando con un fuego verde botella bastante indicativo de su cólera—. Contéstame, mujer. Reina o no, no estoy por encima… Elijah se cortó cuando fue golpeado por una ola de náuseas terriblemente resistente a sus esfuerzos ante la represión mental y física. Ella llegó a su lado antes de que supiera que se había movido, insertándose bajo su brazo para darle apoyo.
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    —Te juro, guerrero,que si me haces cargarte una pulgada más estaré bastante molesta —le advirtió, usando la considerable fuerza de su pierna para propulsarlo hacia la cama. Elijah no tuvo más remedio que seguir su liderazgo. Lo dirigió hacia abajo con una suavidad sorprendente y una impresionante demostración de fuerza física. Era bastante consciente que no era ningún peso ligero, y, a pesar del hecho de que ella era unos buenos doce centímetros más baja, se las arregló bien. Lo dejó yaciendo en la cama, cubierto y acomodado en un santiamén. Inmediatamente comenzó a sentirse mejor. Lo suficientemente bien como para enrojecerse ante la comprensión de haber demostrado su debilidad con ella. —No te preocupes —le dijo con una sonrisa satisfecha de la que podía haber prescindido—, no lo contaré. Esto, por supuesto, lo trastornó incluso más. Maldita sea, lo cebaba a propósito. Le respondió con áspero enojo en vez de la gratitud que le habría dado a alguien más que le hubiera asistido de tal manera. —Solamente contesta mi pregunta —soltó. —Bien, para que lo sepas, estoy en el proceso de salvar tu vida —lo dijo tranquilamente mientras se doblaba para recuperar un tazón del piso. Desapareció en la habitación de al lado antes que pudiera responder a esa idea particularmente inconcebible, pero regresó momentos después con un cuenco limpio. Llegó hasta el fuego y el olor de la comida se espesó en el aire. Se incorporó, no estando dispuesto a yacer ahí como alguna especie de inválido, usando una almohada detrás de su hombro para ayudarlo a apoyarse ablandando la prensa de su hombro herido contra la pared de piedra en su espalda. —No sería la primera vez —señaló secamente cuando le lanzó una mirada mordaz. El comentario reunió una serie de pistas deshilvanadas que flotaban alrededor de su cabeza con un chasquido. Rápidamente comprendió
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    que se habíaescaldado la piel sobre uno de sus brazos, exactamente la clase de quemadura que sería resultado de sopa caliente siendo derramada encima. Lo que fue aún más preocupante es que finalmente entendió que ella había sostenido exactamente ese tazón cuando de repente la había agarrado. Inmediatamente la escaneó por las quemaduras, y por primera vez notó que ambos muslos estaban escaldados en un brillante rojo. Esto, comprendió, explicaba por qué su vestido estaba húmedo. Había hecho que lo quemara no sólo a él, sino a ella misma. Una respuesta, estaba comprendiendo, inmerecida de alguien quien se daba cuenta estaba intentando cuidarlo. Elijah tomó el tazón y lo dejó de lado. Sujetó su brazo antes de que pudiera alejarlo, sosteniéndola fuerte cuando se habría retirado. Su mano libre retiró un par de pulgadas el material de su vestido, exponiendo las ampollas que rápidamente se formaban. Ella intentó apartar su mano, retirarse, pero no la dejaría. Era consciente que la sostenía con su brazo herido y podría escaparse limpiamente si sólo aplicara un poco de fuerza, pero estaba claramente indispuesta a hacer más daño del que ya se había hecho pocos minutos atrás. De repente, Elijah se sintió como un enorme idiota. Nada era tan vergonzoso como la claridad de un momento así, y se reflejaba en sus ojos con toda claridad. —No importa —insistió, tratando de empujar su mano lejos una vez más. —Siena... —No —le mandó bruscamente—. No te sientas del todo culpable, guerrero. Soy consciente de que no era tu intención. Necesitas alimento. Si deseas hacerme sentir mejor resistirás mis habilidades culinarias y tomarás algo de sopa. Tengo que enfriar las quemaduras y bañarme. La piscina mineral en la habitación de al lado las ayudará a sanar más rápidamente. Ambos sanamos rápidamente, como sabes, por lo que esto es una pérdida de tu energía.
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    —Es una formaterrible de agradecerte que salvaras mi vida. Ahora recuerdo lo que estaba sucediendo. Ese grito... eras tú. —Pensé que sería contraproducente para mi duro trabajo de ofrecer acercamientos pacíficos a tu Rey si de repente fueras encontrado muerto en uno de mis territorios. Créeme, mis motivaciones fueron muy egoístas. Como probablemente esperabas. Ella finalmente se había liberado, alejándose de él y saliendo de la habitación rápidamente. La vio caminar pasando la chimenea en el otro lado un par de veces antes de que se retirara a un lugar a cierta distancia. Sintiéndose como un completo bárbaro, calmó su mente a la consecución de lo que había solicitado de él. Terminó todo el tazón de sopa en el momento en que escuchó su regreso a la sala justo las afueras de la puerta. El único sonido que realmente hizo era el repiqueteo de plantas desnudas sobre la piedra. Aun así, caminaba muy ligeramente para una mujer que podría ser considerada de proporciones Amazonas. Pasó poco tiempo antes de que entrara en la habitación para recuperar el cuenco y tomar una escoba de sauce para los desechos remanentes de la comida derramada que estaban en el suelo. Permaneció muy bien fuera de su alcance esta vez, excepcionalmente silenciosa mientras trabajaba. Mientras la miraba en silencio similar, Elijah se vio obligado a recordar la primera vez que la había visto. Había sido en la casa de Kane inmediatamente después de que la compañera de Kane, Corrine, hubiera sido abducida. Había sido allí donde habían llegado a entender por primera vez que Ruth podía ser una potencial traidora a la raza Demon. Habían sido las fuentes de Siena las que los habían dirigido a la verdad de ese asunto en particular. Pero como parecía ser su repentino hábito alrededor de ella, había sido hostil en vez de ser agradecido. Una vez más, había sido una desgracia de orgullo lo que había instigado su comportamiento. Había estado muy irritado porque ella fuera capaz de desenterrar la traición donde no la había. Irritado y avergonzado. No importaba que estuviera mejor equipada para obtener esa información desde el inicio, sólo importaba que
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    había sido laque le dijo a su Rey lo mal había hecho su trabajo, independientemente de lo inintencionado que pudiera haber sido. Encima de eso, no había sido capaz de quitar sus ojos de ella. Era una criatura impresionante, una belleza que uno no podía menos que admitir siendo imparcial, incluso si era una Licántropo. Eso decía mucho, en la mente de Elijah. Sabía muy bien lo que tres siglos de guerra habían hecho a su perspectiva acerca de su especie. Estaba predispuesto, enojado, e implacablemente imperdonable. Por lo tanto, para él, mostrar cualquier apreciación a cualquiera de ellos por cualquier razón no era nada excepto un milagro. Un milagro, y una verdad total. Las mujeres Demon eran criaturas muy hermosas, dentro y fuera, y había algunas que eran cegadoramente atractivas, pero ninguna que hubiera visto podía eclipsar a la Reina Licántropo. Era dorada, luminiscente, y se mantenía con todo el orgullo y la dignidad obstinada de su raza. No tenía absolutamente ningún derecho de ser atraído a ella a cualquier nivel, no importa la ferocidad con lo había experimentado. Había girado aquellos enormes ojos sobre él, encontrando sus apreciaciones con un aire indiferente, y Elijah había sentido como si le hubieran robado el aliento mismo de su cuerpo con solamente una simple y resuelta mirada. Esto había empeorado el día que había unido sus fuerzas en la batalla contra el ataque de asesinos humanos en la Batalla de Beltane. Había visto Licántropos en la batalla incontables veces, pero ninguna vez había visto nada como ella. Era una cazadora pura sangre, una guerrera de velocidad notable y belleza mortal. Era tan despiadada como él lo era, eficiente una vez que su mente estaba fija a su objetivo. No vaciló o huyó de la matanza. De hecho, se deleitó con ello. Y sí que lo hizo. Los nigromantes habían merecido su destino. Habían dañado y habían destruido inocentes, algunos de ellos de su propia gente, y la venganza era el único castigo aceptable. Elijah recordó oler la esencia de la caza en ella, la sangre de su presa, y la adrenalina de su victoria. Recordó el momento vívidamente porque nunca había conocido una reacción de excitación tan rápida y dura como la que tenía en aquel singular instante, increíble. Su sangre había estado intensa y caliente, la lujuria y el placer de la
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    justicia lo montabancomo una perversa amante, y luego aquellos ojos dorados de una mujer guerrera frescos de las gargantas de sus víctimas habían pasado rozando por su cuerpo como el toque de una sirena. Era como si sus manos hubieran recorrido su carne desnuda, determinadas, expertas y tan valientes como cuando cazaba algo más. Entonces le había hablado, completamente inconsciente de cómo lo había afectado, y hecho una declaración que lo había atormentado casi día y noche durante los meses desde que lo había pronunciado. Había hablado brevemente de su desconfianza de ella, una reacción de reflejo rotular a la confusión que palpitaba por su mente, y había respondido. -Yo pensaría que eres un completo idiota si no dudaras de mí, guerrero. En cambio, estoy obligada a respetar tu inteligencia poco común. Ahora, ¿qué supones que debería hacer? Con aquellas palabras había probado ser la mejor persona. Mientras él agarraba sus prejuicios y hostilidades dentro del corazón, ella una vez más había dejado sus ideas de paz y un deseo de respetarlo exactamente por lo que era. Lo había humillado humillándose, y no podía olvidarlo. Lo había avergonzado, enfadado, excitado, y confundido, un diluvio de emociones tan poderosas que no las reconoció como propias al principio. Esto había sido exactamente lo mismo hace menos de una hora. Se lo había hecho una vez más, pero esta vez había estado en desventaja. En su confusión y debilidad en ese momento cuando había estado bajo él, oh, tan hermosa y tan increíblemente exuberante, Elijah le había permitido ver lo que había pasado estos tantos meses escondiendo de todos, incluyéndose. Siena era una criatura audaz, segura de sí misma a un fallo y casi arrogante en su actitud hacia las cosas que habrían dado a alguien más una dosis sana de miedo. Nunca tuvo que cuestionarse a posteriori, y seguramente no lo mostraría si lo hiciera. Así que su silencio después de su tratamiento cruel lo inquietaba a niveles muy profundos. No se la imaginaba enfurruñándose de alguna manera
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    coqueta, de modofemenino, los modos que le habían hecho fácil desechar algunos de sus pasados conocidos femeninos. No. Esto era el silencio de un depredador femenino que nutría un orgullo propio, tratando por todo lo que valía el recordarse el gran propósito al que servía así que no cedería ante un impulso de romper su tonto cuello. Fue forzado a recordar el autocontrol que había usado mientras él había tenido su mano envuelta alrededor de su suave, garganta vulnerable. Incluso no había hecho un sonido cuando sin querer la había quemado. Elijah sabía que era famoso en su pueblo como el legendario asesino de hombres, mujeres y niños. Por supuesto, la peor de las historias era bastante exagerada, como ocurría en el caso de las diferentes perspectivas de una guerra. Pero para ella estar tan quieta, tan tranquila, cuando tenía la mano ganadora. Resistiéndose a cada instinto se dio cuenta debía haber estado gritándole, tratando de obligarla a protegerse a sí misma, golpear de vuelta, tuvo que haber sido un acto de notable fuerza interior. Y uno de total devoción a la causa de paz a la que parecía servir tan firmemente. Elijah se frotó el dolor en su pecho en curación, mientras reflexionaba esa pieza de información. No era indiferente a mujeres poderosas, pero esta era una excepción. Desconcertante también. Supuestamente no pensaba de esta manera sobre ella. Para respetarla de cualquier otra manera que como un digno oponente era un pasatiempo peligroso. Ella podría ser su enemiga mañana. Los Licántropos elegían a sus amigos y enemigos así de rápido, y al azar. Un día de guerra, el próximo la paz, entonces vacilación de vuelta a la guerra brutal. El guerrero sintió los bordes de la gruesa venda que sellaba la herida en su pecho y miró hacia abajo. Inmediatamente sus latidos se aceleraron cuando vio el indicador del bucle de pelo que le estaba ayudando a sanar. Cuando disparó su mirada de nuevo a ella, lo estaba buscando con una resignada expectación.
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    —¿Qué has hecho?—Preguntó roncamente, su cuerpo temblando con la indignación creciente a través de él tan violentamente, tan de repente. —No tenía elección, guerrero. Lo siento, pero no me arrepiento por salvarte la vida. Al menos, no todavía —le dedicó otra de esas picantes sonrisas, sus ojos dorados parpadeando con desafiante diversión. —No encuentro gracia alguna en todo esto —dijo oscuramente—. ¡Me has manchado con tú sangre! —Te he curado con eso —respondió afiladamente, sus manos enroscándose en ofendidos puños—. ¡Tú y tus estrechas ideas! ¡Agradece a la Diosa que Noah tuvo el sentido de enviar a Gideon a enseñarme tus costumbres, guerrero, porque si te hubiera enviado te habría ejecutado la segunda mañana! Mi sangre no está más o menos contaminada de lo que está la tuya, Demon. Aunque estoy segura de que puedo mostrar, al igual que muchos cabezotas, gente prejuiciosa de mi propia especie que dirían que la tuya está totalmente enferma. Había esperado que fueras ligeramente más inteligente que esos supersticiosos simplones —parecía estar riéndose de él incluso en resignación sobre su carácter—. ¿Estás envenenado? ¿Podrido al menos? ¿Hay partes de ti que no eran peludas antes de que se convirtieran de repente? —Una vez más, esa torsión de sus labios, recordándole que había tomado una cuenta bastante detallada de todo su cuerpo durante su estado inconsciente—. Confía en mí, Demon, no eres más o menos animal de lo que eras cuando esto se inició. Con aquel insulto velado, se marchó del cuarto con su escoba. La oyó jurar suavemente en un dialecto ruso mientras se iba, siendo dudosamente educada se aseguró de que agregaba unos en su propia lengua antigua así entonces estaría completamente seguro de entender su significado. Esto hizo que sus oídos ardieran con la vergüenza renovada. ¿No acababa de decirse que dejaría de ser un asno ingrato? Sin embargo, de alguna manera había logrado hacer la misma cosa exacta una vez
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    más. Y estavez ella no lo había dejado pasar, su cuidadosa paciencia de pronto encontró un final. ¿Y por qué demonios esto lo molestaba tanto?
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    CAPÍTULO 3 De nuevo la noche se convirtió en día, y la gruñona enfermera de Elijah desapareció, sin duda para dormir algo. Mientras tanto, él no había hecho mucho más que dormir. Ahora, situado lejos de, incluso, el más pequeño toque de luz de sol, se encontró a sí mismo totalmente despierto. Se estaba sintiendo más fuerte con cada hora que pasaba, y con cada tazón aromático de sopa que le daba. Incluso había empezado a alimentarle con guisado espeso de conejo. Le sorprendió el percatarse de que la Reina no era inexperta ante el fuego. Uno pensaría que esas habilidades estaban por debajo de la realeza, pero aparentemente no. Le recordó a Noah. El Rey se presentaba con poca ceremonia y estaba más que dispuesto a servir a sus invitados él mismo. Elijah apartó persistentemente a un lado la comparación. No quería encontrar más similitudes entre ella, y cualquier persona que él respetara. Ya estaba teniendo suficientes problemas, como para ponerse a reflexionar sobre cualquier otro. Había sido mucho más fácil sólo odiarla ciegamente, y destruir a todos los de esa raza. Aún así, al regresar a llenar su tazón vacío, Elijah había alcanzado a sostenerle el brazo. Ella le lanzó una oscura mirada, levantando una afilada ceja en señal de curiosidad. Sin palabras, había alcanzado el dobladillo del minivestido negro de seda que llevaba ahora, deslizando la tela suelta hacia arriba un poco para examinar las piernas dañadas, mientras ella le aseguraba que había sanado igual de rápido que él. La piel se había puesto de un suave color rosado, el color de una renovada piel sana. Satisfecho, la soltó. Cuando la miró de nuevo, parecía perpleja, el sardónico levantamiento de ceja había desaparecido. Pero no dijo una palabra mientras se giraba para entrar en la otra habitación.
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    Más tarde, Elijahestaba harto de estar acostado en cama tantas horas. No tenía compañía porque ella se mantenía a distancia y estaba profundamente aburrido. Haciendo la cuenta, debería estar durmiendo ruidosamente durante las horas de luz, pero en este momento ya había dormido lo suficiente. El guerrero encontró una toalla bajo el montón de sábanas cercano y la envolvió alrededor de las caderas, ya que fue incapaz de encontrar su ropa. Caminó fuera de la habitación descalzo, por costumbre haciendo tan poco ruido como hacía ella. Se encontró en el centro de un salón espartano pero de buen gusto. Tenía todo lo que era necesario, nada más y nada menos, y todo estaba bien colocado dentro del ambiente. Se fijó en el confortable sillón cercano con una marca peculiar. Sin duda, ahí era donde ella había estado durmiendo, pero no se encontraba ahí en el momento. Siempre había pensado que los Licántropos estaban tan intensamente afectados por las horas diurnas como cualquier otro Nightwalker, así que le sorprendió que no estuviera mortalmente dormida. Una vez más, tampoco estaba actuando exactamente igual a la maldición de su especie. Un viento gentil sopló en la habitación y levantó la cabeza instantáneamente para poder tomar una profunda inspiración. Todos los Demons tenían una conexión innata con el elemento base de donde provenían sus habilidades. Él era del Viento y todas sus propiedades, las temperaturas y formulas volátiles estaban a su servicio y diversión. El viento le llenaba hasta la última célula de su ser. Llamándole con una necesidad que casi no tenía igual. Y con la fresca y limpia esencia de ese susurro soplando a su alrededor, Elijah se percató que había estado encerrado por mucho tiempo. Con el pensamiento, Elijah siguió la brisa hacia su fuente. Se deslizó en los recovecos de la caverna, entonces subió la pendiente del suelo con mayor expectación. Estaba tan concentrado en la meta que le llevó un minuto entero percatarse de que se estaba aproximando a un lago de agua dentro de la cueva, y que de pie en el centro del mismo, cubierta hasta las caderas con el líquido, estaba su caprichosa enfermera Licántropo. Elijah se detuvo bruscamente en su carrera, todo el cuerpo tensándose desde la cabeza hasta los pies, con una mezcla de
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    sorpresa y brutalconsciencia sexual que le inspiraba fuertemente dentro de él. La Reina le daba la espalda, la larga y hermosa línea de la columna expuesta grácilmente, mientras se inclinaba hacia delante para deslizar el cabello a través del agua que estaba usando para lavarlo. El agua se deslizó fluctuante desde la cola de caballo, fijando su atención inmediata en la atractiva curva femenina de la cadera uniéndose en el voluptuoso trasero. La piel brillante con agua, ambas, la real y la reflejada, cientos de gotas líquidas deslizándose hacia abajo, uniéndose a la superficie del lago. Con el cabello hacia delante para lavarlo, la larga y arqueada columna estaba expuesta, una paleta de perfecta piel dorada. Estaba formada como una escultura representando el epítome de la femineidad; fuerte, curvada y espléndida, con la impresión de fertilidad. Elijah olvidó completamente hacia dónde se dirigía, los dedos curvados en puños en reflejo del inexplicable deseo que instantáneamente se remolineó en su cuerpo. Debería apartar la mirada, girarse, correr. Debería haber hecho miles de cosas, salvo permanecer ahí, quedándose embobado como un adolescente que nunca antes había visto una mujer desnuda. A pesar de la brisa inicial que había seguido al levantarse, se sentía como si no hubiera una onza de oxígeno en la habitación. No podía explicar, o controlar, el efecto que ella tenía en él. Todo lo que podía hacer era luchar para respirar y continuar viendo cada increíble movimiento de la sirena en el agua mientras ese cuerpo perfecto cantaba su atractiva y seductora canción. Un segundo después, se percató de que incluso el viento le había traicionado. Pasó apenas rozando el húmedo cuerpo, lleno del frío de Octubre y observó como recorría la delicada piel creando olas que la erizaban. Bajó por los hombros, a lo largo de la femenina curva de la espalda, hasta que se extendió sobre el trasero y alcanzó la línea de agua. Siena se volvió ligeramente, volviendo el pesado cabello, formando un arco de brillante agua hacia arriba en el aire, donde casi tocó las estalactitas que descendían del techo de la caverna sobre ella. Después se giró un poco, la mano recorriendo un camino juguetón sobre la superficie del agua, los pechos meciéndose gentilmente con el movimiento del brazo que estaba en contacto. El último vestigio de oxígeno escapó del cuerpo de Elijah, mientras se
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    le oscurecían losojos al ver ese cuerpo desnudo. La condición muscular de Siena debería haber hecho que algunas hembras parecieran masculinas, pero la suavidad de la curva entre las caderas y cintura; y de la cintura hasta la caja torácica, subiendo para terminar en unos perfectos y exuberantes senos, hablaban de una criatura que estaba hecha para ser la más prístina y atrayente, para cualquier macho con un par de ojos en la cabeza. La mirada de Elijah fue atraída por la oscura definición de los pezones, un suave rosa y bronce acentuado por el color dorado de la piel. Estaban fruncidos en un atractivo pico por la temperatura fría del agua y del aire, el arremolinante efecto en la piel erizada que subía sobre ambos pechos. En la parte externa de esos hermosos picos, la piel estaba inmaculada y mostrando cada centímetro de suave satén, suave como él sabía que era. Era increíblemente perfecta, tan bien formada y tan hermosa que tenía el poder de parar literalmente su corazón. Le dolía el pecho con la sensación, pero no tanto como lo hacía la repentina y cegadora urgencia de unirse a ella. Podía olerla, sentirla, mientras cada vello del cuerpo se ponía erecto, haciéndolo sentir como si su propia piel estuviera alcanzándola. Cada sentido y herramienta natural para sentir demandaban más contacto. En el agua, la Reina Licántropo se quedó quieta de repente. La cabeza llena de un sentido de conciencia, la nariz moviéndose mientras olisqueaba el aire para identificar qué era exactamente lo que había empezado a intuir, que no coincidiría en otros niveles. Siena apenas había identificado el familiar aroma de almizcle masculino, cuando escuchó el abrupto sonido del agua salpicando tras ella. Se volvió justo a tiempo para girar dentro de los brazos del guerrero. Siena jadeó mientras Elijah la arrastraba contra su cuerpo con un poderoso brazo, tomándola del cabello con la mano opuesta. Esa boca estuvo contra la suya inmediatamente, sin darle tiempo de anticiparse o reaccionar. Habiendo tenido una vida de protección privilegiada, y marcada reserva cuando se trataba de cualquier tipo de contacto físico, Siena nunca había sido tomada de tal manera.
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    Nadie con unaonza de sentido común se habría atrevido a hacer tal cosa. Su reacción inicial debió haber sido algo parecido a lo que definidamente sería una violenta bofetada. En lugar de eso, fue la gran sorpresa la que causó que inadvertidamente aceptara ese beso. El guerrero era demandante, sólo un poco menos que brutal, y mostrando cada sentimiento que le había inundado, durante los momentos en que la había observado. Siena volvió a la vida un instante después, tratando finalmente de empujarle, las manos se dirigieron hacia la enorme pared de ese pecho. Pero sintió el bulto del vendaje que todavía permanecía sobre la más severa de las heridas e, instintivamente, resistió hacer cualquier presión que podría potencialmente reabrir la carne en curación. Incluso para salvarse a sí misma, por alguna razón, Siena no podía soportar el pensamiento de hacerle daño. En general no era una criatura noble y, ciertamente, no lo era cuando se sentía amenazada. Por tanto, el impulso de protegerle la dejó desconcertada y desorientada. Al tiempo que había terminado de frenar el impulso de escapar y pelear con esos sentimientos confusos, fue inundada por miles de otras sensaciones y emociones. Todas ellas estaban centradas alrededor del calor. Tan impresionante y delicioso calor. Calor de ese cuerpo quemando la fuerza y formándose dentro de ella, como si fuera una suave masilla pensada para grabar la marca de esa figura en la memoria de su propia forma. Eran como un rompecabezas. Dos piezas cortadas aparte, pero hechas siempre para ser perfectamente reunidas en un futuro. Permanecían juntos como un flujo de la naturaleza, muslo con muslo, vientre con vientre, pecho con pecho. Incluso el agua corriendo bajo la suave piel no podía entrar en ese perfecto sello. Había calor de ese cuerpo quemando dentro del suyo, quemando en lugares donde nunca antes lo había sentido tan intenso. La sensación era tan desconcertante mientras le recorría el cuerpo entero, incluso en las partes más extrañas como la espalda, bajo los brazos y la planta de los pies, que la hizo estremecerse con cosquillas. Sin embargo, no podía reír por eso. Estaba demasiado encadenada por ese beso para incluso considerarlo. Su boca era
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    como un demandanteincendio húmedo, la aterciopelada lengua atravesando los dientes, exigiendo reciprocidad, dejando más llamas deslizándose debido al movimiento. ¿Había pensado alguna vez que los labios de Elijah eran casi femeninos? Él no era sino masculino, la forma de esos labios habilidosos y agresivos y muy, muy masculinos en sabor y fuerza. Él estaba bebiendo de su boca en largos y satisfactorios peregrinajes, hasta que Siena apenas podía tomar aliento. Sentía que su cuerpo se doblaba hacia atrás. Estaba siendo sostenida tan estrechamente, que su cuerpo se forzaba a encajar en la agresiva unión de ese abrazo. El cabello atravesando el agua, las puntas retrocediendo por el contraste entre el frío agua y todo ese calor. El mismo frío que había estado disfrutando hacía algunos segundos. Elijah no sabía qué era lo que le impulsaba a hacer lo que estaba haciendo, y por ese momento de gozo no le importaba. Esa dulce boca, el femenino cuerpo, el calor incrementándose; todo los completaba con inexplicable precisión. Ella al principio estuvo pasiva por la sorpresa, pero eso se desvaneció rápidamente mientras los sentidos y sensualidad se despertaban en atención embelesada por sus acciones. Era sólo cuestión de un minuto antes de que los largos y delgados dedos estuvieran serpenteando profundamente en su cabello, creándole escalofríos de reconocimiento erótico por la columna mientras ella se sostenía a él por la boca y comenzaba su propia agresiva búsqueda. La lengua de Siena se deslizó sobre la suya, lamiéndole las papilas gustativas y dentro de la boca con una femenina demanda abrasiva. Sólo era tan curiosa y dominante en su naturaleza, como él. El guerrero gruñó mientras el dulce y erótico sabor llenaba sus sentidos, la atrevida, serpenteante lengua tensando cada nervio de su cuerpo, hacia una forzada claridad de sensación. Sabía a canela y miel, especiada y dulce. Era una golosina de sabor y sensación que no podía recordar haberla conocido antes o, siquiera, imaginarse volver a sentirla. Ella hizo un pequeño sonido, después otro agresivo que sonaba como un gruñido y se extendía sobre sus labios. Lo que ese simple sonido hizo en su cuerpo fue puramente indescriptible. Como hierro derretido quemó a través de él, abrasándole, una agonía, un calor de dolor y placer que endureció cada músculo, cada plano de su cuerpo.
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    Súbitamente las manosde Elijah estuvieron rodeando su rostro, tomándolo entre las palmas mientras la apartaba de la boca. Le llevó un minuto entero percatarse de la separación, la delicia de esa boca imposible de apartar, parecía, como si fuera parte de sí mismo. Las bocas brillaban por el apasionado intercambio de sabores, cada uno ahora residiendo en el sentido del gusto del otro, por lo que pareciera una eternidad. Cuando finalmente pudo mirarla a la cara, el sonido de la rápida respiración y observar la sonrojada piel era increíble. Pero no eran nada comparado con el dorado deseo líquido en los ojos dilatados. Nunca le había mirado de la manera en la que lo estaba haciendo en ese momento, podría haberse convencido de que estaba preparado para separarse de ella. Fue una autodecepción sin importar cómo se viera, sin embargo, su cuerpo estaba totalmente rígido por los deseos opuestos, y ninguno de ellos intentaba ir en cualquier dirección que no fuera hacia ella. Permanecieron separados del todo durante unos cuantos latidos de corazón, después la arrastró de nuevo contra su boca y dentro de los dominantes planos del duro cuerpo, igual a lo que hizo ella mientras le acercaba más para atraparle con sus propias necesidades. Lanzó uno de aquellos sonidos primitivos que hicieron que su sangre hirviera en las venas, amasando con las manos su flexible trasero para sellarla a él tan fuerte como la lamida de una lengua sella un sobre. Elijah la sintió en tantos niveles. Su cuerpo, tan lozano y despierto, apretado fuerte contra él hasta que pudo sentir cada curva, cada latido de corazón y cada suspiro del pecho mientras se esforzaba por respirar. Sus ojos estaban totalmente abiertos, descarados y valientes e hipnotizantes cuando se enfocaron sobre él. Nunca había comprendido lo excitante y cautivador que podría ser algo tan simple. Ella era la forma de arte más pura de coraje, claramente cubierta por el temor y el placer, mientras absorbía su gusto, olor, y la presión del cuerpo urgente, endurecido. Las yemas de los dedos se deslizaban sedosamente con elegancia sobre la longitud de la espalda, alrededor de los hombros, hasta el borde de la toalla colgada alrededor de las caderas. El viaje de vuelta por encima de la espalda le saturó de sensaciones, y un eje de calor le sobrecogió brutalmente bajo el vientre, hacia la ingle. Elijah apartó la boca, jadeando con tanta fuerza como ella,
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    rompiendo aquel momento,pero entonces fue arrastrada contra su cuerpo por sus manos, su rodilla, enganchándose sobre su cadera en agresión sensual, su magullada y hermosa boca ya abierta para él, entendiendo que ella no estaba de ánimo para tolerar sus duda, si él en realidad, tuviera alguna más. Iba más allá del hecho que ella sabía tan bien, tan dulce. Era como si con audacia acariciara y jugara con él. Era la manera en que su esencia parecía marcarse sobre él. También entendió claramente que era exactamente igual para ella. De algún modo, él era tan perfecto para Siena, como ella era perfecta para él. De todas aquellas maneras, y en muchas, muchas más. Elijah devastó esa boca llena, como un hombre sediento de aliento después de casi ahogarse. Tomó todo su beso profundamente dentro de él, sintiéndolo quemarse a través de su cuerpo, como un reguero de pólvora. Era completamente una locura. Siena debería haber sido la última mujer sobre la tierra que debería tocar. Debería haber sacudido el infierno sangriento en él, como sabía que podría. En cambio, había penetrado en el fuego dispuesta, su ardor lamiendo sobre y a través de él, hasta que pensó que se convertiría en cenizas en sus manos. Cenizas que ella podría soplar con el más dulce aliento de canela. Elijah aprendió a sentir un completamente nuevo nivel de excitación. Estaba duro y pesado con ello, la sensación, una demanda furiosa que no soportaría ninguna negación, ningún rechazo. Sintió el mensaje urgentemente. Había sólo una manera de ser satisfecho, sólo una mujer que podría lograrlo, un sólo refugio que sería su hogar en la atribulada hambre que le desgarraba. Elijah sabía que ella estaba consciente del estado de su apetito. Se movía como líquida necesidad de sí misma, frotando el cuerpo contra su erguida sugerencia. Le recordó su desnudez, la caliente cercanía, qué fácil sería hacer que ninguna barrera entre ellos le impidiera encontrar su cielo profundo, oh, tan profundo dentro de ella. Elijah podía sentir el cabello rizándose contra la muñeca y antebrazo, las eróticas y vivas hebras acariciándole como miles de pequeñas manos. Sus manos estaban deslizándose sobre la superficie del pecho, los hombros... bajo la espalda y sobre los
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    músculos del trasero.La caricia le hizo estremecerse contra ella, y sintió los sonidos de satisfacción vibrando en la boca. Ella deslizó esos dedos curiosos bajo las piernas, luego regresó sobre el trasero, esta vez bajo la pesada carga de la húmeda toalla colgada tan descuidadamente alrededor de las caderas. Esta vez sólo se escuchó un gruñido primario, acompañado de un brusco movimiento. El guerrero rompió el beso y la levantó del agua con un brazo alrededor de la cintura. Escuchó la pequeña y delicada risa, una invitación puramente sexual. Ella envolvió sus manos alrededor de la parte posterior de la cabeza, mientras que al levantarla, acercaba el pecho a la altura de su boca. —Sí —dijo, la palabra en un siseo lleno de demanda y urgencia. Él sonrió débilmente con su propia satisfacción dominante, antes de tocar con la lengua un rígido pezón. Ella echó la cabeza hacia atrás, gritando con más fuerza, casi rogándole con los sonidos necesitados y sus estremecimientos. Al final, Elijah dibujó el encrespado pico del pezón con la calidez de la boca. El fuego quemaba sobre la lengua, contra la piel, parpadeando entre ambos cuerpos con una ráfaga exigente. Siena se arqueó salvajemente en respuesta, mientras la lavaba y succionaba, los gemidos haciendo eco en la caverna en una manera que satisfacía fieramente al animal dentro de él. Era un Demon. Era elemental en la tierra en la que ahora se refugiaba. Era el puro aliento de vida, cada jadeo de pasión, cada gruñido de placer. Viento. Aliento. Tempestad. Todos ellos. Y la hacía sentirle, sus pensamientos introduciéndose en un intento casi violento, como la furia de una tormenta de la naturaleza. Los dedos se clavaban compulsivamente en su cabello, apretando de una forma que podría haber sido dolorosa en otras circunstancias, pero que sólo servía para profundizar la pasión necesitada que flotaba tan violentamente entre ellos. Él la probó y la acarició sin piedad o moderación, sosteniéndola contra sí mismo con un solo brazo, para poder sentir el pecho opuesto moldeándose contra su palma. El viento entró en la caverna, como si tratara de apagar el fuego que había sido encendido dentro del lago. El cabello de Siena se arremolinaba contra ambos, combinándose con el de él mientras las largas y sueltas ondas flotaban hacia la exigente brisa. Siena estaba cegada por el placer de sus caricias y esa lengua
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    enviaba estremecimientos através de su cerebro. La caverna se sentía como si estuviera girando entera locamente a su alrededor. ¿Podría un toque verdaderamente provocar esta sensación? ¿Cómo podría alguien aguantar tanto de ello, sin volverse completamente loca? Si no lo estuviera experimentando de primera mano, no lo podría haber creído. Incluso, se preguntaba si no había perdido la cabeza por completo, si esto no era cierto, tal vez era solo una hermosa y fantástica alucinación. Se sentía a sí misma deslizándose sobre su piel, la transpiración que los unía los convertía en una sucia, mojada parte de carne y humedad. De alguna manera, él se las arregló para sostenerla contra sí mismo con la facilidad de su impresionante fuerza y, aún así, hacerla sentir como si estuviera inundada de caricias, las hábiles manos y su busca determinada la rodeaba tanto que, cada momento, era una nueva experiencia de loco arrebatamiento, e irreprimibles sonidos de placer. Las piernas de Siena se habían unido alrededor de su cintura y Elijah podía sentir la humedad y el calor urgente del cuerpo presionado debajo del ombligo. Captó la embriagadora y preciosa esencia de ella, mientras la levantaba más, la boca en un desfile de besos y lametones bajando por su esternón, hasta el estómago plano. Estaba sobrecogido por su enorme deseo. La cabeza llena de las necesidades de ambos. Lo que podía escuchar era casi como un pensamiento, rogando por un certero toque de él, más presión de esa succionante boca, la urgencia de sentirle íntimamente entre las anhelantes piernas. Era demasiado para soportar y Elijah estaba urgentemente necesitado de responder a eso. La giró completamente, levantándola del agua para colocarla sobre su trasero en la orilla de la piscina. Ella exhaló por la frialdad de la piedra, luego fuego, el toque de sus manos mientras las conducía por la parte interna de las piernas, sobre las caderas, cintura y senos para después revertir el patrón. Siena sintió como le sujetó la cadera, deslizándola hacia él sobre el suelo resbaladizo. Los latidos de su corazón, una violenta combinación de deseo y miedo natural. No había conocido la intimidad como la que estaba experimentando en este momento. De hecho, había pasado su vida evitando todo lo que pudiera incluso remotamente llevar sus pensamientos a ese punto, nunca importaba
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    el cuerpo. Noesperaba descubrir esto. Nunca había sospechado que pudiera ser de esta manera. Su toque era enloquecedor, lleno de intención, atacando el plano estómago, las caderas, a través de los suaves rizos dorados que nunca, nunca habían conocido el toque de un hombre. Él se dobló sobre ella, la mano presionada sobre la piedra para soportar su peso suavemente, mientras su divina boca se deslizaba sobre el ombligo, lamiendo, un suave rastro que hizo eco en la parte donde había dejado la mano. Siena sintió la sedosa invasión de su hábil dedo, acariciando, abriendo la carne femenina que apenas podía entender porqué rogaba tanto por un toque. Lo escuchó suspirar discordantemente contra su piel mientras buscaba gentilmente… qué, no podía adivinarlo en ese glorioso momento. Extrañamente, se imaginó que conocía sus pensamientos en ese instante. Él estaba aturdido por su calor. Salvaje por saber cuan fácil deslizó su caricia sobre la flexible y expectante carne. Siena soltó un sollozo cuando su contacto evocó otra sensación no parecida a nada que hubiera conocido antes. Era extraña y fuerte, profunda y ligera, todas esas sensaciones a la vez. Pero sobre todo, era puro placer. Por ese único y atronador momento de nada sino sobrecogedora conciencia, Siena entendió que deseaba a este poderoso hombre con cada fibra de su ser. Deseaba sentir la presión de roca de su musculoso cuerpo sobre el suyo, deseaba esculpir con las manos los férreos tendones que había formado en siglos de batallas. Cada instinto en ella gritaba que agarrara sus caderas, que le guiara hacia arriba, hasta donde se quemaba tan perversamente por él. Las piernas le dolían por acunarle; su vacío cuerpo sufría por él incluso más. A pesar de que su cuerpo estaba mucho más adelantado, su mente por fin comprendía lo que estaba pasando. Estaba a unos momentos de distancia de un apareamiento que prometía ser mucho más que nada de lo que hubiera imaginado, y sabía que nunca había deseado nada más en toda su vida. Esa fue la misma conciencia que un momento después, la hizo gritar con un sonido de puro e inalterado miedo. De repente el pánico la sobrecogió, rompiendo a través de la neblina en la que se había estancado desde que Elijah la tocó por primera vez. El terror era virginal y primario, disparando cada instinto defensivo dentro de ella. Antes de que Siena pudiera comprenderlo del todo, estaba
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    cambiando súbitamente agata montés. Gritó con su miseria y dolor, pareciendo el sonido de una mujer angustiada, terminando con el gruñido de un jaguar atormentado. El guerrero Demon de repente se encontró a sí mismo tocando suave piel y descansando en el centro de agudas y retráctiles garras. Elijah dio un paso atrás con el repentino sentimiento de los tendones felinos, su sorpresa explotando en una señal vocalizada tan alta como el de ella, mientras se percataba de lo que había pasado. Cayó hacia atrás en el agua fría mientras perdía el equilibrio, pero resurgió rápidamente sacudiéndose el agua del pelo con un sólo y agudo movimiento de manos y cabeza. La gata dorada se giró para ponerse de pie, las garras sonando perturbadamente contra la suave superficie de piedra, mientras se dirigía a una oscura esquina de la caverna, dejando marcas blancas de arañazos en su huída. Elijah podía verla escondiéndose, encorvada sobre sí misma, claramente aterrorizada en todos los sentidos. La magnífica criatura temblaba de miedo con tal violencia que no podía siquiera distinguir el movimiento de los bigotes. Colocó las manos en el suelo de piedra, sacudiendo la cabeza mientras respiraba profundamente tratando de liberarse del subidón sexual en el que había estado tan ciego, subidón que incluso su rudo chapuzón en agua fría no le había aplacado. Estaba tratando de forzarse a sí mismo, para razonar con ella y consigo mismo. Después de un doloroso momento en agua fría, se enderezó para salir de la poco profunda alberca, situándose sobre sus pies lentamente, mientras mantenía la mirada en el fabuloso felino cuya piel estaba erizada en todas direcciones, desde la nuca hasta la punta de la cola. Ahora podía ver que sus bigotes estaban totalmente hacia atrás, las orejas colocadas hacia atrás tan planas como era posible, los enormes ojos abiertos y alerta, las pupilas ovales dilatadas en la oscuridad de la esquina. Elijah deslizó una pensativa mano sobre el pelo húmedo de la nuca, recordando todo lo que conocía sobre ella y su raza, al igual que lo que pensaba que la había asustado. No estaba del todo seguro acerca de lo último, sólo adivinando lo que había hecho que volviera a sus cabales cuando él no lo había hecho. Pero su manera le dijo que en este momento estaba más cerca de su instinto animal, que del de mujer y, había sido la mejor elección del curso de la acción, o le
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    habría supuesto unbrutal infierno pagar por eso. No había nada más mortal que un gato acorralado y él sería el primero en admitir que no habría sobrevivido a un ataque en su presente condición. Si la bestia incluso le atacaba en un ataque de ira, iría justo sobre la reciente herida en el pecho, finalizando el trabajo de desgarrar su corazón. Elijah cayó lentamente sobre una rodilla, todo olvidado excepto el deseo de rectificar la situación del momento. Empezó a mirar hacia abajo, a las patas, y no directamente a sus grandes ojos. Agacharse le brindaba una invitación abierta para atacarle, pero esperaba que su siguiente acción pudiera retrasar ese recurso. El guerrero parpadeó muy lentamente y bajó la cabeza en un movimiento de sumisión. Se percató en ese doloroso instante que su orgullo significaba muy poco a la vista de una criatura tan fiera salida súbitamente de su coraje, su gracia y su hermoso espíritu. No la había visto en todas las victorias del mundo y se sentía desgraciado. Era una empatía de la que no se había dado cuenta se sentía capaz, hasta ese mismo momento. Elijah no la estaba mirando directamente, así que tenía que utilizar los otros sentidos para entender sus reacciones. Podía oler el alto nivel de miedo, sentir en la piel la cautela, la picazón de adrenalina. Podía escuchar su movimiento, incluso el más pequeño, y hacía que el corazón le diera un vuelco de anticipación. Sus garras arañaban la piedra mientras se colocaba sobre el vientre, el primer movimiento de la danza que seguiría. La gata montés pasó un minuto en esa posición, simulando estar relajada cuando en lugar de eso estaba bastante alerta. El siguiente paso en el ritual sería cuando se pusiera a cuatro patas y caminara lejos lentamente. Lo máximo que pretendía no era importante, mientras más atrevida se volviera. Era una danza peligrosa, por todas las posturas envueltas; el momento más mortal seria cuando se colocara a distancia. Ella podría tomar la decisión de cortar la cabeza de sus hombros con el filo de una poderosa garra, o escoger una forma diferente de agresión para colocarle en su lugar. Para cuando llegó tan cerca de él, Elijah estaba cubierto de sudor y luchando contra la seria fatiga. El ritual había tomado mucho de un hombre aún convaleciente. Pero aún así no se rindió, deseando con
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    cada fibra desu ser reparar cualquier cosa que hubiera sido causada por su comportamiento irreflexivo. La leona de montaña estaba ahora tan cerca, que podía sentir la calidez de su aliento y ver el brillo del collar por la esquina de un ojo. Ella extendió una pata en un tentativo acercamiento. Las garras estaban retraídas, lo que significaba un calmante indicio. Aún así, él no podía moverse. No había terminado de juzgarle. Ella saltó tan repentinamente que Elijah se tensó involuntariamente. Le tomó cada onza de control que poseía no protegerse a sí mismo, en su lugar, se enzarzó con ella mientras las poderosas mandíbulas se clavaban en su cuello. El pecho pesado con su aliento entrecortado, pero le dejó continuar. Todo lo que necesitaba era apretar su agarre unos milímetros, y pincharía la arteria carótida o le rompería el cuello. Pero el agarre era sólo para mandar un mensaje. Este era su territorio y ella estaba a cargo. No debería asustarla de nuevo, el agarre le comunicaba que si no lo hacía, el mordisco que tenía en el cuello no sería tan inocente la próxima vez. Siena lo soltó después de un largo minuto, sentándose sobre las patas posteriores, mientras las pupilas se redondeaban de nuevo. El gran gato asintió y empezó a cambiar hacia mujer una vez más. Elijah se sentó lentamente, una vez que cambió completamente. Siena continuó sentada con las piernas cruzadas ante él, quien estaba en sus cuatro, mirándole cautelosamente. El cabello estaba a su alrededor protectoramente, rodeando el cuerpo desnudo en un gesto defensivo. Eso le molestó porque sabía que los Licántropos eran rara vez tímidos, al estar a su alrededor desnudos. La idea que la había aterrorizado, tanto al grado de pensarse dos veces su costumbre, no le sentó bien al estómago. No la culpaba a ella, sin embargo. Siena miró al Demon con los ojos muy abiertos y cautelosos, tratando de que todo lo que estaba sintiendo tuviera sentido. Él finalmente encontró su mirada, pero permaneció tan silencioso como una tumba. Los ojos eran una combinación de varios tonos de verde, el caos de color que reflejaba lo que estaba sintiendo. ¿Cómo había permitido que pasara esto? ¿Por qué sucedió? Los
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    Demons y losLicántropos eran tan diferentes como los perros y los gatos. Por lo menos, eso era la visión común en ambas sociedades. Si eso fuera cierto, entonces ¿Cómo había sucedido esto? Ellos no deberían ser químicamente compatibles, sin importar que mentalmente fueran de alguna forma más que compatibles, químicamente era otra cosa. Su cuerpo todavía, después de todo este tiempo, quemaba con el recuerdo de su toque y la profundidad de su pasión. Aún más, ardía en reciprocidad a eso, del claro mensaje perturbado por los anhelos insatisfechos de él. Se sentía vacía y sin llenar, se sentía como si hubiera vaciado su alma cuando la había forzado a salir en su defensa. La Reina se puso de pie, dándole la espalda y dirigiéndose rápidamente a la siguiente habitación. Se sentiría mejor una vez que se colocara uno de esos vestidos baby-doll sobre la cabeza, éste era uno tan verde como sus ojos cuando la había besado. Frotó la parte de atrás de los dedos sobre su boca, sintiendo los moretones y los provocativos dolores de los labios. Percibió que se aproximaba, los pensamientos girando con una confusión de lo que ella sentía y lo que imaginaba que él estaba sintiendo. Se sintió agradecida cuando no se detuvo a hablar con ella, en cambio se retiró a su habitación. Cuando se fue, se hundió en el asiento más cercano y exhaló en silencio. Siena no podía creer lo que casi había hecho. Si las cosas hubieran ido mucho más lejos, su vida entera habría cambiado dramáticamente, viéndolo en perspectiva, después de tal error de incomprensibles proporciones. Ella era sola la regente de su pueblo, sin pareja, sin niños y nunca había deseado ninguno. La clase regente de su raza tenía un trato distintivo y por ello, cuando se emparejaba, debía ser de por vida. Había muchas especies que tenían esta costumbre, como lobos y cisnes, al igual que había animales polígamos, como caballos y venados quienes cambiaban de pareja no solo de año en año, sino que en ocasiones, de momento a momento. Pero no importaba la forma que tomara el monarca reinante, él o ella eran aconsejados a emparejarse una vez y para siempre. Una pareja para toda la vida. Históricamente se creía que era para asegurar la fidelidad y pureza de la línea real. La pareja real también sucumbiría a esta fidelidad monogámica. Cómo sucedía, nadie lo
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    sabía con certeza.Sospechaban que era un virus genético, de algún tipo como el que causaba que un Demon provocara el nacimiento de poder en un Druida específico. Tal vez algún día ellos lo sabrían con seguridad. Esta era la razón por la que Siena había elegido permanecer absolutamente célibe, sin permitir que ningún macho estuviera cerca de ella, de una manera que la tentara. No deseaba una pareja, y se rehusaba absolutamente a compartir su reino con un hombre que se convertiría su igual en la monarquía, sólo porque le había llevado a su cama. De hecho, desechaba vehementemente la noción de emparejarse con un macho que, a la hora de su muerte, pudiera potencialmente ganar su trono. Si Elijah hubiera tomado su cuerpo en ese momento salvaje, podría haber escrito su sentencia de muerte. Catorce años de paz no eran suficiente base para convertir a un Demon en rey Licántropo. Tan adorada y apreciada como era, las posibilidades de rebelión y tirar por la borda su reino debería ser un riesgo insalvable e inexcusable. Su siguiente prioridad debería ser la idea de estar forzada a pasar el resto de su vida como parte de una pareja. Parte de una pareja que incluía a un macho que no confiaba en ella. Ya era suficientemente malo ser forzada a soportar una vida entera con cualquier hombre, pero ¿éste guerrero Demon? Había llevado a la muerte a mucha de su gente durante la guerra de su padre, e incluso, cuando había aprendido a ser más astuta que sus familiares varones, las familias de esos guerreros masacrados la marcarían como traidora a su raza, buscando si en su bagaje había alguna marca de la provincia Rusa original que habían eliminado por atreverse a tal abominación. ¿Cómo había terminado en sus brazos? ¿Por qué la había seguido? En verdad, nunca se habían enfrentado personalmente, pero eran los más fuertes representantes de su gente, lo habían sido por siglos. ¿La idea de besarle, de desear a un hombre de cualquier manera? ¿Qué en los nueve infiernos había entrado en ella? ¿En él? Y ¿por qué no podía borrar el sentimiento de él, no sólo del
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    frente de sumente, sino de su cuerpo completo, por dentro y por fuera? Su piel estaba anhelante incluso ahora. También, podía sentir algo más profundamente en su cuerpo y en sus pensamientos, que no había sabido que existía. Ahora podía nombrar este vacío, la sensación que atravesaba el deseo existente. ¿Qué no había estado poniendo atención a sus propios pensamientos? ¡Era una completa locura seguir sintiendo eso por un segundo más! Debería estar avergonzada de que le hubiera permitido tales intimidades con su cuerpo, no continuar deseándolas. La Reina se puso en pie, incapaz de continuar quieta. Ausentemente frotó la palma sobre el plano estómago, mientras empezaba a pasear a través de la habitación. Se sentía como si de alguna manera, hubiera forzado su presencia en ella, marcándola permanentemente. No estaban vinculados, entonces, ¿por qué sentía como si su esencia estuviera nadando dentro de su matriz? Estaba confundida, sobrepasada por la esencia en su cuerpo, luchando con los recuerdos humanos y felinos, de los días pasados en su presencia. A pesar de sí misma, estaba impresionada por la forma en la que había manejado a la gata asustada. Estaba consciente de ello ahora, ahora que había cambiado, pero en esos momentos no había sido más que el puma, más tentada a partirle el cuello en dos, que en otra cosa. A todas luces, debería haber estado tan amenazada por él como para destriparle al momento. Pero en su lugar, el gato había corrido. Escondido. Al igual que los leones en libertad habrían hecho cuando se sienten amenazados por algo más poderoso que ellos. ¿Pero entonces acercarse a él una vez más, y usar el modo de agresión baja de castigo por asustarla y obligarla a cambiar? Siena levantó la mirada hacia las escaleras mientras las emociones amenazaban con sobrecogerla, huyendo tan lejos de él como pudiera sin salir de la caverna. Sin embargo, no era mejor en ese lugar tan cercano a la piscina. La habitación estaba llena de feromonas y esencia de excitación sexual. La propia y la de él. Parecía que no importaba donde estuviera, no podía escapar de él. Y la luz exterior del sol brillando a través de los árboles la prevenía de refugiarse en el confort del bosque.
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    La Reina contuvoun sollozo, retorciendo las manos juntas violentamente y mordiendo con fuerza el labio inferior. No hacía estas cosas débiles y femenina llamadas lágrimas. Nunca había llorado en toda su vida, y se condenaría antes de hacerlo por un macho Demon. Aún así, no podía escapar del sentimiento de encierro que se elevaba sobre ella, la emoción candente, la confusión de pensamientos que parecían permanentemente grabados con su marca. Siena de repente, cegada, caminó hacia la entrada de la caverna. A menos de dos metros del sol, el brazo de Elijah se enganchó alrededor de la cintura y la empujó contra su rígido cuerpo. Ella gritó pateando y luchando contra su agarre. Podría haber hecho imposible que él la retuviera, de no ser por el rápido efecto del sol en su fisiología. La luz entró en ella con impresionante velocidad. En ese momento era susceptible a ella en una manera que nunca había experimentado antes. ¿Qué había cambiado en ella? Se preguntaba con desesperación mientras la tomaba en brazos y la devolvía al refugio. En el momento que estuvo a salvo en la caverna, ya sentía náuseas por su exposición. La llevó directamente a la habitación y la colocó sobre la cama, presionando una mano fría contra el rostro ardiente. —¿Estas loca? —Preguntó suavemente, la frase sin el reproche que debió haber mantenido. Era la apremiante preocupación en la pregunta y su toque lo que finalmente la rompió. Sollozó una vez, duramente, después irrumpió en llanto. Avergonzada, trató de girar la cabeza, pero él mantuvo la mejilla en su palma y la impidió hacerlo. Elijah, el indómito guerrero Demon, procedió a coger todas y cada una de las lágrimas con los dedos callosos, calmándola suavemente con su aliento, tratando de sostener su mano en la suya. —Siena por favor —suplicó suavemente, los dedos moviéndose rápidamente de una mejilla a otra para tomar la pena salada—. Lo siento tanto. Mucho más de lo que imaginarías. No quise lastimarte de esta forma. Por favor, gatita, me estás matando. Por favor, detente.
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    Pero cuanto másgentil era él, más parecía dolerle a ella. Y no tenía idea de por qué. Después de un momento, se rindió de contener las lágrimas fuera del cabello y con un fuerte tirón de su mano cautiva, la envolvió en un cómodo abrazo. Presionó la mano en su nuca, sosteniéndole el rostro en la curva del cuello, la mejilla acunada en el ancho hombro. Ella sintió como la mano se movía hacia su espalda, frotando gentilmente, acariciando, en una dirección solamente. ¿Cómo supo cuál era la manera más gentil de tocarla? Como un gato quien sólo podía soportar que su piel fuera acariciada en una sola dirección, la inundó una poderosa sensación de comodidad y relajamiento. Sintió el cambio a su alrededor, como si la llenara perfectamente. —Siena, escúchame —dijo suavemente—. Has terminado aquí. Tu deber a mi ]Rey ha sido satisfecho. Regresa a la oscuridad, dejaré este lugar y regresaré a casa. No me verás de nuevo. Lo juro... —No. Todavía no estás bien del todo —protestó, alejándose para mirarle directamente a los ojos—. Me encomendé a mí misma a tu cuidado y lo haré hasta el final. Yo... Yo sólo estoy...—Siena agitó la cabeza, incapaz de encontrar palabras mientras alejaba los últimos vestigios de sus lágrimas de debilidad. —Tienes que darte cuenta de lo que hay detrás de todo esto —la urgió suavemente, acariciando con los dedos desde la barbilla hasta los ojos—. Samhain está a una semana de distancia. Tu especie se ve afectada por eso, al igual que la mía. Los Demons están malditos por la luna de este mes para no desear nada más que emparejarse, tan mal imaginado como pudiera ser, con cualquier hermoso humanoide que vean. Elijah tomó un profundo aliento, alejando la mirada de esos ojos dorados, y la líquida lujuria contenida en ellos que todavía le tentaba. Por más que se forzara a sí mismo a creer su propia explicación, no podía escapar del cazador sentimiento en el centro de su ser que susurraba con siniestro encanto que era mucho más que eso. —Sí —concordó Siena, tomando la explicación con gratitud—. Sí, tienes razón. Había olvidado cómo afecta a tu especie. El efecto
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    no es elmismo en mi gente. No exactamente. Pero nuestros lados animales se vuelven dominantes durante este tiempo. Instintos como el apareamiento son tan sobrecogedores que... rompen el buen juicio normal. —¿Entonces entiendes que si no me voy, esto probablemente pasaría de nuevo? —Preguntó. —Tal vez. Tal vez no ahora que somos conscientes de eso. A parte de este… este problema, no te puedes ir. Conozco suficiente a los Demons para saber que no puedes cambiar de forma, mientras estés tan mal herido sin arriesgar la vida. No dejaré que arruines todos mis esfuerzos para curarte. Sintiéndose aliviada y exhausta al mismo tiempo, Siena se recostó en las almohadas de la cama, ignorando la urgencia de frotar la mejilla sobre la almohada que tenía tan pesada esencia de él. Elijah podía ver que estaba enferma, a pesar del hecho de que estaba tratando de actuar como su enfermera. Su carrera en el brillante sol de otoño, a pesar de estar bloqueado por las ramas de los árboles, había causado bastante daño. Los Licántropos lo llamaban envenenamiento por el sol. Habiéndolo visto antes de cerca, los efectos eran a prueba de errores. Estaba pálida, la piel pálida sin el brillo dorado usual, y su cabello usualmente revuelto, colgaba lacio a su alrededor. —Estás sangrando de nuevo —murmuró, levantando la mano para tocar el vendaje sobre el pecho herido—. El agua estropeó los sellos del vendaje. —Se secará, no te preocupes —Elijah se extendió y cogió su mano, incapaz de liberarla una vez que la tuvo en su palma de nuevo. Se forzó a sí mismo a dejarla ir, levantándose y caminando fuera de la habitación. Regresó rápidamente con un vaso de agua, pero había caído dormida durante el tiempo que tardó. Se sentó en el lado opuesto del colchón, exhalando larga y lentamente. Giraba el vaso alrededor de las manos tratando de mantenerse ocupado mientras trataba de aclarar los pensamientos. Siena tal vez no lo sabía, pero Elijah había roto muchas leyes en
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    el momento quepuso las manos sobre ella. Las leyes de los Demon eran muy específicas sobre ciertas cosas. Francamente, estaba maravillado de que el Ejecutor no estuviera descendiendo sobre él en ese momento, determinado a verle castigado como debería. Sólo había sido suerte que la única vez que necesitara esa intervención, Jacob estuviera ocupado con su esposa y su recién nacido. Todo el cuerpo de Elijah dolía. Y, se percató, no era del todo por el dolor de sus heridas sanando. De alguna manera ella había entrado bajo su piel, esa atormentadora criatura hermosa. Estaría mintiéndose a sí mismo si trataba de convencerse de que todo era físico. Había algo en su espíritu, en sus maneras, que calaba en él. Lo había estado haciendo desde el día que se conocieron, hacía seis meses. Nunca había confiado en el plan de Gideon de apresarse a sí mismo en la corte de Licántropos, que se volvería en algo más que intercambio médico. Pero los resultados le habían sorprendido, incluso mientras continuaba sin confiar en él. Incluso después de que la Reina hubiera declarado el final de la guerra, había estado merodeando con otros pretextos. El pretexto que le mandaría de nuevo a la guerra, justo cuando se empezaban a relajar. Sin embargo, desde que la había conocido, sabía que era diferente a cualquier cambiante que se hubiera encontrado antes. Incluso había empezado a sentirse más confiado en esta paz que ella había negociado tan hábilmente con su agresiva gente. Exhausto, Elijah colocó el vaso a un lado y se dejó caer en la almohada junto a la otra en la que descansaba la reina. Giró la cabeza para mirarla. Todo lo que vio fueron delicados troncos de pestañas doradas contra las pálidas mejillas. Por alguna razón, se fijó en ese elegante detalle, encontrándose curioso sobre lo frágil que parecía. Como si se pudiera quebrar bajo el más ligero toque. Nunca había pensado en ella como algo delicado o frágil. Era una mujer de formidable fuerza y, sería un tonto si pensara de cualquier otra manera. Pero todavía tenía una inocencia escondida. No tenía nada que ver con el hecho de que era consciente de que ella no había tomado un amante. Sabía la condición que venía con eso, y sabía que era por lo que había estado tan aterrorizada de lo que casi pasó entre ellos. Pero era algo más profundo que sólo el estado virginal de su cuerpo.
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    Tal vez poruna parte, entendería lo que había pensado y sentido, pero era algo que nunca pasaría. Una vez que se fueran de ese lugar, el único tiempo juntos en el que se verían sería durante las audiciones en la corte de Noah que la incluyeran. Si él tenía algo que decir sobre eso, no se verían ni en ese momento. Estaba decidido a mantener la distancia a partir de ese momento. Era un guerrero, entrenado en las formas más extremas de disciplina y podría fácilmente hacer eso. Los ojos de Elijah se cerraban, haciéndole más consciente del aroma de su esencia. Lo que le atraía más, pensó mientras se deslizaba al sueño, era lo bien que se mezclaba con la suya propia.
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    CAPÍTULO 4 Noah empujó uno de los polvorientos tomos de la gran biblioteca Demon, un archivo de su vasta historia y profecías que se encontraba en las mazmorras de su castillo natal. Había tres enormes libros esperando su atención, pero los ignoró y empezó a pasear por el Gran Salón, signo de la agitación que sentía y se venía repitiendo con demasiada frecuencia los dos últimos días. Decir que estaba preocupado habría sido quedarse corto. A pesar del hecho de que el Capitán de sus ejércitos estaba desaparecido y sin haberle dicho una palabra a nadie de dónde estaba, algo nada usual en él, tendría que saber después de todos los años que conocía a Elijah, que era bastante capaz de cuidar de sí mismo. Pero eran tiempos imprevisibles. Enemigos y profecías, los Druidas habían sido redescubiertos y habían nacido niños híbridos con potenciales habilidades nuevas y poderosas. Hombre y mujeres de repente se vinculaban con una frecuencia que su raza no había disfrutado desde hacía mil años, si es que alguna vez lo habían hecho. Por eso, estaba buscando volúmenes de conocimiento, historia y profecía que tenían encima el polvo de épocas. Algunos no se habían abierto en milenios, escondiendo secretos y pensamientos que ni siquiera Gideon, con sus mil años, conocía. Esperaba encontrar en ellos la claridad en todo este caos. En cualquier caso, la naturaleza arcaica de la antigua lengua Demon hacía que la tarea fuera lenta y difícil. La mejor erudita para esta tarea sería Isabella, la mujer Ejecutora. Sin embargo, a pesar de que los poderes Druídicos le permitían traducir fácilmente la lengua Demon en todas sus formas desde épocas antiguas, simplemente no era posible para una madre reciente dedicarse a un estudio tan intensivo habiendo dado a luz hacía tan poco tiempo.
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    Los eruditos comoel Rey, estaban buscando respuestas a los problemas del presente en los trabajos y profecías del pasado. El Destino era un asunto importante para los Demons, tanto como individuos como sociedad. Era muy parecido a una experiencia religiosa seguir el más puro de los caminos hacia su destino, procurando que las profecías se cumplieran en el presente, transformándose en una historia maravillosa. Había sido esto lo que había hecho que la traición de Ruth y Mary a su gente fuera tan dura. Prácticamente era algo desconocido. Se dio cuenta, sin embargo, que las traidoras mujeres habían causado dolor y confusión, aunque, en su distorsionada percepción, sus caminos estaban tan predestinados como los de los demás. Y Noah suponía que era cierto. No todos los caminos estaban destinados a ser correctamente morales y claros. Si ese fuera el caso, no habría guerras ni violencia. En la mente de los traidores, estos actos de venganza contra sus propios hermanos estaban justificados, incluso eran justos. El sitio del pasado Mayo, justo antes de Beltane, había sido al principio un brutal acto de castigo contra Jacob el Ejecutor, pero después se había extendido como un veneno tóxico que incluyó a toda la raza Demon. Desde entonces, los Demons habían sufrido repetidamente a manos de esos renegados, víctimas de dañinas tácticas de guerrillas sin ninguna razón aparente. Si los últimos seis meses les habían enseñado algo era que los enemigos estaban por todas partes, algunos más cerca de lo que esperaban. Todo esto le hacía preocuparse al perder camaradas por los que el rey normalmente nunca se hubiera inquietado. Sonó un llanto cerca de la chimenea al otro lado del Gran Salón e inmediatamente olvidó sus volátiles pensamientos y se acercó con premura a la delicada cuna desde donde había venido el llanto. De adentro de la cuna sacó un bebé diminuto en sus grandes manos y se tomó un momento para colocar a la niña en el hueco del brazo con una manta rodeándola cálidamente. —Bueno, cariño —dijo con familiaridad—. ¿Tienes algo que decir?
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    La niña, depoco más de dos semanas y que ni siquiera podía mantener la cabeza erguida mucho tiempo, frunció el ceño más de lo normal, haciendo que el Rey Demon riera. —Creo que vas a ser como tus padres. ¿Serás mi Ejecutora algún día, cariño? ¿Cazarás Demons caprichosos y los traerás ante mí para que reciban el castigo que merezcan? Noah movió el cuerpo para dejarse caer en su sillón favorito ante el fuego. Levantó la mano y de forma juguetona empezó a encender los dedos, haciendo saltar la llama de un dedo a otro con tal velocidad que la niña abrió los ojos como platos. Agitó los brazos y las piernas con excitación, alargando las manitas hacia él pero se aseguró que las luces juguetonas estuvieran fuera de su alcance. Chilló con frustración infantil. —Shhh —susurró—. Si tu madre lo supiera me arrancaría la cabeza. Sonrió y extinguió las llamas con la misma facilidad con la que las había encendido. El Demon de Fuego acercó entonces los cálidos dedos a la sedosa masa de rizos negros de la cabecita. —Estoy bastante molesto de que tus padres hayan elegido a Elijah para ser tu Siddah antes que a mí. Aunque entiendo que han previsto que serías demasiado para un hombre ocupado en gobernar toda una raza. Y no —continuó estirando las largas piernas y cruzándolas en los tobillos—, ciertamente no aprecio el gesto de tu madre al pensar que para entonces, tenga mi propia familia. Parece que se deleita considerablemente viendo como un macho Demon tras otro caen bajo el astuto hechizo de vosotras, las hembras. La niña lo miró parpadeando con los ojos azules de recién nacida, después agarró uno de los gruesos dedos con asombrosa fuerza y se lo metió en la boca. —Me alegro de que lo veas del mismo modo que yo —rió—. Estoy empezando a arrepentirme de haber empujado a tu padre a los brazos de tu madre. No es que hubiera podido evitarlo. Pero desde que esa mujer entró en el castillo, las cosas no han sido lo mismo. Si esto sigue así, Elijah va a entrar por esa puerta rebosando sonetos de amor y con sus propios niños. Ya es bastante malo que mi hermana…
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    Perdió el hiloy el buen humor se desvaneció al acordarse del guerrero desaparecido. Francamente, le habría venido muy bien que apareciera por la puerta, sin importar en qué circunstancias. No era propio de él desaparecer y no decirle a nadie dónde podrían encontrarlo. Especialmente con el peligro cerniéndose sobre ellos. Elijah se había estado comportando como un loco los últimos meses, trabajando sin descanso, intentando encontrar todo lo que podía sobre el culto de mujeres humanas que conspiraban contra los Demons y otras razas Nightwalker. Llegaba literalmente al agotamiento cazando a los Demons traidores aunque se metiera en la jurisdicción de Jacob. No sabía que Noah estaba al tanto del hecho de que había solicitado muchas veces los servicios curativos de los Demons Corpóreos para sus soldados. Varios de estos soldados se habían dirigido de mala gana al Rey, llenos de lealtad hacia Elijah y sin querer saltarse la línea de mando pero temerosos de que el Capitán estuviera exponiéndose a un serio daño. Cada uno de ellos había intentado minimizar la seriedad de la situación, pero los ojos le habían dicho lo que no querían desvelar. Por eso, había convocado la entrevista de ayer. Elijah nunca habría dejado de acudir a tal cita. Era correcto hasta la saciedad cuando se trataba de los protocolos de Noah y nunca ignoraba las convocatorias aunque estuviera al borde de la muerte y tuviera que arrastrarse fuera de la cama. A pesar de los modales informales, era fieramente leal y se notaba. Suspiró intentando calmar los pensamientos y volvió la atención al bebé en sus brazos. —Parece que tienes hambre, corazón. Tu mamá debería venir a alimentarte antes de que me muerdas los dedos. La niña le ignoró y continuó mordisqueando. —No creo que un bebé sin dientes pueda morderte mucho. Levantó los ojos, sorprendido al darse cuenta de que había estado tan distraído en sus pensamientos que no se había dado cuenta de la llegada del Ejecutor. Los ojos se fueron de inmediato al serio semblante de Jacob mientras Isabella se inclinaba a recoger de sus brazos a su hija. Supo en el instante en que miró los oscuros ojos, que las noticias del Ejecutor no iban a ser buenas.
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    —¿Nada? —Preguntó, ylas turbulentas emociones se traslucieron claramente en la interrogación. En cuanto Bella tuvo en los brazos a la niña y se apartó arrullándola, Noah se levantó de la silla y se acercó a Jacob que le daba la espalda a su familia. Los Ejecutores habían estado buscando alguna señal de Elijah. Clara señal de que Jacob estaba tan preocupado como el mismo Noah, era que Bella había dejado a su hija recién nacida para ir con Jacob y él lo había permitido sin protestar. Por supuesto, podría decirse que si había protestado no le importaba un bledo a la Druida con la que estaba casado. Bella era una mujer bastante independiente y moderna con una actitud atrevida y voluntad propia y, se podía decir, que disfrutaba poniendo a su marido contra las cuerdas tanto como él disfrutaba que lo hiciera. Volvió al escritorio que había dejado minutos antes con su Ejecutor siguiéndolo de cerca con los brazos cruzados sobre el atlético pecho y la cabeza oscura tan baja como la voz. —No lo entiendo, Noah. Debería haber sido capaz de rastrearlo en cualquier sitio. Es lo que he hecho toda la vida. Especialmente durante Samhain. Sabes que mis poderes están al máximo en esta época. Pero lo seguí hasta Washington y después lo perdí completamente. —Allí llueve mucho, Jacob y te llevaba todo un día de ventaja cuando empezaste. Es comprensible. Hizo un sonido que le transmitió al Rey que no se perdonaba tan fácilmente el fallo como el monarca. Pero así era Jacob. Era y siempre sería, extremadamente duro consigo mismo con respecto a los fallos. No importaba que cometiera pocos y muy de vez en cuando. Lo único que importaba para la alta moralidad del Demon de Tierra era que un fallo implicaba demasiados fallos. —Isabella no puede quitarse de encima la sensación de que está en peligro —dijo Jacob tenso, pasándose la mano por el pelo largo y oscuro—. Estuvo teniendo tantas premoniciones una detrás de otra desde que perdimos el rastro que creí que se iba a desmayar por la sobrecarga.
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    Esto hizo queNoah levantara la mirada hacia la Ejecutora con rapidez y se dio cuenta por primera vez del aspecto demacrado y la forma en que acunaba a su hija como si estuviera desesperada por la calidez y el afecto. Había sido una desgarradora tarea y los ambiguos resultados habían pasado factura a los amigos de Elijah. —¿Qué clase de premoniciones? —Se obligó a preguntar el Rey. —Batalla. Dolor. Seguía diciendo que estaba cegada por la sangre. Incluso sin esa información no tenía que decirme que estaba segura de que algo malo iba a pasar o ya había pasado. Lo podía sentir yo mismo. Lo único bueno es que ni ella ni yo podíamos estar seguros de si estaba vivo o muerto. No estaba convencida de que hubiera sido Convocado. Noah, ¿sabe Ruth el nombre de poder de Elijah? ¿Puede habérselo facilitado a algún Nigromante que lo haya Convocado y aprisionado? —La mano se cerró en un puño—. Te juro por el alma de mi hija, Noah… que si esa perra me fuerza a tener que matar a Elijah no descansaré hasta que tenga su negra alma en la palma de la mano. Noah entendía la rabia y el miedo del Ejecutor. Si Elijah había sido Convocado, la peor de las suertes conocidas en la raza Demon, probablemente ya se habría corrompido transformándose en un oscuro monstruo sin alma que sería un peligro con gran poder para cualquier criatura a su alcance. Los usuarios de magia utilizaban pentagramas dibujados y embebidos de poder por su vil magia para aprisionar al Demon cuyo nombre de poder habían obtenido. Una vez que el Demon caía en la trampa, era casi imposible salvarlos. Era el doloroso deber de Jacob y Bella destruir a esos monstruos. Pero si Elijah se había convertido en tal criatura, el dolor que los Ejecutores sufrirían al ser forzados a matar al Demon que habían elegido para criar a su hija durante el Fostering sería inimaginable. Elijah significaba tanto para ellos como para el Rey y muchísimos otros. La moral de todas las fuerzas armadas de Noah, tan fuertes, tan dirigidas y enardecidas por la poderosa presencia iba a pasar malos tiempos recuperándose de una tragedia de tal magnitud. La pérdida de un Demon tan poderoso y brillante devastaría a la raza entera, sin mencionar la herida abierta que quedaría en docenas de corazones, incluido el del Rey.
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    Le dolía lacabeza y se frotó las sienes pulsantes. La tensión se había concentrado en ambos puntos desde que se dio cuenta por primera vez de que algo pasaba. Y ahí estaban, dos de los seres más poderosos de su raza ¿Y estaban perdidos? ¡Qué triste comentario para el futuro de su gente! Pensó en un excepcional y amargo momento de fatalismo. Apartó los sentimientos y el dolor de cabeza sintiendo aproximarse la energía de Isabella. Estaba agotada y lo suficientemente preocupada sin tener que verlo a él y a Jacob totalmente derrotados. Por supuesto, había leído la mente y los sentimientos de su marido tan fácilmente como podía leer los propios pero Noah era harina de otro costal. Se suponía que era la fuerza de su gente. Se volvió para mirarla a ella y a su hija con una sonrisa. —Eh, ¿cómo está la más reciente de mis súbditos? —Preguntó. —Hambrienta, como has notado —dijo riéndose—. Tengo que alimentarla. Quiero que vosotros dos os relajéis, toméis una copa y esperéis a que vuelva antes de que metáis la pata. También soy tu Ejecutor, y no voy a dejar que me mimes como a un frágil pajarillo. ¿Está claro? Les lanzó una mirada sensata que les hizo afirmar con la cabeza obedientes. —Vale. Si vais a encontrar a Elijah, me parece que vais a necesitarme para… Se paró de golpe y todo el cuerpo se volvió de un gris aterrador mientras los ojos se le ponían vidriosos. Jacob reaccionó un instante antes que Noah, cogiendo el cuerpo desmadejado con el brazo mientras intentaba coger a la niña con el otro. Se las apañó bastante bien haciendo que las manos de Noah parecieran innecesarias cuando se acercó para ayudarlo. Tan pronto como la tuvo en una silla, Jacob le entregó su hija a Noah y se inclinó sobre su esposa para comprobar el pulso y la piel húmeda. —Esto es demasiado. Hace poco que ha tenido a la niña para que le siga pasando esto —soltó mientras miraba a su amada compañera sucumbir a otra desgarradora visión muy
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    probablemente sobre Elijahy el destino que afrontaba—. Creo que debemos llamar a Gideon. El embarazo ya fue lo bastante malo con el ataque de Ruth y todo lo demás. De verdad no me gusta el color que tiene y el corazón le late a un ritmo loco. —Legna ya no está aquí —le recordó Noah—. La única forma en la que puedo llamar su atención sería incendiar algo que estuviera cerca de él y no es algo que me guste hacer ni siquiera con mis habilidades. —Bueno, tampoco puedo hacer que crezca un árbol bajo sus pies —gruñó Jacob sin darse cuenta de su tono con la preocupación—. Y estoy demasiado agotado para arrastrarlo hasta este lugar en forma de polvo, incluso aunque no estuviera a miles de kilómetros. Pon a la niña en la cuna y ve a buscar a un Demon Mental que pueda contactar con Legna para que pueda teletransportarlos a ambos o que pueda teletransportarlos él mismo. Ambos miraron a Isabella cuando soltó una frase ronca e incomprensible. Aunque había una estructura que Noah pareció reconocer. Bella tenía una facilidad para las lenguas que le llegó con sus poderes Druidas así que no le sorprendió que una lengua extranjera formara parte de sus visiones. Puesto que ninguno de los dos la reconoció al momento, no significaba nada hasta que ella volviera del trance y pudiera explicárselo. En el supuesto de que pudiera hacerlo. La visión de Bella a menudo era más que críptica. —Se vuelven más y más fuertes y ella más débil. ¿De qué sirve este poder infernal? —Preguntó amargamente su miedoso marido— . Algunas veces —dijo roncamente— desearía no haberla tocado nunca. No estaría sufriendo así si… —Jacob, déjalo —dijo Noah con dureza—. No lo sientes y lo sabes. Estarías perdido sin ella y no tendrías a esta niña tan hermosa. Te juro que voy a declarar fuera de la ley esa culpabilidad con la que te castigas constantemente. E Isabella estará encantada de hacértela cumplir. Noah cruzó la habitación para dejar a la niña en la cuna. Se volvió una columna de humo un momento después dejando a los Ejecutores atrás mientras salía por la ventana en busca de ayuda.
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    Magdelegna se sentóde golpe saliendo del sueño con un grito alto y aterrado. Instintivamente, se llevó las manos al vientre ligeramente abultado como protegiendo al bebé que llevaba dentro de lo que fuera que la había perturbado. Era consciente de que Gideon se había despertado sentándose y volviéndose protector hacia ella. Su marido la apretó contra sí al instante, confortándola con la piel desnuda y el cuerpo masculino y musculoso al rodearla con los brazos. —¿Qué pasa Neliss? —Preguntó dulcemente presionando los labios suaves contra la curva del cuello. —Un sueño… creo —dijo. Gideon la soltó y entrelazó la mirada plateada con la de ella, con las cejas igualmente plateadas fruncidas con concentración. —Sigues teniendo esas pesadillas. Estoy empezando a preguntarme si esto no es una forma de premonición como las de Bella. Hemos estado esperando que cambien algunas de tus habilidades y quizás han estado ahí todo el tiempo —Gideon alargó la mano para pasar los dedos lentamente por el pelo color café de Legna—. Dime qué soñabas, Nelissuna. —Era sobre Elijah. Algo va muy mal. No recuerdo los detalles. Dulce Destino, cómo odio esto —dijo cansada, apretándose las sienes—. Si esto es lo que sospechas, ahora comprendo por qué a Bella le disgusta tanto esta habilidad en particular. Gideon pasó los dedos suavemente por la frente de Legna, cerró los ojos un momento enviándole una sensación de calma y energía curativa. Alivió la tensión al instante y ella sonrió con una sonrisa suave y tácita. Duró un segundo, después jadeó brutalmente casi dándole a su marido en la cabeza con la suya al sentarse otra vez con los ojos muy abiertos y la mano en la frente aporreándose con dolorosos gritos de angustia. —¡Noah!
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    —Vale. No esun sueño —dijo Gideon sombrío, saltando sobre ella para salir de la cama y ponerla de pie—. ¿Qué está pasando? —No lo sé. Tenemos que irnos. Ya. —Está bien. Aunque te recomendaría que te vistieras antes de teletransportarnos. El gesto era lo que necesitaba y la hizo reír suavemente aliviando la tensión. Se vistieron rápidamente y, unos minutos después, Legna los teletransportaba por la larga distancia hasta la casa de su hermano. Elijah fue el primero en despertar después que hubiera caído la noche. Abrió los ojos y se dio cuenta enseguida de lo que lo rodeaba. Lo primero que notó fue que estaba atrapado bajo el peso de una hembra Licántropo dormida, bastante pesada. Le dolía el pecho y la herida recién curada le tiraba por cómo estaba ella desparramada encima, pero casi ni no lo notó. En vez de eso, estaba fascinado por cómo se arrastraban los mechones suaves del pelo por la piel. Estaba completamente enredado entre su pelo y sus miembros, pero era el toque de esos dedos vivos de pelo lo que lo mantenían quieto. Los mechones estaban trenzados en torzales satinados serpenteándole por el pecho, alrededor de los bíceps, sobre las caderas y los muslos con una sensualidad inconsciente que quitaba el aliento. Conocía los desafíos del pelo viviente, único en sus especies, desde hacía siglos, pero sólo con el propósito de derrotarlos. Si el pelo estaba atado, el Licántropo no podía cambiar de forma. Literalmente les volvería locos si les dejaban así durante una semana. También sabía que si se lo cortaban podía ocasionar una severa pérdida de sangre que incluso podía matarlos inmediatamente. Cortarlo sería letal para ellos, lo mismo que las quemaduras de tercer grado sobre un gran porcentaje del cuerpo serían para un humano. Nunca lo había pensado. Sin embargo, esta sedosa caricia podía excitar a un hombre de los pies a la cabeza con el sensual toque. Era
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    muy consciente dela agonizante respuesta de su cuerpo y de que parecía provenir del toque coqueto de los mechones rizados. Gruñó suave mientras la caricia fantasmal rozaba eróticamente el endurecido acero de su excitado cuerpo. Sintió el latido doloroso de su propio pulso bajo aquella caricia traviesa y envolvente. No podía ni pensar, no tenía esperanza de encontrar una manera de parar esta tortura devastadoramente perfecta. Siena ronroneó literalmente en sueños. Una resonante vibración irradiaba de todo su torso, pulsando como un masaje suave por todo el costado del cuerpo contra el que se acurrucaba. La pierna se deslizaba incansable por la de él, la pantorrilla se deslizaba hacia el muslo llevando la rodilla entre sus piernas. Elijah cerró los ojos con fuerza, como preparándose para un impacto peligroso pero no tenía miedo de que le hiciera daño físico. Alargó la mano para detener la rodilla que se deslizaba. Ya era bastante malo que el pelo lo estuviera poniendo a cien, no necesitaba sentir la piel contra la suya. No importaba cuánto lo deseaba. Intentó tomar aliento para tranquilizarse pero lo que consiguió fue llenarse los pulmones con el olor dulce y tentador. A causa de su especie, tenía la temperatura unos grados más alta que él, pero parecían muchísimos más, mientras, en el sueño, la frente húmeda se restregaba incansable contra él. Olía a los aromas combinados, lo mismo que él y no pudo dejar de notar cuán erótica y sensual era la fragancia. Su cuerpo latía profundamente con oleadas de necesidad, con una inexplicable urgencia de darle la vuelta y ponerla bajo su cuerpo. Fantasías gráficas se desplegaron a partir de ese punto, incluyendo el sabor, el toque y cuán caliente la sentía. Fue agonizantemente fácil comprender cómo sentiría ese calor cuando estuviera dentro de ella. El corazón empezó a latirle a doble velocidad al darse cuenta de que debía alejarse tanto como pudiera antes de que su cuerpo desprevenido sufriera otro ataque inducido por Samhain. Pronto observó que desenredarse del pelo no iba a ser posible sin su cooperación. No, a menos que cambiara de forma y, como había señalado antes, eso no era lo más juicioso que podía hacer. Las heridas se reabrirían y empeorarían si no se curaban adecuadamente antes de intentar tal cambio. Todas las heridas estaban curadas salvo
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    las causadas porel hierro y esas cuatro sufrirían bastante daño. La de su pecho ya estaba totalmente restablecida. La única opción era despertarla. Por supuesto, iba a ser increíblemente embarazoso para ella. Si algo podía decir que sabía, definitivamente era eso. Tuvo una idea repentina. Cerró los ojos y se concentró cuidadosamente en el aire de la habitación. Tenía que tener mucho cuidado. Lentamente hizo descender el nivel de oxígeno. Al disminuir el aire respirable, el cuerpo de Siena reaccionó con el reflejo natural de la tos. Jadeó ligeramente, redireccionando inconscientemente lo que fuera que guiaba el serpenteante pelo hacia un instinto de autoconservación. Había apostado por esos instintos y ganó. Se alejó y el pelo lo liberó enrollándose a su alrededor en espirales protectoras. Tosió en serio pero, sorprendentemente, no se despertó. Ahora que estaba libre, con el orgullo de ambos intacto, consciente o inconsciente de ello, Elijah lanzó una brisa fresca en la habitación trayéndola de la parte delantera de la cueva. Inmediatamente, Siena respiró hondo varias veces y el sudor de su frente se evaporó en un minuto. Se lanzó fuera de la cama en el momento en que fue capaz y se alejó como si fuera una especie de amenaza biológica. Aunque, de alguna forma, lo era. El guerrero encontró una toalla limpia para secarse, tomando nota mentalmente de conseguir algo que parecieran ropas verdaderas tan pronto como fuera posible. Pasó a la otra habitación rápidamente pasándose las manos por el pelo enredado. Los movimientos hicieron que se diera cuenta del hecho de que llevaba su fragancia por todo el cuerpo. Maldijo solemne mientras se dirigía hacía el mordiente frío de la piscina de aguas minerales. Eso le pondría a tono inmediatamente. Dejando la “ropa” saltó a la piscina y se sumergió totalmente al frío extraordinario. Siendo un ente del aire, era un experto en manipular la necesidad de oxígeno. Permaneció sumergido varios minutos sacudiéndose el hecho de que tenía un rastro de agua y sangre deslizándose por el vientre. Valía la pena para quitarse de encima la embrujadora fragancia de Siena que lo perseguía donde iba.
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    Tenía que marcharsede allí tan rápido como pudiera. Se iba a poner peor a medida que se aproximaran a Samhain estando juntos bajo la influencia de la luna llena. Ciertamente, cuando despertara, Siena coincidiría en salir de este desolado lugar y tomar distintos caminos. Eso si se encontraba mejor. Pero si le preguntaban, juraría que parecía estar condenadamente sana. Legna se sentó en el regazo de su marido con un suspiro, apoyó la cabeza sobre el hombro, buscando consuelo. La mano de Gideon se posó en la espalda y la acarició con suavidad. —Está tan pálida —murmuró. Gideon volvió los ojos hacia la mujer que dormía de forma irregular en la cama cercana. Legna estaba en lo cierto. Isabella estaba más que pálida. De hecho, estaba anémica. Era una dolencia corriente en las mujeres humanas después de dar a luz. Y se había agravado por los esfuerzos que había realizado desde entonces. Era algo que no podía curar. La anemia en los humanos, incluso en los híbridos de humano y Druida, venía producida por la falta de hierro en el torrente sanguíneo. El hierro era la única cosa que no podía tocar. No sin ponerse realmente muy enfermo. No podía permitirse enfermar cuando su esposa estaba embarazada y el día a día en la corte de los Licántropos era potencialmente peligroso todavía. Podría haber llevado a cabo una transfusión con su hermana Corrine en circunstancias normales. Pero por el momento no podían encontrar a Corrine y a Kane, su marido. Jacob había intentado contactar con su hermano a través del vínculo telepático personal, pero el joven Demon Mental no había respondido. Para empezar, el vínculo no era muy fuerte, siendo soportado por las habilidades telepáticas de Kane y aparentemente, estaba demasiado lejos o demasiado ocupado para notar la pequeña súplica que pedía atención en el fondo de su cabeza. Si lo hubiera notado, se habría teletransportado inmediatamente a casa de Noah. Aunque era de esperar este tipo de cosas en un novato. Kane estaba cerca de la
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    madurez, alrededor desu centésimo cumpleaños, pero a pesar de la fortaleza tenía también muchas debilidades que superar. —Jacob está trayendo comida con mucho hierro y proteínas. Ayudará mucho. —le aseguró a su esposa, sabiendo que sentía profundamente la enfermedad de su amiga. Las habilidades empáticas de Legna se habían intensificado dramáticamente desde su unión, resultado de cómo la Vinculación de dos Demons unía profundamente los poderes del macho y la hembra tanto como los corazones y las almas. Siendo un Anciano, la supremacía de la energía de Gideon era fenomenal y nada que Legna hubiera esperado. Todavía se estaba ajustando a la sobrecogedora fuente seis meses después. Como resultado, a menudo se veía asaltada por los sentimientos magnificados de aquellos a los que amaba. Estaba aprendiendo a controlar la intensidad de este creciente potencial pero no había hecho los progresos suficientes para mantenerse a salvo de ser sobrepasada por la pena o el regocijo de otros. —Me siento como una completa novata —se quejó, leyendo los pensamientos directamente de la mente. Aunque no era telépata por la naturaleza de su sexo, compartían un vínculo especial que los mantenía constantemente dentro de los pensamientos del otro. Era lo mismo que les pasaba a Jacob y Bella y a todas las demás parejas vinculadas. —Eres muy dura contigo misma, Neliss —la calmó posando un beso en la frente—. Te acercas peligrosamente a hablar como Jacob —bromeó sabiendo que las constantes autocríticas de Jacob tenían la manía de metérsele bajo la piel. —Por favor, no hagas que vomite las galletas —dijo con ironía. —¿Vomitar las galletas? —Se rió de la frase. —Lo sé, lo sé, hablo como Bella —Legna rió tontamente a pesar de sí misma—. No puedo evitarlo. Utilizó esa expresión durante todo el embarazo. Se pegó. —Ya veo —murmuró cubriendo el vientre con la amplia mano. Los dedos parecían elegantes, de esa manera tan suya, curvándose sobre el bebé escondido con ternura y afecto.
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    En ese momentoNoah entró en la habitación. Gideon se alegró de que su esposa no se moviera o reaccionara de ninguna manera. Tenía la terrible costumbre de saltar alejándose en el momento en que su hermano aparecía. Pero como Noah seguía aceptando la unión, parecía más relajada. —Simplemente estoy demasiado cansada para moverme —le susurró desafiante. —Entonces, por una vez, me alegro de tu estado de extenuación —le susurró. —Hola —saludó quedamente acercándose a su hermana y su cuñado para no molestar a la paciente—. ¿Cómo está? —Débil —dijo Gideon—. Y empeorando. La he puesto en un sueño profundo pero parece que todavía tiene visiones. Noah se volvió a mirar a Bella y parecía preocupado cuando la vio retorcerse sin parar. —¿Ha dicho algo que pueda sernos útil? ¿Sabéis por qué su propio poder la está golpeando a muerte? Nunca he visto que las facultades de alguien le causen tanto daño. —Creo que tendré que llamar a un Demon Mental como último recurso. La empatía de Legna no es suficiente para calmarla. Quizás un telépata completo sea capaz de apartarla de esas visiones. —Eso va a poner a Jacob contra la pared. Un Demon Mental macho seguramente deberá usar técnicas que incluyan ponerle las manos encima y ya sabes cómo reacciona cuando otros hombres tocan a Bella. —Creo que ha mejorado en estos meses —dijo Legna—. La verdad es que ha llegado a un punto en que no se preocupa tanto cuando Gideon viene para hacerle los chequeos. —Eso es porque sabe que un Demon Vinculado no supone una amenaza —dijo Gideon secamente—. Soy completa, total y absolutamente tuyo, cariño y no podría mirar a otra aunque lo intentara.
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    —Es verdad —Legnalanzó una risita cerrando los ojos y acurrucándose aún más contra su compañero. Noah vio la ternura entre ellos con una mezcla de alegría y dolor. Estaba feliz de ver a su hermana pequeña tan contenta y tan cuidada. No había nadie tan poderoso como el antiguo Demon Corpóreo que la sostenía tan cerca y la protegería hasta el último aliento si se daba el caso. Esto alegraba profundamente al Rey. No se habría separado de Magdalegna tan repentinamente sin haberse asegurado de que estaba a salvo. Se había sobrepuesto bastante a la ausencia. Había vivido con él casi trescientos años. La había criado desde que era una niña pequeña después de la muerte de sus padres así que la echaba de menos terriblemente cuando lo dejó. Pero se estaba adaptando mejor de lo que había esperado. Entonces, ¿por qué se sentía tan vacío cuando veía a Legna y a Gideon juntos? Al principio no le había gustado la elección de compañero que el Destino había decido para su hermana por muchas razones, pero ahora no hubiera querido a ningún otro para ella, después de ver cuánto la amaba Gideon. Así que no podía culpar al médico de los vacíos de su corazón. Se sacudió los sombríos sentimientos del alma antes de que su hermana los notara y la inquietaran. Ya tenía bastantes preocupaciones sin añadirle las suyas. Se excusó y volvió al salón donde podría rumiar en los libros en los que probablemente no encontraría ninguna sinceridad mientras esperaba que Jacob volviera. —Anya, te preocupas demasiado. Siena siempre hace lo mismo. Especialmente en otoño. Anya se volvió hacia su compañera con un parpadeo de sus ojos tan oscuros, que casi se podría decir que eran negros. Syreena no se inmutó en lo más mínimo por la mirada, y cruzó las delgadas piernas con despreocupación para enfatizar las maneras.
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    Anya era unamestiza Licántropo, resultado de lo que sucedía cuando un humano y un Licántropo tenían hijos. Al contrario que en la sociedad Demon, emparejarse con humanos no estaba prohibido y no se castigaba cuando sucedía. Pero normalmente no era muy bien visto porque se necesitaba una persona muy especial que fuera capaz de integrase en las costumbres y deberían comprometerse totalmente o no hacerlo en absoluto, porque el riesgo de verse expuestos era muy grande. Ya era suficientemente malo con los cazadores y los usuarios de magia persiguiendo su existencia. Era horrible pensar lo que podría suceder si la raza humana, en su totalidad, comprendiera que los mitos y leyendas a menudo eran más verdad que mentira. Un mestizo Licántropo no podía cambiar de forma sino que mantenía la forma humana con todos los rasgos invisibles del animal en que hubiera podido cambiar si hubiera sido del todo Licántropo. En el caso de Anya, era en parte zorro. Tenía en los rasgos la elegancia y la gracia de una zorra, una delicadeza hermosa que la hacía parecer engañosamente frágil. Era pelirroja aunque el color del pelo cambiaba en cada estación, del cobrizo brillante al rojo amarronado y otros tonos. En ese momento era de una miríada de marrones y rojos que venían con el otoño. Era delgada, menuda y una de las fieles compañeras de Siena. Era para la Reina lo que Elijah era para Noah. La cabeza de sus ejércitos, su asesina en jefe, una infiltrada y la persona que la sacaba de quicio y podía hacerla reír al mismo tiempo. Era una distinción de rango que ningún otro mestizo había tenido nunca en la corte Licántropo ni en la familia real. La segunda hembra era Syreena, la hermana menor de Siena y la heredera al trono en el caso de que Siena no tuviera hijos. La habían llamado a casa y la habían elevado a la posición de consejera cuando su hermana ascendió al trono por razones obvias. Primero, porque era una consejera sabia, abogada de los deseos de su hermana que no le tenía miedo a nada y la única que podía contradecir a la Reina sin preocuparse de que la desterraran de la corte. Pero lo que la hacía verdaderamente única, una de los más únicos Licántropos vivos, era el hecho de que era la única Licántropo viva que podía transformarse en cinco formas distintas.
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    Cada Licántropo teníatres formas. La humana, la Licántropo y la del animal siendo criaturas Were, medio humanas medio animales, como Siena era Mujer Gata. Syreena tenía dos formas were más. Era creencia generalizada que esta anormalidad había sido causada por una enfermedad casi mortal que había sufrido durante la adolescencia. Esta misteriosa enfermedad casi la había matado, pero al sobrevivir, había mutado de alguna manera. Una vez que fue capaz de cambiar de forma se dio cuenta de que tenía acceso a dos géneros más. Jocosamente se referían a ello como la forma Licántropo de doble personalidad. Esta descripción no estaba muy lejos de la realidad en muchos niveles. Para empezar, las dos formas animales no podían ser más opuestas entre sí. La primera era un halcón peregrino, un cazador de aguda mirada cuando volaba. La segunda era un delfín de morro de botella, una criatura acuática juguetona y con una inteligencia inconcebible. Las características de ambas criaturas eran visibles en su forma humana, un juicio agudo y su naturaleza predadora sin miedo a nada, era la peculiar naturaleza de tener dos formas tan opuestas de formas Were lo que la hacía de alguna forma impredecible. Como humana, Syreena era delgada y liviana, se parecía mucho a un pájaro delicado pero se movía con la gracia elegante y la velocidad de su mitad delfín. Llevaba el pelo divido en dos partes, una mitad marrón hermoso y suave como las plumas y la otra de un elegante gris acero. Tenía los ojos también de dos colores pero, como el arlequín, el ojo gris estaba en el lado del pelo marrón y el ojo marrón en la posición contraria. Aunque pareciera extremo, de alguna forma la hacía parecer aún más exótica y única en apariencia. La impresión general era un hermoso reflejo de la naturaleza. Syreena no era normal, pero era preciosa. Los que la consideraban perfecta, acudían constantemente a ella. Tener una forma tan elegante y maravillosa era suficiente para que su código genético fuera deseable, pero ¿poseer dos? El poder que la estirpe podría ostentar era algo muy codiciado siempre que los hijos pudieran heredar la mutación. Aunque era una posibilidad que muchos estaban deseosos de tomar.
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    Aunque la mismaSyreena se sentía arengada por las codiciosas atenciones que recibía y como consecuencia se había sumergido completamente en el trabajo como consejera de su hermana. Se había convertido en alguien tan irreprochable como la misma Siena aunque por razones diferentes. Syreena realmente anhelaba un compañero y una familia, pero no se fiaba de los motivos o las intenciones de los Licántropos. No podía estar segura de que a la gente famosa y acomodada no les guiaran otros motivos para hacerse sus amigos. —Siena no desaparecería sin dejar rastro —continuó Anya dirigiéndose a la consejera—. Si hubiera querido pasar algún tiempo a solas, me lo habría dicho. Sólo estás empezando a conocer de nuevo a tu hermana. Yo conozco a la Reina de toda la vida y no suele hacer esto. —Llevo en la corte desde que terminó la guerra —dijo Syreena y el tono reflejaba que no apreciaba que la mestiza pudiera considerarse más hermana de lo que era la Princesa y heredera—. Creo que puede decirse que en los últimos catorce años conozco a mi hermana lo suficiente. —No pretendía insultarte —se disculpó con solemnidad—. Perdóname. Es que estoy preocupada. —Si te preocupa tanto, ¿por qué no mandas a alguien de la Élite a buscarla? —Debería hacerlo —dudó Anya—. Pero si lo que busca es soledad y la interrumpo, se pondrá lívida y me encontraré encadenada al trono. Eso hizo que Syreena riera. La Princesa apartó el pelo bicolor y sonrió a Anya. —Vaya par que estamos hechas. No reconoceríamos unas vacaciones si nos mordieran el culo. Lo que deberíamos estar haciendo es preparar el festival de Samhain. —¿Qué vas a hacer en el festival? ¿Cruzarte de brazos y ser una espectadora? — la incordió Anya. El festival de Samhain siempre terminaba con cientos de cuerpos entrelazados repartidos tras los árboles y arbustos del
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    bosque tras elcastillo y el pueblo. Syreena no tenía compañero y debido a las mismas restricciones que sufría Siena, sólo podía tener un amante para toda la vida. —¿Sabes? Eres afortunada de que nuestra Reina te adore —la amenazó Syreena con ojos chispeantes—. Si no te encadenaría al trono yo misma —la Princesa se puso seria con rapidez. —Ahora me has preocupado. Creo que deberíamos echarle un vistazo al territorio. Syreena se levantó y se colocó el pelo de manera que la parte gris estaba enterrada bajo la parte marrón. El pelo marrón empezó a deslizarse por su cuerpo inmediatamente. Plumas y alas reemplazaron a las formas humanas y en un destello de velocidad que quitaba el aliento, Anya no pudo menos que admirarla, Syreena voló a través de los techos abovedados de la habitación. Planeó hasta salir del castillo subterráneo, dejando a Anya sola con sus preocupaciones. En ese momento, todo lo que podía hacer era maravillarse de las habilidades de la Princesa. No había Licántropo vivo que pudiera cambiar tan deprisa. Quizás Siena, pero tendría que trabajar extremadamente o se sobresaltaría en medio del cambio. Envidiaba y no envidiaba a aquellos niños pura sangre. Por una parte, la mayoría podía cambiar de forma a voluntad. Era una destreza muy útil para el General de los Ejércitos de la Reina de los Licántropos. Y además parecía mucho más divertido ser capaz de experimentar el mundo como un animal. En la lista de cosas en contra estaba la tendencia de los Licántropos hacia los comportamientos animales menos controlables. Aunque aquellos que, como Siena y Syreena, podía controlar la mayoría de esos impulsos, la mayor parte de la población tendía a ser menos firmes sobre las más bajas naturalezas. Disfrutaba de los instintos con los que había nacido. La hacían ser una luchadora determinada y una excelente estratega. Pero odiaría estar bajo el impulso de los instintos. El control lo era todo para ella. En ese momento, control significaba tomar la iniciativa. Syreena le había dado una idea. Podía mandar a aquellos de la Élite que pudieran volar. En forma de pájaro podrían sobrevolar rápidamente
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    las tierras einformar inmediatamente. Siena podría sentirlos pasar, pero mientras siguieran su camino no la molestarían si era soledad lo que había apartado. Si era otra cosa, Anya no sería capaz de perdonarse por no haber actuado. Siena era realmente su hermana y también una amiga. Sería negligente si no pensara en la protección de la Reina en todo momento. Y sobre todo en estos tiempos. Era una líder excepcional con una destreza sin igual. Aunque Syreena podría ocupar el lugar en caso de necesidad, la Princesa no tenía la misma afinidad con la gente que tenía Siena. Syreena había vivido gran parte de su vida en el recinto monacal de The Pride. Como todos esos grandes y sabios maestros, sabía más de estudios que de relacionarse con la gente. Esto se notaba durante las reuniones y hacía que los demás se sintieran tan incómodos como ella. Siena era el líder que los Licántropos necesitaban en esta época. No podía haber sustituto, no especialmente la antisocial Princesa. Quizás llegara su momento algún día, ojalá dentro de mucho tiempo, mucho después de que la influencia de paz y sabiduría de Siena hubiera borrado el legado de sed de sangre que su padre había dejado. El comentario de prepararse para Samhain había sido una broma. A Syreena no la encontraría nunca cerca de las festividades y el masivo gentío de la celebración. Siena había intentado atraerla este año tanto como pudo y por eso la ausencia le sentaba tan mal a Anya. No había sido capaz de convencer a su hermana de unirse a la fiesta si ella no estaba allí y era prácticamente de lo único que hablaba desde hacía semanas. No. Algo iba mal. Anya salió de la sala del trono a buscar a su Élite y ver si podía hacer que esa sensación mala se volviese una buena.
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    CAPÍTULO 5 Elijah salió de la habitación trasera vestido más apropiadamente con un par de pantalones de correr que eran algo pequeños para él, pero mucho mejor que andar rondando por ahí envuelto en una escueta toalla. Eran lo suficientemente holgados para ser cómodos y servían a su propósito. —Bastante cerca —remarcó Siena mientras le observaba que detenidamente—. Nunca me fijé que Jinaeri tuviera ropas de hombre aquí, algo me dice me ha estado ocultando algunos secretos. —¿Y tú ordenas que tus súbditos te cuenten sus asuntos? Elijah sabía que estaba bromeando con ella, pero ella sonrió y fue a sentarse en el sofá con los pies enroscados debajo de ella. Sin embargo se veía un poco mejor, quizá algo cansada por los nervios. Elijah se le unió sentándose en el sofá frente a ella, cruzando un tobillo sobre la rodilla de manera casual. —No, pero sí requiero que las damas solteras lo hagan, Jinaeri es una de mis ayudantes más cercanas, cerca de mí sólo conservo ayudantes sin ataduras. —¿Por qué? —Porque mis sentidos son muy poderosos y es demasiado fácil para mí detectar el olor de un compañero en ellas. —Y, ¿por qué eso sería tan malo? —la presionó Elijah. Sospechaba la respuesta, pero quería escuchárselo decir. —Es una… distracción, y me mantengo alejada de esas distracciones. No las castigaría o condenaría por ello, simplemente las reemplazaría y les daría otra posición. —Te refieres a un aislamiento. Con razón está indispuesta en decírtelo. —No es un aislamiento.
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    —Pasar de seruna ayuda invaluable para la Reina a… ¿Lo que sea? ¿No consideras eso un aislamiento? —Elijah se rió en corto, resoplando con incredulidad—. Te apuesto lo que quieras a que Jinaeri lo cree. —Tal vez —concedió Siena. —¿Y por qué? ¿Por tener un amante? Eso suena algo discriminatorio, Su Majestad, ¿Todo porque no quieres sentirte incómoda con pensamientos sobre un compañero o sobre sexo? —No espero que lo comprendas —espetó ella de repente, con el cuerpo poniéndose rígido por la irritación—. Es bien sabido que vosotros, Demons, canalizarán lo que sea que se les ajuste por el tiempo suficiente. —¿Ah, de verdad? ¿Es un hecho tan bien conocido como el del asunto de “la sangre Licántropo está dañada”? Él tenía un punto, estaba claro. Lo podía decir por el color que enrojecía sus mejillas, pero para su sorpresa, una vez más ella lo reconoció. —Tal vez estás en lo cierto, me temo que algunos de mis prejuicios se notan de tanto en tanto, a pesar de mis esfuerzos. Me disculpo por la crítica. —No me preocuparía por eso —dijo Elijah tranquilamente, sintiéndose un poco mal por bromear con ella—. Últimamente te he dicho suficientes cosas groseras para compensar. —Eso también es verdad —señaló ella, elevando una ceja divertidamente mientras le brillaban los ojos. —Sabes —Elijah levantó una mano y sacudió un dedo frente a ella—. Tienes un problema de actitud. —Ciertamente, tu actitud es un problema para mí. —Oh, muy graciosa —contestó, el sarcasmo rebosando sus labios. Pero a pesar de sí mismo, estaba disfrutando el inofensivo enfrentamiento, era rápida, lista y astuta. Esto no le sorprendía, ya había visto algunas evidencias de ello. Aún así, era un atributo
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    agradable. Había estadorodeado de fuertes y brillantes mujeres toda su vida, y esta era la razón por la que le resultaba atractiva. —¿Tienes hambre? Necesito cazar para dos si vamos a comer — dijo ella. —No parece que estuvieras lista para cazar aún —advirtió él. —Y nunca lo estaré si empezamos a morir de hambre. No te preocupes, guerrero, aún no ha habido un conejo que me quite el aliento. Se puso de pie, la falda de uno de esos pequeños vestidos cayó en su lugar sólo para darle un vistazo al guerrero del tentador trasero con curvas. Adelantándose hacia la entrada de la cueva, Siena era ajena a su reacción. Cuando la siguió algunos minutos después, encontró el vestido tirado en el suelo cerca de la abertura. Incapaz de contenerse, recogió la prenda y poniéndola bajo la nariz, aspiró profundamente su esencia. Se estaba haciendo más y más difícil resistir esta atracción que ella tan inocentemente dejaba; ya sea que fuera la luna, o simplemente hormonas pasadas de moda altamente activas, tenía que salir de allí. Dejó caer el vestido al suelo y giró abruptamente de regreso al pequeño salón. Aún estaba caminando en frente de la chimenea cuando apareció de súbito al inicio de las cortas escaleras, Elijah la miró y se quedó inmóvil al instante, estaba sonrojada, sin aliento y hermosa. Fresca por la caza y, podría jurar por la vida de Noah, que olía cien veces más provocativa que cuando se había ido. Elijah se quedó quieto mientras ella bajaba lentamente hacia el cuarto, pasando frente a él para dejar algunos conejos recién muertos. Regresó hacia donde él estaba, para ir a la piscina, a intentar lavarse la sangre que le manchaba las manos. Siena no estaba ciega a la absorta atención del guerrero, y lo que no podía ver directamente, ciertamente lo sentía. Tenía una afinidad con todos los animales, una telepatía que le decía qué acciones, deseos y sensaciones experimentaba una criatura. Funcionaba con humanoides también, cuando las emociones y sensaciones venían de su lado más salvaje.
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    Y la lujuriaera ciertamente un aspecto salvaje. Se lavó las manos lentamente, demorándose a propósito porque no quería regresar a esa parte de la caverna y sentir el peso de esos vívidos ojos verdes y el claro deseo que quemaba por igual detrás de ellos. No era inmune a su propia conciencia de él y las cosas sobre él que la atraían en sus agudos sentidos. Fuera Demon o de otra especie, era un hombre notable, física y químicamente. Siena abandonó esos angostos pensamientos, no podía permitirse admitir que pudiera haber algo más personalmente atractivo que sólo lo físico. No quería sentir esas cosas, pero eran incesantes. No importaba cuan fuerte lo intentara, no podía apartar esos pensamientos que sólo servirían para atraerle hacia ella, esperaba que al menos aceptando este aspecto de su atracción hacia él, eliminaría la intocable tentación que representaba. Siena salpicó agua sobre la cara y cuello, esperando que el vigoroso frío refrescara los especulativos pensamientos, se puso de pie y regresó lentamente a la habitación próxima. Para su alivio, él se había ido de vuelta al dormitorio, no era mucha distancia, pero ayudaba. De inmediato se ocupó de la preparación de otra cacerola de guisado, usando lo que quedaba del suministro de hierbas, limpiándose el fuerte olor de ella en sus manos frotándolas sobre la falda del vestido. Sus pensamientos se dirigieron al dormitorio, preguntándose qué estaría haciendo. Alcanzó a sentir sus movimientos de cualquier manera posible. Fue un error. Le sentía demasiado bien. Podía verle vívidamente en su mente, sentado en la cama, las manos enlazadas sin cuidado entre las rodillas y la cabeza inclinada, como si estuviera luchando consigo mismo. Sintió, en ese cercano momento, todo lo que él sentía. Él también esperaba que poniendo un cuarto de distancia entre ellos, disminuiría el afilado dolor de esta inexplicable atracción que sentía hacia ella, estaba zumbando con los nervios tensos y el audible deseo de arrojarse al próximo viento fuerte. Tenía que escapar, tenía que volar, pero no podía hacerlo y esperar sobrevivir; no sólo por las heridas, sentía admitirlo, sino porque cuando pensaba en que nunca volvería a verla, poniendo una gran distancia entre ellos, se empezaba a sofocar.
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    Siena apretó ambasmanos sobre la encimera, la cabeza inclinada mientras trataba de respirar, mientras trataba de recordarse que era él quien estaba luchando en el límite de la claustrofobia, no ella. Trató también de convencerse de que sus apasionados sentimientos no eran la razón por la que su corazón empezó a palpitar. Que la chispeante sensación que apretaba su pecho, no tenía nada que ver con lo que significaba ser querida finalmente por ella misma. No por ser de la realeza, o heredera, o hermana, sino por la mujer como un todo. Querida como todas esas cosas, así como también por ser la cazadora, la justiciera, la Reina y la sierva de las necesidades de su anhelante cuerpo. Para el guerrero en la habitación de al lado, ella era dorada y suave, de formas perfectas para sus manos y su cuerpo, exudando el perfecto aroma que le atraía a ella; tenía sangre caliente, nobles pensamientos, y una astucia como una caja de tesoros que cuando la abría no podía evitar sentir la riqueza y bienestar de su presencia. Aún cuando él pensaba todo esto, era consciente del peso de la excitación en su aroma que crecía con cada pensamiento que le dirigía. Sintió el palpitar de su corazón directamente a través de las sienes, y soltó una suave y atontada risa cuando sintió el asombrado calor que pulsaba fuerte y bajo en un cuerpo que parecía estar permanentemente endurecido de necesidad por ella. Siena se tragó un profundo respiro, tratando de cortar su conexión con él, pero estaba de lejos, demasiado fascinada por la pureza de ello para realmente dejarlo ir. Nunca había congeniado con un ser tan perfectamente, nunca había sentido dentro de su propio cuerpo lo que otro ser sentía. Se agitó, incontrolablemente, mientras deslizaba una mano a través del vientre, como si de repente encontrara su sexo cambiado, permitiéndose tocar el masculino embate de incómodo y tenso calor bajo la V de sus caderas. Las lágrimas aparecieron en sus ojos, el dolor y la lucha tan insoportable como la de él. Oh, pero sí pudo sentir el honor, la determinación de nunca rendirse a sus impulsos, no importaba cuánto le mortificara. Esto fue lo que se le clavó a través y en medio de ella. Darse cuenta que, a pesar de que era una notable tentación, aunque estaba prohibida para él por las leyes naturales y las escritas por su pueblo, aunque él
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    podría condenarse acastigos que iban más allá de su comprensión, no era ninguna de estas razones las que le frenaba. Había una sola cosa que lo anclaría en su honor, y era el entendimiento que nunca podría lastimarla, que prefería verse muerto que verla alguna vez llorar, o temerle, o alguna otra cosa igual de negativa como el dolor. En toda su vida adulta como realeza, había sido valientemente protegida de un sinfín de cosas, pero nunca había sido ansiada de tal manera. ¿Cómo podía ser que tan reacio enemigo pudiera demostrar tal sentido del honor a alguien que representaba todo lo que había despreciado durante tres siglos? La Reina distraídamente colocó la cacerola del guisado en el gancho de la chimenea, colgándola sobre las llamas. Apenas vaciló antes de entrar al dormitorio, escuchó la rápida y pesada caída de su propia respiración, observó con los puños apretados cómo se movía dentro y fuera de su pecho, mientras se decía a sí misma que girara y tomara la otra dirección. Distancia, necesitaba poner distancia entre ellos. Pero en vez de eso, siguió el camino, no entendía que la impulsaba hacia el cuarto, pero siguió bajo este poder hasta que finalmente fue capaz de detenerse, justo cuando él la miró. Le observó con una fascinación que no podía comprender, mientras las relajadas manos de él se convertían en puños tensos. La respiración se aceleró aún más, cuando se dio cuenta lo que significaba que su control estuviera puesto a prueba sólo con su presencia en la habitación, ¿Por qué esto le emocionaba tanto? El aumento del calor y la excitación la hicieron temblar con anticipación. Había un poder aquí, se dijo, uno con el que había jugado toda su vida, una vez que había descubierto el coqueteo de su cuerpo mientras se convertía en mujer. Había aprendido a utilizarlo para calmar y tranquilizar, para encantar y ganar, para convocar y negar. Era siempre algo vivaz, pero aquí yacía un camino tan peligroso que su vida entera podría explotar por ello. Pero moverse directamente a lo largo de este camino podía establecer ciertos desastres, cierto placer, cierta debilidad de poder sobre el hombre más poderoso que hubiera conocido. Se aproximó y él se levantó y la enfrentó, su cara, una
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    tormenta de emocionesa la luz de las llamas que parpadeaban entre ellos. —Siena —advirtió él, su nombre quebrándose en sus cuerdas vocales. —Elijah. Fue la primera vez que ella dijo su nombre, y fue un asombroso impacto en ambos lados. Para ella, la hizo reír con inesperada delicia, no tenía sentido, lógicamente, pero allí daba igual. Para Elijah, la simple palabra golpeó cada defensa que había tratado de erigir para protegerse de su atracción. Su nombre en esos labios, pasando a través del rico tono de la seductora voz, se clavó en su libido como un cuchillo caliente en mantequilla. Apartó la cabeza, maldiciendo por lo bajo mientras se forzaba a quedarse quieto y no acercársele. Siena hizo un esfuerzo inútil, con una especulativa mirada en los ojos dorados, comenzó a caminar hacia él, la cabeza se echó hacia atrás, los fieros ojos recorriendo completamente su cuerpo, desde el momento en que ella dio su primer paso. Podía escuchar el roce de sus pies desnudos mientras se movía, revolviendo la arena y el polvo contra la piedra pulida, el arco de los pies y las piernas flexionadas tan tensamente, que los talones nunca tocaban el suelo. Las manos estaban enlazadas por detrás, permitiendo que la coqueta falda de su vestido se estirara y balanceara con el natural contoneo de su cuerpo. Elijah se forzó a recordar cómo ese perfecto y sensual cuerpo se sentía contra el suyo. Cada plano de terciopelo, cada exaltada cercanía, cada onda de dulce y ardiente almizcle que se elevaba de su piel. Se vio obligado a recordar aún más vívidamente a medida que se acercaba a él y podía sentir su calor corporal. —Siena —dijo con voz ronca—. No, no me toques, o juro que… no puedo… tendré que... Ella alzó la mirada a sus ojos, luciendo tan tentadora mientras hacía lo que imaginó que podía leer en sus atrevidos pensamientos sexuales. Las palabras le abandonaron cuando bajó la mirada a esos elocuentes ojos dorados; aunque no dijo nada por un largo minuto, expresó calientes pensamientos con esos ojos hambrientos. Observó
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    el batir delas delicadas pestañas, mientras obviamente le evaluaba, haciéndolo tan claramente como una mujer interesada en evaluar a un hombre. Pero, como le pidió, no le tocó. Las manos se mantenían enlazadas a la espalda y se detuvo justo lo necesario para no hacer contacto con su piel. —¿Contestarías una pregunta? —suavemente le preguntó, los ojos iban a la deriva por su cara, su pecho, bajando por su musculoso abdomen. —Siena. —Sí o no —interrumpió con firmeza. Cuando se resistió a contestar, alzó una mano posándola sobre su músculo pectoral derecho. La amenaza fue terrible y clara. —¿Sí o no? —Sí —cedió rápidamente, quebrándose de repente ante una amenazante tortura que nunca había anticipado en su carrera como guerrero. Ella volvió con su mano hacia el costado y sonrió. Elijah se dio cuenta de que disfrutaba cada batalla que ganaba, no importaba cuánto habría de costarle en el proceso. Ella era, en esencia, exactamente como él. —Dime lo que se siente al tener sexo. Elijah retrocedió por el impacto de la pregunta, pero ella continuó despiadadamente, hasta que la ancha espalda estuvo tocando la inamovible piedra, lo que no le daría ni un centímetro para escapar. —¿Por qué me lo preguntas? —demandó, tratando por todo lo que valía la pena no ceder ante los miles de impulsos que le recorrían como pinchazos. —Porque tú sabes —contestó simplemente. —Siena, tienes que irte. No quieres saber esto y no quieres estar cerca de mí, lo sabes. —Tal vez, pero se me ocurrió que ya que no somos de la misma especie, ciertas reglas no se aplican. —Un riesgo que no puedo creer que quieras tomar, Siena, esta no eres tú…
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    —¿Y cómo esque presumes de conocer quién soy? —Respondió de golpe—. Nadie me conoce, ¡Nadie conoce esta parte de mí, ni nunca lo hará! ¿Tienes idea de cuánto me enfurece eso? Soy mitad gato, guerrero, y cada instinto natural en mí que pertenece al gato es uno de sensual facilidad y de amarga y aguda necesidad. ¡Algunas veces quiero gritar con la intensidad del dolor de negarme lo que tales placeres me causan! —Siena tragó un profundo respiro, su voz y ojos rugieron con la pasión de las emociones—. Es como un animal en celo encerrado en una jaula, no hay libertad ni hay escape, nada lo facilita. Así que te lo pregunto con la esperanza que, de alguna manera, tu respuesta con ayuda me brinde sosiego, ¿Me odias tanto que me negarás esto? ¿Aún cuando te salvé la vida? —¡No te odio, Siena! ¡De toda tu gente, eres la que menos razones me ha dado para odiar, no importa cuánto he tratado de hacerlo! Estoy tratando de protegerte… —¡No necesito tu protección! Necesito tu respuesta —se inclinó aún más cerca de él, el rostro a un aliento del suyo, mientras su mirada se engarzaba con la de él, su aliento de dulce canela le caía a torrentes, apasionado y entrecortadamente. Ella se estremecía e irradiaba necesidad, profundo en sus ojos, vio el dolor, vio ciento cincuenta años de negación y sacrificio. —¿Por qué no tomas un compañero, Siena? —preguntó, el tono suave e innegablemente tierno. Entonces, en vez del resurgir irracional de celos que la sugerencia provocaba con una dolorosa marca, cada célula de su cuerpo gritaba en posesividad y depredadora protesta—. Nada te obliga a ser lastimada así —dijo roncamente, apenas capaz de hablar debido a sus emociones. —¡Porque la última vez que una hembra se emparejó, fue con un bastardo sangriento que casi destruye a su pueblo después de que ella muriera y le dejara al mando de todo! —la mano de Siena se convirtió en un puño mientras la rabia contra su padre ardía—. Trescientos años desperdiciados en guerra y todo lo que conlleva. Miles de ambos pueblos masacrados, ¿Y por qué? ¿Para qué? ¿Una insignificante ilusión? ¿Un ego masculino ligeramente herido? No, preferiría morir antes que someter a mi gente a tal tormento otra vez. —Siena, no todo hombre es así—argumentó Elijah.
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    Siena rió antetal concepto, se acercó y le tocó de repente, ambas manos deslizándose por las costillas superiores, haciéndole encogerse con un agudo resoplido. —Ciertamente no hablas por ti mismo, eres el más experimentado guerrero de tu raza, estos músculos se definieron en el campo de batalla. —Porque es como tenía que ser, no porque disfrute con ello — dijo firmemente, reprimiendo el gemido que se formaba bajo su curioso toque. —¿Y no obtuviste placer asesinando a mi padre? —preguntó, la acusación susurrada acaloradamente. —Tuve tanto placer haciéndolo, como tú presenciándolo. —Oh sí —musitó distraídamente, las manos recorriendo sus costados lentamente—. Fue como un favor para mí lo que hiciste, ¿no es cierto? Me liberaste para liberar a mi pueblo. —Hice lo que tenía que hacer para detener la matanza. —Tan noble —indicó, sus manos se levantaron un poco, mientras las yemas de los dedos examinaban la piel, trazando graciosamente, perfilando la definición de su pecho, los definidos pectorales, costillas y los puntos sobresalientes del abdomen. —Siena, detente —ordenó, agarrándole las manos con las suyas, forzándolas a quedarse quietas, así no le desestabilizarían con la tentación de su toque—. Si quieres odiarme, entonces hazlo por como son las cosas. No establezcas más razones para despreciarme, tenemos suficiente odio entre nuestra gente. —Pero tampoco te odio, Elijah —insistió, golpeándole de nuevo con el sonido de su propio nombre. No podía comprender por qué le afectaba del modo en que lo hacía. Por supuesto, su proximidad y magnetismo no ayudaban mucho. —Entonces, ¿por qué estás actuando así?
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    Ella se detuvomientras parecía pensar en ello, la lengua apareció para lamerse lentamente los labios, esa erótica suposición brillando en sus ojos otra vez. —Porque nunca en mi vida sentí esto… este deseo que siento en este momento, quiero entender qué es, Elijah. Elijah no esperaba que se inclinara tan de repente, la nariz recorriendo su piel mientras tomaba un profundo respiro. —¿Por qué tu aroma me atrae como ningún otro? Elijah no pudo responder, la bestia de su necesidad por ella estaba resurgiendo violentamente a través de él, emocionándose por encima de la manera en que ella rozaba su cuerpo mientras aspiraba su olor. Antes que pudiera controlar el impulso, inclinó la cabeza hacia la garganta, donde se curvaba en el hombro, y repitió la acción sin vacilación. Su aroma era divino, ambrosía, estaba fuertemente excitada, reflejado por la pesada dosis de almizcle femenino que le recorría como un veneno erótico. Iba quemando a través de cada vena, cada nervio, liberando endorfinas y sangre a lo largo de su cuerpo, por lo que ambos esperaban con anticipación su próximo movimiento. No se resistió cuando ella soltó las manos de su agarre, el movimiento envió a las inertes manos a deslizarse por sus antebrazos mientras se acercaba a él. Al principio, todo lo que hizo fue delinear inquietantes caricias por el nacimiento del cabello, frente, nariz, mejillas y barbilla. Sin tocarle verdaderamente, acunó la cabeza entre sus manos, las yemas de los dedos flotando como alas de mariposa cerca de las orejas, al tiempo que sus manos temblaban con violencia por las necesidades contenidas. Se acercó con la boca, sus labios y aliento le rozaron con sensaciones vivas e inexistentes al mismo tiempo. Elijah hizo un anticipado sonido de agonía, grave en su pecho, un conflicto doloroso explotando a través de las pupilas cuando le miró con aguda claridad en su propósito, él lo temía, lo ansiaba, ambos con cada fibra de su alma. —Siena, por favor —suplicó, una inútil última vez. Entonces su boca estuvo contra la suya y toda protesta se desvaneció en la nada. Ella era perfecta, completamente perfecta.
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    Ninguna mujer podíaser tan insoportablemente perfecta… Elijah pensó esto con fiereza y aún cuando se convencía de lo contrario, sólo se inclinaba a satisfacer la exuberante caricia de esa boca. Se retiró con fuerza para tomar un respiro que llevara un poco de oxígeno, y así lo hizo con el respaldo de su aroma y el sabor elaborado de canela. Sus labios eran ardientes contra los de él y flexibles más allá de la razón. Elijah rodeó su cabeza con las manos, acercándola y apretándolos más en el beso que ella apenas había empezado, mostrándole exactamente con lo que estaba jugando. Parte de él esperaba que la intensidad de esto no la asustara como había pasado el día anterior. Y otra parte de él no. Su boca encendió en fuego la de ella, las poderosas manos presionaban las yemas de los dedos en su cuero cabelludo mientras la agarraba con fuerza, sus manos temblaban con ímpetu igual que las de ella, y pudo sentir la vibración de la cabeza a los pies. La trató con violencia, trató de atemorizarla con la ruda y lacerante intensidad de su beso, aplastándola bajo su boca, incluso yendo más lejos al liberar un depredador gruñido de advertencia y peligro. La hirió y magulló, un poco de ambos, como si amenazara con devorarla como una presa, desgarrando la suave y vulnerable piel con hambre e intensidad. Siena le negó cualquier posibilidad de salvación, cerrando de golpe las manos contra su pecho, embistiéndole con su peso, presionándole agresivamente contra la pared de piedra detrás de él, liberando su boca lo suficiente para inclinar la cabeza en la dirección contraria y capturarle una vez más. Alcanzó con audacia la caricia de su lengua, precipitándose dentro de su boca con urgente necesidad, de una manera que hizo que cada nervio de su cuerpo cantara de placer. No era ninguna señorita virginal que aceptaba pacientemente lo que él orquestaba, manejaría tanto como él lo hacía, y la idea de ello le suavizó. Con ese cambio de agresión, y con la honestidad de la reacción que se fraguó en él, ella soltó un sonido de deleite y estímulo. El desaliento quedó apartado mientras él se quemaba con la presión de su cuerpo y el apetito de esa boca, ella meneó su cuerpo
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    contra el suyo,las suaves curvas extendidas en las duras planicies de los músculos. Encajaba a la perfección, tan alta y elegantemente formada, no la abarcaba, y él encontró eso atrayente más allá de la razón. Sus manos fueron a la deriva por el cuello y garganta, resbalando por debajo del pesado cabello para encontrar su calor, incluso el collar que llevaba se había calentado con el ardor de su cuerpo. Antes que se diera cuenta lo que intentaba hacer, ya había desatado el intrincado collar, haciéndolo resbalar por el frente de su cuerpo. Siena se echó para atrás de repente conmocionada cuando sintió el collar abandonar su cuerpo para ser reemplazado por esas manos, agarró el collar antes que se deslizara por el cuello y luego le miró a él y al collar con completa incredulidad. —Esto no es posible —susurró, estremeciéndose mientras él se acercaba para rozar el cuello desnudo con la boca, las calmantes manos la sostenían, aunque estaba tratando de conservar un equilibrio básico de su cuerpo, gimiendo ante la asombrosa sensibilidad del área. Durante toda su vida, ésta no había sido expuesta a toque alguno, salvo el del oro y piedra de luna. —Déjalo a un lado —la urgió él, la lengua trazando su arteria carótida a lo largo del cuello de una forma que convirtió sus piernas en gelatina. Ella jadeó con placer, los ojos cerrados, mientras él repetía el circuito en la dirección opuesta, añadiendo un estimulante raspado con los dientes hasta que la tuvo temblando con escalofríos. Siena sintió como si su cuerpo entero estuviera fuera de control, como si su mundo careciera de un eje. —Elijah, el collar… —trató de explicarle, las palabras meros jadeos suaves. —Déjalo a un lado —le ordenó de nuevo, articulando cada palabra con firmeza. Al instante, Siena dejó que cayera de repente de los nerviosos dedos y enderezó la cabeza con lo que él aumentó el acceso al cuello y garganta. Hizo un sonido de masculina aprobación, que cantó a través de ella con eficaz deleite, un momento después la apretó con las bandas de acero de sus brazos y la levantó sobre la punta de los pies, encerró su boca y la besó hasta un estado de total falta de
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    aliento y entumecimientode pensamiento. Se sintió ligera y profundamente femenina; podía hacerla olvidar su fuerza tan fácilmente con sus grandes manos y su demandante cuerpo masculino. Elijah la levantó del suelo y la balanceó alrededor con facilidad hasta que los pies tocaron la cama, ella rió cuando se encontró de pie sobre ella, mirando abajo hacia sus ojos, la risa se desvaneció cuando se dio cuenta el acceso que su nueva posición le permitía hacia sus senos, los labios se torcieron en una diabólica sonrisa mientras elevaba los nudillos y rozaba un pezón y luego el otro, jugando con ellos hasta que no pudo soportar la sensación. Estaba fascinada con la inmediata respuesta de su cuerpo, el empuje reflejo exhibiéndose erótico, incluso para ella, mientras le observaba divertirla con su toque. Apenas pudo tomar un respiro, mientras se inclinaba hacia ella y hociqueaba la tela del vestido, el sedoso material parecía nada cuando atrajo uno de los puntos dentro de su boca, chupando hasta que pensó que iba a colapsar del intenso placer. Levantó la cabeza lo suficiente para atrapar la tira del vestido con el meñique, deslizando hacia abajo la seda humedecida hasta que no fue más una barrera para su boca. Gritó emocionadamente cuando, tan llena de fuego líquido, la rodeó una vez más, atrayéndola profundamente a la boca y luego liberándola a través de los dientes estimulantemente. Esta vez sus rodillas cedieron, pero la sostuvo como si no pesara más que su vestido. Elijah se deleitó con el sabor de ella, la plenitud femenina de los senos, la sensibilidad del punto de oro y rosa del pezón mientras frotaba la lengua sobre él, hasta que soltó otro de esos sexys pequeños gemidos de inconfundible placer. Él la aspiró profundamente en la boca mientras lo emitía, y ella se echó pesadamente contra su cuerpo, él sintió las manos agarrando su cabeza y hombros, el alocado abrazo de una mujer perdida en su placer, embistiendo a través de él en ondas de tensa necesidad. Mientras la atormentaba con su sensación, ella se deslizó contra su cuerpo, sintiendo cada contorno de los músculos tejidos como haces de cuerdas de acero sobre su figura, los pies se asentaron con
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    firmeza, la plantaentera dura como una roca y rígidamente fijada como una gran estatua de piedra. Cuando ella agarró los brazos con firmes dedos, apenas dejó una impresión en su piel. Destilaba pasión, al igual que poder, injustificadamente y dominantemente, este no era un hombre al que le gustaran segundos pensamientos, prefería entrenarse con habilidad y conocimiento, así, cuando el momento llegara, podría reaccionar con instantánea resolución. Eso era lo que había hecho en la piscina mineral, había observado, esperado y actuado. En ese entonces se había forzado a meditar lo que había llegado tan naturalmente a él en esa sucesión de minutos. Así que ahora estaba de vuelta en su elemento, en un cien por cien, empujándose de lleno en lo que desde el principio había sentido correcto. La devoró con una boca voraz y apasionada, y al mismo tiempo, tocaba su largo cuerpo con briosas e indagadoras caricias de las manos. Estaba descendiendo por la pendiente de la espalda hacia abajo un minuto y al otro sepultándose bajo el dobladillo del vestido para extender sus inquisidores dedos en la parte trasera del muslo. Acarició hacia arriba en su piel satinada, el trasero desnudo como siempre bajo el vestido, la piel encajando en la palma mientras la movía sobre el arco de la espalda baja, alrededor del vientre y a lo largo del esternón. Había tanta sensación inundándola en tantos sitios a la vez que de inmediato se aturdió en el placer y excitación. Exploraba su cuerpo con las manos, los mechones del cabello se unieron con impaciencia a la exploración, rodeando sus sentidos con la sensación de él, enterrando el rostro en los rizos rubios; los músculos se ondulaban bajos las manos, temblando mientras ella se deslizaba sobre ellos con sensual y curioso toque. La abrasadora boca regresó a la suya mientras las estimulantes caricias elevaban la temperatura corporal hasta el cielo. La fue soltando poco a poco, así se iba deslizando por su cuerpo hasta la cama, la siguió cada centímetro del camino, la boca adherida a la suya mientras bebía profundamente ese ardiente sabor de canela tan único. Las manos reforzaron el peso encima de ella cuando se movió sobre su cuerpo. Cuando le sintió colocarse contra ella, ronroneó con deleite y provocación, el sonido le golpeó exactamente como antes, sólo que esta vez iba a actuar libremente sobre estas sensaciones.
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    Elijah, al instante,metió las manos bajo su vestido, despojándola de él con un solo movimiento incluyendo el descuidado lanzamiento más allá en la habitación, la tórrida velocidad de la exposición hizo que Siena se arqueara contra su cuerpo, con lo que la ardiente piel entró en contacto con la de él con increíble sensualidad. Oh, cómo recordaba la sensación fogosa de esa piel, cómo había ansiado una repetición de lo que originalmente había ocurrido, incluso entonces, ella había estado helada por el agua del lago, tan pálida en comparación a como estaba ahora. Era una hoja de seductor satén debajo de él, envolviéndole en una rara pureza de flexibilidad y riqueza que sólo podía provenir de una fuente tan perfecta. Las piernas se deslizaron desde abajo de él hasta que los muslos enmarcaron las caderas lascivamente, afianzándolo más profundamente en su ser, encajándolos juntos como la cerradura y la llave. Elijah se agarró de las mantas cuando se sintió acomodarse en la cuna de sus caderas, sólo su ropa era un obstáculo entre ellos, un obstáculo que se sentía como nada, como mucho viento; los dedos se agarraron con tal placentera agonía que se clavaron en el grosor del colchón, aún sin el reflexivo crecimiento de afiladas garras. Estos se demoraron un segundo, cuando ella recorrió con manos ansiosas la pendiente de la espina dorsal y sobre los duros músculos de la espalda, aferrándole a ella, para poder mover las caderas y frotar su calor contra la rígida extensión de su sexo. —¡Siena! Su nombre fue un gruñido en la garganta, pero sintió la sacudida de su cuerpo mientras buscaba moderación y control, mientras enfrentaba su vulnerabilidad a esos métodos de estimular su excitación. A cambio, ella movió la boca hasta la oreja, los labios frotándose alentadoramente hasta que él se estremeció, entonces lentamente, suavemente, pronunció su nombre, un jadeo gutural se enganchó en la sencilla palabra, mientras le sentía moverse con intimidad contra ella.
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    —Gatita —gruñó desdeel fondo de su alma atormentada—. Dulce Destino, gatita, te sientes como el paraíso. Mi paraíso. Siena respondió con una sonrisa contra su cuello, al tiempo que comenzó a explorarle con impecable intimidad, frotó los fuertes y elegantes dedos en los hombros en una caricia sellada tensamente sobre la húmeda piel. Se movió alrededor del pecho, por los costados una vez más, donde hizo una pausa para beber el sentir de su rápida respiración, los dedos se deslizaron hacia abajo por los flancos, y luego por debajo de la pretina de los pantalones, sintió los definidos músculos del trasero tensarse bajo el toque seductor, pero no estaba satisfecha con sólo esa reacción. Abrió las piernas un poco más, permitiendo a las manos la libertad de resbalar por las caderas y dentro del calor y la dureza que descansaba tan cerca de ella. Elijah había estado frotando la lengua contra el vital palpitar del pulso en su cuello, cuando las puntas de los dedos rozaron esa parte sensitiva de su cuerpo. Dejó de degustar su sabor, la espalda arqueándose reflexivamente, mientras juraba vehemente por lo bajo. Siena no se molestó de ninguna manera por eso, nunca había tocado a un hombre de este modo antes, y no estaba dispuesta a renunciar a la experiencia demasiado pronto. Envolvió los dedos de seda alrededor de él, sintiendo con fascinación cómo palpitaba contra su palma, él se estremeció de la cabeza a los pies, mientras ella le acariciaba en toda su longitud lentamente, aprendiendo la forma, peso, y especialmente, la sensibilidad. Nunca habría creído que la carne podía ponerse tan dura, había un ardor tan intenso que casi quemaba las yemas de los deslizantes dedos y lo más importante, cada toque, ligero o firme, le tenía prácticamente retorciéndose de placer, pareciendo bordear muy de cerca el dolor. Una vez más, llegó a comprender una simple verdad, poder, el poder de volverle loco solamente con las habilidades e intenciones de sus manos. La carrera de excitación que siguió a esa comprensión fue suya, no de él. Siena jadeó con fuerza cuando la inundó con oro fundido, un líquido precioso que quemaba a través de ella y luego se derramó eficientemente al mismo centro de su cuerpo. Entendió, de repente, que había un solo camino a su propio placer, y ese era zambullirse en él. Era una de esas revelaciones que podrían cambiarlo todo, aún cuando parecía un pequeño detalle, lo sabía, lo sabía desde el fondo de su alma. Cuando las yemas de los dedos
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    fueron a laderiva sobre la húmeda punta de su excitación, uno detrás de otro, delineando sedosamente a través de la humedad y la piel altamente sensible, aprendió una completa y nueva descripción de estimulación. Elijah exhaló un bajo y rudo sonido de éxtasis, la mandíbula se apretó cuando ciegamente embistió las caderas contra esas malvadas manos pequeñas, ella recibió el mensaje, la reacción la incitó a repetir la caricia, sólo que esta vez más lentamente. Elijah no pudo pensar coherentemente desde ese momento, no era que antes se hubiera dedicado mucho a pensar en algo que no se centrara sobre la deliciosa sensación de ese cuerpo y esa piel contra la suya. Siena fue implacable en su curiosidad sobre su cuerpo, y él estaba profundamente atontado bajo sus cada vez más audaces caricias, antes de darse cuenta, estaba sobre la espalda y ella lo estaba desnudando rápidamente. Entonces ella se deslizó encima de su cuerpo y le buscó la boca, le besó, le acarició, tratando de superarse primero en una cosa y luego en la otra. Se deleitó en el abandono de sus reacciones, de los sonidos que se le escapaban, podía hacer que cada rígido músculo se retorciera y flexionara, usando el ardiente terciopelo de los labios y lengua para hacerlo. Las manos de él se enterraron desesperadamente en su cabello, aplastando los sensibles mechones bajo los dedos. Siena nunca habría pensado que ese agarre de tal fuerza pudiera sentirse tan bien, era una parte del cuerpo tan sensible como cualquier otra y, su toque fue tan salvajemente mágico cuando la agarró con tanta pasión, que fue una instantánea zona erógena, y le sintió comprenderlo cuando empezó a arrastrar los dedos a través de las largas tiras. —¡Ah! —gritó ella pesadamente, el cuerpo levantándose sobre el suyo y arqueándose como una sedosa pitón, se sentó a horcajadas sobre el estómago, las manos apoyadas sobre el pecho, la cabeza echada hacia atrás mientras los fuertes dedos fluían por el denso y resbaladizo cabello. Elijah se liberó de la hiedra de oro que se rizaba alrededor de su cuerpo, una sonrisa levantó una de las esquinas de los labios, la posición sobre su cuerpo la dejaba vulnerable a un totalmente
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    diferente asalto desensaciones, las manos arrastraron rudos toques hacia el centro del torso, sobre los senos y costillas, vientre y caderas. Luego fue buscando el calor y la humedad que lo había llamado sin tregua, los dedos resbalaron por un enredo de rizos de oro y tocaron la carne más allá, ella estaba suave y enardecida por la estimulación que las manipulaciones de su placer habían causado a su propio cuerpo. Siena chilló cuando mil impulsos, pensamientos y sensaciones se apiñaron para expresarse y Elijah enterró una mano libre en su cabello y la arrastró hacia su beso. Ella jadeó dentro de la boca cuando la invasión del toque se registró en las terminaciones nerviosas con violento erotismo, él encontró el sensitivo nudo que respondería elocuentemente a la caricia de sus dedos y lo atrapó con un coqueto y experto roce. Nunca hubiera sospechado cuán sin aliento podía dejarla una aparentemente simple caricia. Él la estaba tocando en serio ahora, forzándola a sentirse débil y salvaje con la extraña y creciente sensación que fluía hacia el exterior desde ese pequeño punto, no pudo concentrarse más en lo que estaba haciendo, así que sus manos resbalaron flojas por el cuerpo. Elijah la giró sobre su espalda, tomando de nuevo el control, mientras ella gemía con increíble intensidad dentro de su boca. Fue una factoría de llamativos sonidos de placer desde ese momento en adelante, el estímulo auditivo envió una urgente necesidad que se engarzó en el alma de Elijah. Dejó su boca rápidamente, lo que produjo desatados gritos dentro de la habitación, pero se entretuvo degustando la garganta, clavícula, y senos una vez más, la sintió estremecerse, acercándose a la liberación que quería, que necesitaba tan desesperadamente. Los dedos se quedaron quietos sobre ella, haciéndola sollozar con un sonido de protesta. —Elijah, por favor —gritó, la cabeza giraba de lado a lado mientras la mente y el cuerpo buscaban lo que faltaba. Él no cedió ante sus súplicas inmediatamente, tenía planeado algo mejor, su exótico aroma lo había burlado largo tiempo. Ese fue el único pensamiento cuando se acercó para reemplazar el toque de los dedos con las caricias de la boca. Siena elevó las caderas y gritó tan fuerte que el sonido hizo eco en la caverna. Elijah capturó las desafiantes caderas entre las manos
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    impacientes y lasostuvo contra su saboreadora lengua. Ella era puro afrodisíaco, sabor y esencia combinados juntos con la perfección de las fresas y crema. Se estremecía con tal fuerza en su agarre, mientras su placer se enrollaba más y más apretado en su interior, que podía predecir el poder de su liberación sólo por eso. Siena, súbitamente, fue surgiendo de un estupor más allá de la mera dicha, su cuerpo se bloqueó incluso mientras se corría, se escuchó gritando salvajemente, pero difícilmente se reconoció en el desenfrenado sonido; pulsaciones de un placer culminante la montaron como olas de choque, y su lengua aún seguía acariciándola, empujándola más y más allá del extraordinario abismo del alivio y deleite. Apenas se había recostado en el colchón antes que se deslizara sobre su cuerpo y compartiera la golosina de su dulzura con ella en la forma de un beso que le quemó el alma. Él estaba tan duro y pesado por la necesidad de ella, que se puso un poco loco. Su orgasmo le había empujado fuera de sus límites, y necesitaba estar dentro de ella con una desesperación de la que nunca se había creído capaz, los muslos se abrieron para él con facilidad mientras se asentaba entre ellos y descansaba contra la carne henchida con un caliente e intrigante movimiento. Sus ojos se abrieron de repente conmocionados ante cuán sorprendentemente estimulante era la sensación. Él bajó la mirada hacia aquellos fondos dorados, mirando profundamente dentro de su alma, pasando la bruma de deseo y la necesidad sin fin, para ser quien era ella en ese momento. —Dime qué eliges —dijo con vehemencia contra los labios hinchados—. Tengo que oírte… Se quebró cuando ella levantó las caderas, atrayéndole directamente hacia el umbral que tan desesperadamente necesitaba cruzar, ella tragó un gemido golosamente, haciendo estragos en su boca con una intensidad sin precedentes. Elijah llegó hasta la garganta, rodeándola para impedirle seguir cuando se separó del beso, a ella le costaba respirar, los ojos abiertos pidiendo que la dejara ir, de ella, de sus dudas, de todo.
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    —Siena —jadeó, cuandoella se deslizó contra su cuerpo una vez más—. Necesito escucharlo. —Por supuesto —le susurró seductoramente, capturándole otra vez en ese perfectamente preparado punto, donde con un simple embate él se enterraría en ella. —Elijah, quiero esto —le suspiró. —¿Tú me aceptas? —Le preguntó Elijah, agarrándola tan fuerte que fue un milagro que no se quebrara—. ¿Me eliges a mí? —Sí —jadeó, su cuerpo gimiendo por la cercanía que él mantenía con ella—. Te acepto, te deseo, a ti, Elijah… Él soltó su control con un salvaje grito, se levantó hacia delante, empujando dentro de su cuerpo con una simple y desgarradora embestida, Siena gritó, pero no por cualquier tipo de dolor, pudo sentirlo con cada fibra de su ser. Su virginidad cedió con facilidad, dejándole enterrarse en un ardiente y acogedor cielo. Calor, estrechez, resbaladiza miel rodeándole, era una vaina ardiente de inconmensurable dicha y, al fin, estaba profundamente rodeado por ella, en esto era más allá que perfecta, se ajustaba a él como si hubiera sido creada a su medida. Elijah estaba ciego con la belleza y la maravilla de ello, era tan apretada a su alrededor, que sentía como si fuera imposible moverse, así que por un largo minuto no lo hizo. Siena se aferró a él, las manos en los hombros, pareciendo como si su cuerpo estuviera permanentemente arqueado hacia el suyo. Ella jadeó y jadeó, los ojos muy abiertos cuando alzó la mirada con conmoción y asombro, mientras se mantenía embebido en ella; estaba guardando profundamente el recuerdo de ese momento en su cerebro. Nunca olvidaría esto y se aseguraría que ella tampoco lo olvidara, pero era sedosa, resbaladiza e increíblemente tentadora, así que sólo podría soportarlo por unos cuantos segundos más, necesitaba más de ella, necesitaba entregarse a ella, empezó a retirarse y ella enterró las uñas en sus hombros. —Elijah —jadeó desvalidamente, los ojos dorados salvajes con la confusión de saber algo instintivamente, aún sin entender completamente el método de su aparente locura. —Ah —bromeó con suavidad—. No voy a ninguna parte.
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    La acarició pordentro profundamente, haciéndola gemir hasta que el lozano sonido resonó alrededor de ellos, amó el sonido, amó la cruda pasión. La emoción de ello recorrió a través de él, endureciéndole aún más hasta que se sintió increíblemente grueso dentro del cuerpo estremecido, supo que ella sintió una nueva oleada de calor, porque ronroneó con una potente y retumbante vibración, el sonido le animó, aún cuando no necesitaba ningún estímulo, le tomó sólo un momento encontrar el ritmo perfecto para ambos. Ella encontró sus pujantes caderas con una facilidad natural después de un incómodo segundo, la guió con una mano en la esbelta cadera y la otra atrapada en los mechones enmarañados del cabello, sintió las uñas clavarse en su espalda y se elevó hacia adelante con el contragolpe del placer resultante. —Siena —gruñó—. Gatita, te sientes condenadamente perfecta. —Elijah… Eso fue todo lo que dijo, su nombre, una y otra vez, con urgencia creciente, hasta que lo estuvo sollozando como un cántico. Elijah no pudo sino enterrar la cara en la curva del cuello y enviarlos a ambos en una espiral hacia una escandalosa liberación; esto iba a ser tórrido y rápido, violento y extático, y simplemente se entregó a ello. Su nombre estallando desde la garganta era la cosa más erótica que hubiera experimentado en su larga vida. Se conectó dentro de la sedosa dulzura de su cuerpo una y otra vez, hasta que sintió que se quebraría del placer. Siena sintió que el mundo se encendía en calor y llamas, el cuerpo quemándose y quemándose por la necesidad de explotar. Ya estaba gritando su liberación cuando él finalmente rompió en la suya propia, añadiendo combustible al ya incontrolable fuego, la aplastó en su abrazo mientras se impulsaba dentro de ella con oleadas violentas de un clímax implacable. Es todo lo que pudo manejar, tratar de no aplastarla con el débil colapso de su agotado cuerpo, la acurrucó contra el pecho y luego rodó con ella hasta que la tuvo tendida sobre su cuerpo, sintió la separación de los cuerpos y esto le dejó una sensación de privación, la sostuvo junto a él con uno de sus grandes brazos, los dedos envueltos posesivamente alrededor de los hombros. —Gracias —murmuró ella, unos minutos después de que sus respiraciones se hubieran normalizado.
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    —¿Por qué? —rió,inclinando la barbilla hasta el pecho para así poder ver su cara, mientras apartaba la media tonelada de cabello que la ocultaba. —Por contestar mí pregunta. Él recordó la pregunta y volvió la mirada hacia arriba, a las formaciones del techo. —Espero que fuera una buena respuesta —dijo suavemente, no queriendo sentir la agitación que trataba de arrastrarse sobre él. —Muy adecuada —contestó. —¿Adecuada? —El término pellizcando su ego, alejando de inmediato cualquier amenaza de preocupación—. ¿Te importaría matizar eso? —¿Debo? —preguntó ella girando el rostro hacia él mientras elevaba la cabeza. Elijah vio la diversión brillar en esos traviesos ojos y pensamientos, le dirigió una venenosa mirada y ella empezó a reír. Siena no tenía mucho de risas tontas, observó con satisfacción, tenía una astuta y sexy risa que se atrevía a contradecir su humor. Ésta tenía la habilidad de exponer su libido con absoluta facilidad. El guerrero la hizo rodar fuera de su cuerpo tan abruptamente que rió aún más fuerte. Cuando la atrapó sobre su vientre, debajo de él, se puso casi histérica. —¿Te he llegado a mencionar lo mucho que esa sexy risa tuya tiende a afectarme? —preguntó sedosamente, mostrándole exactamente lo que quería decir elevando las caderas. Siena paró de reír, levantando la cabeza para mirar sobre el hombro, dándose cuenta que era un esfuerzo inútil, apoyó la mejilla en la sábana y sonrió. —En realidad, no has mencionado nada de ese tipo —le informó. —Entonces, permíteme explicarme —murmuró.
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    Elijah le hizoel amor a Siena despiadadamente. Cuando ella se quejaba del abuso de sus lesiones, él la sermoneaba sobre las cualidades curativas de su deleitable cuerpo, el sermón era largo y minucioso, hablándole a través de la piel y dirigiéndose dentro de su cuerpo. Después de eso, no se volvió a quejar otra vez. Al menos no sobre eso, descubrió que le gustaban los sermones, y descubrió otros temas que podían discutir profundamente. Siena nunca había estado cerca de sospechar qué clase de intimidad la haría sentir, había expresado una y otra vez que no quería ser parte de ello y que no le extrañaría en absoluto, había mantenido que no había camino alguno de enriquecimiento en tales cosas, había pensado que su vida no podía ser mejor de lo que había sido antes de entrar en esa caverna. Cuán tonta y equivocada había estado ¡La arrogancia de la ignorancia! Era la Reina de su especie, pero verdaderamente no había conocido el mundo hasta que ascendió, su protegida y limitada vida la había privado de mucha información práctica. Lo que había elegido permitir al guerrero Demon, podría cambiar eso para siempre. Cambiarla para siempre. Además de ese pensamiento, apartó todas las realidades entre ellos a un lado, lo que fuera que el mañana trajera, quería seguir lo más lejos que se pudiera. No era sólo la complementación física lo que la atraía hacia este sentimiento, se admitía a sí misma. Elijah tenía un ingenio natural, haciéndola reír sin preocupaciones de una manera que raramente había conocido, mientras crecía como descendiente de un jefe militar real. Había algo en él, sobre su confianza y sorprendente inteligencia detrás de todos esos músculos y dureza de batalla, nunca le habría sospechado de esta manera, como un ser multidimensional, esto la había sorprendido, cuando se conocieron la primera vez, su lealtad y evidente sensibilidad en lo que respectaba a las necesidades de las personas que amaba. En el hogar de su niñez, los guerreros no amaban, los afectos eran debilidades. ¿Cómo podría un hombre como Elijah, haber
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    soportado cara acara al jefe militar que había reinado antes que ella y salir vencedor, cuando era tan susceptible a todas esas cosas que su padre había aclamado como inconvenientes para un guerrero? Siena ya sabía la respuesta a eso, lo había descubierto por sí misma al hacerse mayor y más sabia. Irónicamente, la frialdad y falta de atención de su padre la habían impulsado a convertirse en lo contrario de lo que él era, la única razón por la que era una poderosa luchadora por derecho propio, era porque fue la única habilidad que él había ordenado y supervisado por sí mismo, ella se había atrevido a no fallar para impresionarle, y si le hubiera satisfecho, la hubiera dejado cómodamente reinar en su lugar mientras él combatía. Así que sabía lo que era combinar esas aparentemente incongruentes partes de uno mismo. Él estaba tan cómodo consigo mismo como lo estaba ella, tan arrogantes, tan sabios, cuando se trataba de lo que dejaban o no ver a los demás, pero ambos habían bajado sus formidables defensas con el fin de permitir esta unión del momento, era tan fuera de carácter, tan escandalosamente peligrosa, y al mismo tiempo incomprensible en origen. Era tan magnífico y tan revelador. Siena nunca había dudado de su femineidad o del hecho de ser mujer, siempre un claro producto de su confianza, pero su sexualidad había sido un poco más que una herramienta de intriga y manipulación, de otra manera, debía ser negada. Aquí, apartada del mundo, centrándose en el cuerpo de él y en sus manos, entendió mucho más lo que siempre había sospechado. Ahora entendía para lo que estaba hecho aquel alargamiento de su espalda, lo que el batir de unas pestañas sobre ojos misteriosos podía verdaderamente hacer y el poder que residía en el más pequeño y suave sonido que salía de su garganta. Empezó a realmente comprender lo que, con cada encogimiento de hombros, cada movimiento, cada suave y curvado deslizamiento podía ganar. Bajando la mirada hacia Elijah, le observó entre las pestañas, los ojos de ámbar ardiendo con todo el reflejo de su necesidad, todo lo que había deseado y determinada a obtenerlo de él en ese momento. Estaba sentada a horcajadas sobre sus caderas, sabiendo que para él, lucía audaz y hermosa mientras le tenía atrapado dentro de su
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    cuerpo. Él, enrealidad, tenía los brazos doblados bajo la cabeza, como si estuvieran discutiendo sobre el tiempo, pretendiendo que la forma en que ella se movía sobre su cuerpo rígido tenía poco efecto, en un intento de mofarse de ella. Siena no se dejó engañar, sentía esos ardientes ojos de esmeralda sobre el balanceo de sus senos mientras se movía, sentía el pulso y el grosor del duro eje dentro de su cuerpo cada vez que cerraba los músculos alrededor de él como una tuerca, sabía que la mandíbula estaba estrujada porque los dientes estaban apretados por el placer que le hacía sentir. Ella tenía piernas poderosas, con flexibilidad sin par, y era tan obstinada como el infierno; él perdería esta lucha de voluntades, aunque al final fueran los dos ganadores. Apoyó las manos en la cama a ambos lados de los hombros, inclinándose sobre él de tal manera que los pezones rozaran el pecho con cada muestra de habilidad ondulante de su columna vertebral. Se zambulló hacia su cuerpo, frotando los senos contra los labios y nariz, consintiendo la tentación del sabor y el aroma almizclado que revestían su piel. Sabía lo loco que se volvía por lo dulce y sexy que olía su piel, aún más loco por su sabor. Poco después, las distantes manos estaban sobre su cuerpo, moldeando y acunando la carne llena de los senos, atrayéndola hacia la boca hasta que se sintió torturada, al igual que lo estaba él por su libido seductor. Él gemía bajo la implacable ondulación de las caderas, pero aún así incapaz de ahogar los sexys gruñidos y jadeos que ella hacía mientras se complacía con su cuerpo, no tocó o dirigió el trabajo de su pelvis, ella había demostrado aprender rápido, y sin inhibición. No tenía reparos en recorrer su camino sobre él, también demostró poca piedad cuando estuvo lista para arrastrarle dentro de su mundo de clímax, le habló bajo, suave, sexy, contemplando verbalmente cómo podría hacerle perder el control. Elijah podía haberle dicho que dicho control había salido por la ventana hacía mucho tiempo, pero hubiera arruinado las malévolas maquinaciones y él sería el último en hacer llover sobre su propio tejado. Sin embargo, le estaba llevando cerca de la locura, estaba tan caliente, y estaba aprendiendo cómo quemarle sin demora. Los dedos estaban siempre explorando su cuerpo, buscando aquellos lugares que eran eróticamente sensibles a su toque. Cuando esto no
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    funcionaba, o nofuncionaba lo suficientemente rápido para su gusto, usaba la lengua ardiente, dibujó húmedos mapas sobre el pecho, trazando camino sobre los pezones para evitar el vendaje del cabello viajando hacia el cuello y garganta, se deslizó a lo largo de la mandíbula hasta que llegó a devorar la boca, caderas, manos y labios combinados en una dichosa barrera de sensaciones, sintió su creciente tormento y cómo hizo eco en ella. Aún así, jadeó ardientes susurros de necesidad y sentimiento en su boca. La explícita sensación de cómo se sentía mientras le montaba tan despiadadamente, la cegó con su propio placer. Siena gritó dentro de su boca, elevándose un segundo después y arqueándose, echando su cabello hacia atrás, haciendo que cayera pesadamente sobre los muslos. Fue ahora él quien agarró los muslos, sosteniéndola al ritmo, mientras convulsionaba a su alrededor. Empujó y empujó hasta que ella estuvo gritando y él mismo estuvo demolido por la ardiente conjunción de esos sedosos músculos, se le unió en la liberación con un rugido de agonizante satisfacción. Cuando finalmente cayó sobre su pecho tratando desesperadamente de tomar un respiro, y relajarse en el resplandor crepuscular de su increíble nivel de placer, Elijah fue consciente del hecho de que estaba en un gran problema, sabía que ella tenía la intención de separar sus caminos una vez que dejaran ese lugar, tenía planeado confrontar esta condición de su corona que consideraba una maldición, esta condición declaraba que tomaría un solo compañero en su vida, quien reinaría como su igual en un trono por el que había sufrido y luchado por mantener. Estaba dando todo lo que tenía al momento, porque no pensaba dedicar nada al futuro; pero a pesar que él mismo estaba repetidamente quebrantando un millar de leyes naturales, Elijah sintió una desesperada sensación en el vientre que le advertía que no sería tan fácil desenredarse de su abrazo de oro, se sentía vinculado con ella en un camino que era más intrincado que los rizos enmarañados de su indómito cabello. También sabía que si hacía el mínimo comentario sobre eso, ella se cerraría y todo se vendría a estrellar en un final. Hizo retroceder esa nube negra que venía con sus pensamientos sólo por un rato más, con un simple movimiento, los levantó fuera de la cama, ella se quejó y rió al mismo tiempo, pero obedientemente abrazó el cuello con los brazos y las caderas con las
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    piernas, él caminóhasta la piscina mineral y trató de persuadirla y luego zafarse de ella. —No, está fría —comentó. Elijah sonrió ampliamente y lanzó su peso de lado a lado del borde. Siena estaba gritando cuando golpearon el agua fría, se apartó de él, saltando con el choque del agua, cuando él apareció riendo, le dio un fuertísimo empujón que le envió de vuelta al fondo. —¡Maldita sea! —siseó, apresurándose a salir de la profunda piscina tan rápido como podía para llegar a un lado, pero por supuesto, él la agarró con un brazo y la arrastró de espaldas hacia su cuerpo antes que pudiera salirse. —¿Cuál es el problema, gatita? ¿No te gusta el agua? —Eso es bajo, incluso para ti, guerrero —contestó bruscamente. Sus dagas verbales cayeron en oídos sordos, él estaba mordisqueando un lado de su cuello de una manera que sabía la derretía por completo, antes de que se diera cuenta, sus manos estaban enterradas en el cabello y sus bocas profundamente enlazadas. Les tomó casi un minuto entero escuchar el distintivo sonido de una garganta aclarándose, Siena volteó repentinamente, casi golpeando a Elijah en el camino, para su consternación y completa desesperación. Su hermana estaba de pie en la entrada de la cueva, apoyando la espalda casualmente contra ella y enarcando una muy curiosa ceja ante la pareja de la piscina. Sintió el impulso de Elijah de posar las manos en la comodidad de su cintura y le dejó estabilizarse, mientras su mundo empezaba a girar. —Sus Altezas —les saludó Syreena educadamente.
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    CAPÍTULO 6 —Hola, pequeña flor. Te ves mejor —Jacob saludó a su esposa mientras descendía por la central escalera de caracol, su camisón de noche se arrastraba perezosamente tras de sí. Ella le sonrió, en el momento en que sus pies tocaron el suelo donde él se encontraba, fue a sus brazos. Legna y un Demon Mental adulto llamado Amos, iban detrás. Amos había sido el estabilizador necesario que Isabella necesitaba para recuperar la respiración y sanar. Pero estaba claro, que la experiencia había cobrado su precio en el Demon. Se veía exhausto y se disculpó rápidamente después de entregar el cuidado de Isabella a su esposo y sus amigos. Legna continuaría monitoreando a Bella y notificaría si fuera necesario traer más ayuda, pero de momento, la pequeña compañera de Jacob se veía rozagante y saludable. Más de lo que había estado en meses. —¿Te encuentras bien? —Preguntó Jacob enmarcando su rostro con las manos, inspeccionándola por milésima vez desde que había recuperado la consciencia y lucidez desde hacía un día. —Lo estoy ahora —insistió ella, acercándose para su beso y hacerle sentir lo mucho que había extrañado estar cerca de él. Ella siempre lo sacudía tan fácilmente. Besos y contacto corporal, estas cosas distraerían su atención a tantos niveles. Sin embargo, todo lo que tenía que hacer era mirarlo con esos ojos violeta maravillosamente alegres e instantáneamente estaba bajo su embrujo. Por supuesto, la respuesta a la sensación de su toque elegante y la intensidad de sus emociones por ella, la dejaba igualmente con las rodillas debilitadas. No habían intimado durante mucho tiempo a causa de su embarazo y enfermedad. La tensión de la creciente luna de Samhain se empezaba a notar en cuán profundamente presionó los dedos en su tierna carne y en la fuerza con que enredó ella los dedos en su cabello.
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    Todo esto eraparte de la Vinculación entre ambos. Sus almas estaban enlazadas profundamente para siempre. Y por esto, todo entre ellos sucedía con gran intensidad. Nunca cambiaría, y a pesar de los momentos en que se arrepentía de haber abierto el peligro y la intriga en su vida, Jacob se sentía agradecido por el precioso regalo que era ella, cada día, desde el primer instante en que la tocó. Aliviaba su corazón. Era la única que podía aligerar el peso que a menudo cargaba en su alma. Por ejemplo, no hacía mucho, justo después de la muerte accidental del compañero de la hija de Ruth, Mary. Jacob realmente no culpaba a nadie por no haber entendido la naturaleza de ésta hasta que fue muy tarde. Pero era hombre de una consciencia particular. Tomando tal alegría de su compañera, la primera Druida en hacerse conocida para cualquiera de ellos, sintió el potencial perdido y fanático de Mary. Sin embargo, nunca podría ser capaz de convertir ese incidente en una razón para los brutales actos de decepción y violencia que ambas mujeres perpetraron en contra de su propia gente. Especialmente no después que Isabella se hubiera convertido en el blanco de uno de sus ataques, casi perdiendo su vida y así como la vida de su hija. Había sido el amor de su esposa y sus suaves palabras lo que lo había ayudado a hacer frente a su conciencia en este asunto. Ella siempre estuvo ahí para detenerlo cuando trataba de revertir esos sentimientos de responsabilidad y culpa. Jacob no podía recordar cómo había sido su vida sin su apoyo y el modo en lo hacía sentir cuando ella buscaba su apoyo a cambio. De todos modos, temía los riesgos de la seguridad de su familia que venían con ser un Ejecutor. Tendía a olvidar que su compañera estada dotada de un notable poder, habilidades de lucha y una singular astucia que venía de su humanidad y de la vida que había dejando antes de convertirse a su forma Druida. Jacob sabía que su desproporcionada percepción de las habilidades de Bella se debía a la debilidad y el daño a las que había sido sometida en el término de su embarazo. Había sido un largo y angustioso tiempo de preocupación y había olvidado cómo de fuerte podía ser.
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    Pero el ruborde su tez, la calidez de su cuerpo y la robusta energía de su abrazo lo aliviaban haciéndole entender su rápida recuperación. Ella pronto sería capaz de ocuparse de las necesidades de su familia y las demandas de sus tareas, justo como sabía que quería, con un entusiasmo cantante a través de los pensamientos de una manera que lo hacía reír en voz alta. Bella se zafó de su abrazo, sus pensamientos girando alrededor de su infante hija. Se dirigió hasta la cuna que se asentaba bajo la mano de Noah y descendió la mirada hacia su hija, que finalmente dormía después de que la hubiera amamantado con satisfacción, algo que había añorado. Bella le sonrió al Rey, inclinándose para darle un beso en la mejilla, ignorando la tensa mano de su esposo en la cintura. —Ella te adora, Noah —le dijo suavemente, mirando como la enorme mano del Rey cubría la espalda del bebé con seguridad. —El sentimiento es más que mutuo, te lo aseguro —dijo—. Le encanta estar cerca del fuego. Una chica que va tras mi corazón. —Ya lo veo, Noah. Tengo noticias para ti. —Sí —suspiró el Rey—. Jacob dijo que las tendrías. Supongo que son concernientes a Elijah, ¿no? —Sí —Bella se movió para sentarse en la silla más cercana al monarca—. Creo que fue gravemente herido en batalla. Una trampa que no esperaba. Pero antes de ir más allá, quiero decir que empiezo a entender porqué algunas visiones me afectan tan intensamente y otras no —levantó la vista hasta su esposo y los otros se juntaron a su alrededor. Legna llegó a colocarse al lado de Gideon que se mantuvo de pie con su habitual eficacia cerca de la chimenea. Sin embargo, el médico se relajó cuando su esposa lo abrazó—. En realidad, Amos me ayudó a comprenderlo. Creo que depende de cuán cercana he sido a la persona que es sujeto de esa visión. —¿Cómo cercana? ¿En emociones o proximidad? —No puedo estar cien por ciento segura, por supuesto, pero creo que es la proximidad. Una clase de proximidad muy específica. Mi poder para amortiguar y luego absorber los poderes de otros Nightwalkers, para ser exactos. Absorbí los poderes de Elijah
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    repetidamente durante elaño pasado, en cierto modo, porque me siento conectada con él. Casi como si una parte suya permaneciera viviendo dentro de mí. Lo mismo es cierto en el caso de Legna, y Jacob, y también tú, Noah. Antes de aprender a controlar esta habilidad como lo hago ahora, accidentalmente tomé esa parte de ti dentro de mí misma. Creo que la razón por la que las visiones me abrumaron mientras estaba buscando a Elijah era porque estaba igualmente abrumado por las lesiones y el dolor. —Es una forma de empatía —remarcó Legna, su propia empatía la hacía una experta. —Sí, así es. Y aunque Amos fue de gran ayuda estabilizándome de la dura realidad de las exhaustivas visiones, a medida que el tiempo ha ido avanzando, esto se ha hecho menos necesario. Creo, con todo mi ser, que Elijah ha sido llevado a un lugar seguro y está siendo sanado todo este tiempo, permitiéndome estar más tranquila y relajada a medida que la urgencia va pasando. También siento que retornará a nosotros pronto. —Gracias, Destino —exhaló Noah súbitamente, un peso de proporciones apremiantes que finalmente se descargaba de sus hombros—. Bella, estoy tan contento de escuchar eso. —Pienso que en el futuro —habló Gideon— y hasta que estés más fuerte y experimentada, necesitas limitar los casos de absorber los poderes de otros. No podemos cambiar lo que ha ocurrido, pero hay mucho que no sabemos sobre los humanos/Druidas híbridos, Isabella. No eres como ninguno de los Druidas que conocí hace milenios. Tú hermana lo mismo. Los poderes de Corrine… —¿Qué pasa con ellos? Los reunidos ante la chimenea levantaron la mirada para ver exactamente a la pelirroja en cuestión de pie en el centro del pasillo, las manos en las caderas, su esposo Kane detrás de ella. Fue aproximadamente en el mismo momento en que el familiar olor del sulfuro y el humo, residuo usual que un joven Demon Mental dejaba atrás cuando se teletransportaba de un lugar a otro, llegó hasta el grupo. Bella se acercó a abanicar para alejar el olor del bebé dormido, deseando que Elijah ya estuviera ahí para que desvaneciera los vapores con una brisa.
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    —Que no soncomo lo que debieran ser —terminó Gideon. Kane se estaba volviendo mejor en lo de la teletransportación, reflexionó. Era raro que siendo tan joven pudiera escabullirse en un grupo de adultos Demon altamente experimentados. —Vaya, vaya, miren lo que arrastró el humo —los saludó con ironía Noah—. ¿Dónde estábais vosotros dos? De inmediato Corrine se puso de un rojo brillante, pasando la reacción a su compañero, que también se sonrojó bajo su bronceado natural. —Llámalo una atrasada luna de miel —explicó avergonzado Kane—. Ha habido tanto desde la boda, con la búsqueda de Ruth y Mary y luchando en los esporádicos ataques contra nosotros, que le pedí a Elijah que nos diera unos días libres. Dijo que podíamos. —Eso explica porqué os preocupásteis tanto en escuchar mi convocatoria —se burló Jacob, sintiéndose afable sobre eso ahora que Bella estaba a salvo y saludable de nuevo. —Así que, ¿para qué nos necesitan? ¿Y por qué estamos hablando de mis facultades? —Preguntó Corrine, dirigiéndose hacia ellos, su esposo siguiéndola. Lo condujo hasta una silla donde se sentó obedientemente y encontró asiento en su regazo. —Es una larga historia. Basta con decir —dijo Gideon— que hay algunos inconvenientes en las facultades Druidas que se salen de mi experiencia. —Ah, grandioso —dijo Corrine secamente—. ¿Finalmente empiezo a hacerme con las mías, y ahora me dices que va a haber ramificaciones? —En primer lugar, Corrine, no creo que hayamos visto todas tus habilidades todavía. No creo que la habilidad de buscar compañeros Druidas sea todo lo que hay en ti —Gideon tomó asiento y cruzó las piernas casualmente—. Y los dos Druidas que recientemente encontraron son un buen ejemplo de la diversidad de híbridos que parecen haber sido dotados con ello. Uno puede volverse invisible, caminando a través de las paredes y de todo objeto sólido. El otro no sólo tiene el don del vuelo, sino la extraña habilidad de detectar la presencia de otros Nightwalkers.
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    —Pienso que seríasabio para todos los Druidas ser cuidadosos en cómo usan sus habilidades. Si Bella tiene una desventaja, podemos apostar que el resto de ustedes la tendrá —Noah levantó la mano del bebé de Bella al fin, frotando ambas distraídamente—. La verdad, tiene sentido. La naturaleza siempre provee una medida de equilibrio. Os ha dotado con la inmortalidad y una rápida curación, así como una variedad de poderes. Es su manera de equilibrar esto, compensándolo con una debilidad. —Así como nuestros poderes e inmortalidad son vulnerables a la presencia del hierro —añadió Jacob. —Quieres decir que cada héroe y heroína tienen su kriptonita —dijo Bella. —Exactamente —concordó Legna—. Los Licántropos tienen la plata. Los Dwellers tienen la luz. Para los Mistrals es la agorafobia. —Los Vampiros tienen el sol —añadió Kane. —Sí. Pero todos lo entienden y son consecuentes con esas debilidades, y aprenden a adaptarse para evitarlas y el peligro que representan. Hasta que lo sepamos específicamente, cada Druidas debe ser cauteloso, estáis en un peligro razonable —Gideon se aseguró de mantener nivelada la mirada en las dos Druidas presentes—. Quedaos cerca de vuestros compañeros, señoras. Serán los que potencialmente estarán más cerca de protegeros. —Esperad un minuto —se quejó Corrine—. Creía que nuestra kriptonita era el hecho que necesitamos mantenernos expuestas a la energía de nuestros compañeros regularmente. Es por lo que yo casi muero, ¿no? Es por lo que el compañero de Mary murió. Porque no nos dimos cuenta que ya se había expuesto, al igual que yo había estado expuesta a Kane. Es por lo que empecé a morir de inanición. A causa de la carencia de esa energía necesaria. Ustedes apenas me encontraron a tiempo y me ha tomado todo este tiempo recuperar lo que perdí. Según tú, aún me sigo recuperando. —Tiene razón —señaló Kane. —Sí. Pero deberías recordar que los Vampiros también pueden ser envenenados con la sangre de los usuarios de magia. Y que los Licántropos no pueden soportar que les agarren del pelo —Legna se
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    inclinó hacia delantemientras explicaba—. No hay absolutos, Corrine. Si actuáramos como si los hubiera, nos lastimaremos a la larga. —Sí. Por supuesto —Corrine se ruborizó hasta que casi emparejó el color de su enrollado cabello largo. Agitó una mano—. No me hagáis caso. Sólo he estado en el planeta treinta años, ¿qué sé yo sobre esto? —Era un buen punto, querida —le aseguró Kane—. Sólo aprendes haciendo preguntas. —No lo puedo creer —habló Jacob de repente, riéndose con sorpresa—. Mi hermanito no acaba de repetir algo que he pasado un siglo tratando de meterle en el cerebro, ¿no? —Creo que sí lo hizo —especuló Noah con un zumbido de interés. —Creo que debería irse de “luna de miel” más a menudo —les tomó el pelo Bella, carcajeándose cuando el par se sonrojo intensamente una vez más. Instintivamente, Siena se llevó las manos a la garganta al sentir de repente la falta del distintivo de su cargo. Aquella pieza de joyería significaba mucho más que su reino. —Elijah —dijo suavemente sin apartar los ojos de la expresión de sorna difícilmente reprimida de su hermana. Ni siquiera tenía que decir su nombre. El guerrero ya sabía lo que quería. Dudó durante un segundo, asaltado por la renuencia a dejarla ir que no podía comprender. Lentamente, soltó las manos de alrededor de su cintura, se apartó y, con un solo movimiento ágil, se colocó en el borde de la piscina. Inmediatamente abandonó el área de la piscina y avanzó con fueres zancadas hacia las habitaciones traseras de la cueva. Syreena le miró marchar con las cejas levantadas tanto de curiosidad como de agradecimiento mientras examinaba a conciencia el cuerpo desnudo. Después enfocó sus fruncidas cejas hacia su hermana.
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    Siena ya habíasalido también del agua y el líquido hacía que su cuerpo desprendiera vapor al aproximarse a su hermana con hostil rapidez. —Siena —advirtió Syreena levantando instintivamente una mano para protegerse. Siena se acercó tanto que estaban casi nariz contra nariz y tenía las manos apretadas en puños. —Préstame cuidadosa atención, Consejera —susurró en una intensa advertencia con los ojos dorados llameando con humor como lava fundida—. No le des mi título a nadie hasta que no te de permiso para hacerlo. No voy a tolerar esa insolencia, ni siquiera a mi hermana. —Si no querías compartir el título, Siena, entonces no deberías haber dormido con él. —Lo que ha pasado aquí es asunto mío y sólo mío. Yo estableceré las ramificaciones de mis acciones, Syreena. Ni tú ni nadie va a imponerme sus opiniones. —Desde luego que no, Vuestra Alteza —Syreena inclinó la cabeza en una reverencia completamente formal de reconocimiento—. Vuestra autoridad está, por supuesto, por encima de cualquier otra. Nada más lejos de mi intención que contradeciros. —Siempre me contradices —dijo Siena, suspirando pesadamente mientras se pasaba la mano por el pelo empapado—. Ven. Jinaeri me ha dejado ropa en la habitación de atrás. Hace demasiado frío como para quedarme aquí discutiendo desnuda. Syreena asintió y siguió a su hermana hacia el fondo de la cueva. No se veía al Demon por ninguna parte pero Syreena podía sentirle en la habitación justo detrás de la chimenea. Siena estaba inusitadamente nerviosa mientras le tendía uno de los vestidos de Jinaeri a su hermana y se ponía otro. Syreena se sentó en un extremo del sofá intentando ser lo menos entrometida posible. Para su sorpresa, el guerrero no siguió escondido en la habitación trasera. Hizo una limpia aparición, vestido un poco más apropiadamente con unos pantalones.
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    Elijah miró aSiena y después a la otra hembra con ojos perspicaces. Nunca había visto a una Licántropo como la mujer que había irrumpido en su intimidad. El pelo bicolor era suficiente como para inspirar curiosidad. Lo tenía tan largo como Siena pero más espeso y liso cayendo por su cuerpo. Habiendo aprendido un poco más sobre la importancia del pelo de los Licántropos, Elijah supo que esta intrusa era algo extraordinario. Volvió su atención a Siena. La falda del vestido que acababa de ponerse hacía frufrú al acercarse al fuego y a la encimera. Sintió profundamente su angustia y la lucha interna para serenarse. Estaba preparando la cena como si fueran a tener una fiesta informal en vez de… en vez de lo que quiera que estuviera pasando. Un momento para hacer un cálculo a ojo. En el momento en que cometió el error de pasar cerca suyo, la agarró por el brazo y la arrimó a él. —¿Tendrías un momento? —Le preguntó, con la mirada desafiándola a discutir. Asintió y le dejó que la llevara a la habitación de atrás. En el momento en que estuvieron fuera de la vista de su inesperada visitante, la puso de espaldas contra la pared y la atrapó con una mano a cada lado de los hombros. —Sé lo que estás pensando, gatita —dijo suavemente, con los ojos color de jade metiéndose profundamente en su alma—. Estás pensando que vamos a hacer como si esto no hubiera pasado. Que vas a escaparte con tu pequeña confidente de vuelta a tu mundo y yo no seré más que un recuerdo fascinante. —¿Cómo puedes presumir que sabes lo que estoy pensando? — Preguntó con la respiración aguda y rápida. Aunque el rubor de su piel la delataba con bastante efectividad—. ¿Y qué alternativa propones? ¿Qué me enamore de ti y me hagas tu novia? —Se rió suavemente, sin aliento y el sonido era desdeñoso y crudo—. No tengo la más mínima intención de llevarlo más allá de esta cueva y sé que lo entenderás. —Sí que lo entiendo —reconoció—. Pero no recuerdo haber accedido. Te pregunté qué era lo que querías, Siena y me lo pusiste
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    completamente claro. Yhasta que dejes de desearme, esto no se terminará. —Créeme, guerrero, mi deseo por ti terminará en el momento en que cruce el umbral de esta cueva. Elijah no discutió con ella. Sólo le acarició la mejilla. Ella apartó la cabeza pero había pánico en sus ojos. La siguió con facilidad y posó los dedos sobre la mejilla arrebolada. Con intención resuelta, las yemas de los dedos se deslizaron bajo su oreja y después iniciaron un recorrido por el cuello que tan fácilmente la excitaba. Sintió como se ruborizaba y se henchía a un nivel puramente espiritual. Cuando la caricia volvió a su cara se volvió contra su palma y sus labios hociquearon las callosidades mientras cerraba los ojos. —Elijah —susurró y su aliento se condensaba en la palma que la acariciaba—. Mis sentimientos, mis deseos —se corrigió—, son irrelevantes —le miró a los ojos con el peso de sus responsabilidades brillando en las pupilas doradas—. Tú eres un Demon. Yo soy la Reina de una raza que todavía siente la mordedura de tu espada. Pronto encontrarás a otra con la que estar que sea más apropiada. Esto… —Siena se apartó de repente, intentando ignorar los sentimientos de pérdida consiguientes—. Esto se acaba aquí. Se escabulló de su abrazo, pero era tan rápido como ella y la volvió a tener contra sí en lo que tarda un latido. La sujetó por el pelo para mantenerle la cabeza quieta mientras la besaba y la otra mano encerraba su antebrazo contra el pecho. Siena sintió un pánico intenso deslizarse por el centro de su ser cuando abrió la boca cediendo a su demanda, a la marca decidida de él que quemaba profundamente su alma. El mensaje era violentamente claro. Lo que había entre ellos no se había terminado y se lo iba a demostrar de cualquier forma que fuera necesaria. No importaba que coste supusiera para ambos. La dejó ir despacio, primero las manos, luego los labios. Tenía los ojos oscuros y serios cuando se apartó, levantó los brazos y se convirtió en una brisa otoñal fresca y fría con un simple pensamiento. Pasó sobre ella, a través de ella, haciéndola inhalar con súbita sorpresa cuando su aroma se deslizó sobre el pelo y la piel.
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    Lo único quequedaba de él eran los pantalones prestados y el anillo de pelo que había sellado la herida de su pecho todo este tiempo. Elijah vivía en los Estados Unidos, así que forzosamente, tenía que terminar el viaje en una localización cercana al bosque ruso que acaba de dejar. La casa de Noah en Inglaterra era el sitio más cercano en que podía pensar así que se dirigió a uno de los dormitorios de arriba, donde se solidificó tomando su forma biológica, derrumbándose y cayendo de rodillas, apretando la herida sangrante de su pecho. Casi no notó la mordedura del suelo de piedra en las rodillas. Noah sentiría su energía en cualquier momento y le encontraría. Antes de que eso pasara, necesitaba agua y jabón para deshacerse del aroma de la Reina de los Licántropos. Odiaba tener que hacerlo. Aunque se puso de pie y se dirigió al cuarto de baño cercano, podía sentir el llanto persistente de aquella parte profundamente en su interior a la que Siena se las había ingeniado para llegar. El lugar que necesitaba su aroma colgado de él hasta que pudiera encontrar una forma de convencerla de que volviera a sus brazos. Llevaba bajo la ducha menos de cinco minutos cuando oyó abrirse la puerta de la habitación. Para entonces, estaba tan débil por la pérdida de sangre que tuvo que sentarse en un rincón de la ducha. Con el agua deslizándose por el pelo, intentó enfocar en la puerta que se abría. Para su sorpresa, no había sido Noah quien sintió su presencia y había subido a buscarle. Era Isabella. Jadeó con asombro cuando le vio y vio toda la sangre corriendo por las losetas de la ducha. Se apresuró a acercarse pero de repente se paró con una sacudida, con la mano sobre la frente, como si estuviera sufriendo un asalto mental.
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    — ¡Bueno entonces,sube aquí! —gruñó con ferocidad al interlocutor invisible—. Y tráete a Gideon. Sin demora, ignoró lo que, claramente, había sido una queja voluble de su marido notoriamente posesivo y se acercó a Elijah. Cerró los grifos y, sin preocuparse por la suerte de su hermoso vestido blanco, se arrodilló a su lado en el charco de agua y sangre que todavía quedaba en el suelo de la ducha. —Eh —la saludó con una lánguida sonrisa—, Jacob te va a matar. —Sí, bueno, tendrá que subir para hacerlo y es lo único que me importa en este momento —cogió una toalla de al lado de la ducha y la apretó contra la herida, presionando con todo su peso. Era una cosita tan pequeña de pies a cabeza que Elijah apenas la sentía—. Hemos estado tan preocupados por ti —susurró, inclinándose para besarle en la frente mientras le quitaba de los ojos el pelo empapado. —¿Es que un hombre no puede cogerse unas pequeñas vacaciones? —Bromeó, encogiéndose de dolor cuando la puerta del baño se abrió bruscamente, rebotó hacia atrás y casi se estrelló contra la cabeza de Jacob. —¡Joder, Bella! —Por favor, ¿podrías dejarlo estar, Jacob? —le respondió—. ¿Cuándo se te va a meter en esa cabeza tan dura tuya que estoy tan Vinculada en este matrimonio como tú? Estoy empezando a cansarme. Jacob nunca había sido el receptor del temperamento de su esposa en todo el año que había pasado desde que se habían conocido. Le dejó consternado que Gideon tuviera que apartarle físicamente para poder acercarse a su paciente. Bella se apartó para que el médico pudiera pasar sobre ella y ponerse en cuclillas al lado de Elijah. —Bueno, parece como si la gata te hubiera arrastrado —dijo, poniendo una mano sobre la frente del guerrero y cerrando los ojos para identificar los daños causados al cuerpo maltratado del luchador.
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    Gideon no comprendíapor qué Elijah encontraba su comentario tan terriblemente divertido pero el guerrero se reía tan fuerte que Bella le pellizcó en el brazo para que parara. —No puedo mantener la presión en la herida si tu pecho sigue subiendo y bajando. Además, Gideon nunca ha sido tan gracioso— dijo ella, lanzándole una burlesca mirada. -¿Qué te llevó a tomar una ducha, Elijah? Eso podría haber esperado-. Gideon movió la cabeza perplejo, apartando a Bella para poder inspeccionar la peor herida. –Jugando con hierro otra vez, por lo que veo. —Bueno, sí, los otros niños no jugaban limpio —murmuró el guerrero. Gideon miró a Jacob, que estaba de pie torpemente en medio de la habitación. —Bueno, ¿vas a retarle a duelo o te importa si donas un poco de sangre? —Preguntó Gideon. Bella se levantó quitándose de en medio del camino de su marido, echándole una mirada que podría haberle hecho pedacitos. Jacob se acercó a sus amigos y se dejó caer sobre la rodilla. Extendió la muñeca hacia el médico que la sujetó con una mano y con la otra sujetó la de Elijah. —Lo siento —murmuró Jacob al Capitán. Y estaba claro que lo decía sinceramente. —Ahórratelo para tu esposa, amigo. Está más preocupada que yo. Has sido un imbécil cabezota durante toda mi vida. Estoy acostumbrado. Ella no. El color volvió a la piel de Elijah mientas que la de su donante palidecía. Pese a su resentimiento, allí estaba Bella para ayudar a sentarse en la cama a su débil compañero. Una vez que su paciente estuvo fuera de peligro de muerte inminente por desangramiento, Gideon empezó a sanar la herida. Tenía las manos apretadas contra la carne desgarrada y estaba completamente absorto en su trabajo. Elijah sentía el estiramiento peculiar que conllevaba la cicatrización de los tejidos profundamente en el interior de su pecho.
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    —Vas a tenerque decirme exactamente cómo has conseguido sobrevivir tanto tiempo con esta clase de herida. Está medio curada. Uno pensaría que tendrías el sentido común de quedarte quieto hasta… Gideon se detuvo de golpe, frunciendo las cejas plateadas hasta que se convirtieron en una línea mientras inclinaba la cabeza e intentaba analizar lo que estaba experimentando. Cuando aquello ojos agudos del color del mercurio se hundieron en los de Elijah, el guerrero supo sin ninguna duda que el Antiguo, de alguna manera, tenía una idea de los que había pasado los últimos días. Pero, para su alivio, el médico se limitó a subir una ceja con curiosidad. Eso fue todo. Gideon volvió a su trabajo sin decir ni una palabra más.
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    CAPÍTULO 7 Siena caminaba a lo largo de la sala del trono con los brazos cruzados sobre el pecho, mordisqueándose el labio inferior mientras le daba vueltas a todo lo que le había pasado últimamente. Cualquier esperanza que hubiera tenido de mantener un aire de normalidad se había ido por la ventana en el momento en que comenzó a acercarse a la sala de recepciones anexa al salón del trono que estaba atestada de gente. Sabía que no podría sobrevivir a semejante escrutinio, que se volvería loca intentando mantener este repentino secreto, si se veía forzada a enfrentar el tumulto de sus súbditos. Así pues tenía que hacer uso de una ruta hacia su habitación menos conocida y bastantes menos transitada. Puesto que su vuelta no había sido anunciada como siempre lo era, nadie la esperaba. Le era posible vestirse discretamente y tomar otras disposiciones enfocadas a la discreción. El salón del trono y las salas de recibo adjuntas habían sido desalojadas siguiendo sus órdenes, las mismas que se vieron reforzadas por un gruñido bajo de enfado cuando le preguntaron por lo inusual de esto. Siena también sabía que la indumentaria que llevaba, un caftán color aguamarina de seda, era observada con ojos inquisitorios. La brillante indumentaria era en cierta manera conservadora para ella, llevaba capucha y le llegaba a los tobillos. Pero era la Reina y estaba muy claro que no toleraba preguntas ni dudas ante sus órdenes. Había despedido a todas sus damas y compañeras, a todos los pajes y consejeros, dejando que permanecieran en su esfera sólo las dos hembras que permanecían en las oscuras sombras observando sus movimientos. Era altamente consciente de su curiosidad y podía sentir sus miradas sobre ella. Siena permitía amplias licencias en su corte y su puesto. No era propio de ella pedir soledad tan absoluta. Incluso su guardia personal permanecía fuera. Syreena la miraba pasear de un lado a otro con los rasgos bicolor atormentados por la misma expresión confusa y aturdida
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    que la habíaacosado desde el momento en que había sorprendido a la Reina en el más comprometedor abrazo con, de todos los seres del mundo, el mismísimo Carnicero Demon. El hombre que había matado a su padre. Syreena podía ciertamente apreciar que el guerrero le había hecho un favor al igual que su hermana y otros tantos habían hecho, pero un buen trabajo en una muerte no equilibraba la balanza con los miles de otras muertes a lo largo de los siglos. No había ni una especie entre ellos que no hubiera perdido a alguien cercano bajo la espada del Carnicero Demon. Siena debía haber perdido completamente la cabeza para elegir un hombre como ese por compañero. Sólo el hecho de que hubiera decido emparejarse ya era de por sí asombroso. Aunque había muchas cosas que Syreena no sabía de su hermana después de haber vivido durante ciento treinta años en el Monasterio de “The Pride”, sabía que Siena era una mujer que se enorgullecía no sólo de su férreo control sobre todas las cosas, sino principalmente de su control sobre la monarquía. Había oído a Siena predicar contra las maldades y los horrores de los machos hostiles y agresivos y su odio hacia su propia madre por escoger a un hombre de esas características y permitirle arrastrarles a la guerra durante tres oscuros siglos. Había jurado que antes permanecería virgen y dejaría su trono a una heredera que emparejarse con un macho quien codiciosamente agarraría la mitad de su monarquía. De cualquier modo, Syrenna no tenía dudas de que Siena había roto todas sus promesas y lo había hecho con un deje de gloriosa ironía. Syrenna los había visto desnudos uno en brazos del otro, la Reina tozuda y fría y el guerrero inmisericorde y destructor, besándose con remarcable fervor y ambos marcados clara y mutuamente con los signos de lo que, sin duda, había sido un apasionado encuentro amoroso. Syrenna aún no podía reconciliar la imagen con lo que sabía que era su hermana, con todo lo que su hermana había despotricado durante esos catorce años referente a mezclar la monarquía y ciertas maldades masculinas. Quizás Anya pudiera discernir mejor todo este asunto, pero Syrenna había jurado no revelar nada de todo esto, ni siquiera a la mestiza que conocía hasta el rincón más secreto de la mente y el corazón de la Reina. Así pues, la Princesa se veía relegada al inútil
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    balbuceo de suspensamientos, intentando reconciliar tantas cosas que habían pasado en tan poco tiempo. Por supuesto que Syrenna siempre había hecho caso omiso de los prejuicios de su hermana contra los hombres y era la hermana que de verdad anhelaba un marido, un hogar y unos hijos. Sabía de dónde venía esa ira y sabía que Siena se vería forzada a reevaluar sus opiniones cuando fuera más sabia… o estuviera más sola, pero la Princesa nunca hubiera sospechado que una situación tan explosiva fuera la que hiciera la luz en Siena y mandara al diablo todas sus teorías. La piedad se mezclaba con la diversión y se retiró más hacia las sombras para que su hermana no pudiera sentir ni sus pensamientos ni sus sentimientos y se encolerizara con ella. Anya escuchó a Syrenna moviéndose pero mantuvo los ojos fijos en la imagen de la hembra real que paseaba lentamente por el salón abrazándose con los brazos, como si necesitara consuelo. El silencio inusual la preocupaba y la hacía estar inquieta y alerta. —Esto no es propio de ella… —Anya intentó poner en palabras sus pensamientos y miró a Syrenna en busca de ayuda. —Retírate —suplicó Syrenna—. Suele venir a nosotras directamente cuando algo la confunde o la molesta. —¿Qué crees que ha pasado? —Susurró Anya. —No puedo ni imaginármelo —mintió Syrenna con facilidad— . Está pálida. Si no me equivoco, le ha dado enfermedad del sol. —¿A Siena? —Anya soltó un resoplido de incredulidad—. A Siena no le afecta el sol como al resto de nosotros. —Ni a mí. Pero eso no nos hace inmunes. Incluso los que tardamos más en enfermar por el sol, tenemos síntomas sin nos exponemos demasiado tiempo—dijo la Princesa quedamente. Syrenna cruzó los brazos sobre el pecho y miró el suelo de piedra bajo sus pies como si estuviera estudiando el diseño grabado a mano. —Es muy raro que se haya pasado tanto tiempo sola para volver tan inquieta —dijo Anya—. Algo le ha pasado para ponerla así.
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    —Yo no empezaríaa especular. Creo que nos lo contará a su tiempo. Anya miró a la otra mujer estrechando los ojos intensos como los de un zorro. —¿No viste nada cuando la encontraste? Syrenna se volvió hacia la mestiza sus ojos de dos colores. —¿Cómo qué? —No sé. —murmuró la medio bruja. —Es que tengo la sensación de que se me escapa algo. Siena no… huele bien. —Si dices algo así en alto, al final te encontrarás atada al final de una correa —susurró la Princesa haciendo que la otra mujer se riera—. Sólo podemos esperar que en su momento venga a nosotras para discutir lo que sea que le pase —añadió Syrenna—. Por el momento, no pienso tomar parte en los cotilleos que tanto te agradan. —Mis cotilleos han sido muy útiles a la corte en muchas ocasiones —replicó Anya. Después se rió bajito—. Pero te voy a decir esto, en lo que respecta a la búsqueda de confianza de la Reina, me alegro de no ser consejera de la corte ni Consejera Real. A juzgar por la forma en que ha despedido a la corte, lo que quiera que la inquieta a de ser una cuestión de política y la tiene bastante molesta. Los agravios políticos entran en tu ámbito, siendo consejera. El mío se limita a lo personal y a sus habilidades en la lucha. Y por una vez, estoy agradecida de que no tenga otra vida personal fuera de hacerte la vida imposible. —Lo tendré en cuenta —dijo Syrenna con sequedad. Siena era consciente de que sus dos más allegadas delegadas estaban cuchicheando con las cabezas juntas, sin duda estaban cavilando sobre su comportamiento. Sabía que Syrenna no rompería el voto de silencio que la había obligado a jurar, así que por ese lado no estaba preocupada. Todavía no estaba preparada para discutir sobre el asunto con nadie. Apenas estaba preparada para enfrentarse con sus propios pensamientos.
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    La Reina continuópaseando arriba y abajo del salón enorme, restregándose las manos de cuando en cuando, en un intento de calentar la sensación de frío que le llegaba al alma. Estaba metida en un lío. Lo tenía muy claro. Para empezar, el tema del collar perdido. El collar era un trabajo de magia y leyenda. Material de las historias con las que se había criado la totalidad de la sociedad Licántropo desde la infancia. Todos los miembros de la familia real poseían collares místicos, cada uno de diferente forma y estilo en virtud del rango y la importancia del propietario, desde el nacimiento hasta la muerte. Estas intrincadas piezas de joyería, eran unas complejas series de acertijos, diseñadas de determinada forma por razones específicas. Crecían y menguaban de tamaño cuando el portador cambiaba de forma y nunca se salían del cuello, siempre transmitían el status de su dueño. Los misterios legendarios iban aún más allá. En primer lugar, sólo los miembros de The Pride podían llevar un collar. Sólo los miembros de The Pride conocían los secretos que permitían unir los complejos eslabones. Se debía a que de ésta forma, las insignias reales no se podían duplicar ni forjar ni ser usadas más que por los legítimos herederos al trono. Aunque eran de oro, estaban encantados, lo que los hacía indestructibles y por tanto no podían ser arrebatados por enemigos, ladrones o los mismos monarcas por la razón que fuere. Y para más seguridad, los collares no los podía quitar ningún miembro de The Pride, los acertijos nunca funcionaban en sentido contrario y era imposible revelar sus secretos. Siena había escuchado toda su vida que su collar sólo se podía quitar de dos formas. O el portador era decapitado… …o por el destinado toque del verdadero compañero del portador. Los místicos aseguraban que sólo el tacto del compañero perfecto de un alma de la realeza podía liberar el collar. El macho o la hembra que lo consiguiera estaba destinado a casarse con el
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    propietario, no habíavuelta de hoja. ¿Qué otro podría desvelar el imposible acertijo con que los sabios llevaban lidiando sin éxito desde hacía cuatrocientos años? Sólo uno. El único perfecto. Un alma tan real y complementaria como la del propietario del collar. La idea hizo que el estómago de Siena se retorciera de náuseas y de un miedo que nunca antes había conocido. Ahora que le habían quitado el collar, sólo podría volver al cuello de la reina de las manos de un miembro de The Pride o, si las leyendas eran verdad, por la mano del amante que lo había quitado. El acertijo estaba fuera del conocimiento de Siena y era así a propósito para impedir que el gobernante que lo llevaba hiciera exactamente lo que Siena intentaba hacer… ocultar el hecho de que había tomado compañero. Su verdadero compañero, si las leyendas tenían razón. —Esto es de locos —siseó Sienta por lo bajo girándose para volver a caminar arriba y abajo del salón. ¿Un Demon el compañero predestinado de una Licántropo? ¿Qué importaba que fueran tan… compatibles? Dejando de lado la química y la sexualidad, se necesitaba mucho más que la habilidad de tener buen sexo para regir a miles de personas. Metió la mano en el bolsillo de su caftán, cerrándola con fuerza sobre los eslabones del collar. Subió los escalones hasta el trono y se sentó lanzando una dura mirada durante un largo minuto a las mujeres que cuchicheaban ante ella. Syrenna sabría como devolver el collar a su legítimo lugar. Había vivido entre The Pride más de un siglo. Quizás hubiera aprendido el secreto durante su estancia. Pero Siena sabía que no podía pedirle a Syrenna que traicionara a sus mentores. Hacerlo sería como si alguien le pidiera a ella que reiniciara la guerra. Y ahora más que nunca, tenía una razón para despreciar tan abominable idea. ¡No!, gritó en su mente. ¡No hay más razones ahora de las que había antes! Eso significaría que albergo ciertos sentimientos por… y no es así. La Reina se puso de pie y después del tiempo que dura un latido, volvió a pasearse.
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    Necesitaba una solucióna este interrogante y la necesitaba ya. De ninguna manera iba a presentar en su corte al macho Demon de infame renombre, nombrarle rey y sentarlo a su lado. A tal guerrero. La idea iba en contra de cada buena intención que albergaba para que su gente tuviera un futuro más brillante y pacífico. Había tenido la intención de regir en soledad hasta el día de su muerte y, de alguna manera, iba a encontrar la forma de llevar a cabo su plan. Antes se ahorcaría que tomar parte en semejante abominación que iba en contra de todo aquello en lo que creía. Y maldita fuera si volvía a llevarse a la cama a ese hombre. Siena se detuvo en sus paseos cuando una aguda agonía la recorrió ante la mera idea. Casi no podía respirar por el dolor y apretó los puños sobre su útero, donde dolía con más intensidad. Se sentía tan vacía, tan privada de vida y cordura cuando pensaba en abandonar a Elijah para siempre. Le había prometido que no sería el fin y, que la Diosa la ayudara, cada molécula de su cuerpo aullaba para que él cumpliera su promesa. Siena se dejó caer al suelo con un sollozo, doblándose por el dolor y la náusea de la traición a sí misma. Sabía que le deseaba, sabía que sus células gritaban por el alimento que suponía su cuerpo duro y agresivo a su alrededor y en su interior. La había llevado a cotas increíbles, a placeres inimaginables y, como si fuera una drogadicta, la idea de no volver a tenerlo le era casi insoportable. Pero tenía que encontrar la manera de soportarlo. Tenía que romper el hechizo, desafiar la magia de la leyenda que proclamaba que era perfecto para ella. Tenía mucho más que considerar que su propio cuerpo. Había miles de personas que contaban con que hiciera las elecciones más sabias y consideradas que pudiera para asegurar su bienestar. Eso era algo que no había hecho cuando cayó en brazos de Elijah. Desafortunadamente, hacía unos días había elegido salvar la vida de un hombre y, al parecer, desde ese momento no había hecho nada bien. Siena estaba decidida a cambiar eso. Habían pasado casi dos días desde que se habían separado. Pero todavía sentía su presencia pegada a ella. Sabía que Anya
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    sospechaba algo, inclusosin que hubiera dejado que su General mestiza se acercara lo suficiente como para olerla. Aunque era mucho más que eso. Era como si el guerrero Demon la siguiera a todas partes. A veces imaginaba que podía sentirle tocándola. En su mente. En su cuerpo. La obsesionaba en una mezcla de recuerdos y fantasías que siempre dejaban ríos de calor corriendo por su sistema. Si esta obsesión era la naturaleza del emparejamiento no quería formar parte de ella. Ahora menos que nunca. Pensarlo la volvía loca, tanto en mente como en temperamento. Tan pronto como se curara de la enfermedad del sol iría a la corte Demon y exigiría a Noah que resolviera el problema haciendo que su Capitán se mantuviera apartado de ella. Desechó la idea en cuanto lo pensó. Lo último que necesitaba era estar en cualquier sitio donde Elijah pudiera encontrarse. Quedaban pocos días para Samhain y, gracias a Gideon, conocía lo suficiente de los Demons para saber que si estaba en su territorio durante ese breve espacio de tiempo sería como soltar al gato en la perrera. Sólo le faltaba tener que luchar contra el poder de la pasión y la seducción irresistible del guerrero Demon magnificada por la Luna Sagrada hasta una intensidad más allá de lo que había experimentado hasta ahora. No confiaba en tener fuerzas para resistirse llegados a ese punto. Siena se puso de pie nuevamente, deslizando las manos por el estómago mientras paseaba, frotándolo delante y atrás en un gesto calmante que era habitual en ella cuando estaba tensa. Pero algo había cambiado en la sensación que le producía, haciéndola más sensual que reconfortante como siempre había sido. De repente, se dio cuenta que podía sentir su toque en el torso tan claramente como si fuera él quien estuviera tocándola. Los pechos, el vientre y las caderas parecían arder con la huella de sus manos hasta el punto de preguntarse si no estaría resplandeciendo brillantemente con las malditas huellas de sus manos mostrándose para que todos las vieran. Podía oler el almizcle masculino de su aroma en la piel y se preguntaba si los demás también podían. ¿O era sólo la locura de esta insostenible situación que la hacía creer en una ilusión? Se había bañado más de una vez desde que se habían separado pero su olor no se iba de sus sentidos.
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    Seguro, se estabavolviendo loca. Siena cruzó el salón hacia el trono, otra vez. Pero no se sentó. Era el símbolo de tantas cosas que estaban en juego. De ninguna manera podía quedarse quieta, allí sentada. La Reina de los Licántropos retomó sus paseos bajo la atenta mirada de sus compañeras. Isabella se inclinó sobre Elijah apartándole el pelo de la frente y se mordió el labio preocupada. El guerrero había estado saliendo y entrando del sueño intermitentemente hasta que al final había caído en un sueño agitado. Algo totalmente inusitado en alguien bajo los poderosos influjos del sueño de Gideon. Normalmente el sueño reparador era suave, tranquilo y calmado y permitía que la curación se llevase a cabo en menos tiempo. El guerrero no había contestado ninguna pregunta de aquellos que estaban perplejos por sus heridas y por las pistas que los trances visionarios de Bella le habían dado de sus actividades durante su desaparición. La curación de las heridas de Elijah había sido muy sencilla para el anciano médico. Gideon había sido muy meticuloso al extraer el hierro, las bacterias y gran cantidad de otros residuos perjudiciales para el proceso de curación del cuerpo del guerrero. Aún así, había tenido la lengua quieta cuando los demás le preguntaron sobre la naturaleza de las heridas del guerrero y sobre cualquier sospecha que tuviera sobre dónde había estado el Demon todo ese tiempo. Todo lo que contestó fue que tendrían que preguntar a Elijah ellos mismos. Esto era lo suficientemente críptico para que el resto de los hombres estuvieran dando vueltas por los suelos de mármol del Gran Salón. Isabella no debería estar allí, no después de lo reciente que estaba la bronca que le había echado a Jacob. Quizás estaba acabándosele la paciencia pasando tanto tiempo junto al lecho del guerrero. No había tenido intención de perder los estribos, pero al final estaba contenta de haberlo hecho. Jacob era un hombre brillante, sofisticado y sabio con casi seiscientos años de experiencia a sus espaldas. Uno podría pensar que un hombre así estaría por encima de algo tan mezquino como los celos.
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    Había intentado comprenderque Jacob, no habiendo conocido nunca antes el amor, tampoco conocería los celos. No tenía experiencia con eso y necesitaba aprender como cualquier otra persona. Pero con su posesividad, avivada por una naturaleza imbuida con el temperamento y las habilidades de todos los animales de la tierra, necesitaría probablemente bastante más tiempo antes de poder dar rienda suelta a sus volátiles emociones. Mientras tanto, le estaba tocando las puñeteras narices a base de bien. Puesto que había pasado un milenio desde que el último Druida había vivido entre Demons, no había nadie salvo el longevo Gideon que supiera algo sobre los Druidas. Incluso Gideon era un niño por aquel tiempo, un jovencito con el conocimiento mínimo sobre los Druidas que su pueblo había intentado destruir en la guerra de aquellos tiempos. Se había reescrito gran cantidad de la historia desde entonces. La verdad estaba enterrada en la biblioteca de los Demons y no habían empezado a desentrañar la historia de los Druidas que allí se escondía. Junto con la erradicación de los Druidas había llegado la reducción de peticiones de Vinculación. La Vinculación de dos Demons, como la que Legna y Gideon acababan de hacer, ocurría una vez en un millón. Ahora se creía que desde el primer momento, el Destino había querido que los Demons encontraran sus parejas más perfectas entre los Druidas, las mismas criaturas que habían destruido sistemáticamente hacía un milenio. Fue escrito en una profecía que había estado perdida durante mil años. Sin Druidas no había Vinculación. Así que no había manuales en esta generación de Demons para el comportamiento y las emociones con las que un Demon debía lidiar durante la Vinculación. Y esto, desafortunadamente, significaba que andaban a ciegas, encontrando las respuestas según venían. Bella intentaba comprenderlo con todas sus fuerzas. Jacob era fuerte y ponía toda su sensibilidad en lo concerniente a su bienestar. Aprendería a lidiar con ello como ella había aprendido. No tenía duda de que aceptaría su ayuda y lo superaría. No debería haber perdido la paciencia tan fácilmente.
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    Isabella oyó abrirsela puerta a su espalda y miró por encima del hombro, viendo una cabeza pelirroja atisbando la habitación. Bella se puso un dedo en los labios y le hizo señales al visitante para que entrara. Corrine, la hermana de Bella y también, de forma bastante divertida, su cuñada, entró y arrimó una silla a su lado sin hacer ruido. Se inclinó hacia delante de manera que sus frentes casi se tocaban, como hacían durante toda su infancia cuando compartían secretos. —Sabía que estarías aquí —dijo Corr, cogiendo un rizo de su largo pelo rojo para mordisquearlo, un viejo vicio cuando estaba nerviosa—. Jacob te va a estrangular. —Preocúpate de tu marido que yo me preocuparé del mío — contestó Bella con voz muy baja pero claramente divertida. Los ojos violetas bailan de irreverencia—. Además, el día no está completo sin el sermón diario de Jacob. Sinceramente, espero que su hermano sea más tolerante. —Bueno, Kane nació unos quinientos años después que Jacob y no lo criaron en la Edad de Piedra —se rió Corrine suavemente—. Mi marido tiende a ser un poquito más moderno de pensamiento que su hermano. Isabella sonrió y cogió la mano de su hermana impulsivamente, dándole un cálido apretón. Siempre habían estado muy unidas pero, después de haber estado a punto de perder a Corrine hacía un año, había forjado un vínculo aún más fuerte con su hermana. Como se mencionó antes a su llegada al Castillo, Corrine se había transformado de un ser humano normal a un híbrido de Druida y humano como su hermana, después de un breve encuentro con su compañero Demon destinado, Kane. El contacto con un Demon genéticamente apropiado era el disparador del nacimiento del poder de un Druida. Incluso de híbrido de Druida. Aunque nadie sabía que existían los híbridos hasta que Isabella empezó el lento proceso después de haber estado expuesta a Jacob. Pero los Druidas necesitan constante exposición al disparador Demon desde el primer momento o sino se ponían enfermos y se “morían” de hambre.
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    Corrine había empezadoasí hasta que se dieron cuenta de lo que pasaba. Le llevó meses de exposición a Kane para recuperarse. De la misma forma que la víctima de un accidente grave tiene que pasar por un largo período de terapia, Corrine se había visto forzada a hacerlo bastante más lento de lo normal y había recuperado su poder lentamente durante el año pasado. Este roce con la muerte había sido el cemento que había forjado de nuevo la ya de por sí fuerte unión con su hermana. Además, con frecuencia recurrían la una a la otra mientras ambas se adaptaban al estilo de vida de una raza Nightwalker de cultura tan compleja como los Demon. Se habían ayudado la una a la otra a descubrir formas nuevas de controlar y utilizar sus habilidades en ciernes. —¿Sabe Kane que estás aquí? —No —Corrine le hizo un guiño conspirador—. Parece que nuestros hombres grandes y fuertes están durmiendo. Una de las bendiciones de ser medio humanas es que no nos vemos compelidas a dormir durante el día de forma tan fuerte como ellos. Qué extraño debe ser sentirse tan aletargado que no tienes más remedio que dormir, quieras o no. —Lo mismo les pasa a los humanos. Sólo que no nos limita a las horas diurnas y a veces podemos dilatar lo inevitable. Creo que Gideon ha llegado al punto en que puede permanecer despierto durante el día sin siquiera bostezar. —Es extremadamente fuerte —asintió Corr con el asombro patente en su voz—. ¿Intentas conseguir una premonición o sólo estas jugando a las enfermeras? —Un poco de las dos cosas —Bella volvió la cabeza ceñuda ante la forma durmiente de Elijah—. Nunca le había visto tan débil. No conseguimos que nos diga nada. Gideon le dijo a Jacob que las heridas no son recientes, que la herida del pecho había sido curada un par de días antes de que se volviera a abrir. Parecía como si la hubieran vendado y que cuando Elijah se transformó, perdió el vendaje sin darse cuenta y eso hizo que la herida volviera a abrirse. —Tiene suerte de haber llegado aquí vivo. Pero es un error que no esperarías que cometiera un Anciano —dijo Corrine.
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    —Yo estaba pensandolo mismo —dijo Bella uniendo de nuevo la cabeza con la de Corrine—. Algo le ha pasado. —Sí, es obvio. No necesito una premonición para saber que alguien le ha dado una buena paliza. —No — la contradijo Bella con suavidad—. Es algo más. Algo que ha hecho que actúe... con imprudencia. Que cometa errores. Y no tengo ni idea de qué es. Sigo viendo estas imágenes de ojos de gato. Es lo único que me llega cuando le enfoco. —Me gustaría poder ayudarte, pero mis poderes se limitan a buscar Demons. Quizás pueda localizar a su compañera, pero poco más —su hermana se rió entre dientes. —¡Por Dios, no lo digas tan alto o de verdad que se quedará en coma! Elijah se ha estado escondiendo de ti desde que supo cuales eran tus poderes. —Y Noah también —añadió Corrine haciendo que Bella lanzara una risilla tonta—. Te lo juro, he oído sobre hombres sumamente tímidos, pero estos dos se llevan la palma. Pero bueno, puesto que he encontrado a la Druida Miranda para el Consejero Simon y a Yuri para la médico Yoshabel, sólo dos Demon me han pedido una búsqueda. Dos de miles que conocen mis habilidades. —Algunos recuerdan muy bien las lecciones de historia sobre la guerra con los Druidas. Llevará tiempo, pero se convencerán —Bella se restregó las manos como si las tuviera frías—. Me gustaría poder controlar cuando me llegan las premoniciones. Ahora es como jugar a la ruleta rusa con un arma a medio cargar. Llevo media hora disparando sobre vacío. —Cuando las necesitas no las encuentras de ninguna manera. Y cuando no las necesitamos, están por todas partes. Me recuerda a cuando querías quedar con alguien —las ocurrencias de Corrine las hizo reír. —Bueno, mas vale que pase algo pronto. Jacob se despertará pronto y si me encuentra aquí se va a armar una buena. —¿Bell?
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    Bella y Corrinelanzaron un gritito suave y se volvieron para mirar al hombre que yacía en la cama. Ambas se sonrojaron al darse cuenta de que casi habían olvidado que estaba allí. Pero Bella se rehizo inmediatamente y se sentó en el borde de la cama de Elijah cogiéndole de la mano mientras se inclinaba sobre él. —¡Eh, tú! ¿Qué demonios has estado haciendo que nos has dado un susto de muerte a todos? —le preguntó. —Yo también me alegro de verte —dijo Elijah con tono seco levantando la vista y viendo a su segunda visitante—. ¡Wow, dos hermosas mujeres! Ya he tenido esta fantasía en otras ocasiones. —¡Ja! Y seguramente no sólo en tu imaginación, que te conozco —Bella le tomó el pelo haciendo que el guerrero riera con esa sonrisa suya pícara y chula que tranquilizó los corazones preocupados de las mujeres. Bella alargó la mano para colocarle un mechón rubio y notó que aún estaba pálido a pesar de la segunda transfusión de sangre que le habían puesto—. ¿Cómo te encuentras? —Depende. ¿Has parado el avión a reacción que me atropelló o sigue corriendo? —¿Me tomas el pelo? ¿Quién querría preocupar a trescientos hombres de negocios mal pagados y nada valorados de camino a una conferencia larga y aburrida? Elijah se rió cogiéndole la mano que tenía en su pelo. Le besó brevemente los dedos, reflejados en sus ojos esmeralda su cariño y su gratitud. —Por cierto, gracias. —Bah. Es sólo que estaba preocupada por si mi hija se quedaba sin un Siddah perfecto si no salvaba tu miserable culo. —¿Entonces no habéis celebrado la ceremonia del nombre sin mí? —Elijah —le regañó Bella—. ¡Ya te vale! ¿Por quién me has tomado? Nunca te haría una cosa así. No mientras estabas desaparecido —le volvió a colocar el pelo con la mano libre, pero él también se la cogió.
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    —Deja de tocarme—dijo—. Lo único que me falta es que tu locamente celoso marido me de una paliza de las que hacen época. Elijah le puso las manos en el regazo. Bella apretó los puños y se los puso en las caderas en un familiar gesto de exasperación. —Sabes que suelo ser una persona que cultiva sus amistades y afectuosa. Mi irrazonable y dominante marido tiene que aprender a controlarse, Elijah. ¿Cuán van a enterarse de que hago lo que quiero, cuando quiero y que les den a todos ustedes si no les gusta? —Creo que darnos tampoco sería una buena idea considerando el comportamiento irrazonable, dominante y celoso de tu marido. —¡Oops! —susurró Corrine desde detrás de su hermana al volverse los tres para mirar al marido en cuestión. Jacob estaba inclinado sobre el marco de la puerta, con los brazos cruzados sobre el pecho y los ojos oscuros y serios se iluminaban lo bastante divertidos para que Bella suspirara con alivio. —Vaya, ¿desde cuándo me vigilas de esa forma? —le preguntó levantándose y lanzándose hacia él para poder colgarse de su abrazo. Gracias por no ser una bestia, murmuró dentro de su mente. Gracias por perdonarme que sea un idiota redomado, le contestó suavemente. Jacob abrazó a su menuda esposa, levantándola para enterrar la cara en el sedoso cabello y se rió. Los oscuros ojos miraron a Elijah por encima del hombro de su esposa, mostrando sobradamente cuán aliviado se sentía de ver despierto a su viejo amigo. Jacob soltó a su esposa y se acercó a la cama de Elijah acercando la silla que ella había abandonado para sentarse. Cruzó el tobillo sobre la rodilla contraria. Bella se quedó de pie detrás con los brazos apoyados en sus hombros. —Hola, viejo amigo —le saludó—. Es estupendo verte despierto y alerta.
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    —No te hacesuna idea —suspiró Elijah sentándose. Se puso una mano en el pecho notando la nueva piel rosada que había reemplazado a la herida. —¿Puedes decirnos qué te pasó? —Preguntó Jacob. Elijah asintió y ninguno de los tres se dio cuenta de su breve vacilación. —Ruth, Mary y unos treinta nigromantes y cazadores me tendieron una emboscada. Hablando de que la furia del infierno no es nada —bromas aparte, los ojos de Elijah eran demasiado serios para su naturaleza —Casi me matan. —Jacob, señoras… Todos volvieron su atención hacia la puerta para ver a Gideon traspasando el umbral. —No creo haber autorizado las visitas —les hizo notar. Si algo sabía todo el mundo era no que no había que contradecir a Gideon con el bienestar de sus pacientes. Todos se levantaron y salieron de la habitación de Elijah con rapidez. Jacob estrechó brevemente las manos de su amigo y ambas mujeres se inclinaron para besarle y decirle lo felices que estaban de que hubiera despertado. Se apresuraron fuera del cuarto, pasando por delante de Gideon y Jacob cerró la puerta tras él. Gideon se quedó apoyado en la pared frente a la cama de Elijah con la cabeza plateada ligeramente inclinada mientras miraba como el guerrero se sentaba. Elijah no era idiota. Sabía que el Antiguo Demon tramaba algo. Pero de ninguna manera iba a echarle una mano con ello. Dejaría que Gideon enseñara primero sus cartas. Y si algo era Gideon, era directo. —Estarás un poco dolorido por lo menos dos días más —dijo Gideon—. ¿Por qué iniciaste la metamorfosis, arriesgando tu vida para llegar aquí? Deberías haberte quedado donde estabas hasta estar más fuerte. —No podía —Elijah desvió la mirada del médico lo suficiente para captar su atención. Le ayudó a confirmar algo que ya había empezado a sospechar.
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    Elijah curvó lamano en un puño al sentir la mirada del Antiguo resbalando sobre él con calmada paciencia. Habiendo despertado de un sueño tan largo, Elijah podía no ser consciente de muchos detalles de los días pasados, pero vaya si podía recordar el encuentro con Siena. Y se dio cuenta que llevaba la evidencia encima a pesar de todos sus esfuerzos por esconderlo. —Ya sé que no es asunto mío, pero soy consciente del cambio de tu olor y no pretendas ocultarlo —dijo Gideon quedamente—. También estoy familiarizado con ese olor. Tanto como estoy familiarizado con el coctel de sangre Licántropo cuando la veo en un cuerpo al que no pertenece. —¿Alguien ha…? —Si se han dado cuenta, no lo han mencionado. Es posible que hayan hecho la vista gorda, pero no apostaría por ello —Gideon hizo una larga pausa para sacudirse pensativo mota de polvo invisible de la pernera del pantalón—. El olor de la hembra es el de Siena, ¿verdad? —No juegues conmigo, médico —dijo Elijah con amargura—. Sabes perfectamente quién es y no necesito que me hagas preguntas inútiles. —Lo sé —admitió Gideon—. Por improbable que parezca. —Créeme, estoy tan conmocionado como tú —admitió Elijah con un suspiro—. Y esto empeora, Gideon —Elijah se rió sin alegría—. La hermosa Reina de los Licántropos no quiere nada conmigo. Así que si estás pensando en mandarme a los Ejecutores por haber incumplido la ley o vas a soltarme un sermón sobre la pureza, yo tendría en consideración este hecho, si fuera tú. La plateada cabeza del Antiguo no respondió enseguida. En vez de eso, estudiaba la expresión del guerrero notando el esfuerzo de sus intentos por minimizar lo mucho que le afectaba la situación en que se encontraba. —Puede que Siena no tenga mucha elección en el tema, Elijah —le dijo con suavidad.
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    —¿Perdona? —Elijah noestaba seguro de haber oído correctamente. Se sentó un poco más hacia delante buscando la mirada firme del médico—. Explícame eso. —Hay muchas reglas distintas que gobiernan el destino de Siena. —Sí, ya lo sé. Un solo compañero. Una regla que ella piensa que no se aplica a un deleznable macho Demon como yo —el sarcasmo en la voz de Elijah era agudo pero no se dirigía más que a su propio ego maltratado. —No creo que sea la que deba decidir. El Destino… La risa cortante del Elijah hizo que el Antiguo se callara. El guerrero salió de la cama apartando las sábanas y se dirigió al armario por los pantalones y la camisa. Por lo menos le estarían bien, puesto que eran suyos. Los había dejado en las habitaciones de Noah debido a la frecuencia con que le invitaban a quedarse en la casa y en este cuarto. Se volvió hacia Gideon mientras se ponía una camisa blanca de moaré satinado. —No me hables del Destino, Gideon. Si me lo preguntas, en este momento me parece una puñetera mierda —Elijah se metió los faldones de la camisa por dentro de los pantalones. —¿De verdad no sabes lo que ha pasado? —preguntó Gideon mirándole asombrado. El comentario le dio un respiro a Elijah. Se detuvo a medio abotonarse los puños de la camisa para mirar al otro hombre. —¿Podrías hacerme el favor de mantener al mínimo los comentarios crípticos? —pidió Elijah ignorando el repentino y anticipatorio golpeteo del corazón. —Elijah, debes ser el primer macho Demon que conozco que no reconocer los efectos de la Vinculación por lo que son. Ahora sí que había conseguido captar la atención del Capitán Guerrero.
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    —¿Vinculación? ¿Se teha ido esa cabeza plateada que tienes? — De nuevo se rió con esa risa amarga—. ¿Entre un Demon y una Licántropo? —Es tan improbable como hace unos años nos parecía la Vinculación entre Demons y Druidas —cavilaba Gideon—. Y sin embargo, aquí estamos. Elijah se forzó a reprimir la oleada de excitación y esperanza que inexplicablemente, le recorrió. —Explícame por qué crees que... Explícamelo —le pidió. —¿Quieres decir a parte de decirte que lo veo tan claro como la luz en la química de tu cuerpo? ¿Qué si Jacob se hubiera quedado un poco más habría notado que llevas el olor de una mujer por todo tu cuerpo a pesar de los esfuerzos que has hecho para quitártelo? ¿O quizás debería mencionar el hecho de que el pelo te ha cambiado de color? Los ojos de Elijah se abrieron como platos. Se volvió hacia el armario para mirarse en el espejo que colgaba de la puerta. Desde luego que el pelo se le había vuelto completamente dorado, de color idéntico al de la mujer Licántropo a la que había hecho el amor hacía poco. Le conmocionó que nadie lo hubiera notado salvo Gideon. Le conmocionó y punto. —Tenías el pelo mojado al principio. Y, la verdad, es que estaban más preocupados por tu salud que por el color de tu pelo — le dijo Gideon. —Maldición —susurró Elijah pasándose los dedos por las ondas doradas de su pelo. Bella incluso le había apartado el pelo y no lo había notado—. Yo pensaba que la Vinculación cambiaba los ojos de la mujer. Los ojos de Siena son tan dorados como siempre, te lo aseguro. —La Vinculación se compone de tres características distintas, Elijah. La primera es un deseo incontrolable entre el hombre y la mujer. Un deseo que no puede resistirse durante mucho tiempo y es absolutamente imposible de resistir durante la Luna Sagrada en Beltane y Samhain, a veces incluso en los Solsticios —el Demon
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    arqueó una cejaplateada—. Creo que puedo asegurar que tú y Siena habéis sentido esta característica. —Sí —admitió Elijah quedamente. —En cuanto a tu segundo signo, aunque es cierto que la hembra vinculada con frecuencia toma el color de los ojos del macho que pretende, algunas veces es el color del pelo o incluso los poderes del compañero. Y el cambio lo puede sufrir el macho o la hembra. Que es exactamente tu caso, te lo aseguro —dijo, señalando el pelo del guerrero—. En mi caso, los ojos de Legna se volvieron de mi color. Para los Ejecutores y para Kane y Corrine, en sus casos, lo que desencadena la Vinculación de un Demon y una Druida es el despertar de los poderes del Druida. —Y la tercera es la telepatía entre la pareja —terminó Elijah—. La habilidad de poder estar en constante contacto mental con la otra persona —Elijah soltó un sonido de frustración, apretándose la palma de la mano contra la frente—. Ahora comprendo porque me parece que todavía puedo oír su voz. Por que siempre parece que podemos pensar o sentir lo que el otro sin decir nada. No sé por qué no me he dado cuenta por mí mismo. —Lleva su tiempo hasta que se hace fuerte entre Druidas y Demos. Tal vez sea igual para las Vinculaciones entre especies. Elijah se rió ante ello, pero el sonido era terriblemente doloroso y Gideon sintió la repuesta reflexiva de su esposa en su mente. Aunque lo había intentado denodadamente, no podía separarse totalmente de él y sentía que quería darles privacidad. Era una de sus debilidades, esa noción de la privacidad, que no iba a entender a corto plazo. La privacidad no era un concepto Demon. Era humano. Dónde lo había adquirido le sobrepasaba. No te preocupes, cariño, le aseguró con suavidad. Se recuperará del shock igual que tú te recuperaste cuando descubriste que yo era tu compañero. ¿Quién dice que me he recuperado? Le tomó el pelo. Pero sintió la tristeza tras del buen humor. Va a ser muy duro para ellos, por muchas razones. Siempre lo es, asintió tiernamente.
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    Gideon devolvió todasu atención al guerrero. Se había colocado junto a la ventana y estaba mirando los terrenos bien cuidados del interior. —Corrígeme si me equivoco, ¿pero todo esto no va contra la ley? —Preguntó con una sonrisilla irónica elevándole la comisura de la boca. —Eso no te frenó a la hora de llevártela a la cama —contestó Gideon. Elijah maldijo en voz baja, apuntando el áspero término a la fría actitud de Gideon —¿Es que no hay nada para lo que no tengas respuesta? —Le soltó. —Elijah, estoy siendo directo por una buena razón —dijo Gideon—. La Luna Sagrada de Samhain está a cinco días. No serás capaz de alejarte de ella esa noche. Lo entiendes, ¿verdad? La respuesta de Elijah fue otro colorido rosario de epítetos. Se dejó llevar por el temperamento y cogió el objeto que tenía más cerca y lo arrojó a través de la habitación estrellándolo contra la pared de piedra. —¡Maldición! ¡Maldita sea!—Elijah se volvió para enfrentar al médico con los puños apretados tan fuerte que se le habían puesto blancos—. Va a odiarme. ¿Lo entiendes? La conoces mejor que cualquiera de nosotros y sabes que va a odiarme por esto. —Sólo al principio —le aseguró Gideon con sorprendente gentileza—. Y será resistencia y temor, no odio. Confía en mí. Elijah comprendía lo que el Antiguo le estaba diciendo. Él también había pasado por la misma situación. Había tenido que conquistar a su compañera venciendo a muchos niveles. Ella. Sus amigos. Su familia. Pero la diferencia era que todos los amigos de Legna y su familia sabían que la Vinculación era permanente y que era inútil resistirse. Siena puede que supiera algo al respecto por lo que había visto y oído de Gideon y Legna cuando vivieron en su corte, pero experimentarlo en primera persona iba a ser muy difícil y
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    explicárselo a unasociedad que no creía en semejantes cosas iba a ser casi imposible. —Haré todo lo que pueda para ayudarte, Elijah —le ofreció magnánimamente Gideon. Era el que conocía a Siena desde hacía más tiempo, un hecho por el que Elijah intentaba no sentirse desairado. Pero si alguien podía hacerla ver la luz, ese era Gideon. —Te lo agradezco de verdad. Y, Gideon, hazlo pronto. Necesito verla, hablar con ella. Antes de que irrumpa en su habitación con nada más que lujuria animal en la cabeza. Tiene que entenderlo. Si no... —Elijah volvió a la ventana y suspiró apoyando la frente en el cristal—. Si no lo entiende, a su modo de ver estaré tomándola contra su voluntad. Gideon lo comprendía mejor de lo que Elijah pensaba. Siena era material de orgullo y tozudez. Cuanto más se resistiera a lo inevitable, cualquier movimiento que hiciera Elijah hacia ella sería visto como un acto hostil. Y cuantas más veces pasara, más difícil sería recuperar el terreno perdido y conectarlos. El peor resultado inicial de la Vinculación era que normalmente ocurría en las proximidades de los días sagrados. Era como si la naturaleza les diera unos días para prepararse pero al final sería lo que la naturaleza dictaba. Y ese final podría llegar muy rápido. —Me encontró en el bosque, ocultándome de mis atacantes antes de que pudieran rematarme. Me dio refugio, curó mis heridas, me alimentó y me cuidó... —Elijah hizo una pausa para fijar su mirada esmeralda en el médico—. Y entonces puso patas arriba toda mi existencia. Vaya forma de mierda de agradecerle su hospitalidad—volvió a detenerse, restregando el dedo por una mancha de la ventana—. ¿Y qué pasa con Jacob? ¿Con Noah? ¿Con la ley? ¿Recuerdas? “El perro no yace con el gato. El gato no yace con el ratón”. Y ésta es sólo una de una docena de las leyes de la pureza contra las que va todo esto. —La Vinculación no es algo que pueda resistirse o evitarse, así que si es lo que te ha pasado, nadie puede culparte —señaló Gideon—. Si te acuerdas, hay un gran número de leyes que necesitamos revisar después del año pasado. Si algo hemos aprendido durante este annum, es que nuestros ancestros tendían a interpretar las profecías de la forma que querían interpretarlas.
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    Quizás no seamoslos perros para sus gatos, Elijah. Ella es una poderosa hembra Nightwalker. Es inteligente y justa, propensa a sucumbir a sus instintos animales como nosotros. Puede que resulte que ya no somos tan diferentes unos de otros como nosotros mismos nos permitamos ser. —Pero Jacob... —Si mal no recuerdo, una noche hace cerca de un año, impediste que Jacob cometiera por ley lo que era una enorme equivocación. Esa ley ha sido cambiada. Elijah, nuestro mundo tal como lo conocemos, está en proceso de cambio. Ninguno de los que nos llamamos tus amigos te criticaremos. Este es un tiempo de naturaleza y cambio. Un tiempo de destinos especiales. Harías bien en recordarlo. Gideon inclinó la cabeza y la comisura de la boca se elevó con una sonrisa cuando la bendición de su esposa por su tolerancia poco común le llegó a la mente. —De todas formas, lo primero que haría sería hablar con Noah lo antes posible —añadió—. Sería mejor que lo supiera por ti tan pronto como puedas... antes de que alguien lo averigüe. Elijah se volvió a mirar al Antiguo. Después de un momento, simplemente asintió.
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    CAPÍTULO 8 Gideon se acercó a las puertas cerradas del santuario interior de la Reina, lanzándoles a los guardias una sonrisa que les retaba a negarle la entrada. Los Minotauros habían peleado antes con Gideon, pero no con todas sus fuerzas aunque sí lo bastante para que entendieran que no sólo no debían meterse con el Demon sino que tenía privilegios con la Reina que nadie más se hubiera atrevido a asumir. Y aún más, el médico podía proyectarse astralmente en la cámara si así lo quería. Sería como intentar capturar a un fantasma. Gideon golpeó la puerta con los nudillos y esperó respuesta. Ignoró la voz de su esposa en la cabeza arrullándole mientras le contaba lo complacida que estaba viendo que, al menos, había aprendido el concepto de llamar antes de entrar. Uno no puede hacer otra cosa cuando la realeza está involucrada, añadió con sequedad. Ah, ¿y sólo la realeza merece esa cortesía? , contestó ella. Realeza extranjera, añadió Gideon. Ah, ya. El sentido de la privacidad no es una costumbre Demon, se mofó de él con una de sus risas hermosas y ligeras. —Adelante —se oyó la resignada llamada desde el interior. Los cerrojos cayeron al abrirlos alguien dentro. Gideon hizo a un lado el juego argumental en la mente con su compañera y se centró en la tarea que tenía entre manos. Siena estaba sentada ante el telar. Las hábiles manos movían la lanzadera adelante y atrás con la rapidez y precisión que sólo alguien con reflejos sobrenaturales podría hacer. No le miró y Gideon sospechó que sabía porqué. Había dos damas de compañía en la habitación aunque se veía claramente que les habían ordenado
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    mantenerse a distanciade la deprimida Reina y que estaban más que felices de obedecer. —Dejadnos —dijo la Reina sin mirar. Los sirvientes salieron corriendo hacia el vestíbulo cuando Gideon cerró la puerta—. ¿Te parece prudente entrar en la cámara de la Reina a la vista de todos sus súbditos, médico? —Es mejor hacerlo abiertamente que en forma astral. Seguro que las malas lenguas empezarían a murmurar y no estoy muy seguro de que mi esposa hiciera gala de su significativa paciencia durante mucho tiempo si le llegaran tales cotilleos. Embajador o no, un insulto de esta clase hacia ti también sería un insulto hacia mí y seguramente no lo aguantaría. —Sí —Siena asintió—. He llegado a conocer muy bien a Legna. No es de las que soportan en silencio una injusticia. Sería una buena embajadora de tu gente y su paciencia la haría buena para la mía. Tú y ella habéis hecho cambiar de parecer a muchas mentes tozudas en estos meses de residencia entre nosotros —la lanzadera de la Reina seguía volando entre los hilos—. Pero me imagino que no has venido a discutir los cotilleos de moda de tu esposa o de la corte. —No. No he venido a eso. —Entonces habla, médico. —Antes me gustaría preguntar en qué punto he pasado de “Gideon” a “médico” —preguntó Gideon socarrón. La lanzadera se detuvo en la mano de la Reina durante un momento largo y pensativo. —Acepta mis disculpas —dijo con suavidad, apartando el telar y volviéndose a mirarle. Al acercarse, sin embargo, bajó la mirada al suelo a su derecha y su mano amontonó la tela del cuello de su vestido en la garganta. —Siena mis poderes tienen muy poco efecto en ti pero tengo ojos en la cara y un sentido del olfato tan bueno como el de tu raza. Conozco el olor del hombre que llevas tan bien como conozco el mío y cuando estuve curándole hace tres días, reconocí tu marca sobre él. No hace falta ser un genio para darse cuenta de cómo te escondes
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    bajo todas esasropas, rodeándote de doncellas Licántropos mestizas cuyos sentidos no incluyen el del olfato muy agudizado. —Eres demasiado perspicaz, med... Gideon —dijo con la voz claramente ronca—. Espero que lo bastante astuto para decirme cómo salir de este aprieto. Siena le miró, soltando el agarre de su ropa y Gideon soltó despacio el aliento consternado. No había esperado ver al descubierto la garganta de Siena. Nunca la había visto sin el collar de su cargo y había vivido en la corte lo suficiente cómo para conocer el significado de la leyenda y el misticismo que acompañaban a la pesada pieza de joyería. Tenía razón desde el momento en que había abrigado la idea de esta Vinculación poco corriente pero una cosa era sospecharlo y otra ver la evidencia creciendo a grandes pasos delante de sus propios ojos. ¿Un Demon vinculado con una Licántropo? Debería ser imposible pero ahí estaba, claro como la luz, parpadeando con emoción entre las doradas pestañas de la Reina. Gideon avanzó hacia ella, buscando con sus poderes lo mejor que podía, revisando su extraña psicología. No podía influir sobre ella excepto en lo que concernía a su habilidad de sanar. Pero había vivido en la corte de los Licántropos durante cinco años y en todo ese tiempo había aprendido a observar lo suficiente como para distinguir lo normal de lo anómalo. La impronta de Elijah estaba en ella. Estar separados durante esos tres días se había cobrado su precio en la hermosa Reina, al igual que en el guerrero que había vuelto a casa. Estaba más pálida de lo normal, claramente desanimada y, aunque luchaba contra ello, anhelaba claramente su inconcebible pretensión. —Gideon, si me debes algo por el trato amable que te dispensé cuando mi padre te tuvo prisionero todos aquellos años, puedes pagarme deteniendo esto. La petición era tan desesperada como incontrolable era el tono de su voz. —Soy poderoso, Siena —dijo suavemente—, pero nadie es tan poderoso como para derrotar al Destino. Por lo que he visto de
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    Elijah y ahorade ti, la elección está hecha y sencillamente tenemos que aceptarla. —¿Sencillamente? —La Reina se puso de pie y empezó a pasear de un lado a otro haciendo que la seda del largo vestido ondulara alrededor de las pantorrillas y los pies descalzos—. Nada hay sencillo en todo esto y lo sabes tan bien como yo. Un embajador Demon es una cosa y eso ha sido bastante difícil de aceptar para mi gente. ¿Pero un Rey Demon en el trono de los Licántropos? Nos matarán a Elijah y a mí en el momento que osemos forzarles a una unión entre razas tan abominable. Eso sin mencionar el hecho de que sé que también violaría al menos media docena de las leyes de tu gente. Y ni siquiera puedo empezar a expresar mi propia indignación sobre todo este caos o me caeré muerta de un ataque. —Lo que no llegas a entender, Siena, es que toda regla tiene su excepción. Para mi gente, la Vinculación reemplaza todo lo demás porque es un mandato de la naturaleza en su forma más pura, no abierta a interpretaciones. —¿Vinculación? —La Reina se paró soltando una risa entumecida al llevarse la mano al cuello desnudo—. ¿Una Licántropo? La Vinculación es un estado de los Demon. Un infierno Demon, si quieres saber mi opinión. No te ofendas, Gideon pero antes pasaría el resto de mi vida como una seta que ser parte de otro ser de forma tan completa. —Lo que te niegas a comprender, Siena, es que no tienes elección en la materia. —Ya, mientras tenga aliento en el cuerpo, tengo elección —soltó la Reina cargando sobre Gideon con fuego en los ojos brillantes—. Puede que para vosotros los Demon sea irresistible, pero yo soy una Licántropo de increíbles poderes y usaré todos los poderes de que dispongo para luchar contra esta cosa. ¿Vinculación? ¡Ja! Di mejor encarcelación. Os he visto a ti y a tu compañera, Gideon. ¿Cómo puedes soportar esa necesidad constante que tenéis de estar en presencia uno del otro? Siena se detuvo con las mejillas flameantes mientras se frotaba el estómago con la mano de manera inconscientemente. La tela azul
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    del traje sele enredaba en las piernas al volver a pasearse saliendo de su confinamiento. —He estado sola desde el día en que nací —dijo, ya sin dirigir sus comentarios a Gideon. Miraba al techo y parecía como si estuviera gritando a su Diosa con rabia. —Mi padre no quería tener nada que ver con críos. La guerra era su legado. De pequeña, mi hermana estaba enferma tan a menudo que no me permitían estar con ella. Después de que el virus genético la alterara, la enviaron a The Pride para que la entrenaran. Mi vida fue esta corte. Después de morir mi madre, me dejaron para que atendiera la corte mientras Padre se pateaba el mundo cazando a tu gente y peleando con ellos. Nunca supe por qué. Sólo odio y prejuicio. Así que mi vida ha sido un constante ir y venir de miles de personas, pero nadie cercano a mí. Cada minuto de cada día desde que era niña ha sido así. Esta corte y cada alma que ha pasado por ella. Ya era la Reina incluso cuando sólo era Princesa. Así pues, en cierto sentido, he regido a mi gente yo sola durante ciento cincuenta años. Nunca tomaré compañero, no importa lo que tú y tu Vinculación penséis forzarme a hacer. Nunca forzaré a mi pueblo a aceptar un insulto tan blasfemo hacia nuestro trono. Incluso ¿si pudieran aceptar a un Demon por Rey, crees que aceptaría al hombre al que llaman el Carnicero Demon? La paz por la que hemos trabajado tan duramente se destruiría en un instante. Francamente, a mi pueblo no le gustaría, hipotéticamente hablando, que su Reina se fuera a la cama con un Demon. Y ciertamente no lo aceptarían, literalmente. —¿Estás absolutamente segura? ¿Tienes la certeza de que lo que te asusta es la reacción de tu pueblo? —¿Lo que me asusta? —Siena se detuvo, se volvió y le echó una furiosa mirada— Vienes a mi casa, a mis habitaciones ¿y ahora me insultas? —Si quieres verlo así... De cualquier forma, tus esfuerzos para alejarme son innecesarios. Sólo tienes que pedírmelo y me retiraré. Gideon miró a la furiosa Reina más de cerca, consciente en su mente de que la atención de Legna estaba preparada. Los dedos de Siena se curvaban formando puños y temblaba literalmente con las
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    emociones. Legna, capazde verlo y oírlo todo a través de los ojos de su compañero, era consciente de cuan volátil era la situación. —Tu condescendencia no tiene otro propósito que irritarme, médico. ¿Quieres retirarte? Considéralo hecho. Tú y tu entrometida compañera podéis consideraros desterrados de esta corte hasta que diga lo contrario. —Siena —la advirtió Gideon con suavidad—. Dentro de unos días te sentirás como una tonta por esto. —¡Fuera! —El salvaje grito de Siena hizo que los guardias irrumpieran por la puerta. —¡Lárgate! No voy a tolerar todo esto. Los guardias, viendo a su Reina tan alterada y fuera de sí, no se preocuparon de que Gideon fuera un luchador asombrosamente hábil que los hubiera vencido en alguna ocasión. Defenderían el honor y los deseos de su Reina hasta el último aliento. Lo decía claramente su postura mientras el pelaje se erizaba y las ventanas dilatadas de sus narices se encendían. Gideon escuchó la suave voz femenina en su cabeza, la destreza de su diplomacia era única y efectiva. Sus modales directos a menudo alteraban a la gente y quizás se había equivocado al no utilizar el toque más suave de Legna. Pero nunca había visto a la Reina actuar irracionalmente, así que no se le había ocurrido que pudiera necesitarlo. Hizo caso de las súplicas de Legna y le dedicó a la Reina una reverencia lenta y respetuosa. —Como desees —dijo con suavidad un momento antes de su esposa lo sacara de la habitación con el sonido del teletransporte, antes de que pudiera hacer algo con lo que le quedaba de temperamento de lo que se arrepintiera después. Siena se volvió hacia los guardias. —Dentro de una hora llevad un contingente a sus habitaciones y aseguraos de que se han marchado. Si no es así, os apresuraréis a llevarlos fuera de aquí pero no debéis hacerles daño. No les tocaréis ni un pelo, ¿me habéis entendido? Esto no debe ser considerado como una separación hostil, sino como un mero distanciamiento
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    temporal hasta queconsiga concentrarme en los asuntos de estado sin que la presencia de los Demons interfiera. —Majestad —asintieron los guardias inclinándose antes de salir y volver a su puesto al otro lado de las puertas. Acababan de cerrarlas cuando las abrió tan de golpe que rebotaron y se cerraron en cuanto pasó por ellas. —¡Syreena! ¡Anya! ¡Compareced al instante! —El grito de la Reina hizo eco en corredor haciendo que los sirvientes se sobresaltaran. La Princesa y la Comandante de Élite, se presentaron perspicazmente de inmediato apareciendo tras Siena y se dirigieron a la sala interior del trono, más tranquila y fresca, que Siena seguía manteniendo vacía. En cuanto las puertas se cerraron se volvió hacia ellas. Su única familia. Por primera vez en varios días, les miró a los curiosos ojos haciendo que ambas reaccionaran con la sorpresa que esperaba. —Sin comentarios —dijo Siena con rudeza. Quitándose la sobrevesta, soltó un suspiro de alivio y se sacudió el pelo, ajustándose el sencillo vestido que llevaba debajo. Syreena estaba esperando sus confidencias pero al ver la garganta de Siena desnuda, los ojos de Anya se abrieron como platos. Parecía que estaba intentando que no se le cayera la mandíbula y, en su defensa, hay que decir que resistió el impulso. Siena les puso al día de lo que había ocurrido con rapidez. Las tres paseaban por la habitación con la energía agudizada del que esta ansioso por pelear. Por supuesto, todo era en beneficio de Anya. Syreena mantenía una contención neutral, incluso cuando los ojos negros de la mestiza se estrecharon sospechando. —He decidido luchar con esta, llamémosle, inevitabilidad. Syreena, reúnete con The Pride. Seguramente, todos esos grandes estudiosos podrán encontrar la forma de revertir los efectos. Dejando a un lado las Leyendas y la Vinculación, todo esto no puede caer en manos de los narradores de historias ni de ese Destino del que tan orgullosos están los Demons. Diles que tienen sólo cuatro días. Déjales claro que preferiría una cura a estas alturas
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    de los acontecimientos.Imagino que estarán más que dispuestos a aceptar cuando se den cuenta de quien será su Rey exactamente si fallan. No vuelvas hasta que no hayas exprimido sus cerebros. —Anya, tu cometido es encontrar a la hembra Mistral llamada Windsong y traérmela. Vive en un suburbio de París que se llama Brise Lumineuse. La podrás encontrar allí. Es un poquito xenófoba y no querrá salir de su tierra, pero debes rogarle en mi nombre que venga. Vendrá por mí. La Reina dudó lo suficiente como para restregarse las sienes. Estaba claro que la confusión en la que se debatía le causaba gran cantidad de estrés, un estado con el que, claramente, no estaba acostumbrada a lidiar. Siena siempre había dirigido su reino con la facilidad que da la seguridad confiada y la claridad instintiva. El estrés y la duda nunca habían formado parte de sus decisiones. Hasta ahora. —No lo entiendo —dijo Anya. La confusión se grababa en sus rasgos—. ¿Para qué necesitas a una extranjera? ¿Qué puede hacer con todo esto una Mistral? Siena volvió los ojos dorados y fríos hacia su General de Élite. —No tienes que preguntar por qué, Élite. Sólo tienes que obedecerme sin preguntar. Vete, vete ya o elegiré a otro más capaz para ejecutar mis órdenes. Anya nunca había escuchado un tono tan duro de la Reina, en toda su vida. Si no hubiera estado entrenada en obedecer órdenes automáticamente, podría haber dudado y haber perjudicado su carrera. Pero salió inmediatamente para cumplir las órdenes de la Reina sin ninguna otra pregunta en la cabeza. Dejaba para Syreena el manejar a Siena. Era la única que no podía ser desterrada de la corte por un capricho temperamental. Syreena se volvió hacia su hermana en cuanto la otra mujer hubo salido. —Siena, no necesito acudir a The Pride y lo sabes tan bien como yo. Cualesquiera que sean las circunstancias, no quebrarán la confianza de miles de años en lo que guardan.
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    —Puede ser, peroirás y lo intentarás. —Y cuando lo haga, sabrán lo que has hecho. Después de que se nieguen, exigirán que eleves al trono a tu compañero sin importarles quien sea. Te estás quedando sin tiempo. —Si no resuelvo esto antes de Samhain, me quedaré sin tiempo de todas formas. De repente, Siena pareció desinflarse; se cubrió la cara con las manos e intentó quitarse el aguijonazo de emoción de los ojos parpadeando. Intentó tomar aliento profundamente, con respiraciones firmes. Fue rápidamente hacia el trono y se sentó porque no podía soportarlo ni un minuto más. —Dulce Diosa, ¿qué he hecho? —Dijo ronca poniendo ambas manos entre las rodillas—. Syreena, no puedo hacerlo. No puedo dejarme dominar por un hombre. ¡Y qué hombre! ¡Es un guerrero hasta la médula! Todo su mundo es sólo la batalla y la intriga. —Como con Anya —señaló Syreena—. Y aún así tiene un lugar especial en tu vida, tu confianza y tu corazón. Siena se rió sin humor, cabeceando su aprobación mientras una lágrima solitaria se deslizaba por su cara. —¿Y piensas por un segundo que podré encontrar tales cosas en los brazos de un Demon? Ha sido mi trato para con Anya lo que ayudado a eliminar el estigma que arrastraban los mestizos. ¿Sería lo mismo si meto al guerrero a mi cama y posiblemente en mi corazón? ¿Tomará esto —dijo sacando el collar del bolsillo—, por mí la decisión de a quién debo amar? ¿Serán el oro y las piedras de luna y las maldiciones mágicas los que decidan quién ha de regir esta tierra si yo muero? Habría querido que fueras tú, Syreena. Una mujer. El corazón de una mujer debe conducir a esta sociedad hacia el futuro. Siempre ha debido ser así. Es por eso que el trono pasa a la hija mayor, no al hijo mayor. —Ninguna mujer puede saber todo lo que necesita para regir un país si no sabe lo que es amar. Cuidar a un niño. Honrar a un compañero como a su igual. —Lo he hecho bien hasta ahora —saltó Siena.
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    —¿Tú crees? Tienesun algo especial cuando tratas de leyes y a la corte. Maldices a Padre por su intolerancia, condenas a nuestra gente por el mismo comportamiento, ¿pero no ves que tú haces lo mismo? Syreena se acercó para sentarse a los pies de su hermana, cogiendo de entre sus rodillas las frías manos sujetándolas entre las suyas más cálidas. —He visto tu parcialidad en los tribunales, cuando te inclinas más por el argumento de una mujer que por el de un hombre. Cuando hay dos hombres involucrados, no eres tan paciente y no estás tan atenta. Lo intentas. Sé que lo intentas —la calmó cuando Siena apartó los ojos, incapaz de soportar la verdad en los ojos de su hermana—. Tu necesidad de justicia es tan poderosa. Pero eres el producto de tu vida, como lo somos el resto de nosotros. Eres, a falta de un término mejor, sólo humana. De alguna forma, eso hizo reír a Siena. —A veces me gustaría que eso fuera cierto. Sabes, Syreena, que a veces envidio a Anya. Ella es el verdadero significado de la mezcla entre el animal y la mujer. No lucha contra sus dos mitades... tres mitades... —se rió otra vez cuando su hermana lo hizo. —¿Cinco mitades? —Dijo Syreena. —Sí —asintió Siena inclinándose hacia su hermana y atrayendo sus manos unidas hacia los labios—. Sí, es verdad. Me quejo mucho en este momento, pero es verdad el dicho de que siempre es un problema peor que el tuyo el que aflige a los demás. Lo has soportado toda tu vida, dividida entre los lados multifacéticos de ti misma. —Lo he soportado en una casa de cristal, Siena. El monasterio no es el mundo. Tú vivías en el mundo, esquivando a nuestro padre y todas las cosas que aborrecías de él, incluido el intento de asesinarte cuando supo de tus sentimientos hacia los Demons y cuánto diferían de los suyos. No puedo decir cuál de las dos ha tenido una vida más dura. Es como comparar manzanas y naranjas. —O perros y gatos —dijo Siena.
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    —Demons y Licántropos—apretó Syreena—. Aunque sospecho por lo que he oído de tus propios labios que no somos tan diferentes como esperábamos ser. Y si hay una persona que puede cerrar ese abismo, esa eres tú. Te adoran, hermana mía. Recuérdalo. Nunca has guardado en secreto tu amplitud de miras ni tu actitud hacia la gente del guerrero. A lo mejor tu gente te sorprende con el nivel de aceptación de lo que están dispuestos a aceptar en lo que a ti concierne. —Es posible. Si fuera capaz de aceptarme a mí misma… Si es tan difícil para mí…. —Para ti es más que la raza de tu potencial compañero, Siena. Mucho más. Siena asintió, demasiado honesta como para mentir a alguien que no fuera ella misma. —Tienes razón, por supuesto. ¿Me harías un favor, Syreena? —¿Qué busque a Anya y le haga partícipe de tus más efusivas disculpas? Siena se rió, asintiendo. —¿Y el embajador Demon? —Oh, mierda… —No temas, mi Reina. Me ocuparé de eso también. Y los guardias no cotillearán. No son de esa clase. —Han seguido mis órdenes, ¿no crees? —No me sorprendería que se hayan tomado su tiempo esperando a que su soberana inusitadamente temperamental volviera a ser la de siempre. Aunque será lo primero que compruebe. Creo que Anya se está tomando su tiempo en hacer el equipaje a la espera de los acontecimientos. Syreena se levantó y se inclinó para besar a su hermana, considerablemente más tranquila, en la mejilla antes de soltarle las manos.
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    —Encontraremos una soluciónpara todo esto, Siena. — prometió —Nosotras tres juntas. Igual que la trinidad de la Diosa. Sabiduría, Fuerza y Naturaleza juntas en armonía. La Princesa se volvió dirigiéndose a sus obligaciones y dejó a Siena en la soledad de la sala del trono para que intentara reconciliarse con todo lo que había creído correcto hasta el momento. —Muy bien, Elijah, si esto es una de tus bromas será mejor que lo digas aquí inmediatamente. Elijah levantó los ojos oscuros, inocentes y verdes hacia su Rey haciendo saber a Noah que no era ninguna broma con una simple mirada. —Me temía que no ibas a decirme que lo era —Noah suspiró sentándose y restregándose la sienes, que volvían a palpitarle—. Siena. De todas las mujeres en el ancho mundo, tenía que ser Siena. —Qué gracia, es lo mismo que pienso yo —señaló el guerrero dejando la copa de exótica leche de tigre sobre la mesa. Se volvió a mirar el fuego como había visto hacer a Noah durante horas cuando buscaba aclararse. —Si haces esto quebrantarás una media docena de leyes. —¿Estás pensando en azuzarme a Jacob? —No. Pero tendré que decírselo —contestó el Rey—. Y tendré que decírselo al Concilio. —Ya sabía yo que ibas a decir eso —dijo Elijah con un suspiro— . Me encanta la idea de que mi vida personal sea un asunto de discusión del Concilio. —Da gracias a que tienes muchos amigos en el Consejo. Y con Jacob, Gideon y yo en tu bando, las cosas no se desmadrarán. Entiende que si hiciera la elección yo solo, podría considerarse favoritismo y así no tendré más Consejeros agobiándome sobre el tema de los que tendrás tú mismo —Noah le lanzó al guerrero una media sonrisa—. Y si algo sé de Siena en el poco tiempo que la
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    conozco, es quees bastante obstinada en los grandes empeños. Tú, amigo mío, tienes una batalla imponente entre manos. —Entonces, supongo que es bueno que sea un guerrero muy capacitado, ¿no? —Elijah se volvió con una sonrisa lobuna en la boca. —¿Sabes? Tengo el presentimiento de que vas a disfrutar con todo esto —dijo Noah sospechando. —¿Sabes? Creo que tienes razón —contestó Elijah—. Y en más sentidos de los que nunca sabrás, Noah. —Vale, no me cabe la más mínima duda. Ella es… una hembra extraordinaria. Noah no dijo nada más. Si lo hubiera hecho, habría arriesgado su cabeza potencialmente por hacer una suposición demasiado atrevida sobre la compañera de otro hombre. Si algo había aprendido en el pasado año, era la poderosamente posesiva naturaleza que a veces iba unida a la Vinculación. Y fuera o no su amigo, Elijah era un hombre cuyo lado malo no quería ver ni en pintura. —Bueno —añadió con rapidez—. Discutamos el tema de esas pícaras mujeres y qué es exactamente lo que pretendes hacer sobre ello. —¿Yo? Es Jacob el que nos vigila. Jacob y Bella. Noah no se dejó engañar por la forma despreocupada en que evadió la pregunta. —Y supongo que no se te ha ocurrido la idea de devolverles el favor por lo que te hicieron, ¿verdad? —preguntó el Rey. —Bueno, ahora que lo dices…
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    CAPÍTULO 9 Siena paseaba despacio por los salones de su castillo. Los muros de piedra y los techos subterráneos grabados con filigranas a su alrededor llevaban siglos allí. Cada nuevo monarca elegía un ala nueva y la inmortalizaba con el trabajo de los artistas que los representaban a ellos y a su reinado. Completar todo el proceso les llevaba una vida, pero era fascinante ver como avanzaba el grabado con el paso de los años. Era una costumbre gratificante. Significaba no tener que dormir en las mismas habitaciones que habían visto la muerte de su madre y los sueños retorcidos de su padre. Tampoco es que él hubiera pasado mucho tiempo en las habitaciones. Ahora era ella la que intentaba escapar de sus sueños. Sueños del guerrero rubio que de alguna manera, habían marcado su cuerpo, su mente y su alma con su toque. Hacía dos días que había estallado ante sus amigos, su familia y sus confidentes de forma poco usual. Todavía tenía que pasar por las dependencias de Gideon y Legna para disculparse por su comportamiento. Ni siquiera podía concentrarse en el minuto que le llevaría formular una disculpa adecuada. No. Eso la ponía enferma. Enferma era la única palabra que la satisfacía para describir la forma en que se sentía. Se estaba viniendo abajo, estaba aletargada. Tenía sensaciones tan extrañas que la hacían sentirse mareada. Y esos eran los síntomas que quería reconocer.
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    Lo que senegaba a reconocer era el ardor bajo la piel, las esporádicas subidas de adrenalina que la asaltaban y a las que seguían unos locos impulsos de correr. Correr y correr hasta que se encontrara envuelta en brazos de acero, mecida por manos callosas. Y cada minuto se volvía peor. Syreena le había dicho que era porque no podía estar separada de su compañero durante mucho tiempo, pero Siena se negaba a creerse capaz de tales necesitados comportamientos. Y, de alguna forma, sentía como si él estuviera murmurando constantemente en su cabeza. Recordaba que Gideon y Magdelegna compartían un vínculo mental y que Gideon le había dicho que esa intimidad era habitual en las parejas vinculadas. Pero la idea de que alguien tuviera conocimiento de todos sus pensamientos le resultaba atroz. Atroz e irritante. Se había encontrado a sí misma avisándole enfadada en su cabeza, por si estuviera allí. Y algunas veces pensaba que podía oír la maldita cadencia masculina segura de sí misma de su risa contestándola en su mente. Quedaban dos noches para Samhain. Y le sentía deslizarse hasta la última molécula de su cuerpo. Se tocó la garganta. El consuelo del collar que volvía a estar donde debía, era lo único que calmaba su alma. Por supuesto que le había costado el sacrificio de hacer frente a The Pride y airear sus trapos sucios sexuales. Habían accedido a volver a unir los eslabones de acertijos de su collar y también habían accedido a tomarse su tiempo para considerar las ramificaciones de lo que estaba ocurriendo antes de ponerlo a debate ante el público. Aunque Siena ya sabía lo que opinarían del asunto.
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    El collar leshabía probado que, tan extraño como parecía, el guerrero Demon era en verdad el verdadero compañero de Siena. De otro modo, no se habría sentido sexualmente atraída por él. No le habría entregado su virginidad. Y, ciertamente, él no habría podido romper los encantamientos del collar si no fuera el compañero para el que había sido destinada. Siena apoyó su peso en una de las “ventanas” subterráneas excavadas en la sala por la que paseaba. Se decía que el castillo se extendía durante kilómetros a lo ancho y tenía más habitaciones, cubos y pasadizos de los que se pudieran recorrer en una vida. Era mucho decir considerando cuán longeva solía ser su especie. No podía contar las veces que se había perdido por los salones cuando era niña. Esas ventanas sin cristales, más bien arcos grabados que otra cosa, miraban las historias que se desarrollaban en las casas extramuros del castillo. Esas casas también estaban cubiertas por el cavernoso techo cuyos ecos llegaban a los habitantes de la parte inferior. Había sido la única manera de pedirles ayuda. Pero una vez que aprendió a cambiar y a usar su sentido del olfato para seguir su propio rastro, nunca volvió a perderse. Bueno, no literalmente. Figurativamente hablando, no podía estar más perdida. La recorrió una brisa subterránea, helándole la piel. Se estremeció y se frotó las manos por los brazos, empezando a pasear de nuevo para entrar en calor. Se había alejado mucho por los salones y llevaba horas sin ver a nadie. Había despedido a su guardia y a sus siempre vigilantes compañeras que habían permanecido disponibles para ella a cualquier hora que pudiera necesitarlas para confiarles sus sentimientos. Anya y Syreena eran verdaderamente criaturas excepcionales y serían recompensadas tan pronto como arreglara el aprieto en que estaba metida.
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    La verdad esque estaba sola y sorprendentemente, la consolaba saberlo. El frío de la brisa la recorrió de nuevo desde atrás, moviendo la falda corta de su vestido y sacudiéndole el pelo. La rodeó sumergiéndola y forzándola a detenerse cuando unos brazos musculosos rodearon su cintura. Siena contuvo el aliento sorprendida mientras el frío se desvanecía reemplazado por la calidez y el calor de un conocido cuerpo masculino. La sostuvo contra su pecho con las manos extendidas sobre el plano vientre, apoyándola más profundamente contra los duros planos de su cuerpo. —Elijah. —Susurró con los ojos cerrados mientras una sensación de increíble alivio se derramaba por todo su cuerpo. Cada nervio y cada hormona volvieron a la vida por el simple hecho de ser abrazada. Se le iba la cabeza con el poder que sentía. Él le puso las manos en las caderas y le dio totalmente la vuelta hasta que estuvieron cara a cara. El guerrero la apretó contra su cuerpo tomando su boca con hambre salvaje al mismo tiempo que ella buscaba su beso. No podía evitarlo. No podía después de todos esos días que había pasado hambrienta. Aunque esta debilidad todavía le resultaba muy dolorosa y le dejaba lágrimas de frustración en los ojos. Todo era como lo recordaba. Los recuerdos de sus caricias y sus besos eran tan vívidos como los de ahora. Todo era calor y almizcle, el delicioso sabor de su boca atrevida y exigente. Las manos en su espalda la apretaban contra su cuerpo en un movimiento que solo podía calificar como desesperación. Elijah no querría haberla atacado de esa manera pero en el momento que la sintió cerca y olió el perfume de su piel y su pelo, no pudo hacer otra cosa. Devoraba sin descanso el sabor a canela de su boca, gruñendo de alivio y de placer cuando sus manos se curvaron sobre el tejido de su camisa y su increíble cuerpo encajó a
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    la perfección conel suyo. Apretó las caderas contra las suyas dejándole claro cuán fuerte y rápido era el efecto que tenía sobre él. La sintió ondular con la avalancha de su cuerpo apretándola, sus besos inflexibles. Todo era perfecto. De principio a fin y llevaba tanto tiempo hambriento sin ella. Y sabía que ella había estado igual sin él. Fue la primera que se separó un poco, apartándose de su boca y dejando colgar la cabeza hacia atrás para tomar aliento con fuerza, rápidamente. —Ay, no —gruñó roncamente sacudiendo la cabeza y haciendo que el pelo acariciara los brazos que le rodeaban la cintura. Incluso los mechones la traicionaban, deslizándose ansiosamente para enroscarse en las muñecas y los antebrazos de él, atándolo a ella de manera segura en caso de que escandalosamente quisiera apartarse. Levantó la cabeza y abrió los ojos con las profundidades doradas llenas de deseo y de angustia. —No quiero esto —le susurró dejando caer la frente sobre su pecho cuando el calor de sus ojos se volvió demasiado intenso para soportarlo. —¿Por qué no me dejas? —Porque no puedo —dijo soltando una mano de su pelo para poder cogerle la barbilla y forzarla a mirarle. —No más de lo que puedes tú. —Odio todo esto —dijo dolorida, parpadeando rápidamente para eliminar las lágrimas de frustración que le escocían en los ojos. —Odio no tener control sobre mi cuerpo. Sobre mi voluntad. Si esto es lo que significa estar Vinculado, si es esta debilidad voy a aborrecerlo hasta mi último aliento. Y entonces se apartó, desafiando a cada nervio de su cuerpo que le gritaba que volviera a su abrazo. Sin embargo, sólo pudo retroceder un par de pasos porque tenía el pelo enredado en sus
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    muñecas acercándole aella. Como si no la hubiera seguido de todas formas. Cuando quiso darse cuenta de que tenía la espalda contra la ventana, sintió pánico por un momento. Aunque sabía que no podían verlos, estaban a tres pisos sobre las casas y las gentes de abajo. —Lo llamas debilidad y aunque estoy tan afectado como tú, yo lo llamo fuerza. La rica voz de barítono resonaba a su alrededor haciendo que se le parara el corazón alarmado. Le agarró la muñeca y le atrajo hacia el salón donde las sombras los rodearon reduciendo el eco de sus voces. —¿Por qué has venido? Y no le eches la culpa al día sagrado, no es hasta dentro de dos días. —No pretendo “echarle” la culpa a nada. No creo necesitar ninguna excusa para verte, Siena. —extendió la mano para tocarle la cara pero ella se echó hacia atrás y le evitó—. Es por el día sagrado de dentro de dos días por lo que estoy aquí. Necesitamos un poquito de compromiso entre nosotros antes de que llegue esa noche, Siena. —No necesito compromisos. Si tú los necesitas, tendrás que apañártelas solo. Se dio la vuelta para alejarse de él olvidándose de que era tan rápido como ella. Nadie puede adelantar al viento. Su mano se cerró sobre su antebrazo atrayéndola hacia él... y quebró el temperamento y el dolor que había estado manteniendo bajo un tenue control durante días. Dejó escapar el grito de un animal herido y voló hacia él. Él vio un destello de garras y sintió un agudo escozor cuando le alcanzaron la cara. Durante un segundo se quedó conmocionado por el ataque pero reaccionó por instinto. La agarró del pelo en lo que dura un latido, enredándolo en el puño con un solo movimiento
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    y la volvióde espaldas con las garras apuntando en una dirección más segura. Ella gruñía con suavidad y después gritó de frustración cuando se encontró de cara contra el muro grabado. Su enorme cuerpo se alineó de inmediato con su espalda, asegurándola contra la pared inmisericorde mientras le cogía una mano y la apretaba también contra el muro. —¡Suéltame! —Se retorció en vano, incapaz de moverse ni un milímetro en cualquier dirección—. Tendrás las manos llenas de arañazos de puma rabioso si no me sueltas en este mismo instante. —Permíteme que lo dude —ronroneó en su oído. Su boca le acariciaba el lóbulo de la oreja de una forma que hacía que se estremeciera involuntariamente—. Tengo tu pelo enroscado en la muñeca y, si no me equivoco, eso es más que suficiente para que no puedas transformarte en otra cosa. Lo que creo, no es más peligroso que una niña malcriada. — Su respuesta fue llamarlo algo con lo que no estaba familiarizado pero se dio una buena idea de lo que significaba—. Pues deja el berrinche porque no puedes salirte con la tuya, gatita. —Le dijo tranquilamente mientras su boca se deslizaba lentamente por un lado del cuello—. He venido antes de Samhain porque no quiero hacerte daño, Siena. Si no te reconcilias con lo inevitable antes de que llegue el día, acabaré haciéndotelo. Y, aunque no te lo creas, es lo último que querría hacer. Siena cerró los ojos intentando no escuchar sus palabras ni el tono paciente y sosegado con los que las decía. Apretó los dientes contra los ríos de fuego que corrían por sus venas con la caricia de su astuta boca. No quería que la dominara tan fácilmente. Podía llamarlo berrinche o lo que quisiera pero era su independencia lo que estaba en juego. Y no iba a rendirse sin luchar. —No estoy aquí para robarte tu independencia, gatita. —Dijo suavemente haciéndola suspirar de frustración por lo fácilmente que estaba empezando a leer sus pensamientos—. De hecho, tu independencia, tu lucha y todos esos instintos que guardas tan cerca
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    del corazón sonlos que te hacen perfecta a mis ojos. Y a mí me hacen perfecto para ti. —¿Cómo que te hacen perfecto para mí? —Preguntó cortante— ¿Es por qué puedes hacer que mi cuerpo te responda? ¿Esa es tu idea de perfección? —Es un comienzo. —Se mofó, riendo entre dientes contra su pulso—. Pero hay mucho más y no creo que necesites que te lo diga. —Se acercó a su oreja otra vez, susurrando las siguientes palabras con el más suave de los alientos— ¿Qué mejor compañero para una cazadora que un guerrero que lleva el aroma de su presa en la brisa? ¿Quién mejor para ser el compañero de una gata sensual que el macho que nunca tendrá bastante de su olor, sus movimientos, su sabor y su tacto? ¿Y a quién preferirías por encima del único que puede inclinar la cabeza ante el poder de tu agarre sobre su garganta? ¿Has olvidado todo eso, gatita? ¿Has borrado el recuerdo de cuán fácilmente acepté tus afirmaciones en aquel momento y de todos los momentos que compartimos en la cama? —Me sorprende que tu ego sobreviviera a tales heridas. —Dijo con pesada y amarga tristeza intentando ignorar las verdades que no quería oír. —Mi ego está satisfecho con abrazarte. Con sentir tu cuerpo contra el mío sabiendo que estará así siempre. Estaría satisfecho tan sólo con verte cazar, atender las audiencias en la corte, dormir... — Elijah puso la boca en su sien—. Y me gustaría que miraras en mi interior y supieras lo que significa decir tales cosas para un hombre como yo. Elijah le soltó el pelo retrocediendo. Ella se tomó un momento antes de apartarse de la pared y volverse a mirarle. Le llevó un momento levantar los dorados ojos hacia él.
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    —¿Por qué dejaríasque alguien hiciera algo así? ¿Invadir tus pensamientos? —se estremeció de tal forma que él lo sintió en todos los vellos del cuerpo. —Porque crecí en una sociedad donde esas cosas son corrientes. Estamos muy adelantados en pensamientos y sentimientos. Los compartimos entre nosotros con facilidad. Es algo que te parecerá liberador algún día. —Ya me lo parece. Hablo con libertad con Syreena y Anya. Mis pensamientos están tan abiertos para ellas como lo estarían para las sondas de tus Demons Mentales. La diferencia es que yo elijo hacerlo. La elección no se me arrebata sin permiso. Elijah apoyó la espalda en la pared frente a ella y cruzó los brazos sobre el amplio pecho. El movimiento hizo que tomara conciencia de que esta era la primera vez que le veía en perfecto estado de salud desde el último Beltane. Emanaba salud. Era una marea de poder, una corriente de fuerza letal y una sensualidad elemental que hacían que temblara bajo la piel. ¿Cómo sería hacer el amor con él ahora que estaba completo de nuevo? Él sonrió. Una sonrisa socarrona y divertida que le hizo recordar que estaba conectado con lo que ella pensaba. Hizo un sonido de salvaje frustración y le miró resuelta a los ojos negándose a actuar como una niña. —Mi gente cree que en el momento en que una hembra acepta la Vinculación —dijo el guerrero con engañosa neutralidad—, tiene permitido ser parte de todo lo que eso significa. La telepatía está incluida. —¡Yo no he dado mi permiso para todo esto! ¡Y tú lo sabes! —No es cierto. El permiso se dio en el momento en que estuviste en mis brazos por propia voluntad. El momento en que me dijiste que me deseabas y me aceptaste.
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    —Desearía no haberdicho esas malditas palabras —soltó vehemente—. Me las has estado echando en cara desde entonces, hasta el punto de que me gustaría que se te atragantaran. Siena se dio cuenta de que había ido demasiado lejos un segundo antes de que hubiera terminado de soltar las duras palabras. Los ojos de Elijah llamearon de fuego verde haciendo que el aliento se le congelara en los pulmones cuando se separó de la pared y la cogió por los brazos con increíble fuerza. No había sentido nunca nada como el poder de las manos que la agarraban. De repente se dio cuenta exactamente de lo mucho que había estado reteniéndose con ella. Sintiendo su poder ahora entendía la enormidad de su gentileza. Estaba tan cerca de él que podía ver las estrías que habían dejado las garras en sus mejillas. Sólo había sido un golpe de refilón, las marcas sólo habían ocasionado gotitas de sangre que parecían como si alguien hubiera pegado un código Morse sobre su piel. —No puedes deshacer lo que ha sido hecho por tus propias acciones, no importa cuánto lo desees. —Dijo rechinando los dientes. La sacudió con fuerza una sola vez—. No digas algo de lo que puedas arrepentirte después, gatita. Podemos hacerlo fácil o podemos hacerlo difícil. La elección es tuya y tienes dos días para tomarla. —¡Primero tendrás que encontrarme! —siseó sin pensar. —Muy bien —dijo con frialdad, soltándola tan de repente que se tambaleó hacia atrás—. Si así lo quieres sólo podrás culparte a ti misma. Elijah levantó los brazos y con un parpadeo se retorció en la nada del viento.
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    Y otra vezse abalanzó sobre ella, azotando su vestido y su pelo violentamente sofocándola con sus emociones de una docena de maneras a la vez. Cuando estuvo segura de que estaba sola, Siena sintió que las rodillas le cedían. Lentamente se dejó caer al suelo deslizando la espalda por los intrincados relieves de un par de cisnes con los cuello entrelazados de tal manera que era imposible decir qué cabeza pertenecía a qué pájaro. Isabella levantó la cabeza de la cuna de la niña al oír al viento sacudiendo las cubiertas. No había viento, así que sospechó que no se trataba de un fenómeno natural. Se besó los dedos rápidamente y los puso sobre la cabeza de la niña dormida antes de cerrar la puerta de la guardería y bajar deprisa la escalera. Se paró a mitad de camino al salón al ver a Elijah paseando de arriba abajo pasándose las manos por el pelo una y otra vez. Ahora que lo sabía, Isabella notó el cambio de color que anteriormente se le había escapado y puso los ojos en blanco. Valiente Ejecutora estás hecha, se recriminó mentalmente. Elijah levantó los ojos en ese momento y pareció aliviado al verla. Corrió hacia ella subiendo los escalones de dos en dos, arrastrándola prácticamente hacia el cuarto de estar. Le dio un empujoncito que la mandó rebotando a sentarse en el sofá. —Necesito hablar contigo. —Le dijo inquieto, retomando sus paseos agitados sobre la alfombra. —Ya me imagino —respondió secamente. —No sé qué hacer con esta hembra loca y cabezota. —Dijo “hembra” como si dijera “arma nuclear”—. Está decidida a sacar las
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    uñas, a darpatadas y a arañar cada centímetro del camino. Me obligará a hacer algo precipitado y doloroso y la sola idea me quema en el centro del pecho —dijo casi sin pararse a respirar—. Las armas de hierro no son nada comparadas con esto, te lo juro, Bella. Por esto es precisamente por lo que nunca he buscado compañera, lo sabes, ¿no? Sabía que sólo iba a darme problemas. —Sí, sabía que te ibas a sentir así. El sarcasmo le pasó completamente desapercibido. —Todo lo que tenía que hacer era ver cómo Jacob se volvía majareta por ti y supe que eso no era para mí —se paró y la miró con una especie de vergüenza repentina—. Por supuesto, no digo que fuera culpa tuya. —Por supuesto —respondió irónica. —Mira la forma en que tuviste que decirle que se apartara cuando intentabas ayudarme. No es sano, no hay razón para pensar y comportarse así. Creo que empiezo a comprender por qué Siena está tan asustada. Me está pareciendo que es como... como... —¿Como una enfermedad? —preguntó Isabella. —¡Exactamente! Es como una enfermedad y ella es la única cura. ¡Ella! La mayor terca, obstinada, irracional, terca... —Eso ya lo has dicho. —....mujer del mundo —terminó acentuando cada palabra con un duro gesto de la mano—¿Tengo tiempo para esto? De verdad, ¿tengo tiempo? Hay dos mujeres Demon psicóticas sueltas por ahí y necesito cada gramo de mi atención concentrado en eso si voy a ser de ayuda para Noah y Jacob. Cualquiera de nosotros podría caer en otra de las trampas de Ruth en cualquier momento. O ser Convocado porque conoce muchos nombres de poder. Me enferma pensar que está suelta por ahí con tales conocimientos. Su próxima víctima puede que no tenga tanta suerte como yo.
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    —Sí. Después detodo no hay una Reina de los Licántropos en cada bosque —añadió Bella. —¡Exactamente! —Elijah pareció aliviado al ver que parecía que le entendía. Ignoraba totalmente la risita que escondió rápidamente tras los dedos—. Y por otro lado, está tu hija, la pobrecita, sin sus nombres por todo lo que ha pasado. A estas alturas acabarás llamándola “Eh, tú” el resto de su vida. Isabella se mordió el labio inferior, aguantando la urgencia de caer en la tentación que yacía bajo el astuto comentario. —Y no hablemos de nigromantes y cazadores. —Ni se me ocurriría —le aseguró. —¿Lo ves? ¿Ves lo duro que resulta? Lo entiendes, ¿verdad? Utilizas una lógica sencilla. Uno y uno, dos. No hay otra respuesta, no varía no importa cuanto lo intentes. Así que la única opción es aceptar lo inevitable y seguir adelante. Pese a todos los problemas que me está ocasionando, estoy dispuesto a hacerlo —trazó un camino invisible frente a él—. Lo acepto como es y miro al futuro. Pero ella se niega a hacerlo. Al final Elijah se quedó sin aliento. Se dejó caer en el sofá al lado de Isabella tan fuerte que ella rebotó. Él suspiró derrotado y frustrado cerrando los ojos y dejando caer hacia atrás la cabeza. —Me duele la cabeza —se quejó— ¿Qué clase de Demon tiene dolor de cabeza? —¿Uno muy tenso? —contestó Isabella. —¡Exactamente! —Suspiró de nuevo—. Estoy tan contento de que podamos hablar de esto. No hay mucha gente en la que confíe pero confío en ti, Bella. Significas más para mí que los demás. Tu actitud, tu sentido del humor… la total falta de respeto que tienes por toda esta porquería que nosotros nos tomamos tan en serio.
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    Elijah se pusode nuevo en pie, inclinándose para darle un breve beso en la mejilla. —Me pasaré por aquí más tarde. Voy a ver si cazo algún nigromante y suelto un poco de vapor. En un instante no quedaba más que una brisa soplando por la ventana abierta por la que había entrado no hacía ni cinco minutos. ¿De qué diablos iba todo eso? Preguntó el exasperado marido de Isabella en su mente. Bueno, yo diría que problemas de faldas. Bueno, pequeña flor, diría que sé exactamente cómo se siente… Excepto que a ti te matarán cuando vuelvas a casa. Exactamente.
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    CAPÍTULO 10 Jacob flotó suavemente bajando del cielo, manipulando la gravedad con una perfección de las habilidades de Demon de Tierra sin precedente entre los de su tipo. De hecho, extensamente se creía que Jacob sería el primero de su elemento en más de mil años en alcanzar el nivel de Antiguo. No era reconfortante, sin embargo, cuando uno entendía que era porque el resto de ellos simplemente no habían vivido el tiempo suficiente hasta llegar a la edad de 700 años, el momento en que esa distinción tenía lugar. Los pies de Jacob descansaron ligeramente en una gruesa rama del árbol y descendió hasta acuclillarse, de manera que sus manos también tocaran la corteza del viejo roble. El Ejecutor podría muy bien ser considerado la cosa más cercana a un Licántropo que su pueblo tenía. Podía cazar, oler, camuflarse y actuar de la misma forma que se comportaban todas las bestias de la Tierra. No mucha de su gente conocía esto, pero él no sólo podía encantar a los animales, sino también imitarlos tomando su forma. Pero esto no era como los Licántropos, sin embargo. Era más bien como una fotocopia de la constitución física y sus habilidades. Los Cambiantes eran tanto personas como animales en sí. Jacob necesitaría varios siglos más con su relativamente nueva habilidad antes de que pudiera disfrutar de una perfección de su emulación, la cual podría ser considerada a la par con la metamorfosis natural de los Licántropos. En este momento estaba en su forma normal y buscando a través de la noche y los árboles con su misteriosamente aguda visión. Había estado rastreando al Demon durante algún tiempo, encontrando fácil enmascararse de su blanco, a pesar de la habilidad del otro. Esto sólo probaba lo muy distraído y resuelto estaba el Demon en su curso de acción.
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    El viento soplóseveramente a través de las crujientes ramas de los árboles del bosque, arrastrando en espiral las últimas hojas muertas que se unirían a las otras en reposo en el suelo del bosque. Jacob echó un vistazo hacia arriba, a la cercana luna llena y volviendo a examinar su posición vio cómo un torbellino de hojas estallaban apartándose para unirse en la forma natural de Elijah. El Demon del Viento se agachó en el suelo del bosque, imitando la misma posición en la que Jacob estaba, mientras dejaba que su mano flotara a través de las ensangrentadas hojas y pequeños matorrales del bosque. Se acercó entonces a los cuerpos de sus víctimas de ese día no tan distante y tocó cada uno brevemente, esparciendo los restos al viento con poco más que un pensamiento. Sabiendo cuán brutalmente distractor podía ser el tiempo de la Vinculación, Jacob estaba más que un poco impresionado de que Elijah hubiera recordado venir y hacer esta clase de limpieza. Era, claro, importante quitar toda la evidencia de tales batallas y de los seres que se supone no existían. Claramente, los nigromantes y cazadores que habían perdido a sus compatriotas en la batalla no sentían la misma necesidad de cubrir sus huellas. Pero el secreto era una necesidad incluso para los mortales que pensaban vivir como Nightwalkers. La sociedad humana era demasiado escéptica acerca de la magia y, de lejos, demasiado afianzada en los prejuicios religiosos para que los usuarios mágicos se arriesgaran exponiéndose. Y tan volubles como los cazadores podrían querer ser, incluso ellos tenían que ocultarse por el miedo de etiquetarse como insanos… o incluso homicidas. Era bastante gracioso, su propia clase - los mortales- podían ser más peligrosos para estos desencaminados humanos de lo que los Nightwalkers en realidad eran. Jacob había decidido seguir a Elijah porque el carácter del guerrero estaba claramente fuera de su línea y, después de su comentario de despedida a Bella, el Ejecutor se preocupó de que el otro Demon no estuviera lo suficientemente bien como para enfrentar el tipo de problema que estaba buscando. No había sido lo suficientemente fuerte para enfrentarlo solo la primera vez. Lo que hacía a Elijah pensar que tendría mejor suerte esta vez estaba completamente más allá de la comprensión del Demon de Tierra.
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    Elijah se enderezódespués de disponer de los restos de los mortales y separó sus pies con firmeza, equilibrando su considerable peso entre ellos, un viejo hábito que era reconocible como el distintivo del guerrero. Ambos Demons volvieron sus cabezas de repente cuando oyeron algo que sus instintos les dijeron que estaba fuera de lo normal en el bosque. Se le ocurrió a Jacob que nunca había averiguado lo que había atraído Elijah a este territorio en particular, el territorio de los Licántropos, en busca de problemas en primer lugar. Jacob estalló en polvo, montando las corrientes del viento natural hasta que, un segundo después, estaba uniéndose al lado del guerrero. El Capitán no parecía sorprendido al verlo. —Supuse que Bella iba a enviarte detrás de mí —susurró él saludando al Demon de Tierra. Juntos volvieron a su posición cerca de la tierra. Jacob cerró sus ojos, extendiendo una capa de camuflaje sobre ambos. Jacob no afirmó ni negó la especulación de su amigo. Estaba concentrándose en los movimientos del bosque que eran naturales y antinaturales. —Se me ocurrió que quizás no fui emboscado después de todo. Que tal vez me encaminé hacía algo que ni siquiera sabía, y eso es difícil de admitir. —Estoy de acuerdo —confirmó Jacob—. Encuentro extraño que hayas sido atraído al territorio de los Licántropos a propósito. Demasiadas variables. —Así que la pregunta es, ¿por qué estas mujeres están escondiéndose en el territorio de los Licántropos? —Y mi respuesta sería que los Demons no son los únicos en su lista negra. Ya lo sabíamos. —Sí, pero ¿por qué Ruth y Mary unirían fuerzas de esta manera? Francamente, es a ti, a Bella y al resto de nosotros a quienes ellas guardan rencor.
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    —Quizás —estuvo deacuerdo Jacob quietamente—. Pero ya que los Vampiros y los Licántropos nos ayudaron a derrotar a sus tropas durante la Batalla de Beltane, ellas pueden haberlos hecho parte de esa venganza. Elijah estuvo callado por un momento y entonces recordó algo que Siena le había dicho cuando recuperó la conciencia la primera vez que estuvo a su cuidado. —Espera un minuto. Ella dijo… ¡ni siquiera lo relacioné! —¿Qué? —Siena. Siena me dijo, comportándose como una sabihonda en ese momento, que tenía que salvar mi cuello porque no estaba dispuesta a estropear años de relaciones pacíficas permitiendo que nuestro pueblo me encontrara muerto en territorio de Licántropos. Los ojos de Jacob se ensancharon ligeramente en comprensión. —Ya veo. ¡Qué mejor manera de disolver cualquier relación útil entre los Licántropos y los Demons que poner la sospecha en su puerta por la muerte de un Demon! Y no de cualquier Demon… —¿Yo? Entonces eso significa que fui emboscado. —Pudo ser así. —Los ojos de Jacob se estrecharon cuando miró detenidamente los árboles—. Es tu trabajo rastrearlas y Ruth lo sabe. Así que dejaron un sendero obvio. Y cuando lo perdiste… —Se quedaron esperando a que vinieras a investigar. Tú y Bella… e incluso Noah. Ellas todavía están aquí. Elijah hizo una pausa para escuchar al viento un momento, marcando donde soplaba alrededor de un objetivo u otro, y diferenciando cuáles de esos eran de sangre caliente. —Siena las ahuyentó por lo que no se dieron cuenta que fuiste rescatado. Tienen guardias situados, esperando informar de cualquiera que entrara en el bosque buscando tu cuerpo. —Lo que significa que estamos en problemas. —Diría que sí —concordó Jacob, sintiendo la súbita vida que pululaba hacia ellos a través de los árboles—. ¡Maldita sea! ¿Cómo enmascaró a tantos de ellos?
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    —Me llevan losdemonios. Mejor salgamos de aquí. Jacob asintió y se movió para cambiar su forma a polvo, en la que no podía ser lastimado, así como tampoco en la forma de viento de Elijah. Pero éste de repente se tensó y agarró el brazo del Ejecutor. Jacob se quedó quieto y dirigió su atención a donde la mirada del guerrero estaba enfocada. El destello de oro a la luz de la luna guiñó en la línea de los árboles frente a ellos. Un halcón apareció entre los árboles y giró en un círculo perezoso encima del claro, desprevenido de los Demons camuflados que estaban sentados en la maleza debajo de él. La mirada del guerrero estaba clavada en la línea de los árboles, sabiendo exactamente lo que iba a ver incluso antes de que la gata dorada saltara dentro del claro. No era una coincidencia que Siena estuviera allí, se dio cuenta Elijah de repente. Ella no hizo sino esconder sus intenciones para investigar la escena de su cercana muerte por si misma. Él la había llevado ahí. Jacob sintió el cuerpo de Elijah que se tensaba a su lado y alcanzó a sujetar al guerrero. —No te muevas —le siseó. —¿Por qué ella no puede olerlos? —demandó Elijah en voz baja. —Yo tampoco puedo olerlos —informó Jacob—. Es un encanto poderoso. Elijah miró con desesperación como el halcón osciló encima de la tierra y se metamorfoseó en el aire a fin de que el Licántropo con el pelo bicolor, que se había encontrado en la caverna, se desplazara en carrera ligera. Ella se detuvo y se volvió, buscando a su hermana. Su hermana. Syreena. Elijah supo de repente quién era ella exactamente y cuan importante era para Siena. Cuando Siena cambió de forma, medio
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    prado lejos dela otra mujer, Elijah cerró sus ojos e intentó ejercer su conexión con ella con más fuerza de la nunca hubiese intentado. Jacob vio a la Reina quedarse quieta, agachándose instintivamente. Siena trató de quitarse de encima el extraño estremecimiento que recorría su cuero cabelludo. Sintió una inexplicable sensación de pánico y advertencia, pero no eran sus propios instintos los que ella estaba sintiendo. Frunció el entrecejo y empujó la intrusión, asumiendo que era el entrometido guerrero en su mente que protestaba por sus acciones. Bien, que se condenara si le permitía decirle lo que podía y no podía hacer. Investigar el incidente que los había reunido era su responsabilidad y debía hacerse para proteger la seguridad de aquéllos que vagaban por esta parte de su territorio. Era su deber proteger a su pueblo y él no iba a ordenarle nada. Elijah se sacudió a Jacob y se puso de pie. Con una sola zancada salió corriendo de la influencia del camuflaje de Jacob y corrió hacia la terca Reina. Ella lo olfateó antes de que lo viera y se puso de pie de un salto cuando él apareció de ninguna parte y corrió hacia ella. Fue tan rápido, que lo sintió impactar contra ella entre una respiración y la siguiente. Al siguiente segundo sintió las moléculas de su cuerpo desintegrarse literalmente en las de él. De pronto supo lo que se sentía ser como el viento. Por un momento, sintió como si no pudiera respirar, aunque todo era aire. Pero su presencia la rodeó cuando volaron juntos en la noche, al pasar rozando las ramas de los árboles desnudos, las agujas del pino y los palos. La Tierra pasó tan rápidamente bajo ellos que a Siena le dio vueltas la cabeza y quedó un poco mareada. No tenía voz para reclamarle por su tratamiento arbitrario, por lo que no tuvo ninguna elección sino simplemente aferrarse a la esencia del aire que era él. Fue apenas un minuto después, que la Tierra se abalanzara hacia ellos. Era de nuevo tan sólida de repente que, si él no la hubiera tenido sostenida tan herméticamente, se habría caído de cara en la tierra. Después de un momento de confusión, se dio cuenta que
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    reconocía donde estaban.De pie en la entrada de la cueva de Jinaeri, dónde todo esto había empezado. Siena se empujó lejos de él en el minuto en que ajustó su equilibrio, enfrentándole con ultraje y fuego. —¿Qué es lo que crees que estás haciendo? —demandó ella. —Salvando tu mimada espalda —le devolvió en el acto. Fue entonces cuando se dio cuenta de que él estaba enfadado. No sólo un poco molesto, sino positivamente furioso. Había llamas en sus ojos, lo verde de ellos estaba tan oscuro que parecían casi negros. De repente se sintió vulnerable y en desventaja. Instintivamente, su pelo se ciñó herméticamente alrededor de su cuerpo desnudo. Varios segundos después, otras dos personas se unieron a ellos desde una ducha de polvo en las formas del Demon Ejecutor y su hermana Syreena. Syreena estaba acostumbrada a volar, por lo que ella no estaba tan desorientada como Siena. Sin duda, ser de pronto desmolecuralizado era perturbador para cualquiera que no tuviera experiencia en el hecho, así que aún estaba un poco más que pálida por el incidente. —¡Era una trampa! —replicó Elijah a Siena, atrayendo su sobresaltada atención hacia él—. ¡Había cerca de cien nigromantes y cazadores rodeándonos! —¡Imposible! —Le respondió ella en el acto, sus delgadas manos cerrándolas en puños—. Los habría olido. Sabes como yo que los usuarios de magia son las criaturas aromáticas más viles en el planeta para nosotros, Nightwalkers. No hay manera… —Al parecer la hay —la interrumpió Elijah, agachándose tan estrechamente sobre ella que tuvo que retroceder instintivamente—. No sólo estás tratando con humanos desalineados, Siena. Hay Demons allí que tienen el poder para engañarte de maneras que ni siquiera podrías concebir. Hay una razón por la que tu padre nunca ganó una batalla contra nosotros, no importa cuan duro lo intentó. ¡Y créeme cuando te digo que, aún cuado todo tu pueblo me considera un carnicero, podría hacerles mucho más daño de lo que cualquiera de ellos imaginaría!
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    —Una Demon Mentaldel calibre de Ruth puede hacerte ver, oler y oír cualquier cosa que ella quiera. No sólo puede hacérnoslo a nosotros, su propia gente, que somos conscientes de ello, sino que ciertamente te lo puede hacer a ti. La única manera que Jacob y yo pudimos ver a través del encanto fue porque pudimos usar habilidades alternadas para sentir el calor de su cuerpo. —Está diciendo la verdad, Siena —dijo Jacob más suavemente, sabiendo que Elijah no estaba siendo muy diplomático en este momento. Jacob sabía lo que el terror de mirar a tu compañera estando cerca del peligro y la muerte haría a tu personalidad y a tu corazón. —Ambas habrían sido masacradas en cuestión de minutos si Elijah no las hubiera visto. Te aseguro que en todo este tiempo ellas se prepararon para la posibilidad de un Licántropo. Soy sensible a todos los metales de la Tierra, y te juro que ellas tenían la suficiente plata para matar a mucho más que dos cambiantes desprevenidas. —No vi nada —dijo Syreena escépticamente—. Deliberadamente rodeé el bosque y el claro varias veces antes de que señalara a Siena que todo estaba despejado. Pero estaba claro que la mujer con el pelo bicolor no estaba discutiendo el punto que Jacob y Elijah habían intentado hacer. Ella estaba más que conmocionada. —Si necesitas pruebas, estaría feliz de regresar y tirarte dentro de ese claro para que te pateen el trasero —amenazó Elijah. —¡Cómo te atreves a hablarme de esa forma! Jacob se agitó cuando la segunda mujer se volvió y puso sus ojos en blanco hacia él. Fue entonces cuando también notó que esta mujer llevaba delicados eslabones de oro y piedras de luna alrededor de su cuello. Esta joya era sólo poco menos de un centímetro y medio de espesor, a diferencia de los más de cinco centímetros del collar de la Reina. Jacob sospechó que esta otra mujer también era un miembro de la casa real, aunque nunca había oído hablar de una segunda Princesa en la corte en los informes de Gideon durante su tiempo allí.
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    Los collares erannotables, reflexionó Jacob. Debía haber algún tipo de encantamiento sobre ellos que les permitían ampliarse y contraerse cuando su usuario cambiara de forma. Ir del halcón al humanoide constituía una diferencia significativa en redondo, aún cuando la Princesa fuera pequeña, con los huesos finos. No podría tener más de un metro y medio. Como su hermana, su presencia era bastante impresionante para hacerla parecer un poco más grande que su estatura. Y el pelo de arlequín y sus ojos eran hermosos, pero también intimidantes. Jacob, con cuidado, tomó el brazo de la Princesa y la llevó varios pasos lejos del par en disputa. —Soy Jacob, el Ejecutor del Rey Demon. Me disculpo por agarrarte sin advertencia, pero ambas estaban en peligro. —Te creo —le aseguró ella, acercándose para tomar su mano extendida—. Soy Syreena, Consejera de la Reina y su hermana. Jacob observó que ella miraba hacia atrás para vigilar a su hermana. —Es idea mía o ¿somos tan inútiles como agujeros en un paraguas en este momento? —preguntó ella, levantando ligeramente la ceja gris sobre la marrón. —¿Estás sugiriendo que abandonemos a tu Reina y a mi Capitán a sus destinos? —sonrió Jacob vagamente—. Eso sería increíblemente grosero. —Lo sé —rió ella—, pero no has tenido que vivir en la corte con ella en estos últimos días. —Créeme, él no ha estado mucho mejor. Intercambiaron una última mirada antes de cambiar a polvo y halcón, ambos volando sin que sus acompañantes lo advirtieran. —Aquí no soy la testaruda —insistió Siena, la irritación rompiéndose en sus ojos dorados—. ¡Si te hubieras apartado de mí, nada de esto habría pasado!
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    —Me gustaría realmentesaber cómo lo calculas —Elijah exigió. —Si no hubieras estado intimidándome antes… —¿Intimidándote? —la interrumpió—. Yo no he hecho nada más que tratar de convencerte de cuán estúpido es torturarte por resistirte a lo inevitable. Estoy tratando de protegerte de... —¡Nunca pedí tu protección, y juro por la Diosa en este mismo minuto que nunca lo haré! —¡Demasiado tarde! —le recordó él con una cruel mirada de satisfacción—. Mejor sé cuidadosa con lo que juras o pagarás el precio a tu cuenta. —¿Y qué, irme al infierno, donde todos los Demons viven? Creo que ya estoy allí, muchas gracias por su preocupación. Se volvió para alejarse de él, no queriendo nada más que entrar corriendo en el bosque e irse tan lejos de él todo lo que pudiera. Esta vez ella anticipó su agarre por su pelo y lo esquivó suavemente, un grito de triunfo en sus labios mientras saltaba atrás y se reía de él. Se cambió tan rápido de humano a Mujer Gato que Elijah apenas tuvo tiempo de parpadear. Esto era otra cosa completamente diferente, comprendió Elijah, tomando un prudente paso atrás. Cuando miró fijamente las ovales pupilas, descubrió las garras y una cola que se retorcía con desafío. Ella acababa de hacerse tres veces más fuerte de lo era, mejorando cada instinto felino que ya tenía. Esta no era una forma con la que él quería pelear. Él no quería luchar con cualquiera de sus formas. Estaba cansado de luchar contra ella, de intentar hacerla entender lo que ella se negaba a ver. Así que ignoró su desafío y, con un suspiro resignado, le dio la espalda y se alejó varios pasos. Cambió de forma aproximadamente a cinco metros de ella, desapareciendo en la proximidad de la madrugada. Siena estaba sorprendida por su retirada, volviendo automáticamente a su forma humana por su confusión. Dio una mirada a su alrededor, sintiendo el aligeramiento del bosque agudamente. Se disuadió de tratar de entender lo que el Demon
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    quería esta vez,transformándose en puma y comenzó a viajar rápidamente hacia su hogar. A su máxima velocidad, ella volvería a su castillo sólo una hora después del amanecer. Ni siquiera notó la cubierta de nubes que parecían seguirla todo su camino. —Sin duda ellos ahora saben que no estás muerto, extendido sobre el suelo del bosque —señaló Noah—. Y que su trampa se ha descubierto. Noah esperó una respuesta, pero cuando esta no vino alzó la vista del pergamino que trataba meticulosamente de descifrar. Elijah se apoyaba contra su escritorio con su espalda en él, los brazos cruzados fuertemente sobre su pecho, piernas cruzadas en los tobillos. Sin embargo, a pesar de la relajada posición del cuerpo del guerrero, era evidente que estaba fuertemente envuelto en tensos pensamientos y emociones. —¿Elijah? El Capitán miró hacia el Rey con una ceja levantada por la sorpresa. —Lo siento, ¿dijiste algo? —Dije que hay sólo un noche más hasta Samhain. ¿Has tenido algún progreso con Siena? —No. Ella está tan obstinada como siempre—. Elijah le dio una sombría sonrisa de sarcasmo—. Sin embargo, ella ha aprendido un único uso para el desarrollo de nuestra telepatía. ¿Sabes cuántos nombres despectivos hay en el idioma Licántropo? —No, pero tengo el presentimiento de que tu sí. —Oh, sí —Elijah forzó una sonrisa y una actitud de sarcástico placer—, y los golpes apenas siguen viniendo.
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    —Mira el ladobueno. Sabrás su idioma antes de tiempo a este ritmo. —Sí, pero no creo que vaya a ser un vocabulario que me encariñará con su prejuiciosa población más de lo que ya soy. —Buen punto —dijo Noah en acuerdo—. ¿Por qué no le pides a Gideon que hable con ella? —¿Después de lo que sucedió la última vez? ¿No crees que el desarrollo de la guerra con los ilegales mortales sea suficiente? —Elijah, me parece difícil de creer que Siena sea tan irracional. Ella siempre ha demostrado ser una mujer de rara sabiduría y notable claridad de propósito. —Y lo es —concordó el guerrero—. Y su sabiduría y la claridad de los objetivos son dirigidas plenamente contra mí. Como ella se deleita en decirme —se tocó su frente en indicación— hay una gran variedad de animales de granja a los que preferiría hacer su Rey. Noah se estremeció, haciendo retroceder con cuidado el humor de ese comentario para no machacar al guerrero más de lo que ya estaba. Siena era de verdad lista. Ella perseguía el punto más vulnerable de Elijah, su ego. Pero había una falta decidida de sabiduría en su abuso. Sólo haría las cosas más difícil para ella la próxima noche. Así como iba, Noah podía ver la tensión bajo la que estaba Elijah con ese tiempo tan cercano a él. Siena no tenía ninguna idea de la moderación a la que se estaba forzando. No tenía ninguna pista sobre cuan duramente él estaba intentando protegerla de sí mismo, no importaba cuan irritante era su conducta. Mañana todo eso sería un punto discutible. Si sólo usara su conexión para buscar las intenciones verdaderas de Elijah hacia ella, quizás lo vería un poco más amablemente. Para el Rey que había conocido al guerrero toda su vida, Elijah estaba en camino de estar completamente enamorado de la Reina cascarrabias. De hecho, el carácter que tanto lo fastidiaba era, sin duda, una gran parte de su atracción por ella. Elijah era guerrero hasta la medula y nada le satisfacía más que un desafío. Una batalla para ser ganada. Una victoria difícil de conquistar.
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    Sin embargo, Elijahpodría considerar los obligados acontecimientos a suceder durante el Samhain brutalmente rudos y por debajo de su sentido del honor. Siena no tenía ninguna idea lo que eso le haría. —Pensé que estarías instruyendo a los guerreros esta noche. —En eso estoy —dijo Elijah, apartándose del escritorio—. Quise contarte rápidamente lo que sucedió anoche. Estabas durmiendo cuando yo regresé. —Bien, mantén a todos listos y en movimiento. Asegúrate de que todos tus guerreros entienden la importancia de no aventurarse afuera por su cuenta—. Noah hizo una pausa un momento, girando para examinar el fuego a través del pasillo—. E infórmame de más desapariciones lo más pronto posible. Elijah asintió, entendiendo bastante bien lo que quiso decir. El conocimiento de Ruth de los nombres de poder de los Demon estaba pasando factura. Uno por uno, ellos estaban siendo Convocados en el pentagrama de magia negra. Ruth era una Anciana que había adoptado a muchos Demons a lo largo de los siglos. Ella había sido una opción popular para Siddah. Ahora cada padre que había confiado en ella con el nombre de poder de su niño estaba de luto y sentía la agonía del terror por las vidas de sus niños. Ruth suministraba sus nombres a los viles nigromantes y ellos estaban siendo Convocados uno por uno para hacer su puja. No había manera de detenerlo. Ninguna protección para ellos. El único Demon que había podido evitar el destino del pentagrama había sido Legna, y eso había sido de pura suerte. Todos los otros ya serían los insanos monstruos que, en el futuro, Bella y Jacob tendrían que encontrar y destruir antes de que pudieran causar daño. Durante los meses pasados Jacob había estado haciendo poco más que la tentativa de detectar a las lamentables criaturas y sus captores. Ahora que Isabella estaba casi completamente bien, ella finalmente sería capaz de ayudarle a llevar aquella carga. Era su Destino hacerlo. —El emparejamiento también aligerará las responsabilidades habituales del Samhain de Jacob —dijo Elijah—. Habrá menos
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    posibilidades de tentativasde los pícaros de seducir a seres humanos y a otros si los supervisamos entre sí. Noah diría que Elijah sólo deseaba que algo tan fácil le ayudara a resistir el instinto de apareamiento que lo agobiaría en Samhain. Los Demons que dirigen erradamente sus instintos de unión con los humanos en Samhain eran una cosa y el deber de Jacob era contenerlos porque esto debía detenerse. Elijah estaba Vinculado y nada podría detenerlo. Nada excepto la muerte. El guerrero se disolvió en el aire unos momentos más tarde y Noah vio el remolino de la brisa en la que se había convertido cuando se dirigió por delante de la chimenea hacia el exterior por una ventana abierta. Un momento después, la forma astral de Gideon se solidificó frente a Noah. —¿Hay algo que puedas hacer por él? —preguntó el Rey. —No. Elijah no es un ser irrazonable. La culpa es de Siena. —Lo sé. Pero tampoco puedo culparla. Ella no entiende nuestras costumbres, con excepción de lo que aprendió de ti. Esto es muy diferente que crecer sabiendo lo que se espera en una situación como esta. —Pero ella se opone aún a las tradiciones con las que ella creció —le informó Gideon seriamente—. La tradición del collar que ella lleva es muy clara. En el minuto en que Elijah se lo quitó, ella se volvió suya. Creo que Elijah ni siquiera sabe esto. No se lo he dicho yo mismo porque no veo ninguna necesidad de causarle aún más dolor. Saber que ella preferiría desafiar sus propias tradiciones a tomarlo como compañero sería tremendamente doloroso. —Tiene que haber algo que podamos hacer. —Lo hay. Podemos permitir que la luna Sagrada de Samhain venga y dejar que la naturaleza siga su curso con los dos. La naturaleza no hace que estas compulsiones vengan a nosotros sin ninguna razón. Es un truco muy inteligente, si lo piensas. —¿Para forzar una violación? Es así como Siena lo percibirá. Si no hubieras ganado a Legna a tiempo, ¿no sería lo mismo?
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    —Quizás sí. Quizásno. Legna habría entendido que no habría tenido ninguna opción. Ella habría sido por lo tanto compelida... No creo que sea diferente para Siena. No es diferente para Bella o Corrine o cualquiera de los otros Druidas. Si se cruza esas especies, la compulsión con mucha probabilidad cruzaría también a esta. He visto a Siena últimamente. Está pálida y claramente anhelando lo que está intentando resistir. —No estoy seguro de entenderla, Gideon. Si hubiera alguien que aceptara un Demon en su sociedad con los brazos abiertos, sería ella. Tal como ella les dio la bienvenida a ti y a Legna. —No somos una amenaza para su reinado y su sentido de independencia. —Elijah no podría preocuparse menos por compartir su trono. Todo lo que él quiere es a ella. Y de forma voluntaria. Él quiere que ella venga de buena gana. Su independencia es vital para que eso suceda. Una de las cejas plateadas de Gideon se alzó en súbita contemplación. —Quizás éste es un punto importante—, respondió al Rey especulando—. Siena valora su trono tan altamente… Noah, pienso que puedo ser capaz de ayudar a nuestro Capitán después de todo. Gideon desapareció con un pestañeo de luz plateada, dejando al Rey sin explicación. Dame un momento a solas antes de que te nos unas. ¿Estás seguro? Sólo le tomó un momento a ella perder su temperamento la ultima vez. Tú sabrás cuándo venir. Confío en ti, dulce. Legna acogió ese comentario con placer. Flotó ligeramente en los pensamientos de su esposo cuando él se acercó al cuarto del trono.
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    Siena había dadola bienvenida con satisfacción a su corte de vuelta en los cuartos del trono internos y externos poco a poco, por lo que había bastantes personas allí y los guardias le permitieron pasar fácilmente. Ellos no fueron testigos de la explosión de Siena hacía pocos días, por lo que no tenían ninguna razón para dudar en hacerlo. Legna estaba en la misma habitación, en un rincón lejano y fuera de la vista de la Reina, hablando con un grupo de caballeros Licántropos que encontraban hermosa a la mujer Demon, una delicia para los ojos y su intelecto. A diferencia de Jacob, Gideon no se perturbó en lo más mínimo por esto. Su sonrisa y su risa eran abundantes y hermosas de ver y oír. Esto le daba una notable sensación de orgullo, verla envolver a los miembros anteriormente obstinados de esta especie alrededor de sus bonitos dedos. Su estado de embarazo sólo ampliaba su impaciencia para satisfacer cualquier deseo que ella pudiera expresar. Pero él sabía que al final de la noche, cuando el amanecer llegara, ella buscaría su cama y a nadie más por el resto de la eternidad. Podía sentir sus ojos en él cuando algunas de las mujeres de la corte se le acercaron con igual simpatía a saludarlo. Él no era tan social y diplomático como su esposa, pero de algún modo esto contribuyó a hacerlo más codiciado después. Había estado perplejo por esta indeseada atención durante meses antes de que su esposa se hubiera dignado explicárselo. Al parecer, ellos lo consideraron "misterioso." Y esto, por alguna razón, les era atractivo. Gideon estaba con su usual tranquilidad y directa forma de ser cuando se movió a través de sus admiradores. Sintió la atención de la Reina en el minuto en que ella lo notó. La compañía se apartó cuando ella se levantó de su trono dónde había estado en una discusión con sus ayudantes, Anya y Syreena. Parecía terriblemente pálida y estaba claro que no estaba durmiendo apropiadamente. De hecho, en absoluto, pensó él cuando midió su fisiología con sus agudos sentidos. Ella descendió los pasos a la plataforma del trono y continuó de la plataforma al suelo principal. Estaba vestida en un traje ceremonial de tela de oro. La chaqueta era de estilo bolero, intricadamente bordada, que
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    dejaba su estómago,costados y espalda completamente desnudos. La larga y ligera falda que hacía juego estaba asentada muy baja en sus caderas y estaba compuesta por una media docena de tablones de tela que se agitaban detrás de ella mientras se movía hacia él. Se acercó con ambas manos extendidas, las cintas de oro y de diamante alrededor de su brazo superior izquierdo brillando en las lámparas del techo. Él tomó las ofrecidas manos en las suyas e inclinó su cabeza en una elegante reverencia. Ella alcanzó a poner un beso raro de público afecto en su mejilla y le susurró cuando la muchedumbre alrededor de ellos murmuró con especulación y sorpresa. —¿Alguna vez podrás perdonarme? Me comporté como una niña —dijo ella. —Seguro. Estabas disgustada y soy capaz de comprender por qué. Su beso era un honor distintivo en esta corte. Confiriéndoselo a él, ella había cambiado su posición y, por asociación, la posición de su esposa en la corte. Ya no eran más que solo una fascinación, una curiosidad y embajadores extranjeros. Ellos eran, desde ese momento en adelante, unos de los más íntimos amigos personales de Su Majestad. —Deseas influir en la demanda de tu Capitán Guerrero, supongo-, ella dijo astutamente, después de tomar un momento para medirlo. —Creo que podrías estar interesada en lo que he venido a decir. Te recomiendo que escuches todo lo que tengo que comentar. —Al parecer mis consejeras están de acuerdo —señaló ella, alzando una mano para indicar a Syreena y Anya que tenían sus cabezas cercanas y juntas en discusión mientras los miraban. Siena enlazó su brazo con el de Gideon y caminó con el mientras su gente se apartaba para permitirles pasar. —¿Has visto a Myriad cuándo estabas visitando a tu Rey? — preguntó ella interactivamente, haciendo una pequeña charla mientras podían ser oídos por otros.
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    —Tu embajadora vienea menudo al castillo. Yo creo que ella y Noah han formado una relación antagónica encima del tablero de ajedrez. Siena se rió, el sonido pareció iluminar su apariencia. —Myriad es una terca criatura. Ella no se rendirá hasta que lo derrote —informó ella. —Te ruego me perdones —Gideon dijo fácilmente—, pero creo que es Noah quien está intentando golpear a tu pequeña mestiza. —¿De verdad? —Siena se rió de nuevo, sus ojos dorados brillando con entretenimiento—. Cosa inteligente. Sabía que ella era la opción apropiada para enviar a tu corte. Yo sólo puedo rezar para que ella no consiga ofender a Noah tanto que él declare la guerra de nuevo. Gideon sonrió cuando ella lo sacó de las áreas pobladas del cuarto del trono y sus vestíbulos y se paseó con él en los alrededores más lejanos de la interminable estructura. Ella fue la primera en romper el afable silencio que habían formado. —Si estás aquí para recordarme cuan fútil es mi resistencia a esta Vinculación, puedo asegurarte que ya estoy entendiendo la situación. No soy yo misma, y sé que se nota—. Ella hizo una pausa y Gideon le dio su tiempo para decidir lo que ella deseaba compartir con él—. No entiendo cómo tú y tu compañera disfrutan tanto esta cosa. Siempre que la veo, ella está brillando, bonita y sonriente. Tu inteligencia es la primera cosa de la que he podido disfrutar desde que regresé a la corte. —Cuando Legna y yo nos Vinculamos por primera vez el uno al otro —empezó el médico— no éramos lo que uno podría considerar los mejores amigos. En realidad, nosotros habíamos sido hostiles el uno hacia el otro durante casi una década debido a un incidente que había herido su orgullo. Uno en el que yo infringí completamente las reglas debido a mi tergiversado sentido de lo correcto e incorrecto. El momento en que nosotros nos Vinculamos, sin embargo, siempre entendimos que era inevitable que nos volviéramos amantes. Que estaríamos emparejados por el resto de nuestras vidas. Entendimos esto porque como Demons es parte de nuestra historia y fisiología, aunque hasta hace muy poco era una
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    situación muy rara.Afortunadamente, lo que pudimos controlar fue el tiempo que tomamos para resolver los problemas entre nosotros, para conseguir saber uno del otro antes de que Beltane nos obligara a nosotros. Esa preparación fue vital y preciosa, Siena. Sin ella, estoy seguro que habría tomado más tiempo para nosotros encontrar el corazón del otro. —Samhain te forzará a ti y a Elijah entre sí. Te lo garantizo. Yo veo la compulsión que se construye dentro tuyo mientras el tiempo se acerca. También se refleja en Elijah. Las ramificaciones están en los dos lados de nuestras sociedades, te aseguro que a pesar de tus forcejeos, te encontrarás despertándote al lado de él la mañana después de Samhain. —Me dices que aparte a mi sociedad cuando ésa es la única cosa que no puedo hacer. Lo que me afecta a mi, afecta a mi pueblo—. Siena mordió sus labios suavemente—. No soy una mujer Demon. Tú nunca has visto este particular cruce en las especies antes. Dices que no puedo luchar, pero yo no soy ningún ser ordinario. —Ni yo —le recordó el Antiguo Demon con un frío y leve tono cuando su mirada de tonalidades plateadas cayó en la dorada de ella—. Siena, has aprendido después de un arduo y largo conocimiento a confiar en la verdad de mis palabras. Conociéndome estos veinticinco años, ¿escoges dudar de mí ahora? Después de que pusiste el destino de tu trono y todo tu pueblo en mi palabra y mis enseñanzas acerca de lo que tus llamados bárbaros enemigos tenían razón? La miró mientras ella presionaba una palma sobre su frente, su paso al lado de él nunca cambió. Él sentía su dolor, podía ver la tensión del dolor golpeando en su cabeza. Le perturbaba no saber aún cómo manipular la fisiología del Licántropo lo bastante bien para serle de utilidad a ella... Él había pasado esos cinco años de cautiverio aprendiendo y la mitad de este año pasado reenseñándose los elementos esenciales sobre su fisiología. Pero tardaría otros pocos años de estudio antes que él empezara a hacer progresos sanando a esta compleja especie. Los humanos y los Demons eran una cosa, pero las complejidades de la química de los cambiantes, el ADN y la alterabilidad de sus cuerpos enteros, hacía el arte de sanarlos el desafío más difícil que el muy experimentado médico había encontrado en todos su vida larga.
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    La única cosaque él podría ofrecerle eran palabras. Esperanzadamente las correctas que la ayudarían a entender que estaba enfermándose sobre algo que simplemente no podía cambiar, incluso con todo el poder en el mundo. Éste era un acto de supremacía más allá y superior a cualquiera de ellos, no importa cuan poderosos se volvieran. Mi amor… ¿Si, dulce? Preguntó a la suave y luminosa presencia en su mente. Debes decirle algo que ella quiera escuchar, dijo Legna prudentemente No es lo tuyo ser indirecto. Ella no responde a las órdenes. Sólo responderá a las posibles soluciones. Siena no puede separar a la mujer de la Reina. Ella ha reprimido su feminidad salvajemente y, aparte del miedo de obligarse a compartir su trono, está el miedo de perder el control de su entorno. Esto es por lo que ella esta tan aterrada ahora... Gideon sabía que Legna entendía el asunto mejor que cualquier otro. Como Demon Mental, Legna tenía un asombroso conocimiento de psicología que había crecido exponencialmente desde que ellos se habían emparejado, compartiendo su poder entre sí. —Dile a tu compañera que se ocupe de sus propios asuntos — comentó la Reina secamente—. Siento su presencia zumbando alrededor tuyo, Gideon. Siena tenía telepatía con otros animales, incluso Licántropos en sus formas de animales, pero no estaba leyendo la mente de Gideon. Ella, sin embargo, sentía la presencia de Legna en su mente y tenía algo de un sexto sentido que le permitía tener una vaga idea de hacia donde sus pensamientos y discusiones estaban tendiendo. Era más bien como la habilidad de un predador de intuir el siguiente movimiento que haría una presa. —Ella me dijo que te informe que tu bienestar es mucho su trabajo —Gideon retransmitió—. Y te recuerda que nosotros somos tus amigos, no tus enemigos. —Todos son mis enemigos —dijo la Reina amargamente, su ritmo finalmente retardado cuando el peso de sus tristes emociones
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    la inquietaron—. Oellos pronto lo serán. Ahora, ¿qué le sucederá a nuestra paz, viejo amigo? Siena sintió el revelador estallido en el aire que anunciaba la teletransportación de Legna. Ella la había esperado, así como esperó las confortables manos que la compañera de Gideon puso en sus hombros. Siena finalmente paró de moverse, volviéndose a buscar en los luminosos ojos plateados de Legna, absolutamente idénticos a los de su marido. —No debes molestarte con Gideon. Sabes que él es de lejos demasiado directo para su bien—, Legna dijo tiernamente, echando un pestañeo a su compañero fuera de la vista de Siena. Gideon sentía un aumento de orgullo en su pecho cuando miró a su encantadora compañera obrando su propio estilo de magia. Debería haber sabido que debía traerla con él desde el principio. El Antiguo todavía estaba aprendiendo a ser parte de un dúo y a veces tenía estos errores, pero era de esperarse después de vivir una existencia principalmente solitaria durante unos mil años. Algunos hábitos tardarían mucho más que seis meses para romperse. —Entiendo tus sentimientos en este momento, Siena —dijo Legna seriamente—. ¿Puedo ayudarte a imaginar cómo me sentí cuándo me di cuenta que iba a estar endilgada con este viejo por el resto de mi vida? Siena no pudo evitar sonreír cuando ella examinó cuidadosamente al guapo “viejo” de Legna. —A pesar de lo que él dice, yo no estaba tan ansiosa de aceptar como a él le gustaría pensar, y también puedo asegurarte que realmente me perturbé con la perspectiva de decírselo a Noah. Pero nosotros creemos en el Destino y en el porvenir, como sabes, y está claro que era inevitable. Y debe serlo incluso para ti. —Eso no lo hace más fácil —argumentó Siena. —No. Yo sé eso. Pero escucha todo lo que tiene que decir Gideon. Él puede ser capaz de ayudarte. —Ya he oído todos sus argumentos.
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    —Yo no ofrezcoun argumento, sino una solución—. Gideon tomó una mano de cada mujer y los llevó a un banco en un hueco dónde ellas dos se sentaron obedientemente. Legna recogió la mano de la Reina al instante, apretándola entre las suyas en silencioso apoyo. —Sabes que debes darte a ti y a tu pueblo tiempo para ajustarse a esto. Me has dicho que ellos no aceptarán un Demon como su Rey, ¿correcto? —Sí. Estoy segura de ello. —Entonces no le hagas Rey, Siena. —Pero tú dices que no puedo resistirme a esta Vinculación… —Yo dije que no le hagas Rey. No tienes más opción sino tomarlo como compañero y tú sabes eso en tu corazón y tu alma, quieres y necesitas a Elijah cerca de ti. Gideon se agachó, descansando una mano en la rodilla de la Reina cuando él miraba sus ojos perplejos. —¿Recuerdas el día que te pedí que me contaras la historia de tu monarquía? ¿Las tradiciones y cómo ellos han crecido y han cambiado durante los siglos? —Sí —sonrió ella—. Tú me mantuviste ocupada con la discusión durante veinte horas. Yo nunca he disfrutado más de un discurso. —Entonces piensa, por un momento, sobre esas tradiciones. ¿No me dijiste que, antes de que tú permitieras que los varones fueran iguales en tu sociedad, no había tal cosa como un Rey? Que había cambiado como ejemplo hace aproximadamente novecientos años cuando… —…cuando la Reina Colein elevó a su Consorte para igualarla en nivel —ella proporcionó cuando él buscó los nombres de las personas involucradas. —Sí. Alexzander. El primer Rey en tu historia. —No entiendo tu punto.
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    —Siena —habló Legna,su voz suave y urgente—. Elijah no quiere ser tu igual en tu monarquía, sólo en tu corazón, alma y cuerpo. Él está satisfecho con su vida y sus deberes con Noah. ¿Tú no entiendes esto? —Tú lo ves como una amenaza a tu trono. Así que yo ofrezco la solución de quitar la amenaza hasta el momento en que tú decidas que sea de otra forma —insistió Gideon—. Hazle tu Consorte, Siena, no tu Rey. Si un día escoges elevarlo como tu igual político, entonces será tu elección hacer eso y de nadie más. No hay ninguna ley de Licántropos que te exija hacerle tu igual en el trono, sólo que le hagas tu compañero. Invoca una tradición vieja, guarda tu poder encima de tu pueblo y deja de castigar a Elijah y a ti misma con tus propios miedos. —¿Sabes lo que estás pidiendo? —Preguntó Siena con voz ronca, su cabeza dándole vueltas cuando la esperanza y el alivio trataron de agobiarla—. Estás pidiéndome que lo trate públicamente de una forma… de una manera que ningún hombre de su ego podría tolerar. —Estamos pidiéndote que hagas lo que siempre has hecho. Hacer lo mejor para tu pueblo. Eso es tan natural para ti como respirar, Siena. —No conoces tan bien a Elijah como piensas —agregó Legna—. Por ti, yo creo que él haría cualquier sacrificio. Él no necesita impresionar a tu corte. Sólo a ti. Su posición con Noah es más que suficiente para él. Y te diré esto, aún cuando magullara su ego, Elijah todavía te llevaría en su corazón bajo cualquier condición. —Pero… —Siena —dijo Gideon con un suspiro— nada se gana sin adentrarse en el riesgo.
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    CAPÍTULO 11 Elijah se despertó la noche siguiente con un sobresalto. Se sentó en la cama de repente haciendo que su cuerpo protestara por el movimiento brusco. Tomó aliento llevando hacia atrás la mano para masajear los músculos doloridos de los hombros. Se había forzado a sí mismo y a sus tropas hasta más allá del límite la noche anterior, esperando que, en algún momento, la extenuación total les hiciera algún bien considerando la proximidad de Samhain. Elijah no sabía exactamente qué es lo que esperaba pero de momento se sentía bastante normal. Vale, tan normal como llevaba sintiéndose los últimos días. Lo que básicamente significaba que andaba arrastrando los pies, se sentía inmensamente triste y, total y completamente cabreado con cierta hembra Licántropo. Había dormido en casa de Noah con la esperanza de que permanecer cerca del Rey, de algún modo, le serviría de parachoques contra el primitivo impulso de atacar a Siena, el cual se suponía tenía que estar sintiendo. Y ahora, al despertarse sin sentir otra cosa que no fueran sus pensamientos y deseos habituales, se sentía ridículamente aliviado. Echó hacia abajo las sábanas y se dirigió al armario. Puso toda su intención en elegir el par de vaqueros usados más cómodos y una camisa blanca lisa con botones de lo más normal. Era lo que consideraba ropa de trabajo. Nada especial, ni siquiera seda, un recordatorio de su pasado elevado cuando tenía predilección por los tejidos de las camisas. No iba a hacer nada que pudiera malinterpretarse de ninguna forma como si se estuviera preparando para ver o seducir a una mujer. Se dobló los puños a mitad de los antebrazos y sonrió de verdad ante el informal reflejo del espejo. El guerrero se tomó un momento para pasarse las manos por el pelo, todavía le parecía
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    extraño el cambiode color. Había sido rubio platino la mayor parte de su vida. Todavía le resultaba raro ver los mechones dorados en lugar de plateados. Se preguntaba si era un recordatorio hecho a propósito para que no olvidase con quién se suponía que tenía que emparejarse. Cada vez que lo miraba, pensaba dónde se había originado el color. Seguro que para Legna fue igual cuando vio en el espejo que le había cambiado el color de los ojos, el plata distintivo de Gideon. Elijah salió de la habitación y se dirigió al Gran Salón. Dudó a mitad de camino en la escalera central cuando vio a Noah sentado junto a la chimenea, casi en la misma posición en la que Elijah le había visto cuando se fue a la cama. Miró hacia el escritorio de Noah de pasada, viendo que el montón de notas y traducciones había crecido durante el día. —¿Has dormido hoy? —le preguntó al Rey directamente. —Pues claro —mintió el Rey sin separar los ojos de las llamas a la que, últimamente, parecía mirar mucho. —¿Va todo bien, Noah? —insistió Elijah. Noah finalmente le miró, tranquilizándole con una media sonrisa. —¿No sería yo el que tiene que preguntártelo a ti? —Estoy bien. De hecho, mejor que bien. Estoy empezando a preguntarme si Gideon tiene claro todo lo que esto conlleva. —No te confíes, amigo mío —le advirtió Noah con suavidad—. Gideon rara vez se equivoca. —Gracias por el voto de confianza —dijo Elijah—. Noah, perdona que te lo diga, pero ¿en qué planeta estás últimamente? No eres el de siempre. —¿Sabes? Me he dado cuenta de que la gente a menudo piensa así cuando intenta evitar hablar de sí mismos. Preocúpate de ti mismo, guerrero. Estoy como siempre. Elijah no quiso insistir. Noah no conservaba a sus consejeros mucho tiempo. Hablaría cuando quisiera, ni un minuto antes. Por el
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    momento, el Reyestaba en lo cierto. Tenía sus propios problemas de los qué preocuparse esta noche. —Creo que voy a ir a echarle una mano a Jacob —dijo volviéndose—. Estando Bella todavía... Elijah se frenó al sentir la mano de Noah rodeándole el brazo. Se dio la vuelta y vio al Rey de pie, detrás de él, con una ceja levantada. —No te lo recomiendo. Jacob se las apaña solo. —Pero... —Elijah, ¿te lo tengo que deletrear? Jacob y Bella están Vinculados y estamos en Samhain. Te aseguro que si te dejas caer por allí sin anunciarte, no serás bienvenido. Elijah levantó las cejas al comprender el significado de lo que Noah le decía. Macho idiota. Elijah estaba casi acostumbrado al nombrecito que le vino a la cabeza, pero era la primera vez que lo oía en respuesta a algo que pasaba en su propia vida. Estaba tan distraído escuchando la voz cantarina y la risa que la seguía que se olvidó de Noah y se transformó en un viento rápido que se disparó hacia la ventana más próxima. Noah se quedó agarrando... la nada con una expresión perpleja en la cara. La primera parada de Elijah fue el campo de entrenamiento. Se paró en el centro del campo oyendo sólo el crujido de los maniquíes de madera y los blancos. Era realmente raro cuán abandonado estaba. Normalmente bullía de actividad de sol a sol. Pero era un día sagrado y no se le pedía a nadie que estuviera allí. Sin embargo, en el pasado siempre había habido alguien trabajando, intentando reenfocar las energías que podrían ser peligrosas si se dirigían mal. Parecía que Elijah les había hecho trabajar un poquito
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    demasiado duro mientrasintentaba agotarse y nadie estaba de humor para acercarse al Capitán o al campo de entrenamiento. Así que iban dos golpes. Caminó lentamente por el campo pensando en qué otra cosa podía hacer para pasar el tiempo. Quizás deberías hacerle un sacrificio a la Diosa. Elijah se quedó parado. Después de todo, es un día sagrado —continuó la voz. —¿Sabes? Has elegido un día perfecto para ponerte habladora —soltó con la voz resonando a través del campo vacío. Elijah respiró hondo y alejó sus pensamientos de la forma en que esa voz suya, sensual incluso en la mente, parecía recorrer su espina dorsal poniendo de punta cada nervio de su cuerpo. Maldiciendo en voz baja se transformó en un viento diabólico que levantó el polvo del campo de prácticas al marcharse. Una hora después Elijah se materializó en su propia casa a medio mundo de distancia de los territorios rusos. Por fin contento, empezó a encender faroles y le quitó el polvo a su sillón favorito antes de hundirse en él con un suspiro. Inclinó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos intentando liberarse en la quietud de la noche. Su casa en realidad era una cabaña moderna. Aunque tenía todos los servicios incorporados en una casa moderna, no les daba uso. La electricidad y todo eso no funcionaba para él ni para ninguno de los de su especie. Su hermandad con las fuerzas de la naturaleza hacía que la tecnología y la mayoría de los aparatos eléctricos reaccionaran de forma adversa con su bioquímica Demon. Lo sé. Tuve que utilizar como último recurso el alumbrado a gas en el castillo desde que Legna y Gideon llegaron a la corte. Elijah se sentó tieso de golpe. ¿Por qué sonaba como si estuviera más cerca que antes? Maldita sea, había escogido un momento asqueroso para burlarse de él. Era como si le estuviera haciendo perder la cabeza completamente y obligándole a ir a buscarla. Y si juzgaba
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    correctamente la tensiónque surgía en él y las ansias que la siguieron, lo iba a conseguir muy deprisa si seguía con esto. No te tengo miedo, susurró. Pues deberías, le advirtió iniciando la conexión él mismo por primera vez. Primero tendrás que encontrarme. Su amenaza inicial. Se estaba burlando, sin duda porque creía que podría esconderse de él. Se creía que poseía habilidades superiores y por ello no tenía nada que temer. Era un desafío tonto e Elijah le había creído más lista que todo eso. Se quedó frustrado y preocupado mientras se levantaba y empezaba a pasear de un lado a otro. Siena, estás jugando con fuego. No quieres hacer esto. ¿No debería ser yo quien lo juzgara? ¡Maldita fuera! Elijah intentó sacarla de su mente corriendo hacia la oscuridad en busca de algo, lo que fuera, que ocupara sus pensamientos. Para evitar que pensara en ella y los recuerdos de ella. Cuanto más le hablaba con ese susurro suave y sensual, más recordaba ese mismo murmullo en su oído ronroneando y urgiéndole a meterse más hondo en su dulce cuerpo. Recordaba perfectamente el tacto de sus dedos en el pelo y sus uñas arañándole la espalda. Elijah entró en la biblioteca y, con rapidez, prendió una cerilla y encendió dos faroles sobre la mesa. En este siglo no estaba muy por la lectura, tendía a concentrarse en sus habilidades para la lucha y la estrategia. En el siglo pasado había estado perfeccionando sus habilidades como artesano de armas. Cuando la biblioteca se iluminó, la prueba de esto relució en cada pared. Había cerca de veinte espadas de distintas variedades y cada una de ellas había sido hecha por sus manos, desde la empuñadura a la vaina. Incluso las monturas donde se mostraban habían sido trabajadas dolorosamente por sus manos.
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    No sólo eranpiezas de exhibición. Había practicado con ellas y había usado más de la mitad en batallas reales. Las examinó lentamente, esperando a ver cuál de ellas le hablaba más alto. La katana le llamó la atención. La hoja estaba metida prietamente en una vaina de plata pura y la luz del farol parpadeaba contra ella de manera que parecía que los grabados estaban vivos. Tendió la mano hacia ella, dudó y bajó la mano. Intentó no recordar la última vez que la había utilizado, sabiendo que Siena estaba en su mente. La hoja que mató a mi padre. Elijah se estremeció sin darse cuenta de que el tono era especulativo, no acusador. Lo siento, Siena. No lo sientas, Guerrero. Cambiaste nuestros dos mundos para mejor con el golpe de esa hoja. Elijah se alejó de la hoja abrumado y se dejó caer con torpeza en la silla más próxima. —¿Qué quieres de mí, Siena? —preguntó en voz alta con la voz ronca mientras intentaba filtrar sus emociones. Quiero saber qué quieres de mí. —Nada —susurró—. No quiero nada de ti—. Hizo una pausa que duró dos fuertes latidos de corazón. —Excepto a ti —dijo al fin. Se puso de pie y se acercó a las puertas de cristal que llevaban a la balconada que rodeaba la mitad de la casa. Salió y aspiró hondamente el aire nocturno inclinándose sobre la barandilla de madera. Tu tacto, tu risa, tus hermosos ojos, Siena. Tu temperamento, el brillo de tu piel y tu mente. Quiero despertarme por la mañana envuelto en tu pelo y mirando tus ojos. Quiero aprender lo que realmente significa conocerte. Elijah cerró los ojos sintiendo un dolor físico corriendo por cada fibra de su cuerpo.
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    No soy tanmisteriosa, Elijah. Sólo soy la mujer que no quiere más que conducir a su pueblo a una era de paz y tranquilidad. ¿Nada más, Siena? Elijah levantó la mano hasta la frente y se restregó las arrugas de reproche. Hay otra cosa que quiero. ¿Y eso es…? Quiero que me veas, Elijah. Elijah se enderezó apartándose de la barandilla cuando ella dijo eso. El corazón le saltaba erráticamente con una súbita oleada de esperanza. Entrecerró los ojos y escudriñó la oscuridad. La brisa nocturna soplaba sobre él y las nubes se movían por la cara de la luna creciente. Le llegó un olor débil y familiar y sintió que cada célula de su cuerpo corría a distintas partes dejándole un poco mareado por las secuelas. Y entonces vio el rayo de luna dorado. Agarrándose a la barandilla, Elijah saltó sobre ella cayendo al suelo dos pisos más abajo. Echó a correr pero se paró cuando el débil olor desapareció. Miró a su alrededor buscando la fuente del rayo dorado y de repente vio algo colgando de las ramas de un árbol. Alargó la mano, lo soltó y le dio la vuelta en la palma de la mano. Era un brazalete hecho de oro y piedras de luna con un diseño tan intrincado como el collar de Siena. Dime qué significa esto, Siena, le pidió. Es el brazalete del Consorte de la Reina, Elijah. No dijo nada más, no hubo más explicación. Sabía que no era necesario. Elijah era un hombre familiarizado con los detalles de la monarquía. Sabía más que de sobra lo que significaba ser el Consorte Real. El corazón de Elijah latía tan fuerte que casi no podía oírla. En ese momento, todo pareció cambiar. Los sentimientos abrumadores eran irresistibles, anhelantes, ansiosos y quizás un poco exasperantes.
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    —Dime dónde estás,Siena. Dímelo ya. Estoy en casa, Elijah. Y estoy esperando tu decisión. Siena se arrodilló ante el hermoso altar y encendió el incienso natural hecho en casa que Anya le había regalado en el último Beltane. Se sentó sobre los talones, cerró los ojos e intentó concentrarse en sus plegarias. Pero era difícil porque le sentía llegando con más que el corazón, el alma y definitivamente con el cuerpo. Qué era exactamente no podía descifrarlo en ese momento. No obstante, era tan imposible de ignorar como de explicarlo. Estaba todavía a un océano de distancia pero ya tenía la piel de gallina en los brazos, los hombros, le subía por el cuello y la sensación se extendía por el cuero cabelludo haciendo que se le pusieran los pelos de punta. La habitación estaba llena del aroma del incienso. Había estado ardiendo todo el día, de acuerdo a la tradición, preparando la noche que se avecinaba. También acorde a la tradición, Siena había pasado todo el día sin hacer otra cosa que dormir, bañarse, perfumándose, lavándose el pelo y dándose toda clase de aceites y lociones para hacer que la piel estuviera total y perfectamente suave. Había sido Princesa antes que Reina, toda su vida había transcurrido en la corte. Todo el alboroto, el acicalamiento y la atención de la que era objeto, era exactamente a lo que estaba acostumbrada. Y precisamente lo que disfrutaba. De hecho, solamente la familiaridad de todo ello la ayudaba a permanecer tranquila, relajada y concentrada a casi todos los niveles. Como resultado, no había un solo punto de su cuerpo que no fuera suave y no estuviera delicadamente perfumado y todavía podía mantener una imagen de dignidad y calma mientras esperaba. Así mismo, Siena había tenido suerte. Elijah había estado durmiendo hasta tarde la noche antes, hasta hacía casi una hora. Si se hubiera despertado antes no habría podido camuflar sus actividades o su excitación mientras se preparaba para
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    una noche dela que él no tenía ni idea. Aunque siempre se controlaba, esta conexión que se hacía más fuerte entre ellos tenía el potencial para que se traicionara. Podía esconder mucho a los demás pero Elijah estaba incrustado en su espíritu y muy pronto, por fin lo había comprendido, no habría nada que pudiera ocultarle. Y mientras él venía a ella podía sentir el corazón, la sangre, la adrenalina y todo el resto de endorfinas de la bioquímica de él fluyendo en su sistema. Era como una droga asombrosamente potente que hacía que le diera vueltas la cabeza como si estuviera nadando en estimulantes. Técnicamente, debería esperar a que él le diera la respuesta apropiada a ser su Consorte. Pero la había sentido en el corazón en el mismo minuto en que el guerrero había comprendido el significado del brazalete y cada paso que daba hacia ella era una aceptación. Siena apoyó las palmas en la piedra que estaba fría contra la calidez de sus manos y se levantó. Sus habitaciones estaban llenas de mujeres, ayudantes, guardias y damas de compañía. Y, por supuesto, Anya y Syreena estaban a su lado. Le flanqueaban cada una vestida con un traje ceremonial específico. Los trajes eran sueltos con mangas anchas como alas de ángeles. El de Anya era de un fino material verde, muy liviano, de seda fina que solo los artesanos más ancianos y diestros podían fabricar. Tejido en la misma seda, de manera que no se distinguía al tacto del material, llevaba la imagen de una zorra cuya cola se enredaba en la cadera de Anya y bajaba por el muslo. El traje de Syreena estaba hecho de la misma tenue seda, pero de color azul cera. Retorciéndose a su alrededor había un delfín a un lado y al otro, un halcón peregrino. Destellos de diamantes se esparcían para crear las olas del océano y las estrellas del cielo nocturno. Siena extendió los brazos con las palmas hacia arriba y cada una de las ayudantes cogió cada lado de la bata de satén y encaje que llevaba sobre el traje. Despacio, los dedos alcanzaron las cintas del delantero de su vestido y empezaron a entrelazarlos de forma complicada, como si estuvieran atando los cordones de los zapatos, salvo que cada una de ellas usaba una sola mano como si fueran una
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    sola persona. Serequería concentración, coordinación y cooperación para lograrlo y las mejores amigas de Siena, sus hermanas del alma, si no ambas de sangre, lo llevaron a cabo impecablemente. Cuando hubieron terminado, Siena tomó las manos de Anya entre las suyas y las apretó con afecto. —Has sido mi más querida compañera casi toda mi vida y me honra tenerte a mi lado en este… este evento del que ninguna de nosotras hubiera pensado tomar parte—. Siena se acercó las manos de Anya hasta que las palmas se apoyaron contra su corazón—. Pero, por tradición, no puedo elegirte como portadora de la daga matrimonial. Ese honor pertenece a mi hermana, Syreena, a pesar de sus protestas—. La mirada dorada de Siena llameó para acallar las protestas en los labios de Syreena. Syreena pensaba que Anya merecía ese derecho sin importar qué sangre fuera la suya—. Es su derecho —continuó Siena con los ojos cálidos y suaves mirando de una a la otra—. He deseado honrarla de la manera en que una hermana honra a su hermana. Porque, aunque casi no me conocía cuando comenzamos este viaje de realeza, se ha ganado cada recompensa por su incuestionable lealtad. —Lo sé, mi Reina —dijo suavemente Anya con expresión ligeramente divertida, pues ambas sabían que no era ella la que necesitaba la tranquilidad de tal gesto. A pesar del rostro constante de independencia y confianza, el corazón de Syreena era muy social y necesitaba aceptación y amor. Anya se soltó de sus manos y se volvió a mirar a Syreena. Los ojos de la Princesa estaban cerrados y la mestiza le dio un momento. Cuando los ojos de dos colores se abrieron, la humedad de las pestañas brilló como los diamantes de su vestido. Entonces la Princesa extendió las manos con las palmas hacia arriba mientras Anya sacaba la daga ceremonial de la vaina, el afilado metal cantó hasta los altos techos del dormitorio. El sonido tuvo su eco en la patada en el suelo de la guardia al ponerse firmes. Todas las guardias desnudaron sus espadas con el sonido de hojas bien afiladas, las dejaron caer con fuerza con la punta hacia abajo en el suelo de piedra. Saltaron chispas cuando la piedra se astilló y el metal se dobló.
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    Según la tradición,todas las guardias excepto dos, pasarían la noche reparando las hojas. Supuestamente, el calor de la forja era una bendición para el lecho matrimonial e igualmente para poder moldear la futura protección del trono. Pero el simbolismo iba más lejos. Las guardias forjarían nuevas hojas para servir al nuevo régimen. El Consorte carecía de poder político y legal pero se le otorgaban todos los respetos y cortesías de un Rey. Un igual en todo… excepto en soberanía. Anya colocó la daga en los dedos de Syreena. Syreena se inclinó con gentil respeto. En ese momento, una ráfaga fría llenó la habitación. Las cortinas de la cama y los tapices que colgaban por toda la habitación golpearon contra las paredes al hacerse la brisa subterránea más y más fuerte. Incapaz de contenerse, Siena empezó a respirar más deprisa. Sus mejillas se colorearon contrastando agudamente con su semblante inusualmente pálido. Pero sólo sirvió para realzar su belleza y como contraste al vestido blanco que llevaba. Un ruido extraordinario, como el sonido de trueno, reverberó a su alrededor. Todas las mujeres de la habitación lanzaron gritos sofocados. No había nada como el mal tiempo en un castillo subterráneo. Pareció enaltecer la excitación por la cercana llegada de su huésped. La mitad de ellos no sabían si sentirse asustados, preocupados o simplemente curiosos. Lo que sí sabían seguro, en cualquier caso, es que la vida en la corte y la vida en general nunca volverían a ser la misma. Lo que significaba que nadie lo sabía, ni siquiera la Reina misma. Pero el destino había hablado y la Reina y también The Pride habían ordenado que acataran la orden. Debían dar la bienvenida a otro Demon a la corte. ¿Pero tal Demon? ¿El mismísimo Carnicero? Los más cercanos a la Reina, por supuesto, aceptarían cualquier cosa que les pidiera, pero temían por su vida y su seguridad. Las historias sobre la infamia de Elijah habían hecho daño. Además, para cualquier Licántropo, un Demon era tan extraño. Tan diferente. Las mujeres que veían a la Reina prepararse para tan poco ortodoxa
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    boda estaban llenasde preguntas que incluso ahora circulaba por la corte. ¿La asesinaría durante el sueño? La Reina era una completa cazadora y el guerrero Demon no encontraría en ella una presa fácil pero la Reina estaba verdaderamente excitada con lo que se avecinaba y eso era lo más confuso de todo. Verdad era que el macho Demon de la corte, el llamado Gideon, era una criatura increíblemente guapa y de mente fascinante, pero era un hombre educado y de poca común inteligencia y aptitudes. Apenas podía esperarse lo mismo de un bárbaro que blandía una espada y mataba enemigos para ganarse la vida. ¿Era lo suficientemente atractivo para mantener el interés de una compañera que se transformaba en una vigorosa gata? ¿Se vería afectado, en realidad, por el compromiso de la vinculación y se forzaría a permanecer sólo en la cama de la Reina o experimentarían en algún momento el primer escándalo real en la historia de su raza? ¿Sería su química lo suficientemente compatible para proveer de herederos al trono? Esta era la pregunta más importante. Incluso aunque la existencia de mestizos entre especies aparentemente era posible, no había criaturas vivas en su cultura que hubieran sido elaboradas en un cóctel de ADN tan volátil como el de Demon y Licántropo. ¿Qué produciría una mezcla de animales y elementos, si podían producir algo? Esta era la pregunta más fascinante de todas. Los Licántropos encontraban la mutación interesante y excitante. Cuanto más poderosa, mejor. Por eso Syreena era tan codiciosa. Este podía ser el único aspecto de la boda que les ganaría a los miembros más distantes de su sociedad, los cuales podrían ser más difíciles de complacer o más reacios a obedecer. La Reina había sido rotunda cuando anunció sus intenciones de tomar como compañero a este hombre. Era un deber, sí, pero no había llorado ni sollozado. Se había asegurado de que todos supieran que era un compromiso al que daba profundamente la bienvenida. Había confesado las dudas que habían estado dándole vueltas los últimos días. Y entonces les había ofrecido la solución. Sería solamente su Consorte no su Rey, ciertamente no el Rey y no sería nada si no aceptaba la condición.
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    Muchos pensaban queno aceptaría y con ese razonamiento pensaban que estaban a salvo de terminar con un Demon cerca del trono. El ego de los Demon, pensaban, y especialmente el ego tal hombre, no sería capaz de soportar una posición de poder tan baja. Siena les había recordado a aquellos que expresaron posteriores protestas, las tradiciones y viejas costumbres que incluían matrimonios reales para terminar guerras y asegurar fronteras. Y aunque ya no estaban en guerra con los Demon, la Diosa en su sabiduría, había elegido esta forma de asegurar la paz para siempre. Y a aquellos que insistían obstinadamente en protestar con prejuicio, Siena les recordó que habían sido en primer lugar los actos terroristas de su padre los que habían forzado a los Demon a recoger el guante y defenderse. Era un hecho de la historia muy conveniente que se había reescrito en muchas mentes a lo largo del tiempo. Sólo había habido silencio después del este último brote. Así que la boda se iba a celebrar. Los guardias abrieron rápidamente las puertas de sus habitaciones en bienvenida y ella se volvió a mirarles con sus ayudantes a cada lado. Las damas de compañía estaban alineadas al lado de la cama. Siena cerró los ojos y deslizó las manos nerviosamente por el estómago conteniendo el aliento y sintiendo que el viento a su alrededor seguía creciendo. ¡Era tan poderoso! Sabía que todavía estaba a alguna distancia pero proyectaba gran cantidad de poder y energía antes de llegar, quizás incluso sin darse cuenta. La carrera hacia ella estaba elevando el nivel de urgencia frenética que sentía. Podía notarlo en su mente, en la de ella. La electricidad estaba por todo su alrededor, dentro de ella, lanzando chispas por su pelo con las cargas de estáticas que enviaban escalofríos por su espina dorsal. Todos los guardias salvo dos, salieron de la habitación y se dirigieron al salón para su noche en la forja. Los dos guardias que quedaban se colocaron a cada lado de la puerta en el vestíbulo. Lo único que tenían que proteger, sin embargo, era la privacidad de la Reina en su noche de bodas. Decir que estaban perfectamente
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    calmados era tergiversarlos hechos. La entrada de Elijah estaba poniéndoles crecientemente inquietantes. Sin embargo, Siena había sido muy cuidadosa. Se había asegurado que los dos guardias que quedaban nunca hubieran entrado en batalla contra Elijah. No había posibilidad de que actuaran por impulsos que pudieran llegar a ser hostiles o fríos. Siena no quería que nada estropeara su noche. Ya habían pasado muchas cosas entre ellos. Nunca habría pensado que estaría tan excitada como estaba, pero se dio cuenta de que no podía evitarlo. Tanto como había temido tomar compañero, encontraba que los beneficios y la anticipación que sentía con este en particular sobrepasaban las dudas, los miedos y los temores. Al menos ahora que Gideon la había provisto con la solución que, aunque no era perfecta, había permitido llegar hasta por lo menos la mitad del camino. Todo lo que tenía que hacer Elijah era hacer el resto del camino. Las palabras de antes, tan poderosas y sinceras, la hicieron sentir que estaba viendo su alma. Pero no podía tener la certeza y no la tendría hasta que estuviera ante ella y le dijera con su propia boca, sus propios ojos y todo él que este compromiso era lo que quería y aceptaba. El viento que era su compañero azotaba a su alrededor haciendo que los finos vestidos de las tres mujeres chasquearan a sus espaldas, ondearan y se pegaran a cada curva de sus cuerpos. Las damas de compañía, nerviosas por la exhibición de poder, se agarraban de las manos. Iban acortando la distancia entre sus cuerpos para protegerse y casi estaban tan pegadas como un acordeón. Esto hizo que Siena sonriera. Un poco después supo la razón. Elijah se fusionó en su imponente forma con un giro impresionante, de pie tan cerca de ella que casi estaban nariz con nariz cuando se hizo sólido. Era tan alto y tan extraordinario que todas las damas de la habitación, incluso las que estaban junto al Demon, soltaron involuntarios murmullos de sorpresa. Los
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    murmullos fueron seguidosde suaves susurros especulativos que no tenían cabida en el ritual. De todas formas, Siena estaba demasiado ocupada mirando esos hermosos y asombrosos ojos verdes. Ojos tan llenos de emoción, cuya inmensidad nunca sería capaz de tocar en el lapso de tan solo ese segundo. Se sorprendió a sí misma tragando con fuerza aunque toda su boca y garganta estaban completamente secas. Lentamente dejó que sus ojos recorrieran toda la longitud de su cuerpo. La incursión se desvió rápidamente cuando advirtió un brillo de oro y piedras de luna rodeando un bíceps flexionado y macizo. —¿Cómo…? Siena se detuvo antes de hacer la pregunta. El brazalete estaba cerrado. Podía haberse deslizado de su brazo cuando se transformó en aire. Sería interesante ver si esta elección tan poco convencional de compañero sería capaz de soltar la encantada insignia de su cargo tan fácilmente como se la había puesto. Pero Siena ya no le envidiaba esa libertad. El toque de sus dedos y la inteligente o inadvertida manipulación que podría liberar el collar de su garganta podía pasar en cualquier momento. Siena miró en aquellos ojos otra vez, tan vívidos, tan verdes, tan claramente hambrientos de ella. Elijah flexionó el músculo bajo el brazalete mientras movía el hombro ligeramente hacia ella. Levantó una ceja dorada. —¿Es esta la respuesta que buscabas? —preguntó con voz baja, tan dura que el calor cantó por cada célula de su sangre. —Sólo si verdaderamente comprendes y aceptas lo que representa. —No me es desconocido lo que representa ser un Consorte Real, Siena. Dime sólo que significa que seremos iguales en todo excepto en el mando y mi respuesta es sí—. Elijah alargó la mano para tocar la curva de su mejilla con los dedos, incapaz de contenerse a pesar de todos los ojos que los observaban. —Nunca he querido tu reino, gatita. Sólo a ti. Sólo tú.
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    Su convicción eraresonante, inequívoca. El corazón de Siena latía tan fuerte que ni siquiera podía oírse respirar. —Me gustaría que hubieras dicho eso la primera vez —susurró, y el borde de su boca se elevó igualando la luz de sus ojos dorados. —Discúlpame —susurró él inclinándose tanto que sus frentes casi se tocaban. —No me di cuenta de que había más de una opción. —Para ser honesta, a mí también se me escapó. Syreena carraspeó suavemente atrayendo la atención de la Reina. Siena comprendió de repente la toma de química que conllevaba esta clase de emparejamiento. Su gente se referían a ello como “emparejamiento de por vida”, la de él la llamaban Vinculación. Pero “la rosa no deja de ser rosa con otro nombre…” estaba claro que eran más parecidos de lo que creían después de todo. En todo momento, cada parte de ella que yacía bajo su piel le anhelaba. Ella era el imán y él el norte magnético. Siena dio un doloroso paso hacia atrás permitiendo que Syreena tuviera el espacio que necesitaba para acercarse a él y ofrecerle la daga con la punta de los dedos. Tenía las manos firmes, el equilibrio impecable. Lo cual era notable considerando lo pesada que era el arma y cuánto tiempo llevaba sujetándola. —Mi Señor Elijah, Capitán Guerrero del gran Rey de los Demon, querido y respetado por el gran señor que es nuestro aliado, ¿aceptas a nuestra Reina como tu eterna compañera, elevándola sobre todas las demás y bajo nadie por el resto de tu vida? Elijah se quedó callado un momento largo y Siena pudo sentir el breve revoloteo de duda que marcaba su corazón. No le preocupó. Su honestidad siempre la había impresionado. —A cambio —dijo en voz alta con tono fuerte y sincero—. Juro que no te pondré nunca en una posición que esté en conflicto con tu lealtad hacia Noah. No habrá guerra entre nuestra gente mientras yo viva y reine. —Él es mi Rey, Siena, pero tú eres mi compañera, mi esposa y soy incapaz de hacer nada que dañe tu corazón o tu alma. Tanto
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    como esté atu lado, puesto que soy un guerrero nacido y criado para el conflicto, no habrá necesidad de considerar la guerra entre nuestras gentes otra vez. Y me esforzaré el resto de mi vida para ayudar a las generaciones venideras para que comprendan lo mejor de nuestros dos mundos. Elijah se detuvo sólo lo suficiente para deslizar dos fuertes dedos bajo la hoja de la daga, justo bajo la empuñadura, levantándola en perfecto equilibrio de las manos de Syreena. Hubo un reflejo de luz reflejado en el metal y movió la hoja con destreza por sus dedos ganando la velocidad que volvería la empuñadura directamente a la palma de su mano. La destreza del movimiento, la confianza del mismo, era cautivadora. Syreena casi no tuvo tiempo de apartarse cuando se acercó de nuevo a su compañera. Siena levantó la barbilla al inclinar él la suya. Su boca se acercó a la de ella y su mano libre se cerró sobre su delgada garganta. —Desde este momento, gatita, soy tuyo. Una vez que complete la última misión de Noah, renunciaré a mi puesto. Si éste va a ser mi hogar, la tierra donde moran mi corazón y mi alma, mi cuerpo y mi destreza deben permanecer aquí también. Pero debes entender que no tendré paz en la conciencia si dejo mis deberes sin terminar. —No esperaba menos de ti —respondió con tono firme y convencido. La promesa era más de lo que había deseado pero, tan pronto como la hizo, se dio cuenta de que la sabiduría de su gesto no era más que otro paso para tranquilizar los cautelosos corazones de su gente. La magnitud de su sacrificio no fue vana para la Reina. Siena alcanzó la hoja con la palma de la mano curvándose firmemente sobre los afilados bordes. Cuando volvió la mano, había dos líneas ensangrentadas por la hoja de doble filo. Con un aviso mental de su novia, Elijah hizo lo mismo. Después, palma contra palma, entrelazaron los dedos. Anya levantó las manos al cielo y lanzó un grito de celebración que inmediatamente fue coreado por todas las mujeres de la habitación. Terminó casi tan pronto como había empezado.
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    —¡Contemplad a laReina y su Consorte! ¡Hemos sido bendecidas al estar aquí en este extraordinario día! ¡Nadie puede decir que ha visto su fin! —declaró Syreena. —¡Y ahora la ceremonia de la noche de bodas! —añadió Anya con risa atrevida y traviesa. Todas las mujeres gritaron de nuevo, el miedo y la duda barridos por el entusiasmo de las ayudantes. La alegría femenina era de ánimo. Elijah levantó una ceja en lo que podría describirse como una mezcla entre diversión y lujuria. Siena no era una mujer tímida pero no podía evitar el arrebato que teñía sus mejillas. Corrían por ella demasiada excitación y anticipación. —Mi Señor —susurró suavemente Anya—. Debes cortar los cordones con la daga. —¿Qué? —de nuevo esa sonrisa y la ceja levantada—. Me gustan como están —reflexionó forzando a su Reina a sofocar la risa apretando fuerte los labios. Elijah inspeccionó los cordones entretejidos de arriba abajo en el delantero del vestido que podrían muy bien no estar ahí. Eso y el traje de debajo, eran tan tenues que podía ver cada curva de su cuerpo desde los rizos dorados a los oscuros pezones. Elijah subió los atrevidos ojos esmeralda hacia su mirada y la expresión bajo sus pestañas la intrigó. En un cuarto de latido de corazón, la luz de la hoja que sujetaba brilló como una supernova. Fue la única señal de movimiento que ninguna de ellas vio, pero los cordones de la bata se abrieron perfectamente. Todas las damas jadearon y esta vez Anya y Syreena estaban tan sorprendidas que se unieron al sorprendido murmullo. Siena, sin embargo, no le iba a la zaga sonriendo cuando su compañero sonrió de oreja a oreja de esa manera tan chula suya. La Reina se apartó y se acercó a la cama. Las damas recordaron de repente su deber y se apresuraron a quitarle la bata de los hombros. Le quitaron la segunda camisola de seda y encaje. Todas eran conscientes de los ojos codiciosos del Demon. Las damas estaban orgullosas de la perfección de su Reina y les complació enormemente desnudarla lentamente.
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    La sonrisa deElijah se desvaneció rápidamente mientras miraba. No sabía que el sonido de la seda y el encaje pudiera ser tan nítido. Pero lo era. El delgado material se detuvo colgando de sus turgentes pezones. Al fin, ella se separó del traje, echándose lentamente el pelo sobre el hombro, ofreciéndole una perfecta visión de su espléndida, pálida y dorada figura. Y en ese momento comprendió finalmente lo que significaba ser un macho vinculado en Samhain.
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    CAPÍTULO 12 La atención de Elijah cambió cuando las mujeres alrededor de la Reina la ayudaron en la cama. Siena fue colocada suavemente en el centro de la enorme extensión de las mullidas almohadas y aterciopelada ropa de la cama blanca y dorada. Sonrió cuando él se puso cada vez más tenso. Ella estaba ahora más cerca de su mente, así que sabía bastante bien lo que él estaba pensando y sintiendo en ese momento. Y todo era bastante primitivo. Más aún, se dio cuenta, cuando las damas de compañía rociaron su cuerpo con los pétalos de los girasoles de la tardía temporada. Syreena y Anya sentían la tensión en la habitación y, tan pronto como dejaron lista a la Reina, guiaron a las mujeres jóvenes que se reían tontamente fuera del cuarto. Elijah ignoró completamente su curiosidad y especulación. Obviamente, no se daban cuenta de que los rápidos susurros que emitían eran fácilmente audibles para él y seguiría siendo así, a menos que esperaran hasta estar mucho más lejos. También notó que alguien, la hermana Syreena, con pelo y ojos extraños, había tomado la daga de matrimonio de su mano. Y ese momento fue todo el tiempo que pasó pensando en ello. Al momento siguiente, el chasquido de las puertas al cerrarse lo motivaron a entrar en acción. Siena observaba con la respiración acelerada y anticipación mientras él se movía al pie de la cama. Él extendió la mano rápidamente, agarrándola por ambos tobillos y deslizándola completamente fuera del colchón con un firme tirón. Se rió cuando la atrajo contra su cuerpo, con un brazo rodeando su cintura, aplastando los pétalos color azafrán entre ellos. —Eres mía —dijo él suavemente entre los apretados dientes.
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    Se inclinó conun agresivo sonido masculino que retumbó de su garganta. Siena cerró sus ojos cuando buscó su esencia en la curva de su cuello, aspirándolo profundamente en sus pulmones hasta suspirar de satisfacción. —He estado apartado de ti demasiado tiempo —anunció él, apartándola lo justo de modo que pudiera devorar su cuerpo con los ojos mientras su audaz mano se deslizaba sobre su vientre y costillas y acunara su seno con firme intensidad—. Estoy medio loco de deseo por ti, gatita, y temo que no seré muy suave. Ella no habló en voz alta, pero en cambio hundió los dedos profundamente en su pelo y atrajo su cabeza y su boca, más cerca de ella. Sus labios se separaron, rozándolo de forma suave y cálida, acariciándole con su sabor. —Eres mío—dijo ella, sintiendo el escalofrío de estimulación que su voz y palabras enviaron precipitándose por sobre su piel—, y nunca —se lamió los labios burlonamente, haciéndole gemir —ni una sola vez, —su cuerpo se contorsionó eróticamente hacia él, hasta que cada caricia de su piel lo alcanzó profundamente— te pediré ser suave —terminó ella por fin. Elijah capturó aquella embrujada y burlona boca con un fervor que magulló sus hambrientos labios. Ella se había engañado a sí misma haciéndose creer que todo esto había ocurrido por sus opciones y maquinaciones, un producto de su recia voluntad, pero en aquel segundo entendió que jamás hubo opción. Siempre le había querido con esta intensidad, aún cuando él ya se había enterrado profundamente en su cuerpo. Su carne enrojeció con la primera verdadera vida que había sentido desde la última vez que se habían separado, e incluso aquel encuentro en las inmediaciones del castillo había sido demasiado breve, demasiado agridulce. Sus manos en su piel eran un bálsamo para su pálida alma. Eran enormes y callosas, la brusquedad de ellas la satisfacían con sus arrolladoras caricias. Sus dedos apretaron su suave carne y ella le dio la bienvenida a la idea de que dejara su marca tras ellas en ese momento.
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    Siena sintió larepentina liberación de su collar, el enjoyado peso cayéndose descuidadamente al suelo, cuando él se arrancó de sus labios a fin de devorar la dulce y pulsante piel de su expuesto cuello. Se sintió tan blanda de repente que acabó sostenida únicamente por sus potentes manos y su equilibrado cuerpo que acunaba su peso con descuidada facilidad. Era una mujer de notable estatura, y aún así la hacía sentirse como un hada, una insignificancia, delicadamente femenina que no había pensado que podría nacer en el corazón de una cazadora amazona tal como ella misma. Pero parecía adecuado que le tomara a un fuerte guerrero como Elijah conseguirlo. —Elijah…—Susurró ella en su oído, necesitando decir su nombre, necesitando sentir las emociones que venían con el conocimiento de que se estaba permitiendo hacerlo sin remordimiento, sin culpa. Su viaje había llegado demasiado lejos, y estaba lejos de ser fácil, pero había hecho su elección y lo aceptaría tanto como si quizás se arrepintiera de ello. Se estaba permitiendo ser ese alguien que nunca se había permitido, acceder a si misma, ese alguien que había vislumbrado aquellas otras veces en sus brazos. La boca de Elijah era mágica, depositando hechizos donde quiera que fuese, su hambre por su sabor estaba patente tanto en sus acciones como en sus pensamientos. Estar en la mente de este hombre, en este momento, era incomprensiblemente placentero. Su necesidad de ella era sobrecogedora, tan consistente como voraz. Sintió la manera en que bebía de su calor a través de sus dedos y apasionada boca, igual que por una pajita, esa sed por ella no era como nada que hubiera en el mundo. Entonces el guerrero empezó a desvanecerse tras sus codiciosas manos, el viento que era su poder animándola cuando la acarició pasando a través de ella, materializándose a su espalda, una mano alrededor de su cintura, la otra sobre su garganta y barbilla, inclinándole la cabeza hacia atrás sobre su hombro. Siena rió, un cruce entre disfrute y aliviado sollozo. El calor de su repentina piel desnuda era igual que el mismo cielo, y se dio cuenta que sus finos dedos estaban todavía enredados a la camiseta
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    que él habíaabandonado con su maniobra. Dejó que ésta cayera al suelo sobre el montón de otras descartadas prendas y se estiró pasando sus caderas, tras sí misma, hasta que sus poderosos muslos se tocaron abrazándolos. Elijah la arropó en el abrazo de sus hambrientas manos, su suave piel sedosa, era perfecta al tacto para él. Nunca tendría suficiente con acariciarla. Fue desde las caderas a los pechos una y otra vez hasta que ella estuvo haciendo esos sonidos de perdido ingenio que lo cautivaban. Como prometió, no fue suave. No quería marcarla pero no parecía poder evitarlo. Y tal como aseguró, ella sólo parecía responder más a todo esto. Se encontró a sí mismo resistiéndose a hundir los dientes sobre ella, marcándola para sí. Esa era la parte animal del ritual de apareamiento y lo que la noche le animaba. Entonces recordó que ella misma era incluso más animal y finalmente liberó sus restricciones, su boca se cerró posesivamente sobre la curva de su cuello. Siena se curvó sensualmente en sus manos, dejando escapar un profundo y vibrante ronroneo, hasta que estuvo completamente inundado con la sensación de su excitación. Él se inclinó ligeramente hacia delante en su entusiasmo, y los pies de Siena finalmente tocaron el suelo. Ella reaccionó instantáneamente, usando la oportunidad para mover su altura de nuevo contra él. Cogido con la guardia baja, se vio obligado a dar un paso atrás para recobrarse. Ella utilizó la oportunidad para envolverse a su alrededor, saltando hacia atrás dentro de su abrazo de una manera que lo impulsó de regreso unos pasos más. Sin embargo, se recuperó rápidamente, a pesar de que su continuo ataque sobre su boca lo había hecho ya perder el equilibrio. Todavía, un único brazo rodeaba su salvaje cuerpo, el otro se estiraba a ciegas para apoyarse. Tocó la suavidad de la fría piedra y se inclinó a hacia atrás mientras se estiraba para salir al encuentro de su violento ataque. Siena esquivó su boca, buscando la fuerte columna de su garganta con furiosos labios y lengua, haciendo lo que él le hacía a ella fácilmente. Se retorció de modo que pudiera deslizar su húmedo
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    cuerpo con elsuyo propio, su boca siguiendo su ejemplo. Su aterciopelada lengua le lamió la clavícula, sus dedos jugaron sobre sus costillas y vientre, precursor para su exploración oral mientras se deslizaba bajando por su longitud. Elijah jadeó en busca de aire, su cabeza cayó contra la piedra mientras cerraba los ojos. Le había despojado de todo pensamiento que no fuera la sensación de su boca viajando y sus manos anclándose profundamente en su pelo. Su aplicada lengua se deslizó sobre un oscuro pezón, sus labios acariciándolo a través de los finos cabellos de oro mientras buscaba la forma para darle la misma atención al otro. Entonces su voraz boca bajó lamiendo los costados de su abdomen. Su manos rodearon sus caderas, sus fuertes manos masajeando los músculos de la espalda y caderas mientras continuaba torturándole, su progreso empezó a volverse lento y más lento hasta que estuvo apretando los dientes con la suave agonía de la anticipación. Primero le tocó, la tan ligera caricia de sus dedos, curiosamente experimentaban el duro calor de su sonrojado cuerpo. Deslizó esos suaves e investigadores dedos sobre su longitud, experimentando la táctil sensación de la lisa y cálida piel y su brillante destello. Pero fue cuando sintió la caricia de sus cálidos labios y respiración que agarró su pelo con renovada intensidad y juró con vehemencia, ambas maldiciendo y rogando por fuerza, control o incluso el más pequeño flash de civilización. Entonces el calor húmedo de sus labios lo rodeó diligentemente, lo rápido de su lengua tan segura, tan caliente, y demasiado impaciente para su cordura. Trató de empujar, apartarla… antes de que perdiera completamente el juicio. Era demasiado audaz, demasiado curiosa e iba a destruir el poco control que podría haber tenido para entonces. Sus impulsos y emociones eran demasiado primitivos cuando era… la noche, la privación, y aproximación de la luna llena. Pero no le daría cuartel. Le había saboreado como él la había saboreado a ella, y era tal la medicina para sus sentidos como ella lo había sido para los suyos. Lo sabía, lo sentía, y lo oyó en el impaciente remolino de sus pensamientos. Se burló de él con el ataque de su boca, disfrutando con el gemido que arrancaba el
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    movimiento, sintiendo elagarre y el temblor de los músculos con aquella satisfacción felina que siempre se precipitaba sobre ella cuando experimentaba una sensacional victoria. —Siena. Le pidió con voz ronca, tratando de advertirla con sus pensamientos, pero ella cortó sus volátiles reacciones con el cielo de su acalorada exploración. Esto le dejó como una víctima, indefenso, y perdido en el puro éxtasis de ello. Finalmente, le liberó de su talentosa trampa, volviendo sobre sus pasos por su cuerpo. Pero apenas había comenzado su viaje cuando las manos de él la sujetaron alrededor de los hombros y la atrajeron de golpe hacia él. Se liberó de la pared mientras devastaba aquellos labios pecadores con brutal pasión. Tan pronto como la parte de atrás de sus piernas tocaron el colchón, la hizo volver una vez más a su pecho y la empujó en la cama. Ella se echó a reír cuando rebotó con fuerza sobre su cara, conociendo cada pensamiento en su mente con deliciosa claridad, oyendo cada maldición que le lanzaba por su disoluta indiferencia acerca de su cordura. Apenas tenía las palmas bajo ella antes de que él encerrara sus caderas en las manos y tirara de su espalda hacia él, alzándola sobre sus rodillas mientras colocaba su trasero en la cuna de su pelvis. Una mano subió para sujetarle la parte de atrás del cuello cuando embistió en su interior sin absolutamente ninguna advertencia, ni siquiera un pensamiento de anticipación que la preparara para la divina invasión. Siena jadeó en su risa, abrumada por la manera en que parecía llenarla más allá de su capacidad. Se estremeció desde la cabeza a los pies, apretando involuntariamente alrededor de él, de modo que estuvieron coreando sonidos de perdida felicidad un instante después. —Siena —gimió él. Se movió hacia delante y sobre ella, sus manos estirándose para cubrir las suyas, sus dedos enlazados fuertemente en los suyos cuando su frente tocó brevemente su columna entre los omóplatos.
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    La besó suavementeen aquel punto, con una ternura fuera de lugar en la ferocidad de sus pasiones. Tanto que ella lo sentía incluso más por el gesto de ternura que era. Ahí fue cuando se ella dio cuenta de sus verdaderos sentimientos. Él los escondía bajo la pasión animal y el apenas desatado salvajismo de un macho dominante, pero se veía en lo profundo de su corazón al igual que veía en lo más profundo de su mente. Siena cerró los ojos cuando su cuerpo aceptó su urgente invasión, sintiéndose intensamente viva y consciente, incluso cuando sintió el entumecimiento que estaba empezando a entender. Elijah de repente desocupó su cuerpo, haciéndola jadear de sorpresa al privarla de él en ese momento y en el momento en que sus manos tiraron de ella como si fuese tan ligera como el aire. —Tengo que verte —gruñó en voz alta—, quiero tus ojos sobre mí mientras estás perdida en tus pensamientos, gatita. Siena sintió que su pecho se hinchaba con indescriptible emoción, más un poco de miedo, cuando la cubrió con su cálida fuerza y se perdió en su mirada con la impecable vista que chamuscaba en su alma. Se sumergió en ella más despacio esta vez, decidido. Observando el placer que cubría toda su expresión cuando lo aceptaba tan fácilmente con su cuerpo, y tan de mala gana con su peligroso corazón. —Lo sabes. Lo veo, —dijo él pesadamente, susurrando contra sus labios—. Lo siento, Siena. Siena sacudió enmudecida la cabeza, cerrando los ojos de modo que pudiera esconderse de él. Pero no había donde ocultarse de alguien que estaba tan relacionado con ella. Físicamente, mentalmente, y todo lo que espiritualmente les había impedido dejarles permanecer separados. —Elijah, sólo… sólo… quédate conmigo —le rogó ella—. Sólo por ahora.
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    Y a causadel día, debido a cuán desesperadamente la necesitaba, él no tenía otra opción excepto obedecer. Esto una vez le permitiera retirarse tras los últimos muros que ella usaba para separarlos. Él sabía que ella había leído su alma hace un momento, que ahora entendía que estaba enamorado de ella y aquello era más de lo que ella podía afrontar. El dolor de Elijah profundizó en él en aquel momento de entendimiento, pero lo apartó con severidad. La esperaría. Aún si le tomara cada momento de cada día durante el resto de su existencia, esperaría su corazón. Y eso fue lo único que le impidió romperse emocionalmente delante de ella. Hizo a un lado los sentimientos que lo privaban de aliento y voz, y se enfocó de nuevo en su dulce cuerpo. Si esta era la única manera en que se permitiría aceptarle, entonces que así sea. Iba a sacar ventaja de la intimidad. Por otra parte, no es que tuviera elección. El guerrero se permitió a sí mismo perderse en la sensación física de su rítmico abrazo y rodearlos uno al otro. Cambió sus pensamientos a una pura necesidad sexual, eliminando el acceso a su anhelante corazón, permitiéndole enterrar la cabeza bajo la arena sólo un poco más. Su molesto miedo se evaporó rápidamente cuando él manipuló su cuerpo tan hábilmente como manipulaba sus ocultos pensamientos. Pronto estuvo perdido en la escarpada sensación de ella cuando le abrazaba con más y más fuerza, la tensión de su creciente necesidad estrangulándole felizmente. La culminación que vino fue agridulce. Ella se encendió con un sonido de completa satisfacción, su prieto cuerpo convulsionándose y arrastrándole bajo su embrujado hechizo momentos más tarde. Los ojos de Elijah vagaron sobre la tallada piedra en el techo encima de él, el patrón se perdía a través de ramificaciones de
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    escarpada seda blancaen una perdida X formándose a través del dosel. A su lado, atrapando su brazo bajo el peso de su cuerpo, Siena permanecía profunda y pacíficamente dormida. La había usado al máximo, exorcizando sus emociones con una pasión física que la había agotado. Pero no estaba hasta cerca de tan relajante reposo. Mientras ella estaba en el único estado donde sus pensamientos estarían resguardados, los sacó para examinarlos. Se liberó de ella fácilmente, al menos en el sentido físico, y se sentó en el borde de la cama, dejando al frío del suelo filtrarse en sus pies desnudos cuando se pasó los dedos por el despeinado pelo y el áspero crecimiento de su barba de siete horas. Siete horas. Y en aquel tiempo todo su mundo se había derrumbado sobre sí mismo. Elijah se levantó cuidadosamente, moviéndose despacio para que el retiro de su peso no captara su inconsciente atención. Recogió la ropa rápidamente y se vistió. No debería abandonarla. No debería permitir que se despertara sin él a su lado. Pero necesitaba este momento para sí mismo. Posiblemente volviese a su lado antes de que lo notase, pero no podía quedarse allí ni un solo momento más, observando su mirada tan malditamente hermosa y contenta cuando él estaba en tal confusión. Necesitaba un oído sabio porque sabía que no tenía la sabiduría para desmenuzar todo aquello solo. Estaba demasiado involucrado, demasiado cerca. Y estaba demasiado dolido para ver con objetividad. Y por una vez, se dio cuenta de que era un dolor al que no sería tan fácil de sobrevivir como lo sería al de una herida física. No. Morir era mucho menos doloroso que un corazón herido.
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    CAPÍTULO 13 Gideon abrió los ojos apenas veinte minutos después de haberse dormido. Los vidrios teñidos de las ventanas de la habitación bloqueaban una gran parte de la luz del amanecer, haciendo ver una lluvia de cálidos colores, preferibles a la molesta luz blanca, y se ajustó a ella en segundos. Legna y él habían decidido pasar el día en la antigua residencia. A diferencia de la vivienda en la corte de Siena, donde la gente iba y venía constantemente durante las vacaciones, allí estaba asegurada una absoluta y continua privacidad durante la noche de Samhaim. No se habían quedado mucho en las acostumbradas festividades del castillo con Noah y otros amigos, la urgencia de la noche atrayéndolos rápidamente a la cama, como lo había hecho con Jacob, Bella y otros que estaban Vinculados y los que no. Gideon había planeado dormir seguida y profundamente, habiendo hecho el amor a su esposa, quien yacía en un profundo sueño. Legna estaba extendida sobre él, exactamente como siempre estaba, justamente de forma que hacía latir al corazón con emociones profundamente arraigadas por ella. Pero algo lo había despertado, y mientras distraídamente acariciaba el suave cabello, buscó algo de claridad acerca de lo que lo había perturbado. En el momento en que se dio cuenta de quién se aproximaba a la casa, Gideon apartó a Legna rápida y bruscamente de su cuerpo. Ignoró la protesta adormilada, sacudiendo el cubrecama sobre ella mientras tomaba la bata. El antiguo médico se detuvo en un momento característico de poca indecisión. Luego alcanzó a Legna y cerró la mano sobre la frente. Se sumergió en el cuerpo mentalmente, gastando energía
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    rápidamente en ella,mientras la manipulaba en una forma en la que ningún otro podía hacerlo. Una vez que estuvo completamente sumergida fuera del mundo el espíritu de ella, los pensamientos y señales biológicas reprimidas, fueron casi inexistentes, la tomó en los brazos y la arrastró a un estante oscilante para libros que ocultaba el cuarto que había servido como habitación de meditación durante siglos. Colocándola gentilmente en el suelo, dentro de la habitación secreta, ni siquiera dedicó tiempo en besarla antes de apartarse de ella, aunque era lo que más quería en ese momento, más que cualquier cosa. Salió del cuarto y se apresuró al dormitorio. Tomó el pasamanos, saltó sobre él y se dejó caer tres pisos al centro de la escalera espiral. Aterrizó sobre los pies, permaneciendo en cuclillas, inclinando la cabeza y alterando los sentidos hasta que fueron más agudos. No tenía tiempo y no había tenido la posibilidad de proyectarse astralmente a Noah y decirle dónde estaba Legna en caso... ... sólo en caso. —Te siento esperándome, médico. La voz estaba artificialmente aumentada en los pensamientos, causándole un dolor notable. Se dio cuenta, entonces, exactamente cuán poderoso se había vuelto el enemigo. Un Demon nunca antes se había interesado por las artes oscuras aparte de un pentagrama. Gideon nunca había esperado que tuviera ese efecto, ese realce extraordinario de poder. Pero estaba corrompido al mismo tiempo, podía sentirlo, olerlo, la oscura mancha se extendía profundamente sobre el alma de Ruth mientras parpadeaba a la existencia con un destello de una extraña luz oscura. Gideon se elevó en toda su altura, con los ojos entrecerrados sobre la audaz perra que se había atrevido a amenazar su hogar y su familia. Pero conservó la calma, como siempre. No había vivido más de un milenio sin aprender que perder la cabeza con tus emociones cuando se afrontaba una batalla, era una manera segura de firmar tu propio certificado de defunción. —Ruth —saludó fríamente—. Ni siquiera tú puedes ser así de loca.
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    Ruth no parecíaestarle prestando atención. Estaba inclinando la cabeza, alzando la vista al techo con curiosidad. —¿Durmiendo sin tu esposa en Samhaim? —Hizo un sonido de tos—. ¿Se supone que debo creer que no está aquí? Tienes razón no estoy tan loca. Los serenos ojos amarillos vagaron pensativamente sobre el antiguo, la mirada claramente codiciosa. El exuberante cuerpo se curvó, invitándolo en una forma que había sido alguna vez bastante seductora, y todavía podía serlo si no hubiese escogido el camino al que, en ese momento, se aferraba tan ávidamente. Pero era tan ondulante como un reptil venenoso, y claramente tan mortal como hermosa. —Alguna vez tuve el más terrible enamoramiento por ti — confesó, con semblante divertido—. Eras tan poderoso. Y apuesto. Bastante apuesto. —Deslizó una mano sobre una de las suaves caderas, los movimientos obvios y practicados—. ¿Sabe tu escondida esposa que estuvimos juntos una vez en Beltane? —Eso fue hace trescientos años —dijo Gideon, en tono neutral como siempre—. Y si recuerdo, las mujeres eran algo escasas en nuestra población entonces. Ruth se veía como si hubiese sido abofeteada, y en efecto lo había sido. Pero un segundo después la cara llameó de indignación. —¡Cómo te atreves! —siseó—. ¡Lo disfrutaste bastante en aquel tiempo! ¡Ni siquiera tú puedes negarlo! Gideon le dejó satisfacerse en la rabia. Intentaba mantenerse enfocado en el poder que estaba fuera de las paredes de la casa, reuniéndose demasiado rápido, incluso para su comodidad y habilidades. Había estado en lo cierto en esconder a Legna de ellos. Ruth nunca sería capaz de darse cuenta de qué había hecho con su esposa, no era tan poderosa. Pero su compañera estaba vulnerable, dejada arriba en un estado que simulaba la muerte a fin de enmascarar su presencia. Si la condición no era revertida en una hora, ella y el bebé estarían en un terrible peligro. Pero para revivirla del trance, tenía que permanecer vivo y protegerla, salir victorioso de ese encuentro.
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    Las probabilidades disminuíancon cada nueva presencia que sentía. Gideon era fuerte, pero no en contra de las posibilidades que se hacían más pequeñas con cada minuto que pasaba. Debería haberlo sabido mejor. Nunca debió haber llevado a Legna a un territorio que Ruth podía descubrir con un poco de creatividad. Pero había tiempo para las recriminaciones después. —Ruth ¿hay algún propósito, detrás de las visitas, además de un paseo por la vereda de la memoria acerca de un rápido revolcón tras algún arbusto al azar hace mucho tiempo? —Estrechó los glaciales ojos plateados sobre ella—. Debe haberla, porque no podrías ser tan estúpida como para tratar de atacarme. —Eso es exactamente lo que pretendo hacer. Soy más poderosa de lo que podrías imaginar Gideon. Y no estoy sola. —Perdóname por decirlo pero no es como si no pudiera oler tu peste desde un kilómetro. Estás corrupta, Ruth. Debes ser consciente de que la fetidez de los demás ya no te afecta debido a eso. Gideon estaba alcanzando mentalmente el cuerpo de la Demon, la fisiología, preparándose para manipularla hacia la muerte en cuánto pudiera. Pero la química era problemática, confusa. Se estaba transformando a niveles en los cuales ni siquiera era consciente. La hacía ilegible, un rompecabezas que tomaría mucho tiempo para descifrar. Ruth le dispensó aquella débil sonrisa otra vez, la que alcanzaba demasiado la locura en sus ojos. Era una poderosa Demon Mental y no había duda que estaba al tanto de sus intentos y de que estaba atascado. —Sabes Gideon —dijo suavemente, acercándose tanto que tuvo que luchar con la urgencia de alejarse del corrupto olor—. Pude ser un rápido encuentro para ti, pero sé que ella no lo es. Tu bebé no nato y ella. Y la encontraré, incluso si tengo que quemar la casa desde la base para hacerlo. —Tendrás que pasar por encima de mi primero, traidora. —Ese es exactamente mi plan —reflexionó. —Entonces mejor llama a tus esbirros.
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    Gideon se moviótan rápidamente que tuvo la mano alrededor de su garganta antes de que incluso pudiera anticipar los movimientos. La estrelló en la pared más cercana un segundo después, Gideon usó el dolor y la sorpresa para impedirle concentrarse en las habilidades. Pero era una Anciano* y era demasiado poderosa para ser mantenida a raya con trucos de obstrucción por mucho tiempo. Así que el médico no perdió tiempo, inmediatamente le cortó la entrada de aire y sangre al cerebro. Tuvo arcadas, los ojos se ampliaron mientras examinaba la amenaza mortal en los de él. —El problema —le murmuró, casi con voz de amante— es que pierdes tiempo jactándote y vanagloriándote con charlas vacías. Deberías haber atacado cuando pudiste. Mientras estrangulaba a la desertora Demon, se había extendido por el perímetro de la casa, atrapando a los confiados nigromantes, uno por uno, con la pura fuerza del poder y la voluntad, deteniendo los negros corazones muertos en los pechos. Con todo el poder mágico, los nigromantes aún eran frágiles como cualquier humano, haciendo una tarea ridículamente fácil en muchos aspectos. Los otros, viendo a los camaradas caer inexplicablemente, comenzaron a entrar en pánico y se apresuraron hacia la casa para encontrar la fuente del daño a las filas antes de que pudiera causarles más perjudicial. Estaban claramente impactados por la facilidad con la que había realizado ese ataque. Una vez más, Ruth no los había preparado para lo que les esperaba. Esta sería, quizás, la única ventaja verdadera. Ruth se reagrupaba incluso mientras estrangulaba la conciencia fuera de ella. Los ojos rodaron atrás mientras accedía al poder, y él sintió el empuje dentro de la mente, la fuerza era impresionante e imponente. Gideon estaba ciego por el dolor, la mano libre iba reflexivamente a la cabeza mientras ella buscaba convertir el cerebro en una pasta con el poder telequinético. Nunca había conocido a una mujer telequinética antes, pero los Demon Mentales eran relativamente nuevos para la especie y, envenenada como estaba, podía ser una mutación poco natural. Le tomó toda la fortaleza mental pelear contra ella, incluso así, sentía sangre goteando de la nariz cuando ésta llenaba los presionados senos.
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    Cuando se vioforzado a apartar la atención de los otros, invadieron la casa en minutos. La malvada multitud de mujeres se cernía como arpías sin alas sobre el suelo, diciendo las palabras corrompidas que traían delante los relámpagos eléctricos de poder que usaban durante el ataque. Gideon dividió la atención. Golpeó a Ruth en la cara, aturdiéndola con el empuje agudo de la palma a la delicada nariz. Podía haberla matado con el golpe si hubiera estado más enfocado, pero también estaba alcanzando a los usuarios mágicos, silenciando a varios de ellos en un barrido de pensamiento, quitándoles los medios verbales necesarios para acceder al poder, enviándolos a estrellarse en el suelo. En otros infundió el pánico con la ceguera, otros con la sordera. Esto sólo le compró tiempo. Gideon sintió que algo lo golpeó, el pinchazo inequívoco de dientes hundiéndose en la pantorrilla. Fue en ese momento cuando dejó caer a una apenas consciente Ruth al suelo y giró para enfrentar a la hija. La autómata estropeada que era la descendiente de Ruth, Mary también era más poderosa. Gideon lo sintió. Lo aspiró cuando el malvado olor se arremolinó hacia él. Arrojaba enjambres de perros salvajes, lobos, y hasta serpientes venenosas en cada ventana rota y entrada que podía, hasta serpientes enrolladas caían por la chimenea y en las cenizas frías. Los animales no eran responsables de la imposición bajo la cual los tenía Mary, así que Gideon se sintió dolido cuando tuvo que alcanzar para romper el cuello del lobo que había enterrado los dientes profundamente en la carne. Para el momento en el que se giró, había docenas de ellos sobre él. Dientes como navajas de afeitar cortaban la carne desde todas direcciones. Todo lo que pudo hacer fue cortar el dolor y la sangre, mientras trataban de arrastrarlo hacia abajo, buscando acceso a la garganta. Gideon consideró que tal vez había cometido un error al no despertar a Legna permitiéndole la libertad a través de un escape. Pero de nuevo, conocía demasiado a su amada esposa. Habría insistido en estar a su espalda, luchando donde había nacido para
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    pelear. Y eraexactamente por eso que había hecho lo que había hecho. Prefería morir que verla herida o peor. Pero dejándola indefensa, podía ser eso a lo que la había condenado. Gideon sólo podía hacer una cosa para salvarla. Aunque tomaría un médico muy talentoso para revertir el trance en el que la había puesto, y aunque quizás no lo lograra debía intentarlo. Gideon dejó de pelear y se proyectó astralmente al alba, buscando a Noah mientras que las fuerzas que lo atacaban comenzaban a arrastrarlo abajo. No fue siquiera consciente del repentino, violento, viento que hizo a la casa estremecerse desde los cimientos a las vigas. Siena se despertó, el corazón le latía velozmente mientras la cabeza sonaba con alarmas y se llenaba con rabia sangrienta. Se volteó rápidamente, buscando a Elijah con pánico y sintiendo una horrible sensación de temor y desesperanza mientras la mano subía por sabanas y mantas vacías. La había dejado, y tan seguramente como sabía eso, sabía que estaba en problemas. Oh, estaba tratando de alejarla de forma automática, a un nivel protector, pero no podía esconder la rabia y el horror que lo inundaba por lo que fuera que veía. Cerró los ojos tratando de concentrarse, deseando de pronto nunca haberlo dejado ir de su lado en primer lugar. Por lo que Gideon le había dicho, si habían pasado juntos lo días desde la caverna de Jinaeri, tenían un fuerte lazo mental, al punto en el que vería a través de los ojos de él perfectamente. En el momento en el que pensó en Gideon, su imagen apareció en la mente, pero estaba lavada por plateado y rojo. Sangre roja. Siena voló de la cama, transformándose en una Mujer Gato en
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    la marcha mientrasvolaba fuera de las habitaciones. Los guardias estaban asustados de verla salir en una forma tan salvaje y en la forma animal para comenzar. —¡Quiero a Anya en este momento! ¡Díganle que me encuentre en la casa del embajador Demon con tropas inmediatamente! —Pero majestad... —¡No me cuestionen! ¡Háganlo inmediatamente! —Majestad es de día —respondió el guardia, aunque claramente reacio a contradecirla otra vez. No lo culpaba. No había parecido haber dado un movimiento o decisión muy racional en casi una semana. Pero eso... eso era algo que ni siquiera podía pelear. Tuvo una súbita oleada de terror, lágrimas de frustración quemaban detrás de los ojos. La mano fue al corazón como si amenazara con salírsele del pecho. Elijah la necesitaba. También Gideon necesitaba ayuda. Estaba segura de ello. Ambos estaban más cerca del corazón de lo que estaba dispuesta a admitir y, ahora cuando la necesitaban, estaba completamente indefensa para ayudarles. El sol. Una estrella, tres veces maldita, cientos de kilómetros lejos, y aún eso le impedía ir al lado de Elijah. —Su Majestad recuerda que es Samhaim —le interrumpió gentilmente—. El embajador y su compañera asistirán a las funciones de su propia corte para las vacaciones y dijeron que no volverían hasta esta noche. ¡Aún peor! Eso quería decir que estaban en Inglaterra. Miles de kilómetros lejos de la provincia Rusa en la que moraban los Licántropos. Tan rápida como era, nunca podría ser así de veloz. Estaría forzada a usar las comodidades humanas modernas que tardarían horas a pesar de la gran velocidad. Siena de pronto deseó que la corte estuviese llena de Demons. Alguno de ellos, especialmente los de la Mente, quienes podían teletransportarse, podrían llevarla a donde lo necesitara en un
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    segundo. Por primera vez en la vida, Siena sintió verdaderamente las limitaciones de la especie y las habilidades personales. Oh, se había sentido algo indefensa durante el régimen de su padre, pero al menos entonces, se las había arreglado para mantener un reinado justo mientras trataba de conquistar enemigos invencibles. Eso era algo totalmente diferente. Pero Siena rehusó rendirse. —Encuentra un corredor mestizo y envíalo a Anya. Dile que reúna sólo tropas mestizas. Al menos no se ven afectados por la luz del sol. Y por una vez daría todas las formas por poder decir lo mismo. El tiempo es esencial, ¡así que irás inmediatamente! ¡Muévete! Esa vez no hubo disputa. La mujer Minotauro corrió, dejando atrás a su perpleja contraparte masculina. Trataba de echar un vistazo en el dormitorio tras él tan discretamente como podía. —¿Qué es lo que está mal mi señora? —Mi compañero está en peligro. Un peligro terrible —explicó, las manos se deslizaban ansiosamente por el peludo estómago, claramente sin importarle lo que el guardia pensara acerca del hecho de que el compañero debería haber estado en cama con ella durante el día de su boda—. Y está tan lejos. Necesito ayudarlo, Synnoro. ¡No puedo perderlo así! ¡No porque no pueda alcanzarlo por el maldito sol! —La reina dio un par de cortos pasos—. Diosa por favor —rezó suavemente, cerrando los ojos mientras trataba de pensar—, ¡por favor ayúdame! —Mi señora ¿qué hay de Myriad? Siena se detuvo de pronto, los ojos ensanchándose. Myriad. La mestiza de la corte de Noah, quién actuaba el rol de embajadora para el Rey Demon. No había tecnologías en la casa de un Demon, pero, no estando dispuesta a dejar tales lujos humanos porque la química de los demonios los hicieran funcionar mal, algunas veces peligrosamente, Myriad había escogido vivir en una villa un par de kilómetros lejos del castillo de Noah y de las influencias dañinas de los Demons que constantemente iban y
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    venían allí. —Tiene un teléfono —murmuró Siena, la esperanza repentinamente llameaba en el pecho—. ¡Synnoro! ¡Tiene un teléfono! Siena olvidó la etiqueta y los rangos y saltó lanzando las armas del peludo guardia alrededor, dándole un ruidoso beso en la mejilla antes de golpear el suelo a la carrera. El castillo había sido despojado de la tecnología cuando Gideon y Legna habían llegado, todo desde iluminación hasta comunicaciones habían sido restaurados en el castillo al estado original durante los cinco años de cautiverio de Gideon entre ellos. Pero Anya tenía un teléfono en la residencia, Siena nunca pensó que estaría tan agradecida por una simple comodidad. Todo lo que necesitaba era alcanzarlo lo más rápido posible. Noah se despertó desorientado con una sacudida, la repentina ráfaga de energía cercana y extraña se filtró en los sentidos. Abrió los ojos para ver a la Licántropo mestiza parada cerca de él, alcanzándolo como si fuera a tocarlo. Instintivamente, la mano se extendió y agarró la muñeca más cercana, halando a la mujer de pelaje negro de rodillas al lado de la cama. —Mejor que tengas una buena explicación para estar en mi habitación sin haber sido invitada, embajador —la amenazó, sentándose mientras doblaba la mano cautiva adelante. La habitación estaba atenuada por sombras dibujadas y cortinas, y los ojos eran amarillos en lo oscuro, más claro que en el gas o en una luz de antorcha. Era misteriosa la vista de ella contemplándolo sin pestañear. Le había dicho que, de haber sido pura, habría sido alguna clase de perro salvaje o lobo. Lo mostraba claramente los ojos en ese momento. —Su Capitán Guerrero y su doctor están en problemas. Mi reina pensó que quizás querría saberlo. Noah estuvo sobre los pies en un instante, liberando a Myriad mientras alcanzaba la ropa.
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    —¡Explícate! —demandó, sinmolestarse en perder tiempo con disculpas. —Dice que Elijah está en donde quiera que esté Gideon, y que ambos están en un terrible peligro. —Pensé que Elijah estaba con Siena anoche, Gideon dijo... —Aparentemente dejó la cama mientras estaba durmiendo. No pienso que sea sabio cuestionar ese hecho a mi Reina. Noah miró a la enigmática morena, levantando una esquina de la boca mientras metía la camisa en los vaqueros. —Una sabia decisión. —Sin duda —estuvo de acuerdo con el fácil humor que la había ayudado a ganarse a muchos Demons cabezas duras, esos meses pasados. Siena había probado ser mucho más que sabia enviando a esa robusta mujer mestiza a él de su parte. Tenía el temperamento perfecto para hacer amigos y, claramente, nunca mantenía rencor más allá de un momento. —¿Puedes acompañarme? —El sol no me afecta. Estoy a su servicio. —Bien. Tenemos que hallar a alguien que pueda avisar a Jacob y a los otros. Tengo un terrible presentimiento de que vamos a necesitar ayuda. —Y Siena. Pedirá nuestras cabezas si no la llevamos también — insistió Myriad. —¡De acuerdo!
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    CAPÍTULO 14 Si había una naturaleza de las cosas que Noah conocía con perfecta claridad e instinto, era el humo y el fuego. Mientras se acercaban al hogar de la familia, podía oler y sentir los dos. El terror inundó a Noah mientras subía la cumbre de la montaña, arrastrándose a sí mismo y al híbrido fuera del humo y tomando forma sólida. Lo único que podía ver de la casa era el humo y las llamas que salían a montones, rugiendo por los huecos de los cristales rotos. Todo lo que no estaba hecho de piedra ardía fácil y salvajemente a causa de su edad y la riqueza del combustible. —¡Legna! Noah liberó el poder y se hizo con las llamas que quemaban la estructura. El contragolpe caliente que le siguió, mientras succionaba violentamente la energía del fuego en sí mismo, hizo volar literalmente a Myriad. Aterrizó a unos diez pies en el césped carbonizado, sacudiendo la cabeza mientras trataba de restablecer su vapuleado cerebro. Otra vez, lo tomó con entereza, sin molestarse en quitarse el polvo mientras trepaba detrás del Rey Demon. Mientras corrían, los Demons empezaron a aparecer alrededor de ellos. Por muchas veces que lo viera, Myriad juró que nunca se acostumbraría a la brusquedad de la teletrasportación de los Demons. Claramente los Demons Mentales con los que Noah había contactado trabajaban horas extras para traerles refuerzos. A ellos. Los Ejecutores brillaban tomando forma, guerreros variados que despertaban rápidamente. Noah tuvo que chocar contra la carbonizada puerta principal, patinando por el suelo apenas equilibrado, cuando la atravesó disparado. Cayó en un momento raro de dificultad, el hollín y los escombros fundidos se deslizaban bajo los pies. La caída le llevó cara a cara con un cuerpo y de repente se encontró mirando a los plateados ojos abiertos y vacíos del cuñado.
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    —Gideon... La sorpresa estaba escrita por todas partes, en la voz y en la cara. Se puso de rodillas y se inclinó sobre el marido de la hermana, sintiendo el pulso. Noah nunca había conocido tal temor como en ese horrible momento. Ni siquiera cuando había visto el cuerpo violado de su madre muerta se permitió sentir tal debilidad, tal emoción paralizadora, debilitadora. Se había forzado a ser fuerte entonces, en consideración a Legna, porque ella había sido un bebé cuando vio a su madre en ese estado. Pero eso lo sentía y lo sentía profundamente. Justo como Legna lo haría… —¡Legna! La cabeza de Noah se movió violentamente alrededor mientras se extendía, gritando mentalmente por ella, pidiéndole que respondiera y buscando con todo el poder la firma de energía. —¡Legna! Jacob e Isabella entraron corriendo en la casa semidestruida. Isabella gritó de desesperación cuando vio la forma sin vida de Gideon. Pero fue apartada rudamente cuando Siena entró en la casa y se movió para ver lo que había horrorizado tanto a todos como para pararse inmóviles. —¡Gideon! —jadeó la Reina, dejándose caer rápidamente al lado de su viejo amigo. No podía estar muerto. ¡Era demasiado viejo, demasiado poderoso! Si estaba muerto, eso significaba que Elijah... Siena apartó el pensamiento violentamente, estirándose hacia la garganta de Gideon mientras Noah se ponía de pie y subía la escalera corriendo tres a cuatro escalones a la vez. —¿Está…? —Se atrevió Bella a empezar a preguntar. —¡Necesitamos a un médico aquí dentro! —chilló Siena, la voz resonó en la casa desolada—. ¿Dónde está Elijah? —¿Elijah? —demandó Jacob—. ¿Elijah está aquí? —Sí, está aquí en algún lugar. Lo sentí cuando desperté antes. Es lo que nos dirigió aquí. Sé que está aquí. ¿Dónde está? —
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    preguntó Siena urgentemente,poniéndose de pie y mirando por todas partes en busca de signos de su nuevo marido. Respiraba con bastante dificultad para hiperventilarse, tosiendo entre el humo residual que se filtraba por el cuarto. Buscó en los pensamientos y en el alma por cualquier signo de Elijah, la poderosa presencia de repente vacía en la conciencia, nublada por el pánico. Jacob e Isabella tomaron la posición que ella abandonó sobre Gideon e Isabella jadeó cuando se dio cuenta que se acababa de arrodillar en una piscina de Antigua sangre. Más cerca ahora, bajo la ropa y el hollín carbonizados del humo, vio que estaba herido severamente, quemado y también mordido, la carne rasgada como si hubiera sido atacado brutalmente por una manada de animales salvajes. —Fueron animales. Perros, lobos, y serpientes. ¡Serpientes venenosas! —siseó Jacob. Jacob, el rastreador final, se giró sobre la mano débil de Gideon, sacando varios mechones rubios de pelo largo de entre los dedos. Un Anciano Demon Corpóreo, médico en el cuerpo de guerreros, se apresuró a la casa, seguido de cerca por una media docena de guerreros, que empezaron a buscar por la casa. El médico se unió a Bella y Jacob, posando las manos en el Antiguo Demon. —Está muerto —murmuró—. Pero sólo hace muy poco. Retroceded. Los Ejecutores obedecieron, dejando al médico hacer lo que pudiera en paz, el sentido del deber disparándose por las mentes unidas. —Ruth —dijo Jacob innecesariamente, frotando los finos cabellos rubios entre los dedos apretados. El nombre atrajo la plena atención de Siena. —¿Ruth? —No había nada excepto rabia y dolor en los ojos de la Reina mientras repetía el maldito nombre—. ¿Esa puta hizo esto? Furiosa, la Reina de los Licántropos hizo un sonido bajo y peligroso. Todo lo que podía recordar era como de repente había encontrado primero a Elijah, sangrando, en agonía, y cerca del fin de
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    la mortalidad acausa del último encuentro con la hembra Demon que había traicionado a los de su clase. Conducida a una cercana locura emocional, apenas reconoció el rastro débil de olor que iba a la deriva hasta los sentidos. Entonces de repente levantó la cabeza, las orejas y los pelos del bigote se le retorcieron. Estaba bastante a la vista, pocos de los Demons presentes habían visto antes la forma Were, encontrando la forma de gata con la lustrosa piel tan poderosa e intimidante como sinceramente era, el temor salvaje y los signos biológicos de la raza aparentes, incluso a aquellos que no sentían naturalmente tales cosas. Jacob sabía, como lo sabía con cualquier criatura salvaje de la naturaleza, que había captado el olor de lo que había estado buscando. —Elijah —susurró Jacob. Siena gruñó medio grito de puma que hizo retroceder a los guerreros. Los Licántropos eran una casta dura con la que no se debía interferir, ni siquiera en tiempos de paz, y sabían darle mucho espacio. Pero los Ejecutores la siguieron cuando salió corriendo por la puerta con notable velocidad. —Va a matarse —ladró Jacob, apresurándose tras la inconsciente mujer. —¿Cómo…? —El sol —explicó Jacob a su compañera menos experimentada—. Hace que su clase enferme. Los envenena. Es fuerte, pero no tan fuerte. No hay ni una nube en el cielo o un árbol para darle sombra. Pero Bella sabía lo que propulsaba a la Reina. Se había arrodillado una vez en la sangre de Jacob, como lo había hecho en la de Gideon hacía un momento, aterrorizada que estuviera a punto de morir. En ese momento, nada la podía haber detenido a hacer todo lo que hubiese podido pensar para desafiar al destino y salvarle la vida. Había sido Gideon quien le había salvado entonces, pero en ese momento era Gideon quien necesitaba ser salvado por las milagrosas habilidades de Jacob. Pero ¿quién podía trabajar ese milagro? Sólo había visto a Gideon realizar tales proezas.
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    El médico, enese caso, no podía curarse a sí mismo. Jacob y Bella corrieron tras la Reina, pero estaba poseída por la velocidad del gato que era. Sólo Jacob podía emparejarla, pero se negaba a dejar Bella atrás, en esa situación peligrosa. Siena rompió sobre el césped a la carrera, pero esa velocidad dejó atrás visiblemente a los perseguidores cuando comenzó el galope. Se dirigía a una lejana línea de árboles cuando los andares se acortaron, comenzaron a ser difíciles, a arrastrarse como si corriera por un mar de agua en vez de aire. —Tengo que alcanzarla. Nunca lo logrará a la luz del sol —gritó Jacob a su esposa. —¡Atrápala! Estoy bien —insistió, empujándolo por el hombro para instarlo a la velocidad que era capaz. Siena estaba cegada por las lágrimas, inconsciente a las náuseas y a la debilidad que se arrastraban por el cuerpo que luchaba como si miles de garras la rompieran en pedazos, haciéndola lenta y congelándola en una posición tan cerca del objetivo que necesitaba alcanzar tan desesperadamente. La Reina cayó sobre sus propios pies, chocando torpemente contra el suelo con una sacudida dolorosa. El golpe contra el suelo parecía hacerla arder, los frenéticos sollozos, atrapados en el interior hasta el frustrante momento del impacto, cegándola mientras intentaba ponerse de pie tambaleándose. Un grito ultrajado de terror salvaje resonó en el aire de la mañana mientras luchaba por ponerse de pie, forzándose con manos y pies y con cualquier otra parte de ella misma que la ayudara a propulsarla hacia el objetivo. Siena alcanzó la línea de árboles apenas, mientras la forma de Elijah se solidificaba de repente ante ella, tratando de detener el frenético choque de su cuerpo propulsado. Estaba sobrepasado por las emociones de su compañera que lo habían atraído allí, los sentimientos de pena lo habían atraído como la guía de una baliza. Estaba tan histérica por el pánico paralizante que no había oído ni una sola cosa, ni sentido una sola emoción que había tratado de comunicarle para calmarla.
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    Chocaron el unocon el otro cuando finalmente lo alcanzó, abrió los brazos, la levantó sosteniéndola mientras ella se tiraba con torpeza contra su cuerpo. Se apretó contra él una y otra vez, forzándolo a sostenerla fuertemente para evitar dañarlos a ambos en la desesperación. Estaba tan fuera de sí mientras se agarraba a su cuerpo que los pies se levantaron del suelo, sus brazos casi lo estrangularon. Lo sostuvo como si el mundo terminara y necesitara encontrar el día del juicio final con él, dentro de su cuerpo, o dentro de su alma, lo que fuera que pudiera alcanzar con todo su esfuerzo. Sus garras se retractaron por seguridad cuando se estiró hacia su cara, acunándola con desesperación mientras las lágrimas caían por su cara cubierta de pelo y goteaban sobre él, los labios suaves temblaban con sollozos mientras le besaba. Ni siquiera podía respirar de tan trastornada que estaba, las yemas de sus dedos inspeccionaban frenéticamente el cuerpo quemado y herido. Eran marcas de batalla solamente, no mortales, dado que esa vez la sorpresa al correr hacia la manada de usuarios de magia en Gideon había sido aumentada por el hecho de que el área abierta le había dado aviso visual. De hecho, había sido el único en sorprenderlos. Había luchado contra ellos, persiguiéndolos en los bosques, cogiéndolos de uno en uno con granizo, relámpagos y con vientos huracanados que soplaron más allá de cualquier defensa que trataron de tirarle. Sólo terminó cuando sintió la llegada de Siena y sumamente asustada y apenada. No se había dado cuenta que había despertado hasta que se acercó. Había pensado erróneamente que entre los esfuerzos y el estado durmiente, se quedaría felizmente ignorante del peligro que estaba enfrentando. —Consigue a un médico —sollozó ella, jadeando las palabras mientras el terror y dolor continuaban abrumándola en cuerpo y alma—. Consigue un médico. Por favor. ¡Diosa, por favor! ¡No te quedes aquí! —chilló a Jacob que por fin les había alcanzado jadeantemente a ella y a Elijah—. ¡Consíguele un médico! Siena cayó, sin ver que Bella también les había alcanzado, doblándose duramente con una punzada en el costado. La Reina estaba perdida en las emociones que la golpeaban, el cuerpo volvió a la forma humana mientras perdía toda fuerza y enterraba la cara y
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    los dedos enla camisa achicharrada de Elijah y en su quemado pecho. —¡Siena! —Elijah asió los brazos y la sacudió—. Cálmate, gatita. ¡No estoy herido! Pero cuando intentó que recuperara los sentidos, sintió que el cuerpo se tambaleaba sin fuerzas en el agarre. La cabeza cayó débilmente mientras la fuerza parecía abandonarla con la brusquedad de una herida mortal. Oyó el jadeo de Bella y con el rabillo del ojo, fue consciente que se cubría, con la mano, la boca abierta con horror. La Ejecutora estaba cerca de las lágrimas mientras, ella como la Reina, se desplomaba tan rápida y duramente. Elijah tuvo que moverse con los reflejos del viento, cambiando el agarre para sostenerla, evitando que cayera como una piedra. Las manos que trataban de asir la camisa de Elijah estaban flojas, los ojos dorados cerrados a medias mientras retrocedían en la cabeza. —¡Siena! —Elijah se inclinó para levantarla en los brazos, pero era como un lastre ahora, el cuerpo de repente rígido por un ataque que hacía imposible hacer algo excepto seguirla hacia abajo, al suelo. La peor parte de aquello fue cuando la mente se quedó completamente en blanco de su presencia. Elijah nunca había conocido tal temor como el que sintió cuando pareció desocupar su alma tan repentinamente. Ni siquiera cuando había encarado su propia muerte, hacía una semana, había conocido esa clase de terror. El silencio repentino después que tanto dolor y pánico le rasgaron, dejándole con heridas abiertas en el espíritu, sobrepasó el dolor de esas en el cuerpo en proporciones masivas. Entonces se forzó a mirar el cuerpo rígido de Siena y a liberar onda tras onda de contorsiones musculares rígidas, la piel se desteñía del oro al gris con manchas rojas, los dientes apretados rasgaron la lengua así que la boca se llenó de sangre que se esparció sobre la cara y en el pelo flojo. —¡No! ¡Siena, no hagas esto! —gritó Elijah mientras se agachaba sobre ella, sosteniéndole la cabeza que se convulsionaba entre las manos en un esfuerzo por evitar que se hiriera a sí misma con las rocas y restos del bosque dispersos debajo de ella.
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    —Tenemos que sacarladel sol, Elijah. Se está matando —ordenó Jacob, posó una fuerte mano en el hombro del guerrero para intentarlo y atraer la atención. —Espera —dijo Bella, instando suavemente a su marido a un lado mientras se acercaba a Siena—. Puedo absorber el poder. Si funciona como lo hizo en Legna cuando fue Convocada, la debilidad del sol desaparecerá como lo hizo la vulnerabilidad de Legna al pentagrama. La podría mantener tan a salvo como estuvo Legna. Te dará el tiempo que necesitas para llevarla a la seguridad sin permitir que el envenenamiento avance más por la exposición continuada. —¡Bella, no! —advirtió Jacob, tratando de asirla para pararla. Pero su compañera le apartó la mano, girando los deslumbrantes ojos violetas hacia él—. ¡Maldita sea, Bella, no tienes ni idea de lo le harás o ti misma si haces eso! ¡Deja de luchar contra mí cada vez que intento protegerte! —¿Preferirías que la dejara morir? —preguntó—. ¿Debo permitir que alguien a quien quiero como un hermano, quién me ha tratado como familia desde el día en que llegué entre vosotros, a pesar de las condenas de los otros, sea privado de su alma gemela? ¿Debo protegerme y permitir que toda la gente sea privada de la Reina? —¡No al coste de mi alma gemela, Bella! —Respiraba con dificultad, bordeando hacia una volátil alarma, una condición a la que no era propenso a menos que la seguridad de ella estuviera en juego—. No sabes lo que ocurrirá si hace eso. Podrías acabar de matarla —discutió Jacob, las manos apretadas a los costados mientras se forzaba a no estirarse a por ella otra vez—, o a ti. —La posibilidad de la muerte es un riesgo que todos nosotros tomamos en el minuto en que despertamos por la tarde. Mi seguridad está en riesgo cada vez que te acompaño para destruir al Transformado o a rastrear a los que necesitan ejecución. No dijiste nada entonces, así que no lo hagas ahora. —Bella concentró la atención en la hembra Licántropo, sintiendo la mirada frenética de Elijah en ella—. Retroceded. No sé como estrechar mis capacidades todavía. No necesito atraeros a esto.
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    —Toda razón demás por la que no deberías hacer esto —dijo bruscamente Jacob, perdiendo toda conciencia de nada excepto de la seguridad que se clavaba en él sin descanso. —Bien, entonces permanece donde estas. Voy a hacer esto con o sin tu cooperación, Jacob —dijo valientemente, con determinación en la voz y en el conjunto de la terca mandíbula, acabando con la discusión—. Sin esto sólo es más largo. Elijah decidió de repente por todos. Se puso de pie y alcanzó físicamente a Jacob para echarlo hacia atrás, lejos de ambas mujeres. El Ejecutor apartó la mano del guerrero, los ojos oscuros llameaban con indignación porque el Capitán intentaría la mano dura para proteger a su compañera. —Muévete atrás o te moveré, Jacob —siseó el guerrero, comprendiendo que la sugerencia de Bella era la más rápida, la acción más plausible para parar la agonía de Siena. Si hubiera intentado llevarla al refugio, probablemente habría muerto por la exposición continua a la luz del sol antes de alcanzar el objetivo. Ya estaba sintiendo el obstáculo del letargo que afectaba a los de su clase al sol, a pesar de la propia fuerza para resistir esas condiciones. Jacob podía haber sostenido la posición, pero había sido una invitación clara a un altercado. Ganado por votación, se retiró y dio a Bella el espacio que había solicitado. La única otra solución habría sido para cada hombre afirmar la necesidad de proteger a su compañera por encima de la violencia del otro. A pesar de las emociones volátiles implicadas, no merecía la pena el precio que pagarían por eso. Sintiendo a su marido mirándola mentalmente así como con visible ansiedad, la Druida respiró hondo y cerró los ojos. Se estiró hacia la piel desnuda de Siena con dedos tentativos, más para enfocarse que por cualquier otra razón, y buscó dentro de ella para liberar el poder que había yacido aprisionado profundamente en su cuerpo durante tanto tiempo. Bella no había soltado ese poder del control represivo desde que había sido atacada hacía seis meses por Ruth y su hermandad. Así que cuando estalló a la vida, lo hizo con un remolino visible que empujó todo como un viento artificial, haciendo que los árboles
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    se doblaran confuertes crujidos de ramas, las hojas y las hierbas soplaban y se dispersaban en una marea circular a partir de la Druida. Jacob sentía que el corazón le saltaba por la garganta. Nunca la había visto emanar así antes. Generalmente la de Bella era una capacidad invisible e imperceptible que desangraba insidiosamente a los Nightwalkers de los dones innatos. Lo aterrorizaba ver volar todo alrededor de ella con violencia repentina. Un minuto más tarde, la ola golpeó a ambos hombres, aún en la distancia de varias yardas. Los propulsó en el aire, golpeándolos contra el suelo de repente, al mismo tiempo que toda la capacidad de los cuerpos elementales era succionada fuera de ellos en un latido del corazón. Al mismo tiempo, Bella robó a Siena toda la naturaleza innata desde la de cambiante a la de la sensibilidad al sol que traía consigo. Desafortunadamente, Jacob también recordó poco después que Bella no sólo apagaba las capacidades innatas de los Nightwalkers, sino que tomaba todas las características. Bella cayó sobre el trasero cuando todo el poder que acababa de invitar en ella misma la golpeó duramente. De repente el viento se levantó y comenzó a azotarlos a todos. Entonces el césped comenzó a crecer de forma frenética, llegando a ser, en un latido del corazón, una masa enredada de hojas. Demasiado, las excesivas, considerablemente poderosas capacidades que había robado de ellos, también estaban fuera de control. Y cuando Siena, cayó por último en una pérdida relajada del conocimiento, el pelo de Bella comenzó a esparcirse, formando una piel negra y sedosa por todas partes del cuerpo. —¡Maldita sea! —ladró Jacob, tambaleándose bajo la presión de una notable debilidad, el poder del cual nunca sintió antes. Dio bandazos sobre la mujer justo cuando la forma comenzaba a mutar dolorosamente, el cuerpo medio—humano nunca pensó en alterarse de tales maneras. Un minuto lo miraba con ojos abiertos de sorpresa, al siguiente era un jaguar de ojos violetas, luchando por contonearse fuera de los límites de los vaqueros, camiseta y ropa interior. —¡Bella! ¡Cálmate! —dijo Jacob mientras se estiraba hacia la mente al nivel de una compañera vinculada y una criatura de la
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    Tierra que podíaencantar a cualquier animal en el que pusiera la mente. Trabajó para liberar rápidamente al gato inmenso de la ropa en la que estaba atrapado, mirando con verdadero sobrecogimiento como esos ojos tan sorprendentemente familiares para él de repente no parecían conocerlo. Sabía que podía absorber y utilizar los poderes Demon, pero nunca pensó que lo mismo se aplicaría a los poderes de Licántropo. Pensaba, hasta hacía un momento, que la capacidad de cambiar de forma había sido tan natural como un latido del corazón para Siena, algo que Bella no podía pedir prestado ni podía robar ni podía utilizar para ella misma de ninguna manera. Pero estaba claramente equivocado. E incluso, aunque esa era el área experta de Gideon, incluso el médico nunca había visto nada como las capacidades de Bella antes que llegara hacía un año. Eso era nuevo para todos y ninguno debería subestimar esos poderes híbridos. Así que tuvo cuidado mientras intentaba calmarla. Pero se dio cuenta rápidamente que el poder de encantar había sido robado junto con todo lo demás y que todo lo que tenía era la conexión de alma gemela con su alma gemela. Elijah movió al ahora totalmente cuerpo flojo de Siena, levantándola apresuradamente del suelo y fuera del alcance del imprevisible peligro de la situación. Bella había logrado el objetivo sin embargo, y Elijah lo sabía en algún nivel interior del espíritu. Siena estaba horriblemente enferma, pero el pequeño acto valiente de la Druida había parado efectivamente la vulnerabilidad a más daño. El Capitán Guerrero encontró los ojos de Jacob brevemente, lleno de disculpas, y entonces se giró y volvió rápidamente hacia el hogar de Gideon con la débil carga, dejando a Jacob para que manejara a la alterada compañera. Sin los poderes, no había nada que Elijah pudiera hacer en todo caso. Era mejor dejarlos solos. Poderes o no, Jacob sabía más acerca de tratar con animales que ninguno entre ellos. Noah era quizás el único que podía haber encontrado a Legna en el presente estado, y la única razón que lo hiciera era a causa del
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    calor residual delcuerpo. Pero ya estaba casi fría al toque cuando la levantó del suelo. Supo inmediatamente que eso era acción de Gideon. Podía presentir los vestigios de la energía residual del Antiguo en ella. Y también comprendió que lo había hecho para protegerla, para evitar que arriesgara el cuello en una situación que había sido claramente desesperada y peligrosa hasta el grado que el resultado había sido que casi habían matado a un Antiguo. Noah también sabía que su hermana se moría. Sentía que lo que quedaba de la fuerza de vida se desvanecía mientras se apresuraba fuera de la sala y hacia abajo por la escalera para encontrar a los médicos. Desafortunadamente, había sólo uno presente y tenía las manos llenas con Gideon. Noah ordenó a un Demon Mental que trajera más ayuda, luego colocó a la hermana en el suelo, fuera de la casa carbonizada. Trató de concentrarse, apartando el temor que le arañaba el alma. Le cubrió el corazón y el plexo solar con las manos, buscando la desvanecida fuente de vida y energía. Comenzó a alimentar el suministro agotado, lentamente, cuidadoso con la chispa de vida que también se desvanecía del hijo. Quizás era porque era de su propia sangre, o solamente por la fuerza de la testarudez, pero comenzó a calentarse, a ruborizarse con energía, con signos verdaderos de vida. El alivio momentáneo fue profundo. Por lo menos podía mantener el estado. Aunque no podía invertir el efecto, fue suficiente hasta que pudiera encontrar a otros lo suficientemente hábiles para hacerlo. Elijah gritó por ayuda, atrayendo la atención de varios guerreros que se apresuraron a su lado, ansiosos por ser de cualquier ayuda. —¡Necesito un médico! Elijah se empujó a la casa y por primera vez vio la destrucción que había sido infligida sobre ella y sobre los habitantes. Había perseguido a los agresores que habían huido de la escena, sin tener en cuenta que Gideon no podía manejar el resto por sí mismo. Ver a un médico inclinado sobre el Antiguo dejó sin respiración al Capitán.
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    El médico másjoven alzó la mirada al superior, entonces se levantó y se frotó las manos nerviosamente mientras se acercaba al Demon de Viento. —Señor, no hay nada que podamos hacer por ella —informó cuidadosamente—. Ni Gideon sabe cómo curar a un Licántropo. —No me digas eso —ordenó, colocando suavemente a la compañera en un rincón oscuro antes girar para confrontar al otro hombre duramente—. Tienes las habilidades básicas, algo que puede cruzar especies, y harás lo que puedas. —Elijah… El nombre, dicho en voz ronca con un sonido áspero y un barboteo, le hizo darse la vuelta rápidamente. Se dejó caer sobre las rodillas, agarrándole la mano automáticamente mientras intentaba que la garganta funcionara para ayudarla a hablar. —¿Qué puedo hacer, Siena? —preguntó, las doradas cejas se curvaban con preocupación y pena. —No me dejes morir. —No. No lo harás. Te ayudaremos. —El tono era enojado y frenético, ultrajado ante la sugerencia de la idea. —No… —Shh… —tranquilizó Elijah. —… dejes que muera… hasta que haya matado a esa puta Demon. —Tú y yo —prometió con fiereza mientras Siena perdía el conocimiento una vez más—. Tú y yo, querida gatita. Una vez que Elijah y Siena dejaron el área inmediata, Bella fue privada de la fuente continua de poder, la capacidad de absorberlos sin duda había sido abandonada mientras era gobernada por poco más que instintos animales. Le permitían apagar la práctica y la concentración, y como gata salvaje, no era probable que tuviera esa concentración.
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    Así que pasaronvarios minutos más hasta que su marido sintió que los sentidos volvían a ella, y varios más antes de que el cuerpo empezara a volver a la forma natural. El sedoso pelo negro cayó de la piel mientras el poder que había absorbido de Siena se derramaba. El acto le había costado, Jacob podía sentir cómo volvía a la forma natural y se dejaba caer en un grueso cojín de crecido césped, jadeando. Pero había conseguido a Elijah el tiempo necesario para sacar a Siena del sol y Jacob sabía que eso era todo lo que le importaría inmediatamente a Bella. Así que cuando abrió los ojos y lo vio inclinándose sobre ella con clara preocupación e ira apenas reprimida, supo que había tenido éxito, a pesar de no recordarlo. —Funcionó —suspiró ella. —Sí, podrías decir eso, si realmente lo estiras —dijo Jacob, el tono era cortante porque había sido incapaz de ayudarle. El corazón todavía latía violentamente por el susto de verla tan brutalmente alterada y afectada. Jacob se estiró para acercarle la ropa, levantándola a una posición sentada para poder deslizarle la camiseta sobre el cuerpo. La cabeza descansó en el hombro mientras lo hacía. —Tienes una hija, Bella —dijo, la voz ronca con emoción reprimida—. No puedes hacer estas cosas descuidadas, arriesgándote así sin tomarla en consideración. Te necesita, incluso más que yo, y sabes cuánto es eso. —Exhaló, estremeciéndose mientras lo hacía, los oscuros ojos cerrándose con el tenso dolor—. Debería retorcerte el cuello. —¿Y habrías querido que Siena hiciera menos si pudiera salvar mi vida? La pregunta picó, calmando la ira con la verdad brutal. Los movimientos frenéticos para vestirla se detuvieron y el ardor tras los ojos, giró la cara hacia la seda negra del grueso cabello, inhalando el perfume profundamente, con gratitud, mientras le cubría la nuca con una tibia y posesiva mano.
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    No contestó verbalmente,pero el idioma de los gestos y pensamientos era toda la respuesta que necesitó. Envolvió los brazos alrededor de la cintura y lo abrazó apretadamente. —Ahora —susurró—, tenemos algunos rastreos que hacer, cariño. No podemos permitir que esas personas continúen hiriéndonos. —Lo haremos. Pronto. En este momento, necesitamos volver a la casa para poder ayudar a Noah y Elijah, así tú podrás recuperar alguna fuerza. No discutió. Sabía que podían recoger el rastro más tarde, y también sabía que tenía razón acerca de cuan cansada estaba. La desventaja de tal ráfaga de poder era el bajón que seguía inmediatamente después. Pero como había notado hacía pocos días, sentía como si una parte de la Reina Licántropo estuviera ahora sellada en la mente. Apartó la comprensión, sin embargo, no deseaba trastornar a Jacob más de lo que ella ya estaba. Arriba, en el castillo que el Rey Demon llamaba casa, Noah se inclinaba contra el marco de la ventana del dormitorio de Legna, el que había ocupado durante los trescientos años desde la niñez hasta el día en se casó con Gideon hacía seis meses. El Rey miraba fijamente sin ver a los jardines que se alargaban justo bajo él, los recuerdos de esos años, de la influencia elegante, le atravesaban como una resaca, arrastrando el corazón con la dolorosa repetición. Su hermana estaba rodeada de médicos, pero podía decir, por las voces susurrantes, que todavía estaban tan confusos sobre la condición, como lo habían estado hacía una hora. Si no fuera por la habilidad para mantenerla en éxtasis, Legna hubiese estado muerta. ¿Qué infiernos había poseído a Gideon para escoger tal método peligroso de enmascararla? ¡Había seguramente otras maneras, maneras que no la habrían dejado en tal peligro! Noah cerró los ojos y exhaló.
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    Sabía que erainjusto. En el momento en que Gideon quedara inconsciente o muriera, cualquier otro hechizo de enmascaramiento hubiera muerto con él y la habría dejado igualmente vulnerable. De hecho, habría estado directamente muerta si no fuera por el hecho de que había forzado a los enemigos a recurrir a la aleatoriedad de un fuego, esperando que finalmente llegara a dondequiera que estuviera escondida tan efectivamente. Noah se apartó de la ventana y apartó a uno de los médicos con un casi áspero empujón de una mano sobre el hombro del hombre. Miró brevemente a la comadrona enfrente de él que vigilaba al bebé de Legna de cerca, y ella se retiró instantáneamente. Todo en lo que posara la alarmantemente mirada autoritaria de un Rey, generalmente tranquilo, los hacía responder rápidamente. Todos sabían que no había nada más precioso para Noah que su hermana más joven. Noah se inclinó sobre Legna, envolviendo una mano elegante alrededor del cuello sin pulso mientras presionaba los labios en la frente y comenzaba a cuchichearle. —Te perdoné por dejarme hace seis meses —murmuró, alcanzándola con la mente y el corazón, utilizando toda la concentración y fuerza de la vida larga y la familiaridad mental con ella que había logrado bajo la tutela paciente durante siglos—. No te permitiré hacerlo otra vez. No de esta manera. Vamos, hermanita, despiértate para mí. Tienes el poder dentro de ti. Tienes a un niño dentro de ti. No puedo creer que eso no signifique nada para tu seguridad. Los ojos de Noah se cerraron mientras bajaba la frente para descansar al lado de la cabeza en la almohada, hablándole suavemente en la oreja. —Cuando Mamá murió, juré que vivirías para ser una Antigua, niña, y no toleraré romper esa promesa. Regresa a mí. Yo… Tuvo que parar cuando la emoción le abrumó la voz. Intentó respirar, pero no importaba cuan profundamente inhalara, no era suficiente. Se moría de hambre por oxígeno en ese momento, y como cualquier llama, se sentía extinguir.
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    —Te necesito —dijopor fin, la voz ronca y rasgada—. Si Gideon sobrevive, te necesitará. El bebé… todos nosotros. Ahora eres el Demon Mental femenino mayor de entre nosotros. ¿Quién sino tú enseñará a los jóvenes? —Intentó otra vez inhalar un aliento profundo y doloroso—. ¿Quién más —dijo, más suave que nunca—, continuará enseñándome lo que me pierdo por no conocer el amor que compartes con Gideon? El día que viva sin ti para enseñarme como siempre lo haces, será el día en que olvidaré vivir. No nos dejes, rogó con todos los recursos de la mente, vertiendo la emoción en ella. Gideon morirá sin ti. Nunca podrá soportarlo sabiendo que al tratar de salvarte fue el instrumento de tu muerte. No lo dejes con ese legado. Noah no tenía hechos en los que basar las tentativas para alcanzarla, como no tenía pruebas de que tenían éxito en ayudar a Legna de alguna manera. Pero continuó, incansablemente, alimentándola con energía, emoción y cada razón convincente que podía pensar para atraerla. Syreena y Anya estaban firmes a ambos lados de la puerta del cuarto donde Siena estaba tendida. Elijah retrocedió lejos de la cama, oculto en las oscuras sombras de las cortinas que evitaban que entrara el sol. Los agregados femeninos miraban rápidamente con inquietantes ojos de la Reina al Consorte y a los dos miembros de The Pride, la mayoría sanadores consumados, tratando de tratar a la Reina por el envenenamiento del sol. —Empieza a cubrirse de ampollas —les informó uno suavemente. No era buena señal. Quería decir que había recibido el equivalente de una dosis mortal de radiación. Los Monjes de The Pride estaban en apuros para ayudarla a recuperarse del daño sin efectos a largo plazo. —Lo harás lo mejor que puedas —les recordó Syreena, la voz de monarca por primera vez en la vida. La orden fue quitada de la boca de Elijah, así que estrechó especulativamente los pálidos ojos en la hermana de Siena. Su voz
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    habría tenido, sinduda, poca influencia en ese cuarto. No había ganado ninguna autoridad ni lealtad de ellos todavía. Ni siquiera había tenido la oportunidad. Le hizo relajarse un poco ver a Syreena abogar tan poderosamente donde él no podía. Ahí fue cuando comprendió que esas mujeres amaban a Siena tan profundamente como él amaba a Noah, y por todas las mismas razones. —Qué pérdida… por un Demon. Anya se quedó inmóvil, ensanchó los ojos cuando las palabras pasaron los labios del segundo Monje. Notablemente, no fue Elijah quien reaccionó contra la observación ofensiva. En vez de eso, fue en ese momento que Anya aprendió sinceramente cuán rápida era la Princesa. Y cuán volátil podía ser. Antes de que cualquiera pudiese retorcerse, Syreena había saltado sobre el Monje, agarrando todo el peso y cuerpo y sacándolo de la cama con una sola mano alrededor de la garganta. Él graznó por la sorpresa mientras lo golpeaba brutalmente contra la pared más cercana. El resonar de la cabeza hizo respingar a Anya y jadear por la sorpresa. Los ojos rojos de Syreena aguantaron los del hombre aturdido, que una vez había sido uno de sus mentores. —Habla así otra vez en tu vida y te encontrarás tomando un voto involuntario de silencio para el resto de tu existencia. —Apretó el puño en la garganta para cerciorarse de que tenía la firme atención—. Lo juro, Monje. Tendré tu lengua si lo haces otra vez. Siena ha sacrificado todo por la paz, y nunca toleraré que nadie menosprecie los esfuerzos de una manera tan irrespetuosa. ¿Me hecho entender? —Niña, soltarás a tu hermano —le ordenó el segundo Monje, empujando ese tono de autoridad que los padres utilizaban con los jóvenes desobedientes. Todo lo que Anya pudo hacer fue mirar con extraña fascinación. Nunca en la vida había considerado poner las manos en un miembro de The Pride. De hecho, por ley, era un delito capital. No
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    había creído aSyreena capaz de tal cosa hasta que lo había visto suceder ante los ojos. The Pride era tan antiguo y tan poderoso, que eran considerados, aún por otras razas, como los últimos eruditos y los combatientes más doctos. Sabían técnicas para luchar antiguas y mortales, transmitidas entre ellos al igual que secretos bien protegidos de generación en generación. Desafiar a uno era parecido al suicidio, o así se lo habían dicho siempre antes. Y aparentemente Syreena había puesto mucha atención a las lecciones en las categorías más mortales. Hasta entonces, Anya había marcado a la Princesa como pacifista, más interesada en los estudios, las meditaciones y en la posición como Consejera que en luchar o en unirse al programa de entrenamiento que la Élite practicaba de una manera rigurosa, diariamente. Ahora estaba bastante claro que era porque no necesitaba practicar. Y más claro todavía, por la mirada en los ojos del Monje atrapado bajo el agarre, era el hecho que incluso ese docto, hombre de The Pride, no estaba dispuesto a luchar contra ella, ni siquiera para protegerse. Eso le provocó un escalofrío por la espina dorsal. Todos temían el león, pero ¿qué se sentía hacia algo que daba miedo, incluso al poderoso gato en lo alto de la cadena alimenticia? La mirada de Anya se movió rápidamente una vez más a la luz trémula de los ojos verdes claros que miraban las acciones de la Princesa con una calma notable y desapasionada. El respeto de Anya por el guerrero subió unos pocos puntos mientras permitió que Syreena lo tratara a su modo sin intervenir. Había asumido que sería más insistente, más volátil y suplicado por las oportunidades de altercado. Era alarmantemente ilustrativo darse cuenta que estaba en un cuarto con dos criaturas de poder de las que sabía demasiado poco. —Él no es más mi hermano de lo que tú eres, Konini. Syreena giró para mirar al otro Monje con ojos muy fríos, y Anya fue sacudida una vez más por lo que vio en la expresión de la Princesa. Era el genio inconfundible por el que la familia real había
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    sido trágicamente famosadurante todas esas generaciones. Siena controlaba el suyo notablemente bien. Aparentemente Syreena lo hacía también. Hasta ahora, por lo menos. —Cúrala, o responderás ante mí —siseó la Princesa. —No trabajo con amenazas —dijo serenamente el Monje, claramente no comprendió que las maneras piadosas sólo lo metían más profundamente en problemas—. Cesarás de esta violencia insensata, hermana. Antes de que Anya pudiera parpadear, un Monje era liberado para arrugarse en el suelo y el otro estaba entre los dedos de Syreena en un peculiar agarre que la General de la Elite que nunca había visto utilizarlo antes. Syreena utilizó el apalancamiento del agarre para acercar la cara de Konini al semblante lleno de ampollas de la paciente. —Lo que ves ante ti, Monje, es una verdadera hermana. Mi única hermana. Mi único hermano. En el corazón, mi madre. Mejor la salvas, porque si llego a ser Reina, conocerás no sólo mi ira, sino que sospecho la ira de la gente de su esposo también. —Syreena echó un vistazo como hizo el Monje con ojos abiertos por el miedo mientras miraba el único rasgo del inmóvil Demon hombre que podía ver. Esos pálidos ojos resplandecían en la oscuridad. —Recuerda, Monje, que incluso sin la furia hay maneras en que puedo destruir el precioso Pride. —Se inclinó más cerca para susurrarle más ásperamente—. Te ruego que recuerdes cuán buena y completa estudiante fui realmente, Konini. Y sé que sabes lo que quiero decir, hermano. Lo soltó después de esa observación enigmática, y cayó en la cama con torpeza, jadeando por respirar hasta que la cara púrpura comenzó a volver a la normalidad. Para asombro adicional de Anya, no discutió más, no amenazó castigo. Konini arrastró al compatriota curador y lo puso de pie, apartando las manos cuando tocaron el corte que la pared había dejado tras la cabeza. Miró preocupadamente de los ojos rojos a los de jade con clara inquietud y desasosiego.
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    Anya miró aSyreena marchar de vuelta a la posición de protección con dos pasos y un giro que habría avergonzado a la mayor parte del cuerpo de guerreros del General. —Advertí que dejaste el cuarto durante unos pocos minutos en hace un momento, mestiza — observó con serenidad, ni mirando a la otra mujer. —Yo… —Anya se aclaró la garganta—. Tenía sed —concordó, sabiendo bastante bien que se deshidrataría antes que dejar a la Reina desprotegida. Así como lo sabía Syreena—. Ha pasado… algo inusual mientras estaba… um... —¿Fuera de la habitación? —incitó Syreena—. Ni una cosa. —Bien —Anya sonrió, una sonrisa divertida—. Bien. En la oscuridad, Anya podía jurar que oyó al guerrero estoico al que la gente había temido durante siglos reírse entre dientes. Los médicos dejaron el cuarto de Gideon, permitiendo que la naturaleza hiciera lo mejor posible. Habían hecho todo lo podían, y estaba en la propia resistencia del Antiguo y en el Destino. Devolverle los signos vitales había sido bastante fácil. Por mucho que fuera bastante pronto, un Anciano Demon Corpóreo podía programar los propios signos vitales para hacerse con los de la víctima, parecido al mecanismo bypass de persona a persona. El Anciano tomaba los sistemas autonómicos dañados, trayendo a la víctima instantáneamente de vuelta a la vida. Sin embargo, curar el cuerpo lo bastante rápido y lo bastante para asumir por sí mismo había sido el truco. Gideon había sufrido enormes daños en órganos esenciales y una pérdida de sangre de la que pocos se podían recuperar. Los médicos creyeron que era sólo la edad de Gideon lo que le había salvado. Todo lo demás aparte, el sistema inmunológico curativo era el más rápido del mundo. Lo único que no era capaz de hacer era abastecer lo bastante rápidamente de nuevo el propio suministro de sangre. Ni Gideon era capaz de hacer esas curaciones profundas y complejas, mientras que, al alcance de algunos de los
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    Ancianos, faltaba ladelicadeza artística por la perfección. Había sido difícil resolver lo del veneno y la rabia, las bacterias y la médula ósea, los coágulos y las cicatrices residuales que habían contaminado los sistemas. Debía haber muerto. Quizás todavía muriera. Era sólo la curación natural lo que podía salvarle de lo que sea que no habían percibido o lo que habían creído era de la gama de habilidad. Las horas pasaban y la oscuridad barrió sobre el castillo, que se duplicó como un hospital. Había guardias fuera de todas las puertas, una mezcla de guerreros Demon y la Élite de los Licántropos, era sorprendentemente inaudito. Más que eso, los Licántropos no toleraban ningún argumento en las demandas de proteger la puerta del Capitán de los Guerreros y su esposa ellos mismos. Desconcertados por la orden de Noah de obedecer, los guerreros lo hacían a pesar de la lealtad que los tentaba a desobedecer la orden del Rey. El castillo estaba lleno de otras fuerzas, la mayor parte al aire libre, protegiendo el perímetro. Noah había dejado a su hermana para hablar con Corrine, que había sido puesta al cuidado del bebé de su hermana. Sentándose junto al consuelo del fuego, sosteniendo el bulto acogedor sobre el corazón, Noah pudo permitirse soltar el dolor. No era un hombre emocionalmente demostrativo en público, pero en la soledad del momento, con sólo la niña sin nombre para presenciarlo, se permitió estar en silencio total. El peso del pequeño bebé era lo único que evitaba que su corazón se partiera.
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    CAPÍTULO 15 En la oscuridad de la recientemente caída noche, una figura sigilosa se acercó con una velocidad imperceptible al perímetro protegido de la casa del Rey Demon. Podría pasar a los guardias completamente sin ser detectado, hasta ahora sus habilidades estaban más allá de lo que podrían percibir, iba a ser capaz de hacerlo con una facilidad casi irrisoria. Podía percibir a los ocupantes que había alrededor y dentro de la fortaleza con sólo una mirada. El calor del cuerpo que desprendían, aparecía como una luz de infrarrojo en su notable vista. Conocía el enfriador, las gotas de calor más rosadas señalaban a los Demons cuyas temperaturas corporales estaban unos grados más frías que el resto. Había una humana en un cuarto alejado y, a continuación, alrededor de una docena de seres que soportaban el calor de color rojo brillante de los Licántropos. Era el que determinó estaba en posición horizontal, el que atrajo su atención. Caminó más allá del perímetro de guardias con una velocidad silenciosa, saltando sigilosamente y con gran facilidad del suelo al balcón del segundo piso que daba al cuarto. El Príncipe Vampiro dudó antes de abrir la puerta, dándose cuenta de que alguien estaba en el cuarto, además de la Reina de los Licántropos. Quienquiera que fuese, y él podía darse cuenta de que de hecho era una hembra, estaba alerta a su deber. A juzgar por su corazón, había notado la intrusión. El corazón latía tan ferozmente y veloz, que la sangre circulaba casi demasiado rápido como para que oxigenara las células. —Entre. Era un cuchicheo dicho con una respiración tan suave y femenina, que al principio Damien pensó que había confundido el desafío. Intrigado, el Príncipe realmente sonrió con anticipación, mientras flotaba a través de la puerta de vidrio corrediza ya abierta, cerniéndose un momento antes de descansar suavemente sobre el suelo.
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    La vista delVampiro era excelente en la oscuridad, incluso sin usar las capacidades infrarrojas. Distinguió la silueta de una figura claramente femenina. Estaba de pie, en una situación perfecta cerca de una ventana, sin duda intencionadamente, permitiendo que la luz de la luna la difuminara de tal forma que incluso con su penetrante visión, vería sólo sombras. Pero no era sólo la curva lisa de la cadera y la frescura firme de unas piernas femeninas bien torneadas, en relieve contra la luz entrante. Un brazo colgaba recto a través de la longitud del cuerpo, escondido tras la curva de la cadera, la pistola en su mano parpadeaba con un destello niquelado, como si en cambio sostuviera una estrella. —¿Balas? —Preguntó, la voz profunda y rica, forzándola contra el evidente humor—. Una rareza en una casa de Demons. —No soy una Demon. —Señaló, su tono aún suave, todavía demasiado misteriosamente sofocado. —Cierto. Pero si me disparas, sólo estarás gastando balas. Seguramente lo comprendes, ¿Verdad? —Lo sé. —Aseguró. En ese momento, la otra mano apareció de la sombra de su cuerpo, rápida, con un objeto de madera que giraba como una hélice ágilmente entre las yemas de los dedos, durante un segundo impresionante. Damián se rió, al notar que el objeto había sido una vez la cuarta pata de un silla ahora tres-patas que estaba detrás de la figura oscura. —Sabes que eso es un mito, ¿no? —Preguntó, mientras cruzaba los brazos por encima del pecho. —Claro —afirmó de nuevo—. Sin embargo, una estaca a través del corazón provoca un sangrando traumático que te debilitará de manera rápida y considerable —Damián vio sus dientes destellar al sonreír—. Quizá mejor me dices por qué estás aquí, Vampiro. —Tu Reina requiere una curación o morirá. —No necesito que me digas eso, Bebedor de Sangre.
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    Se acercó unpaso, entrando finalmente en la luz. Damián nunca había visto nada como ella en toda su larga vida. Era una Licántropo, sin ninguna duda, pero su color y su figura frágil escondían las sorpresas y misterios que él no podría empezar ni siquiera a suponer claramente. Entonces comprendió quién era la que se enfrentaba a él. Primero había oído las historias sobre ella hacía poco más de un siglo, y luego nada, hasta los recientes informes de breves vislumbres de una hembra de Licántropo insólita que habían entregado sus embajadores, al hacer una visita excepcional a la corte de Siena durante esta última década. —¿Preferirías que muriera, Princesa, y así ser Reina en su lugar? Damien oyó como su respiración se paraba y vio el rubor infrarrojo de calor cuando el enfado explotó a través de su metabolismo. —Cómo te atreves a pensar semejante cosa —siseó. —Me atrevo —la interrumpió rápidamente—, porque no sé nada de ti, salvo que eres la hija de un dotado, aunque demente, señor de la guerra que logró zambullir a estas personas que ahora protegéis tú y tu Reina, en trescientos años de guerra. —¿La mismo hipocresía del Príncipe Vampiro en guerra contra los Demons, durante un siglo histórico de su reinado? —Replicó agudamente. —Touché —asintió—. Pero como tú, entonces era joven y tonto. Estuvo bien hace medio milenio, aunque no los últimos catorce años. —No soy joven ni tonta, excepto quizá en tu apreciación. ¿Qué te importa si la Reina de los Licántropos vive o muere? —Eso no puedo decírtelo. Basta decir que servirá a todos nuestros intereses si ella vive. Incluyendo el tuyo, si tu preocupación es auténtica. —¿Y supongo que vas a ofrecer esta curación mágica, Vampiro?
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    ¿Tomando su sangre,sin duda, y permitiendo que las consecuencias mágicas de tu mordedura la curen? Creo que preferiría morir antes de permitirle a cualquiera, amigo o enemigo, semejante libertad. —No. Ésa no es mi intención, Princesa. Me sorprende que no sepas que a mi clase le está prohibido intentar alimentar a otros Nightwalkers. Una categoría a la que, desgraciadamente, su especie pertenece, si no, de hecho ofrecería esos servicios. Cuando oí lo que había ocurrido… —Me gustaría saber cómo oíste ese rápido cotilleo — interrumpió Syreena fríamente. —El mundo Nightwalker no es tan reducido en Europa como lo es en el resto. Como un pueblo pequeño, noticias de esa clase viajan rápidamente. —Qué extraordinario —dijo con suavidad, claramente no impresionada. Damien sonrió a pesar de sí mismo, los dientes uniformes brillaban a la luz de la luna, sin enseñar ningún atisbo de colmillos retractados en el gesto encantador. —¿Puedo continuar? Le lanzó su propia sonrisa oscura, un parpadeo de ojos de arlequín misteriosos a la luz de la luna. —Iba a sugerir otro alternativa que probablemente no conozcas —Damien se volvió levemente para mirar a la Reina en la oscuridad. Con su visión, el calor de su ampollaba piel brillaba con un violento rojo. Retrocedió hasta Syreena—. No hay ninguna cura para este grado de enfermedad solar. Se morirá a menos que te desvíes de los métodos convencionales de sanar —Aseguró. —No morirá. La rudeza de la voz baja hizo que tanto el Vampiro, como la Licántropo, se volvieran bruscamente. Los ojos de Elijah brillaron en verde pálido, en el rayo solitario de luna que le golpeó la cara cuando volvió a su forma sólida. Syreena se irguió de repente, acercándose hacia el Príncipe, de hecho, directamente a su lado, así no bloquearía su línea de visión.
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    El guerrero aúnestaba tan fresco como siempre, taladrando con su atenta mirada a la pareja frente a él, evaluándoles sutilmente. El círculo de oro y labradorita5 alrededor del brazo brillaban contundentemente a la luz de la luna, dándole a Damien una pizca de información que sus fuentes chismorreando no hubieran sabido. Al parecer Elijah se había dado cuenta de la tensión entre él y la Princesa y había venido a proteger… proteger a su novia, algo totalmente inesperado. —Mi… —Syreena se aclaró la garganta— Mi señor, Anya y yo guardaremos a la Reina con nuestras vidas, se lo aseguro. Se detuvo cuando de repente Elijah avanzó, el fuego de sus ojos chasqueaban sobre el Príncipe Vampiro. —Damien, doy la bienvenida a tu preocupación —dijo—, pero como Syreena, no veo cómo puedes ayudarnos. —Elijah, tu desconfianza está mal dirigida. Hemos luchado juntos en la Batalla de Beltane, y no hay ningún motivo salvo mi deseo de ayudar a vuestra gente. Lo prometo, ayuda es también todo lo que quiero dar esta noche —Tomó un respiró, aunque respirar era innecesario para él—. No me apartes hasta que me hayas escuchado hasta el final, guerrero, o entregarás a tu compañera a la muerte. Una muerte terrible. Podría tomar semanas de increíble dolor antes de que termine. —¡Ella no morirá! —Gritó Elijah— ¡Maldita sea! —Su tono se convirtió en puro veneno—. ¡Estaría mejor muerto que ver a Siena pasar por esto, porque se espantase debido a mi seguridad! ¡No te necesito aquí de pie, abofeteándome por la desgracia de cómo va a sufrir por ello! Súbitamente la puerta del cuarto se abrió, al paso de Anya, que había oído los gritos de Elijah. Inspeccionó el cuarto con los ojos desorbitados por un momento, agitó la cabeza roja desvalidamente, y después, se retiró detrás de la puerta cerrada murmurando suavemente bajo el aliento. —Y ahora Vampiros… __________________ 5 Piedra de feldespato laminar de color gris, traslúcido e iridiscente. En su brillo presenta un amplio rango de colores. Desde el azul al violeta, verde, amarillo o naranja, según la variedad. Es la llamada Piedra de Luna (N.deT.)
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    Syreena alzó lacabeza de repente, su ojo gris brillaba en la penumbra cuando estrechó la mirada fija sobre el Vampiro, intentando conectar los pensamientos desplegados, al igual que los dos hombres que se giraron enfrentándose. —No puedo sanarla, pero están aquéllos que pueden —dijo suavemente Damien a Elijah. —Los extranjeros. Ambos hombres miraron a la Princesa, uno con sorpresa, el otro con desconcierto. —Sí —Damien la apoyó pensativamente—, estaba a punto de sugerir… —Diosa, ¿Cuál es su nombre? —Syreena murmuró, interrumpiendo al Vampiro mientras se mordía el labio y buscaba en su memoria—. Una Mistral —les aclaró, aunque Elijah parecía ser el único que no la seguía—. Siena conoce una Mistral. Hace unos días mencionó uno, que pensó que podría ayudarla de alguna manera en otro asunto. Syreena se saltó los detalles, no queriendo revelar a Elijah cuán desesperadamente Siena había intentado librarse de su influencia, antes de que finalmente hubiera hecho las paces con su destino. No tenía sentido abrir viejas heridas, o exponer los secretos de Siena para discutirlos con el Consorte Demon. Damien alzó una ceja negra, claramente impresionado con el razonamiento de Syreena, y también curioso sobre cómo la misma casta de Nightwalkers que había estado a punto de sugerir, habían aparecido de repente en la boca de la Princesa. —Al contrario que la mayoría de las especies de sanadores Nightwalker, los Mistrales puede sanar universalmente —comentó Damien pensativamente, los ojos firmes, oscuros puestos en la pequeña hembra ante él, con evidente interés. Ella no se ruborizó o apartó la mirada bajo su intenso escrutinio, impresionándolo más aún al mantenerse firme y fulminarle con la mirada exactamente igual que él. —Pero a un precio —Elijah dijo a sabiendas, las habilidades en
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    interespecies eran suárea de especialización. De hecho, su deber—. La Sirena Mistral canta para sanar, aliviar, y para facilitar los estados meditativos. El precio es la vulnerabilidad total. Si la Sirena desea acercarse al sujeto y apuñalarle a través del corazón en el medio de un canto, puede hacerlo, y su víctima no podría alzar ni un dedo para defenderse. Incluso, desde cualquier distancia será introducido en la canción, no es como si se pueda mantener la guardia. Siena nunca soportaría eso. Yo tampoco. —Quizás no de un extraño, pero creo que conoce muy bien a esta Mistral en particular —explicó Syreena. —Me extraña de ella —dijo Elijah, volviéndose para mirar hacia abajo a la cara ampollada de su novia, arrugando la frente en dolor empático por ver su bonita piel estropeada tan agónicamente. —Era una Mistral específica. Preguntó por ella por el nombre. Si sólo pudiera recordar su nombre… —Windsong —Damien dijo de repente, los ojos oscuros iluminándose con entendimiento—. ¿Su nombre era Windsong? —¡Sí! —Syreena exclamó— De un pueblo en Francia llamado… —Brise Lumineuse —terminó Damien. —¿Cómo sabes eso? —Exigió Syreena, mostrando claramente su conclusión de que el Vampiro había conseguido la información de su mente embotada. —¿Cómo piensas que sobreviviste a la enfermedad que te hizo lo que eres, Syreena? Syreena abrió la boca cuando la voz ronca de Siena rompió bruscamente de su dañada garganta. Distraída de los hombres que la miraban, levantó el envés de su mano a la boca y corrió para arrodillarse al lado de la cama de su hermana. Al final, dejó caer el arma, para alcanzar y tomar la mano de la Reina. Entonces pareció pensárselo mejor cuando miró la piel dañada de los deformados dedos. En cambio, fueron sus aliviadas lágrimas las que tocaron la piel. —Siena —susurró—, no hables. Debes conservar tu fuerza — dijo suavemente.
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    Siena hizo unainclinación breve y entonces se volvió para mirar a su marido. Simplemente la visión de su cara la trastornaba como nada más podía. Sentía alivio, alegría, y una docena de otras emociones aplastantes que aporreaban los pensamientos de Elijah con la claridad del cristal del corazón. Él la alcanzó, metiendo los dedos en su pelo crespo, los zarcillos embotados envolviendo inmediatamente su muñeca, agarrándole débilmente de la única manera que ella podría sostenerlo. —Lo siento mucho. —Dijo en voz alta y más áspera aún. —Shh —la alivió, alcanzando para frotar el pelo descolorido contra sus labios—. No te fatigues. Escucha a Syreena, gatita. Agitó la cabeza. —Elijah… Su voz era débil, pero al igual que ella, se filtró suavemente por los pensamientos de Elijah, fortaleciéndose. —Relájate, gatita. Haz lo que tu hermana dice. —No. Dile que consiga a Windsong. Luego sácales a ambos. Necesito hablar contigo. —Dice si puedes conseguir a Windsong para ella. Syreena, ¿Puedes hacerlo? —Sí. Francia está a tan sólo unos termales6 de distancia, amor —Syreena dijo ansiosamente a su hermana—. El resto y yo volveremos lo más pronto posible. Todos los ojos se volvieron para seguir a la Licántropo que saltó con peligroso abandono por la ventana, transformándose a medio camino de humano a halcón sobre el alféizar. —Asombroso —Damien se maravilló, volviéndose para mirar a la Reina—. Entonces las historias son ciertas. Fue Windsong quien salvó la vida de su hermana. Siempre había pensado que era un mito, hasta que empecé a oír los informes de que recientemente dirigía a una hembra insólita de Licántropo como su hermana. _______________ 6 Burbujas térmicas
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    Ahora que lahe visto… —Damien agitó la cabeza, mirando a través de la ventana con desconcierto— Es magnífica. —Damien, Noah está en el Gran Vestíbulo. Desearía verte. —Había pensado verle, después de hacerte mis sugerencias — El Vampiro miraba de uno al otro con una aguda y oscura mirada, los rasgos aristocráticos en una expresión de perplejidad durante un momento—. Nunca había pensado ver semejante Vinculación. Ésta es de hecho una nueva era. Puede veniros bien a ambos. Que os vaya bien, a los dos. Entonces el Vampiro utilizó la costumbre convencional de la puerta, y dejó a la pareja a solas. Elijah volvió inmediatamente hacia su esposa. Viendo y sintiendo su dolor, el corazón empezó a dolerle literalmente, y no tenía nada que ver con sus heridas. Debes dejarme decirte lo mucho que lo siento, resolló rápidamente dentro de su mente. Habrá tiempo para eso. Después , insistió. Ya he perdido demasiado tiempo, Elijah. Se estiró hacia él, estremeciéndose cuando la piel herida se tensó, rajándose por los lugares sensibles que habían perdido la elasticidad al extenderse las hirvientes aguas venenosas. Elijah logró detenerla, la palma de la mano contra las suyas. El contacto se sentía tan real, tan precioso y bueno, que no podría obligarse a alejarse de nuevo. Claramente ella sentía lo mismo, los dedos entrelazados con los suyos, olvidando cuánto le había dolido. Te he hecho daño tan egoístamente, sollozó, las lágrimas caían de los ojos, así como su emoción se triplicaba a través de él. No, insistió, su voz mental igualmente ahogada por la preocupación de verla herida en cualquier manera. No te preocupes por mí, gatita. No me has hecho daño. No mientas a quien conoce tu corazón. Sin embargo ella se había negado tercamente a reconocerlo. Se esforzó por respirar, y él se inclinó aún más cerca, apoyándose sobre ella hasta que estuvieron mirándose profundamente en los ojos húmedos del otro.
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    —No hagas esto—rogó bruscamente—. No me digas esto, porque piensas que vas a morir. No te dejaré abandonarme. Has intentado por todas las vías evitarme y, no te permitiré ir ahora que finalmente has consentido . Lanzó una respiración insegura, tratando de reafirmar la voz desgarradora. Acercó la mano enredada en el cabello a su cara, acunándola, mientras cepillaba con el dedo pulgar los labios secos. — Sobrevivirás a este día y cazarás al responsable de esto conmigo, a mi lado, dónde perteneces, ahora y en cada momento del futuro. Sobrevivirás a esta herida y estarás una vez más en mis brazos, sintiendo mi toque y mi beso en tu preciosa piel, la suavidad que nunca dejará de volverme loco. Las lágrimas de Siena cayeron por su pelo, mientras Elijah tocaba los labios resecos. —Sobrevivirás a esto para decirme que me amas de la misma forma en que yo he llegado a amarte. Con voz fuerte, con la luz que brilla en tus hermosos ojos, y tu cuerpo arropado alrededor mío, al igual que tu alma está envuelta alrededor de mi corazón. Incapaz de hacer nada más, Siena simplemente asintió. De nuevo alcanzó a coger sus lágrimas con las yemas de los apacibles dedos. —No llores, gatita. Sabes que me mata cuando lo haces. Entonces deja de hacerme llorar esas lágrimas, Elijah. Nunca he hecho tal cosa, hasta que te vinculaste a mí. —Entonces ciertamente soy culpable, amor. Así como tú eres culpable de las mías —sonrió contra sus dedos cuando los besó suavemente en la unión con los suyos—. Me has reducido a una mujer emocional. —Suspiró. Siena se rió, tosiendo gravemente un instante después, desapareciendo el humor en sus ojos. —Shh —la calmó incansable. Ella cabeceó, examinando su cara durante un largo minuto, como si la memorizara. Extendió los dedos, acariciando su boca tiernamente. Los ojos, emociones y pensamientos estaban llenos y
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    rebosantes de sentimientoshacia él, e hizo que su corazón latiera al sentirlo. Pero como prometió, no dijo nada, y no diría nada, hasta el momento en que pudiera comprender su razón. Por el momento, exhaló, cerrado los ojos, y flotó en el sueño, los últimos pensamientos rezaban urgentemente a la Diosa por el retorno veloz de su hermana. Cuanto más pronto pudiera sostenerlo de nuevo, mejor. Gideon subió aproximadamente veinte minutos después de que Damien hubiera dejado a Noah, que había vuelto al lado de la cama de su hermana para controlar su estado. El médico aún estaba apenas bien para caminar, pero como Elijah, no podía ser atendido por el compañero que lo necesitaba lo más pronto posible. Noah se sobresaltó por la sorpresa al entrar Gideon en el cuarto. El médico era poderoso, pero Noah nunca hubiera sospechado que podría volver del borde la muerte tan rápidamente. —No es ningún milagro —dijo Gideon bruscamente, cuando se tambaleó al lado de su esposa, sentándose junto al cuerpo inmóvil en el colchón. Tomó rápidamente su cara entre las manos, tratando de analizar su fisiología—. Simplemente mi usual habilidad de sanar. Gideon levantó la mano para acallar las extensas preguntas o comentarios del Rey, cerrando los ojos al intentar concentrarse en deshacer su propio difícil trabajo. Noah observó cuidadosamente como Gideon empezó a sudar, sintiendo la energía del Anciano que se desvanecía rápidamente, mientras Legna permanecía tan inmóvil como nunca. Tan discretamente como pudo, Noah alcanzó mentalmente a su cuñado, drenando despacio su energía en él. El flujo se amplió exponencialmente durante los pocos minutos siguientes, hasta que el tono grisáceo desapareció completamente de la tez de Gideon. Enseguida recuperó su tono normal de piel morena, energía chispeando en abundancia a través de él. Noah dejó de empujar la energía hacia el Anciano cuando consiguió recuperar la conexión que había creado entre ellos. Exhaló
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    cuando se apartó,inclinando la cabeza para estirar los músculos que se habían agarrotado en la parte de atrás del cuello. Miró con asombro como las heridas de Gideon de las manos, pecho, y cara empezaron a sanar a una velocidad impresionante. Legna mostró la primera respiración en horas. Noah hizo un sonido bajo de alivio cuando la vio sonrosarse. Ella se movió, bostezó ampliamente, como si todo lo que hubiera estado haciendo fuera dormir. Los ojos plateados se abrieron, buscando el reflejo en su compañero. Le sonrió y buscó su boca con la suya. Le besó con ternura y afecto, igual que hacía todas las mañanas cuando despertaba. No fue hasta que él rompió el beso y la arrastró casi desesperadamente a sus brazos, que comprendió que algo estaba mal. Estaba aterrado, o simplemente liberándose del terror, los pensamientos y el corazón se agolpaban en un tumulto de miedo y alivio. Despacio comprendió que estaba en la habitación de su infancia y que su hermano estaba igual, con respiraciones ásperas de alivio, apartándose de la silla y caminando para mirar por la ventana, en un esfuerzo por esconder la emoción que le arrasaba. Pero no podría esconderlo de su empatía perspicaz, sin importar dónde, o lo lejos que se distanciara de ella. Entre los dos, Legna se agobió. —¿Que pasó? —Preguntó, la garganta apretada por los sentimientos no derramados. —Todo está bien, Nelissuna —Gideon la acalló suavemente, enterrando la cara en su pelo de seda—. Tú estás bien, el bebé está bien, y nosotros ahora estamos a salvo. Noah claramente no podía aguantar escuchar un momento más. Sin una palabra, se giró y dejó el cuarto. Magdalena sentía cómo su dolor se retorcía en el pecho como un cuchillo, y al sentirlo ella, Gideon lo sintió. Se apartó para inspeccionar a su marido más cuidadosamente, eliminando momentáneamente la preocupación por su hermano, viendo el patrón de las marcas en la piel recientemente sanada de la cara, brazos y pecho de Gideon.
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    —¡Gideon! ¡Qué pasó!—exigió con una boqueada, los ojos finalmente se humedecieron cuando todo lo que sentía apareció en su cabeza— ¿Por qué se asustó Noah? ¿Por qué estas herido? Gideon exhaló una respiración larga, y entonces empezó a contarle.
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    CAPÍTULO 16 El halcón peregrino revoloteó dentro de la sala, aterrizó en el respaldo de una silla y, sacudió las alas y plumas. Poco después, le siguió una solitaria paloma oscura, con una hermosa combinación de plumas tostadas y gris claro. La paloma se posó en el asiento de la silla sin miedo, como si el halcón sobre ella no fuera un depredador natural suyo e, imitó el murmullo de plumas que hizo el halcón. Momentos más tarde, Syreena estaba de pie detrás de la silla y la paloma se había convertido en una frágil joven de cabello suave marrón, veteado en gris, y grandes ojos azules que parecían tan inocentes y amplios como los de un niño. Llevaba un vestido de suave algodón blanco; a diferencia de la Princesa que tuvo que recuperar el vestido de donde había caído, al cambiar antes sobre el alféizar. Siena estaba rodeada de personas en este momento, bendiciendo la oscuridad que les había protegido por largo rato para entonces y, que con ella, trajo nueva fuerza a los Demons y Licántropos. Syreena no había perdido tiempo en guiar al Mistral de vuelta, sabiendo que si no se apresuraba, podrían haber sido obligados a retrasar el viaje para evitar la luz del día. La hembra Mistral tenía sus propias reacciones adversas al hostil sol Nightwalker. Afortunadamente, la paloma oscura podía casi igualar al implacable vuelo veloz del halcón, ralentizando apenas el viaje de vuelta en unas pocas millas por hora, o menos. La Sirena Mistral se irguió en sus pies descalzos, la suave elegancia de los movimientos quedó patente para todos los que la vieron. La hechicera belleza y fragilidad eran bastante extraordinarias, tanto para hombres como para mujeres, los movimientos y la perfecta ondulación del cuerpo, una elegante sinfonía de delicadeza. Se decía que el Mistral podía lanzar hechizos con su belleza, así como con su canción, y viendo a esta frágil criatura, el resto de Nightwalkers lo creyeron.
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    Siena era, alparecer, la que más se había expuesto a esta aislada raza, todo el mundo miró con interés y fascinación como la mujer se acercó a ellos, el suave cabello flotando en una nube alrededor de los hombros mientras se movía. —Windsong —saludó Siena con un chirrido. Sólo estaba viendo ligeramente mejor, aliviada por la oscuridad. Elijah todavía estaba sentado a su lado, los dedos permanecían enlazados en los suyos. Sólo ahora, se había curado casi a la perfección. Las heridas de batalla habían sido ignoradas todo este tiempo de curación, ya que Gideon le había visitado directamente después de haber ofrecido curación y su versión de los hechos a su compañera. La Sirena se detuvo un momento para tomar nota de todas las personas alrededor del lecho de enferma de la reina. Parpadeó haciendo retroceder el miedo hacia los extraños, sorprendiendo a la delicada atención de Legna. Sintió la gran ansiedad, pero por encima de eso, sintió la deuda de gratitud y sincera emoción que sentía Windsong hacia Siena. La Mistral sintió el dolor claro y casi debilitante, al ver por primera vez el estado de salud de la Reina. Para los sentidos experimentados de Legna, era como si la criatura fuera empática, pero física más que mental. Parecía estar sintiendo profundamente las lesiones, en la manera en que Legna sentía tristeza o la alegría de otro ser. Windsong se acercó al grupo, colocando un dedo para silenciar sus labios mientras observaba expresivamente las heridas de la Reina. Miró de Siena a Syreena y, a continuación, giró con una silenciosa ceja levantada. Elijah se sentó suavemente. —Ella dice, Sí, es la Princesa que salvaste cien años atrás — comentó por su compañera, ya que hablaba en su mente. La expresión de la Mistral se volvió sorpresa y especulación cuando miró al Demon guerrero y a la Reina. Su boca completamente sorprendida, pasó a una serena sonrisa.
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    —Sí —dijo Elijahde nuevo, convirtiéndose en la única voz de Siena—, estamos emparejados —Luego, claramente habló por sí mismo—. ¿Puede ayudarla? Tiene un tremendo dolor. Una vez más, en absoluto silencio, la Sirena miró a Gideon, Legna, Syreena, y Anya. Los enormes ojos de porcelana azul volvieron luego de vuelta a Siena. —Quiere que todos salgan, salvo ... salvo el "niño-estrella" — explicó Elijah, sonando desconcertado cuando todo el mundo le miró tan pronto como lo dijo—. ¿Quién es el niño-estrella? La Sirena sonrió nuevamente, el rostro angelical se iluminó cuando miró a Legna y le tocó suavemente la cara con sus elegantes dedos. Luego descendió hasta tocar delicadamente el vientre de Legna. —Habla del bebé —murmuró Gideon cuidadosamente—. ¿Hijo-estrella? —Siena tampoco lo entiende bien —dijo Elijah con un encogimiento de hombros. —¿Cómo se comunica Siena con ella? —preguntó Anya, tan estupefacta por el intercambio como el resto. —Telepatía transmitida entre ellos debido a... —Elijah frunció ligeramente la frente— El canto Espiritual. ¿Qué es un canto Espiritual? La Sirena se movió más cerca de Siena, cabeceando como si pidiera permiso, cuando se sentó suavemente en la cama. Elijah ni siquiera sintió el peso en el colchón, no cambió lo más mínimo cuando lo hizo. Se concentró en los pensamientos de Siena, llenándole la mente con explicaciones. —El canto Espiritual es un intercambio entre un Mistral y otro... donde una parte del espíritu del uno, es tomado en préstamo para ayudar a sanar a otro. En este caso, Syreena fue el destinatario de ese espíritu compartido, cuando Windsong tomó prestado de Siena el espíritu para curar la enfermedad de su infancia hace décadas. Dejó a Windsong y Siena con una conexión telepática que aparece cada vez que sus espíritus se acercan.
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    —¿Cómo es quenunca he oído hablar de ello? —preguntó Syreena asombrada, mirando de su hermana a la enigmática Sirena. —Al ser un intercambio íntimo y secreto, a Siena no se le permitió contarlo hasta que se le dio permiso —entonces Elijah miró a la Mistral, preguntando—. Dice que necesito quedarme. Lo entiendo, pero ¿Por qué Legna? Hubo silencio entre los enlaces del trío telepático y, después, Elijah miró a Legna. —Dice que me necesita para el canto Espiritual, para pedir prestado de mi espíritu y sanar a Siena. Como su compañero, soy el mejor candidato. —Pero —Syreena comenzó. —Dice que sois demasiado complicados para ser parte de esto, que vuestra doble exposición a los espíritus, la tuya y la de Siena, fue responsable de la alteración en su código genético. Nunca antes había entonado el canto Espiritual para Licántropos y, fue un efecto secundario inesperado. Soy... —buscó las palabras— en este momento estoy compartiendo mi espíritu con el de Siena, al igual que ella comparte el mío, por lo que habrá menos posibilidades de efectos negativos. —Así que no es un método infalible. ¿Puede ser dañino? — Preguntó Gideon—. Eso hace preguntarme si la presencia de Legna lo será aún más. —El peligro es sólo para mí y Siena —continuó Elijah—. Dice que el hijo-estrella protegerá a Legna y que ... —Elijah parpadeó y miró a Siena por un confuso momento, dejando claro que no podía entender lo que estaba tratando de decirle en ese instante. Cuando habló, aún sonaba confuso— Dice que ha dado permiso a vuestro hijo para escuchar el canto. Elijah se rió con incredulidad. Es decir, hasta que vio la expresión de Gideon. Legna se giró hacia atrás para tomar la mano de su marido, los ojos cada vez más amplios, percibiendo los asustados pensamientos. —Sabe que es un niño —dijo en voz alta. De repente, el médico se dio cuenta de que había más poder y capacidad en esta
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    enigmática especie, dela que había llegado a conocer incluso durante su larga vida—. No podía menos que averiguarlo tocando a mi esposa, una vez comprendí que estaba embarazada, y, por supuesto, tan pronto como lo supe, lo supo Legna. Decidimos que no se lo diríamos a nadie para daros una sorpresa. Pero supongo que ya no es un problema. —Gideon miró a la Sirena entrecerrando los perplejos ojos de mercurio— ¿Cómo puede hablar con un niño no nacido? Puede que no sepa mucho sobre vuestra especie, pero el feto es de apenas seis meses. —No hablé al bebé. El bebé me habló. Fue la primera vez que utilizó su voz y, al instante, todo el mundo entendió la razón. Era dulce y musical, lleno de cada alegría y cada tristeza que había conocido en su vida. Se trataba de seducción y bienestar. Era fascinante, de todas las maneras en que una criatura de pura belleza podría ser. Todo el mundo estaba cautivado con ella, el hechizo se extendió, capturándolos en silencio durante un largo minuto. Gideon fue el primero en normalizar la respiración. —¿Mi hijo te habló? —Preguntó más o menos, su mano buscando cubrir el vientre de Legna. No hubo explicación para la sensación de asombro y júbilo que recorrió a la pareja. —Dice... —Elijah se detuvo para aclararse la garganta— Dice que tu hijo es un ser poderoso y que pronto será capaz de hablar contigo, incluso desde el vientre materno. Dice ... —Elijah se encontró sonriendo, a pesar de sí mismo— dice que tiene el poder de su padre y el temperamento de su madre. Legna rió, incapaz de detenerse cuando el placer la recorrió. Se volvió a Gideon y le besó, la emoción y el entusiasmo desbordándola. —Quiero quedarme —declaró. Una vez que la habitación se despejó, excepto la paciente, su compañero, y la fascinada madre del llamado niño-estrella, Windsong tocó suavemente el cabello de Siena, chasqueando con la
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    lengua por eldebilitamiento y fragilidad de los habitualmente brillantes rizos. Sonrió, tocando a la pareja que mantenía aún las manos juntas, asintiendo una vez. Era evidente que quería que permanecieran unidos de esa manera, y era algo bueno, porque Elijah no tenía intención de soltarla. Su corazón corría a la par del de Siena, a pesar de los intentos de tranquilizarlo. No le gustaba la idea de estar desprotegido; según informara, se haría. Pero se preocupaba más por el bienestar de Siena que por el suyo, llegados a ese punto. La ansiedad era sólo natural. El primer sonido que brotó de la Mistral fue un zumbido, una inquietante vibración de su propia invención. Sólo un minuto después Siena, Elijah, y Legna cayeron en la profunda curación del sueño. Ninguno de ellos recordaría nunca lo que pasó después. Ninguno salvo el niño no nacido, quién de todas formas, no podía obsequiar con ningún secreto. Legna abrió los ojos lentamente y, tomando un respiro, supo al instante que nunca se había sentido tan descansada, tan en calma, como estaba en ese momento. Todo ello a pesar de los años de practicar meditación, con lo que conseguía un estado similar. Observó el pálido y bello rostro sonriente inclinado sobre ella. Windsong tocó el vientre de Legna y sin hablar, envió emociones de calidez, gratitud y alegría absoluta a la empática mujer Demon. Legna entendió, aunque atontada. La Sirena le estaba agradecida por el privilegio anterior de poder cantar a su bebé. —No hay de qué —dijo Legna suavemente— .¿Están bien? — Preguntó, echando un vistazo a la pareja que ahora dormía en la cama, tiernamente curvada uno sobre otro. La gran forma de Elijah bloqueaba a Legna la vista de Siena. La mujer Mistral asintió y sonrió más ampliamente.
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    Luego inclinó lacabeza, la nube de liviano pelo se movió con un remolino. —He predicho el futuro de tu hijo —dijo suavemente—, y porque es tuyo, te permitiré conocer y recordar cuando estés de nuevo consciente —tomó la cara delgada y aturdida de Legna entre las manos frías, a sabiendas de que la empática flotaba ya en el mundo del subconsciente al que su voz le había enviado—. Tu bebé va a conducir a tu pueblo a una nueva era, al igual que la que llegó antes que él. Juntos van a cambiar el mundo que conoces. Conducirán a los demás niños que vienen en este momento de cambio, a un milenio de notable destino y felicidad. En esto yace mi futuro también, y te estoy agradecida por crear al que lo logrará. Recuerda mi profecía cuando pasen los siglos —encargó suavemente—. Puede darte la felicidad que me ha dado. Luego, sin esperar a que la madre Demon se recobrase, la Mistral se transformó en la paloma oscura y voló por la ventana, balanceándose lejos en el viento, como si la pura alegría de sus alas levantase los cielos. Legna sonrió cuando volvió a la consciencia. Olvidando todo lo demás, saltó de su silla tirándola descuidadamente, al correr para encontrar a su marido y decirle todo lo que podía recordar. Elijah despertó con la radiante sensación suave de una exuberante boca rozando la suya. Abrió los ojos y, a continuación, los abrió un poco más al ver la mirada familiar dorada de su resplandeciente compañera chisporroteante de vida, y la travesura en su cara sonrojándola en oro y rosa. Una cara curada de toda ampolla, sólo piel nueva que pronto volvió a la normalidad, preciosa, belleza dorada, una vez más, en lo que prometía ser apenas un segundo. —Te ves como el infierno —comentó Siena quedamente sobre su boca, pero en el habitual tono rico, sin defectos ni lesiones. Él se sintió glorioso.
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    Elijah agarró lasmantas y las quitó, apartándolas mientras se sentaba encima e inspeccionaba de la cabeza a los pies, moviendo las manos sobre lo que iba viendo, confirmando su estado de curación con el tacto, así como con la vista, probando. —¿Estás tratando de encenderme? —Preguntó frunciendo la bronceada frente brillante, en humor claramente sensual. Lo último que tocó fue el tenue brillo, elástico, y oh, tan estimulante cabello rizado entrelazado a través de los dedos, mientras una enorme sonrisa se extendió por su rostro. Siena se sentó, frotando la nariz contra la suya. —¿Es un sí? —Preguntó, bizqueando mientras trataba de enfocarle. —Estás increíble... —inhaló, las manos enmarcando el rostro con avidez, el áspero calor de la palma de esa mano tan familiar ya, tan maravillosamente necesaria para su felicidad, que sonrió más ampliamente. —Creo que parezco un leopardo —señaló, echándose hacia atrás para inspeccionar los brazos y piernas desnudos. Luego con una maliciosa sonrisa que brotó magnífica en los labios—. ¿Quieres jugar a unir los puntos? Elijah echó hacia atrás la cabeza leonina y rió profundamente desde el vientre, apretando el abrazo tan estrechamente que la dejó sin aliento, riéndose incluso cuando la cubrió la boca con un beso, tatuando el alma que la hacía sentirse aturdida y alegre. El sonido al abrirse la puerta les hizo saltar, apartándose. Elijah instintivamente tiró hacia atrás las mantas sobre el cuerpo de su esposa desnuda, mientras ella limpiaba culpable la boca húmeda. Él sujetó las mantas para pellizcarla por eso, haciendo que el "Hola" a su hermana y a su General, saliera medio chillón. —¡Siena! ¡Estás muy bien! —Syreena saltó felizmente, corriendo a abrazar a su hermana por un lateral, mientras Anya se apresuraba por el otro. Elijah tuvo que apartarse para evitar ser aplastado por la maraña de mujeres. —¡Hey! ¡Has tenido esta fantasía antes!
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    Elijah se rióy buscó a Bella, abriendo los brazos inmediatamente y haciendo señas hacia ellos. Ella saltó a su abrazo encantada, estrechándole tan fuerte como él la abrazó. —Gracias —murmuró suavemente en su oído—. Gracias por lo que hiciste. Sin embargo, como tu maestro, debo decirte que no vuelvas a hacerlo —dijo regañándola ferozmente. —Trato hecho —dijo con vehemencia, mientras prácticamente le estrangulaba con la demostración de su cariño. —Y yo que pensé que te volverías aburrido una vez que te casaras —señaló Jacob secamente a Gideon y Legna, quien llenaba la puerta con su presencia. —Absolutamente no —dijo Gideon inesperadamente, cerrando los brazos alrededor de su esposa, al entrar en la habitación con intenciones de unirse a los cariñosos festejos. —Esa, creo, es mi línea —contestó Jacob con una risa ahogada, mientras se acercaba para recuperar a Bella, antes de que su abrazo a Elijah le privara de oxígeno por más tiempo. Caían a la cama mujeres por todos lados, todo el mundo parloteaba intercambiando la misma historia a la vez. Hasta que Noah carraspeó con la garganta en la puerta, e hizo una declaración suave: —Señoras, señores, creo que tenemos una caza esperándonos.
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    CAPÍTULO 17 —¿Aquí es dónde los rastreaste? —preguntó Siena suavemente, bizqueando los ojos de modo que su visión penetrante se concentrara en el bosque debajo de su atalaya en la ladera de la montaña—. No hay siquiera ciento sesenta kilómetros desde mi castillo. —Y apenas treinta y dos de donde fui atacado —añadió Elijah. —No sé vosotros chicos, pero esto me parece tierra cultivada — comentó Isabella, sosteniendo otra vez los binoculares—. Jacob, retrocede, estás haciendo esa cosa borrosa. Ella se estiró hacia atrás para apartarle, y el Ejecutor, que no necesitaba tales dispositivos para ver en la distancia, se apartó como le pidió. Continuó leyendo detenidamente la misma área que ella desde una distancia añadida. —Ah, mejor —dijo Isabella, claramente contenta de ser capaz de usar la invención humana. —Creo que Bella tiene razón. ¿Los usuarios de la magia tan cerca del trono de poder de Siena? ¿Arriesgándose a estar tan profundamente en territorio Licántropo? —Elijah sacudió la cabeza— ¿Quién podría ser? —Una partida de búsqueda. Ese comentario hizo que todos se volvieran a mirar a Gideon, que se inclinaba hacia atrás despreocupadamente contra la cara de roca, sus pies casualmente cruzados en los tobillos. —Volved a mirar hacia atrás, más allá del campamento — instruyó él—, ¿veis la tierra? Ha sido trabajada como el campo de un agricultor, incluso más profundamente en algunos sitios. Ya sabes que una vez me pasé más de un siglo de mi vida persiguiendo las historias antiguas y culturas de la medicina. No afirmo ser un
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    experto sobre excavación,pero aquellos surcos en el campo se parecen mucho a los que cavaría un arqueólogo. Me parece que están buscando algo y lo han estado haciendo con mucho cuidado. —¿Buscando qué? —inquirió Siena—. Diosa, sólo mira el tamaño de ese hoyo. Es enorme. Llevaría años cavar apropiadamente algo de ese tamaño —se volvió a mirar a Gideon—. ¿Por qué están en territorio Ruso, en invierno nada menos, cavando en la tierra congelada? —Sí. En invierno. Cuando el tráfico habitual en este territorio es casi nulo porque los únicos seres que podrían presentar cualquier posible peligro para ellos se acomodan todos para una agradable y larga siesta —especuló Elijah. —¡Sí, por supuesto! Un tercio de los nuestros ya está en hibernación. ¡Más de la mitad de la población restante probablemente se fue a las cuevas justo después de los banquetes de Samhain! —susurró Syreena—. Dejadme sobrevolar y echar un vistazo. —¡No! El coro de voces y manos que evitaron que se elevase la hicieron echarse atrás inmediatamente. —Hay divisiones por todas partes. No puedes verlas, pero yo sí —le dijo Jacob—. Hacen corrientes poco naturales en fauna y vegetación. —Y antes de que lo digas, también están en el aire —añadió Elijah antes de que ella pudiera indicar que había tenido la intención de volar, no andar. —Ah. —Syreena se sintió más que un poco tonta por su irreflexiva prisa, y su piel se sonrojó—. ¿Cómo puedes verlo, mientras que nosotros que somos del bosque, que vivimos constantemente aquí, no podemos? —No te vendas tan pronto —dijo Gideon calladamente—. Nosotros tampoco lo vemos tan fácilmente. Tienes que buscarlos, y los signos son casi imposibles de descifrar sin siglos de experiencia. Incluso así, Elijah sin duda tropezó con algunas de aquellas salvaguardas el día del ataque original. Eso es, después de todo, lo
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    que captó suatención para que se acercara. También es bastante probable que fuera el motivo detrás de su intento de asesinato. —No me lo recuerdes —dijo Elijah irónicamente—. Algo de guerrero soy. Caminé directamente a ellos sobre este suelo. —No podías esperar verlos. Los ritmos de la fauna y el bosque no son el área que dominas —respondió Noah, rechazando las auto recriminaciones del guerrero—. Al contrario, creo que lo has hecho incluso demasiado bien en tu trabajo. No creo que pensaran en atraerte. Como tampoco creo que intentaran atraparte a ti específicamente, Elijah. Sólo que alguien se acercó demasiado a destapar sus medidas clandestinas. —La trampa vino más tarde —reflexionó Siena en voz alta—, probablemente pusieron las salvaguardas alrededor del área de batalla poco después, tendiendo la trampa para alguien que vino buscando el cuerpo de Elijah. Sólo que no se dieron cuenta de que había sido rescatado antes de que hubiesen dejado de huir del rugido del puma. —Tan cerca —dijo Anya suavemente, el borde amargo en su voz atrajo su atención mejor de lo que lo haría un grito—. Éstos son mis bosques —explicó ella, sus ojos lisos brillando de cólera—. Mi territorio. Mi responsabilidad es guardarlos y protegerlos exactamente igual que guardo y protejo a la Reina que los gobierna. Debería haber puesto al menos un perímetro territorial de guardias después de la Batalla de Beltane. Esto es un falta imperdonable en la seguridad. —Y yo nunca debería haber llevado a Legna a un territorio conocido la pasada noche cuando Ruth era consciente de que nuestra Vinculación nos dejaría… digamos… suficientemente distraídos para preocuparnos por la seguridad. —Gideon miró a la mestiza tranquilamente—. Creo que podemos llegar al consenso de que todos hemos cometido algunos errores este último año. Es de esperar cuando hay mucho más que nosotros en lo que pensar. Esas mujeres, esas manchadas criaturas, sólo se concentran en una cosa. Erradicarnos. A todos nosotros. Eso les da el lujo de un foco poco común. —Para ellos, es una guerra santa —añadió Noah—. Tienen la
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    ventaja que lesda el fanatismo. No luchan con sus conciencias como lo hacemos nosotros. Para ellos, es blanco o negro. Somos malos y debemos ser destruidos. —Esta búsqueda, te lo garantizo, es probablemente un medio para ese mismo fin —especuló Gideon enigmáticamente—. Cada Cruzada era tanto sobre la reunión de reliquias valiosas, religiosas o por cualquier otra cosa, como lo era el mantener el reclamo de los principios religiosos o las tierras. —Ah, los viejos y buenos tiempos —bromeó Isabella con una coja sonrisa mientras le hacía un guiño a Magdelegna—. ¿Recuerdos de una juventud imprudente, Gideon? Gideon le dedicó a la pequeña Druida una ácida mirada que sólo logró hacer que se riera tontamente. —Tanto como me encantaría oír acerca de Gideon y Ricardo Corazón de León rondando los bares del Imperio Bizantino —dijo Siena seriamente, aunque hubiera humor reprimido en sus ojos de oro—, quiero echar a esos particulares cruzados fuera de mi territorio. —Bien, Siena —reflexionó Noah—, ya que tengo el pequeño presentimiento de que no te tomarías demasiado bien, para acelerarlo, un drástico incendio forestal, ¿qué sugieres que hagamos? Siena se mordió el labio pensando durante un momento, rascándose distraídamente un parche de piel recién curada bajo su oído hasta que oyó una inesperada risita en su cabeza. ¿Qué? Tenías razón. Realmente pareces un leopardo. Muy gracioso, guerrero. ¿Crees que podríamos prestar atención al problema? Elijah se volvió para mirar sobre su hombro a la congregación de expectantes rostros. Un extraño sentido de la distancia cayó sobre él cuando lo hizo. Oh, siempre había estado tan cerca de esa gente; nunca iba a haber cualquier duda en la profundidad de su afecto por ellos. Estaba el año en que había conocido a Bella, o los cientos
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    que había conocidoa Noah, nada podía realmente separarlos de esos sentimientos que había formado por sus camaradas. Pero en ese momento, se daba cuenta que estaba a punto de dejar dramáticamente un importante período de su vida detrás de él. Daba vuelta claramente hacia el nuevo que incorporaba a Siena. Esto significaba que aquellos bosques eran suyos ahora, porque eran de ella. Le requirió estar consciente del hecho de que sus intereses y preocupaciones se convirtieron en suyos, implicaran o no a la raza Demon. La comodidad que vendría a partir de ésta era de cambio, en la cual se habían estado rompiendo torpemente al darse cuenta que la raza de los Demon y Licántropos estarían mezcladas la una con la otra mientras ellos vivieran. El Destino lo había proclamado en el momento en que Ella la había vinculado a Elijah, y a Siena a él. Francamente, era una solución impresionante. El vinculamiento de enemigos. Forzar una integración de especies y hacerlos entenderse el uno al otro más claramente. El destino les había aclarado la mente a todos. Ya no se volvería a las viejas riñas sin arriesgar la separación de la pareja vinculada, quienes, bajo la compulsión de la Vinculación, preferirían morir a ser separados. Siena se estiró hasta frotar su mano sobre la Elijah donde esta se curvó alrededor de su cuello desnudo. Era otro recordatorio, una coacción inteligente, muda, para hacerle concentrarse en los problemas del momento en vez de calentarse la cabeza con cosas que le llevaría mucho más tiempo que un instante en resolver. Volvió la atención a la mestiza, Anya, que se había levantado y empezaba a pasearse. Él conocía esa expresión y los pensamientos que venían tras ella igual de bien que se conocía a si mismo. —El problema es la manera en que están atrincherados — comentó Anya, arrodillándose más cerca del borde del acantilado—. De acuerdo, esta tierra está en lo alto, pero esas salvaguardas son tan buenas como los sólidos muros de la fortaleza de un castillo. Quiero apostar a que no todos son simplemente parte de una red de sensores. Apostaría a que muchos son activas defensas. La mitad de nosotros se freirá si cruzamos esas barreras. Por no mencionar el hecho de que son humanos, a pesar de todo, y eso les da acceso a municiones.
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    —Dudo que tengamosque preocuparnos de eso, Anya — respondió Elijah pensativamente—. En primer lugar, Ruth muy probablemente estará en aquel campo. Entraba bastante rápido en la lucha cuando tenía a todos sus pequeños seguidores sobre mí, lo cual me dice que estaba muy cerca. Lo que significa que tendría que haber salido con excusas para mantener el área libre de cosas mecánicas o tecnológicas en la naturaleza, incluso aunque ella es una Demon. Esa es la ventaja de hacer de esto un yacimiento arqueológico. Se espera que se haga a mano, más que con maquinaria. —Ruth también sabe que en combate cuerpo a cuerpo, nuestra química causaría desperfectos en el funcionamiento de los complejos equipos. Esos desperfectos tendrían mayor probabilidad de hacer que le saliera el tiro por la culata a sus luchadores que el de hacernos daño a nosotros —añadió Jacob—. Su armamento ha sido de lo más efectivo para dañar a los Demons. Bolas de hierro en ballestas, láminas de hierro, magia. —Sí, pero están en el territorio Licántropo —reflexionó Siena—. Los cazadores de aquí serán incapaces de resistir su naturaleza de armarse ante la verdadera posibilidad de encontrarse con uno de mi especie. —Lo que significa plata —añadió Anya—. Balas de plata, para ser exactos. –La mestiza hizo rodar sus ojos—. Tan teatral como pueda ser, es bastante eficaz. —Vale, esperad un segundo —interrumpió Bella, mordisqueándose el labio inferior mientras consideraba sus pensamientos—. Están preparados para los Demons. Están preparados para los Licántropos. Vamos a dar eso por supuesto. Pero considerando su historia de guerra juntos, apuesto a que hay una cosa para la que no están preparados. —¡Ambos! —dijo Anya inmediatamente. —Justo como en la Batalla de Beltane —añadió Siena—. Todavía me pregunto si alguna vez se dio cuenta de que había más que Demons ese día. —No subestiméis a Ruth —advirtió Elijah—. Fue guerrera antes de ser Consejera. Es una experta en tácticas y nunca he sabido que
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    cometiera el mismoerror dos veces. —Chicos —dijo Bella de repente, su cabeza inclinándose cuando volvió su atención a algo que sentía—, lamento decir esto, pero tengo esa graciosa sensación en el vientre de cuando hay un Demon transformado cerca. Creo que están siendo ocultados por mucho más que salvaguardas mágicas. —Ella suspiró en voz alta, la respiración atrajo la atención inmediata de Jacob que se acercó automáticamente. Deslizó su mano bajo su pelo y le rozó suavemente el cuello—. Sabéis —continuó la pequeña bruja—, por una vez desearía que hubiese algo parecido a una hechicera buena. Una que estuviera de nuestro lado. Alguien que pudiera desenmarañar las salvaguardas y devolver a los Demons transformados de nuevo a ellos mismos otra vez. —Imposible —dijo Noah silenciosamente, sofocando al instante el deseo ingenuo en la cara de la híbrida—. Para convertirse en una bruja o un brujo, tienes que recopilar libros de magia y hechizos que son, dentro y fuera de ellos mismos, innatamente poco natural y malvados. —Pensé que los que utilizan la magia habían nacido de magos. Al igual que los Demons nacen con sus habilidades. —Descubrirás que eso es verdad en los brujos más poderosos —concordó Noah—, pero la mayoría se hacen a sí mismos por intelecto, recursos, y únicamente por el estudio. Podrías coger un libro de hechizos, Bella, al igual que lo ha hecho Ruth, y aprender magia tan fácilmente como cualquiera de ellos. Pero en el momento en que empieces a usar los hechizos pútridos de los corrompidos libros, te corromperás a ti misma. Lamentablemente, el acceso fácil a aquellos poderes es por lo qué hay tantos de ellos, tan de repente. Se extiende como un culto. —¿Un culto liderado por los magos más poderosos que sólo… nacieron de esa manera? —Eso me temo. —¿Me estás diciendo que nacer con potencial natural para la magia te hace de manera innata malo? —El lenguaje corporal de Bella era una protesta que hacía juego con sus palabras cuando se puso más tensa—. ¡Eso sólo significa que nunca tuvieron opción! De
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    la misma maneraque tú nunca tendrías opción sobre el elemento que ibas a dominar, o Siena de la forma en la que iría a mutar. —Tienen una opción. Pueden decidir no utilizar la magia negra —replicó Jacob—. No te molestes y los defiendas, Bella. Sería un error sentir compasión por ellos. —Entonces, ¿me estás diciendo que es una elección entre seguir su poder innato o no? Jacob, eso no es justo. Se parecería a cuando tú y yo nos encontramos por primera vez, cuando intentaste rechazar lo que instintivamente sentías por mí. No importaba cuan mal te sintieras en tu corazón, no podías resistirte. ¿Cuántos de nosotros que hemos estado allí, ahora nos damos cuenta de lo imposible que es? —Bien —cortó Elijah repentinamente—, forzado a elegir o no, eso no cambia lo que son. No cambia el hecho de que nos cazan y nos destruyen impunemente, salvando lo que nosotros mismos traemos a su puerta en respuesta. —Ya veo. ¿Y si un animal salvaje te atacara porque esta en su naturaleza hacerlo, te sentirías justificado para matarlo? —habló Syreena de repente, su ceja gris alzándose hacia su frente. —Un animal tiene motivo e instintos. Mata para alimentarse o protegerse, o en la locura de la enfermedad, como la rabia. El alimento y la defensa propia son el derecho de cada criatura viva y no condeno a nadie por tener esas necesidades. No me importa lo ordinarios o sofisticados que sean, está en los métodos que utilizan para saciar esas necesidades. —Pero te aseguro —siguió él, su voz profundo hielo e impenetrable acero—, destruiría a un animal rabioso en un latido de corazón. Un animal enfurecido por esto infectará a aquello en el que hunda sus dientes si no tomo medidas para pararlo. Destruiré a esas mujeres con la misma facilidad —aseguró Elijah con frialdad a su cuñada—. Estas mujeres están rabiosas. Extienden su enfermedad y sacrifican a cientos de inocentes en el proceso. Aquellos a los que atraen para afiliarse a su tarea, aquellos que nos roban, y aquellos de nosotros que hemos sido tratados brutalmente durante sus intentos por someternos. —Syreena, tú eres un Monje de The Pride. Mitad guerrera,
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    mitad pacifista —dijoGideon, su tono mucho más diplomático que el de Elijah—. Entendemos tu tendencia a ver todos los lados de una cuestión. Ten fe cuando te digo que son preguntas que nos hemos estado haciendo hasta dónde puedo recordar. No sacamos conclusiones precipitadas cuando aparecieron estas preguntas. —No olvides, Isabella —añadió Noah—, que vuestra integridad humana, aunque noble, no siempre satisface a criaturas de nuestra clase de poder. Es un estándar diferente con elevadas consecuencias si no se manejan con un nivel más estricto de jurisprudencia. Creo que lo sabes. —¿Asesinar o morir? —dijo Bella amargamente—. Desprecio la idea de mi hija criada en tales tiempos. Un momento después, suspiró suavemente, levantándose para volverse hacia su marido. —No te disgustes, Jacob —dijo ella suavemente—. Sentiría lo mismo si fuera una guerra humana. Tú sabes, que, en mi corazón, prefiero que ella sea parte de una especie donde el afecto, el amor, y la moralidad sean los estándares que abunden. Mi enfado está con nuestros enemigos, no con nuestra sociedad. —Perdonadme si parezco estar continuamente ignorante —dijo Syreena silenciosamente—, pero, como Bella preguntó originalmente, ¿No hay nada parecido a una hechicera buena? — Syreena miró a su hermana intencionadamente—. En mis lecciones, me enseñaron que estas bandas que nosotros tres llevamos —indicó el escaso hilo alrededor de su garganta—, están encantadas. Este collar está hecho con productos naturales, pero imbuido de capacidades y propiedades que no podéis encontrar en la naturaleza. Es lo que yo llamaría magia —dijo ella—. ¿Sigue siendo entonces el que, ya que son mágicas, son malvadas? No sé de ningún Nightwalker que pueda hacer algo como esto. Si no hemos sido nosotros, ¿entonces quién los creó? ¿Los que utilizan la magia? ¿Esas criaturas del mal? —extendió la mano hacia el distante bosque—. Me niego a creer que algo tan intrínsecamente malo formara parte de las tradiciones de los Licántropos y nuestro modo de encontrar a nuestros compañeros espirituales perfectos. —No es el momento ideal para discusiones filosóficas —dijo
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    Gideon repentinamente, susojos de plata serios brillando a la luz de la luna cuando miró a Syreena e Isabella intencionadamente—. Tampoco es el momento prudente para investigar las historias de nuestras razas. Si hay tal cosa como la magia “buena” o no, mal innato o no, estamos seguros en nuestro entendimiento de estos enemigos en particular. —Aquí y ahora —siguió él—, estas mujeres son una amenaza para todos nosotros. Aquí y ahora, aquellas mujeres se ponen más fuertes y mortales con cada momento que continúan sumergiéndose a si mismas en sus artes. Y si no tomamos medidas contra ellas aquí y ahora, Ruth, Mary y hasta la última mujer en aquel campamento se presentará otra vez a nosotros y puede no ser una reunión a la que algunos o todos nosotros tengamos la suerte de sobrevivir. —Punto para él —afirmó Anya—. El médico tiene razón. Nos estamos arriesgando “que sí” y “pudiera ser”, perdiendo el tiempo en vez de encontrar una solución realista a nuestro inmediato problema. —Estoy de acuerdo—asintió Elijah bruscamente. A los dos no se les podría confundir nunca por no ser otra cosa que los luchadores que eran. De su postura al enfocarse en la batalla que estaba por venir, ambos eran guerreros al final. El grupo, guiado por su ejemplo, volvió a enfocarse en el asunto que tenían entre manos. —Creo … —Siena se giró para inspeccionar poner de la tierra otra vez—. Sí. Creo que conozco una manera en la que podemos pasar aquellas salvaguardas. —Se volvió a Jacob, echándole una ojeada y sonriendo—. Sí, creo que lo tengo. Mary entró en la tienda de campaña de su madre en el campamento para encontrarla tendida en el relativamente lujoso alojamiento que le habían dado debido a su posición de mando. Al igual que la sociedad Demon, el rango en esta agrupación de mujeres era según el poder, y ninguna de ellas podría exceder a su madre. Eso era porque había más que las capacidades de una mera “bruja” en Ruth. Pero, por supuesto, los simplones que usaban la magia que las rodeaban no lo sabían. Había libros viejos, mohosos, apilados alrededor del pequeño escritorio en el cual el Demon
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    Mental femenino habíaestado estudiando sin cesar, ya que habían acampado allí hacía poco menos de un mes. Pero estaba claro que su perturbación le impedía seguir con sus estudios. Ruth era una mujer brillante, pero no era una erudita por naturaleza. Sus habilidades siempre habían estado enfocadas en la batalla. Había sido una guerrera antes de haberse hecho miembro del Gran Consejo. No fue sólo la suerte y poder lo que le dio la habilidad de deshacerse de Demons tan expertos en caza y batalla como lo eran Elijah y Jacob. Ruth había pasado siglos como su aliada, y como tal conocía todo sobre la manera en que actuaban, reaccionaban y lo fuertes que realmente eran. —Madre, ¿qué te preocupa? —le preguntó su hija, viéndose tan aburrida como lo estaba ella. El aburrimiento la sobrecogía a menudo cuando Mary no tenía ataques o incursiones con los que divertirse. Había desarrollado un significativo gusto por aquellas cosas—. Hemos matado a Gideon. Deberías alegrarte. —No —dijo bruscamente Ruth—. Esta celebración es una pérdida de tiempo y energía. Deberíamos volver al sitio para excavar en busca de nuestro tesoro. Sobre todo ahora. Noah estará lívido cuándo descubra que su familia está muerta y deberíamos estar preparadas. —¿Noah? —Mary bufó con una despectiva risa—. ¿El gran Rey pacifista de los Demons? Ni siquiera se inmutará. —¡No seas estúpida! —Ruth se volvió a su hija—. ¿Qué sabes tú? ¡No sabes nada de esto! Desde que alcanzó la adultez, he sabido que Noah ha perdido su temperamento sólo tres veces. —Ruth las enfatizó con los dedos— Cuando su madre fue asesinada, cuando murió su padre, y la noche en que su preciosa hermana pequeña fue convocada. —Cuando su familia es amenazada o dañada, la rabia de Noah tiene la fuerza de una furia nuclear. No es nada que quieras ver alguna vez, muchacha. Créeme cuando te lo digo. Esta noche matamos al compañero vinculado de su hermana y muy probablemente a la misma Legna. Y si Legna está muerta, la sobrina o sobrino aún no nacido de Noah murió con ella. Si alguna vez nos
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    alcanza, nuestras muertesvendrán en una conflagración que eclipsará la idea que tienen los humanos del infierno. —Pero nadie sabe donde estamos. ¿Quién nos buscaría aquí? —¡Elijah lo sabe! —gruñó Ruth a su hija—. Sólo tuvimos suerte de que no llegara unos minutos antes. Juntos, Gideon y Elijah nos habrían destruido fácilmente. —Ruth tomó una bocanada de aire cuando se detuvo de repente para cerrar de un golpe el montón de libros—. Y ahora que se confirma que Elijah está vivo, él le dirá lo que le ha pasado a Noah. Ahora, a pesar de todo mi trabajo por engañar a los Ejecutores que lo rastrearon, probablemente pronto sabrán exactamente donde estamos. —Pero seguramente no vendrán aquí tan pronto… —Mary, ¿quién crees que atravesó las salvaguardas el otro día, casualmente donde se suponía que estaba el cadáver de Elijah? Tuvo que ser Jacob, o hasta el mismo Capitán Guerrero volviendo sobre sus propios pasos. —Eso esta como a treinta kilómetros de aquí —indicó Mary. —¿Y no crees que Noah tiene la sabiduría de ampliar una búsqueda de nosotras desde allí? ¡Deja de ser tan ignorante, muchacha! —Ruth giró sus llameantes ojos azules sobre su descendiente—. Por todo lo que sabemos ya podrían estar de camino. —Entonces deberíamos irnos —dijo Mary, pareciendo repentinamente asustada. —Sí. Deberíamos. Pero no me marcharé sin pasar cada segundo posible buscando, eso por lo que vinimos. Puedo teletransportaros a todos a la seguridad en un latido de corazón. Podemos dejar que estos bobos distraigan a las fuerzas de Noah mientras escapamos. — Ruth se paseó un poco más, frotando los delgados dedos sobre su tensa frente—. Legna es la única que podría ser lo bastante fuerte para interferir en uno de mis teletransportes. Incluso si ella no murió en el fuego, era el poder de Gideon el que le daba la fuerza para competir. Sin él, sin duda volverá a su común estado de adulto una vez más. —Haré que los otros vuelvan al sitio de la excavación —dijo
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    Mary, su aburrimientose había ido y empezaba a ser consciente del peligro que los acechaba. —Encárgate de ello. Necesitamos ese libro de hechizos si debemos destruir a Noah y a todos aquellos idiotas santurrones que él llama Consejo. —Lo haré, Madre. Creo que estamos muy cerca. Aquel libro de hechizos menor que encontramos puede que quiera decir que el otro está cerca. —Yo no contaría con ello si fuera tú. Me uniré a ti en breve. Tenemos que permanecer una cerca de la otra en caso de ataque. Si nos marchamos antes de encontrar el Tomo Oscuro, sabrán lo que estamos buscando algo y no dudo que continuaran la búsqueda ellos mismos hasta imaginarse lo que estábamos buscando. Habremos conducido a Noah directo a él. Si encuentra el Tomo y es la mitad de erudito de lo que ya es, entenderá lo que somos poco después. —Madre, tú misma dijiste que nadie más sabía sobre el Tomo Oscuro. Dijiste que nadie sabía siquiera del rollo que encontraste que nos dirigió a este lugar. Si nos encuentran, no sabrán para que es. Dijiste que sólo los que usan la magia pueden leerlo. —Confían en mí, hija. El Capitán Guerrero no tendrá ningún problema coaccionando a un preso que usa la magia para que descifre el libro para el Rey una vez que Noah entienda lo que esto requiere. En ese caso, nuestra única esperanza será que nos lleve menos tiempo considerar las alternativas de lo que a ellos les lleve entender las cosas. Ahora ve. Estamos perdiendo el tiempo. Puedo sentirlo presionándome. —Incluso si vienen, las salvaguardas y los Transformados los mantendrán ocupados —trató de tranquilizarle Mary—. Todavía tenemos algo de tiempo. —Esperemos que así sea.
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    CAPÍTULO 18 —Bien, este lugar parece familiar —murmuró Elijah contra la oreja de Siena haciéndola reírse entre dientes mientras le daba un gentil codazo en las costillas. —Estas cavernas tienen kilómetros y docenas de salidas como ésta —explicó Siena, la rica voz hacía eco cuando entraron a los despoblados túneles fuera de la cueva que Jinaeri había hecho su casa invernal—. Muchos de ellos están en hábitat de hibernación, pero no todos los Licántropos. Si cruzamos el camino con la fauna salvaje, dejarnos manejar el asunto a nosotras tres —se señaló, luego lo hizo con Anya y Syreena. —Dirás nosotros cuatro —dijo Jacob, recordándole que sus habilidades estaban en igualdad hasta donde a los animales encantados les concernía. —Conserva tu energía, Ejecutor —le recordó Siena —. No hay salida alguna de estas cavernas que desemboque en el campamento. Simplemente usamos estos pasajes para pasar inadvertidos para los guardias. Contamos contigo para llevarnos a la superficie. —No me preocuparía por mi reserva de energía —le aseguró. —No entiendo por qué no puedo simplemente teletransportarnos dentro del campamento —se quejó Legna por tercera vez. —Ruth nos sentiría llegar —reiteró su marido con sorprendente paciencia. Desgraciadamente, es una oponente formidable para tu fuerza. Hablando tácticamente, no sería prudente permitir que nos rodearan de esa forma. —Gideon, podría sacarnos rápidamente. —Lo dudo —dijo Noah, el tono dejaba entrever que deseaba acabar con la discusión—. Traernos a todos dentro, sería de por sí imposible, incluso para tu formidable poder, Legna. ¿Sacarnos después? Nunca podría suceder. Simplemente no eres tan fuerte.
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    Francamente, en miopinión, no deberías estar incluso con nosotros. —No pienses siquiera darme algún remilgado sermón sobre las delicadas necesidades de las mujeres embarazadas. —Le advirtió a su hermano agudamente —. O juro que te teletransportaré al Polo Norte dónde no hay nada combustible en cientos de kilómetros a la redonda. —Sabes, solía pensar que en mi pueblo eran demasiado confiados —comentó Siena—, pero ahora veo por qué mi padre tuvo tantos problemas para ganar contra tu nación. Eres muy terca. —No tienes ni idea —dijeron Gideon y Noah a coro. Elijah rió entre dientes mientras brincaba de una cornisa al suelo aproximadamente metro y medio debajo. Se acercó, sin pensarlo, a ayudar a Siena con las manos sobre su cintura. No se dio cuenta hasta que ella dudó, de que pudo interpretar el gesto como algo humillante a su capacidad indudablemente excelente de cuidar de sí misma. Pero se apoyó en sus hombros un momento después, deslizando las manos cuando la bajó fácilmente al suelo. —No te preocupes —le aseguró suavemente cuando entrelazó los dedos con los suyos y apretó su mano—. A veces me olvido que naciste cuando los hombres eran caballeros. Sin embargo, pienso que podría acostumbrarme. —Me alegro de escucharlo —dijo con una mueca—. Sin embargo, estoy sinceramente deseoso de abandonar los modales caballerosos y permitir a la puerta golpearte el trasero a tu inmediata petición. —Eres tan amable —rió. El grupo continuó desplazándose a través de los túneles, siguiendo la segura guía de Siena. El suelo de la caverna era, a menudo, resbaladizo, la caliza estaba repleta de agua que goteaba de las estalactitas y la neblina subterránea que descendía de las calientes primaveras. —Ahora no está lejos —dijo Siena cuando subieron trabajosamente una cuesta—. Desearía que tuviéramos una manera de sentir a los guardias desde aquí.
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    —Tenemos a Bella.Es mejor que cualquier sensor. —¿Cómo? —La Reina se volvió y miró curiosamente a Elijah. —Bella puede reducir el poder. —Elijah, queremos evitar eso si es posible —le recordó Jacob—. Los efectos colaterales están demostrando ser perjudiciales. —Pero imagina cuánto más simple sería si sólo atravesáramos esos pabellones una vez que yo reduzca el poder. No tendríamos que pasar por todo esto. —Arrancó de golpe la mano que tocó una particularmente fangosa pared—. Puaj — dijo haciendo una mueca mientras se limpiaba la mano en los vaqueros—. Y sobre todo, Ruth y Mary pueden escapar en un rayo de teletransportación si no les lanzara una maldición. No veo cómo podemos evadirlo. —No debes tener contacto con Ruth no importa qué suceda — advirtió Jacob sin tolerar ninguna de sus tercas negativas—. Está corrupta, de maneras que nadie ha visto antes, no podemos adivinar siquiera que podría causarnos a cualquiera de nosotros. Ruth no hubiera podido tocar a Gideon hace seis meses. Ni Ruth, Mary ni una docena de nigromantes podrían haber hecho eso. —Es muy poderosa. —Gideon estaba severamente de acuerdo—. Debemos recordar no tratar esto como cualquier batalla ordinaria. Hay un gran riesgo involucrado aquí. La conversación se detuvo cuando Siena vaciló en sus pasos. La vieron levantar la cabeza, e inmediatamente nueve cabezas se volvieron en unísono para escuchar. —Nunca he estado aquí antes —murmuró Siena—. Hay algo peculiar sobre este lugar. No puedo poner mi dedo en él. ¿Puede alguno de vosotros? Fue Noah quién levantó las cejas sorprendido. —Moho. Huelo moho y… —Investigó, agitando la oscura cabeza. —¡Libros! —Exclamó Bella de repente—. Huelo libros. He pasado demasiados años en una biblioteca para no conocer ese olor. —Pero nadie ha estado en estos pasajes en años —meditó
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    Siena—. El crecimientode la piedra, el flujo de agua y pasajes son totalmente nuevos. Además, está demasiado húmedo para que tenga sentido guardar libros aquí. Se estropearían fácilmente. Jinaeri tiene que guardar los suyos cubiertos aunque ella está en un área seca. —Estoy diciéndote, que son libros —insistió Bella. —Creo que tiene razón —estuvo de acuerdo Noah. —Mirar, aquí. —Jacob saltó hacia un alféizar natural, agachándose para inspeccionar la pared cercana—. Esto puede ser nuevo ahora, pero alguien definitivamente ha alterado esta cara de la piedra en un momento dado. ¿Veis estas ranuras? Son artificiales, intentando mantener una apariencia de suceso natural sin embargo. ¿Veis? El agua no fluye encima de esta sección aquí, entonces ¿por qué esto está tan desgastado en una ranura tan profunda? —se estiró para tocar la primera medida de la hendidura. —¡Jacob, no lo hagas! —clamó Bella de repente, haciéndolo congelarse inmediatamente. Se apresuró hacia él, agarrando su brazo e intentando arrastrarlo a su lado. —Algo no está bien. Puedo sentirlo. Por favor sal. —Bella, retrocede. Prometo que tendré cuidado. —Extrajo la mano del agarre de muerte en que lo tenía y sacudió los dedos cuando intentó mantener el apretón. Siena miró con ojos atentos como el Ejecutor rozó inquisitivamente los dedos sobre y alrededor de aquellos surcos leves, intentando investigar su memoria por algo, aunque ella no tenía ninguna pista de lo que era. —¡Jacob detente! El coro brotó simultáneamente de Elijah y Siena. Al unísono habían experimentado un momento de lucidez, Siena recordando el fragmento de una historia que había escuchado durante su niñez unos cien años atrás, y la proximidad de Elijah al súbito temor que brotó en su mente lo incitaban a hacer eco de la advertencia. Jacob se apartó esta vez, todavía escuchando otra advertencia
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    de una fuenteque no podía desdeñar por sobreprotectora... Se bajó deprisa de la cornisa mientras Siena se acercaba a ella. Saltó fácilmente, sintiendo la mano de Elijah guiándola. Esto la hizo sonreír al mismo tiempo, se limpió las manos por la falda del vestido que Legna le había prestado. Magdelegna tenía un estilo más conservador, por lo que la falda era más larga y voluminosa de lo que a la Reina le habría gustado, pero lo arrancó simplemente de su camino cuando se arrodilló para inspeccionar las sospechosas ranuras. —Hay una leyenda en mi pueblo acerca de los tiempos antes de que nos atreviéramos a salir de las cuevas y aventurarnos al mundo. Así como mi castillo, ciudades completas se construyeron bajo tierra supuestamente. En ese tiempo, decían que nosotros nunca entraríamos a la luz del día. —Se acercó más a la pared—. Hemos encontrado sólo pequeñas moradas que indicaron esto como cierto. Por otra parte, nuestra única prueba eran las historias que nos pasamos verbalmente y los viejos fragmentos de tradiciones populares. —¿Así que, qué es esto? —La leyenda dice que todas las entradas a esta ciudad fueron encubiertas y entrampadas para prevenir accidentes, así como a decididos intrusos. Si una persona curiosa no supiera cómo desviar la trampa inofensivamente, tropezaría y sería asesinado. —Tú no crees que ésta sea una ciudad —dijo Bella con claro escepticismo. —No, no lo hago —estuvo de acuerdo Siena—. Pero creo que podría ser una entrada formada con esas mismas trampas. —Dime que sabes desarmarla —la animó Jacob. No sabía. Tocó ambas ranuras simultáneamente, un clic fuerte hizo eco sobre ellos, haciéndolos asustarse ante el sonido. Después de un breve lapso, estudiando la trampa, puso ambas manos en la pared y cambió el peso y la presión de su toque ligeramente al correcto. La pared se deslizó tan de repente que sobresaltó a la Reina, quién retrocedió hacia la protección de Elijah, al momento que él saltaba hacia la cornisa en un segundo para impedirle que
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    resbalara. —Buenos reflejos —murmuró ella a su marido. —Gracias —se rió entre dientes, acercándose a su espalda cuando miró en el interior del oscuro lugar de la entrada—. ¿Noah? —Considéralo hecho —respondió el Rey. Extendiendo la mano con sus refinados sentidos, sintió la presencia de antorchas de alquitrán y las encendió en una brillante oleada de luz. Todos hicieron un gesto de dolor cuando las filas de antorchas los deslumbraron momentáneamente. —Pienso que ya sé lo que Ruth está buscando —dijo Bella con ávido temor, habiéndose recuperado antes que los otros porque sus ojos no eran tan sensibles a la oscuridad y a la luz. Los ojos se aclararon y un grito sofocado salió del grupo cuando se apresuraron y se apiñaron alrededor de la entrada del cuarto oculto. —Les dije que eran libros —murmuró Bella. Eso era una subestimación. Realmente era una biblioteca subterránea. Estaba maltratada por la falta de uso y debido a los años que había sido ignorada, el daño del agua que había cambiado el curso durante los años de corrosión corría bajo paredes que habían sido destinadas a estar secas, pero esto, había sido definitivamente una biblioteca bien diseñada alguna vez. Tenía corredores rojos entre cada juego de estantes, el bordado de terciopelo rubí, claramente una vez muy rico y fino. Las antorchas iluminaban las mesas del estudio, así como los podios que sostenían separados tomos de enorme tamaño. Y claro, a lo largo de ambos lados del corredor, estantes, estantes y estantes de libros que llegaban más allá de lo que incluso su perspicaz visión podría ver. —Wow —dijo Legna, no pudiendo tener otra reacción. —De acuerdo, ¿Cómo podría Ruth, de todas las personas, saber que esto estaba aquí? —Claramente no sabe que está aquí. Piensa que está arriba — dijo Siena, apuntado sobre sí misma a la piedra que bloquearía el
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    progreso de Ruthaunque sospechara que hubiera algo bajo él. —Cierto. Mary no tiene el poder para excavar a través de la tierra y piedra. Ése es un rasgo de los hombres Demon de Tierra — dijo Jacob, los ojos tan abiertos como los de los demás cuando examinó la biblioteca suavemente—. ¿Piensas que es seguro entrar ahí? —Creo que sí —murmuró Siena— pero no apostaría que fuera completamente inofensivo, así que manteneos alerta. La batalla que habían encabezado fue totalmente desechada, todos entendían que esta era una tarea más crítica. Se movieron hacia la aislada caverna, los hombres uniendo las manos con las mujeres, todos alertas mientras se preparaban a tomar cualquier forma que necesitaran para escapar del daño y llevarlas con ellos hacia la seguridad. Siena les precedió a todos, amplios ojos dorados examinando superficialmente sobre los títulos de los volúmenes más cercanos. Elijah estaba cerca, detrás de ella, tan cerca que cuando se detuvo, tropezó con su espalda y permaneció allí hasta que continuó. —Siena, ésta es la Atesorada Lengua —susurró Syreena, su sentido de reverencia atravesó el ruidoso claro cuando alcanzó a tomar un libro en las manos, sosteniéndolo como si fuera una gema preciosa. —El idioma histórico que sólo los miembros de The Pride saben ahora. También se perdería para ellos si no fuera por el hecho que se pasan tanto tiempo manteniendo su conocimiento sobre él. —¿Eso significa que esto es una biblioteca de Licántropos? — preguntó Elijah. —No. Todos se volvieron para ver a Bella bajar otro libro. —Jacob, esto es el idioma antiguo de la raza Demon. Las cabezas se volvieron de una mujer a la otra. Se cruzaron para encontrarse unos a otros e inspeccionar los libros. —Estos no son los mismos —les informó Bella—. Veamos si hay otros.
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    Había libros enlos idiomas conocidos y desconocidos a aquéllos en el cuarto. —El idioma de los Vampiros —dijo Gideon agitando la cabeza—. Esto se parece a las marcas de los Shadowdweller. Éstos son esos caracteres intrépidos, pintorescos que utilizan. —Es una biblioteca Nightwalker —dijo Siena, la voz susurrante resonó en los techos altos. —Muchos de ellos están arruinados —comentó Elijah, dejando caer un libro saturado hacia una mesa dónde se desintegró inmediatamente. —Noah, ¿Has oído hablar alguna vez de algo así en tu historia? —le preguntó Siena al Rey. —Nada. Esto…Esto está más allá que cualquier cosa que nosotros algunas vez supiéramos. —Yo nunca oí hablar de esto a The Pride, y ellos tienen un truco por decir algunos cuentos bastante primordiales —dijo Syreena, mientras continuaba inspeccionando los estantes con ligeros dedos—. ¿Es posible que esto preceda incluso a nuestros antepasados? —¿Y ninguno de ellos pensó en decir a cualquiera de nuestros historiadores sobre él? Encuentro eso difícil de creer. Seguramente algún tipo de historia o leyenda sobre esto ha sobrevivido… Alguien tendría una prueba escrita o mención en alguna parte — insistió Noah. —Oh sí —dijo Bella, con los ojos rodando y tono seco— Así como tú eras consciente de esa pequeña feliz profecía que encontré acerca de que todos estábamos a punto de ser colocados dentro de una secadora y agitados para ser literalmente escupidos, sólo para ver lo que sale del lavado. —Buen punto —rió Elijah entre dientes. —Jacob, mira esto. —Noah llamó al Ejecutor. Jacob se acercó a mirar detenidamente el libro sobre el hombro del Rey. —¿Es lo que pienso que es?
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    —¿Qué? —preguntaron losdemás. —Hechizos —contestó Noah, los ojos oscuros, serios y cargados de preocupación—. Hechizos de usuarios de Magia. —¿En una biblioteca Nightwalker? —Empujó Isabella a través de ellos, inspeccionando el volumen grande con los ojos afilados— . Latín. … Italiano… Ni siquiera sé lo que es esto —dijo moviendo la cabeza—. Pero hay incluso jeroglíficos egipcios aquí. ¡Esto es, como… el compendio completo de hechizos del mundo entero! Esto es lo que Ruth y Mary están buscando. Apostaría mi escondite de barras de chocolate en ello. —Pienso que tiene razón —estaba de acuerdo Noah, hojeando las páginas cautelosamente, pero encontrándolas todas demasiado rígidas—. Tenemos que destruir esto. —¡Absolutamente no! —Bella —advirtió Noah. —Ni siquiera lo pienses Noah, hay una razón para que esto esté en una biblioteca Nightwalker, y quizá deberías entender quieras o no, qué razón es esa antes de que andes jugando a Fahrenheit 4517. —¿Bella, sabes cuán peligroso sería este libro en las manos equivocadas? —argumentó Noah. —Pero no está en las manos equivocadas. Está en las tuyas. —Noah, pienso que puede estar en lo cierto —habló Gideon, los ojos plateados de repente miraron al Rey, entonces el monarca entendió cuan seria era su opinión—. Hemos estado buscando maneras de bloquear la Convocatoria y Transformaciones por centurias, milenios incluso. Quizás este libro o estos otros contienen esas respuestas. Noah pareció considerarlo inmediatamente. —Hay una cosa en la que todos podemos estar de acuerdo. —Habló Siena de repente, con voz profunda que penetraba con seria gravedad—. Debemos mantener a Ruth y Mary tan lejos de aquí __________________________ 7 Fahrenheit 457 es el título de una novela de Ray Bradbury publicada en 1953. Este título hace referencia a la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde. (N.deT.)
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    como sea posible.Ese volumen es probablemente sólo un arañazo en la superficie de lo que guarda este lugar. El poder al que tendrían acceso si descubrieran esta biblioteca es inmensurable. Y no sé sobre el resto de vosotros, pero pienso que han tenido ventajas más que suficientes desde que ellos desertaron. —De acuerdo —dijo brevemente Jacob—. Noah, Bella… sé que la tentación de todo este conocimiento está agobiándoos, pero teníamos un trato mejor con nuestros traidores y sus compatriotas antes de que nos permitamos distraernos por algo más. —De acuerdo también —dijo Noah con una inclinación afilada—. Pero no me siento cómodo saliendo y dejando todo esto así, abierto. —Esto ha permanecido imperturbable por incalculables siglos, Noah —le recordó Siena suavemente—. Restauraré el sello y cerraré como estaba cuando llegamos. Una vez que tratemos con Ruth, podremos preocuparnos por guardar este lugar lejos. Tomó un largo momento, pero eventualmente Noah asintió su consentimiento. El poderoso grupo inmediatamente retrocedió fuera de la biblioteca, brincando abajo de la entrada para que la Reina Licántropo pudiera resellar la trucada puerta. Tomó algún esfuerzo y un poco de ayuda de contrapeso de su poderoso compañero sellar nuevamente el antiguo mecanismo, pero eventualmente también pudieron brincar fuera de la cornisa y volver al grupo. —Vamos, pateémosle el culo —ofreció Bella con irreverente entusiasmo, agarrando la mano de su marido y apresurándolo en los más profundos huecos de las cavernas. Mary estaba caminando inquieta, al lado del sitio de la zona de excavación, con los brazos doblados alrededor de la cintura, mordiéndose el labio inferior cuando la energía se emitió fuera de ella en olas. Su madre no se le había unido todavía, haciéndola interesarse un poco más por su seguridad si algo de repente salía mal. Sin embargo, tenía un notable poder, y eso incluía la facilidad y velocidad de sus habilidades de teletransportación. Su madre la había asustado lo suficiente, mencionando a los
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    hombres poderosos ysus compañeras que estaban potencialmente fuera por su sangre. Había sido criada en perpetuo temor de esos nombres, incluso a pesar de la burla constante de su madre. Noah. Elijah. Jacob el Ejecutor. Especialmente Elijah. Había seguido a su madre una vez al terreno de entrenamiento cuando todavía había sido una guerrera bajo la orden del feroz Capitán, y había visto por sí misma cuán brutalmente frío y calculador podría ser ese poderoso Demon, incluso cuando sólo estaban practicando. Cuando ella y su madre habían estado vigilando al guerrero, no hacía demasiado tiempo en el bosque ruso, mirándolo morir con una aparentemente incomprensible simplicidad, Mary todavía había sido intimidada y asustada, a pesar de su evidente debilidad y su clara victoria. Vio casi sin sorpresa que el guerrero había de algún modo conseguido evitar una clara e inminente muerte. Siempre lo había creído infalible, y eso estaba ahora más reforzado que nunca. Su nerviosa mirada se movió bruscamente sobre las filas de mujeres que trabajaban pacientemente en la dura y fría tierra que supuestamente ocultaba el Tomo Negro que su madre estaba buscando tan desesperadamente. De acuerdo al pergamino se suponía que era el centro de mesa de una biblioteca antigua que había existido hace mucho tiempo, aún antes del tiempo de Gideon. Era un concepto difícil para que una Demon tan joven como ella lo asimilara. Que tal cosa sobreviviera todo ese tiempo parecía incluso imposible, pero su madre ya había descubierto el compañero del libro, por lo que todavía debía ser posible para el Tomo Negro haber sobrevivido a todas estas épocas. Según su madre, ese libro tendría el poder para destruir incluso al más poderoso enemigo. Incluso Noah, el extremadamente poderoso Demon de Fuego quien podría destruir la Tierra entera probablemente si se lo proponía. Pero no pensó que ellos lo necesitaran. Sólo habían destruido a Gideon, el más Antiguo de su tipo. Si ellas pudieron hacer eso, podrían hacer cualquier cosa. —Yo no descansaría tan cómodamente en esa suposición si fuera tú.
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    Mary escapó desus privados pensamientos con un jadeo, girando para enfrentar al bajo y frío origen de la declaración. Se encontró mirando fija y temerosamente los fríos ojos plateados, la boca bajo ellos se torció en una sardónica sonrisa de cruel confianza que nunca hubiera esperado saber el significado. —Uh, uh, uh —murmuró una suave y exhortante voz detrás, haciéndola girar con velocidad y terror para enfrentarse cara a cara a otro juego de ojos plateados—. Sé lo que estás pensando —advirtió Magdelegna con su propia sonrisa cruel—. Tu mamá no puede ayudarte ahora. El corazón de Mary golpeó con violenta velocidad cuando comprendió que estaba diciendo la verdad absoluta. La joven Demon estaba rodeada por todos esos Demons cuyos nombres y leyendas había temido toda la vida. —Jacob, Bella, concentraos en mantener a esta pequeña mocosa en secreto. Ruth pronto vendrá por ella. La orden fue dada por el Rey Demon, cuando él y los otros se volvieron a los repentinos gritos de advertencia viniendo del campo, llenos de agitación de usuarios de magia y cazadores. —Como una Druida que conozco dijo una vez, ¡Pateémosle el culo! Después de esa declaración alegre, la próxima palabra que salió de la boca de la Reina de los Licántropos fue el escalofriante rugido del puma. Ruth fue sacudida fuera del estudio del libro abierto ante ella por el fuerte sonido de urgentes voces fuera de la tienda. Se puso de pie tan rápido que golpeó la silla de atrás y, agarrando protectoramente el pesado y viejo volumen contra ella, se extendió con sus poderosos sentidos mentales. Comprendió abruptamente que estaba bajo una enorme amenaza. Peor aún, su hija estaba siendo amenazada. Frenéticamente, la traidora rechazó la reacción automática de furia y cegó el impulso para reaccionar que los instintos maternales
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    exigieron. Por suertepara ella, los siglos de entrenamiento como guerrera le recordaron que luchar bajo coacción de emoción era la manera más segura de perder una batalla. Era en retrospectiva, exactamente cómo Gideon había buscado obtener la ventaja tan inesperada en su ataque. Un error por el que ella iba, al parecer todavía pagar el precio, cuando se dio cuenta de la cercana presencia del Antiguo. Los dedos crispados se envolvieron alrededor de su delgada garganta, agarrando a cardenales que no estaban más allí, excepto en su memoria, de cómo Gideon los había hecho y casi la había matado en el proceso. ¡Ahora ellos buscaban capturar y dañar a su única niña viva, incluso después de que habían hecho en su arrogancia causarle sufrimiento a Mary en primer lugar! Si no fuera por sus santurronas leyes, Mary se hubiera emparejado a un Druida varón que la habría amado con incomprensible poder, duplicando el potencial de la muchacha, o quizás más. Pero no. No habían visto conveniente salvar a ese pobre hombre Druida de una terrible muerte por inanición. Sólo habían cambiado las leyes para satisfacerse cuando uno de su selecta pandilla había estado en la necesidad de ello. El Ejecutor y su esposa. Y ahora ambos se atrevían a mantener cautiva a su hija, la santurronería emanaba de ellos como una apestosa plaga. Sabía que estaban usando a Mary para cebarla, pero no sería tan engañada fácilmente, ni sus propósitos tan sencillamente burlados. Isabella se paró, pie contra pie con la joven Demon de Tierra, los ojos violetas llenos de ira apenas reprimida hacia ella. Mary y su madre la habían emboscado cuando estuvo embarazada, pegándole bajo, en un específico intento por acabar con la vida de su niño, así como con su propia vida. La Ejecutora no olvidaría o perdonaría pronto ese atrevimiento. Ni lo haría su compañero, quien, en la actualidad, estaba expulsando una red sensorial queriendo impedirle a Ruth acercarse sigilosamente a ellos, de la manera que ellos se habían arrastrado en su campamento y sobre su indefensa descendencia. En el campo, los nigromantes y cazadores estaban siendo involucrados y fácilmente derrotados. Los cazadores no tenían ningún otro armamento fuera de las viejas herramientas de
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    excavación, y losnigromantes eran muy dependientes en su concentración y necesitaban gran preparación antes de ser eficaces en batalla. Sólo aquéllos a quienes el poder se les presentaba más naturalmente presentarían un verdadero desafío. Eso y el hecho que los infiltrados realmente estaban excedidos en número. Isabella, sin embargo, estaba indiferente. La redención era un poderoso motivador. No había un Demon o Licántropo en el campo que no tuviera una buena causa para encontrar la redención en este particular grupo. De repente, Isabella sintió un remolino de aire desplazándose, golpeándola fuertemente en la espalda, haciéndola tropezar hacia adelante. Jacob giró para enfrentar a su esposa, cuando sus alarmas sensoriales sonaron en forma ruidosa y extensa. Elijah también sintió el remolino, aún a la distancia en el campo, estaba distraído de su actual adversario lo suficiente para mirar en dirección al Ejecutor. El guerrero conocía la sensación de desplazamiento de aire de una teletransportación y ahora lo sentía. Así como los Ejecutores. El problema era, que no había nada ni nadie en el centro del desplazamiento. —¿Dónde está? —preguntó Isabella frenéticamente, retrocediendo instintivamente más cerca de su compañero. Elijah vio su confusión, una enferma y fría inquietud se extendió por la espina cuando los vio revolcarse por un objetivo. La sensación obtuvo la atención de su esposa, y la vio girar para observar a los ejecutores, para no perderlos completamente de vista. Los ojos dorados se desplazaron casi cerrados y la peluda nariz se alzó dentro del rastro. Inmediatamente, el pelo de la nuca se erizó y elevó su atención. La gata cambió a Mujer Gato con vertiginosa velocidad. Elijah supo sus pensamientos al instante. Ruth estaba allí. A pesar de lo que los ojos estaban diciéndoles, los sentidos del gato no podían ser engañados fácilmente. Jacob acogió la metamorfosis de Siena y la claridad de su motivación demasiado tarde. Isabella de repente fue arrojada y enviada volando en su dirección. No pudo evitar atrapar a su esposa, incluso si no lo hubiera querido, aún con su pequeña estatura, la velocidad del impacto contra el pecho lo envió
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    tambaleándose hacia atrás. Elijah reaccionó al instante, enfocándose en la Demon traidora más joven y haciéndola desmolecularizar en nada más que un soplo de aire. Su esposa estaba cubriendo terreno en imponentes, poderosos saltos, literalmente siguiendo su olfato para encontrar a la otra, quién de algún modo había enmascarado su presencia visual. Ruth se materializó con un grito de frustración justo cuando Siena no estaba a más de dos saltos de abalanzarla sobre la tierra. La Anciana traidora extendió violentamente una mano hacia la mujer Licántropo. Siena golpeó una pared, medio saltó, y retrocedió con una tos atemorizada. Ruth había teletransportado una sólida piedra en su camino a una distancia demasiado corta para que pudiera cambiar la dirección. Aturdida, Siena tocó la almohadilla de la pata palpando el desgarro de piel que cruzaba por su frente, surgiendo con la piel ensangrentada por el esfuerzo. Ruth entonces se teletransportó lejos. Elijah se preparó, sintiéndose bastante seguro que ella seguiría el rastro a cualquier costo. Forzó a Mary dentro de un estado no corpóreo y le tomó un gran esfuerzo, de todas formas, estaba luchándolo con uñas y dientes, Elijah azotó la espalda en su forma natural, antes de que perdiera la oportunidad de hacer eso también. En cuanto hizo esto sintió que Ruth aparecía violentamente atrás suyo. Ruth siempre había sido una experta atacando por la espalda. Literalmente. Esta era una de sus estrategias de ataque favoritas... Elijah le había enseñado cómo, por lo que estaba preparado para la hoja que vino, cortando hacia su costado expuesto. No gastó energía cambiando de forma, pero en cambio se agachó y rodó con notable agilidad y velocidad. Aún así, la hoja pasó más allá de su oreja, rasguñando el lóbulo. El guerrero no tuvo tiempo para notar la lesión. Ruth se teletransportó de nuevo y una vez más a su espalda. Instintivamente, Elijah bloqueó el golpe con el brazo, enviando chispas que volaron cuando el metal de la cuchilla conectó con los eslabones de su brazalete dorado. Sin la preocupación por la perversamente afilada hoja, Elijah envolvió el brazo desnudo alrededor y tiró hacia abajo, desarmando pulcramente a Ruth,
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    aunque a expensasde una buena mordida en la carne de sus bíceps y antebrazo. De nuevo el brazalete le había salvado de lo peor. Ruth se volvió para mirar a su niña, claramente intentando centrarse en ella para teletransportarlas a ambas lejos. Pero cada vez que había intentado hacerlo hasta el momento, algo estaba impidiéndole llevar a su hija con ella. Frustrada y enfurecida, se teletransportó lejos, sola, antes de que el Demon guerrero alcanzara sus pies y pudiera reagruparse para atacar. Elijah se levantó, pero tenía un blanco diferente en la mente. Agarró a la desorientada Mary por la garganta, usando el asimiento para tirar de la espalda contra su pecho. Mary jadeó, entonces gorjeó un restringido sonido de pánico cuando la enorme mano interrumpió su suministro aéreo. Era demasiado joven e inexperta para usar cualquiera de sus habilidades innatas después de ser empujada hacia el captor como había sucedido. Todo lo que podía hacer era sacudirse y agarrar la mano cerrada tan firmemente alrededor de su cuello. —¡Ruth! ¡Arrancaré su cabeza aquí y ahora, lo juro! —Ladró Elijah malamente al aire nocturno—. ¡Termina esto! ¡Encuentra tu destino como la guerrera que una vez fuiste! Ruth se materializó una vez más, esta vez con tal violencia que algunos de sus compatriotas fueron lanzados hacia atrás. Elijah estuvo al instante con los nervios de punta cuando se dio cuenta que la traidora había aparecido justo detrás de Siena. No necesitaba preocuparse. Siena se había preparado al parecer para tal táctica. Era un borrón de piel dorada cuando giró alrededor con sorprendente velocidad. Ruth reaccionó, estirando los brazos cuando ella intentó brincar hacia atrás. Pero Siena era más rápida, sus afilados reflejos tan reales como su habilidad en dar en el blanco. Las garras de la Mujer Gato rasgaron a través del frente del vestido de Ruth, cortando a través de la gasa y carne. La Anciana Demon Mental gritó de dolor, tambaleándose hacia atrás, los ojos muy abiertos con repentino temor cuando la Mujer Gato gruñó y se agachó, negras y doradas pupilas se estrecharon sobre ella como si fuera la próxima comida del gato. Sus sentidos notaron la cercanía de los Ejecutores, también que las líneas de su campamento estaban reduciéndose a nada, y que si se quedaba y
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    luchaba por suhija un momento más, era muy probable que también fuera capturada. La última cosa en el mundo que quería era caer bajo el castigo de los Ejecutores y el Rey. Si era capturada, moriría indudablemente por sus crímenes. En un último y desesperado intento para salvar a su niña, intentó pensar en una manera de ayudar a Mary a escapar de un destino similar. Tenía sólo un segundo para llegar a una solución antes de que se encontrara bajo el salto del gato y sus dolorosas garras. Con desesperación, Ruth robó una pala de excavar, con una aguda punta de metal que un cazador estaba usando a cierta distancia utilizándola como proyectil contra Gideon. Reapareció a medio vuelo, dirigiéndose directamente hacia Elijah, su hija protegía su pecho. Mary era demasiado pequeña contra el gigante, por lo que sus hombros se encontraban apenas debajo del palmo de costillas que cubrían el corazón del Capitán Guerrero. El proyectil era demasiado inesperado y se movió demasiado rápido, incluso para la reacción de Elijah. Pero Siena ya había empezado a lanzarse contra esta Demon perra que le había causado tanto dolor. Sin comprender Ruth había lanzado un último ataque letal a su compañero, ella había saltado hacia la Demon con un escalofriante y dramático grito. Ruth retrocedió con temor, toda su atención enfocada en escuchar atentamente ese horrible y anormal grito de guerra. Fueron sólo los siglos de entrenamiento reflexivo como guerrera que la hicieron correr en la dirección correcta para evitar las garras que apuntaban para destriparla de un solo golpe. Demasiado tarde, Ruth comprendió que había perdido control de la lanza que había apuntado al corazón de Elijah. Corriendo para evitar de nuevo el mortal alcance de Siena, giró para verificar si había salvado a su hija de la asfixia del gigante. Durante un momento, un deleite poderoso la recorrió cuando vio el guerrero arrodillado, encorvado sobre el largo césped. Sin embargo, segundos después se volvió enfrentándola, susto y dolor surcaron por su rostro. Los ojos de Ruth descendieron, y su mundo entero explotó en rabia y agonía. Acunada en los brazos del gigante rubio estaba su hija, su corazón estaba atravesado con el arpón que había elegido como arma para el Capitán Guerrero. La visión de Ruth se volvió negra y luego roja, el cuadro
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    inconcebible y elentendimiento del mismo haciendo eco a través de su mente desequilibrada con enloquecedora persistencia. Con esto vino la calma y claridad que sólo la locura podría proporcionar en tal momento. Volvió los ojos enrojecidos de odio hacia la Mujer Gato delante suyo y gruñó bajo. —Esto aún no ha terminado —le siseó a Siena—. Pagarán por mi niña con los suyos. ¡Tienen mi maldición en eso! ¡Todos vosotros! Entonces se teletransportó lejos, en una última y violenta retirada, dejándolos para siempre ahora que ya no había nada para mantenerla allí. Con las frías palabras de la traidora Demon todavía resonado en sus oídos, Siena se volvió para mirar a Elijah. Sólo entonces comprendió cuán seria era la amenaza que Ruth había hecho. Mary estaba muerta. Y Ruth había prometido ver que ellos pagaran con la sangre de sus propios niños.
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    CAPÍTULO 19 Cerca del amanecer, el viento que se arremolinaba en el exterior de la apartada cabaña de troncos, en el balcón de la biblioteca, se solidificó en las formas de la Reina y el guerrero. Se abrazaban estrechamente, como apoyándose entre sí. Ambos estaban agotados física y mentalmente, por lo que probablemente estuvieran haciendo precisamente eso. Elijah se movió primero, acariciando con los cálidos y firmes labios el reciente tejido del corte que surcaba la dorada frente. —Espero con ansia el día en que Gideon pueda realmente ayudar a tu gente a sanar —dijo suavemente contra la piel, su corazón deseándolo. Odiaba verla incluso con el más leve daño. Le llevaría mucho tiempo olvidar la visión de ella, ampollada y descompuesta en su lecho de enferma. —Shh… —Siena le calmó con un suave aliento, la boca vagando por la garganta—. Estoy en tu mente, guerrero —Era tanto reproche, como recordatorio. No estaba acostumbrada a preocuparse sobre algo más de lo que él era—. Gideon es muy brillante. No tengo ninguna duda de que encontrará la forma dentro de nuestra química. Mientras tanto, esto se curará solo bastante rápido. Levantó la cabeza de la suya y miró despacio alrededor, abarcando la oscuridad despejada que los rodeaba. La noche entera se había ido, aunque sólo habían pasado unas pocas horas desde que se habían levantado para la batalla. Elijah los había arrastrado a través de numerosas zonas horarias, siguiendo la sombra de la oscuridad hasta que habían llegado allí, donde estaba amaneciendo. —Este no es territorio Licántropo —comentó, mirando a la extensa pradera sin árboles y a la fosa de largas hierbas moviéndose con la brisa natural. El otoño comenzaba en este lugar. Las primeras nevadas estaban previstas en cualquier momento en su propio territorio.
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    —Exacto —Murmuró Elijah,besándola cariñosamente el pelo al estrecharla— Sin castillo. Sin guardias. Sin embajadores, consejeros, o generales… —Sin noche —indicó secamente. —Sin problema —contestó con una sonrisa. —Confía en mí. Mi idea es que no haya ni enemigos, ni amenazas, y sobre todo, ninguna preocupación inmediata que no pueda esperar unas pocas horas. —Eso es imposible de lograr con esa loca criatura vagando por el planeta —respondió con un triste suspiro. —Hasta que sepamos con exactitud dónde se ha escapado, está momentáneamente fuera de nuestras manos. Sólo Jacob e Isabella tienen la esperanza de averiguar dónde ha ido. Ha conseguido encubrir muy bien sus huellas para escaparse de las habilidades de un guerrero, sin importar mi poder. El Ejecutor nació con la capacidad innata de rastrear por sí mismo. La encontrará. Está maldita, deshonrada, transformada y corrupta, pero aún es un Demon —Elijah suspiró, cerrando los ojos a medida que la brisa del amanecer traía el perfume de la tierra y la hierba de los alrededores—. Se esconderá y será condenadamente difícil acercársele, pero tengo una fe ciega en Jacob. Mientras tanto, gatita, no podemos vivir nuestras vidas sólo para luchar y cazarla. Le daría una victoria de tal alcance, que ni siquiera podría imaginar. Siena se estremeció suavemente, extendiendo las esbeltas manos para envolverlas alrededor de los fuertes y musculosos bíceps, el pulgar acariciando el vendaje que le ajustó. —Cuando me acuerdo de lo cerca que estuviste de ser asesinado…. —Nunca. Soy más rápido y fuerte que sus trucos, gatita. Cuando Mary me golpeó, no era nada más que aire. Sólo desearía que también hubiera tenido el tiempo y la fuerza de protegerla, pero con la herida en el brazo… —Suspiró suavemente cuando esos tiernos dedos delinearon la puñalada curada bajo su mano—. Hay una parte de mí que perdonaría a Mary por lo que hizo, debido al amor por sus padres.
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    —Yo nunca—Insistió Sienacon vehemencia, parpadeando para quitarse el escozor de los ojos, apoyando la mejilla sobre su corazón—. Desafiar a tu padre por aquello en lo que crees tener razón es una difícil elección, pero una elección que debes de hacer si lo afrontas. No era mucho más mayor que Mary cuando hice esa elección. Incluso acepté el hecho de que un día mi padre tendría que morir; que tuviera que morir, si lo que alguna vez pensó llegara a realizarse —Alzó la vista cuando él se tensó bajo su toque—. Es el ciclo de vida sobre esta tierra, que los jóvenes heredarán su lugar sobre ella tras la muerte de sus padres. Cada ser vivo, animal o humano, cumple este destino constantemente. Lo sabes —insistió efusivamente, bajando la voz en un ronco susurro. —Lo sé —Convino en voz baja—. Pero para las especies inteligentes, ser una parte de este ciclo no es una manera tan fácil de existir. —No debería serlo. Espero que nunca nos pase a nosotros. Siena levantó la cabeza, aspirando profundamente en el viento, tomando todos los olores ajenos de esta parte de Norteamérica en la que nunca había estado. —He viajado tan poco en mi vida —Apuntó, tomando otra profunda respiración, oliendo todo la flora y fauna—. Siempre me sorprende cómo el aire puede oler de forma distinta, simplemente cambiando de lugar. —Sí. Es un fenómeno extraordinario. Algo parecido a ti y a mí, y a este vínculo que compartimos. Único, y aún así simple a su manera. —Mmm... —Coincidió. Entonces se alejó de él con una sonrisa—. El sol se está moviendo sobre nosotros. ¿No crees que es el momento de mostrarme tu casa? —El tour —contestó con una grave y pícara sonrisa, llevándosela en brazos mientras abría de una patada las puertas de la biblioteca y cruzaba con ella la entrada—, puede esperar hasta más tarde. Tengo otros planes que necesitan que te familiarices con una única habitación de esta casa. —¿El dormitorio?
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    —El dormitorio —concordó,haciéndola reír con esa dura y sexy sonrisa que tanto adoraba. Al instante sintió el fuego de la necesidad por ella quemando a través de su piel, provocada por aquella decadente risa gutural. —¿Nunca se te ocurrió, que después de la derrota a un archienemigo y enviarlo fuera de un bosque lleno de nigromantes, podría estar demasiado cansada para la clase de planes que tienes? —Debería —dijo con una ridícula sonrisa cuando el descansillo de arriba a grandes zancadas, y entró en la suite principal—, pero eres igual que yo, Siena. Después del calor de la batalla, el calor de la pasión es la primera cosa que ansías. Además, hice una promesa sobre un juego de unir puntos, y tengo la intención de reunirlos. —No sería una verdadera Reina si empezara a faltar a mis promesas —reflexionó suavemente. —No es propio de ti retractarte de tu palabra, gatita —contestó con una sonrisa cuando la dejó caer, deslizando muy despacio las piernas por su amplio cuerpo, permitiéndose el lujo bien merecido de su tacto. Siena respondió al instante a la sensación de los músculos como rocas contra su propia flexibilidad, al conectarse por completo sus ágiles cuerpos. Suspirando profundamente, lo demostró con un lento ronroneo de placer cuando se abrazó sexy contra él. Acurrucó una mejilla sobre su hombro, absorbiendo con cada molécula que poseía, la conciencia de esas manos frotando su espalda. —Así que, esto es lo que se siente estar verdaderamente solo — murmuró con satisfacción. —No estás sola —le recordó suavemente. —No, pero lo estamos. —Estuvimos solos donde Jinaeri. —Tiempo que malgastamos —replicó, levantando la cabeza para indagar en sus ojos. —Negro —soltó. —¿Qué? —Preguntó.
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    —Se supone quecontestas “Blanco" —le dijo en un susurro de complicidad—. Podría jurar que vives por la emoción de llevarme la contraria. Siena rió, gustándole tanto la ocurrencia, que envolvió fuerte los brazos alrededor del cuello y encontró su boca con labios firmes e insistentes. Le atrajo con hábiles besos sedosos. El lametón firme de su lengua, provocándole en un juego que le cautivó por completo. Cuando al final le liberó, estaba caliente y sin aliento bajo ella, buscando la punta de los dedos. La Reina extendió las ansiosas palmas sobre la extensión del ancho pecho que subía y bajaba muy deprisa. —Adoro sentir tu respiración —Suspiró cerrando los ojos, permitiendo reflejar en su cara el sincero placer de la sensación y el sonido de la sangre de él moviéndose por todo su cuerpo. Esa pasión por algo tan simple, le estimuló aún más profundo. —Siena —exhaló, cerrando los ojos cuando las manos audaces se extendieron despacio sobre él. —Al volver al hogar del Antiguo, cuando vi a Gideon y creí que estaba muerto, todo lo que podía pensar era que si algo podía matar a tan extraordinario ser… ¿Qué posibilidad tendrías contra eso? Estaba segura que nunca podría sentirte respirar otra vez. — Comentó, con el recuerdo del miedo raspando en su dulce voz, apretando las manos en un tenso toque sobre el claro movimiento del pecho, lo único que mantenía esa emoción en el pasado, donde pertenecía. —Siena … —La silenció dulcemente, acunándole la espalda desde la cabeza con ambas manos, entrelazando los dedos a través del pelo mientras examinaba los ojos dorados. —Me lo prometiste, Elijah. Cuando estuviera bien y nuestros enemigos derrotados, podría hablarte de lo que siento en voz alta. La vio pestañear deprisa, tratando de deshacerse de la humedad en los ojos. Alargó la mano para tocar con los pulgares las suaves puntas de las doradas pestañas, dispuesto a atrapar cualquier lágrima que se atreviera a escapar de su escrutinio. El corazón apretado con la emoción, desbordada a través de él, irradiando como la luz del sol o la luna.
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    —Siena, antes dedecir nada, necesito preguntarte algo. —Sí. Lo sé. Has estado pensando mucho sobre algo que te preocupa que me moleste. Lo he sentido todo el tiempo, mientras viajábamos hasta aquí. —Tengo que acostumbrarme a tu percepción de mis pensamientos —dijo con pesar—. Perdóname, no trataba de engañarte. —Lo sé —insistió—. Has hecho lo que cualquier persona haría. Estabas analizando tus pensamientos antes de expresarlos. Aunque deba decirte que cualquiera lo haría, no creo que justifique más tú preocupación. No soy tan irrazonable como piensas que soy. —¿Prometes escucharme hasta el final? —Siempre —le aseguró. —Muy bien —empezó a hablar, la cadencia rápida y entrecortada; la eficiencia de una tarea desagradable, pero que uno debe de terminar—. A la luz de los acontecimientos de hoy y todos los peligros que creo vamos a enfrentar, debo pedirte que me liberes temporalmente de mi promesa a renunciar de mi puesto con Noah. Esta situación va a ponerse mucho más imprevisible antes de resolverse. En este momento, no hay nadie en quien confíe para sustituirme, que reúna el respeto y el poder que tengo en la fuerza de Noah. Noah es un gran líder, pero más que erudito, es un guerrero. Tan temible como es en la lucha, no es ahí donde sus talentos y energías son mejor empleadas. Depende demasiado de mí para dirigir los temas de seguridad y defensa, y creo que si me marcho, resultará ser una ventaja para el renegado que buscamos. Antes dormiría en un ataúd de hierro, que dar tal poder a Ruth. —Elijah —susurró Siena suavemente, acercándose para enmarcarle la cara con las cálidas manos de largos dedos—. Si sirves a Noah, todavía me sirves. Si recuerdas, nunca te pedí que renunciaras a tu cargo. Hiciste la propuesta como un gesto, y fui honrada por ello. Precisamente, sé que habrías hecho tal asombroso compromiso por aquellos que no te conocen o aceptan aún. Estoy bastante impresionada por la sinceridad en la necesidad que tienes por ser una parte de mi vida y las vidas de mi pueblo. Ese sentimiento no cambiará. Además, tienes la intención de ser quién
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    eres, en laposición en la que estás, igual que yo. No querría que dimitieras, igual que no desearía que me pidieses que renunciara a ser Reina. Nos las arreglaremos —le aseguró—. Nos las arreglaremos con paciencia, y tanto rechazo a la tendencia de ruines comportamientos como nos sea posible. Y tienes razón, no es momento de extravagantes cambios. Habrá bastantes cambios como estos. Vive conmigo, ama conmigo. Todo lo demás, hazlo como estimes más necesario. Además —sonrío—, siento que pasaré grandes cantidades de tiempo entre los tribunales, tal como pienso que Noah se sentirá obligado a hacer. Como jefes, debemos dar ejemplo a los demás que nos observarán para orientarse sobre cómo olvidar las viejas cicatrices y prejuicios del pasado. —Observar enemigos de toda la vida unirse en un esfuerzo conjunto tendrá un impacto interesante. Creo que tu próxima propuesta podría ser un mejor servicio, coincidiendo con Damien. Normalmente ha sido apartado de otros Nightwalkers por tanto tiempo, como he oído decir de él, pero últimamente ha estado entre nosotros por propia voluntad. Mostró una extraña preocupación por tu vida por la que, personalmente, siempre estaré agradecido. —Elijah, no deseo hablar de asuntos de Estado todo el día. ¿Por qué tengo la sensación de que estás evitando que quiera hablar contigo? El guerrero liberó su rostro, distanciándose con una torpeza evidente. Se dio la vuelta y estudió las vidrieras de colores de formas artísticas, tan populares entre su gente, que rodeaban el dormitorio entero con sus muchas ventanas. Bajo la suave luz coloreada era un gran placer dormir, permitiendo precisamente el letargo que volvía a los Demons soñolientos, relajados y desahogados, arrastrándolos a un estado que les imposibilitaba protegerse, en caso de ataque o emergencia. Sin embargo, se dio cuenta mientras observaba a Siena por encima del hombro, que incluso esa delicada luz sería dañina para ella. Y si lo estaba usando para seguir evitando por el momento sus emociones, entonces que así fuera. Siena era consciente de sus pensamientos, pero también era consciente de que estaba usando su preocupación por la luz del sol como un escudo, evitando así que ambos descubrieran qué había perturbado su paz mental. Le observó con tenaces e imparciales pensamientos, mientras él cerraba
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    los ojos ydeslizaba oscuras nubes. Sonrió mientras la oscuridad caía sobre la casa. —¿Vas a mantenernos cubiertos de nubes todo el día? —No —sonrió ligeramente—. No soy capaz de seguir centrando mi poder mientras duermo. Creo que tal vez Gideon y Noah sean los únicos que no me sorprenderían si pudieran hacerlo. Estaba a punto de preguntarle que pensaba hacer, cuando la cubierta de nubes se dividió abruptamente, derramando una repentina e impresionante lluvia. Se giró ligeramente hacia ella y sonrió, dándole un presumido y sarcástico guiño. —Una vez le hice esto a Jacob. Le dije que podía mover la Tierra igual que él, y me retó a probarlo. —Cómo sabías que él haría. —Sip —Elías sonrío—. Así que hice caer una lluvia infernal, provocando que un barrizal cayera directamente sobre él. En ese instante, el barro comenzó a caer contra las ventanas, oscureciendo la habitación primero de un lado, luego del otro. La lluvia se detuvo para no lavar el lodo. La tierra húmeda había sido arrastrada desde el fangoso terreno para convertirse en un pequeño torbellino de polvo que arrojaba barro contra la casa como un perro mojado. Cuando éste se secara, formaría una perfecta máscara a prueba de luz. —Muy ingenioso —le felicitó con una media sonrisa, cruzando los brazos debajo de sus pechos, y golpeando con los dedos el antebrazo, mientras evidentemente esperaba a que se girara hacia ella y enfrentara sus pensamientos. —Sí, sí —Suspiró, finalmente enfrentándola al mismo tiempo que su curiosidad penetraba su mente. —No es propio de ti evitar compartir conmigo los pensamientos —Le reprochó. —En realidad, mis pensamientos no son un misterio. Has estado teniendo pensamientos muy similares —Elijah se movió para sentarse en la cama, estirándose para agarrarle la mano y acercarla hasta situarla entre sus rodillas y rodearle la cintura con los
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    brazos—. Estamos casados,gatita, y sólo sabemos lo básico uno del otro. ¿Cómo podemos esperar asumir el reto de sentar pacíficamente en la misma mesa a los Montague y a los Capuletos? Ella asintió brevemente, las manos acariciando suavemente los hombros. ¿A cuál de ellos estaba tratando de calmar?, No lo sabía con certeza. —Y ni siquiera hemos pensado en niños —añadió. —Ninguna de nuestras especies toma a la ligera los niños, pero no estoy de acuerdo en traer un niño a una unión en la cual los padres siguen siendo en muchos aspectos extraños el uno al otro. —En el supuesto de que seamos biológicamente compatibles, como para hablar de niños —recalcó ella. —Otro asunto —acordó seriamente—. La sucesión de tu trono... —... Está seguro en manos de Syreena, sin importar lo que pase —le interrumpió suavemente—. Tenemos tiempo de sobra para solucionar estas cosas. No puedes sentarte aquí, y tratar de resolver la lista de tareas que tenemos de una sola vez. Perdóname, pero estás pensando como un humano. Los humanos son diferentes, Elijah, porque no tienen innegables condiciones como la Vinculación. Esta condición nos ha impulsado a estar juntos, aunque somos poco más que extraños, pero no por ello es una desventaja. Quiero aliviar tu mente y decirte que estoy mucho más interesada en llegar a conocer más el uno del otro, que desesperada por cumplir con mi deber de obtener herederos. —Siento lo mismo —contestó serenamente. Cuando apartó de nuevo la mirada de ella, Siena suspiro exasperadamente y se puso de rodillas entre sus piernas, las manos cayeron sobre los muslos, apretándolos intentando conseguir su atención. —Elijah, ¿Podemos llegar justo a la parte que sigues evitando? —Le preguntó seriamente. —Maldición —Murmuró, dándole una media sonrisa irónica. —Sí, lo sé. Apesta tener una mujer en tu mente.
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    —Esa podría serla desconsideración del siglo —Elijah se estiró hasta acariciar con las yemas de los dedos su barbilla—. Necesito saber si estas dispuesta a mantener un hogar que este unido en corazón y espíritu, pero dividido por tradiciones —Concluyó finalmente. —Para empezar —le respondió suavemente—, nuestra casa ya esta unida en corazón y espíritu. No me dejarías decirlo, pero te lo diré ahora. Te amo, Elijah —Su voz se quebró, pero debido a la plenitud de la emoción, no por ningún tipo de incertidumbre—. No me importa si nos toma diez años o diez siglos conocer todos esos pequeños detalles que tanto te preocupan. He visto tu espíritu. Lo he sentido unirse al mío. Ahora sé que somos dos mitades de un solo ser. Un honorable guerrero, un feroz aliado, un poderoso líder y un cariñoso amante. Todo lo demás se convierte en pequeños detalles minúsculos, porque esto es todo lo que necesito saber de ti. Es tu esencia. Esto esculpe lo que eres y lo que haces, al igual que lo hacen conmigo —agarró una de sus grandes manos, la atrajo hasta su rostro y beso la palma, los ojos dorados parpadeaban con dolorosa intensidad—. Y te ruego que me perdones por ser tan cobarde y no habértelo dicho en nuestra noche de bodas, cuando necesitabas tanto intercambiar las palabras y los sentimientos conmigo —la rica voz inundada de ronca agonía—. Cuando pienso que podría haberte perdido sin que lo supieras, me avergüenzo de mí misma y dudo que aún merezca este precioso sentimiento. —Siena —repitió su nombre en un suspiro mientras la sostenía fuertemente contra sí. Elijah nunca había sentido tanta euforia como la que lo llenó al escuchar esas palabras de amor. Todo lo demás, las recriminaciones y la pena, no podían penetrar ese sentimiento. Casi la dejó sin aliento al tratar de acercarla completamente a su cuerpo—. Creo que te das cuenta de que soy demasiado terco y egoísta como para morir sin la satisfacción de escucharte decir lo mismo. Él la hizo reír, persuadiéndola a deslizar las manos alrededor de su cintura, acercándose aún más al pecho, exactamente lo que necesitaba y quería que hiciera. —Estaba tratando de tener un serio y cariñoso momento, pero realmente no creo que seas capaz . —Declaró con exasperación.
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    —Estaba siendo completamenteserio —le dijo, asegurándose de parecerlo. Siena sólo se rió de nuevo. —Pero debo decirte que... —Hizo una pausa, la voz llena de infinita dulzura y ternura—. Eres tan valiosa para mí —susurró contra su cuello—. Eres el corazón que late en mi pecho, mi alma mientras se mueve por mi mente. El aliento en mi cuerpo que tanto te fascina, es tu esencia que entra y sale de mí en una ola que me ahoga una y otra vez, hasta que no puedo respirar de lo mucho que te deseo. Que te necesito. Siena trató de respirar, pero su corazón estaba obstinadamente trabado en la garganta. Se lo estaba haciendo otra vez, haciendo que todo su ser se hinchara con emociones que iban más allá de su capacidad, los ojos quemando por las lágrimas. —Elijah —Le susurró contra el dorado cabello, las lágrimas que caían por sus mejillas se deslizaban por las delicadas mechas, mientras enterraba el rostro en su cuello—. Te amo. Voy a compartir tus tradiciones, al igual que comparto tu corazón. La Diosa te trajo a mí, tus tradiciones te ataron a mí de la misma forma en que las mías me ataron a ti. Si no fuera porque nuestras creencias se unieron como lo hicieron, quizás nunca hubiéramos conocido estos sentimientos. Nunca hubiéramos compartido este amor. Por supuesto que voy a respetar tus creencias y tradiciones. Están demostrando no ser tan diferentes de las nuestras. —Mmm —acordó, sonriendo contra su cabello mientras acariciaba suavemente los mechones—. Soy tan afortunado de tener una esposa tan sabia —le declaró—. Aunque confieso que estaba pensando en una tradición específica. —Cuéntame —le alentó. —Estaba pensando en la ceremonia de Siddah y mis responsabilidades en esa función cuando la bebé de Bella llegue a la edad adecuada —se apartó para ver su expresión—. Va a significar acoger a un niño. Un niño muy poderoso con capacidades muy singulares, si nuestra profecía es cierta. Veo una gran oportunidad de conocimiento, si compartiese nuestras vidas en una corte con diferente cultura. Pero renunciaría al rol de Siddah si esto te
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    preocupa demasiado. Entiendoque es una responsabilidad muy difícil. Aunque, confieso que me dolería mucho decepcionar a Bella y a Jacob de esa forma. —Nunca te pediría que hicieras tal cosa —le regaño Siena—. La crianza de los hijos es una responsabilidad que ambas especies toman muy en serio. Ella tendría mucha suerte de tenerte como mentor. Y aún más de tenerme a mí. Sonrió cuando se acercó para pellizcarla por impertinente. Siena le respondió deslizando las ardientes y audaces manos a lo largo de la espalda. Le sintió suspirar pesadamente, y supo que era porque su toque le relajaba tanto como sus generosas respuestas lo hacían. No tenía que preocuparse de tantas cosas a la vez. El tiempo pondría a cada cosa en su lugar. Él estaba cansado y debilitado por una batalla que hacia del futuro algo frágil, por lo que entendía su inquietud. También tenía una cura para ello. Mientras su cabeza se llenaba de pensamientos y preguntas, ella empezó a susurrar en su mente una suave letanía en su idioma nativo. Era suave, imperceptible en el clamor de esos pensamientos, y ni siquiera sabía con seguridad si conocía el idioma. Sin embargo, si él quería compartir tradiciones, este era una de las que estaba feliz de ofrecer. Normalmente, estas palabras se decían en voz alta a tu compañero. Siena tenía la ventaja de la telepatía para ayudarla, lo cual dejaba a su boca disponible para otras cosas. Comenzó a frotar la delicada boca contra su cuello, encontrando el ritmo de su pulso, sintiéndolo por un momento, ya que representaba el ritmo de la vida que corría a través de él. Luego abrió los labios y deslizó la lengua sobre esa constante vibración. Al instante, la atención de Elijah se concentró en un único punto de interés, desechando todo, excepto el aterciopelado deslizamiento de calor y humedad que lamía lentamente el trayecto de su carótida. El calor explotó como fuego en su mente, deslizándose sobre cada pulgada de piel, y finalmente, asentándose intima y ardientemente en su cuerpo. Ella se arrodilló entre los muslos, los increíbles senos presionados contra el pecho, y las manos resbalando por encima de los muslos.
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    Elijah sintió lainstantánea reacción que despertaba tan fácilmente en él. Soltó un agonizante gemido, mientras los dientes empezaban a juguetear en su cuello. Ella lo mordisqueó y sintió el rayo de erótico placer que llegó hasta el centro de su ser. Fue entonces cuando empezó a escuchar las palabras penetrando en su cabeza, en su lengua nativa, un idioma que había aprendido hacía mucho tiempo, como cualquier guerrero inteligente habría hecho. Tenía la suave cadencia del ruso, pero era mucho más antiguo que este, mucho más elegante, profundamente reflexivo, con las sexys y guturales consonantes de los Licántropos, y el movimiento de las lenguas que le daban a las palabras un sonido aterciopelado, casi como suaves gruñidos. Eres para mí. Soy para ti. Mi cuerpo es tuyo. Tu cuerpo es mío. Tócame. Saboréame... Elijah gruñó desde las profundidades de su alma, las palabras por sí solas eran una deliciosa tortura, pero las manos de Siena se deslizaban hacia el centro de sus piernas, acariciándolo en su doloroso confinamiento. Primero presionó los dedos a lo largo del duro calor que se encontraba debajo de la bragueta, luego la palma. Mordisqueó su cuello nuevamente. Se movió de manera que el sensual peso de sus senos se frotara contra su pecho, los pezones tentadoramente duros y excitantes se perfilaban bajo el vestido. Entonces, un latido después, estaba agarrando el borde de la camisa, sacándola de la cintura de los pantalones, mientras se levantaba para encontrar su boca. Elijah se inclinó hacia ella, atrapándole la boca en un salvaje y desenfrenado beso. Le volvía loco sus inclinaciones agresivas, era como una fantasía sexual hecha realidad. La sintió deslizándose delicadamente por sus pensamientos, descubriendo qué le gustaría, qué le haría perder el control. Sacó la camisa de sus brazos e inmediatamente rompió el beso para deslizar los labios por su garganta, la clavícula y a lo largo del vientre, hasta que se puso nuevamente de rodillas y él se había convertido en un ser lleno de ardiente excitación y necesidad. Las manos de Elijah acariciaron el cabello, las yemas de los dedos masajeando el cuero cabelludo con frenéticos movimientos. La sintió sonreír sobre su vientre, sabiendo que había sido arrastrado tan sutilmente en su trampa sorpresa, que difícilmente podía pensar. Le empujó sobre la cama, su cuerpo y boca siguiendo
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    el movimiento. Lasmanos se deslizaron sobre su cuerpo, mientras se inclinaba hacia adelante para lamer la tensa piel de los abdominales. Su cuerpo entero temblaba de necesidad, explotando por el inmenso calor. La piel se tensó duramente al sentir el raspar de los dientes, mientras sus labios empezaban a recorrer la dorada sombra de vello que desaparecía en la cintura de los pantalones. Sus dedos cayeron hábilmente sobre los botones de la bragueta, y finalmente fue liberado del tortuoso tejido apretado, para caer en las ansiosas manos. Siena escuchó el salvaje gemido, mientras le envolvía en sus dedos. Estaba duro y grueso por la necesidad. Necesidad de ella. Y no había forma en el mundo de describir lo emocionante que era. Cuán poderoso. Pero existían miles de formas de alimentar ese poder, de hacerlo crecer. Le acarició suavemente al principio, sólo con las yemas de los dedos, delineando los contornos de la aterciopelada piel sobre hierro. Le sostuvo, envolviendo ambas manos alrededor de él y deslizándolas por la longitud. La exclamación de Elijah de doloroso placer hizo eco por encima de ellos. Pero antes de que pudiera terminar ese gemido, deslizó la lengua sobre la delicada cresta y luego lo llevó hacia la caliente seducción de su boca. El guerrero se sintió como si hubiera sido golpeado por un coche. Estaba indefenso por las chocantes sensaciones; el abdomen y pulmones, una conflagración de tórrida necesidad. La boca era malvadamente caliente, húmeda, un hábil refugio que se apretaba fuertemente en torno a él. Sintió la sinuosa lengua, probándole con hambre, utilizando su sabor para excitarse a sí misma, hasta que su respiración se entrecortaba contra él. Elijah sabía que iba a matarlo. Su corazón estaba latiendo tan fuerte, que no le sorprendería si se saliera del pecho en cualquier segundo. Ella era implacable, demasiado ansiosa y llena de una impía curiosidad que era simplemente increíble. No podía soportarlo ni un segundo más. Siena sintió el apretón de unas manos en el cabello, deslizándola sobre su cuerpo, alejándola de la placentera exploración corporal. La acercó a su boca, y la atacó con un beso salvaje que la dejó magullada y sin aliento. Luego se desvaneció entre sus manos, y se sintió a sí misma desvanecerse segundos después. Un momento estaba allí y al segundo, era aire. Cuando pasó de nuevo a estado sólido, todas las ropas habían desaparecido
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    y Elijah latenia capturada debajo de su pesado y potente cuerpo. Ella se rió al ver el salvaje deseo ardiendo como fuego en los ojos esmeralda. —¿Te gusta tentarme? Era una amenaza, alta, clara y mantenida con un masculino gruñido lleno de intenciones. Devoró su boca en una interminable cadena de besos, aún cuando las manos recorrían indómitamente todo su lujurioso cuerpo. Llenó las manos con sus pechos, jugando con los sensitivos pezones, hasta que ella gritó en su boca, arqueando el cuerpo duramente contra él. Lo saboreó como un potente narcótico, sintiendo la quemazón de su dorada piel, oliendo la liquida excitación entre sus piernas. La sujetó ambas manos y las alejo de su cuerpo, capturándolas cruelmente y presionándolas con fuerza contra la cama. Dejando a su boca como único elemento de tortura, justo lo que deseaba. Abandonó esos besos adictivos y deslizo un húmedo camino por la garganta y esternón. En un segundo, capturó el pezón izquierdo con los dientes, labios y lengua, chupándolo dura y salvajemente hasta que la tuvo haciendo esos femeninos ronroneos de placer que tanto amaba. Instintivamente intentó liberar las manos, pero él se negó. Cambió a su otro seno y ella gritó. Elijah lamió el delicado punto rosa y dorado, lavándolo húmedamente, y Siena sintió un impulso casi malicioso de reírse en su mente. De repente una brisa soplo en la habitación. No cualquier brisa, sino una muy fría. Una ráfaga de aire casi congelado se deslizo sobre el humedecido y expuesto cuerpo de Siena y gimió ante la erótica sensación de frío y calor. Todo su cuerpo se estremeció y tembló mientras la brisa se alejaba. El cuerpo entero temblaba con una delicada vibración, y Elijah disfrutó de ello, mientras sustituía el frío con fuego, quemando un sendero hasta el ombligo y, luego, aún más abajo. Sus labios se deslizaron a través de los delicados rizos y, después, extendió la lengua para saborearla. Siena gritó salvajemente, las caderas impulsándose hacia arriba, tratando de alcanzar la aterciopelada sensación de esa lengua, aún mientras él seguía. Fuego. Un infierno explotó en su cuerpo, comenzando en ese punto central donde él hacia magia contra ella. No la liberó las manos, pero si cambió su agarre de manera que los dedos se entrelazaron. Ella estaba derramando calor y miel, y Elijah
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    adoraba su cuerpoaún cuando la dirigía al adormecido mundo de la prometida liberación. El cuerpo entero estaba bloqueado con la inminente liberación, incluso la pierna que había deslizado ciegamente sobre sus hombros para arrastrarlo más cerca, al no liberarle las manos. La tentaba implacablemente, amando los rudos y primarios sonidos de femenina necesidad que salían de ella. —¡Elijah¡ ¡Por favor! —Gritó, rogándole piedad. Él soltó las manos repentinamente, agarrando las caderas, y manteniéndola exactamente en la posición que quería tenerla. Sólo necesitaba deslizar su hermosa boca tres veces más antes que explotara. Ella emitió un lujurioso e interminable grito, sosteniéndolo incluso cuando la llevó más allá del placer. Fue implacable, no tenía elección. Las fuertes convulsiones de ese cuerpo, los gritos y, el sabor picante y caliente de placer que se deslizaba por su paladar era muy adictivo. El guerrero se quebró bajo la presión del placer de ella y la necesidad que sentía. Nunca antes había sido tan fuerte y violenta. Bramaba como una bestia en su interior, demandado satisfacción. Elijah agarró con ruda necesidad a su compañera que yacía débil de placer, sacándola de la cama y sosteniéndola con su duro cuerpo y rápidas embestidas que apenas le permitían mantenerse de pie. Sólo se detuvo cuando escuchó las manos golpear la pared, las mejillas apoyándose contra la lisa superficie, mientras sus caderas eran empujadas hacia él, el impulso levantándole los pies del suelo. Su aroma, duro y masculino, la cubría mientras la presionaba contra la sólida pared. Le sintió, duro titanio contra su trasero, mientras él se inclinaba para rozar los labios contra el cuello expuesto. —He deseado esto desde la primera vez que te vi —le confesó apasionadamente, el aliento un ardiente baño sobre su oreja y hombro—. Tan orgullosa y tan malditamente confiada. Inclinó las caderas con las callosas manos y se resbaló contra los húmedos pliegues de carne femenina. Estaba lo suficientemente caliente como para quemarla, y Siena lanzó un grito. —En ese momento supe que eras la mujer más sexy y caliente que he conocido. Me pusiste duro, me quemaste con esos altivos y
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    dorados ojos, ytodo lo que quería hacer era agarrarte, tirarte contra una pared, y... La penetró en un violento golpe, enterrándose completamente en el centro de un feroz, caliente, inimaginablemente apretado, dulce y pegajoso cielo. Siena, estaba sumergida en tanto placer que, sentirlo la llevó a un orgasmo instantáneo, soltando un gemido largo y fuerte mientras la ferocidad de su necesidad la sobrecogía. Elijah la sintió convulsionar alrededor suyo, sus músculos ondeando violentamente, debilitando su control. Su placer le obligaba a liberarse, pero no renunciaría a su fantasía tan pronto. Ella había provocado esto, y ella lo aceptaría. No había otra solución. Gruñó hacia dentro como una tempestad, un huracán salvaje que quería arrasar con todo lo que caía en sus manos. Y sus manos estaban sobre ella. El pecho presionado contra su espalda, la boca descendiendo abierta contra su hombro, las manos sosteniendo sus caderas para que pudiera retirarse y regresar con una salvaje fuerza de creciente necesidad y deseo profundo. Siena lo sintió, la necesidad, el impulso y el movimiento del cuerpo en su interior. Cada movimiento, cada pensamiento era erótico para él, porque era ella, y le sorprendía su propia necesidad. —La primera vez que te vi —le susurro, mientras él comenzaba a buscar el ritmo—, no podía evitar preguntarme. Tu tamaño y estatura, tus manos eran tan grandes y tan callosas, que quería saber cómo se sentiría el ser sostenida por ellas, contra tu cuerpo, conocer la sensación de tus poderosas piernas…! Siena soltó un estrangulado grito cuando Elijah encontró ese dulce lugar, el entendimiento inmediatamente inundando sus pensamientos, y al instante incorporado al profundo ritmo de los empujes. Ya no podía hablar, o pensar. Ni siquiera podía sostenerse. Elijah controlaba cada uno de sus movimientos y lo hacia magistralmente. Eres tan apretada, gatita. Aparentemente, él tampoco podía hablar, e incluso sus pensamientos eran un largo gruñido de placer. Siena se introdujo en su mente, en la salvaje neblina de necesidad animal y de casi cruel dominación. Eso lo entendía. Oh, lo entendía muy bien. Posesiva
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    territorialidad. Ella erasuya, y él se iba a encargar de que ella y todo el maldito mundo lo supiera. En ese momento unos dientes perforaron su hombro. En parte era para mantenerla en su lugar y, en parte, una marca distintiva. No pudo evitarlo. No pudo retener la brutalidad de su cuerpo mientras embestía fuerte y duramente contra el de ella. Sus movimientos se volvieron más rápidos, ella daba gritos de éxtasis, y él pudo sentir esa cegadora fuerza en su mente y cuerpo, incluso antes de que la sintiera agarrarse contra él, implacable y firme, todo su ser temblando alrededor. La mantuvo allí, sosteniendo la cabeza contra su hombro, mientras le ensordecía con sus increíbles gritos, hasta que no pudo soportarlo un segundo más. Llego a la cima, explotando dentro de ella como una violenta bomba, empujando profundamente y gritando al cielo, que le contestó con un furioso trueno. Ambos cayeron al suelo, en una maraña de extremidades, sudor, y falta de voluntad para moverse, aunque fuera un milímetro. Luchaban por respirar, incluso Elijah era incapaz de regular sus necesidades de oxígeno en ese momento. Una mano descansaba floja contra su pecho, la levantó para besarle la palma. Al instante vio la enorme forma de un moretón con ampollas. Se sentó súbitamente, buscando la otra mano. También estaba herida. Como saliendo de una violenta y confusa tormenta, miró a su compañera. —¡Siena! —La agarró, acercándola. ¿En qué había estado pensando? Acababa de salir de la cama en la que estuvo confinada por su enfermedad, agotada por la batalla. Y ahora yacía maltratada, magullada y con ampollas. Y mordida. No te olvides de mordida si vas a usar todos los adjetivos posibles. El sarcástico pensamiento instantáneamente alivió su apremiante culpabilidad. Conocía ese tono lo suficientemente bien, como para saber que estaba en perfectas condiciones. Estaba considerando seriamente apartarla de su regazo para que cayese sobre su trasero. Siena abrió los ojos ampliamente
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    —¡No te atreverías! —¡No me retes! —Replicó— ¡Maldita sea, mujer, destruyes mi cordura! —Bueno, necesitas aprender a no preocuparte tanto. Unas cuantas marcas de amor y magulladuras forman parte del juego para los Nightwalkers —Se acercó para calmarle con un cálido y ardoroso beso—. No es nada comparado a la forma en que me haces sentir cuando me haces el amor de esa manera —murmuró con los ojos dorados brillantes de placer. Elijah se sentía más tranquilo. Se levantó y la ayudó a levantarse con un movimiento parejo. Agarrándola contra él tan fuertemente que ambos cayeron a la cama. El Capitán Guerrero puso a su esposa debajo de él, presionándola contra el colchón con su peso. Se inclinó para la capturar los labios, y la besó hasta que sus hermosas mejillas estaban coloreadas de un intenso rosa. —Antes que salga el sol, estoy decidido a volver a esa parte sobre mis poderosas piernas —dijo sedosamente contra los húmedos y sonrientes labios.
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    CAPÍTULO 20 —Niña de la noche, que caminas en la noche, bien amada de la noche… Nosotros te damos nombre. Elijah avanzó mientras alargaba una mano hacia Isabella, dejando que su hija le agarrara con fuerza de uno de sus dedos. Legna se adelantó e hizo lo mismo. —Te llamamos Jacina —dijo Isabella con firmeza—. Este es tu nombre de poder, conocido sólo por cuatro de nosotros. Este será usado para cuidarte, disciplinarte y formarte en un orgulloso reflejo de la más nueva generación de nuestra gente. —Te llamo Leah —dijo Jacob, tocando a su bebé suavemente en la frente oscura—. Este es tu nombre de llamada, hija mía, el cual muchos usarán para hacerse tus amigos, tus profesores y, un día, inscribir tu vida en la historia donde te distinguirás con grandeza. —Nosotros somos Siddah —entonaron Legna y Elijah al unísono—. Te acogeremos, Jacina. Te atemperaremos con amor y te formaremos con respeto y orientación acorde a las tradiciones de nuestra gente. Siempre te amaremos como nuestra, Leah. —Bendito sea el Destino —dijo Elijah, sonriendo de repente de oreja a oreja. —Ella es la primera niña de una nueva era para tantos de nosotros —suspiró Legna con satisfacción, estirándose para abrazar a los orgullosos padres afectuosamente. —Y en modo alguno el último —concordó Isabella, tocando el vientre de Legna con una sonrisa. —Venga. Mi desposada ha dispuesto un banquete según nuestra tradición —dijo Elijah reuniendo al grupo mientras los alejaba del altar en lo profundo de los bosques rusos. Había nevado antes y hacía demasiado frío como para que para el bebé permaneciera fuera durante mucho tiempo, aún cuando estuviera arropada cálidamente contra el pecho de su madre.
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    —Un Licántropo dandoun banquete Demon —se rió entre dientes Jacob—. Jamás pensé que vería este día. —Tú nunca pensaste que Elijah se casaría —bromeó Isabella, dando un codazo al guerrero. —Pásame a mi hija adoptiva antes de que tú, remolona, la dejes congelarse hasta morir. Elijah arrebató a Leah de su madre y desapareció dentro de enérgicos remolinos. —¡Elijah! —gritó Bella tras él—. ¡Te voy a dar una patada en el culo! —La va a echar a perder de mala manera —predijo Legna. —Y me lo dices ahora —ironizó Bella. Elijah se materializó delante de su esposa con la bebé acunada en el pliegue de su brazo. Siena estaba vestida con la indumentaria protocolaria, resplandeciendo literalmente de oro en el vestido de seda corto que llevaba puesto, sus ojos encendidos y su piel luminiscente. —Nuestra hija adoptiva, supongo —fue su bienvenida afectuosa alzándose de su trono. Su collar centelleaba con la lámpara de gas cuando ella se movió para tocar a la niña que su marido sostenía. Elevando su boca hacia la de él, le dejó besarla con la delicadeza que sabía que nunca dejaba de asombrar a la corte que todavía estaba acostumbrándose a la visión de su antiguo enemigo al lado de su Reina. —Mi Señora Reina, ¿puedo presentar a Leah, hija de los Ejecutores? —Hola, Leah —dijo ella suavemente, sus ojos centellaban con súbita picardía cuando alzó la vista hacia Elijah—. Pareces alarmantemente natural sosteniendo un niño, esposo mío. —Ni se te ocurra, gatita —le advirtió con una sonrisita. —No. No lo haré —aseguró. Entonces pasó sus suaves y delicados dedos sobre el cuero cabelludo ligeramente peludo del bebé—. Al menos… no durante unos meses todavía. El aliento de Elijah se congeló en su pecho y ella sintió el escalofrío de conmoción que se precipitó a través de él. Echando la cabeza hacia atrás, ella se rió con tanta fuerza que todos en la estancia se dieron la vuelta para mirarla.
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    —¿Dije meses? Queríadecir años —corrigió ella, riéndose tan intensamente que se le llenaron los ojos de lágrimas. —Eso no tuvo gracia —le gruñó él. Ella le ignoró, pasando por delante suyo para saludar a sus invitados Demon que acababan de llegar, con una combinación de abrazos y unos cuantos besos formales en las mejillas. —Venid y sed bienvenidos. Mi gente y yo os saludamos a todos —anunció ella en voz alta, abriendo sus brazos efusivamente hacia el descomunal banquete festivo—. Permitidnos celebrar el bautizo de esta hermosa niña. Y dejadnos brindar por nuestro futuro, ya que tan seguro como que el nombre de esta niña nunca cambiará, nuestro futuro nunca será otra vez el mismo. Mientras Elijah miraba como ella avanzaba, regia anfitriona de la cabeza a los pies, él cerró los ojos y se deslizó cariñosamente en su mente, asegurándose de que supiera sin ninguna duda que su amor por ella crecería incluso más de lo que ya lo hacía en aquel momento. Siena se giró para mirarlo mientras sus ojos verdes pálido se abrían en un parpadeo. Estiró la mano para tocarse el cuello distraídamente, sonriéndole mientras lo hacía. Yo también te amo, guerrero, le susurró en sus pensamientos. Quizás más de lo que cualquiera de nosotros sabrá jamás. Yo lo sabré, le corrigió él. Siempre lo sabré.
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    DAMIEN: THE NIGHTWALKERS. —¡Arriesgaste tu vida por la mía como si no tuvieras ninguna responsabilidad para con una raza entera! ¡Eso fue estúpido y ridículo! —Eso habría sido un error mío —respondió Damián bruscamente—. No estoy acostumbrado a que la gente critique mis acciones, Syreena. —¡Bien, quizás deberían hacerlo! ¡Nunca hubiese permitido que Siena hiciera una cosa tan tonta! —¿Oh, de verdad? ¿Justo como impediste que ella casi muriera por su marido? Fue como si retorciera un cuchillo en un punto muy sensible para ella, y él lo supo al instante por la expresión en sus ojos. Entonces comprendió que ella realmente se culpaba por el encuentro cercano que su hermana había tenido con la muerte el pasado octubre. —¿Se supone que debería dejarte morir desangrada, Syreena? —preguntó sosegadamente, tratando de enmendar con el bálsamo de sus palabras el dolor que la había causado—. ¿Por qué estas tan deseosa de valorar mi vida por encima de la tuya? —¡No soy tan especial como para que un pueblo entero deba ser privado de su monarca por mí! —Afortunadamente para ti, discrepo de esa afirmación. Damián entendió, sin embargo, que había algo más allá en sus palabras además de su inmediato desacuerdo. De todos modos, no lo entendía. Nunca la había considerado como alguien que se desvalorizara a sí misma. Ella le miró durante un largo momento como si se hubiese vuelto completamente loco, sus ojos confusos buscaban en él una respuesta y una lógica que simplemente no estaba dentro de su comprensión. Entonces, sin saber por qué, se inclinó hacia delante y lo besó.
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    Damien se quedópasmado durante un momento ante el atrevido e ilógico acto, sus manos de manera refleja la rodearon los brazos mientras la boca caliente de ella presionaba suavemente la suya. La mano no vendada subió para posarse contra la mejilla de él mientras los tercos ojos de ella se deslizaban cerrándose por un momento largo y doloroso. Él sintió, y luego saboreó, la sal de sus lágrimas. Ella se apartó, sólo un par de centímetros, con el cuerpo tembloroso bajo sus manos mientras él observaba sus ojos llenos de emociones y sensaciones confusas y conflictivas. —¿Por qué lo hiciste? —Porque… —se interrumpió cuando un sollozo se agarró a sus palabras—. Porque esto es un cuento de hadas, Damien. Y en un cuento de hadas, la Princesa siempre besa al Príncipe que la rescata. Era una cosa encantadora e ingenua viniendo de ella. Era una mujer de gran sabiduría, fuerza asombrosa y un sentido de la lógica que negaba cualquier espejismo de candidez, sin embargo, quiso mostrarse como una esperanzada idealista a fin de expresar su gratitud. Él se dio cuenta de que esto era una grieta meticulosamente protegida en su modo de ser, al cual muy pocas personas tenían permitido el acceso. Esto significaba más para Damien que las más profusas y elocuentes palabras de cualquier idioma. —Syreena… —hizo una pausa para aclararse la aspereza en la garganta—. No soy ningún héroe —la dijo con ruda tranquilidad—. No deberías convertirme en uno. Ella desafió la declaración silenciosamente con un beso. Esta vez Damien lo vio venir, pero esto no hizo que estuviera mejor preparado. Esta vez no era una expresión rápida y simple de gratitud impulsiva que ella quisiera dar. Él sabía que esto era un poco diferente, y a un nivel instintivo. A pesar de la voz de la razón que sonó estridentemente en su cabeza, Damien se permitió el lujo de disfrutar con la sensación de sus labios. Con la guardia baja y con tan poco tiempo para pensar en ello, devolvió la intimidad con igual calor y medida. De un latido del corazón al siguiente, sus manos encontraron el camino dentro de su pelo hasta la parte posterior de la cabeza de ella, las yemas de los dedos se deslizaron lánguidamente sintiendo el calor de su cuero
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    cabelludo, consciente detodo lo que ella había pasado y sufrido y no queriendo de ninguna manera causarla un momento de dolor adicional. También Syreena deslizó los dedos hasta una posición en que le sostenía la cabeza, por si acaso él pensara discutir con ella sobre sus deseos en esta cuestión. Los oscurecidos ojos de él miraban directamente los suyos, buscando cosas más allá de la compresión de ambos. Ella encontró su fija mirada con ojos llenos de seguridad y fuerza. Sabía lo que quería, sorprendentemente, sin una sola duda o segundo pensamiento. Este momento, aquellos fascinantes ojos le enviaron un mensaje a él, debía ser precioso para ambos. El siguiente momento vendría demasiado pronto. Pero este momento… Este momento era para dar las gracias, para la gentileza, y sobre todo, para sentir algo que no contenía ningún dolor, lucha, o ramificaciones inmediatas. Simplemente sería lo que era.