Las dos características de la verdadera adoración según Jesús son: 1) En espíritu, es decir, adorar a Dios sin imágenes o rituales, sino de manera espiritual directamente al Espíritu de Dios. 2) En verdad, o sea, no concentrarse sólo en el culto externo sino en vivir la fe todos los días de forma coherente con la voluntad de Dios. Jesús terminó con la idea de que la adoración debe ser en un lugar físico determinado.