El documento discute varias respuestas erróneas comúnmente dadas a la pregunta de cómo alguien puede ser salvo: 1) solo por la oración del individuo, 2) solo por la oración de otro en su nombre, 3) por un milagro. La Biblia en realidad enseña que uno es salvo al arrepentirse de los pecados, confesar fe en Jesucristo y ser bautizado.