Verónica decide suicidarse tomando pastillas para dormir debido a que siente que su vida será aburrida y monótona. Es internada en un manicomio llamado Villete donde el doctor le informa que le queda una semana de vida debido a complicaciones cardiacas causadas por las pastillas. En Villete, Verónica conoce a otros pacientes como Zedka y Mari, y se enamora de Eduard. A pesar de estar al borde de la muerte, Verónica experimenta por primera vez emociones como el amor y la esperanza, lo que la motiva a