La hermana Carmen Becerra vivió en Barrancabermeja y buscó a Dios en varias iglesias hasta que escuchó una voz que le dijo que buscara la Iglesia de Jesucristo. Esperó pacientemente durante 11 años a que los misioneros fueran a su casa, manteniendo su fe a pesar de las dificultades. Finalmente los misioneros llegaron y ella se bautizó, cumpliendo con pagar diezmos y ofrendas de ayuno a pesar de sus limitados recursos.