Zaha Hadid fue la primera mujer en ganar el prestigioso Premio Pritzker de arquitectura en 2004. Su arquitectura se caracteriza por una combinación de continuidad y distorsión que incorpora múltiples puntos de vista fragmentados y geometría fluida, diseñada para reflejar la caótica fluidez de la vida moderna. Sus propuestas arquitectónicas se despliegan como aplicaciones de un código visual propio mediante objetos plásticos en disposiciones reversibles y cambiantes que estudian el entorno de manera gráfica