El movimiento Metabolista fue una corriente arquitectónica japonesa posterior a la Segunda Guerra Mundial que promovía el diseño de edificios y ciudades flexibles, desmontables y capaces de adaptarse orgánicamente al crecimiento y cambio constantes. Sus principales exponentes fueron Kenzo Tange, Kisho Kurokawa y Arata Isozaki, quienes diseñaron obras emblemáticas aplicando sus principios de metabolismo orgánico y flexibilidad estructural.