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Un análisis crítico del papel de la psicología en la sociedad contemporánea y su relación con la ciencia

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    ¿Es la psicología una ciencia? ¿Es la psicología una ciencia? Document Transcript

    • 1¿Es la psicología una ciencia?Gracias a la libertad de expresión y a la revolución técnica de los medios decomunicación, los gritos de los chiflados y de los charlatanes se oyen enocasiones con mayor fuerza y claridad que las voces de los científicosMartin GardnerMg. Dante Bobadilla RamírezUniversidad de San Martín de PorresLima - Perú¿Es la psicología una ciencia? Hablemos de esa psicología que todos conocena través de los medios de comunicación. ¿Es esa psicología una ciencia? Yocreo que no. Una afirmación de este tipo puede actuar como un pinchazoque provoca asombro, escándalo, quizá hasta indignación en ciertos sectores.Sin embargo estoy convencido de que no se trata de ninguna herejía. Intuyoque lo sospecha todo el mundo. La idea flota en el aire y solo hace falta algode serenidad para dejarla reposar sobre suelo firme. La psicología de losmedios no es una ciencia. Al menos no en el sentido habitual en el que seconsidera una ciencia. Las razones son diversas e intentaremos echar unvistazo a algunas de ellas en este breve artículo.En principio, si una disciplina es incapaz de explicar con suficiencia yexactitud, y, sobre todo, de un modo unívoco, la materia que se precia deestudiar, sería mejor que abandonase la pretensión de ser una ciencia; y siotras disciplinas abordan su campo de estudio y logran explicarlo con mayor
    • 2credibilidad, aunque sea con la misma incertidumbre, es obvio que suautoridad académica y epistemológica quedan muy reducidas ycuestionadas; y su prestigio, mellado. Lo que se espera de una ciencia es quesea infalible, exacta, es decir, que podamos confiar en lo que dice "a cienciacierta". Alguien dirá que hay ciencias que no son exactas, especialmente lassociales, pero esto no es del todo cierto por dos razones puntuales: primeroporque estas ciencias son bastante precisas en cuanto a lo que se exige y seespera de ellas; podemos estudiar, por ejemplo, una cultura con bastanteaproximación desde todo punto de vista y nos basta para entenderla yconocer sus formatos racionales; segundo, porque algunas exactitudes sonverdaderamente irrelevantes. La economía, pese a estar sujeta en granmedida a los vaivenes del comportamiento humano, ha demostrado serbastante exacta en sus predicciones y acertada en sus recomendaciones,dentro de lo que puede estar a su alcance. Se sabe qué clase de economíasfuncionan bien y cuáles andan mal siempre. Las variaciones económicasgeneralmente obedecen a factores de carácter psicológico, como lasespeculaciones de precios y los temores, expectativas y gustos de la gente,manipulación ideológica, etc. lo que tendría que estar explicado ypronosticado por la psicología más que por la economía.En suma, también las ciencias sociales son bastante exactas y gozan decredibilidad, pues, como sabemos, hay muchos científicos socialesasesorando gobiernos junto con publicistas, periodistas y a veces hasta conastrólogos. En cambio no hay psicólogos cumpliendo esta función, lo queresulta incongruente considerando que la psicología es "la ciencia queestudia el comportamiento humano" según el consenso general, aunque yo
    • 3no estoy de acuerdo con tal definición. Lo que cabría esperar enconsecuencia es que estuviera cumpliendo un papel fundamental de asesoríaen los gobiernos. Sin embargo no es así precisamente por la escasacredibilidad que merece esa psicología que estudia el comportamiento. Lafalta de precisión en la psicología del comportamiento es un tema que sesoslaya pero no se olvida, se calla pero no se perdona. Para cualquier cienciaque se respete, la precisión, la exactitud en su campo es fundamental y surazón de ser. Tal vez tendríamos que asumir esta situación como una pruebaconcluyente de lo difícil que resulta la misión emprendida por esta psicología,pues, en efecto, estudiar el comportamiento del ser humano es la tarea másdesconcertante que se puede emprender. La razón es bastante simple perono lo expondré en este artículo. Bastaría decir que el solo hecho de que cadasujeto humano sea capaz de tomar decisiones por su propia cuenta en mediode escenarios azarosos y circunstancias aleatorias, elimina toda posibilidadde estandarización de respuestas con fines predictivos. Por tanto essumamente limitado el rango de exactitud que pueden ofrecer laspredicciones sobre conductas humanas.Podría todavía alguien argumentar que aun la geología o la astronomía soninexactas; pero ello es debido a limitaciones de orden tecnológico. Por lodemás, en determinadas ocasiones la falta de exactitud es igualmenteirrelevante. Por ejemplo, el cálculo de que el sol se extinguirá en cinco o enveinte millones de años es algo con lo que podemos vivir más o menostranquilos. Pero si una disciplina que se precia de estudiar y explicar laconducta humana científicamente, no puede decir con precisión cómo tratarexactamente a los hijos para que sean hombres exitosos, qué características
    • 4debe tener la educación pública para producir buenos ciudadanos, por qué sesuicidan los adolescentes, cómo reducir los niveles de agresividad en lasociedad, cómo rehabilitar a los delincuentes, cómo asegurar que un sujetono cometerá un delito, o por lo menos estar en condiciones efectivas deestablecer cuándo una persona está realmente chiflada para que no puedaacceder, por ejemplo, a un puesto público importante, es algo que con justarazón motiva inquietud, desazón y decepción. No hay pues ciencia que nosdiga eso.Se espera que una ciencia tenga suficiente autoridad para opinar y la opiniónde una ciencia tendría que ser una, no dos ni tres distintas. En el campo de lapsicología a menudo estamos a merced de un psicólogo que con muchasuerte comparte su opinión con otro de su misma tendencia profesional. O amerced de autores que de pronto nos sorprenden con una tesis novedosa,efectista, que nos amplían la terminología profesional acuñando no solonuevos términos sino además cambiando nuestros conceptos tradicionales,para terminar finalmente fundando su propia religión, escuela o empresa.Ciertamente no existe una opinión formal de la psicología corriente respectode casi nada; todas son solo opiniones de autores, de tal manera la psicologíatermina siendo así, más que una ciencia, un club de autores. Es verdad queen muchas disciplinas los autores han formulado teorías diversas, mas estaseran, al fin y al cabo, convergentes, se sumaban o se restaban anulándose oacoplándose unas con otras, y al final se acercaban al punto esclareciendomás el panorama. En la psicología, en cambio, las opiniones son divergentes,se multiplican, se dividen, se esparcen enrareciendo el ambiente y alejándosecada vez más del tema en cuestión, enredándose en su propia telaraña,
    • 5creando todo un metalenguaje propio en el transcurso para terminarfinalmente discutiendo en la estratosfera, ya no sobre el ser humano enconcreto, sino sobre la mitología particular que acaban de inventar,preocupados no en explicar mejor al fenómeno humano que estaba enestudio, sino en hacer factible su sistema conceptual corrigiendo sus errores,desatando sus contradicciones y tratando de cubrir los agujeros. Así es comose construyeron las grandes escuelas de la psicología del siglo XX, empezandopor el psicoanálisis, cuyo legado final fue un cúmulo de conceptos confusos ymetodologías interpretativas sumamente curiosas y muy cuestionables.La otra gran dificultad de la psicología del comportamiento para ejercer comociencia es que su campo de estudio parece ser el campo de todo el mundo.Cualquier persona se siente en aptitud para opinar sobre las personas y lavida, sobre cómo criar a los hijos y de qué manera alcanzar el éxito y lafelicidad. No solo distinguidos profesionales de otras disciplinas del saberhumano, sino incluso periodistas, artistas y hasta el ama de casa. Recorrer lasección de Psicología en cualquier librería es hallar un sin fin de libros del tipo"Cómo lograr el éxito" y "El camino de la felicidad", los cuales a menudo sonverdaderos "best sellers" de supermercado. A menudo nos desconciertaencontrar a algunos pilares del pensamiento humano codeándose en losanaqueles con personajes que ocupan los sets de televisión pararecomendarle a la gente las maneras de mantener viva la pasión de la parejao qué clase de juguetes regalarle a los niños, y que aún no dudan en publicarsus diálogos telefónicos radiales con el público cual si fueran tratados depsicología, cuando apenas se limitan a responder de una manera vaga yescueta (como no puede ser de otra forma) a preguntas concretas sobre
    • 6sexualidad, infidelidad y otros temas de la vida cotidiana. Sorprende tambiénver la cantidad de títulos y la variedad de criterios que pueden acomodarsebajo el rótulo de "psicología". Ante tal panorama, solo cabe reconocer queuna disciplina que no puede delimitar sus fronteras, ni imponer un métodoválido de estudio y enfoque sobre su campo de acción para diferenciarla delas simples opiniones, parece estar seriamente incapacitada para ejercer laautoridad de una ciencia.Hoy más que nunca en toda la historia de la humanidad, nos movemos en unambiente de confusión total con respecto al estudio del ser humano. Portodos lados surgen corrientes nuevas de pensamiento, tendenciasideológicas que van desde el lado místico hasta el lado mágico, desde elextremo espiritual y ocultista, hasta el modelo absolutamente materialista,hedonista e inmediatista, el carpe diem, "la vida es hoy", "si te gusta hazlo",proclaman. Se inventan fórmulas novedosas de curación, técnicas inauditas ysorprendentes que prometen curas definitivas y maravillosas, ofrecenponernos en contacto con la energía del universo, acomodarnos en equilibriocon el cosmos, sentir la fuerza de la madre tierra, etc. Naturalmente, la gentenecesita ayuda, busca respuestas y a menudo espera que estas sean fáciles y,sobre todo, confortables. Si son baratas, tanto mejor. La cultura delconsumismo está siempre atenta a detectar las necesidades de las personaspara satisfacerlas de mil formas. Hay una oferta al alcance de cada gusto y decada bolsillo. El problema para la psicología es que todas estas corrientesteóricas y técnicas de tratamiento buscan refugiarse bajo su carpa y lereclaman ser reconocidas como miembros de la familia. Lo peor de todo esque en muchas ocasiones la psicología accede. Tarde o temprano, aquello
    • 7que en un principio se observaba con recelo y se dudaba de su consistenciacientífica, acaba siendo admitida, más por la fuerza de su aceptación popularque por su carácter científico real. Esto ocurrió con el Análisis Transaccional,la "psicología transpersonal", la Bioenergética, etc. y también ha ocurrido conla Programación Neurolingüística, para mencionar solo tres ejemplos. En unarevista del Discovery Health puedo leer un artículo titulado "La psicologíaacoge nuevas terapias" donde se mencionan en detalle técnicas como la"barroterapia", "gemoterapia", "cromoterapia", etc. ¿Será cierto que lapsicología ha acogido todas estas técnicas? ¿Estarán ya enseñándose en lasfacultades de psicología? Por lo menos a mi me sorprende todo este universocurativo y abarcador de la psicología cotidiana y mediática. No recuerdohaber estudiado en la Facultad nada que me hiciera un experto en la vidacotidiana, como suelen mostrarse hoy los psicólogos. Esto ha llevado a quelas personas confundan el rol de los psicólogos con simples consejerosfamiliares.Toda ciencia tiene sus fronteras bien definidas y se sabe qué está dentro yqué está afuera. La psicología carece de estas fronteras. Algunos planteanconvenientemente que todo aquello que pueda servir al ser humano debeser acogido por la psicología. La pregunta que surge entonces es: ¿En qué vaa terminar convertida la psicología bajo este criterio? La concepción popularde la psicología es, cada vez con más fuerza, la de un club de sanadores detodo tipo, pero la sensación más difundida es la de un gran misterio en tornoa su actividad concreta. Algunos términos y conceptos del psicoanálisis sehan difundido a través de los medios y la gente habla del Complejo de Edipo,aseguran que existe una competencia entre padre e hijo por el amor de la
    • 8madre, situación que podría explicar algunos homicidios, según algunospsicólogos adictos a salir en los medios; buscan la causa de cualquierproblema en el pasado remoto de las personas, en su relación temprana consus progenitores, afirman que la mujer golpeada busca esa relación porque laacerca a su padre o porque no ha conocido otro tipo de relación, como si sucerebro estuviese formateado en un sentido dado y su vida fuera unacondena inevitable. La lógica convencional de una cultura cientificista esaplicada torpemente al ser humano para enunciar criterios estandarizantesque llevan a enunciar "axiomas" en torno a cómo son exactamente los hijosúnicos, cuáles son las etapas por las que pasan las personas que rompen unarelación de pareja, qué sienten los hijos de padres divorciados y qué lesaguarda en el futuro, sin escapatoria, entre muchos otros axiomas bárbaros.Y todos son enunciados "científicos", leyes universales que deberíancumplirse, pero que sin embargo, curiosamente, la realidad se resiste aacatar. ¿Por qué los psicólogos del comportamiento no modifican sucomportamiento profesional luego de contrastar sus tesis con la realidad? Esmuy claro que sus teorías no son ciertas. Es lamentable oír decir, porejemplo, que si un padre fuma o bebe sus hijos serán fumadores o bebedorescuando los hechos no confirman esa teoría. Los hijos son perfectamentecapaces de tomar sus propias decisiones y pueden o no seguir el mal ejemplode sus padres. De hecho no existe una continuidad trágica en la vida de laspersonas como si estuvieran condenadas a copiar a sus padres. Tampoco esposible sostener que un padre que fuma no puede decirle a sus hijos que nofumen. Puede hacerlo ya que un mal ejemplo es a veces más efectivo que unbuen ejemplo.
    • 9Alguien, me parece que Fromm, decía con su habitual lucidez que cuandouna persona se acerca a otra en busca de ayuda, ya ha elegido el tipo deayuda que desea recibir. Una persona escoge a quién acudir y lo hacesabiendo, aunque sea veladamente, lo que recibirá de él o de ella, sea esteun profesional, un sacerdote, un chamán o la vecina. Antes de oír ya escogiósu ayuda. A menudo lo que buscan es una ayuda práctica, inmediata, de pococompromiso personal, que actúe al margen de sus limitaciones, mucho mejorsi es mágica o divina. Ni siquiera importa si es una ayuda en verdad efectiva.Solo basta con sentirse auxiliado por alguien o algo con cierto poder oautoridad, verdadero o supuesto. Pero este es un poder que le otorga lapropia persona que va en busca de ayuda. Esta autoridad no es pues algointrínseco, que brilla por sí misma como una placa de bronce en quien brindala ayuda, sino que se la confiere la persona necesitada, el desesperado, elsufriente. Hoy existe un sin fin de disciplinas que compiten por ganarse esaautoridad. Y en medio de todo ese tumulto se ubica la psicología, aun conciertas pretensiones científicas, reclamando en voz apagada la autoridad queha perdido hace mucho por su propia inconsistencia.¿Por qué la psicología, siendo una ciencia como se dice, tiene que competircon otras actividades de menor rango pero -en el peor de los casos- a vecesincluso de mayor prestigio y credibilidad? Escucho en la radio a una psicólogaque aconseja a los padres hablarles a sus hijos que aún se encuentran en elvientre de la madre, es decir, hablarle al embrión o al feto pues, según ella,esto beneficia su desarrollo y el niño gozará de mayor estabilidad emocional.Recomienda incluso hacerle escuchar (al feto) a Beethoven. Luego cabríapreguntarse si esta es una afirmación científica. ¿Existe un estudio, una
    • 10investigación realizada bajo los cánones y rigores de la ciencia, quedemuestre claramente la veracidad de esta afirmación? ¿O es una meraespeculación? ¿Puede el feto "escuchar" efectivamente a través de lasparedes uterinas y el líquido amniótico la voz de su padre y reconocerlo? ¿Suaparato auditivo está ya operando? ¿Su cerebro está ya en condiciones deprocesar los sonidos, si es que pudiera percibir alguno? Los neonatólogosdicen todo lo contrario; recomiendan incluso mantener al recién nacido ensilencio y bajo penumbra durante la primera semana al menos, porque el serhumano, a diferencia de otros mamíferos, al nacer no cuenta con todas susfunciones operativas, todavía debe acabar su desarrollo extrauterinamente.Sería más correcto aconsejar a las embarazadas no fumar, no drogarse, evitarlas emociones muy intensas, vivir en un ambiente gratificante, alimentarsecon una dieta saludable, etc. Sin embargo hay una psicóloga en la radio –unade las muchas que hoy abundan en los medios- aconsejando a los padreshablarle al feto. ¿De qué? No lo dice. Tal vez se trata solo de una de esasafirmaciones que a la gente le gusta oír porque seduce, tiene algo demisterioso, tierno y romántico, y que a muchos profesionales les encantalanzar porque los cubre con un aura mística de sabiduría recóndita. O tal vezporque, consciente de que compite con otras disciplinas que empleanmensajes fáciles y encantadores, ha decidido emplear las mismas armasapelando a creencias que cuentan con amplia aceptación popular. Tambiénpuede ser una estrategia de marketing ya que compite con otros medios yprogramas, y es imperativo el uso de frases o ideas que tengan rating parahacer más popular el espacio. Esta es también una de las razones por las quela psicología se ha alejado tanto de la ciencia. Hoy en día es muy normal
    • 11escuchar a un psicólogo repitiendo términos como "energía positiva","buenas vibraciones", "vínculo cósmico", "chakra", "aura", "alma", "espíritu",etc.Uno de los graves problemas que han traído estos tiempos de vida agitada yde predominio de los medios audiovisuales, es que la gente ya no lee oempieza a leer demasiado tarde y lee poco, por lo que carecen de una baseteórica sólida. Están predispuestos a creer todo lo que leen solo por el hechode estar en un libro y por la publicidad que le precede. Carecen de espíritucrítico y de fundamentos epistemológicos para analizar, comprenderadecuadamente o rebatir las ideas que leen. Equivocadamente la gentepiensa que –al igual que ocurre con la tecnología- lo último que aparece es lomejor y lo más avanzado y que, en todo caso, está de moda. Muchas vecessólo se comenta lo anecdótico y lo fácil, lo curiosos y lo bonito, de modo quetodo el trasfondo teórico se pierde. Algunos libros como "El efecto Mozart enlos niños" de Don Campbell generan entusiasmo y las ideas expuestas correncomo pólvora de boca en boca. Al final, yendo de una persona a otra, elmensaje original queda transformado en una recomendación extravagante ylo que era Mozart queda convertido en Beethoven. No importa si el autororiginal de la idea –que al final desapareció en el limbo- hizo un estudioprofundo para recomendar específicamente una obra ejecutadaprecisamente en piano para una etapa particular del desarrollo. Lo único quesobrevivió de toda la propuesta es que la música clásica le hace bien al feto.Finalmente ya nadie sabe por qué lo recomiendan pero la idea es linda y a lagente le gusta oírla.
    • 12Ahora bien, por si tuviéramos alguna duda, lo que debemos hacer es mirarnuestro rededor a fin de descubrir lo qué está ocurriendo en nuestro campoy averiguar si la sociedad y las instituciones nos reconocen y nos tratan comoa una ciencia. Aunque la psicoterapia no es bien conocida por la mayoría dela gente, existe un pequeño segmento que tarde o temprano decide buscaralivio mediante un tratamiento psicológico. No obstante, el panorama esrealmente confuso para ellos. Se presenta una verdadera sobreoferta demétodos y técnicas de curación, no solo de aquellas que ya consiguieron unamembresía de la psicología, sino de otras que aún se hallan al margen y aunde los que pertenecen decididamente a otras esferas. Esta situación esintensamente aprovechada por mercaderes sin escrúpulos que ofrecen lacura para todos los males, mediante infinitas técnicas esotéricas ysupuestamente terapéuticas que apenas caben en la imaginación. Seanuncian realizando una singular competencia de avisos llamativos y unaguerra de términos extravagantes, la mayoría de las cuales cargan el prefijo"psico". Por ejemplo, psicodrenaje linfático, psicohomeostasis, reiky, etc.Si bien es cierto que la mayoría de las técnicas de tratamiento que se ofrecendifícilmente pueden causar la muerte de alguien, el problema está en latremenda cantidad de estafados, para no mencionar el daño psicológico quepodrían causar algunas de estas prácticas al someter a los incautos aprocedimientos extravagantes y rituales absurdos que finalmente no lesproporciona el alivio que esperan. Pero además de todo ello está elirreparable daño que le producen a la verdadera actividad psicoterapéutica.El punto para nosotros es reconocer que aparentemente no existe unaentidad –ni pública ni privada- que se ocupe de preservar la actividad
    • 13psicoterapéutica y por consiguiente, la categoría de ciencia no le ha sidootorgada a la psicología por nadie en nuestra sociedad. En consecuenciacabría cuestionarse qué clase de ciencia podría ser la psicología si su ejercicioprofesional más delicado, la psicoterapia, puede ser desempeñadolibremente por cualquiera. Es cierto que también en medicina existenfiltraciones de mucha "medicina alternativa" pero en este campo suelenhaber controles más rigurosos.Por último, como sabemos, toda ciencia tiene un derrotero, persigue uno omás propósitos bien definidos, busca alcanzar una idea que brilla en suhorizonte. La biología avanza por el terreno molecular y persigue sintetizaralgunas proteínas, experimenta con el ADN para erradicar enfermedades,corregir defectos congénitos, y mediante la clonación y el empleo de célulasmadre se busca reconstruir órganos dañados, etc. La física sigue rebuscandoen las entrañas de la materia para descubrir los secretos del universo,investigando partículas subatómicas y perfeccionando aceleradores,persiguiendo la tan ansiada teoría del campo unificado. Así por el estilo,todas las ciencias tienen un camino trazado y sus diversas disciplinasconcurren en el logro de esas metas. Ahora cabe preguntarnos ¿cuál es elderrotero de la psicología como ciencia del comportamiento? ¿Tiene alguno?¿Acaso estamos en la búsqueda de la felicidad humana, como lo hacen creerlos medios y los best seller de supermercado? Todo parece indicar que nohay un propósito definido para la psicología como ciencia. Estamossimplemente en la espera de que algún autor vuelva a sorprendernos conuna tesis novedosa, comparando, por ejemplo, el cerebro humano con unacomputadora, o enfocando las relaciones humanas como una especie de
    • 14economía de mercado donde las transacciones ofrecen ganancias y pérdidas,o simplemente cambiando de pronto los viejos términos para sugerir elempleo de una nueva terminología para viejos conceptos.Como hemos visto, hay poderosas razones de toda índole para dudar de lacategoría científica de la psicología del comportamiento. No hay unasensación definida de avance en la comprensión del ser humano y suconducta como organismo autónomo. Hay más bien un empeño en tratarlocomo máquina estandarizada para acomodarlo a criterios científicosobsoletos. Es decir, muchos teóricos de la psicología del comportamiento oconducta acomodan al ser humano a su modelo de ciencia. Un modelo quepertenece al siglo XIX. Lo más "científico" que pueden ofrecer en la psicologíadel comportamiento es una tabla de control de respuestas y un estudio detipo estadístico. No se están produciendo las soluciones que la gente y lasociedad esperan. En lugar de avanzar en una misma dirección, los autores sedispersan creando versiones propias, nuevas y caprichosas, se convierten en"filosofías de la vida". Se fundan escuelas que se reclaman psicológicas aunsin observar los requisitos mínimos del quehacer científico. Se acude a otrasdisciplinas para hallar respuestas que la psicología debiera dar. Científicos deotras áreas pretenden hacer psicología y explicar procesos de pensamiento yconciencia desde su propia perspectiva y con un lenguaje totalmente extrañoa la psicología, lo que genera confusión de conceptos en muchosprofesionales. Tampoco hay una clara separación o distinción entre losconceptos populares de aquellos que se consideran científicos en el campode la psicología. Muchos siguen empleando conceptos anacrónicos y vulgaresque fueron idealizados tempranamente por una psicología primitiva, como el
    • 15de "personalidad". Como consecuencia, el léxico de la profesión se ha llenadode términos extraños y muchas veces extravagantes. En suma, la sociedad notiene una idea precisa de la función que cumplen los psicólogos. En el campode la salud pública la psicología tiene un papel muy relegado, al psicólogo nose le concede el poder para otorgar licencias laborales, las compañías deseguros no cubren los tratamientos psicológicos en varios países, lapsicología no está en el nivel de poder señalar políticas de salud pública alEstado, no se la considera como una opción de consultoría a nivel de políticasde gobierno, etc.En resumen, me atrevería a afirmar que la psicología del comportamientoestá muy lejos de ser considerada como una ciencia, muy al margen de lo queella misma pueda probar como disciplina del quehacer humano. Peor aún,hasta podríamos dudar que dichas disciplinas puedan ser consideradaspsicología. Por desgracia, la psicología no ha avanzado en la edificación de suepistemología. Mientras que la psicología no defina en primer lugar cuál es sucampo específico de estudio, de qué trata "realmente", cuál es la naturalezade los fenómenos que aborda (que obviamente no son físicos), quédiferencias esenciales tiene con las demás ciencias en función de nuestrofoco de estudio, qué aspecto concreto del hombre pretende estudiar; esteambiente enrarecido y confuso continuará, y nuestro camino seguirácubriéndose con esa espesa maleza que son los advenedizos, improvisados ychiflados de todo tipo que pretenden rescatar a la sociedad para llevarla porel camino de la felicidad. De hecho, el debate sobre el campo de la psicologíacomo ciencia es ajeno al escenario social. Y al menos hay que dejar en claro
    • 16que hay una psicología científica al margen de todo ese escenario de laconducta humana en sociedad.Lima, agosto del 2005