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El juego de la gallina ciega.submarinos

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Av. Cordoba 354
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'rrlrrll.Sherry
l',1¡rrcgode la gallina ciega:la historia inédita del espiona.jt,
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I ' r'r[.- BuenosAires. Instituto de PublicacionesNavales, 2004.
l2 t págs.;23 x 15 crn (Historia).
'l'aclucciónde:Arturo Guillermo Marfort
ISBN: 950-899-049-X
1. Guerra Fría - Espionajc subrnarino I - Drew, Christopher IL
Título.
cDD 940.5451
Título del original en inglés: BLIND N'{AN'SBLUFF - T}re untold
story r-rfArnerican submarine espionaÍle.
By Sherry Sontag and Christopher l)rcw
ISBN: 0-06-103004-X
Clopyright O 1998 by Sherry Sontag ancl Christopherr Drew
Es propiedacl.
f)crechos reservados para su traducciírn al españoi y su venta en
todo el mundo.
O 2004, Instituto de Publicaciones Navales del Centro Naval,
Av. Córdoba 354, (1054) Buenos Aires, República Argentina.
Heclro e.ldcpósito que marca ia Ley 71.723.
D io¿¡rcrrrtación ín ter ior: Rooot.po JueN B orex¡.
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clr-rcidoni transmitido en ningún medio electrónico o mecánico, in-
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A los hombres que protagonizaron estosrelatos
y especialmentea aquellos que los compartieron
L.Onnosostt-os.
INDICE
Prriiogo .....13
1 Urr comienzonrort¿rl .........27
2 Wlriskey a go-go ........53
il Vuelcohacia ias profundidadcs .. .............75
4 Puño de terciopelo.............. ... ... .. 95
5 Mucltc de un subnrarino ..........I19
6 "La balada de Wl-ritevN'{¿rck" .... 1I¡3
7 "Aciuíse vicne..."............. ........17:l
5 ''Oshkoshb'Gosh" ....191
9 El castillo de alen¿ide 500 millones de dólares ..........219
10 I'innfb y crisis ........245
11 l,a iov¿rsde la coron¿r.............. ...269
I2 (lonfiar pero verific¿u'............ .........299
Iipílogo ............311-r
Pal¿rbr'¿r-cde cielre ..................321
ApéndiceA ........ ..........:325
Apéndice I1.............. ......3:11
Apéndice C.............. ...................339
Nr-itas ... :157
Agradecinientos ......395
Crérlito por las fbtoglafías ........403
Indice ....'107
Acerc¿rclelos ¿rLrtoles ................-I'21
;FF-'
"Despuésde todo, las operacionessubmarinas han sido siem-
pre cornoel juego de la gallina ciega."
Un almirante submarinista en un cargo de maximo niuel l
"Y cada hombre a bordo sabía muy bien,
Que cuando la acción se ponía dificil,
En estejuego de 'La gallina ciega',
De alguna forma conseguíaescabullirse."
Estrofas de "La bal.ada de Whitey Mack"
Una oda dedicada o rrn comandante de submarinct
por TcnnmyCox, subnrarüústa,y agentede inteligencia.
PROLOGO
Había algo acerca del capitán de fragata Charles R. MacVean que
tcnía la particularidad de inspirar leyenda. No se trataba de su aspecto:
alto, algo corpulento y, al acercarse a los cuarenta años de edad, coronaclo
ya por una cabellera rala y gris. Era su sentido del humor y de lo humano.
Este era un l-rombreque poclía quedarse debajo de una escotilla después
qtre lo empapara una tromba de agua, impasible y todavía masticando su
chorreante pipa. Este era tarnbién el hombre que recientemente había con-
duciclo al submarino nuclear de ataque USS Seo¿uolfen una de las opera-
ciones más peligrosas de la guerra fría. Se había introducido en un mar
soviético ¡, esctrchaclosubrepticiamente al enemigo en una forma en que la
mayoría de los restantes subrnarinos jamás habría osado.Ahora, de regre-
so en su patria, MacVean estaba clisfrutando de la oportunidad de poder
conciliar el sueño.
Sonó la campanilla del teléfono. MacVean se despertó sobresaltado y
miró la hora, 2:00 a.m. El llarnado provenía de los cuarteles generales de la
Armada cn Washington I).C., y la voz en el otro extremo de la línea perte-
necÍa a un oficial naval algo avergonzadoy muy confundido.
"Hay un ¡l¿rrinero clesu br"rque:en un bar llamado The Horse and Cow
-diio- y está tratando ciellamar al Presidente y contarle del gran trabajr-r
qner hizo usted y cuán buencl es. ¿Podría sacarlo de la cabina
telef'ónic4?"
MacVean sabía exactamente dónde se encontraba The Horse and Cow,
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marinistas en Vallejo, California, un lugar oscuro decoraclocon piezas de
casi todos los submarinos que alguna vez navegaron por el Pacífico hacia
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  • 2. r INSTITUTO Dtr PUBLICACIONI']SN' I I DtrLCtrNTlt()N¡'¡l' cuADRAt;HStN'l()Sl,l(itrNt)()'t,t'il t,() IIE LA COl,Fl(l('l( )N I Ils'l'()liI, llil¡ 't't't'trl,() I)l,ll,ASIIDI(110NI'lS t )t,), 'l'() l)l, l'l l;l l("( 'l( )Nl,lsN,'l l'|l l'l Sherry Sontagy Con Annette ChristopherDrew Lawrence Drew EL JUEGO DE LAGALLINACIEGA La historia inédita del espionaje submarinonorteamericano INSTITUTO DE PUBLICACIONES NAVALtrS DEL CENTRONAVAL Av. Cordoba 354 (1054) Buenos Aires Repúrblica Argentina
  • 3. 'rrlrrll.Sherry l',1¡rrcgode la gallina ciega:la historia inédita del espiona.jt, ,rl,rrrarirlonortearncricano' Sherry Sontag y Christopher l)r'cw, I ' r'r[.- BuenosAires. Instituto de PublicacionesNavales, 2004. l2 t págs.;23 x 15 crn (Historia). 'l'aclucciónde:Arturo Guillermo Marfort ISBN: 950-899-049-X 1. Guerra Fría - Espionajc subrnarino I - Drew, Christopher IL Título. cDD 940.5451 Título del original en inglés: BLIND N'{AN'SBLUFF - T}re untold story r-rfArnerican submarine espionaÍle. By Sherry Sontag and Christopher l)rcw ISBN: 0-06-103004-X Clopyright O 1998 by Sherry Sontag ancl Christopherr Drew Es propiedacl. f)crechos reservados para su traducciírn al españoi y su venta en todo el mundo. O 2004, Instituto de Publicaciones Navales del Centro Naval, Av. Córdoba 354, (1054) Buenos Aires, República Argentina. Heclro e.ldcpósito que marca ia Ley 71.723. D io¿¡rcrrrtación ín ter ior: Rooot.po JueN B orex¡. Está prohibida la reproducción total o parcial. No puede ser repro- clr-rcidoni transmitido en ningún medio electrónico o mecánico, in- cluyendo las fotocopias, grabaciones o cualquier sistema de acumu- Irición y reproducción de informaciírn, sin autorización por escrito rlt,l Eclitor'. , ll rights reserved. No part cifthis book may be reprriduced or trans- rrrrI,rI irr lrny fclrmor by any neans, electronicor mechanical,includ- rrr;' ¡,lrr,{'r'opyingor any infbrmation storage and retrieval system, '' rllr,rrrl 1,,r'nris-sionin r,vritingfrom thc Publisher. l'll'lil :l( ) ' l,ll)l'l)lx) IlN LAARGENTINA A los hombres que protagonizaron estosrelatos y especialmentea aquellos que los compartieron L.Onnosostt-os.
  • 4. INDICE Prriiogo .....13 1 Urr comienzonrort¿rl .........27 2 Wlriskey a go-go ........53 il Vuelcohacia ias profundidadcs .. .............75 4 Puño de terciopelo.............. ... ... .. 95 5 Mucltc de un subnrarino ..........I19 6 "La balada de Wl-ritevN'{¿rck" .... 1I¡3 7 "Aciuíse vicne..."............. ........17:l 5 ''Oshkoshb'Gosh" ....191 9 El castillo de alen¿ide 500 millones de dólares ..........219 10 I'innfb y crisis ........245 11 l,a iov¿rsde la coron¿r.............. ...269 I2 (lonfiar pero verific¿u'............ .........299 Iipílogo ............311-r Pal¿rbr'¿r-cde cielre ..................321 ApéndiceA ........ ..........:325 Apéndice I1.............. ......3:11 Apéndice C.............. ...................339 Nr-itas ... :157 Agradecinientos ......395 Crérlito por las fbtoglafías ........403 Indice ....'107 Acerc¿rclelos ¿rLrtoles ................-I'21
  • 5. ;FF-' "Despuésde todo, las operacionessubmarinas han sido siem- pre cornoel juego de la gallina ciega." Un almirante submarinista en un cargo de maximo niuel l "Y cada hombre a bordo sabía muy bien, Que cuando la acción se ponía dificil, En estejuego de 'La gallina ciega', De alguna forma conseguíaescabullirse." Estrofas de "La bal.ada de Whitey Mack" Una oda dedicada o rrn comandante de submarinct por TcnnmyCox, subnrarüústa,y agentede inteligencia.
  • 6. PROLOGO Había algo acerca del capitán de fragata Charles R. MacVean que tcnía la particularidad de inspirar leyenda. No se trataba de su aspecto: alto, algo corpulento y, al acercarse a los cuarenta años de edad, coronaclo ya por una cabellera rala y gris. Era su sentido del humor y de lo humano. Este era un l-rombreque poclía quedarse debajo de una escotilla después qtre lo empapara una tromba de agua, impasible y todavía masticando su chorreante pipa. Este era tarnbién el hombre que recientemente había con- duciclo al submarino nuclear de ataque USS Seo¿uolfen una de las opera- ciones más peligrosas de la guerra fría. Se había introducido en un mar soviético ¡, esctrchaclosubrepticiamente al enemigo en una forma en que la mayoría de los restantes subrnarinos jamás habría osado.Ahora, de regre- so en su patria, MacVean estaba clisfrutando de la oportunidad de poder conciliar el sueño. Sonó la campanilla del teléfono. MacVean se despertó sobresaltado y miró la hora, 2:00 a.m. El llarnado provenía de los cuarteles generales de la Armada cn Washington I).C., y la voz en el otro extremo de la línea perte- necÍa a un oficial naval algo avergonzadoy muy confundido. "Hay un ¡l¿rrinero clesu br"rque:en un bar llamado The Horse and Cow -diio- y está tratando ciellamar al Presidente y contarle del gran trabajr-r qner hizo usted y cuán buencl es. ¿Podría sacarlo de la cabina telef'ónic4?" MacVean sabía exactamente dónde se encontraba The Horse and Cow, como lo sabían todos sus hombres. Este era el lugar predilecto de los sub- marinistas en Vallejo, California, un lugar oscuro decoraclocon piezas de casi todos los submarinos que alguna vez navegaron por el Pacífico hacia la Unión Soviética, un lugar donde los hombres juntaban fuerzas para lo quc deberían enfrentar en el mar y donde festejaban la supervivencia cuan-
  • 7. I 1 El iuego de la gallina ciega rlo rcgresaban alhogar. El comandante despertri a su suboficial de buque, r.'.juntosse dirigieron en automóvil al iugar aislado junto a la colectora cle rrna autopista e ingresaron a una playa de ettacionamiento que tenía rnás b¿rchesque pavimento. Sin inconvenientes, encnntraron al tripulanter del ,leotuolf algo ebrio, encerrado en una cabina telefónica, tratando todavÍ¿r <leconvence'ra la operadora de la Casa Blanca que pasase su llamadr¡. tr'IacVeanalejó a su hombrc del teléfbno, y luego le comprri una cerveza. Ilr¿¡esta clase de comanclante.Adcmás, sabía que el individuo se lo mere- cía.Todosse lo merecían. Esto sucedió a mediados cle la década del setenta, pero pudo habcr ocurrido casi en cualquier momento durante la guerra fría. Después clc: todo, NlacVean.y sus hombres fircron parte de una operación de inteligen- ci¡r distinta dc cualquier otra en los anales de la historia norteameric¿tna. I)urante más de cuatro décadas, baio la cobertura de clasifrcaciones dc scguridad inclusive superinrersa la de sccreto, lcls Estados Unidos c'rr- viar'<ir.ldecenas de miles de hombres en incrirncidoscilindros de acero a cumplir rnisiones de cspionaje frente a las escabrosascostas de la Unirin Soviética.Allí, el trabajo consistía en permanecer oculto, recoger inform¿r- ción accrca de las intcncrionesdel enemigo y sus capacicladcspara sostener la guerra er-rel mar. Por su propia naturaleza, los subnrarinos resultaban pcrfectr-rspara esta tarea, cliseñadospara acechar casi silenciosose invisi- bles debaio de las olas. Ellos sc convirtieron rápidamente en uno de los vehículosde espiona.lemás crucialesde los Estados flnidos. Ninguna otra operación de inteligencia ha abarcado tantas genera- cione.spertenecientes a una fuerza militar en particular, ningrrna otra h¿rcolocado c<¡nsistentementea tantos norteatnericanos en situación de riesgo. Tanto como 140 hornbres en cada submarino, varios de eistosa un mismo tiempo, casi todos los hombres que sirvieron en subrnarinos de ataque estadounidenses fueron enviados a vigilar los puertos y astilleros soviéticos, a monitorear las pruebas de misiles soviéticos,o a seguir a sus submarinos. Varios buques, tales como el Seawolf, estaban especiahnertter equipados para interceptar cables o recuperrarfragmentos de armas so- viéticas que habían sido disparadas durante la realizació¡ de pruebas y habían caído al fondo del mar. Naclie que no fuese voluntario estuvo inr.olucrado. Estos espías submarinos se levantaron como centinelas solitarios en ol frente de combaterde una gurrrra librada ferozmente por ambos banclos. Sriloque en esta guerra los torpedos no fueron las armas más importantcs, sino las cátnaras, lc¡ssonares sofisticadosy un surtido de complejrrst't¡r,ti- ¡rosde escucha subrepticia. Y mientras estoshombres tripulabiln algunas rlc las naves tecnológicamentc.más intimidatorias jamás construidas, sus olr.jctivosfueron engañosamente simples: "conocer al enernigo", aprender lo suficiente para impedir un ataque por sorpresa, para prcvcnir a casi currlr¡uiercostouna repetición de Pearl Harbor en la era nuclear. Prólogo I 1b Silenciosa y furtivamente, pero más importante, en secreto,los sub- marinos dc ataque cumplieron clelolden de dos mil misiones de espionaje mientras efectuaban el seguimiento de los submarinos soviéticos. El seguirniento dc las unidades misilísticas fue clelo más crucial -submari- nos soviéticos más largos que una cancha de football que transportaban hasta veinte misiles balísticos. Estos rnisiles podían proyectar cada uno hasta cliezcabezasde combate nucleares, y un solo submarino misilístico podía dar origen a una tormenta de fuego superior al poder combinado de toclas ias bombas lanzadas durante la Segunda Guerra Mundial. El que cstosarsenalesfuesentransportados y escondidosen el mar los hacía mucho rrenos vulnerables y mucho más peligrososque las bombas diseñadas para ser arrojadas descleaviones o lanzadas desde puntos fiios en tierra. Había sólo una forma adecuada de enf'rentar los rnisiles transporta- dos por submarinos, y aquélla era con otros submarinos. No era entonces cle extrañar que el conocer estas unidades misilísticas y llevar a cabo su seguimiento se convirtiera en la Írnica prioridad importante de Ia Armada de los EE.UU. Esto justificaba casi cualquier riesgo, éste era el rnotivo por el cual los submarinistas eran cnviados al mar una y otravez. Esto fue lo que dio lugar al juego de "la gallina ciega" que se extendió por décadas. Fue en este esfuerzo por estar al tanto de los avances soviéticosy sus sub- marinos que los hombres dejaron a un lado sus hogares, el sol, y cualquier ilusi<-rnde privacidad a cambi<-rde naves herméticas y atestadas, y recorrie- ron a tierntaslos exóticcrsespaciosoceánicos que cubren dos tercios del glo- bo. l.Iavegaron hacia el sur hasta el Mediterráneo, hacia el norte hasta los helados peligros del Artico, y con frecuernciadirectamente al interior de la.s aguas territoriales soviéticas.Vivieron con apenas una idea de los océanos y rnares por los que navegaban, salvo por lo que podían observar a través de las lentes de un periscopio o imaginarse a partir de los parpadeos elec- trónicos que salpicaban las pantallas de los sonares y las cantidades in- contables de chirridos de estática que surgían de los auriculares de los sonaristas. En el frío y la oscuridad, los submarinistas enfrentaron peligros peo- res qLreaquellos que tradicionalmente acosabana los marinos, ya que las presiones clel océanopodían aplastar fácihnente los cascosde acero si lle- gabirn ¿rdescender demasiado.A io largo de los años,tales catástrofes aso- larcxr ¿rlos submarinos de ambos bandos. Igual de amenazadores fueron los mismos soviéticos,que estaban decididos a detener a estos espías nor- teamericanos y rechazarlos tan bien como pudiesen, a vecescon cargas de profundidtrd, a vecesreclutando miembros de las fuerzas armadas y de los servicic.¡sde inteligencia norteamericanos para que espiasen para ellos. El ricsgo en todo esto se volvió cada vez rnás obvio a medida que los sub- m¡rrinos soviéticos y estadounidenses se empeñaban en persecuciones fi't'nóticas, los errores de juicio conducían a colisiones, y los submarinos , .rl:rrlrrunidenseseran detectadosen aguas soviéticas.
  • 8. 18 El juego de Ia gallina ciega Fue solamente a través de seis años de entrevistas que f'uimos capa- ces de relacionar los eventos tanto tiempo escondidos,y ello inclusive con gran esf'ucrzo y persistencia. Contactarnos a cientos de submarinistas. Algunos respondieron telefoneando a los investigadores de la Armada, algunos sinplc.mente desistieron cle hablar. Muchos otros, sin embargo, accedieron a rnantener entrevistas que tuvieron iugar frente a frente en todo Estados Unidos. En ocasiones,el Servicio de Investigaciones de la Arm¿rdavisitó o convclcóa estoshombres, entonando ásperosrecordatolios de sus votos de silencio y sus obligacioneslegales. Pero de cualquier forma los dertallesse acumularon, A medida que oficiales y suboficiales submari- nistas, figuras políticas y funcionarios de inteligencia decidían que había llegado el momento de contar sus historias. Especialmente a los submari- nistas, el hablar los liberó. La mayoría no lc había contadojamás a sus padres, esposas,hijos o a sus rnejores amigos los detalles de sus largos n)esesdc ausencia. Jamás pr.rdieronregresar a sus hogares y simplernente clescargarscdespués de los duros meses de trabajo. Necesitaban hablar con algr-rienque cntendiese, para encontrar el reconocimiento tanto tiempo mt:recir-lo. Y por ersoescribimos ¿rcercade ellos,y para ellos. La gente, sus nom- bres, y los acontecimientos en este libro son reales, y los relatos narrados en cada capítulo fueron transcriptos tan fielmentc:y escrupulosamentecomo füe posible, bas¿rclosen numerosas entre'vistas y lcls escasosdocumentos quc han sido liberados. Las conversacionesson descritas aquí tal comonos fireron repeticlas por la gente que tomó parte en c'llas o que estuvo allí y erscuchólo quc se dijo. Sin embargo, no toda la gente que describintos en este libro c<lnversócon nosotros. Por el contrario, figuran aquí porque es- tuvieron en el centro de algunas clelas clperacionesmás críticas de la gue- rra fría. En la mayoría de los casos,tuvimos que prometerles a nuestras füentes que serían protegidas, que no les atribuiríamos a ellos la infirrma- ción o inclusive revelar que nos habíamos reunido con ellos. La mayol parte de las historias de El juego de lo gallinct ciegu no ha sido jamás contada en público, y ninguna ha sido descrita con este grado de detalle. De' fbrma tal que en lugar de señalar repctidanreute en cada caso que ofrecemosinformación nueva, hemos optado por destacar, ya sea en el texto o en notas a pie de página, scllatnentclos detalles que ya esta- ban disponibles. El resto de este libro es una primicia, inciusive para muchos de los hombres que sirvieron en el arma submarina durantt' t.orlrt su carrera pero se lcs brindó solamente la infbrmación que la Ar¡rrrrtl¿t consideró querdebían conocer. Este es un libro sobre submarinos, espionajey geopolítit'ir.l)('r'()(ls también un libro sobre personas: el científico de las proftrttrlirlrrrlt'st¡lte recita poesía y a quien se le pidió idear una forma dt: rt'<'tt¡,r'r':rlrrrisiles nuclc¿¡resdel lecho del océano;el ofrcial de Inteligcnt'i;r N,rr:¡l t tt.'osre- cuerdos de la infancia lo llevaron a pergeñar la posilrilrrlrrrl,1,'rrrtt't'ct'ptar' I,rólogo ll) los cables submarinos de comr.rnicacionessoviéticos; un comandante dc subm¿rrinovaquero que no puede resistir la tentación de aproximarse fur- tivamente irasta unos pocosmetros de ios subrnarinos soviéticos;los hom- brcs cuyo subrnarino fue fblzado a permanecer en inmersión con apenas el aire¡suficiente cornopara mantenerse con vida mientras los buques sovié- ticos arriba de cllclsl<lsrcgaban con explosivos.También presentamos nue- v¿rir-ifbrmaciónque puede re.solverel misterio de lo que sucedió con el IJSS Scorpirstt,un subm¿rrinoespía norteamericano que sc hundiri, con toda su tripulación, treinta años atrás. Casi todos los libros sobre submarinos se cr¡ncentran elt un hombre, quizás el oficial que'tomado individualmente fue el más influyente en la Armada de hoy y padre del submarino nuclear: almirante Hyman G. Ric- kovcr. Pcro inclusive Rickover erA un simple observador mientras otros h<;mbresconclucíansus n¿rvesy emprendían estas misiones. Por eso esta no cs la historia de un hombre, sino la historia de una fucrz¿rde hombres quc' sirvie'ron clurante décadas.En tres frases dcscribincls sus esfuerzos a lo largo de¡estos años: desde las prir.nerastorpezas, pasando por las caccrí¿rsnavales más espléndidas,hasta los tiempos en que la tccnología l' la intn¡Jinlrcirin¡rcrnriticro¡r a la firelza clc .submarinos introducirse clirecta.rnenteen las mcntes srivieticas.Y comt,,tantas epopcyas glandio- slis. c¡stano ha finalizado. l,os submarinistas norte¿rmericanostodavía son enviaclos a vigilar Rusia, corno t¿rmbi(ln ¿,rlnirar con ¿rtcncirir.rotros puntos c¿rlierntesalrerdedordel globo. Estas historias no son sin"rplemente una visión rricrocirslnicadc los gigantescosesfi¡erzoscleespiona.jede ia lracirin. Son una lección de hasta c¡uépunto los gobic:rnosav¿lnzar'¿lnpara conoccl los sccreto-sde los demás, no importa el tiempo o lugar donde se eltcuentrc,lr.
  • 9. l(; El jr"rcgode la gallina ciega Para los soviéticos,los submarinistas norteamericanos eran más que rtn enemigo; eran pestes omnipresentes. Para los otros nortearnerican()s, cran simplemente los hombres anónimos de la Fuerza Silente. Este libro c'sla historia de ellos, Lrnaque hasta ahora ha persistido callaclay mocles- tamente. Esta es un¿rde las últimas, inéditas e historias sensacionalcsclc ln guerra fría. En el fondo, la motivacirin para la cacería de los subrnarinistirs -irnpedir que un adversario lance de¡sclelos océanosun rerguL.rooleada de mucrte- parece casi externporánea.Aprincrpios clelsiglo XIV, Leonardo cla ,'inci bosqucjri el cliserlodc un submarino primitivo pero escribió en sus notits quejamás habría dc revelar cómo füncionaría en inmersión ya qlle temía "a la naturalcza maligna del hombr€',que lo emplearía como herra- micnt¿rdc clestrucciónen el fbndo del mar". Sin cmbargo, fire esemismo potencial para la dervastaciónpor sorprc- sa lo <trneir-rccntir'íra los invcntorcs que vinicron dcspués.Durante la Gt¡e- rra Civil Nortcalncricana, i-utcntaron construir subllarinos cclnform¿i de burbtrja v m¿istarde otros qur) sc asemc'jabirna cigarros cortos, todos ellos tlc'stin¿rdosa coloc¿tlnrin¿rscn los cascosde los buques encmigos. Lo,q subnr¡rrinoseran irnpulsados por manivelas ¡r pedaleras,y la mayoría cle los hotnbrcs qtrc nrurieron por c¿usade cstas nrlcvas ¿rrnas fueron micm- irros de sus propias v minrisculas tripulaciorles. IVo obstante, este claro intcinto c¿rusótcrr'or. y fLleaper)asunos 1)ocosaños dcspuós dc la Guerra Civil Norteanrericana que .Iulio Verrne.€)nsu novc,la4:útte LIil Leguos rlc Voia Sttl-ttttari.tto.dc-ccribirill subnraril'ro collo un mottstruo ntarino qur. embostía a ios buques. Ill hechr>quo su crc¿lci(ilrf'uoscpro¡-ruls¿¡claccln criorgía t'loclrica lcsult¡i profético. El Hollott.cl*cl primcr subntat'ino o¡rtrt'irtivoclel¿rArm¿rdadc los EE.tlu.- era impulsado por acumttladores elt:rctlicoscuando est¿rbacn inlncrsión y por un rnotor a nafta ernsuperficie. .,ciquiridocl 11 derabril cle1900,te¡níasol¿rmcntequince rnetros cleeslora v cont¿rb¿rcorl Lm¿ltripulacion de,serishombres. Lir tercnologi¡rdc¡suLrmatinos ¿tv¿tnzricon tanta rapidelzqtrc mr:nos clc Lltiageneracir,rndespu(:slos subnrarinosalcnanes con propulsión c{)nvcn- c:ion¿rlclicscl-clóctricacstal¡irn aterrof iz¿rndoal trírfico rnclrcarltcaliado rllrr'¿tnte'iaf'rimerr¡ ()ucrra N{undial. Fue uno de¡estos [-]-Bootcaiermanes rl que I)ulverizrila ner.rtr¿rlicladestaclr¡uniclenscal I'iunclirel buque británi- cr,clopasajerosLusitunrrz,luego que zarpascde NuevaYork en 1915. P¿ira t'rrandolos Estados Uniclos cntraron en Ia guerra dos años despuí:s.los []-Boote ¿rlornanesh¿rbí¿rndestruido varios cientos de buqucs. Cclnl¿rliegatla de ltr SegunclaGuen'a l{undial, los srrbmarinosst, lr¿r- lrilin vuelto tan poclerososque Érrancapacesde.ir tras lo-scon¡ov(,srrrnlir- rlos. v sc habian converrticlocn ur1 factor decisivo. Alemaniir ('rrvlr)sus srrlrrulrrinosintcgranckr"NIanadasde Lobos" que podían convr'r'¡1ir'¡rirla el rrlrrrlur'.una táctica tan lctal que los Est¿rcloslJnidos rct:urrioorl a ella l)in'irl'('cLrper¿rrcl contlol clelPacíficodcspuésde Pearl Ilrrrlrol'.F)limpacto Próicrgo 17 sobre los transportes de tropas, buques tanque y carglleros japoneses füer devastador. pero se logró a un costoenorrne.Los Estados llnidos perdicron cincu¿:ntay dos snbm¿lrin()sy tre-qmil qtrinientos hon-rbres. Son estas imágenes de los subrnarinos de la Segunda Guerra Mundial lanzauclo torpcclos,o dc hombres sucloro-sosatrapados dentro de incómo- dos cilinclrosde aceromieutras las emisionessonarjap()nesasresonaban a lc.,iirrgo de -quscascosy las bombirscleplofundidad caían a -qu¿rlrededor.las que perduran con intcnsid¿rd.Pe¡o había algo más que también tcnía lu- g¿irt:n aquelios días. el inicio cleun r-.or-tc'ioinciert<¡entr(,.submarinistas y espías. En ciertas ocasiones,k¡s subm¿rrino-*clesplcgaronantcnas scnci- llas para interccptar las conrunir:acionesraclioeli¡ctricasjapcurcsasy cerca dc rtna cloce¡nadc éstosfuclon envi¿ldosa erfcctt¡nrrcconocimicntosde pla- y¿lscon sus periscopioscr,m,rpaso prcvio ¿rlclcsenib¿ircode tropali. Estos erpcrimcntos ca¡rtiu'onel interrésclerlosftrncionariosde intcligenciA v nlos- tralon qucrlos subm¿irinospodíirn contar c(rn r.lnanLrcvirrnisión ulla vez iriici¿idala gucrrii fi'ía. Después vino la c<rnstrucci<jncon uu¿rftrcnte clc erncrgí¿rcirsi inirgotirbley una disclccirin ilimitad¡r -naves inrpulsrrdaspr.rr rcactorcs rtrtcle¿rresque prlr-lílrnpcl'm¿urecfrl'strrnelgiclas dtrr¿rntc varios mest:sscguiclos-.(lt;n cllas. lr;ssribm¿rri¡ristasl¡stadounick¡nscsh¿rbríandc ¿llcarlz¿uel ¡runto culnlin¿rntctle la guerrir {i'ía ba.jolos m¿lres. i,os d¿,'t¡tllesde torlrl esto hart ¡rerrrnarrccid{)guarcl¿rclosccrlos¿uncnte ¡ror los aillir¿rnt.esy cirpitancs (:)nl()slrr-tcstosclc ntal'or irnpor'tlrnciilcn l¿] ¡mt¿rrla.c¡ui<'nt'shlbitualnlcntc cr¡lonilur r,st¿lso¡rerrirr:iontss,-rl¿nlc¡rtcai Presidr:ntcr,sus nr¡¡s¿rltosasesoresnilit¿rrcs -v- de intcligencia, -y a Llnos p()cosc{)ngrc¡sist¿is(lul(,r)csl'¿ll'AS cct,splcsic.rn¿1r'oltI)¿1racono(:cr'los deta- llr's. I'r'r'oe¡ncle{initivlr,ol control rlc cualqtriol misirjrrrecallr en l¿rslnanos dc.irivernescornanclantesde subnr¿rrinos,qLle(,n general tcrríiln alrederclor dr¡ trcint¡r.y cinco alios de edad v rccibían írrdenesclerrl¿rntencr estrjcto silencir¡rlc rarlir¡.A estosliorrrbrcsse los alcntrrba para que ¿rsunlirrscnlos rie'sgos.. rLIgr-rnossc clcslizirrundircctarntrnto dentlcl dc,los I¡ui¡rtos o e'nel n.rc'tliorlr't,.jercicios¡tavalr-'ssrlviéticospara lleval"de regresoa su patria la nrt'jol illlornr¿rcirin.Sin r.mbargo,-qudircctiv¡r principal se nrantuvo igual: cvitrrr lrr rictr,ccirjn)'m¿lntctret'¿rlos srx,ieiticosignorant<.'sdc ctián ccrca cst¿il.i¿ursicnrlr¡observ¿rclo-..Esr ne¡r:r,,sidacl.ni¿isque ninguua otr'¿icosa.fue: tarnbir:n lr rlrrccliolugar'¿rlcstricto se(:lcto<1uerocleabtia estas misionc:s. -No obsllrute.dc vez crt culrndo.inclusive aigunos participantes direc- tos sr:sirrticron prcorjuplrclos.¿,Eranaqucllus misiruresdenlasiacloprovoc¿r- tivas, derniisi¿rrlLrpr,ligrosts?¿',Poclítruna nri-{i(in1j'lcasadar¡ur-rallidcntc tcrrible ernrpu.jirrh¿r,*tacl límite a l¿rsdos nuevi'tssul)r,r'polt'nui¿tr'.','.I'oclírrrt cstas nrisiones dc erspionajeencc'nclerin¿r<.lverrticl¿rmente1l mi:il¡a grlerrir l)iu'ircuya prcvcnciritr h¡rbían sidclconccbidas'lIierntras cstlrs t,¡lt,r':rt'io- r, r ':l¡lrnrrrrilt¿ts¡ret'ntltnecicron(ilr secr-(t(), lil Armada sc vitl llocIIS'('('('s , ¡rlr, r,lrr,l:r:r r'¡ios intcrt-ogitntt's.
  • 10. CORTTLONGITUDINAL Corpartimlentode torpedosdepopa / Troncodeembargue Aoiemiento detorpedos detr tripulación B¡teií¿s depop¡ iláqvinas doproa Comprrtimientodel Comedor delatripul*ón Snorke{ Conundo Compartimiento deconüol Cuartode¡o#r, 0amareta Periscopios ?V So¡¡r'banda debabor Troncodeenbarque/ ^ . OetotneUos ' / Contpartitnientode torpedogdeprüa Baterías AloJamientodeOficial+s Brteri¿s degroa Cornpartinriento denaniobrr €scoülla Mdguina: depope Alojamientod,e Suboficiale¡ Los submarino.sconvencionales diesel-eléctricosde la clase Guppy fueron los primeros en empeñarse en t:rreas de espionaje durante la guerra fría. Compartim,ientodecontrol/ Cor¡¿*do tompartimientodesonar / Ooinpa¡fmlentodetorpedot flláquin¡sauriliares Compartimientodebaterías ComFartjmigntodemáquinas $eccióndeFro¡ Los de propulsión nuclear de la clase Los Angeles son los submarinos de ataque más utilizados en Ia actualidad en tareas de espionaje. dela¡te
  • 12. $.+rf.jrlN ir¡ii nJ''t" u<1:i!}}d ri!¿ i]:l.llri.?.Ji.])tl*f 6:11iul.l ¡t{}$i (lr,i^{ürrqtjs x OslJt3sdr ##nss# j ,i{,¡l f }lrj¡r-l ,ilif¿l ,Ji:lji.,j :,' eel.,, i "#e . j¡:)lJ*j.rd} :rr1,r{ir J:; ni.¡ ii:rj'lj t-):)!):.iV r*r{"ri:} ':}.ll l')
  • 13. 1 UN COMIENZO MORTAL "f)cbo estar chiflado", gruñír en voz baja Harris M. Austin mientras obsurvaba arr¿rstrarsedentrc¡de I¿rbase naval britáuica en Londonderry, Irlanda dcl Norte. el pedazo de chatarra de aspccto más desagradable que iamás hubicr¿r visto. Estc no podía ser su submarino. Este no podía ser el Cocltitt.t¡. Pr¿icticamcnte cualquiera otra persona cn el c<lncurrido muelle ha- bría pensado que se trataba solamente de un operador de radio de veintio- cho años deredad. El sabía que no era así. Se encontraba allí cumpliendo rirdenesclircctas del Jefe cleOperacionesNavalesl estadounidense. Había recibido instrucciones de los almirantes que comandaban las fuerzas esta- dounidenscs en Europa, sus antecedentesverificados una y otra vez.Y hoy se estaba por incorporar a la dotación de este submarino como uno de los espÍas más noveles de la Armada, un "agente de inteligencia",? algrtien que había sido adic:stradopara arrancar del éter las señales y comunica- cioneselectrónicas soviéticas.Su trabajo consistiría en tratar de arrebatar con audaci¿ralgunos de los secretosmejor guardados de la Unión Soviética. Austin saltó hacia el muelle y comenzóa cobrar de las amarras junto ir un puñado de hornbres. Luego alguien Io dijo, dijo que éste era elCochi- rro,el submarino estadounidcnseSS-345,la nave que Austin había estado cspcrando durante tres días. "Maldito y desagradable pedazo de chatarra", pensó mientras coloca- ba sobre su trornbro una bolsa de equipo repleta de documentos clasifica- closy descendía trabajosamente a través de la escotilla para presentarse .jtrnto con sus órdenes al comandante del Cochír¿o,capitán de fragata Rafáel C. Benítez. t N. del Z. "Cliief of Naval Operiitions",en el texto original,es la máxima rrutolidad rnilitar de l¿rArmada de los EE.UU., conocidatambién bajo la sigla (rNo. '2 N. tlel ?: "Spook",en el tcxto original.Ei términotiene en inglésun doble sigrrificarlo:espía.yespectro.
  • 14. :ls ILl.jut'gorle la gallina cicgri Austin había llegado a los submarinos proveniente de los cruceros de lrrrt¿ill¿re'nbusca de excitación, la misma razón por la cual se había ofrecido voluntariamente para este último cambio, transformarse a sí mismo de o¡rcrador de radio en agente de inteligencia. El que se incorporara ri las lircrz¿rsarmadas había sido una certeza casi absoluta desde el mismo ins- t ¡rntode su naciu'ricnto.DcscendÍ¿rde una extensa línea do guerreros esco- ('cscs,una línea que podía remontar sin gran esfuerzo hasta el siglo XIV Str padrt'habia sido cociltt.roen una escuadrilln aórea rrorteamericanacn lnglaterra antes de embarcar en b¿rllcnerosy buqucs mercantes oceánicos con destino a los Estaclosllnidos. Su madre galesa había trabajado para rrna fábrica británica de nruniciones.Ar-rstinmismo tení¿rdiccinueve años tlc edad cuando se hizo a la mar por primera vez,y su cabelloro.jizole hizo g¿lnarrápiclamente cl apoclocle"Rcd". Bcnítez, de treintidris años cleedad, era uno de csoshombres que ha- bía sido criaclocroltdercoro.Su padre erajucz cn lruerto Rico,y el capitán de fi'agata Benítez acabab¿rde terminar I¿rf¿rctrltadde Derercho,un privilegio tlue la Armada le había conceclidopara retenerlo. Comr¡oficial subrnarinis- t¿rdurante la Seguncla Guerra Mundi¿rl, h¿rbí¿rsclbrervivido¿rvarios ata- (.lucscon cargas de profundidad y adqui¡ido la reputación de ntantener la c¿rlmabajo fucgo. Ahora, a filles de julio cle 1949, habí¿rregresado tres sL,m¿ul¿lsatrás a la lirerza de submarinos, y tenía su comando propio. En realidad, era un comanclclqtrc Bcruítcz habia tratado cle evitar, tr-¡rbadopor cl nombre dc su strbmarino. El Cor:híno¡tudo l.rabersido bauti- zarkr así en referencia a un pcz tolerristollocaracterrísticode las aguas tropicales del Atlántico, pero ernespañol, cl idiorn¿rdr: su f'amilia y amigos, cl erstaríacrim¿¡ndandc¡cl subrnarinc¡Cardt¡. Le había conf'esadotodo csto a su rnaclrccuando escribiti a su h<-rgar, ¡rerrotodavía f'altaba recibir su rc'sltuestamicntras permanccia en su apre- t¿rd¿rcámar¿r.con los hombros cch¿rdoshacia atrás ptrra mc.jorar el aspecto tle su figura poco imponente. Est¿rbasolojunto a este corpulcnto subofi- cial, r:sten-larineroconvertido en espía.la c:lasede hombre que al alcanzar Iossetenta años cleedad todavía estaría derclarandoque era "mziscluro que ,,1clernor-lio". Red Austin erntregósus írrdencs.Fll cornandantc las inspecciclnri.v se ¡rusotenso al leer que el Cocl¿ino,su submarino, estaba por convertirse en rlr subnrarino cspÍa expcrimental. Benítez estaba estupef'acto.La misirin del Cochino ya era lo suficien- It'nteutecompleia.Se había programado que emllrcndería un¿lnavegrrciírn rlr,adiestramiento destinada a cambiar la naturaleza misma de la guerra .rrbmarirta. L<issubmarinos claseflota típicosde la Segunda Guerr¿rNlun- rlirrl podían navegar bajo las olas sólo el tiempo suficiente para atacar las r¡rrirladesde superficie y evadir ios contraataquesantes cletener que salir ,'llos ntisrnos a superficie. Pero dcsde que habÍa terminado la guerra, el ('t¡t ltint¡v otras Docasnaves habían sido modificadosdrásticamente. Aho- Un comienzo mortal 29 rrr lucían equipos nuevos y en gran medicla sin probar, que incluían una tubcrÍa de snorkel qlre supuestamente les permitiría aspirar aire limpio, l-r¿rcerrfuncionar los motores diesel y descargar los gases de escape sin ne- cesicladde salir a superficie. Esto le pcrmitiría a los buques pernanecer grirn parte dei tiempo en inmersión, volviéndolos ef'ectivamenteinvisibles y haciendo posible que fuesetr tras otros sublnarinos como también tras t¡nidadesde superfi<'ie. Benítez había estado esperando zarpar con su submarino y probar el equipo nuevo, adiestrar la dotación y aprender a operarlo como vehículo vcrdaderamente subacuático.Perr¡Ias órdenesdeAustin estaban agregando cltra dirnensión a la misión dc'Benítez, transfbrmándol¿r de una constitui- da sc¡lamentepor juegos de guerra y pruebas de rnar en una operación en e'l reino nllnca incursionado de la inteligencia subnrarina. Más aún, todo csto tendrí¿r lugar en el holado mar de Barents dentro del Círculo Polar Articcr,próxin-roa las aguas alrccleclorde Nfururansk donde ia Llnirjn Sovié- tica tenía apostada su l'lota del Norte. Para peor, los cables y antellas dcl rudirnentario dispositivo de escu- ch¿rtcnían qlre pasar direrctamcnte a través del casco resistente del sub- rnarino. Esto signilicaba abrir orificios cn el acerc¡mismo que retenía al ocó¿tno. Benítcz echri una rrrirada a los planos para perforar el casco del subrnarino, lo quc él considerabaun craparazónprotector,el "último recull so" clel subrnarino, y se sintiri le:almente preocupado. Lo que sucedió des- ¡rucses una historia quc Austin contar"í¿runa y otra vez. ",',Perforarcl cascoresistentc'?",di.iclBenítez lo suficientcrnente firerte l)ara captar la atención de su segundo c()marldantey del subofici¿rlde burluer,quiencs se acercaron <'orriendo.¿Abrir orificios sin orden expresa rle l¿rDirección del Nlaterial de la Arrnacla,rique se sttpouía que debía su¡rervisar toda construcci(in y modificacirin de submariuos'i "¿;Tiencusted algo de BUSHIPS?", preguntó. "No serlor, esto es lo quc me dieron -respondió Austin. Con r-rndes- lrfirrtunado gest(l d<lconciliación, agrega):*Van a ser orificios pequeiros." Austin esperó Lrnarespuesta. No i¿rhubo. En su lugar RenÍtez se dio vrrt¡ltar, salió del local.Se comunicaría con Londres. Presentaría esteasLlnto il sr¡ col1l¿1ndosuperior. En última instancia, no se quedaría alií discutien- do con Austin. El espacio para los errores ya era reducido en esos submannos ccln- 'orlcionales diescl-elóctricos atestados y frágiles, donde e'l combustible ini¡rrcgnaba el aire y los generadores tenían una tendcncia preocupante a l)r'{}vocararcos eléctricos. Siempre existieron incontables posibilidacles de rlr,srrstre.Aveces la nrera supervivenciarequirió de esfuerzosheroicos.Eso ' I'.'d(,1Z:"llureanof'Shi¡rs",en el textooriginrrl,organismode la Armadl rlr,l,,,,I,ll'l llti. respons¿rbledel materi:rl,conocidotarnbiénpor Ia siglatsUSHIPS.
  • 15. lirc ¡rurlicui¿rrrnentecierto durante la Segunda Guerra Mundial, pero al lu)onosentonces Benítez y los demás habían enfrentado a un enemigo cr>nocitioen las aguas más familiares del Pacífico.Ahora poclna rener que cnfrentar tormentas violentas en los límites de la nada. y por encima de todo eso, se le estaba pidiendo que llevase a cabo una búsquecladirecta y descleel mar clesecretossoviéticos,y que arriesgase su buque y setenta y ocho hombres en una misión de espionajeantes que nadie estuviese segurt de que el submarino podía sobrevivir al océanomismo. En breve, Benítez estuvo de regreso, no muy arrepenticlo, pero clis- puesto a obedecer.Las órdenes habían vencido su enojo aristocrático. su primcra prioridad era ahora Ia misión de espionaje de Austin. Fue con este inicio difícil que los submarinistas y los espías comen- zaron a fbrjar una relación que llegaría a definir la guerra fría bajo los r¡céanosy nares del mundo. Y de sus batallas surgirían nuevas misiones que finalmente habrían de convertir a estas naves furtivas en las más cruciales y llamativamente simbólicas de la era. Ya era claro que los Estados unidos contaban con un adversario nue- vo y peligroso y que el mundo era muy diferente de aquel que existÍa cuan- do Benítez l-rabíasalido a superficie por última vez. En ese entonces, Llna nación hinchada por la victoria se había paralizado ante la imagen de un marinero abrazando a una muchacha para darle un beso exuberante en el medio de Times Square. Ahora, mientras Benítez se preparaba para regre- sar a las profundidades, la gente a lo largo de los Estados unidos estába aterrorizada por el significado de tal victoria. Se habían sentado en los teatros rodeados de un silencio sobrecogeclor,observando los rollos de pelí- cula de los noticieros sobre Hiroshima y Nagasaki, lloranclo ante la visión de mujeres y niños horriblemente quemados, mujeres y niños que alguna vez fueron solamente el enemigo, monstruos sin rostro que no merecían las iágrimas de nadie. La gente que alguna vez había ovacionaclola bomba la vio como Lrn horror emergente que podía, cualquier día de éstos, ser lanzada contra sus hogares. Había informes de que la unión soviética, el aliad' convertido en enemigo, se estaba apurando a construir su propia bomba atórnica. Y parecía no haber duda de que los soviéticos se habian lanzado a obtener el dominio del mundo. Los comunistas chinos acababan de expuisar de china a chiang Kaishek. Los comunistas habían ejecutado un golpe de Estado en checoslovaquia. Los soviéticoshabían establecido el bloqueo de Berlín. Y Winston churchill había declarado que sobre Europa oriental había descendido una cortina de Hierro. Parecía que en cual- quier rnomento los comunistas podrían emprender un golpe de Estado en los Estados Unidos. ¿De qué otra manera podía la nación intcrprerttrr los titulares provenientes del Comité de la Cámara de Representar-rtesdel congreso sobre Actividades Antinorteamericanas, especialmcnt,r¡las acu- saclones sensacionalistas de quc url ex funciona¡io del Departamento de Estado, Alger Hiss, había espiado para los soviéticos? Un comienzo mortal r 31 Usta fue Ia atmósfera de desconfanza que condujo a la creación de la Agcncia Central de Inteligencia (CIA) e hizo que sus agentes se zambulle- ran inmediatamente en un duelo contra los espías soviéticos. Esta fue la er¿rde temor que inspiró a Occidente a unir sus fuerzas una vez más, aho- ra integrando la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Y todo ello fue una inspiración para el desafío de los ciegos,el pedido para que los submarinistas en cilindros herméticos se sumergieran profunda- mente en un nuevo rol que ayudaría a la nación a detener esta amenaza. Los soviéticos habían usado ya sus submarinos, la mayoría de ellos pequeños y anticuados, para defensa costera.Pero al repartirse el botín de guerra nazi, los Estados Llnidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética se habían quedado cada uno de ellos con unos pocosU-Boote experimentales alemanes, submarinos extremadarnente avanzadoscon snorkel y nuevas y sofisticadas clases de sonar. Esta tecncilogíaprometía hacer rnás letales que nunca a los submarinos y despertó el temor de que los soviéticos ha- brían de modificar su estrategia costera y diseñar submarirros para alta mar. Lo que más deseaban Benítez y otros comandantes era tiempi-rpara aprender, tiempo para adiestrarse, tiempo para transformar sus submari- llos en los "cazadores-matadores"4requeridos para enfrentar cI torrente de submarinos soviéticosque algún día podrían dirigirse a las costasesta- dounidenses. Diseñado a partir de la tecnol ogía nazi, el snorkel del Cochin<)prome- tía posibilitarle permanecer en inmersión durante días o semanas, escon- diendo su enorme mole del largo de una cancha de football al tiempo que ofrecíaapenas un blanco del tamaño de un tacho de residuos como los que se ven en las calles. Inclusive podía permanecer oculto mientras tenía en marcha sus motores térmicos para recargar sus baterías, su única fuente de energía cuando necesitaba navegar en silencio con los diesel detenidos. Gracias a los alemanes, el Cochino poseía baterías con una capacidad superior a las de cualquiera de k¡s submarinos clase flota clásicos de la Segunda Guerra Mundial. El Cochino estaba equipado también con un nuevo sistema sonar pasivo: podía escuchar, y de esa manera "ver" bajo el agua, sin hacer él nrismo demasiado ruido. Los submarinos de la Segunda Guerra Mundial usaban fundamentalmente sonares activos, que emitían pulsos audibles y se valían del eco para generar una imagen de las aguas circundantes al detectar los blancos y medir distancias. El resultado era bastante parecido al del uso de una linterna. Los submarinos podían ver lo que había a su lrlrededor, pero en el proceso se ponían en evidencia. Los sistemas sonar ¡rirsivo exploraban todo el espectro acústico, sin irradiar jamás sonidos rlr,lrrtores,y esta visión silenciosa prometía proveer la ventaja crucial en , u:tlqr,rierriña submarina. I N rl,l Z; "Hunter-killer",en el texto original.
  • 16. 32 El juego de la gallina ciega La Armada de los trstados Unidos se estaba preparando también para io máxirno en términos de superioridad submarina. l/n ingenicro desco- nocido, Hvmán G. Rickover, estaba concibiendoun plan para construir subrnarinos de propulsión nuclear que serían capacesde permanecer en inr.¡rersiónindefinidamente sin tener iamás que hacer snorkel. Iler.ando nuevanente a su favor las apuesta-<en la guerra submarina. Pero por ahora, la prr-rpulsiónnuciear era apenas algo rnás que un concepto, ¡'el Cc¡chinoy los submarinos como él eran lo meior con que contaba la Anna- da. En un nuevo programa, denominado acertadamente Operación Kal,o. la Armada estaba aiistando al Cochinoy otros submarinos claseflota dc,la Seg'undaGuerra NÍr-rndialpara asestar un golpe demoledor si sobrevenía la guerra. Existía un inconve.nier.¡teen los planes de'la f'uerza de submarinos: los espías de la nación vieron amenazas más inmediatas y querían utili- zarlos submarinos para oponérseles.Todavía no había evidencias de que la Arnada soviética estuviera construyendo submarinos equipados con snorkel. y la CIA -v la Oficina de Inteligencia Naval pensaban qr"reios dc EE.UU. contaban con tiempo suficiente para prepararse para las riñas submarinas que pertenecían todavía a un füturo lqano. Nfás inquietantes, en opinión dc los clficialesde inteligencia de nta)/orjcrarquía, e¡ranotras piezas herecladas cle la tecr.rologíaalemana: ia "bomba voladora" V-1 no tripulada, un avión en miniatura con piioto automático y una bomba a bordo, ¡' la V-2, el primer cohete en superar la velocidad del sonido. Estos dise¡1osalemanes, capturados también por los aliaclos,fueron los prede- cesoresdel misil crucero y del misil balístico, bombas con sus propios mo- tores cohete para impulsarlas. Los Estados Unidos estaban desarrollando misiles "bobos" experimentales que podían ser lanzado.sdesde buques especialmente configurados, los primeros y rudimentarios submarinos misilísticos. Los sovjéticoscstaban dando también señales de que estaban desarrollando sus propios misiles precoces.Ya se estaban recibiendo infor- mes derdesertores en cuanto a que los soviéticos estaban llevando a cabo lanzarnientos cxperimentales desde tierra y desde submarinos antignos con asiento erl el área de Nfurmansk. Además, la Fuerza Aérea estaba enviando a las cercanías del terri- torio soviético aviones equipados con filtros diseñados para retener par- tículas radiactivas y así evaluar si aquéllos estaban ensayando armas ató- mic¿rs.Ese era mayor el tentor, que sc pudiera equipar a ias bombas voladclrascon cabezasde combate nucleares, que llevaría a la aparición de los misilcs nuclearcs. Nlucho de esto era todavía conjetura. La poca información de que dis- ponÍan krs servicit-rsde inteligencia acercade la Armada soviética provenía de la Armada Real británica, que había trabajado e-qtrechamentecon los soviéticos durante la Segunda Guerra N{undial. También e-qtabansiendo intercerptada.spor e-qtacionesde escuchaoperadas por i:-stadounidensesen
  • 17. Un comienzo mortal 33 Eulopa ¡t Alaska las comunicaciones entre buques sovióticos y sus bases. Todo este espionaje sobre un antiguo aliado era tan sensible que los men- sajeros llevaban los informes sobre las colrunicaciones soviéticas inter- ceptadas en naletines bajo llave a los almirantes de mayor jerarquía. Cualquier esfuerzo para acercarse más, para conocer más. debía ser mantenido en el más estricto secreto. Era esa necesidad de sigiio la que, más que ninp¡una otra cosa. con- venció a los funcionarios de rnteligencia que los submarinos podían ser el paso lógico siguiente en la creación de una red de escucha subrepticia que rode¡aríaa la Llnión Soviética. El esfuerzoya se estaba llevando a cabo.En 1948 la Armada había enviaclodos naves de la cl¿rseflota, el USS Seo Dog (SS-401)v el USS Blockfin (S3-322), al mar de Beling para ver si podían interceptar las radiocomunicaciones soviéticas y contar a qué velocidad giraban las hélices de los destructores y buques mercantes soviéticos -un primer paso destinado a saber cómo identificarlos mediante sonares pasivos-. Perr¡los funcionarios de inteligencia sospechabanque los nuevos submarinos con snorkel, como el Cochino, podían hacer todavía más. Ellos podían permanecel ocultos frente a 1acosta soviética y observar y monito- rear. Tal r'ez podrían conocer inclusive de primera mano cuán avanzados estaban ios soviéticos err el clesarrollode la peligrosa tecnología misilísti- ca. Con su snorkel, el Cocltino podía avanzar a hurtadillas tan cerca como se atreviese. Solamente su periscopio, antenas y snorkel habrían de aso- marse en la superficie. Era, en resumen, el vehículo de espionaje perfectcl. De hecho, el Cochinc¡había estado destinado desde el principio a una Iucha diferente. Había sido el último submarino en ser puesto en servicio durante la guerra y enviado al rnar dos semanas después que el Enola Gay arrojó la primera bomba attimica. Ahr¡ra. él y el USS ?l¿sl¡(SS 426) habían sidclreacondicionados con snrirkel y tltras innovaciones, y se convirtieron en 1oque la Armada denominó "GUPPY's", sigla correspondiente a Mayor Potencia Propulsora en Inmersión. Esta se ajustaba mucho me'jorde lo que cualquiera hubiera deseado-como submarinos de caza-yataque, eran prin- cipiantes absolutos, que tenían que aprender nuevanente a nadar-. De hecho, cuando los científicosinspeccionaronlas naves pocosmeses antes dc la navegación,habían descubiertoque sus tripulaciones y personal dc astillr'ros sabia tan pocodt. los sistemasde sonar pasivo quc ni siqtriera se habíarr conectado los hidrófonos indispensables. De forma tal que las na- vershabían sido enviadas a Londonderrv a adiestrase con los britá¡ricos, que habían logrado nayores avancesen el dorninio de los nuevos sonares. Fue en Londonderry que Austin se incorporó al Cochit¿o.Había también a bordo un civil experto en sonares, Robert W. Philo, que estaba trabajando como asesor.Los ejerciciosde cazay ataque e¡an considerados tan importantes que el jefe clela Operación Kayo, comodoro Roy S. Ben- son, había ido con ellos y embarcaría frnalmcnte en el Tlzsh,comandadir pol Robelt K. Wolthington.
  • 18. :14 El juego de la gallina ciega Como Benítez, Worthington había asuniido el comanclc¡apenas ullos día-qantes cleque todos ellos zarpasen para esta navegación, y como Bení- tcz, Worthington y Benson se sentian escepticosrespectode su nucvo viait' hacia el espionaje. Benson creía que, en el mejor de los casos, era una misión accesoria,una que no era ni de cerca tan importante como el adies- tramiento eu el arte de la verdadcra guerra submarina. Red Austin sabía que no era así. Pero una vez más, este astrnto del espionaje parecía ser su v0c¿rci(in. .,Necesitohacer algo relacionado con el espionaje -le gustaba decir a Austin-. Simplemente es mi fbrma de ser." Y aunque todo esto era una costumbre arraigada en Austin, no suce- tiía lo mismo con otros. Su equipamiento especialdebía ser instalado en un arsenal en Portstnouth, Inglaterra, dondcrhasta sus operarios estaban algo confundidos por el nuevo material. ,,Maldición, e;10es nada más que un pedazo de espagueti -gritó enfu- rcciclo url Austin impaciente, tomando parte de un cable coaxial que los opcrarios simplemente no parecían poder instalar cortectalnente-. Viejo y conocidocoaxial, de rnecliapttlgada. Y me parecc que ustedes deberían ser capacesde utilizar lcisplangs para realizar esta tarea. ¿Por qué no pueden sencillatnente seguir los planos?" Austin estaba clesespcrándosepor iniciar su trabajo. Se estaba acon- clicionando un cubícult¡ minúsculo para él y su equipo de espionaie en la lnisna cubierta que el compartimiento de control, próximo al cuarto de racli<-r.Estab¿rlisto para conectar el cable coaxial a lo que él llamaba su ,,caj:tnegra". Pintacla en realid¿id corl el viejo y conocido color gris de la Armacla, la caja era única en su tipg, construida para captar las señales de raclio que tendrían que elnple¿rrlgs soviéticospirra transmitir los pará- metros cletelemctría a cualquicr misil que estuviesen tratando de probar. Con u¡a ¿tltura de setenta y cinco centimetr()s, la caja estaba diseñada para grabar las señ¿rlesen segmentos de cinta metálica, y probablemente erzrel dispositivo más sensible y secreto en el Cocltino. Desde esa caja, el cable pas¿lríaa través del casc<ty se conectaria a nuevas "orejas" colocadasal costado de la vela del submarino, la extensa estructura Inetálica que conformaba una suerte clealeta de tiburón en un cascopor el contrario refinado. Estas antenas especialesverdaderamente parecian orejas. Eran pequeñas pantallas con fbrma de C, fabricadas con álambre, que asomaban aproximadamente treinta centímetros de la vel¿r, una a cada lado. Con estas mallas de alambre adicionales agregadas ll coniunto dc las acostumbradas antenas del Cocltino, el submarirlo tent a I:r apariencia de una criatura alienigena de película de segunda categoríil. Finalmente todo estuvo instalaclo para mediados de agosto, y cl (',r chino zarpó de Portsmouth acompañado por elTúsk y por dos submltrirr0s estándar de 1aclaseflota, el USS Toro SS-422) y el {JSSCorsair (SS '/"J51. Estab¿rnoDelando bajo estricto silencio de'radio, en lo que la Arnllrtllr dt¡- Un comienzomortal :J5 nominó una "patrulla de guerra simulada". Se suponía que nadie en tierr¿r debía saber dónde se encontraban. Cuando abandonasen Inglaterra, tenían que desaparecer. A las pocashoras de su zarpada, las empaquetaduras alrededor de los cables deAustin cedieron, propinándole a éste una desagradable ducha en el interior de su cubículo. Con algunos ajustes y traba.lofino consiguiri po- ner su sistema nuevamente en servicio. Pero si las empaqr.retadurasfalla- ban nuevamente, tendría que cortar sus cables, y su parte de la misión habría terminado. Para ese entonces, la tripulación sabía que esa misión habría de ser diferente, en la misma medida ell que la mayoría sabía que el nuevo miem- bro de la dotación no era lo que parecía. Red Austin podría lucir las cente- llas de operador de radio en su uniforme pero ernrcalidad trabaiaba para el Grupo de Seguridad de laArmacla, el mítico servicio clecriptoanálisis que había interceptado y descifrado comunicaciones cruciales de la Armada clerJapón durante la ScrgundaGuerra Mundial. Todo eso crrasecreto,pero hasta la tripulación sabía qr-reun sin'ipleoperador cleradio janrás tendría tanta llcgada al cornandante. Sin embargo,los submarinistas son submalinistas, y los más popula- res a bordo serán siempre los individuos con las mejr-rrcshistorias sobre el n-iar.Esto era particularmcnte cierto a bordo dcl Codtüto, donde casi un terrciode la dotación había participado de la guerra. Austin contaba histo- rias dc sus días en los cruceros durante aqucl conflicto, y jugaba mediana- m(¡nte bien al acey-deucey,una variante del backgarnmclninventada por los marinos que habia subsistido en los buques durantc más de un siglo. Aclemás,re-qult¿rbadifícil no hacerse de amigos rápidamentc, ya que todos estaban suietos al sistema de "cama caliente" -acostándose cuando otros inclividuos se levantaban, y clejaban los espacios libres para el siguiente trozo de guardia; un tiempo compartido al estilo submarinista-. La dota- ción estaba dividida en tres grupos que trabajaban según tres husos hora- rios difercntes. Un grupo vivía según la hora estándar del Este, otro según la hora de Honolulu, y otro según la hora en el océanoInclico.Había tres conjuntos de operadores sonar, de mecánicos de armas, dc cocineros, de operadorc'sde radio, de hombres para cualquier tarea que hubiera que cuniplir. Solamente el comandante, su segundo comandante (XO), capitán de Corbeta Richard M. Wright, Austin y su ayudante vivían con indepen- dencia de esos husos horarios. Austin no se sentía molesto por esa carga laboral triple, no cuando tenía la oportunidad de comer algunos de los tres desayunos, tres almuerzos y tres cenas que se servían diariamente a bor- do. Este hombre amaba la comida, inclusive la viandada, y Do encontró motivclspara discutir por el huevo en polvo. Fue después de uno de los primeros o segunclosalmuerzos o cenas tlt' Arrstin que Benítez lo convocópara cubrir guarclia en el complrrtirniolrlo
  • 19. :t(i tilljucgo de la gallina ciega dr: com¿rndo,un espacio apretado a una cubierta de distancia arriba del cornpartimiento deicontrol del submarino, lugar desde el cual el coman- clante u otro oficial a cargo conducía el subrnarino' .,Hágasecargo del periscopio núrnero 2, Austin", ordetló el comandan- te. Era un puesto en cl que podía mantener a Austin ocupado y compene- trado. Era también, Austin estaba seguro, un puesto desde el cual Benítez sabía que poclíamantener la mirada atenta sobre él' Ai poco tiempo, los dos submarinos clase flota quc habían acr)mpa- ñacloal tJochiruty alTúsk se separaron y pusierr,rurul¡bo hacia cl borclcdel pack clehielos del Artico al nordeste de Groe'nlandia para realizar ejerci- .in, ".r aqucllas aguasheladas.El Cochinoy el Ttusksiguicrr"rnacercándose a la Unión Sovititica. Pasaron las primc-.rashoras nsvegando af¿inosamcntehacia el norte ¡trlr erlln¿rr cle Norucglr al norte del círculo Artico. Ambos submarinos poseían grifbs cn los conrpartinicntgs clc torpctlos parir tomar nlucstras ,1.,ugu. f,ara mc,clicirindc tempcrattrra v saiinidad, y ambos estaban rele- ur,l,i,, ellbndo marino. El 20 dr:agostode 1949,L;s buques llcgaron al mar iltt l]lrrc.nts. E¡tonces lg-*clclsse soparal'on.cl ?J¡s/¿para aleiarse y rcalizar pruobas cOn c¡l sonar',y t:l Cochir¿opar¿l dirigirse a un puntr) a Llnas c¡lc:t¡millas f rentc ¿rlexfi-cm,,norte clc.Nolucgrt y dar inicio a la nrisirin de Ar-rstin,zigzagtrcando cn uno y otro scntid<l Irlicntrits el csllia trataba clcclctoc:tal'las conrunicaciont'sstlviéticas. Austin trataba de no tlcurostrarlo,pcro cstabli prctlcupado.Si se pre- tetnclíirquc captasercualquit'r tr¿rnsmisiíln,h¿'rbríaquc hacer sobresalir de la su¡t,,ificio 9s¿lsantenas es¡tccialcscon frrrrna de r-rrejrr.Eso significaba qr,' "i sttbnrarino t<¡nclríaquer"af1<lrar"-navegar a una profirndiclld menor qLreaquella clersnorkel- y expoller parterde stt vel¿r.En csta ópoca clel año ün al'¡6r'te, e'l cielo permanecía ilunin¿rclo irrclr-rsiveclc'noche, v la clc¡ta- rririutenclrí¿rque tener cuicladoen cvitar l¿rcleLerccitinpor buquersdersltper- ficicl-1,entbalc¿rci¡trlespcsqueras que abundaban en estas agu[ls. El largo clía iircrementaba tambión cl peligro delser ¿rvist¿rdosi el Cocltitlo tcnía <1tresulir a strpt'rñcit'. ',Dem¿rsiaclal.rz cliurna -se quc'jóAustirr-. Esto es un nlal presagio. Ningún lugar para t'sctrndt'rst'."Benítt'z t'slaba asentantloprt'ocupacitrnes sil.nilaretsen el cliario de narreg¿rci<jn."La rloche conlo tal ha desaparecidr.r -t¡scribió-. Lo mcior que podentosesperar es aproxitnadalnelrte dos horas de pcnutnbra. Aquí no se poclría navegar en supc'rficie en tie'mpo dc ¡1rerra." Austin efi:cturiun barridrl en busque:dade señales electrónicas micll- tras el Cochít¿oua.cgaba próxirno al extrelno no¡deste de l{oruega. Ahtrt'rr el subrnarino estab¿rá f Z¡-f SOmillas de Murmansk, demasiadolc'josprtrrr vc¡ l¿rcosta, pero lo suficicntemente cerca, esperaba, para interct'¡rl;tt la telemetría soviética de rnisiles. Esto era casi lo más cerca que Bt'rrí1''z qr-reríallergar. Un comienzo nrort.irl ',),7 En el mapa, Munnansk yace en lo quc parece la base dcl pulgiir dr, un¿rnlasa de tierra con forma de guante dado vueita, sus dedos constittri- dos por lrToruega,Suecia y Finlandia. El pulgar es la península soviética dc I{ola, asicnto dc las basesope'rativascle¡ayer-rga(llarn¿rdarnás tarde Seve- romorsk.) y Polyarny)¡. Estos son closdc los puertos soviéticos más impor:- t¿rntesdr:l norte porque se los puede utilizar todo el año -un clesprendi- nrie-ntodc la corriente del Golf<llos manticne 1osuficientemente templados y en corrsecuencialibres de hielo-. Polyarn¡ty era rrna base de submarinos, y tambión asicnto de los cuarteies gcnerales subterráneris del comandante en.jcfe dc la Flota clelNorte. Disimulados clebajodc edificios aclminis'urati- vos construidos en ladrillo y ¡riedra estab¿urlclscuartclsde cifrado y centros d(, ('{rrnullicacionts sovicticos. Austin cstaba buscandri sr¡ñ¿rlcsde tclt:metría pr<lvenientesde estas baseso dc buques'cercanos.Dado quc la telc.netrí¿rde nrisiles sc¡transmi- tia gerneralmontcen el cspectro sripcrir;r,I<¡s{uncionarios de inteligcncia habían configurado la caja negra derAustin para detectar los l¿rnzamicntos en rrjecucitinen las banclasclefiecuencia n-rásaitas. Si estaba sucediendo algo, cleberíaset capaz de cscuch¿rrlo.O cso esperaba.Est¿rmisirin de cs- ¡rior-raiccra un iuego dc ¿rclivin¿rnzasurás que cualquier otra cosa.No h¿rbía fbnlrir de s¿rbcrsi los soviéticosh¿rbíanplanificado algírn lanzamicnto. Todo lo quc poclíirhacerAustin era girar las perillas clelos cli¿rlcsen su cubículo .yr:onct.rntrarscen cualquier activid¿rd.Tambi(rn se habí¿rdedic¿rdoa vagar ¡ror ol cu¿rrtocleradir-¡y sintonizar las convers¿rcionr¡scle radio sr¡viéticas. Austin no Iiablab¿rruso, ni tampoco lo hacían los ripeladclresde r¿rdit¡.Pero podia irttcrprctar los c¿rractr:re'scirílicos cicl código Morse, uno de los tru- cos que habí¿iaprenclidcl¡rara nlatar r:l aburrimicnto durante sus días en l¿rsrrnid¿rrlcsde su¡-rcrficir..Ahora, mientr¿rsse sentaba a escribir en ruso en lir rrráquina de cscribi¡ del Coclúno, se imaginó que realmente podía c'r'rtcndcr lo qtrc estaba escribiendo. Se imagin¿ba que un buque soviético estaba tr¿rnsrnitienclolrn infclrme diario, comunicándole a su co- rlrando cuántr¡ ¿rrrozhabí¿ra bordo, y que toda la fi'uta había sido consumi- ci¿r.Otrri cstab¿rnotificarrdc¡la lista dc'enI'ermosdel día. 'fransculrieron trcs clías,y hasta cse rnome:ntoAustin había recogido scllamerntcunas poc¿iscomunic¿rcionesde voz sovióticas. Benítez decidió cf-cctu¿rruna nncva ct¡rrida dr.rrantela noche pirra darle a Austin una oporl tunidacl clec'ncontrar algo miis. Este habría dcseado permaneccr durante scniílr1¿ls.Estaba desespclado¡ror apoderarse del Grial, por registrar algu- na telornctría de niisiics soviótica. Fue en esta úrltima noche quc algo comcnzri a aparecer. No sonab¿r corlroLu1lanzanriento, pero a Austin también lerhabían dicho que buscase transrnisiones de prueba de cquipos. Quizás eso era lo que estaba suce- ciienclo.Quizá los rusos estaban c¿rlibrandosus equipos, alistándosc para rrttadcm<lstracií1.r.Le soiicitíra Benítez que ordonaseun cambio de rnmbo, ¡r:rriritrterntarposicionar aI Cocl¿inopartr obtcnerruna señal más clara. In-
  • 20. llti El juego de Ia gallina ciega clusive después cleesto,Austin no estaba seguro de qué era lo que estab¿ cscuchan¡lg, o inclusive si provenía dc tierra o ciel n-rar.Esto no e1.auna voz, era todo lo que sabía. Por un rnomento las frecuencias parecian scr las correctas para un ensayo de armas. Pero en realiriad no se recibía l<tsuficiente -de hecho, nacla-cerc¿rnoa l¿rcl¿rsede sonido que hubiera producido la telcmetría de un ensayo de misiles-. Los funcionarios de inteligelncia en los EE.LlU. poclrían habe. irnaginado que los soviéticosestaban enfrascados en inter- minables lanzamientos, preparánclosepara llevar sus misiles al mar' Pero si ése era el caso,lo-qsoviétictlsse habían tomado un rcrspirojusto cuando eI Cochino se aproximó. La misión de espionaje de Austin era un fracas{1, por lo lnellos hasta cse instante. Se programri un nnevo intento para más iarcle, pero por el momento, el cochino estaba Iegresando a su misión inicial. Iba o ¡ugot a las escondidascon el Tú.sl¿de manera que los dos subnariurls puclieran aprender con)ocualquier deprcdacltlrjriven a conver- tirsr' cn crtzadort'sy n)atftdores. Para csc entonces,inclusive Bcnítcz se sentía decepcionadomientras irlc'jabiral (lr¡cl'tinociel área. Apesar de tocloslos it.lconvel'Iientesque htr- bían ocasionado las órclenesde Atrstirr, al comancl¿rntele h¿rbria gustaclt; haber poclidorcgresar y decir: "Ah, encclntramosalg<1",asent¿1rÉ)nsu infor- nre dc patrulla que "interce,ptamoscsto tl aquello". No ob'stante¡,ruientras <;rdenabaun nllc¡o rumbo, noloeste, sc scntía fcliz de poder declicarsela lo que consideraba stl misiíln primaria. De hecho' sc sentía b¿rstantedesprcrcl- .'üpaclo.Era el miércolcs 24 cleagosto, el día previo al cuarto cumple¿lños dei Co¿,1¿¡¡¡ri,y Bcnítcz había 'rdcnaclo un f'estej. anticipado. Los cocineros estaban trabajanclo, preparando una gran torta de cumplearlos y un plato de c¿rrnepara la cena que hasta Austin tuvo que ,".,¡-r,,.", qul estaba meicir que la viandada. Hubo cancir)nes,chistcs' y s€r reprocluierronlos cleseospara el curnpleaños que habían sido grabados con rinticipzición esa mañana por algunos de los hombres que desayun¿1rol1en Ia camareta. Más tarde, Benítez habría cleescribir: "Era ttn buque f'eliz,y en la cámara explesamos tluestrg cle'seode que el siguiente cumpleaños nos i¡ncontrase.a toclosjuntos a bclrdo del Cochino" Temprano en la mañana siguiente, el cctchin.oavistó al TltsJzabierto por su través de estribor.A las 10:30a.m' de ese.iueves,el Cochirtoconen- ,ó a desplazarse a profundiclaclde snorkel. Era su tttl.no pala esconderse El TLtsl¿ya se habíá ale.iadopara realizar la versión submarina de la cuen- ta hasta diez. Era un clíalúgr_rbre,brumoso y gris, y con mar gfuesa. En el cuarto clt¡ radio habían recibiclopoco antes un pronóstico que anticipaba torment¿rs polares, y el vierntonania estado soplando durante horas. Las olas sactr- áíor-ral iochinoy los planeros luchaban por mantener constante la pr.lr-r.- clidad,mientrasios tiipulantes se sostenían a sí mismos, aferrándos. ¿rlas mesas de cartas y tuberías por encima de sus catlezas.otros se l¿tllzabirn Un conriclrzonlort¿rl ;11) para atrirpar tazas de café y herramientas que se deslizaban. Desdc' cl cornpartittriento de máquinas le informaron por el intcrcomunicadr-rra Bc- nítez que estaba entrando agua al submarin<l a traveísdel snorkel. el culrl se tendría que haber obturado herméticamente por medio de una válvula di- scriaclapara cerrarse autornáticamente tan pronto sus sellsores se mojaban. Benítez envió a Wright, su segundo comandante, a popa para investi- gar cuando los motores se detuvieron por falta de aire. Apenas unos dos rninutos después, se escuchóun ruido secoy amortiguado y cl submarino se sacudiri. Austin se golpeó con fuerza contra el ocular del periscopio nítmero 2. Estaba seguro de que habían emberstidoun "objeto s€rmisumer- giclo",¡ Llll tronco, tan seguro como que tenía dos o.josnegros para probarlo. Pcro lo que cstaba sucedienclorcalmentc era mucho peor. Un elec- tricista vio chispas provenientes de uno de los dos compartimientos que conteníarr cada uno dos de las enormes baterías que propulsaban al Cochi- rio cuando cstaba cn innrerrsirin.Los compartimie:ntos c'st¿rbanubica- dos hacia el centro del subm¿rrino.Las baterí¿rsen ulto de los locales, oi compartimiento de la "batería de popa", estaban en ll¿rrtrasy el humo lo establl inundando. "Desalojar el compartirnicnto", gritíl cl etlectricista,quedándose atrás parar tratar de hallar la manera de apagar el incendio. Los hombres colt)cltzal'on erdesplazarse hacia proa cn dileccirin al compartimiento de control, llevándole l¿rinformacitin a Benítez "¡Fuego en la batería dc 1topal",cxclamri alguit:n. Bcnítez rcspondiít con Lln¿lorden. "¡Supcrficie!" Lucgo sc dirigiíl hacia uno dc los nuevos dispositiv<l-sque cstaban probancln, un teléfbno subacuático, y enviti un rtrerrstr.jeal Tl¿sh."Avería. Salgo a sr-rperficie." Los hombres soplaron los lastres, y poco después el Cochino salió a la supr:rficie, sacucliéndosesalvajemente en las aguas tornrentosas, con r_rias dc cinco metros estrcllándose contra su casco.El cclmandantese encamin(r nuel,amente al compartirniento de cr¡mando.Dcspués abrió la escotilla y trepó al puente protegido, una protuberancia amplia por delante dc la re- cortada vela de acerodel submarino. Allí sc encontrab¿ra una buena altura por encima de la cubierta principal, tratando de avistar alTLtsk, sus pris- rn¿iticosinútiles por cotnpleto. (lomunicánclosea través dc la escotilla con el conrpartimiento de con- trol, Benítez envió a uno de los oficiales más jóvenes del submarino, el alfórez John P.Sirelton, hacia popa para informar acerca del incendio. Otros hrlrnbres corrieron para tratar de ayudar a combatir las llamas, pero se produjo una demora terrible. El equipo de respiración de emergencia quc tendría que haber prr-rtegidocontra el humo y los gases al hombre que los encabezaba estaba inservible. Para cuanclopudo conseguir otro, la porta 5 N. del Z: "Deadhead",en el textooriginal,setrata de un troncoo nr¿rrlr,r'o t¡rrcflot:rpor uno de sus extrernosy queestáen su rnayorparte bajoel agul.
  • 21. 40 El juego de la gallina cieg:r estanca quetconducía iil compartitniento sc encrlnttaba trabada, retenida tal vez por la presión que aumentaba en el int.rri<lr de óstelo pegada por las elervadasternperaturas product(l del incendio. En el interior del compartimicnto, parecía que una batería cargaba a l¿rotra, emitiendo como resultado hidrógenrt ¿rltamentcinflamable. A mc- nos quc alguien pudiera abrirsc pasohacia clichoespaciocn llamas, a me- nos qqe alguien pudiera Acclonar con una llave l<lsinterrupt6res principa- lcs para abrir los circuitos eléctricos entre las baterí¿rsincendiadas, ci hiclrí-rgcn<-raumentaría hasta alcanz¿irconcentr¿tcionescrític¿rsy habría tltra cxplosiírn. Ccrnuna detonación lo suficientemelntc füerle, d. Cochino po- dría pcrderse. Bcnítez se retir(i del puente y se encaminíl al compartimiento de cgn- trol. Allí verificó los detectores de hidrógeno. Todavía indicaban cero. Por un instante se sintió agradecidr-r,pcro apenas por Lrninstantc. Luego com- prendiít qui: los detectores sencillamentc no e¡stab¿lllfuncionando. Sabía que solamcnterqucdaba una opciíln.Alguicn tendrÍa que dirigirsel al corn- partimient<l de batcrías desclctel otro extrtltn<t,desde ellcuartcl de rnáqui- n¿rsdc proa. Alguion tendrí¿r que intcntar nucvilrtcntc' descortcct¿rrlas batcrías. Justo cn esc mon-lento,Wright se comunicó clcsdepopa -trataría {e hacer cx¿rct¿rntcntccso-. Resur-niirsus ilttcncirlnes, sin un¿tinncccsaria cxplicaciírnde los ricsgos.Tanto ól como Beníte'zsabí¿inQuc el local de la b¿rtcrí¿rltodía cxplotal en cualcluicr rnomerlto, que cllalquierr intcntrr por ingrers:rr¡xrdía resultar f¿rtal.También s¿rbíanquc wright tenía que intentarlo. Prcocupackr,Bcnítez subió nuevamentc al pucnte en busc¿tde la úni- c¿r¿ryud¿rcercana, los hombres en cl ft.sl¿.Sc-'c'ncontr¿rbaallí cuando sintió la scgutrda explrtsiírn,un estampiclo quelarrancó una válvuia delcharncla qire habíii rn¿rntenido¿rlhumo del compartimiento incencliado aislaclodel rcsto clel sistema cle vcntil¿rcitin. El humo y icis gascs ttixicos serestab¿rn diseminando ahora en la scccii.rnde prc-radel submarino. Aiguien sc comtl- tricricon cl puentc. Los hombres e¡nel interior del buqr"reestaban eIr serios problcm¿rs. Benítcz ordernítla etvacu¿rción,hacicndo subir a todos los que nrl esta- ban cubrie:ncloun pttcsto critict-l9 cclmbatielndoell incendio. La gente ct¡metnzíta dcsplazarse hacia proa, toda tendencia al pánico abrumada por la ma¡¡nitud casi incrcríblede la avoría. Uno tras cltro,algunos boqueandtr en busca de aire frescrt,se abrieron camino hacia la pfo¿r,hasta el misnlrr erxtrcmodel subrnarino, ascendiendopor la escalaquc conducía a l¿1escoti- lla superior. Siguiendo las órdenes del con-randante,se dirigieron haciir el pasa,manclsen la banda de sotavento de la velary se ataron con cuc'td¡ts ¿1aqu(]r. Hacía r,rnfiío penetr¿rnte,y las olas continuaban cayendo cou iirt'r'z¡l contra cl buque que rolaba. Algunos hombres habían salido diretct¿rnlente clcsus camas.vistienclosolamente calcetines,Ienlel'asy ropa inte'l'irlr.LJn [Jn conlit'rrzonrort;rl ,l I p¿Irsclencontraba envuelto en frazadas. Sólo unos pocosvestíiln ciulll)('t.¡s dc ¿f¡ig,,. Cclncllos tonían ¿rpenasuna cantidad reducid¿rde ch¿rlecrxsrrl v¿ividas,y nada de comida ni agua ni insumos rnédicos.Estaban, r:n srr mayoría, indefensciscontr¿tel frío -yel mar enf'urecido. Para entonces, había allí cuarenta y sietc hombrcs aferrados en crr bic.rta. otros doce se habian amontonaáo en el pucrntejunto a Benítcz, aunque el espacioestaba diseñado para alojar siete hombrcs. Todavía qut'- daban dieciocho en popa, tratando de restableccr la propulsión y combátir el incendio. El comandante miró hacia abajo a su tripulaciírn, después lc- vant<ila vista hacia el horizontc. ¿Drindeestaba el Tusk? El incendio lleva- ba ya mcdia hora de declar¿rdo. Alguien consiguió ponc. cn marcha nuevamcnte lclsmotores del co- cltinr¡. Bcníterzcrirlenzír a tener esporanzas de poder crlnducir l¿rnave ha- cia la cost¿rcuanclouna ola se lerv¿rntóy cubliri su popa. Se t:scuchóun grito ¿rntc¡scierque ctlagua rctrocecliesc. "¡l--rrnbreal agua! ¡jlombre al agua!" Era JosrrphN{organ,uno de ros cocinerrosdeI Cochitto. "Dcbo ir ¿¡rescatarlo", murnrurri llenítcz, ¿rhor¿ttetalrncnte¡ concen- traclo cn ¿lccrcarsccon cl subrnilrino a Nllor.gan,que era apcnas visible crr l¿rs¿lgLl¿tst'ncrcspadas. Justo cn esc]montcnto ¿rlguier.raui.tí, al Túsh abierto por la alet¿rderelstribrir. Para cntonci's,Austin había subido ai puentc y sc encnntrabajunto a BcnÍtcz. Trrdoskrs scñali'ros dt.Cochirtr¡est¿rb¿u-rintoxic¿rdospor loi gases, v Ar,rstin c¡ral¿rúnica pcrsiln¿rquc pormanecía cn pic y quc conocía el código A{orsc io stlficicnte como para transrnitir un tt.rensá.¡e,.Irüohabía ttsado b¿rnde-'rolasdesdc quc habÍa cleiado el ccntro de instruccirin, pero scguidantente l¿rston'rtiy lev¿rntóen alto. Luch¿lnclocr¡ntra cl vicnto, dclctrerí"I{oN{}lrtEAr,A(ir.-A,Jr.rsroA pROA.x rN('l,rNr)ror.tNrlATrrRrAoR I'op¡". Flr¿rnlas 11:21 a.m. Después sc cscuchóun rugido provorientc del interior del submarin6 que hizo estrcmc'ccr las planchas dc accro de la cubjerta. El Tl¿.sAestaba tratanclo de aproximarse, pero Benítez mantenÍa sus oiclsen cl cocinero qLrcse estaba ahogando,conscientede quc el hombrc nn podría sobrevivir mucho nrás en aguas tan fi'í¿rs.Sin dcmora, el suboficial Hubert H. Rauch s¿rltri¿il aglia or) ¡ruxilio de N'krrgany luchri contra cl mar agobiantt' lrara llegar a su lado. P¿rr¿rcuandr Rauch logrri regrcsar con Morgan. cl strbo{ici¿¡lr¡staba demasiado dc¡bilit¿rdopor el agua a 11gracloscomo par¿r ir¡rudar a izar tr Morgan a cubicrt¿r.Otro de los cocinerclsdel buquc sgltri sus ¿rtadurasy corrió en su apo)io,inclinár'rdosesobre el cost¿r{oclelb¡ou,' llltra torllirr a N{organ dc lris br¿tzosde Rauch. Otros sacaron del "o.r,, ,, ft¿rrtcht¡¡ir¡rttr¿rsN'Ittrgant:ra ller.ado al puente y colocadosobre un r¡st¿r¡tc ¡rerqueriodisr:ñaclopara scr','ir dc nres¿rde caltas. Estaba tcrnblirntl,, derscrlntrolad¿rmr:nte,attn cuaudo los hombres lo cubricron corl las ¡ror.ris lr¿rzad¿lsqur: tcnían. Dos h<lmbresle ¿rrrancaronsus ropils ompaparlrs v t'tlvolvicrotl (to11sLlscLlerpostrl congelad<-rN[organ, tratancl<tcli'ses¡ror.rrtl:r rrrlnt(' c'lt'hat:r.rrloc¡ntr¿trc'ncalor.
  • 22. I'¿ b)ljuego de la gailina ciega Resultat¡a claro para Benítez que sus hombres no estaban a salvo en lii intcmperie, no con las olas rompiendo violentamente contra la cubierta listrrs para arrancar de sus atadtrras a su congelada tripulación. Les orde- nri a sus hontbrcs que se anrontonasell en el angosto puente' Se apilarcln unos sobre otrcls,formando una pirámide humana. Les indicó a otIOSque cle-sccndiese¡y se dosplazaranhacia el compartirniento de torpcclostle pr-oa, prácticarnente el único espacioque de alguna rnanera todavía era habitablc. Micntras sgcedíatodo esto, Benítez tornriconocimietrtclde que la nris- ma cxplosión que discminír gasesy humo cn el interior del submarino ha- bí¿rcausaclobajas seri¿rs.Wright había conse¡1uidoabrir por la ftrerza la porta hacia el compartimiento de:la b¿rtcría,pero cuando l<llogró, el hidró- gcrlo ¿lcumul¡rdoestalló cn una llarn¿rradagigantesca que icl arrojó hacia :rlnis. H¿rbiasttfridr, qrrt'macltrrasgril'('s ('n stls nl¡tn(ls,pt'choy piernas -todo el f rerntercle su cucrpt.lctxcc:ptrtsu cara, que estaba protegida por Ia m¿iscara clel erqui¡tocltt rerspiracirin-.Ahor¿r est¿rb¿rcn trn Scvcro estado clc shock. Otros cuatl0 hombres habían resultado tambión heridos dc gr¿rvcci¿rd.Todos ellclshabían sicloretirados al compartinriento de torpe'cl<ls cle popa, qu(j or¿rel que sc cncontr¿rbarnás a popa dc todos. Estaban separ.acl¡sclesus c¿trlar¿rdasprlr cl fuegcl.Ncccsitaban urgentetrlentr' asis- tcncia sanitaria, petrocl médico, Hubcrt T. "f)clc" Easgn, estaba a proa s6brc cubielta.junto ai resto de la dotación.l{o habí¿rfornt¿rderatravos¿trcl fucgo v los gascs por el interirlr del submarino. I)ricpodría pasar por arribzr clt:lfuego,pcro l¿rcrscotill¿rde acct:soal conrpartimiento de torpe'dosde popa estaba ale.jaclamás de 45 metrr¡s -45 lnctros de acero húmedo y resbaladi- zo cn un subtnarino que rebotab¿lcontra l¿rsolas que se estrellaban contra él y quc eran tan poderosasquc sacudían ¿rlTt¿sl¿como si fuora una ranta mientras trataba de acercarsepara ayudar. Un j<lvetroficial ofrecititender ulla cuercladesdela vela hasta la esco- till¿r dc pop¿r.una cuerda salvavidas a la que l)oc Eason podría después af'errarse. Cluantlo la cucrcla estuvo cr¡l<¡cada,Eastln sc arrastló, luchri contra cl violento olea.je,recorrió cl camino hacia popa y descenditi por la esc6tilla qur. conclucía haci¿rkrs heridos. Austin tomíl sus birnclclrolasy comc¡nzóa tr¡rnsmitir. "Poxr;,q.s¡r {I LADO,I'oDriIANIosTENIiRQIiFIARAND()NAR lir,¡rre¡Ft. Trrn pronto conro Benítez rocibitj los prirtteros infortnes clel)oc Eason, Austin tomó nuevamelltct l¿rsbandetrolas."RaQut¡RoAsIS'rFlNtllAllrl- t)t('. X (tlNCo II()IIRRES ltERIDt)s X tlxo clRAVEx'IENTEQI'E}I'D{ )." EI puente había rccibiclo el diagnóstico de Eason. Wright estaba gra- r-cnrentequemado y te'nía pocas posibilidades de sobrevivir. Los infbr¡rles r.leDoc eran t¿rntcrribles que Benítez tomti enseguida el teléf'crnoautoexci- t¡icloclelsuboficial que habia cst¿rdoletransmitiendo los mensajes' La rro- ticia cra clemasiadofirnesta como p¿rraser difundida entre el pcrsonal srrbalterrno.l,a moral era sumanlente crítica. t]n oficial ocupó su lugar. I-Jncomienzo mort¿rl .1;| Había transcurrido una hora y media desde que empezara el inct:n- clio. y los hombres reuniclos en el compartimiento cle torpedos de proa con"r(]nzarona escapar de los gases.Era obvio que todos allí tendrían que salir nuevanrcnte a la peligrosa cubierta. Tantos como fuera posible se apiirarran en t,l put,nte. uno tras otro, los hombre-qfucron iz¿rdosa través deilcompartilniento de comando, rlientras el comandante clbservaba,pensando que algunos de ellos parccían nás muertos que vivos. Un hombre firc retirado inconscien- te y sin respirar. Sus camaradas comcnzaron a insuflarle airc en sus pulrttones,masajeandosu pecho. En popa, Wright cstaba agonizando. Eason lo inyectó con morfina, lucgo trató de'ater¡rdcrlas qucmaduras dcrlos otros hombre¡scon el pctrola- to de su equipo de primeros auxilios. Nlientras t¿rnt<t,el capitán Wortiringt<tn estirba buscando la fbrrna de enviar al Cc¡<:hino¿rlmédico del Tu.sl¿,posiblermcntcen una balsa dc goma. Sus hombrcls conlenzaron a bombcar al nlar combustible diesel. nlás de sescnta mertroscúbicos, col) cl quc delibc'radamerntcbuscaban crear una crJr:rde aceliteen un esfuerzo ¡ror suavizar las olas. El Túsh le lanzó un c¿iboal Coclúno. Los hombrcs en ambos subnr¿rrinostratarí¿rn de sostener- lcl¿rmoclodc pasamanos ¿rtravés de las aguas l)Írr¿1que fuese usadt)para haccr' ¿rvanz¿rrl¿rbalsa. La primera vc:zfracasaron. Lris del ft¿.sl¿no pudie- ron sostcnerrlo,perri en el intento sigrriente,cl nuervc¡cabo reisistiír.Obser- vanckr las olas, Worthingtrin comprerrdió que todavía era muy peligroso enviar urt hombrcr.En c:rnrbio,el 7l¡.^l¡envi<ilir balsit, sin clcupantes,rcple- t¿¡clerinsumos médicos, incluycndo drogas y whisky. Benítcz también conocíal<tspeligros, sabía que cualquiera que tra- t¿rscdc cruzar cl tnar cmbravecido cn aquclla balsa podría perderse fácilrnentc. Pcro hacia l¿rs2:00 p.n-r.,micntras lltv¿rbala cuenta clclas ex- plosioncs qucrse succdían bajo sus pies, conclu¡,ófinalmcnte que no tenía otra opcirin. Nccesitaba d,ccirlc.a los o{icial<¡sclcl ?t¿slrcxactnmonte cuán torribie era la situaciírn, luc los hombres d,eCr¡chino podrían tener que ab¿rndonarel buque. Necesitaba enviar más mensajes que los que Austin podía transrnitir con banderolas letra por lctra luchando contra el viento. Sobre tudo, necesitaba ver si era posiblc usar la balsa para transf'erir su dot¿rcitina la seguridad dei Zi¿sÁ. El com¿rndantele preguntó a Shelton si se ofrecía a intentar llevar a cabo el cruce peligroso. Lo hizo, ,yotrr¡ hombre quiso ir con é1.Era Robert Philo, cl jovcn civil experto en sonaresque había zarpado con ellos para los ejercicios que ahora nunca se realizarían. "Philo, ¿,csesto algo que usted deseahaccr?",dijo Benítez, lenta, deli- ber¿rdamente. "Sí." Benítez repitió la pregunta, palabra por palabra, con la misma delibc- racitin, quizá con un poco más de énfasis en la palabra desea. I{uevamente, Philo respondió "Sí".
  • 23. 44 El juergode la gallina cicga Benítez aspiró prof-undamente."Muv bictl, van usted y Shelton " Inclusive mientras lo decía. pensaba que si algo salía mal pasaría un monento endemoniado explicando por qué había embarcado un civil en aquella balsa. Pero había hombles qrtemados,hombres intclxicadclspor los lfases,hombres congelándose.El cotuandante no tcnía tiempo para debatir ni tiempo para vociferar contra el viento para descubrir si Philo estaba tratando de ser un héroe o de abandonar erlbuque, ni tiempo para advertir- le qtre, a pesar de lo mal quc estaban las cosas a bordo del Cochinr.,,esc viaie en la balsa podía muy bien resultar peor. Todo lo que podía haccr era preguntarle ¿rPhilo si estaba sefluro,y lucgo preguntarle nuevamente. Tan pronto como la tripulación del Cochino arrió al agua la balsa con Philo y Shelton, ésta se dio vuelta. Ahora los dos estaban agarrtindose de correas quc cruzaban el fondo de la balsa mientras los hombres a bordo del ?t¿s/¿tiraban de ellos a trar'és clelas aguas revueltas. Benítez observaba, incapaz de ayudar, cómo Shelton comenzaba a dcrivar rnicntras trataba cle nadar dc regreso a la balsa. Luego Benítez no pudo mirar más. Trvo que devolverle su atenciíln a su submarino. Los honrbrc'sdcl Tl¿sácstaban en una posicitin ntucho mejor para intentar un rescate. Además, el Cochino no tenía gobierno. Sus estacionesde gobierno no se podían cubrir debido a ios gases tóxicos. Era todo lo que Bcnítez podía hacer para tratar de mantener a salvcla sus otros hombres. Ahora había cincuctrta y sicte hombres encaramadosjunto a él en la vela y el puentc del Cochinr¡. Debajo de cubierta y a popa había otros dieciocho, cinco de ellgs quemados, irrcluyendo a Wright. Los hombres intoxicados que se encontraban afuera tenían todavÍa mal aspccto. Los alojamientos de la dotación y los trajes anticxposición que había allí eran inalcanzables debido a los gases. Todos sc:estaban congelando, cspecialmcnte Morgan, que todavía temblaba por causa de su anterior chapr-rzón.Benítez se quití-rsu campcra y se l¿rdio a un hombre, después se quitó sus zapatos y se los dicl a otro. Ahora el comandante estaba en rnaltgas de camisa y sus pies sólo cubiertos por medias, deseando más que n:rda sacar del buque algunos de sus hombres y transferirlos al Tl¿.sft.Si podía conservar a bordo una dota- ción reducida, estaba seguro de que podria llevar al Cc¡chinrtde rcgreso a su b¿rse.inclusive si tenía que ser rcmolcado y embicado contra Ia cost¿r. Tod¿rvíaestaba determinado a no abandqnar el buquc, no mientras Wright no pudiera ser trasladado. No iba a dejar el submarinrl sin su segundcr comandante. Pero el Tl¿sáestaba nuevamente fuera de vista. Benitez no había ob- serrvadocómo terminó el intento de Shelton y Philo por alcanzar al TLtsk v no sabía que Philo había sido arrojado con füerza contra aquél por las olas, dejándolo inconsciente, ct)nerlrostro hundido en el agua. Para cuando un tripulante del Túsh se arrojó y lo agarrír firl'¡emente, Philo estaba desangrándose y no respiraba ntás. Los rificiales del ?l¿si¿comenzaron a Un comicnzrtrtrort¿rl .15 atenderlo directamente en cubierta, realizándole respiración boca a bot:rr y administrándoie adrenalina. Shelton fue izado a bordo tres minutos clespués,consciente pero sufriendo por la exposición. Fue llevado abar.jo, donde, temblando violentamente, consiguió comunicarle a Benson y a Wor- thington el primer informe detallado acerca de la catástrofe que tenía lugar en el otro submarino -sobre las baterías que chisporroteaban, las explosiones,la nube tóxica que se había extendido por casi todo el interior del Cochino. Afuera, en la cubierta del TLtsk,había quince tripulantes, algunos aten- diencloa Philo, que no tenía pulso perceptible, otros tratando de evitar que el grupo de rescate fuera arrojado por la borda. Repentinamente, una ola enorme chocócontrael?ztsk,luego otra más tan poderosaque dobló cuatrcl candeleros que soportaban el pasamanos para los hombres que estaban afüera. En un instante, doce hombres fueron arrastrados por el mar, Philo entre ellos. Worthington y su dotaciíln exploraron las aguas. Philo y otro hombre estaban ambos fuera de vista. Uno de los marinos fue avistado boca abajo en el agua. Worthington comenzó a lucha¡ nuevamerrte contra las cr¡rrien- tes, tratando de alcanzar a sus hombres. Pero el horror se volvía peor. A diferencia de sus camaradas del Cochüto, dos de los hombres del ?tzsátuvieron ticmpo para colocarselos trajes antiexposición, y ahora esostrajes estaban conspirando contra ellos tratando de hundirlos. El equipclera otro experimento de la Armada, tra- .jesde una sola pieza, prototipos diseñados para proteger a la tripulación contra el frío del Artico. Estaban equipados con un "Mae West", salvavidas inflable cosidodirectamente al mameluco, y botas que se sujetaban ñrme- mente al traje con unas abrazaderas metálicas especialesa la altura de los tobillos y que requerían de una herramienta especial para destrabarlas. Los trajes habían resultado adecuados en cubierta. Pero en uno de ellos, vestido por el suboficial John G. Guttermuth, el salvavidas incorpo- rado reventó cuando chocricontra el agua helada. Ello dejó solamente una parte del traje con gran flotabilidad -las botas, que estaban selladas tan firmemente que retenían bolsillos de aire. Guttermuth estaba tiatando desesperadamente de nadar hacia un cabo salvavidas, remolcando un homble inconsciente. Los dclshombres estaban a apenas veinte metros, lo suficientemente cerca como para ser rescatados. Los pies de Gutterrnuth subían a la superficie, forzando su cabeza hacia abajo. Worthington observó, horrorizado, mientras el sub- oficial luchaba contra sus botas para salvarse, cómo Guttermuth soltaba al otro hombre, que se hundió instantáneamente. "Entonces, las botas der Guttermuth levantaron sus pies hacia Ia superficie -escribiría más ta¡dc Wortirington en el diarto de navegación del Tttsh-. Interrtó enderezarsr, nadando, pero no pudo lograrlo y se ahogó con sus pies todavía asom¿urtlo en la snperficie del a€fua."
  • 24. .1(; I,)l.juegode [a gallina ciega No había tiempo para los lamentos. Había otros hombres en el agua. Ei rescate continuó. Más camaradas se arrojaron al agua para ayudar. Otros que ya estaban en el agua trataban de sujetar a compañeros en peor estado que ellos mismos. El teniente de fragata L. Philip Pennington estu- vo en el agua una hora y veinticinco minutos antes de que fuera izado a bordo del submarino. Raymond T. Reardon fue avistado en una balsa pe- queña, de donde fue arrancado por las olas. Otro hombre se arrojó al agua y lo sr-rjetó. Para entonces, dos horas habían pasado desde que los hombres fucralr lanzados por la borda. Worthington estaba enf'rentándose a una realidad casi insopt-rrtable.Tr¡davíaquedaban siete cn el agua, y casi con certeza estaban muertcls. Nadie a bordo del Cochino sabía que el desastre se había cobrado sus primcras víctimas. Pero la muerte cstaba en la mente de tcldos.Austin estab¿rpensando en su esposay dos hijos, en hunclirse bajo las olas antes dc poclc:rl,6rrlosnuevatncntc. Lo rcconfortó la idea de qtte siempre había cscucrhadoque el agua helada acabaría con un hombre ztntesque éste se ahogase. Benítcz continuír evaluando una y <¡travez la situación. Habí¿rrea- Iizado trcs intcntos por ventilar su buque, pero los gases cr-rntinuaban difundiéndose. Ttat<i de enviar algunos hombres a l)opa por la cubierta, más allá del compartimiento de batería averiado,hasta el mismo extremo clerIa nave donde Eason estaba ctridando todavía cleWright. Era el único rincír'l dc:lsubmarino que todavía est¿rbalibre de gases,pero los closprime- ros hombres que trataron de dirigirse ¿ipopa casi ft¡eron arrastrados por las agttas. Se hiciero¡r dos intentos por bloquear la escotilla del compartimiento de com¿rndo.Pero en cada oportunidad los gascs surgieron como una trom- ba, invitando al desastre. La imagen derlos hombres int<txicadospor los gases al cornenzar la tarde todavía estaba fresca en la mente de Benítez. No podía correr el riesgo de exponer a un destino similar a todos los que estab¿rnencaramados en la vela. No quedaba mucho por hacer salvo esperar, y rezar. Habían pasado scis hclras desde la primera explosión. El incendio todavía seguía propa- giindosc cuando el TúsJ¿surgió nucvantente de la niebla. Pasarían varias l-lrrr"¿rslnás antes qtte Benítcz supiese que aquel submarino llevaba siete hon.¡brcsmellos que antes. Todo lo qlre tenía ahora en mente era llcvar el Cor:hittt¡dc rcgreso a su base. La unidad estaba sin gobierno. No obstante, Benítez tenÍa esperan- zas de pr-rderconducir su submarino a aguas más c¿rlmas,donde podría transferir con mayor seguridad los heridos al TLsk,que entonces podría destacarse rápidamente para trasladar a lclshombres a Hammerfest, No- rueÉ{a.yaunhospital. Benítez trató de seguir al Túsk por casi una hora, pero el Cochino continuaba navegando en círculos. Entonces uno de los heridos, abajo en el Lfn conricnzonrrlrt¡l ,17 extremo popel del submarino, consigrriórestablecer el gobiernclapoyan<Lr sLrcuerpo agobiado por el dolor contra una llave Stilson que había af'errad<r a una válvula cle control del timón. Gobernaba obedeciendo a ciegas las directivas que Benítez le transmitía. Finalmente, el Cochino pudo seguir al Tt¿sk.Eran cerca de las 7:10 p.m., casi nueve horas desde la primera explosión. A través del sistema de comunicaciones interiores del submarino, Benítez continuaba asegurando a los heridos que se estaban acercando a Noruega. A tan sólo tres horas de ruarcha, había dicho en una oportunidad aquella tarde. Luego, cuatro horas después,repitió su promesa -solamen- te tres horas más-. Inclusive entonces sabía que transcurriría por lo me- nos el doble de tiempo antes de que pudieran aproximarse a la costa. "Tüvimos que reducir la velocidad para que los hombrers ernproa no sufi'¿rnpor las olas que tc¡davÍarompen contra el puente -di.jo Bení- terz,tratando de sonar todo lo convincente que podía-. Sé que ustedes contprenderán." Los hombres en popa sabían que estaba mintiendo. Pero respondie- ron: "Desde luego que entendemos. Gracias". Benítez se ermocionó,sorprendido de que este grupo de hornbres que- maclosy heridos pudiera sentir todar'ía preocupación prtr los que estaban congclándose afuera en cubierta, y usar esa preocupación para aliviar su propicl sufrimiento. Quería llevarlos de regreso a casa, a todos ellos. Parecía que la mayoría de los heridos 1o lograría. Excepto Wright, estaban dando señale¡sde rne.juría.Inclusive el oleaje estaba comenzando a amainar un poco.Benítez continuó hablándole a sus hombres, alentándo- los, pidiéndoles tan sciloque rcsistiesen. El comandante recurrÍa a cad¿t monrento vivido durante la guerra, cuando se había agazapado en silencio iunto a otros tripulantes mientras su submarino era atacado con cargas de profundidad. Si pretendía ¿rhoradcmostrar su linaje, éste era evidente- mente uno de ¡Jrancoraie, y estaba logrando impresionar inclusive al im- pcinentey pelirroio celta que había a su lado. Be.níteztodavÍ¿rcreía que podía gar-rarsu batalla contra cl submarino v el ln¿tr cuando se produio otra e'xplosiilnpoco después de la meclianoche clelviernes 26 de agosto.La nave se sacudióviolentantente, y el luego se propagó al segundo compartimiento de máquinas, acerrcándoseal dc torpe- dos donde estaban Wright y los otros.Ya no quedaba otra alternativa. Aque- llos hombres tenían que salir a cubierta. Uno por uno, quince hombres treparon por la escotillay avanzaron hacia proa. Sin embargo, no se podía nrover a Wright y a otro de los heridos, y Doc Ea-sonno iba a de.jarlossolos. Le dijo a Benítez que podrían resistir. {icntras tanto, el comandante tenía claro que debía intentar transf'e- ril el resto de la tripulación al h¿slz.Austin no quería correr el ricsgo
  • 25. .18 Bl jui:go de la gallina ciega rle que los hornbres del ft¿sl¿no pudieran ver las banderolas en la bruma nocturna. Entonces levantíl una linterna, y empleando su interruptor cleletreóen código Morse¡,"Otn.qDxpt,osrtrN.Acnnc¡trrsn". Hecho es<1.Benítez dirigió nuevamerlte su atención a traer a cnbiert¿r a aquellos tres últimos hclmbres.Los teléfcrnosautoexcitados habían que- daclo finalmente mudos. No habí¿i forma de comunicarse. Un voluntario se ofi'cciripara correr hacia la erscrotillacn popa. Las olas tridar,íabarrían 1a cubierrttr,pero ahora había una oportunidzrdmejor de que e,lhombrc pudie- ra lograrlo. Benítez consintií),quería aquellos marinos en cubierta. No obs- tante, por todo 1oque se le había dicho acerrcade la condición de Wright, t,cnía pocas e)speranz¿rsde que el segundo colnandante pudiera llegar a abandr,nar t'l subnlarino. Benítez tornír una decisión cn silencio: "Está bien, si no sale, yo iré al compartinric'ntode trlr¡rcdosde popa y me hundiré con é1".La firmeza dt: su decisión le parcció c¿tsiabnrm¿rdora. Una cahna prclfunda 1o irrundo. Era la misma sensaciónque tuvo durante la guerra cuando estaba a bordo tle.lsubnrartnoDuce mientras era castigaclopor los clestructoresiaponeses, cualrdo h¿rbÍ¿rcrcído (lr-rc)no habría escapatoria. Aqueila vez había sido afirrtunado. Entoncerspcnsa):"Bien, voy a morir. Es el fin". Tcmiri por ur) lnomcnto quc lr-rcraarr¿rstradopor las olas cua¡ldo se dirigiesc h:rcia ¡topir,o pcor, que f.ueraarrastrado y lucgrt rescatadcl,de.jan- do a Wright morir solo. Pero alcjíl t:sospcrnsamientos.Su calma dio lugar ¿runil scns¿tcirincle paz, Llna paz,que parecía cxcc,clertoda comprensiiln, supcranclol¿rinr:linlrcirina rez¿rr'. N'Iientras tanto, el Túsk se preparaba para aproxirnarse. Primero, su clotaciírnl¿lnzíllos torpcdclsde conrbatecargadosen sus tubos dc pro¿r,Ilara rt-q(]fjurarsedc que no h¿rbriaexplrsión algtrna si los dos submarinos choca- l-r¿ino si el ?¿sl¡ se encclntraba rnuy cerca cu¿u1dohubier¿rotra explosión violenta en el Cix'l¡irlo.Dcspués el Tt¿sAlnaniobrri para colocarse.iuntoal Cr¡chi¡tt¡.lln éstc. algunos miemblos de la tripulación se prepararorl para regr€rs¿rra ilopa y re'tirar a Wright, pcro cuando mirarr)n hacia allí, lo vie- ron salir ck:l crimpartimiento de torpedos de popa detrás de citro hombre. I)e alguna fornra había conseguidoarrastrarse fuera de su lecho, aferrarse tanrbale¡ndo a l¡r esc¿rlaal pie clela escotill¿r,y se obligria levantar un pic lo suficientc cornopara ¿rlcanzarcl primcr peldaño.El dolrlr era insoporta- tllt¡.1lvo que detenerse. v mientras estuvo allí fue consciente de que Dric Ilrison estaba detr¿isdc é1,consciente del agua quc bañaba el piso del i orn¡rirrtimiento.Ahor¿rel subn-rrrrinose cstaba inundancio. l¿rstl¡.rde,Wright juraría que no tenía idca alguna de cómo ernpeztia 1r'r,1rnrntrr:vamente l¡r e'-*cala,juraría quercasi sintió como si una mano irlvisiblr.'-qrrizá fire la dc Easc¡n- lo hal:ía tornado por los fondos de su ¡rirn1:rkir.r-ve-'ntpujaclohacia arriba por la escalay hacia la cubierta. Mien- 1r'rrsRcníti'z oirst:rvaba,notri las manos de Wright frente a é1,totalmcnte tln comicnzo rnort¿rl .lf) vendadas. Otros tripul¿rntes estaban observando también mientr¿rs Wri- ght comenzaba a dcsplazarse hacia proii. lrlo hubo ovaciones, ni gritos. Algunos clclos hombres corrieron para ayudarlo, pero no había casi lugar por donde tomar a Wright sin ¡rrovocarleuna agonín rnavor. En silencio icr miraron dar tr¿rbaiosamentcun paso tras otro. Los hombres en ambos subnarinos estaban trabaiando para insta- lar una planchada angosta cntre los dos.Ya no quedaba nadie¡en etlinte- rior. Todos est¿rltansclbrecubierta. La mayoría cerca de la planchada, un subibaia movedizo de seis metros de largo que iba desde la banda de un subllarino a la del otro, con apenas un par de ccntímetrr¡s de apo-y-oen cada cxtremo. Algunos hr¡mbrestendieron cucrclas,afinnando la plancha- da. Pero corno los buques rolaban cn el oleaje violento, la planchacla se saldría de su sitio y tendría que ser levantada y colocadanuevantentc en su ltrgar'.Si esa ¡rlanciraclasc)c¿líamicntr¿rs un honlltrc cst¿rb¿rcirculando por ell:r, era cvidcrnte r¡uc tcrminaría apl¿rstadoc:ntre los cascosdc accro clucestaban chor:andouno contra otro donde la manga de los submarinos or¿lnrAyor,.justodebajo ck' la líncr¿rde flot¿rción.Era un¿rcle'las rutns dt: esc¿U)cmcnos ¿ttractiv¿rsjamás concebid¿rscn cl nrar. Wright iirc cl ¡rrinero cn car.ninal'haciala planchada, krs hombrcs ¿rbrit'rrtrlolcpaso estu¡rcrf¿rctosy t:n silcncio.Dc ¿run p¿rsonrerlicloy agrinico Jlorvcz, lleg<ilusta el ptrentc itttprovisacloy siguiti avanzarrci<t,a kt largo dc la planchada. r'n direrccirln¿rlTl¿.sl¡. Ese fuc cl principio. Aqr"rellocra torlo lo qr-rcrncce'sitab¿rcl rcsto clcla tlot¿rt'irin.Si Wrigltt lo pudo h¿tct'l't'nsu colltlicirin,cllos t¿rrtrbiór.r¡roclr'ían. f-ittrlltor Llno,sc dosliz¿rrouhaciir el otro laclo,los heridos ¡tr-imerro.N{iclic- ron los tiermpos, ospcrando nticllLr¡rs un buque era lcvant¿rdo pt-rrlils olas. lucgo cl r¡tro,esperanclor:sebrevc inst¿tntee¡l que ¿rnrbosqnrrclaban nivclrrtlos. Nadie les clio indic¿rciirnerlgtLnli.Ahora no precisaban rccibir clircctiv¿rsdesdc el ptretiter.(lac'lahornbrc cscogiri cl momentti apropiadcl pntn ntravt-'sarlir rilpidalnc'nte. Nu rniis clerckrso tres hornbres habrÍ¿rnclelrasar por cila antc-sdc que la pltrrtchlicl¿tsc'solt¿rse.'tlrvicrrrqu(,scr colocad¿rnuevamcntc en su lugar. tr{ilagrosanrentc¡,n¿rcliese cayó. Clirantlr-raprclximacl¿rnil-:nteun tercio de la dotirciíin irabr¡r ct-rnscguiiloI)¿rsaral 7l¿sl¡,las olirs separlrron cle tal fbrma ¿rios -cubnarinos qnc varias clelas ar:narl'¿rscntre ellos sc cortaron. El Tlrs* r'ccupcrti su posición, ¡rerocst,abaclaro qr-relas antarras restantes no rcsistirÍan nruclrotit.'mpo.Ir:rrocirjque r.-lresto clq:los hombrr,',qr:nllrí¿ren cucsti(in clt'sc¡lr-rnclrs el tra.r'r..,-tt)i1tr:rvr,sd(; ir,lt'-strt,clrii¡ri;,rrllttrri.r.tull,¡s excr--ptrrilr:i'ritcz.qur: aun ¡,lcrmlncr:iai'n l¡r cut¡icrl.t dt,l ()r,t'ititt,¡. Bcr.lsonsc dirigió a Bonitez. "¿,Abrnrlonau-rterlel butlrrc'.)'' "Pot'su¡rttt'st{)qr!{'n{) -re)ipr}¡}LlirjPrr.nítczgritlrtrlo ,¡ ¿¿b¿¡r;li'ur',i l IrLti1t.i.'."Qtrr.rría(l]l(-)r'l 7l¿s/:sr'pl'ciiflrÍrsc¡, lo torlirst'lt rerrrolr¡lrc'.( 11,i.1r¡rrr liirlirr'írr¡torliasrllar l¿rn¡rvr,.Era ce¡r'c¿tdo l¿r1:45 ¡r.nr.rlr.lvilr ¡i1,r [,.]I'r.
  • 26. ;¡1) l,)l.jtrc¡¡oclc lii grrllina ciega ,'/r¡r¿oestaba escoránclosea estribor. La escotilla del compartimiento de) tor'¡rc'dosde popa estaba bajo el agua. Y el submarino comenzó a inclinarse rrrloptandoun ángulo hacia arriba. sumergiendo su popa en el mar. N{ientras el ángulo se volvÍa cada vez más pronllnciado, Benítez ubserrvabatenso, esperandover si el submarino se estabilizaba nuevamen- te . lJnos pocosgrados más y estaría perditlo. "¡Ahora!", lc:gritaron los hombres desde Ia cubierta del Tl¿sl¡."¡Aho- ral", le dijeron una vez más. Lo comprendieron antes que él lo hiciera, vic¡rclnque no tenía alternativa. Benítez pcrmaneció allí, mientras la popa del Cochiru¡ se deslizaba hacia abajo, mic-ntras el ¡nar invadía cada vez más la cubierta. "Bien, éste cs el fin", se dijo a sí rnismo. Luego sc dirigió a Benson, y pronunció las Ileorespalabras que cualquier comandante podría llcgar a de¡cir:"Abando- no el truque". Atravcsó la planchada unos pocossegr¡ndosantes de que el tabl<jn se clespcdazara. Worthington cstaba va impartiendo las órdenes que alejarían al Túslz dol srrbr¡arino que sc hrurdía mientras Benítez comenzabaa exhortar a su personal p¿lraque descendiesc.Después serclirigió al puente para observar l¿rirrmcrsi<infinal clelCr¡chinr¡. St¡ submarino estaba cscoradounos 15 gradr)sa erstribor.El agua ha- bía sobrepasadoya la vel¿r.Se quedó,su proa alzánclosesobrela superficie, como si mirase el cielo por última vez antes de recclstarsey deslizarse su¿rvcrnentebajo las olas. E) CocJti¡tose hunclió crnagua-sde 300 metros dc profundidacl a unas i00 nrillas de la crista de Noruega. HabÍan transcurrido quince horas desde que se desatara el incendio. Benítez observóhasta quc hubo desapa- recido. No pronlrnció una sola palabla, no en ese instante, ni durantc la hrira que siguió. Fue recién cuando cornenzó a hablar que Benson y Worthington le dijeron que Philo ¡r seis tripulantes del Tt¿sAh¿ibían l.¡-iucrto,y sus cuerpos desaparecido. Seis horas más tarde, el Tl¿shingresó a Hammerfest. Algunos hom- brcs füeron llevados al hospital. Alos otros seles dio a elegir. Podrían volar de rcgreso a sus hogares en New London, Connecticut, o podrían volver navr:gando,los rescatados y sus salvadores, ambas clotacionesapiñiicias a bordo del Tl¿si¡.Todos los que poclÍanhacerlo regresaron a bordo del ?¡¿.sÉ. La pérdida del Cochino acaparó los titulares en los Estados Unidos, y cn la flnión Soviética. El periódico Flotct Roja de la Armada soviética ¡rublicti un artículo acusando a los Estados Unidos de efectuar un "adir:s- t r¿rnrientosospechoso"cerca de aguas soviéticas y de en'"'iar al Cochin.oa t'spiar cercade Murmansk. Por su parte, la Armada de los Etr.UU. había hecho público el di'sas- Irr'. r'e'conociendo,en efecto,que sus hombres y sus buques todaví¿rno po- Un comienzomort¿rl 5l clÍancompetir contra los traicioneros mares del ncirte.El intento de espio- najc de Austin habÍa fracasadr-r,pero la Armad¿rno tenía intención de reve- lirr erqtrello,ni siquiera quc un agente de inteligencia había estado a bordo. Cluando se les pidió informaciírn sobre las manifestaciones soviéticas de qtre el Cc¡cltinohabía est¿rdocerca de N{urrnansk, los oficiales ofrecieron la ruisma r€)spucstaque habrÍa de dar la Armada a otras preguntas de ese tenur durante las décadasvenideras: "Sin comentarios". A pesar de la tragcdia, y Ia renur:ncia inicial de algunos comandantes v almirantes, no cabía dud¿rde que la Armada continuaría enviando sub- rn¿rrinospara monitorear cl des¿¡rrollode la amenaza nuclear soviética. Justcrnueve días después que se perdiese el Cor:hino,un avión de reconoci- rnic'nto de la Fuerza Aérca recogiírcvidencias de que los soviéticoshabí¿rn detonadoun dispositivonuclear.El otro bando poseíala bomba.La amena- za plevista que había inspirado en primer lugar la nrisión de espionaje strbrn¿rrinoahora cra real.