Ernesto el saltamontes nunca había intentado saltar antes porque siempre decía "no sé" o "no puedo". Cuando sus amigos le animaron a subir a una hoja alta para secarse después de la lluvia, Ernesto se negó diciendo lo mismo. Florindo el duende le enseñó que todo requiere práctica e intentos, así que le animó a saltar varias veces hasta que finalmente logró llegar a la hoja alta, para alegría de sus amigos.