Sócrates fue acusado y condenado a muerte a los 70 años por corromper a los jóvenes y no reconocer a los dioses de la ciudad. Sin embargo, dedicó su vida a enseñar filosofía de forma gratuita y a convencer a los atenienses de que debían preocuparse más por la virtud que por las riquezas. A pesar de su servicio constante a la ciudad, la única recompensa que recibió fue la condena a muerte.