El artículo discute la creciente preocupación internacional por el bajo compromiso social de los jóvenes, manifestado en su escasa participación social y política. Explora el papel de la educación ética y cívica universitaria en promover el compromiso social, en el contexto de la tercera misión de la universidad de servir a la sociedad. Señala que iniciativas como el aprendizaje de servicio han demostrado mejorar los resultados académicos y el compromiso cívico de los estudiantes. Concluye que la educación superior debe promover