El pastor mentía todos los días sobre la llegada de un lobo para asustar a los habitantes del pueblo. Cada vez que gritaba, los habitantes se encerraban en sus casas asustados. El pastor siempre se alejaba riéndose de su broma. Un día, cuando el lobo sí llegó, los habitantes no creyeron al pastor porque siempre mentía, por lo que el lobo se comió todas sus ovejas. La moraleja es que si se miente mucho, nadie creerá cuando sea verdad.