A BOCADO CÉFIRO
Como un mordisco al goteo que cae pendiente de un hilo. Gota a gota,
filo a filo. Tanto el cáñamo como el lino sufren de ser delgados y sutiles
en el líquido y en el zurcido. Y es el que el rizo cabalga por tu cara; y es
que el rizo engalana tus ojos; y deshilacha la madeja que le hacen a uno
tragar por los poros. ¿Por qué alguien hubiera de tener el domino del
grifo verrojo? Más deseo poder reflejar mi rostro en una cascada de
caída libre. Liberada de vicios, embriagado de matices, eximida de
vanidades. A remojo. Arropándome de la humedad empujadora hacia el
cauce de un río serio, austero, íntegro. Perdido por la finura de una
mirada limpia, de un puñado fino. Es imposible presumir de bosque si
los pliegues de tu piel se caen como el lastre caduco. Porque a estas
edades, con rotos y cosidos, con hebras perennes en un soto
monográfico de suplicios, la posesión de los individuos no proviene del
árbol de los cuerdos juicios. Las cuerdas ya no son bramantes, es la soga
del delirio, es la puta manía de pensar en uno mismo. A pesar de todo,
he tenido mi bocadito, la degustación de mohines, sonrisas y guiños. Esa
cara, esos rizos. Esas ganas de acabarla como se acaba un salto al vacío.
Es céfiro, pero es lo mío.
Félix Sánchez
Un ciudadano más.

A bocado céfiro

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    A BOCADO CÉFIRO Comoun mordisco al goteo que cae pendiente de un hilo. Gota a gota, filo a filo. Tanto el cáñamo como el lino sufren de ser delgados y sutiles en el líquido y en el zurcido. Y es el que el rizo cabalga por tu cara; y es que el rizo engalana tus ojos; y deshilacha la madeja que le hacen a uno tragar por los poros. ¿Por qué alguien hubiera de tener el domino del grifo verrojo? Más deseo poder reflejar mi rostro en una cascada de caída libre. Liberada de vicios, embriagado de matices, eximida de vanidades. A remojo. Arropándome de la humedad empujadora hacia el cauce de un río serio, austero, íntegro. Perdido por la finura de una mirada limpia, de un puñado fino. Es imposible presumir de bosque si los pliegues de tu piel se caen como el lastre caduco. Porque a estas edades, con rotos y cosidos, con hebras perennes en un soto monográfico de suplicios, la posesión de los individuos no proviene del árbol de los cuerdos juicios. Las cuerdas ya no son bramantes, es la soga del delirio, es la puta manía de pensar en uno mismo. A pesar de todo, he tenido mi bocadito, la degustación de mohines, sonrisas y guiños. Esa cara, esos rizos. Esas ganas de acabarla como se acaba un salto al vacío. Es céfiro, pero es lo mío. Félix Sánchez Un ciudadano más.