Este poema explora la curiosidad y la iluminación interior que surgen en la oscuridad y el silencio de la noche. El poeta se siente salvado de su destierro por alguien que le enseña a soñar despierto mirando la luna. A través de la luz y los reflejos, el poeta supera el ardor de las estrellas y cubre las nubes con el calor de su boca, sintiéndose escrito por la sombra a pesar de no tener que esperar.