Mamá Úrsula encontró una moneda en la calle y presintió que algo bueno pasaría en el pueblo ese día. Contagió su buen augurio a los vecinos, quienes empezaron a limpiar y decorar el pueblo para una gran celebración. Para la tarde, toda la gente del pueblo estaba bailando, cantando y disfrutando de la música y comida, olvidando sus diferencias y creando un gran espíritu de amistad.