Los tres documentos describen acueductos romanos localizados en Mérida, Tarragona y Segovia. Todos fueron construidos durante el periodo romano para suministrar agua a las ciudades, recogiendo el agua de ríos y embalses cercanos. Utilizaban materiales como granito y ladrillo, y tenían longitudes de entre 200 y 800 metros, transportando el agua a alturas de hasta 28 metros.