Los romanos construyeron una extensa red de calzadas y puentes para facilitar la comunicación y el transporte a través de su vasto imperio. Esto incluyó puentes permanentes para cruzar ríos y montañas, así como acueductos y alcantarillados para abastecer de agua y eliminar desechos de las grandes ciudades. La ingeniería romana permitió el desarrollo de infraestructuras que unificaron su territorio y soportaron el crecimiento urbano.